Blogia
Antón Castro

Artistas

VIDA Y OBRA DE NATIVIDAD ZARO

VIDA Y OBRA DE NATIVIDAD ZARO

La mujer que quiso ser Don Juan

 

RITUALES DE SOL. Parecía que el cine durante años solo había sido cosa de hombres. Nada más lejos: Esta mujer que vivió en Madrid, en Berlín y Roma, es casi es el perfecto desmentido. Fue actriz, guionista, productora...

 

 

ANTÓN CASTRO

La primera vez que oí hablar de Natividad Zaro Casanova quizá fuera en una visita, poco antes de morir, de José Antonio Nieves Conde a Zaragoza. Se proyectó su película ‘Surcos’ en Ibercaja, un intento de hacer neorrealismo, o cine de denuncia social, “revolucionario”, en el franquismo. Entonces, no se habló mucho de ella, pero poco después, Javier Hernández y Pablo Pérez cerraban con ella su ‘Diccionario de aragoneses en el cine y el vídeo’ (Mira, 1994), y José Luis Borau también la citaba en su ‘Diccionario del cine español’. Casi a la par, esa mujer –actriz, escritora de teatro, guionista de cine e incluso productora de Atenea Films, durante una década, entre 1951 y 1961, más o menos- se convertiría en una obsesión del inolvidable Félix Romeo. Buscaba sus ediciones, rastros de sus piezas teatrales, carteles; si alguien iba de vacaciones o a un viaje literario al Cervantes, por ejemplo, le pedía que preguntase por ella. Natividad Zaro, en el fondo, era un misterio: había que seguir su rastro minuciosamente, desempolvar archivos y periódicos, escarbar en las librerías de viejo. Félix le dedicó un artículo y dejó en sus cuadernos algunas notas. Poco después del fallecimiento del autor de ‘Amarillo’ el 7 de octubre de 2011, el profesor de literatura e investigador turolense Juan Villalba ha completado su biografía en la ya desaparecida revista turolense de cine, ‘Cabiria’.

La propia Natividad Zaro dijo que había nacido en 1909 y no en 1905 como se había creído siempre. Villalba y Romeo dicen que nació en Borja y no en Daroca. Murió en 1978, al siguiente de haber sido atropellada por un coche. Apenas se sabe nada de su infancia y juventud. En Madrid estudiaría Filosofía y Letras durante cuatro cursos. En los años veinte, jovencísima aún, frecuentaría las tertulias literarias en distintos cafés, entre ellos La Granja del Henar, donde coincidiría con Luis Buñuel, con Lorca y algunos poetas de la Generación del 27 y con la exigencia de Valle-Inclán, que realizaba una especie de examen de personalidad, talento e ingenio a cualquier intruso: allí no se aceptaba a cualquiera. Pronto se inclinaría hacia el teatro. En realidad, se dio a conocer como rapsoda. Juan Villalba constata que la descubrió el escritor y periodista César González-Ruano, que elogió su belleza y su espléndida dicción. “Si es declamación, es declamación nueva. Lo que importa es esta voz, que acciona, y estas manos, que dicen; esos ojos de aguas de mar, donde asoma la vida hecha poesía”, dijo.  A partir de entonces, actuaba en distintas salas, como el Círculo de Bellas Artes, y a veces contó entre los espectadores a otro maestro como Ramón Gómez de la Serna. Al cabo de un tiempo, la oyó declamar Cipriano Rivas Cheriff, cuñado de Azaña y un gran hombre de teatro, y formaron un dúo, que se centró sobre todo en funciones dedicadas al teatro contemporáneo. En 1929 vivirá un momento muy especial: el 1 de noviembre representa el ‘Don Juan Tenorio’ de Zorrilla, pero no hace el papel de Inés, sino el del gran seductor. Aquella transgresión dio mucho que hablar: Natividad fue objeto de entrevistas y reportajes, casi tuvo que justificarse: dijo que Don Juan le parecía “un tipo anormal, sexualmente pervertido y equívoco”, pero que como drama era muy interesante. Siguió haciendo cosas: participó en ‘Pinocho’ de Carlo Collodi y montó varias obras de Benavente.  

A principios de los 30 –y la fecha tampoco resulta demasiado precisa: Juan Manuel Bonet tampoco la concreta en ‘Diccionario de las vanguardias en España’ (Alianza, 1995)- apareció en su vida el poeta y periodista Eugenio Montes, con quien se casó y con quien no tardaría en viajar por distintas ciudades de Europa: Montes, que se declaraba “católico, apostólico y compostelano”, y también podría haberse definido falangista, fue nombrado corresponsal de ‘ABC’ en Berlín, Roma y tuvo una casa en Rapallo, donde vivía el poeta Ezra Pound y por donde aparecía de cuando en cuando el zaragozano Juan Ramón Masoliver, que fue secretario del poeta norteamericano. En ese período, Natividad Zaro aprovechó para estudiar arte, teatro y literatura. Y en la contienda ejerció de enfermera y de actriz, con Niní Montián y Rafael Rivelles, entre otros.

Ella escribía piezas de teatro. Representó algunas pero logró que una de ellas, adaptada, pasase al cine: ‘El hombre de tres espejos’ (1947), un texto donde se mezclaba la metafísica, el cine y el crimen, bajo la dirección de Ladislao Vajda, que será también el director de su segunda película: ‘Sin uniforme’, a la cual Juan Villalba compara en algunos aspectos y coincidencias con ‘Casablanca’ de Michael Curtiz. No hubo buenas críticas.

Su primera película importante fue ‘Surcos’, censurada por el régimen: una película así, rodada en 1951, fue importante. La idea fue suya y en el guión intervino también Torrente Ballester. La censura arremetió contra ella y se puso en guardia. Ese mismo año fundó la productora Atenea Films. En 1952 trabajará con su paisano Fernando Palacios en ‘El tirano de Toledo’,  y en 1957 intervendrá decisivamente en la idea y en el guión de ‘Amanecer en Puerta Oscura’ de José María Forqué, que es una película de subgénero que mezcla social y el western de bandoleros que se ve con gusto. Poco después regresaría a Roma y colaboró en varias películas del ‘peplum’ o de romanos como ‘La rebelión de los gladiadores’ (1958) o ‘Las legiones de Cleopatra’ (1959), entre otras. Su última película fue ‘El aventurero de la Rosa Roja’ (1968), que interpretó una jovencísima Raffaella Carrà. Aún le quedaban diez años de vida y parte de ellos los pasó en Madrid. En 1978 sintió que bajaba el telón.

 

LAS ANÉCDOTAS

 

El retrato de Forqué. Diría José María Forqué: “A Natividad Zaro yo la llamaba la ‘Modesty Blaise española’, porque era muy emprendedora y se le ocurrían las cosas más insólitas. Me propuso una idea suya y que fue el esquema argumental de ‘Amanecer en Puerta Oscura’: acepté encantado y solicité que Alfonso Sastre, amigo de siempre y gran escritor, colaborase conmigo en el desarrollo de la historia”.

Entrevista. Declaró a HERALDO, tal como ha recogido Mariano García en ‘Tinta de hemeroteca’: “Comencé en ‘El Caracol’; en aquella combatida agrupación de nuevos luchadores, patrocinada por Rivas Cherif y bien orientada por Azorín y otros intelectuales, ávidos de introducir modernidad a nuestro teatro. El título de ‘Teatro de vanguardia’ asustó un poco a la gente, y bien sin razón fue… Se hacía arte puro”.

 

*Este retrato es de Ana Maorad, que lo incorpora a su nueva página web: www.anamaorad.com

 

FRANCISCO FUERTES, MUSEO DE TERUEL

FRANCISCO FUERTES, MUSEO DE TERUEL

El artista de Singra realizó una valiosa y personal obra pictórica, escultórica y fotográfica de más de 500 piezas. El próximo martes, 17, en el Museo de Teruel, se inaugura una exposición dedicada a este artista turolense. 

 

 

Vida y arte de Francisco Fuertes

 

Francisco Fuertes (Singra, Teruel, 1946-1994) no es exactamente un desconocido, aunque su vida y su obra sigan envueltas en el misterio. Su hermana Manuela ha creado una especie de desván-galería en su casa donde están sus obras, más de 500 piezas de las disciplinas en las que se sintió cómodo: la fotografía, el dibujo, la pintura al óleo y la escultura. Todo está ordenado y cuidado y define a un creador que pasó del constructivismo inicial y quizá de un cierto surrealismo a un paisaje más abstracto y matérico, “seguramente identificable con los paisajes de su infancia”, según afirma el profesor y crítico de arte Ernesto Utrillas. Sus últimas obras al óleo eran un paisaje cada vez más depurado, casi obsesivo, de un colorido sobrio pero no exento de energía o de intensidad.

Francisco Fuertes, descendiente de una humilde familia vinculada al campo, sintió desde muy pronto la llamada del arte: le atraían los lápices, los colores, el deseo de darle salida a un mundo interior que siempre sería peculiar. A Fuertes no le gustaban las faenas agrícolas, pero sí la naturaleza, las noches de luna, el silencio de las eras, la arboleda, la cordillera de montañas que veía desde su casa. Hacia 1964 ya estaba en Zaragoza intentando dar rienda suelta a sus sueños. Se matriculó en la Escuela de Artes y Oficios en dibujo primero y luego en pintura. Allí, entre otros, coincidió con un futuro pintor algo más joven que él: José Manuel Broto. Y también con Eduardo Laborda e Iris Lázaro. Compartían la experiencia de la pintura de caballete. Pronto empezaría a realizar sus primeros óleos. Fue discípulo de Virgilio Albiac y en algunos momentos de su carrera parece haber un asimilado su manera de proceder: en alguno de sus cuadros se le ve un gran interés por aquella pintura de pueblos y paisajes de carácter constructivo, próxima también a la obra de Juan Manuel Díaz Caneja o Benjamín Palencia.

Pronto participará en exposiciones: primero colectivas, en el Casino Mercantil, y luego se presentará con su primera individual en la sala Bayeu compuesta por temas clásicos: el bodegón, el paisaje urbano de diversos rincones de Zaragoza y una selección de piezas de diversos pueblos de Aragón: Alquézar, Albarracín o Muel. En su casa estaban un poco inquietos con su futuro. Su madre parecía protegerle un poco más, pero su padre le sugería que se buscase un oficio de mayor porvenir. Por eso, tal como relata su hermana Manuela, desde 1964, también alternó sus estudios de arte con el aprendizaje del oficio de tornero en el Centro Sindical de Formación Profesional Acelerada; obtuvo el título en 1967. A la par crecía como artista: ganó algunos premios, recibió algunas ayudas y participó en colectivas en Francia, en compañía de pintores como el citado Virgilio Albiac y Ángel Aransay, entre otros.

Toda esta actividad, en buena parte, se vio mitigada por su ingreso en el servicio militar. Al regresar, su existencia iba a cambiar radicalmente: se trasladaría a Barcelona y allí ampliaría sus estudios: se especializará en policromía y retablo, haría nuevos cursos de pintura, y hacia 1975 se matriculó en la Escuela de Bellas Artes de San Jorge, donde obtuvo el título de profesor de dibujo, que le permitió impartir clases en Escuelas Pías de Sarria, entre 1983 a 1987. La experiencia no le dejó buen sabor de boca: solía decir que “los chicos eran tan repelentes como sus padres. A mi hermano le apasionaba la madera: la decoración de muebles, la ebanistería, la policromía, etc.”. Eso se verá en sus trabajos escultóricos, que elaboraba mediante planos y cilindros con un leve aire de construcción cinética. En 1988, dijo: “Estas piezas son muy grandes, son de madera, una vez construidas en yeso, de forma que consigan una cierta textura, las plateo con plata fina, después las quemo con un corrosivo, les doy goma laca y las patino, de esta manera queda un acabado muy agradable, pues parece metal”.

Francisco Fuertes era más bien reservado, hablaba poco y sentía mucho, y tenía mucha creatividad. Siempre tenía detalles con los suyos. Cuando regresaba a casa se dejaba ver poco. Ernesto Utrillas ha visto con mucha atención su obra –que ha expuesto en Monreal del Campo- y destaca dos colecciones muy distintas de fotografías: una de gente de la calle, mendigos, desharrapados, solitarios; a su cámara le había desviado el objetivo: parecía mirar hacia un sitio y captaba otro para no violentar a nadie. Y también hay otras fotos de movimientos. Él mismo revelaba y confeccionaba sus propios álbumes.

En su producción es muy importante la presencia del dibujo, que registra dos líneas nítidas: las rocas y los árboles. Utilizaba todo tipo de técnicas (lápiz, carboncillo, grafito), y lograba una sensación de volumen esencial, casi escultórico. Árboles y rocas formaban parte de los paisajes de la memoria, eran símbolos que lo vinculaban a un espacio.

Otro profesor y artista como José Prieto ha definido así su pintura: “Fuertes, en sus lienzos, no pretendía describir lo anecdótico, o lo particular, sino quedarse con la esencia. Le interesaba, el ritmo de los caminos, los surcos, los senderos, los límites de los sembrados y los perfiles de las montañas, que en su obra cobran una gran importancia, definen la imagen e imponen, a su pintura, una estructura cada vez más abstracta. En ocasiones, el horizonte aparece en la parte superior del cuadro, convirtiendo el lienzo en el campo de batalla de las masas cromáticas, que luchan en esta superficie, sin la oposición de ningún elemento figurativo”· La obra acusa en ocasiones rasgos impresionistas, aunque pronto vemos que está inscrita en otra estética más próxima a la ‘Escuela de Vallecas’ y a la ‘Escuela de Madrid’.

Hubo un instante en que su vocación artística era tan incontestable, recuerdan su hermana Manuela y el profesor Ernesto Utrillas, que decidió centrarse solo en su obra. Cada vez le gustaba más la labor de taller. Eligió la libertad, trabajaba de camarero los fines de semanas para disponer del resto del tiempo. Y así lo hizo, con auténtico fervor, hasta que una dolencia de riñón, quizá mal atendida, acabó con su existencia a los 48 años.

 

LAS ANÉCDOTAS

 

 

El árbol y la intimidad. En 1988 Francisco Fuertes fue objeto de una entrevista que no se publicó y que ha rescatado la familia y el Centro de Estudios del Jiloca. Dijo entonces: “Me gustan los árboles. Y con bastante frecuencia hago dibujos sobre árboles que no existen en la realidad. (...) cuando han pasado unos días y miro aquellos dibujos, me hacen ver con una gran claridad sentimientos que en un momento dado han existido en mí interior”.

 

Ausencia del hombre. El ser humano no aparece en su obra. Esta sería la razón: “Si yo me encontrara a gusto en la sociedad que me toca vivir, pues, posiblemente, pondría a alguno de sus miembros en mis cuadros. Pero, como detesto esta sociedad, mis cuadros se convierten en un espacio donde no entra el hombre, sino el espíritu”.

 

*Este artículo apareció hace dos veranos en Heraldo de Aragón, en mi sección 'Rituales de sol'.

AGUSTÍN SÁNCHEZ VIDAL HABLARÁ DE 'GENEALOGÍAS DE LA MIRADA'

AGUSTÍN SÁNCHEZ VIDAL HABLARÁ DE 'GENEALOGÍAS DE LA MIRADA'

 

AGUSTÍN SANCHEZ VIDAL HABLARÁ DE 'GENEALOGÍAS DE LA MIRADA'
Genealogías de la Mirada por Agustín Sánchez Vidal. Este ciclo de tres conferencias organizado por la Universidad de Zaragoza los días 23, 24 y 27 de febrero, correrán a cargo de Agustín Sánchez Vidal, escritor, guionista y catedrático emérito de Cine y otros medios audiovisuales. 
Inicialmente, se trata de un encargo del Museo del Prado, que ha sido impartido en esta institución dentro de las actividades de la Fundación de Amigos de dicho Museo, con extensiones a otras ciudades, como Barcelona y Vigo. El ciclo que ahora se propone en Zaragoza se enmarca en la edición anual de Vida en Ficciones. Los relatos en la era audiovisual, que coordina la profesora Amparo Martínez Herranz y trata de ahondar en el modo en que las narraciones se articulan a través de las imágenes, tanto en el pasado como las que ahora mismo se ensayan.
A lo largo de sus tres sesiones se abordará la construcción de algunos de los códigos que rigen nuestra mirada. Se trata de un camino de ida y vuelta, que vincula el clasicismo griego con el manierismo o el barroco, pero que más tarde se infiltra en las cámaras oscuras y en todo tipo de artefactos ópticos, hasta llegar a nuestros días y mantenerse con todo vigor en nuestras calles y plazas, en el cine, en los televisores o en los dispositivos digitales que manejamos a diario.
Se propone, por tanto, un acercamiento desde ángulos muy diversos (artísticos, literarios, tecnológicos, arquitectónicos…) a las relaciones entre instancias como la Pintura y el Cine. Pero no tanto en sus aspectos accesorios y anecdóticos cuanto en los estructurales. Es decir, el modo en que han organizado los flujos de imágenes a lo largo de la historia, desde la tradición artística más canónica hasta las creaciones de vanguardia, las diversas pantallas, la encriptación de las anamorfosis u otras imágenes secretas o los diseños urbanísticos más atrevidos.

-Primera conferencia (23 de febrero), dedicada a las Fisuras de la Perspectiva: anamorfosis e imágenes ambiguas, en la que se trazará un recorrido por la historia de las experiencias, investigaciones y sugerencias propiciadas por la imagen anamórfica. Un procedimiento que explotaba los márgenes de la perspectiva canónica para colar de rondón imágenes secretas que a menudo sirvieron como propaganda subversiva o para difundir imágenes poco respetables, como las eróticas. Y ello desde las primeras especulaciones científicas trazadas en el clasicismo griego, pasando por las invocaciones literarias y artísticas del Renacimiento o el Barroco, hasta llegar a las formulaciones más estrictamente contemporáneas, cultas o populares. Hoy las anamorfosis inundan nuestras plazas, explorando los fenómenos de la percepción desde ámbitos tan variados como la arquitectura, el cine o la publicidad.
-Segunda conferencia (24 de febrero). Un mundo nuevo. El siglo XVIII se planteó de forma sistemática una alternativa a la pintura de caballete, sacando a la calle imágenes intermediadas mediante lentes e iluminaciones muy elaboradas. Se analizará este fenómeno partiendo de la pintura del Museo del Prado de Giandomenico Tiepolo titulada Un mundo nuevo, donde se representa el entretenimiento popular así denominado, en el que ya estaban contenidos dos elementos básicos que con el tiempo pasarán al Cine: la banda de imagen y la banda sonora. Así es como se establecerán los mecanismos que han venido utilizando los narradores para contar sus historias, desde los charlatanes de feria al Kinetoscopio de Edison, hasta llegar al cinematógrafo.
-Tercera conferencia (27 de febrero). Panoramas: el ojo global. Los panoramas fueron pinturas circulares que comenzaron compitiendo con los espectáculos ópticos, hasta alcanzar dimensiones enormes que los convirtieron en el máximo entretenimiento del siglo XIX, el dinosaurio de los Mass Media. Estos formatos dejaron su huella en la arquitectura de hierro y los pasajes comerciales, en los museos, en los géneros costumbristas o en la pintura de historia, haciendo crecer la imagen en extensión y ambiciones. Dichos cuadros, a su vez, sirvieron de referente e inspiración al cine, cuando las películas pudieron ampliar las dimensiones de su encuadre, gracias a los formatos de pantalla como la Polyvision, Cinemascope, Cinerama, Vistavisión o Panavisión.

 

 

MELÉNDEZ, HERNÁNDEZ, VELA, MIRCALA

MELÉNDEZ, HERNÁNDEZ, VELA, MIRCALA

 

Cuentos de domingo / Antón Castro

 
VIDAS ILUSTRADAS*
 
Esta capital del cierzo siempre ha sido una ciudad de cómic, de viñetas y de espléndida ilustración, como demuestra Eduardo Laborda en un impresionante libro en el que está trabajando. El jueves en el Centro de Historias –que es nuestro bosquejo de La Casa Encendida madrileña, como soñaba el inolvidable Félix Romeo, el gran enamorado de Zaragoza- se abría una exposición de Francisco Ibáñez y se recordaba que por ahí, en 2104, pasaron más de 130.000 personas. Ibáñez es un axioma: gusta a casi todos. En la Biblioteca de Aragón, el viernes se decía cuánto había deslumbrado aquí, en Estados Unidos y en Japón Francisco Meléndez, Premio Nacional de Ilustración en 1986, varios galardones en Bolonia y un estupendo escritor en libros como ‘El verdadero inventor del buque submarino’ o ‘Leopold. La conquista del aire’. Un día decidió dejarlo casi todo: ahora trabaja en la portería del seminario de San Carlos y de vigilante en el cementerio de Torrero y, a la vez, colabora con niños, a los que les enseña a pintar y a escribir. Quizá Javi Hernández, el autor de ‘Haberlas haylas’ o ‘El secreto de Jacinto’, sepa quién es Meléndez: a veces se parecen en el suave manejo de los verdes. Hernández, nieto de aragonés del Pirineo emigrado a Rosario, expone en la Biblioteca, que celebra su primer cuarto de siglo. Algo más arriba, en la galería Itxaso, que intenta renovarse para no morir, colaboran dos grandes artistas: el madrileño Jack Mircala, un maestro del cutter, de la tijera y de las mujeres góticas y románticas, y el aragonés David Vela, un dibujante con un gran sentido del humor, experto en bestiarios, que ha ilustrado a Ramón Gómez de la Serna. La alianza es magnífica: su exposición estuvo muy concurrida y probó algo muy interesante: esta es una ciudad de muchos públicos. Y ayer Daniel Viñuales y José Antonio Ávila presentaban ‘Tierra negra’ (GP ediciones), en homenaje a los mineros de las cuencas turolenses, en concreto a los de Utrillas. Han hecho un cómic riguroso y amable que recoge el riesgo, el drama, la fraternidad y la vida en vilo de los picadores. Como se sabe, la mina siempre tenía un precio. 

 

*Este texto apareció ayer en mi sección de Cuentos de domingo.

**Se puede ampliar la información en el blog de David Vela, respecto a su exposición y a la de Mircala: http://davidblogcartoon.blogspot.com.es/2015/01/exposicion-en-la-nieve-tenebrosa-jack.html

'TIERRA NEGRA' EN LAS ESQUINAS

Este sábado, en el Ambigú café-teatro del Teatro de las Esquinas, tendrá lugar la presentación de la novela gráfica ‘Tierra Negra’ editada por GP Ediciones, y dibujada por el premiado José Antonio Ávila en base al guión original de Daniel Viñuales. La presentación correrá a cargo de los autores y de Antón Castro.

Sábado 7 de febrero 2015

GP Ediciones, presenta: “Tierra Negra”

de

José Antonio Ávila y Daniel Viñuales

Horario: 13:00h

Lugar: Ambigú-Café/Teatro del Teatro de las Esquinas

Entrada Libre sin invitación

TIERRA NEGRA

El premiado dibujante José Antonio Ávila pone sus pinceles para ilustrar el primer guión original de Daniel Viñuales.

Su anterior colaboración ‘Blanquito’ fue premiada en el pasado Salón del Cómic de Zaragoza con el Mejor guión y está nominada en los premios del Salón del Cómic de Úbeda y Baeza.

Tierra Negra narra la historia de dos mineros que quedan atrapados en la mina Santiago de Utrillas, justo el día de la inauguración del Hospital Minero y de las nuevas oficinas de MFU.

La historia, ambientada en 1920, narra, desde la perspectiva de esos mineros, los primeros momentos de la minería en la comarca de las Cuencas Mineras. Desde principios del siglo XX, MFU (Minas y Ferrocarriles de Utrillas, S.A.) fue la principal empresa que explotó el carbón en la zona, con capital íntegramente aragonés.

En 1904, la empresa, pone en marcha la línea de ferrocarril que unirá las minas con Zaragoza. A partir de 1912, debido a una serie de huelgas en Gran Bretaña, y en 1918 debido a la Primera Guerra Mundial, se produce un alza en los precios del carbón en toda Europa, lo que llevó a un periodo de enormes beneficios para la empresa. Este periodo de bonanza tiene como resultado la construcción, en 1920, de unas nuevas oficinas y del Hospital Minero.

Daniel Viñuales, aunque zaragozano de nacimiento, está muy ligado a Utrillas desde hace unos cuantos años y ha visto como se ha ido recuperando el patrimonio minero en toda la comarca. “Después de ver lo que están trabajando para poner en valor todo ese patrimonio nos parecía que, desde nuestra editorial, teníamos que contribuir a que se difundiera y que mejor manera de hacerlo que con un cómic”, dice Daniel. [Nota del Teatro de las Esquinas y de la editorial]

 

*Tomo la foto de aquí: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-64a64c86ed50e4694af74437d888274b.jpg

 

EL QUIJOTE Y ARAGÓN: ALCALÁ, PEDROLA, SANSUEÑA, PASAMONTE...

Cervantes, el Quijote y Aragón

El Aragón que inmortalizó Cervantes

Se cumplen 400 años de la publicación de la II parte de la obra maestra de Cervantes, que tiene muchos escenarios y vínculos aragoneses: el Ebro, Pedrola, Alcalá de Ebro, Sansueña o Jerónimo de Pasamonte

Antón CASTRO

El Quijote está envuelto en enigmas. Una de las preguntas que, tantos años después, seguimos haciéndonos es: ¿estuvo Miguel de Cervantes (1547-1616) alguna vez en Zaragoza o en Aragón? No se sabe con certeza, aunque se dice a menudo que en el invierno de 1568, cuando huía de Madrid tras agredir a un hombre, pernoctó en el palacio de los duques de Villahermosa, gobernado entonces por Martín de Aragón y Gurrea, aficionado a la poesía y a las bellas artes. Cervantes, con poco más de veinte años, según esa hipótesis, acompañaba al cardenal Giulio Acquaviva, que iba camino de Roma. Luego su vida le llevaría por muchos otros lugares y acabaría, convertido en superviviente manco más que en héroe, en la batalla de Lepanto, en 1571, y de recluso en Argel.

Nos detenemos un instante en Lepanto para recordar otra conexión aragonesa: allí coincidió con el soldado Jerónimo de Pasamonte, que había nacido en Ibdes (Zaragoza) en 1553, al que luego criticará en la primera parte del Quijote (1605). Este, que redactó su autobiografía, se vengaría con la redacción del ‘Quijote apócrifo’, firmado por Alonso Fernández de Avellaneda y publicado en 1614, un año antes de la aparición de la segunda parte del Quijote en 1615, en la imprenta de Juan de la Cuesta. Quería tomarle la delantera del éxito. ¿Son Avellaneda y Pasamonte la misma persona? Para Martín de Riquer, y algunos más, sí: anunció la teoría en 1969 y la concretó en 1988 en el volumen ‘Cervantes, Passamonte y Avellaneda’ (Sirmio). Este es otro de los misterios cervantinos: ha hecho correr ríos de tinta. Y sigue haciéndolo.

Hace no demasiado tiempo, Antonio Sánchez Portero, estudioso bilbilitano, publicó un libro -‘Cervantes y Liñán de Riaza. El autor del otro Quijote atribuido a Avellaneda’- donde afirma que el toledano Pedro Liñán de Riaza, afincado en Calatayud, sería la máscara real de Avellaneda, quien, a la postre, también sería decisivo en la redacción de la continuación de la novela. Cervantes le hace decir a su héroe que, tras haber leído ese volumen, “no pondré los pies en Zaragoza y así sacaré a la plaza del mundo la mentira dese historiador moderno”. Aunque no ponga los pies en Zaragoza, Sansueña en el libro, es la ciudad más citada y está muy cerca de algunos de los lugares donde ocurren episodios centrales de la segunda parte: la ribera del Ebro, el palacio de Buenavía de los duques de Villahermosa, el caserón donde ejercerá Sancho Panzo de gobernador (en una magistral burla que se vuelve contra los burladores) y la Ínsula Barataria.

Pellicer y Alcalá de Ebro

Los estudiosos, historiadores y filólogos, han puesto nomenclatura exacta allí donde Cervantes solo sugiere o enmascara deliberadamente. El palacio de los duques estaría en Pedrola y la Ínsula Barataria, citada por primera vez en el capítulo XXV y escenario protagonista a partir del XLV, sería Alcalá de Ebro. Martín de Riquer, en una de sus ediciones del Quijote, advierte en el capítulo XXX: “Téngase en cuenta, no obstante, que no hay identificación total entre los duques de la novela y los históricos de Luna, pues Cervantes ni menciona jamás su título ni da el nombre de la residencia en donde viven”. Otro tanto cabría decir a propósito de Alcalá de Ebro.

¿Cómo surgió entonces esa identificación? La formuló en 1797 el erudito Juan Antonio Pellicer (Encinacorba, Zaragoza, 1738-Madrid, 1806); en ese año publicó una biografía del autor y editó, en cinco tomos, el libro para Antonio de Sancha. La audacia -que tenía su fundamento por la proximidad, por los meandros que dejaba el río y por el número de habitantes- tuvo fortuna y son muchos los estudiosos que se han abonado a esa idea, entre ellos, por citar un ejemplo, el cervantista Luis Astrana Marín, experto y traductor de otro escritor bajo sospecha: William Shakespeare. En el capítulo XLV, Sancho Panza toma posesión de su ínsula. Allí se dice: “Digo, pues, que con todo su acompañamiento llegó Sancho a un lugar de hasta mil vecinos, que era de los mejores que el duque tenía. Diéronle a entender que se llamaba la ínsula Barataria, o ya porque el lugar se llamaba Baratario, o ya por el barato con que se le había dado el gobierno. Al llegar a las puertas de la villa, que era cercada, salió el regimiento del pueblo a servirle; tocaron las campanas, y todos los vecinos dieron muestra de general alegría, y con mucha pompa le llevaron a la iglesia mayor a dar gracias a Dios, y luego con algunas ridículas ceremonias le entregaron las llaves del pueblo y le admitieron por perpetuo gobernador de la ínsula Barataria”. A partir de este instante, Sancho empieza a juzgar con admirable sensatez como si fuera el rey Salomón.

Alcalá de Ebro asumió pronto, con la habitual timidez aragonesa, su condición de espacio de la imaginación universal. Le dedicó una calle a Miguel de Cervantes, ha colocado diversas placas y leyendas en el edificio del ayuntamiento, y ha instalado a orillas del río una escultura, verdosa, de un Sancho meditabundo, con una inscripción cervantina, que realizó el ya fallecido escultor Carlos Pérez de Albéniz. Hace poco tiempo, a la escultura se le ha construido una especie de protección o navío para que no se deteriore con las crecidas y las inundaciones, tal como explica el fotógrafo y estudioso de la Ribera Alta José Ignacio Iguarbe.

Ahora, el solitario Sancho encara la curva del Ebro y lo mira de frente: al fin y al cabo, en su corriente y en su ribera, vivió algunas aventuras. La más fascinante y peligrosa fue la del barco hechizado. En este caso, la padeció en compañía de su señor Don Quijote: este vio una barca de pescadores del río y la confundió con un barco encantado. “¿Qué diablos de ciudad, fortaleza o castillo dice vuesa merced, señor? –dijo Sancho- ¿No echa a ver que aquéllas son aceñas que están en el río, donde se muele el trigo?” Se subieron al bote y le cortaron las amarras con la ribera. “Calla, Sancho –dijo don Quijote-; que aunque parecen aceñas, no lo son; y ya te he dicho que todas las cosas trastruecan y mudan su ser natural los encantos”. La frase es casi una poética general del Quijote. Lo que sucedió luego es un episodio de horror inicial y de locura.

Cerca de Alcalá de Ebro, pero no a las dos horas que dijo Cervantes, está Pedrola. En el centro de la población, pero alejado del cauce del río, se sitúa el palacio desde el cual los duques urdían sus burlas y trapacerías, que Cervantes define con el término “busilis”. Allí suceden algunas cosas: la más impresionante es la del caballo Clavileño, que tiene el atributo de volar y de poder llegar al reino de Candaya, donde hay un mágico ungüento que permitiría acabar con las barbas de tres mujeres que le imploran ayuda a Don Quijote. Si se va por tierra, le indican, “hay cinco mil leguas, dos más o menos; pero si se va por el aire y por línea recta, hay tres mil y doscientas y veinte y siete”. La candidez del Caballero de la Triste Figura daba para todo. También le dicen que si algún día viniera un caballero libertador, el famoso mago Malambruno le mandaría “una cabalgadura harto mejor”, que es, ni más ni menos, que “Clavileño el Alígero, cuyo nombre conviene con el ser de leño, y con la clavija que trae en la frente, y con la ligereza con que camina; y así, en cuanto al nombre, bien puede competir con el famoso Rocinante”. La aventura de Clavileño y la dueña Dolorida es desternillante y es “una de las más famosas del Quijote” y “desarrolla paródicamente un tema propio de novelas medievales”, según escribió Martín de Riquer.

Aragón no ha creído mucho en su patrimonio cultural jamás. No sorprende que no exista una ruta cervantina: esa es una asignatura pendiente y se fantasea con aprobarla con nota en cada efemérides. También ahora. Y quizá el año que viene que se cumplirán cuatro siglos de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra, el amigo misterioso de Aragón.

 

Tronchón. El famoso queso de Tronchón, Teruel, aparece citados dos veces en la II parte de ‘Don Quijote de la Mancha’. En el capítulo LII se dice: “y más un queso que Teresa le dio, por ser muy bueno, que se aventajaba a los de Tronchón”. Y en LXVI se lee: “aquí llevo una calabaza lleno de lo caro, con no sé cuántas rajitas de queso de Tronchón, que servirán de llamativo y despertador de la sed, si acaso está durmiendo”.

Maese Pedro. En varios capítulos de la II parte se cuenta la historia del titiritero Maese Pedro. En el capítulo XXVI se dice: “Vuelvan vuestras mercedes a aquella torre que allí parece, que se presupone que es una de las torres del alcázar de Zaragoza, que ahora llaman la Aljafería”.

Joaquín Ibarra. El impresor zaragozano es uno de los grandes personajes de la ilustración. Ibarra (Zaragoza, 1725-Madrid, 1785) realizó, por encargo de la Real Academia Española, una primorosa edición del Quijote en 1780 (la empezó en 1777) en cuatro volúmenes, con tipos nuevos y con 33 ilustraciones. La encargó Grimaldi, el secretario de Carlos III. Se recuperó en edición facsímil hace una década por el Gobierno de Aragón. Es una joya admirada no solo en España sino en Europa.

Javier Blasco. El catedrático zaragozano de la Universidad de Valladolid sostiene que el autor del Quijote apócrifo es Baltasar de Navarrete. Ha escrito: “Los documentos que hoy conocemos sitúan a fray Baltasar Navarrete (teólogo y maestro en Artes, catedrático de la Universidad de Valladolid, próximo al círculo del duque de Lerma, autor vergonzante de La pícara Justina) en el centro del escenario en que madura el Quijote apócrifo, libro que, como ocurría con La Pícara Justina, también escuda en el seudónimo su presentación en sociedad”.

Otros. El aragonés Alberto Blecua, con Andrés Pozo, realizó la edición del IV centenario de la novela, en un único volumen, para el sello Espasa. Aurora Egido, Juan Antonio Frago, Alfonso Zapater, Manuel Serrano o Isaías Moragas, entre otros, le han dedicado monografías y estudios. Y Antonio Pérez Lasheras firmó ‘Sin poner los pies en Zaragoza (algo más sobre el Quijote y Aragón)’ ( Rolde de Estudios Aragoneses, Zaragoza, 2009), donde además explica el verso “o en las montañas de Jaca”, que aparece en el capítulo XLIV, como expresión casi arquetípica del frío y las cumbres.

 

*Un grabado de Doré alusivo a la Ínsula Barataria.

 

DANIEL GASCÓN ESCRIBE DEL QUIJOTE

DANIEL GASCÓN ESCRIBE DEL QUIJOTE

TRES MANERAS DE LEER EL QUIJOTE

 

[Daniel Gascón publica en la revista 'Letras libres' este texto sobre el Quijote, de cuya segunda parte se cumplen ahora 400 años. La segunda parte estuvo mediatizada por la aparición del Quijote de Avellaneda, apareció en 1614. Hay numerosas tesis sobre quién era ese personaje: Jerónimo de Pasamonte, Baltasar de Navarrere, Liñán, etc., pero ese no es el tema de este texto.]

Por Daniel GASCÓN*

Alfredo Pérez Rubalcaba señaló en una ocasión que en España enterramos muy bien. Que a estas alturas estemos buscando los restos de dos de los escritores más importantes que ha dado el país, Federico García Lorca y Miguel de Cervantes, indica que al menos sabemos borrar muy bien las huellas. El epitafio de Shakespeare amenazaba a quienes pretendieran mover sus huesos, en lo que Fernando Trueba calificó en su Diccionario de cine como una advertencia anticipada a las adaptaciones cinematográficas. Pero es posible que una de las condenas de los clásicos es que no los dejemos descansar nunca, entre otras razones porque ellos tampoco nos dejan descansar a nosotros: un clásico es, como decía Italo Calvino, un libro que nunca se acaba de leer, y un libro que siempre nos dice cosas sobre el presente.

La segunda parte del Quijote, que cumple cuatrocientos años y es la que convierte la obra en la primera e inagotable novela moderna, cumple esa condición de forma más clara que otros libros. La lista podría ser mucho más larga; voy a mencionar solo tres ejemplos. En el capítulo 53, después de su experiencia como gobernador de la Ínsula Barataria, Sancho Panza se encuentra con Ricote, un morisco originario de su aldea. Un bando de septiembre de 1609 había decretado la expulsión de los moriscos, completando la siniestra tarea que habían iniciado los Reyes Católicos al expulsar a los judíos en 1492. Ricote, disfrazado, va con unos peregrinos alemanes y quiere recuperar el dinero que había escondido al marcharse (cuando se publicaron los bandos para Castilla, en 1610, se prohibió que los moriscos sacaran moneda). Su mujer y su hija partieron con destino a Berbería y él hacia Alemania, donde “cada uno vive como quiere, porque en la mayor parte della se vive con libertad de conciencia”. Ricote defiende la decisión de las autoridades: “me parece que fue inspiración divina la que movió a Su Majestad a poner en efecto tan gallarda resolución, no porque todos fuésemos culpados, que algunos había cristianos firmes y verdaderos, pero eran tan pocos, que no se podían oponer a los que no lo eran, y no era bien criar la sierpe en el seno, teniendo los enemigos dentro de casa”. Pero añade:

Finalmente, con justa razón fuimos castigados con la pena del destierro, blanda y suave al parecer de algunos, pero al nuestro la más terrible que se nos podía dar. Doquiera que estamos lloramos por España, que, en fin, nacimos en ella y es nuestra patria natural; en ninguna parte hallamos el acogimiento que nuestra desventura desea, y en Berbería y en todas las partes de África donde esperábamos ser recebidos, acogidos y regalados, allí es donde más nos ofenden y maltratan. No hemos conocido el bien hasta que le hemos perdido; y es el deseo tan grande que casi todos tenemos de volver a España, que los más de aquellos, y son muchos, que saben la lengua, como yo, se vuelven a ella y dejan allá sus mujeres y sus hijos desamparados: tanto es el amor que la tienen; y agora conozco y experimento lo que suele decirse, que es dulce el amor de la patria.

Hay una exposición teórica que parece justificar la expulsión. Pero Cervantes también introduce una perspectiva individual, y adopta el punto de vista de Ricote para mostrar el dolor y el desamparo de unas personas que pierden su lugar y sus propiedades por la acción del Estado. La realidad entra en la novela. Y paradójicamente esa situación concreta enlaza el libro con el pasado próximo y con el presente.

Uno de los elementos que definen la modernidad del Quijote, y su capacidad para sugerir posibilidades y universos narrativos a otros creadores, es el aspecto metaficcional. Aunque los juegos metanarrativos son múltiples y variados y recorren la novela de principio a fin, resultan especialmente importantes en la segunda parte. El Quijote es la historia de un lector y uno de sus temas principales es la propia literatura, pero también el propio libro y, en esta segunda parte, sus lectores. Don Quijote y Sancho se encuentran con personajes, como los duques, que ya los conocen por el libro anterior. Pero, además, la continuación espuria del Quijote, la versión de Avellaneda, que incluía ataques personales a Cervantes, se convierte en un elemento de la trama de la novela. Esa relación extrañísima, misteriosa, irónica y juguetona, es uno de los aspectos más admirables y sugerentes del libro. Esta segunda parte es en cierto modo una reivindicación de la soberanía del autor sobre el mundo que ha imaginado. Es decir: la afirmación del derecho de autor está en el germen de la primera novela moderna.

El uso de la continuación dentro de la trama lleva al tercer ejemplo. Siguiendo una pista del final de la Primera parte, Avellaneda situaba al autor en Zaragoza. En el capítulo 59 de la continuación de Cervantes don Quijote se entera de la existencia de ese otro libro y de las peripecias falsas que se le atribuyen:

–Por el mismo caso –respondió don Quijote– no pondré los pies en Zaragoza y así sacaré a la plaza del mundo la mentira dese historiador moderno, y echarán de ver las gentes como yo no soy el don Quijote que él dice.

Don Quijote se dirige a Barcelona evitando la capital aragonesa. En el trayecto se encuentra con un bandido honorable, Roque Guinart (aunque la mayoría de sus hombres, ay, son “gascones, gente rústica y desbaratada”). Barcelona es el escenario de algunos de los episodios más memorables y decisivos del Quijote, del encuentro del protagonista con el peligro de verdad (y la reaparición de Ricote) y de la visita a una imprenta, donde se están preparando ejemplares de la falsa continuación. Como ha señalado alguna vez Sergio Vila-Sanjuán, el Quijote convertía Barcelona en la ciudad de la edición y de los libros, en la capital literaria de la lengua castellana

 

*Aquí puede leerse el texto: http://www.letraslibres.com/blogs/blog-de-la-redaccion/tres-maneras-de-leer-el-quijote

JAVIER ESPADA: 'TRAS NAZARÍN'

JAVIER ESPADA: 'TRAS NAZARÍN'

'TRAS NAZARÍN': NUEVA PELÍCULA DOCUMENTAL DE JAVIER ESPADA
Javier Espada ya ha confirmado que estrenará su películka 'Tras Nazarín' en México. Aquí se puede seguir: trasnazarin.com
Allí puede leerse: "Nazarín es un Quijote del sacerdocio". "Entre las películas que he realizado en México, Nazarín es una de las que prefiero." "La imaginación es nuestro primer privilegio, inexplicable como el azar que la provoca". Luis Buñuel

EL DOCUMENTAL DE JAVIER ESPADA
Tras 'Nazarín' pertenece al género documental, aunque es un documental de creación, en el que los conocimientos del director sobre la película "Nazarín" -dirigida por Luis Buñuel en 1959- y sobre el propio Luis Buñuel (Javier Espada es el director del Centro Buñuel de Calanda desde su creación en el año 2000) se funden en un viaje por la memoria, acompañados de las fotografías que Buñuel tomó antes de filmar la película y por las fotografías realizadas durante el rodaje por Manuel Álvarez Bravo. La mayoría de estas fotografías se muestran por primera vez.

Tras una labor de investigación que ha permitido localizar todos los lugares fotografiados por Buñuel en el Estado de Morelos, estos hallazgos se ofrecen a la mirada del espectador, a su sensibilidad e inteligencia, acompañados de música original compuesta por Sergio González Carducci.

Tras Nazarín cuenta la historia de un rodaje en el que confluyeron de una manera extraordinaria un grupo de artistas y técnicos que a posteriori, y cada uno en su ámbito, marcaron el devenir de una parte muy importante del cine, la fotografía y la interpretación no sólo mexicana sino internacional. Nuestra película es un emocionante viaje tras los pasos de este entusiasta y transgresor grupo de artistas comandado por Luis Buñuel, donde redescubrimos los sitios donde localizaron y grabaron la historia del galdosiano Padre Nazario.

En este tránsito por los pueblos del Estado de Morelos nos acompañan cineastas, artistas y sobre todo amigos, para los que el relato de Nazarín y la influencia de esta película en la historia del cine les ha marcado. También se habla del propio Buñuel, dado que su cine es tan personal que sin hablar del cineasta es imposible acercarse a su obra.

Aunque se trata de un documental que versa sobre una película, está planteado de tal modo que lo puede ver todo tipo de público, no siendo necesario que previamente conozcan ni "Nazarín" ni la biografía de Buñuel.El público cinéfilo, no obstante, encontrará muchas más referencias y podrá apreciar más los contenidos de este viaje por la memoria de un rodaje.

A los estudiantes de cine Tras Nazarín les ofrece una importante información sobre la forma de trabajar de uno de los mejores cineastas de todos los tiempos, referencias a la industria mexicana del cine de la época, además de otros elementos ligados al proceso de la creación artística, pese a que no se trata de un documental de tipo didáctico, la fuerza poética del cine de Buñuel aparece reflejada, viva e inspiradora.

Este documental está en la línea de otros filmes que exploran las relaciones entre directores y películas, entre los que cabe citar:

"Documento Fanny y Alexander" de Ingmar Bergman
"Dirigido por Andrei Tarkovsky" de Michal Leszczylowsk
"Hearts of Darkness: A Filmmaker's Apocalypse" de Eleanor Coppola
"El peso de los sueños" de Les Blank, un documental sobre el rodaje de "Fitzcarraldo" de Werner Herzog
Es de destacar que Gabriel Figueroa logró una de las mejores fotografías del cine de Buñuel, al integrar el duro paisaje mexicano en la historia del cura errante. Una fotografía tan adecuada que puede pasar desapercibida. Los encuadres, como prueban las fotografías realizadas por el propio Buñuel, ya estaban previstos.

'Tras Nazarín' es una película dedicada a todos los que, como Buñuel, han encontrado su tierra en otra tierra.