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Antón Castro

ALOMA DIALOGA CON MISS ANIELA

ALOMA DIALOGA CON MISS ANIELA

Aloma Rodríguez, escritora y fotógrafa, rinde homenaje a una de mis fotógrafas favoritas: Miss Aniela, que ha aparecido aquí en varias ocasiones.

LA JOYA NATURAL DEL PIRINEO

LA JOYA NATURAL DEL PIRINEO

Ordesa: el vergel de piedra, agua y luz

 

Prames publica un espectacular libro colectivo que analiza la historia del Parque Nacional, “la joya natural de los Pirineos”, con todos sus protagonistas, desde Carbonniéres a Briet o Peña Guara, cuando se cumplen 90 años

 

 

 

Antón CASTRO

El viajero y fotógrafo Lucien Briet (1860-1921) describía en 1916 el valle de Ordesa como “la venerable selva de los Pirineos” y exigía su protección y su transformación en “Parque Natural portentoso”, al cual “los soñadores acudirían de todas partes a solazarse en plena naturaleza salvaje” porque sería “como una reminiscencia de la edad dorada o del venturoso jardín del Edén”. Briet también se preguntaba: “¿No se trata de un lugar único en Europa?”. Al año siguiente, el senador Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa y fundador de los Parques Nacionales en España, decía que “tiene el sello de la virginidad realzada con la presencia de los bucardos”.

A ambos, especialmente a Lucien Briet, que viajó por los Pirineos desde 1890 hasta 1911 y realizó más de 1.600 placas de cristal, les debe Ordesa su transformación: el 16  agosto de 1918, Alfonso XIII declaraba por Real Decreto el Parque Nacional de Ordesa o del río Ara. La inauguración oficial se produciría en agosto de 1920 con la presencia de Pidal y dos ausencias notables: la de Lucien Briet, que se encontraba enfermo, y la del monarca, que en cambio, como recuerda el naturalista y escritor Eduardo Viñuales, sí había asistido a la inauguración del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, en Asturias, el primero de España. Aquella fiesta campestre contó con un testigo de excepción, el fotógrafo, profesor e historiador Ricardo del Arco, que captó el momento en que se plantaron seis abetos.

De todo ello da cuenta un libro espectacular: ‘Ordesa y Monte Perdido. Un Parque Nacional con Historia. 90 aniversario’ (Prames / DGA / Prames), que reconstruye el embrujo de este espacio de “grandes rocas, nieves eternas y bosques frondosos” que se remonta a la Edad Media, aunque tiene un primer foco de esplendor en el siglo de XVIII y, en particular con la presencia de Louis Ramond de Carbonnières (1755-1827). Este político, geólogo y botánico ascendió a la cúspide de Monte Perdido el 10 de agosto de 1802, tal como escribe José Luis Acín, y merece el título de pionero del pirineísmo, o pirineísta, términos que acuñó Henri Beraldi en su libro ‘Cien años en los Pirineos’ (1898).

A Carbonnières le siguieron muchos otros que lo compaginaban un poco todo: eran exploradores de la montaña, aventureros, naturalistas, fotógrafos, científicos, escritores, geólogos o sencillamente hispanistas. Podemos citar al conde Henry Russell,  a Bertrand de Lassus, a Julio Soler i Santaló, a Violant i Simorra, a Lucas Mallada, a Ricardo Compairé, fotógrafo y farmacéutico, a los alemanes Fritz Krüger y Rudolf Wilmes, o a Franz Schrader, definido por Esteban Anía como “el pirineísta más completo, verdadero enamorado de Ordesa. Era montañero, matemático, geodésico, geólogo, topógrafo… y sobre todo, geógrafo”. Él realizó, “con trazo inmaculado” en 1874, un mapa de la región caliza de Monte Perdido.

En este primer acercamiento a la historia se rescatan curiosas anécdotas: el fotógrafo británico Farnham Maxwell Lyte (1828-1906) se trasladó en 1857 con dos hombres que le transportaban su laboratorio y alcanzó la Brecha de Rolando o Roldán, y años antes, en 1828, lo había hecho la duquesa de Berry, “quien ataviada con traje de época subió acompañada de un séquito de 50 personas, con un bastón de punta de hierro y crampones en los pies”.

El volumen, repleto de fotografías del pasado y de ahora mismo, recuerda que el 15 de agosto de 1922 se le hizo un homenaje póstumo a Lucien Briet: se instaló un monumento a orillas del río Ara y de Casa Oliván, en el camino de Turieto, en honor del “cantor del Valle de Ordesa”. Algunos años después, en 1926, el espeleólogo francés Norbert Casteret descubrió la gruta helada que llevaría su nombre. Escribiría: “Los ríos subterráneos de hielo eterno que hemos podido contemplar ofrecen un espectáculo inolvidable, uno de los más raros que se dan en nuestro planeta. En las entrañas de estos picos gigantescos, donde imperan el silencio y la quietud, todo se halla inmutablemente congelado”.

En aquellos tiempos empezaron a construirse refugios y a proliferar los grupos de montañeros y alpinistas. El esplendor de estos podría situarse entre 1940 y 1970, después de una Guerra Civil que también llevó el conflicto a las majestuosas cumbres; en 1953 se celebró una misa campestre en la cima de Monte Perdido, a 3.355 metros de altura. En el volumen se habla de los primeros guías, que eran pastores y cazadores de sarrios, y se cuentan numerosas anécdotas. En 1977, el valle de Ordesa pasó a la categoría de Reserva de la Biosfera; en 1982, el parque se amplió hasta las 15.608 hectáreas y cambió su denominación, ahora es Parque de Ordesa y Monte Perdido y se extiende hacia los valles de Añisclo, Escuain, Pineta y el macizo de Las Tres Sorores, tan vinculado a las leyendas pirenaicas.

Distintos autores recrean su historia, su flora y su fauna (se recuerda al último bucardo aplastado por un abeto en 2000) y varios fotógrafos –Javier Ara, Esteban Anía, Javier Romeo, Eduardo Viñuales o Fernando Lampre, entre otros- captan la belleza inefable de este espacio. Javier Romeo explica a sí para HERALDO sus sensaciones: “Es, en efecto, un lugar único. Cuando estás allí te sientes pequeñito, casi invisible, y se te ensancha el corazón. A mí lo que me emociona es el cambio de las estaciones. El otoño es una maravilla: la gama de colores es increíble”. En parecidos términos se manifiesta Eduardo Viñuales. “Además, hay otra cosa que me parece esencial: la sensación de grandeza y majestuosidad. No sabes adonde mirar. En las cumbres todo es desierto, a veces tienes la impresión de que estás en el Tibet. Y abajo, en el valle, todo es agua, luz, color, un auténtico vergel”.

 

FICHA:

Ordesa y Monte Perdido. ‘Un Parque Nacional con historia. 90 aniversario’. Textos: Eduardo Viñuales, Esteban Anía y otros. Fotos: Briet, Compairé, Soler Santaló, Javier Ara, Javier Romeo, Fernando Lampre, Esteban Anía… Cartografía: Luis Javier Cruchaga. Prames / DGA / DPT. Zaragoza, 2010. 254 páginas.

 

 

STEVE GIBSON Y ANTONIO CERUELO

STEVE GIBSON Y ANTONIO CERUELO

Hace unos días, Steve Gibson ocupaba, con esta escultura, la portada de ‘Artes & Letras’: es una escultura en cartón del crítico Manuel Pérez-Lizano. La foto se la tomó Antonio Ceruelo.

LA VIDA OCULTA DE SOLEDAD

LA VIDA OCULTA DE SOLEDAD

 

Soledad Puértolas inició su carrera de letras en Zaragoza, residió en Noruega y California, donde descubrió ‘El Quijote’, y en 1979 publicó ‘El bandido doblemente armado’, la clave de su narrativa

 

 

 

El pasado jueves Soledad Puértolas (Zaragoza, 1947) fue elegida, en tercera ronda, para ocupar el sillón g de la Real Academia Española de la Lengua. Su paisano José Luis Borau elogió su trayectoria, y la definió como “estupenda, sensata, prudente y atractiva”. La familia Puértolas vivía en la calle San Clemente 4, en un edificio familiar de aspecto señorial y aire decadente. Soledad Puértolas, proclive al trazo de atmósferas y de claroscuros, suele confesar que cuando piensa en aquel espacio le viene a la cabeza “una imagen de polvo, de calor, una sensación tremenda de campo polvoriento. Miraba mucho por la ventana, pero lo más fascinante era el patio interior, un cuarto trasero con jardines al que daba nuestra habitación de juegos desde la que se veía la parte de arriba del Gran Hotel”.

 

Su padre Jaime Puértolas era químico y viajaba continuamente: de Zaragoza a Pamplona -donde vivía las tías de Soledad y donde su madre tenía su casa de soltera-, y también iba a Burdeos. Quizá a modo de homenaje a ese universo de tránsitos tituló una de sus novelas: ‘Burdeos’ (Anagrama, 1986). “Aquellos viajes son lo que más agradezco a mi padre. Al principio tenía un Fiat negro con joroba y luego se metió en la gama Seat, creo que estrenamos todos los 600 que hubo y también un 1500. Nos vinimos a vivir a Madrid porque encontró un empleo más prometedor. Procedía de una familia de derechas, tradicional, de veraneos en Panticosa, en Cestona, en balnearios. Mi abuela paterna padecía enormes jaquecas; vivía recluida en un cuarto del piso de abajo. En los bajos estaba el negocio de tejidos de mis abuelos. Borau me dijo: ‘En mi casa iban a comprar los paños a Almacenes Puértolas’. Alguna vez bajaba al almacén que estaba en el sótano y percibía una sensación de misterio, oscuridad y quizá de miedo. Creo que la tienda se cerró siendo yo muy niña”.

Soledad estudió en el colegio del Sagrado Corazón y con catorce años se trasladó a Madrid. Hace algún tiempo nos decía: “Tengo un buen recuerdo y por eso suelo citar a Fernando Pessoa, que al volver a su ciudad dijo: ‘Lisboa, dulce hogar mío’. Casi se me saltan las lágrimas. Yo ya no puedo decir ‘Zaragoza, dulce hogar mío’. Con el paso del tiempo he ido comprendiendo que mi marcha de Zaragoza fue uno de los cortes de mayor impacto que he tenido en mi vida”. Hasta ese instante había ido mucho al cine Goya a ver películas de indios y vaqueros, y también asistía a las proyecciones de los cines de distintos colegios con las sillas de madera, en forma de tijera, y las pipas por el suelo. Había descubierto su vocación literaria muy pronto: redactaba poemas escalofriantes. Soledad los evocaba así: “Eran poemas de catástrofes, de monstruos, de vacíos, de fuego y de ceniza. Había uno que empezaba así: 'Veo las cenizas desde la ventana...' En el colegio, rígido y donde mandaba el silencio, me alababan mucho”. Destacaba en los ejercicios de redacción. Poco a poco fue remontando la aspereza de Madrid y la pérdida de numerosas amigas. Se planteó dejar de estudiar, pero al final ingresó en la universidad, y allí se encontró con “un ambiente formidable: las manifestaciones de los viernes, las reuniones, los debates”.

No militó en política, pero sí se sumó al sindicato de estudiantes. Ha contado Soledad: “Iba de bar en bar, siempre con complots y con planes, con libros de Cortázar que nos llegaban entonces o con la ‘Crónica de los pobres amantes’ de Vasco Pratolini. En mi casa no se enteraban de nada: no me hubiesen dejado ni colgar un póster del Che o del Guernica”. En aquellos días, Soledad Puértolas se reveló “muy coqueta. He vivido muchas historias de amor. Siempre me han gustado los otros novios, el amigo del novio, el hermano del novio. He sido una novia muy difícil. E inestable, hasta que me casé con Leopoldo Pita, Polo. Esa sí que fue una historia de amor fuerte y definitiva”. Al principio, con el pintor y arquitecto, padre de sus dos hijos, la relación no fue fácil, y pusieron tierra de por medio. Se marcharon a Trondheim, Noruega. La peripecia la contó en el relato ‘La corriente del golfo’ (Anagrama, 1993). “Fue una época, con poco dinero, con mucho frío. No me había llevado ningún libro. En una librería encontré ‘Agudeza y arte de ingenio’ de Gracián, la edición de Espasa Calpe. Allí nos sucedió algo muy curioso: oíamos a través de la pared el llanto de un niño. Se nos pusieron los pelos de punta y la carne de gallina: aquellos murmullos eran de una mujer trastornada que venía todos los fines de semana, y no sabíamos siquiera si tenía relación con el dueño que nos había alquilado la casa. La mujer argentina nos decía que estaba esperando a su marido, un marino que llevaba cinco o seis años fuera, para ver si le daba un porvenir a su hijo. Nos invitaba a su casa y nos hacía tarta de zanahorias. Había sido una mujer muy guapa; ella me dejó los libros de Ernesto Sábato”.

Regresaron a Madrid y después pasaron tres años en California con una beca. “Fue llegar y empezar a salirnos todo bien. En el departamento de español estaba José Luis Aranguren y Serrano-Plaja, y yo me sentí muy bien, me sentí acogida, se me abrieron las puertas y me puse a dar clase. Fue una etapa maravillosa. Empecé a escribir relatos y poesía. Recuerdo que leí por primera vez ‘El Quijote’ en California [En su discurso de ingreso hablará de los personajes secundarios del libro]. Recuperé mi vocación y la literatura ocupó un lugar central en mi vida y ya no me iba a dejar”.

Algún tiempo después, en 1979 ganó con ‘El bandido doblemente armado’ el premio Sésamo. Ahí está la poética central de su escritura y de su mundo literario, coronado con el Premio Planeta en 1989 con ‘Queda la noche’, con el Anagrama de ensayo a ‘La vida oculta’ en 1993 y con el Premio de las Letras Aragonesas de 2003, a propuesta de HERALDO. Lo dijeron los académicos, que daban la bienvenida a la quinta mujer actual a la RAE (séptima en su historia), y ella misma: “El bandido…’ es mi fundamento y mi manifiesto literario, la clave de todo cuanto he escrito”.

*Este texto se publicó el domingo en 'Heraldo de Aragón'. La foto cree que corresponde a los archivos de EFE.

 

FALLECIÓ MARIANO CONSTANTE

FALLECIÓ MARIANO CONSTANTE

En vísperas de alcanzar los 90 años, falleció Mariano Constante (Capdesaso, 1920). El joven muchacho socialista estuvo preso en Mauthausen, ingresó en 1941 y salió en 1945, y contó las atrocidades y el miedo en varios de sus libros. Allí entró con casi 1.000 aragoneses, de los que perecieron la mitad, entre otros miles de presos de diversas nacionalidades, aunque como ha recordado hace unos días en Zaragoza Andrés Pérez Domínguez (autor de 'El violinista de Mauthausen'. Algaida) "aquel era el campo de presos de los españoles". Había combatido en la Bolsa de Bielsa con Andrés Lerín y Antonio Beltrán ’El Esquinazau’, entre otros miles de hombres. Fue autor de libros como ‘Los años rojos’, ‘Yo fui lugarteniente de las SS’ o ‘Republicanos aragoneses en los campos nazis’.

 

Siempre recordaré una entrevista de casi cuatro horas que mantuvimos en Ayerbe para la serie ‘Memorias de Otoño’, a mediados de los años 90.

*La foto de Mariano Constante pertenece a su archivo personal y está tomada en Mauthausen con su traje de preso en 1945..

XI PREMIOS DE LA MÚSICA ARAGONESA

XI PREMIOS DE LA MÚSICA ARAGONESA

PREMIOS CON SORPRESAS

La gala de entrega de la undécima edición de los Premios de la Música Aragonesa estuvo marcada por el factor sorpresa. Para empezar, la aparición del presentador, Santi Rex, en el escenario se hizo con una actuación no anunciada de Niños del Brasil en formato acústico. Así que antes de presentar, Santi cantó ”Las Calles de Teruel” y justo después se levantó para unirse a Nona Rubio y empezar con las tandas de trofeos.

Otras actuaciones destacadas de la gala fueron las del oscense Pecker (premio a mejor solista) que interpretó Supernova, los zaragozanos Mister Hyde que interpretaron ”Laberintos en la tierra”  justo después de llevarse el premio al mejor EP y los veteranos Las Novias, premio a mejor grupo, que cantaron “El sol dentro de ti”. Pero si hubo una actuación emotiva y poco esperada, fue la que sirvió como homenaje a Pedro Vizcaíno. Pedro es el responsable del sello discográfico Grabaciones en el Mar. Para recoger el trofeo, Pedro salió disfrazado de mmm ¿abeja? y ofreció, vistíendose de esa guisa surrealista, un claro guiño a Sergio Algora. Justo después, subía la pantalla del Teatro Principal y aparecía la Gelmar Orchestra. Un grupo de grupos, una banda formada para la ocasión por algunos de los componentes que han formado parte de la historia de Grabaciones en el Mar. Estaba Sebas Puente (Tachenko), Miguel Yrureta (Caracols, Dream Lover’s, Tachenko y Big City), Sergio Vinadé (El Niño Gusano y Tachenko), Enrique Moreno (Pulmón, Caracols y La Costa Brava), Ricardo Vicente (Pulmón, TachenkoLa Costa Brava) y Javier Almazán (Copiloto). Fue precioso verles cantar a todos ellos el ”Pon tu mente al sol” de El Niño Gusano como regalo sorpresa para Pedro, y por extensión, para todo el público, a pesar de que, como recordó Vinadé, nunca interpretaría ese tema.

La nota de humor corrió a cargo de Charly Taylor, que durante tres veces intentó demostrar su talento con el violín para acabar contándonos sus reflexiones y sin tiempo para tocar. Lo consiguió a la tercera, y sacando una sonada ovación. Alguien disfrazado según la característica imagen  del cantante de Bigott (que no fue a recoger el premio a la mejor portada) también despertó varias sonrisas.

A lo largo de la gala se proyectó el tráiler de “Los chicos de provincias somos así, el documental sobre la movida musical oscense que ha dirigido Orencio Boix y que recibió comentarios de lo más positivos.

Algunos de los que subieron a entregar premio fueron China Chana, Tachenko, el programa Bobinas de Aragón Televisión y Carmen París que aclaró que así como el año pasado le estiró de las orejas al Ayuntamiento de Zaragoza por el cierre de salas de conciertos, esta vez pedía un aplauso para ellos por el reciente convenio firmado con varias salas aragonesas para apoyar la música en directo. El público respondió con aplausos aunque se repetiría, aunque en mucha menor medida, algún abucheo cuando el Consejero Municipal de Cultura y Grandes Proyectos del Ayuntamiento de Zaragoza, Jerónimo Blasco, entragaba el premio a mejor solista. Blasco respondió que seguirá acudiendo a la gala intentando mejorar.

Los premios fueron muy repartidos, nadie se llevó más de una estatuílla del escultor José Azul, y las propuestas musicales galardonadas, como es habitual, fuero de calado musical muy diferente.

Otra de las sorpresas de la noche la darían Juan Aguirre y Eva Amaral (Amaral) recogiendo el premio a mejor directo y regalándonos otro de los momentos inolvidables de la noche con sus palabras donde remarcaron que seguían tocando con la misma pasión en el pabellón Príncipe Felipe que cuando lo hacían en la sala Morrisey.

Y como en años anteriores, fin de fiesta en El Plata con migas y vino.

 

Listado de ganadores:

Mejor web musical – www.mueveteendirecto.com
Mayor apoyo al panorama musical – Clic! de Aragón Televisión
Mejor dj – R de Rumba
Mejor video– Tierra de Cierzo de Jorge Nebra
Mejor portada de disco – Fin de Bigott
Mayor proyección – Plasma
Mejor canción en lengua minoritaria aragonesa – Canta triste d’Irina de Mallacán
Mejor EP – Fantasmas de Mister Hyde
Mejor disco autoeditado – Phoenix de Estige
Mejor directo – Amaral
Mejor canción – Ocho brazos para abrazarte de Los Peces
Mejor álbum – Un segundo luminoso de Copiloto
Mejor solista – Pecker
Mejor grupo – Las Novias
Premio especial reconocimiento a una trayectoria – Pedro Vizcaíno, de Grabaciones en el Mar

 

Los Premios de la Música Aragonesa están organizados por Aragón Musical con el patrocinio del Gobierno de Aragón, Ayuntamiento de Zaragoza, Zaragoza 2016 y Cervezas Ambar, y con la colaboración de Gustaff Room, Aragón Musical Radio, Aragón Suena, Banhoff, Delagua e Insertos Producciones.

 

*Esta información pertenece al gabinete de prensa de de Aragón Musical, así como la foto con Pedro Vizcaíno disfrazado de Abeja Maya.

WEEGEE: EL REPOSO DEL FOTÓGRAFO

WEEGEE: EL REPOSO DEL FOTÓGRAFO

Usher Fellig, luego Arthur Fellig  y luego Weegee para todo el mundo, en su despacho. Nació en Ucrania en 1899 y falleció en Nueva York de un tumor cerebral en 1968. Es un fotógrafo con leyenda: el fotógrafo más rápido, el fotógrafo de la noche, de las putas, de los teatros, de lo muertos, de los incendios, el cómplice de la policía. El ojo público.

No sé si este es un autorretrato o una foto que le tomó alguien.

CON GONZÁLEZ SAINZ Y PROUST

CON GONZÁLEZ SAINZ Y PROUST

LA ZARAGOZA DE PROUST

Zaragoza, como París, no se acaba nunca. El escritor J. Á. González Sáinz (Soria, 1956) ha pasado unos días en la ciudad: vino a Cálamo a presentar su novela, ‘Ojos que no ven’ (Anagrama), que narra la historia de tres generaciones y que plantea temas como la derrota, o las sucesivas derrotas, la inmigración y el regreso. En una auténtica espiral de retornos y éxodos, se percibe la búsqueda de un paraíso para vivir en paz de una vez para siempre. González Sainz ha residido durante años en Venecia y ahora lo hace en Trieste, y ha conversado con autores como Daniele del Giudice, autor de la novela ‘El estadio de Wimbledon’ que tradujo Martínez de Pisón, o Claudio Magris. Es un hombre parsimonioso, atraído por la ciencia, la filosofía y esa literatura que mezcla narración y reflexión con una cuidada envoltura de lenguaje y música. En su estancia en Zaragoza el escritor se ha encontrado con la ‘magdalena proustiana’: estudió en un colegio de jesuitas en Barcelona, y cada vez que su padre iba a buscarlo paraban en el Pilar y disfrutaban de “aquel espacio sagrado que era como llegar a casa, en nuestro camino hacia Soria, tras cruzar los Monegros. Ahí se casaron tres tías mías”. Además, se hospedó en el Gran Hotel, donde hizo su fiesta de esponsales una de sus tías, y disfrutó de la gran rotonda y sus lámparas. Al pasar por Independencia, alguien recordó la mala situación del Real Zaragoza. González Sainz dijo que uno de sus tíos, médico rural en Cervera de Alhama, era forofo zaragocista y que las únicas veces que acudió al fútbol fue para ver al equipo de ‘los magníficos’ o de ‘los zaraguayos’. ¡Qué tiempos! Miró un instante hacia la entrada del Tubo y dijo: “He estado en muchas ciudades, pero aquí me siento como si vagase por el fondo de mis mejores recuerdos en un día ventoso y frío”. 

*Este artículo lo publiqué el domingo en mi sección ‘Cuentos de domingo’ de Heraldo de Aragón. Es un homenaje a González Sainz tras entrevistarlo para ‘Borradores’ y pasear por Zaragoza. El amigo con el que hablamos del Real Zaragoza fue Honorio Romero, encantador y siempre generoso. J. Á. es José Ángel, pero el autor prefiere utilizar solo las iniciales. Abajo coloco un texto de Javier Rioyo, que acaba de publicar en su blog.

 

 

LECTURA DE ‘OJOS QUE NO VEN’

Por Javier RIOYO

"Cuando tan torpe la razón se halla, mejor habla, señor, quien mejor calla". Esos versos de Calderón definen a un personaje que calla. A un pobre hombre de cuneta, un campesino, un obrero, un pobre español que es el protagonista de una de las mejores novelas españolas de los últimos tiempos. La novela se llama ‘Ojos que no ven’ (Anagrama), el autor J. A. González Sainz, no es nuevo entre nosotros pero no deja de ser cada vez más imprescindible. Eso sí, para los que les importe nuestra historia además de para todos los demás que les interesa la literatura.

Cuenta, desde Trieste- la más literaria de las ciudades italianas- historias de un tiempo, de este país. De aquel tiempo de los pueblos abandonados y de este tiempo de la recuperación de la memoria de los perdedores. Pero la novela va más lejos, más profunda, más emocionante. La discreta vida de Felipe Díaz Carrión, sus silencios, sus caminos al margen, su paciencia, su conocimiento del campo, del nombre de las cosas del campo, de las aves y de las plantas, su saber esencial de la dignidad, su memoria de los hombres buenos, su ética y su estética, son un retrato de lo mejor de un país pobre, algo así como España de la posguerra. Después vinieron las emigraciones. Y los discursos de los fanáticos. Los engaños, la manipulación y el miedo. También es una novela sobre la infamia y la cobardía. Una novela sobre el odio. Sobre el sinsentido del discurso del miedo. Una novela sobre la familia, el amor y el desamor. Sobre el pasado de un padre, pobre y digno, un hombre que le tocó vivir bajo la amenaza y la intimidación. Al lado de la ignorancia y la bravuconería. Un hombre que no se dejó engañar, que no se engañó. La emocionante y desnuda historia de un perdedor que conquista el poder vivir sin la vileza de los nuevos zoquetes. Vivir sin matar. Una novela que habla de España. De Castilla y del País Vasco. Del ser humano y de algunos seres inhumanos, perdidos en su propia seguridad. Atados, presos de sus pistolas.

La novela, la historia de ese padre que lleva orgulloso a su hijo en bicicleta, no se puede dejar de leer. Una historia que atrapa desde las primeras líneas, que nos hace recorrer sus caminos y nos lleva a los abismos de lo mejor y lo peor del ser humano. Como decía la amiga María, una novela para recuperar- a pesar de sus dolores narrados- la necesaria "joie de lire".

Quince euros, tres horas y una emoción que les perseguirá mucho tiempo.

 

Ojos que no ven. J. Á. González Sainz. Anagrama: Narrativas Hispánicas. Barcelona, 2010. La primera foto es un retrato de González Sainz realizado por Danilo di Marco en Trieste, y la segunda una de mis fotos predilectas de Virxilio Vieitez. Una vez mi madre me mandó una muy semejante de nuestro Seara de Castro, era diminuta, tanto, que ni me percaté de que venía dentro del sobre y se perdió para siempre. Nos la habían hecho a mi madre y a mí, y a un coche que no era de mi padre, en el pazo de Armentón.