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Antón Castro

ESTA NOCHE, BORRADORES: FLAMENCO, ARTE, ÓPERA Y LITERATURA

ESTA NOCHE, BORRADORES: FLAMENCO, ARTE, ÓPERA Y LITERATURA

El pianista y compositor Miguel Ángel Remiro, una de las figuras de la música clásica y popular hoy en Aragón, actúa en “Borradores”. Con Miguel Chaves (voz y palmas) y Josué Barrés (percusiones), interpreta al piano dos obras: la soléa “Silencio” y las alegrías “La cigarrera”. Remiro lidera la formación Flamenco Contemporáneo Ensemble que ofrecerá un recital, con su grupo de cámara, el sábado, a las 22 horas, en la Sala Multiusos, dentro del Festival de Flamenco de Zaragoza.

En “Borradores” se ofrecen reportajes sobre la exposición “El cuerpo y la imagen originales”, el proyecto de Mapi Rivera, Ramón Casanova y Jorge Egea que ha sido galardonado con el Premio de 18.000 euros de la Fundación Norte: un trabajo sobre el cuerpo, el agua, la luz, mediante fotografía, vídeos y esculturas integrados en el body art. Se visita la exposición de Miguel Ángel Domínguez, “Vestigios naturales”, una muestra de pintura y escultura vinculada al objeto encontrado, a los restos y despojos del tiempo, a las pequeñas cosas que el artista ha dejado en sus estudios o en sus casas. También se dialoga con la soprano lírico ligera María Eugenia Boix, una jovencísima cantante de Monzón que acaba de actuar con Ainhoa Arteta, con la Orquesta de Cadaqués, bajo la dirección de Sir Neville Mariner, y ha grabado un disco con poemas de Ricardo Molina, fundador del grupo Cántico de Córdoba. Se emite una entrevista a Fernando Sánchez Dragó, en la que habla de España y de la fractura que se produjo con la Guerra de la Independencia, de los vicios españoles, de su propio padre, de Japón, de erotismo y de sus sueños de futuro: escribir, leer y viajar.

Por otra parte, también acuden al plató otros invitados: el pintor José González Mas, que inaugura con su pintura luminosa y colorista el espacio cultural María Zambrano, dentro de la propia sede de Aragón Televisión, bajo la coordinación de Inmaculada Hervás. Y el pianista y profesor Ricardo Soláns, miembro de la Asociación Aragonesa de Intérpretes de Música, que explica el espíritu y los contenidos del tercer ciclo de “Música Sacra”, que se celebra en las iglesias de San Gil, San Carlos, San Pablo, La Seo o Santa Engracia, entre otras, desde el viernes 14 hasta primeros de abril. Intervienen, entre otros, músicos tan conocidos como la organista Esther Ciudad, la soprano Pilar Torreblanca, el propio Soláns y los Músicos de Su Alteza.

Borradores” se emite hoy jueves, a las 00:05 horas, en Aragón Televisión.

PILAR PERIS: UN POEMA DE UN LIBRO FUTURO

PILAR PERIS: UN POEMA DE UN LIBRO FUTURO

¿Sientes esa voz que fluye y refluye
desde el silencio de las gárgolas? 

¿Sientes cómo te abraza, te impulsa
y te nombra ahí donde no estoy? 

¿Sientes su ausencia táctil,
la fría llamarada de tu semblante
incrustado como talismán
en todo lo que miro? 

¿Sientes la dilación infinita,
el vínculo biselado y flamígero
que te rompe y me asfixia? 

¿Sientes la fisura,  
la retracción de los dedos gravitando
alrededor de ningún dígito?
 

¿Sientes el cómputo imposible,
la herida del tiempo que resta,
el desgaste vano de mi prodigalidad
sobre tus ejes inamovibles? 

¡Cuántas agrias premoniciones
arrumbadas como racimos en
el colector de cieno de los sueños! 

Tu dicha a cambio de mi resistencia y zozobra.
El dolor a cambio del silencio ecuánime y
la risa inusitada del destino
que todo lo amortigua.  

Pilar Peris 

[La gran poeta Pilar Peris, profesora y madre apasionada, cuando moría la noche y llegaba el jueves con luna demediada, me enviaba este poema. Mañana voy a su instituto de Borja, pero no podrá estar. Quizá aún lo redondee algo más, pero es una composición que tiene la belleza de su decir, el don inefable de su sensibilidad. Y aquí está, como un regalo para los escasos lectores del blog, antes de marcharme a la cama.]

*La foto es de Andrés Heuman.     

UN DICCIONARIO DE FOTOGRAGÍA: LOS ARAGONESES

UN DICCIONARIO DE FOTOGRAGÍA: LOS ARAGONESES

Siempre me han gustado los diccionarios. De todo. Hasta los de criminales o de ufología. “Del daguerrotipo a la Instamatic. Autores, tendencias, instituciones” (Trea, Gijón, 2007) de Juan Miguel Sánchez Vigil no advierte de su condición de diccionario o de enciclopedia, pero lo es. Es un alfabeto de la fotografía desde 1839 hasta 1970, con vocación de totalidad, pero tampoco pretende ser completo. Cada diccionario es un mundo: una forma de elegir, de ver, un modo de  entender y valorar el conocimiento. Lo que me ha sorprendido de este trabajo de más de 600 páginas es la presencia de los fotógrafos aragoneses o afincados aquí, como Gustavo Freudenthal, que solía firmar “Fotógrafo de la Casa Real”, o aquel Pascual Marín que acabó sus días en San Sebastián. Entre los seleccionados están el pionero Mariano Júdez, o aquel Enrique Beltrán, que era especialista en miniaturas y en “cartes de visite”. También figura la familia Coyne, con entradas para Anselmo María, Ignacio y Manuel. Del farmacéutico Compairé se recuerda que “durante una década se dedicó a recorrer los paisajes oscenses con una cámara  de gran formato, documentando (...) monumentos, vistas y tipos”. Se habla del más bien olvidado Lucas Cepero, reportero de HERALDO y “pionero de la fotografía aérea”, que fue asesinado en noviembre de 1924. Jalón Ángel y Aurelio Grasa ocupan el mayor espacio: el primero retrató al general Franco y a sus generales para el álbum “Forjadores del Imperio”, y el segundo publicó “782 fotografías” en este diario desde 1910 a 1917. En un libro repleto de inmortales, Aragón tiene presencia y figuras. Y algunas ausencias.

*¿Habrá inspirado esta foto el libro El columpio de Cristina Fernández Cubas? La foto, ¿es aragonesa o norteamericana?           

SIMPLEMENTE, MUJERES DE ACCIÓN

SIMPLEMENTE, MUJERES DE ACCIÓN

Empezaré hablando de Ellen Barkin, esa actriz norteamericana que interpretó “Vida de este chico” y “Melodía de seducción”, porque es una de las criaturas colaterales de “Sólo de lo perdido” (Destino) de Carlos Castán, el volumen de relatos que se presentaba el pasado jueves en Zaragoza: le recuerda al protagonista de “El aire que me espía” a una de esas novias más o menos fatales que van y vienen por el libro. La actriz neoyorquina, nacida en el Bronx en 1954, tiene los pecaminosos ojos de quien arde en deseo y en violenta fragilidad. La protagonista de “El verano y la noche”, una fumadora impenitente y separada, también podría ser Ellen Barkin: luce su desgarro, su hermosura labrada con experiencia y peligro, y es capaz de adiestrar a un joven hambriento, noche tras noche, en los secretos del sexo. El paraje que los acoge bien podría ser un lugar del Prepirineo, aunque “no pasaba de ser un paisaje vulgar de matorrales y de monte bajo”. 

Resulta completamente distinto el prado de Plan donde suceden los amores de Pilar y Joaquina, en el relato chistabino “Santamaría” (Instituto de Estudios Altoraragoneses, 2007. En esta colección se publicó también “El aire que me espía”) de Nieus-Luzía Dueso Lascorz, que se presenta en edición bilingüe. La pieza es una narración idílica entre los dos jóvenes, en un ambiente campesino, en el que se habla de la siega, de la malla, de jornales, de las faenas del trigo y de las aguas. “Santamaría era el sitio de Plan donde, casi sin querer, había transformado su vida en un canto al porvenir, que se abría, para ellos, en plena juventud”, dice Nieus Luzía.  

Un escenario renovado, animado por la pátina del tiempo y los ecos inolvidables, es el Teatro Olimpia: fue reinaugurado con la presencia de Teresa Berganza, quizá la “Carmen” ideal de la ópera. Berganza ha recordado su paso por el Casino de Huesca, sus veraneos en el balneario de Panticosa, su amistad con Maria Callas. Le sucedió una anécdota preciosa en el Olimpia. Tras el concierto, buscó un lugar para acomodarse; se encontró con una joven empleada del teatro que le contó que jamás había oído un concierto de ópera y que ahora, tras su recital, tenía la piel de gallina. Las dos se sentaron en la escalera y compartieron su emoción entre lágrimas.  Dentro de unos días, también actuará en Huesca una excepcional soprano: Ainhoa Arteta. Es una mujer apasionada; tras su ruptura con el tenor Dwayne Croft cayó en un hondo estado de depresión, y se quedó prácticamente sin voz. Gracias a su maestra Ruth Falcón ha recuperado la confianza y dicen que canta mejor que nunca.

El pasado jueves, dentro de una gira con la Orquesta de Cadaqués, dirigida por sir Neville Marriner, actuó en Zaragoza con María Eugenia Boix, una soprano lírica ligera de Monzón, de 25 años, que ganó hace casi un año la beca Montserrat Caballé-Bernabé Martí, que convoca Ibercaja. María Eugenia estudia en Salamanca, pero siempre recuerda que se inició como jotera y en la coral montisonense, con la que siempre quiere cantar. Es soprano de la formación Ensemble XXI, con la que ha grabado dos discos: “Retratos del mar” y “El bosque encantado”. Su último proyecto es un disco de poemas del poeta cordobés Ricardo Molina (1917-1968), fundador del grupo “Cántico”. Posee una preciosa e intensa voz.
        

Mapi Rivera es de sobras conocida en Huesca. Hace algo menos de un año también ganaba la beca Fundación Norte, dotada con 18.000 euros, con el proyecto “El agua y la tierra originales. La sostenibilidad de la imagen”, que ahora se exhibe en IV Espacio, en la Plaza de España de Zaragoza. Desarrolla una idea en torno al cuerpo, al útero, el barro (la tierra) y la foto (la luz), pero también hay esculturas, vídeos. Ha trabajado con el fotógrafo Ramón Casanova y con el ceramista Javier Egea en un lugar tan impactante como en la cantera de Oliete. Se trata del mejor y más ambicioso trabajo de Mapi Rivera, una propuesta de luminosa belleza, tal como se manifiesta en la muestra, pero aún más en el espléndido catálogo.
 

*Este texto apareció el pasado sábado en Heraldo de Aragón de Huesca. La foto de Mapi Rivera la ha tomado Ramón Casanova.

MUJERES VELOCES: YELENA SOBOLEVA

MUJERES VELOCES: YELENA SOBOLEVA

La campeona del mundo Yelena Soboleva en el instante en que vencía en la fascinante prueba del 1500 en los Campeonatos Mundiales de Valencia y batía el record del mundo. Iba para gimnasta, se estancó durante un tiempo y quiso dejar el atletismo. Felizmente, regresó para triunfar. Es la gran favorita para ganar en Pekín.

SANTIAGO LAGUNAS: UNA VISITA INESPERADA

SANTIAGO LAGUNAS: UNA VISITA INESPERADA

RELATO Y RETRATO DEL MAESTRO  

El joven periodista apareció, casi sin avisar, con Manuel García Guatas, que acababa de encontrar y estudiar minuciosamente los bocetos de la decoración del cine El Dorado, un trabajo que duró 109 días en el verano de 1949 y que llevaron a cabo Santiago Lagunas y sus dos compañeros y amigos Fermín Aguayo y Eloy Laguardia. Allí estaba el maestro, Lagunas, en su casa llena de cuadros por todas partes: suyos, de sus compañeros de generación, de sus discípulos, pero también había esculturas, cristos, arte religioso. Estuvo sumamente amable, dispuesto a desandar –a través de una memoria aún oceánica- los días del pasado, dispuesto a avanzar por la senda del presente. Santiago Lagunas seguía pintando. Había recobrado su pulso de artista y le resultaba fácil teorizar sobre su vida y su obra. Su vida se convirtió en un cuento: el cuento del rebelde que se sacó de la manga, a golpe de intuición y ciencia artística, la abstracción en España.

Un pintor nace, se hace y se expande. Y él había nacido de una inclinación especial, desde muy joven, hacia la creación. Evocó sus primeros colegios, las visitas que realizó al estudio de su primo el pintor Salvador Martínez Blasco, las clases en el estudio-academia del profesor Boví y sus visitas a los bajos del Museo de Bellas Artes de Zaragoza y al taller de Joaquín Pallarés. ¿Cómo iba a olvidarse de aquellos muñecos de marquetería, que permitieron a su familia huir de la ruina, que él diseñaba y que pintaban sus hermanos Manuel y Pilar? Evocó la huella imborrable de su padre y la presencia tutelar de su esposa y musa Marichu Alberdi. Los dos estaban allí, en la casa, en dos cuadros espléndidos: él, filoso, con su severidad tranquila de pájaro; ella, rotunda y segura, miraba desde un lienzo que rezumaba vida, intensidad, potencia de ángel doméstico que a todo llega.

Recordó –confiado ya ante la grabadora- su traslado a Madrid en 1930, adonde había ido a realizar la carrera de Arquitectura, y algunos encuentros con Martínez de Ubago, Pío Baroja (“tan huraño conmigo como lo ha pintado la historia”, dijo) y con los grandes artistas del Museo del Prado, que fue una incitación esencial. Allí, ante los lienzos de Goya, Velázquez, Brueghel el viejo o El Bosco, intuyó sus posibilidades. En él, pareció decidirlo entonces, iban a convivir la pintura y la arquitectura. Terminó su carrera, que hubo de interrumpir durante la Guerra Civil, y volvió a Zaragoza. Regresó a las tertulias, a los encuentros con amigos, a las salidas al campo y a los paisajes de Euskadi, a los viajes. Frecuentaba los cafés Ambos Mundos y el Niké, y conversaba con un hombre esencial en su biografía: el librero José Alcrudo. Alcrudo había trabajado en el balneario Panticosa y en el Gran Hotel, y llevaba un estigma de dolor del que no debía hacerse ostentación alguna en la Zaragoza de posguerra: su padre y su tío, anarquistas, habían sido fusilados en los primeros días de 1936 en Valdespartera. En ese instante, era un librero inusual: se arriesgaba con libros insólitos que llegaban de Sudamérica o de Europa y había convertido el sótano de su kiosco del Paseo de la Independencia en un jardín clandestino de textos prohibidos, de catálogos inesperados, en una casa de citas de intelectuales incomodados. Allí se alimentaba Lagunas de las nuevas corrientes del arte europeo, y se quedaba fascinado con Picasso (lo estuvo desde que vio una muestra del artista malagueño en la Carrera de San Jerónimo), con Miró, con Braque, con Matisse o con Paul Klee, a quien admiraría mucho Lagunas por sus signos, su sentido musical de la partitura, cada uno de sus cuadros es como un pentagrama a color de una melodía que sólo suena en el oído interior, y su misterio. Santiago Lagunas le dijo entonces al joven periodista: “Toda la obra de Paul Klee es un absoluto misterio”.

En medio de esa travesía sentimental en los vendavales del tiempo, en el abanico de la memoria, añadió el maestro: “Llevaba ya algún tiempo pintando, haciendo pintura figurativa, retratos y paisajes con una atmósfera propia. Durante una estancia en Jaraba, mientras diseñaba un almacén de dos plantas, pensaba yo sobre el paisaje y mi propio trabajo, deseaba atrapar algo que se saliese de un natural vulgar, y de golpe se me abrió la luz del cubismo y ahí empezó todo”. Y ese todo quería decir la abstracción, el primer grupo Pórtico de nueve pintores (entre ellos su hermano Manuel) que presentó en abril de 1974 la librería con cuidado catálogo, decorado con el anagrama de Antonio Ángel Mingote, en el Casino Mercantil. Se detuvo un momento en sus dos compañeros esenciales: Eloy Laguardia, que acabaría siendo su cuñado, tras una apasionada historia de amor, y Fermín Aguayo. A ambos los había conocido como soldados, luego como delineantes, y finalmente se habían convertido en sus ayudantes y en dos pintores con personalidad propia, con un contundente “y atormentado” sentido de la pintura. Con ellos expondría en Madrid, en Santander, haría el proyecto “más moderno de decoración arquitectónica de Europa” que fue El Dorado y desarrollaría una pintura pionera, incomprendida y criticada en Zaragoza, donde eran conocidos como “el tercio extranjero”. Dijo Lagunas al joven periodista: “Nos perdíamos en la mancha, en el trazo, en los signos, en la geometría. Queríamos hacer un arte que se refiriese al inconsciente, pero a la vez yo siempre me he considerado un artista muy reflexivo, intelectual, como podía serlo Picasso. Teníamos derecho a decir lo que pensábamos, teníamos derecho a pintar lo que pintábamos”.

         ¿Cómo no iba a evocar la ruptura del trío? No dijo ruptura, exactamente. “Éramos íntimos amigos para siempre”, matizó. Santiago Lagunas habló de las dificultades, de que tuvo que decidirse entre su trabajo de arquitecto, su propia familia o la apuesta por un arte radical que sólo le traía hostilidades e incomprensión. Dijo que había dibujado mucho, que había tomado muchas fotos con sus dos Leicas –su hermano Manolo era su mejor cómplice en las tomas y en el trabajo de laboratorio, instalado en el baño de su casa de Coso 92-, que había escrito bastante, incluso algunos sonetos perdidos para siempre. Eloy Laguardia se enamoró y se fue a Madrid; Fermín Aguayo, reclamado por el médico José Uriel, se fue a París a cumplir un viejo sueño. Para los tres empezaba una nueva vida.

         Lector constante de San Juan de la Cruz, lector constante de otros místicos como Santa Teresa de Jesús o Fray Luis de León, pero también de Fïodor Dostoievski y James Joyce, Santiago Lagunas desembocó en una crisis religiosa que se prolongó durante 20 años, 20 años en los que no dejó de trabajar en innumerables edificios. Participó en la revista “Ansí”, con José María Aguirre, J. B. Uriel, A. Lamana, Miguel Labordeta o Manuel Derqui, diseñó sus portadas y dirigió sus tres últimos números: 6, 7 y 8; colaboró con “Despacho literario” de Miguel Labordeta, hizo portadas de libros... En 1974 volvió paulatinamente a la pintura, “en realidad no de he dejado nunca de pintar ni de hablar de pintura con los amigos; volví renovado, pero hundido igual que antes en las raíces de la abstracción”, subrayó, y en los 80 expuso en el Mixto-4. Luego le llovieron los premios y se produjo una reivindicación de Pórtico, de su obra, de la abstracción, en exposiciones, en historias del arte, en consideración social. Le explicó al intruso –que repetiría esas visitas, junto a Manuel Val, a Úrsula Heredia, con sus hijas Ana María y María Pilar como testigos-: “La abstracción es la capacidad de trascender la realidad. Es un proceso complejo, no cabe duda, y laborioso. La realidad se puede percibir, como el esplendor y la gloria, como la huella del ala del ángel, y nos puede llegar en forma de palabras, de sonidos y de formas que nos permiten hacer algo analógico. Eso es el arte: una realidad interior, una luz que se enciende, algo que está fuera de lo humano. San Juan de la Cruz lo percibe con claridad y su ‘Cántico espiritual’ es fruto de esa adivinación, de un diálogo del inconsciente. El arte requiere una abstracción total. Nosotros teníamos la clara conciencia de que el arte era una cosa propia del corazón y también de la cabeza”.

         Habían pasado varias horas de una mañana inolvidable. El joven periodista salió a la calle con una carpeta de dibujos del maestro. Junto a la firma, había una especie de estrella de cinco puntas, un insecto que parecía enroscarse en un gran ojo y una leyenda: “La vida se le presentó al pintor y al hombre que soy con sus caracteres verdaderos: el dolor y la fe. Santiago Lagunas”.

LOUISE BOURGEOIS: PREMIO ARAGÓN-GOYA

LOUISE BOURGEOIS: PREMIO ARAGÓN-GOYA

El jurado del Premio Aragón-Goya 2008 reunido esta mañana ha decidido proponer a la artista Louise Bourgeois  "por la  trayectoria de una obra que, con una singular visión femenina en donde la introspección psicoanalítica se funde con la narratividad, es deudora directa de las consecuencias que el arte de Goya tiene en el presente". La candidatura ha sido aprobada por unanimidad y propuesta por el escultor y miembro del jurado Fernando Sinaga.  

En esta edición, el jurado ha estado presidido por el viceconsejero de Educación, Cultura y Deporte, Juan José Vázquez, y compuesto por los siguientes vocales: la profesora de la Universidad de Zaragoza, Concepción Lomba, el escultor Fernando Sinaga, el profesor de la Universidad de Zaragoza José Luis Pano, el miembro de la Asociación de Críticos de Arte, Jaime Ángel, el académico de la Real Academia de San Luis, Miguel Caballú y el director general de Cultura, Ramón Miranda. 

La obra de Louise Bourgeois es una de las obras más relevantes e intensas que se han producido en los últimos 30 años dentro del campo de la pintura, la escultura, el grabado y el dibujo. Su reconocido prestigio internacional viene avalado por los premios recibidos: Grand Prix en Escultura del Ministerio de Cultura Francés (1991), León de Oro en la 48 Bienal de Venecia; Praemium Imperiale, Asociación Japonesa de Arte (1999) y Wexner Prize Wall de Wexner Center for the Arts de la Ohio State University (1999).  

La obra de Louise Bourgeois es deudora en su primera etapa artística del movimiento surrealista, momento indeciso donde recoge las influencias del primitismo en su escultura sin abandonar del todo la figuración. El fuerte carácter narrativo e introspectivo de su obra, unido a su singular visión femenina del mundo, hace de ella en los años 80 una escultora que vive alejada de las tendencias dominantes. Su trabajo es aclamado por unanimidad en los años 90 al volver el arte a reconsiderar la narratividad, la visión feminista y el retorno a la figuración.  

Entre sus exposiciones más importantes destacan varias retrospectivas de su obra en el Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York, así como en las galerías Berta Chaefer Gallery, Norlyst Gallery también de Nueva York, así como en varios museos y centros de arte de Alemania, California o Virginia (EEUU) o en el Museo Reina Sofía de Madrid. Actualmente, la Tate Modern de Londres y el Centro Pompidou de París están organizando una retrospectiva de su trabajo, que posteriormente viajará al Museo Salomón R. Guggenheim de Nueva York, al Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles y al Hirshorn Museum and Sculpture de Washington a lo largo del año 2009.  

Biografía

Louise Joséphine Bourgeois nació en París el 25 de diciembre de 1911 en el seno de una familia vinculada al arte. Estudió en la Escuela Nacional de Arte Decorativo, en la Escuela de Bellas Artes y en talleres de varios artistas incluido Paul Colin, Roger Bissière, Marcel Grimaire y Fernand Léger entre otros.En 1937, asistió a clases de Historia del Arte en la Escuela de El Louvre, donde más tarde trabajaría como docente.Tras abrir su propia galería de arte, conoció al historiador del arte norteamericano Robert Goldwater, con quien contrajo matrimonio y se trasladó a Nueva York, donde ha desarrollado buena parte de su carrera profesional. Fruto del matrimonio con Goldwater tuvo tres hijos.Junto a su carrera artística, Louise Bourgeois ha formado parte de movimientos feministas para los que realizó diferentes trabajos artísticos. 

 

 

*Éste es el comunicado del gabinete de comunicación del Gobierno de Aragón. Vi la magnífica exposición de Louise Bourgeois en el Museo Reina Sofía, y me pareció de una vitalidad y una juventud increíble. Tenía ya 90 años. Bourgeois posee una trayectoria indiscutible, es a las artes como un Nobel a la literatura... Obviamente, si se ha hecho acreedora a todos esos premios, también se merecería uno bastante menor: el Premio Aragón-Goya, pero ¿era necesario que lo recibiese ella? ¿necesitaba más que otros artistas esta nueva corona? ¿Para quién es el galardón, para ella, o para el propio Premio Aragón-Goya? Desde luego el jurado es más que competente, y habrá analizado minuciosamente estos aspectos y otros muchos. El premio sigue la onda de un hábito ya adquirido con Gordillo, Rainer, Arroyo, etc... A mí esta señora me produce una inmensa simpatía... Ésta es la famosa foto que le hizo Robert Mapplethorpe.

RETRATOS DE ESCRITORES. 6 / CARME RIERA

RETRATOS DE ESCRITORES. 6 / CARME RIERA

Te doy Aragón como prenda   

La escritora Carme Riera viaja muy frecuentemente a Aragón. Le apasionan los encuentros con sus lectores y con los estudiantes de catalán. Estuvo con ellos hace unos días: “Hablan el catalán mejor que yo”, resumió. Se hizo escritora de niña, cuando se “no me sentía tan guapa como mi madre, sino fea como mi padre”, y se guarecía tras los visillos mirando el mar. Su abuela le contaba maravillosas historias de raptos, amoríos y navegantes. Años más tarde, conoció a un empresario que la invitó a cenar en lo alto del Tibidabo; de regreso paró el mini al borde de la calzada y encendió la radio: sonó, en la voz del poeta José María Álvarez, el poema “Pandémica y celeste” de Gil de Biedma. El señor, que era un caballero, la devolvió al hotel sin otra insinuación. Por entonces, Carme Riera conoció al profesor Francisco Llinàs, de quien se enamoró. Llinàs, que es químico, narrador y un melómano absoluto, había estudiado en Zaragoza y es un enamorado de esta ciudad y de Aragón. Los genios más importantes para él son aragoneses: Goya, Cajal, Buñuel, Servet, Miguel Antonio Catalán, los Saura. En su casa se lee todos los días HERALDO, “de cabo a rabo”, y se vive Zaragoza como si fuera un refugio de la memoria, el sitio al que siempre se retorna. Los fines de semana o días de fiesta Llinàs visita Aragón. Le fascinan el Somontano y sus viñedos. Es tal su afición a este territorio que cuando le sucede algo, siempre hay un parentesco aragonés detrás. Hace unos días sufrió una avería en la carretera y le socorrió otro conductor. “¿A qué no sabéis de dónde era?”, preguntó a Carme y a su hija. “De Zaragoza, claro”, dijeron. Y era verdad.  

*Retrato de Carme Riera y Paco Llinàs, poco después de haberse casado.