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Antón Castro

Escritores

TRECE AL SOL: PATRICIA ESTEBAN, 13

TRECE AL SOL: PATRICIA ESTEBAN, 13

Patricia Esteban Erlés (Zaragoza, 1972) es profesora y escritora. Especialista en el cuento corto, lleno de inquietud y terror, publicará próximamente ‘Casa de muñecas’, con dibujos de Sara Morante, en Páginas de Espuma.

 

 

En los bares ya venden lotería de navidad: adiós, verano, adiós”

 

“La crisis si algo bueno tiene es que desarrolla la creatividad y el ingenio”

 

-1.¿Qué hace una escritora en verano?
-Incumplir sistemáticamente todas las promesas que se hizo durante el resto del año. Escribir menos, dormitar cuando se pone a leer el libro que tanto le seducía desde la estantería... Se defrauda a conciencia, y se siente muy bien haciéndolo. 

-2. ¿Dónde suele veranear?
-Me gusta escaparme a ciudades queridas, como Madrid, pero sobre todo suele veranear en playas mediterráneas. Disfruto mucho con la simple idea de poder beber un zumo de naranja enfrente del mar y pensar que tengo unos cuantos días de sol y tranquilidad por delante. 

-3. ¿Es de playa, de montaña, de ciudad o de pueblo?
Una décima parte de mí es de playa, las otras nueve de ciudad. No tuve pueblo de niña, o muy poco, y me cuesta adaptarme a tanta calma y a ese tiempo largo que se vive en ellos. 

-4. ¿Qué hace diferente al resto del año? ¿Cuál es el menú de un día perfecto?

Duermo más, me tomo más tiempo para casi todo y me encanta estar en casa, con mis perros, oyendo discos mientras escribo, sin planear nada, esperando a que los planes surjan solos y me pillen desprevenida. 

-5. ¿Cuál ha sido el viaje de verano de su vida? ¿Y la ciudad?
Nueva York. Me temo que no he vuelto aún de allí y me preocupa. Recuerdo perfectamente la luz de la tarde hundiéndose en la espalda de un ciclista, a Al Pacino representando ‘El mercader de Venecia’ en Central Park, la tienda de Manolos, con más cola en la entrada que el MOMA... 

-6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. Al amor y a los ritos de paso. ¿Cómo fue esa época?
-Con el tiempo se ha ido tiñendo de un ambiente onírico. A veces creo que cosas que viví las he soñado, me pasa con lugares, como un pub en las afueras de Zaragoza en el que nadie más que yo parece haber estado, con gente, canciones... Era bonito pensar que todo estaba por hacer. 


-7. ¿Cuál es el recuerdo de entonces que más le persigue?
-Me acuerdo mucho de la entrada del concierto de U2 que una amiga muy querida compró para que fuéramos las dos. Justo entonces encontré un trabajo de verano y ella debió revenderla en Linacero. Esa amiga murió poco después y nunca fuimos al concierto. Siempre que oigo a Bono me parece que me lo reprocha amablemente. 

-8. ¿Qué tipo de lecturas u otras actividades realiza en estos días? ¿Cómo encara la publicación de ‘Casa de muñecas’ (Páginas de Espuma), ilustrado por Sara Morante?

-Estoy tratando de congraciarme con libros comprados pero no leídos que esperan desde hace tiempo en la estantería. Una antología de nuevos cuentistas norteamericanos que encontré en Internet, titulada ‘Habrá una vez’, ‘Aquí no eres un extraño’, de Adam Haslett, ‘Los inconsolables’, de Ishiguro... ¿‘Casa de muñecas’?
Afronto el estreno del libro con Sara Morante como el de un vestido maravilloso que apetece mucho sacar por fin del armario, aunque eso suponga que nunca más será solo mío del todo. Es un proyecto muy querido del que he disfrutado enormemente y estoy muy satisfecha y contenta de cómo ha quedado y de haber podido colaborar con una artista tan grande como Sara Morante. 

-9. ¿Un fetiche de un verano inolvidable?
-La película ‘Los inmortales’, que vi en vídeo en casa de mi primer novio. Recuerdo cuando sonaba la canción de Queen mientras el gran amor del protagonista iba envejeciendo y él permanecía siempre joven. Me parecía el dolor más grande e injusto de todos, y lloraba como una magdalena. 

-10. ¿Cuál ha sido el gran personaje de sus veranos?
-Creo que cada verano alguien se convierte en mi personaje porque se muere y entonces descubro lo triste que es saber que ya no estará. El pasado, por ejemplo, fue Amy Winehouse, hace tres Michael Jackson. Es como si llegaras demasiado tarde a pedirles una cita. 

11. ¿En qué han cambiado los veranos con internet? ¿Y con la crisis?
El tiempo se acorta y se estrecha, con la primera, se alarga y enrarece con la segunda. Así que puedes entrar en una paranoia infernal si no buscas alternativas y coinciden las dos en el tiempo y el espacio. La crisis si algo bueno tiene es que desarrolla la creatividad y el ingenio, y saboreas con gusto pequeños placeres o formas de ocio que antes te hubieran parecido poca cosa. Yo me he inventado un postre llamado Titanic, café con bola de helado de vainilla que se hunde poco a poco. Un paisaje dentro de un vaso al alcance de cualquiera, aunque no es conveniente abusar, algunos icebergs engordan más que otros. 


-12. Si tuviera que resumir el verano en un ‘tuit’, ¿qué diría? O mejor aún, ¿cuál sería el microcuento del verano?
-En los bares ya venden lotería de navidad: adiós, verano, adiós. 


13. ¿Cuál es la mejor, la más extraña o sorprendente anécdota veraniega vinculada a su profesión?
-Perdí en un mes de julio el único manuscrito que tenía de mi primer libro de cuentos. Lo dejé olvidado en una cafetería y no estaba cuando volví a buscarlo. Me dio tanta rabia que lo reescribí de memoria en unos pocos días, por miedo a que se me olvidara. Nunca apareció aquel cuaderno lleno de anotaciones y que siempre recuerdo como mucho mejor que la vaga copia que fui capaz de reconstruir. Prefiero que sea así, es romántico pensar que alguien se lo quiso quedar, y de paso me permite mantener la ilusión de perfección perdida que guardo de él y que con toda seguridad no pasa de eso, de una ilusión masoquista.

 

*La foto es de Daniel Mordzinski.

RAMIRO GAIRÍN, EN 'ROLDE'

[Recibo esta carta del poeta Ramiro Gairín, con poema añadido]

    

Buenos días, Antón;

Como os comenté hace unas semanas, a unos poquitos, en el recientemente publicado nuevo número de Rolde, que ya se anuncia en su página web: http://www.rolde.org/noticias.php?id=133, aparece una selección de 6 poemas inéditos de mi nuevo y último poemario finalizado, precedidos por una generosísima página de presentación a cargo de Juan Marqués y con espléndidas composiciones fotográficas de Diego Hernández Estopiñán (Teruel).

 

 En mi blog he colgado dos de las páginas que componen esta sección de ‘Poemas’ de Rolde:

http://haciaotrasaventurasmashermosas.blogspot.com.es/2012/07/rolde.html 

http://haciaotrasaventurasmashermosas.blogspot.com.es/2012/08/rolde-141-142.html 

 

(TEJIDO)



Que haya en la puerta de casa

un árbol con las hojas rojas



que sea lo primero que veamos

al salir a la calle



que no pierda color para el invierno



y compararnos con su sombra

atar un cabo al tronco

cada vez que nos alejemos

y así ir tejiendo vida



una forma de ser lo que ya somos.

 

 

*Ramiro Gairín en la FNAC. Abajo, tres fotos de Walter Carone: Ingrid Bergman, Leslie Caron y Marilyn Monroe.

CÁLAMO PUBLICA 'CAMPOS DE CASTILLA'

EL CORAZÓN ABIERTO DE ANTONIO MACHADO

 

 

FICHA DEL LIBRO

Campos de Castilla. Antonio Machado. Pinturas de Juan Manuel Díaz-Caneja. Cálamo: Ilustrados. Prólogo de Fermín Herrero. Cálamo: Ilustrados. Palencia, 2012. 276 páginas.

 

 

 

Cálamo publica una edición ilustrada de ‘Campos de Castilla’, ilustrado por Juan Manuel Díaz-Caneja, que apareció en 1912, el año de la muerte de Leonor, la esposa del poeta

 

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Antonio Machado (1875-1939) diría que identificaba la felicidad con sus años en Soria y con el amor a una mujer, Leonor Izquierdo (1894-1912), aquella joven de quince años con la que casó en 1909 y que murió en agosto de 1912. Un año capital para el poeta: la fecha de un dolor insoportable –“Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería. // Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar”-, y la publicación de un poemario capital de la lírica española del siglo XX: ‘Campos de Castilla’, en el que iba mucho más allá de su anterior libro: ‘Soledades, galerías y otros poemas’ (1907).

Se alejaba del intimismo y de la inspiración modernista para abrazar un lenguaje contenido en imágenes, austero en la expresión, hermoso, hondo y sencillo, que ampliaba su mirada: el cantor seguía hablando de sí mismo, de sus instantes de dicha inefable y de su posterior llanto; expresaba la idealización del paisaje castellano, que tenía al Moncayo mágico como centinela de nieve, y a la vez hablaba de la realidad y del destino de España, a través de una serie de asuntos, personajes y elementos, a los que les otorgaba la categoría de símbolo. Desde el olmo viejo al casino provinciano, desde la tarde al camino, desde el Duero, al dios ibero o a los locos. “La poesía es la palabra esencial en el tiempo”, dijo Machado.

O incluso glosaba algunos autores que habían sido fundamentales para él y a la vez compañeros de viaje: Rubén Darío (que le había mandado dinero durante la enfermedad de su esposa), Juan Ramón Jiménez, Ramón María del Valle-Inclán o Miguel de Unamuno. La relación entre Machado y Unamuno fue decisiva en la configuración de ‘Campos de Castilla’, uno de esos hitos decisivos de la Generación del 98: se cruzaron numerosas y jugosas cartas. Fermín Herrero, en una precisa y breve nota de prólogo, dice que hay más cosas en este poemario, como “la reinvención del Romancero con ‘La tierra de Alvargonzález’, las parábolas, los poemas del campo andaluz, los sentenciosos proverbios, los elocuentes elogios, las irónicas estampas provincianas... Y, por encima de todo, Leonor”.

Machado, enamorado de su joven esposa, decía en una atmósfera de espejismo y ternura: “¿No ves, Leonor, los álamos del río / con sus ramajes yertos? / Mira el Moncayo azul y blanco; dame / tu mano y paseemos”. Ya, ante lo irreparable, escribió: “Una noche de verano /-estaba abierto el balcón, / la puerta de mi casa- / la muerte en mi casa entró. (...) Mi niña quedó tranquila, / dolido mi corazón. / ¡Ay, lo que la muerte ha roto / era un hilo entre los dos”. Hace algunos días, distintos poetas, entre ellos varios aragoneses, rindieron homenaje en Soria a Leonor Izquierdo en el primer centenario de su muerte.

El sello Cálamo de Palencia, que dirige José Ángel Zapatero, publica una cuidada edición ilustrada de ‘Campos de Castilla’, con una aportación muy valiosa: las ilustraciones de Juan Manuel Díaz Caneja (1905-1988), un pintor que encarna el alma castellana, “los páramos de asceta” de los que tanto escribió Antonio Machado. Caneja residió en Zaragoza en 1930. Llegó con su padre que era gobernador civil y mantuvo una gran amistad con pintores aragoneses de vanguardia como Manuel Corrales y José Luis González Bernal, con los que compartiría taller, y con otros intelectuales como Gil Bel. No es tanto un trabajo específico para los poemas, que fueron aumentados en 1917 por Machado para una nueva edición tras trasladarse a Baeza, sino una selección de sus cuadros de distintas épocas, desde los años 40 (incluyendo el período de 1948 a 1951, cuando estuvo en las cárceles de Carabanchel y Ocaña por su militancia republicana) hasta su muerte.

El prologuista dice: “No hay un pintor, creo, que transmita con tanta propiedad la emoción espacial, sobria y austera, adusta incluso, que caracteriza el sentido último de ‘Campos de Castilla’ (...) Esa pintura parca, casi esquelética de Caneja, que va también adelgazándose con la edad, como la poética de Machado, hacia la búsqueda de la voz interior a través del paisaje de la Meseta”.

Antonio Machado jamás pudo olvidar a Leonor Izquierdo. Algunos años después, cuando ejercía de profesor en Segovia, entabló amistad con una mujer casada, Pilar de Valderrama (1889-1979), a la que bautizaría Guiomar. Ella, lectora suya, lo había ido a conocer; su marido le había revelado que tenía una relación con otra joven y que se acababa de suicidar. Guiomar y Machado se vieron en varias ocasiones en esa ciudad, pero también en Madrid, sobre todo en el café de las Salesas. Guiomar, que publicaría su autobiografía con carácter póstumo en 1981, escribió que “no podía ofrecerle más que una amistad sincera, un afecto limpio y espiritual, y que de no ser aceptado así por él, no nos volveríamos a ver”. Machado respondió: “Con tal de verte, lo que sea”.

Pilar de Valderrama también estaba vinculada a Zaragoza: su padre era abogado y fue diputado por el Partido Laboral, y gobernador civil de Oviedo, Zaragoza y Alicante.  La niña Pilar, que había nacido en Madrid en 1889, fue pasada por el manto de la Virgen del Pilar a los cuarenta días de su nacimiento. Ella era católica y conservadora y se sentía afín al bando rebelde en la Guerra Civil, igual que le pasó a su hermano Manuel, con quien había firmado obras de teatro a cuatro manos.

Ese también fue otro motivo de desgarro para el poeta que se trasladó a Francia con su inseparable madre y falleció en Collioure en 1939. En el bolsillo del pantalón llevaba unos versos: “Estos días azules y este sol de la infancia”. Allí sigue, rodeado de flores y exvotos. Nadie se ha atrevido a devolver sus restos a “los agrios campos” donde “caía un sol de fuego” de los ‘Campos de Castilla’.

 

PATXI ABADÍA EDITA A SÓFOCLES

PATXI ABADÍA EDITA A SÓFOCLES

[Recibo esta carta de José Francisco Abadía, de Ejea, a propósito de una edición de Sófocles en el sello aragonés Aladrada, en su Colección Clarión]

 

 

Queridos todos:

 

Me produce una enorme satisfacción comunicaros que en la primeros días del mes de septiembre va a estar ya disponible en las librerías mi último trabajo. En esta ocasión, se trata de una edición escolar de dos clásicos de la literatura universal: Edipo rey y Antígona de Sófocles. Lo publica la editorial aragonesa Aladrada.

 

La verdad es que estoy muy contento de cómo ha quedado. Pienso, modestia aparte, que en esta edición ―aunque se presente con el marchamo de escolar, pero en realidad dirigida a todo el mundo―  va a resultar más fácil y sencillo leer a Sófocles. Sobre todo, para los más jóvenes. O esa ha sido al menos mi humilde pretensión. El tiempo, como en todo, juzgará. Cuatro son las principales novedades que, entiendo, aportan un valor añadido con respecto a otras ya existentes en el mercado. Por no aburriros, los que estéis interesados las podéis leer desarrolladas en el archivo adjunto y cuyo contenido corresponde con el apartado de presentación que abre el libro o, de forma más resumida, en la imagen de la contracubierta que acompaña  a este email.

 

En resumidas cuentas, estas novedades han surgido de una necesidad principalmente educativa. El fin ha sido acercar a los chicos y chicas desde 3º de ESO en adelante, incluidos los de bachillerato y primeros cursos de universidad, los textos clásicos, en este caso, las dos citadas tragedias de Sófocles: una traducción más asequible y actual, una introducción apoyada en infografías que permiten adquirir los conocimientos previos para una correcta lectura e interpretación de los textos, un extenso aparato de notas y, por último, más de 40 páginas dedicadas a propuestas didácticas por niveles.

 

Por todo ello, os animo a que pueda ser un recomendable libro de lectura ―obligatoria o voluntaria― en los institutos y universidades. La editorial me ha comentado que el libro va a tener una buena difusión y distribución por Aragón y por toda España. Dos distribuidoras se van a encargar de ello. Además, también va a poderse adquirir a través de la web de la editorial o contactando con la misma.  

 

No solo de escolares vive el hombre. Puede ser también un buen regalo en navidad, el día del libro, el cumpleaños, etc. para el niño y la niña, para el papá y la mamá, para el tío y la tía, para el suegro y la suegra…

 

Una última cosa: deciros que en Sófocles está todo, la vida misma. Pero solo por un mensaje como este ya merece la pena su lectura:

 

CORIFEO.- La sensatez es, sin duda, la base principal de la felicidad. Tampoco conviene ser impío con los dioses. Las palabras arrogantes se vuelven contra los soberbios como castigo y les enseñan en la vejez la sensatez.

PRESENTACIÓN

«El lector que no admira un libro bueno es que lo ha leído mal». Esta frase del filósofo, periodista y profesor francés Émile-Auguste Chartier Alain podría resumir perfectamente el interés que nos ha movido a realizar y presentar a los lectores, sobre todo más jóvenes, esta edición de Edipo rey y Antígona, dos obras de todo un clásico de la Literatura Universal como Sófocles.

Se trata, en realidad, de una edición escolar. Escolar en el sentido de que está pensada y dirigida para los chicos y chicas que en el presente llenan y en el futuro llenarán las aulas de los institutos de secundaria y de los primeros cursos de universidad. Chicos y chicas que precisarán satisfacer unas necesidades vitales y que, bien por indicación de sus profesores o bien por iniciativa propia, se acercarán a catar los sabrosos frutos que desde hace más de 2500 años llevan produciendo en tantos y tantos millones de espectadores y lectores la tragedia griega en general y Edipo rey y Antígona en particular.

Sin embargo, el hecho de que esta edición de Edipo rey y Antígona se presente con el membrete de «escolar» en absoluto puede hacernos llevar al equívoco de que se trata de una adaptación de las dos obras sofocleas. Más bien todo lo contrario: Edipo rey y Antígona se ofrecen al lector en versión íntegra y sin merma o relajamiento en lo que al rigor académico se refiere. La diferencia, por tanto, con respecto a otras ediciones ya presentes en el mercado editorial estaría exclusivamente en la forma de presentar los contenidos, motivada, como ya se ha señalado, por el tipo de destinatario a quien va dirigida.

En este aspecto, cuatro son las novedades que presenta esta edición.

En primer lugar, se ha efectuado una traducción en prosa que intenta ser fiel casi al 100% al original griego, sin que se pierda información por el camino, pero lo más cercana a los tiempos actuales, con un vocabulario más asequible y una sintaxis menos compleja. Toda ella, además, acompañada por un extenso y minucioso aparato de notas concebido no tanto para el especialista de la literatura y culturas clásicas como para toda aquella persona que desea transformar en un instrumento de cultura y saber lo que sus ojos leen.

En segundo lugar, toda la información recogida en la parte introductoria que precede a la traducción de Edipo rey y Antígona se presenta a los lectores de un modo eminentemente didáctico. Para ello hemos utilizado un género tan de moda en el periodismo como es la infografía. Pensamos que la infografía puede convertirse en el gancho perfecto para entrar en el texto, motivando su lectura, y para generar incluso nuevas necesidades informativas en los lectores, lo que sin duda les ayudará a adquirir todos conocimientos previos necesarios para entender el verdadero alcance significativo de estas dos tragedias sofocleas. En total, casi una docena de sugerentes infografías podrá auxiliarles en tan honorable propósito.

En tercer lugar, esta edición de Edipo rey y Antígona viene acompañada, a modo de guía de lectura, de una serie de propuestas didácticas distribuidas en varios niveles: básico, intermedio y avanzado. El nivel básico va dirigido a lectores con una edad comprendida entre 13 y 15 años. Se trata de un mero ejercicio de lectura comprensiva sobre el contenido del texto. El nivel intermedio va dirigido a lectores de entre 16 y 18 años, es decir, alumnos que podrían estar cursando lo que hoy en día corresponde a 4º ESO y Bachillerato. En este caso, las propuestas didácticas tienen un marcado carácter reflexivo con el fin de interpretar y valorar críticamente el texto. El nivel avanzado va dirigido a lectores mayores de 18 años, matriculados seguramente en su inmensa mayoría en los primeros cursos de universidad. Aquí las propuestas didácticas se transforman en sugerentes ejercicios de intertextualidad donde deberá analizarse el conjunto de relaciones, principalmente temáticas y estructurales, que conectan Edipo rey y Antígona con otros textos de Sófocles o más comúnmente de otros autores de la misma o diferente época y procedencia. 

En cuarto lugar, esta edición incorpora además, a modo de anexo, un índice de nombres propios con referencia a la página donde aparecen, cuya finalidad principal es facilitar el análisis y estudio de Edipo rey y Antígona a todo aquel que se acerque, por un motivo u otro, a estas tragedias griegas. 

En definitiva, cuatro novedades que creemos marcan la diferencia y aportan un valor añadido con respecto a otras ediciones que ya tuvieron la fortuna de ver la luz en este mundo de hombres y dioses. 

 

José Francisco Abadía Álvarez

 

LECHAGO CON FÉLIX ROMEO

LECHAGO CON FÉLIX ROMEO

[Ayer, en Heraldo.es, se publicó esta nota. Puede verse en

http://www.heraldo.es/noticias/cultura/2012/08/22/lechago_inauguro_con_emocion_biblioteca_felix_romeo_201047_308.html#.UDUnqmvEKnw.facebook

 

 

LECHAGO INAUGURÓ, CON EMOCIÓN,

LA BIBLIOTECA ‘FÉLIX ROMEO’

 

Antón CASTRO

Félix Romeo Pescador (Zaragoza, 1968-Madrid, 2011) amaba los libros casi tanto como amaba la vida. Amaba las librerías, nuevas y de lance, amaba las bibliotecas, y convertía sus casas, ya fuera en las Fuentes, en Conde de Aranda, en Zaragoza, o en Madrid, en auténticas bibliotecas colmadas de libros, de papeles, de discos. El libro era para él un instrumento perfecto de compañía y de incitación, una de las maneras más perfectas de la felicidad. Hallaba un placer indecible en los libros de los autores que le gustaban: Wislawa Szymborska, Joan Didion, Albert Camus, Ramón José Sender, Simone Weil, Amos Oz, Orhan Pamuk, Paul Auster, Eloy Sánchez Rosillo, Miguel Labordeta, etc. Los libros fueron una de las razones de su existencia, como lo fueron el amor, la amistad, los viajes, la gastronomía, las ciudades, y muy especialmente Zaragoza.

El pasado martes 22 de agosto, uno de sus lugares predilectos, Lechago, inauguró la Biblioteca Félix Romeo y habilitó, además, un lugar especial, El Rincón de Félix, con libros, cuadros, manuscritos que le han dedicado muchos de sus amigos de Aragón y de todo el país. Miguel Mena le había firmado varios de sus libros y la pintura Jose Herrera mandó un retrato, enmarcado y a color, del escritor. El catedrático de Historia Económica Eloy Fernández Clemente regaló las estanterías de su biblioteca de Épila para el nuevo espacio. Félix había concebido, entre sus proyectos imaginarios, la Biblioteca Sumergida de Lechago, que se iría conformando con los libros arrojados al pantano.

La apertura del nuevo centro fue una auténtica fiesta. Y un homenaje cálido a Félix. Estaban sus padres Félix y Carmen, sus familiares, su compañera Lina Vila y su madre María García, muchos de sus mejores amigos: desde Luis Alegre y Pepe Melero -que dibujaron su compleja e inagotable personalidad y dijeron “que resultaba muy difícil vivir sin Félix. Ha sido recordado en Aragón, en Barcelona, en Madrid, en París, en Dublín”-, al profesor Antonio Pérez Lasheras, la activista sindical Marina Heredia, Chusé Rául y Esperanza, los editores de Xordica, donde saldrá de inmediato su libro ‘Todos los besos del mundo’, en una edición al cuidado de Eva Puyó; estuvieron la cineasta Paula Ortiz y los escritores Ismael Grasa y Rodolfo Notivol, el periodista de investigación de Antena 3 Teo Lozano, la pintora Mary Burges, los escultores Florencio de Pedro y José Azul, que han realizado piezas en su recuerdo, su entrañable amigo Bizán Ibarra, el productor televisivo José Luis Campos, el productor Raúl García Medrano, el periodista y cineasta José Antonio Vizárraga, los libreros Eva Cosculluela y Félix González, de Los Portadores de Sueños.

Estuvieron Agustín Martín, coordinador de los actos, la “decisiva” bibliotecaria de la localidad María Jesús Soriano Guallarte, que ha puesto en marcha el espacio, los alcaldes de Calamocha y de Lechago, y estuvo la población al completo en un día en que “Lechago era la capital de la cultura de Aragón y quizá del mundo”. Se presentó un nuevo título de la revista ‘El Pairón’ y Sheila Herrero recibió el premio ‘Pairón’. Fue una jornada especial, emotiva, llena de intensidad y de música. Un día para recordar.

Félix Romeo, que falleció de un ataque al corazón el siete de octubre de 2011, compareció en la memoria de todos y en la voz de su hermano Pedro, que recordó mediante un diccionario –una forma que solía utilizar el escritor a menudo en textos, presentaciones y conferencias- las cosas que le gustaron y recordó que, esencialmente, su hermano, el autor de ‘Noche de los enamorados’ o ‘Dibujos animados’, había sido un hombre de palabras. Un ciudadano de afectos que buscó en cuanto hizo la libertad y la alegría.

 

*En la foto, en la Biblioteca 'Félix Romeo', Luis Alegre se dirige a los vecinos y amigos. Reproduzco aquí un artículo de Félix Romeo que era una respuesta a la escritora Laura Freixas en 'Letras Libres' y que Enrique Vila-Matas ha colgado en su página web. La foto de Félix pertenece a ABC

TODOS LOS ESCRITORES DEL MUNDO SON ARAGONESES

FÉLIX ROMEO




     Cosas recientes: Patxi Irurzun me dedicó una entrada de su blog, “Odio a Félix Romeo”. En el blog de Abdennur Prado, un comentarista me tachaba de islamófobo porque hablo bien en mis artículos de ABC (y no sólo allí, pero esa era la referencia) de escritores exiliados de países islámicos como Ayaan Hirsi Ali, Chahdortt Djavann o Abdela Taia que defienden la democracia y las libertades individuales... y hablo mal de algunos cínicos como Edward Said y Mohamed Darwish, ídolos del proislam en Occidente.
     Quiero decir, estoy acostumbrado a la crítica y también a lo que pasa de ser crítica a ser insulto: eso va en la libertad de expresión que defiendo. Me gusta leer las críticas y los insultos. No finjo no conocerlos, como la zorra que ve verdes las uvas maduras porque no las alcanza. Prefiero la crítica y el insulto publicado al chisme de café y a la intriga secreta. Mis diferencias con otros escritores también prefiero publicarlas.
     Por eso, la crítica de Laura Freixas a mi selección de libros [ver “España en 100 libros”, Letras Libres 100, y “Las que faltan”, Letras Libres 101] me gusta. O, mejor, me parece estupendo que la haga, y en la misma revista que me pidió la lista.
     Aunque, claro, no la comparto y me parece delirante que basándose en ella me incluya en el club de los machistas, de los odiadores de las mujeres, de quienes marginan a las mujeres creadoras. No voy a entrar ahí. Ya he chupado mucha monserga que me hacía culpable de crímenes inimaginables: los católicos dicen que nacemos ya con el pecado original dentro.
     Pero sí me gustaría rebatirle uno de sus argumentos: no sólo tres autores de mi lista eran aragoneses, sino que lo eran todos.
     Buñuel, Sender, Tomeo y Martínez de Pisón nacieron en Aragón.
     La madre de Berlanga era aragonesa, como la abuela de Ray Loriga y como la familia de Dolores Franco, la madre de Javier Marías, así que ahí ya tenemos tres aragoneses más: en el derecho aragonés el lugar de nacimiento no es determinante para conseguir la nacionalidad.
     Homenaje a Cataluña, de Orwell, sucede casi en su integridad en Aragón, el único frente que pisó el británico. Hemingway afirmaba que vino a la guerra civil a defender “Zaragoza y la noche sobre el puente, mirando el Ebro”... y a su barca la bautizó con el nombre de Pilar, como una de sus amantes zaragozanas. Ya llevamos nueve aragoneses.
     El padre de Andrés Trapiello hizo la guerra en el frente de Teruel, que le marcó para siempre, y varios de los poemas de su hijo, algunos de los mejores, hablan de ese asunto. Uno de los pintores preferidos de Thomas Bernhard, y del que escribió muy a menudo, es Goya, que también tuvo la ocurrencia de nacer en Fuendetodos, aunque murió en el exilio, en Burdeos, y su cabeza se ha perdido. Juan Ramón Jiménez estuvo varias veces en Aragón, en sus balnearios y sanatorios, y se conocen muy bien las aventuras que tuvo con las monjas que le asistían... lo cuenta largamente Ignacio Prat en su ensayo El muchacho despatriado. Gómez de la Serna escribió una biografía sobre Goya, dio una conferencia en Huesca (invitado por el escultor Ramón Acín, que produjo Las Hurdes, el documental de Buñuel, y a quien fusilaron en la guerra los sublevados junto a su mujer, la pianista Concha Monrás), y prologó un libro de Tomás Seral y Casas. El principal propagandista de Menéndez Pelayo fue Miguel Artigas, turolense: director de su biblioteca en Santander, creador de la Sociedad Menéndez Pelayo y de los cursos de verano para extranjeros, exégeta y biógrafo.
     Tenemos ya en el saco a catorce aragoneses, que harían un soneto.
     Roberto Bolaño ambientó algunos relatos en Zaragoza... incluso en la cárcel de Zaragoza, donde yo pasé un año y medio.
     (Y sin quererlo, y paradójicamente, he llegado a una cuestión de género. Por ser varón tenía la obligación, que no tenían las mujeres, de cumplir el servicio militar. Por negarme a cumplirlo y defender mi libertad, estuve encarcelado.)
     Chaves Nogales tenía una hija que se llamaba Pilar, nombre por excelencia de las mujeres aragonesas de antaño, y ganó el premio Mariano de Cavia, que había nacido en Zaragoza, muy cerca del Pilar, por cierto.
     Carmen Martín Gaite, Fernando Savater, Enrique Vila-Matas y Javier Cercas son indudablemente aragoneses, porque con ella y ellos he estado varias veces en Zaragoza, capital de Aragón desde hace un año y pico (y esto es cierto: el Estatuto de Autonomía ha reconocido la capitalidad de Zaragoza sólo en su última reforma). Como lo era Ignacio Aldecoa, amigo de Miguel Labordeta y al que visitó en más de una ocasión... Por cierto, Miguel Labordeta vivía muy cerca de donde había vivido el escritor cubano José Martí, que perdió su virginidad en Zaragoza, como escribe en un poema de Versos sencillos.
     Si no me equivoco contando ya voy por los veintiún aragoneses.
     José Ortega y Gasset escribió un ensayo entero sobre Goya, que escribió en una carta que Zaragoza era su patria. Valle Inclán escribió largo sobre el carlista Cabrera, el Tigre del Maestrazgo, y en Luces de Bohemia tuvo la ocurrencia de poner un camarero de Huesca... También hizo un prólogo a un libro de Sender, pero se trata de un apócrifo. Josep Pla tenía a Goya, como declaró a Joaquín Soler Serrano en su entrevista televisiva, entre sus cuatro pintores preferidos.
     Y Vargas Llosa tuvo una casa en Calaceite, Teruel. ~

CON FÉLIX ROMEO, EN LECHAGO

 

Félix Romeo, visto por Ouka Leele.

 

HOY SE INAUGURA LA BIBLIOTECA

FÉLIX ROMEO EN LECHAGO

Luis Alegre recuerda que hoy es el gran día: se inaugura la Biblioteca Félix Romeo en Lechago, Teruel. Hoy, martes, 21 de agosto a las 19 h. se inaugura en Lechago la Biblioteca Félix Romeo. Lechago es mi pueblo y el pueblo del padre de Félix. Se me ha ocurrido dedicar un espacio de la biblioteca a cosas de Félix y de gente cercana a Félix. En ese espacio –se puede llamar ‘El rincón de Félix’- se van a colocar los libros escritos por Félix, ejemplares de revistas y suplementos con artículos suyos etc. La idea es que en ese espacio se coloquen también las obras de sus amigos: libros, revistas, suplementos, discos, cuadros, dibujos, fotos, películas. etc. dedicados por sus autores (o editores o productores o prologuistas o colaboradores) a la ‘Biblioteca Félix Romeo de Lechago’.”

 

A Félix le encantaba el agua, las piscinas, el mar. En mi casa le tomé hace un par de veranos esta foto.

EVA HINOJOSA: UN CUENTO

 

 

[Recibo este envío / carta de la periodista y escritora Eva Hinojosa. Es un envío para Luis Alegre, Miguel Mena y yo, entre otros. Dice así: “os envío un cuento que seguro le gustaría a Félix Romeo, sobre todo por las rosquillas.  Fue el ganador del concurso Fernando Lalana del Casco Histórico, el año pasado. Como el Ayuntamiento no va a editarlo, por lo visto, os lo mando con el sueño de que alguna vez pueda estar en las estanterías de la Biblioteca Félix Romeo de Lechago. Un beso a los tres, y si no os veo el día 21 (mañana) en Lechago, un par de besos por adelantado que os lleváis y este pequeño cuento. Eva”. Mañana, a las 19 horas, se inaugura la Biblioteca Félix Romeo en Lechago. Entre otros, hablarán Luis Alegre y Agustín Martín, así como el alcalde pedáneo de Lechago, la villa turolense próxima a Calamocha.] He aquí el cuento premiado de Eva Hinojosa, para todos. 

 

 

La foto es de sobrezaragoza.com

 

EL MISTERIO DE LAS ROSQUILLAS

 

Por Eva HINOJOSA

 

 ¿Han visto alguna vez amanecer en el Barrio del Gancho? Pocos lugares de Zaragoza se desperezan con tanta belleza, se lo aseguro. De arriba abajo, como se viste una novia, el sol parpadea en cada azulejo de la Torre de San Pablo. Un juego de luces en Morse se desliza hacia el empedrado de la calle Predicadores y se posa en los collares de los primeros perros que sacan de paseo a sus dueños. Desde que me mudé al barrio, asisto cada mañana en primera fila a este espectáculo, casi mágico, que ilumina cada rincón de estas calles como si fuera su primer día en el mundo.

 

La mágica quietud se rompe también con la misma puntualidad, cada día, a la misma hora. La culpable no es otra que Doña Leonor, que levanta, no sin dificultades y unos cuantos juramentos, la persiana de su quiosco. Sin embargo, esta mañana el sol ya está en el centro del cielo y la quiosquera aún no ha aparecido. Los periódicos yacen apilados en un lateral, sin nadie que los lea. Cuando bajo a la calle poco después, descubro extrañada que el quiosco sigue cerrado; y no soy la única, otros vecinos se han acercado y comentan que nunca, en no sé cuantos años, habían madrugado más que Doña Leonor.

 

Uno dice saber dónde vive. Le acompaño, llegamos al portal y llamamos al timbre. Mientras esperamos, se presenta: soy el del taller de coches de la Plaza Santo Domingo, me dice. Yo, la trabajadora social, llevo solo unas semanas en el barrio, respondo. Una voz de ultratumba también responde al telefonillo. Sin duda es la señora del quiosco:

-Sí, ya voy, me he dormido, no sé que ha pasado, ya bajo, ya bajo... dice; eso y unos cuantos improperios que mejor no vamos a repetir… 

 

Ni siquiera se ha lavado la cara, pero una vez detrás del mostrador, dueña y señora de su mundo de papel, nos confiesa su preocupación. Comenta que siempre la despierta el ladrido de un perro, el del vendedor del cupón, y esta mañana, asegura, “no ha dicho ni guau”:

 

-Y eso, ¡no es normal!, nos cuenta. ¡En estos periódicos leo muchas desgracias que empiezan así y luego…!

 

Una de las mujeres que escucha intrigada la historia le pregunta si se refiere a Juan, el del puesto del principio de la calle.

 

-Sí, sí, ese es, dice Leonor, y relata que cada mañana, la silla de ruedas de Juan traquetea con la tapa de un desagüe bajo su ventana, su perro ladra para evitar que la silla vuelque y ella se pone en pie como un resorte.

 

-Tengo el sueño muy ligero, saben,..

 

Sin dejarla terminar su frase, un señor junto a la puerta anuncia que el puesto de los cupones está desierto: “ni rastro del perro ni del dueño” y sugiere ir a buscarles porque sabe dónde viven.

-¡Con la de premios que ha dejado en el barrio ese Juan!, apostilla, mientras abre la expedición.

 

Doña Leonor se excusa por no poder acompañarnos, pero queda encargada de avisarnos si sabe algo de Juan y su perro.

 

Así, en vecindad, una decena de personas nos dirigimos hasta la calle Boggiero, para buscar al vendedor del cupón, deseando que se le hayan pegado las sábanas y nada más. Y tal cual resulta ser. Juan, asombrado de tanta parroquia a las puertas de su casa, nos cuenta que siempre se despierta cuando oye el trajín del panadero, que es bastante ruidoso, pero que hoy, nada de nada.

-¡Algo le ha tenido que ocurrir, nos alerta!

 

Esperamos a que can y dueño se unan al grupo y todos a una decidimos ir a la panadería. Sí, yo también me uno pero antes telefoneo a mi jefa, para explicarle la situación y decirle que me encuentro ante un misterio por resolver en el barrio. No hay suerte, ¡salta su contestador!

 

Chino, chano, chino, chano mis vecinos y yo, de los que por cierto a estas alturas ya sé nombre, calle, edad y profesión, llegamos a la panadería y ¿saben qué? Está cerrada a cal y canto, sin justificación alguna ni un cartel de esos que dicen “Este establecimiento permanecerá cerrado unos días, por fiesta familiar”.

 

-¡Tenemos que averiguar qué ha pasado!, exclama el mecánico.

- ¡Yo sin pan no me quedo!, le apoya una vecina enfundada en bata de guatiné y con rulos por toda la cabeza.

 

-¡Sin duda, el panadero es el quid de la cuestión!, informa una joven abogada de oficio.

 

Unos y otros llamamos con estruendo en la puerta y los escaparates de la panadería. Hasta Tomás se suma con sus ladridos. Se oye un ruido pero es en el segundo piso. Un vecino malcarado saca medio cuerpo, pero al saber la razón de nuestros golpes baja enseguida y nos acompaña a la vivienda del panadero y su familia. Por lo visto, allí solo está el obrador. Y allá que vamos casi una veintena ya de personas del barrio. Alguno bromea con qué ya podemos montar un equipo de fútbol del Gancho y entre risas y muy garbosos avanzamos por la calle de Las Armas, para saber si algo ha ocurrido con Fuencislo, que así se llama el dueño de la tahona. La señora de bata y rulos aprovecha para presentarse y me recomienda vivamente el pan de Fuencislo.

 

-¡El mejor de la ciudad, chica, el mejor!

 

Al tercer timbrazo, una voz asustada responde por la ventana del bajo derecha. Es Fuencislo en persona que al vernos y darse cuenta de lo alto que está el sol en el cielo está a punto derrumbarse en llanto:

 

- No me dormía así desde que era aprendiz, nos dice quejándose amargamente de su desgracia.

 

 Poco después, más tranquilo entre harina y masa, nos ofrece las primeras magdalenas del día y, junto al calor del horno, nos explica que desde joven, su único despertador es el sonido de las campanas de San Pablo que hoy, asegura, no han sonado. Y eso, dice, “es muy raro”:

 

-¿No está todo hoy demasiado tranquilo?, pregunta mientras sigue amasando a velocidad del rayo…

 

Y ya saben cómo son los niños. A la pregunta, Dani, el benjamín del grupo, contesta inocente con otra pregunta.

-¿Mami, por qué están las tiendas cerradas? ¿Es domingo otra vez?

 

Tras varios segundos de silencio total, los mayores del grupo hemos respondido con un asombrado,

 

-¿QUÉ? (alargando mucho la “e” y levantando la voz)

 

¿Cómo no nos hemos dado cuenta? A esa hora del día, aún no ha abierto el estanco, ni la oficina de Correos, ni la farmacia, ni los ultramarinos… Y no, no es domingo.

 

De repente, nos movilizamos y empezamos a llamar a los timbres. Persianas y voces de susto se oyen por doquier. El barrio entero parecía haber quedado hipnotizado. Todos se han dormido más de la cuenta. En unos minutos, la algarabía toma las calles. Nietos y abuelos a medio vestir camino del colegio, madres persiguiendo a hijos con el almuerzo en la mano, conductores que no recuerdan dónde aparcaron su coche ayer, padres con americana de rayas, camisa a cuadros y un calcetín desparejados a la carrera por las aceras…

 

El revuelo general queda pronto acallado por el repiqueteo de las campanas de la Torre de San Pablo. Con brío, con prisa, se suceden todos los toques que aún no habíamos echado.

 

-      Pero, ¿qué hora es?, pregunta la madre de Dani.

-      ¡Con tanto campanazo no sé en qué hora vivo! responde el zapatero jubilado que va a la Casa de Amparo.

-      Las 10 y 13 en punto, contesta una amable joven que muestra orgullosa su reloj rosa fosforito.

-       Yo he contado treinta y siete tañidos, añade Juan, mientras su perro aúlla al ritmo.

 

Y al tañer de las campanas, los casi cien vecinos que ya somos nos dirigimos hacia aquel sonido que parece provenir del mismísimo Hamelín. Al llegar a la puerta de la Iglesia de San Pablo encontramos a más vecinos que tampoco entienden por qué doblan tanto esas campanas. Muchos aún en pijama y zapatillas, otros a medio vestir. No es el caso del señor párroco que en ese momento y de impecable sotana llega al templo pidiendo paciencia para averiguar qué pasa en la Torre.

 

Poco después, las campanas callan y en el umbral reaparece el cura seguido de un joven monaguillo. Este, con cara de arrepentimiento, confiesa que esta mañana se ha dormido, que lo siente, que echa de menos a Doña Emilia, su vecina, que siempre le despierta con rosquillas recién hechas pero que hoy,…

 

 Y diciendo esto el chaval empieza a llorar a moco tendido, para continuar entrecortadamente pidiendo perdón por haber hecho sonar todas las campanadas de una vez… Sin resuello y hecho un mar de lágrimas, se excusa nuevamente ante el respetable y se brinda voluntario para seguir tocando las campanas y recuperar así el tiempo perdido. Ante tal ofrecimiento, el cura sale al quite para hablar:

 

-Hijo, creo que hablo en nombre de todos los presentes y que con los setenta y tres toques de campana ya es suficiente por hoy.

 

Sabemos que el desconsolado monaguillo responde al nombre de Marcos, porque así, a voz en grito, han empezado a llamarle desde un balcón cercano. El muchacho, como si oyera música celestial, ha salido a todo correr hacia esa llamada, que he de confesaros, parecía descender de un lugar muy por encima de las nubes.

 

En el edificio más alto de la cercana calle de San Blas, hemos visto como una dulce abuelita deslizaba desde el séptimo o el octavo piso un paquetito de tela, con unas cuerdas de tender anudadas varias veces. Ansioso, Marcos lo ha recogido a pie de acera. Una vez en sus manos, lo ha besado repetidamente y dirigiéndose a la venerable señora del balcón le ha dado las gracias a todo pulmón mientras saltaba como un poseso, jaleando:

 

-¡Es Doña Emilia! ¡Ya ha venido del hospital! ¡Doña Emilia está en casa! ¡Viva Doña Emilia!

 

Después, ha desaparecido en el portal del citado edificio para, suponemos, reunirse con la entrañable anciana sin más esperas y fundirse en un abrazo tamaño familiar.

 

A la mañana siguiente, las campanas sonaron a tiempo mientras Marcos se relamía con sus rosquillas. El panadero volvió a despertar al vendedor del cupón, cuyo perro, Tomás, ladró nuevamente bajo la ventana de Doña Leonor que, como todos los días levantó, no sin esfuerzo y algún que otro juramento, la persiana del quiosco y me vendió el periódico, en el que no aparecía noticia alguna sobre Doña Emilia y el misterio de las rosquillas.

 

Epílogo

No sé si les he hablado alguna vez de los atardeceres en el Barrio del Gancho. El sol se enreda en púrpuras y ocres para esconderse detrás de la Torre de San Pablo. Los pájaros vuelan bajo, adormilados, en busca de un nido cómodo, mientras los gatos lo observan todo tras lo cristales.  Si alguna vez quieren verlo, les recomiendo una visita al balcón de Doña Emilia. Sin duda, las mejores vistas de la ciudad. Rosquillas aparte.

LA SIRENA DE ALEJANDRO ALAGÓN

LA SIRENA DE ALEJANDRO ALAGÓN

‘LA SIRENA DE DOS COLAS’: ALEJANDRO ALAGÓN

[Esta sirena la hizo el poeta, pintor y grabador y músico Juan Carlos Mestre]

 

El poeta oscense Alejandro Alagón publicará en breve su poemario épico ‘El viejo lamento de la Campana de Huesca’, donde incluye esta composición, inspirada en la sirena que apareció en el artesonado del Palacio de Villahermosa. Alejandro ha ganado recientemente dos premios literarios: el Mario Ángel Marrodán de Portugalete con ‘Conversaciones con Ibrahim’ y el premio Acordes, de Espiel, Córdoba, con ‘Horas serias’.

 

 

 SIRENA DE DOS COLAS

(ARTESONADO MUDÉJAR DEL PALACIO

DE VILLAHERMOSA. HUESCA)

 

Una sirena vive en el artesonado

mudéjar, en la altura más honda. Allí esperó

escondida el deshielo de un techo de escayola,

que guardó su secreto durante varios siglos,

durante seis centurias, surcando los periodos

de caos, de saqueos, de un tiempo a la deriva.

 

Cuando los albañiles removían el viejo

costillar del palacio y la luz bautizó

de nuevo los colores, decenas de figuras

despertaron. Se oyeron galopes de caballos,

zureos y graznidos, cornetas, sacabuches,

liras, céfiros, musas, duendes, hadas, salterios.

 

La sirena de dos colas deslumbró a los presentes

con su cuerpo de escamas. Parecía entonar

un canto legendario, un himno que atrapaba

la atención de otros seres, por la belleza y gran

sencillez de su música. Pocos se percataban 

 

del riesgo, del peligro. Muchos cayeron víctimas

de su hechizo mortal, al igual que los nobles

sufrieron la atracción fatal por la campana

y dejaron sus almas perdidas en un pozo.