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Antón Castro

Artistas

LIZZIE SIDDAL: LA MUSA ETÉREA

A PLENO SOL. Se llamó Elizabeth Eleanor Siddall (1829-1962) de nacimiento, fue modista de sombrerería y se convirtió en la modelo ideal de los artistas Prerrafaelitas. Fue la amante y la esposa de Dante Gabriel Rossetti y murió a los 33 años, de una dosis excesiva de laúdano.

 

 Lizzie Sidal fue la ‘Ofelia’ de Millais en 1852. Durante el posado contrajo una neumonía.

 

Tras su muerte en 1862, su marido Rossetti le rindió su mejor homenaje con ‘Beatrix Beata’

 

 LIZZIE SIDDAL: LA MUSA ETÉREA

 

Antón CASTRO

La historia del arte está llena de locura, muerte y episodios de amor. El relato de la vida y la creación de Dante Gabriel Rossetti (1828-1882) y Elizabeth Eleanor Siddal (1829-1962) tiene de todo; constituye uno de esos admirables capítulos donde la realidad y la imaginación se vuelven imprecisos, donde la enfermedad y la muerte conviven con la obstinación y el delirio hasta hundirse en la sinrazón y la tiniebla. Procedían de familias muy distintas: de origen italiano, aunque londinense, Dante Gabriel era hijo de un emigrado rico e ilustrado que le pudo dar una buena educación. Pronto se apasionó por la pintura y la poesía, y en 1848, con los pintores William Holman Hunt y John Everett Millais fundó la Hermandad Prerrafaelita, que se oponían al nuevo academicismo y reivindicaba un regreso al detallismo, la luz y el color de los pintores italianos y flamencos anteriores a Rafael; en el fondo, era un regreso a una nueva forma de romanticismo vinculado a la época medieval y al renacimiento.

Elizabeth Eleanor Siddall, que pasaría a la historia como Elizabeth o Lizzie Siddal (con una sola ele), había nacido en 1829 en el seno de una familia humilde que tenía seis hijos. No está claro que fuese a la escuela, pero sí que era una criatura sensible que descubrió el embrujo de la poesía al leer, en un viejo diario, un fragmento de un poema de Alfred Tennyson. También debía ser una joven resuelta: trabajaba de modista en una sombrerería y de modelo de artistas, merced a que un día el pintor William Deverell la vio y se quedó fascinado: era alta, de cartílagos airosos, tenía un rostro ideal, los labios carnosos y un pelo rojo, muy rojo, aunque otros utilizan el epíteto cobrizo. Además del porte, poseía un aire más bien lánguido y romántico.

Probablemente fuese Deverell quien la descubrió, pero quien se enamoró de ella fue Dante Gabriel Rossetti. Era la modelo que andaba buscando: la musa etérea, la mujer soñadora y sensual. Sus relaciones fueron más allá de la pintura: ella posó para él y además se convirtió en objeto de veneración. Durante algún tiempo, el pintor y poeta permitió que posase para otros. Lo haría, por ejemplo, para John Everett Millais en 1852 y para Clerk Saunders en 1857. Su colaboración con Millais respira enigma y belleza. Fue su ‘Ofelia’, inspirada en el personaje de ‘Hamlet’ de Shakespeare; la situó en una bañera que el pintor calentaba con velas y en varias ocasiones, de tan obcecado o concentrado que estaba Millais, no se percató de que el agua se había enfriado. A consecuencia de estas sesiones, Lizzie Siddal cogió una neumonía de la que dicen que jamás se recuperó del todo; siempre fue una joven pálida y enfermiza. Algunas fuentes aseguran que su padre denunció al pintor y le pidió una compensación para curar a la joven. Esa ‘Ofelia’ es uno de los cuadros más famosos con el rostro de Lizzie.

A la vez, seguía manteniendo su historia de amor con Dante Gabriel Rossetti. Este no accedía a casarse porque su familia no la aceptaba. Poco a poco, la joven, enferma y desanimada, se fue haciendo adicta al láudano. Por fin, en 1860 se casaron en Hastings, en una ceremonia en la que no hubo invitados. Para entonces, Lizzie Siddal ya conocía bien el carácter de su marido, dado a la bebida y un gran seductor de otras mujeres, que a veces eran sus modelos. Ahí están nombres como Jane Burden (esposa de William Morris), Ruth Herbert, Annie Miller, Alexa Wilding y Fanny Cornforth. A todas las pintaba y concertaba citas con ella. Y a la vez, celoso y agrio, ya no soportaba que su esposa posase para otros. En sigilo, a veces con su colaboración, a veces más o menos en secreto, Lizzie, dotada de una intensa sensibilidad, escribía poemas, sobre todo de amor, dibujaba y pintaba. Pintó algunos autorretratos. Pero esa actividad estaba eclipsada por la fama de su marido y también por su visión pesimista de la vida y quizá de sí misma: solía retratarse triste, espectral, casi tenebrosa.

El 11 de febrero de 1862, al parecer Dante Gabriel Rossetti salió de casa para impartir algunas lecciones a gente humilde, como solía hacer. En realidad, le confesó a un amigo que iba a encontrarse con Fanny Cornford, a la que llamaba “mi querido elefante”: era opulenta, fuerte, alta, pero carecía de la belleza de Lizzie. Cuando regresó casi al alba, se encontró con su esposa yerta. Quizá se había excedido con el láudano y se había muerto. Esos dos años de convivencia habían sido infernales: por las infidelidades del pintor y poeta, por dos embarazos que no llegaron a buen puerto, por la doliente fragilidad de la joven. Apenas tenía 33 años. Los historiadores hablan de suicidio. Dante Gabriel Rossetti se sintió culpable: logró deslizar en su ataúd uno de sus cuadernos manuscritos con sus poemas y no tardaría en rendirle uno de sus mejores homenajes al pintarla en ‘Beata Beatriz’.

Casi siete años después, instigado por su marchante artístico, Charles Augustus Howell, se exhumó el cadáver y se recuperaron los poemas. Rossetti no se atrevió a estar presente, aunque había intentado comunicarse con ella a través del espiritismo. Aceptó cuánto lo contó Howell: le dijo que Lizzie estaba impecable, incorrupta, que el pelo le seguía creciendo, y le devolvió los poemas, que publicarían sus amigos en 1870 con el título de ‘La casa de la vida’ (hay edición en castellano del aragonés Francisco M. López Serrano en Pre-Textos, 1998). Los expertos se escandalizaron: eran poemas de amor y erotismo de alguien que había sufrido mucho.

Rossetti murió en 1882, veinte años después de la muerte de su mujer. En los últimos tiempos, se convirtió en un auténtico anacoreta, víctima de la culpa, de la locura y quizá del olvido. Se hizo acompañar por un marsupial, el wombat, al que le cuesta catorce días hacer la digestión. Fue, con el fantasma de Lizzie, su última compañía. 

 

EL ANECDOTARIO

Amor de película. Esta historia le ha interesado mucho al cine y a la televisión. Al menos se han rodado tres películas: ‘El infierno de Dante’ (1967) de Ken Russell, ‘La Escuela de Amor’ (1975), una serie de televisión, donde Patricia Austin encarnaba a Lizzie, y ‘Románticos desesperados’ (2009), interpretada por Aidan Turner (Rossetti) y Amy Manson (Lizzie), que es una serie de la BBC en seis capítulos de Paul Gay. Puede verse aquí con subtítulos en portugués: http://www.dailymotion.com/video/x1zp50q_romanticos-desesperados-ep-1-6-leg-pt_shortfilms. Lizzie Siddal y Rosseti tienen muchos seguidores en la red. Aquí puede conocerse mejor el mundo de ambos: www.lizziesiddal.com.

 

Retrato. Dante tenía varios hermanos, entre ellos Christina, poeta, y William Richard, crítico y escritor, que ha dejado este retrato de Lizzie Siddal: “Una de las criaturas más bellas, con un aire entre dignidad y dulzura con algo que excedía la modestia y la autoestima y poseía una desdeñosa reserva; alta, finamente formada con un cuello suave y regular, con algunas características poco comunes, ojos verde-azulados y poco brillantes, grandes y perfectos párpados, una tez brillante y un espléndido, grueso y abundante cabello oro-cobrizo”.

 

 

INOLVIDABLE FRANÇOISE DORLÉAC

INOLVIDABLE FRANÇOISE DORLÉAC

[A PLENO SOL. La historia de una gran intérprete francesa que había seducido a François Truffaut, Jacques Demy o Roman Polanski. Tenía 25 años cuando se estrelló en un coche en dirección a Niza. Era bella, fascinante, de una contagiosa alegría de vivir. Deslumbró en ‘La piel suave’ y coincidió con su hermana en ‘Las señoritas Rochefort’.]

 

Françoise Dorleác: la inolvidable

hermana de Catherine Deneuve

 

Hay vidas que son como un centelleo y dejan un fulgor inextinguible. Una memoria poblada de imágenes, sensaciones y personajes: un sueño de cine. Una de esas vidas, una de esas criaturas fue la actriz Françoise Dorléac (París, 1942- Villeneuve-Loubet, 1967), hermana de Catherine Deneuve, dieciocho meses mayor que ella. Al principio, Catherine acompañaba a su hermana a los rodajes y le contagió la ilusión de interpretarse a sí misma y de ser otra.

Quizá por ello, a Catherine le costó casi treinta años hablar de aquella joven rebelde que encarnaba la alegría de vivir y la libertad. Françoise desapareció de un modo horrible un 26 de junio de 1967: había alquilado un coche en Niza y, cuando se dirigía con prisa al aeropuerto a tomar un avión hacia París, sufrió un accidente y salió de la calzada; con el impacto, el vehículo se incendió, se bloquearon las puertas y quedó allí prisionera entre las llamas. Tenía 25 años y era una de las musas del cine francés: había trabajado con René Clair, Jacques Demy, François Truffaut y Roman Polanski, entre otros. La esperaba en Londres Ken Russell para continuar el rodaje de su última película: ‘Un cerebro de un billón de dólares’, en la que participaba Michael Caine.

Catherine Deneuve firmó con el joven novelista Patrick Modiano (1945), que también había perdido a su hermano Rudy en 1957, un volumen de recuerdos: ‘Elle s’apellait Françoise’ (1996), donde decía, entre otras cosas: «Teníamos una intimidad muy grande pero, al mismo tiempo, no nos gustaba la misma gente. No teníamos los mismos amigos ni nos gustaban los mismos hombres. Esto era perfecto ya que evitamos la rivalidad amorosa que habría podido existir entre nosotras, que éramos casi de la misma edad. La verdad es que parecíamos el día y la noche. Parece una locura pero, en el fondo, el hecho de ser muy diferentes nos acercó en lugar de separarnos. La pérdida de Françoise es el drama más importante de mi vida».

Françoise siempre fue especial en una familia muy particular. Sus padres, Maurice Dorléac y Renée Deneuve, eran actores. Y ella hizo su primera aparición en escena con diez años. Muy pronto dejó el liceo, de ahí que casi desde entonces haya tenido fama de díscola, indisciplinada y con arrebatos de genio. Se apuntó a un curso de teatro con Raymond Girard para verificar si aquella era su auténtica vocación y al año siguiente, en 1957, se matriculó en el Conservatorio de Arte Dramático, donde tuvo como profesor a Manuel Rochel. A este le gustó tanto aquella joven decidida, con energía y belleza, dispuesta a comerse el mundo, que le dio el papel de ‘Gigi’, la pieza que había escrito Colette, para un montaje escénico de 1960 en el Teatro Antoine. Apenas tenía 18 años y ahí empezaba su carrera. Casi a la vez dio el salto al cine, en concreto a través de ‘Les loups dans la bergerie’ de Hervé Bromberger (1959). En los años siguientes actuaría en ‘Todo el oro del mundo’ (1960) de René Clair y en ‘Les portes claquent’ (‘El golpe de las puertas’) de Michel Fermaud. Dicen sus biógrafos y amigos que cuando hizo esta película animó a su hermana Catherine para que trabajase en el cine. También actuó en ‘Arsenio Lupin contra Arsenio Lupin’ (1962) de Eduard Molinaro y a la vez se convirtió en modelo de Christian Dior.

Estaba naciendo una estrella. En los 60 Francia daría una generación magnífica de actrices como Bernadette Laffont, Anna Karina y Anne Wiazemsky (ambas serían musas de Godard), la propia Jane Birkin, Marie Laforet y por supuesto las hermanas Dorléac-Deneuve. El año 1964 sería capital para Françoise: hizo dos películas muy conocidas, ‘El hombre de Río’ de Philippe de Broca, donde compartió protagonismo con el galán Jean-Paul Belmondo, y ‘La piel suave’, su colaboración con François Truffaut, donde encarnaba a la azafata Nicole que vivía una historia de amor con un casado hombre de negocios. Para muchos es su mejor trabajo. Truffaut, el realizador que siempre amaba a sus actrices, sacó el mejor partido de ella: era hermosa, soñadora, inquietante, vivaz, dulce y arisca a la vez, de una intensa sensualidad. Vivieron un romance durante una filmación tensa, en la que ni ella ni el cineasta se entendieron con el actor Jean Desailly. Les quedó una gran amistad, se cartearon a menudo y Truffaut le dijo que contaría con ella cada seis años. La retrató así: «Para todos los que la conocimos, Françoise Dorléac era una persona como se encuentran pocas: una joven mujer incomparable a la que su encanto, su feminidad, su inteligencia, su gracia y su increíble fuerza moral le hacían inolvidable para quien hubiera hablado una hora con ella».

Al año siguiente hizo ‘Callejón sin salida’ (1965) de Roman Polanski y dos años después cumplió un sueño: protagonizó con su hermana Catherine (con la que la habían querido enfrentar) una deliciosa película: ‘Las señoritas Rochefort’ (1967), un musical de Jacques Demy, donde ambas estaban inspiradísimas. La pieza, de una puesta en escena un tanto relamida, de tonos pastel, era un homenaje y a la vez una parodia de los musicales norteamericanos, de hecho intervino Gene Kelly. Las dos estaban muy bien: quizá Catherine fuese algo más sofisticada, distante y fría. Hicieron una película sugerente, elegante, llena de complicidad y de ternura sobre la búsqueda del verdadero amor. Parecían gemelas, casi como Pili y Mili. Demy había dirigido a Catherine en ‘Los paraguas de Cherburgo’.

Françoise siguió actuando hasta que produjo el fatal accidente. Realizó veinte películas en apenas siete años. Catherine, célebre y famosa, pareja durante un tiempo de François Truffaut, confiesa en el libro: «No lograba decir adiós a una hermana que era lo que más quería en el mundo». Quizá tampoco lo haya logrado todavía.

el anecdotario

 

Retrato íntimo. Catherine Deneuve, con Patrick Modiano, la definió así: «No verla nunca más, no poder tocarla, era lo único que me preocupaba. Para mí, Françoise es su cara, su pequeña nariz, sus pecas, su risa, su voz. Sobre todo su voz. Cuando oigo su voz, aparece ante mí inmediatamente. Escuchar la voz de Françoise es como un bálsamo pero, al mismo tiempo, es algo realmente de muy duro, ya que supone la apertura de una herida de nuevo que no se volverá a cerrar nunca completamente».

La joven moralista. Truffaut escribió sobre ella en 1968 en ‘Cahiers du cinéma’, texto que integraría su libro ‘El placer de la mirada’: «Françoise es inflexible, a veces hasta el límite de la tolerancia: una moralista cuyas conversaciones son ricas en aforismos sobre la vida y el amor. Y posee un bello e inteligente rostro y un cuerpo como recién desarrollado, como para durar eternamente».



 

VIDA Y PINTURA DE PABLO GONZALVO

VIDA Y PINTURA DE PABLO GONZALVO

 

A PLENO SOL. La historia de un artista aragonés del siglo XIX, que se especializó en la pintura de perspectivas y paisaje urbano. Se formó en Zaragoza y se instaló en Madrid. Pintó Toledo, la Alhambra o, entre nosotros, El Pilar, la Torre Nueva y La Seo. Su gran amigo fue el cubano José Martí.

 

 

Vida y pintura de Pablo Gonzalvo

 

 

El siglo XIX cuenta con dos de los más grandes pintores aragoneses de la historia: Francisco de Goya, que moriría en Burdeos y revolucionó el arte en sus últimos años, especialmente con las ‘pinturas negras’, sus cuadros de guerra y sus grabados, y Francisco Pradilla, a quien llamaron alguna vez «el segundo Goya de Aragón», por su paleta variada y plena de color que le permitía realizar retratos, pintura de historia, cuadros simbolistas, alegóricos y costumbristas. Pero en ese período hubo otras figuras importantes, elogiadas por doquier: un buen ejemplo sería Pablo Gonzalvo Pérez (Zaragoza, 1829-Madrid, 1896), el gran amigo aragonés de José Martí y un artista finísimo, perfeccionista, especializado en lo que se denomina pintura de perspectivas, paisajes arquitectónicos y urbanos, y vistas interiores de catedrales y edificios nobles.

No se saben demasiadas cosas de su vida: nació en Zaragoza en 1828 (a veces se dice que en 1827 o incluso en 1830) y era hijo de hijo de Pedro Gonzalvo y Engracia Pérez. A orillas del Ebro realizó sus primeros estudios; pronto descubrió la pasión por el arte y no tardaría en trasladarse a Madrid. Ingresó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, al menos durante el curso 1845-1846, y fue alumno y discípulo de Federico de Madrazo (1815-1894), del que se escribió «que era el más sólido retratista del momento», autor de alrededor de 600 obras del género. Gonzalvo asistió a su taller, se especializó en paisaje y parece evidente que el maestro le realizó un cuidadoso retrato ovalado; a veces se dice que no es Gonzalvo, sino otro alumno pintor: José Gonzálvez Martínez.

No es fácil saber cómo evolucionó la carrera del pintor aragonés. Sí se sabe, por ejemplo, que debía ser amigo de Martín Rico, artista que reivindicó hace muy poco el Museo del Prado y del que podemos ver algunos cuadros en el Palacio de Sástago, porque en el verano de 1856 ambos visitaron el santuario de Covadonga y tomaron numerosos apuntes del natural al dibujo y a la acuarela. ¿En qué momento decide Pablo Gonzalvo especializarse en pintura de perspectiva arquitectónica o paisaje urbano? No se sabe con exactitud, pero se convertirá en el gran maestro de un género al que algunos consideraban menor. Era muy exigente, exigía precisión y paciencia, sentido de la composición y dominio del contraluz. Esa disciplina tenía a la arquitectura como protagonista. Gonzalvo alterna el trabajo de creación, las horas en su obrador (lo tuvo en la cuesta de Santo Domingo, 3, muy cerca del Palacio Real, al menos durante años) con la enseñanza. Primero fue profesor de Perspectiva en las Escuelas de Bellas Artes de Cádiz y de Valencia, tal como cuenta Manuel García Guatas en su libro ‘La España de José Martí’ (PUZ, 2014); a partir de 1868 obtuvo un puesto en la de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid, donde se jubilará.

Como era frecuente en la época concurrió a las exposiciones nacionales y logró tres primeras medallas en las de 1860, 1862 y 1864, pero también fue galardonado en Bayona, París y Viena. Fue un pintor viajero y al parecer estuvo en ciudades como Roma, Venecia (hace algunos años Cajalón exhibió una vista veneciana suya), Viena y Constantinopla (no parece probable que estuviera en Filadelfia, donde también concursó), experiencia que le permitió ampliar su perspectiva artística. También remitió piezas a certámenes en Londres  y Múnich.

Además de estos lugares, quizá por su residencia temporal en Cádiz y su interés por el rico patrimonio andaluz, Pablo Gonzalvo pintó espacios como la Alhambra o la Mezquita de Córdoba, aunque su debilidad siempre se ha dicho que ha sido Toledo, donde solía veranear. Pintó la catedral de Toledo, pero también las catedrales de Burgos y de Ávila, la Lonja de Valencia o la Universidad de Salamanca, entre otros lugares. Por sus numerosos premios fue nombrado comendador de la Orden de Carlos III y de Isabel la Católica y era protegido del Duque de Fernán Núñez y la infanta Isabel de Borbón.

¿Y Zaragoza? A veces no es fácil saber cuándo retorna a la ciudad, pero mantiene el vínculo y se siente atraído por su arquitectura. Especialmente por la Torre Nueva, que sería derribada tres años antes de su muerte, por la Basílica del Pilar y por la catedral de La Seo y, en particular, por la capilla sombría e inquietante del inquisidor Pedro Arbués, que fue asesinado en su interior.

Al parecer, Pablo Gonzalvo era un enamorado de la Torre Nueva y la pintó en varias ocasiones. Le apasionaban, como a su amigo José Martí, los días de bullicio y de feria. De hecho, intentó trasladar a sus lienzos esa actividad. A Pablo Gonzalvo lo han estudiado diversos historiadores del arte: Ana García Loranca y Jesús Ramón García-Rama, Manuel Ossorio, María Luisa García Moreno, Yanelis Abreu, etc. Y entre ellos, el citado García Guatas, que recuerda que «debía ser persona de carácter afable, comunicativo y de convicciones progresistas», que pertenecía a la Sociedad Progreso Espiritista de Zaragoza, cuya lista de socios publicó en dos volúmenes Calixto Ariño, el director del ‘Diario de Avisos de Zaragoza’. Sin embargo, el auténtico divulgador y defensor de la obra de Pablo Gonzalvo Pérez fue José Martí, que lo visitó en Madrid, que lo vio pintar en Zaragoza (en concreto el ‘Interior de la Seo de Zaragoza’, de 1876, que El Prado tiene en depósito en el Museo de Zaragoza) y que le dedicó bellas y cariñosas páginas a ese «buen amigo», el «laborioso, modesto y laureado Gonzalvo: que más que por lo laureado, vale por lo modesto». Y, sobre todo, por su talento plástico indiscutible.

 

el anecdotario

 

Belleza y distancia. Tras su estancia en Madrid -donde debió de conocerlo, según Guatas- y sus casi veinte meses en Zaragoza, donde coincidieron de nuevo, José Martí le dedicó páginas muy cariñosas y entusiastas a Pablo Gonzalvo, igual que a Goya, Fortuny o Madrazo. Dijo: «Nadie como Gonzalvo puede medir las distancias con tanta exactitud, ni sabe reproducir la severidad y dureza de una línea recta, o recrear, casi viva, la antigua belleza ornamental. El Museo del Prado tiene un exquisito cuadro de Gonzalvo, ‘El patio de las infantas’». En realidad, la obra se titula: Celebrada casa de la Infanta en Zaragoza, la salida del combate’, y está fechada en 1868. 

 

*Este retrato es de Federico de Madrazo.

HEDY LAMARR, ACTRIZ Y CIENTÍFICA

HEDY LAMARR, ACTRIZ Y CIENTÍFICA

Hoy, en la sección ’A pleno sol’, publico un texto sobre la actriz y mujer de ciencia Hedy Lamarr (1914-2000]

http://www.heraldo.es/noticias/ocio_cultura/2014/08/02/
hedy_lamarr_actriz_mas_bella_ciencia_302894_1361024.html]

 

[A PLENO SOL. La intérprete vienesa, que alcanzó la fama con ‘Éxtasis’, donde realizó el primer desnudo integral de la historia del cine, y con ‘Sansón y Dalila’, fue una una gran científica e ingeniera militar. Con el músico George Antheil descubrió un sistema de comunicación que anticipó el GPS, la telefonía móvil o el wi.fi.]

 

Hedy Lamarr, la actriz

más bella de la ciencia

 

Si Ava Gardner fue “el animal más bello del mundo”, Hedwig Eva Marie Kessel, que se haría célebre como Hedy Lamarr (Viena, 1914- Orlando, EE. UU., 2000) sería “la mujer más hermosa de la historia del cine”. Y a la vez fue mucho más: uno de esos casos increíbles, extraños y fascinantes, que daría para una asombrosa película. Fue actriz, ingeniera, científica y una precursora de invenciones que nos han cambiado la vida. Su padre, Emil, era un banquero fascinado por el progreso y los avances tecnológicos y su madre era pianista. Los dos eran judíos. Ella estudiaría danza, música e idiomas, y no solo eso: en el colegio pronto demostraría que era muy brillante, superdotada, y que todos la perseguían y la pretendían. En sus memorias denunciaba varias tentativas de violación.

Se matriculó en Ingeniería a los 16 años y antes de que nadie se diese cuenta lo dejó y decidió apostar por el teatro. Fue así como empezó a estudiar con Max Reinhardt; poco después, antes de llegar a la mayoría de edad, fue contratada para una película checa, ‘Éxtasis’ de 1932, de Gustav Machatý, que le exigió un hermoso sacrificio: se desnudaba durante diez minutos, a lo largo de un bosque que desembocaba en un lago, y fingía un orgasmo. La película fue un auténtico escándalo: dicen que es el primer desnudo integral en una película comercial. La obra la vio el empresario Friz Mandl, que se quedó embrujado y espantado a la vez. Aquella mujer, jovencísima y radiante, lo perturbó de tal suerte que pidió su mano y arregló con sus padres, en agosto de 1937, un matrimonio de conveniencia.

Mandl, que se dedicaba a la industria de armas y pertenecía al partido nazi, hizo todo lo posible para conseguir las copias de la película. No lo logró. Fritz obligó a su mujer a dejar el cine y la mantuvo en un régimen de cautividad durante dos años. Heddy aprovechó esa reclusión infame –solo podía desnudarse o ducharse si él estaba delante- para volver a la ingeniería. Siguió estudiando e investigando. Mujer de recursos, al cabo de un tiempo estableció una relación sentimental con su asistenta, y ella le ayudaría a escapar a París. De ahí partió a Londres, a pesar de que los guardaespaldas de su marido le pisaban los talones. En la capital inglesa embarcó en el trasatlántico Normandie para Estados Unidos, con tal fortuna de que en él viajaba Louis B. Mayer. Lo sedujo, y él le sugerirá que se cambie de nombre: pasará a ser Hedy Lamarr, en honor a una ex amante yonqui del productor y director, Barbara La Marr (1896-1926).

Aquella mujer morena, de una belleza inefable, había hecho cinco películas. Hasta su retiro en 1958, participará en alrededor de una treintena, la más famosa será ‘Sanson y Dalila’ (1949), dirigida por Cecil B. DeMille, pero para entonces ya habría dado mucho que decir. En el cine, salvo ese filme, no tuvo suerte: eligió mal los papeles y rechazó películas que fueron un gran éxito como ‘Casablanca’ o ‘Luz de gas’, que haría Ingrid Bergman, con quien tiene otro rasgo en común: las dos enamoraron y amaron al fotoperiodista Robert Capa. También estuvo a punto de ser elegida para ‘Lo que el viento se llevó’.

Hedy Lamarr odiaba al nazismo y a Hitler (que le había besado los dedos de las manos de niña), odiaba al fascismo y a Mussolini, con quien comió alguna en la casa familiar, pero mientras estuvo encerrada –ella habló en sus memorias eróticas ‘Éxtasis y yo’ de “secuestro” y “esclavitud”- intentó aprender todo lo que se podía aprender de los amigos, empresarios y contactos políticos de su marido. Libre ya y lejos de Mandl, tendría una obsesión: combatir a esos dos movimientos que venían a aniquilar el mundo. Por ello, no resulta raro que además de hacer su carrera en la pantalla y en la moda trabajase en sus inventos.

El más importante lo desarrolló con George Antheil (1900-1959), un músico bohemio que componía bandas sonoras para películas y escribía en ‘Esquire’. Juntos concibieron la técnica del salto de frecuencia, “el espectro expandido”, que consistía “en un sistema secreto de comunicaciones entre barcos y aviones que servía para dirigir un torpedo con señales de radio que cambiaban de frecuencia arbitrariamente para evitar ser interceptadas”. Este sistema, ampliado y perfeccionado, dará lugar a inventos modernos como el GPS, el Bluetooh, la telefonía móvil o el wi-fi. Lo patentaron el agosto de 1941, pero no les hicieron mucho caso al principio, a pesar de que estaba pensado para la II Guerra Mundial. Su invento empezaría a usarse en la guerra de Vietnam y en Cuba a partir de 1957.

Heddy Lamarr fue una mujer excepcional. Algunos reclamarían para ella el Premio Nobel de Física cuando se supo su importancia científica. Era de una hermosura impresionante, tenía carisma, personalidad y un gran ‘sex appeal’. Aunque no hizo una carretera deslumbrante en el séptimo arte, trabajó con grandes realizadores como King Vidor o Jacques Tourner. No bebía, no le gustaban las fiestas y amó a hombres y mujeres. Se casó seis veces y siempre se declaró partidaria del placer. Se confesó hipersexual. Tuvo al menos tres hijos. No concedía entrevistas. Eso sí, tenía un vicio no demasiado secreto: se volvió cleptómana y se arriesgaba incluso por un cepillo de dientes.

 

EL ANECDOTARIO 

El arte y el glamur. Quizá no le habría gustado mucho a Hedy Lamarr una consideración de Terenci Moix sobre ella en sus libros de ‘Mis inmortales de cine’. Dice: “Aunque había estudiado arte dramático en la Escuela de Max Reinhard, y aseguran que en Austria pasó por el teatro, esto no se notaba ni llegó a notarse nunca. La máscara de ‘Lamarvelous’ fue la perfección de la inexpresividad”. La frase, cruel, encontró en ella casi una respuesta: “Cualquier chica puede ser glamurosa. Lo único que tienes que hacer es quedarte quieta y parecer estúpida”.

 

Besos de guerra. Este mismo año, con motivo del centenario de su nacimiento, que se cumple el 9 de noviembre, Telefónica le dedicó una gran exposición a su condición de mujer de ciencia: ‘Hedy Lamarr y el Sistema Secreto de Comunicaciones”. Como Marilyn Monroe o Marlene Dietrich, también se implicó en el apoyo a los soldados de la Segunda Guerra Mundial. Quien comprase boletos por el valor de 25.000 dólares, recibiría un beso de la actriz. Hedy Lamarr vendió siete millones en una sola noche. Es decir, dio 280 besos, lo que no está nada mal.

 

*La foto, de 1940, es de Goerge Hurrell.

*En el original en Heraldo hay un error: la película 'Sanson y Dalila' es de Cecil B. DeMille, no de Louis B. Mayer. Mil disculpas. Nunca se corrige lo suficiente...

 

 


SE REANUDARÁ 'BENDITA CALAMIDAD'

El rodaje de Bendita Calamidad se reanudará la próxima semana

 

El actor Luis Varela se incorpora al proyecto para interpretar al obispo de Tarazona

 

(Nota de Ideasamares: Mercedes Ventura y María Jesús Serrano). Tras el duro golpe que ha supuesto para todos la trágica pérdida de Alex Angulo, que interpretaba un papel protagonista en la película “Bendita Calamidad”, cuyo rodaje acababa de empezar, Gaizka Urresti con el respaldo de todo el equipo y de las numerosas personas que apoyan el proyecto, ha confirmado la decisión de seguir adelante con el largometraje. Una decisión que ha sido posible gracias a la incorporación de un excelente actor de teatro, cine y televisión como es Luis Varela, al que Gaizka Urresti agradece especialmente su compromiso en unos momentos tan difíciles.

 

La continuidad del proyecto ha supuesto un gran esfuerzo para todo el equipo técnico y artístico para poder remontar el ánimo y superar las dificultades técnicas y de agenda que ha supuesto dar viabilidad a un nuevo plan de rodaje que se prolongará hasta el 5 de septiembre.  El trabajo se reanudará el próximo lunes 4 con cinco semanas por delante para rodar en parajes del Moncayo, Zaragoza y Tarazona. “Bendita Calamidad”, que está previsto llegue a los cines en 2015, sigue adelante como sincero tributo que Gaizka Urresti y todo el equipo técnico y artístico de la película quieren rendir a Alex Angulo, a su calidad humana y a su gran valía profesional.

 

“Bendita Calamidad” está basada en la divertida novela homónima de Miguel Mena y gira en torno a dos hermanos en graves apuros económicos que, espoleados por un abogado sin escrúpulos, intentan el secuestro exprés de un rico constructor durante la fiesta del Cipotegato, pero por un error acaban llevándose al obispo de Tarazona, con el que huirán por el Moncayo. Luis Varela, que interpretará al Obispo de Tarazona, se incorpora al reparto principal de este largometraje que cuenta con Carlos Sobera, el zaragozano Jorge Asín, la oscense Carmen Barrantes y el turolense Nacho Rubio, y se completa con el actor Enrique Villén, el humorista Juan Muñoz y todo el elenco de actores de Oregón TV.

 

En nombre de todo el equipo, adjuntamos una carta abierta escrita por el director Gaizka Urresti:

 

MOTIVOS PARA CONTINUAR UNA PELÍCULA

 

CARTA DE GAIZKA URRESTI

 

Tras la tragedia del pasado domingo 20 de julio del accidente de nuestro protagonista Alex Angulo no teníamos fuerzas para continuar con el rodaje de Bendita Calamidad. Las muestras de apoyo y cariño tanto en persona como en llamadas como por redes sociales, nos han ayudado a comprender que debíamos recomponernos y continuar con nuestro objetivo; terminar esta película que Alex quería hacer. Por él, por nosotros y por el cine. Queremos agradeceros a todos este impulso que nos habéis dado.

 

El reto no era fácil, además de recuperar la ilusión perdida, tenemos que volver a rodar las escenas que ya hiciera Alex y, sobre todo, encontrar un actor que quisiera y pudiera interpretar al Obispo de Tarazona en poco tiempo.

 

Tenía que ser alguien de la talla de Álex y dotado para la comedia. Pues bien, antes de lo que nos imaginamos, nos dijo que adelante un excelente actor de teatro, cine y televisión conocido tanto por la generación madura como por los más jóvenes. Ese es Luis Varela, al que queremos agradecerle el compromiso en una situación tan difícil como la que nos encontrábamos.

 

Luis Varela es un gran profesional que comenzó a finales de los cincuenta. Ha trabajado en cine con directores como Berlanga, Nieves Conde, Saenz de Heredía, Pedro Lazaga y más recientemente Alex de la Iglesia o Jose Luis Garcí entre otros. Pionero en la TVE con Escala en Hifi y los Estudios 1 ha sido redescubierto por el público más joven en su vuelta a televisión especialmente por la serie “Cámara Café”. En teatro lo ha hecho todo.

 

El rodaje comenzará el 4 de Agosto en Zaragoza y se prolongará hasta el 5 de Septiembre en Tarazona. Os mantendremos informados del mismo a través del gabinete de comunicación  IDEASAMARES y os agradecemos la comprensión y la paciencia que habéis tenido durante estas dos semanas.

 

Luis no viene a sustituir a Alex Angulo, sino a hacer su propio Obispo de Tarazona, aunque no cabe duda que Bendita Calamidad es y será un tributo al amigo y compañero que nos dejó antes de hacer la película.

Gaizka Urresti

 

 

MARÍA FÉLIX, LA DIOSA DE MÉXICO

A PLENO SOL. María de los Ángeles Félix Güereña (1914-2002) es una de las grandes actrices que ha dado México al cine. Se casó cuatro veces, trabajó con Buñuel y Renoir, intervino en 47 películas y dejó el rastro de una actriz de carácter, de gran belleza. Se cumplen cien años de su nacimiento.]

 

 

María Félix, la diosa de México

 

FOTO

Un espectacular retrato de 1956 de María Félix de Philipe Halsman: belleza, elegancia, fotogenia y personalidad.

 

Antón CASTRO

«María Félix fue una actriz que perteneció a esa categoría de actores que se transforman en personajes de sí mismos», dijo Octavio Paz, que escribió a menudo de María de los Ángeles Félix Güereña. Le adjudicó otra frase para la inmortalidad: «María nació dos veces: sus padres la engendraron y ella se reinventó a sí misma». Nació en Álamos, Sonora, México, en abril de 1914 y renació en 1943, cuando el escritor Rómulo Gallegos la vio y dijo: «Esa es mi Doña Bárbara». Fue la elegida para la versión cinematográfica de Fernando Fuentes. Entre Doña Bárbara y María Félix había un claro paralelismo: eran mujeres de armas tomar, poderosas, solitarias en el fondo, bellas y exuberantes, dispuestas a desafiar la virilidad de cualquier varón.

Como nadie nace de la nada, María vivió momentos muy especiales: tuvo once hermanos, se llevó bastante mal con sus hermanas, aunque jugó mucho en el rancho de sus abuelos, donde aprendió a montar a caballo. Sintió una predilección «casi pecaminosa» por su hermano Pablo. Su complicidad era tan intensa, y se acrecentaba tanto cada día, que a sus padres los alarmó: creyeron que eran dos enamorados incestuosos. Y decidieron enviar al joven a un colegio militar. Al poco tiempo, puso fin a su vida de un disparo en la sien. María quedó destrozada.

 Allí empezaba otra existencia. María se trasladó a Guadalajara y en la Universidad se convertiría en la reina de la belleza, en la joven adorable y adorada: todos querían dibujarla, hacerle fotos, percibir su hálito, sentir que aquella diosa juvenil estaba cerca. A todos enamoraba. Sin embargo, quien la sedujo fue un representante de Max Factor, Enrique Álvarez. Esa relación, según sus biógrafos, nació del intento de huir de su agobiante padre, que era un indio yaqui (María creería como él en el poder simbólico de la serpiente), más que de un amor sincero. Poco después se separaron, y la bella divorciada se trasladó a México D. F. para huir de las malas lenguas. No tardaría en debutar en el cine, con ‘El peñón de las ánimas’ (1943), donde coincidió con un Jorge Negrete, rico y famoso y amado, con el que no se entendió. Poco después, realiza la ya citada ‘Doña Bárbara’, que la catapultó y perfiló su carácter y quizá algunas de sus constantes en la pantalla: cierto histrionismo, cierta contundencia de genio y de seguridad apabullante en sí misma, que lindaba a veces con la antipatía y con la mujer fatal. Algunos títulos de películas abonarían esa imagen: ‘La mujer sin alma’, ‘La devoradora’, ‘Doña diabla’, etc.

A la vez que triunfaba en el cine mexicano, también tenía una tumultuosa historia personal. En 1945 se casó con el músico y cantante Agustín Lara (hacía años había dicho: «un día me voy a casar con ese señor que canta tan bonito»), que le escribió canciones inolvidables, entre ellas, ‘María Bonita’. El Premio Nobel Octavio Paz enmendaría con sutileza al músico: «María Félix no era bonita: era bella». Bella, altanera, lenguaraz, mandona, como ella misma diría. Se amaron tempestuosamente, tanto que él llegó a dispararle; felizmente erró. Eso sí, Agustín Lara fue clave para que ella consiguiera la custodia del hijo que había tenido con su primer marido. Se separaron en 1947.

Años después, volvió a cruzarse con Jorge Negrete y él la persiguió tanto, le regaló flores y joyas, le hizo muchas llamadas de teléfono; al final, aquel vendaval de pasión cuajó en 1952, se casaron el 18 de octubre en una fiesta impresionante. La unión apenas duró trece meses porque Negrete, ‘El Charro cantor’, falleció en diciembre de 1953. Si ya para entonces había trabajado en España (en ‘Mare Nostrum’, en ‘Una mujer cualquiera’ y ‘La noche del sábado’), en Francia (nada más y nada menos que con Jean Renoir en ‘French Can Can’) y en Italia, también colaboró con Luis Buñuel en ‘Los ambiciosos’ (1959), con un malherido Gerard Philipe de partenaire. A ella no le gustó demasiado el proyecto, pero allí se oyen frases como «El amor es demasiado hermoso para lo que es nuestra relación» o «su galantería se parece a la indiscreción». «Yo era amiga de Buñuel antes de trabajar con él. Se encaprichó con esta película. Hubiéramos podido hacer lo que hubiera querido. ¿Cómo era Buñuel? A todo dar. Extraordinario y fabuloso. Con él todos los epítetos parecen pocos. Era un buen tipo surrealista que tenía un exceso de fijación contra la iglesia», diría años después.

El cuarto marido de María Félix fue el banquero Alexander Berger. Y acabó sus días con el pintor ruso-francés Antoine Zpafoff. Tuvo muchos pretendientes y amores, entre ellos Luis Miguel Dominguín. «Yo no fui una devoradora de hombres, ellos me devoraron a mí», diría. A pocos les pasaba inadvertida su mirada hipnótica, su belleza racial y morena, su energía, su personalidad, su clase y su osadía. Y otro de los que sucumbió a su hechizo fue el muralista Diego Rivera. Dicen que la amó durante diez años: la amó, platónicamente al parecer, la esperó, la pintó, se desesperó tanto que hasta su esposa Frida Kahlo le envió una carta intercediendo por su amor. María Félix, vencedora de cuatro premios Ariel (en 1986 recibió el de oro), se convirtió en un mito mexicano y universal que participó en 47 películas. Fue buscada por los grandes de la moda como Dior o Chanel, acumuló grandes colecciones de joyas, porcelanas, muebles, pintura y plata, grabó un disco y fue objeto de retratos pictóricos de Leonor Fini, Remedios Varo, Leonora Carrington, Orozco, el citado Diego Rivera... Murió durante el sueño a los 88 años.

 

el anecdotario

 

Duelo de divas. A María Félix le han dedicado varios libros. El mismo Carlos Fuentes, Premio Cervantes, le dedicó dos: ‘Zona sagrada’ (1967), una novela que cuenta la historia de una famosa actriz mexicana que abandona a su hijo Guillermito por diversas razones; la historia, es obvio, hace pensar en María Félix y su hijo Enrique. Y la pieza teatral ‘Orquídeas a la luz de la luna’ (1982), donde se cuenta la relación de Dolores del Río y María Félix, las grandes estrellas del cine mexicano, en relación con Orson Welles. El director de ‘El proceso’ estaba fascinado con la lencería negra de Dolores y de pronto conoce a María. La obra, dirigida por María Ruiz, se estrenó en Zaragoza con Marisa Paredes, Julieta Serrano y Eusebio Poncela. A María le indignó esa parodia y retiró la palabra a Fuentes: lo llamó “mujeruco”. En su autobiografía ‘María Félix. Todas mis guerras’ (Clío, 1993) escribió: «Con Dolores del Río no tuve ninguna rivalidad. Al contrario, éramos amigas y siempre nos tratamos con mucho respeto, cada una con su personalidad. Éramos completamente distintas. Ella era refinada, interesante, suave en el trato, y yo en cambio enérgica, arrogante y mandona».

 

*Este artículo aparece hoy en mi sección diaria ’A pleno sol’ en Heraldo de Aragón y también en heraldo.es. He corregido dos o tres imprecisiones.

EL LEGADO DE RUIZANGLADA, PINTOR

EL LEGADO DE RUIZANGLADA, PINTOR

[Recibo esta nota de Javier Ruiz Anglada, sobre el legado de su padre, Premio Aragón-Goya.]
Paso a informarles sobre acontecimientos que están sucediendo los últimos meses con el legado pictórico del pintor aragonés Ruizanglada.

Los últimos meses se ha estado recuperando su historia y su obra, existe una extensa y referenciada biografía en Wikipedia, su obra y documentación se está mostrando en la página www.Ruizanglada.es, la cual se amplia con frecuencia, y sobre ésta se está haciendo un llamamiento por Facebook y Twitter para localizar cuadros que el pintor no llegase a regitrar en su día. En poco tiempo  han aparecido unos 6 cuadros hasta el momento, pero se cuenta con que se corra la voz y puedan aparecer algún que otro centenar. Se solicita a quien pudiera tener alguna obra, o conocer al propietario de un Ruizanglada, que se ponga en contacto por el email de la página o bien por Facebook.

 A la vez se está iniciando una proyección de su obra en el exterior de Aragón, tanto nacional como puntualmente internacional. El proximo día 6 de agosto y hasta el 11, en el Palacio de Congresos Kursaal de San Sebastián, y en la 1ª Feria de Arte Contemporáneo de esta ciudad, habrá un stand de 16,25m cuadrados y 18,60 lineales dedicados en exclusiva a Ruizanglada, junto a la exposición retrospectiva de Chillida y entre obras de Dalí, Miró y Tapies que llevarán algunas galerías a la feria. La exhibición será principalmente de temática religiosa, e irá acompañada de algunos cuadros taurinos y bodegones. Se lleva una selección de la obra del pintor de la máxima calidad.

 También se está concretando una importante exhibición de obra de Ruizanglada en una de las principales poblaciones cercanas a Madrid que esperamos poder concretar pronto, sería al inicio del otoño. 

 También se está accediendo a prestar para exhibición obra concreta al exterior de España, recientemente no llegamos a tiempo de que pudiera incluirse en una muestra de arte religioso una obra sobre San Bruno en MUSÉE DE LA GRANDE CHARTREUSE La Correrie, 38380 Saint Pierre de Chartreuse,  pero sí llegamos a contar con el mensaje expreso del comisario de la exposición de que le hubiese encantado contar con la pieza de haber llegado a tiempo. Se realizan otras gestiones para llevar la obra del pintor fuera del territorio aragonés para que sea apreciada en su medida.

 
 Si quisieran hacerse eco de esta situación que se ampliará y prolongará en el tiempo, podría centrarse si así lo estimasen en los dos aspectos actuales, la densa muestra en San Sebastián del pintor tan reconocido en su tierra, y si lo viesen oportuno, ayudando a informar a los aragoneses que pudieran tener obra del pintor, con alguna mención, para que puedan ponerse en contacto e ir registrando dicha obra.

 Les adjunto algunos cuadros que se mostrarán en la Feria Internacional y en proximas muestras, y algunos de los textos con gráficos que se están usando y que también formarán parte de una explicación sobre el pintor y sus logros, en las exhibiciones, por medio de carteles y proyección de videos.

 www.Ruizanglada.es
 https://www.facebook.com/ruizanglada.pintura
 https://es.wikipedia.org/wiki/Ruizanglada

 Muchas gracias.

 Javier Ruiz Cortés (hijo del pintor con residencia habitual en Madrid)
 https://www.facebook.com/JavierRuiz.Ruizanglada


 

UNA ARTISTA EN EL VIÑEDO

CUENTOS DE DOMINGO / Antón Castro

 

Una artista en el viñedo

 

Pudo ser en Cariñena o en Paniza. Allí vivió hace algún tiempo una artista especial: llegó a esos territorios de viñedos atraída por el paisaje que había visto en la película ‘Tierra’ de Julio Medem. Cogió su furgoneta, sus caballetes, sus pinceles, óleos, cartones y sus libros, y se dirigió hacia allí. Llegó al mediodía y recorrió la zona: los caminos asfaltados, las carreteras secundarias, las montañas con vistas hacia el valle y la sierra de Algairén. Cuando empezaba a caer la tarde, buscó un lugar tranquilo para pasar la noche en su vehículo. Antes de dormir, fue a uno de los bares de plaza, sacó su cuaderno, tomó notas y realizó algunos dibujos. Luego preguntó por la historia del pueblo, por las bodegas, por las familias que las sustentaban, por la línea del tren. Tuvo la sensación de que la gente era un poco hostil. Se fue a dormir. Antes de hacerlo, escribió una última frase: “Ellos no saben que he venido para quedarme”. Su presencia empezó a hacerse familiar en bares y tiendas, en la biblioteca municipal, en el paseo de las afueras, donde solía levantar su caballete. Le apasionaban las viñas y la simetría de las matas en la tierra roja. En la panadería preguntó si habría una casa de campo en alquiler. Querría montar su estudio. A nadie le pareció extraño: llevaba dos o tres semanas pululando por allí, con sus libretas y con su cámara de fotos. Y no solo eso: alguien la había visto grabar el cántico de las fuentes y el silencio poblado de pájaros de la noche en el soto. Al fin consiguió una casa campestre, con jardines. Se sabe que hizo un contrato de cinco años y que adelantó el importe completo del primer año. Fue su manera de eliminar cualquier suspicacia. No se sabe muy bien a qué se dedicaba, salvo a pintar: paisajes al óleo, retratos al carbón, la exuberancia del jardín a la acuarela. Contrató a dos hermanos, Leandro e Inés: él era su hortelano y su jardinero; ella, se ocupaba de las tareas domésticas. Un día, los dos anunciaron que se había ido para siempre. Nadie quiso saber nada más. Sus cuadros siguen ahí, en una quinta que se parece a la que aparecía en ‘Tierra’. ¿Sería, será la misma? 

 *La foto para este cuento de mi sección dominical la tomo de aquí...

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-5590b32d5ee4087fb2f61a3902ccfb63.jpg