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Antón Castro

BIENVENIDA: PRIMEROS RETRATOS DE PABLO ARTAL CAMPOS

BIENVENIDA: PRIMEROS RETRATOS DE PABLO ARTAL CAMPOS

Rafael Artal, forofo zaragocista y empleado entusiasta en el Centro del Libro de Aragón, me ha escrito (en realidad ha escrito a muchos amigos: no voy a hacerme aquí el chulito), y me ha dicho que su hijo, suyo y de Carmen Campos, una morena que parece huida de una formidable película italiana, ya ha dado su primer paseo por el Fernando el Católico. En un bar de esa zona, se reunió con sus abuelos Ángel y Mayte, y oyó los primeros piropos.

 

El archivo de esta foto de Pablo tenía un nombre curioso: Derviche. ¿Habrá alguna razón para que se haya guardado este retrato con ese nombre? ¿Será poeta, será místico, será un narrador de historias hasta el fin de la noche?

 

El martes que viene veré a mi amigo Carlos Bogdanich y le preguntaré si hay algún indicio especial…

PRAGA: UN POEMA DE GUSTAVO PEAGUDA

PRAGA: UN POEMA DE GUSTAVO PEAGUDA

[Onte estiven en Huesca pola tarde e cheguei ben entrada a madrugada. Perto das dúas da mañá. Non puiden pendurar aquí este poema que me envía o noso amigo en Compostela Gustavo Peaguda: poeta e abogado e camiñante polas rúas ateigadas de paxaros e de camelias en sombra. A foto, tomada en Praga este mesmo mes de Santiago, fíxoa María. Simplemente María, sospeito que o seu doce amor; ao final teño que retirar esta toma porque escangalla a páxina. As miñas excusas para María e Gustavo. Milan Svoboda é un músico checo. Di textualmente Gustavo:]

Nas pasadas vacacions os meus pes camiñaron polas ruas de Praga. Facía mais de once anos que non visitaba a cidade. Na miña libreta, que tiña na sua primeira folla unha cita de John Banville “hai tantas Pragas como miradas”, anotei:


 

SPRING SONG

 

E cando chegamos a Praga

aínda unha interminable fila de coches

pasaba pola ponte.

 

A vida non é mais que un ir e vir de coches

unhos versos soltos de Holan,

os teus bicos de doce morneza

e as notas de Spring Song

que fuxen do piano de Svoboda.

 

 

ARTE AFRICANO Y LA COLECCIÓN BESCÓS EN EL PABELLÓN DE TELEFÓNICA

ARTE AFRICANO Y LA COLECCIÓN BESCÓS EN EL PABELLÓN DE TELEFÓNICA

 

El Pabellón Telefónica de las Artes de Expo 2008 presenta mañana su muestra dedicada al arte africano. La colección Alejandro Bescós (que reside en su preciosa casa de Movera, con un bello museo incorporado repleto de una y mil figuras), la vanguardia de Casa África y la escultura contemporánea y tradicional de Guinea Ecuatorial se unen en esta exposición sobre la cultura y la vida en el continente africano.

 

 

Guinea Ecuatorial representa el grueso de la muestra con una colección de escultura contemporánea y tradicional del país, que une tradición con un atrevido ensayo de arte contemporáneo local.

 

La Colección Bescós, también presente con diferentes piezas en el Pabellón de África Subsahariana de Expo 2008, mostrará este continente a través de once piezas de primer orden mundial. Objetos de Gabón, Camerún, Nigeria, Congo, Zaire, Tanzania y Costa de Marfil componen la idea de Alejandro Bescós para mostrar la cultura subsahariana sobre lo sagrado, lo espiritual o lo social. Alejandro Bescós es autor de “Una voz en África”, un libro de sus memorias y viajes por el continente africano que publicó Edhasa en 2004 y que tiene 432 páginas. Un familiar muy directo de Alejandro Bescós falleció en un accidente de aviación, y ese tema inspira el argumento de la espléndida novela infantil y juvenil de Ana Alcolea: “El medallón perdido” (Anaya, 2001).

 

Por su parte, Casa África brinda la oportunidad de conocer de primera mano el proyecto “Africalls?”. Un proyecto audiovisual en el que siete jóvenes artistas del continente ahondan de manera intimista en su contexto urbano y profesional.  

 

Esta muestra, la tercera que se lleva a cabo en el Pabellón Telefónica de las Artes en un mes, permanecerá en Expo 2008 hasta el próximo 30 de julio. La muestra se presenta mañana en el Centro Internacional de Prensa, a las 11.30, y contará con la presencia de Sandra Bescón, representante de Alejandro Bescós, y Ricardo Martínez, director general de Casa África.

 

*Este texto se basa en la nota de prensa de Expo 2008, al que he añadido algunas notas personales sobre los Bescós y Ana Alcolea. Ana y Alejandro me enseñaron el impresionante museo de Movera, donde hay piezas de todos los países, de todos los materiales, de casi todas las épocas y de un sinfín de religiones, tribus y rituales.

*Esta bella foto de familia en África pertenece a los fondos de flickr. 

 

JOSEMA CARRASCO: ILUSTRACIONES PARA ROLDE

JOSEMA CARRASCO: ILUSTRACIONES PARA ROLDE

En el último número de la revista Rolde, Josema Carrasco ilustra a tres jóvenes poetas de Aragón: Brenda Ascoz, Carmen Ruiz y Almudena Vidorreta. Esta ilustración corresponde a los excelentes poemas de Carmen Ruiz, que trabaja estos meses en el departamento de Prensa del Pabellón de Aragón y está entusiasmada con la sinfonía audiovisual de Saura, la música de Roque Baños y con ese espacio casi campestre, entre ríos, que tiene algo de nocturna pradera de San Isidro, soñada por Goya. A lo largo de esta semana, hablaré de la revista, donde Daniel Gascón rinde un homenaje a José Luis Violeta y a sus botas, con ilustraciones de Chema Lera.

KOLDOBIKA: EL ÁRBOL-NIÑO DE MIREN Y LUISMA DE IRÚN

KOLDOBIKA: EL ÁRBOL-NIÑO DE MIREN Y LUISMA DE IRÚN

Miren Etxebarria y Luisma Moreno, dos de los emprendedores directores del Ateneo Kabigorri de Irún, acaban de ser papás del niño Koldobika. Miren, madre del adolescente Julen, define con esta precisión a su nuevo vástago: “Koldobika nació el 1 de julio y peso 3 kilos 780 gramos y midió 51 centímetros”. Miren y Luisma tienen grandes amigos en Aragón, entre ellos Ángel Petisme y Antonio Ibáñez. Solían venir a los Encuentros Literarios de Albarracín, les encantaba el clima humano, el paisaje y las noches de música. Los conocí en su Ateneo, rodeados de amigos en torno a Luis Buñuel, y lo pasamos maravillosamente bien. Recuerdo aquella estancia con un cariño infinito. Antonio Ibáñez habló de Miguel Labordeta y Ángel Petisme dio un estupendo concierto.

 

EL AGUA VIAJA EN BARCOS DE PAPEL

EL AGUA VIAJA EN BARCOS DE PAPEL

Cita: “Simplemente un río, oscuridad que fluye entre luciérnagas”. Matsuo Basho. Poeta japonés, 1644-1694.

  

[Expoagua participa en la publicación de cien libros sobre el desarrollo sostenible, aunque la oferta es mucho más amplia y más variada. Aquí se ofrece una pequeña selección]

  

Hace unos días, Roque Gistau decía que, entre catálogos, estudios, monografías y otros volúmenes de diversa orientación, la sociedad Expoagua 2008 que preside participará en la edición de alrededor de 100 títulos. Y a ellos se suman otras propuestas que han aparecido al calor de la Expo y de otro hecho incuestionable: 2008 es el año universal del agua. La gran escritora india Arundhati Roy define esa molécula esencial compuesta de oxígeno e hidrógeno como “el máximo bien común” en “El libro del agua” (Debate. Coordinación de Félix Romeo), en el que participan expertos como la citada Roy, Francisco García Olmedo, Pedro Arrojo, Habib Ayeb, Miguel Solanes y Andrei Jouravlev. En él se analizan la pesadilla del cambio climático, la contaminación, la desertización, las inundaciones e incluso la invisibilidad, social y real, del agua.

Paralelo a este libro, hay que recomendar otro fundamental: “H20. Una biografía del agua” (Turner) de Philip Ball, que estudia en profundidad la historia científica, social y política, el presente y las perspectivas de futuro de este elemento que se halla en los tres estados, el sólido, líquido y gaseoso, “irregularmente distribuido por el mundo”, y que tiene la facultad de resultar casi ubicuo e imprescindible porque la vida comienza en el agua. El agua, pese a resultar incolora, ha sido calificada como “el oro azul”. Vicente Pinilla es el coordinador de otra miscelánea de carácter generalista, redactada por historiadores: “Gestión y usos del agua en la cuenca del Ebro en el siglo XX” (Prensas Universitarias de Zaragoza. 768 páginas), que pone el dedo sobre unas cuantas llagas y vuelve a mirar con recelo el fantasma del trasvase. Rolde de Estudios Aragoneses, bajo la coordinación de Pilar Bernad, publica “La cultura del agua en Aragón. Usos tradicionales”, en el que quince autores analizan el agua en la cultura inmaterial (leyendas, arte, literatura…), la comunicación y el transporte, la agricultura y la ganadería, y el eco del agua en la industrialización. Es un volumen de una gran riqueza visual, lleno de erudición y de sorpresas.

En cierto modo, por la vastedad de asuntos, guarda alguna semejanza con otro excelente trabajo de autor que ya lleva algún tiempo en el mercado: “Zaragoza. Dos milenios de agua” (Acualis) de Carlos Blázquez, una edición que cuenta, entre otras muchas cosas, ese milagro inadvertido en el tiempo que consiste en poder abrir un grifo todo los días. “El agua desborda la imaginación y a la investigación –escribe Joaquín Araújo en el espectacular “Agua” (Lunwerg)-. No sabemos apenas nada de su decisiva participación en la casi totalidad de las combinaciones biológicas que dan sentido, forma y continuidad a nuestro mundo viviente”. Este libro en inglés y en español, de fotografías deslumbrantes de autores de todo el mundo, se define por la originalidad de sus capítulos (la condición líquida; las edades del agua, el lápiz del tiempo; el elixir de la eterna juventud; el agua emboscada; aguas heridas…) y, sobre todo, por la irresistible belleza de las imágenes. Es un libro reivindicativo que abriga versos como éste de Jorge Guillén: “¡Ah! Reveladora // El agua de un éxtasis // A mi sed arroja la eternidad. // ¡Bebe!”.

Dentro de este apartado, no podemos olvidar otros dos libros, ampliamente comentados en estas páginas: “Hábitat” (Mira Editores) de Kike Calvo y “El manuscrito retornado a Zaragoza” (Ayto. de Zaragoza) de Félix Bernad y Daniel Marcos, con textos de J. J. Arenas, J. A. Belloch, R. J. Campo, Túa Blesa y de Paco Vallés, que sale al encuentro del célebre libro de Potocki con frases como ésta: “Allí dirijo mis pasos, hacia esa ciudad nueva y desconocida que centellea en la noche y parece esperarme, fascinante e incierta como un sueño”. Kike Calvo es el autor de las fotografías, y de los pies de fotos, de “Aragón, agua y futuro”, un completo estudio sobre este “país de agua” que va mucho más allá de un cuidadoso, brillante y colectivo catálogo del Pabellón de Aragón. “Álbum visual del agua” (Bruño), concebido y realizado por René Metller, está pensado para niños de todas las edades: permite seguir el curso de un río en la mudanza de las estaciones y conocer paisajes marinos y ribereños, y su flora y fauna, mediante unos dibujos espléndidos que explican los lagos, los estanques, los estuarios, los ríos, los manantiales y el mar.

         Las monografías sobre el Ebro no podían faltar y no faltan. “El Ebro va. Fluye derecho como un río. (…) El Ebro es un río directo. (…) A ese Ebro, al que tanto se le exige, no le sobra, pues, ni una gota de agua”, dice Ramón Folch en el pórtico de “Ebro. El río y la vida” (Lunwerg / Ibercaja), un volumen colectivo en el que escriben José Ramón Marcuello, el biógrafo por excelencia del río, Francisco Pellicer y un conjunto de autores que glosan cada uno el paso del Ebro por cada comunidad autónoma. Xurxo Lobato ha sido el cazador de luces de su cauce. José Luis Gutiérrez y Joaquín Araújo redactan las páginas de “El Ebro. Los caudales de una cuenca” (Lunwerg), que cuenta con extraordinarias fotos de Ángel Araújo. Los tres, paso a paso, realizan una peregrinación río arriba y desentrañan su historia y esa naturaleza diversa a la que hacen compañía. Araújo subraya que en Aragón el curso del río se vuelve “más relajado y lento, se llena de islas con forma de media luna, que recuerdan a meandros desmantelados”.

Pedro Cases es el autor de “Elo Ebro. Viaje por el camino del agua” (Península), un libro que es un viaje, una aventura, un reportaje y la constatación de que el Ebro atraviesa una naturaleza exuberante de bosques y valles y cortados, de páramos y huertas, y va dibujando un ecosistema incomparable y un laberinto de seres y de vidas cruzadas. Otro volumen totalizador es “Atlas de los ríos de Aragón” (Prames) de Javier del Valle, Alfredo Ollero y Miguel Sánchez. Prames ha rescatado y ampliado la edición de “Navateros”, el estupendo trabajo de Severino Pallaruelo. El proyecto “Ranillas. Una intervención escultórica” (Anento), de Miguel Ángel Arrudi y Fernando Bayo, es un libro-CD donde se cuenta la historia de un sueño y su realización. Además de distintos textos, se ha incluido un vídeo de doce minutos que analiza el proceso.

 

Singulares, ilustrados y alegóricos

 

[Bestiarios, relatos, catálogos y experiencias iniciáticas que firman García Rodero, Cortázar, Kafka o Teresa Ramón]

 

No nos cabrían aquí tantos proyectos singulares como germinan a diario, pero sí querríamos destacar algunos singulares. “Razón y sed” (DPZ) es el catálogo de la homónima exposición que se exhibe en el Palacio de Sástago y es el documento visual y literario de cinco fotógrafos (Castro Prieto, Díaz Burgos, Paco Gómez, Martí Llorens, Ana Müller; Chema Madoz es el creador de la foto empleada como imagen de la muestra) y un escritor (Andrés Trapiello) que se asoman a “la corriente infinita”. El resultado es una indagación en el universo del agua en España, en blanco y negro, con todos sus matices, incluso los más dramáticos. “María Lionza. La diosa de los ojos de agua” (Comunidad de Madrid) nace de una experiencia realizada en Venezuela en torno a un mito emparentado con el vudú, la magia y lo sagrado. Cristina García Rodero obtiene impactantes imágenes sobre la posesión, la alucinación y un lenguaje iniciático donde intervienen el cuerpo, la mirada, el paisaje y el paganismo. Álvaro Leiva captó en “Río” (Expoagua) cinco ríos del mundo: el Níger, el Ganges, el Mississipi, el Amazona y el Mekong; Luis Pancorbo es el autor de los textos. José Javier Gallardo es el director de la revista “Z Arquitectura”, que ha dedicado cuatro entregas a la Expo; en el último número doble, 11-12, el fotógrafo catalán Enric Duch culmina “una historia cuyo protagonista es la imagen de lo imaginado”. Aunque no es estrictamente sobre el agua, la Institución Fernando el Católico ha editado en edición facsímil, sin demasiada fortuna en la fidelidad hay que decir, el “Libro de Oro. Exposición Hispano-Francesa de Zaragoza 1908”.

Entre los libros de ficción destaca el “Leyendario. Criaturas de agua” (Tropo) de Óscar Sipán y Óscar Sanmartín Vargas, que es una creación literatura y visual en torno a la convulsa Zaragoza de los años 20, en la que se mezclan los bestiarios, la realidad y la pura imaginación. Laberinto de las artes -que ya publicó el volumen colectivo “Cuentos de agua”, un concurso nacional que ganó Leticia Martín- ha iniciado una colección de libros ilustrados que tienen el agua y sus criaturas como protagonistas. Riki Blanco ha ilustrado un clásico de Kafka, “El silencio de las sirenas”; Elena Odriozola se ha enfrentado a un poema de amor y lluvia: “Aplastamiento de las gotas” de Julio Cortázar. Y Elisa Arguilé le ha puesto imágenes a un relato dramático: “Náufragos”, la historia de dos seres a los que el mar zarandea una y otra vez.

De ficción debe catalogarse el volumen “Omardé, señor del agua”, un largo poema alegórico de Teresa Ramón con ilustraciones. Las palabras proponen un espacio y un tiempo inciertos, y el conjunto tiene algo de fábula medieval, de alucinación, de grito contra la sequía.

 

Perfume de fantasía para niños

 

En las últimas semanas se han multiplicado los libros para niños con un fondo de agua. Inti Ansa es la ilustradora de “Agua imaginada. Tratado de las criaturas sumergidas” (puerto NORTE-SUR), un conjunto de mitos, figuras, sueños y relatos que redactan Carmen Luisa Mayoral y Álvaro de Andrés. Luigi Maleaba publicaba en Gadir un delicioso libro: “El agua del mar”, un relato cotidiano que tiene un salobre perfume de fantasía. Rocío Marrtínez es la autora del texto y las ilustraciones de “La historia del Rainbow warrior” (Kalandraka), la odisea de un bardo dedicado a navegar por los mares del mundo para salvar ballenas. “Willi en Zaragoza. El gran enigma” (Apila), de Raquel Garrido, Edu Flores y Ramón Aguirre, propone un recorrido por Zaragoza y sus lugares emblemáticos en busca de un tesoro ¿líquido? Y “Fabo, el duende el canal” (Navarro & Navarro), de Pilar Herrandis, es una narración sobre una criatura de luz que observa el manso caminar de la corriente y explica cuánto sucedió en ella.

 

*Estos textos aparecían el sábado a doble página en Heraldo de Aragón. El fotógrafo de la foto es el gran Martin Munkacsi. 

 

VIDA DE MANOLO. MANUEL GARCÍA MAYA EN EL BONANZA

VIDA DE MANOLO. MANUEL GARCÍA MAYA EN EL BONANZA

Vida de

Manolo

 

El Bonanza fue el primer café literario que conocí en mi vida. Sería a principios de los 80: me dejaba caer por Refugio 4, solo o con algún amigo, y me sentaba a ver. Aquellas paredes con óleos, carteles, fotografías y objetos trasladaban a un ámbito ideal de creación y de bohemia. Y allí siempre, como el oráculo en su santuario, estaba Manuel. Manuel García Maya, el camarero de vida secreta, el hombre ilustrado que tenía algo de enciclopedia viviente. Igual te hacía una tortilla de atún, que era mi debilidad, que un cóctel refinado o explosivo. Igual recitaba a Nietzsche que a Cioran, y evocaba la figura de Franz Kafka, tan enfermizo como genial. Aquel espacio -como luego sucedería con El Emir, El Levante o La Factoría- se convirtió en ese lugar ajeno donde te gusta recibir y conversar. Manuel García Maya también ponía una extraña banda sonora a las tertulias: Schömberg, Mahler, Eric Satie y su música de lluvia, un concierto barroco, pródigo en órgano, de Bach. A Manuel García Maya le apasionaba la vida, y uno de sus arrabales predilectos que es el arte: en él hallaba la prolongación de su taberna. Manolo –inmortalizado por Manuel Lampre en un libro, por Jesús Lou y Eduardo Laborda en dos cortos- hacía collages, trazaba las gruesas líneas de un rostro con los colores de la bandera republicana, sugería unas opulentas nalgas o jugaba con un derroche visual y orgánico de pintura a la manera de Pollock o de De Kooning. Ahora, a ese hombre de acción, al gobernador de los sueños etílicos y amorosos, podemos verlo en el Torreón Fortea, donde se exhiben sus casi 50 años de creación, aventura y rebeldía entre amigos.

*La fotografía es de Hans Namuth y retrata a Jackson Pollock en plena acción, en 1950. La huella de Pollock en Manolo es clara. No tengo una foto de Manolo ni de sus obras.

VICENTE CAZCARRA, POR JAVIER DELGADO

[La revista y librería Cazarabet, que dirige Javier Díaz desde Mas de las Matas, recomienda el último libro de Javier Delgado Echevarría, poeta, narrador, bibliotecario y expero en arte y botánica:  El héroe agotado, su reflexión sobre el traductor y político Vicente Cazcarra. Copio aquí la nota promocional de un libro en el que Javier ha puesto mucho cariño y que le había dato también para una novela que, por ahora, ha decidido interrumpir. El libro de Javier ha cosechado elogios, pero también algunas críticas de compañeros del viejo aparato del PCE. El libro se vende al precio de tres euros.]

Vicente Cazcarra Cremallé (Zaragoza, 1935 – Madrid 1998)

De familia de profundas raíces obreras, Vicente Cazcarra fue marino mercante. En 1956 se incorporó al PCE. De 1961 a 1967 pasó seis años en la prisión de Burgos (de una condena de diecisiete), durante los cuales luchó valientemente por la dignidad de los presos. Secretario General del Partido Comunista de Aragón de 1969  a 1979, fue también miembro del Comité Central y del Comité Ejecutivo del Partido Comunista de España de 1972 a 1982.  Posteriormente, traductor de varios idiomas, especialmente del ruso (Bajtin, Bulgákov, Malkanin, Platónov…). Fue comentarista en diversos medios, entre ellos El País, El Independiente y El Mundo. En 1996 fue elegido presidente de la Asociación Española de Traductores. Vicepresidente de la Fundación Dolores Ibárruri, organizó los actos de celebración de su centenario. Autor del "Manifiesto para Aragón", de 1972, y destacado protagonista de la Transición. Autor de un estremecedor relato autobiográfico (su paso por comisaría en la Barcelona de 1961) “Era la hora tercia” (UnaLuna, 2000).

 

Javier Delgado Echeverría (Zaragoza, 1953)

Bibliotecario y escritor, ha dedicado algunas de sus obras al rescate de la memoria de las luchas contra la dictadura franquista: “Memoria vencida” (Lumen, 1992), “Recuerdo Rojo sobre fondo azul. Luchas obreras en Zaragoza, 1940-1975”, en colaboración con Manuel Gil (Mira, 1995), “Uno de los nuestros. Memorias de un joven comunista, Zaragoza 1969-1979” (Biblioteca Aragonesa de Cultura, 2002). Camarada y amigo de Vicente Cazcarra, juntos redactaron “Aragón. El regionalismo de los comunistas” (Guara, 1977).  

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“Tus camaradas te reciben con alborozo, quieren que te pongas al frente y que dirijas una organización que han tratado de mantener unida y activa desde las entrañas mismas de la guerra civil. Han caído varias veces, se han perdido algunos hombres, pero siempre se ha conseguido remontar el vuelo, alcanzar nuevas metas, afianzar el Partido en tajos y fábricas, hacerse oír. Los siguientes años van a ser de vértigo. Una incesante actividad tejiendo la trama de vuestro  tapiz rojo por toda la región. Viejos campesinos de pueblos lejanos vuelven a reunirse, jóvenes obreros toman el testigo y en la universidad crece un grupo de activistas que proclaman a los cuatro vientos que el futuro del mundo es el socialismo y que Franco tiene que caer, tiene que caer, tiene que caer.”