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Antón Castro

Artistas

UN 'AMOR' INOLVIDABLE DE M. HANEKE

UN 'AMOR' INOLVIDABLE DE M. HANEKE

CINE

 

Un ‘Amor’ inolvidable

 

[Michael Haneke explora, con precisión, desgarro y belleza, la relación de una pareja de octogenarios que une a dos leyendas del cine, Emmanuelle Riva y Jean-Louis Trintignant]

 

Michael Haneke es alemán, de Munich, donde nació en 1942, pero se considera un cineasta austriaco. Sus padres –Fritz, actor y director; Beatrix, actriz austriaca- se separaron pronto y se él se formó en Viena. Antes de ser cineasta, fue crítico de cine. En los años de su infancia y adolescencia tuvo una tía que puso fin a su vida y que inspiraría, muchos años después, su película ‘Amor’: una de esas piezas donde habla el silencio, el dolor, la enfermedad y el amor. Ese amor que da título a una película especial: dolorosa, casi insoportable en su minuciosidad, conmovedora en su ternura. Haneke tiene fama de director duro, incluso violento, capaz de abordar cualquier conflicto emocional de modo descarnado y a la vez con una lentitud estudiada. Intenta ser fiel a sí mismo, ser coherente, y su violencia tiene algo de violencia íntima que emerge de la conciencia. Entre otras películas firmó ‘Funny games’, ‘La pianista’ (con Isabelle Huppert, que trabaja en ‘Amor’) o ‘La cinta blanca’, con guión de Jean-Claude Carriére

‘Amor’ es un formidable poema visual. Todo está medido: el encuadre, que a veces parece registrar el friso de época de un apacible matrimonio parisino más o menos burgués, dedicado a la música; los objetos, los libros, los lienzos de paisajes que presentan el barrido del cielo, una amenaza de tormenta; la cocina, los sillones, las composiciones de Schubert (tocadas aquí por Alexandre Tharaut, que da vida a sí mismo), el juego de puertas, que tienen algo de escenografía vinculada a la día del  tránsito: ‘Amor’ es, en el fondo y en la superficie, la preparación del camino del adiós. Es el abismo que llega de súbito, la irrupción del sufrimiento. Y hay también una ventana abierta: a ella se asoma el esposo, por ella entra una enigmática y suavísima paloma que, según los títulos de crédito, ha contado con un adiestrador.

‘Amor’ es una película sobre la relación de dos octogenarios, vinculados a la música. Ambos asisten a un concierto de un alumno de ella, Anne, que es Alexandre Tharaut. Y poco después, al volver a casa, sufre un infarto, que le dejará inmovilizada la parte derecha de su cuerpo, aunque, de entrada, no su buen humor. La situación se agrava paulatinamente, y Haneke, con sosiego pero con intensidad, con esa mirada escrutadora y precisa, va contando qué ocurre. Cuenta una compleja historia sobre la pérdida de autonomía, sobre la memoria que se vuelve borrosa; narra cómo ella, una espléndida Emmanuelle Riva, va perdiendo los asideros con la vida y no se adapta a la silla de ruedas ni a las lagunas del olvido y de la inmovilidad. Y, a la vez, ‘Amor’ desarrolla como él, Georges, Jean Louis Trintignant, se vuelve cómplice, se entrega hasta el límite, hasta la desesperación y quiere ser fiel a una promesa que marca la evolución de la película. Le cuenta historias, es bonito pensar que dos personas no acaban de conocerse y nunca lo saben todo del otro; le da de comer, la limpia, la mira con los acuosos ojos del enamorado que se da cuenta de que aún no se lo ha dicho todo a su amada. El dolor, la piedad y el amor se alían de una manera casi inefable, hermosa y brutal a la vez.

Haneke se ha enfrentado al adiós a la vida y a la abrupta vecindad de la muerte con lucidez, con un enorme talento, con su manejo habitual del tiempo, que a veces parece el tiempo de un sueño, y con un respeto increíble que va más allá de la verosimilitud. Suele definirse como un realista que indaga en el lado oscuro del ser humano. ‘Amor’ es una película inolvidable que explica otro de los problemas acuciantes de nuestro tiempo: la dependencia. La película es candidata, con absoluto merecimiento, a cinco Oscars. Si pueden verla en versión original, en los Aragonia, mejor. Suena el francés suave y preciso de un guión muy trabajado.

 

JAVIER REBOLLO Y SU CINE

JAVIER REBOLLO Y SU CINE

A noche fui a ver, con Carmen y Daniel, la película ‘El muerto y ser feliz’ de Javier Rebollo. Una película insólita, que transcurre en un extraño clima de misterio constante y de alucinación. Cuenta la historia del español Santos que reside en Buenos Aires y tiene tres tumores, uno de los primeros detalles de humor negro. Es un asesino a sueldo que nunca ha matado a nadie y al que le encomiendan un crimen. Con un buen cargamento de morfina (para medicarse) huye en su coche Camborio, en compañía de una mujer de 40 años, de Salta. Recorren, desde Buenos Aires, distintos lugares: Tucumán, desiertos inacabables, o lugares que evocan ciudades sumergidas, y llegan a Salta. La película es insólita, de una estremecedora poesía, existencialista y desgarradora, y a la vez tiene una ternura nada sentimental, emoción, tránsito, perros al acecho. Está llena de bromas y de guiños, posee un color muy especial (que hace pensar en Gus Van Sant, en Wim Wenders, tal vez), y es, ante todo, un nuevo ejercicio de riesgo creador de Javier Rebollo, uno de los cineastas españoles más desconcertantes y subyugantes. A veces, me hace pensar en el mundo de Enrique Vila-Matas y, muy especialmente, en el Juan Carlos Onetti.

Todo parece discurrir en una atmósfera de espejismo y de mitología como si los personajes fueron extranjeros en el mundo que recorren. El cartel de esta película, realmente precioso, es de Riki Blanco. Los actores están estupendos: todos (me ha encantado volver a ver a Valeria Alonso, una de las chicas de ‘Todas las canciones hablan de mí’), pero Santos-José Sacristán se sale. Tiene más dignidad en pijama este ser marginal que muchos caballeros vestidos de Armani..., o algo así dice Javier Rebollo, que maneja una curiosa voz en off, como también lo hace su coguionista Lola Mayo; también ha trabajado en el guión Salvador Roselli.

Javier Rebollo es raro, original, insobornable, y posee un talento conmovedor, hecho de vivencias, de búsquedas, de conocimiento y quizá de locura. Nada fácil de definir. Es una película muy distinta que estrangula las leyes de la verosimilitud con toda la intención del mundo y apela, sin duda, a la pasión por el cine del espectador. Hay muchas maneras de hacer películas, y esta, tan telúrica, es una de ellas.

ISABEL BISCARRI: TODO ESTÁ EN LOS LIBROS PLEGADOS EN ARBOLÉ

ISABEL BISCARRI: TODO ESTÁ EN LOS LIBROS PLEGADOS EN ARBOLÉ

La artista y diseñadora expone una original instalación escultórica y fotográfica en la sala Arbolé

 

Isabel Biscarri (Zaragoza, 1960) ha desarrollado, durante tres años, una tarea titánica o una auténtica labor de chinos: plegar y plegar un montón de libros, más de 150, para construir una exposición tan sugerente como ‘Esto es libro’, que se expuso en la Biblioteca de Aragón, hace algún tiempo y ahora, desde el pasado nueve de enero, en la sala Arbolé. Lo ha hecho con tanto ahínco que casi ni salía a la calle para ver el sol. Se trata de una exposición que es y no es lo que parece: es una instalación, una ‘performance’ de páginas y páginas, un conjunto de columnas y de fotografías que revelan la pasión por el libro, por el diseño y por la creación artística. Y por el arte oriental, especialmente por las casas de papel de Japón. Afirma: “Yo creo que podríamos ‘Esto es libro’, frase que evoca a Cervantes, como una instalación escultórica y fotográfica que nace de toda una vida como lectora y constructora de libros raros y de diseñadora editorial. Lo que hago es cambiar de función el libro y lo convierto en escultura”.

“La mayor parte de los libros son míos, aunque también ha habido bibliotecarios que han colaborado con algunas donaciones para este proyecto. Los libros no están rotos ni pegados. Se pueden volver a leer. La mayor parte de los volúmenes corresponden a las cajas de un último traslado”, explica Biscarri.

Con esta muestra, Isabel Biscarri toma como elemento simbólico la columna, muchas columnas hechas de libros, de prismas de papel, de ejemplares ilustrados, columnas elaboradas a tamaño natural mediante montajes fotográficos. Señala: “Mis temas son siempre los mismos: el paso del tiempo y lo que tienes dentro y nadie conoce. Aquí hay muchos libros de mi infancia, y he comprobado qué mal se imprimía entonces. Hay libros que leía mi hermana, libros que me acompañaron en los viajes, hay muchos libros de arte y de diseño, de mi especialidad, hay libros de los 70 y 80 que ya están en internet y que son de deficiente calidad, sobre todo las reproducciones fotográficas –agrega-. Todos tenemos un mundo íntimo que no se conoce: lo que somos está en los libros. Somos los libros que hemos leído. Y empleo la columna como cimiento invisible de la personalidad, como una metáfora”. Le gusta contar que ha empleado el libro ‘Los rostros de Cristo en el arte español’: al plegarlo el texto desaparece y dialogan dos medios rostros, inquietantes y siempre distintos, de Cristo “que me gustan mucho”.

Isabel Biscarri ha recibido algunos reproches de amigos lectores y de bibliófilos. “Alguno ha dejado de hablarme. Me dicen que cómo me atrevo a hacer eso con los libros”, recuerda con una sonrisa. “Ahora ya no quiero comprar libros. No quiero más. Quiero guardar cosas que me conmuevan como ‘Moby Dick’ y sobre todo ese montón de libros estrambóticos de artista, amigos o no, que tanto me gustan, y que sigo coleccionando y buscando”. Profesora durante años en Escuela de Artes y en la Escuela Superior de Diseño de Aragón, le gustaba hacer proyectos específicos con sus alumnos con cuentos o con libros de autores aragoneses, sobre todo.

 

*Recupero este articulo que le dediqué a Isabel cuando presentó la muestra en la Biblioteca de Aragón. La foto es por cortesía suya.

JEFFREY HUNTER, POR R. CASTILLEJO

 

[El pasado mes de diciembre, Rafael Castillejo, ese hombre que casi todo lo sabe de Zaragoza, de las artes populares, de las variedades y de la amistad, y del cine, claro, escribía esta nota sobre un actor al que yo conocí, antes que nada, por sus películas del Oeste: Jeffrey Hunter. Guapo, rubio, ojiazulado. Era uno de mis ídolos del cine Real de Arteixo, aunque sus mejores películas fueron ‘Centauros del desierto’ y ‘Rey de Reyes’. Su historia es conmovedora. Así la cuenta Rafael Castillejo:]

 

JEFFREY HUNTER

 

Por Rafael CASTILLEJO

 

UNO DE LOS FINALES MÁS TRISTES que conozco es el del actor Jeffrey Hunter. Lo recordarían algunos ayer en la película "El Sargento Negro". Comenzaba la década prodigiosa de los 60 y él ya había rodado antes a las órdenes de John Ford una de las mejores películas de la historia del Cine: "Centauros del Desierto", cuyo título original es "The Searchers" (Los buscadores). En 1961 se puso en la piel del mismísimo Jesucristo en "Rey de Reyes", cinta que no reparó en gastos pero que no alcanzó ni de lejos el éxito de películas históricas como "Quo Vadis", "Los Diez Mandamientos" o "Ben-Hur". El guión tuvo la culpa. Después, llegaron vacas flacas y hasta tuvo que disparar en algún "spaguetti western" que ni de lejos se parecían a los grandes clásicos del oeste que años antes había rodado con el viejo maestro del parche negro en el ojo. Pero lo peor estaba por llegar e iba a hacerlo en forma de desgracias encadenadas que le ocurrieron en el año 1969. Se encontraba haciendo una película en España cuando, en el mismo set de rodaje, se produjo una fortuita explosión que le produjo diversas heridas y quemaduras. A las pocas semanas, jugando en broma con un compañero que le amagó con un golpe de kárate, Jeffrey echó bruscamente la cabeza hacia atrás golpeándose con una puerta. Regresando a los Estados Unidos junto a su esposa, sufrió una semiparalización en un brazo y perdió el habla. Al aterrizar en Los Ángeles, en un hospital se le diagnosticó que había padecido una hemorragia cerebral. En dos semanas se recuperó y le dieron el alta, pero en casa siguió padeciendo de dolores de cabeza y mareos. Volvió a sufrir otra hemorragia cerebral, justo cuando estaba subiendo un pequeño tramo de escaleras fracturándose el cráneo al caer. Cuando le encontraron no sabían cuánto tiempo llevaba inconsciente. Murió en el quirófano. Ese día el calendario marcaba el 27 de mayo de 1969 y Jeffrey Hunter tenía 42 años de edad. Rafael Castillejo, a 7 de diciembre de 2012.

'AMORES FEOS' EN EL T. DEL MERCADO

'AMORES FEOS' EN EL T. DEL MERCADO

‘AMORES FEOS’, CON J. L. ESTEBAN Y J. J. GRACIA,

MAÑANA EN EL TEATRO DEL MERCADO

 

 Mañana viernes, 11 de Enero, José Luis Esteban, rapsoda, actor y escritor, presenta un nuevo espectáculo de poesía y música en el Teatro del Mercado, con José Javier Gracia. Dice José Luis: “La poesía forma parte esencial de los proyectos que hago de forma personal, al margen de los trabajos en teatro y tele con los que me gano la vida. Hacía tiempo que queríamos probar cómo resultaría fundir la guitarra de José Javier con el sonido de un cuarteto de cuerda, y con la palabra de un grupo de poetas españoles que nos gustan mucho, con Manolo Vilas a la cabeza. Y de ahí surgen estos ‘Amores feos’”. Añade José Luis: “Incluimos también unos audiovisuales en los que un grupo de ciudadanos, un grupo de saharauis y el propio Manolo Vilas recitan a cámara pequeños poemas. He presentado un proyecto al Centro Dramático Nacional para ver si tienen valor de abrir una ventana a la poesía en el teatro de producción pública”.

 

Manuel Vilas, retratado por Vicente Almazán.

 

 ALGUNOS DATOS DEL ESPECTÁCULO

Es un espectáculo poético musical creado por José L. Esteban y José Javier Gracia sobre textos de poetas españoles contemporáneos: Manuel Vilas, Carlos Salem, Pepe Ramos, Luis García Montero, Roger Wolfe,  David González,  Karmelo Iribarren, César Manzanos Bilbao, Inma Luna, Nuria Mezquita y algunos más.

 Dicen los autores: “Hace tiempo que pudimos comprobar que la poesía también es un arte escénico.  Que la palabra y la música, hermanadas en un signo escénico integral, logran crear una temperatura óptima de cercanía con el espectador. Nos gusta entretener al espectador con poesía.  Divertirlo, emocionarlo, sorprenderlo.

Nos gusta la poesía urbana, reveladora, a veces caústica y a veces tierna; a veces violenta y a veces íntima; siempre reveladora, irónica y con su puntito desmitificador.  Una poesía que cuenta y que nos cuenta, que gusta hasta a los que no les gusta la poesía”.

 En este nuevo trabajo, la voz de José Luis Esteban y la guitarra eléctrica de José Javier Gracia se funden con el sonido arrebatador de un cuarteto de cuerda, en una mixtura  musical ecléctica  donde la tradición y la modernidad se dan la mano para llevar de viaje al espectador y devolverlo a su butaca; sano, sin duda, pero no del todo a salvo.

 

AMORES FEOS. FICHA  ARTÍSTICA.

ACTOR:                               José L. Esteban

 

MÚSICOS: 

 

GUITARRA ELÉCTRICA:             José Javier Gracia

VIOLINES:                                     Jaime Lapeña

                                                       Belén Estaje

VIOLONCELO:                             Zulaima Zboheto

VIOLA:                                           Miguel Zarazaga 

 

 

 

DRAMATURGIA.- José L. Esteban

COMPOSICIÓN Y DIRECCIÓN MUSICAL: José Javier Gracia.

SELECCIÓN  DE TEXTOS: José L. Esteban y Pilar Mayor.

AUDIOVISUALES: Javier Macipe

ILUMINACIÓN: Bucho Cariñena.

FOTOGRAFÍA: Víctor Jiménez.

 

EN LOS AUDIOVISUALES APARECEN:

 

Ahmed, Aminetu, Salka, Mohamed Yumani, Moemina , Paco, Brahim , Jesús, Jandro, Maribel, Angela Rubio, Susana, Pilar, Pedro, Karim, Rut, Angela Roche, Manuel Vilas.

 

AGRADECIMENTOS:

 

Elvira, Bar El Páramo, Teatro del Temple, Escuela Municipal de Música, Javier Vallejo.

 *En la foto superior, José Luis Esteban por Álvaro Hernández.

CUATRO VIDAS EXCESIVAS EN CÓMIC

Sexto Piso, 451 e Impedimenta publican la biografía gráfica de B. Traven, Hunter S. Thomson, Zelda Fitzgerald y Virginia Woolf

 

Algunos personajes nunca podrán vencer a su propio mito. Ni podrán huir de lo que se ha escrito de ellos, de lo que ellos han dicho, casi como un exabrupto, o de lo que han hecho.  Virginia Woolf (1882-1941) será siempre una gran escritora que creó la idea de un cuarto propio, pero también una mujer depresiva y bilateral, frígida, que nunca encontró su sitio en el mundo. Zelda Fitzgerald (1900-1948) encarna la ambición y la frívola manera de vivir de los años 20, que le condujo, entre otras cosas, a la autodestrucción. Hunter S. Thompson (1937-2005), ese gran maestro de periodistas que se opuso a las mentiras y al mismísimo Nixon, es el ‘Rey del Gonzo’, “un patán autodestructivo, profundamente deprimido, furioso y trastornado”, mucho antes que un “artista de la prosa innovadora y el periodismo de investigación”, su auténtica condición, tal como dice el editor Alan Rinzler. ¿Qué decir de B. Traven (1882 o 1890- 1969), que asumió hasta 30 identidades, fue ladrón y conoció la cárcel, y usó diversas nacionalidades? Los cuatro son objeto de recientes biografías en viñetas o de novelas gráficas que se leen y se ven con auténtica fascinación.

Michèle Gazier y Bernard Ciccolini retratan e ilustran la vida de Virginia Woolf, para el sello Impedimenta, que crea la colección ‘El chico amarillo’. Abordan su sensibilidad enfermiza, la temprana pérdida de su madre y la severidad de su padre, su formación, la relación con su hermana Nessie, el círculo de Bloomsbury, el encuentro con Leonard Woolf y la creación del sello Hogarth Press, su atracción hacia Katherine Mansfield y Vita Sackville-West, con quien hizo un viaje en coche por la campiña francesa. Y siempre, siempre, fue presa de sus fantasmas, de la incertidumbre, del dolor de existir, que culminó con su muerte en el río Ouse. El libro está lleno de sensibilidad y de detalles, y ofrece una interpretación, en tonos verdes, de su literatura y de sus terrores.

Zelda fue una inconformista y una mujer fatal. Segura de sí misma, seductora desde muy joven, halló en Scott Fitzgerald a su media naranja. Se amaron, se casaron, viajaron a París, a Italia, y juntos, tras el éxito, vivieron una espantosa decadencia. La derrota de los sueños, la esclavitud del alcohol y del desamor. Él falleció pronto y ella, que había querido ser bailarina, murió ocho años después víctima de un incendio. Tiziana lo Porto y Danielle Marotta le devuelven, en tonos claros y azules, la vida en ‘Superzelda’ (451. Traducción de Cuqui Weller) y la dibujan como una mujer fascinante, al borde del abismo y la locura. Dijo: “La muerte es la única verdadera elegancia”.

Golo (seudónimo de Guy Nadeau, Bayona, Francia, 1948) es el autor de la historia y los dibujos de ‘B. Traven. Retrato de un anónimo célebre’ (Sexto Piso. Traducción de Raquel Sevilla). Se trata de un personaje irreductible y moderno, que nació en Alemania en 1882 o en Chigago en 1890, no se sabe bien, y que murió en 1969. En ese instante empieza este tebeo, que es todo un ejercicio de colorido, de complejidad estructural e iconográfica, de técnicas mixtas y, sobre todo, es el compendio de una vida excesiva. Bruno Traven, enamoradizo y viajero, pareció estar en todas partes: en Berlín, en Estados Unidos, en México, con el arte maya o con el fotógrafo Edward Weston. A pesar de su accidentada vida, también trabajó para el cine, y firmó libros como ‘El tesoro de Sierra Madre’, ‘Macario’ y ‘El barco de la muerte’.

Wil Bingley y Anthony Hope-Smith firman ‘Gonzo. La historia gráfica de Hunter S. Thompson’ (451. Traducción de Santiago García), el autor de ‘Miedo y asco en las Vegas’ o ‘Los Ángeles del Infierno’, un tipo duro y maldito que defendió la libertad individual y que fue uno de los protagonistas de la contracultura y algo más que un compañero de viaje de la generación ‘beat’. Provocador, cínico y hedonista, este reportero que vivió peligrosamente también era frágil: entre otras cosas no pudo soportar el desamor.

 

*Este artículo se publicó el lunes en 'Heraldo de Aragón'.

  

CANO: LOS GRIMM Y BLANCANIEVES

CANO: LOS GRIMM Y BLANCANIEVES

CANO: LOS HERMANOS GRIMM

SEGÚN BLANCANIEVES

Hacía días que no sabía nada de José Luis Cano, que ha vuelto de profesor a la Escuela de Bellas Artes. Me envía este dibujo: “Como adelanto a mi expo de abril en el palacio de los Morlanes, ahí va, en tan señaladas fechas, un retrato de los hermanos Grimm pintado por Blancanieves”.

BLANCA BK: UN DIÁLOGO

Así retrató el gran Vicente Almazán a Blanca BK.

 

 

La ilustradora Blanca BK Gimeno (Zaragoza, 1974) ha vivido en 2012 un año muy peculiar. Publicó medio docena de cuentos y álbumes ilustrados. En esta entrevista recorre su obra, su biografía, su manera de entender la ilustración.

 

 

¿Está de moda Blanca Bk o, sencillamente, el trabajo llama a tu puerta con insistencia?

Las dos cosas (risas). Creo que es suerte mezclada con tesón y constancia. Es cuestión de saber dónde buscar, de saber dónde encaja el tipo de trabajo que haces e insistir. Puede parecer que estoy de moda, pero ha sido casualidad que este año se hayan juntado publicaciones de 2011 con las de 2012 en muy poco tiempo.

 

¿Cómo se pasa del anonimato, de la búsqueda de textos para ilustrar y de proyectos, a la presencia constante, casi a la sobreabundancia?

Con mucho trabajo, constancia, y sobre todo con el apoyo de los que te quieren. Es una profesión muy dura, muy inestable y en la que hay que tener la cabeza muy bien amueblada para seguir adelante. Hay rachas de muchísimo trabajo y de repente hay meses que no hay nada. Es muy habitual recibir negativas por parte de editoriales y clientes, y hay que saber encajarlo. Por eso es muy importante el apoyo moral. No hay que rendirse, hay que seguir buscando, trabajando en proyectos propios, y seguir moviéndose. Conozco casos de ilustradores muy buenos que se han quedado en el camino porque no han soportado los periodos inactivos y han tirado la toalla. Aunque una editorial te diga que no encajas, no quiere decir que tu material no sea bueno. Por encima de todo hay que respetar y creer en el trabajo de uno mismo. No hay que compararse con los demás. No debes obsesionarte por seguir las modas y debes intentar superarte día a día, cada uno en su propio estilo. Es un aprendizaje continuo que nunca termina.

 

¿Cómo empezaste en este oficio?

De rebote. Nunca llegué a pensar que pudiese vivir de pintar e ilustrar. Fue lo que estudié, pero lo veía poco realista. Comencé a moverme a finales de 2006, cuando decidí que estaba muy quemada en el mundo de la publicidad donde llevaba trabajando 8 años. A los 6 meses me marché y comencé a tentar a la suerte. Viajé a la prestigiosa feria del libro infantil de Bolonia a ver cómo era este mundillo, hice cursos de especialización, conocí a mucha gente a la que admiro y de la que aprendí, comencé a comprar álbums ilustrados y seguí aprendiendo de modo autodidacta. Poco a poco me fui asentando y me sentí cómoda en la piel de ilustradora.

 

¿Quiénes han sido tus maestros?

Desde 2007 he tenido la suerte de asistir a los talleres de artistas como Rebecca Dautremer, Claudia Ranucci o Gabriel Pacheco. Ver trabajar a los grandes maestros, y que te enseñen sus pequeños trucos o que te den consejos no tiene precio. Ver que son gente tan sencilla como cualquier otro, te ayuda a ver el mundo de otra manera y eso se nota en la mano a la hora de dibujar, comunicar y pintar.

 

¿Qué te ha aportado el mundo del cómic, los tebeos japoneses, el mundo de Heidi y Marco, sobre todo?

Jajaja, siempre aborrecí los dibujos animados de Heidi y Marco. Mi adolescencia la llené de cómics porque me gustaban mucho más que las novelas. Leí muchísimo manga y mucho cómic surrealista como Sandman. No me gustan los superhéroes. Pero sobre todo veía muchos dibujos animados. Mis grandes influencias: La Pantera Rosa, y Ranma ½,. A día de hoy disfruto viendo películas y dibujos animados con mi hijo. Es un vicio. Me encantan series como Gumball y Hora de Aventuras.

 

 

Si tuvieras que definir tu obra, ¿qué dirías? ¿Qué buscas?                 

Me gusta pensar que las ilustraciones que realizo para libros infantiles transmiten ternura, delicadeza y dulzura. Los primeros lectores me inspiran de esa manera, para mí son algo exquisito y delicado. Estudio el texto con atención y pienso qué me transmite, cómo me apetece plasmarlo. Luego simplemente me dejo llevar. Al margen de la ilustración infantil, también disfruto mucho realizando otro tipo de encargos como retratos, ilustración juvenil o ilustración para carteles en los que plasmo otro tipo de emociones y sentimientos.

 

¿Qué tipo de relación se establece entre texto e ilustración, cómo te planteas eso?

Tiene que haber química. Ilustración y texto van cogidos de la mano para contar una historia, aunque a veces las ilustraciones cuentan una historia paralela al texto, sin ceñirse al detalle al mismo. Por otro lado, no todas las historias inspiran nada más leerlas pero hay que saber buscar trocitos que nos den un punto de partida y abran la imaginación.

 

Has colaborado con bastantes autores, pero pareces tener autor de cabecera: Jesús Aznar. ¿Cuántos libros habéis hecho juntos? ¿Cómo trabajáis?

Tenemos una fábrica de ideas en casa. Es muy fácil trabajar con Jesús, (se nota que es mi marido, jajajaja) Ahora en serio. Tiene muchas ideas, es muy creativo, y un excelente narrador. Las ideas surgen en cualquier lado y entre los dos le damos forma. A veces se me acerca y me dice con ojos brillantes: tengo una idea, ayúdame a perfilarla. El uno anima al otro y viceversa. A veces estamos tan enfrascados en un cuento que nos han dado las tantas de la madrugada, y nos hemos ido a dormir un par de hora antes de levantarnos. Sumando, sumando creo que son cuatro los que tenemos hasta ahora aunque próximamente puedo decir que habrá alguno más. Por su cuenta Jesús también sigue publicando para otras editoriales. Pero no es el único, otros escritores aragoneses que me fascinan son Pepe Serrano, Roberto Malo y Daniel Nesquens.

 

Acabas de ilustrar el tomo VIII de Caitú. ¿En qué consiste tu aportación?

Desde 2005 la CAI organiza un concurso para los niños, los socios del club Caitú. Un jurado profesional seleccionan los 10 mejores textos. Desde 2010 tengo la fortuna de ilustrarlos y maquetarlos, cosa que hago con todo el cariño del mundo. Es muy divertido. Son muy creativos y hay historias que realmente son geniales.

 

En blanco y negro, en dibujo más sencillo y sin color, has ilustrado ‘Amina quiere ser bruja’ (Nalvay). ¿Qué dificultades y qué limitaciones impone un trabajo así?

Para mi ninguna. Me lo he pasado realmente bien ilustrando a la pequeña traviesa que dio vida Sandra Araguás. Siempre me ha gustado dibujar con tinta., aunque hasta ahora no hubiese publicado nada con esa técnica. Cuando Isabel y David de Nalvay me dieron la oportunidad de hacer algo semejante, no me lo pensé dos veces. Me resulta muy cómodo y divertido dibujar así. Los trazos son mucho más dinámicos y espontáneos. De hecho esta experiencia ha dado pie a que el año que viene, se publique un libro-cómic de humor negro, escrito por Jesús. Les estoy muy agradecida por haber creído en mi.

 

Y a la vez, con todo lujo cromático, publicas “Minicuentos de vacas y jirafas para ir a dormir”. ¿Cómo es ese trabajo? ¿Qué significan los animales para ti, cómo los planteas? ¿Por qué tus animales parecen casi siempre personas?

Me fascinan los animales. Me viene de pequeña. Siempre quise tener mascota, pero nunca tuve la suerte de compartir mi tiempo con un perro o un gato, (mi obsesión). Creo que los animales dan mucho juego. Generalmente se les da un carácter por su físico. Al tigre se le ve fiero y luchador, al caballo se le ve noble, a la tortuga se le ve dulce y amable. Se les puede humanizar y jugar con personalidades dispares o contrarias. Ahí encuentras todavía más inspiración. Haber ilustrado dos tomos de la colección “Minicuentos” de Beascoa ha sido una grata experiencia. Fueron unos meses de mucho trabajo pero valió la pena. Han quedado muy coloristas y estupendos para los niños. De hecho ya está a la venta la 2ª edición del volumen de leones y ratones. No puedo estar más contenta y satisfecha.

 

También has publicado en bretón. ¿Qué significa? ¿Has abierto fronteras?

Estoy muy orgullosa y contenta por publicar en Francia. Para mi es algo muy importante. Es muy complicado abrir fronteras sin agente. Fuera valoran el trabajo de los ilustradores y escritores de su país antes que el de los extranjeros. En España en cambio, se compra mucho material de autores de fuera y se prefiere antes que el producto nacional siendo que hay mucho y muy bueno. Se debería tomar ejemplo. A pesar de todo, poco a poco voy consiguiendo pequeñas metas. En 2011 tuve el honor de ser entrevistada por la prestigiosa revista de ilustración taiwanesa “DPI Magazine”, y te adelanto ya que a finales del año que viene publico un nuevo álbum con una conocida editorial de los Emiratos Árabes.

 

¿Se puede vivir de la ilustración, es una actividad reconocida o está mal pagada?

Como la gran mayoría de ilustradores que conozco, no solo vivo del album ilustrado. La ilustración se puede aplicar a muchos otros medios como cartelería, packaging, y publicidad. Suelo impartir talleres, dar charlas e ilustrar libros de texto para colegios así como también me dedico a diseñar y maquetar.  

En España  hay un boom editorial muy grande. Hay muchísimas editoriales. Pero no todas las editoriales pagan igual de bien. Las hay muy pequeñas que pagan realmente bien o muy grandes que pagan realmente mal. Todo depende de para quién trabajes. Sin embargo donde se suele ganar dinero es con las ilustraciones para los libros de texto de los colegios.

 

¿Cuántas horas le dedicas, qué técnicas empleas, qué te inspira?

Disfruto mucho con lo que hago, por mi estaría pintando todo el día, de lunes a domingo, las 24 horas del día, pero por mi familia y amigos suelo echar el freno. Es un poco raro porque mezclo trabajo y hobby todo en uno y a veces, es difícil desconectar. Me relaja y me encanta la acuarela, me encanta su fluidez y ligereza. Suelo terminar las ilustraciones con lapicero de colores y photoshop para crear distintas texturas. Me inspira cualquier cosa. Si salgo a pasear, me fijo en lo que veo por la calle, si charlo con mi hijo, en lo que me cuenta, Me inspira casi todo, la música, el cine, las tiendas de juguetes, las  exposiciones de otros artistas. Me encanta perderme en las librerías: colecciono los álbumes ilustrados con obsesión. Todo da ideas, solo hay que estar receptiva.

 

¿Cómo está el mundo de la ilustración y de la LIJ en Aragón?

Una vez., hablando con un amigo me preguntó por qué en Aragón había tanto talento. ¡Llegamos a la conclusión que es el agua del Ebro! (risas). Creo que hay mucha creatividad en Aragón.  Desde Eva Armisén, pasando por Luis Grañena, Arturo Elena, o Jose Luis Cano e Isidro Ferrer, todos ellos y muchos más han dejado su impronta.

 

¿Hay editoriales, industria, demanda?

Actualmente hay mucho movimiento. Hay mucha editorial nueva, mucho autor, y mucho talento. Hay mucho que contar. Las maneras de comunicar son muchas, mediante charlas, autopublicación, webcomics, revistas, fanzines…. Los ilustradores nos las ingeniamos para seguir compartiendo nuestro mundo e historias a través de las redes sociales, las publicaciones online, aunque no haya posibilidad de publicar en papel. Si no surge la posibilidad (todos tenemos proyectos que se han quedado en el cajón) hay que buscar otras alternativas para transmitir toda la pasión y energía que llevas dentro.

 

¿A quién querrías parecerte, quiénes serían tus maestros, tus referentes: Dautremer, Lacombe, Ferrer?

Cuando comencé en esto hubiese dado una mano por hacer lo que hace Rebecca Dautremer pero a día de hoy después de casi 6 años en la profesión los gustos han cambiado. Me encanta lo que hace Oliver Jeffers o Margaux Motin. Pero no quiero parecerme a ellos. Cada uno va perfilando su propio estilo conforme a su modo de dibujar, experimentar y trabajar. No hay que imitar, hay que investigar. Se puede intentar copiar lo que hace Isidro Ferrer o Rebecca Dautremer, pero el resultado no tendría mérito alguno. Ellos llegaron a esos estilos por experimentar y por no conformarse con lo primero que les vino a la cabeza. Hay que ser sincero y aprender a superarse día a día dentro de tus límites mientras pintas, ilustras o dibujas, así es como se crece en la dirección correcta.