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Antón Castro

EL TRÍO DE EDUARD OLIVELLA

EL TRÍO DE EDUARD OLIVELLA

Eduard Olivella, el señor de l’ill de vidre, se enteró a última hora de que presentábamos ‘La caja de lava’ y ‘El paseo en bicicleta’ y allá se vino. No sabía que se iba a encontrar con tantos, tantos amigos: desde los escritores Juanjo Flores al músico y poeta Javier Carnicer, desde el periodista Aitor Lagunas al poeta David Aceituno, la fotógrafa Marga Clark, la profesora y poeta Pilar Gómez Bedate, la pianista Sira Hernández, el historiador Juan Manuel Calvo... La lista era extensa y emocionante: había muchos, muchos amigos. Y entre ellos también estuvo Ignacio Martínez de Pisón. Eduard tomó, entre otras muchas fotos, esta: el premio de las Letras Aragonesas de 2010, Ángel Guinda, el premio de las Letras Aragonesas de 2011, Ignacio Martínez de Pisón, y un amigo que se coló en la fiesta.

DAVID MONTEAGUDO EN BRAÑAGANDA

 

Los dominios del hombre-lobo

Brañaganda. David Monteagudo. Acantilado. Barcelona, 2011. 282 páginas. [Esta foto de David es de Carles Rodríguez].

 

David Monteagudo (Viveiro, Lugo, 1962) llegó a los cuarenta años sin haber publicado nada. Con ‘Fin’ (Acantilado, 2009) logró un gran éxito de lectores, de crítica y de interés por la industria cinematográfica. Sin embargo, la primera novela de Monteagudo yacía en un cajón, y tenía mucho que ver con su Galicia natal y con un mito muy galaico: la figura del lobishome, esa pavorosa criatura que nace en una familia de siete varones y que padece el influjo de la luna llena. Monteagudo opta en ‘Brañaganda’, que publica de nuevo Acantilado, por una prosa colorista, casi una prosa de pintor: minuciosa, perlada y con inclinación al mito. El halo de leyenda empieza en un territorio del interior que mira hacia el mar pero que vive encerrado en una exuberancia incontenible de montes, bosques, vaguadas y ríos. Un clima de inquietud envuelve al pueblo Brañaganda, y eso es lo primero que cuenta el joven Orlando, hijo de la maestra y de su marido, un hombre culto que se ha reinventado a sí mismo como pintor y como guardabosques. Como pintor retratará a la joven Cándida, que despierta a la juventud y a la belleza, y no pasa inadvertida para nadie: ni para los hombres maduros ni para el joven narrador.

Ese ámbito tan especial se instala en una rica tradición gallega: la de Fernández Flórez, Carlos Martínez Barbeito, Álvaro Cunqueiro o Alfredo Conde, entre otros que se han acercado al enigma del hombre lobo. Poco a poco, empiezan a aparecer varias mujeres muertas; en su asesinato siempre se vislumbra un componente sexual. Todos culpan al ‘lobishome’, algunos incluso creen verlo entre los matorrales, como le sucede a la madre de Orlando y al propio niño. Quizá nada sea lo que parece. Su padre, contrario a supercherías, decide investigar. Y ahí, David Monteagudo va desplegando personajes y secretos, animales reales e imaginación, e incluso los ecos de la Guerra Civil.

Monteagudo confronta el clima del esoterismo y de las creencias donde vale casi todo con las tensiones derivadas de la contienda, y a la vez intenta hacer un retrato complejo de la vida rural de los años de posguerra. Cándida, que antes acudía a contemplar el paisaje con el joven Orlando, cambia bruscamente. Y siguen apareciendo muertas: generalmente muchachas, Sarita la Couceiro o la vibrante Delfina, entre otras. En un determinado momento, todo se vuelve irrespirable y más de uno sospecha que el ‘lobishome’ es una treta, una impostura. El pretexto de una venganza. En cierto modo, el autor adopta la estética de la alegoría. ‘Brañaganda’ es un espacio del dolor, del ajuste de cuentas, de los viejos rencores y de las verdades a medias. Entre esas verdades a medias, hay mucho que ver: el dominio de Isabel Freire, la insolencia animal de Felipe del Couso, los devaneos de Pepín Famarelo (¿será él en realidad la bestia?), la personalidad del niño Norberto, el hermano del protagonista que tiene la aureola de un ángel, el propio padre del joven, que ni siquiera está atento al difícil parto doble de su esposa.

La novela es inequívocamente galaica. En casi todo. Y quizá una de las cosas más discutibles es ese final abierto, o más bien impreciso: tal vez sea un poco decepcionante o aguado, como si el autor quisiera dejarlo todo en el aire. O prolongar la burla del lobishome hacia el propio lector, como si el misterio perteneciese al corazón del bosque y a ese “hosco letargo invernal” que parece definir el ámbito de Brañaganda.

 

*Este texto apareció en la revista ’Mercurio’, que dirige Guillermo Busutil.

                                                                  

LÁZARO VELA EXPONE SUS MUNDOS

LÁZARO VELA EXPONE SUS MUNDOS

‘HUELLAS DEL PAISAJE’ DE LÁZARO VELA, EN VILLAMAYOR

Recibo esta carta de Carlos Guerrero sobre mi buen amigo Lázaro Vela: “Una vez más, DISarte se inclina por lo más humano, lo más genuino, la obra de la naturaleza ordenada por la sensibilidad humana. Hoy nuestro artista, Lázaro Vela, luce su sensibilidad más intima, producto de su amor dormido, de su vanidad orgullosa y de su incansable dedicación. Quién no queda fascinado ante tanto golpe de amor, en el artista que alguien calificó de ‘poeta de las plantas’, su personalidad junto a su obra, arrasa, seduce y nos hace cómplices”.

(La exposición ‘Huellas del paisaje’ del naturalista y botánico Lázaro Vela puede verse en la Fundación Virgen del Pueyo de Villamayor a partir del sábado 24 de marzo.)

JULIO ESPINOSA LEE 'NOCHE DE LOS ENAMORADOS' DE FÉLIX ROMEO

JULIO ESPINOSA LEE 'NOCHE DE LOS ENAMORADOS' DE FÉLIX ROMEO

 

[Hace unos días tomé un café con el poeta, editor y profesor de escritura creativa Julio Espinosa, que ha sido galardonado con el Premio Pablo Neruda. Julio combina la poesía y la narrativa, en su faceta más creativa, y esta a punto de adoptar un niño con su mujer. Hablamos de muchas cosas: de libros, de amigos, de revistas de poesía, de su obra en marcha, de Zaragoza, que lo ha acogido con amabilidad y cariño, y hablamos, cómo no, de Félix Romeo. Julio estaba leyendo ‘Noche de los enamorados’ (Mondadori) de Félix Romeo. Ayer publicaba en su estupendo blog una amplia nota del libro: aquí la traigo.

 

http://elrevesyelderecho.blogspot.com.es/2012/03/noche-de-los-enamorados-de-felix-romeo.html

 

 

‘NOCHE DE LOS ENAMORADOS’

de FÉLIX ROMEO

Mondadori, Barcelona, 2012. 140 páginas.]

 

Por Julio ESPINOSA GUERRA

 

 

Me acabo de preparar una leche con cacao antes de sentarme a escribir sobre el libro póstumo de Félix Romeo (1968-2011). No sé si el tomaba leche con cacao. Con el de verdad. El amargo. No creo que nuestros escritores lo beban mucho. Preferirán cañas, vinos, a lo mucho, café. Pero yo ya llevo un rato frente al ordenador y tengo frío, aunque el día es bueno (o malo, si pensamos que estamos en invierno y afuera la temperatura ya ha subido mucho). También he puesto una pequeña estufa, que aprovecha más mi perra Tapi que mis pies.

 

Anoche terminé de leer "Noche de los enamorados". Nunca había leído un libro de Félix. Y eso que ya lo había oído nombrar, había leído alguna de sus críticas, alguno de sus artículos, cuando vivía en Madrid. Al llegar a Zaragoza también me hablaron de él: bien, mal, indiferentemente. Como todo ser humano, generaba simpatías y odios o animadversiones. Hoy parece que todos amaban a Félix Romeo y la verdad es que no es cierto. Yo sólo puedo decir que no era su amigo. Que lo conocí en un encuentro en el Cervantes de Dublín y que me pareció un buen tipo. En Zaragoza no volvimos a coincidir más que en una o dos presentaciones. Y hubiese leído este libro aunque siguiese vivo. Es decir, esta reseña no es para sumarme a las loas ni a las despedidas. Creo que un escritor vive en sus textos. Quizá es la única riqueza que tenemos. Y a mí "Noche de los enamorados" me ha descubierto a un autor muy vivo, que no hay que rescatar, porque se rescata solo.

 

Vuelvo a coger el libro en las manos. No tengo la mano grande. Y eso que algún día fui portero de fútbol. Pero me cabe perfectamente. Es un libro pequeño y breve. La edición es hermosa y la editorial, casi insuperable. Mondadori es un lugar donde cualquiera de nosotros quisiera publicar. Por conversaciones recientes, sé que Félix pensaba lo mismo. La novela salió sólo unos meses después de su muerte. La había concluido unos días antes. Se trata de esas paradojas que podrían denominarse "benditas", como la mano de Maradona en el tan recordado Mundial. Bendita porque siempre es mejor contar con una novela póstuma completa que un intento de novela. Bendita, porque, como decía, sus palabras le dan vida a su autor.

 

"Es una mujer y está muerta". Así comienza. Y yo de inmediato pienso en Sábato y en "El túnel". Es una deformación profesional. Lo sé. Pero pensar en Sábato y en "El túnel" cuando uno comienza a leer una novela es algo muy bueno, porque "El túnel" es una tremenda novela. Y también pienso en "El extranjero" de Camus. Ya son dos buenas novelas. Ambas comienzan con la muerte de una mujer. O su constatación, que es lo mismo. Me gustan las novelas que no tienen misterio. Me parece que sólo los grandes autores escriben historias donde no cabe el misterio, donde lo único que sujeta historia, tema y trama es el lenguaje. A Félix Romeo, según voy avanzando en el texto, también el apasionaba el lenguaje. Es algo más propio de los poetas que de los narradores. Y esta novela tiene algo de poesía. Pero ya hablaré de ello.

 

Esta novela no tiene ningún misterio, porque pronto conoceremos al asesino: Santiago Dulong. Y quienes no somos zaragozanos, también pronto sabremos que se trata de algo que "ocurrió de verdad". Pero el texto de Félix en nada se parece a esas telenovelas de los sábados por la tarde que ponen algunas cadenas de televisión, filmadas en formato digital, con una fotografía propia de un catálogo de supermercado, que intentan atrapar al telespectador con dicha frase: "Basada en hechos reales". No es una reproducción en "papel maché". Félix Romeo no quiere que al final de la lectura o en el medio o en alguno de sus apartados nos pongamos a llorar como Magdalenas. Quiere que nos de rabia, que quizá tiremos un florero contra la pared, que salgamos a gritar al balcón "Hijos de puta". Porque eso es lo que tendríamos que hacer al concluir de leer esta novela. Salir frente a los juzgados y gritar fuerte: "Hijos de puta". Gritarle a todo el mundo, muy claro, quizá un grito sin voz casi "Hijos de puta".

 

Para ello Félix Romeo utilizó el lenguaje. Lo concentró. Nos lo fue dando concentradamente, a gotas, para que la tensión se acumulara en cada palabra, en cada frase, en cada párrafo. No sobra ni un sólo morfema en la novela de Romeo. Cada oración es un puñetazo en el mentón. Si uno devora las líneas, no es porque esté esperando un final espeluznante. No. Es porque cada línea nos dice algo significativo. El placer de leer. El placer de leer una obra bien hecha. El placer de leer una obra bien hecha que nos está gritando al oído una tragedia mayor. Tragedia que no es sólo un asesinato juzgado de manera caprichosa.

 

Alguien podría haber escrito o escribir que la novela va sobre eso, el asesinato de María Isabel Montesinos Torraba a manos de su marido, Santiago Dulong, a quien Félix Romeo conoció en la Cárcel de Torrero. O sobre la defensa de la mujer, como pareciera aclararse hacia el final. Yo creo que no. Que Félix no escribió sobre ello. Creo que Félix ha utilizado esta historia para hablar, como él mismo lo dice dentro del texto, del lenguaje. De cómo el lenguaje configura la realidad. De eso mismo trata la poesía --la única, no esos plagios en versos que abundan convertidos en libros--. La configuración del mundo por el lenguaje. Lo que dejamos de ver por esa configuración de mundo. Cómo el lenguaje nos engaña. Cómo nos dejamos engañar por el lenguaje. Como anexo, la novela es una defensa de la libertad. Pero sólo como anexo. A mí me interesa ese "algo" más profundo que hace que esta novela se acerque --si es que ya no lo es-- a ser una obra de arte.

 

Félix Romeo nos regala un objeto terrible. Es una caja. Es una Caja de Pandora. Pero lamentablemente sé que no todos ni todas entrarán en ella. Si Santiago Dulong salió en libertad después de sólo un año de cárcel fue porque quienes estaban allí para juzgarlo, usaron las palabras inadecuadas y eso llevó a que "la realidad reconstruida" fuera diferente, levemente, pero lo suficiente, a lo sucedido. La realidad que justificaron abogados, jueces, fiscales no fue real. Fue puro lenguaje. Creyeron en las palabras. Son culpables por creer en las palabras. Y esas palabras no fueron morales ni éticas ni menos justas. Fueron caprichosas. Igual que las palabras de los reality. Igual que las palabras de la publicidad. Igual que las palabras de los políticos. Igual que las palabras de la reforma laboral. Igual que las palabras de la ONU ante las masacres en Siria. Igual que las palabras del Presidente de Chile ante el petitorio de los habitantes de Aysén. Igual que las palabras de dos señoras o dos señores repitiendo lugares comunes en la marquesina del tranvía. Esto me recuerda a un post de facebook que leí hace un par de días. Decía algo así como que ya no conocemos la realidad, sino sólo lo que nos cuentan, parcialmente, los medios de comunicación. Y voy más lejos, sólo conocemos lo que le cuentan las agencias a los medios sobre la realidad. Y las agencias sólo conocen aquello que algunas personas quieren que se conozca. Otra vez lo mismo. Otra vez el juicio a Santiago Dulong.

 

En la contraportada del libro podemos leer un fragmento del texto: "Esto no es un juicio, porque no se puede juzgar a los muertos y Santiago Dulong murió hace diez años. Ni es la defensa imposible de una víctima, porque no se pueden reparar las ofensas a los muertos. Ni es un ensayo sobre la justicia. Sólo escribo sobre palabras." Esa es la verdad del texto. Pero esconde algo. Sí que hay un juicio y del que deberíamos tomar buena nota. Ese juicio es a nosotros mismos y a cómo dejamos que las palabras inadecuadas construyan nuestra realidad y decidan por nosotros. También es un grito a actuar. A encontrar las palabras justas. Las éticas. Las secretas. Las que no nos traicionarán. Si así hubiese sido, no sólo Santiago Dulong hubiese muerto en la cárcel. También viviríamos en otro mundo, otro mundo mejor. Félix Romeo lo sabía.

 

A todo esto, ya me he terminado el cacao. El cacao de verdad. Y me ha dejado un buen sabor de boca a pesar de su amargura.

ÁNGEL GUINDA Y ANTÓN CASTRO, HOY, CON DOS POEMARIOS EN BARCELONA

[Uno de los textos más bonitos de ‘Caja de lava’ de Ángel Guinda, que se presenta esta tarde, a las 19.30 en el Centro Aragonés de Barcelona con mi ‘El Paseo en bicicleta’, es este poema: ‘Taller de poesía’. Abajo, pongo un poema de ‘El paseo en bicicleta’, dedicado a la persona que me presentó a Ángel Guinda cuando era el poeta oscuro y maldito de Zaragoza. Ambos libros se presentan esta tarde, a las 19.30, en el Centro Aragonés de la calle Joaquín Costa, en compañía de la editora Trinidad Ruiz-Marcellán. Si andáis por ahí, no salís de puente y os apetece daros un paseo y tomar una cerveza será un placer.]

 

 

TALLER DE POESÍA

 

Por Ángel GUINDA

 

 

Leed a los poetas verdaderos. Vivid, vivid al límite nuestra propia existencia. Cruzad la Tierra, recorred sin miedo el laberinto de vuestro interior. Descended a los cielos, subid a los infiernos. Estad alertas siempre a lo inefable. Sembrad flores de luz en los cerebros, portazos y regueros de imposible. Desenfrenadamente, amad. Embadurnaos con el oro de la alegría, con el barro de la adversidad y del dolor. Trabajad sin descanso. Resbalad por lo superficial, profundizad en lo hondo. Avanzad mortalmente hacia la nada. Convivid la resistencia de los otros: haced vuestras sus penurias, sus desgracias, saturaos de sus sufrimientos. Esperad la llamada del poema como una llamarada. Y escribid como el agua, escribid como el fuego: el agua y el fuego no escriben hacia atrás.

 

 

 

EL RAPSODA 

 

De Antón CASTRO. 

                                  

A Luis Felipe Alegre.

Él era el rapsoda, el hombre que decía versos por las calles, en las tabernas, en las esquinas del cierzo. Él era el ameno trovador que siempre llevaba una estrofa en los labios y un poema manuscrito en los bolsillos. Siempre tenía uno de Ángel Guinda, de Rosendo Tello o de Julio Antonio Gómez: solía decir que los versos de amor más bellos los había encontrado en Acerca de las trampas del ‘Gordo’ Gómez, poeta, editor, fotógrafo con laboratorio en Tánger y noctámbulo. Salíamos a Independencia e iniciábamos una especie de duelo. Empezaba él: “Las venas con poca sangre, los ojos con mucha noche”. Góngora. Seguía yo: “El día se va despacio, la tarde colgada a un hombro, dando una larga torera sobre el mar y los arroyos”. Sí, era de Lorca. Él insistía con Walt Whitman. Yo con Miguel Hernández. Él hallaba una imagen inesperada de César Vallejo o en la poesía vertical de Roberto Juarroz. Yo echaba mano de la carta-poema final de Alfonsina Storni o de una composición de Vicente Aleixandre -“Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz”-, y así hasta que llegaba la madrugada y un silencio sepulcral de verano sin nadie. Durante un buen rato, seguía la memoria buscando palabras bonitas, juegos de luz, puñales de lucidez contra la oscuridad del tiempo.

Esa escena se repetía casi todas las madrugadas de aquel estío de 1978, y luego en el otoño, y después en el invierno, que aquel año trajo una gran nevada y enterró mi bicicleta de paseo hasta el sillín en la plaza del Portillo. Conservo una foto indecisa de esa estampa.

Más tarde, me enseñó versos para rondar. Y para fijar la atención de aquellas actrices que iban de rojo y querían ser, en la vida y en el teatro, La señorita Julia de August Strindberg. Otro día me robó la novia. Lo hacía a menudo: la poesía, barnizada de misterio, es la mejor arma de seducción. Y me dejó a la puerta de una de sus mejores amigas con una canción en la boca, con una canción hecha romance: El romance del prisionero: “Que por mayo era, por mayo, / cuando hace la calor…” Me acostumbré a sentarme en el alféizar de la ventana de su vecina. Un día le dije: “No me debes ninguna explicación. Estoy bien aquí”. Poco después, tras la cortina, se asomaba una mujer de interminable melena, casi en pijama o con un picardías de raso, aquella compañera desde la niñez que preparaba un examen de medicina... El rapsoda le ofreció su mejor sonrisa. Y a mí me extendió un verso manuscrito: “Cuando pasen los aviones por el cielo azul / te seguiré queriendo”. Creí que era una forma de sellar una difícil amistad. Aquel verso de Ángel Guinda era de los que mejor le salían en cualquier recital.

*Las tres fotos, de Ángel Guinda, la de Antón Castro y la de Luis Felipe Alegre son de Vicente Almazán, el fotógrafo sigiloso que obedece a un lema y a una estética: "Pasaba por aquí". La foto de Ángel Guinda en color es de archivo suyo.

 

FREUDENTAL, POR JAVIER TURRIÓN

¡Ya en las librerías el nuevo libro de STI ediciones: una magna obra de Javier Turrión!

 

GUSTAVO FREUDENTHAL

(Hannover, 1869 - Zaragoza, 1948)

CÓNSUL DE ALEMANIA EN ZARAGOZA

FOTOGRAFO DE LA REAL CASA

 

¿Nazi?, ¿Judío?, ¿Artista?, ¿Pícaro? La vida de Gustavo (o Gustav) Freudenthal, como la de todos, es un complejo puzzle cuyos límites se difuminan en el tiempo y el espacio colectivos. El profesor Javier Turrión reúne las piezas con la frialdad aparente de un científico en su laboratorio, pero su voz en off, omnipresente pero con la distancia de la ironía, repleta de apostillas y puntillosos comentarios, termina por convencernos de que es más bien el actor que mueve los hilos en este retablo de las maravillas que es nuestra historia...

 

Una biografía atípica, que es también un fresco histórico de un periodo que, aunque relativamente cercano, corre el peligro de parecer remoto. Basado en un exhaustivo trabajo de hemeroteca e investigación de la correspondencia diplomática alemana, así como en los archivos familiares, el libro de Javier Turrión recorre las primeras décadas del siglo XX en círculos concéntricos que, partiendo del núcleo familiar (con una tragedia en su centro) se extienden a la vida local zaragozana (con especial hincapié en el ámbito universitario y científico), a la política nacional (dictadura primorriverista, II República...) y a los acontecimientos internacionales, marcados por las dos contiendas mundiales.

 

Ilustrada con 165 fotografías de la época, Gustavo Freudenthal es la obra erudita de un científico, pero se lee como una novela.

 

STI ediciones, colección VETERA 02.

Zaragoza, marzo de 2012

24 x 26 cm. 614 páginas.

 STI ediciones, la editorial "sin atributos". Sin diseño ni línea editorial. Cada libro: un mundo.

 

*Nota de prensa de la editorial del poeta, librero y editor Javier Cinca. En la portada, el fotógrafo cónsul que captó a Albert Einstein en su viaje a Zaragoza.

 

EBRO : ORBE. SINDICATO DE TRABAJOS IMAGINARIOS

LABORDETA SIGUE EN EL AIRE

LABORDETA SIGUE EN EL AIRE

 

EL MAGISTERIO IMBORRABLE

DE JOSÉ ANTONIO LABORDETA

SIGUE EN EL AIRE Y EN LOS LIBROS

 

Antonio Pérez Lasheras presentó ayer el libro homenaje al poeta, cantautor y político: ‘Para creernos vivos todavía’ (Rolde)

 

 “Labordeta nos enseñó a amar Aragón sin fisuras para siempre”, dice Antonio Pérez Lasheras en el prólogo al libro coral ‘Para creernos vivos todavía (José Antonio Labordeta en la memoria)’ (Rolde de Estudios Aragoneses, 2011. 196 páginas), que se presentó ayer tarde en la librería Los Portadores de Sueños.  El volumen, que lleva una portada de Pepe Cerdá y ha sido coordinado por el propio Pérez Lasheras, es una aproximación en cuatro partes a este “hombre que nos hizo mejores a todos” y que decía de sí mismo: “soy más poeta que escritor”.

En la primera parte se recogen los textos que publicó el autor de ‘El canto a la libertad’ en la revista ‘Rolde’: poemas que había escrito para el poemario ‘Diario de un náufrago’ y que luego se quedarían fuera, un poema a Luciano Gracia, unas ‘Hojas de invierno’ y sus versos finales, ilustrados por el arquitecto Pérez Latorre, donde trazó una álbum familiar, en el que aparecían sus padres, su hermano Miguel (del que dijo: “Miguel es el mejor poeta del siglo XX en Aragón. Es un poeta redondo, creó un mundo”). En el segundo recorrido se rescatan cuatro entrevistas muy diferentes: José Luis Melero (que firmará hasta cuatro artículos más, uno de ellos sobre la vinculación de Labordeta y Zaragoza) y Vicente Pinilla conversan con el cantante y político en 1983; en diálogo con Antón Castro reconstruye la figura y el magisterio de su hermano Miguel, y les cuenta a Carlos Serrano, Rubén Ramos y Javier Aguirre su evolución y su mirada política desde su hiperactividad en el Parlamento.

La tercera parte del libro recoge textos sobre Labordeta aparecidos en la publicación aragonesa. José Luis Rodríguez le remite una “carta abierta” donde le dice que “sigo prefiriendo, porque me emociona, esa dulce y cotidiana sentimentalidad de ‘Mar de amor’ o de ‘Somos’ y que me gustaría que el himno de quienes no tenemos otra cosa que los ojos clavados muy lejos y la boca cerrada en esta ciudad de fríos y vientos que muerden los sueños fuera esa ‘Albada’ que, acompañado por la voz de Imanol, cantas mejor que nunca”. Javier Aguirre explica cómo se gestó uno de los libros más totalizadores sobre el cantautor, ‘José Antonio Labordeta. Creación, compromiso, memoria’, que dio pie a un inolvidable homenaje en el Teatro Principal que glosan minuciosamente Víctor Juan y Pepe Melero. Entre otros textos, Mario Ruiz Arganda analiza las claves de la poesía y la canción, algo que también hará el compilador Pérez Lasheras en su texto ‘Adiós a los que se quedan. La literatura de José Antonio Labordeta’.

En la parte final del libro se recoge una selección de textos, que podrían llamarse de elegía, elogio fúnebre o síntesis de una trayectoria, redactados por muchos de sus mejores amigos de varias generaciones: desde Eloy Fernández, que lo saluda como su hermano mayor y lo retrata en su último adiós hacia el Miguel Servet, a Julián Casanova, Luis Germán o Vicente Pinilla; desde Ismael Grasa y Julio José Ordovás a Daniel Gascón, pasando por Luis Alegre, Nieves Ibeas, López Susín, Martínez de Pisón, Miguel Mena, Rodolfo Notivol, Fernando Sanmartín y Félix Romeo, que fue como el hijo varón que Labordeta (padre de Ana, Ángela y Paula) no tuvo. Félix dice: “Poeta es la palabra que mejor define a José Antonio Labordeta (...) Siento un profundo dolor por su ausencia, pero una enorme alegría por las muchísimas cosas que me regaló y que también quiso regalar a todo el mundo, en sus canciones, en su acción política y también, y sobre todo, en sus poemas”. El libro se completa con la incorporación de su primer disco, ‘Cantar i callar’.

Como curiosidad, Labordeta recuerda que la censura le prohibió un poema que iba en la revista ‘Samprasarana’, del colegio familiar, donde decía, casi a la manera de Vallejo: “Si Dios pregunta por mí, decidle que ya no existo”. Este libro, y el homenaje de más 50.000 personas lo despidieron en La Aljafería, lo contradicen: existe, y ha dejado una huella imborrable que Miguel Mena resume así: “José Antonio está en el aire”.

EL ARTE DE EDITAR ARQUITECTURA

EL ARTE DE EDITAR ARQUITECTURA

 

 

EDITANDO ARQUITECTURA: MESA REDONDA EN CAMPUS RÍO EBRO

mesa redonda

LINARES_MARCO_CASTRO_LAMPREAVE_MONCLÚS

Jueves, 15 de marzo de 2012

Salón de Actos Edificio Ada Byron, Campus Río Ebro, 12:00

La formación de los estudiantes, el adiestramiento en los saberes que les serán propios, la adquisición de conocimiento en general, es por definición el objeto y razón de ser de las Escuelas de Arquitectura. En nuestro entorno occidental, la tradición de las escuelas anglosajonas ha presentado desde siempre unos servicios editoriales que han llegado a trascender los ámbitos estrictamente académicos (Oxford, Harvard, Princeton, Yale, MIT Press...). Aquí, Prensas Universitarias de la Universidad de Zaragoza, o Ediciones UPC, encauzan la labor editorial de profesores, cátedras y departamentos mediando también entre la universidad y la sociedad.

 

Por su parte, las organizaciones profesionales, los Colegios de Arquitectos, también han contado durante todo el siglo XX con sus correspondientes revistas, desde las más estrictamente corporativas para la difusión entre colegiados a las progresivamente más divulgativas, con enfoques más amplios y abiertos: Arquitectura COAM, y en Barcelona con Quaderns, multitud de revistas colegiales han venido describiendo desde distintos ángulos e intereses el complejo panorama de la arquitectura española desde hace aproximadamente 30 años: Zarquitectura en Zaragoza...

 

El tercer entorno para los estudiantes, el más amplio, la ciudad donde viven y quedan acogidos, propone una incesante oferta a través de sus museos, centros, salas... Los periódicos, en particular, y su capacidad para difundir cultura, juegan un papel determinante en el día a día de cada una de ellas: Babelia, Artes y Letras, etc.

 

La complementariedad de los tres ámbitos propicia, en el caso concreto de Zaragoza y de su pujante Escuela de Ingeniería y Arquitectura, una oferta rica y variada. Con los siete primeros libros editados por profesores de Arquitectura de la EINA sobre la mesa, el objeto de la misma es dar voz a quienes protagonizan algunas de estas iniciativas, repasar sus logros y estrategias de edición, y debatir cómo seguir haciéndolo de la manera más eficaz y provechosa.

 

Alfredo Linares Revista DPA de la UPC Barcelona

Ricardo Marco Colegio de Arquitectos de Aragón

Antón Castro Director Artes & Letras Heraldo de Aragón

Ricardo Lampreave Profesor Arquitectura EINA, Editor

Javier Monclús Coordinador Arquitectura EINA

Unidad Departamental de Arquitectura. Escuela de Ingeniería y Arquitectura

Universidad de Zaragoza

http://arquitectura..unizar.es

 

*La foto es de José Cruces.