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Antón Castro

Artistas

ADIÓS A ÁNGELES SANTOS TORROELLA

Ángeles Santos avanzaba hacia los 102 años cuando falleció el pasado miércoles en Pozuelo, en la casa de su hijo Julián Grau Santos. Nació en Portbou en 1911. Hija de funcionario de aduanas, se formó en Valladolid con Cellino Perotti y deslumbró con su arte a creadores tan distintos como Francisco Pino, los hermanos Cossío, Juan Ramón Jiménez, Gómez de la Serna y García Lorca, que se quedaba fascinado ante sus lienzos. En 1929 firmó sus dos obras maestras: ‘Tertulia’ y ‘Un mundo’, uno de los cuadros más enigmáticos y bellos, con sus sombras y atormentadas figuras, de la pintura española de vanguardia. Ambas piezas están en el Museo Reina Sofía. Aquí está... Ángeles Santos se casó en 1936 con Emili Grau Sala; él se fue al exilio algún tiempo después y vivió en Francia otras vidas, otros amores. Regresó en los años 60 y reanudaron su convivencia y su amor en París, más sereno. Ángeles Santos, Angelita para Lorca y Juan Ramón, había vivido con sus padres y al parecer vivió en Canfranc y en Huesca un tiempo. En Canfranc, en 1937, nació su hijo el artista Julián Grau Santos.

LUIS BUÑUEL Y SUS AMORES

RITUALES DE SOL Se cumplen treinta años de la muerte del autor de ‘Viridiana’. Nos acercamos a una faceta más íntima: sus novias y sus amores platónicos. Desde Isabel Matutano y Pilar Bayona a Concha Méndez. (Serie veraniega de Heraldo de Aragón)

 

 

Los amores difíciles de Luis Buñuel

 

El amor y el deseo son dos de los temas capitales de Luis Buñuel (1900-1983). Solía decir en una de esas declaraciones, en la que parecía contradecirse con una inmediatamente anterior, que lo más le preocupaba en su cine eran “las relaciones humanas”. No ha sido Luis Buñuel, al menos a primera vista, un gran seductor, pero sí ha tenido sus veleidades. A Carmen Sampietro, hija del doctor Sampietro, la llama “mi inolvidable amiga de infancia”. Vivían sus familias en el Coso en un edificio que contó con el primer ascensor de Zaragoza. Una de las cocinas de las viviendas daba al Palacio de la Ilusión, el cine de la calle Estébanes, y juntos, a través de una verja veían las películas de cine mudo. Las veían “abrazados”. Una vez, como ha contado Isabel Comps en la revista ‘Pasarela’ y el propio Buñuel, se quedaron encerrados y se pusieron a gritar hasta que los oyeron y los sacaron de allí. Buñuel jamás olvidaría a Carmen: le mandó una fotografía dedicada (que posee el pintor y coleccionista Eduardo Laborda) y le recordaba que con ella había descubierto el cine y “las primeras emociones musicales” con las partituras de ‘Carmen’ o de ‘Fausto’.

Si Carmen fue la cómplice del despertar a los sueños, en Calanda se prendó de Isabel Matutano, que tendría diez años. Conchita le cuenta a Max Aub en ‘Conversaciones con Buñuel’ (Aguilar, 1984) que “nos quitaba los juguetes para regalárselos a una novia que tenía (...) Isabel era muy guapa y muy agradable”. Quizá su primer gran amor platónico fuese la pianista Pilar Bayona (1897-1979): se conocieron de jóvenes en Zaragoza y un día coincidieron en un mirador. El joven Buñuel confesaría: “Nos quedamos solos en un balcón. Yo estoy seguro de que ella sabía que yo la quería. Pero nunca nos dijimos nada”. Esa pasión secreta derivó hacia una gran amistad: muchos años después, cuando Luis Buñuel regresó a España, se tomó algunas fotos con ella y con Pepín Bello, y ambos recordaron una antigua complicidad. Eso sí, según Conchita Buñuel, luego también se enamoraría de ella su hermano Alfonso.

Luis Buñuel se trasladó a la Residencia de Estudiantes hacia 1917. Y allí se matriculó en Ingeniería Agrónoma y más tarde, con la ayuda del arabista Asín y Palacios, amigo de su padre, se pasó a Ciencias Naturales. En aquellos días frecuentó a Ramón y Cajal. Y también se enamoró de “una chica bien” mayor que él. Buñuel, que fundaría un club de atletismo y que practicaría boxeo (combatió sin demasiada convicción, a pesar de que algunos lo llamaron ‘el  bruto aragonés’), fingía tener más años de los que tenía. La relación parecía ir sobre ruedas y el padre de la joven quiso conocerlo, entre otras cosas porque pensaba que era de una familia rica, muy rica. Él le prometió que se casaría con ella. Pero antes, Luis Buñuel hizo un viaje a Calanda y, como no sabía cómo romper con ella, se le ocurrió una fabulosa mentira. Su hermana Conchita se lo contaba así a Max Aub: “Entonces le escribió una carta como si fuera otra persona, diciéndole que su amigo Luis la adoraba, pero que había muerto en un accidente de moto muy grave, y que murió nombrándola. Y luego, tres o cuatro meses después, lo encontró el padre y creo que lo persiguió con el bastón por aquí, por Madrid”.

La familia Buñuel veraneaba en San Sebastián, y allí hacia 1917 o 1918, Luis conoció a una joven moderna y audaz, campeona de natación y gimnasia: Concha Méndez Cuesta (1898-1968). Empezaron a salir y formalizaron el noviazgo en Madrid. Algunos dicen que fueron novios durante cinco años y otros siete. Ella era una de las chicas avanzadas de la ciudad, como su amiga Maruja Mallo, que fue pareja de Rafael Alberti y amante, entre otros, de Miguel Hernández y de Pablo Neruda. En 1919, Concha se había ido a Londres; diez años después viajaría a Buenos Aires y a Montevideo. La ruptura, en un día de aguacero, fue también en San Sebastián. Concha Mantecón, familiar de Buñuel, se lo contó así a Max Aub: “... nos encontramos a Luis Buñuel con Concha Méndez. Llovía muchísimo y se hallaban tan furiosos que estaban pegándose paraguazos el uno al otro. Bueno, enfadadísimos, enojadísimos. Luego supe que rompieron”. Las biografías de Concha Méndez dicen que lo abandonó por culpa del “muy machista carácter de Buñuel”. Gran amiga de Lorca y Cernuda y buena poeta, se casaría con el poeta e impresor Manuel Altolaguirre. Poco después, en 1925, el futuro cineasta Buñuel se fue a París, conoció a Jeanne Rucar, que también era deportista, había sido medalla olímpica de bronce en la Olimpiada en gimnasia, y se enamoró de ella. Tras casi una década de noviazgo, se casaron en 1934. Ella le enseñó a bailar el tango. Sería la mujer de su vida.

 

LAS ANÉCDOTAS

 

La gimnasta. Jeanne Rucar publicó, en 1990, tras la muerte de Luis Buñuel ‘Memorias de una mujer sin piano’, en colaboración con Marisol Martín del Campo. Revela a un Buñuel que padecía celos patológicos. Le montaba escenas constantemente. Según dice, no solo le hace desprenderse de su piano, sino que le prohíbe practicar gimnasia: “No es decente, Jeanne. Se te verían las piernas. Me desagrada que mi mujer se exhiba por ahí”, le dice.

Jeanne Moreau. A Buñuel no se lo conocen amantes, pero Jeanne Moreau se enamoró de su inteligencia tras trabajar en ‘Diario de una camarera’ y habría querido tener algo con él. Así lo confesó.

La novia polizón. Pedro Christian García-Buñuel cuenta en ‘Recordando a Buñuel’ (Ayuntamiento de Zaragoza, 1985) que tras la ruptura con Buñuel, Concha Méndez se metió de polizón en un barco carbonero inglés que iba desde Pasajes a Cardiff. La descubren y la llevan ante el camarote del capitán. Hablan y hablan, ella le cuenta que ha tenido un novio aragonés, y de repente el capitán le cuenta que él “conoció a otro en uno de sus viajes a Cuba que solía cascar las nueces con la cabeza”. Concha Méndez le contestó: “Es el padre del que fue mi novio”.

 

 

*La foto de juventud de Pilar Bayona pertenece al Archivo Pilar Bayona. La de Luis Buñuel, de 1929, es de Man Ray.

 

EL LOCO AMOR DE LIZ Y RICHARD

 

RITUALES DE SOL. Mañana lunes se estrena la serie dedicada a los dos grandes actores británicos, que estuvieron casados dos veces y que vivieron una auténtica pasión animal de química, cariño, atracción sexual, alcohol y dependencia.

Taylor & Burton,

una locura de amor

del siglo XX

El amor es uno de los motores de la vida. El aire del mundo. Es necesario y estimulante en cualquier estación. A veces, no se sabe muy bien por qué, entre dos seres se establece una química animal, una pasión inefable que va más allá de los cuerpos, de la sangre o del ánimo. La locura de amor de Elizabeth Taylor (1932-2011) y Richard Burton (1925-1984) es una de las más conmovedoras y complejas. Para muchos es “la historia de amor del siglo XX”; para otros, sus trece años de casados, en dos tandas, conforman “el matrimonio del siglo”. Ellos, con su fogosidad, con su desinhibición, con su vulnerabilidad, con su glamur y con su talento, lo vivieron todo: estaban hechos el uno para el otro y a la vez, como sucede a veces, no podían tolerarse. Ni contigo ni sin ti, y a la vez se imponía una atracción especial, casi sobrehumana, que descansaba en la belleza, en el deseo, en la veneración. Para Burton, Liz Taylor era la mejor actriz del mundo. Los dos eran celosos: ella tuvo celos de Claire Bloom o de Sofía Loren; él no podía soportar la proximidad del nuevo galán Warren Beatty.

Liz & Richard, Liz & Dick (sobrenombre del actor) siempre están de actualidad. Especialmente en verano. Hace no demasiados meses aparecía ‘El amor y la furia. La verdadera historia de amor Elizabeth Taylor y Richard Burton (Lumen. Traducción de Jofre Homedes), de Sam Kashner y Nancy Shoenberger, que incluía las cartas de Richard Burton, que era un hombre cultivado, amaba la poesía y escribía diarios con el deseo de componer una novela autobiográfica. Este lunes se estrena una serie sobre ellos, de la BBC, ‘Taylor & Burton’, con Helena Bonham-Carter, la compañera de Tim Burton y antes de Kenneth Branagh, y con Dominic West, el actor de ‘The Wire’.

Liz era londinense y Richard era galés. Burton se educó, esencialmente, en el teatro: quería ser el relevo de Lawrence Olivier y de John Gielgud, y en cierto modo lo fue. Y ella se trasladó a Estados Unidos y empezó a aparecer en la pantalla a los diez años. En 1953 se encontraron en una fiesta en casa de Stewart Granger y Jean Simmons. Se miraron con indiferencia. Tardarían verse casi nueve años, y entonces saltarían chispas literalmente. Burton “arrastraba fama de amante irresistible” y estaba casado con Sybil Williams, madre de sus hijas Kate y Jessica, que tenía una minusvalía, y Liz se había casado cuatro veces, y se había quedado viuda de Mike Todd y le robó a su amiga Debbie Reynolds a Eddie Fischer. Poco después del reencuentro, fueron contratados para trabajar en ‘Cleopatra’ (1962), que al final dirigió Joseph L. Mankiewicz. El discurso de la narración amorosa de la película tiene mucho que ver con su propia historia: se enamoraron irremisiblemente, ante el estupor de Sybil y de Eddie, que incluso amenazó con una pistola a su mujer. Los besos cada vez eran más largos, ante la perplejidad de Mankiewicz: ‘Cleopatra’ parecía su propio hechizo carnal.

El escándalo no tardó en estallar y se convirtieron en la pareja de moda en el mundo. En cierto modo con ellos, con esta pasión adúltera, contestada incluso por el Vaticano, nacieron los paparazzis. Cuando el fotógrafo Pat Morin los captó en la cubierta de un barco, en traje de baño y con los paquetes de cigarrillos a sus pies, el mundo se estremeció. Había lío, romance de famosos, hasta Jacky Kennedy se preguntaba si se casarían. Al final lo hicieron: Sybil jamás volvió a hablar con su ex marido; Liz, embrujada por el erotismo del actor, declararía más tarde: “Imagínate tener al oído la voz de Richard Burton mientras haces el amor. Borraba todas las preocupaciones y las penas. Lo demás se esfumaba”. Para Burton ella “era una diosa del sexo”. Hicieron muchas películas juntos: ‘Cleopatra’, ‘¿Quién teme a Virginia Woolf?’, que supuso el Oscar para Liz (había ganado otro en 1960 por ‘Una mujer marcada’), ‘Castillos en la arena’, ‘Los comediantes’, ‘La mujer indomable’, etc. Se separaron en 1974 y volvieron a unirse por poco más de un año entre 1975 y 1976. Les alejaban el alcohol, la testarudez, su carácter agresivo, las peleas o algunas enfermedades que padecía Liz.

Se amaron tanto como se pelearon. Bebieron, gastaron sin conocimiento en joyas y lujos, y supieron adaptarse a la espiral de la publicidad, sobre todo Liz. Poco antes de fallecer en 1984, tras rodar la película del mismo título, Burton pensó en ella. Dos días antes le había mandado su última carta. Ella confesaría: “El día que murió, yo aún estaba locamente enamorada de él”.

 

 

LAS ANÉCDOTAS

 

La bomba Burton. Elizabeth Taylor, que alcanzó dos Oscar de Hollywood, escribió a propósito de su intimidad con Burton: “Mi momento favorito es cuando estamos solos por la noche riéndonos y hablando de libros, de la situación mundial, de la poesía, de los hijos, de cuando nos conocimos, de problemas, de fantasías y de los sueños que tenemos. Hasta cuando nos peleamos es divertido. Richard disfruta tanto perdiendo los estribos que da gusto verlo. Explota como una bomba. Saltan chispas, tiemblan las paredes y se sacude el suelo. Lo que más me gusta es complacer a Richard, no ser complacida”.

 

La belleza Taylor. En sus cuadernos escribió Burton su primera percepción de Liz: “...una chica sentada al otro lado de la piscina bajó su libro, se quitó las gafas de sol y me miró. Era tan increíblemente guapa que casi se me escapó la risa... Era sin duda una belleza... Era fastuosa. Era una esplendidez morena e implacable”.

 

*Las dos fotos son de Bert Stern (1929-2013).

AVENTURAS DE VERANO / 3: GRAÑENA

AVENTURAS DE VERANO / 3: GRAÑENA

AVENTURAS DE VERANO / 3

 

ENTREVISTA. Luis Grañena. Artista

 

“Me río con los futurólogos”

 

Luis Grañena (Zaragoza, 1968) es uno de los grandes ilustradores y caricaturistas del país. Se forjó en HERALDO y ahora trabaja para diarios y revistas de Estados Unidos, Francia, Portugal y España, entre otros. Reside en Valderrobres, Teruel, y pertenece al colectivo que gestiona el Súper Espacio (calle María Montessori).

-1. ¿Qué hace un ilustrador en verano? 

Beber más cerveza evidentemente, en lo profesional, sigo el mismo ritmo que el resto del año, intento parar unos días en agosto.

 

-2. ¿Qué es lo que aún le hace reír?

Me río con muchas cosas, sobre todo con los futurólogos, últimamente también me río mucho al mirarme al espejo... pero el otro día estuve viendo por trigésima vez a los Monthy Pyton y me descoj.... 

 

-3. ¿Dónde suele veranear? ¿Es de playa, de montaña, de ciudad o de pueblo?

Me gusta la montaña más que la playa, si puedo, me escapo unos días o un fin de semana. Ahora tengo el mar más cerca y algún día de playa habrá seguro. También me gusta la ciudad en verano, sobre todo por las noches.

 

-4. ¿Qué hace en esta época diferente al resto del año?

Hago prácticamente lo mismo, pero de otra manera, con más ganas de acabar la jornada y salir un rato. Y sobre todo hago planes que no suelo cumplir


-5. ¿Cuáles son el viaje y la ciudad, de verano, de su vida?

Recuerdo con especial nostalgia Madrid en verano, amor a primera vista, estuve todo el año de la mili en Madrid y lo pateé casi todo. Aún cuando voy se me pone la piel de gallina, era un pimpollo y estaba fuera de mi casa, en una ciudad enorme y acogedora. Algún día seré madrileño. 

 

6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Cómo ha sido esa época?

Fue una época agradable, sin sobresaltos ni traumas, feliz... En los veranos iba con mi familia al Pirineo, y de campamentos al valle de Gistaín. También iba muchísimo a la piscina, al Stadium Casablanca, jamás se me hizo largo un verano. Eso sí, siempre odié el momento de la siesta, los ‘despueses’ de comer nunca me han gustado.

 

-7. ¿Qué le debe al arte, qué le da, qué quieres darle tú?

El arte me regala momentos de conexión, de sentido. Disfruto viendo el trabajo de los demás, pero no me veo a mí mismo como un artista que pueda aportar nada nuevo al mundo del arte. Tengo varias crisis al día, y me intento inspirar en todo lo que tengo a mano... También he aprendido a dejar pasar un tiempo prudencial, sé que al final las cosas acaban saliendo y los plazos se cumplen. Hay días que con eso es bastante.

 

-8. ¿Cuál sería su menú de un día perfecto?

Sin horarios, con amigos y juerga, lo que viene siendo una costillada en el campo, y mejor dos días seguidos, en plan gitano.


-9. ¿Cómo recuerda la primera vez?

Recuerdo la primera vez como si fuera ayer, iba al instituto aún. Lo hice un poco chapuceramente, era novato y un poco torpe, no fue de los mejores, pero aún guardo la hoja donde salió publicado el dibujo...

 


-10. ¿Cuál ha sido el gran personaje de tus veranos?
No puedo decirte ninguno en especial...

 

11. ¿Cómo le afecta la crisis? ¿Cuál es la imagen que mejor la resume?

 La crisis me produce desánimo, es en lo que más me afecta, anímicamente. Siento impotencia frente a los mercaderes, y frustración ante los políticos torpes e inútiles. La imagen podría ser la de las filas de parados, o la de los comedores sociales...

-12. Si tuviera que resumir el espíritu del verano en un ‘tuit’ de 140 caracteres, ¿qué diría?

Verano es salir de casa al punto de la mañana, ir al río, comer tomate y olivas negras y beber cerveza en una jarra helada, y volver por la tarde con la ventanilla abierta, en bañador, colorado y feliz.

 

13. ¿Cuál es la mejor anécdota veraniega vinculada a su profesión?

Lo más parecido a una anécdota pudo darse durante un viaje a Nueva York, me habían pedido una ilustración en julio para un número de ‘New Yorker’. Normalmente te envían la revista a casa tras la publicación, pero esta vez me adelanté y llegué yo antes, así pude ver la ilustración en el quiosco allí mismo, el día de la publicación.

AVENTURAS DE VERANO / 2: P. CUENCA

AVENTURAS DE VERANO / 2: P. CUENCA

AVENTURAS DE VERANO / 2

 PACO CUENCA. CANTANTE, FOTÓGRAFO Y EMPRESARIO

 

 

“No he veraneado dos veces

en el mismo lugar”

 

 

 

Paco Cuenca  (Tarbes, Francia, 1961) es cantante, empresario y se está revelando como fotógrafo en el proyecto Sinestepolis. Acaba de rendir tributo a Jacques Brel, con Coco Balasch y Pedro Gan, y es autor de varios discos, entre ellos uno dedicado a la canción francesa.

 

-1. ¿Qué hace un cantante en verano?

Por regla general, cantar, si se puede. Es, para la mayoría de los artistas, temporada alta. De modo que el verano es tiempo de final de trayecto, de recapitulación y de planificación. Pero también es tiempo de calma, diversión, lecturas, viajes y aventura. Todo esto agitado, no batido.

 

-2. ¿Ser músico significa ser un poco canalla, noctámbulo, bohemio? ¿Cuál sería la canción de su vida? 

No me gustan los canallas y pretendo no serlo. Los artistas que más admiro son personas responsables, respetables y de moral ordenada. Los prefiero revolucionarios, sin duda, es decir gentes responsables, respetables y de moral ordenada. Los bohemios no van a las barricadas, los noctámbulos no llegan a tiempo y los canallas están del otro lado. La canción de mi vida es ‘Ámsterdam’, de Jacques Brel. Tengo la suerte de cantarla y vivirla desde adentro.

 

-3. ¿Dónde suele veranear?

No recuerdo haber veraneado dos veces en el mismo lugar. No tengo pueblo, ni gran casa familiar, ni paraje que me reclame. Es la parte dolorosa y ciega del desarraigo, pero también tiene su parte dulce y luminosa. El apátrida va donde quiere. Y yo siempre he querido ir lejos, lo más lejos posible. Me recuerdo, niño y no tanto, mirando al horizonte, deseoso de emprender viaje, de partir. Aunque en Francia tuve una infancia de bosques, ovejas, montaña, aire puro y bicicleta soy urbanita.

 

-4. ¿Qué hace en esta época diferente al resto del año?

Tomarme el tiempo de perderlo. La rutina tiene mala prensa pero a mí, la mía, me gusta y me sienta bien. Aún así aprovecho el verano para invertir los términos dejando que lo extraordinario sea lo ordinario y viceversa.

 

-5. ¿Cuáles son el viaje y la ciudad de su vida?

-No hay ciudad o hay muchas, demasiadas para ser preciso. Hice la ruta 66 conduciendo de Chicago hasta la playa de Santa Mónica y planeo recorrer la panamericana, los 25.000 km que tratan de unir Alaska con Tierra de fuego y vuelta a Buenos Aires. Aventura y emociones aseguradas. Soy feliz yendo siempre un poco más allá.

 

-6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Cómo ha sido esa época?

Feliz, modesta y siempre combativa. Yo me encargaba sobre todo de la felicidad. Al combate se entregaban con generosidad mis padres, sucediendo a mis abuelos. Recuerdo haber venido cuatro veces de vacaciones a España. Era toda una aventura, un mundo nuevo, embriagador: los olores, el calor multicolor, las voces, el negro veneno, el bullicio, los pueblos sin agua corriente, los vendedores de barras de hielo... Pero quizá mi mejor verano fue el del año del traslado de mi familia desde el sur de Francia a París. Dos meses muy vividos, intensos, desbordantes de risas y exuberantes de descubrimientos que pasé con mi hermano Alain y mi primo (mi otro hermano) Patrick.

 

-7. ¿Qué le ha dado Francia, qué le debes en realidad?

 El azar y el destierro, las guerras y sus desastres me han hecho nacer en un lugar que es, al tiempo, mi patria chica y el exilio. No es poca cosa. A esa circunstancia accidental debo, en primer lugar, el idioma, mi lengua materna, esa que edifica, traza, esculpe. Y el idioma trae consigo las costumbres, la manera de relacionarse, los estudios o, en su defecto, los aprendizajes y la cultura, ese todo inacabable que, a esa edad, va desde Napoleón triunfal, la desconfianza hacia el teutón, la envidia al británico, Poulidor, Ocaña y el tour de Francia, Molière gimiendo moribundo, Fernandel, Boris Vian, la República, Asterix, el rugby, Dumas, Hugo, Zola... Todo eso me ata, además de que mis abuelos y mi bisabuela estén enterrados allí.

 

-8. ¿Cuál sería el menú ideal de un día perfecto?

Despertar, muy de madrugada, junto a mi maravillosa compañera María, el olor temprano a pan tostado, ver amanecer, disfrutar de mi familia, de mi hijo Léo, ser útil en cualquier actividad, aprender, hacer fotos, cantar, escribir, crear, invitar a comer, dejarme aconsejar, homenajear a mis amigos, trasnochar hasta verme forzado a dormir, exhausto. Todos mis días son perfectos. Hago lo que quiero, estoy con quien quiero. Soy el hombre más feliz del mundo.

 

-9. ¿Cómo recuerda la primera vez?

La primera vez que canté delante de alguien fue en Bruselas. Suena algo exótico pero fue sin gloria, ante cinco o quizá seis adolescentes y nadie, ni siquiera mi hermano que estaba cerca, lo recuerda. Pero así fue. Tenía catorce años.

 

-10. ¿Cuál ha sido el gran personaje de sus veranos?

 Puesto a elegir sólo uno, escojo a mi abuela, dulce, encorvada, analfabeta, valiente y generosa preparando para sus tres nietos, en aquella cocina minúscula con olor a ganado del sur de Francia, aquellas «gachillas» inolvidables que, para evocar aquellos años felices, preparo ahora yo para los mismos comensales. Su historia de derrota y viles padecimientos no es la de mi abuela, es universal y merecería un libro. Quién sabe, quizá un día...

 

11. ¿Por qué lleva una especie de diario fotográfico?

La fotografía es una pasión, una necesidad. Fotografío las gentes que me rodean, que me cruzo, con las que convivo sin conocerlas. Para satisfacer mi otra necesidad, la de escribir, pensé un día que complementar una cosa con la otra tenía sentido. Así fundé Sinestepolis, una ciudad imaginaria que voy poblando con los ciudadanos de mis fotos y cuyos nombres e historias son pura fábula. El proyecto constará de unos 5000 personajes, con sus micro-historias-guiones.

 

-12. Si tuviera que resumir el espíritu del verano en un ‘tuit’ de 140 caracteres, ¿qué diría?

El frufrú de las faldas/el cricrí de los grillos/el runrún de las olas/el cliclín de las copas/el muamuá de los besos/el sabor del verano.

 

-13. ¿Cuál es su mejor anécdota veraniega?

Por mi apego al pasado y a las tradiciones decidí buscar y juntar toda mi familia, los descendientes de mi abuelo Francisco Cuenca y de sus seis hermanos en ocasión de la «fiesta del emigrante », en pleno agosto, en Piñar, Granada, el pueblo de nuestros antepasados. Con la ayuda necesaria e insustituible de mi padre logramos encontrar y reunir 150 familiares que la diáspora de la pobreza y las guerras habían separado. Aquella convivencia y reencuentro es el acontecimiento más memorable y extraordinario de todos mis veranos. Aunque no está relacionado con mis actividades. O quizá sí.

 

*Paco Cuenca, retratado por Antón Castro en el Gran Café Zaragoza.

 

JAVIER RUBIO HABLA DE BUÑUEL

Javier Rubio (Zaragoza, 1952) es el autor de ‘La otra vida de Luis Buñuel’, que ha publicado en edición digital. Está disponible en Amazon. Ese proyecto, como anuncié hace unos días en mi facebook, está acompañado de un interesantísimo blog. ‘Retratos de la otra vida de Luis Buñuel’. Acaba de aparecer esta estupenda entrevista sobre el proyecto. Este es el enlace...

http://www.vozpopuli.com/actualidad/27435-el-periodista-javier-rubio-cuenta-la-otra-vida-de-luis-bunuel

El artículo lo firma Karina Sainz Borgo. Para Vox Populi.

 

“Esta es una visión agnóstica de Luis Buñuel”, dice el periodista y escritor Javier Rubio para referirse al libro que acaba de publicar: La otra vida de Luis Buñuel, un ensayo biográfico asentado en el estudio del archivo personal del cineasta y que arroja visiones más agrias, aunque quizás más reales, del director de Un perro andaluz (1929) y La edad de oro (1930). El libro, disponible en Amazon, está acompañado además de un blog: Retratos de la otra vida de Luis Buñuel.

Un Buñuel miedoso; hijo de una familia burguesa y terrateniente de cuyas propiedades debía él hacerse cargo; un hombre no especialmente brillante; alguien que tuvo el buen tino de unirse a Dalí y que buscó un medio con poca historia, el cine, para hacerse notar… Esos son sólo algunos de los rasgos que aporta periodista Javier Rubio en La otra vida de Luis Buñuel. “Las biografías de los artistas a veces parecen vidas de santos medievales. Yo sólo quiero estudiar a Buñuel como un hombre normal”, dice.

A Javier Rubio, que nació en Zaragoza en enero de 1952, le une con Buñuel algo más que la tierra. Se trata de un interés que vuelca con minuciosidad en una biografía que corrige tópicos asociados al director de Viridiana. Por ejemplo: nunca llegó a ser ingeniero agrónomo; su paso por Estados Unidos no está revestido de la gloria que aparenta; sus inquietudes espirituales e intelectuales son tardías…

Periodista cultural de larga trayectoria, Rubio comenzó en los años setenta, en Barcelona, con colaboraciones para el diario El País. Ya en Madrid, fue director de la sección cultural de Diario 16; trabajó durante cuatro años en TVE2; fue redactor jefe del suplemento Blanco y Negro, en el ABC. En el año 2000 participó en la fundación de Libertad Digital, medio del que fue director hasta 2010, año en que él mismo decidió abandonar su puesto por diferencias editoriales.

["La vida de Buñuel que desconocemos es la que se olvidó de contar a sus biógrafos o la que tergiversó en beneficio propio".]

-¿Cuál es esa otra vida de Buñuel que desconocemos?

-La que se olvidó de contar a sus biógrafos o la que tergiversó en beneficio propio. Por ejemplo, la del malísimo estudiante que suspendió durante cuatro años seguidos el examen de ingreso en la escuela de ingenieros y que no dejó ninguna huella de vida espiritual hasta los 22 años, cuando hacía la mili en Madrid, recomendado para no ir a la guerra de África, y publicó en una revista su primer poema en prosa, muy poca cosa, como el resto de sus primeras obras. Aunque le parezca mentira, él conservó su historial académico en su archivo, pero, al parecer nadie había tenido suficiente interés todavía en publicarlo.

-¿Cuál archivo, exactamente?

-El que conserva en la Filmoteca. En ese mismo archivo hay muchos otros papeles poco estudiados, como las cartas que le escribió su mujer desde que se quedó embarazada hasta que su hijo tuvo tres meses, cuando lo vio por primera vez. Entre abril de 1934 y marzo de 1935 se vieron un día en París en junio, el de su boda, ni siquiera pasaron la noche juntos, y dos semanas en julio, cuando ella estuvo de visita en Madrid. También conservó varias cartas de su madre que contienen informaciones valiosas, como la disminución de la fortuna familiar en 1935. Lo extraño es que nadie hubiera sentido la curiosidad hasta ahora. Para ser sincero, lo que más me intrigaba era qué había hecho durante la guerra civil. Y creo que doy una respuesta mejor que las que había hasta ahora. 

-Ian Gibson tiene cinco años preparando su biografía de Buñuel, podemos decir que usted se le adelantó…

- Si lo que me han contado es cierto, el señor Gibson publicará su biografía el próximo otoño, más limitada de lo previsto. Posiblemente se detenga en 1936. Mi libro es algo más modesto y parcial, un ensayo biográfico, sin función académica ni ánimo de totalidad. Mi interés se centra en el relato autobiográfico, la vida que él contaba, que no fue toda su vida, pero ha sido la base de todas sus biografías. No me interesan todos los datos, sino los que ocultó o embrolló.

["Mi interés se centra en el relato autobiográfico, la vida que él contaba, que no fue toda su vida"]

-¿De dónde proviene su interés por Buñuel?

-Me interesé hace más o menos diez años, cuando en mis ratos de ocio buscaba datos para otra biografía, la de Gustavo Durán, un personaje coetáneo de vida novelesca y que coincidió con Buñuel en varias ocasiones. Sale muy mal parado en las Conversaciones con Buñuel de Max Aub, pero también en ese libro aparecen otras cosas que Carrière, el autor de Mi último suspiro, calló. Como, por otra parte, era lógico, ya que es un libro ligerito, para amantes del cine poco exigentes. Cuando en 2010, al quedarme sin trabajo, me puse a escribir, se acababa de publicar una biografía muy correcta de Gustavo Durán y dos libros eruditos sobre Buñuel de difícil lectura, así que, me propuse poner en claro el estado de la cuestión. He leído todo lo que he encontrado, he estado en el archivo Aub de Segorbe y en el de la Filmoteca, donde se custodia su legado. Hace un año, terminé una primera versión, la ofrecí a varias editoriales, no interesó y, al acercarse el 30º aniversario de su muerte, el 29 de julio próximo, me decidí a publicarlo en Amazon y montar un blog con lo que era un apéndice del libro.

-Ingeniero agrónomo, filósofo, cineasta, director de teatro, agitador cultural… ¿Qué clase de personaje fue realmente Buñuel?

-Vea cómo, sin darnos cuenta, inflamos el currículo de quien nos cae bien. Buñuel no pisó la Escuela de Agrónomos más que para matricularse y realizar el examen de ingreso en tres ocasiones. La cuarta lo intentó en Industriales. Luego, en tres años, y posiblemente con alguna ayuda, aprobó las 13 asignaturas de Filosofía y Letras en la rama de Historia, una parcela sobre la que no volvió a insistir. Hizo poquísimo teatro, algún Tenorio en la Residencia y colaboró en la representación en Amsterdam del Retablo de maese Pedro de Falla. Más allá de sus películas, tuvo escasa actividad como agitador cultural. En el movimiento surrealista fue un gregario perezoso que se dosificó mucho.

-En sus palabras, Buñuel parece un individuo gris, pero muy insistente.

-Como la mayoría de los grandes artistas, Buñuel fue un tipo muy ambicioso, con una autoestima blindada y una notable perseverancia. Acertó a concentrarse en una sola cosa y sacarle un partido extraordinario a un talento con muchas limitaciones y que por vagancia había dejado de cultivar durante la adolescencia. Se olvida siempre que su primera obra de madurez de la que se sintió responsable al ciento por ciento, Los Olvidados, la hizo a los 50 años y que hasta ese momento con mucha frecuencia, precisó de la ayuda económica de su madre para sobrevivir.

["Más allá de sus películas, tuvo escasa actividad como agitador cultural. En el movimiento surrealista fue un gregario perezoso"]

-¿Cuál es la etapa más opaca, biográficamente?

- Los años menos conocidos de Buñuel son los 20 que transcurren desde La Edad de Oro hasta Los Olvidados. Las dos primeras películas, las surrealistas célebres, las hizo en régimen mutualista con Dalí. Hasta que su amigo no se lo contó en Figueras en enero de 1929, Buñuel no sabía de qué iba eso del surrealismo y difícilmente lo hubiera descubierto por su cuenta. Dalí le impartió un cursillo acelerado a su medida. Necesitaba hacer una película con el dinero que le había prestado su madre ante notario y encontró la solución. Tuvo la suerte de conocer en el estreno de su película al marqués de Noailles, que les encargó una nueva cinta, con mayor presupuesto

-Sobre el comunismo de Buñuel, ¿es cierto que nunca sacó pecho de su afiliación al PC? ¿qué encontró?

-Esa es una de las mayores incógnitas que sobrevivían hasta hace poco, si había sido del Partido Comunista Francés o del Español. A día de hoy estará más cerca de la verdad quien crea que no se afilió ni a uno ni a otro. Los españoles pensaban que se había afiliado al francés y los franceses, al español. Román Gubern y Paul Hammnond escribieron un libro de 400 páginas sobre “los años rojos”, donde es el asunto omnipresente. Sólo hay un documento en el que admite su vinculación con el partido español, la carta de despedida del surrealismo que le envió a Breton en mayo de 1932, pero no es probatoria de que hubiera dado el paso, rellenado una ficha de inscripción, pagado las cuotas, asistido a reuniones de célula, etcétera, de que hubiera hecho vida de afiliado.

["A Buñuel le dolió mucho que Dalí no le prestara dinero en 1939, cuando malvivía en Hollywood con su familia"]

-Lo que sí es cierto es que Buñuel tenía muchas contradicciones entre su supuesta izquierda y su forma de vida

-Mientras vivió en Madrid, entre 1934 y 1936, fue simpatizante, amigo de sus amigos. Ayudó al partido yendo al notario para hacer un trámite relacionado con Mundo Obrero, que estaba suspendido. Hasta 1936, poca cosa más. La guerra le pilló en Madrid y recurrió a sus amigos de la Alianza de Intelectuales para protegerse. Pasó mucho miedo en el mes y medio que estuvo en Madrid, antes de lograr marcharse a París, donde pasó los dos años siguientes protegido por sus amigos franceses, algunos del partido y otros no. En los Estados Unidos, negó haber sido del Partido. En México, estuvo muy próximo de un amigo de la juventud, José Ignacio Mantecón, un archivero erudito que fue el gobernador de Aragón que acabó con los anarquistas y que en 1948 se hizo del Partido en una especie de arrebato de nobleza baturra ideológica. En los años setenta seguía siendo muy estalinista, sobre todo en política internacional, pero, hay que repetirlo, nunca fue muy fino en asuntos de ideas, era un intuitivo sentimental.

 -¿Por qué no prosperó la segunda parte de Un perro andaluz que le propuso Dalí a Buñuel?

-Entre otras cosas, porque Dalí estaba muy contaminado por el franquismo. Cuando ocurrió, Buñuel ya era un director famoso, no le necesitaba ni le convenía. Además, le dolió mucho que no le prestara dinero en 1939, cuando malvivía en Hollywood con su familia.

 

JONÁS TRUEBA EN ZARAGOZA: DIÁLOGO

¿Por qué dices que 'Los ilusos' es como si fuera tu película cero?

Mientras rodaba "Los ilusos" me he sentido como cuando rodaba cortos caseros en mi adolescencia, con mis amigos del barrio. Nos llamábamos para quedar al día siguiente y nos tirábamos una tarde o fin de semana grabando, improvisando las historias sobre la marcha, riéndonos mucho y tomándonoslo todo muy en serio. Así ha sido de nuevo con "Los ilusos. Los actores y técnicos son mis nuevos amigos del barrio, y rodábamos en nuestras calles, bares y pisos... Después de "Todas las canciones..." no queríamos volver a pasar por el rodillo burocrático, administrativo de una producción convencional. Queríamos sentir que solo dependíamos de nosotros mismos. Y para eso hemos tenido que hacer muchas renuncias, aprendiendo a trabajar con muy poco, sin dinero y sin apenas medios, pero a cambio hemos reconquistado un sentimiento de libertad muy grande, siendo conscientes de lo poco que teníamos pero tratando de hacer virtud de todas estas carencias. Hemos vuelto a rodar como si fuéramos adolescentes, recuperando el amateurismo, la ingenuidad máxima y la felicidad plena, por eso me gusta hablar de película número cero. Ha sido como empezar de nuevo.

Qué pasó por tu cabeza tras haber hecho 'todas las canciones hablan de mí'. ¿Sentiste responsabilidad, miedo, querías experimentar, reflexionar, darle la vuelta a todo lo convencional y lo esperable?

Intento ser un poco inconsciente en todo lo que hago y no reflexionar demasiado sobre el trabajo anterior... Pero siempre se queda un poso después de una película, sales tocado, con sentimientos encontrados. En mi caso, después de "Todas las canciones..." estaba feliz por haberla hecho, pero con ganas de cambiar algunas cosas. El proceso de pre-producción fue muy largo y cansado. Y no quería volver a pasar por eso tan pronto. Necesitaba sentir que podía hacer otra película sin depender de nadie.

-¿Qué le debe esta película, de entrada, a tu inconformismo y a tus dudas?

Partía de mi necesidad de hacer cine sin cortapisas, pero también de un sentimiento nuevo, que fue naciendo, acerca de las expectativas que generan las películas y de mis ganas de contradecir algunos clichés o convencionalismos que todos los espectadores hemos ido heredando en nuestra relación con el cine: de lo que se supone que es una buena película en función de cómo está escrita, interpretada, fotografiada... Quería cuestionar algunos de esos convencionalismos. Y también me doy cuenta de que los cineastas nos eximimos demasiadas veces de nuestra responsabilidad una vez terminamos de montar la película. La ponemos en manos de otros, los distribuidores y exhibidores, y nos desentendemos de ella. Pero creo que tenemos la obligación de acompañarla más y mejor, para que la película llegue al espectador de una manera más directa y menos engañosa. Eso es lo que estoy tratando de hacer con "Los ilusos".

¿Por qué una película sin guión?

En realidad todas las películas tienen un guión. Pero de nuevo tenemos una idea demasiado preconcebida sobre lo que tiene que ser un guión... En este caso el guión se fue haciendo un poco sobre la marcha. Pero finalmente podríamos hablar de un guión. solo que este guión no fue terminado hasta el último día montaje.

¿Qué ha significado en tu vida Rafael Azcona, qué significa?

Bueno, Azcona es alguien al que vi pocas veces, pero tengo la sensación de haberlo conocido bien a través de mi padre, de la admiración y el amor que sentía por él y de todas las historias que le contaba. Desde que murió, mi padre no para de decir que Azcona ha sido quizá la persona más importante, o que más le ha influido, de todas las que ha conocido en su vida. Un día leí "Los ilusos", su primera novela y me pregunté quiénes serían mis ilusos hoy. De esa pregunta sale esta película, de la que tomé prestado el título azconiano, pero nada más. 

 

¿Quiénes serían los ilusos: el director, los actores, el cineasta, el público mismo, la industria?

El problema es de percepción nuevamente, siempre pensamos en un iluso desde el sentido peyorativo. La película no tiene nada que ver con eso. Los ilusos de la película son aquellos que generan ideas y posibilidades de vidas y películas. A todas esas especulaciones las llamo ilusiones. Así que los ilusos serían los generadores de estas ilusiones.

¿Qué hace un realizador como tú en su tiempo libre? [Aludo a una frase, claro, de tu libro]

En realidad creo que no tengo tiempo libre. O todo mi tiempo es tiempo libre, depende de cómo se mire. Cuando trabajo, cuando ruedo, cuando escribo, cuando doy clases... es lo mismo que cuando estoy viendo una película o tomando algo con los amigos. Todo suma y es parte de lo mismo. Trato de vivir sin hacer esas diferencias entre trabajo y tiempo libre.

Aludes a una producción de lujo y a tres términos de semejanza semántica: compañía, camaradería, amistad, ¿por qué?

Lo más importante a la hora de hacer cine es construir un grupo humano. Yo tengo el privilegio de contar con un grupo de amigos, actores y técnicos, ilusos maravillosos, dispuestos a embarcarse en una película incierta como ha sido esta, sin ninguna garantía de nada, solo por el placer de rodar y juntarnos unos con otros, cuando nos venía bien, casi siempre pocas horas. Tomábamos unos vinos y unos pinchos de tortilla y rodábamos unos planos. La única premisa que nos impusimos era rodar tranquilamente y siempre a gusto, sin que aquello se convirtiera en algo de lo que uno se arrepiente, de tal forma que al volver a casa después de cada jornada, tuviésemos ganas de volver otro día, cosa que muchas veces no sucede en ciertos rodajes. El lujo era eso y no contar con mucho dinero.

Sigo, con la película y con el libro, ¿qué hace la gente en la vida y en las películas? ¿En qué se parece la vida a las películas y las películas a la vida?

No me gusta parecer uno de esos cinéfilos que se pasan el día viendo películas y se olvidan de vivir. De hecho, creo que cada vez veo menos películas, o paso largas temporadas viendo más bien pocas. Pero es que para mí el día a día es ya una película. Así trato de contarlo en "Los ilusos". El cine forma parte de la vida y las películas no hacen otra cosa que sumarse a esa vida, condensándola y devolviéndonosla varias veces multiplicada.

Citas varias veces a Julio Ramón Ribeyro, el autor peruano. Dice: “Nuestros estados de ánimo son frágiles”. ¿Nace 'Los ilusos' de tu propia fragilidad?

Nace de una cierta crisis personal y profesional. Creo que en la película se intuye esa crisis, durante los primeros minutos, en los que nos exponemos a un cierto pesimismo y las secuencias apenas se desarrollan, se quedan en bocetos y tachones... Necesitaba poner todo sobre la mesa para al final llegar a contar la historia más simple, la misma historia de siempre. Pero lo cierto es que no me salía contar esa historia desde el primer momento. Necesité cuestionarlo todo. Y luego he decidido no borrar esa cuestionamiento de la primera parte de la película sino dejarlo ahí, como un testimonio valioso de esa crisis, que de alguna forma ilumina o hace más reveladora la segunda parte. Algo de eso tiene que ver con la frase de Ribeyro. A mí sucede casi a diario, que mis estados de ánimos cambian súbitamente. A la película le sucede un poco lo mismo. Cambia de coloración según avanza aunque sea toda en blanco y negro.

En un determinado alude a “una historia que encaje en la película que siento por dentro”. ¿Cómo es esa película en término de emociones, de sentimientos, de estética incluso? ¿Cómo es tu película ideal?

La película ideal es siempre la que te encuentras. Por eso trato de no imaginar demasiado de antemano, incluso prescindo de ese guión demasiado cerrado, para luego no frustrarme. El cine es ir al encuentro de las cosas.

¿Es cierto que el cine lo envenena todo?

Lo envenenan todo y al mismo tiempo lo purifica. Es una sensación que me acompaña siempre. Porque forma parte de la vida. A veces siento que es una condena que arrastro todos los días: el no dejar de sentir el cine en cada conversación, cada paseo, cada cosa que miro... y a veces pienso que es el único verdadero refugio que tengo, a lo que siempre me puedo agarrar y nunca me va a fallar.

¿Qué lugar ocupan las mujeres en tu cine? ¿Y, por extensión, el amor, el sexo, el deseo?

Si el cine es ir al encuentro de las cosas, entonces es evidente que las mujeres tienen que formar parte de él. También el amor, el deseo y el sexo. Y añadiría la amistad, y algunos lugares en los que queremos estar, descansar, emborracharnos y otro largo etcétera.

 Aludes a muchos realizadores, a muchos escritores, a músicos: Truffaut, Godard, Juarroz, Camus, Léve... ¿Por qué siempre hay tanta cultura en tus cosas?

No los pienso ni los pongo ahí como "cultura", sino como parte de la vida cotidiana. Forman parte de mi día a día. Son como los amigos, los mejores consejeros.

 

Citas a Camus, que dice: “Me burlo de mi personalidad”. ¿Se burla Jonás Trueba de sí mismo y del cine?

Claro, siempre hay que burlarse de uno mismo, no tomarse demasiado en serio. En "Los ilusos" tratamos de vernos a nosotros mismos como posibles personajes de ficción, actores y técnicos. Y ahí es inevitable y necesaria la burla, en el sentido más sano y lúdico. Me gusta bordear el ridículo y si hace falta, hacerlo. 

¿En qué medida podríamos leer 'La ilusiones' (Periférica) como el guión no escritor de 'Los ilusos', y a la vez como una novela, como un diario de rodaje, como un dietario íntimo de sueños, aforismos, etc.?

Tiene un poco de todas esas cosas y a la vez no acaba de ser ninguna de ellas. Es un libro extraño, escrito de forma muy inconsciente. No pensaba en publicarlo, lo escribía para mí y cuando lo transcribí todo era un manuscrito mucho más gordo. Julián Rodríguez, escritor al que sigo y admiro, cinéfilo de verdad, lo leyó y quiso publicarlo en su preciosa editorial. Pero además ejerció una verdadera labor de editor, sugiriéndome cortes y animándome a no hacer un libro fácil ni cómodo. Me decía cosas como "no pienses en las películas de Doinel, piensa en "La mujer de al lado". Renuncié quizá a las partes más agradecidas y dejé solo el hueso, evitando posibles interferencias, pensando en un lector ajeno. No reescribí nada, solo hice una labor de montaje y ahí encontré un libro con el que me siento muy cómodo. Ha sido el último regalo inesperado de todo este proceso.

¿Qué significa Zaragoza en tu vida?

  Zaragoza es mi segunda ciudad. Aquí vive mi mejor amigo, el escritor Daniel Gascón, co-guionista de "Todas las canciones..." y consejero artístico-sentimental de todo lo que hago en esta vida. Pero hay muchos otros amigos queridos en esta ciudad. Nombrarlos a todos sobrepasaría las páginas que dedica este periódico a la sección de deportes... Además, en "Los ilusos" hay una deuda muy fuerte con Félix Romeo, que murió dos meses antes de empezar a rodar, y con su amigo de juventud, Chusé Izuel, que se suicidó hace veintiún años, al que nunca conocí. Félix me habló de su historia con Chusé, de los relatos que dejó escritos y que él mismo publicó tras su muerte. Aquel libro póstumo de Chusé, "Todo sigue tranquilo", es quizá la fuente de inspiración más importante para "Los ilusos", porque allí se cuentan historias de personajes en la veintena, personajes que deambulan en un limbo inconcreto, cuando algo parece haberse roto dentro de ellos pero no se sabe muy bien a qué se debe. Aquellos genios o enamorados de los que hablaba Chusé Izuel tienen mucho de nuestros ilusos.

¿Cómo encaras esta doble jornada donde presentarás el libro y la película?

Es un nuevo reto, como en cada ciudad a la que viajo con la película desde hace unos meses. Pero Zaragoza es especial para mí. Me produce una especial ilusión y me pone un poco más de presión. El jueves estaré en el paraninfo de la universidad, presentando "Las ilusiones" junto a Daniel Gascón y Luis Alegre, dentro de su ya mítico ciclo La buena estrella al que se suma el apoyo de la librería Portadores de sueños. Y el viernes proyectaremos la película en la Filmoteca, con presentación y coloquio posterior, aunque habrá un segundo pase otro día. Me gustaría que las filmotecas, los centros culturales, las universidades y las salas alternativas fueran capaces de formar una nueva red de exhibición que diera apoyo a todas estas nuevas películas que estamos haciendo ahora, al margen de los circuitos de exhibición convencionales, que están demasiado sujetos a la rentabilidad inmediata. Quizá no podamos aspirar a un público mayoritario, pero sí creo que podemos aspirar a un público curioso, exigente, que quiere seguir yendo al cine siempre que cada nueva película proponga algo sugerente, que se pueda sentir cercano. Creo que hay una nueva generación de cineastas comprometidos con esto, pero necesitamos de la colaboración de estos espectadores, y si no nos dan salas, tendremos que inventarlas.

MÚSICA PARA MARIANO CARIÑENA

MÚSICA PARA MARIANO CARIÑENA

MARIANO CARIÑENA:

MÚSICA PARA UN MELÓMANO

 

 

 

Concierto-Homenaje a

MARIANO CARIÑENA

Iglesia de Santa Isabel de Portugal

Día 13 de junio de 2013,jueves, 20 h. Foto de José Miguel Marco.

 

Este jueves 13 de junio, a las 20 horas, el dramaturgo Mariano Cariñena (1933-2013) será objeto de un homenaje musical en la Iglesia de Santa Isabel. La música era una de sus grandes pasiones: Bach, Beethoven, Messiaen, Paul Hindemith. Actuarán Eduardo Servera Cariñena a la flauta, y los organistas Luis Antonio González Marín, Saskia Roures Navarro y José Luis González Uriol. Eduardo González y María José Moreno, dos de sus actores y de sus mejores amigos, conducirán el acto.

 

 

PROGRAMA

 

 

MARIANO CARIÑENA

Mariano Cariñena (Zaragoza, 1932-2013) era un humanista integral que amaba el teatro, la música, el arte, la arquitectura, la literatura. Fue uno de los personajes decisivos del teatro de Aragón en el último medio siglo. Se formó en el Colegio Alemán, luego en Jesuitas; realizó estudios de Arquitectura y de Pintura en Barcelona durante tres años, llegó a exponer en la sala Libros de Víctor Bailo, y realizó un curso completo en París, en la Escuela de Beaux Arts, un período que aprovechó para descubrir al poeta Paul Verlaine, al novelista Roger Martin Du Gard y al cantante Georges Brassens, aunque el músico de su vida era Paul Hindemith. También había que agregar a Bach y las ‘Variaciones Goldberg’, a Beethoven y a Oliver Messiaen.

Hijo de médico y militar y de una mujer refinada que tocaba el piano, solía decir que se había aprendido el ‘Claro de luna’ de Beethoven como quien aprende un poema. A principios de los años 60 se vincularía al mundo del TEU de Juan Antonio Hormigón, a Federico Torralba y a Ángel Anadón. En 1963 fundaría el Teatro de Cámara, y en 1971 el Teatro Estable. La lista de sus montajes es amplia: ‘Los mercenarios’ de Torres Naharro en 1972, uno de los empeños de su vida; ‘Oficina de horizonte’ de Miguel Labordeta en 1977, para la que utilizó la música de Messiaen; la ‘Comedia tesorina’ de Jaime de Huete en 1979; ‘A puerta cerrada’ de Sartre en 1986 o, entre otras, ‘Enrique IV’ de Luigi Pirandello en 1990. También llevó varias obras suyas a la escena como ‘Fábula de la fuente y la raposa’, ‘El cuento al revés’ ‘De brujas, moras y diablos’. Montó espectáculos con la Escuela Municipal de Teatro, a la que dirigió durante casi veinte años, hasta su jubilación en 2002, y con Pingaliraina.

Lo hizo casi todo: fue autor, actor, traductor, adaptador, cartelista, escenógrafo y director. Era un estudioso y un investigador del contexto de cada pieza: solía decir que cada obra nacía de un trabajo que tenía algo de tesis doctoral, y de citas con historiadores universitarios y profesores como los citados Ynduráin y Hübner, Juan José Carreras o José-Carlos Mainer. Declaró: “El teatro ha sido mi vida y en cada nuevo montaje he intentado ir algo más lejos. Aprender, mejorar, arriesgar y emocionar”. La creación ha sido su mejor estímulo y la música una de sus pasiones constantes. Tenía abono anual del Auditorio y seguía con mucho cariño los conciertos del grupo Enigma. Él mismo elegía con sumo cuidado y con notable gusto las bandas sonoras de sus espectáculos.