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Antón Castro

Artistas

JORGE GAY EXPONE EN BARCELONA

JORGE GAY EXPONE EN BARCELONA

EL CORAZÓN DE LA FIESTA / 2

 

Jorge Gay. Pintor

 

“Pintar es andar hacia la luz

y Zaragoza tiene una luz cegadora”

 

“Poner una bomba en el Pilar es una barbaridad”

 

“Del Pilar me gusta todo,

me sigue gustando todo”

 

“Recuerdo el pregón de Labordeta:

fue muy emocionante su entrega”

 

 

Jorge Gay (Zaragoza, 1950) es pintor y un enamorado de Zaragoza, de la que es Hijo Predilecto. Este jueves inaugura en la sala Dalmau de Barcelona la muestra ‘La intimidad de los volcanes’.

-¿Qué significa el Pilar para usted? ¿Ha marcado su pintura en algún modo?

Más que las fiestas, a mí me ha influido la ciudad en sí, alguno de sus barrios, su luz, su atmósfera, la pasarela, el río… Alguien dijo que la fiesta que fue nuestra niñez es lo que nos hace eternos.

 

 

-¿Qué es lo que más le gusta o le disgusta?

Me gusta en la calle una cierta alegría compartida y me alejan de ella las aglomeraciones desbordadas.

 

 

-Expone en la sala Dalmau de  Barcelona a partir del jueves.

Esta exposición es una defensa de la pintura como medio expresivo. Todo el mundo se empeña en anunciar que la pintura ha muerto y yo me empeño en lo contrario. La he titulado ‘La intimidad de los volcanes’, y está dedicada a todos cuantos a lo largo del tiempo emprendieron un largo viaje para ir al encuentro de algo, al encuentro de un gesto que volviera a encender nuestras miradas.

 

-¿Cuáles son las intenciones de ‘La intimidad de los volcanes’?

Pretende relatar la crónica, el pulso de los días de todos cuantos, músicos, poetas, pintores…, salieron un día a la búsqueda de ese algo, llevando su interior cargado de pasado pero soñando siempre que lo harían futuro. Está dedicada  a todos aquellos que pensaban que la belleza reside en los ojos que la contemplan y se sintieron capaces de encontrarla y redefinirla de nuevo con el deseo de afirmar que más allá del cansancio, más allá de nuestros agotados ojos del corazón, la pintura sigue viva y sirve todavía como gesto expresivo: una respuesta más al misterio del universo. Pintar es andar hacia la luz, la luz que habita en la intimidad de los volcanes.

 

Utiliza óleo y dibujo. ¿Qué es lo que se pinta al óleo y qué a lápiz o carbón?

Dibujar es la idea, discernir, elegir con elegancia entre el revoltijo de realidad. Es el conocimiento de la armonía interna de las cosas. Dibujar es llevar la escala del mundo en el corazón. Saber poner lo que falta y sobre todo no añadir a lo que sobra. Lo que se sabe sentir, se sabe decir. Pintar es construir todo eso con color. La pintura se acerca a la realidad entresacando los hilos que la tejen y con ella levanta el andamio donde sujetar el anhelo que se sueña. La pintura no es una manera de mirar: la pintura construye. Lo importante no son los medios ni los soportes que emplees, lo importante es saber emocionar con ellos. Lo que distingue es el talento.

 

 

-¿Tiene sentido poner una bomba en el Pilar?

Es una barbaridad.

 

 

¿A qué recuerdos están asociados estos días?

En la niñez, al circo, a las ferias, a la compañía luminosa de los padres y como dato menos luminoso al hecho de que empezaba el colegio y no acababa hasta navidades. Ahora disfruto las fiestas en discreta medida aunque siempre me alegra mucho la alegría de la gente.

 

 

¿Cuáles son sus espectáculos favoritos?

Me gusta todo, me sigue gustando todo. Estoy siempre dispuesto al asombro y al encantamiento. El directo me fascina: la música, sean de Berlín o la más humilde banda de pueblo, el teatro, la danza.  Acudir a ver fragmentos de todo tipo en las calles: los gigantes, actuaciones en las plazas, un trozo de ofrenda, alguna madrugada en las ferias,  los fuegos…

 

 

¿Y su lugar predilecto?

En este momento las riberas del Ebro es de las mejores cosas que le ha ocurrido a la ciudad.

 

 

¿Cuál es su debilidad gastronómica, su menú predilecto?  ¿Qué locales le gusta frecuentar?

Me quedaría con un plato razonablemente contundente para estas fiestas: me gustan las migas esponjadas, bien hechas y con uva. Un lugar que creo recuperado, maravilloso y diferente  es el Plata, muy recomendable para todos pero sobre todo para los visitantes porque no quedan lugares así. Aunque tratan de emularlo les falta el encanto y el sabor que tiene este café único.

 

 

¿Qué le sugiere la Ofrenda?

Fue muy importante la nueva teatralización del espacio que hizo el añorado Bigas Luna. Dicho eso, a mí la ofrenda me sugiere color, a la que añadiría música, más música de grupos folclóricos, bandas, etc.

 

 

 

¿Cómo se vive el Pilar desde el arte?

Siempre ha sido estas fiestas un momento para subir el listón en oferta cultural, espero que a pesar de todas las extrañas y rarísimas  crisis a las que nos están sometiendo, no deje de ser así. Este año la que sobresale es la que se dedica al maestro Santiago Lagunas en Palacio de Sástago. Por otro lado siempre me parece modélica la programación y el nivel del Auditorio.

 

 

¿Qué nos recomendaría para estos días, qué libro, qué disco, qué serie de televisión...?

Discos: ‘La hora roja’ de Joaquín Pardinilla.  ‘Blue Jeans’ de Bigott.

‘Jasmine’ de Keith Jarrett y Charlie Haden. Libros: ‘El día de mañana’ de Ignacio Martínez de Pisón y un clásico de siempre que han reeditado ‘Antología de Spoon River’ de Edgar Lee Masters. De televisión un programa que me gusta es ‘Oregón TV’.

 

 

 

¿Qué ocurre entre la jota y usted?

Es muy difícil proteger aquello que no se ama. Me parece perfecto su recuperación y su lugar. Pero me parece desmedida  su utilización actual. Como dice el refrán puede haber amores que matan.

 

 

¿Recuerda algún pregón especial?

Sin duda alguna fue el de José Antonio Labordeta con toda la Plaza del Pilar cantando. Fue muy emocionante su entrega, pues en ese momento ya estaba muy herido.

 

¿Cuáles serían las dos o tres mejores anécdotas que ha vivido?

Por encima de todas ellas, el día  que me nombraron hijo predilecto de la ciudad. Fue muy potente y emotivo para mí. Y la exposición retrospectiva que hice en la Lonja ‘La ciudad, el amor y los sueños’, rodeado de amigos y del calor de muchísima gente. Hay otro momento menos solemne pero no menos hirviente. Una noche, a mitad de los 80, decidimos ir al Oasis, cuando todavía era sala de fiestas. Estaba a reventar y no quedaban más que dos o tres plazas casi debajo del escenario en primerísima línea. Las reinas del espectáculo eran Regina dos Santos y La Maña. Tan cerca estábamos que la Maña se fijó en mí (no por mi galanura sino porque llevaba una camisa a rayas de colores muy vistosa) que le sirvió para fijar su mirada y emplearme como  hilo conductor de toda su actuación. No me dejó vivir en dos horas. El premio final era hacerse una foto con ella en el escenario tocándole las tetas entre los gritos y la algarabía encendida de toda la sala. Guardo la foto.

 

 

¿Quién ha sido el gran personaje de sus Pilares?

Paco Camino fue un torero que en mi niñez admiré muchísimo y me emocionaba mucho verle torear. Lo recuerdo una tarde pasando a mi lado con su traje de alpaca azul grisáceo yendo a visitar al maestro Benito Simón, autor de su pasodoble.

 

 

¿Cómo ve, cómo le emociona Zaragoza?

Hay muchas Zaragozas, pero la que yo amo es la que me anima a pintar, la de la luz cegadora, la que se enorgullece de sí para ofrecerse, la sabia, la que supo sumar las tres culturas, la que no se aletarga ni adormece y a la que le cae la noche solo para ser cobijo de amantes y no refugio artero de la imbecilidad, la intolerancia y la incultura.

 

*La foto, en el estudio de Jorge Gay, la realizó Carlos Pérez Morales, autor de una espléndida serie sobre el pintor. www.carlosperezmorales.com

 

 

 

GABINO DIEGO, POR LUIS ALEGRE

 

GABINO DIEGO, UNO DE LOS GRANDES CÓMICOS ESPAÑOLES, SIGUE DE GIRA CON ‘UNA NOCHE CON GABINO (DIEZ AÑOS DESPUÉS)’,  SU DELIRANTE AUTOBIOGRAFÍA AHORA REINVENTADA.

 

Había una vez un circo

 

Por Luis ALEGRE. Heraldo de Aragón. Heraldo Domingo.

 

Leonor Watling improvisó una noche algo con lo que resulta sencillo identificarse: “En esta vida, cada uno es lo que fue en el patio del colegio”. Es una de las citas que más repito. Me parece una bonita manera de sintetizar muchas cosas relacionadas con lo más esencial de la personalidad y con la poderosa influencia de la infancia. Hay excepciones a lo que sugiere esa frase. Pero Gabino Diego no es una de ellas. Gabino ya era el más gracioso en el patio del colegio. Antes de los seis años Gabino ya hacía imitaciones descacharrantes de todo lo que se movía. Su madre fue su primera espectadora: se moría de risa al ver a su hijo imitando a su marido mientras leía el periódico. También imitaba a los maestros del colegio. Un día, un profesor uruguayo con intenso acento, mientras toda la clase se encanaba con la parodia de Gabino, le soltó: “Gabino, usté, pal circo”. El hombre lo clavó: Gabino tiene un circo dentro, con todas sus atracciones.

 

En la vida de Gabino las cosas fueron muy poco convencionales desde el principio. Cuando Gabino nació en Madrid, en 1966, hacía pocos años que su familia había venido de Cuba. Su madre Ana María nació en La Habana y su padre Gabino en Camaguey. Su madre era cubana de segunda generación y su padre era hijo de un indiano asturiano. Al ser expropiadas sus propiedades por el castrismo, su familia huyó de la isla y ya no volvió. Seguro que eso tiene que ver con la alergia que a Gabino le provocan todo tipo de totalitarismos.

 

Gabino fue uno de los peores de la clase. Sufría dislexia e iba de un colegio a otro: de algunos le expulsaban y de otros le “invitaban” a marcharse. De uno tuvo que salir porque descubrieron que lideraba el grupo de estudiantes que había sustraído el enunciado de los exámenes finales. Gabino vivía la época de los exámenes como un infierno. Aún hoy, cuando se acerca la primavera, no puede evitar un pinchazo al evocar las primaveras de su infancia llenas de exámenes por todas partes.

 

A Gabino enseguida le encantó viajar, incluso dando tumbos. Su padre trabajó durante un tiempo en Londres y allí iba a verle con su madre y hermanos. Su padre tenía un Seat 1500 con el que llevaba a su familia de un lugar a otro de Europa. En esos viajes Gabino aprendió inglés y descubrió a los hippies y a los músicos callejeros. La música fue una de sus primeras pasiones. Comenzó a tocar la guitarra y a cantar. Con 13 años actuaba en la puerta del Corte Inglés o en la estación del metro de Ópera, al lado de un vendedor de collares. Elvis Presley era su gran ídolo y cantaba sus canciones. La gente le echaba dinero. Su madre iba a verle con sus amigas y también le echaban dinero, ante la estupefacción de Gabino, que le rogaba a su madre que se fueran de allí cuanto antes.

 

A los 16 años, hace ahora 30, le llegó el típico momento crucial: el aire de Gabino recordaba tanto al de Fernando Fernán-Gómez adolescente que Jaime Chávarri, al verle en un cásting, sintió que era el Luisito de “Las bicicletas son para el verano”, la adaptación de la joya de Fernán-Gómez. En la noche del estreno de la película, Gabino evitó encontrarse a Fernán-Gómez, aterrorizado ante la posibilidad de que no aprobara su trabajo. “Las bicicletas son para el verano” fue un éxito pero Gabino recibió críticas feroces. Tiempo después, como un curioso modo de superar el trauma, Gabino haría algo insólito: memorizar muchas de esas críticas y recitarlas delante de los amigos, como un número cómico. Pero, en ese momento, se hundió en una crisis de autoestima, se convenció de que no servía para la actuación y decidió marcharse lo más lejos posible: a Australia. Allí conoció a un comunista español muy particular: el hombre vendía en ese país el “Mundo Obrero” y, - ojo, en el año 1985- aún hacía manifestaciones contra Franco. A Gabino siempre le han cautivado los seres al margen, aquellos que le hacen pensar que la vida puede ser un disparate excitante e inesperado.

 

Una llamada de teléfono le hizo volver de Australia: Fernán-Gómez, alguien decisivo también para él, quería que fuera Carlitos, el “zangolotino” de “El viaje a ninguna parte”. Gabino se empapó de Fernando y realizó un trabajo que marcaría su carrera: nadie volvió a dudar de su talento. Gabino fue desde entonces una presencia muy frecuente en el cine español más destacado: “Amanece que no es poco”, “Ay, Carmela”, “El rey pasmado”, “Belle Époque”, “Los peores años de nuestra vida”, “El amor perjudica seriamente la salud”, o “Torrente 2”. Ese momento de Cuco, el lacayo yonkie de Torrente, cuando dice “Franco ha muerto” –refiriéndose al perro del detective- se lo recuerdan todo el rato.

 

Conocí a Gabino en diciembre de 1986, en la noche del estreno en Madrid de “El año de las luces”, la película de Fernando Trueba. Me lo reencontré en Zaragoza cuando vino a presentar “El rey pasmado” y compartí en Portugal el increíble rodaje de “Belle Époque”. Para dar una idea de cómo evolucionó nuestra relación, durante años, cuando iba a Madrid, su casa era mía y él, si venía a Zaragoza, mi casa era suya. Vi, casi nada más nacer, a su hija Sara, otro vendaval: a los ocho años se puso imitar a Borges al verle en un documental de la tele y ahora quiere ser actriz. El circo nunca desaparece de Gabino y sus obsesiones tampoco. Uno de sus mayores placeres consiste en concretar sus obsesiones en algo creativo: su obsesión por la música le convirtió en un gran erudito y en productor musical y su obsesión por la fotografía le ha hecho tener una de las mejores colecciones de España.

 

Hacia 1999 comenzó a rumiar otra obsesión: montar un monólogo teatral que, a partir de la recreación de su propia vida, le permitiera actuar, imitar, rendir tributos a personas fundamentales para él, tocar la guitarra, cantar, resucitar a Elvis y, básicamente, hacer llorar de risa. Antón Castro y yo fuimos testigos de cómo le surgió a Gabino la chispa de ese espectáculo: en una charla que compartimos en Alcorisa, Gabino percibió que el público se entregaba totalmente a la gracia del relato de su vida. Luego, en su casa de Madrid, seguí la creación cotidiana del espectáculo: cada mañana Gabino ensayaba los números delante de mí y el subidón me duraba ya todo el día. En 2003 Gabino estrenó el resultado de su obsesión: “Una noche con Gabino”. Ahora, diez años después, vuelve a recorrer España con el espectáculo madurado, enriquecido, matizado. Durante estas fiestas del Pilar, en el Teatro de las Esquinas de Zaragoza, Gabino, dentro de más de 50 personajes, saldrá al escenario con su obsesión de siempre: hacer feliz a la gente, como hacía en el patio del colegio.

 

ADIÓS A ÁNGELES SANTOS TORROELLA

Ángeles Santos avanzaba hacia los 102 años cuando falleció el pasado miércoles en Pozuelo, en la casa de su hijo Julián Grau Santos. Nació en Portbou en 1911. Hija de funcionario de aduanas, se formó en Valladolid con Cellino Perotti y deslumbró con su arte a creadores tan distintos como Francisco Pino, los hermanos Cossío, Juan Ramón Jiménez, Gómez de la Serna y García Lorca, que se quedaba fascinado ante sus lienzos. En 1929 firmó sus dos obras maestras: ‘Tertulia’ y ‘Un mundo’, uno de los cuadros más enigmáticos y bellos, con sus sombras y atormentadas figuras, de la pintura española de vanguardia. Ambas piezas están en el Museo Reina Sofía. Aquí está... Ángeles Santos se casó en 1936 con Emili Grau Sala; él se fue al exilio algún tiempo después y vivió en Francia otras vidas, otros amores. Regresó en los años 60 y reanudaron su convivencia y su amor en París, más sereno. Ángeles Santos, Angelita para Lorca y Juan Ramón, había vivido con sus padres y al parecer vivió en Canfranc y en Huesca un tiempo. En Canfranc, en 1937, nació su hijo el artista Julián Grau Santos.

LUIS BUÑUEL Y SUS AMORES

RITUALES DE SOL Se cumplen treinta años de la muerte del autor de ‘Viridiana’. Nos acercamos a una faceta más íntima: sus novias y sus amores platónicos. Desde Isabel Matutano y Pilar Bayona a Concha Méndez. (Serie veraniega de Heraldo de Aragón)

 

 

Los amores difíciles de Luis Buñuel

 

El amor y el deseo son dos de los temas capitales de Luis Buñuel (1900-1983). Solía decir en una de esas declaraciones, en la que parecía contradecirse con una inmediatamente anterior, que lo más le preocupaba en su cine eran “las relaciones humanas”. No ha sido Luis Buñuel, al menos a primera vista, un gran seductor, pero sí ha tenido sus veleidades. A Carmen Sampietro, hija del doctor Sampietro, la llama “mi inolvidable amiga de infancia”. Vivían sus familias en el Coso en un edificio que contó con el primer ascensor de Zaragoza. Una de las cocinas de las viviendas daba al Palacio de la Ilusión, el cine de la calle Estébanes, y juntos, a través de una verja veían las películas de cine mudo. Las veían “abrazados”. Una vez, como ha contado Isabel Comps en la revista ‘Pasarela’ y el propio Buñuel, se quedaron encerrados y se pusieron a gritar hasta que los oyeron y los sacaron de allí. Buñuel jamás olvidaría a Carmen: le mandó una fotografía dedicada (que posee el pintor y coleccionista Eduardo Laborda) y le recordaba que con ella había descubierto el cine y “las primeras emociones musicales” con las partituras de ‘Carmen’ o de ‘Fausto’.

Si Carmen fue la cómplice del despertar a los sueños, en Calanda se prendó de Isabel Matutano, que tendría diez años. Conchita le cuenta a Max Aub en ‘Conversaciones con Buñuel’ (Aguilar, 1984) que “nos quitaba los juguetes para regalárselos a una novia que tenía (...) Isabel era muy guapa y muy agradable”. Quizá su primer gran amor platónico fuese la pianista Pilar Bayona (1897-1979): se conocieron de jóvenes en Zaragoza y un día coincidieron en un mirador. El joven Buñuel confesaría: “Nos quedamos solos en un balcón. Yo estoy seguro de que ella sabía que yo la quería. Pero nunca nos dijimos nada”. Esa pasión secreta derivó hacia una gran amistad: muchos años después, cuando Luis Buñuel regresó a España, se tomó algunas fotos con ella y con Pepín Bello, y ambos recordaron una antigua complicidad. Eso sí, según Conchita Buñuel, luego también se enamoraría de ella su hermano Alfonso.

Luis Buñuel se trasladó a la Residencia de Estudiantes hacia 1917. Y allí se matriculó en Ingeniería Agrónoma y más tarde, con la ayuda del arabista Asín y Palacios, amigo de su padre, se pasó a Ciencias Naturales. En aquellos días frecuentó a Ramón y Cajal. Y también se enamoró de “una chica bien” mayor que él. Buñuel, que fundaría un club de atletismo y que practicaría boxeo (combatió sin demasiada convicción, a pesar de que algunos lo llamaron ‘el  bruto aragonés’), fingía tener más años de los que tenía. La relación parecía ir sobre ruedas y el padre de la joven quiso conocerlo, entre otras cosas porque pensaba que era de una familia rica, muy rica. Él le prometió que se casaría con ella. Pero antes, Luis Buñuel hizo un viaje a Calanda y, como no sabía cómo romper con ella, se le ocurrió una fabulosa mentira. Su hermana Conchita se lo contaba así a Max Aub: “Entonces le escribió una carta como si fuera otra persona, diciéndole que su amigo Luis la adoraba, pero que había muerto en un accidente de moto muy grave, y que murió nombrándola. Y luego, tres o cuatro meses después, lo encontró el padre y creo que lo persiguió con el bastón por aquí, por Madrid”.

La familia Buñuel veraneaba en San Sebastián, y allí hacia 1917 o 1918, Luis conoció a una joven moderna y audaz, campeona de natación y gimnasia: Concha Méndez Cuesta (1898-1968). Empezaron a salir y formalizaron el noviazgo en Madrid. Algunos dicen que fueron novios durante cinco años y otros siete. Ella era una de las chicas avanzadas de la ciudad, como su amiga Maruja Mallo, que fue pareja de Rafael Alberti y amante, entre otros, de Miguel Hernández y de Pablo Neruda. En 1919, Concha se había ido a Londres; diez años después viajaría a Buenos Aires y a Montevideo. La ruptura, en un día de aguacero, fue también en San Sebastián. Concha Mantecón, familiar de Buñuel, se lo contó así a Max Aub: “... nos encontramos a Luis Buñuel con Concha Méndez. Llovía muchísimo y se hallaban tan furiosos que estaban pegándose paraguazos el uno al otro. Bueno, enfadadísimos, enojadísimos. Luego supe que rompieron”. Las biografías de Concha Méndez dicen que lo abandonó por culpa del “muy machista carácter de Buñuel”. Gran amiga de Lorca y Cernuda y buena poeta, se casaría con el poeta e impresor Manuel Altolaguirre. Poco después, en 1925, el futuro cineasta Buñuel se fue a París, conoció a Jeanne Rucar, que también era deportista, había sido medalla olímpica de bronce en la Olimpiada en gimnasia, y se enamoró de ella. Tras casi una década de noviazgo, se casaron en 1934. Ella le enseñó a bailar el tango. Sería la mujer de su vida.

 

LAS ANÉCDOTAS

 

La gimnasta. Jeanne Rucar publicó, en 1990, tras la muerte de Luis Buñuel ‘Memorias de una mujer sin piano’, en colaboración con Marisol Martín del Campo. Revela a un Buñuel que padecía celos patológicos. Le montaba escenas constantemente. Según dice, no solo le hace desprenderse de su piano, sino que le prohíbe practicar gimnasia: “No es decente, Jeanne. Se te verían las piernas. Me desagrada que mi mujer se exhiba por ahí”, le dice.

Jeanne Moreau. A Buñuel no se lo conocen amantes, pero Jeanne Moreau se enamoró de su inteligencia tras trabajar en ‘Diario de una camarera’ y habría querido tener algo con él. Así lo confesó.

La novia polizón. Pedro Christian García-Buñuel cuenta en ‘Recordando a Buñuel’ (Ayuntamiento de Zaragoza, 1985) que tras la ruptura con Buñuel, Concha Méndez se metió de polizón en un barco carbonero inglés que iba desde Pasajes a Cardiff. La descubren y la llevan ante el camarote del capitán. Hablan y hablan, ella le cuenta que ha tenido un novio aragonés, y de repente el capitán le cuenta que él “conoció a otro en uno de sus viajes a Cuba que solía cascar las nueces con la cabeza”. Concha Méndez le contestó: “Es el padre del que fue mi novio”.

 

 

*La foto de juventud de Pilar Bayona pertenece al Archivo Pilar Bayona. La de Luis Buñuel, de 1929, es de Man Ray.

 

EL LOCO AMOR DE LIZ Y RICHARD

 

RITUALES DE SOL. Mañana lunes se estrena la serie dedicada a los dos grandes actores británicos, que estuvieron casados dos veces y que vivieron una auténtica pasión animal de química, cariño, atracción sexual, alcohol y dependencia.

Taylor & Burton,

una locura de amor

del siglo XX

El amor es uno de los motores de la vida. El aire del mundo. Es necesario y estimulante en cualquier estación. A veces, no se sabe muy bien por qué, entre dos seres se establece una química animal, una pasión inefable que va más allá de los cuerpos, de la sangre o del ánimo. La locura de amor de Elizabeth Taylor (1932-2011) y Richard Burton (1925-1984) es una de las más conmovedoras y complejas. Para muchos es “la historia de amor del siglo XX”; para otros, sus trece años de casados, en dos tandas, conforman “el matrimonio del siglo”. Ellos, con su fogosidad, con su desinhibición, con su vulnerabilidad, con su glamur y con su talento, lo vivieron todo: estaban hechos el uno para el otro y a la vez, como sucede a veces, no podían tolerarse. Ni contigo ni sin ti, y a la vez se imponía una atracción especial, casi sobrehumana, que descansaba en la belleza, en el deseo, en la veneración. Para Burton, Liz Taylor era la mejor actriz del mundo. Los dos eran celosos: ella tuvo celos de Claire Bloom o de Sofía Loren; él no podía soportar la proximidad del nuevo galán Warren Beatty.

Liz & Richard, Liz & Dick (sobrenombre del actor) siempre están de actualidad. Especialmente en verano. Hace no demasiados meses aparecía ‘El amor y la furia. La verdadera historia de amor Elizabeth Taylor y Richard Burton (Lumen. Traducción de Jofre Homedes), de Sam Kashner y Nancy Shoenberger, que incluía las cartas de Richard Burton, que era un hombre cultivado, amaba la poesía y escribía diarios con el deseo de componer una novela autobiográfica. Este lunes se estrena una serie sobre ellos, de la BBC, ‘Taylor & Burton’, con Helena Bonham-Carter, la compañera de Tim Burton y antes de Kenneth Branagh, y con Dominic West, el actor de ‘The Wire’.

Liz era londinense y Richard era galés. Burton se educó, esencialmente, en el teatro: quería ser el relevo de Lawrence Olivier y de John Gielgud, y en cierto modo lo fue. Y ella se trasladó a Estados Unidos y empezó a aparecer en la pantalla a los diez años. En 1953 se encontraron en una fiesta en casa de Stewart Granger y Jean Simmons. Se miraron con indiferencia. Tardarían verse casi nueve años, y entonces saltarían chispas literalmente. Burton “arrastraba fama de amante irresistible” y estaba casado con Sybil Williams, madre de sus hijas Kate y Jessica, que tenía una minusvalía, y Liz se había casado cuatro veces, y se había quedado viuda de Mike Todd y le robó a su amiga Debbie Reynolds a Eddie Fischer. Poco después del reencuentro, fueron contratados para trabajar en ‘Cleopatra’ (1962), que al final dirigió Joseph L. Mankiewicz. El discurso de la narración amorosa de la película tiene mucho que ver con su propia historia: se enamoraron irremisiblemente, ante el estupor de Sybil y de Eddie, que incluso amenazó con una pistola a su mujer. Los besos cada vez eran más largos, ante la perplejidad de Mankiewicz: ‘Cleopatra’ parecía su propio hechizo carnal.

El escándalo no tardó en estallar y se convirtieron en la pareja de moda en el mundo. En cierto modo con ellos, con esta pasión adúltera, contestada incluso por el Vaticano, nacieron los paparazzis. Cuando el fotógrafo Pat Morin los captó en la cubierta de un barco, en traje de baño y con los paquetes de cigarrillos a sus pies, el mundo se estremeció. Había lío, romance de famosos, hasta Jacky Kennedy se preguntaba si se casarían. Al final lo hicieron: Sybil jamás volvió a hablar con su ex marido; Liz, embrujada por el erotismo del actor, declararía más tarde: “Imagínate tener al oído la voz de Richard Burton mientras haces el amor. Borraba todas las preocupaciones y las penas. Lo demás se esfumaba”. Para Burton ella “era una diosa del sexo”. Hicieron muchas películas juntos: ‘Cleopatra’, ‘¿Quién teme a Virginia Woolf?’, que supuso el Oscar para Liz (había ganado otro en 1960 por ‘Una mujer marcada’), ‘Castillos en la arena’, ‘Los comediantes’, ‘La mujer indomable’, etc. Se separaron en 1974 y volvieron a unirse por poco más de un año entre 1975 y 1976. Les alejaban el alcohol, la testarudez, su carácter agresivo, las peleas o algunas enfermedades que padecía Liz.

Se amaron tanto como se pelearon. Bebieron, gastaron sin conocimiento en joyas y lujos, y supieron adaptarse a la espiral de la publicidad, sobre todo Liz. Poco antes de fallecer en 1984, tras rodar la película del mismo título, Burton pensó en ella. Dos días antes le había mandado su última carta. Ella confesaría: “El día que murió, yo aún estaba locamente enamorada de él”.

 

 

LAS ANÉCDOTAS

 

La bomba Burton. Elizabeth Taylor, que alcanzó dos Oscar de Hollywood, escribió a propósito de su intimidad con Burton: “Mi momento favorito es cuando estamos solos por la noche riéndonos y hablando de libros, de la situación mundial, de la poesía, de los hijos, de cuando nos conocimos, de problemas, de fantasías y de los sueños que tenemos. Hasta cuando nos peleamos es divertido. Richard disfruta tanto perdiendo los estribos que da gusto verlo. Explota como una bomba. Saltan chispas, tiemblan las paredes y se sacude el suelo. Lo que más me gusta es complacer a Richard, no ser complacida”.

 

La belleza Taylor. En sus cuadernos escribió Burton su primera percepción de Liz: “...una chica sentada al otro lado de la piscina bajó su libro, se quitó las gafas de sol y me miró. Era tan increíblemente guapa que casi se me escapó la risa... Era sin duda una belleza... Era fastuosa. Era una esplendidez morena e implacable”.

 

*Las dos fotos son de Bert Stern (1929-2013).

AVENTURAS DE VERANO / 3: GRAÑENA

AVENTURAS DE VERANO / 3: GRAÑENA

AVENTURAS DE VERANO / 3

 

ENTREVISTA. Luis Grañena. Artista

 

“Me río con los futurólogos”

 

Luis Grañena (Zaragoza, 1968) es uno de los grandes ilustradores y caricaturistas del país. Se forjó en HERALDO y ahora trabaja para diarios y revistas de Estados Unidos, Francia, Portugal y España, entre otros. Reside en Valderrobres, Teruel, y pertenece al colectivo que gestiona el Súper Espacio (calle María Montessori).

-1. ¿Qué hace un ilustrador en verano? 

Beber más cerveza evidentemente, en lo profesional, sigo el mismo ritmo que el resto del año, intento parar unos días en agosto.

 

-2. ¿Qué es lo que aún le hace reír?

Me río con muchas cosas, sobre todo con los futurólogos, últimamente también me río mucho al mirarme al espejo... pero el otro día estuve viendo por trigésima vez a los Monthy Pyton y me descoj.... 

 

-3. ¿Dónde suele veranear? ¿Es de playa, de montaña, de ciudad o de pueblo?

Me gusta la montaña más que la playa, si puedo, me escapo unos días o un fin de semana. Ahora tengo el mar más cerca y algún día de playa habrá seguro. También me gusta la ciudad en verano, sobre todo por las noches.

 

-4. ¿Qué hace en esta época diferente al resto del año?

Hago prácticamente lo mismo, pero de otra manera, con más ganas de acabar la jornada y salir un rato. Y sobre todo hago planes que no suelo cumplir


-5. ¿Cuáles son el viaje y la ciudad, de verano, de su vida?

Recuerdo con especial nostalgia Madrid en verano, amor a primera vista, estuve todo el año de la mili en Madrid y lo pateé casi todo. Aún cuando voy se me pone la piel de gallina, era un pimpollo y estaba fuera de mi casa, en una ciudad enorme y acogedora. Algún día seré madrileño. 

 

6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Cómo ha sido esa época?

Fue una época agradable, sin sobresaltos ni traumas, feliz... En los veranos iba con mi familia al Pirineo, y de campamentos al valle de Gistaín. También iba muchísimo a la piscina, al Stadium Casablanca, jamás se me hizo largo un verano. Eso sí, siempre odié el momento de la siesta, los ‘despueses’ de comer nunca me han gustado.

 

-7. ¿Qué le debe al arte, qué le da, qué quieres darle tú?

El arte me regala momentos de conexión, de sentido. Disfruto viendo el trabajo de los demás, pero no me veo a mí mismo como un artista que pueda aportar nada nuevo al mundo del arte. Tengo varias crisis al día, y me intento inspirar en todo lo que tengo a mano... También he aprendido a dejar pasar un tiempo prudencial, sé que al final las cosas acaban saliendo y los plazos se cumplen. Hay días que con eso es bastante.

 

-8. ¿Cuál sería su menú de un día perfecto?

Sin horarios, con amigos y juerga, lo que viene siendo una costillada en el campo, y mejor dos días seguidos, en plan gitano.


-9. ¿Cómo recuerda la primera vez?

Recuerdo la primera vez como si fuera ayer, iba al instituto aún. Lo hice un poco chapuceramente, era novato y un poco torpe, no fue de los mejores, pero aún guardo la hoja donde salió publicado el dibujo...

 


-10. ¿Cuál ha sido el gran personaje de tus veranos?
No puedo decirte ninguno en especial...

 

11. ¿Cómo le afecta la crisis? ¿Cuál es la imagen que mejor la resume?

 La crisis me produce desánimo, es en lo que más me afecta, anímicamente. Siento impotencia frente a los mercaderes, y frustración ante los políticos torpes e inútiles. La imagen podría ser la de las filas de parados, o la de los comedores sociales...

-12. Si tuviera que resumir el espíritu del verano en un ‘tuit’ de 140 caracteres, ¿qué diría?

Verano es salir de casa al punto de la mañana, ir al río, comer tomate y olivas negras y beber cerveza en una jarra helada, y volver por la tarde con la ventanilla abierta, en bañador, colorado y feliz.

 

13. ¿Cuál es la mejor anécdota veraniega vinculada a su profesión?

Lo más parecido a una anécdota pudo darse durante un viaje a Nueva York, me habían pedido una ilustración en julio para un número de ‘New Yorker’. Normalmente te envían la revista a casa tras la publicación, pero esta vez me adelanté y llegué yo antes, así pude ver la ilustración en el quiosco allí mismo, el día de la publicación.

AVENTURAS DE VERANO / 2: P. CUENCA

AVENTURAS DE VERANO / 2: P. CUENCA

AVENTURAS DE VERANO / 2

 PACO CUENCA. CANTANTE, FOTÓGRAFO Y EMPRESARIO

 

 

“No he veraneado dos veces

en el mismo lugar”

 

 

 

Paco Cuenca  (Tarbes, Francia, 1961) es cantante, empresario y se está revelando como fotógrafo en el proyecto Sinestepolis. Acaba de rendir tributo a Jacques Brel, con Coco Balasch y Pedro Gan, y es autor de varios discos, entre ellos uno dedicado a la canción francesa.

 

-1. ¿Qué hace un cantante en verano?

Por regla general, cantar, si se puede. Es, para la mayoría de los artistas, temporada alta. De modo que el verano es tiempo de final de trayecto, de recapitulación y de planificación. Pero también es tiempo de calma, diversión, lecturas, viajes y aventura. Todo esto agitado, no batido.

 

-2. ¿Ser músico significa ser un poco canalla, noctámbulo, bohemio? ¿Cuál sería la canción de su vida? 

No me gustan los canallas y pretendo no serlo. Los artistas que más admiro son personas responsables, respetables y de moral ordenada. Los prefiero revolucionarios, sin duda, es decir gentes responsables, respetables y de moral ordenada. Los bohemios no van a las barricadas, los noctámbulos no llegan a tiempo y los canallas están del otro lado. La canción de mi vida es ‘Ámsterdam’, de Jacques Brel. Tengo la suerte de cantarla y vivirla desde adentro.

 

-3. ¿Dónde suele veranear?

No recuerdo haber veraneado dos veces en el mismo lugar. No tengo pueblo, ni gran casa familiar, ni paraje que me reclame. Es la parte dolorosa y ciega del desarraigo, pero también tiene su parte dulce y luminosa. El apátrida va donde quiere. Y yo siempre he querido ir lejos, lo más lejos posible. Me recuerdo, niño y no tanto, mirando al horizonte, deseoso de emprender viaje, de partir. Aunque en Francia tuve una infancia de bosques, ovejas, montaña, aire puro y bicicleta soy urbanita.

 

-4. ¿Qué hace en esta época diferente al resto del año?

Tomarme el tiempo de perderlo. La rutina tiene mala prensa pero a mí, la mía, me gusta y me sienta bien. Aún así aprovecho el verano para invertir los términos dejando que lo extraordinario sea lo ordinario y viceversa.

 

-5. ¿Cuáles son el viaje y la ciudad de su vida?

-No hay ciudad o hay muchas, demasiadas para ser preciso. Hice la ruta 66 conduciendo de Chicago hasta la playa de Santa Mónica y planeo recorrer la panamericana, los 25.000 km que tratan de unir Alaska con Tierra de fuego y vuelta a Buenos Aires. Aventura y emociones aseguradas. Soy feliz yendo siempre un poco más allá.

 

-6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Cómo ha sido esa época?

Feliz, modesta y siempre combativa. Yo me encargaba sobre todo de la felicidad. Al combate se entregaban con generosidad mis padres, sucediendo a mis abuelos. Recuerdo haber venido cuatro veces de vacaciones a España. Era toda una aventura, un mundo nuevo, embriagador: los olores, el calor multicolor, las voces, el negro veneno, el bullicio, los pueblos sin agua corriente, los vendedores de barras de hielo... Pero quizá mi mejor verano fue el del año del traslado de mi familia desde el sur de Francia a París. Dos meses muy vividos, intensos, desbordantes de risas y exuberantes de descubrimientos que pasé con mi hermano Alain y mi primo (mi otro hermano) Patrick.

 

-7. ¿Qué le ha dado Francia, qué le debes en realidad?

 El azar y el destierro, las guerras y sus desastres me han hecho nacer en un lugar que es, al tiempo, mi patria chica y el exilio. No es poca cosa. A esa circunstancia accidental debo, en primer lugar, el idioma, mi lengua materna, esa que edifica, traza, esculpe. Y el idioma trae consigo las costumbres, la manera de relacionarse, los estudios o, en su defecto, los aprendizajes y la cultura, ese todo inacabable que, a esa edad, va desde Napoleón triunfal, la desconfianza hacia el teutón, la envidia al británico, Poulidor, Ocaña y el tour de Francia, Molière gimiendo moribundo, Fernandel, Boris Vian, la República, Asterix, el rugby, Dumas, Hugo, Zola... Todo eso me ata, además de que mis abuelos y mi bisabuela estén enterrados allí.

 

-8. ¿Cuál sería el menú ideal de un día perfecto?

Despertar, muy de madrugada, junto a mi maravillosa compañera María, el olor temprano a pan tostado, ver amanecer, disfrutar de mi familia, de mi hijo Léo, ser útil en cualquier actividad, aprender, hacer fotos, cantar, escribir, crear, invitar a comer, dejarme aconsejar, homenajear a mis amigos, trasnochar hasta verme forzado a dormir, exhausto. Todos mis días son perfectos. Hago lo que quiero, estoy con quien quiero. Soy el hombre más feliz del mundo.

 

-9. ¿Cómo recuerda la primera vez?

La primera vez que canté delante de alguien fue en Bruselas. Suena algo exótico pero fue sin gloria, ante cinco o quizá seis adolescentes y nadie, ni siquiera mi hermano que estaba cerca, lo recuerda. Pero así fue. Tenía catorce años.

 

-10. ¿Cuál ha sido el gran personaje de sus veranos?

 Puesto a elegir sólo uno, escojo a mi abuela, dulce, encorvada, analfabeta, valiente y generosa preparando para sus tres nietos, en aquella cocina minúscula con olor a ganado del sur de Francia, aquellas «gachillas» inolvidables que, para evocar aquellos años felices, preparo ahora yo para los mismos comensales. Su historia de derrota y viles padecimientos no es la de mi abuela, es universal y merecería un libro. Quién sabe, quizá un día...

 

11. ¿Por qué lleva una especie de diario fotográfico?

La fotografía es una pasión, una necesidad. Fotografío las gentes que me rodean, que me cruzo, con las que convivo sin conocerlas. Para satisfacer mi otra necesidad, la de escribir, pensé un día que complementar una cosa con la otra tenía sentido. Así fundé Sinestepolis, una ciudad imaginaria que voy poblando con los ciudadanos de mis fotos y cuyos nombres e historias son pura fábula. El proyecto constará de unos 5000 personajes, con sus micro-historias-guiones.

 

-12. Si tuviera que resumir el espíritu del verano en un ‘tuit’ de 140 caracteres, ¿qué diría?

El frufrú de las faldas/el cricrí de los grillos/el runrún de las olas/el cliclín de las copas/el muamuá de los besos/el sabor del verano.

 

-13. ¿Cuál es su mejor anécdota veraniega?

Por mi apego al pasado y a las tradiciones decidí buscar y juntar toda mi familia, los descendientes de mi abuelo Francisco Cuenca y de sus seis hermanos en ocasión de la «fiesta del emigrante », en pleno agosto, en Piñar, Granada, el pueblo de nuestros antepasados. Con la ayuda necesaria e insustituible de mi padre logramos encontrar y reunir 150 familiares que la diáspora de la pobreza y las guerras habían separado. Aquella convivencia y reencuentro es el acontecimiento más memorable y extraordinario de todos mis veranos. Aunque no está relacionado con mis actividades. O quizá sí.

 

*Paco Cuenca, retratado por Antón Castro en el Gran Café Zaragoza.

 

JAVIER RUBIO HABLA DE BUÑUEL

Javier Rubio (Zaragoza, 1952) es el autor de ‘La otra vida de Luis Buñuel’, que ha publicado en edición digital. Está disponible en Amazon. Ese proyecto, como anuncié hace unos días en mi facebook, está acompañado de un interesantísimo blog. ‘Retratos de la otra vida de Luis Buñuel’. Acaba de aparecer esta estupenda entrevista sobre el proyecto. Este es el enlace...

http://www.vozpopuli.com/actualidad/27435-el-periodista-javier-rubio-cuenta-la-otra-vida-de-luis-bunuel

El artículo lo firma Karina Sainz Borgo. Para Vox Populi.

 

“Esta es una visión agnóstica de Luis Buñuel”, dice el periodista y escritor Javier Rubio para referirse al libro que acaba de publicar: La otra vida de Luis Buñuel, un ensayo biográfico asentado en el estudio del archivo personal del cineasta y que arroja visiones más agrias, aunque quizás más reales, del director de Un perro andaluz (1929) y La edad de oro (1930). El libro, disponible en Amazon, está acompañado además de un blog: Retratos de la otra vida de Luis Buñuel.

Un Buñuel miedoso; hijo de una familia burguesa y terrateniente de cuyas propiedades debía él hacerse cargo; un hombre no especialmente brillante; alguien que tuvo el buen tino de unirse a Dalí y que buscó un medio con poca historia, el cine, para hacerse notar… Esos son sólo algunos de los rasgos que aporta periodista Javier Rubio en La otra vida de Luis Buñuel. “Las biografías de los artistas a veces parecen vidas de santos medievales. Yo sólo quiero estudiar a Buñuel como un hombre normal”, dice.

A Javier Rubio, que nació en Zaragoza en enero de 1952, le une con Buñuel algo más que la tierra. Se trata de un interés que vuelca con minuciosidad en una biografía que corrige tópicos asociados al director de Viridiana. Por ejemplo: nunca llegó a ser ingeniero agrónomo; su paso por Estados Unidos no está revestido de la gloria que aparenta; sus inquietudes espirituales e intelectuales son tardías…

Periodista cultural de larga trayectoria, Rubio comenzó en los años setenta, en Barcelona, con colaboraciones para el diario El País. Ya en Madrid, fue director de la sección cultural de Diario 16; trabajó durante cuatro años en TVE2; fue redactor jefe del suplemento Blanco y Negro, en el ABC. En el año 2000 participó en la fundación de Libertad Digital, medio del que fue director hasta 2010, año en que él mismo decidió abandonar su puesto por diferencias editoriales.

["La vida de Buñuel que desconocemos es la que se olvidó de contar a sus biógrafos o la que tergiversó en beneficio propio".]

-¿Cuál es esa otra vida de Buñuel que desconocemos?

-La que se olvidó de contar a sus biógrafos o la que tergiversó en beneficio propio. Por ejemplo, la del malísimo estudiante que suspendió durante cuatro años seguidos el examen de ingreso en la escuela de ingenieros y que no dejó ninguna huella de vida espiritual hasta los 22 años, cuando hacía la mili en Madrid, recomendado para no ir a la guerra de África, y publicó en una revista su primer poema en prosa, muy poca cosa, como el resto de sus primeras obras. Aunque le parezca mentira, él conservó su historial académico en su archivo, pero, al parecer nadie había tenido suficiente interés todavía en publicarlo.

-¿Cuál archivo, exactamente?

-El que conserva en la Filmoteca. En ese mismo archivo hay muchos otros papeles poco estudiados, como las cartas que le escribió su mujer desde que se quedó embarazada hasta que su hijo tuvo tres meses, cuando lo vio por primera vez. Entre abril de 1934 y marzo de 1935 se vieron un día en París en junio, el de su boda, ni siquiera pasaron la noche juntos, y dos semanas en julio, cuando ella estuvo de visita en Madrid. También conservó varias cartas de su madre que contienen informaciones valiosas, como la disminución de la fortuna familiar en 1935. Lo extraño es que nadie hubiera sentido la curiosidad hasta ahora. Para ser sincero, lo que más me intrigaba era qué había hecho durante la guerra civil. Y creo que doy una respuesta mejor que las que había hasta ahora. 

-Ian Gibson tiene cinco años preparando su biografía de Buñuel, podemos decir que usted se le adelantó…

- Si lo que me han contado es cierto, el señor Gibson publicará su biografía el próximo otoño, más limitada de lo previsto. Posiblemente se detenga en 1936. Mi libro es algo más modesto y parcial, un ensayo biográfico, sin función académica ni ánimo de totalidad. Mi interés se centra en el relato autobiográfico, la vida que él contaba, que no fue toda su vida, pero ha sido la base de todas sus biografías. No me interesan todos los datos, sino los que ocultó o embrolló.

["Mi interés se centra en el relato autobiográfico, la vida que él contaba, que no fue toda su vida"]

-¿De dónde proviene su interés por Buñuel?

-Me interesé hace más o menos diez años, cuando en mis ratos de ocio buscaba datos para otra biografía, la de Gustavo Durán, un personaje coetáneo de vida novelesca y que coincidió con Buñuel en varias ocasiones. Sale muy mal parado en las Conversaciones con Buñuel de Max Aub, pero también en ese libro aparecen otras cosas que Carrière, el autor de Mi último suspiro, calló. Como, por otra parte, era lógico, ya que es un libro ligerito, para amantes del cine poco exigentes. Cuando en 2010, al quedarme sin trabajo, me puse a escribir, se acababa de publicar una biografía muy correcta de Gustavo Durán y dos libros eruditos sobre Buñuel de difícil lectura, así que, me propuse poner en claro el estado de la cuestión. He leído todo lo que he encontrado, he estado en el archivo Aub de Segorbe y en el de la Filmoteca, donde se custodia su legado. Hace un año, terminé una primera versión, la ofrecí a varias editoriales, no interesó y, al acercarse el 30º aniversario de su muerte, el 29 de julio próximo, me decidí a publicarlo en Amazon y montar un blog con lo que era un apéndice del libro.

-Ingeniero agrónomo, filósofo, cineasta, director de teatro, agitador cultural… ¿Qué clase de personaje fue realmente Buñuel?

-Vea cómo, sin darnos cuenta, inflamos el currículo de quien nos cae bien. Buñuel no pisó la Escuela de Agrónomos más que para matricularse y realizar el examen de ingreso en tres ocasiones. La cuarta lo intentó en Industriales. Luego, en tres años, y posiblemente con alguna ayuda, aprobó las 13 asignaturas de Filosofía y Letras en la rama de Historia, una parcela sobre la que no volvió a insistir. Hizo poquísimo teatro, algún Tenorio en la Residencia y colaboró en la representación en Amsterdam del Retablo de maese Pedro de Falla. Más allá de sus películas, tuvo escasa actividad como agitador cultural. En el movimiento surrealista fue un gregario perezoso que se dosificó mucho.

-En sus palabras, Buñuel parece un individuo gris, pero muy insistente.

-Como la mayoría de los grandes artistas, Buñuel fue un tipo muy ambicioso, con una autoestima blindada y una notable perseverancia. Acertó a concentrarse en una sola cosa y sacarle un partido extraordinario a un talento con muchas limitaciones y que por vagancia había dejado de cultivar durante la adolescencia. Se olvida siempre que su primera obra de madurez de la que se sintió responsable al ciento por ciento, Los Olvidados, la hizo a los 50 años y que hasta ese momento con mucha frecuencia, precisó de la ayuda económica de su madre para sobrevivir.

["Más allá de sus películas, tuvo escasa actividad como agitador cultural. En el movimiento surrealista fue un gregario perezoso"]

-¿Cuál es la etapa más opaca, biográficamente?

- Los años menos conocidos de Buñuel son los 20 que transcurren desde La Edad de Oro hasta Los Olvidados. Las dos primeras películas, las surrealistas célebres, las hizo en régimen mutualista con Dalí. Hasta que su amigo no se lo contó en Figueras en enero de 1929, Buñuel no sabía de qué iba eso del surrealismo y difícilmente lo hubiera descubierto por su cuenta. Dalí le impartió un cursillo acelerado a su medida. Necesitaba hacer una película con el dinero que le había prestado su madre ante notario y encontró la solución. Tuvo la suerte de conocer en el estreno de su película al marqués de Noailles, que les encargó una nueva cinta, con mayor presupuesto

-Sobre el comunismo de Buñuel, ¿es cierto que nunca sacó pecho de su afiliación al PC? ¿qué encontró?

-Esa es una de las mayores incógnitas que sobrevivían hasta hace poco, si había sido del Partido Comunista Francés o del Español. A día de hoy estará más cerca de la verdad quien crea que no se afilió ni a uno ni a otro. Los españoles pensaban que se había afiliado al francés y los franceses, al español. Román Gubern y Paul Hammnond escribieron un libro de 400 páginas sobre “los años rojos”, donde es el asunto omnipresente. Sólo hay un documento en el que admite su vinculación con el partido español, la carta de despedida del surrealismo que le envió a Breton en mayo de 1932, pero no es probatoria de que hubiera dado el paso, rellenado una ficha de inscripción, pagado las cuotas, asistido a reuniones de célula, etcétera, de que hubiera hecho vida de afiliado.

["A Buñuel le dolió mucho que Dalí no le prestara dinero en 1939, cuando malvivía en Hollywood con su familia"]

-Lo que sí es cierto es que Buñuel tenía muchas contradicciones entre su supuesta izquierda y su forma de vida

-Mientras vivió en Madrid, entre 1934 y 1936, fue simpatizante, amigo de sus amigos. Ayudó al partido yendo al notario para hacer un trámite relacionado con Mundo Obrero, que estaba suspendido. Hasta 1936, poca cosa más. La guerra le pilló en Madrid y recurrió a sus amigos de la Alianza de Intelectuales para protegerse. Pasó mucho miedo en el mes y medio que estuvo en Madrid, antes de lograr marcharse a París, donde pasó los dos años siguientes protegido por sus amigos franceses, algunos del partido y otros no. En los Estados Unidos, negó haber sido del Partido. En México, estuvo muy próximo de un amigo de la juventud, José Ignacio Mantecón, un archivero erudito que fue el gobernador de Aragón que acabó con los anarquistas y que en 1948 se hizo del Partido en una especie de arrebato de nobleza baturra ideológica. En los años setenta seguía siendo muy estalinista, sobre todo en política internacional, pero, hay que repetirlo, nunca fue muy fino en asuntos de ideas, era un intuitivo sentimental.

 -¿Por qué no prosperó la segunda parte de Un perro andaluz que le propuso Dalí a Buñuel?

-Entre otras cosas, porque Dalí estaba muy contaminado por el franquismo. Cuando ocurrió, Buñuel ya era un director famoso, no le necesitaba ni le convenía. Además, le dolió mucho que no le prestara dinero en 1939, cuando malvivía en Hollywood con su familia.