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Antón Castro

'AGUA Y CIELO': UN FRAGMENTO

'AGUA Y CIELO': UN FRAGMENTO

 

Fragmento de la primera novela de María Pilar Clau y Mariano Gistaín, ‘Agua y cielo’ (Mira editores), que se presenta esta tarde, en el Instituto Goya. Acompañarán a los autores el consejero de Medio Ambiente Alfredo Boné, Pablo Carreras, presentador de Aragón Televisión, y el editor Joaquín Casanova.

 

La balsa era cada tarde una fiesta del agua. Estaba rodeada de pequeños huertos. Casi todos los vecinos de Aleluya tenían uno junto a la orilla o un poquito más apartado, en el camino de Laperdiguera. En verano, cuando el sol bajaba a bañarse en la balsa, todos iban a regar los huertos; llenaban los pozales de agua y sol y los vaciaban en los tomateros, en las ensaladas, en las judieras y algunos hasta en el tabaco, como siño Matías, que se lo fumaba en una pipa después de haberlo dejado secar al sol no sé cuánto tiempo. Niños y mayores, hombres y mujeres, todos celebraban la fortuna de poseer juntos el estanque que el sol elegía cada tarde para refrescarse.

“¡Estamos en el mejor punto del planeta!”, le gustaba decir a mi abuelo. Yo no entendía muy bien eso, porque él tenía su huerto más arriba de la balsa y era más costoso subir el agua hasta ahí; pero mi abuela me explicaba que a lo que se refería yayo no era a su vergel, sino al pueblo.

Los hortelanos presumían de lo grandes que se hacían sus pimientos. A veces se paraban a hablar unos con otros con los pozales llenos de agua, y los niños, cuando no cogían ranas o ayudaban a sus padres o a sus abuelos, jugaban a adivinar quién dejaría primero el cubo en el suelo. Las mujeres hablaban entre ellas pero sin parar de regar. Sólo lo hacían si tenían que contarse algo muy muy importante, y eran muchas las veces. El color anaranjado del atardecer, el brillo del agua acariciada por el sol, el olor a agua y a ranas, la dulce algarabía de los niños, las risas y los encuentros hacían de ese momento del día una oración de gratitud a la vida.

*La fotografía es de Niko Guido.

 

DESIREE DOLRON EN CUBA

 

 

 

 

Conjunto de fotos de la fotógrafa holandesa Desiree Dolron, inspiradas en Cuba.

JUAN MARQUÉS HABLA DE 'ABIERTO'

JUAN MARQUÉS HABLA DE 'ABIERTO'

Juan Marqués (Zaragoza, 1980), poeta y ensayista, estudioso y editor de Luys Santa Marina, ganaba hace pocas semanas el premio Gerardo Diego de poesía con ‘Abierto’, volumen que acaba de publicar Pre-Textos. Antes había publicado ‘Un tiempo libre’ en La Veleta. El pasado viernes, Juan Marqués vino a Zaragoza con su compañera Susana y llamó a un puñado de amigos de Zaragoza (Pepe Melero, Fernando Sanmartín, Félix Romeo, Julio José Ordovás, Ignacio Escuín Borao…) y les entregó su poemario, que ha quedado realmente precioso. Una joya gris, con su nombre el rojo y el título del poemario en blanco. Recupero esta entrevista que le hice pocos días después de ganar el premio. El libro es realmente personal: poesía del silencio y de la contención, poesía que oculta tanto como dice, poesía del misterio y de la exaltación de la vida, del amor, de los pequeños detalles, poesía de la naturaleza, sin afectación alguna. Diáfana como un amanecer que llega.

 

“La poesía no se escribe: el poeta

obedece y encuentra poemas”

 

 

¿Quién es el poeta, el sujeto poético, quién es Juan Marqués?

 

Ésta es una pregunta muy difícil porque apenas me la hago. Yo no me intereso demasiado a mí mismo: todavía no sé quién soy pero por lo menos ya he llegado a comprender que eso no importa. Y, como poeta, también busco mucho más fuera que dentro. La poesía es un camino de ida y vuelta: al poeta le llegan cosas, que él ha de digerir y después entregar ordenadas, sintetizadas, con toda la precisión que sea posible. En una de sus cartas, Rilke, hablando de no sé quién, decía que “aquél sí que era un poeta: odiaba todo lo que fuera inexactitud”. Es difícil pero en eso estamos. La verdadera poesía exige muchísimo trabajo, pero no se debe notar cuando se lee: es bueno que parezca fácil, limpia, inmediata, natural...

 

¿Desde qué estética, desde qué punto de vista lo has escrito?

 

Una de mis pocas convicciones es la de la sencillez. Todo lo que sea grandilocuencia, palabrería, retórica, solemnidad, afectación, “posturitas”... es enemigo de la poesía. A todo presunto poeta se le debería preguntar: “Usted, ¿tiene algo que decir? Bueno, pues entonces dígalo aquí y ahora, y rápidamente, con brevedad”. Si un poeta no puede decir aquello que tenga que decir en cinco o seis versos tampoco va a conseguir decirlo en cincuenta. Al contrario: todo se enfangará más si se infla. Yo defiendo el “poema pequeño”, más que el breve. Pequeño quiere decir sencillo, modesto, en voz baja, aunque después pueda o deba ser, si hay suerte, profundo, rico, inagotable... Y, naturalmente, lo normal es que el poema pequeño sea también breve, aunque yo he leído poemas pequeños de varias páginas (pienso, por ejemplo, en Juan Ramón Jiménez). Y, por otra parte, los poemas de “usar y tirar” no suelen ser buenos poemas, y éste fue uno de los principales problemas de la poesía española de los 80 y vuelve a serlo ahora entre los circuitos de esa “poesía hiperrealista, sucia, directa, cruda...” que practican y predican muchos poetas de mi edad. Un poema tiene que ir ganando y creciendo cada vez que se vuelve a él, tiene que decir cada vez más cosas. Esos poemas que lees y entiendes totalmente a la primera y ya los has leído para siempre... no sirven para mucho, aunque puedan contener mucho talento o una buena porción de verdad.

            Me gustaría continuar o incorporarme al trabajo necesariamente solitario de algunos poetas españoles que creo que son especialmente conscientes de lo que hacen, que tienen muy clara cuál es su voz y su aportación, y que en buena medida están depurando toda la tradición (y no sólo española, ni mucho menos), desbrozando y reciclando todo lo heredado para brindarlo al presente y, tal vez, al futuro. Mis modelos inmediatos y, por así decirlo, “vivos”, están en Luis Muñoz, Álvaro García, Isabel Bono, Lorenzo Oliván, el libro ‘Así procede el pájaro’ de Juan Antonio Bernier, o, por nombrar a dos poetas zaragozanos jóvenes cuya poesía no sólo me interesa sino que me importa, el admirable libro de David Mayor (el mejor poemario que ha dado nuestra tierra en lo que llevamos de siglo XXI) y el precioso y robustamente delicado ‘Libro de los ibones’ de Ángel Gracia. Todo éstos son buenos ejemplos de lo que se puede llegar a conseguir, aunque yo necesitaría vivir y esforzarme durante cuatrocientos años para alcanzar la sensibilidad o el temblor de alguno de ellos.

 

¿Dónde transcurre, en qué marco, físico, mental o simbólico?

 

Si en ‘Un tiempo libre’ había sólo un “poema zaragozano”, y el resto eran ya posteriores al 1 de septiembre de 2005, cuando me fui a Madrid, todos los poemas de ‘Abierto’ son ya, claro, posteriores a aquello. El poema más antiguo, un boceto de poética que se titula “Casa roja en la nieve” (y que lleva una cita de Simic que me parece una definición impresionante de lo que desde cierto punto de vista es la poesía), lo escribí en una escapada a Reykjavik hace ahora exactamente dos años, en noviembre de 2oo7, y el más reciente de los que se van a publicar en ese libro es de este pasado septiembre (aunque todavía no he enviado la versión definitiva a Pre-Textos y tengo tiempo para pensarlo todo mejor). Es decir, que el libro se ha escrito a lo largo de veintidós meses. ‘Un tiempo libre’ se publicó en diciembre de 2oo8, pero yo lo había entregado en febrero, así que mis dos primeros libros no van a ser realmente tan próximos como le pueda parecer a quien sólo lea los colofones.

 

¿Por qué has escrito este libro, qué quieres decir?

 

No se puede no escribir, es inevitable. Yo podría dejar sin ningún problema la crítica literaria, mis timidísimos intentos narrativos, los ensayitos... pero la poesía no se escribe. Jamás (o al menos desde que cumplí veinte años) me he sentado a escribir un poema. Todos nacen en otros momentos, generalmente cuando camino. No quiero ponerme demasiado “espiritual” ni “gamonedista” porque no me caen bien esas magias ni esas homilías, pero es verdad, hasta cierto punto, que el poeta obedece. No es, por supuesto, un antipático “demiurgo” entre la fuente de la poesía y el papel, sino un autor consciente y soberano, pero la inspiración existe, las “epifanías”, lo recibido... Yo, más que de escribir, tengo la sensación de encontrar poemas. E incluso intuyo que los poemas que escriba dentro de siete, diecisiete o treinta años ya existen de algún modo, ya están ahí, pero yo todavía no soy capaz o no estoy preparado para detectarlos, reconocerlos, descifrarlos, aislarlos, hacerlos míos..., escribirlos.

 

¿En qué momento, con qué estado de ánimo has escrito ‘Abierto’?

 

No quiero ni presumir de cosas que no he recibido por méritos propios ni fingirme parte de un ambiente que me sobrepasa por todos lados, pero, siendo estrictamente sincero y haciendo repaso cabal de lo que me ha convertido en el que poeta que al parecer empiezo a ser, mi formación no se explica sin la Residencia de Estudiantes. Yo leo vorazmente desde que tengo uso de razón, y escribía tímidamente y mal desde que empecé Filología Hispánica en 1998, pero nunca pensé en publicar (aunque Ana María Navales quiso para ‘Turia’ un poema que ahora ya no me representa y mi querido amigo Nacho Escuín incluyó en ‘Noreste’ cinco o seis textos de los que tampoco puedo estar ahora satisfecho). Pero desde que llegué a la Residencia, gracias a un informe incontestable de José-Carlos Mainer, a quien se lo debo casi todo, el tiempo y el espacio se dilató: los días duraban unas cuarenta horas y, por primera vez en mi vida, tenía una pequeña habitación para mí. El contacto con el resto de compañeros becarios hizo mucho, e ir consiguiendo después otros amigos, encontrar otras lecturas, aprender a mirar de otro modo... me llevó a que un día Andrés Trapiello me preguntase si yo escribía poemas, y un año después conseguí ordenar un primer libro que le gustó lo suficiente como para quererlo en la colección que dirige en Granada (una ciudad en la que, por cierto –y me avergüenza tener que confesarlo, a mis veintinueve años...–, todavía no he estado).

 

¿Cómo se vive en la Residencia de Estudiantes, que es lo más emocionante, lo más bello?

Es vivir en uno de los corazones de Madrid, con todos los beneficios que eso implica pero sin ninguno de los inconvenientes. Nadie se podría creer el silencio que puede llegar a existir entre los delirios paralelos del Paseo de la Castellana y la calle Serrano, y es impagable. Pero lo mejor son los compañeros y muchos de los visitantes, y todo lo que enseñan. Han sido cuatro años de crecimiento constante, que continúan en buena medida porque sigo viniendo todos los días. Y me alegra poder devolver con este libro algo de lo que aquí he recibido, incrementando humildemente la literatura escrita en este lugar.

¿Qué se siente cuando a uno le toca el bote en poesía y gana 12.000 euros en tiempos de crisis?

Uno de los poemas premiados dice, precisamente, que “no hemos sido creados para hablar de dinero”, pero te puedo decir que, desde luego, ese cheque tranquiliza bastante. El dinero es lo más detestable y sucio que existe, pero también es tiempo, y libros, y algún viaje... Me presenté al premio antes de verano, cuando se terminaba la beca y todavía no era seguro lo del contrato que ahora disfruto. Ahora todo ha ido saliendo bien y estoy plenamente contento, aunque mucho más por el libro que por el premio. No sé por qué, pero la verdad es que siempre he tenido buena suerte.

 

FOREGA LEE A CH. PERIBÁÑEZ

FOREGA LEE A CH. PERIBÁÑEZ

Por Manuel MARTÍNEZ FOREGA

Termino de leer los poemas de Cuando éramos reptil (Col. Resurrección, en la editorial Comuniter) y debo confesar que me han sorprendido. Un lenguaje pulcro, con un exquisito cuidado de la prosodia (cuestión nunca bien ponderada que no hay que echar en saco roto) y un estupendo manejo del verselibrisme. Empezamos bien si queremos seguir con fundamento algunos juicios que necesariamente han de sustentarse en la "forma", en una estructura morfológica que advierte de su consciencia. Para empezar, no es habitual que estos rasgos sean destacables conociendo cuánto azar formal e inconsciente puebla los poemas de tantos poetas. Pero si añadimos que ese universo lírico (el yo es abismalmente preponderante sujeto al egotismo verbal) está traducido con ricas imágenes, nada rígidas, con una apuesta manifiesta por el símbolo (a veces, onirismo e irracionalidad -claro, que vienen a ser más o menos lo mismo- comulgan con premeditado o impremeditado -no lo sé con certeza- objetivo) y una extraordinaria largueza semántica; quiero decir generosidad interpretativa, significadora a partir de una combinatoria léxica (que tanto le gusta a Steiner), la cual, aun pareciendo súbita, automática, se decanta, tras la lectura, hacia un posición meditada.

Si añadimos que ese universo, decía, constituye un claro ejemplo de inmersión en la tradición, este libro termina por seducirnos definitivamente. Es posible que haya cierto azar en la composición de las imágenes, pero, si es así, el acierto está en no haberlo corregido o en haber conservado lo esencial. Todo ejercicio lineal -y la escritura lo es- ha de contar con este recurso que deduzco ha ejecutado muy bien Períbáñez. Toda esta tramoya sirve a la expresión de un conflicto que testimonia cierto dolor y más de una decepción por etapas; un conflicto repetido que le echa un pulso a la duda relacional y trata de fijar algunas certezas interiores, íntimas, de esa construcción personal que jamás termina en un tejado. Si toda escritura es un exorcismo, ésta lo es. Lo bueno de los poemas de Períbáñez es que el lector (yo, al menos) lo recibe convencido de ser cierto, de no esconder nada o poco, y que la retórica, aunque exista, rinde pleitesía a la sinceridad para echar al diablo fuera, pero para dejarlo entrar en cualquier momento, ya sea cabra o súcubo, o el mismísimo Comendador.
Bravo.

 

*Manuel Forega comenta en su blog la plaquette ‘Cuando éramos reptil’ de Christian Peribáñez. Periodista de la sección de Aragón, durante años lo fue de Cultura y de Televisión. Su libro, y el de Carmen Ruiz Fleta, ‘Mapas y disfraces’, también la colección Resurrección de Comuniter (serie que dirige Octavio Gómez Milián), se presentarán el martes 23 a las 20.00 en la FNAC.

*La foto es de Lukas Ptacek.

 

EL LIBRO DE LOS BÚHOS

EL LIBRO DE LOS BÚHOS

Recibo esta carta de Fernando Gracia Guia

 

Querido amigo:

La Asociación Aragonesa de Amigos del Libro ha propiciado la edición de un libro que recoge la semblanza de los cien primeros premios ‘BÚHO’ que se han entregado desde 1993, año en que se instituyó el premio para recompensar a aquellas personas o entidades que hubieran destacado en su actividad de promoción del libro y la lectura.

 

Se encomendó la preparación del libro a José Luis de Arce, anterior Presidente de la Asociación, y a José ángel Monteagudo, su actual Secretario. Ha sido editado por DELSAN, y se va a presentar en público el lunes 29 de marzo, a las 19,30 horas en el salón de Caja Inmaculada del Paseo de la Independencia 10. Intervendrá como presentador el catedrático D. Guillermo Fatás.

 

Me complace invitaros a dicho acto. Muchas gracias y mi cordial saludo.

 

Fernando Gracia.

Crítico de cine y presidente de la Asociación de Amigos del Libro

*La foto es de Rodney Smith.

'AGUA Y CIELO' DE CLAU Y GISTAÍN

'AGUA Y CIELO' DE CLAU Y GISTAÍN

‘Agua y cielo’, la novela de María Pilar Clau y Mariano Gistaín que publica Mira Editores, es la historia de amor imposible entre un hombre y una mujer de distinta posición social que nacen en una tierra sin mar y sin ríos. Pozos y balsas la abastecen de vida. Los ritmos históricos relacionados con el agua acompañan y forjan las vidas de los protagonistas desde 1950 hasta 2013 en Aleluya, Barbastro y Zaragoza.

‘Agua y cielo’ fluye por el alma de una historia y por las entrañas de una tierra en las que el devenir del agua ha dibujado la vida de sus habitantes.

La novela es un homenaje a los hombres y mujeres que tanto tiempo y esfuerzo debían emplear para obtener un recurso imprescindible para la vida.

 

*Este texto pertenece a la contraportada de la novela. Hace muy poco tiempo, Pilar y Mariano publicaban ‘Lo mejor de Zaragoza’ (Zaragoza Global).

 

Agua y cielo. Presentación: Lunes 22 de marzo, con Pablo Carreras y Alfredo Boné, Joaquín Casanova y los autores. Instituto Goya. A las 20 horas. La ilustración de portada es del artista oscense Antonio Fernández Alvira.

ALOMA EN CUBA

ALOMA EN CUBA

Aloma Rodríguez publicará en breve, en Xordica, su segundo libros: ‘Jóvenes y guapos’. En este caso se trata de un volumen de relatos. A la vez, hace unos días, se marchó a Cuba, a La Habana y a Cienfuegos, con la compañía El Silbo Vulnerado, que dirige Luis Felipe Alegre.  La compañía zaragozana presentará allí un espectáculo sobre Miguel Hernández, y además participarán en recitales, mesas redondas, etc.; en algunos de ellos Aloma también intervendrá en su condición de escritora y de actriz.

 

Ya ha escrito en dos ocasiones y dice que está haciendo muchas fotos. Esta es una de ellas.

AFM EN ALAGÓN: VIDA DE UN POETA

AFM EN ALAGÓN: VIDA DE UN POETA

Homenaje a Antonio Fernández Molina -poeta, artista, crítico de arte: hombre de acción literaria- en Alagón. Se presentará el documental ‘AF Molina-Un poeta incómodo’, realizado por Luis Vidal y Ester Fernández Echeverría.

El acto tendrá lugar mañana domingo 21 a las 18.30 en el Centro Cívico Antonio Fernández Molina de Alagón (c/Damas 8-10).



Trailer en http://www.youtube.com/watch?v=QM1Ki732FdQ&NR=1 y http://www.youtube.com/watch?v=YfOxpYASwYw&NR=1
Entrevista en Borradores de Aragon TV en http://www.youtube.com/watch?v=BCzAfRAaYC4

*Antonio Fernández Molina con Arrabal, en la primera foto. Y abajo, una interpretación de Pascual Berniz.