ANNE-SOPHIE MUTTER, NOBEL DE LA MÚSICA
EN DOS DIMENSIONES
Me deslizo,
estanterías abajo, pegada a los bordes, como un dibujo
animado abandonado por el ilustrador en el límite de la página que ya no le sirve.
Soy un espíritu libre, dicen los entendidos en cosas de la vida.
Me parece que hablan de las putos programas negros del corazón y me echo
a temblar. Inundo la casa del vecino y mojo su sofá con mi estúpido llanto
que crece, crece, crece.
Las lágrimas y los espíritus atravesamos muros y gesticulaciones
porque necesitamos cualquier sala de estar donde se escuche el sonsonete
de la televisión:
sólo para olvidarnos
por un rato de dios y de la hora de comer y para no pensar
en arrastrar los viejos tranvías que gimen bajo las banderitas
de colores, como un pastel de Disneyworld.
Así
que menos mal que te encuentro en esta tarde obtusa.
Invítame a un café y templa mi nublado
propósito. Hay demasiadas
horas, demasiados perfumes y demasiados temblores sin epicentro.
Menos mal que no has salido: déjame ver un rato
la telenovela o en la dos el documental. No diré una palabra.
En la página donde habito no funciona la calefacción y el hombre
del tiempo ha dicho que hasta mañana no saldrá el sol.
Un café suele venirme bien para la borrachera.
[Visito el blog de Sonia Fides en busca de unos de sus estupendos poemas, un poco desgarradores, que cabalgan a lomos de lo cotidiano y la imposibilidad del amor pleno, y encuentro este poema de la narradora y experta en arte y bloggera Luisa Miñana, autora de la estupenda novela Pan de oro (Mira Editores), un viaje por los talleres de los artistas zaragozanos en tiempos de Damián Forment. Me parece irónico e intencionado, otra muestra del talento de Luisa, y lo cuelgo aquí en este sábado en el que busco afinación para un texto sobre la política y la radio, que al final abandono. La radio es uno de mis medios favoritos, sobre todo como oyente.
Curiosamente, yo empecé mi vida en la prensa en Radio Juventud con Julia López Madrazo; más tarde, colaboré algún tiempo desde La Iglesuela del Cid en La Rebotica, con Fernando Rivarés y Luis Alegre (hace unos días, me encontré con un señor que recordaba cómo describía el paisaje nevado del Maestrazgo que se veía desde la ventana de mi casa), y luego trabajé en otro espléndido periodo en Hoy Zaragoza con dos espléndidas periodistas: Lorena Ruano y Mónica Farré, parejas de hecho en las ondas de David Marqueta y de Juanjo Hernández.Aquellos lunes de Ilustres, ilustrados e iluminados (que contaban con los rescates-delicias de la inolvidable Concha Salanova) fueron para mí extraordinarios. Una bella e inolvidable experiencia. Ahora disfruto igualmente desde otra posición apasionante, la de oyente de espléndidas voces, además de las ya citadas: Gemma Nierga (se ríe estupendamente), Angels Barceló (me parece maravillosa: listísima, cálida, con una dicción estupenda), Miguel Mena, Cristina Lasvignes], Javier Vázquez, Lara López, Luis del Val...]
Acabo de adquirir un delicioso libro: “Escribir” (Pre-Textos) de Henry David Thoreau, que es una selección de su diario de 16 tomos sobre la escritura y la creación literaria. El volumen, de apenas un centenar de páginas, no tiene desperdicio. De repente, en una de sus páginas, encuentro esta frase: “Un libro habría de ser una veta de oro, igual que la frase es una diamante encontrado en la arena o una perla sacada del mar”. De inmediato le aplico el párrafo al último libro del oscense de Quicena Javier Tomeo, cuya inventiva no cesa. Tomeo tiene algo de paseante cansino por su ciudad, de pasajero inadvertido en el parque o en el Coso Alto, y de invitado perpetuo al Festival de Cine. Cuando llega la primavera, retorna con un mohín de fastidio o quizá de fatalidad, pero con también con la felicidad del niño gigante que vuelve a casa por vacaciones. Tomeo va por aquí y por allá, ensimismado y tierno, delirante y gruñón. Entre ceja y ceja lleva sus sueños, sus ideas, sus imágenes, y en un bolsillo de la chaqueta algún libro raro que él lee. Uno de sus libros herramienta sobre historia, cocina, animales o criminales.
La nueva novela de Javier Tomeo se titula “Los amantes de silicona” (Anagrama, 2008) y es, como casi todos sus libros, un tratado de pensamiento, un análisis de la vida cotidiana y de las relaciones de pareja desde el prisma más verdadero: el del absurdo. Javier Tomeo es pura intuición. Tiene un extraño olfato para captar los problemas básicos de la existencia: la incomunicación, el silencio, la incapacidad de ser feliz, la soledad más pugnaz, la hipocresía... Aquí, con ingenio y con su proverbial sentido del humor, con su inclinación al disparate sin énfasis, cuenta la historia de un apacible matrimonio que ha perdido el deseo y también el amor (cuando menos el deseo del otro, el intenso amor por el otro; poseen, por cierto, una tienda de lencería) y deciden hacerse con dos muñecos hinchables, ampliamente sofisticados, capaces de hablar y de cantar ópera, entre otras virtudes, para así satisfacer su lánguida vida sexual por separado. De esa manera, Basilio compra la muñeca Marilyn, que pesa diez kilos; Lucrecia adquiere el muñeco Big John, que tiene una erección permanente y puede alcanzar, cuidadosamente estimulado, una dureza excepcional y suplementaria en su pene.
La historia evoluciona de una manera inesperada. Marilyn y Big John cobran vida y se rebelan, y su rebelión consiste en que se enamoran y consuman su atracción. A partir de ahí, Tomeo pone ante los ojos del lector el hilo de otra madeja: los personajes dialogan sobre la pasión, el hábito sexual de los animales, la fidelidad, la traición, el tamaño de los genitales o sobre un poeta turco que fornicó con una leoparda. Incluso para la muñeca Marilyn, el tamaño también importa. Lo más curioso es que todo este mundo, delirante, próximo a Kafka de nuevo, a Beckett, a Boris Vian, a Luis García Berlanga (y a su película “Tamaño natural”), a Luis Buñuel y Georges Bataille, pero también a los mundos de anticipación de E. T. A. Hoffmann, todo ese universo en realidad forma parte de una novela erótica que escribe un amigo del narrador, Ramón M.; el narrador, que se parece un poco a Javier Tomeo -se dedica “a la distribución y venta de frutos tropicales, especialmente chirimoyas y mangos”-, interfiere, corrige, apunta y sugiere a su amigo el novelista.
Así Javier Tomeo crea un artefacto estupendo de metaficción, divertido y preñado de intenciones, en el que están sus obsesiones y objetos: las relaciones viciadas, el podrido amor, la televisión, la pornografía, la irreparable crisis conyugal, la ópera, los bestiarios, la ciencia y la zoología, el surrealismo. En Tomeo siempre hay intuiciones fulgurantes. Con alguna ironía debe leerse ésta: “El nivel cultural de este país mejora cada vez más por obra y gracia de los consultorios sexológicos de la televisión”.
Curiosamente, esta novela tan desternillante como corrosiva llega al mercado cuando quitan el “Aquí no hay tomate”. ¿Habrán leído en Telecinco “Los amantes de silicona”?
Los amantes de silicona. Javier Tomeo. Anagrama: Narrativas Hispánicas. Barcelona, 2008. 144 páginas.
A Toni Catany siempre le interesaron las revistas ilustradas. En cuanto pudo pidió una cámara de plástico de fotografía. Como no podía realizar fotos tan bellas como las que veía con aquel instrumento de juguete, pidió una cámara de verdad. Y al final se la regaló un tío que volvía de Colombia, una cámara Kodak de cajón. A principios de los años 60 se fue a Barcelona a estudiar Químicas, y allí empezó a trabajar en distintos reportajes para periódicos como “La Vanguardia”, en los tiempos en que Ramón Dimas era el rey. O casi el rey absoluto de los reporteros gráficos de la vida cotidiana y del deporte.
Hacia 1967, con el escritor Baltasar Porcel fue a las Baleares menores a realizar un reportaje, en la línea del neorrealismo italiano: pensad en De Biasi o Giacomelli, entre otros. Una de las fotos más impactantes que hizo fue ésta: la de una abuela centenaria, la de su hija o la de este jovencito rapado. La foto está fechada en Ibiza en 1967. Sé que es un poco pequeña aquí, pero me parece excepcional. Figura en la exposición Toni Catany. El artista en su paraíso que se exhibe en las salas de la Diputación de Huesca. Por allí, como dos bellísimas hadas madrinas, cariñosas y listas, andan María González y Lourdes Castán. Pepe Escriche suele decir: “Son dos criaturas maravillosas. Qué belleza de crías”.
La muestra es una antológica, concebida por Pierre Borhan, y recoge todas las series y libros de Catany, excepto el último de Venecia. Aquí están sus calotipos, sus impecables naturalezas muertas en color y blanco y negro, sus desnudos, su gran mirada hacia el Mediterráneo y sus ruinas, los paisajes árabes en un espléndido color, y también su colección de retratos. Es una exposición excepcional de un hombre que también retrató el palacio de la Aljafería y que trabaja con un refinamiento absoluto: es un creador de sentimientos, de atmósferas, de estados de ánimo y, sobre todo, saber crear como nadie un ámbito de ficción que no manipula la naturaleza. Encuentro en la realidad la dimensión onírica, la fantasía, una nueva realidad.
Toni Catany. El Artista en el paraíso. Antológicas. Salas de la Diputación de Huesca. Comisario del proyecto: Pierre Borhan.
Sospecho que este retrato en blanco y negro aún le gustará más a Paco Rallo.
Me encontré ayer en Huesca, en la librería Anónima, con el pintor y diseñador Paco Rallo en la presentación de las memorias de Manuel Pérez-Lizano. Estaban muchos amigos, entre ellos el pintor Alberto Carrera Blecua, que acaba de clausurar una espléndida exposición en las salas de la Diputación de Zaragoza, el poeta Paco Grasa, el comisario de exposiciones José Ignacio Bernués... Fue, sobre todo, una presentación llena de estupendas, simpáticas e inteligentes mujeres, entre ellas, Edrix Cruzado, la esposa de Manolo, pintora y escultura, Maribel Carnicer, Carmen Carramiñana, Virginia Baig, la librera Ana, muchas...
Paco Rallo me dijo que le gustaban mucho las imágenes de este blog. Para él y para todos los amigos, pongo hoy estas imágenes de Eva Mendes y de Scarlett Johanson, que han sido elegidas las más hermosas y sensuales, entre las mujeres famosas.
*Fotografía de Eva Mendes.
Un mirón mira desde detrás de una persiana. Mira a una mujer que se halla en una habitación cuya ventana queda cerrada por una persiana. De persiana a persiana. Cuando lleva varios meses mirando a la mujer descubre que la mujer le mira. También ella es un mirón. El problema del narrador es hacer absolutamente comprensible su narración. Aparatos ópticos: prismáticos, catalejo con trípode. El lugar de trabajo del mirón: vivienda sin muebles, excepto una cama y las sillas tras las ventanas; oscuridad y temperatura adecuadas. El mirón va desnudo. [Me escribe el poeta, narrador y zoólogo Francisco Ferrer Lerín y me dice que acaba de estrenar un blog: ferrerlerin.blogspot.com. Copio este poema de 1972 y este retrato suyo, tan sugerente.]
[1972]