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Antón Castro

Artistas

MARISOL AZNAR: ENTREVISTA

“Ser madre me hace conectar mejor

con la vida y con el mundo”

[Esta mujer de admirable vis cómica, apasionada por Zaragoza, se confiesa actriz sobre todo, aunque escribe sketches, piezas de teatro, compone letras de canciones y hace todas las voces femeninas de los musicales de ‘Oregón TV’]

Marisol Aznar con Javier Coronas.

 

Marisol Aznar (Zaragoza, 1972) es uno de los rostros más populares de esa gran familia audiovisual que es Lobomedia, la productora de Félix Zapatero, que ha creado programas de televisión como ‘Que viene el lobo’, ‘Vaya Comunidad’ y, desde hace cuatro años, ‘Oregón TV’ para Aragón Televisión. Marisol se transforma en la pantalla; al natural es sencilla, sonriente y luminosa. Sin trampa ni cartón.

¿Desde cuándo tiene usted esta alma de artista?

A mi padre, Ignacio, siempre le he gustado mucho la música. Él iba en rondallas de jota. Se lo pasaba muy bien. Ese entusiasmo y afición a la música la contagió en casa, empezando por mi madre. Somos tres hermanas y las tres ocupábamos siempre el sofá y lo compartíamos con la guitarra, ella siempre estaba ahí como el paisaje inevitable de fondo. Mis hermanas Marga y Elena cantan y cantaban muy bien…

Usted tampoco lo hace mal. El pasado domingo hizo todas las voces femeninas de ‘Oregón Musical’ en la sala Multiusos… ¿Habrá tenido que estudiar mucho?

Sí, claro, pero ahí me ayuda mucho mi compañero David Angulo. Él me graba, me dirige, hacemos todo tipo de pruebas, empezamos, volvemos a empezar, David corta y ajusta, tiene mucha paciencia conmigo. Cuando tengo un tono de voz parecido a la cantante que imito es más fácil. Lo que yo hago son imitaciones de voz, exagero un gesto, por eso tengo que ver muchos vídeos, busco el humor, pero no tengo la voz de Rocío Jurado, claro…

Digo que ahora sus padres, tras un éxito como el de la sala Multiusos o el de la tele, estarán orgullosos de usted…

Están orgullosos, sí. Las cosas nos van bien. Ellos siempre me han dejado hacer teatro o música con la condición de que no descuidase los estudios. Me he dado cuenta luego de lo importante que ha sido todo eso. Esa exigencia me creaba una tensión especial y una responsabilidad. Yo era muy payasa desde muy pequeña. Ahora algunos compañeros míos de cuando era niña, a los que a lo mejor no he vuelto a ver en mucho tiempo, me lo recuerdan por el facebook.

Sigamos. Decía que sus padres eran exigentes…

Yo siempre he hecho teatro. En el colegio, en el instituto, en la universidad. Me matriculé en Historia. Cuando llegué a tercero de carrera le dije a mi madre, Visitación, que iba a apuntarme a la Escuela Municipal de Teatro. Y ella me dijo que si lo hacía era cosa mía, que debía financiármelo yo y, sobre todo, que no podía dejar la carrera.

¿Hay alguna razón o influencia que le llevase a inclinarse por la escena?

No lo sé, pero siempre me veo así, con vocación de actriz. He tenido mucha suerte. Estoy con los mismos compañeros prácticamente desde el instituto. Allí surgió un grupo que nos hemos dedicado al teatro, a la animación, y que hemos estado juntos desde entonces. Éramos amigos del alma, y lo seguimos siendo. Y entre ellos figuraban ya Yolanda Blanco y David Angulo, con quienes trabajo ahora en ‘Oregón TV’…

Y de golpe también se lanza a la escritura…

El grupo evolucionó a partir de vivencias muy bonitas. Íbamos probando cosas. ¿Escribir? Lo he hecho porque me ha tocado, porque en realidad yo lo único que hubiera querido ser es actriz. Ahí es donde me siento muy relajada. Tranquila. Escribir es como una gran responsabilidad, exige mucha concentración, es una tarea muy cerebral. Eso sí, luego te pones y te sale también lo visceral y te ríes de todo mientras escribes.

¿Por qué le ha tocado escribir?

Después del grupo Hécate que tuvimos en el Instituto Pedro de Luna, estuvimos en la Escuela de Teatro y también en el Teatro de la Estación. Hubo un momento en que decidimos irnos y hacer algo por nuestra cuenta. Tanto Alfonso Palomares como Francisco Fraguas y yo teníamos una serie de sketches en la cabeza, y empezamos a escribirlos.

Y de ahí han salido tres obras de teatro…

Sí, ‘Cinema Maravillas’, ‘La biblia según San Clown’ y ‘En pie de guerra’, una pieza que representamos este fin de semana en Teatro Arbolé con Los McClown sobre las guerras imperialistas del siglo XX.

¿Cómo dio el salto a la tele?

Eso aún fue más casual. Los contactos que habían tenido con la televisión me habían descorazonado mucho. Me parecía que era un medio vertiginoso, dominado por la prisa. No me gustaba. Lo había visto con nuestra banda Al Son del Sur. Todo eran prisas. A finales de los 90, yo ya tenía mi grupo teatral y andaba de ensayos. Sabía que se había convocado un castin para la tele. Me dije: “Si terminamos pronto los ensayos, iré”. Lo lógico era que no llegase a tiempo; sin embargo, acabé y me presenté allí. Félix Zapatero, que ha sido y es una persona esencial en mi vida, buscaba una actriz que hiciera entrevistas y reportajes en la calle.

¿Y?

Hubo un momento en que me dije: “Pero, ¿qué hago yo aquí ante ese señor serio y con bigote? Ni soy una tía buena ni nada por el estilo”. Félix Zapatero me conocía por Los McClown y porque acababa de ser semifinalista en ‘El Club de la Comedia’ de Canal Plus. Y les debí gustar.

De eso no hay duda. ¿En qué consistía la prueba?

Tenía que cantar, contar un chiste, dar una noticia. Varias cosas. El castin me lo hicieron Luis Larrodera y Javier Coronas. Y así empecé a hacer reportajes en ‘Que viene el lobo’. Casi de inmediato, Javier Coronas me dijo que le acompañase en los sketches. Fue una experiencia maravillosa y un aprendizaje permanente. Javier Coronas es un improvisador nato: talento puro. Él es libre como el viento: hace lo que le da la gana. Poco después, cuando empezó a trabajar mucho en Madrid y se vio sobrecargado de tareas, me dijo que escribiera yo, y empecé a escribir sin parar. Ahora lo sigo haciendo pero Lobomedia también tiene otros guionistas: José Antonio Videgaín, Jorge Asín, Francisco Fraguas…

¿Cómo definiría su sentido del humor?

No me resulta fácil. Yo me he formado con el clown, donde se gesticula más que se habla, y también he visto con mucho interés el humor de los hermanos Marx. También ha sido muy importante el humor de Coronas, sus juegos de palabras. Con todo eso y un poco de observación de la gente de alrededor, en los mercados, en el bus, en las panaderías, ha ido desarrollándose este humor que pretende simpatizar de verdad con la gente, que provoca risas afuera y dentro, que te lleva a la incontinencia verbal en ocasiones. Yo creo es un humor blanco, payaso, un poco absurdo, aferrado a los sentimientos de la gente y de la tierra. En ‘Oregón TV’ y en Lobomedia somos un poco como una familia muy bien avenida.

Tras el éxito que están teniendo, ¿cómo la tratan en la calle?

Me tratan con cariño y simpatía. “Me gusta mucho lo que hacéis”, suelen decirme a mí y a mis compañeros. Digo gracias y avanzo. En mis papeles soy atrevida, y en la vida normal cortada. Lo más desconcertante es cuando alguien te dice, con una espontánea naturalidad: “¡Hola, Marisol!”. Te quedas un rato pensando si será alguien de la familia a quien has olvidado, y te dice: “Tú no me conoces a mí, pero en casa eres como de la familia”. Algo así ocurrió en el concierto: la gente se sabía las canciones de memoria y nos sentía muy cercanos.

En este recorrido por su carrera no hemos hablado de su condición de letrista, de sus versiones, en clave somarda de la actualidad de Aragón…

Travestirse como otra cantante exige trabajo, repasar los vídeos, descaro y sentido del humor. Te disfrazas de Amy Winehouse y te entra de golpe el alcohol por la venas. De algún modo, tanto yo como mis compañeros intentamos revivir las vidas y las canciones y los gestos de Elvis, de Freddy Mercury, de Marisol, de Tina Turner, etc. Canciones hay muchas. Cuando vas a hacer una letra, el problema es de qué vas a hablar. A veces sale fácil y en ocasiones tienes que darle muchas vueltas a las cosas. En la cama se me ocurrió ‘Estando contigo’ de Marisol o vi de inmediato ‘Hija de La Muela’, en clave de Mecano.

Laura Gómez-Lacueva cantando 'Hija de la Muela'.

¡Vaya lío han tenido con ese tema!

La alcaldesa nos puso una querella por una pieza de humor, la ‘Barbi Pinilla’, y en medio yo había escrito ‘Hija de La Muela’. Lo hablamos con Félix y con Samuel Zapatero, que nos miman mucho (de tal palo tal astilla), y decidimos seguir adelante: la cantamos. Era un poco aquello de si no quieres una taza, toma taza y media…

El otro gran éxito es ‘Les jode mucho’, donde ironizaban sobre el reino de Oregón y el lugar de Cataluña en la historia.

A veces lo que nos moviliza es ir contra algo. Y aquí esa idea de ir contra los catalanes conecta bien con el público. Pero no deja de ser una parodia.

¿Es un tópico decir que al aragonés le estimula jugar a la contra?

Aquí somos muy duros con nosotros mismos. Si a alguien le va bien, se suele decir ya caerá, ya fracasará, a ver cuánto le dura. Parece que cuesta reconocer el trabajo de los demás, y a la vez me gusta mucho ver cómo un programa como el nuestro moviliza a muchas personas, genera corrientes de cariño y de identificación. Es como una paradoja. Sabe…

¿Sí?

Cuando vas a un acto público, una tertulia, a un colegio, siempre acaban por hacerte esta pregunta: “¿Cuándo os vais de aquí, cuándo os marcháis a Madrid o a Barcelona?”. Siempre les digo que no me quiero ir, que vivo muy bien aquí, que Zaragoza es una ciudad acogedora, abarcable, llena de rincones y de espacios para estar y para pasear. A mí, además, me gusta mucho la gente. Estuve un par de años en Madrid haciendo ‘XXL’ para Canal Plus con Javier Coronas y lo pasé fatal: salías a las seis de la mañana, te pasabas dos horas en un atasco y volvías a casa a las nueve de la noche. ¿Quién te las devolvía luego? Solo hay una cosa a la que no me acostumbro: me vuelve loca el cierzo, me enloquece el viento. Y eso ya me sucedía de joven: nací en el Barrio Jesús y cruzaba el puente del Ebro a diario hasta los diecisiete años.

En el concierto, también había críticas a la ciudad, al ambiente cultural.

Eran críticas a la gente que gestiona las cosas. Aquí somos muy dejados. Somos estoicos, seguimos aguantando mecha hasta el final y a menudo dejamos que las situaciones se enquisten hasta el infinito o la indiferencia. ¿Cuántos años llevamos esperando a que se homologue la Escuela de Teatro? Quien tiene el poder de hacerlo se esconde. Y era una crítica también a ese clima de indiferencia: ¿se habrán dado cuenta de la cantidad de cosas que hacemos, de los artistas que salen, de los actores que actúan, de los pintores, escritores, música y diseñadores que hay, a pesar de los pesares?

Hace algo menos de dos años, fue madre de una niña, Inés. ¿En qué le ha cambiado la vida?

Le pusimos Inés porque es un nombre sencillo y corto, de siempre, de tradición teatral. La niña me ha hecho mejor persona, me ha hecho conectar mejor con la vida y con el mundo. Creo que soy mucho más sensible e impresionable a un sinfín de detalles de la vida cotidiana, sobre todo en el terreno de las emociones.

 

La irresistible vocación de ser feliz

 

Confiesa Marisol Aznar que no es mitómana. Si piensa en un nombre de actriz le viene a la cabeza Victoria Abril; entre sus escritores favoritos figuran Luis García Montero y Almudena Grandes. Si piensa en una cantante, recuerda a Mercedes Sosa y, en otra dirección, a Sting, en concreto un disco: ‘Nothing like the Sun’, aunque su músico predilecto lo tiene en casa: el compositor, intérprete, actor y diseñador David Angulo. Dice: “David encarna el espíritu de los dos grupos musicales en los que he participado: Al Son del Sur y A la de Tres, y el espíritu mestizo de ‘Oregón’. En los últimos tiempos me he dado cuenta de que David, ante todo, es un gran músico, capaz de hacer muchas cosas: himnos, bandas sonoras para cine y obras de teatro, discos. Y es muy fácil trabajar con alguien así”.

Muy identificada con Zaragoza, vive el Pilar “casi siempre trabajando. Este fin de semana por ejemplo recuperamos con Los Mc Clown ‘En pie de guerra’, que es un obra muy divertida. En el reparto estaremos Pablo Lagarto, Alfonso Palomares, Laura Gómez-Lacueva, que es una actriz maravillosa, con una tremenda vis cómica, y yo. Pero eso también podría decirlo de ellos. La dirección corre a cargo de Amparo Nogues. Vivo en el centro y en estos días no es fácil ni aparcar ni llegar a casa. Tampoco me quejo. Lo acepto: la gente es muy feliz, y todo pasa”. Asegura que una de sus consignas para vivir es el optimismo. “Todo es llevadero y a mí no me cubica acumular el rencor o la mala baba. Ni soy orgullosa ni rencorosa”.

Dice Marisol Aznar que ya han grabado algunos programas de la nueva temporada de ‘Oregón TV’, donde seguirán apostando por las secciones tradicionales y van a incorporar, dentro del apartado de películas, una sección sobre novelas que hayan sido llevadas a la pequeña pantalla como ‘20.000 leguas de viaje submarino’ o ‘El Quijote’. A propósito de su presencia en el cine revela: “Ni me llaman mucho ni yo puedo llegar a todo. La tele mi tiene absorbida. He participado, entre otros, en dos cortos de Pilar Gutiérrez”.

El compositor, cantante y diseñador David Angulo.

 

IV PROYECTARAGÓN

PROYECTARAGÓN

IV MUESTRA AUDIOVISUAL ARAGONESA

Del 19 de octubre el 23 de diciembre

Zaragoza, Huesca y Teruel

 

 

Alberto Sánchez Millán por Alberto Rodrigálvarez.

 

Panorama de actualidad. Estrenos. Cine-club. Cine en Súper 8 y 16 mm. Espacio Documental. Piezas cortas. Lenguajes Almargen. Voces femeninas. La imagen de la música. Pioneros. Vídeo clips. EducaProyecta. Festivales invitados. Señas de identidad. Ficción de aquí y de allí. La imagen libre. Directos.

 

El cine aragonés vive en permanente estado de buena esperanza y PROYECTARAGON lo quiere celebrar convirtiendo su cuarta edición en un homenaje extenso, e intenso, a tantos y tantos nombres que nos han regalado su vocación en imágenes.

 

Personas con nombres y apellidos que han puesto ilusión, esfuerzo, entusiasmo, intelecto, tesón y sensibilidad al servicio de este oficio, proyectando ante nuestros ojos miles y miles de imágenes con las que poblar nuestra vigilia y nuestros sueños.

 

Miguel París. Fotógrafo y operador de cámara.

Desde la organización te invitamos a asistir a la Inauguración de PROYECTARAGON, IV Muestra Audiovisual Aragonesa y de la exposición Dos cronistas visuales de Aragón: Alberto Sánchez y Miguel París, que tendrá lugar mañana martes 19 de octubre, a las 19.30 horas, en el Salón de Actos CAI (Pº Independencia, 10)

 

Al finalizar la proyección podremos disfrutar de un vino español en la Fiesta Audiovisual de Bodegas Almau (terraza).

 

 Actuación a cargo de: VJ Yago de Mateo & DJ Mena

 

Nos encantará contar con tu presencia, un cordial saludo.

 

Vicky Calavia

Directora de la muestra

Miguel Mena, DJ, locutor y escritor, amenizará la velada del martes en Bodegas Almau. La foto es de Vicente Almazán.

'CALABUCH', POR JEAN VALJEAN*

'CALABUCH', POR JEAN VALJEAN*

CALABUCH

Por Jean VALJEAN

 

De su blog http://www.cuadernosdelfaro.blogspot.com/

 

 

Esta mañana de domingo, al ir a comprar la prensa a mi kiosco habitual, después de haber tomado mi café con churros, me he tropezado, en la cesta de mimbre en la que el dueño del kiosco arrincona los saldos de los que pretende desprenderse ese día, me he tropezado, digo, con dos películas de la primera época de Berlanga del que me considero un admirador incondicional. Las películas son: Bienvenido Mister Marshall y Calabuch. Dejando constancia en estas líneas de que el hecho de escribir primero sobre Calabuch no implica preferencia alguna sobre el otro título, voy a importunar al paciente lector de este blog con unas notas sobre esta película. Y como no me considero un crítico de cine, ni mucho menos de aquellos que puedan desplegar ante el espantado lector una amplia bibliografía sobre este arte, por mí firmada, no puedo meterme en unos jardines de los que yo sé positivamente que puedo salir como salió (de donde y cuando saliera) el famoso Gallo de Morón, o sea, sin plumas y cacareando... ¿No era así? De tal manera que sólo puedo hilvanar algunas ideas, bastante subjetivas, aliñadas con una pizca de metáforas para urdir la trama de eso que se llama artículo literario y que se ubica grosso modo entre el ensayo y la receta de cocina.


Aunque no recuerdo el año exacto ni las circunstancias que rodearon mi primer encuentro con esta magistral cinta de Berlanga si me atrevo a postular, por el año en que se rodó, que debió de ser por los tiempos de mi Primera Comunión y el lugar, casi seguro el Cine Astoria de la barriada de Haddú, en mi ciudad natal, Ceuta, en alguna de aquellas tardes de sábado en las que mi madre nos preparaba a mi hermana y a mí una cestita de mimbre (la cestita de mimbre era propiedad de ella, de mi hermana, y procedía por lo visto de algún disfraz de caperucita roja estrenado en alguna fiesta familiar o de barrio) con algo de merienda y una botella de gaseosa de un cuarto de litro que cuando habíamos consumido en perfecta camaradería yo me encargaba de llenar de agua en los rancios urinarios del viejo cine.

Nada más llegar a casa, me he encerrado con mi pequeño tesoro en la biblioteca; he bajado la persiana (como el que va a cometer alguna execrable fechoría y quiere ocultarse a la vista del vecindario) para recrear la completa oscuridad de una sala de proyección, o sea el ambiente del cine de barrio en el que vi por primera vez esta película en compañía de mi hermana que, más pequeña que yo, y dependiendo de mi tutoría para poder asistir al cine los días de entre semana, aguantaba con una estoicidad marmórea las tres o cuatro repeticiones de proyección con que yo impíamente la castigaba....Creo que con el maestro Berlanga tenía al menos la justificación de haberla martirizado con uno de los grandes maestros del cine europeo, que sin duda al menos para mí lo es junto al gran Federico Fellini.

Pero, vamos a la película...


Ese viejo profesor que ha huido de los "USA", ese papá Noel de celtas cortos, alpargatas y eructos de sardina arenque, pero que encierra bajo su venerable calva todo el saber de los presocráticos, ese -en fin- Hemingway exquisito pasado por Diógenes llega a este pueblecito por el mar, como Ulises, y cuando toma posesión de sus playas comienza a presentarnos los personajes de esta historia que van naciendo a medida que él va marcando sus pasos por la isla, o lo que aparenta ser una isla, pues hasta ese torero (Jose Luis Ozores) que parece como si dudara entre ser Cantinflas o ser Gila, y que ha formado una pareja “de hecho” con su joven vaquilla parece como si viviera en alguna arruga de los decorados, comiendo, en los descansos, su pan de soldado y su lata de sardinas en aceite, y echándole, mientras abre la lata, a su compañera bicorne, piropos de alameda provinciana. Además de que cuando hablan (me refiero ahora a los habitantes de Calabuch) cuando hablan de ir a Guardamar dicen de ir en barca... Lo que les digo...¡Una isla!


Georges Comosellame, el famoso físico norteamericano huido –repito- de una terrible base secreta norteamericana nos va presentando a los habitantes de este pueblo que parece sacado de un relato homérico, unas gentes que si calzaran sandalias y vistieran ligeras túnicas nos trasladarían -sin cambiar una coma del guión- a un pueblecito griego de la época de Sócrates.


Nada más llegar, el señor Jorge se hundirá de hoz y coz en un duelo entre el Cabo de la Guardia Civil y dos paisanos que trabajan a plena luz del sol en el oficio más antiguo de estas costas, el estraperlo. Berlanga lo trata con toda la ternura y la magia de su maestría, y lo que podría ser una escena del tremendismo celiano, como el de La Familia de Pascual Duarte, el genial director lo convierte en una viñeta de Ibáñez; parece como si estuviera preparada para disfrute del viejo forastero que lo contempla todo, como nosotros desde nuestra butaca, enternecidos por ese disparo que suena a caseta de feria y a verbena en el casco del romano, un romano de cartón y engrudo, un romano “de mentirijillas” como decíamos de niño. Con el alijo entre sus manos, el tío Jorge, (como terminará siendo conocido entre los naturales de esa isla) camina por la playa hacia el caserío para encontrarse con el Langosta, y en ese camino tropieza con otro personaje que por el oficio que ejercita en ese momento parece sacado de ese mismo relato de Homero que hemos citado; se trata de un joven que está pintando las mejillas de una joven barca destinada a convertirse en el carro de Neptuno nupcial de una joven pareja de calabucenses; aquí tenemos un Aquiles pintor, joven y optimista que con la sangre de sus ilusiones pinta la barca para unos futuros esposos y que confiesa con una risa angelical que las “eses” (pintar “eses”) se le da muy bien...


Pero, sigamos con nuestro hombre.


Nada más ver el rostro bondadoso de este intelectual yankee, exiliado del Manhattan nuclear en que la posguerra ha convertido al mundo, adquirimos la firme convicción de que él lo arreglará todo, de que si en ese pueblo existía algún problema, la magia de su mirada colocará cada cosa en su sitio. Así vemos como todos los habitantes del pueblo se van transformando al contacto con la mirada y la sonrisa de este forastero que, después de pasar con el Langosta su primera noche en la cárcel/fonda se levanta de su camaranchón con el optimismo del hombre que ha recuperado la fe en el hombre, con la vitalidad de Tarzán en su jungla, y cuando todo el Servicio Secreto americano anda tras su pista a él solo se le ocurre pedir de tomar un baño, y no le sorprende en absoluto las relaciones paternofiliales que el terrible guardia civil (lo de “terrible” es, naturalmente, una broma) ha establecido con su detenido. Si en ese instante, el Cabo (que hacía de monje en Marcelino Pan y Vino) se pusiera un delantal y le sirviera el desayuno no le parecería nada extraño. Por eso, cuando su amigo el maquinista le insiste para que no abandone el pueblo, él, deseando poder responder, suelta a pecho abierto: pero si yo no quiero irme de aquí. Me gusta Calabuch, me gusta mucho lo que aún sorprende más al joven maquinista del cine que al contrario que el anciano fugitivo sueña con grandes urbes como las que ve todas las noches en las películas que proyecta para sus paisanos.
Por mi parte debo decirles que yo me he quedado extasiado con la vista panorámica que Berlanga nos ofrece de Peñíscola (Calabuch). Una panorámica de unos años en que yo no pude conocerla; creo que viviendo en Barcelona, y viajando en moto desde esta ciudad hasta el sur de la península me detuve una vez en esta villa pensando que me iba a encontrar la Calabuch de la película, pero, el amasijo de cemento y ceramica vertical me rompió la bella imagen que yo traía en mi cabeza.

El farero que nos presenta Berlanga, más que un marino al que la marea hubiese expulsado a tierra, parece un pacifico librero "de viejo" de la Cuesta de Moyano de Madrid trasplantado a las costas de levante; juega al ajedrez y lee; no le gusta pescar y la torre de su faro, lejos del rompeolas, guiña torpemente su ojo de tercera categoría desde los callejones del pueblo, como un triste y solitario semáforo de plaza. En todo el transcurso de la historia, don Ramón (¡un farero con don!) no baja nunca de la torre ni siquiera cuando su amigo, el señor párroco, se acerca hasta la crujía del faro para reprocharle las trampas en el juego de ajedrez; porque esta es otra: contándose escasamente cincuenta metros la distancia que separa al faro de la iglesia, estos dos fieros contrincantes juegan al ajedrez por teléfono.


La maestra de escuela me ha recordado (ahora por primera vez) a una niñera que teníamos en casa cuando entre mi hermano y yo juntando nuestras edades no conseguíamos formar un número de dos dígitos ¿Me explico? Esta joven se llamaba Ana, Anita, y tenía la estructura ósea de esa maestra de Calabuch, y también, como la maestra, llevaba aquellas faldas de vuelo hasta las rodillas con la delgada cintura recogida por un cinturón ancho y negro, y las cúpulas de sus pechos, en aguda punta geométrica, como mandaban los cánones de la época. Anita nos llevaba todas las tardes a pasear a los Jardines de San Sebastian (hay foto) al final de los cuales había una barranquera en cuyo fondo, semi enterrada entre la maleza se encontraba la antigua estación de ferrocarriles Ceuta-Tetuán, que con su arquitectura neoárabe le daba al conjunto todo el aire de una escena de jungla hollywodense, ¡vaya! de película del famoso arqueólogo de látigo y revólver....¡eso! de Indiana John...que no me acordaba. Anita tenía una hermana más joven que ella e igual de guapa que trabajaba como asistenta en un chalet que había (aún está) subiendo desde la Puerta de El Campo hasta el Morro.

De regreso a casa siempre hacíamos una parada en este chalet donde la hermana de Anita nos recibía por la puerta de servicio. Y en la cocina, que a mí me parecía como las que veía en las películas americanas, aquellas que se conocían popularmente como “de teléfono blanco”, nos servían unos enormes vasos de leche acompañados de bizcochos mientras ellas hacían la tertulia cuyo tema era siempre los fueros y desafueros de sus respectivos novios; la leche debía de ser de la buena (no de la que nos llegaba, “en polvo” de la ayuda americana) porque nos dejaba el bigote blanco y pegajosillo. El novio de la hermana de Anita trabajaba de conductor en aquellos autobuses pintados de negro y rojo, como la bandera de la CNT y que hacían la línea Tetuán-Ceuta. Yo ya me he olvidado de su rostro. Algunas tardes saltaba las tapias del chalet, y después de apretujar a la hermana de Anita contra la encimera de la cocina, y si nosotros estábamos allí, nos daba a mi hermano y a mí unos cachetes cariñosos en la cara y, a pesar de los fregoteos con saliva que nos daba Anita, nos dejaba toda la tarde oliendo a gasoil de motor. Todo muy Berlanga, sí.


Pero dejemos el terreno de la autobiografía para otros archivos digitales y sigamos con Calabuch.

Parece –iba diciendo- como si todo el pueblo se fuese transformando a medida que el anciano científico va paseando por sus calles. La cárcel, contra toda ortodoxia, permanece con las puertas abiertas las veinticuatro horas del día, y el único preso que tiene, que se relaciona con la carcel como un viajante de comercio se relaciona con su pensión (hasta el punto de que a veces llegamos a confundir al Cabo con una portera del Madrid decimonónico) acude a ella sólo para dormir y probar las delicatessen que la hija del Cabo prepara en la cocina, la cual se perfuma para su novio canalla con las goyerías que su padre le requisa al maquinista guapo, que le echa de vez en cuando películas de Juanita Reina para tenerlo distraído en el corral del cine junto a su subordinado intelectual mientras él con sus compinches arrima el alijo de contrabando hasta la playa. En esta ocasión la Teresa, según comentarios del Cartero, se perfuma el envés de sus orejitas con chanel número cinco acudiendo, ya lo hemos dicho, a los paquetes requisados al contrabando.
Ya les digo, el pueblo entero parece sacado de la tira cómica 13 Rue del Percebe que tan popular hiciera, precisamente por esos años, el genial caricaturista Ibañez en las páginas de TBO. Y al final de la película, (que es toda ella como un sueño feliz) el sueño se acaba, la ilusión se rompe, y ese duendecillo bueno que una mañana, como un cangrejo despistado apareció en aquella playa, se va por los aires, que es como se van los duendes. La Cruella de Vill del Pentágono, con su Séptimo de Caballería a las órdenes de un Almirante americano que parece un empleado de Correos, se lo lleva por los aires a bordo de un helicóptero color marmita o de envoltura de chocolate.


Termino:
Cuando yo era niño, y cuando en presencia de nuestros padres, cualquier vecino o vecina pelma nos preguntaba aquello tan clásico de... A ver niño… tú qué quieres ser de mayor todos contestábamos sin saber muy bien su significado: Señora (o señor) servidor de mayor va a ser Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos Si me preguntaran ahora aquello mismo, no lo dudaría ni un instante: Yo, de mayor, quiero ser Calabuch.

 

*Jean Valjean me escribe desde Ceuta y me dice que ha escrito un artículo sobre una de mis películas favoritas: 'Calabuch'. Me fascina ese mundo y los amores imposibles de la maestra y el contrabandista. Y el faro, y el ajedrez, la sensación de apacible felicidad.

DE NORMA JEAN A MARILYN MONROE. 2

DE NORMA JEAN A MARILYN MONROE. 2

La niña Norma Jean. Una belleza sencilla.

DE NORMA JEAN A MARILYN MONROE

DE NORMA JEAN A MARILYN MONROE

Marilyn Monroe está muy de moda de nuevo con la publicación de su libro de poemas y otros textos. En Valladolid exponen retratos de la joven Norma Jean. Uno de ellos es éste: Norma Jean, luego Marilyn Monroe, esa mujer compleja y fascinante, capaz de leer a Joyce, o de intentarlo al menos, de escribir poemas, casi todos dramáticos, y de enfrentarse al genio de Goya.

 

Ella era así.

EL MISTERIOSO VAL DEL OMAR. POR ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS

 

El genial naufragio de Val del Omar

El Reina Sofía reúne la obra de este inclasificable cineasta e inventor.

El museo quiere incluir en su colección su laboratorio de trabajo

 

ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS (EL PAÍS)

Inventor, cineasta, artista, poeta, visionario... ninguna etiqueta basta para definir a José Val del Omar (Granada, 1904-Madrid, 1982), figura única de la historia del cine y de las vanguardias españolas que murió en el olvido rodeado de sus inventos, sus cámaras, sus máquinas y sus latas llenas del cine más audaz, raro y misterioso que pueda imaginarse. Aquel cine, aquel feroz intento de modernidad en una España demasiado alejada de cualquier avanzadilla estética, se puede descubrir ahora en la exposición que le dedica el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía: desbordamiento de Val del Omar, viaje único a lomos de un náufrago, un recorrido por la obra y la vida (esta vez, como tantas, inseparable) de un hombre con algo de genio loco, de chamán místico o de Dr. Frankenstein.

En la muestra que ahora abre sus puertas, y que permanecerá hasta el 28 de febrero del próximo año, emerge no solo el cine de Val del Omar sino la construcción de ese cine, el proceso creativo ("Soy una criatura enamorada de la creación, que vibra entre la teoría y la práctica") y el lugar de ese rito creativo: el laboratorio.

Con la fuerza de un barco fantasma emerge el espacio físico donde Val del Omar se encerró durante años para dar luz y movimiento a sus ideas. Trasladado pieza a pieza desde su casa del norte de Madrid (lentes, filtros, polarizadores, láseres, pantallas, grabadoras, hasta la caja de un infantil cine Exin...), el laboratorio PLAT (tientos en Picto Lumínica Audio Táctil) es, como explica el director del Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, una pieza de arte en sí misma. "Y por eso queremos quedárnosla. Es una maravilla", dice señalando los dispositivos ópticos y mecánicos de un lugar desde el que es fácil imaginar porqué la historia de Val del Omar es la de un genial naufragio. "Tenía poca relación con el resto del mundo porque sencillamente quería hacer lo que le daba la gana. Era un tipo antisocial, un guerrillero de sí mismo, un hombre sin profesión porque su profesión era él", recordaba ayer Gonzalo Sáenz de Buruaga, su yerno y uno de los especialistas en su obra. "Era un individualista y eso se paga. Hay que estar en una tribu para que se hable de uno, y él era un naufrago que solo creía en sí mismo. Eligió vivir así".

Ahondando en la imagen del inevitable fracaso escribe Víctor Erice en uno de los textos que acompañan a esta exposición: "Se naufraga siempre, dice una voz razonable...": así se expresó Val del Omar en Aguaespejo granadino, dejando entrever una idea de destino que se relaciona no solo con el sentimiento de pérdida que le acompañó en tantas etapas de su actividad profesional sino también con algunos de los términos más íntimos de su propia poética, aquellos que brotan de su visión del cine como un fenómeno espiritual único, siempre sometido a la dura prueba de la realidad. De ahí el carácter extraordinario, ejemplar, de su experiencia; de ahí, igualmente, su drama como artista. ¿Contradicción eterna entre materia y espíritu? Su aventura más bien, de la que el cine -arte e industria- constituye uno de sus más precisos ejemplos.

Los tres cortometrajes del Tríptico Elemental de España, la obra más conocida de Val del Omar, rodados entre 1953 y mediados de los sesenta, clausuran una exposición que arranca en el anonimato de Las misiones Pedagógicas para cerrarse con el "Sin Fin" -y no el "Fin"- del fundido en negro de sus películas. Val del Omar llama a la puerta de los sentidos con su poética para mostrar un país que latía a ritmo de flamenco seco, imágenes religiosas de agua y fuego. El cine al servicio del delirio artístico de un hombre que escribió: "Yo soy un río cuya alegría es derramarse" o, tocado por un instinto más trágico, "Vinimos por el agua -nos hicieron barro. El fuego de la vida nos va secando".

'IL MONDO MIO' EN MONTEVIDEO

'IL MONDO MIO' EN MONTEVIDEO

'IL MONDO MÍO', EN LA SECCIÓN OFICIAL DEL 5º FESTIVAL INTERNACIONAL MONTEVIDEO FANTÁSTICO

 

Desde el martes 12 y hasta el domingo 17 de octubre inclusive tendrá lugar en las dos salas de Cine Universitario (Canelones 1280) la quinta edición de Montevideo Fantástico, el Festival Internacional cinematográfico de terror, fantasía y ciencia ficción en Uruguay.


Para este año el evento contará una vez más con numerosos trabajos de casi 20 países, donde se podrán ver materiales en competencia, novedades, muestras informativas, y homenajes a destacados maestros y cineastas del género, como Lon Chaney, el uruguayo Román Viñoly Barreto, Wolf Rilla, Freddie Francis y Dan Curtis.


Dentro de los largometrajes que compiten se exhibirán films provenientes de Argentina, Australia, Brasil, Chile, Costa Rica, Cuba, España, Estados Unidos, Hungría, Inglaterra, Italia, México y Serbia.

 

Il mondo mío, protagonizado por Marta Larralde y Toni Álamo y escrito y producido por la editorial aragonesa Tropo (Óscar Sipán y Mario de los Santos), alcanza la treintena de selecciones en festivales de seis países.

FLORENCIO DE PEDRO EN FRAGA

 

El viernes 1 de Octubre, a las 20:30 h, en el Palacio Montcada de Fraga,

DEPEDRO inaugura su exposición

                          Entrespiral. Senda de la Memoria

 

Para esta ocasión, al ser invitado a exponer en las Salas del Palacio

Montcada, DEPEDRO ha decidido realizar obras que recojan las

series de casi dos décadas : Laberintos – Atalayas – Brumaria .

 

Esta muestra está compuesta por series de esculturas y grabados, en distintas dimensiones y de una gran extensión física, piezas que han sido estudiadas para adaptarlas al espacio del Palacio (s.XVII), configurando un itinerario, una deambulatio libre.

Citando a DEPEDRO:    “Cada obra parte con una energía nueva, aunque viene de un periodo preexistente que se nutre de una serie de trabajos que no ven la luz pero son necesarios y previos como aproximación, abarcando un trayecto que puede cubrir varios años hasta completar una cosmología”.

 

El impulso irrefrenable de crear, lleva a DEPEDRO a un reto consigo mismo, consiguiendo “arquitectar” tanto exposiciones, como realizando Proyectos de Escultura Pública que le van solicitando en cualquier parte del mundo.

 

El espíritu de cada exposición es sorprender y emocionar, invitar a descubrir la belleza de los materiales, y ver cómo los amigos se alegran de los logros conseguidos.

Es el trayecto de una idea, guiada por un Sueño, que, madurando se hace obra, y arte compartido.

 

*Para esta muestra, Florencio de Pedro me ha pedido un texto. Y me ha salido esto.

 

FLORENCIO DE PEDRO: LA MATERIA Y SUS FUEGOS

 

Por Antón CASTRO

 

Hay artistas que se desvelan soñando. Artistas que piensan

hasta perder la noción del tiempo. Artistas que abrazan la materia

y el delirio en busca de la forma, de la imagen, del signo.

Hay artistas que viven en la pregunta permanente, artistas a la deriva

que pasean por su estudio con jardín como errabundos.

Florencio de Pedro es un pensador y un artesano, un poeta

y un panadero que amasa los sueños y estruja los metales.

Es un obrero de callosas manos y un alquimista de sonidos.

Es un hombre incesante que va del rayo a sus asuntos:

de la luna y sus espirales al centelleo de la soldadura.

Así anda siempre: como alma poseída por el diablo,

con la sienes a punto de estallarle. Es un puro sinvivir

y un arrebato de vitalidad. La creación imparable.

Siempre hace dibujos, planos, mapas. Siempre se afana

con las imágenes y los símbolos más o menos definitivos

que lo retraten y lo impulsen hacia nuevas sendas.

 

I

ATALAYAS

 

Uno de sus símbolos predilectos es la atalaya.

la torre del homenaje, la ventana que mira hacia la lejanía,

ese lugar donde se refugia el centinela de las estaciones

y el hombre sigiloso que se planta en el abismo.

Desde ahí, bien arriba, más cerca del cielo que del suelo,

se interroga sobre la fugacidad de las cosas, sobre el amor

y su levedad, sobre el arte transformado en incertidumbre

y precipicio. Mira abajo, hacia las vaguadas y los ríos agrestes,

adivina el fin, el adiós, la demolición de las quimeras.

Mira arriba y ve el celaje y su noche cárdena, tocada de astros,

atisba el espacio del pájaro, la ensenada de estrellas.

Entonces, en plena búsqueda del equilibrio de la creación,

Florencio de Pedro se queda ahí, en busca de sí mismo

y de su identidad con los ojos inundados de luz y misterio.

Se queda ahí y resuelve la perfecta manufactura del alma.

 

II

TRATADO DE BRUMAS

 

Todo en él es simetría y contigüidad. Puertas y pasadizos.

Pesadillas. Gritos en la oscuridad. Aleteos de la imaginación.

Va y viene por un territorio pantanoso de brumas.

¿Quién anda ahí, entre las aguas y las arenas movedizas,

qué espectro arroja al mundo su dolor y su llanto?

Florencio de Pedro viene y va por un vergel de neblinas.

La incertidumbre también es su reino. Y su destino.

De ahí sus brumarios: figuras, rasgos, monstruos, cabezas,

quién sabe qué ha visto, quién sabe qué ven sus ojos

estupefactos. Una voz, entre los alaridos del yunque, susurra:

“Avanza, poeta, loco del bronce, después de la niebla

está la claridad, la certeza del fuego, el oro de los tigres”.  

 

III

EL LABERINTO DEL HOMBRE

 

Florencio de Pedro ha entrado en el laberinto.

En el laberinto de su conciencia, en su propio cerebro,

en el laberinto en el que fluyen los océanos y su oleaje,

en el taller donde se amontonan el bronce, el hierro,

los tórculos, las acuarelas, los dibujos, la tensión de las formas.

A veces sueña que le sajan la cabeza y que le miran dentro:

hay corrientes de agua, túneles, bosquejos del olvido,

letras de una enciclopedia o de un poema infinito,

hay espirales, líneas de luz, senderos que se bifurcan.

Todo. Todo está en ese cerebro abierto por las sienes.

Todo está en ese cerebro herido y repleto de manos humeantes.

El artista se pregunta: “¿Cómo salgo ahora yo de aquí?”.