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Antón Castro

HISTORIA DE ODETTE ELINA

HISTORIA DE ODETTE ELINA

La judía Odette Elina (1910) estuvo en Auschwitz entre 1944 y 1945. Fue arrestada por la GESTAPO y enviada posteriormente a un campo de concentración. Escribió un conjunto de textos estremecedores sobre esa desoladora experiencia. Fue liberada por los rusos y ocupó una importante porción de su vida en contar lo que había visto. Periférica, el sello de Julián Rodríguez y de la encantadora Paca Flores, excelente fotógrafa, publica estos días el libro Sin flores ni coronas, el testimonio de aquellos días.

Es un libro mestizo: hay novelas, cuento corto, autobiografía. Copio aquí un texto:

 

MARIE

 

Se burlaban de ella porque tenía barba.

         A pesar de su dulzura y de su pasividad, no lograba causar le menor simpatía. Nadie parecía darse cuenta de su existencia.

         Aquella proscrita entre los poscritos me conmovía. Le dije que se viniera a dormir con nosotros.

         Y cuándo le pregunté qué había sido en la vida respondió, simplemente: “Era sirvienta”.

*La foto corresponde a un sugerente archivo fotográfico de norteamericanos.

 

CARTAS A MAMÁ*

CARTAS A MAMÁ*

Mi madre cumplía hace unos días 80 años. Mi madre: Carmen de Castro, hija de soltera allá en el pazo agrícola de Viñán (Arteixo-A Coruña), un lugar casi mágico que poseía manzanos y abejas, cerezas e higueras, a la sombra de una inmensa colina donde se decía que se habían encontrado huevos de oro. Cuando yo era niño, mi padre se marchó al extranjero, como el protagonista de la película de Carlos Iglesias. Nunca escribió tantas cartas como entonces. Leíamos sus epístolas como quien lee los cuentos de un aparecido en medio de la tormenta. Ante las llamas del hogar, mi madre se deshacía en lágrimas, que le empañaban los sentidos y le impedían leer aquellas frases que hablaban de los jardines en que trabajaba mi padre, de su condición de barbero de sábado, de peón de albañil, de cocinero improvisado. Una vecina, con alma de rapsoda y cintura de bailarina, leía las cartas, y decía con melancolía: “Si esto no es amor…” Mi madre llevaba la vaca al prado, trabajaba en las fincas a jornal, discutía con los hombres el precio de los terneros y, casi todos los sábados, me llevaba a ver “Sesión de noche”. Debíamos atravesar un campo de maíz, y el viento agitaba los tallos con un filoso rumor de espanto. Yo había pasado miedo en la taberna, volvía a pasarlo al volver a casa y seguía, tiritando, desvelado hasta que mi madre decía: “Cierra esos ojos de caballo grande, y descansa. ¿Qué diría tu padre?” Hace treinta años me fui de casa. Mi madre lloró, muda de palabras y asombro. Hace pocos meses sufrió un amago de infarto y perdió movilidad en una pierna. Resumió así su infortunio: “Ya nunca seré la misma. Me he hecho mayor”.

 

 

 

*Julio Cortázar ha sido uno de los escritores decisivos de mi vida, al final de la adolescencia y cuando llegué a Zaragoza. A mis hijos Daniel y Aloma les contaba cuentos de Cortázar en los montes de Javalambre, allá en Teruel. Uno de aquellos cuentos se titulaba, creo recordar, “Carta de una señorita de París”; otro: “Cartas a mamá”, o “Cartas de mamá”, no recuerdo con exactitud. Este texto apareció ayer en Heraldo de Aragón. La foto es de Virxilio Vieitez.

FLORENCE HENRI / 2

FLORENCE HENRI / 2

En los años 30, Florence Henri realizó un conjunto de retratos a mujeres modernas, como éste a Margarete Schall, a la que conoció cuando viajó a la Bauhaus. Modelo ocasional y pintora, Margarete Schall vivió en París un tiempo con Florence Henri.

GRANDES FOTÓGRAFAS: FLORENCE HENRI / 1

GRANDES FOTÓGRAFAS: FLORENCE HENRI / 1

Florence Henri  (Nueva York, 1893-Bellival, 1982) es pintora y fotógrafa que se formó en París y en la Bauhaus de Dessau. En Roma conoció a los futuristas, Marinetti, entre ellos. Estudió música en Roma y Berlín, y asistió, a partir de 1924, a las clases de Fernand Léger y Amadeo Ozenfant.  Asistió a clases de Moholy-Nagy, Kandinski y Klee. Se especializó en el retrato fotográfico, aunque también trabajó en moda y en publicidad. Intervino en exposiciones de vanguardia. Pasó la II Guerra Mundial en París y fue redescubierta en 1974. Se especializó en el retrato, en el cual experimentó con nuevas perspectivas y detalles muy poco frecuentes.

*Un retrato de 1930.

BETTINA RHEIMS / Y 3

BETTINA RHEIMS / Y 3

Una de las fotos del proyecto Chambre close, realizado entre 1991 y 1993. Después realizó el proyecto religioso y místico I. N. R. I., que era una interpretación moderna de la vida de Cristo, y un celebrado reportaje sobre Shanghai.

En el Diccionario de fotógrafos del siglo XX, donde se recuerda que Bettina Rheims fue modelo cuando empezaba, se recoge este texto que explica a la perfección el mundo de esta fotógrafa francesa, que retrató mejor que nadie a Catherine Deneuve.

 

“Sin importarle el punto de vista bajo el que se miran sus imágenes, Bettina Rheims no tiene en cuenta en sus trabajos esos tabúes que nuestras sociedades occidentales parecen levantar cada vez en mayor medida: por ejemplo, androginia, identidad sexual o exhibicionismo (…) Cuenta con una técnica extraordinaria y recuerda en cierto modo a las fotos de Robert Mapplethorpe o Newton, cuyo sentido más profundo ha sabido captar, como resulta evidente. En sus trabajos no hace ninguna concesión. (…) Además, sondea las fronteras de lo kitsch e indaga en nuestro concepto de lo vulgar. Este trabajo apasionado y polémico de una mujer contiene una agradable porción de serena provocación. (…) Los trabajos de Bettina Rheims son y seguirán siendo desconcertantes, lo cual no debería ser el menor de sus méritos”.

 

*A la par de esta serie Chambre close, realizó otra Les Espionnes. Ella también hizo portadas de discos y el cartel de la película de François Truffaut: Vivement dimanche, interpretada por Jean-Louis Tritignant y Fanny Ardant, probablemente más bella que nunca en aquel blanco y negro que rendía homenaje a Alfred Hitchcock.

 

BETTINA RHEIMS / 2

BETTINA RHEIMS / 2

La fotografía anunciada de Charlotte Rampling, una actriz que conmovió a los espectadores en Portero de noche de Liliana Cavani. Aunque esta es una foto en blanco y negro, es una excelente fotógrafa en color y su obra ha suscitado y suscita grandes polémicas.

GRANDES FOTÓGRAFAS: BETTINA RHEIMS / 1

GRANDES FOTÓGRAFAS: BETTINA RHEIMS / 1

Una de las fotógrafas más interesantes de la actualidad es la francesa Bettiha Rheims, nacida en 1952. Su trabajo gira en torno al cuerpo femenino, al desnudo, explícito o sugerido. Ha expuesto en medio mundo y ya ha sido objeto de retrospectivas. Es una excelente retratista (ha fotografiado a Madonna, con gran éxito, pero también a Jacques Chirac), y una de sus mejores series es Chambre close. Cuelgo aquí dos fotos suyas: una de Blanca Li, espléndida y sugerente, de 2005, y otra más clásica de Charlotte Rampling, datada en 1985. Corresponden a la parte menos escandalosa o provocadora de su trabajo.

 

Comienza aquí una nueva serie de Mujeres fotógrafas.

POR LA LECTURA, CONTRA EL CANON*

POR LA LECTURA, CONTRA EL CANON*

*[El escritor, profesor, traductor y crítico literario José Giménez Corbatón publica hoy este artículo en Diario de Teruel, donde colabora asiduamente. José presentaba el pasado martes su extensa novela Licantropía (Huerga & Fierro), centrada en el escritor francés Petrus  Borel, narración de la que ya hemos dado cuenta otro día. Es autor de libros como El fragor del agua, Tampoco esta vez dirían nada, La fábrica de huesos o, entre otros, El hongo de Durero.]

 

POR LA LECTURA, CONTRA EL CANON

 

Por José Giménez Corbatón

 

 

         Se puede leer estos días en Internet un inteligente artículo del escritor José Luis Sampedro titulado “Por la lectura”. Lo escribe contra la intención de la SGAE de hacer pagar a las bibliotecas, siguiendo no sé qué directrices europeas, un canon de 20 céntimos por cada libro que presten al usuario. El dinero iría a parar al autor o autores del volumen. Sampedro evoca la figura de un Maestro Nacional de Aranjuez que, en 1931, ya a punto de jubilarse, creó una biblioteca en su escuela, con libros propios y donaciones, abriéndola incluso los sábados. Gracias a esa iniciativa, muchos niños y adultos –el hoy escritor formaba parte de los primeros- conocieron a los clásicos, desde Dickens hasta Karl May.

         Sampedro describe también otra experiencia insólita de animación a la lectura, la de la biblioteca de atención al paciente de un hospital valenciano, iniciativa que ha merecido el premio del gremio de libreros. A continuación se pregunta que, si en la vida se paga a cambio de obtener algo o por ser objeto de una sanción, ¿qué obtiene una biblioteca pública si el libro ya ha sido pagado a sus artífices? ¿O es que hay que sancionar el acto de impulsar a leer? ¿Y los autores? ¿No han cobrado ya sus derechos cuando la biblioteca ha comprado el libro? ¿No puede ocurrir que alguien acabe comprando un libro que ha leído en una biblioteca porque el libro le ha gustado y quiere que le acompañe el resto de sus días, sirviendo así el préstamo bibliotecario de publicidad para el autor? ¿Acaso vende menos el autor que es leído en una biblioteca que uno cuyos libros no solicita nunca nadie en préstamo?

         Añado yo: ¿gana menos un autor de best-seller porque algunos lectores tomen prestados sus libros? Y, si prestamos los libros de nuestra propia biblioteca privada a amigos y familiares, ¿estamos delinquiendo a ojos de la SGAE?

         Por desgracia me temo que este tipo de medidas encuentre apoyo en muchos escritores deseosos de vivir tan sólo de la pluma, olvidando que en España son muy pocos los que lo consiguen, y que dicha especie –repito, muy escasa- lo hace a costa de unas determinadas condiciones, a saber, multiplicando sus actividades supuestamente literarias en mil campos que no son el de la elaboración estricta de su obra, o zambulléndose en lo mediático sin sonrojo alguno. España es un país donde una buena parte de la “celebridad literaria” –sí, entre comillas, pues no me gustaría que se confundiera la labor lenta y callada del creador con otras salsas de preparación rápida- la alcanzan sujetos televisivos que se fingen letraheridos, o supuestos letraheridos que se convierten en sujetos televisivos. Y mi temor se debe a que la SGAE no es la única en ocuparse de esos órdagos. Me han pasado hace poco una revista editada por una asociación de escritores aragonesa –revista subvencionada por el Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de nuestra Comunidad- en la que se hace publicidad informativa de CEDRO, una entidad encargada de cobrar derechos reprográficos a mayor alimento de autores y editores. Allí se dice que la entidad cuenta con más de once mil autores y más de mil editores. No me extraña que haya tantos libros que apenas lleguen a las mesas de novedades de las librerías.

         Por supuesto que me uno a la proclama de José Luis Sampedro en contra de la cuota sobre el préstamo bibliotecario. Pero quiero añadir que me parece un freno a la lectura tan grave como el que él menciona el hecho de no poder hacerse –legalmente- una simple fotocopia de un libro o de un periódico. Contaré sólo dos casos que he vivido en mis propias carnes. Hace poco apareció en el diario de mayor tirada en el ámbito nacional una magnífica historieta de Andrés Barzi –de su serie semanal Tres en uno. En ella se animaba, con mucha gracia, a leer a los clásicos –Kafka, Homero, Cervantes o Shakespeare- antes que a los autores de best-seller –con mención expresa al tufo templario y otros adláteres. Me pareció que valía la pena disfrutarla y comentarla con mis alumnos de literatura en el Instituto de Secundaria donde trabajo. También pensé que si la reproducía en el propio centro, donde sólo tenemos fotocopiadora en blanco y negro -¡faltaría más!-, la historieta perdería atractivo. Así que me fui a una tienda de reprografía dispuesto a sacudirme el bolsillo con tal de pasar un buen rato con mis chicos. Pues bien, imposible: una amable señorita con bata blanca me dijo que el periódico tenía copyright, algo así, entendí yo, como un cinturón de castidad, a juzgar por el tono del que se sirvió la señorita para frenar mis impulsos. Mujer, le dije, cómo no va a tenerlo si es el periódico más famoso del país. Pero una canita al aire no hace mal a nadie. Ni hablar, me respondió y miró hacia otro lado. Casi hizo que me sintiera sucio. Mis chicos se quedaron con Barzi en blanco y negro, aunque hice pasar el original de mesa en mesa, como un fruto prohibido.

         Hace ya unos años, me invitaron a dar una charla a alumnos universitarios: tenía que hacer comentario de textos de uno de los relatos de mi último libro. Intenté no quedar como un memo y preparármelo a fondo –eso de comentar un texto de uno mismo me parecía un reto complicado. Decidí que lo mejor era fotocopiarme las páginas del libro que contenían el relato para poder subrayar palabras con colorines, escribir en los márgenes, apuntarme toda clase de cosas y de ocurrencias que me ayudaran a mantener un discurso más o menos fluido e ingenioso sobre lo que había querido hacer o decir con aquel cuento que había escrito un par o tres de años atrás. ¡Otra vez imposible! De nada me sirvió enseñar mi carné de identidad, intentar poner la misma cara que en la foto de la contraportada, para que se viera que era yo, y que me daba igual pagar por reproducirme a mí mismo, y que no quería que nadie me devolviera un porcentaje de mi propio desembolso, oiga, que no me chivaré ni a la SGAE ni a CEDRO ni al sursum corda. No hubo manera humana. Me tuvo que hacer las fotocopias el conserje de mi instituto, que me miró como si me estuviera volviendo  chaveta dado mi interés repentino en reproducirme a mí mismo.

         Creo que, si de verdad queremos fomentar la lectura, no tenemos que ponerle zancadillas a la difusión del libro, sea cual sea el soporte. Al escritor debe satisfacerle que le lean, incluso si le leen gratis. Quizá la clave está –ya lo he apuntado antes- en que el escritor no viva en primer lugar de su escritura, sino de otra cosa. Sólo entonces escribirá por una necesidad ineludible y desprovista de intereses espurios, y disfrutará compartiendo con los lectores el resultado de su catarsis creadora. Cobrar por ese trabajo es, por supuesto, importante –todo trabajo merece esa dignidad-, pero no lo primordial. Se supone que al verdadero escritor le mueven, ante todo, otros motivos de mayor aliento que el pecuniario.

*La foto es de Curtis Moffat.