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Antón Castro

DISTRITO 14, C, MAGALLÓN, SÁNCHEZ VIDAL: BORRADORES

DISTRITO 14, C, MAGALLÓN, SÁNCHEZ  VIDAL: BORRADORES

El grupo Distrito Catorce, que ofrece un concierto de despedida en la sala Multiusos el sábado nueve tras 25 años de música, se despide también en Borradores con dos temas: “Soñando otra vez” y “Y si tuviera un día más”. Actúan Mariano Casanova, Quique Mavilla, Fernando Font, Mané Larregla y José Luis Seguer, “Fletes”; Casanova y Mavilla explican la trayectoria del grupo, entre vídeos y videoclips, sus viajes por Cuba y Estados Unidos, sus álbumes...

 Borradores recibe Agustín Sánchez Vidal, que acaba de publicar en Mapfre un estudio bellamente ilustrado de Salvador Dalí, donde aborda su pintura, su relación con las vanguardias y el surrealismo, sus años en Estados Unidos, su condición de visionario y de pensador multimedia. Se ofrece un vídeo de sus cuadros que dialogan con los  grandes  maestros: Velázquez, Goya, Picasso... También acude al programa la profesora y directora del Seminario para Estudios para la Paz Carmen Magallón, que habla de las pioneras de la ciencia en España, de la Junta de Ampliación de Estudios y de la Residencia de Señoritas, y recuerda su encuentro con Petra Kelly, la fundadora del partido de los Verdes en Alemania.

Borradores visita la exposición de Charo Pradas en la Casa de la Mujer, una muestra que inició en la Estancias Creativas de Albarracín, en la Casa de Julianeta, y ofrece un extenso reportaje sobre la biblioteca de Valdefierro, que acaba de recibir el nombre de Luis del Val. Su bibliotecaria y los lectores recomiendan libros.

El programa sortea tres entradas para el concierto de Distrito Catorce & amigos en la sala Multiusos el sábado nueve de febrero,con un montón de invitados: Aurora Beltrán, Enrique Bunbury, Antonio Vega... Se realizará un vídeo del concierto a cargo de Juanma Bajo Ulloa.

Borradores. Redacción: Ana Catalá Roca. Ayudante de Realización: Yolanda Liesa. Producción: Patricia Bertol, Mamen Delpón y César Quílez. Realización: Teresa Lázaro. Emisión: Aragón Televisión, a las 0.30 horas. Canal Satélite Digital, 97.

ESPAÑA, NUEVA NOVELA DE MANUEL VILAS

ESPAÑA, NUEVA NOVELA DE MANUEL VILAS

Manuel Vilas -que acaba de ganar el premio Fray Luis de León de poesía, que publicará Visor en breve-, publica estos días su nueva Novela, España, en su sello de los últimos tiempos: DVD de Sergio Gaspar. Me envía la portada del volumen y también la contraportada. Manuel Vilas es el único aragonés que figura en la antología Mutantes. Narrativa española de la última generación que han preparado Julio Ortega y Juan Francisco Ferré para Berenice, en su colección Nova. 

CONTRAPORTADA DE “ESPAÑA”

[España narra la incertidumbre y el conflicto que acompañan históricamente a la identidad nacional española, a la vez que explora la crisis de la identidad del narrador y del concepto mismo de narrativa en Occidente, enfrentados a un futuro tecnológico tan resplandeciente como sombrío, tan necesario como innecesario, tan prometedor como cruel. España es la narración del desmoronamiento de España, un paseo trágico y humorístico por sus ruinas, tal vez en búsqueda de una idea distinta de hispanidad en la que convivan el mejillón cebra y la monarquía, los viajes espaciales y Nino Bravo, ETA y el AVE, Fidel Castro y Kafka. España podría leerse como un Big bang literario: los materiales culturales, históricos o narrativos, comprimidos y organizados por nuestra tradición, estallan finalmente y se expanden. El resultado es la disolución de las identidades y psicologías reconocibles, la deformación de los protagonistas familiares, la reconstrucción de la moral, la aparición de un narrador que se fragmenta hasta volverse omnicomprensivo e incomprensible al mismo tiempo, la invitación a otra forma de pensar lo pensado y de narrar lo narrado, dos tareas interminables.] 

HISTORIA DE LA BELLA OTERO

HISTORIA DE LA BELLA OTERO

Hija de una mujer soltera, más mendicante que otra cosa, y de un paragüero remendón, Agustina Iglesias Otero fue la principal creadora de su mito: en cuanto alcanzó algo de fama y entrevió que podía volar, con su notable belleza de 93,53,92, aprovechó cada entrevista para fabricarse una leyenda. Se inspiraba en las crónicas de sucesos y en los relatos más o menos sangrientos, para construir una infancia difícil y a la vez atractiva. Le gustaba decir que había nacido en Cádiz, y que de ahí derivaba su temida furia española; los franceses --apasionados por la Carmen de Merimée y Bizet, por la hermosa morena magnificada por los viajeros románticos que descubrían un país virgen-- divulgaron de ella "una imagen racial de guitarra y pandereta, de toreros, de gitanos, de sangre", entre otras cosas porque a la joven Agustina, más tarde Carolina Otero a secas, insistía en ello en las memorias que dictó a Madame Valmont en 1926, traducidas en España por Joaquín Belda.        

La Bella Otero adornó una y otra vez su destino con amantes, fugas y compañías de titiriteros. No hubiera sido necesario: su hermosura siempre la delató a pesar de viajar de aquí para allá --en la fuente, en la campía, en medio de la noche perfumada de la Galicia--, en el cuerpo endeble de una pordiosera, nacida en Valga (Pontevedra) en noviembre de 1868. Testimonios de conocidos de entonces lo dejan claro: "La muchacha posee una hermosura diabólica que atrae hasta a la Santa Compaña y ella lo sabe", anotó una de de sus biógrafas. El violento zapatero Venancio Romero el Conainas se percató de ello y no paró hasta que la sorprendió en una encrucijada y la violó brutalmente cuando tenía diez años. Ese episodio le produjo la esterilidad y un descrédito social que la llevó al éxodo. Recuperada tras una larga convalecencia, se marchó a Pontevedra, donde se prostituyó y bailó en alguna taberna, hasta que huyó con un cómico ambulante de los muchos que había en la España de fin de siglo. Entonces apareció en escena su primer amor, Ramón Coll; más tarde, reapareció en la Costa Azul --"haciéndose amar en algunos tugurios de la zona"--, y será la figura del empresario Ernest André Jungers quien la convirtiese en estrella.
         Felizmente casado, se quedó paralizado por su carne clara, su pelo undoso y su personalidad. Se convirtió en su amante y encauzó su vocación: le contrató un profesor de música y canto, Bellini, que jamás creyó en sus cualidades, y una compañía a su servicio que le permitiese bailar jotas o tanguillos y que acompañase su discreta voz.

Jurgens, que poseía un sexto sentido del markéting y que entendía como nadie La Belle Époque y su estética del gozo de vivir, fue construyendo un mito, concentrando la atención sobre la belleza exótica de la "andaluza", hizo correr ríos de tinta acerca de ella en esos ambientes refinados donde era tan importante jugar al golf o las reuniones sociales como la presencia de las demi--mondaines, o mujeres horizontales, esas amantes de postín que daban tanto prestigio como una esposa de alcurnia. La Bella Otero, consciente de su atracción, solía decir: "Que a un caballero lo vean conmigo aumenta su reputación y le clasifica como un hombre inmensamente rico". El primero de octubre de 1890, debutó en Nueva York, en el Eden Musée, tras un recibimiento real con carruajes y gran expectación.
        

Jurgens la trató como una reina --sugirió que era hija ilegítima de la emperatriz Eugenia pero también una condesa andaluza-- y logró una gran acogida. Había perdido la cabeza y no se resistía a ninguno de los caprichos de la ambiciosa dama. Ella le era infiel con otros hombres y le reprochaba que fuese tan celoso. Volvieron a Europa, y aunque le costó triunfar en París, Bruselas o Berlín, a partir de 1892 sus éxitos se repetían allá donde iba. Su pasión por las joyas crecía día tras día, y a sus numerosos enamorados les sacaba grandes cantidades de dinero y, especialmente, pedrerías magníficas. La muerte de Jurgens --se suicidó con el gas, arruinado y desesperado por la indiferencia de la cantante y bailarina-- y el rosario de muertos de amor que le siguieron, le trajeron el sobrenombre de La Sirena de los Suicidas. Parecía rodearle un halo de malditismo, aunque algunos desesperados ni siquiera la conocían. Quizá la más terrible fue la historia del joven Edmond, que se arrojó ante su carruaje diciéndole "Te doy lo único que tengo: mi vida".
        

Rica y famosa, bella y maldita, su nombre y su figura atraían a todo el mundo. Alberto de Mónaco, que le regaló un collar de perlas de ocho vueltas, Leopoldo de Bélgica o el káiser Guillermo de Alemania rivalizaron por sus favores. Carmen Posadas recogía en el libro que le dedicó la conjetura de que Alfonso XIII aprendió a amar en sus brazos. De carácter indomable, vehemente, segura de sí misma y fría, tal vez no conoció el auténtico amor, aunque alguna vez fue definida como puro fuego, "su cuerpo frágil parece una bellísima serpiente", se dijo. En una atmósfera tan libertina como la de entonces, el juego fue otra debilidad y el principio de su ruina. Dicen que llegó a poseer más de 68.000 millones de pesetas, y todos los dilapidó. Se retiró en vísperas de 1914, y acabó malviviendo en una modesta habitación en Niza, donde falleció en 1965. Antes había adquirido una tumba para esperar la inmortalidad.
 

ARTHUR CRAVAN: PÚGIL, ESCRITOR Y BUSCAVIDAS

ARTHUR CRAVAN: PÚGIL, ESCRITOR Y BUSCAVIDAS

Los boxeadores alcanzan la gloria tras un golpe feliz. Por lo regular, dejan atrás una extraviada vida de sacrificios, penalidades y, con harta frecuencia, de delincuencia. La historia del pugilismo está repleta de nombres así: Rocky Marciano estuvo en prisión varios años antes del éxito; Jake La Motta creía deber una muerte al mundo; Sonny Liston tenía un pasado turbio de delitos y faltas, y acabó sus días como los empezó: en el abismo, en el alcohol, en las drogas y en el olvido. El caso de Fabian Avenarius Lloyd no es exactamente este, pero tampoco el contrario. Nació en una familia burguesa en Lausanne, era sobrino de Óscar Wilde, pero pronto sintió –como su tío, repudiado y procesado por sus amores con Lord Alfred Douglas- la llamada de la mundanidad, de los márgenes.

Un día, en 1910, decidió dejar su tranquila existencia y partió a París. Llevaba no sólo la caliente sangre del futuro boxeador en el cuerpo, sino la pasión por el arter y en particular por la poesía. Medía dos metros, era atractivo, rubio, espigado: el arsenal de incitaciones que muchas mujeres querían explotar. Se había descubierto atleta y boxeador muy pronto, igual que su hermano Otho Lloyd, y se coronó campeón de Francia tras ir eliminando rivales, más por su contundencia y su descomunal complexión que por su clase. En la gran noche, se halló sin rival (se dice que ni compareció) y pudo ostentar el título. Algunos dicen que incluso llegó a ser campeón de Europa de los pesos semipesados, así figura en los diarios. Y ahí, él mismo inició la cascada de su leyenda. Hizo casi de todo, y a veces no se sabe en qué momento: trabajó en la industria, fue mulero y recolector de fruta, polizón de hotel, leñador en los bosques de Francia, cochero en Berlín, donde solía amanecer entre prostitutas y alcohol. Y fue, esencialmente, director de una revista mítica como “Maintenant”, que fundó en 1912 y cerró en 1915, y un constante promotor del arte de la provocación, que era el medio en el cual se sentía más cómodo. Desde las páginas de “Maintenant”, escribía de todo: poemas y críticas de arte. Criticó con severidad el nuevo arte de Pablo Picasso y Francis Picabia; ataque que le valió siete días de cárcel. Además, adoraba los coches y los trasantlánticos y se sentía un moderno aficionado a la polémica y a las malas calles.
         

No pasaba inadvertido. Su figura atrajo a artistas como Blaise Cendrars (“Arthur Cravan fue el profeta del dadaísmo”, llegó a decir el poeta), al propio Picasso o a Marcel Duchamp o a Renée Hayden, casada con el pintor cubista polaco Henri Hayden, que fue su primera esposa. En 1915, tras haber puesto el cierre a “Maintenant”, aparece en Barcelona como profesor de pugilismo del Club Maritim de la ciudad y más tarde en Mallorca, junto a un artista holandés: Kees van Dongen. Su vida pasó por épocas de grandes penurias económicas, y el año 1916 ideó trasladarse a Nueva York. Una idea fulgurante la pasó por la cabeza: había coincidido en alguna ocasión con Jack Johnson, el fabuloso ex campeón del mundo de color de los pesos máximos (había sido derrotado en una extraña pelea ante Millard en Estados Unidos), y le propuso un combate en Barcelona. Cravan sabía íntimamente que nada tenía que hacer, pero se repartirían la bolsa y podría marchar. El combate, publicitado hasta la exageración debido al sentido del espectáculo de Cravan, se celebró en la plaza de toros de Barcelona el 23 de abril de 1916. La actitud del poeta boxeador no fue nada ejemplar: en el sexto asalto, en medio de los abucheos, recibió un impacto y se echó a dormir.

         Cumplió su sueño. En Estados Unidos le esperaba un nuevo sueño: la poetisa Mina Loy (1882-1966), a la que admiró nada más verla. Poseía inteligencia, encanto, una belleza nada desdeñable y un don para la lírica (ratificado por el paso del tiempo. Hoy tiene un gran crédito). El aventurero Cravan le escribió desde México y logró que Mina Loy se trasladase con él. Vivieron pocos meses juntos, poco más de un año, “en la fuente del hechizo”. Cravan se compró un barco fuerte y sólido, navegaba por el golfo de México, y un día no regresó. Tenía 31 años. Mina Loy no iba a olvidarle jamás, ni los pintores, ni los literatos ni los cineastas como el gerundense Isaki Lacuesta que rodó un documental sobre su vida y su leyenda: “Cravan vs. Cravan”, que interpreta el boxeador francés Fran Nicotre. Lacuesta no sólo habló con su biógrafa oficial, Maria Lluïsa Borràs, o con Eduardo Arroyo (biógrafo de boxeadores como Panamá Al Brown), sino que contactó con el único testigo de aquel combate: Juli Lorente, que entonces tenía siete años.        

Arthur Cravan, como si hablase para el porvenir, se definió así: “Yo soy todas las cosas, todos los hombres y todos los animales”.

EL EMBRUJO DE ÁLVARO CUNQUEIRO

EL EMBRUJO DE ÁLVARO CUNQUEIRO

Se habla tanto de Alvaro Cunqueiro (1911--1981) en Galicia que parece que desde que uno nace ya debe conocer su existencia o saber que se trata de un escritor importante. Fundamental para nosotros. Yo había oído hablar mucho de él, incluso hacia 1976 ó 1977 leí una entrevista en una revista que dirigía Víctor Freixanes y en la cual colaboraba un jovencísimo Manuel Rivas, Teima, donde le hacían una entrevista al autor de As crónicas do sochantre. Decía: "Si yo le hiciese caso a las puñeteras manías de este país, hace años que hubiera dejado de ser escritor". No entendí muy bien a qué se refería, pero sentí curiosidad por saber qué le reprochaban.          

Al día siguiente, me fui a la sección de Gallego de la Biblioteca de la Universidad Laboral donde estudiaba Electrónica, desgraciado de mí. Y curioseé en los ficheros con sus títulos en castellano y gallego: Las mocedades de Ulises, El año del cometa, Tesouros novos e vellos, Os outros feirantes y Merlín e familia, que además era de las más antiguas. La saqué e intenté leerla varias veces: siempre me perdía y volvía a empezar. Me gustaban los títulos de los capítulos, el episodio de la sirena, la complicidad del viejo Merlín y de doña Ginebra varados en una fraga de Lugo, en Miranda; me sentía revivir en la historia de amor del niño que cuenta y de la muchacha, Manoel y Helena, pero sólo intuía las cosas, no lograba descifrar muy bien nada de aquel mundo ucrónico que lo mismo fundía una historia rural de los años 50 con un pasado de leyenda salido de Las mil y una noches. Así era Cunqueiro: imprevisible, extravagante, fabulador y raro. Incluso en su forma de escribir: afirmaba negando, y redactaba un gallego que yo desconocía por completo, parecía medieval o lejano: un lenguaje inextricable matizado por rumores de lluvia y cánticos taciturnos y maliciosos de sirena sola en altamar.
        

Por aquellos días andaba yo muy interesado en el teatro y en investigaciones parateatrales con Teatro Circo. Cada vez que iba por el local que estaba cerca de la playa del Orzán, encontraba al grupo ensayando bajo las órdenes de Manuel Lourenzo. Un genio. En los primeros tiempos preparaban A noite vai coma un río de Cunqueiro, con una espléndida y rubia Luisa Merelas, creo recordar. Y luego empezaron a montar O incerto señor don Hamlet del escritor de Mondoñedo. ¡Cómo disfrutaba en aquellos ensayos, qué emoción meiga de magia y añoranza cada vez que oía aquella poesía encantada, el secreto de los bosques hecho sílabas!
        

Cada noche, volvía para Arteixo en el último autobús que había: el de las diez y media. Y un día me di cuenta de que en él viajaba también uno de los actores: Xan González Eirís, que iba hacia Carballo, donde vivía y trabajaba en un banco. Era y es un actor extraordinario. Jamás podré olvidar aquellos viajes: me enseñó literatura, música (él me invitó al primer concierto, y al segundo y al tercero y al cuarto, de la Sociedad Filarmónica) y un día le dije que no podía leer a Cunqueiro. Que lo había intentado con varios libros pero que me era imposible.
        
--¿Conoces Merlín e familia?
        
--Ese es el libro que más me ha hecho padecer.
        
--No puede ser. A Cunqueiro hay que leerlo por el placer de leer. Es el escritor más feliz del mundo. Encarna el duende de la palabra.

         Volví a intentarlo y logré comprenderlo por fin, conseguí absorber su misterio, esa ardua y cristalina mezcla de vida cotidiana, tan semejante a la mía, adolescente de aldea, y de trasmundo. Luego ya me zambullí en él con desafuero y encontré el mundo clásico, el mundo medieval, personajes extraordinarios, una erudición excepcional y sospechosa cuando quería, de ingeniosos apócrifos, viajes y amores y picardía, y una prosa sabrosísima que me invitaba a soñar como un narcótico o como un filtro de enamorar.

*Rondalla romántica de Mondoñedo que presidía un esbelto y altísimo y soñador Álvaro Cunqueiro Mora.  

EL MAGNÍFICO DE BREGA, SACRIFICIO Y REMATE

EL MAGNÍFICO DE BREGA, SACRIFICIO Y REMATE

He aquí el equipo del Real  Zaragoza, dirigido por Luis Belló, que venció al Atlético de Madrid en la final de Copa del Generalísimo: 2-1. Yarza; Cortizo, Santamaría, Reija; Isasi, Pepín; Canario, Santos, Marcelino, Villa y Lapetra. Eleuterio Santos ya había reemplazado al estilista y polémico Duca.

ADIÓS AL MAGNÍFICO MÁS LABORIOSO: SANTOS

ADIÓS AL MAGNÍFICO MÁS LABORIOSO: SANTOS

Ayer por la tarde, a las 18.45, llamó Rubén Ramos para anunciar que había fallecido en Tenerife, a consecuencia de un cáncer, Eleuterio Santos Brito, aquel interior trabajador, de despliegue y remate, que formó parte de Los Cinco Magníficos. Santos llegó al Real Zaragoza en marzo de 1963, procedente del Tenerife (donde deslumbraba un domingo sí y otro también), cuando el equipo iba a iniciar sus grandes éxitos, y se fue en abril de 1972 al Tudelano. Fue el último magnífico en marchar.  Al principio, no pudo eclipsar la figura del brasileño Duca (éste jugó la final de la Copa de Ferias ante el Valencia a finales de junio  de 1964), pero ya formó parte del equipo que venció en los dos títulos de la Copa del Generalísimo, en 1964 y 1966.

El exjugador de Cieza, el catedrático de la “media de  seda”, Luis Belló, alineó a los magníficos por primera vez un 22 de  abril de 1964: Darcy Silveira Canario, Eleuterio Santos, Marcelino Martínez Cao, Juan Manuel Villa y Carlos Lapetra. Santos era un interior de batalla constante, un jugador de sacrificio, con un gran fondo físico y una gran personalidad. Poseía sentido del remate, excelente disparo de interior, llegada al área y era uno de esos estupendos  jugadores de equipo que el Real Zaragoza ha tenido a lo largo de su historia: Samu, Estiragués, Herrera, Villarroya, Pérez Aguerri, Víctor Muñoz.

La primera vez que lo vi fue por televisión, cuando vivía en A Coruña, y recuerdo uno de sus goles de sábado en La Romareda. Marcó 98 tantos, y es el quinto máximo goleador en la historia del club, tras Marcelino, Joaquín Murillo, Pichi Alonso y Miguel Pardeza.
Fue internacional en una ocasión, en 1968, en Malmoe, en un partido especial para los canarios: aquel día formaron en el combinado Tonono, Castellano, Guedes  y Germán, todos canarios, y él. Como curiosidad, la  alineación de aquel dos de mayo fue la siguiente: Iríbar (Sadurní); Sáez, Gallego (Castellano), Canós; Tonono, Guedes; Rifé, Santos, Luis (Bustillo), Germán y Pepe Claramunt.

NUEVO LIBRO DE ÁNGEL PETISME*

NUEVO LIBRO DE ÁNGEL PETISME*

TEXTO DE PRESENTACIÓN DE PETISME

Un hombre en la consulta del dentista mientras caen las Torres Gemelas, una estatua que cobra vida en el desierto de Monegros y ruge como un profeta del siglo XXI, una mujer amamantando a su bebé a punto de embarcar en un cayuco, un perro esperando a su amo durante veinte años, un pintor obsesionado con los paisajes límite, un mar que padece de insomnio y odia a Bill Gates porque los niños sólo navegan por la Red, dos amantes devorándose en un hotel de Brooklyn, un poeta que se baja los pantalones en un puente de Córdoba y le enseña el culo a la luna, un corazón con brazos del Ikea arrastrado por el agua de la lluvia en Lavapiés, Gerónimo - el jefe apache- vendiendo souvenirs a los turistas en la reserva, la cárcel negra de El Aaiún, el cierzo en las puertas de Bagdad recordándote que no es hora de morir todavía, un tren bajo las lágrimas de la noche, el circo Dolor acampando a las afueras de la ciudad, son algunos de los personajes, escenarios e historias cruzadas que transitan por este libro vigoroso y sin etiquetas, que combina la prosa y el verso y utiliza recursos cinematográficos y teatrales para proponer una denuncia poética del mundo y cantar al amor con un lenguaje visionario y contundente.

UN INDIO EJEMPLAR

Gerónimo, el gran jefe apache que se enfrentó al hombre blanco, acabó sus días en una reserva de Oklahoma vendiendo souvenirs a los turistas: joyas, casitas de barro, atrapasueños.
Su nombre indio era Gokhlayeh, el que bosteza. Cuando las tropas mejicanas de Sonora asesinaron en una incursión a su mujer, su madre y sus tres hijos, dejó de bostezar. Tanta sangre le quemaba en las manos, la tierra bramaba como un bisonte en sus ojos insomnes y negros. Prendió fuego a su tipi y la ropa de su familia y partió en busca de Cochise, jefe de los chiricahuas. Atacaron en los años siguientes ciudades mexicanas y pasaron a cuchillo a los enemigos. El sol de la memoria dejaba de ser suyo, hervían las praderas, hervía la Sierra Madre.

-¡Buen día para morir!- exclaman los indios al levantarse, cuando luce el sol y el tiempo aclara. Y su tribu fue masacrada, expulsada de Arizona confinada en reservas. Los rostros hieráticos y surcados de arrugas veían cómo el mundo dejaba de ser suyo. Más de cinco mil soldados y quinientos exploradores, apaches la mayoría, persiguieron durante años a sus doscientos guerreros. Malaria y tuberculosis, hambre y agotamiento diezmaron su ejército de sombras y rebeldía.

Cuando Gerónimo se rindió el 9 de septiembre de 1.886 y aceptó su traslado a la prisión de St. Auguste, Florida, quedaban 16 chiricahuas, 6 niños, 14 mujeres. Arrancó a los mandos la promesa de devolverlos pasado un tiempo a Arizona. Pero como la lengua de los reptiles así es la palabra bífida del poder y la piedra con que sellaron el tratado nunca se hizo polvo.
Cinco años antes de morir la Oficina de Asuntos indios lo llevó a la Feria de San Luis y el viejo jefe ganó algo de dinero vendiendo sus autógrafos. Jamás volvió a la tierra donde creció, a las grandes praderas de los atrapasueños; el hijo de muchas nubes no tocó el arco iris de sus antepasados.

El 15 de febrero de 1909 hallaron al gran caudillo de la resistencia contra Estados Unidos en el agua, borracho y con pulmonía. El güisqui, el virus más persistente de los blancos, llevó a la muerte dos noches después a Gokhlayeh, el último apache. ¡Buen día para morir! Souvenirs, casitas de barro, atrapasueños.


Era un indio ejemplar según los mandos de Fort Still. Hoy quedan en los Estados Unidos 900.000 indios distribuidos en reservas.
 

Ángel Petisme  

*Demolición del Arco Iris es el nuevo poemario de Ángel Petisme. Lo publica la editorial Baile del sol, y se presentará en toda España en breve. El autor ha preparado un amplio programa de presentaciones. La foto de Gerónimo es de Edward S. Curtis.

Presentaciones

Febrero-Marzo

BILBAO. VIERNES 8 febrero. Casa del Libro. 19, 30 h. (Alameda de Urquijo, 9).
Intervendrán: José Blanco y el autor.
IRÚN. SÁBADO 9. Encuentro poético con Ángel Petisme. Ateneo Kabigorri. 20 h. Éste es un maravilloso espacio donde hace algunos años hablamos con Ángel, José Antonio Aguilar y otros amigos de Miguel Labordeta. Dos de sus ángeles tutelares son Luisma y Miren.
ZARAGOZA. VIERNES 22 Febrero. Centro de historia. 19, 30 h. (Plaza San Agustin, 2).  Intervendrán: Ignacio Escuín Borao, Jesús Jiménez Domínguez, el actor Ricardo Joven y el autor.

BARCELONA. VIERNES 29. Universidad Autónoma Barcelona. Facultad Letras. 13 h.
Biblioteque Jaume Fuester. (Gracia.
Pl. Lesseps, 20). 19 h.

Intervendrán: Clara Sánchez, David Castillo y el autor.

MADRID. VIERNES 7 Marzo. Círculo de Bellas Artes. Sala Nueva. 19, 30 h.

Intervendrán: Fernando Beltrán, Ruth Gabriel, Ángel Guinda y el autor.