Blogia

Antón Castro

DEL POETA DE BURBÁGUENA, ENRIQUE VILLAGRASA

DEL POETA DE BURBÁGUENA, ENRIQUE VILLAGRASA

LA PALABRA COMO MAR DE AMOR 

Enrique Villagrasa nació en Burbáguena, Teruel, una villa de aroma medieval y estirpe mudéjar que se asoma al río Jiloca. Un río que corre con un vértigo de centellas y de frondas. A Enrique Villagrasa le gusta recordar una y otra vez que es de allí, que bajo el celaje preñado de estrellas, al pie de las suaves colinas de plomo, descubrió el poder de los sueños: la energía indomable de las viñas, los secretos del cementerio, el aroma de las cosas del campo. Y también la persuasión de las voces familiares (“soy hijo y nieto de labradores y albañiles”, dice a la menor ocasión), el vuelo exacto de los pájaros en la tarde infinita, el regreso de los hombres de la siega y las tertulias. Incluso, antes de que sintiese la llamada de la palabra, percibió otra imagen: la de un ser alado y grandioso que sobrevolaba el mundo en una llama de luz.

Enrique Villagrasa fue un niño místico, iluminado por la fe y por el candor absoluto de la pureza. Él quería ser ángel, misionero, profeta de ese sentir inefable. Luego, la vida le reveló la amplitud del mar y sus ecos, y conoció otras formas del poema: leyó a Rosalía de Castro, transido de amor, de desgarro y de sombra; percibió el aroma insuperable de la piel complementaria, se abandonó a una nueva y rotunda ansia de belleza. Desde entonces, han pasado estaciones completas con su agenda de verdad, y han pasado varios poemarios, más, más de una docena. Si hubiese que resumirlos, y es casi una irresponsabilidad, cabría decir que Villagrasa ha escrito en ellos del amor y de la poesía, con una lírica escueta que sugiere y evoca, que pinta atmósferas y ráfagas de paisaje interior, adelgazándose como un junco mecido por la brisa de un anochecer en la playa. En realidad, Enrique Villagrasa ha escrito de todo: de sí mismo y de los otros, de lo que ve y de lo que siente, de lo que sueña, de lo que intuye, de lo que debió haber sido y se esfumó como una melodía que surca el aire. De la carne y del beso.        

Publica ahora Línea de luz, un título que es casi una poética. Villagrasa aspira a la claridad y lo hace con la retórica escrupulosa de lo exangüe, de lo medido, de la finísima precisión de los vocablos. Se identifica con José Ángel Valente, con Antonio Gamoneda, con José Hierro, con Giuseppe Ungaretti, con Claudio Rodríguez, un pariente lejano e imprescindible de la mística pagana. En Línea de luz están esa apetencia de concentración y esbeltez de la melodía, ese chorro estricto de lenguaje que a veces suelta algunas gotas, algún espasmo, una herida de arroyos y de espuma sobre el paisaje. El tema del libro es, en el fondo, “la palabra que da la vida”: la poesía fecundada de realidad interior y exterior, las quimeras del poeta, la convicción de que “Todo reside en la palabra”. Para Enrique Villagrasa la realidad está ahí con sus accidentes y sus simas, pero sólo se transparenta y se alza de nuevo, en sus mejores gestos, cuando es escrita y reinventada, cuando habita los versos y se hace poema. Canción. Himno de la noche. Confidencia. Caricia.
Es en ese instante cuando notamos que el libro tiene escenarios, olores, personajes o sombras, y acaso un ámbito apacible de alucinación y fuga. Podríamos imaginarnos así el cuento del poeta: el hombre que escribe, ebrio de poesía, está en la orilla del mar, amando ciegamente a un cuerpo cómplice, y percibe que el océano, en su incesante batallar, es el amante que se renueva de deseo, de ternura, de furia. El mar es como la metamorfosis de un alter ego poderoso que también persigue y encuentra el orgasmo. “Dintel. // Llega a ti. Penetra //raíz oscura. Esencia.// Enjundia brutal. Trueno.// Luz  de llama // fulgor de rayo. // Orgasmo.” ¿Acaso no suscribiría el mar este latigazo de la sangre? ¿No es el poeta quien así ve el mar, su apetito de fauno y su entrega, y su brutal acometida de felicidad? A veces, parece haber una leve indefinición: ¿quién canta al amor y sus espasmos, el poeta o el mar?

El hombre que ama se encierra en sí mismo, lejos de las cervezas y de las gaviotas, y medita sobre su oficio. Se pregunta. Juega. Define el oficio de vivir en la poesía. Se mira en el exuberante cuerpo de la pasión que empuja a crear, a generar otras palabras contra el vacío y a favor del éxtasis. Repasa la piel, los ojos, los sudorosos senos donde se ha vencido. En ese lapso de soledad, al margen de la luna y las fogatas, recuerda y viaja a Burbáguena, donde oye pasos, percibe sonidos familiares, pasea con el sigilo del último buscador de setas. Al final, el hombre que ama decide jugar también al juego de hacer sonetos. Endecasílabos perfectos, dice con alguna ironía. Se coloca ante el espejo sin fondo de la tradición y la manosea y la tienta. Tal  vez no sea la mejor parte del libro, quién sabe, pero sí es un homenaje al oficio, a la disciplina magistral del prodigio sonoro, a unos cuantos maestros memorables, como José Hierro, sonetista metafísico desde Nueva York.

Línea de luz, por tanto, es Enrique Villagrasa en estado puro: un paso más hacia su forma de ver el mundo. Un camino de madurez y de obsesiones renovadas. La poesía es una forma de vida. La vida es el núcleo y el aliento de la poesía, ese territorio donde las formas y las sombras alcanzan la plenitud solar de la luz, el misterio lunar del asombro mientras se estremece el mar. 

*La fotografía es de un artista francés espléndido: Pascal Renoux.Ese texto es un prólogo para su libro Línea de luz, que publicará Olifante, Ediciones de Poesía.

            

ESTA NOCHE, BORRADORES: BRIAN ENO, DAVID ANGULO, SAHÚN...

ESTA NOCHE, BORRADORES: BRIAN ENO, DAVID ANGULO, SAHÚN...

Borradores recibe hoy al  cantante, actor y diseñador David Angulo, que interpreta dos temas de su nuevo disco: “Habitación 404”: “1 canción cada día” y “12 rosas”. Además, acuden al plató las escritoras Magdalena Lasala, que acaba de publicar “Zaida la pasión del rey” (Fundación José Manuel Lara) y un nuevo poemario amoroso,  y Angélica Morales, autora de “Piel de lagarta”, una colección de relatos sobre el universo de los zapatos. Ambas comparten muchas cosas en común: les apasiona la novela histórica, Ángela escribió una biografía novelada de Benedicto XIII, y tienen una visión lírica y apasionada de la vida. 

Se ofrece un extenso reportaje sobre la muestra “77 million paintings” de Brian Eno, donde el músico y artista habla parsimoniosamente como si fuera un actor. Se visita la exposición retrospectiva de Daniel Sahún en el palacio de Sástago, la muestra del cartelista, publicista y diseñador Juan Tudela en el palacio de Montemuzo, y la muestra de montajes fotográficos de Patricia Albajar y Antonio Altarriba, que se  exhibe en la Casa de los Morlanes con el título de “El elefante rubio”. Los libreros de Los Portadores de Sueños recomiendan varios libros recientes.
 

*Esta foto es de una artista rusa Belkina. Me ha gustado mucho y la pongo aquí. Bien podría ser una imagen de Brian Eno o de Albajar/Altarriba. Borradores se emite esta noche a las 23.30 horas.  

UN POEMA DE ÁLVARO TATO. PREMIO HIPERIÓN

UN POEMA  DE ÁLVARO TATO. PREMIO HIPERIÓN

LA BAILARINA 

De la orilla al caudal,
De la vigilia al sueño
Pasa mi voz callada
Por el puente del cuerpo. 

De la sala al jardín,
Del mundo al pensamiento
Pasa mi voz sin letras
Por la puerta del cuerpo. 


De otra sombra a esta luz,
De este día al recuerdo
Pasa muda mi voz
Por el túnel del cuerpo. 

De la piel a la piedra,
De la sangre al veneno,
Por el cuerpo sin nombre
Mi voz pasa en silencio. 

*Esta tarde, en la librería Cálamo, se presenta el premio Hiperión de poesía, que han compartido “Cara máscara” de Álvaro Tato, del cual reproducimos este bello y sutil poema, y “El jardín olvidado” de Luis Bagué. El primero vincula su poesía al teatro; el segundo a su vida universitaria. Ambos han nacido en 1978. Son dos poéticas muy diferentes, pero muy sugestivas.

*La foto es de Alex Gorset.

UNA ENTREVISTA CON CARLOS SAURA*

UNA ENTREVISTA CON CARLOS SAURA*

“Vivo el cine como una aventura” 

 Carlos Saura tiene un fogoso espíritu adolescente. Es un inconformista constante con una habilidad especial para la creación. A su reputación como cineasta, se le suma en sus últimos años su condición de escritor -acaba de aparecer la novela “Elisa, vida mía”-, y la recuperación de su trayectoria de fotógrafo en antológicas o en libros como “El rastro” o “Flamenco”. El Festival de Cine de Huesca le rinde un gran homenaje en un proyecto coordinado y concebido por Chus Tudelilla y Paco Algaba.

Hace unos días, cuando presentó la novela “Elisa, vida mía”, un periódico lo presentaba como un hombre hiperactivo.

¿Hiperactivo? Bueno, estoy activo, no puedo parar, se me acumulan los proyectos. Quería escribir esta novela, me perseguía. La idea de Círculo de Lectores / Galaxia Gutenberg era publicar todos mis guiones, pero les dije que antes me gustaría hacer la novela de “Elisa, vida mía”, que creo que es muy diferente al guión. El argumento es el mismo, pero hay aspectos más desarrollados.

Como el personaje de Carmen Alvarado, la mujer asesinada, ex amante de Luis. Al lugar del crimen acude cada 22 de septiembre su asesino en moto...

Sí, de eso se hablaba en la película, pero los personajes estaban sólo abocetados y aquí se cuentan más cosas. No se sabía muy bien si era real o una invención del protagonista, Luis, que encarnó Fernando Rey, y creo que es un personaje decisivo en la trama.

Esa obsesión por el crimen, porque hay algunos crímenes y suicidios más, ¿nace de su última película, “El séptimo día”, basada en la matanza de Puerto Hurraco?

En absoluto.

¿Ni siquiera de su vieja pasión por las novelas policíacas?

Tampoco. Más bien está relacionado con mi próxima novela, “Ausencias”, donde cuento la historia de un coleccionista de cámaras fotográficas, que en eso se parece a mí. La fotografía quizá sea el mundo que mejor conozco. Y también está vinculado a una serie de cuentos que estoy escribiendo sobre fotografías y fotógrafos. La foto tiene esa cosa misteriosa que me intriga: tiene la virtud de convertir el presente en pasado de inmediato.

Eso mismo lo dice en el libro.

Hasta que no aparece la fotografía no teníamos una imagen del pasado, de los hijos, de la familia, de las cosas. La fotografía ha significado una verdadera revolución de la vida. Ha eliminado una serie de posibilidades imaginativas de nuestro pasado porque, de alguna manera, lo fija.

¿Es cierto que “Elisa, vida mía” parte de una fotografía que le regaló su entonces suegra Oona O’Neill?

¿De dónde ha sacado eso? Ahora recuerdo, sí, que, en la casa de Charles Chaplin, la madre de Geraldine tenía un álbum de su madre, la mujer del dramaturgo Eugene O’Neill. Era una cosa un poco esquizofrénica. Ella había recortado las fotos y las había colocado sobre un fondo negro, y tenían comentarios en letra blanca. La madre de Geraldine aparecía siempre desenfocada, como si se hubiera movido. Me pareció atractivo e inquietante. Los álbumes familiares me fascinan.

Es una recurrencia de casi todo su cine. He tenido la sensación de que en el libro están condensadas muchas de sus obsesiones. Por ejemplo, su forma de entender la vida y el cine como un ejercicio de representación a la manera calderoniana. En la novela, se representa “El gran teatro del mundo”.

Me ha fascinado mucho esa obra, es una cosa maravillosa ver cómo los personajes se rebelan contra el autor, algo que luego harían Luigi Pirandello o Bertolt Brecht, es como si pidieran su propia autonomía, aunque luego lo importante es cómo se hace el papel. Sé que esta es una moral muy discutible. Cada uno debe hacer bien el papel que le toque, aunque sea el de miserable.

También decía Agustín Sánchez Vidal, me parece, que “Elisa, vida mía” nació del encuentro con la Égloga I de Garcilaso, y de una grave enfermedad de su padre...

A veces se escriben cosas rarísimas sobre mí, y yo las encuentro estupendas. Es cierto que existió una dolencia de mi padre, luego superada. En todo lo que hago hay mucho de autobiográfico, cosas que transformo a mi antojo, que fantaseo sobre ellas. Y eso ocurre en “El séptimo día”, en “Buñuel...”, en “Dulces horas”, en todas partes. Fantaseo sobre conversaciones, recuerdos y sueños.

Lo que parece muy evidente es que cada vez se siente más cómodo en la escritura.

Desde luego. Lo que he pretendido en este libro es la reiteración de las cosas. Cuento un mismo episodio de formas distintas cada vez. Mis personajes son obsesivos como yo, y aquí nunca se sabe con certeza lo que es verdad o lo que es mentira. No sabes bien si Elisa cuenta una historia o la imagina, y esa atmósfera, esa mezcla de estados de ánimo y de hechos, me resultaba muy atractiva.

Usted señala que hay que ponerle un límite a la imaginación.

Es cierto, porque si no te pierdes. Y eso vuelve a ocurrirme en “Ausencias”, donde dedico un capítulo exclusivamente a hablar de cámaras fotográficas, que es un hobby para mí, una pasión. A mí me gustan las máquinas mecánicas o analógicas, tengo alrededor de 600 o más, pero ahora para trabajar me inclino por las digitales porque me gustan mucho las impresoras, el retocado, el trabajo en photoshop, la rapidez. Soy un experto en photoshop.

Aún está reciente su deslumbrante libro de fotografía, “Flamenco” (Círculo de Lectores / Galaxia Gutenberg, 2004).

Me he quedado sorprendido yo mismo. Eran fotos ocasionales que había ido haciendo en mis películas, así, un poco tal como venían. Y ahora al verlas reunidas en un libro tan lujoso me ha resultado verdaderamente placentero. Ha sido un regalo.

Sigamos con las obsesiones de su novela, de su cine y de su vida. Por ejemplo, hablemos de la música. En “Elisa, vida mía”, suenan Erik Satie, Rameau...

Soy un completo amateur, pero me gusta mucho la música francesa. Bueno, más a Elisa que a mí, que soy un enamorado de la espléndida música alemana.

¿Un amateur, señor Saura? ¿Quién le va a creer tras haber leído su prólogo a “Flamenco” o haber visto “Carmen”, “Sevillanas”, “Tango” o “El amor brujo”?

Sí, un amateur, aunque tengo muy buen oído.

Ha dicho en algún lugar que su padre cantaba a Carlos Gardel y a Imperio Argentina. ¿A quién canta Carlos Saura?

No canto nada, pero me hubiera gustado tener una voz maravillosa, o sencillamente buena, para entonar canciones. Escucho todo tipo de música, clásica en especial, pero también música actual. Soy un poco extraño en mis gustos. Me gusta un poco de todo: la música popular de los distintos países, Bruce Springsteen, Tom Waits, aunque no todo. Me ocurre algo curioso: cuando escucho una sinfonía tengo poca paciencia, es como si quisiera ir directamente a lo que me va a gustar. Eso me ha pasado con un cuarteto para violoncello de Brahms, que he utilizado en una de mis películas favoritas: “El sur”, basada en el cuento de Borges.

Insisto un poco más con la fotografía porque en los últimos años hemos visto muchos proyectos suyos de esta disciplina: el ya citado libro “Flamenco”, pero antes vimos más de 150 obras de fotoperiodismo en Barcelona, en la línea de Eugéne Smith o Ramón Massats, o sus fotos para el volumen “El rastro” de Ramón Gómez de la Serna.

Siempre he fotografiado por puro placer. Al principio, más que seguir a nadie, era un reportero que quería hacer un libro sobre la España de los 50 / 60, una España tremenda, apasionante, hermosa, y ahí sí había coincidencia con algunas cosas de Ramón Massats, pero aquello se quedó en agua de borrajas. Y ahora sigo haciendo fotos de familia, de los paisajes de donde vivo, retrato mi entorno, la mudanza de las estaciones, hago cientos de fotos que sólo me sirven a mí y que, en algunos casos, como ocurrió en “El séptimo día” (que sirvieron también para la localización del pueblo donde se rodó), puedo utilizar en mis películas. En todo caso, hago con las fotos un carné de notas y de recuerdos. Es como un diario íntimo.

Esa película levantó una gran polémica y usted recibió algunos insultos. ¿Qué ocurrió luego, en su estreno en Mérida?

Es cierto, hicimos una proyección en Mérida para despejar algunas incógnitas y que se viese que obramos de buena fe. No había razón para el malestar. Vino gente de Puerto Hurraco y pueblos próximos, y la acogida fue magnífica. No vino el presidente Ibarra pero sí otras fuerzas locales, y luego no quisimos abusar de lo ocurrido. Dejamos que la película siguiese su camino. Tuvo un gran eco en Canadá, en Toulouse, donde acaban de hacerme un homenaje, y en Londres, de donde acabo de volver. Estoy muy contento. Ha sido muy agradable y gratificante.

¿Sigue siendo su lema aquello de “Hay que arriesgarse”?

Lo sigo diciendo. El cine es una aventura, y así lo vivo. Y la literatura, y la fotografía, y la pintura. A mí me gusta siempre ir más allá. Improviso mucho en los rodajes, cambio cosas, no tengo ningún respeto a los guiones, no respeto ni mis guiones, y ahí tiene un ejemplo: se han publicado algunos y les he añadido algunas cosas. No respeto el guión original, lo haya hecho otro o yo.

¿Ni siquiera respeta a Rafael Azcona?

Tampoco. Ni los de Ray Loriga, que escribió para “El séptimo día” unos diálogos frescos y peligrosos, me gustaban mucho, por ejemplo, los de las niñas. Entiéndame, trato de respetar al máximo los guiones, pero es un material de trabajo susceptible de cambios. Yo no conocía a Ray Loriga, ni había visto su película ni había leído sus libros. Un día me llamó el productor Andrés Vicente Gómez y me dijo que Ray Loriga había escrito un guión sobre Puerto Hurraco y que había dicho que debía rodarlo yo. Lo leí y vi que era estupendo. Me daba envidia que no lo hubiera escrito yo, ésa es la verdad. Luego, ha sido un rodaje comodísimo entre espléndidos actores.

¿Sigue pensando que se lo debe todo a los franceses y a los alemanes?

Sí, les debo muchísimas cosas. A Cannes, a Toulouse, a Berlín. España es un país muy raro. Pero la consideración que se tiene de mí también ha oscilado, va por oleadas. Ahora parece que estoy mejor visto. Los jóvenes, tal vez piensen con razón: “Y este pesado, ¿por qué no se va ya?”. Pero también veo un respeto que no veía antes, aunque nada tiene que ver con lo que ocurre en Canadá o en Toulouse: ahí la gente se levanta, te aplaude y realmente te quedas conmovido. Tampoco es necesario ese derroche en España, ni lo pido ni me inquieta que no se produzca. A veces pienso que para entender mi obra había que reorganizarla de nuevo olvidándose de las fechas. Así todo encajaría mejor y se vería que hay una gran coherencia. Al principio, me acusaban de monótono o repetitivo, y ahora de dispersión. Creo que todo puede deberse a la inconsciencia o a una curiosidad infinita. Hago lo que me gusta, y aún tengo películas, novelas o libros de fotos en la recámara.

¿Y qué fue de aquel viejo sueño de Felipe II?

¿Cómo que sueño? Tengo el guión escrito y es uno de esos personajes que me atraen muchísimo. Sería como otro ensayo personal, como Buñuel, San Juan de la Cruz o Goya. Casi me resulta vergonzoso que no exista una película sobre él, un personaje tan fascinante como odiado, centro del huracán, y tal vez pionero de la unión de Europa.

¿Veremos alguna vez en cine su guión “¡Esa luz!”, que presenta semejanzas con la vida de Amparo Barayón y Ramón Sender?

Lo veo difícil, y además como ya está publicado en forma de novela me parece más complicado. Se han vendido 18.000 ejemplares del libro. TVE estaba interesada en hacer dos películas, y por ahí anda el proyecto. Ha sido curiosa la cantidad de coincidencias que ha habido entre mis personajes y la historia de amor y muerte de Amparo Barayón y Ramón José Sender, que fue novio de mi madre, Fermina Atarés, por algún tiempo, durante la juventud de ambos en Huesca.

CARLOS SAURA tiene algo de ciclón inadvertido: casi 40 películas, varias novelas en su haber, miles de fotos con las que enreda: las pinta, las llena de rayas y de sugerencias. Exhibe una madurez juvenil que se alimenta de curiosidad. Investiga y no se acomoda: salta de un abismo a otro en un ejercicio de valentía constante. En eso se parece a su hermano Antonio Saura, con el cual se inauguró una nueva sala de exposiciones en la Universidad de Zaragoza. “¡No sabe cuánto lo echo ahora de menos! Creo que cada vez se le da más importancia a su obra, que posee una gran fuerza. Admiraba en él que fuese capaz de hacer tantas cosas diferentes: pintaba, ilustraba, era un obseso del dibujo, y escribía muy bien. En los últimos años nos llevábamos mejor que nunca: trabajábamos juntos y nos divertíamos”.

*Hace algunos meses entrevisté a Carlos Saura. Recupero la entrevista y la cuelgo aquí.   

EL ANTICUARIO MARIANO NAHARRO. Por Pepe Cerdá.

EL ANTICUARIO MARIANO NAHARRO. Por Pepe Cerdá.

[Hace muchos días que no escribo un buen artículo en el blog. Tras muchos días sin navegar apenas, he entrado en el blog de Pepe Cerdá y me he encontrado con esta pieza espléndida. Qué personaje  Mariano Naharro, cuántas vidas en una vida, qué facilidad la de Pepe para contar existencias ajenas cosidas a la suya. Seguramente todos habéis leído este cuento casi real. No importa. Me encanta que esté aquí también. En la red hay textos conmovedores, y éste es uno de ellos: rezuma leyenda, verdad, delirio y locura. Enhorabuena Pepe. Se me antoja que éste es uno de las mejores  piezas que te he leído nunca, y ya es decir...]

 Mariano Naharro

El primer cuadro que vendí y cobré me lo compró Mariano Naharro Mengual. Vender y cobrar son dos verbos muy bien diferenciados en el mundo del arte que suelen “conjugarse” en tiempos muy distintos y, al contrario que en otras transacciones comerciales, el uno no implica necesariamente al otro. Pero a lo que vamos.Mariano Naharro ha sido un tipo injustamente olvidado en la historia reciente de Zaragoza. Mariano Naharro era anticuario y galerista. En la sala de la planta baja de su galería de la Plaza San Pedro Nolasco expuso por primera vez, cuando quería ser artista, unos cuadros horribles, hechos con cajas de cerillas pintarrajeadas, Miguel Marcos, el patriarca actual de los galeristas aragoneses. Allí se hicieron multitud de exposiciones desde los primeros setenta hasta los primeros ochenta, recuerdo la de Antonio Cásedas, la de Duce, la de Antonio Fernández Molina y la de muchos otros.
Yo pasé allí mi adolescencia, desde los catorce años acompañaba todas las tardes a mi amigo Jesús Casero que trabajaba como aprendiz y “chico de los recaos” en la galería. Aún a pesar de no estar contratado yo  era, también, una especie de aprendiz adjunto. Nuestro trabajo consistía básicamente en llevar las piezas que compraban los clientes a sus domicilios, dónde nos solían dar suculentas propinas y algún Kas. Pero en lo que ocupábamos la mayor parte del tiempo era en rebuscar en los múltiples almacenes que Mariano tenía en los alrededores de su galería repletos de todo tipo de objetos maravillosos. Buscábamos alguna pieza que no se sabía muy bien dónde estaba, pero que debía de estar por algún sitio. Había miles de cuadros y dibujos, entre toda clase de cachivaches polvorientos. Me recuerdo fascinado descubriendo cuadros y dibujos originales de artistas que hasta entonces conocía sólo por reproducciones en las revistas.
En la época que yo le frecuentaba estaba especializado en pintura aragonesa de final del siglo diecinueve: Barbasán, Unceta, Pradilla, Gotor y muchos otros, eran los autores de las decenas de cuadros que pasaron entonces por mis manos. Muchos de estos cuadros los limpié, o les hice pequeñas restauraciones como dios me dio a entender.Aproximadamente por aquella época, más o menos eran los años 1976 o 1977, fue cuando empezó su mala racha. Vendió algún cuadro falso, poco más tarde se separó de su mujer; Marisa, y comenzó su declive. Pero aún mantuvo el tipo unos años.

Yo me alquilé una especie de buhardilla en 1978, que podría considerase como mi primer estudio, en la calle de la Cadena, 20-22 y él me facilitó lo necesario para amueblarla. En aquél año recuerdo una subasta que organizó en el Hotel Corona de Zaragoza. Nosotros Jesús y yo, dos críos de 17 años, transportamos las obras de la galería al Corona de Aragón en una isocarro de alquiler. De las que se alquilaban en las murallas romanas. Recuerdo que nos hizo jurar en una Biblia y que nos quedamos toda la noche en el Corona como vigilantes jurados. Nosotros encantados y excitados, ya que nos quedábamos en el Hotel acompañados de sus dos secretarias Luci y Purí, poco más mayores que nosotros. Nos pasamos toda la noche en vela consumiendo de todo lo que nos ofrecía el servicio de habitaciones nocturno del hotel. Al día siguiente la subasta: Mariano con el mazo de adjudicar la dirigía; nosotros muertos de sueño y con resaca éramos los encargados de sacar los lotes para que los viera el público. Recuerdo que había, además de Barbasán y los habituales pintores del diecinueve de la galería por aquél entonces, dibujos y cerámicas de Picasso, que no eran demasiado caros entonces, un soberbio retrato de Sorolla, y muchísimos cuadros y objetos más.

La verdad es que Mariano no estaba muy bien de la cabeza, como ya habrán ido deduciendo, pero a mí me encantaba como me trataba, como un pintor y con todo respeto, y el mundo que me dejaba entrever entre bastidores desde tan pronta edad me ha sido de muchísima utilidad en el trato posterior con los centenares de galeristas que llevo trataos.En mi primera exposición individual, en 1982, me compró y pagó con gran prosapia delante de todo el mundo en el día de la inauguración el cuadro más grande.Poco después cerró la galería y su aspecto se fue deteriorando. Me lo fui encontrando de cuando en cuando y cada vez que me lo encontraba, me proponía exposiciones en Tokio o Nueva York, en galerías de las que él iba a ser socio. Después de invitarle a comer algo, me pedía dinero, porque el cheque en Yenes que tenía en la cartera no se lo pagaban hasta el lunes.Llegó a ser un indigente con traje y corbata raídos, y maletín lleno de papeles y fotos de cuadros, pero durmiendo en el albergue municipal. En esos años yo vivía en París y no supe nada de él.Sus últimos años los pasó en el manicomio de Huesca. Vicente Badenes, el pintor de Huesca,  impartió un taller allí y fue el último que me dio noticias suyas. Hace un par de años me preguntó que si había conocido a un galerista de Zaragoza que se llamaba: Mariano Naharro. Le respondí que por supuesto que sí. Me dijo nadie hasta mí le había dado razón de ese loco que tan bien conocía la pintura, y los pintores. Vicente, suponía que deliraba cuando le contaba que había conocido a Picasso y a Dalí; y que había hecho exposiciones y que había tenido grandes cochazos; y todo lo que había sido su vida anterior.En un permiso del manicomio se fue a Madrid y se tiró a las vías del metro.Hoy he escrito su nombre en Google y sólo sale en el boletín oficial de la provincia porqué dejo unas multas sin pagar.

Descanse en Paz.

*La "Juana la Loca" de Francisco  Pradilla.     

LA MÚSICA DE DAVID ANGULO

LA MÚSICA DE DAVID ANGULO

Es la una de la mañana. Suena el espléndido y dinámico disco de David Angulo, que actúa este jueves en “Borradores”. Hay canciones espléndidas: me gustan mucho “Canción de cada día” y “Esperaré a que vengas, noche” (donde lo acompaña de Carmen París), y me sorprende una pieza tan breve, cortada de manera abrupta, como “Silencio”. David Angulo se ha divertido de lo lindo; su espíritu renacentista –actor de cine, teatro y televisión,  diseñador, músico, creador de canciones- se evidencia en este trabajo. Tiene tantas cosas que suenan el rock de los 70 en varias piezas, pero también hay ecos de Jethro Tull en piezas como “En la cara oculta de mi corazón”. David Angulo enreda con intención.

*La foto pertenece a Luis Rabanaque. Se encuentra en su página web: www.davidangulo.com.

DOS POEMAS DE CARMEN ARDUÑA

DOS POEMAS DE CARMEN ARDUÑA

El pasado sábado recibí un nuevo poemario de Carmen Arduña, “Acariciando el sur” (Huerga & Fierro), que se presenta esta tarde en Casa Emilio a las 19.30, también.  

Es un libro de sensaciones, de homenajes íntimos a algunos amigos, de la búsqueda de un refugio en el Sur, en un Sur simbólico. Copio: 

Ser los labios que den vida a tus seños,
Ser  el fruto semilla de tu vientre,
Ser destino final para tus pasos
Y el reposo en el Sur que nos conmueve. 

Otro poema:  

Derramas alegría en tu mirada
Y tu boca se llena de sonrisas
Frescas como la  fruta que se anhela.
Acunas en tus manos la caricia
Para hacer del abrazo dulce encuentro.
Por eso, Malen, te muestras a la vida
Cercano oasis de júbilo y reposo. 

(Este poema, dedicado a Malen, está fechado el 15.11.2006) 

El libro será presentado por Elena Ausejo, José Manuel Alonso y el editor Antonio Huerga.

ORTIZ REMACHA Y CARMEN POSADAS, CON LUIS ALEGRE

ORTIZ REMACHA Y CARMEN POSADAS, CON LUIS ALEGRE

Gran día, otro más, de Luis Alegre. A las 19.30 presenta en la FNAC el libro “Paco Ortiz” (FOR Comunicación) del estupendo periodista Francisco Ortiz Remacha, hijo del anterior y responsable de varias emisiones deportivas en Aragón Radio. Ortiz Remacha efectúa un recorrido apasionado por la vida de un hombre que fue un auténtico héroe de la comunicación en Zaragoza, y le da la voz (le da la voz a quien fue “La Voz”, de quien ha heredado su impresionante voz de trueno), cita sus palabras, exhuma recuerdos. El texto se lee muy bien y retrata a un hombre que anhelaba comunicarse, que estuvo en todas partes y campeonatos, a un locutor que se afanaba en contar cosas, cantar goles, cantar extraordinarios goles como el gol del siglo de Nayim. De algún modo, este libro, menudo, de bolsillo, repleto de fotos y recuerdos de los viajes y los amigos del periodista y padre, tiene algo de homenaje al Real Zaragoza. O puede leerse como una vida en el deporte, una vida muy cerca del Real Zaragoza. Pero eso lo contarán Luis Alegre y Paco Ortiz Remacha mejor que nadie, a las 19.30 en la FNAC. 

Y por la noche, a las 23.30, en Aragón Televisión, en su entrañable programa “El Reservado”, Luis Alegre entrevista a Carmen Posadas, autora de cuentos infantiles, ganadora del Premio Planeta, biógrafa de La Bella Otero y, ya de paso, una de las mujeres más bellas y con más glamour de las letras españolas. Antes de “El reservado”, Juan Martínez ofrecerá en “Avispas y tomates” un programa  sobre los enfrentamientos entre Real Zaragoza y Real Madrid. El sábado, a las 21.00, los blanquillos necesitan ganar para ir a la UEFA. Y van hacerlo. Ante la forofa Carmen Collino y Jesús Gallego, entre otros madridistas acérrimos, Chucho Solana dirá que sueña con esa victoria. El pasado lunes, me decían los hermanos Clemente en Monzón, resultó muy emocionante el homenaje a ese gran tipo que es Xavi Aguado. 

Bien se ve que hoy puede ser un gran día...