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Antón Castro

POEMAS DE VICENTE PASCUAL CUANDO CAE LA TARDE

POEMAS DE VICENTE PASCUAL CUANDO CAE LA TARDE

 

[Vicente Pascual busca una ventana a la claridad y a la lucidez. Y cuando una tarde plomiza como esta cae, tocada aquí y allá de ocres y doradas, de naranjas que se desmayen en el cauce del Ebro entre cordilleras, convoca la ausencia y el vacío. Convoca la serenidad y hace acopio de versos directos como espadas, estremecidos como labios. Contempla, se mira adentro y escribe. Acaricia los lomos de sus libros, sus cuadernos secretos, mira en paz y sueña, ve el paso en sombra de Ana, y escribe. Fuera, como si enroscase su talle al sol, se alza la torre mudéjar de Utebo. Cerca, muy cerca, están sus cuadros. Como si esperasen el destello de unos ojos, como si esperaban una mano que llegue y extienda una caricia….

 

Vicente Pascual me envía estos versos. No es fútbol, juega Holanda y Rusia, mejor los rusos, pero es poesía de verdad. Poesía elevada que brota de un corazón exangüe…]

 

 

Abriros

 

Abriros, vosotros los cielos.

Rasgad, truenos, la afonía.

Horadad, rayos, la umbría.

 

Qué acaezcan grandes aguas.

Y que alguna me dé alcance

y con ella la entereza,

de vivir mi propia muerte.

 

Y EN TU AUSENCIA

 

Y en tu ausencia

nada encuentro.

Ni aun siquiera la nostalgia,

ni aun siquiera larga espera.

 

Mas me han dicho lo que dicen,

lo que dicen los que saben,

que el ausente te conoce,

que te ama y que te siente.

 

Y los sauces cómo danzan,

cuando el cierzo los encuentra. 

*La ilustración es de Katerina Belkina.

 

 

 

EL GATO MONTÉS, MORENO Y OTRAS QUIMERAS

EL GATO MONTÉS, MORENO Y OTRAS QUIMERAS

Cuando era infeliz e indocumentado, yo ya sabía de la existencia de la Sociedad Deportiva Huesca. De adolescente, en la temporada 1972-1973, jugué en el Ural C. F. de infantiles, un equipo de A Coruña, cuyo presidente era Augusto César Lendoiro, y su arquero, y delantero centro, era Paco Buyo. Desde entonces, el futuro portero del Real Madrid y del Sevilla se convirtió en alguien excepcional para mí: era callado, soturno, de una timidez desabrida, tanto que a menudo podías pensar que era mudo. Lo seguí: pasó al Español, al Deportivo de inmediato, que entonces andaba por Segunda División, y se trasladó a Huesca a realizar su servicio militar, momento que aprovechó para jugar de guardameta en el equipo local y en ese campo tan abonado de leyendas que es el Alcoraz. Bueno, no sé con certeza si Buyo jugó en el Alcoraz. Confieso que lo seguía, que estaba pendiente de sus pasos y de sus éxitos. Años más tarde, quizá en mi primera visita a Huesca, en un garito nocturno en el que brillaba Carlos Escó, que me habló largo y tendido de arqueología y de judíos, cristianos y moros de paz, pregunté por Buyo. Alguien dijo: “Era maravilloso. Como un gato montés”. La anécdota es escrupulosamente verídica.

Desde entonces, he seguido al Huesca S. D. con distracción, con la impresión de que se trataba como un familiar lejano. Pero siempre hay alguien que te acerca el conjunto y su historia. Uno de ellos fue el escritor Javier Tomeo, que siempre me decía y me dice que él fue portero ocasional del Huesca, y no de los buenos, y más tarde cronista. En realidad, Tomeo, nada dado a la mixtificación, sostiene que le debe su condición de escritor al Huesca. Poco después de haberse trasladado a Barcelona, un día acudió al campo del San Andrés, que se enfrentaba al Huesca: disfrutó, tomó notas, aprendió el nombre de los jugadores y luego redactó un artículo que envió el periódico local, la “Nueva España”, suele decir Javier. Con aquella nota aplacaba su nostalgia de Huesca, de Quicena y del castillo de Montearagón, y descubría el valor de la palabra y de la épica.

Tomeo siempre me cuenta historias de jugadores: su debilidad era quizá el más grande jugador que ha tenido el Huesca en toda su historia, Tomás Hernández, más conocido como Moreno, un interior izquierdo extraordinario que formó la mítica delantera azulgrana: Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón, inmortalizada por sus títulos y por una canción de Serrat. De Moreno, zaragozano, siempre se cuentan cosas muy librescas: era un futbolista excepcional, de gran calidad técnica, que descubrió el precio de la noche y sus menús lascivos y etílicos en compañía de Kubala. Como éste era un auténtico toro y un seductor absoluto, un portento humano y físico, derivó a Moreno hacia la mala vida, y aquellos excesos acabaron minando su condición física. En una campaña fue el máximo goleador de aquel plantel de estrellas con 21 tantos. Moreno también jugó en el Real Zaragoza. Tomeo me ha contado algunas trifulcas sonoras a finales de los años 40 entre el Huesca y el Zaragoza, cuando militaban juntos.

         Hace algunos meses, preparando la exposición “Los años magníficos. 1932-2007.75 aniversario del Real Zaragoza”, encontré cosas muy curiosas: en 1925, el fotógrafo Miguel Marín Chivite firmaba un reportaje visual, a doble página en “Semana Deportiva” de una partido entre el Huesca y el Zaragoza de los “tomates”. Los hombres llevaban sombreros y gorras, traje y bufanda; las mujeres usaban gorro de fieltro, y el reportero también captó a los aficionados en el tren. Esa revista pertenecía a la colección de Ángel Aznar, que poseía una espléndida serie de una veintena de fotos de Gerardo Sancho de otro Huesca-Zaragoza de los años 40. Una auténtica maravilla. Y el que siempre me ha tenido al corriente del Huesca ha sido el ex baloncestista Víctor Ribarés. Hace unos días, recibí un mensaje al móvil desde Tenerife que decía: “El año que viene nos veremos en el Alcoraz”. José Antonio Martín Otín, Petón, quiere más. Mucho más. El otro día, Javier Blasco le hacía una foto en la que parecía estar en trance: tenía el rostro de un místico del fútbol con una idea en la cabeza. ¿Por qué no va a subir un día el Huesca a Primera División?, parecía preguntarse.

 

         *Este artículo apareció el viernes en la edición de Huesca de Heraldo de Huesca. [Uno de los clásicos equipos del Barcelona. El zaragozano Tomás Hernández, Moreno, fue internacional  y jugó en el Huesca, en el Barcelona y finalmente en el Arenas, donde coincidió con Rosendo Hernandez. En la delantera forman: Basora, Cesar, Kubala, Moreno y Manchón]

          

 

LOS SITIOS Y FAUSTINO CASAMAYOR

LOS SITIOS Y FAUSTINO CASAMAYOR

 

La editorial Comuniter, que ha colaborado estrechamente con el profesor Pedro Rújula, acaba de publicar un compendio de los Años políticos e históricos de las cosas más particulares ocurridas en la Imperial, Augusta y Siempre Heroica ciudad de Zaragoza en tres tomos. Pedro Rújula reside en parís desde hace unos meses en compañía de su mujer, la fotógrafa Peña Verón, y se trasladó a Zaragoza la presentación. Allá, investiga y ahonda en uno de sus temas preferidos: la fotografía. Se ha incorporado al equipo de colaboradores de Carlos Forcadell, en la Institución Fernando el Católico, para dirigir y orientar alguna revista. Estas son las notas editoriales de cada uno de los volúmenes y de sus respectivos editores.

 

 

El autor: FAUSTINO CASAMAYOR

Faustino Casamayor nació en Zaragoza en 1760. Estudió en la Universidad Literaria de la ciudad y desempeñó el cargo de algualcil de la Audiencia. En 1782 comenzó a escribir Años políticos e históricos de las cosas más particulares ocurridas en la Imperial, Augusta y Siempre Heroica ciudad de Zaragoza, obra que sólo interrumpiría en 1833 cuando, poco antes de morir, las fuerzas le abandonaron. Por sus páginas transita la vida de la ciudad que abandona el siglo XVIII y la que vive las experiencias de los Sitios y de la ocupación francesa. Después fue testigo de las restauraciones fernandinas y de la intensa vida del Trienio liberal.

 

Tomo I: 1808-1809

El año 1808 en Zaragoza fue vertiginoso. Al motín de los estudiantes, le siguieron el levantamiento popular, el nombramiento de Palafox y la llegada de los ejércitos imperiales a las puertas de la ciudad. Los zaragozanos superaron con éxito el primer sitio pero en diciembre los enemigos volvieron a sitiar la ciudad. Durante el segundo sitio, la resistencia fue obstinada, pero, esta vez, antes de que terminara febrero de 1809, los soldados de Napoleón, mandados por el mariscal Lannes, consiguieron rendir Zaragoza. Desde entonces se combinaron los esfuerzos franceses por devolver la normalidad a la ciudad con los ecos evidentes de la guerra cercana.

Tomo II: 1810-1811

En 1810 Zaragoza estrena su segundo año ocupada. Casamayor sigue tomando nota diariamente de los acontecimientos propios de la ciudad y también de los movimientos de una guerra que está alrededor, la mayor parte del tiempo muy lejana, aunque, a veces, sus ecos se dejan sentir cerca, sobre todo cuando las largas filas de prisioneros y de heridos españoles anegan las calles. El balance de estos dos años es favorable en toda España para los ocupantes, aunque el espíritu de resistencia no cesará ni un momento.

Tomo III: 1812-1813

Hasta finales de 1812 la administración francesa, dirigida por el mariscal Suchet, intervino muy directamente en Zaragoza. Planificó la evolución urbana, dio trabajo a los parados y alimento a los mendigos pero no convenció a todos sus habitantes. La presencia militar, las exigencias económicas y la represión política jugaron en contra del gobierno. En julio de 1813 los franceses abandonaron la ciudad y Zaragoza fue recuperada para el gobierno nacional por las tropas mandadas por los generales Durán y Mina. Fue proclamada la Constitución y se reorganizó la vida ciudadana, pero continuaron las exacciones económicas, el hambre y la persecución política.

 

Los autores de la edición:

PEDRO RÚJULA es profesor titular de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza. Autor especializado en los aspectos sociales, políticos y culturales del siglo XIX y en la Historia Contemporánea de Aragón, ha publicado numerosos artículos sobre estos temas en revistas especializadas, diversos capítulos en obras colectivas y algunos libros.

HERMINIO LAFOZ RABAZA es doctor en Historia y catedrático de Geografía e Historia en el Instituto de Educación Secundaria Avempace, de Zaragoza. Sus investigaciones históricas se han centrado sobre todo en el análisis de la transición del feudalismo al capitalismo y la revolución burguesa en Aragón, con especial atención a la Guerra de la Independencia.

CARLOS FRANCO DE ESPÉS es doctor en Historia con una tesis sobre la disolución de los señoríos en Aragón y autor de títulos como Los motines y la formación de la Junta Revolucionaria de Zaragoza en 1835 o Así vivían en el Romanticismo.

El cuadro se llama  "Defensa de Zaragoza" y lo firmó hacia 1828 Sir David Wilkie.

DE "CARMEN", DE POESÍA, DE FÚTBOL Y DE ESTE BLOG

DE "CARMEN", DE POESÍA, DE FÚTBOL Y DE ESTE BLOG

 

[Estuve año en la representación de Carmen de Bizet, que han puesto en escena, con más de 250 personas, un equipo de gente capitaneado por Miguel Ángel Tapia, José Luis Martínez, Andrés Ibiricu, etc. La función sorprende al principio porque no es habitual ver un montaje así, casi minimalista, pero a medida que avanza y que irrumpe con fuerza y sensibilidad la música de Bizet, la representación gana, gana y conmueve. Y el paso de actores-cantantes, las bromas de los niños, el clima de contrabandistas y tabernas y tablaos se imagina sin esfuerzo alguno. El público premió por extenso la actuación de todo el elenco, repleto de intérpretes y cantantes aragoneses o vinculados, de algún modo, con Aragón. En uno de los descansos, Javier Arellano me dijo que estaba preocupado por la deriva de este blog hacia la poesía. Literalmente me dijo: “Más fútbol y menos poesía”. En homenaje a él cuelgo de “Diario de la Eurocopa”, que aparece todos los días en Heraldo, esta nota sobre el partido Alemania-Portugal. Ganaron los alemanes a mi pesar, y según la crítica el gran catalizador germano fue Ballack; para mí, pese a la victoria, estuvo muy por debajo de la calidad, el duende, la dirección y las soluciones imaginativas constantes de Deco. La única diferencia fue que Deco no venció; de haberlo hecho Portugal, habrían corrido ríos de tinta sobre su clase. La victoria, a veces, obnubila un poco. Ballack marcó el tercer gol tras una clarísima falta: empujó hasta dos veces, en el instante del salto, a Paulo Ferreira.]

 

 

PASES DE GOL / Portugal había deslumbrado en la primera fase y adquirió aura de campeón. Alemania sufrió y la eliminó en la noche más hermosa de Deco. Por Antón Castro

 

Ha ocurrido lo previsible: la potencia y el oficio han vencido a la creatividad, mezclada en esta ocasión con la ansiedad. El colegiado también echó una mano a la siempre afortunada Alemania: el gol de Ballack, más en forma que nunca, más responsable y ambicioso que casi siempre, nace de una falta y de un despiste monumental de Ricardo. Alemania dio su primer golpe cuando Portugal entraba en el partido, casi unos segundos después de que Joao Moutinho rematase a bocajarro con la rodilla. Otro fallo de colocación defensiva en la defensa portuguesa destrozó el equilibrio. El tanto de Miroslav Klose fue como una demolición.

Al principio dio la sensación de que ya no habría más partido, que iba a ser un nuevo monólogo de los fornidos alemanes. Los pupilos de Joachim Low jugaron su mejor encuentro en mucho tiempo, y a los portugueses les perdió la mala colocación y los errores de Scolari. Simao hizo un partido calamitoso y no fue cambiado, y quizá Ricardo Quaresma hubiera hecho algo más. Cristiano Ronaldo fue una sombra: es todavía un jugador inmaduro que no sabe dónde debe colocarse; su testarudez y su egocentrismo le impiden interpretar el curso de la fiesta. El partido de anoche recordó mucho al de Portugal-Grecia de la final de la Eurocopa del 2004. El juego, el malabarismo, la triangulación y la búsqueda de la belleza lo ofreció Portugal, pero evidenció su falta de estrategia y creyó que iba a ganar con fogonazos de poesía y de clase. Se descolgó demasiadas veces. Y enfrente, Alemania mostró sus viejas armas: tensión, fuerza, constancia y una convicción total en sus posibilidades.

         Sin embargo, el de anoche fue un partido emocionante hasta el último suspiro, y tuvo un protagonista ejemplar. Un actor de lujo. Si por Alemania abrillantaron el juego Podolski, Sweinsteigger e incluso Jens Lehmann, Portugal encontró en Deco al pulmón, al cerebro, a un virtuoso increíble. Hacía tiempo que no veía a un centrocampista tan extraordinario: Deco asumió el mando, tiró de amagos y de driblings, asistió una y otra vez a sus compañeros en largo y corto, buscó el pase interior con la exactitud de un francotirador e impartió toda una lección de fútbol, basada en la claridad, la sencillez, la plasticidad, el criterio y la profundidad. Y no solo eso: fue contumaz en el cuerpo a cuerpo e inventó una y otra vez con el balón cosido a la bota, con el balón por los aires. Hasta Ballack se rindió ante él. Acaso fuese su penúltima lección y también la más inútil. Hasta ahora este ha sido el mejor partido de la Eurocopa, un recital de todas sus suertes.

España, que encarna la creatividad y el talento, se va a enfrentar a Italia, casi clónica de Alemania en ardor competitivo. A estos equipos hay que ganarles con toda la clase de la tierra, sin duda, pero corriendo por lo menos tanto como ellos.

 

 

JOSÉ VERÓN GORMAZ EN EL PABELLÓN DE ARAGÓN

JOSÉ VERÓN GORMAZ EN EL PABELLÓN DE ARAGÓN

 

Las fotografías del Pabellón de Aragón de la Expo-2008 son de José Verón Gormaz, poeta, narrador y magnífico fotógrafo de atmósferas y paisajes oníricos, aunque la organización no ha tenido el detalle o el cuidado de recordarlo o advertirlo. Sin saber de quien son las fotos, cosechan elogios y suscitan emociones a cualquier hora de los visitantes.

 

[Me escribe Juan Verón, el músico y hermano de José, y me lo recuerda. Y además, me envía esta bonita foto. Aquí está la vindicación de un hombre bueno, apasionado de su trabajo y enamorado permanente de las luces y sombras del paisaje.]

RETROSPECTIVA DE PABLO PÉREZ MÍNGUEZ EN LA CASA DE AMÉRICA

RETROSPECTIVA DE PABLO PÉREZ MÍNGUEZ EN LA CASA DE AMÉRICA

PHotoEspaña presenta una retrospectiva de Pablo Pérez Mínguez, Premio Nacional de Fotografía, en el Museo de América. La exposición está organizada por el Ministerio de Cultura con motivo de la concesión del Premio Nacional de Fotografía al artista.

Pablo Pérez-Mínguez, el fotógrafo que inmortalizó La Movida, selecciona las imágenes más desconocidas de su trabajo de los últimos 40 años. La muestra descubre la postura de Pérez-Mínguez ante la fotografía.

La retrospectiva recoge lo más representativo e íntimo de la obra del fotógrafo en la que juega con lo sencillo y lo rebuscado, la frivolidad y la seriedad. Hace poco vi en el Museo del Traje de Madrid, en compañía del joven residente Juan Marques, la muestra de Ouka Leele, y fue toda una revelación. Aquí ocurre algo semejante.

La exposición permanecerá abierta hasta el 28 de septiembre.

LA PASEROLA, POR EMILIO JOSÉ MATEO

LA PASEROLA, POR EMILIO JOSÉ MATEO

 

Otra estupenda foto de Emilio José Mateo, en este caso de ese paso sobre el río Ebro que se mece cuando avanzas sobre él.

 

Hace poco escribí esto para una revista:

 

[Tengo la sensación de que ni estoy en Zaragoza. Primero fue la pasarela de Manterola, me gusta llamarla paserola, tan levísima y aleteante sobre el río, tan estilizada que desafía la ley de la gravedad. Es como si se columpiase al pasar, como si flotase en los dedos del viento como floto yo. Es una pasarela con vistas hacia la ciudad eterna y hacia la ciudad nueva. Dentro está todo: el embarcadero, el anfiteatro, los pabellones y esos telones de Isidro Ferrer, que caligrafían los poemas del agua en el suelo; dentro están el palacio de Congresos con su silueta de dientes de sierra, el arte de la ribera, el infinito parque metropolitano, los canales, el inacabable fulgor del cristal… Tengo la sensación de que contemplo un puro espejismo. ¿Debo llamar felicidad a esto? Es y es Zaragoza. Es y no es la certeza de un delirio.]

LA TORRE DEL AGUA, POR EMILIO JOSÉ MATEO

LA TORRE DEL AGUA, POR EMILIO JOSÉ MATEO

 

Emilio José Mateo, el escritor y fotógrafo de Fuentes Claras (Teruel), ha sido todo un descubrimiento para mí. El año que viene le pediremos una ilustración para “Artes & Letras” de Heraldo de Aragón. Tomo de su blog esta preciosa foto de la Torre del Agua del arquitecto Enrique de Teresa y del ingeniero Martínez Calzón, un edificio lleno de sutilezas, de fuerza y de sinuosidad que avanza en espiral hacia un cielo lejano. Para mí gusto se ha quedado bajo y tampoco se entiende del todo porque se ha quedado truncado en su vuelo interior, donde deja de ser una escultura para ser otra cosa…