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Antón Castro

Artistas

EL FESTIVAL DE CINE DE HUESCA MARCHA

Abierta la convocatoria para participar en el Festival de Cine

Por Sonia URÍA.

El Festival Internacional de Cine de Huesca, que se celebrará del 9 al 16 de junio del 2012, ha abierto su convocatoria de presentación de obras cuyo plazo finalizará el próximo día 1 de marzo. En esta edición que conmemora sus cuatro décadas de existencia, el cartel será obra del prestigioso fotógrafo de proyección internacional Chema Madoz, con la colaboración de Isidro Ferrer en la tarea del diseño gráfico.

La dotación de premios asciende, en esta edición, a 32.000 € repartidos entre los cuatro Concursos: el Iberoamericano en la categorías de Cortometraje y Cortometraje Documental y el Internacional en las categorías de de Cortometraje y de Cortometraje Documental. La filosofía del festival ha sido, desde su comienzo, la defensa del cortometraje como formato y, más recientemente, del género documental. La presencia del cine latinoamericano es otra de sus constantes. Además, es el único certamen español de estas características y el único también cuyos dos premios principales de cortometraje optan a la selección de los Premios de la Academia de Hollywood.

El Festival, por otra parte, goza de una creciente proyección, como lo muestra el hecho de que una selección de títulos del palmarés de su edición anterior haya sido proyectada en la Academia de las Ciencias y las Artes Cinematográficas el pasado mes de octubre. Así mismo, en la línea de habituales colaboraciones con festivales internacionales de prestigio, el equipo del certamen ha programado una sección de cortometrajes premiados en ediciones previas que se han exhibido en la última edición del Festival de Viña del Mar (Chile).

El cartel del festival, una muestra de identidad

En esta edición que conmemora las cuatro décadas de festival, Chema Madoz –a quien le fue otorgado el Premio Nacional de Fotografía en el año 2000- aportará una fotografía original. Chema pinta ideas de plata. Con su trabajo, abre espacios insospechados, formas de gran fuerza; y todo ello alcanza al espectador, porque le recuerda siempre a algo y le empuja a reflexiones sin límites. Su obra ha sido expuesta en numerosos países y, precisamente por su ubicuidad, ha obtenido galardones como el Premio Higasikawa (Japón) o el de PhotoEspaña.

Isidro Ferrer será el encargado del diseño del cartel partiendo de la citada fotografía de Madoz. Ilustrador y diseñador por devoración, actúa con la realidad de manera parecida a la máquina de hacer versos que imaginó el machadiano Juan de Mairena: por un lado entra el mundo, por otro sale la poesía. Entre los trabajos más sugerentes del ilustrador y escultor que obtuvo el Premio de Diseño 2002, destacan la campaña de de carteles del Centro Dramático Nacional –por la que obtuvo el Premio Visión de Oro, JCDecaux de Creatividad Exterior- y los originales títulos de crédito del filme Que se Mueran los Feos (Nacho G. Velilla, 2010).

Dpto. de Prensa del Festival

Sonia Uría. suria@huesca-filmfestival.com. +34 686 639 650. www.huesca-filmfestival.com (La foto de Isidro Ferrer es de Vicente Almazán; abajo dos obras de Chema Madoz.)

ROMÁN ESCOLANO HA MUERTO

Acaba de fallecer Román Escolano (Zaragoza, 1933), un apasionado del arte y, en particular, del grabado. En 1996 donó al Gobierno de Aragón la colección que había ido acumulando con su mujer Carmen Olivares. Se expuso, en diversos períodos (eran alrededor de 700 piezas), en el Museo Pablo Serrano, en Albarracín, en diversas itinerancias. Le hice varias entrevistas a Román Escolano: una, extensa, que apareció en la sección ‘Los raros’ de ‘El Periódico de Aragón’, y otra en la contraportada de ‘Heraldo’, más reciente, de 2002. Román se definió así: “Prefiero dar que pedir, soy amable y a lo mejor un poco oscuro”. Lo encontrabas en exposiciones, de aquí para allá, y siempre tenía una sonrisa en los labios. Para los artistas, los escritores, los críticos; estaba muy orgulloso de su hijo y de su nieto que se llamaban como él: Román Escolano. José Luis Lasala siempre me dijo que Román había sido determinante en su vida y en su manera de concebir el arte. Ayer Pepe Melero (cumplía 55 años bellamente llevados, todo hay que decirlo) me anunció su muerte; y poco después me llamó José Luis Lasala, que se recupera a pasos agigantados, para elogiar y recordar al gran amigo, al gran hombre. Reproduzco la entrevista que se publicó en diciembre de 2002.

DIÁLOGO CON ROMÁN ESCOLANO (ZARAGOZA, 1933-2011)

“El arte me ha dado felicidad y amplitud de miras”

 

¿Desde cuándo le interesa el arte? 

Desde mucho antes de contar con algún medio económico. Coincidí con José Luis Borau, en Madrid, en una “república de estudiantes”, que coordinaba Cruz Martínez Esteruelas, muy autoritario él. Nos traía a escritores, y vino Antonio Gala, que estudiaba para abogado del Estado y tenía problemas personales muy fuertes. Al cabo de un tiempo se trasladó a una cartuja.

¿Cómo vivía el fulgor cultural de la ciudad? 

Yo preparaba mis oposiciones, claro, y fue fundamental José Luis Borau. Hay hombres buenos, malos y regulares, pero él es óptimo en todos los sentidos. Yo iba a Clan, la librería-galería de Tomás Seral y Casas, a Bucholz, donde expuso “El Paso”, y por supuesto a El Prado, a Biosca, etc.

¿Recuerda cuál fue la primera obra de arte que compró?

Le compré a un compañero de Ibercaja su colección de pinturas de “La Escuela de Vallecas”, piezas de Martínez Novillo, Redondela, etc., pero pronto me di cuenta de que había un desenfoque entre mis gustos modernos y aquella pintura del paisaje. En cuanto pude, me quité aquellos cuadros a precio de saldo casi. De veras.

¿Y qué le llevó a hacerse coleccionista de obra gráfica?

Podías tener en casa cosas pequeñas que no te exigían un gran derroche económico. Recuerdo que me hice con unas carpetas estupendas, una maravilla, cerradas, en las que no entraba el polvo, y allí iba guardando mis obras. La obra gráfica me exigió mucha documentación, estudio, búsqueda. Fue una aventura fascinante.

Eso lo vimos todos cuando en 1995 donó la “Colección Román Escolano” al Gobierno de Aragón.

Lo hice tras haber hablado con mi mujer, Carmen, y con mi hijo. Comprendí que una colección es algo muy personal, que es muy difícil de continuar...

¿Es necesario tener dinero para ser coleccionista?

Más que dinero, es imprescindible la curiosidad, el espíritu de libertad, la buena fe, porque al principio, mientras aprendes, debes fiarte de los galeristas y los artistas. Jamás debes creerte eso de “esto lo hace mi hijo”. Creo que siempre he sido una de las personas mejor informadas de arte de la ciudad.

¿No fue traumática la cesión?

No me arrepiento de haberla hecho. Le diré que yo llevaba por las tardes las obras al Museo Pablo Serrano, que pagaba los taxis como si fuera con salida de la estación. Si fuese ahora la donación, pondría condiciones. Yo no quería nada para mí, sólo quería divulgación pedagógica, y creo que eso no se ha hecho bien.

¿De qué se queja?

Aquí en materia de artes plásticas hay muchas cosas de que quejarse. La legislatura anterior fue totalmente negativa. Fueron cuatro años perdidos.

¿Y ahora?

Hemos mejorado algo. Existen proyectos que empiezan a fraguar: se está hablando de anexionar al Museo de Zaragoza el edificio de la Caridad, y a mí eso me parece el huevo de Colón. Hace años que debía estar hecho. Y está el Museo Beulas, que es mejor por el continente que por el contenido, por ahora. En Albarracín, Javier Callizo dijo que una parte de la “Colección Escolano ” podía ir allí.

¿Y qué le parece?

Bien. He donado más de 700 obras y están todos los artistas y movimientos desde la II República hasta hoy.

¿Es suficiente el Museo Beulas para Aragón, qué ocurre con Zaragoza?

Zaragoza lleva muchos años de retraso. Yo creo que podía ser el Pablo Serrano ese principio. Hay que aprovechar lo que ya se tiene.

¿Qué le ha dado el arte?

Me ha dado felicidad, amplitud de miras. Me atreví a abrir la ventana y a mirar por ella. Y entraron aires nuevos.

 

 

Román Escolano tenía grabados de casi todos los artistas, entre ellos Picasso. No tengo foto de Román ni de su colección: tomó aquí varios grabados de Picasso.

JUAN JOSÉ VERA: UN DIÁLOGO

JUAN JOSÉ VERA: UN DIÁLOGO

[Esta tarde, en el Museo de Zaragoza, se le hace entrega a Juan José Vera del Premio Aragón-Goya 2011. Hace poco tiempo publiqué este diálogo con él: lo recupero aquí con dos fotos de José Miguel Marco: una en su estudio y otra realizada en el balneario de Jaraba.]

 

 

El estudio de Juan José Vera (Guadalajara, 1926) parece el de un brujo postergado o el de un alquimista medieval. Está poblado de arriba abajo: de cientos de cuadros y dibujos, de carpetas, de esculturas que parecen juguetes policromados, de botellas pintadas. Una estufa antigua le confiere un aire de otra época: de avanzada posguerra. De intimidad sigilosa, de faro de fuego contra el frío. El taller de Juan José Vera es el arsenal de creación de toda una vida de arte, de música, de lecturas, de pasión por la belleza y por el color. Dice el artista: “Soy adicto al trabajo. Me levanto a las cinco o a las seis de la mañana, y me pongo a dibujar, a pintar, a crear cosas. Es mi condena y mi salvación. Hacia las diez vengo aquí y pinto. A veces pinto por las dos caras, por eso digo que a veces yo hago cuadros-gangas, o dos por uno: pinto por delante y por detrás. Y no solo eso, a veces, cuando me quedo sin lienzos, vuelvo a pintar lo ya pintado, a hacer un cuadro nuevo. Para crear necesito la inspiración, y a mí me inspiran sobre todo los niños, mis nietos en especial, y las mujeres”. Hay algo que distingue también a Vera: el interés por los cuadros ajenos, el gusto por la pintura en sí misma. En el centro de su estudio campa una arpillera de los años 60 de su gran amigo Daniel Sahún.

¿Empezamos?

Mi familia era de Guadalajara, mi padre, Gabriel Vera Oria, había sido auditor de Cuentas del Estado y maestro, y entonces era inspector de Primera Enseñanza. Una de mis hermanas se casó con el médico de Robres, Juan Valdivia, y por estar más cerca de ella nos trasladamos todos a Zaragoza, a Paseo Sagasta 78.

Siempre ha hablado usted muy bien de ese cuñado.

Fue muy importante para mí. Era dieciocho años mayor que mi hermana y algunos más que yo, pero poseía una memoria asombrosa. Él me descubrió la poesía: me recitaba de memoria todo Bécquer, la poesía clásica española. Tenía la memoria más prodigiosa que yo he conocido nunca, y era un humanista integral. Cuando se murió, hacia 1948, le dediqué un cuadro: ‘Arlequín muerto’, realizado tras ver su cadáver.

Ha dicho usted que había sido siempre un huérfano de padre…

Desde luego. A mi padre lo fusilaron en Torrero. Él era inspector de educación, fundó colegios, creía en la enseñanza en libertad. Recuerdo que una vez, en uno de los colegios a los que fui de niño, habló con el profesor; este elogió a mi hermano Miguel, pero del “rubio”, que era yo, dijo que solo hacía lo que me gustaba: dibujar. Dibujar a los reyes. Mi padre, le contestó: “Déjelo. Déjelo usted. Por algún lado saldrá”. Nada más comenzar la guerra, alguien lo denunció. Lo detuvieron, pero intercedieron por él Juan Moneva y García Atance y lo soltaron. Poco después, la misma persona volvió a denunciarlo y fue asesinado. Poco antes, en Guadalajara, le sucedió algo semejante a mi tío Manuel, que era pintor.

¿Tuvo tiempo de disfrutar de su padre, conserva recuerdos de él?

Tuve muy poco tiempo.  Pero luego me satisfizo mucho comprobar qué gran recuerdo había dejado: algunos me reconocían por parecerme a él, y me decían: “Qué gran hombre fue tu hombre. He conocido a poca gente con tanta dignidad y tanta decencia. Estaba lleno de solidaridad humana”. Se me saltaban las lágrimas.

¿Dónde pasó usted la contienda?

Me cogió en Robres, de veraneo. Volví a Zaragoza a principios de 1939, cuando estaba a punto de terminar la guerra. Entonces me enteré de la muerte de mi padre. De Robres nos llevaron a una colonia de refugiados, con dos de mis hermanos pequeños, a Igualada y a Piera. Allí estuve con una familia que se dedicaba a los tejidos, Ramón Sarauja y su mujer Carmen, que me trataron como si fuera su hijo. Un día vino a buscarnos un camión de los italianos y nos trajo a casa.

No quiero imaginarme el panorama.

Mi madre era ama de casa. Teníamos una casa grande con ocho habitaciones, y la convertimos en una pensión. ¡Fíjese, qué categoría tendría mi madre! Alquiló una habitación a la mujer de un militar con una pensión pequeña: le sacaba la lana al colchón de su cuarto y la vendía. Un día nos dimos cuenta, mi madre se enfadó y al poco rato nos dijo: “Podrecilla, qué mal lo debe estar pasando”. A mí me gustaba mucho pintar cerca de mi madre en un cuarto grande que teníamos. Ella zurcía, calcetaba, ordenaba la ropa y como empezaba a perder la vista me pedía que le enhebrase la aguja. Yo tenía los cuadros extendidos a sacar. Y de repente me decía: “¿Qué vas a hacer con todas estas mamarrachadas?”.

Usted también estudió piano.

Estudié piano y terminé la carrera con buenas notas. Me gustaba y me gusta mucho la música. Recuerdo que teníamos en casa un buen piano y organizábamos pequeños conciertos con cantantes y todo: cantaban Pascual Carreras, tío de José Carreras, Adolfo Barbacil, que era tenor y que puso a uno de sus hijos mi nombre en señal de amistad y cariño, y mis hermanos Fernando, el arquitecto, con el que yo trabajaría de delineante, y mi hermana Purita. Arriba de nuestro piso había una camisería: a veces sus clientes se sentaban en la escalera y se quedaban a escucharnos.

¿Llegó a dar conciertos de piano?

No. No podía llegar a todo: ser pintor, ser delineante para ganarme la vida y dedicarme a la música, que es muy exigente. Un día, mirando en la biblioteca de mi padre, encontré un catálogo de Paco Picasso, de una exposición que había hecho en Madrid en 1936. Empecé a pasar páginas y de repente me encontré con el cuadro cubista: ‘Los tres músicos’. Me quedé fascinado. Dije: “Este hombre ha hecho avanzar la pintura. Esto es lo que yo quiero hacer”. Y poco después, empecé a pintar abstracto: una de las primeras obras nació del impacto de ese cuadro de Picasso. Lo hice sobre la tela de un saco de aceitunas que nos enviaban desde Guadalajara. [Juan José Vera coge el cuadro, absolutamente abstracto, y comprueba que está fechado en 1946-1947]. A Fermín Aguayo le gustó mucho.

¿Ya conocía al pintor de ‘Pórtico’?

Acabábamos de conocernos en el servicio militar, en la brigada de topógrafos, que se caracterizaba por la presencia de intelectuales y de artistas: por allí andaban el citado Aguayo, Eloy Laguardia, de ‘Pórtico’ también, el cineasta y fotógrafo José Luis Pomarón, Manero… Y entre nosotros hablábamos mucho: de arte, de cine, de literatura. Quien menos hablaba era Eloy Laguardia.

¿Por qué?

Porque era poco hablador. Yo siempre he pensado que en él había un punto naïf: era un hombre tan ingenuo com excelente. Santiago Lagunas, su cuñado, diría luego que “es el más pintor de todos nosotros”. Picasso decía que su gran sueño es llegar a pintor como los niños. En Eloy había un niño oculto; se enamoró de una mujer y poco a poco iría dejando la pintura. ¿Cómo vas a dejar por el amor la pintura? El amor tiene fecha de caducidad. Te enamoras, te casas enamorado, convives con sosiego, pero el amor tiene fecha de caducidad. Yo me enamoro a diario de la belleza: me gusta mirar a las chicas jóvenes.

¿Y Fermín Aguayo?

Era un hombre muy especial, marcado por el dolor. Como yo. Llevaba una tragedia dentro, un dramatismo especial. Yo creo que nos parecíamos mucho. Los dos habíamos vivido tragedias terribles: a mí me habían ejecutado a mi tío y a mi padre, que ni siquiera estaban significados políticamente, a él le habían matado a su padre y a dos de sus hermanos en Burgos. Trabajaría con Santiago Lagunas de delineante y no se lo había dicho siquiera. Sin embargo, nosotros lo comentábamos. A los dos nos atraían los colores sordos: esos oscuros terrosos, grises, apagados, dramáticos. Nos llevábamos también que yo le dejaba que titulase mis cuadros: él fue quien tituló el de mi cuñado ‘Arlequín muerto’, otro lo denominó ‘Bodegón azteca’. Yo siempre pinto lo que vivo: soy un gran paseante, me encanta la ciudad, descubrir rincones, andar por los bosques, coger determinadas luces cuando llega la noche: algunas luces misteriosas y blancas.

Otro de los grandes amigos de su vida ha sido Daniel Sahún.

Nos conocimos hacia 1961. Un día, en un concurso de pintura, Ricardo Santamaría y yo vimos una arpillera suya y nos encantó. Ricardo Santamaría, el hombre del ‘Manifiesto de Riglos’ y otras muchas cosas, era un aglutinador, siempre quería hacer grupos. Fuimos a verlo a su casa y poco después fundamos el Grupo Zaragoza. Se sumaron Julia Dorado, pero ella vino menos.

Llegó a formar una pareja de hecho artística con Sahún.

Es verdad, pero somos muy opuestos. Yo soy más concreto, soy más obediente al pensamiento, a una idea, sigo lo que me dicen la cabeza y el corazón. Y él es más novedoso, más moderno, le dicen que su pintura es muy norteamericana. Además, tenemos incluso formas muy diferentes de ver la pintura: íbamos a El Prado o a museos europeos y parecía saberlo ya todo, quería avanzar y avanzar, y yo me quedaba embobado viendo las pinceladas, los colores, la estructura. A mí me gusta gozar la pintura con lentitud: me despierta la pasión enseguida.

En 2001 realizó una gran Antológica en el palacio de Sástago. ¿Cómo la recuerda?

Era un sueño. Me apetecía ver toda mi obra reunida, con la misma luz con que había sido pintada. Quería contemplar mi trabajo de años. Yo no le pido a nadie que entienda mi pintura: la pintura hay que sentirla, hay que verla en silencio. El silencio es la atmósfera del arte y no existe silencio más elocuente que el de la música.

FOTO SAFARI DE LA SOLIDARIDAD

FOTO SAFARI DE LA SOLIDARIDAD

[El periodista y escritor Juan Luis Saldaña, antaño músico en Nubosidad Variable, me envía este proyecto con la ilustración de Víctor Montalbán.]

 

La Fundación Canfranc celebra su XV aniversario con su Foto Safari Solidario 2.0 y un vino con sorteo solidario en el hotel Meliá.

  

El Foto Safari Solidario 2.0. que tendrá lugar el día 16 de diciembre de 11 am. a 11 pm. es un concurso fotográfico global sin precedentes en el que cada participante debe realizar 10 fotografías y enviarlas a través de las redes sociales. Por cada fotografía que se presente al concurso, la Fundación Canfranc, con el patrocinio de la Caja Rural de Teruel, dedicará 1 euro al proyecto de Mejora de la salud de 220 niños desnutridos y con necesidades especiales en Muketuri, Norh Shoa, Etiopía.

 

Se esperan participantes de China, Polonia, Etiopía, Ecuador, Costa de Marfil y, sobre todo, de Aragón.

 

Información y bases: www.fundacioncanfranc.org

 

El día 17, en el Hotel Melia a las 19 h, la Fundación Celebrará sus XV años con un sorteo solidario de regalos en el que colaboran entre otros Peletería Gabriel, Hotel Don Paco, Perfumería Yagüe, Real Zaragoza,  Muebles Rey,  Bodegas Isidro Milagro, Restaurante Gayarre, Imaginarium, Baby Mami,  Aramon,  Aston, la artista Maria Angela Vila Burch, Paquita Ors y The Dream Bag.

 

DOMINIQUE SANDA POR CARLOS FREIRE

DOMINIQUE SANDA POR CARLOS FREIRE

DOMINIQUE Y NICOLÁS:

RETRATO DE PAREJA CON PERROS

Dominique Sanda vive desde hace algunos años en Buenos Aires. Hace teatro e intenta vivir tranquila. No ha perdido la elegancia de ayer ni de anteayer. Carlos Freire les hizo a ella y a su marido Nicolás Cutzarida esta estupenda foto de paseo con perros. En una entrevista con Claudio Ratier, Dominique explicaba que vive en Buenos Aires por trabajo... “Sí, y por amor, porque en esa oportunidad encontré a mi marido, Nicolás Cutzarida. Lo conocí a través de su hermana, con quien nos hicimos amigas en París en 1988. Ella es profesora de idiomas y me enseñó el ‘porteño’ que debí hablar en la película de Becchis [‘Garage Olimpo’, 1998]. Obviamente me decidí por Buenos Aires, pero siempre con la posibilidad de regresar a Francia, donde tengo a mi familia”. Nicolás Cutzarida es rumano, filósofo y profesor universitario.

'DETRÁS DELTIEMPO': CINE DE ZATÓN

 

‘DETRÁS DEL TIEMPO’:

UN PROYECTO DE JESÚS ZATÓN

Esta mañana, en la clausura del Festival de Cine de Zaragoza, me he encontrado con un sinfín de amigos. Gentes de la televisión, del cine, de las letras. Entre ellos, estaba el equipo de ‘Detrás del tiempo’, una película de ficción, que será un mediometraje, de unos 45 minutos. Está basada en una idea de Jesús Zatón, escritor, guionista, ilustrador y fotógrafo, que aquí también asume la labor de director. Los productores son Fernando Yarza y Juanjo Delgado. Me decían que apenas les quedan dos o tres días de rodaje, con el actor Alfonso Pablo, creo, para una película laboriosa que luego será reducida a un formato de unos 30 minutos para realizar su recorrido en festivales. Jesús Zatón es un humanista muy completo: alterna la creación plástica y la teoría, con las letras y el cine. El proyecto tiene una estimulante página (www.detrasdeltiempo.com) con un currículo muy completo de todo el equipo, el story board e incluso el guión, que gira en torno a un hombre, un profesor, que se desenvuelve entre tres mujeres. Él es Jesús Bernal, y ellas son Natalia Diloy, Ana Portolés y Patricia López. ¡Viva el cine!

 

MIGUEL ÁNGEL BERNA: AUTORRETRATO CON OTROS Y UN PAÍS DE JOTA

MIGUEL ÁNGEL BERNA: AUTORRETRATO CON OTROS Y UN PAÍS DE JOTA

He estado esta pasada noche en la función de Miguel Angel Berna, ‘Bailando mi tierra’, en la Sala Mozart. El público estaba entregado: Miguel Ángel ha planteado un espectáculo compendio de una década, cruzando algunas de sus obsesiones: el mudéjar, Aragón o la tierra del dragón y la sabina, y la jota. La función, de algo menos de dos horas, cuenta con maravillosos músicos en directo, que permiten explorar distintos estilos: la música árabe, el flamenco, el jazz, incluso los ecos de la música klezmer, la música contemporánea pautada por las percusiones y algunos sonidos turbadores (están muy bien, en este apartado, otra vez, Fletes y Josué Barrés; está espléndido en realidad el grupo musical liderado por Alberto Artigas y Joaquín Pardinilla), y la jota.

En este sentido, me ha parecido mucho más apasionante la primera parte del espectáculo: ahí, Berna y sus músicos exploran nuevos caminos, se atreven. Renuevan. Siguen haciéndolo con la jota,  sin duda, pero todo es un poco más previsible, y para mí menos emocionante, a pesar del trallazo de intensidad de los tambores y bombos de Albalate del Arzobispo. Al público, en cambio, le gusta mucho más la segunda parte. Ahí se producen los grandes aplausos en un montaje de muchos aplausos y de identificación absoluta con Berna, palpita la emoción, o incluso se oye una voz femenina que grita, ante un solo de Berna: “¡Tío bueno!”

Miguel Ángel tiene muchas virtudes: ha creado equipos, y pienso en los músicos, en intérpretes como María José Hernández y Lorena Palacio, en las jotas, ha creado equipo de diseño y artístico, incorpora a los jóvenes bailarines y una escenografía de Martínez Tendero. Miguel Ángel asume cada vez menor protagonismo: cree en sus bailarines y en sus coreografías. Está y hace estar a los demás. Y sobre todo, insisto en ello, si alguna vez se ha sentido el malquerido, el incomprendido, nada más lejos: Miguel Ángel Berna es querido, es aplaudido y ensalzado. Emociona a la gente. Es jotero clásico y jotero que renueva desde el baile y la música. Y suscita admiración y muchos, muchos minutos de aplausos.

'VIRIDIANA' PROTAGONIZA UN SIMPOSIO

La película de Buñuel ‘Viridiana’ centra

un seminario internacional sobre la estética

del tardofranquismo, en la Universidad de Zaragoza

 

Nancy Berthie, de la Universidad de la Sorbona, y Julia Tuñón, de la Universidad Nacional Autónoma de México, ambas expertas en la obra del cineasta aragonés, protagonizan hoy una mesa redonda a las 19 horas en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras

  

Viridiana, la película realizada por Luis Buñuel en 1961, centra el seminario sobre la estética del tardofranquismo que ha organizado la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza. El encuentro, que cuenta con expertos internacionales en la obra del director aragonés, se celebrará en el Aula Magna del centro entre hoy y el próximo miércoles.

Viridiana es una película española y mexicana de 1961, dirigida por Luis Buñuel, con Silvia Pinal, Francisco Rabal y Fernando Rey en los papeles principales. Está basada en la novela Halma, de Benito Pérez Galdós, concebida como una continuación de Nazarín. La película recibió el máximo galardón del Festival de Cannes, la Palma de Oro, así como la ovación unánime de público y jurado.

Nancy Berthie, de la Universidad de la Sorbona y Julia Tuñón, de la Universidad Nacional Autónoma de México, dialogarán a partir de las 17,30 horas sobre la estética y la significación de la película Viridiana. Posteriormente, a las 19 horas participarán en una mesa redonda en torno al mismo filme.

El martes, se proyectará la película Rey de reyes (1961), de Nicholas Ray, sobre la que hablarán Francisco Lázaro Sebastián, de la Universidad de Zaragoza, que reflexionará a cerca de la evolución de la fotografía española con una conferencia titulada ‘De cómo la fotografía española dejó de ser estática. Avances y  transformaciones del medio en tiempos de Viridiana’. Por su parte, Mónica Vázquez Astorga, de la Universidad de Zaragoza, disertará sobre ‘El chiste gráfico en las revistas de Humor y la cultura española (1956-1965)’. Por la tarde, se visualizará el filme Teresa de Jesús (1961), de Juan de Orduña, que antecederá a la ponencia de Fernando Sanz Ferreruela, profesor de la Universidad de Zaragoza.

El miércoles por la tarde, los profesores Amparo Martínez y Agustín Sánchez Vidal, ambos de la Universidad de Zaragoza, y Pedro de Rey y José Luis García Sánchez, profesionales del mundo del cine, repasarán de nuevo el proceso creativo y el contexto histórico en el que se rodó la película Viridiana.

El seminario servirá para poner en común, contrastar y analizar los hallazgos realizado por los miembros del grupo de investigación sobre La cultura audiovisual del tardofranquismo, 1959-1975. Además, este encuentro se plantea como parte de la formación de los alumnos que cursan las asignaturas de Cine y otros medios audiovisuales, Géneros audiovisuales y Cien Español.

*Esta nota ha sido elaboradada por la Universidad y el equipo de Amparo Martínez Herranz. Las fotos pertenecen a la película y las he tomado de varios lugares de internet.