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Antón Castro

Artistas

LUIS DÍEZ, MELVILLE Y MOBY DICK

Conocí a Luis Díez durante su exposición en el Centro de Historia, donde pintó un mural estupendo, con el fotógrafo Gustaff Choos. Me pareció un artista intenso, apasionado, un explorador constante de la expresión plástica que vive en contacto permanente con la literatura y con la música (ha colaborado con muchísimos grupos, entre ellos Bunbury, Bronski o Nacho Vegas, ha diseñado portadas y . Posee una mano extraordinaria: calidad de dibujo, sentido del color y de la composición, profundidad y un buen sentido narrativo. Luis Díez me habló entonces de un proyecto en torno a ‘Moby Dick’, la novela totalizadora de Herman Melville. La muestra se titula ‘El frío y el Gran pez’ y se expone en el Cuarto Espacio, un lugar realmente bien situado al que, incomprensiblemente, le falta público. Este es el dossier de ese proyecto.

  

EXPOSICIÓN

 

El frío y el Gran pez

 Retratos de la obsesión. Porque es de eso de lo que se trata, si es que aceptamos que tal cosa se puede tratar. Digamos que algo así es el arte, esa cosa que no trata sino de lo intratable. En Moby Dick se conjuga este misterio, y la muestra “El frío y el Gran pez” que nos presenta Luis Díez vuelve a recoger ese guante lanzado hace más de un siglo. ¿Cómo se explica que la ballena más conocida del mundo represente lo desconocido del mundo, del mundo que habita en el interior de cada uno de nosotros? Digamos que esa es la paradoja que se encuentra en la esencia de la obra de arte, y en la de toda vida vivida con intensidad. Lo que nos obsesiona es aquello de lo que apenas conocemos una parte mínima, pero ese enigma, esas esferas invisibles que residen en el mundo del terror, citando ya al propio Mellville, son reveladoras de nuestras pequeñas existencias y nos consagramos a ellas, nos afanamos en esa búsqueda a pesar de que sabemos que será infructuosa y que en último término nos puede conducir a la destrucción.

 

 Luis Díez lleva toda su vida rodeado de vinilos y de pinceles. Nunca ha sabido pintar sin música al igual que nunca ha sabido escuchar música sin su cuaderno de bocetos entre las manos.

 

Desde hace algunos años se dedica profesionalmente a la pintura y a la ilustración, en donde su melomanía siempre ha estado presente en sus trabajos. Claros ejemplos son su exposición titulada “The Feel Good Revolution” o la exposición “Diez años foca en un circo” en la Sala Cai Barbasán. En la primera cada cuadro representaba alguna banda inspiradora  para sus obras, como Bright Eyes, Songs:Ohia o Bonnie Prince Billy. La segunda fue un trabajo conjunto con el músico y escritor Julio de la Rosa. Pintó doce canciones inéditas de Julio, introduciendo en los cuadros algunos textos, cerrando así un círculo de poesía, pintura y música.

 Su relación con la música no acaba aquí. También se conoce a Luis por ser el creador de las imágenes de los discos de artistas como Niños del Brasil, Bronski o más recientemente, Nacho Vegas. También se ocupó del atrezzo plástico de la gira “El viaje ninguna parte” de Enrique Bunbury y además ha trabajado como ilustrador para revistas musicales de tirada nacional como Mondo Sonoro o Rolling Stone.

En su periplo artístico ha estado siempre presente relacionado con la Galería Pepe Rebollo en la que ha expuesto en múltiples ocasiones, tanto de forma individual como colectiva. En sus últimas intervenciones artísticas también se le ha podido ver el Centro de Historia de Zaragoza, en la exposición homenaje al sello Grabaciones en el Mar y en el espacio Tránsito, en donde desplegó su artillería imaginativa para realizar un mural de 60 metros cuadrados en el desarrollo un concepto de la fracción de segundo que une la vida y muerte.

 Luis Díez también ha ganado y ha sido seleccionado en diferentes muestras y concursos nacionales, como el Premio de Arte “Santa Isabel de Portugal”, el concurso Muz Martinez o el Encuentra 09 entre otros.

 Para todo esto, Luis Díez utiliza una pintura de figuración realista donde el color, la mezcla de fotogramas y de cuerpos y las fuertes perspectivas son su seña de identidad.

MONGRÁFICO DE COSTA EN BORRADORES

MONGRÁFICO DE COSTA EN BORRADORES

El programa cultural Borradores, de Aragón Televisión, dedica esta noche, a partir de las 0.30, un monográfico a la figura de Joaquín Costa (Monzón, 1846-Graus, 1911), del cual se cumple exactamente el primer centenario de su muerte. [Antes, a las 23.00, Aragón TV proyectará el documental 'Joaquín Costa, la conciencia de España' que ha dirigido Eugenio Monesma.]

Borradores contará en el plató con cuatro invitados: el pintor, caricaturista y dibujante José Luis Cano, que acaba de firmar un libro ilustrado sobre el intelectual oscense donde recrea su vida y su trayectoria; Rafael Bardají, periodista y profesor que ha estudiado su faceta periodística, su preocupación por los temas altoaragoneses y que será uno de los comisarios de la muestra que se exhibirá a partir de marzo en Paraninfo; Ignacio Peiró, historiador y estudioso de la historiografía que analizará a Costa en relación con la Restauración, el Regeneracionismo y la Generación del 98. Y Juan Carlos Ara, profesor universitario que está realizando la edición de los ‘Diarios’ de Joaquín Costa y que conoce a la perfección sus publicaciones y su vasta producción científica.

Además, Eloy Fernández Clemente, uno de sus grandes especialistas, realizará un retrato de aproximación a través de cuatro conceptos: la intimidad, la educación, la política y Aragón. Agustín Sánchez Vidal analizará una faceta algo más desconocida de Costa: su condición de novelista, de creador de ficciones –históricas, de anticipación, autobiográficas- a través de varias novelas, la más importante es ‘Justo de Valdediós’. Entre otras cosas, también se evocará a Georges Cheyne, el hispanista inglés que sigue siendo su mejor biógrafo, que le dedicó numerosos estudios y que editó la correspondencia de Costa con Rafael Altamira, Silvio Kossti (cuyo verdadero nombre era Manuel Bescós Almudévar) y Giner de los Ríos, que definió a Costa como “el más adorable de los baturros”.

El programa mostrará abundante iconografía del polígrafo y será el primero de los que se le dedicarán a diferentes asuntos costistas.

Borradores se completa con la presencia del grupo O’Carolan que tocará varios temas de su nuevo y brillante disco, muy elogiado por la crítica: ‘Nota de paso’. Este grupo está formado por Susana Arregui, Pilar Gonzalvo, Chema Arcarazo, Julian Ansuategui (que en esta ocasión no puede acudir) y Miguel Ángel Fraile. O’Carolan toca tres temas: ‘Nota de paso’, ‘La taberna del holandés’ y ‘Rosariera’.

MATURÉN: UN GRAN ARTISTA, UNA GRAN EXPOSICIÓN DE UN PINTOR MODERNO

Había visto hace más de un mes la exposición de Ángel Maturén (1949-2005). Recuerdo que luego estuve hablando con Miguel Torrubia, pintor y escultor, poeta y editor, y me dijo que Maturén era para él uno de los grandes artistas del último medio siglo en Aragón. Me pareció exagerado de entrada. Volví a ver hoy la muestra, comisariada por Pedro Pablo Azpeitia y Víctor Maturén, en el Palacio de Sástago. Y realmente me parece muy buena, una muestra soberbia, de un artista que poseía una mano capaz de todo, preciosista, inspirada, una mano de pintor contemporáneo capaz de arriesgar en series, en trazos, en gestos, capaz de tratar la materia de un modo especial, un auténtico pintor moderno, de su tiempo, que tiene cuadros llenos de profundidad, de emoción, de intensidad.

Algunos de sus gatos con sillas son maravillosos; me gusta la facilidad con que sugiere una naturaleza muerta de flores, despintando el fondo o pintándolo de modo esquemático; sus campos, sus mares con caracolas, incluso en la parte de arriba me gustó esa habilidad tan sencilla y elocuente, bien resuelta en línea y color, de esas mujeres sensuales que tienen una pose un tanto impresionista. Maturén era un artista figurativo y abstracto a la vez, que se sentía cómodo en los formatos grandes. A veces, en algunas piezas me hace pensar en el vibrante Broto de los ochenta y en ocasiones coincide con el mundo de Barceló, más que con el mundo con la estructura íntima de sus lienzos, en el óleo derramado mediante una caligrafía gestual y en relieve, en hondonadas de expresividad y música.

Di varias vueltas. Repasé cuadros, los comenté con Javier Aguirre, el historiador que ha estudiado a los gitanos (me dijo que había conocido a Maturén), quizá lo que menos me interesara fueran esos trabajos sobre plomo, los de la patio central, quiero decir, los más escultóricos, porque los cuadros sombríos, tenebrosos, de la galería de arcos me parecieron rotundos, de una oscura belleza. En algunos casos me hicieron pensar en algunos alemanes y en algunos momentos de Víctor Mira.

No sé si volveré a ver la exposición porque se termina el trece de febrero. Antes de irme compré el catálogo. Me hacía ilusión tenerlo. Repasarlo. Recordar a Ángel Maturén, con quien hablé tres o cuatro veces, una vez en su estudio de San Atilano, en Tarazona.

 

Ángel Maturén, 1949-2005. Pintura como materia de vida. Palacio de Sástago. Hasta el trece de febrero.

BOLLAÍN Y 'TAMBIÉN LA LLUVIA'

Omero Antonutti en ’El sur’ con Sonsoles Aranguren. Cuando creció la niña, la encarnaría Iciar Bollaín.

 

Siempre he sido muy fan de Iciar Bollaín.  Desde que la vida, como actriz, en ‘El Sur’, una película que me gusta mucho: leí en un momento especial de mi vida ‘El Sur’ y ‘Bene’ de Adelaida García Morales, cuando quería ser escritor, y vi la película de Víctor Erice de un modo muy especial. Además, poco después, en un restaurante de la plaza del Carmen conocí y conversé largo y tendido con Omero Antonutti, quien, al cabo de unos días, me envió una preciosa postal desde Roma en español e italiano.

He seguido la carrera de guionista, de actriz y de realizadora de Iciar Bollaín. Por múltiples razones, ‘Tierra y libertad’ fue una película muy importante en mi vida: hablé con muchos actores, con los extras, hice un reportaje sobre el terreno y viví durante un lustro muy cerca de sus escenarios del Maestrazgo. Iciar Bollaín tenía ahí un papel muy especial, como lo tenía Rosana Pastor, quizá la protagonista femenina de la narración. También seguí sus distintas películas: ‘Hola, ¿estás sola?’, ‘Flores de otro mundo’, ‘Te doy mis ojos’ (donde trabaja una de mis actrices españolas favoritas: Laia Marull) y anoche vi con Carmen, mi mujer, ‘Después la lluvia’, que me pareció una película interesante, más de Paul Laverty que de ella, como dijo un crítico (y con eso creo que quería decir que más de Ken Loach que del mundo de conflictos interiores y cotidianos de Iciar Bollaín), una película interesante, con un trasfondo interesante, pero fallida. Descompensada, y con un final facilón y sentimental que la estropea bastante, un final de buenas intenciones, redentorista, que afea la película, el desenlace e incluso la ambición de partida.

Curiosamente, el gran momento de cine para mi gusto es esa estupenda escena en que los indígenas son condenados y quemados en la hoguera. Ahí se respira cine y veracidad en la ficción. Belleza, pulso, conmoción. Ahí sí se ve el talento de los actores, de la directora, el poder de un guión que se precipita luego y que se desploma. Me pareció una película prometedora, pero que no ha sabido ajustar el desarrollo ni la intensidad del conflicto: curiosamente creo que es una película a la que le falta metraje. Sí hay algo que me gusta mucho de Bollaín: es una realizadora intensa, sincera, que apuesta, que asume riesgos con lucidez. Luis Tosar está muy bien, como siempre, y Karra Elejalde también, aunque su papel promete mucho más y también queda huérfano de más desarrollo.

El productor Santos (Luis Tosar) y el realizador Sebastián (Gael García Bernal).

Eso sí, ‘Después la lluvia’ me ha interesado más que ‘Balada triste de trompeta’, que me parece una película difícil de coger y asimilar, más allá de la espectacularidad de su puesta en escena y la fuerza plástica y gótica de algunas escenas.

Iciar Bollaín y el actor Juan Carlos Aduviri, que realiza un papel determinante en el conflicto: por su rebeldía, por su dignidad, por su sentido mesiánico. El asunto de fondo de la película es la ’guerra del agua’ en Cochabamba, algo que cambiará a los egoístas chicos del cine.

GRACE KELLY EN BICICLETA

 

Jesús Marchamalo me envía esta foto más allá de la medianoche. Siempre tan amable. Está ultimando un nuevo libro sobre bibliotecas. Se avecina un nuevo temblor de adjetivos y sensaciones.

LUIS ALEGRE: MIGUEL HERNÁNDEZ, JOAN MANUEL SERRAT Y LOS OTROS

[Luis Alegre publicaba ayer en ‘Heraldo domingo’, el suplemento que coordina Picos Laguna, un artículo sobre Joan Manuel Serrat y su proyecto ‘Miguel Hernández. Hijo de la luz y de la sombra. Imágenes de un poeta’, que se exhibe en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, en el que han trabajado Agustín Sánchez Vidal, Ana Marquesán, Paco Simóny José Luis García Sánchez, entre otros. Este texto integrará probablemente un libro en el que Luis está trabajando que aparecerá en Xordica en 2012. Será la continuación, si puede decirse así, a su exitoso ‘Besos robados’, más de tres lustros después.]

 Joan Manuel Serrat en una foto de Heraldo, en la exposición.

 

El cantante

 Por Luis ALEGRE / Heraldo Domingo

Miércoles 26 de enero. Se celebra en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza un estreno mundial, el de “Hijo de la luz y de la sombra. Imágenes para un poeta”. Es la exposición alrededor del disco que Joan Manuel Serrat ha dedicado a Miguel Hernández. Ana Marquesán es la comisaria de la exposición y Agustín Sánchez Vidal el encargado de la dirección de textos. El pintor Paco Simón, autor del diseño, y José Luis García Sánchez, director audiovisual, son los otros responsables de este acontecimiento cultural de primera categoría.

 

Miguel Hernández era de Orihuela y Joan Manuel Serrat es “el Noi del Poble Sec”. Alguno ya se lo ha preguntado: “¿Y por qué, entonces, Zaragoza?”.

 

La madre de Serrat era de Belchite, Joan Manuel es Medalla de Oro de la Diputación Provincial de Zaragoza y él siente debilidad por esta tierra. Pero, más allá de esas evidencias, hay unas cuantas razones que explican que Zaragoza haya acogido esta exposición antes que ningún otro lugar. En el origen de casi todo aparece José Luis García Sánchez, íntimo de Serrat. José Luis –Pepe- le dijo a Joan Manuel que en Zaragoza vivía el tipo que más sabía de Miguel Hernández, Agustín Sánchez Vidal. Un día Serrat vino a Zaragoza con Pepe y conoció a Agustín y a Ana Marquesán, directora de Investigación y Archivo de la Filmoteca de Zaragoza. El flechazo fue inmediato. Serrat comprendió que Agustín no sólo era el que más sabía de Miguel Hernández sino también el que mejor lo sabía mirar. A finales de octubre de 2009 Ana Marquesán le preparó una fiesta sorpresa a Agustín para festejar su jubilación y Serrat viajó adrede a Zaragoza para estar al lado de su nuevo amigo. Una noche, en Madrid, Serrat me dijo: “Una de las grandes cosas que me han pasado gracias a Miguel Hernández ha sido conocer a Agustín y a Ana”.

 

A Pepe y Serrat se les ocurrió liar a unos cuantos amigos directores de cine para que rodaran unas pequeñas películas sobre los poemas/canciones. Y, luego, surgió una idea estupenda: organizar para después de la gira de conciertos una exposición alrededor de ese trabajo, que la comisaria fuera Ana Marquesán y que se inaugurara en Zaragoza. Estaba claro que no había otro sitio más indicado.

 

La expo en una imagen de TVE-1.

Joan Manuel Serrat es una estrella de la vida española desde hace más de 45 años, desde que él tenía poco más de 20. Su presencia en el imaginario sentimental, musical y social de varias generaciones es bastante impresionante. Joaquín Sabina consideraba “Dos pájaros de un tiro” –el disco y la gira que compartieron- como el logro de un sueño adolescente: Serrat era uno de sus ídolos en sus tiempos de Londres y Granada. Hubo una época en la que las españolas lo señalaban todo el rato como el español ideal. Yo aún conservo varios discos suyos rayados de tanto ponerlos. No sé si hay muchos cantantes que puedan presumir de acumular tantas obras maestras. Eso por un lado. Por el otro, está el Serrat encantador y fan de sus amigos, que es capaz de hacer un viaje a Zaragoza con la única intención de darle una sorpresa a Agustín Sánchez Vidal o de darle un beso a Juana de Grandes, la viuda de José Antonio Labordeta.

 

Serrat es como un imán. Te mira, te reclama y allá que vas. La exposición “Hijo de la luz y de la sombra” es un lujazo que ha costado muy poquito dinero. Ha habido mucha gente que ha colaborado por la cara, por el placer de sentirse en el mismo barco que Joan Manuel Serrat. De Serrat atrae su carisma, su leyenda y su personalidad. Pero también conmueve su resistencia: al paso del tiempo, a las modas, al cáncer, a su propia leyenda. Serrat grabó su primer disco en 1965. Es formidable ver a alguien como él volcar a estas alturas tanto amor  en cada nuevo paso de su camino.

 

A veces, en Madrid, en el Restaurante El Puchero, acudo a una comida-tertulia con amigos como Manuel Vicent o el periodista Ángel Sánchez Harguindey. Esa comida es una cita que Serrat se impone cada vez que va a Madrid. Manuel Vicent es una máquina deliciosa de hablar y de contar anécdotas. Este miércoles, a Zaragoza, han venido Vicent y Harguindey para arropar a su gran amigo. Casi nunca aluden a él como Joan, Juan Manuel o Serrat. Se suelen referir a él como “el cantante”.

 

Serrat es un niño de la posguerra obsesionado por Ladislao Kubala. Ahora vive su época dorada como culé con el Barça de Pep Guardiola. En la comida del Paraninfo, Serrat se coloca entre Manuel López, el Rector de la Universidad, y su amigo Javier Lambán, presidente de la Diputación Provincial de Zaragoza. Serrat y Lambán se pican un poco con el fútbol. Javier es del Zaragoza pero, sobre todo, es del Real Madrid. Es tan forofo que él confiesa que no ve jugar al Barça para poder afirmar sin mentir que el Real Madrid es el mejor equipo que ha visto. El otro día le pregunté: “¿Y tampoco viste el Barça 5-Madrid 0?”. “Por supuesto que no”. Este Madrid ha tenido la desgracia de coincidir con el que, tal vez, sea el equipo más brillante de la historia.

 

Serrat en el Gran Hotel, donde se hospedó con Candela, su mujer. Retrato de Esther Casas.

Desde el principio de su carrera, Serrat ha empleado su buen gusto y su talento para darle otro vuelo a la obra de algunos de los más ilustres poetas de la literatura universal. Miguel Hernández es la segunda vez que centra su atención. El poeta murió en la cárcel, enfermo de tuberculosis. Es realmente estremecedor reparar en cómo, dónde y por qué murieron Miguel Hernández, Federico García Lorca y Antonio Machado, tres genios de la cultura española. Es muy fácil caer en la tentación, a partir de ese horror, de sacar conclusiones sobre el trato que España ha dado a la gente con la que se nos llena la boca.

 

Yo soy un chico de Lechago que, a los cuatro años, acompañaba a mi padre Alberto al huerto mientras me recitaba poemas. Cómo no me va a gustar Miguel Hernández. En Calamocha, con mi amigo Jesús Ángel Lacruz, competía en recitar de memoria la “Elegía” dedicada a Ramón Sijé. Se puede dar por sentado que alguien como Miguel Hernández es un gigante del que todo el mundo está al cabo de la calle. Gran error. A mí me pasa muy a menudo encontrarme con gente, universitarios incluidos, que no tiene ni la más remota idea de quién es el autor de “El rayo que no cesa”. Tal vez es que tengo muy mala suerte con los que me encuentro pero eso es lo que me sucede. Fernando Fernán Gómez sostenía que el pecado capital de los españoles no era la envidia sino el desprecio. El desprecio a la excelencia. El desprecio a gente como Miguel Hernández. La exposición “Hijo de la luz y de la sombra” brinda una maravillosa ocasión para que nadie nos pueda sacar los colores por ese pecado.

DOS PELÍCULAS

Anoche vi, con mi hija Aloma, dos películas: ‘778. La Chanson de Roland’ del holandés Olivier van der Zee, coproducida entre otros por Modelika, Aragón TV y el Gobierno de Aragón; tiene mucha presencia Zaragoza, la Aljafería, historiadores como Antonio Ubieto y arqueólogos como Manuel Martín Bueno e Isabel Ubieto, que defiende las investigaciones de su padre. La cinta narra en algo menos de 80 minutos la realidad y la leyenda de la intentona de conquistar Zaragoza por parte de Carlomagno y su paladín Roldán, y la derrota brutal en Roncesvalles tras la emboscada de los vascones. Una de las conclusiones de una pieza cuidada es que la literatura es superior a la historia: el mito de Roldán es superior a las certezas de la realidad. Es un buen documental que incorpora la búsqueda arqueológica de los restos de una batalla de impreciso escenario, en la que también interviene el equipo de la arqueóloga Mercedes Unzu.

Y luego vimos ‘Blog’, una película de Elena Trapé que narra la historia de siete jóvenes, que crean un grupo más o menos secreto, y se relacionan entre ellas a través del correo electrónico y la webcam. La película tiene un claro aroma ‘indi’ pero está muy trabajada, funciona muy bien, posee momentos de humor, más de que angustia, y cuenta con un magnífico reparto. Es una película fresca, divertida y dramática a la vez, sobre lo que somos, lo que queremos ser, lo que soñamos, y explora la identidad, la adolescencia, la revelación del sexo, la amistad, las soledades, el desencuentro con los adultos y también con la enseñanza, que rara seduce a ninguna de las siete chicas que deciden llevar a cabo un sorprendente plan colectivo...

Por su atmósfera general y por el tema, a más de uno puede recordarlo 'Las vírgenes suicidas'.

RAMÓN FONTSERÈ: A PROPÓSITO DE 'TODAS LAS CANCIONES HABLAN DE MÍ'

 

La escritora Aloma Rodríguez, autora de ‘París Tres’ (Xordica, 2007) y ‘Jóvenes y guapos’ (Xordica, 2010), entrevista a Ramón Fontserè con motivo de su publicación en ‘Todas las canciones hablan de mí’, la película de Jonás Trueba, que opta a dos Goya: el mejor actor revelación de Oriol Vila y al mejor director novel, el propio Jonás. La película ha sido escrita por Jonás Trueba y Daniel Gascón, autor de 'La vida cotidiana' (Alfabia, 2010).

La entrevista puede leerse también en:

 http://todaslascancioneshablandemi.wordpress.com/2011/01/27/una-entrevista-con-ramon-fontsere/

 

 

 

Tu personaje, el librero, es el único adulto que aparece en la película, ¿cómo te has sentido entre tanta juventud?

Muy bien. Estaba muy bien rodeado, fantásticamente bien. Yo me siento muy cómodo porque hay algo en eso que transmite no la cosa del principiante, sino la ilusión de hacer las cosas con una energía fuera de lo normal. En los rodajes –yo he hecho pocos- con gente muy bregada hay una energía muy cansina. En cambio, en este tipo de rodajes, la energía que hay en el ambiente es más prístina, más clara, arremete con más intensidad, y eso es cojonudo porque te obliga a estar a la altura, a subirte un poco, te obliga a recoger este rebufo, esa térmica tan buena. Y además, trabajar con Jonás es una pasada. A mí me gusta que me lleven, que me enseñen un poco la dirección de la interpretación, por dónde va el personaje. Y Jonás es un tipo que pese a su juventud lo tiene todo muy claro, es el “antizapatero” –que cambia constantemente. Jonás te lleva muy bien, sin estridencias, muy suave y eso es cojonudo. Cuando te encuentras un chico así, un director así se agradece mucho.

También te mueves en otro registro distinto al del resto de los actores para construir un librero de viejo bastante entrañable y con un punto borde, ¿cómo fue la preparación?

Yo creo que en eso sí que se ve la mano del director, en esa especie de tío-padre de Ramiro -que es un afortunado porque tiene todas las novias, es un playboy. Luismi es una especie de tipo estrafalario, de esos tipos que se han quedado en un tiempo, que no han avanzado, son tipos que a mí me gustan mucho. Cuando escribí Visca la terra! intenté retratar un poco a esos tipos que a pesar de los tiempos se han mantenido igual, con los tirantes y la máquina de escribir. Esos tipos son cojonudos, guardan un poco la esencia, se niegan a dar ese paso hacia lo contemporáneo por una cuestión muy lógica: se sienten ridículos, inseguros, se sienten idiotas. Y Luismi es un tipo así. Está muy bien pensado, muy bien escrito: es un librero, está encolando, y es un desastre; llegan los clientes y él los despacha en contra de lo que sería su propio interés: vender libros.

Cuando empieza la película y ves al tipo este en la librería y luego al otro por la calle con el gorro de aviador y el abrigo largo, te preguntas de dónde han salido esos. Pienso que el contraste está muy bien, es muy real y muy madrileño también. He vivido en Malasaña tiempo y hay sitios así: me acuerdo de “Tintorería Camino” y del restaurante “casa Fidel”, en el que nos encontrábamos al tipo del tinte. Eran sitios anacrónicos; allí Luismi hubiera sido un moderno. Y hacían unos callos cojonudos.

 

¿Te has sentido cómodo entre los libros, tú que además de actor eres escritor?

Este tipo de librerías de viejo tienen un olor especial, adusto, serio.  A mí me han gustado dos cosas: los sex-shops y las librerías (ahora soy crítico de sex-shops y tengo un blog en el que hago crítica del sex-shops). El problema de los sex-shops es el ambientador y la música. Las librerías tienen que siempre te hacen estar activo: siempre estás como escogiendo, como comprando, y en los sex-shops también. Pero tienes que soportar el ambientador y la música o que el sex-shopero te ofrezca su ayuda en caso de que surja alguna duda, pero qué duda vas a tener si se ve muy claro todo para lo que es. La librería en la que rodamos es preciosa, tendría que ser patrimonio de barrio de Madrid porque ese tipo de librerías va a desparecer, ojalá no.

¿Cómo ves el papel de la literatura, la música y las chicas en la película?

Se desprende de la sensibilidad de Jonás y de Daniel: presentar a ese tipo Ramiro, ya en sus pinitos de poeta, rodeado de libros, que se haga referencia a Pessoa, está muy bien y está muy enraizado en el guión. Está muy bien planteado todo, también con la música. El enganche entre la literatura y la música y todo el universo de Ramiro y su relación con las chicas está muy bien conjuntando. Lo que más me gusta es que todo eso no tiene pretensión, sale como natural, no da la sensación de forzado –que a veces el cine español tiene esas cosas. Aquí, no. Y el monólogo final es cojonudo: está muy bien porque la música le quita, le hace de lubricante a esa declaración de amor con esos ritmos de batería. Es muy atrayente toda la mezcla de la peli.

Es una película que no tiene pretensión, es muy sencilla, pero está muy bien hecha. Y eso es muy difícil porque en este tipo de películas es cuestión de milímetros caer en un lado o en el otro. Es una película especial que no cae en el lado hortera ni romanticoide. Creo que Jonás tiene mucha sensibilidad en ese campo, no es zafio. El tratamiento de las chicas, de las imágenes, está hecho con mucha delicadeza, con mucha sensibilidad y sin caer nunca en el otro lado.