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Antón Castro

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JONÁS TRUEBA: NUEVO DIRECTOR

JONÁS TRUEBA DEBUTA COMO DIRECTOR

 

‘Todas las canciones hablan de mí’ se presentará en la sección de competición del Festival de cine de Gijón y se estrenará en las salas el 10 de diciembre




La película está protagonizada por Oriol Vila y Bárbara Lennie

“Todas las canciones hablan de mí” supone el debut como director de Jonás Trueba quien había trabajado hasta la fecha como guionista en películas como “Más pena que Gloria”, “Vete de mí” y “El baile de la Victoria”.


Para su primer largometraje ha contado con los jóvenes actores Oriol Vila (“El séptimo día”, “Tu vida en 65 minutos”), Bárbara Lennie (“Más pena que Gloria”, “Obaba”), Miriam Giovanelli (“Mentiras y gordas”), Ramón Fontseré (“Soldados de Salamina”), Bruno Bergonzini (“El mar”) y Eloy Azorín (“No me pidas que te bese porque te besaré”) entre otros.

La película se estrenará el 10 de diciembre.




Previamente, se presentará en la sección oficial de la 48 Edición del Festival de cine de Gijón que se celebra del 19 al 27 de noviembre. A dicha presentación acudirá el Director acompañado de los protagonistas y del coguionista de la película, el escritor y traductor Daniel Gascón.


Todas las canciones hablan de mí” es una comedia romántica, con un punto melancólico y nostálgico que en palabras de su director: “No cuenta el principio de un amor, sino su supuesto final. Habla de lo difícil que es sobrellevar una ruptura sentimental, sobre todo cuando la persona de la que te has separado sigue presente en tu vida”.


Producida por Castafiore Films y Tornasol Films, cuenta con la colaboración de Canal + y será distribuida por Alta Films.



SINOPSIS:

“Todas las canciones hablan de mí” es una comedia romántica, pero sin “chico conoce a chica”. La premisa sería más bien “chico trata de olvidar a chica”, algo bastante más difícil de sobrellevar, sobre todo cuando la chica de la que te acabas de separar es la protagonista de cada uno de tus recuerdos y empiezas a pensar que todas las canciones hablan de ti.

LOU REED, SEGÚN DIANA ZAFORTEZA

 

LOU REED, SEGÚN SU EDITORA ESPAÑOLA

 

Por Diana ZAFORTEZA

Lou Reed era para mí mucho más que sus canciones, una leyenda que traspasaba todas las fiestas a las que asistía, donde pinchaban sin cesar  Femme Fatal o Heroin ; más tarde, en épocas más sosegadas de mi vida descubrí su canción Pale Blue Eyes, cuya letra,  menos violenta y más lírica,  me descubrió al Lou Reed poeta . Por eso,  cuando vi que su libro inspirado en Poe, The Raven, con las sulfurosas ilustraciones de Lorenzo Mattotti,  permanecía inédito en España, no dudé en publicar esta joya que reunía el  underground neoyorquino y el mejor cómic europeo.  Su agente literario, el temido y venerado Andrew Wylie, fue el que puso en mis manos esta joya después de departir largo rato sobre los tiempos en los que frecuentaba Studio 54 junto a Lou Reed y Andy Warhol, cuyo state también representa. “Yo me dedicaba a divertirme y a poner orden en medio de tanto talento, por eso ahora Lou  Reed, además de ser mi amigo, confía en mí plenamente. Cuando le diga que lo vas a editar tú en España pensará que he escogido una muy buena opción. Es un libro que necesita muchos cuidados¨.

 

 La edición del libro debía ceñirse a los parámetros escogidos por Reed y Mattotti, siguiendo el esquema de la versión francesa, publicada por éditions du Seuil, pero como en mi pequeña editorial somos de carácter joven y osado, decidimos proponer a los autores algunos cambios: Fue ahí, en ese intercambio de emails, cuando tuve el primer contacto con Lou  Reed. En la bandeja de entrada de mi correo encontré un mail suyo en el que decía: “No quiero hacer cambios, no me gustan los cambios, pero hablad con Lorenzo”.  Le contesté amablemente y acto seguido me puse en contacto teléfonico con Lorenzo Mattotti. La empatía entre los dos fue inmediata.

 

Conocí a Lou Reed durante una exposición de su álbum de fotos Romanticism en el Museu Baluard, un antigua fortaleza desde cuya terraza se disfruta de unas espléndidas vistas de la bahía de Palma de Mallorca. Era más bajo de lo que imaginaba, quizás por su andar encorvado. Lo primero que pensé es que era un milagro que mantuviera insobornable al paso del tiempo su vitalidad creativa. Pude comprobarlo al permitirme vivir con él su presentación en Palma de  su trabajo como fotógrafo y director de cine. Al cabo de unas horas iba a empuñar la guitarra eléctrica con su grupo experimental Metal Machine Trio. Iba a ser el concierto de clausura de una larga gira mundial que había iniciado en el Whitney Museum de Nueva York. Lo vi aturdido y vulnerable, como centrifugado por la vida acelerada que había llevado.

 

 Su mirada quiso escrutar una a una sus fotografías –paisajes de atmósfera romántica, captados con una cámara digital de óptica de infrarrojos- antes de ser presentadas al público y parecía que incluso un minuto antes de la inauguración estuviera absorbido por una enorme inseguridad; tanta, que no dejo que la prensa lo fotografiara; tanta, que quiso sentarse en una sala aparte, porque no quería cruzarse con las miradas de los admiradores de su obra. Su trabajo ya estaba hecho, él no quería decir nada. Su obra hablaba por sí misma, no necesitaba palabras. Fue en esa sala donde lo conocí y frente a frente, sentado en una silla mientras bebía lentamente una coca-cola zero y repetía que no se iba a dejar fotografiar ,  me dijo que pensaba que Mallorca era una isla pequeña y que no esperaba encontrarse tanto gentío. Me presenté y le dije que era su editora española además medio mallorquina. “Ah, muy bien –contestó- podrás llevarme a la Fundación Miró, Miró es  fantástico”.

 

Entonces me pareció muy flaco y también moderno, pues ya pasados los sesenta, iba vestido con camiseta blanca, chupa de cuero, pantalones pitillo y zapatillas Nike  con el logo dorado. (Más tarde me contó que sólo vestía prendas Rick Owens).

Su imagen estaba tan estudiada como cabía esperar y su leyenda seguía al rojo Vivo. La prensa estaba desesperada por su silencio y él seguía escondido ahora bajo una gorra negra que le había pedido a su joven asistente neoyorquina  que viaja con él a todas partes. ¨ Vamos a ver la película –dijo-,  es un documental sobre mi tía centenaria, Shirley, a la que he querido rendir un homenaje. Es una mujer con una fuerza increíble.¨  Sabía de la andadura cinematográfica de Reed y sentía verdadera curiosidad por ver el documental , pues esta faceta suya para mí era totalmente desconocida. Ahí lo tenía, hace unas horas hablaba  el Reed fotógrafo y ahora el Reed  cineasta, al día siguiente sería el Reed músico. Abrumador.

 

Durante la proyección de la película tuve la oportunidad de conocer los rasgos marcados por el paso del tiempo de Sherley, la historia de una mujer valiente que había sido perseguida por los nazis y se había pasado la vida trabajando como costurera tras huir de un campo de concentración, de Polonia a Canadá y por fin en Nueva York. También  tuve tiempo de intercambiar unas palabras con Steven Kasher, el galerista americano de Lou Reed,  que me habló de la última exposición de su galería de Chelsea, una retrospectiva de fotos de Warhol, todas en blanco y negro y seleccionadas por él.  Lou Reed, en las fotos del catálogo de la exposición que me enseñó  Steven, era muy joven, rondaba la cuarentena. El Lou Reed que ahora tenía delante mantenía una frescura adolescente que lo empujaba a embarcarse en aventuras diversas; alcé la vista y vi que la gente le estaba preguntando por detalles de su película. Otra aventura, pensé, en la que intenta como siempre encontrar la perfección.

 

 “¿Sabes, Diana? Yo soy  oscuro como Poe”, me confesaba más tarde, mientras cenábamos en mi casa. De primer plato, siempre ensalada, sin ningún tipo de salsa; y de segundo, carne roja a la plancha vuelta y vuelta.  “¿Sabes, Diana? Cuido mucho mi alimentación porque soy diabético. Es muy importante que todo esté libre de salsas, una vez tuve una subida de azúcar que por poco acaba conmigo… ¿Por dónde iba? ¡Ah, sí! Poe. Los versos de Poe son luminosos y oscuros, son música pura, ritmo.  Con el libro he querido  homenajear al que es para mí el mejor escritor del mundo  y Lorenzo Mattotti es simplemente un genio. Mira, mira  esto”, me  dijo,  mientras señalaba una de las ilustraciones. “Siempre me había sentido fascinado por su Dr. Jekyll y Mr. Hide ilustrado. Sabía que trabajaría con él. Cuando le llamé , insistí en que se sintiera libre y no estuviera condicionado por el texto, en que se empapara de Poe”.

 

 La génesis de The Raven está en PoeTry, el espectáculo que ideó en 1996 con Robert Wilson, un artista del teatro de vanguardia, que ya había colaborado con Phillip Glass (Einstein on the Beach), Heiner Müller, Tom Waits, William Burroughs, David Byrne y Rufus Wainwright. Lo compuso como si fuera una ópera contemporánea y, después de su estreno en Hamburgo,  llamó a sus amigos músicos para grabar un doble CD, ya con el nombre de The Raven:  David Bowie, con quien no había vuelto a grabar desde que el británico le produjo su mítico Transformer; el gran Ornette Coleman, su mujer Laurie Anderson y  el entonces casi desconocido Antony, de Antony and the Johnsons, que había dedicado una canción y la portada de su álbum de debut a Candy Darling, la actriz transexual fetiche de Andy Warhol que acabó suicidándose. Su devoción por Poe hizo que quisiera publica los textos –hay un diálogo entre el viejo Poe y el joven Poe que pueden leerse como una transposición del Viejo Reed y el impetuoso  Reed de la Velvet Underground- y para ilustrarlo, nadie mejor que Lorezo Mattotti.

 

Mattotti me había contado que Lou le había pedido “que escuchara muchas veces The Raven, el ritmo de su música, de sus palabras y que me dejara seducir por la atmósfera para que mis visiones salieran libremente en mis trazos. Hemos luchado el uno con el otro e intercambiado ideas. Desde mi punto de vista este libro es completamente diferente de mis otros libros ilustrados porque está impregnado de muchos estilos. Mis dibujos crean un mundo de símbolos e imágenes que creo que enriquecen el texto¨.

 

La imagen que durante la cena en mi casa de Palma estaba embelesando a Reed era la que habíamos elegido para la portada. Una figura que representaba  el miedo, el espanto, los lugares que dejamos en penumbra, pero que siguen latiendo en nuestro interior sin que queramos reconocerlos. Y recordé que el prólogo que había escrito Lou Reed a propósito de The Raven decía lo siguiente: ¨Poe, fue, por supuesto, el primero. Poe lo era todo. Siempre he pensado que algunos escritores poseen la habilidad de atrapar sus peores miedos, sueños y pesadillas, y volcarlos directamente en su trabajo. Los mejores los convierten en arte. Esta capacidad de conectar con las esferas del miedo y los duendes de lo perverso -el deseo de hacer aquello que sabemos que está mal-, las historias y visiones que normalmente nosotros censuramos y catalogamos como pesadillas que debieran ser olvidadas, son las que hemos de confiar a la magistral capacidad y compromiso de Poe. El amor, la visión de la muerte del ser amado, los crímenes, los celos… Él los conocía bien y exploró como nadie esa gama de emociones y su ritmo poético.”

 

 Me di cuenta de que Lou Reed, bajo su pose de excéntrico cascarrabias y su eterna chupa de Rick Owens, era en realidad un gran tímido que escondía su fragilidad. “Laurie Anderson –insistía- es luminosa y bondadosa, yo no. Yo nací en Brooklyn”. Y me habló de Warhol, de la Factory, pero sobre todo de sus proyectos de seguir reinventando la música, de no dejarse sobornar por la inercia del tiempo. Tiene 63 años, pero cuando al día lo vi tocar  con su Metal Machine Trio, el escenario tronó con una tormenta  de ruido y furia y se serenó con delicados oasis sónicos, sacando música del silencio. Como él, como Poe. Música y poesía para aplacar el oleaje interno del desasosiego. 

*Diana Zaforteza le dedicó este estupendo artículo a su encuentro con Lou Reed. El sello Alfabia, que ella codirige, ha publicado su libro 'Tha Raven'. Diana me ha enviado muy gentilmente este artículo que apareció en 'El Periódico de Cataluña'. 

NACE SOMOSARTEZAR

NACE SOMOSARTEZAR

 

NACE SOMOSARTEZAR

 

Somos una asociación cultural que se fundó con la intención de desarrollar proyectos culturales que individualmente era imposible llevar adelante.
Somos los responsables del Live Painting que pretendemos llevar a cabo en 2011 ocupando más espacio de la riberas. Casi 1 KM.
También de los conciertos debajo del puente de piedra que continuaremos a partir de la primavera que viene.
A partir de Enero nos hacemos cargo de la programación de Espacio Orienta, espacio dedicado a la fotografía.
También nos haremos cargo de un proyecto completamente nuevo que tiene que
ver con el Club Deportivo Náutico que a partir de Enero volverá a funcionar y tendrá un nuevo espacio cultural que gestionaremos nosotros.

Habrá exposiciones, presentaciones de libros, alguna actuación musical y conferencias y debates.

Pretendemos que se convierta en un referente en la ciudad, no solo del arte, si no del debate de modelo de ciudad y futuro de
Zaragoza. Esperamos dar sorpresas.
Nuestra intención es dar oportunidades a jóvenes creadores que no tienen ninguna puerta abierta.
Crear nuestros propios proyectos y ayudara llevar a cabo los de otros. Revitalizar las riberas del Ebro a través de la cultura.
Eso es un poco todo más o menos.

Aquí está nuestro blog en el que contamos lo que hacemos y lo que nos gusta de lo que otros hacen:

http://somosartezar.blogspot.com/

 

*La foto: 'Live Painting 2010'..

CASTELLÓN EN EL CENTRO DE HISTORIA

Esta tarde, dentro del ciclo Proyectaragon IV, que dirige con entusiasmo y con criterio Vicky Calavia, se proyecta la película ‘Las gallinas de Cervantes’ de Alfredo Castellón Molina, que está basada en un texto de Ramón José Sender. El acto empieza a las 19.30 con un pequeño encuentro con Alfredo, que estará acompañado del crítico, profesor e historiador del cine Pablo Pérez Rubio, y del periodista Antón Castro. Luego se proyectará la película y habrá una posterior mesa redonda. Será en el Centro de Historia. Recupero aquí una entrevista con Alfredo que apareció en mi libro ‘Vidas de cine’ (Ibercaja, BArC, 2004).

 

 

Castellón y Raúl Artigot. 

ALFREDO CASTELLON:

LUIS BUÑUEL ES MI MAESTRO

 

Julio Alejandro, en su casa de la playa, en Jávea, le dijo tras un mes de colaboración en el guión de San Manuel Bueno, mártir: “Que raro eres, hijo mío”. Alfredo Castellón se define a sí mismo como muy tesonero, muy aragonés, capaz de no parar hasta vender lo que sea: un guión, un proyecto teatral, apuntes de Derecho o retales de tela. Este realizador y escritor es un aventurero insaciable: fue pícaro, viajero por Roma y París, contertulio en el Niké, paseante romano junto a María Zambrano, atleta, meritorio con  Michelangelo Antonioni, cineasta surrealista y uno de los hombres claves en series, Estudios 1, documentales y programas de Televisión Española desde 1956, es decir, durante casi 40 años. Hablamos con un empecinado divertido y afectuoso.

-Mi padre, Manuel Castellón, se dedicaba al negocio de las maderas y mi madre, Isabel Molina, a sus labores. La Guerra Civil nos cogió en Barcelona, pero a los pocos meses nos fuimos a Burriana, donde un ingeniero aragonés, amigo de mi padre, OIiden, construía el puerto de la ciudad. Nos instalamos en una masía, a cuya puerta llegaba el mar. Veinte años después de todo aquello, mi madre me dijo que volviese, y entonces el mar ya estaba lejos porque habían cerrado el puerto, y aquella mirada del mar que yo tenía de niño y que tanto había influido en mí sufrió un verdadero trauma. Empecé hablando valenciano. Mi padre trabajaba en el puerto y no lo movilizaron, aunque tanto a él como al ingeniero y a otros amigos los persiguieron y se escondieron en un bosque de naranjos. Los niños les llevábamos comida al naranjal, y cuando presentían el peligro, se ocultaban hacia dentro, bajo un gran montículo de hojas secas. Me acuerdo del primer delfín que llegó muerto a la arena; le hicieron un agujero en la arena y lo enterraron con cal viva. El peligro fue incrementándose durante la Guerra civil: las  fuerzas regulares de Franco entraban y salían libremente  con los moros, hubo muchos fusilamientos, se paralizó el puerto y sucedió algo terrible. Los delfines acudían al griterío de los niños pero un día vimos que se hacían no agujeros sino zanjas muy alargadas y que venían varios camiones que vaciaban sus volquetes en ellas, luego se cubrían con cal viva, pero entonces ya no se enterraban los delfines sino a los hombres muertos o fusilados en la contienda. Esa es mi última imagen de Burriana.

Tras esa visión espeluznante Alfredo Castellón regresó a Zaragoza e ingresó en el colegio  de los Jesuitas. "No aprobé nunca un curso completo. Era muy botarate. Tenía dificultades de todo tipo porque mezclaba el castellano con el valenciano y el catalán", dice. Sin embargo en aquellos días era imposible soñar el paraíso, Alfredo encontró un remedo en la casa de la abuela Ciriaca –todo un personaje, lista, dispuesta; maternal y ardiente-, donde se juntaba toda la familia: hijos, hermanos, sobrinos, nietos. Allí el niño salvaje que había sido en Burriana, entre naranjos, "con todos los pillos del mundo", volvió a serlo con sus primos, bribones y pícaros, en una nueva pillería de clan. "Era muy bonito aquel ambiente para nosotros: vivíamos en comunidad y los primos nos enamorábamos locamente de las primas. Éramos felices a pesar del racionamiento". Al cabo de un año o así, su padre recobró su negocio de maderas y la familia Castellón Molina pudo tener una casa en el barrio de la Paz.

-Nunca fui buen estudiante, pero aprobé la Reválida a la primera. Y gracias a mi afición por el deporte y la montaña adquirí amistades distintas a las del colegio. Ahí están Alberto Portera, Alonso Lej, Barrachina o José Luis López Zubero. En atletismo nos entrenábamos por la noche en la Plaza de los Sitios con sillas en vez de vallas, y los entrenamientos más serios eran en el viejo campo de Torrero. He sido récord de Aragón durante bastante tiempo en 400 metros vallas, en Granada conquisté el record universitario nacional, y también solía participar en relevos de 4 x 100 y 4 x 400. Jugué mucho a baloncesto como alero. Ángel Anadón era entonces jugador y manager del Helios y discutíamos las tácticas y preparábamos los partidos en una de las salitas del Principal con López Zubero, Enrique y Cipriano Octavio y Félez, entre otros. El primer viaje que hicimos al extranjero fue a Pau y París. Éramos el equipo de la Universidad aragonesa y perdimos en París contra la Universidad del Bearn, creo, por un margen de diez puntos, más o menos. La Federación Española de Baloncesto nos criticó desde el diario Marca diciendo que éramos unos inconscientes.

-¿Continuó usted con el atletismo?

-Sí, luego me fui a Madrid a la Escuela de Cine y vivía en el colegio Mayor Cardenal Cisneros. Bajaba a correr con el poema hecho...

-¿Con el poema hecho?¿Qué quiere decir?

-Sí. En el cuarto había escrito un poema, y durante las sesiones de footing lo iba corrigiendo. Solía llevar bolígrafo y papel y me paraba a corregirlo. Al oxigenársete la mente tanto, ese oxígeno que ibas metiendo te suministraba muchas ideas para cambiar el poema y hacerlo más brillante. Esa costumbre la sigo teniendo ahora en que por prescripción facultativa tengo que andar siete kilómetros al día: he vuelto a coger la libreta y el lápiz para tomar notas o apuntar lo que sea.

La vida de Alfredo Castellón es como un scalextric o como una goma: avanza y retrocede por ella, a su antojo, no sabemos nunca con certeza qué estaba haciendo en 1948, dónde vivía en 1951 o cómo era posible que durante siete años consecutivos pasase todos los octubres en París. Sabemos sí que se matriculó en Derecho en la Universidad de Zaragoza, donde destacó por su astucia y la modernidad de sus chuletas y por su buen olfato para los negocios.

-Mi rendimiento, aún sin aprobar todo, fue relativamente bueno. Ahí lo que hice con mi amigo Pepito Pérez Gállego fue vender apuntes y nos convertíamos en unos negociantes hasta octubre. Llegábamos a conseguir hasta 100 pesetas diarias que nos permitían presumir en el café e invitar a los amigos. Con ese dinero nos íbamos a París pero en realidad no llevábamos dinero en el bolsillo sino cosas para vender:  sobre todo retales de tela de traje. Aquí estaban baratísimos y en Francia muy caros. Vendíamos todos los retales en el mismo tren, antes de pasar Canfranc ya era nuestro gran negocio. Cuando salimos con el equipo hicimos lo mismo.

-¿Qué hacían en París?

-Íbamos al teatro y a la Cinemateca. En esa aventura estaban implicados Julio Diamante y Antonio Saura, a veces. Nuestro truco consistía en que comprábamos una entrada y el que accedía al cine, cuando se apagaba la luz, nos abría la puerta de incendios, entrábamos todos y nos sentábamos en el suelo en la primera fila. Al cabo de un instante pasaba la madame que nos decía de malas maneras. "Pasad por la cola, pasad por la cola. Siempre los españoles, siempre los españoles". Allí veíamos el cine más maravilloso del mundo: El viento de Víctor Sjöstrom, películas de Eisenstein y Pudovkin.

-Supongo que entre viaje y viaje; usted seguía estudiando...

-Sí, claro, pero como aquí en Zaragoza el catedrático Herce había puesto muy caro el Mercantil y el Procesal, yo me matriculé en Oviedo. Puedo decir que cuando se enteraron de eso, se matricularon allí no sólo compañeros de mi curso, sino que hubo toda una peregrinación de estudiantes que se alargó durante cinco años más. Luego trasladé mi matrícula a Santiago de Compostela, adonde llegué con el Mercantil de cuarto y quinto suspendido. Había un profesor muy simpático, casi un ángel, que se llamaba don José. Yo había hecho un viaje en autostop desde Roma a Santiago que había durado quince días, alimentándome sólo con pan y queso, pan y chocolate. Me animé a ir a su casa y me recibió su mujer. Le monté un gran show: le conté mi viaje, le dije que sólo comía caldo gallego, que no tenía ni un duro, por eso sería, dije, sería tan importante para mí superar el Mercantil. Salió Don José y me dijo: "Ya veremos qué puedo hacer, pero no suelo aprobar dos cursos en una sola vez”. Me aprobó.

Hemos dicho que la vida de Castellón es como un scalextric. Quizá también pudiéramos decir que es como un chicle, no soporta bien las cronologías. O acaso no las soporte él mismo, narrador infatigable, contador de historias y de sucesos de modo torrencial como El suplicante, adorable parlanchín. Sabemos que a finales de los 40 ingresó en la Escuela de Cine de Madrid...

-Estuve dos años. Por entonces existía un ambiente muy elemental, tanto que cuando quise realizar mi primera película, Jarillo García (y la cito porque acaba de encontrarla el historiador y cineasta Fernando Méndez Leite) la hice en cine mudo, muy influenciado por Cesare Zavattini y el neorrealismo. Por allí andaban Julio Diamante, Ramón Zulaika, Carlos Saura, Juan García Atienza, que ahora se dedica al esoterismo, o Jesús Fernández Santos, el narrador de Cabezas rapadas o Los bravos, que hacía muchos cortos. Realicé varios documentales sobre Velázquez y su mundo. Y al cabo de un tiempo, Luis García Berlanga me dio una carta de recomendación para Michelangelo Antonioni, que iba a rodar Las amigas. Me fui a Roma, a Cinecittá, y trabajé de meritorio...

-Siempre había creído que había ido a Roma a estudiar en la Escuela de Cine...

-Verá. Trabajé con Antonioni, pero se acabó el dinero y el rodaje en exteriores se retrasó bastante. Entré en contacto con el director de la Escuela y me incorporé a ella. Estuve dos cursos. Coincidí, como alumno, con el austríaco Peter Kubelka, que ahora hace cine de vanguardia en Nueva York, y con Gutiérrez Alea, que era de un curso anterior, con el cual he tomado más de un café. Participé en varios documentales con Silvio Maestranzi. Entonces yo ya soñaba con ser cineasta surrealista. Buñuel es mi director ideal, mi maestro. Quisimos hacer un cuento mío, El suplicante, pero no se llegó a hacer. En Roma aprendí mucho de técnicas de montaje (empalmes, trucos, etc.), la señora Rosana me pasaba en la moviola todas las películas mudas. También recuerdo el hambre, que enlazaba con el hambre de nuestra posguerra. Vivía con Kubelka y con Tranto, un pintor vietnamita, en una fonda cerca de Cinecittá que pertenecía a un barrendero llamado Galizzia. Cada vez que volvía con un pedazo de pan a casa, lo primero que me encontraba era el escobón.

-¿Cómo fue su relación con Antonioni?

-Era muy frío pero simpático. La que en realidad se portó muy bien fue la actriz Rosana Podestá, que estaba siempre acompañada de su madre y me invitaba a su casa a tomar el té. Una de mis mejores amistades en Roma fue María Zambrano, a la cual le dediqué más tardes algunos trabajos en vídeo. Yo ya había escrito cosas, había publicado en Blanco y negro ante el estupor de las gentes del Niké, que no veían nada bien a los deportistas, y María me invitó a colaborar en su revista Boteghe oscure, que publicaba en varios idiomas. En aquel número colaboraron Carlos Barral, Gil de Biedma, Claudio Rodríguez y Adlfo Bioy Casares, entre otros. Nos veíamos todos los días; la acompañaba a darle de comer a los gatos y conversábamos en el parque. Tengo maravillosos recuerdos de la autora de Claros del bosque.

De pronto, con 56 años, falleció su padre y Alfredo Castellón regresó para hacerse cargo de su negocio y ayudar a su madre y a sus hermanos Maribel y Antonio, experto en teatro, que fallecería prematuramente. Poco después, iniciaba una nueva travesía: se incorporaba como realizador a TVE en 1956.

-¿Cómo podríamos resumir su presencia en TVE?

-En 1958, durante las fiestas del Pilar emití por primera vez con la Unidad Móvil de televisión, que era inglesa. Emitimos fútbol, los toros y desde la Feria de Muestras, donde hicimos un travelling de 220 metros. He hecho Teatro breve y series tan conocidas como Visto para sentencia, La familia de los Martínez, El último café o Palma y Don Jaime, con José Luis López Vázquez y Elena María Teijeiro, la primera que se realizó. También recuerdo con mucho cariño Las nubes de Aristófanes con Tip y Coll juntos por primera vez. Televisión me dio la oportunidad de hacer teatro, documentales, series, pero al mismo tiempo me mató la ilusión del cine.

--En esos tiempos, usted debió batallar lo suyo con la censura.

--Desde luego. No se trataba sólo de la censura que te imponían, sino de la que te imponías tú. Si dejabas pasar algo te ibas a la calle. Te llamaban y te decían: “Usted nos ha metido un gol o ha pecado de imprevisión”. Te sentías obligado a ser tu propio censor. Algunas censuras me dolieron mucho: el corte de 25 minutos que me hicieron en un programa de una hora sobre Antonio Machado. Y con una novela mía, que se llamaba El príncipe. Se grabó la novela, pero luego borraban la voz de los actores cuando decían príncipe. Era una cosa increíble, una falta total de inteligencia. Me da vergüenza contarlo. Yo vi la novela con lágrimas en los ojos. También la censura literaria me prohibió un prólogo que María Zambrano había escrito para un libro infantil: El más pequeño del bosque.

Y padecí una cruel censura en Platero y yo (1965), basada en el libro de Juan Ramón Jiménez, que es una película incompleta que sufrió cinco cortes y fue declarada no apta para menores. “Pero esta mierda, dijeron, ¿va a ser apta para menores, con esos obreros caminando?”. Había momentos que recordaban al cine ruso. Tuvo una distribución horrible. Estaba interpretada por Simón Martín, cuyo padre era un banquero londinense, al que no sé cuánto dinero le estafaron. Yo tenía la espada de Damocles en mi cabeza, porque había incluso un director para sustituirme, Klimovsky, que había cobrado y todo. Rodamos en Huelva y en la casa de Juan Ramón, y elegimos el punto de vista de la Loca, a la cual le dedica el libro el poeta.

--Sin duda, su película más celebrada es Las gallinas de Cervantes (1987), basada en el cuento homónimo de Ramón José Sender.

-Vine a Zaragoza y descubrí en la librería de Inocencio Ruiz un libro de relatos de Sender en el que venía Las gallinas de Cervantes. Me pareció que allí había un guión; cuando lo presenté, me dijeron que era una patochada. Luché con esa idea y gracias al productor Salvador Agustín, cuya mujer era aragonesa, pudo salir la película adelante. Se rodó en 1987, aunque en medio yo tuve una angina de pecho (igual que le ha ocurrido ahora a Eloy Fernández Clemente, pobrecito, qué generosidad la de esta tierra con seres como él), y recibió el premio Europa en 1988. El surrealismo de la cinta se entendió mejor en Francia que aquí. Es la historia del fugaz matrimonio de Cervantes con una mujer extraña, que tenía la facultad de convertirse en gallina. Es una película de época, transcurre en el siglo XVII., pero yo hacía aparecer a Sender en el principio de la cinta. Está interpretada por Miguel Rellán y Marra Fernández Muro.

--¿Cuáles han sido las constantes de su trabajo, su estética?

-Siempre me ha gustado la ruptura, el automatismo con ideas e inspiración, no el vulgar juego de café. En cine me identifico, además de con Luis Buñuel, con Salvador Dalí, Alejandro Jodorowsky y Kubelka; en el teatro con el absurdo de Tardieu. Ahora mi gran sueño es llevar al cine nuestro guión de San Manuel Bueno, mártir, de Julio Alejandro y mío, quizá lo haga en México con un actor español. Lo escribimos en Javea, junto al mar, y ha sido una de las experiencias más hermosas de mi vida. Julio era un hombre irrepetible.

 

 

ÁNGEL PASCUAL EN A DEL ARTE

ÁNGEL PASCUAL EN A DEL ARTE

ÁNGEL PASCUAL RODRIGO

 

destellos en la noche  --  sombras en el día

 

Galería A del Arte

Del miércoles 10 de noviembre al 30 de diciembre

 



Ángel Pascual Rodrigo nació el año 1951 en Mallén. Vivió en Zaragoza y Montmesa hasta 1982, año en que trasladó su vivienda y estudio a Campanet, Mallorca.



En 1970 formó con su hermano Vicente un equipo de creación plástica, al que en 1974 dieron el nombre de La Hermandad Pictórica Aragonesa; realizando numerosas exposiciones, instalaciones y proyectos.  A partir de la disolución del equipo en 1989 ambos hermanos continuaron su labor en solitario.



A mediados de los 70 causó sorpresa que él y su hermano decidieran modificar su línea —claramente vanguardista y política— hacia un paisajismo simbolista.  Fue antes de que ellos mismos conocieran la obra de Caspar David Friedrich y se produjera su valoración generalizada.  El tiempo ha confirmado la singular contemporaneidad de aquella determinación.

 

Ha expuesto su obra en más de 100 exposiciones individuales en todo el mundo: Londres, Ammán, París, Roma, Berlín, Atenas, Moscú, Nueva York, Chicago, Basilea, Washington… y en las principales ciudades españolas: Madrid, Barcelona, Zaragoza, Santander, Pamplona, Granada, Oviedo, Valladolid, Vitoria, Huesca, Teruel…



La fugacidad y la permanencia del instante constituyen los temas medulares en la obra de Ángel Pascual Rodrigo.  Las obras que conforman esta exposición siguen manteniendo una actitud contemplativa, alejada de pretensiones y grandilocuencias que desvirtúen su coherencia.  Las metáforas que se plantean van de lo cercano a lo lejano y toca al espectador descubrirlas.

 *Este texto pertenece a la promoción de la muestra de A del Arte, que dirigen Mariano y Montse.

 

 

BORRADORES: CINE, TEATRO, CIRCO, POESÍA...

[Borradores recibe esta medianoche, en el plató, a Miguel Ángel Tapia, coordinador del Festival de Jazz de Zaragoza, y a José Antonio Aguilar, director de la SCIFE. Roberto Barra y Azucena Gimeno recorren los 25 años del grupo Caleidoscopio. Reportajes: Fernando León de Aranoa habla de ‘Amador’, Miguel Ángel Ortiz visita el circo con ‘Troupe’, y el mundo de Mayumaná. Actuación musical: Nora María Lastre, violín, y Enrique Bagaría, piano.]

 

Esperanza Spalding.

Borradores dedica su programa de esta noche  al mundo del espectáculo. Recibe en el plató a Miguel Ángel Tapia jr., coordinador del Festival de Jazz de Zaragoza, que cuenta este año con Esperanza Spalding y Chucho Valdés, entre otros, y recibe también a José Antonio Aguilar, director del Festival de Cine de Fuentes, que rinde homenaje a Álvaro de Luna y ha creado un espacio de cine y vino, del que se proyectarán la obra ganadora y los dos accésits. Roberto Barra y Azucena Gimeno, fundadores del grupo teatral Caleidoscopio, recorren la trayectoria de una compañía que rebasa los 25 años y prepara una gran exposición en el Centro de Historia: ‘El pez dorado’.

Alvaro de Luna recibirá 'La dama de Fuentes'.

 

En el capítulo de reportajes, Borradores ofrece una extensa entrevista con el realizador Fernando León de Aranoa, acerca de su última película, ‘Amador’; Miguel Ángel Ortiz Albero se adentro en los interiores del Circo Mundial para hablar de su libro de poesía ‘Troupe’ (Olifante), que aborda la vida, el misterio y las acrobacias de un circo. Y el grupo Mayumaná, a través de Aka Jean Claude, explica su método de trabajo, el concepto de sus espectáculos que mezclan teatro, danza, música, con motivo de su presencia en el Teatro Principal de Zaragoza.

 

Magaly Solier, actriz de 'Amador'.

La actuación musical, en directo, corre a cargo de la violinista Nora María Lastre, una joven cubana afincada en Zaragoza desde hace tres años, y del pianista y profesor Enrique Bagaría. Ambos pertenecen al Conservatorio Superior de Música de Aragón. Tocan dos temas de Brahms y Ravel.

 

Borradores. Aragón Televisión. Noche del martes al miércoles. A las 0.45 horas.

EL SILBO CON MIGUEL HERNÁNDEZ

La casa de Miguel Hernández en Orihuela, tomada de domuspucelae.blogspot.com.

Este mes se cumple el centenario de Miguel Hernández y lo estamos significando:


En La Topera

Hoy lunes, acabamos el ciclo de charlas y sopa de cebolla, a las nueve. 

 

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En el Teatro Arbolé:

 

RAYO, VIENTO Y AUSENCIA DE MIGUEL HERNÁNDEZ .

 

Días 30 y 31, a las 21 horas

 

 EL MUNDO DE MIGUEL (para niños a partir de 3 años)

Día 30, a las 18 hs. Día 31, a las 12 y 18 horas.

MARÍN BAGÜÉS, EN CAJALÓN

MARÍN BAGÜÉS, EN CAJALÓN

Grabamos ayer para ‘Borradores’ la exposición de Francisco Marín Bagüés (Leciñena, 1879-Zaragoza, 1961) que se inaugura esta tarde en Cajalón. El comisario es Manuel García Guatas, que ha reunido 65 obras de 20 colecciones e instituciones: la muestra tiene, de entrada, la virtud de presentar a las jóvenes generaciones (hace 31 años que no se veía al artista en una muestra totalizadora) a un pintor excepcional que practicó pintura costumbrista, la pintora histórica, el retrato y el bodegón y el paisaje, y que poco a poco fue realizando una obra poderosa de colorido, textura, transparencia y untuosidad, una pintura llena de delicadeza, de variedad, de intensidad y, a menudo, de irregularidad.

Manuel García Guatas ha dividido la exposición en tres partes: una dedicada a los retratos, algunos excepcionales, de una gran sabiduría introspectiva y expresiva, ahí figura 'Las tres edades'; otra a las obras de contexto general, desde sus inicios hasta ‘La carrera de pollos’, y en esa sala hay piezas deslumbrantes, de pequeño formato, o la grandiosa ‘El pan bendito’, ese cuadro en el que Marín Bagüés dialoga con Gutiérrez Solana y con Francisco de Goya. García Guatas dice que los tres grandes maestros de Marín Bagüés son Velázquez, “al que ha copiado mucho, de quien ha hecho reproducciones por pura pasión”, Goya y El Greco, “un pintor que le inspira para realizar ‘Los placeres del Ebro” (obra que que no está en la muestra). La tercera sala es un pequeño gabinete de dibujo, con algunos inolvidables como el de un joven que parece vivo, o el estupendo cartel de 1909 para ‘Heraldo de Aragón’.

Manuel García Guatas, autor de una monografía sobre el pintor que publicó la CAI en la colección Mariano de Pano, ha colocado un autorretrato del artista en cada una de las salas. Y los tres son delicadísimos: el primero es un retrato un tanto sorollesco, de una gran sutileza, que lo emparenta con la espléndida pintura española del siglo XIX; el segundo es un autorretrato de vez, está realizado en 1953, y es una de sus obras maestras: es el autorretrato de un hombre vulnerable, melancólico, inmerso entre sus paisajes de Leciñena y sus sueños del Mediterráneo, con el pincel en la mano. El una obra que mezcla la fragilidad y la determinación del artista. Y el otro es una cabeza pequeña, muy matizada, que adquirió el pintor Eduardo Laborda.

[Los pintores Jorge Gay, Pepe Cerdá, Eduardo Laborda y María Buil explicarán, además del comisario, la obra del artista. Eduardo Capapé, de Cajalón, ha realizado un intenso trabajo de colaboración con Manuel García Guatas. El montaje es de los hermanos Robert. Esta foto, trabajada por Andrés Ferrer, es un retrato de Marín Bagüés de autoría desconocida.]

He tomado esta espléndido cuadro, 'Las tres edades', del blog

http://www.almendron.com, uno de los mejores de Aragón y de asunto aragonés.