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Antón Castro

CARLOS MANZANO Y M. A. SARTO EXPONE EN VERACRUZ

CARLOS MANZANO Y M. A. SARTO EXPONE EN VERACRUZ

El escritor y fotógrafo Carlos Manzano me envía la siguiente nota y una foto de Marco Antonio Sarto:

 

Estimado Antón:

 

Te escribo para informarte de que el próximo viernes 6 de marzo, a las 20:00 horas, tendrá lugar en la Fototeca “Juan Malpica Mimendi” de Veracruz (México) la inauguración de la exposición titulada “SEIS MIRADAS. Colectiva fotográfica española”, en la que, entre otros autores, tomaremos parte dos fotógrafos aragoneses: Marco Antonio Sarto y yo mismo. Marco Antonio Sarto mostrará diversas imágenes pertenecientes a su trabajo “India, de norte a sur”, y yo expondré algunas de las que configuran la serie “Mujeres”. Junto a nosotros dos, exponen también los fotógrafos Antona, Francisco Ortiz, Juan Bautista Morán y Rafa Sámano. La muestra está comisariada por Graciela Barrera en colaboración con el director de la fototeca de Veracruz, Carlos Cano.

 

Te adjunto imagen del cartel de exposición y una fotografía de Marco Antonio Sarto. Asimismo, al final de este texto he añadido las direcciones de los blogs y las páginas web de los fotógrafos que tomamos parte en dicha muestra.

 

Un abrazo.

 

Carlos Manzano

 

––

 

Rafa Sámano de la Serna
http://www.rafasamano.com/
 
Juan Bautista Morán
http://juanbamoran.mifotoblog.com/
http://cantodeespumas.blogspot.com/
 

Antona
http://www.antonafotografias.com//
 
Francisco Ortíz
http://francisco-ortiz-fotografia.blogspot.com/
http://novelanegraycinenegro.blogspot.com/
http://francisco-ortiz.blogspot.com/
 
Marco Antonio Sarto
http://es.geocities.com/marco_sarto/


Carlos Manzano
http://www.carlosmanzano.net/


 

LAS BOTAS DE TACOS DE ALUMINIO DE JORGE

LAS BOTAS DE TACOS DE ALUMINIO DE JORGE

Aloma, sin saber que su hermano Jorge estrenaba botas nuevas, le hizo esta foto. Me la envió de madrugada. Y aquí está.

FERNANDO BELTRÁN: TRES POEMAS DE AMOR

FERNANDO BELTRÁN: TRES POEMAS DE AMOR

Han sido varias las personas que me han hablado mucho y bien de Fernando Beltrán. No era la primera vez; antes ya lo había hecho Pepito de Librería Antígona y compré un delicioso libro suyo de mujeres: ‘Mujeres encontradas’ (Sins Entido). Con motivo de su estancia en Zaragoza, volvió a hablarme de él Nacho Escuín, Julia Millán y Pepito de nuevo, que me dijo que había conseguido ejemplares de un delicioso libro suyo: ‘Amor ciego’ (Huerga & Fierro), que era la crónica de una historia de amor especial. Y además volví a comprar el delicioso libro de las mujeres que le editó Jesús Moreno: un ejercicio deslumbrante de prosa lírica y de retrato muy imaginativo.

 

‘Amor ciego’ es un libro realmente sugerente. De ésos que dan envidia: envidia por la calidad del texto, por su alada imaginación e inventiva y por no estar viviendo una pasión auroral así, con esa vehemencia, con esa dialéctica de la mente y el cuerpo. Copio aquí tres poemas. La ilustración es un collage de Isabel Fernández Echeverría de su muestra 'El extraño viaje'.

 

AMAR ES ESTE ERROR IMPRESCINDIBLE

para poder vivir,

esta forma distinta de sentir la lluvia

cuando llega el otoño

y la saliva

de los parques más tristes

habla sólo al oído de los locs,

de los cuerdos de atar,

de este poema

empapado de sed,

muerto de amor y frío,

acantilado al borde un abismo

que antes nunca escribí

 

TREINTA Y SEIS

treinta y siete,

treinta y ocho veces

te morderé los pies

hasta saber la horma de tu boca,

la fiebre que ayer tuve

y la distancia

de puntillas

que va del hueso al fruto,

del corazón a la lengua,

de la raíz al vértigo terrible

y el granizo

de tu piel y mis nubes

arruinando las uvas

de este mes de septiembre

 

SI ME QUITO EL AMOR

desnuda me quedas,

no me pidas que rompa tus vestidos

ahora que llega el frío,

búscame en los armarios de tus calles,

en la ciudad sin ley de mis tres manos,

la derecha, la izquierda, la que te ama,

los pasillos y el tren donde una noche

descolgaré por fin tu gabardina

porque llegó el invierno,

la estación de las perchas,

los ojales más grandes del deseo

y mi cuerpo abrochándose a la espera

de esos días de lluvia que te pones

bajo la falda a veces

ISABEL F. FERNÁNDEZ: LA CALIGRAFÍA DEL MISTERIO

ISABEL F. FERNÁNDEZ: LA CALIGRAFÍA DEL MISTERIO

Siempre me había interesado la pintura y los sueños de Isabel F. Echeverría. Las lunas, los peces, los árboles, el ámbito transido de misterio y de irrealidad de un bosque de fábulas donde todo es posible: la música del agua y del aire, el canto del urogallo oculto, la aparición de todos los fantasmas o de las mujeres de seda y sombra que regresan del trasmundo. Veía sus cuadros y pensaba cuentos para ellos. Los contemplaba en algunos bares, en los catálogos, en colectivas, en muestras individuales, y pensaba siempre que me gustaría ver un libro ilustrado por ella. Un manual de lunas: el relato del cierzo que peina las ramas de un roble en un plenilunio de asombros. O que me gustaría ponerles palabras a esas atmósferas tamizadas de ángeles invisibles o de espectros que acaban de pasar sin ser vistos.

Isabel F. Echeverría tiene un parentesco con la imaginación incontenible de su padre, el poeta y artista Antonio Fernández Molina, y es hermana de dos creadoras casi sigilosas pero constantes como Ester y Elena. El arte ha sido para ella como el viento que desordena los rosales. El arte le llegaba como la lluvia, el olor de los trigos o la brisa del mar, y le llegaba del mismo modo, como algo inadvertido, en forma de artistas que iban y venían con sus dibujos y sus lienzos, de poetas que traían un verso en los labios o un puñado de folios en el alma, de soñadores, de noctámbulos, de desasosegados, de navegantes que retornaban de ultramar con un baúl de delirios. El arte era un estado de ánimo, una presencia y un contexto. Ésa ha sido la envoltura permanente de su existencia. Poco a poco, aquella muchacha que construyó una casa de cuento con ventanas a la medianoche y que intuía el temblor de las sombras, fue creando su propio universo que podría resumirse así, tal vez: Isabel F. Echeverría pinta la alucinación sin drama. Como Alicia y el Reverendo Dogson, Lewis Carroll, ha traspasado el umbral de la realidad: ha visto el envés de las cosas y ha merodeado a sus anchas por el laberinto de la imaginación. Como Remedios Varo o Leonora Carrington se ha atrevido a descorrer los visillos de lo inmediato, y se ha internado por una región de maravillas, herida de color y de embeleso, donde germinan las imágenes, las narraciones fabulosas, las aves sonámbulas, las inquietantes presencias y los espejismos del atardecer.

         Ahí ha fijado su residencia en la tierra. Ahí ha fijado su laboratorio de experiencias y de tentativas. Y esa forma de hacer cotidiano lo extraordinario se percibe en su taller. En los cuadros de las paredes. En los cuadros amontonados, en todas partes, pende un orbe mágico: alienta el flujo incontenible del delirio, se estremece el corazón del misterio. Reposan las imágenes de un Paraíso particular que es ajeno a la violencia, al espanto, al odio o a las turbulencias del azar. Ese Paraíso se ha construido retal a retal, pieza a pieza, con hermosura, poesía y una inefable añoranza. ¿Qué ha perdido Isabel en todos esos años en su nomadeo de sueños? ¿Qué territorios ha conquistado a lomos de su cabeza invadida de quimeras?

         Para Isabel F. Echeverría la pintura es un cuento. O quizá al revés: los cuentos, con su esponjosa anécdota y su vergel de pájaros extáticos, se adueñan de su pensamiento, le brotan por todas partes y solo puede fijarlos en pintura. En grabado. En dibujo. Isabel F. Echeverría sí es una pintora literaria. Una pintora pintora de letras no escritas. Una pintora pintora que oye la narración del silencio y sus monstruos apacibles. Una pintora pintora que cuenta historias hasta que llega el alba como Scherezade, y esas historias están pobladas de sombreros y vestidos, de objetos, de símbolos, de gestos, de la sustancia alquímica de la ficción. Son historias que mezclan el desenfado, la magia y una incesante metamorfosis de formas y criaturas.

         Isabel F. Echeverría tiene su propio estilo. También sucede con esta exposición que consta de óleos, técnicas mixtas y de collages. Aquí vuelve a estar la meticulosa ordenación de un mundo de hechizos, la caligrafía del misterio. A Isabel le obsesionan la luna, los celajes, el aire azulenco del edén, los orígenes de la vida, los pájaros que van y vienen de las secretas frondas de las montañas. A Isabel le fascina ese inverosímil mundo del circo: los contorsionistas, los payasos, los saltimbanquis, esas mujeres frágiles de cristal y emoción que atraviesan el aire o que se columpian entre nubes viajeras con la armonía exacta de la luz. A Isabel le atraen los fuegos secretos, los peces-maletas que esconden enigmas o cartas de amor para nadie, las cabezas preñadas de imaginación que parecen huir del papel, los extraños viajes hacia no sé sabe bien dónde, y ahí, en esa pieza titulada ‘El extraño viaje’, rinde homenaje a uno de sus personajes predilectos: el escritor y hombre-espectáculo Ramón Gómez de la Serna, domador de palabras. Detrás de la obra de Isabel F. Echeverría hay mucha literatura: el ya citado Gómez de la Serna, Georges Perec, Bécquer y los románticos europeos (Nerval, Lamartine, Byron, Goethe mismo), los vanguardistas, el postismo, el acerbo tradicional de los cuentos de siempre y de los cuentos que hemos interiorizado de ‘Las mil y una noches’. En la superficie misma de la obra de Isabel F. Echeverría hay mucha pintura y mucha ilustración: los renacentistas, Durero y sus deslumbrantes flores y plantas, que son puros milagros del trazo, el colorido oceánico de Matisse y de Gauguin, el aura metafísica de Hopper, los ecos del surrealismo y su teoría de los objetos, el gusto por el trazo de Joan Miró y esa inagotable y descarada libertad de Marc Chagall, cuyos personajes vuelan, sueñan, se zafan de los límites y convierten su vida y sus gestos en una libérrima prolongación de su voluntad.

         La pintura de Isabel F. Echeverría es amable, lírica, intimista, poderosa en sensualidad y en mitología de ensoñación. Una greguería visual que desborda la convención de la realidad y funda un territorio soñado que también es metafísico e inquietante: los rostros están despintados, a veces no tienen ojos; los pájaros y las mujeres se asoman a los balcones del mar y al espejo de los lagos con desconcierto, con un estupor creciente, o absortos como el monje que se quedó embrujado, siglos y siglos, con el canto del pájaro.

         La pintura de Isabel F. Echeverría resplandece con la luna y sus hogueras.

 

El extraño viaje de Isabel F. Echeverría se expone en el Torreón Fortea, que permanecerá abierta hasta el 15 de marzo. Ha quedado una exposición muy bonita. Éste es el texto que le he escrito para su catálogo.

 

 

FRANCESCA WOODMAN: AUTOBIOGRAFÍA DEL CUERPO

FRANCESCA WOODMAN: AUTOBIOGRAFÍA DEL CUERPO

He escrito aquí en varias ocasiones de la gran fotógrafa surrealista Francesca Woodman (1958-1981), que se suicidó a los 22 años. Ahora, en el espacio AV de Murcia, se ofrece una selección de 114 obras y seis vídeos inéditos de esta creadora enigmática y torturada que utilizó su propio cuerpo para su obra en un auténtico viaje hacia el placer, la tortura y el infierno más íntimo e inefable. Tomo el reportaje que publico hoy Roberta Bosco en ‘El País’. Esta foto lo dice casi todo. Impresiona.

 

ROBERTA BOSCO / Murcia

 

La mujer de la foto se intuye joven por la postura del cuerpo, el suéter informe y el pelo brillante que le cubre la cara. Su mano sujeta el cable del disparador, que el movimiento convierte en una varita mágica o en una espada luminosa. Autorretrato a los 13 años es la primera imagen que conocemos de Francesca Woodman (Denver, 1958-Nueva York, 1981) y la que abre la retrospectiva organizada por el Espacio AV de Murcia.

En ella se exhiben 114 obras, incluidas 20 imágenes y seis vídeos inéditos, es decir, prácticamente todas las que los padres de la artista han decidido divulgar de las 800 instantáneas que les dejó el 19 de enero de 1981, cuando -como ellos dicen- "abandonó la vida" tirándose de la ventana de su loft en el East Village neoyorquino para convertirse en una artista de culto. Ellos nunca hablan de suicidio y, aunque esa fue la versión oficial, aquella noche sigue envuelta en el misterio.

Si bien sus imágenes revelan una fascinación estética por la muerte y la decadencia, materializada en casas decrépitas, flores secas y paredes desconchadas, sus imágenes no sólo se mantienen ajenas a la desesperación que precede un suicidio, sino que rezuman vitalidad, energía, poder y ansia de experimentación. Hija de una reconocida ceramista y un fotógrafo, Woodman se formó en una de las mejores escuelas de arte de América y creció rodeada de intelectuales, entre su Colorado natal, Nueva York, Roma y la campiña toscana. "Su vida está toda en sus fotos, a pesar de que nunca son narrativas, ni siquiera cuando se estructuran como serie. Francesca se analiza, pero no se cuenta, ni se revela", afirma Marco Pierini, director de Le Papesse y comisario de la muestra junto con Isabel Tejeda, directora del Espacio AV.

Casi nunca enseña el rostro y experimenta con su cuerpo desnudo. A veces se mira con los ojos de una mujer y otras con el deseo de un hombre, pero nunca soporta estar fuera del encuadre, incluso en la célebre serie Charlie the model, considerada su obra maestra, no puede abstenerse de alcanzar el modelo delante del objetivo, dejando la cámara a una amiga.

Woodman tiene sólo 18 años, cuando pide al grueso Charlie posar de forma exhibicionista y se apropia del cuerpo masculino, poniéndose en escena desnuda, como una domadora con un oso doméstico: son sus fotos más subversivas y las que confirman su lejanía del feminismo ortodoxo y militante que se le quiso atribuir.

Sus padres tardaron años en metabolizar el dolor y sólo en 1986 organizaron la primera exposición. Los primeros años sólo exhibieron las imágenes que la propia Francesca había revelado y elegido, pero tras ver el interés que despertaban, accedieron a positivar nuevas piezas, aunque con cuentagotas. De ahí que las 20 imágenes inéditas, que se exhiben en Murcia, constituyan un evento excepcional.

 

CARLOS BARBOZA FOTOGRAFÍA LOS SITIOS Y LA SEO

CARLOS BARBOZA FOTOGRAFÍA LOS SITIOS Y LA SEO

Carlos Barboza, pintor, grabador y fotógrafo, inaugura el próximo lunes una doble exposición en la Real Sociedad Fotográfica de Zaragoza. Por una parte, un trabajo sobre La Seo y su entorno, su arquitectura, su paisaje y sus paisanaje, y otra con un espíritu semejante centrada en la plaza de Los Sitios, que es su homenaje personal a un lugar habitado, cargado de vivencias y de ciudadanos. En ambas, de vez en cuando, junto a los seres anónimos, aparecen amigos, conocidos, como sucede en esta foto que me resulta muy sugerente: la del fotógrafo y profesor Enrique Carbó y la de su hijo Nicolás, un joven ruso adoptado por Enrique y su mujer, la también profesora y fotógrafa Virginia Espá, estudiosa de la vida y de la obra de Juan Mora Insa, al cual le ha dedicado una tesis doctoral.

 

Carlos Barboza, en compañía de la pintora, fotógrafa y grabadora Teresa Grasa Jordá, mantiene el archivo de Aurelio Grasa, sin duda un legado excepcional que merecería una gran monografía y una exposición totalizadora. De momento, el inagotable Barboza trabaja a su modo en fotografía y también en pintura.

Carlos Barboza. Fotografías. Series: Los Sitios / La Seo. Real Sociedad Fotográfica de Zaragoza. Del 2 al 20 de marzo de 2009.

BUEN PARTIDO Y VICTORIA ANTE EL MOVERA: 5-2

BUEN PARTIDO Y VICTORIA ANTE EL MOVERA: 5-2

Jorge Rodríguez Gascón, el número diez del Garrapinillos, el más menudo tal vez, quería comprarse unas  botas de tacos de aluminio. El campo de San Lorenzo está algo resbaladizo después de ser regado y percibía que sus botas Nike 90, doradas y negras, zozobraba en exceso. Como le había sucedido en algunos encuentros a otros compañeros: recuerdo especialmente el partido contra el Zuera en el que Marcos parecía hundirse en el barro y en la imprecisión. Finalmente, tras buscar y buscar en Inter Sport y en Inter Zone, dimos con un par estupendo en Base, en Plaza. Ya de paso, casi por azar, vimos a la periodista Ana Aínsa, a su marido Francho y a sus dos hijos pequeños. La vendedora le dijo a Jorge que adquiría unas espléndidas botas, que sentaban muy bien en el pie y que eran las botas que usaban Leo Messi y David  Villa. Ahí es nada.

Jorge Rodríguez Gascón ha estrenado hoy las botas. Su deseo era poder dedicarle la victoria y un gol al menos a su hermano Diego, que acudió al campo, puntual, con sus muletas.

 

Jugábamos contra el Movera, diezmado también tras el partido contra La Puebla de Alfindén. El Movera y nosotros nos presentamos con lo justito: ellos con once jugadores, entre ellos dos cadetes, y nosotros con doce, y el jugador número doce era Miguel ángel Gayoso, que debutó esta campaña –pese a su dedo herido- con un gol. Al margen de los expulsados y lesionados, Alex Navarro, Juan y Jaime se han ido de viaje de estudios a Niza, Venecia y Roma. Por aquello de los paralelismos, nosotros también contamos con dos jugadores cadetes: Diogo, el interior portugués que se ha incorporado al equipo hace tres o cuatro partidos, y Alex Fernández. Formamos de salida así: Stalin; Jorge David, Pirri, Alex Velilla, Aitor (que ya había cumplido sus dos partidos de sanción); Diogo, Mario Calvera, Adrián Serna, Jorge Rodríguez; Miguel y Alex Fernández. En el vestuario, el equipo se conjuró para vencer: se quería rendir un homenaje a Diego Rodríguez Gascón, el pulmón que ha sufrido rotura de peroné, y además se quería seguir ahí, mirando hacia arriba, con vistas al segundo puesto.

 

El campo parecía estar bien: ni duro ni resbaladizo. Con algunas calvas o pardas quemazones en el centro, pero correcto. El Garrapinillos se adueñó del partido desde el pitido inicial: el conjunto jugó con orden, presionó, y tanto Mario como Adrián Serna lanzaron el balón a las bandas. Alex Fernández estuvo especialmente incisivo, generó ocasiones, se desmarcó y tuvo varias oportunidades de gol, y casi lo mismo puede decirse de Miguel Garcés. Diogo penetró por su banda con mucha autoridad y peligro: centró bien, pero el gol no llegaba. Jorge Rodríguez adelantó un poco su posición de interior izquierda y buscó la banda izquierda y la línea de fondo con más profundidad. En una de sus penetraciones, centró con mucho peligro y el lateral de Movera marcó en propia meta. Poco después remató un centro desde la izquierda que no había acertado a cabecear Alex Fernández. Dos a cero. Poco más tarde, un poco antes de que se terminase la primera parte, el Movera realizó una estupenda jugada por la derecha, centró su interior y su ariete se adelantó muy bien a Alex Velilla y al arquero Stalin, que realizó un estupendo partido. Stalin está cada día más seguro.

 

En la segunda parte, ajustamos algunas líneas y seguimos. Apenas se había cumplido en primer minuto cuando Jorge Rodríguez lanzó un córner desde la derecha, cerrado y preciso, con rosca y al segundo palo, y marcó Mario Calvera, el capitán. El partido se esclarecía un poco. El Garrapinillos seguía atacando y generando ocasiones. Adrián Serna, reventado de correr y de trabajar a destajo (cuando estaba fresco puede decirse que casi hizo olvidar a Diego), pidió el cambio. Lo dejamos jugar algo más, y en una espléndida jugada dejó sentados hasta a tres rivales y chutó con la derecha ajustado al poste izquierdo: el balón golpeó en la parte interior y entró. Golazo. Adrián Serna es un jugador con carisma y con una calidad incuestionable. Poco después, salía entre aplausos y le reemplazaba Miguel Ángel Gayoso con el siete a la espalda, que ocuparía la demarcación de delantero centro con Alex Fernández. Hoy, como se ha visto en la alineación, jugamos con 1-4-4-2.

 

El Movera aprovechó un despiste defensivo y redujo diferencias con un disparo ajustado al palo derecho. El Garrapinillos siguió jugando con orden y con ambición, con sed de victoria. Miguel jugó un instante en el sitio de Adrián Serna, pero poco después sería Jorge quien se ubicaría en el puesto del doble pivote con Mario Calvera, que volvió a realizar un partido muy serio. Jorge lanzó otro córner desde la derecha y en medio de un barullo, donde pasó de todo (manos, empujones: el Garrapinillos cometió varias irregularidades en ese lance), Gayoso marcó el 5-2 definitivo.

 

El Garrapinillos jugó un buen partido. Sólido atrás, correctos todos, con momentos y salidas espectaculares de Eduardo Pirri, que trabajó a destajó y estuvo a punto de marcar. Alguien, detrás de mí, dijo que le recordaba a aquel líbero inolvidable del Real Zaragoza que se llamaba Radomir Antic en su primera temporada. Si flaqueó en algún instante en el juego defensivo Aitor en la primera mitad, llevado sobre todo por su incuestionable talante ofensivo, en la segunda parte se vino arriba y firmó un excelente partido en la zona de retaguardia. La media estuvo bien: combinó, abrió el juego a las bandas y sirvió balones en abundancia a los delanteros, que muchas veces fueron penalizados con rigurosos fueras de juego. Jorge jugó un gran partido, quizá fuese algo intermitente, pero puso finura, desborde, calidad y mucha precisión en los pases, y sobre todo en los córners. Diogo es un jugador que crece día a día: es trabajador, se atreve a desbordar y a veces es imprevisible: para los compañeros y para el rival, lo mismo centra que dispara con contundencia. Solo le falta aplicarse un poco más en tareas defensivas y no olvidar que es uno de los centrocampistas de esa empalizada de cuatro que colocamos ante el adversario cuando éste tiene el balón.

 

Arriba, Alex Fernández y Miguel estuvieron a buen nivel. Les faltó fortuna en el remate, fortuna, ambición, eficacia y algo más de intención, tal vez, pero el balance final es bueno. Jugaron un buen partido y abrieron huecos. Y de esos huecos y de su trabajo vinieron muchas ocasiones.

 

El próximo domingo nos enfrentamos al Stadium Venecia. Otro partido importante para seguir ahí, cerca del Juventud, que es segundo. Tras ese choque recuperaremos a nuestros centrales: Diego Cali, Marcos y Alfredo. (En esta foto de archivo, Pirri remata. Hoy jugó de central de nuevo y encontró huecos para irse hacia el marco contrario.)

RHONDA FLEMING: EL AMOR DE RAFAEL CASTILLEJO

RHONDA FLEMING: EL AMOR DE RAFAEL CASTILLEJO

Rafael Castillejo entra a comentar una nota sobre Jane Birkin. A modo de regalo, aquí le ofrezco una bella foto de Rhonda Fleming. Abrazos, señor Castillejo.

 

Bailar en aquel tiempo ‘Je t’aime moi non plus’ en un guateque con poca luz, tenía mucho más morbo que dedicarse al porno hoy en día. Lo que no podíamos entender era cómo se había casado con un tío tan feo. Encima, los chavales que devorábamos películas de romanos en cines de reestreno, conocíamos bien a Serge Gainsbourg por su papel de malo en ‘La rebelión de los esclavos’, donde la actriz principal era la bellísima Rhonda Fleming, una de mis primeras novias de la gran pantalla.