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Antón Castro

SOL ACÍN Y LA REEDICIÓN DE 'EN ESE CIELO OSCURO'

SOL ACÍN Y LA REEDICIÓN DE 'EN ESE CIELO OSCURO'

DE LA SOMBRA A LA LUZ DEL SER

Miguel Labordeta dijo una vez que “Sol Acín y Carmen Sender son dos sacerdotisas de la poesía”. Ambas escribieron poemas, más o menos en secreto, y hallaron en el autor de Sumido 25 a un lector, a un consejero y a un cómplice. Especialmente Sol Acín (1925-1998), una mujer sensible y malherida que intentó olvidar el drama personal de su vida: el fusilamiento de sus padres Ramón Acín y Conchita Monrás, con quienes había vivido, hasta el aciago mes de agosto de 1936, una existencia mágica, llena de presagios, de belleza y de emotividad en casa de la Ena, que tenía en el Hortal un jardín delicioso, golpeado por el viento al atardecer.

Sol definió en 1988 el Hortal como “aquel terreno con hierbas y acacias a modo de jardín que teníamos en nuestra casa. Allí hacíamos nuestros juegos: corríamos, jugábamos a la pelota”. Sospecho que Sol nunca quiso olvidar aquel jardín, aquella imagen del edén. Iba a reaparecer una y otra vez en sus poemas secretos. Y no tan secretos, como se ha visto hace poco, al encontrarse la correspondencia que intercambió con la historiadora del arte María Kusche, y como se ha visto también en sus contactos con el citado Miguel Labordeta.

Sol y Katia Acín siempre fueron dos mujeres sensibles. Muy diferentes entre sí, desde luego. Katia conectaba mejor con su padre y Sol parecía estar muy cerca de su madre. Las dos dibujaban muy bien; Katia, andando los años, acabaría realizando una importante obra artística, especialmente en grabado y en escultura. Y Sol, que partiría a Munich a estudiar artes gráficas curiosamente, se inclinaría con más intensidad hacia la poesía. Se licenció en Lenguas Románicas en 1952 y se especializó en francés. Poco a poco, empezó a redactar una lírica muy personal, gobernada por el misterio, la sutileza, la elegancia y un constante afán de pureza. Hay instantes en que su obra parece próxima a Juan Ramón Jiménez, a Valéry e incluso al silencio y a la soledad enigmáticos que pueblan los versos de Hölderlin o Rilke; en cualquier caso, la suya es una poesía intimista, la de alguien que conversa consigo misma, con ese tú que está al fondo del espejo, y a la vez que conversa con los elementos de un paisaje cotidiano que trasciende hacia lo espiritual: el cielo, la tierra, el viento, el tiempo, el agua... Ese paisaje quintaesenciado, con atributos divinos, se circunscribe, en muchas ocasiones, a la idea de un obsesivo jardín. En uno de sus poemas, se lee: “Carne y luz vegetal, madera viva, // todo esto es mi jardín: la mansedumbre // de sentirme bogar en su delicia”.

Sol Acín escribió mucho en la década de los 50, y quizá algo menos en los años 60, que fueron especialmente intensos y ricos en experiencias familiares. Afincada ya en Zaragoza, en 1979, Víctor Pozanco publicó su único poemario En ese cielo oscuro (Ámbito Literario), un libro que manifiesta todos los rasgos que acabo de citar y que ahora reedita la Fundación Katia y Ramón Acín. Y alguno más: la de Sol Acín es una poesía cristalina, de ecos y premoniciones, alejada de la veta social imperante, del desgarro y de la denuncia, y eso que ella tenía abundantes razones para haber tocado esa tecla. Sol era una criatura frágil y vapuleada por el destino, una mujer envuelta en sombras, en una cavidad oscura (“Metida en mi pequeña cavidad // de sombra inquieta y ascendencia leve // busco el secreto caminar oculto”), en un refugio de intimidad y silencio a la búsqueda de su ser. En un verso, dice: “Tú y yo, misterio y sombra, // quedamos solos por detrás del mundo”. Con una levedad musical que es un don y una estética, Sol Acín también habla de otras sensaciones: de la vergüenza, del miedo (“Miedo tengo a vivir”, dice), de la presencia de la muerte que aletea. Las alusiones a ella son constantes: la muerte de sus padres, la suya propia (real o figurada), la Muerte como gran metáfora del fin. En algunos casos,  los versos bordean la desesperación: “De mi prisión quisiera // sacarme, destruir la permanencia // sin nombre que bascula. // Perdí la llave, se olvidó la muerte // de colocar en mí su cerradura”.

En este libro, esculpido palabra a palabra, verso a verso, hay otros muchos asuntos: el amor, Sol escribe numerosos poemas de amor de intención simbólica e incluso alegórica, pero también algunos autorretratos de poeta y de mujer doliente. “Junto a mí yacen quietos //endurecidos y brillantes restos // personales, aislados cada uno, // del carbón de la tierra”. Aunque quizá la pieza más autobiográfica, sobre la vulnerabilidad, sea ‘Mi voz es insegura’ e incluso ‘Cuatro paredes limpias’, que es una composición depurada, en la que mezcla la identidad femenina, la indagación en el propio ser y el amor. (“Rasgueo sigiloso // del cuerpo del amor. La luna acecha (…) //Ya está bien encajado // tu espíritu en el mío. // Uno más uno. El resto // campo de Dios. El caos // rodando en equilibrio”.

En ese cielo oscuro es un libro especial: intenso, sugestivo, escurridizo hacia la luz. Un libro sobre la afirmación y la pérdida, sobre la selva de la vida, sobre la música de la soledad. Estuve en una ocasión en casa de Sol Acín: le apasionaban desde Luis Cernuda o Ezra Pound hasta Octavio Paz, desde los poetas chinos hasta Rainer Maria Rilke y Walt Whitman. En ese cielo oscuro es un libro de diversos acentos que revela una especial sensibilidad con el léxico y una adivinación, desde la perplejidad, de las incógnitas del alma.

 

*Ayer se presentó en la Biblioteca de Aragón la reedición del volumen En ese cielo oscuro (Fundación Katia y Ramón Acín) de Sol Acín. Ana García-Bragado Acín habló de los proyectos de la Fundación, realizó un retrato de su abuelo y de su madre Katia y de su tía Sol, y Emilio Casanova proyectó su estampa de Ramón Acín, la película de animación ‘Las corridas de toros hacia 1970’ y presentó, en la medida que internet le dejó, la pestaña que ha dedicado a la vida, la obra, las fotos y el mundo de Sol Acín en la web de la Fundación. Hubo mucha gente: familiares, compañeras y alumnas de Sol Acín, profesores, amigos. El libro ha sido coordinado por Emilio Casanova, maquetado y diseñado por Ricardo Polo e impreso por Paco y Estela Boisset. Este texto es el prólogo del volumen.

'LOS TRES AMIGOS' DE J. L. CORRAL Y BLANCA BK

'LOS TRES AMIGOS' DE J. L. CORRAL Y BLANCA  BK

 

José Luis Corral debutó como novelista con ‘El salón dorado’, que narraba la peripecia de un aprendizaje sentimental que culminaba en La Aljafería. De ese espacio, en torno a 1118, parte ‘Los tres amigos’, un relato lleno de buenas intenciones que gira en torno a la difícil convivencia de judíos, moros y cristianos, en aquella Zaragoza ilustrada de poetas, astrónomos, médicos y pensadores que contemplaban desde los torreones ‘la ciudad blanca’. Corral, con conocimiento de causa y sencillez, presenta a tres personajes diferentes: Yusuf, de once años, hijo del gobernador musulmán Ibn Alí; Sara, judía de nueve años, huérfana de padre e hija de la amanuense Esther. Y Pedro, de diez años, hijo de Gonzalo, mercader de esclavos, y de María, hilandera. El gran rey Alfonso I se dirige hacia Zaragoza para conquistarla y la suerte inmediata que correrán los tres, y sus respectivos pueblos, es objeto de debate, de disputa. Los pequeños, dice José Luis Corral, son más sensatos que los mayores y su amistad está por encima de todo: de religiones, de ambiciones, etc. El tono es sencillo, el libro se sigue fácil y es un canto a la concordia. ‘Los tres amigos’ –que nace de la Sociedad Cultural Aladrada y la fundación Enrique de Ossó- cuenta con las ilustraciones de Blanca BK Gimeno, en su proyecto más ambicioso por ahora. Tiene su estilo característico: claramente infantil, reconocible, figurativo, variado, rebosante de detalles y de color, aunque dominan los colores ocres y oro. El libro es ameno y didáctico: no oculta en ningún momento sus pretensiones. Lo más hermoso, en el fondo, más allá del himno a la tolerancia y a la convivencia, es que Corral y Blanca BK invitan a soñar una esplendorosa Aljafería.

 

Los tres amigos. José Luis Corral. Ilustraciones de Blanca BK Gimeno. Aladrada / FundEO. Zaragoza, 2009. 78 páginas. La ilustración corresponde al libro.

LA FÁBRICA PUBLICA 'LIGERAMENTE DESENFOCADO'

LA FÁBRICA PUBLICA 'LIGERAMENTE DESENFOCADO'

La Fábrica publica ‘Ligeramente desenfocado’, las memorias de Robert Capa

El libro está compuesto por las memorias escritas por Robert Capa durante la Segunda Guerra Mundial, inéditas en castellano, y 130 fotografías realizadas por el fotógrafo entre 1941 y 1945

Este texto es el testimonio de cuatro años de lucha que documenta la guerra desde las perspectiva de hombres y mujeres de las Fuerzas Aliadas

El prólogo escrito por el hermano menor del fotógrafo, Cornell Capa, y un texto de Richard Whelan, perfecto conocedor y autor de varios libros sobre Capa, completan el libro 

El periodista Alfonso Armada y el fotógrafo y periodista de Heraldo de Aragón Gervasio Sánchez, presentarán el libro el miércoles 17 de junio, a las 20:00 horas, en La Librería de La Fábrica (c/ Verónica, 13. Madrid)


Traducción de Miguel Marqués. 288 páginas. 26 euros.

 

Aspiraba a ser periodista, escritor, pero no fotógrafo, donde aterrizó por azar. Robert Capa llegó a Europa en 1941 con un proyecto fotoperiodístico bajo el brazo encargado por el periódico norteamericano Colliers. Debía cubrir los acontecimientos bélicos y, aprovechando la coyuntura de la guerra, comenzó a redactar un cuaderno donde recogería aquellos sucesos con los que se encontraría desde su salida desde un muelle de Nueva York en adelante. Robert Capa siempre sintió una predilección especial por el cine, por esa razón, y aprovechando la coyuntura de su trabajo, escribió con la ilusión de presentarle a William Goetz, director de International Pictures, estos textos, que servirían como base para un guión que pudiese entretener y no como el documento histórico que en realidad son. Posteriormente, serían publicados por el editor norteamericano Henry Holt en 1947, lo que provocarían que sea hoy en día un clásico de la fotografía.

Durante cuatro años viajó a lo largo y ancho de un continente en lucha, documentando la guerra desde la perspectiva de hombres y mujeres de las Fuerzas Aliadas con quienes trabó amistad, personas que le cautivaron y divirtieron. A través de su trabajo puede vislumbrarse la aventura a través de Europa, el norte de África, Italia, Alemania, las playas de Normandía la madrugada del 6 de junio de 1944 y, finalmente, un París liberado. Sus fotografías muestran la cercanía y el aprecio que sintió al tomarlas y hacen que las personas que en ellas aparecen adquieran un especial protagonismo retiniano.



En Ligeramente desenfocado se encuentra a un creador que primero quiso ser escritor y que describe los sucesos acaecidos a través de encuentros con personajes fortuitos y reales, tanto o más que las guerras que fotografió. Los textos que Robert Capa escribió sobre la Segunda Guerra Mundial, están acompañados por más de 130 imágenes tomadas por el autor entre 1941 y 1945, entre las que se encuentran aquellas obtenidas durante el histórico desembarco de Normandía.
El libro se completa con los textos de Richard Whelan, autor de Robert Capa: A Biography (hay edición española) y de varios libros sobre el trabajo del fotógrafo, y de Cornell Capa, hermano menor del fotógrafo, distinguido periodista gráfico y fundador del International Center of Photography de Nueva York.



Ligeramente desenfocado es un clásico: las memorias sobre la Segunda Guerra Mundial de uno de los más talentosos fotógrafos. Sus instantáneas, conseguidas gracias a su cámara “atrapa emociones”, son tesoros y sus textos resultan tremendamente divertidos o profundamente conmovedores.


Algunos datos biográficos

Ernest Andrei Friedmann - conocido como Robert Capa - (Budapest, Hungría, 1913 -Thai Binh, Vietnam, 1954). Proveniente de una familia judía, en 1929 se vio obligado a emigrar de su país dada la delicada situación política que empeoró con la llegada al poder de Hitler y la imposición de un gobierno fascista en Hungría. Durante los inicios de los años 30 vivió en Alemania y Francia, trasladándose a España al inicio de la Guerra Civil para estar presente en los principales frentes de combate. Con tan solo veintidós años comenzó a fotografiar la guerra, pasando posteriormente por Italia, China, Londres y el norte de África y comenzando así a labrarse una gran reputación que le llevaría a ser considerado uno de los mejores periodistas gráficos de guerra de la Historia. En 1947 creo la agencia Magnum junto con Henri Cartier-Bresson, William Vandivert, George Rodger, y David Seymour, donde realizó un gran trabajo fotográfico tanto en fotografía bélica como artística.



El 25 de mayo de 1954, Capa se convertiría en el primer periodista estadounidense que murió en un conflicto bélico, la Guerra de Vietnam.

*Recibo todo este dossier del sello La Fábrica.

 

 

HOMENAJE A SOL ACÍN EN LA BIBLIOTECA DE ARAGÓN

HOMENAJE A SOL ACÍN EN LA BIBLIOTECA DE ARAGÓN

Esta tarde, en la Biblioteca de Aragón, a las 19.30 la Fundación Ramón y Katia Acín presentará dos nuevos proyectos: la pestaña que acaba de dedicársele a la poeta Sol Acín, hija de Ramón y hermana de Katia, y la reedición de su único poemario: ‘En ese cielo oscuro’, que había publicado en 1979 Víctor Pozanco en Ámbito Literario. Participarán en el acto Ana García-Bragado Acín, presidenta de la Fundación; Emilio Casanova, creador y coordinador de la página web de la Fundación, acaba de realizar un pequeño corto sobre Ramón Acín con guión de Severino Pallaruelo para Aragón Televisión, y Antón Castro, que ha escrito unas notas sobre la vida y la poesía de Sol Acín. El libro lo ha publicado la Fundación, lo ha coordinado Emilio Casanova y lo ha editado Paco Boisset en Sansueña.

EMILIO J. MATEO: NUEVO FOTOBLOG

EMILIO J. MATEO: NUEVO FOTOBLOG

Recibo esta carta del fotógrafo y viajero Emilio J. Mateo:

Hola Antón. Soy Emilio Mateo de Fuentes Claras. Quería agradecerte que me tuvieras enlazado en la zona de "Fotógrafos" y decirte que si quieres puedes colocar ahí mi Fotoblog en lugar del blog, ya que el primero está destinado únicamente a la fotografía y en Escalambrujos ya apenas pongo fotos, únicamente textos y música.

La dirección del Fotoblog es http://www.picheto.es Picheto es el apodo de mi abuelo y por ende mío también en el pueblo. Ahora mismo hay colgada una serie de una fiesta popular "Los penitentes" y navegando hacia atrás fotografías de un viaje a Guinea Ecuatorial y más cosillas. La forma de ir viendo las fotografías es clickando en la parte izquierda de la última que salga.

*La foto es de un desfile de soldados veteranos de Estados Unidos.

IRENE ANTÓN: UNA LECTURA DE JEAN GENET

IRENE ANTÓN: UNA LECTURA DE JEAN GENET

La editorial Errata Naturae acaba de publicar ‘El niño criminal’ de Jean Genet, compuesto por dos temas que le han marcado la vida: la idea y la sombra del crimen, y la homosexualidad. Es un libro intenso y breve, estremecedor en ocasiones, el libro de un iconoclasta de extremada sensibilidad que aborda los temas descarnadamente. Este libro lo ha prologado y traducido la editora Irene Antón –que el otro día me mandaba un fragmento del delicioso ‘Diario del primer amor’ de Leopardi-; le pido que me envíe un fragmento de su introducción.

 

 

PRÓLOGO A ‘EL NIÑO CRIMINAL’

 

Irene ANTÓN

Pensar merece la pena si provoca, no tanto una captura de las cosas pensadas, como un extravío de aquél que conoce. Así Foucault. Pero ¿qué ocurre si el que conoce, si el que piensa, si el que escribe está ya extraviado, si no consigue encontrarse? Tanto mejor. La necesidad entonces no es ficticia, no es inventada, no es mera postura especulativa, impostada e intelectual, articulada para encontrar lo que de todos modos ya se sabe, se prevé, lo que se había calculado encontrar. Entonces, el que piensa y escribe, realmente busca, se arriesga y se expone. 

Ésa es exactamente la postura de Jean Genet en los dos textos que se ofrecen a continuación. Ambos hacen explícito el desplazamiento de un lugar a otro, el cambio de situación, la difuminación del mundo que se conocía previamente. Son el gesto —dos gestos como dos manos que se mueven, cada una en su tiempo, pero acompasadas y constituyendo, por tanto, como un reflejo, como un eco, un único gesto— de paso de un mundo a otro, un gesto de salida: la salida de la cárcel y de sí mismo. Como embarcarse, como arrojarse a la inmensidad. Sin destino predeterminado. Ambos textos son el producto de una profunda crisis, de una dislocación radical. Y en este contexto la palabra dislocación no es baladí. La inmensidad, aunque mera figura retórica, tampoco. Pensemos que Genet siempre se había concebido a sí mismo como perteneciente a un lugar ideal, la cárcel, que ahora ha desertado para siempre. Pocos lugares hay tan cerrados, rígidos y determinados como la cárcel, pocas estancias tan angostas y aisladas como una celda. Sin embargo, ese entorno, y sólo ése, proporcionaba a Genet la soledad y la concentración perfectas, le procuraba la fórmula exacta que necesitaba para escribir. Allí se encontraba exactamente en el lugar en el que le gustaba encontrarse: alejado de los hombres, su cotidianidad y sus normas. Y cerca de quienes pueblan las prisiones.

 

[…]

 

En los años que cubre esta profunda crisis, de 1947 a 1954, Genet se siente extraviado, dislocado. Los textos breves que aquí se presentan señalan los límites de esta crisis: el primero está escrito en enero de 1948 y el segundo se publica en 1954. Pero no sólo son importantes en tanto que marco de esa crisis, sino que en ellos Genet se entrega, de manera más explícita y depurada que nunca —es decir, sin distraerse con la trama argumental de una novela y sin la necesidad de crear personajes ficticios—, a la comprensión de los dos temas que mayor peso han tenido en toda su obra: el crimen y la homosexualidad.

Tal y como él mismo considera y teme, podríamos pensar que ha perdido la contundencia de la época de sus grandes obras; sin embargo, estos textos responden a un nuevo modo de enfrentarse al mundo. Sus palabras edifican posiciones arriesgadas, son respuestas a esa nueva situación que, con intensidad, abren otras cuestiones. Sin dejar de mirar al pasado con nostalgia, ambos textos constituyen una tensión que se dirige hacia una obra mayor, se proyectan hacia el futuro desconocido. Actualizan el gesto inicial por el que Genet comenzó a escribir.

 

VICENTE LLORENTE DESPIDE A MARIO BENEDETTI

VICENTE LLORENTE DESPIDE A MARIO BENEDETTI

Mi amigo Vicente Llorente, embajador de la poesía y de la música en Alicante, junto a su mujer Eva (nació, muchos años después, el mismo día que yo), ha publicado un homenaje a Mario Benedetti, en su blog: http://silentellorente.blogspot.com. Vicente Llorente es un admirador absoluto del finado poeta de ‘Poemas de la oficina’ (1956), y había estado con él hacía poco más de dos meses; su hijo Mario se llama así en homenaje al gran escritor. Yo jamás he estado en Montevideo, pero tengo que ir: me bautizaron por poderes allí mis padrinos Antonio Verdía y Mercedes Castro, que habían ido a hacer las Américas, siguiendo el rastro de un tío suyo que había puesto allí un negocio de panadería.

 

 

Por Vicente LLORENTE

Anoche desperté del sofá con un sueño que acabó en terror. Todavía envuelto en la bruma de la pesadilla, acerté a ver una foto de Benedetti en la tele, que seguía encendida (quizás por eso soñaba) y me temí lo peor. Mario había muerto en su casa de Montevideo. Se acabó. Esa utopía mordaz y palpable, ese amor al hombre, esa mujer esperando bajo la lluvia, esa mortal vitalidad se fue, dejándonos huérfanos de imposibles.

Hace tan sólo dos meses estuve en Montevideo, en casa de Benedetti. Creo que tengo la dudosa suerte de haber sido uno de los últimos amigos de España que pudo verle. Estaba leyendo los periódicos y desayunando jugo de naranja. Le di abrazos, conversamos un poco, le envié saludos de Eva y Nancy Morejón, le dije que mi hijo se llamaba Mario (aunque a él no le gustaba su nombre, prefería aquellos que se dicen en un suspiro, como Luz, su mujer) y le regalé mi libro de poemas y otros de la editorial Huacanamo. Nada más. Para eso había viajado. Por supuesto, la vida (y la amabilidad de Ariel Silva) me llevó a hacer otras cosas durante ese viaje, y me entrevisté con Hortensia Campanella (autora de su última biografía) y Daniel Viglietti me hizo una entrevista a mí (sí, el mundo al revés, ya lo sé) y hablamos, cómo no, de Mario.
En la carretera, para hacer el cambio de sentido, había carteles con la palabra RETORNO. Eso siento que fue: un retorno al lugar donde nunca había estado y, sin embargo, reconocía como mío.
Mi primer encuentro con Mario (además del título de una canción) fue en 1994, en Madrid. Pablo Milanés presentaba en la SGAE su proyecto de fundación para ayudar a las artes cubanas. A Pablo lo conocí un año antes y tuve la oportunidad de mostrarle mis primeras canciones. Allí estaba Nancy Morejón y el propio Mario. Un simple apretón de manos, intercambio de saludos y a la pensión donde malvivía, a escribir esa canción de la que hablaba antes. La hice de tirón, porque no era mía.


Después, gracias a Eva Celada, amiga periodista, estuve por primera vez en su casa. Conocí a Luz, su Luz Alegre. Otras visitas siguieron a ésta, y de vez en cuando lo acompañaba a la farmacia o comíamos juntos en un Brasileiro cercano a su casa de Madrid. Corrigió mi primer poeMario. Muchas anécdotas más se pierden por mi discreción, pero las tengo en la memoria, en ese paréntesis que supone estar vivo.


El concierto del 16 de Mayo de 1997 en la universidad de Alicante, frente a él y a toda la estirpe literaria de soñadores que allí se congregó, ha sido lo mejor que me ha pasado en un escenario. Allí canté una de mis canciones, Gracias, dedicada a mi hermano, que me abrió las puertas de Cuba y me dio amigos que todavía, por suerte, conservo. La semana pasada estuve, gracias a ellos, en Cambrils junto a Paco Ibáñez y Adolfo Celdrán. Canté un poema de Mario con música mía titulado Caídas. Es caprichoso el azar, que diría Serrat. Las causalidades a las que uno se aferra para creer cuando es ateo. El círculo generoso de un libro de Baldomero Fernández Moreno que me regaló Alicia Chust sin saber que era el poeta más amado por Benedetti. La angustia al pensar: si Mario es el poeta que más se lee, ¿por qué no usamos la maravilla, la utopía?
Mario es de mi familia. Le quiero, más allá de sus textos, de su ejemplo. Algo que me hace feliz en este día del fin de una ética humanidad del mundo es la cantidad de amigos que me han escrito para darme el pésame como a una viuda. Sin flores: su asma y mi alergia no lo soportarían.


Gracias por hacerme tristemente feliz. Gracias, Mario, por escribir la mejor y más sencilla imagen poética que conozco: Quién me iba a decir que el destino era esto. / ver la lluvia a través de letras invertidas…

 

BENEDETTI: ADIÓS AL POETA UNIVERSAL DE MONTEVIDEO

BENEDETTI: ADIÓS AL POETA UNIVERSAL DE MONTEVIDEO

CURRICULUM

El cuento es muy sencillo
usted nace
contempla atribulado
el rojo azul del cielo
el pájaro que emigra
el torpe escarabajo
que su zapato aplastará
valiente

usted sufre
reclama por comida
y por costumbre
por obligación
llora limpio de culpas
extenuado
hasta que el sueño lo descalifica

usted ama
se transfigura y ama
por una eternidad tan provisoria
que hasta el orgullo se le vuelve tierno
y el corazón profético
se convierte en escombros

usted aprende
y usa lo aprendido
para volverse lentamente sabio
para saber que al fin el mundo es esto
en su mejor momento una nostalgia
en su peor momento un desamparo
y siempre siempre
un lío

entonces
usted muere.

 

 

DEFENSA DE LA ALEGRÍA

a trini

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegía como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y de la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

 

 LOS FORMALES Y EL FRÍO

Quién iba a prever que el amor   ese informal
se dedicara a ellos tan formales

mientras almorzaban por primera vez
ella muy lenta y él no tanto
y hablaban con sospechosa objetividad
de grandes temas en dos volúmenes
su sonrisa   la de ella
era como un augurio o una fábula
su mirada   la de él   tomaba nota
de cómo eran sus ojos   los de ella
pero sus palabras   las de él
no se enteraban de esa dulce encuesta

como siempre o   casi siempre
la política condujo a la cultura
así que por la noche concurrieron al teatro
sin tocarse una uña o un ojal
ni siquiera una hebilla o una manga
y como a la salida hacía bastante frío
y ella no tenía medias
sólo sandalias por las que asomaban
unos dedos muy blancos e indefensos
fue preciso meterse en un boliche

y ya que el mozo demoraba tanto
ellos optaron por la confidencia
extra seca y sin hielo por favor

cuando llegaron a su casa   la de ella
ya el frío estaba en sus labios   los de él
de modo que ella fábula y augurio
le dio refugio y café instantáneos

una hora apenas de biografía y nostalgias
hasta que al fin sobrevino un silencio
como se sabe en estos casos es bravo
decir algo que realmente no sobre

él probó   sólo falta que me quede a dormir
y ella   probó por qué no te quedás
y él   no me lo digas dos veces
y ella   bueno por qué no te quedás

de manera que él se quedó   en principio
a besar sin usura sus pies frío   los de ella
después ella besó sus labios   los de él
que a esa altura ya no estaban tan frío
y sucesivamente así
                            mientras los grandes temas
dormían el sueño que ellos no durmieron.

 

*Anoche fallecía en Montevideo, su ciudad, Mario Benedetti: poeta, narrador, novelista, apasionado del fútbol (le dedicó cuentos extraordinarios), viajero, periodista y letrista de grandes cantautores como Daniel Viglietti (la primera vez que oí hablar de Benedetti declaraba el cantante: “No me dejan cantar en España por ser el intérprete de Benedetti), Isabel y Ángel Parra (durante algunos años mi canción favorita fue ‘Si te quiero es porque sos), Pedro Guerra, Nacha Guevara y, por supuesto, Joan Manuel Serrat. Acabo de poner en el ordenador uno de mis discos preferidos: ‘El sur también existe’ y en este preciso instante suena ‘Los formales y el frío’, una canción maravillosa que siempre me hace pensar en el Teatro Principal. En la foto Daniel Viglietti y Mario Benedetti.