FRIEKE JANSSENS: HUMOR, HISTORIA Y RETOQUE







He aquí algunas de las fotos del artista Frieke Jannsens, nacido en Bruselas en 1980 y experto en el arte del retoque. Sus fotos suelen plantear situaciones surrealistas o absurdas, siempre con humor.







He aquí algunas de las fotos del artista Frieke Jannsens, nacido en Bruselas en 1980 y experto en el arte del retoque. Sus fotos suelen plantear situaciones surrealistas o absurdas, siempre con humor.
DIARIO DEL MUNDIAL // El elegante Joachin Löw califica a los jugadores de España como “los maestros del juego”. Holanda, más pragmática que brillante, urde una alianza con el destino.
España deberá
burlar al tapado
del destino

Joachim Löw ha explicado la clave de la derrota de Alemania: España juega el fútbol más bonito del mundo en este momento, basado en la circulación de balón, la serenidad y la combinación casi automática de sus medios. Inteligente y generoso con el rival, Löw dijo que los suyos no habían estado tan bien como en días anteriores, echó en falta el fútbol vertical y el regate de Thomas Müller, y subrayó que le habría gustado que España marcase en una de sus primorosas jugadas más que en ese remate de furia y convicción de Carles Puyol. Al gran nivel de todo el conjunto de Del Bosque, hay que añadirle un elemento desestabilizador: la clase del menudo Pedro Rodríguez, un futbolista tocado por la gracia que se mueve entre líneas, que desborda con las dos piernas y que siempre encontraba a Xavi. Lo buscaba y lo encontraba, se buscaban y se hallaban, y, ahí, entre los defensas y los dos medios centros, realizó una tarea increíble: presionó, no se arrugó y se lanzó al ataque con un descaro inusual de un debutante. Incluso su fallo se ha magnificado más por eso: su partido fue tan extraordinario que parecía impropia de él esa tentación de rizar el rizo para cerrar el marcador. Él fue la figura en medio de un equipo de figuras, de artistas del oficio del gol.
Xavi, el maestro del pase, el hombre que ve el fútbol mejor que nadie, acabó recibiendo el trofeo al más jugador de la inolvidable semifinal y se coloca, a la altura de Villa, de Sneijder y de Robben para ser el mejor futbolista del Mundial. Hay otro medio español que enamora partido tras partido: Sergio Busquets, el pilar de contención que ha hecho olvidar a Marcos Senna. El preparador lo ha piropeado más a que a nadie: es el bastión, el jugador táctico, el asistente de infinita calidad que lo hace todo bien. Rasea el balón, corta, reparte y se proyecta hacia arriba. Es un auténtico pulmón a la vieja usanza, un veterano de apenas 21 años, la primera referencia de Piqué y el lugarteniente de Xavi. El domingo se va a necesitar su inteligencia para parar la movilidad y la estampida de Sneijder.

El fútbol mundial le debe un título a Holanda y los holandeses, que no estuvieron brillantes ante los uruguayos, quieren cobrar la deuda que han dejado en el aire Cruyff y sus múltiples vástagos. Pero España no debe pensar en ello ni en las profecías del pulpo. Holanda ya anunció ante Uruguay cómo va a jugar: con reservas, armándose atrás, y encomendándose a sus tres figuras: Robben, Sneijder y Van Persie, sin desdeñar el trabajo de Kuyt, que está realizando un torneo asombroso en compromiso y en sacrificio. Creo que nadie le había visto correr tanto nunca. Le ganó la batalla a Maicon a base de músculo y arrojo.
Holanda no es un equipo seductor, pero es muy práctico y tiene pegada. Defiende con solvencia y busca el contragolpe: Arjen Robben, en esa misión, es un auténtico peligro. Es el maestro del gambeteo, el heredero de Rensenbrink y de Pat Keizer, un extremo a pie cambiado, una tradición muy holandesa, que siempre busca la profundidad. Acuchilla los espacios, se muestra egocéntrico en ocasiones hasta el paroxismo casi, pero a la vez desborda muy bien hacia la media luna, y ahí, dribling tras dribling, encuentra el plantío natural para disparar a gol. Es un extremo vibrante que no desfallece, salvó este año la vida a Louis Van Gaal en el Bayern Munich, y tiene gol: con la pierna o con la cabeza. El tercer tanto ante Uruguay define su peligrosidad: el extremo se alzó por los aires, marcó todos los tiempos de un ariete clásico y ajustó el balón allá donde Muslera no iba a poder llegar ni siquiera volando.
En un equipo así, trabajado línea a línea, Robben es el artista. El hombre que improvisa. El galgo incesante. Y por atrás, basculando hacia derecha e izquierda, llega Sneijder, un centrocampista de muchos recursos: dirige, avanza, posee gol y astucia, y tiene una extraña habilidad para colarse, diminuto y vivaz, entre los defensas más altos. Así sentenció a Brasil. Con un toque ajustado que sorteó un revoltijo de piernas, le dio alas a Holanda ante Uruguay. Además, como le sucede a Diego Forlán, tiene un pacto secreto con el ‘jabulani’: quizá nadie sepa impactar en ese balón imposible como él. Holanda es un equipo antes que una constelación de figuras. Peleón y pragmático, sabe esperar y atacar en el momento oportuno. Posee otros rasgos de mérito: es agresivo y rara vez se rinde.
España es superior. Sin duda. Exhibe el gran fútbol de una generación de oro. La exaltación del toque. Pero no debe llamarse a engaño: Holanda es el tapado del destino. Está ahí para saldar una deuda histórica. Villa tendrá que volver a marcar: la victoria española debe edificarse sobre el respeto más escrupuloso y “la maestría del juego”, como dice Löw.
Esta pieza se titula 'Ayúdame a encontrarme'. Es de Daniel Marco también.
Daniel Marco retrata a Bonnie and Clyde, los famosos forajidos de película y de vida breve y trágica.
Así ha visto el ilustrador Daniel Marco a Joe Satriani.
Hace unos días, en andalán.es. Salvador Romero –seudónimo del catedrático de Historia Contemporánea Carmelo Romero, cronista de fútbol y biógrafo del Numancia- publicaba estas notas sobre mi libro ‘Los domadores del balón. Un diario del Mundial de Fútbol de 2006’, publicado por Nacho Escuín en el sello Eclipsados. Le agradezco mucho a Carmelo Romero su mirada y su generosidad
DOMADORES DEL BALÓN:
ACRÓBATAS DE PALABRAS
Por Salvador ROMERO. Andalán.es
Habremos de convenir que, sin Homero, Troya sería mucha menos Troya o que el Cid, sin su Cantar de Gesta, “Campearía” bastante poco. La literatura, entre otras cosas, agranda mitos y construye leyendas.

Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que la literatura española referida a los espectáculos de masas prácticamente se limitó a los toros. La épica –y lo táurico la desparrama- siempre ha sido fuente generosa para la lírica. Y así, mientras los toreros levitaban en coplas, cuartetas y redondillas, el fútbol malvivía en crónicas del partido, con referencias tan sólo a tiros “lamiendo el poste”, a “paradones antológicos” y a los goles, con su minuto y hasta segundo correspondiente. Nada más antiliterario, en verdad, que aquellos cronicones en serie de incidencias puntuales y cronómetro en mano.
Al fútbol le costó mucho menos conquistar masas que ganarse literatos. O dicho de otro modo, atrapó mucho antes la historia que la leyenda. Claro está que a quien se hace dueño de la realidad, tarde o temprano se le terminan colocando cimientos para el mito. Todo es cuestión de tiempo. En este caso el necesario para que ciertas elites terminaran reconociendo, en lo que consideraban los garbanzos de la masa, sus propios manjares cotidianos. Y es que si las caídas de caballo, a lo San Pablo, suelen ser actos individuales, las “salidas del armario” acostumbran a ser acciones colectivas. De ahí que la lista de reconocidos escritores que han dedicado una parte de su trabajo e inspiración al fútbol sea hoy ya larga. Entre ellos, y por lo que aquí hace, Antón Castro, quien acaba de publicar (Editorial Eclipsados, 2010) “Los domadores del balón. Un diario del mundial de fútbol de 2006”. Se trata de una sucesión de textos que, como indica en el prólogo, publicó en Heraldo de Aragón durante el anterior mundial, jugado en Alemania.
En las vísperas del enfrentamiento de “la Roja” contra Alemania –el fútbol, como la vida, siempre ofrece nuevas oportunidades- he disfrutado, y mucho, leyendo esos viejos textos y este nuevo libro de Antón Castro. Entre otras cosas, porque, como en mi caso, el fútbol forma parte de sus sueños no de la infancia, sino desde la infancia. Y los sueños son un buen paso para la literatura, para la buena literatura.
Por este libro de Antón desfilan cientos de nombres: de Bobby Charlton a Gerrard; de Beckenbauer y Uwe Seeler a Klose y Ballack; de Kopa a Platini y de éste a Zidane; de Eusebio, Colunna y Torres, a Futre, Figo y Cristiano Ronaldo; de Zagallo, Garrincha, Rivellino y Pelé a Sócrates, Zico, Romario y Ronaldo; de Cruyff y Van Basten a Robben y Sneijder; de Meazza, Mazola, Riva y Rivera a Fachetti, Maldini, Cannavaro y del Piero; de Ardiles a Kempes; de Maradona a Messi; de Zamora a Casillas; de Luis Suárez a Xavi; de Del Sol a Lapetra; de Gainza, Basora, Puchades y Campanal a Di Stéfano; de Zarra a Marcelino y de éste a Raúl y luego a Villa….. Cientos de nombres y alguna que otra decena de animales –colibrís, ardillas, chacarés, leones, gacelas, guepardos, arañas, tigres, galgos, gamos, perros de presa, panteras, cobras…-, pues nada más habitual en las metáforas futbolísticas, ni quizás mejor, que la variedad de actitudes, movimientos y estrategias que la gran república del mundo animal ofrece.
Centenares de nombres, decena larga de animales, múltiples episodios ensartados, con primor de buena costurera, como cuentas de collar… Pero, por encima de todo, este libro de Antón Castro no deja de ser una continuidad de aquel niño gallego al que un tal Manín, que iba para figura del Deportivo, le empezaba a llenar la cabeza de sueños. De sueños de domadores del balón, con esperanzas, sin duda, de llegar también a serlo.
A ciertas alturas de la vida no sólo sabemos lo que no hemos sido, sino también lo que no seremos y es entonces cuando, antes que renegar de los sueños eternos, intentamos recurrir a la acrobacia de las palabras para, al recordar historias, acrecentar leyendas. El fútbol sigue siendo de los domadores del balón; su leyenda, afortunadamente, está ya en manos de los acróbatas de las palabras.
Para quien guste del fútbol y de la buena literatura, “Los domadores del balón” le resultarán, tanto si esta tarde se gana como si se pierde con Alemania, un buen manjar.

BELLEZAS ETERNAS
Por Mónica Gutiérrez Sancho
Caminar sin seguir el plano de los siglos. El laberinto organizado para transitar por la historia de una manera ordenada. He decidido perderme entre épocas, gente que deambula entre obras de arte, cuadros, que cuelgan de paredes que les observan por la espalda sin poder llegar a asumir lo que atrapan entre sus manos. Observo obras de arte que a pesar de haberlas visto tantas veces como a un vecino de escalera, no permiten que tu boca permanezca cerrada. Debes parar. Saborear y paladear los trazos con sabor a ocres, bermellón y claro oscuros.
Me encuentro delante de ella. La imagen de esa Inmaculada de Murillo, con una pureza tal que hace pensar que quién plasmó ese rostro tuvo que sufrir por tener que soltarla entre pinceladas. Ahí está, preparada para subir al cielo montada en una luna. Empujada por esa infinidad de angelotes regordetes con el culo al aire y esa eterna apariencia infantil. Es inevitable sentir una feroz envidia a todo aquel que tenga además la suerte de contemplarla con la fe que otorga la creencia en algo. Yo no la tengo. Y miro por todas partes intentando encontrarla. Al menos por un momento. Ese momento.

No la encuentro. Allí tampoco, pero al girarme la veo. Es una mujer tan bella como el pecado. Con mirada melancólica. Larga melena, ondas y rasgos que me doy cuenta tienen una diferencia absoluta con los suaves y delicados movimientos de Inmaculada que asciende a los cielos. Ella es atemporal. Ni pasado ni futuro. Junta las manos con un gesto de contrición tal, que me hace estremecer, como lo grandes, y profundas que son sus ojos. Ojos, que sufren. No están tranquilos y parecen suplicar un constante perdón. Si es que alguien tan hermoso ha sido capaz de hacer algo malo. Esas manos y esa mirada que implora clemencia es tan hiriente, tan bella a la vez que tan desoladora que si me dejaran lanzarme a la pared, la abrazaría y le pediría que dejara de sufrir de esa manera. ¿Quién eres? ¿Qué te ocurre? Sólo puedo mirarla. Y leerlo: “La Magdalena” de Ribera. Acaso podría tener ser otra. Ingenua de no haberme dado cuenta antes que era ella. La mujer que aún espera un perdón que ni tan siquiera le corresponde pedir. Miro a una y a otra. Miro sus rostros y me siento. No sé qué he encontrado, pero aún no quiero marcharme. No puedo.
*Mónica Gutiérrez Sancho es novelista y apasionada a la música de jazz. Actualmente reside en Barcelona, muy cerca del Mediterráneo. Acaba de terminar su segunda novela; tuvo magníficas críticas con ‘Si vuelves te contaré el secreto’ (Caballo de Troya). Hace unos días visitó el Museo del Prado y estos dos cuadros de Murillo y de Ribera le sugirieron este texto.







Brooke Shaden es una fotógrafa norteamericana de poco más de 22 años que nació en Lancaster, Estados Unidos. Estudió en la Universidad de Filadelfia y luego se trasladó a Los Ángeles. Realiza una fotografía muy personal, con toques surrealistas, desde la convicción de que hay auténtica belleza en el dolor. Ha dicho: “Hago casi todas mis fotos en mi apartamento, lo que no es nada fácil porque tengo solo una habitación, además de una pequeña cocina y un cuarto de baño. Por suerte, tengo una pared blanca y un poco de luz solar”. Es una apasionada del cine y de la poesía. De alguna manera, su trayectoria es la de alguien que cultiva la belleza inquietante, la hermosura y el dramatismo, pasado por una dimensión onírica.
Tiene un estupendo blog: