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Antón Castro

Escritores

CARRASQUER Y LA BICICLETA

LA BICICLETA DE COSTA, ACÍN Y CARRASQUER

A lomos de la bicicleta, bajo la ola de calor, me he acordado de algunos oscenses ilustres en estos días de San Lorenzo. Primero de Joaquín Costa, que descubrió el velocípedo en la Exposición de París de 1867, lo dibujó en un papel de fumar y lo mandó a sus amigos de Huesca; los hermanos Mariano, José y Nicomedes Catalán hicieron el primer prototipo del que se tiene noticia en Aragón y se probó, a los pocos días, en un viaje de ida y vuelta entre Huesca y Zaragoza. Otro enamorado de los pedales fue Ramón Acín, el escultor, el profesor de dibujo, el pintor, el anarquista y la conciencia social del Alto Aragón. Acín se pintó a sí mismo en bici en 1906 una mañana en dirección al aula: avanza por un sendero del campo con un gesto de felicidad, como quien habla, de tú a tú, con el sol imponente que le sale al paso. Acín, al que algunos han llamado el ‘Lorca aragonés’ aunque no escribiese versos, mereció varios artículos de Francisco Carrasquer Launed (1915-2012), el ensayista, el poeta, el traductor, el novelista accidental que mereció en 2006 el Premio de las Letras Aragonesas. Carrasquer pasó más de treinta años en Holanda, pegado a la radio y pegado a la memoria de España: habló y escribió de Gracián, de Servet, de Acín, de Aláiz y de Sender. Y de poesía. Carrasquer se despedía del mundo el martes a los 97 años. Era un aragonés entusiasta y un ciudadano del mundo que había conocido todos los horrores del siglo XX: la Guerra Civil, los campos de concentración, el nazismo, la II Guerra Mundial, el éxodo, el exilio. Volvió a casa en 1985 para pegar la hebra con el fantasma inmortal de Sender. Hoy, al repasar su trayectoria, me he preguntado: “¿Sería Carrasquer partidario de la bicicleta?”.

 

*Este texto apareció ayer en mi sección ‘Cuentos de domingo’ de ‘Heraldo de Aragón’.

ARRABAL CUMPLÍA AYER 80 AÑOS

ARRABAL CUMPLÍA AYER 80 AÑOS

FERNANDO ARRABAL CUMPLIÓ AYER 80

Raúl Herrero, que ha publicado una docena de textos del dramaturgo, le dedica un monográfico de 500 páginas con la participación de escritores como Kundera, Ionesco o Beckett, y numerosos artistas.

 

 

Tal día como hoy [ayer], el 11 de agosto de 1932, nacía en Melilla, hace 80 años, el escritor Fernando Arrabal. El editor Raúl Herrero, responsable del sello aragonés Libros del Innombrable, se cruzó con él en Zaragoza en 1994 con motivo de un especial que le dedicaba una modesta revista, ‘El pelo de la rana’, de la que uno de los grandes animadores era otro escritor y artista como Antonio Fernández Molina. Desde entonces Arrabal, AFM y Herrero coincidieron en Zaragoza en varias ocasiones y también en otras ciudades.

Pasados algunos años, Libros del Innombrable adoptaría a Arrabal como su autor fetiche: empezó publicándole en 2003 la novela ‘La matarife en el invernadero’, con prólogo de Milan Kundera, y a lo largo de una década ha dado a la imprenta una docena de textos del dramaturgo: alguno tan significativo como ‘Diccionario pánico’, relativo al movimiento dramático que formó con Alejandro Jodorowsky y Topor; su novela sobre la desaparición de su padre, ‘Baal Babilonia’, que dio lugar a la película ‘Viva la muerte’, con Nuria Espert, o ‘El cementario de los automóviles’, que recibió el Premio Nacional de Teatro.

Y ahora, coincidiendo con esta celebración, Raúl Herrero publica ‘Arrabal 80’. Dice: “En ese libro he reunido una serie de artículos y estudios en torno a la figura de Arrabal junto a poemas, piezas teatrales y diversos artefactos que pretenden rendir tributo al escritor melillense. Por un lado, incluye una pequeña antología de textos ya publicados en diversos medios, al tiempo que agrupa un abundante número de trabajos y creaciones inéditas. El volumen incluye cuarenta y cuatro páginas en color con obras de arte dedicadas a Arrabal, pero también hay una entrevista inédita con Arrabal y otra con su mujer Luce Moreau; además, se incorporan cuatro piezas teatrales completas o el artículo por el que Arrabal recibió el premio ‘Mariano de Cavia’ en 1998”.

Fernando Arrabal colabora con muchos artistas, les encarga obras, retratos, estampas vinculadas a su mundo. Durante años uno de sus pintores fue otro aragonés, de filiación surrealista: Fernando SM Félez (Zaragoza, 1930). El artista ha confesado: “He hecho quince o dieciséis cuadros de Arrabal. Son siempre cuadros de encargo que él me pide y protagoniza. Le gustaba mucho desafiarme. Lo he pintado en ‘la santa cena’ con personajes célebres del siglo XX, vinculado a ‘El gran teatro del mundo’ de Calderón, lo he pintado como director de cine,  con los simbolistas…”

La personalidad de Arrabal ha seducido a grandes escritores como Samuel Beckett, Milan Kundera, Eugene Ionesco, Juan Goytisolo, Camilo José Cela, Michel Houellebecq o Vicente Aleixandre. O al director Milos Forman, “fascinado con su película ‘Viva la muerte’”. Eso se recoge, en buena parte, en el volumen. Kundera dijo: “Arrabal no se parece a nadie y el grado de su singularidad alcanza el límite de lo concebible. Él es el último superviviente de lo que yo llamaría surrealismo hispanocéntrico, surgido de una muy vieja locura barroca, surrealismo cervantino, sombrío y cruel, surrealismo ritual empapado de liturgia que se presenta en él bajo una decena de rostros (liturgias pornográficas, metafísica, retórica, zoológica, etc)”.

Raúl Herrero explica las claves de la obra y la vida de Arrabal: “De entrada, su obra supone toda una aventura donde las matemáticas, las vanguardias, la física, la historia, los sueños, el teatro y los grandes temas clásicos, desde al amor a la muerte, se dan cita. Ha conseguido  transformar su vida en una obra de arte”, dice el compilador, y pone un ejemplo: “La desaparición y condena de su padre por no sumarse a la rebelión militar de 1936 en España la utiliza para referirse a todos los vencidos de guerras, para escribir sobre Cervantes o Tito Livio, y concluir que su padre fue un santo pagano, título al que él durante mucho tiempo dijo aspirar”. En Arrabal se da a menudo un coqueteo con el misticismo como se veía en su novela ‘La torre herida por el rayo’, que ganó el Premio Nadal en 1982.

Hay otros elementos que le atraen mucho al escritor y editor zaragozano que acaba de trasladarse a vivir a Valladolid: Arrabal ha sido beligerante con “todos los autoritarismos. No le importa si lo que dice y escribe se encuentra entre lo políticamente correcto sino que se mantiene fiel a su criterio”. La mujer del escritor, Luce Moreau, suele repetir que Arrabal nunca pretende “hacer leña del árbol caído y que suele atacar a los gigantes cuando todavía están en plenas facultades”. Apostilla Herrero: “Conviene no olvidar que fue el único escritor español que escribió una ‘Carta a Franco’ en vida del dictador”.

No todos reconocen la obra de Fernando Arrabal. Tiene algo de escritor-espectáculo, de showman, capaz de presentarse ebrio en un programa de Sánchez-Dragó, presente también en el volumen. “Su obra, constantemente reeditada y representada en todo el mundo, se encuentra en primera línea. Algunos le niegan esta importancia por cuestiones no literarias sino de otro tipo –agrega Herrero-. Creo que Arrabal es un poeta que se mueve en distintos géneros. Como dijo Camilo José Cela: ‘Fernando Arrabal posee el incalculable tesoro de tener voz propia’”. En Aragón fue uno de los autores más representados durante años por el Teatro Estable de Mariano Carineña.

 

FICHA

 

Arrabal 80. Coordinación y selección de Raúl Herrero. Autores: Fernando Arrabal, Milan Kundera, Samuel Beckett, Michel Houellebecq, Juan Goytisolo, etc. Contiene una entrevista inédita con Arrabal. Con ilustraciones a color. Libros del Innombrable. Zaragoza, 2012. 536 páginas.

 

PRESENCIA ARAGONESA

 

Además de los nombres ya citados, el editor ha dado cabida a autores aragoneses que ofrecen su visión de Arrabal. Además de Fernández Molina, figuran poetas como Mariano Esquillor, Enrique Villagrasa, José Antonio Conde, Jesús Soria; escritores y profesores como Javier Barreiro y Pablo Lorente; el escritor y director de teatro Ángel Alonso; el crítico de arte Manuel Pérez-Lizano; y pensadores como Andrés Ortiz-Osés. Entre los artistas plásticos figuran Paco Rallo, Juan Luis Borra y Ángela Ibáñez.

 

*la foto es de Javier Blasco de Heraldo de Aragón.

FRANCISCO CARRASQUER: POEMAS

[El escritor y editor Manuel Rico, responsable de las ediciones de poesía de Bartleby, ha tenido un elegante detalle: me envía, nos envía a todos, tres poemas del libro ‘Baladas del alba bala’ de Francisco Carrsquer, que publicó Bartleby, la editorial de Pepo Paz, en 2001 y que antes habían aparecido en La isla de los ratones. El grabado corresponde a Marcos, hijo de Francisco Carrasquer (1915-2012). Las foto, salvo el retrato de Carrasquer, son de Izis y las he tomado de la web viejas-fotos.blogspot.com]

 

TRES PRIMEROS POEMAS

DE “BALADAS DEL ALBA BALA”

DE FRANCISCO CARRASQUER

(Bartleby, 2001)

I

Frío puro del alba.

Entre el impuro frío de la noche

y el diurno calor del corazón

hay un filo de hora

que corta en dos la lente de razón:

medio disco de Dios, medio del hombre.

 

Medios discos no ruedan.

O son cálices, o lámparas, o barcas;

o son cuernos, o son hachas, o son balas.

 

Todo es posible en el alba:

esa hora del blanco frío,

en que el sonrojo aún no asalta

y se ha retirado el luto.

 

El fofo algodón del alba

embebe el cruento escándalo,

languidece el ojo horrible

y ensordece los disparos.

 

Parece hora de sonámbulos

y es la hora en que más despiertos

se crispan los sentenciados.

Luego, les llega el dormir

con los trigales por manta

y una amapola en los labios.

 

Los aullidos de Caín

los despiertan de alba en alba.

 

 

II

Millares de pies desbotados

se acercaban por los corredores

y se calzaban para dar el puntapié

a las pesadas puertas descorrido el cerrojo

 

millares de manos impacientes

por agarrar el manojo de alambres

tensados por el miedo

y galvanizados por la rabia

 

millares de alambres esperando el corte

de la tenaza que va a apretar el alba

 

no más voz ni temblores

la mano del alba y su tenaza

 

un insípido vaho en la bocaza

un olor nauseabundo en los calzones

una siniestra gota irónica de semen

un crujido de tablas

un chasquido de botas

un clic de algún resorte

un saco que se aplasta sordamente

y un choque seco de una calabaza

 

y con los alambres

sueltos van a hacer nido las garzas

 

y todos los pajarillos

se ponen a alborotar

contra las máscaras que andan

hacia el día hacia la luz

que les va a volver la cara.

 

 

III

Saldrá el sol

y será demasiado tarde

porque habrá pasado ya

el cuarto de hora secante

que enjugará la tinta

y copiará la palabra del revés

y para leerla

habrá que echarse boca arriba

 

a menos que no se tenga un cuerpo

duro frío y bruñido

contra un alma de azogue

 

saldrá el sol

y será demasiado tarde

porque la luna ya se habrá fundido

como un helado de nata en esa mano

del asesino que habrá ya blanqueado

el escenario la cruz y los sepulcros

 

saldrá el sol

y será demasiado tarde

porque su heraldo pálido

lo habrá pasado ya a cuchillo

y en todo el horizonte chorreando

se habrán perdido ya sus huellas dactilares

 

y el inspector y el juez dormidos.

 

RAJOY O SU PEOR ENEMIGO

 

[El escritor y traductor Daniel Gascón publica hoy en el blog de ‘Letras Libres’ esta reflexión sobre el modo de proceder de Mariano Rajoy con la política, con la crisis, con la prensa y con RTVE. El artículo puede leerse aquí: http://letraslibres.com/blogs/blog-de-la-redaccion/su-peor-enemigo]

 

SU PEOR ENEMIGO

 

DANIEL GASCÓN

Es habitual que en verano los gobernantes hablen de los libros que piensan leer. Lo hicieron algunos presidentes españoles, como José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, y seguramente Jonathan Franzen se acuerda de que también lo hizo el presidente de Estados Unidos. España vive una situación de emergencia y este verano el presidente del gobierno no tiene tiempo para frivolidades. En una nueva prueba de que la crisis no solo nos hace más pobres, sino también peores, el presidente del gobierno ha tenido que limitarse a cosas importantes, como cumbres europeas y partidos de la selección de fútbol. En algunas áreas parece más cómodo que otras: cuando explica sus políticas, da la sensación evidente de que preferiría estar en otro sitio, y por otra parte es un político que ha declarado que su periódico es el Marca.

Esa filiación intelectual le habría alejado para siempre de la vida pública en un hipotético país serio, pero tampoco se le puede echar toda la culpa. Quizá tenga razón y ese antiintelectualismo (que se extiende a su forma de explicar los problemas de deuda con el símil de la economía familiar) le beneficie. Zapatero también se reservó la celebración de los triunfos deportivos. Como se cuenta que dijo Alexandre Ledru-Rollin, “Tengo que seguirlos, soy su líder”. Pero, aun así, su renuencia a explicar la situación es profundamente desalentadora y cobarde. Su relación con los periodistas es deprimente y uno tiene la sensación de que el único realizador que podría hacer justicia a sus ruedas de prensa es José Luis Garci. Mariano Rajoy tiene algo profundamente antiguo y, pese a su indiferencia hacia la literatura, comparte la querencia española por la figura del cesante que inmortalizó Benito Pérez Galdós. Ese aire decimonónico se combina con un nuevo estilo político: ha anunciado que romperá sus promesas las veces que sea necesario. Rajoy ha dado cierto carácter metafísico al tópico del gallego en la escalera, y ha hecho que todos entendamos que la frase “No he tomado ninguna decisión” sobre el rescate significa que el rescate es solo cuestión de tiempo. Apenas ha concedido entrevistas a los medios de comunicación. Huyó de los reporteros por una puerta lateral. Mientras hacía paripés patrióticos sobre Gibraltar, su gobierno presentaba nuevas medidas a la prensa extranjera antes que a la española y mostraba que en España soberano solo es una marca de brandy. En su discurso de evaluación de sus primeros meses en el gobierno, se le pasó mencionar un recorte de 100.000 millones de euros. Un despiste lo tiene cualquiera, pero el conjunto parece indicar ciertos problemas de comunicación.

Esos fallos han resultado más graves en el tratamiento de RTVE. El PSOE había iniciado una reforma que postulaba que el director de la corporación sería elegido en el congreso por una mayoría de dos tercios. El gobierno cambió la normativa; ahora basta con mayoría absoluta. Sin duda, la reforma anterior era insuficiente: la radiotelevisión pública debería ser mucho más independiente. Debería regirse por un criterio profesional y producir miedo al partido en el gobierno y a los partidos de la oposición. Esas formaciones deberían sentir que el medio los ataca injustamente. Pero esa reforma insuficiente había proporcionado la mayor independencia editorial de la historia de la radiotelevisión española. No se puede atribuir únicamente a la nueva estructura: gran parte del mérito se debía a profesionales como Fran Llorente, recientemente destituido de su cargo de director de informativos. Estos días de agosto en que hasta los columnistas de televisión están de vacaciones también han sido cesados los periodistas Xabier Fortes y Ana Pastor.

La televisión pública española ha sido menos sectaria que nunca estos últimos años. Ha recibido numerosos reconocimientos, sus debates aspiraban a cierta pluralidad y no tenía el sesgo evidente que existía bajo los gobiernos de Felipe González y José María Aznar (en el segundo caso, con una condena incluida). Tiene grandes profesionales y es posible que siga siendo así. Sin embargo, es asombroso que el gobierno haya vuelto a un modelo anterior, y que como director de informativos de TVE el PP no haya encontrado a nadie mejor que Julio Somoano, que anteriormente trabajó en la corporación pública y hasta hace poco trabajaba en Telemadrid. Somoano escribió una tesina donde explicaba qué debía hacer el PP para ganar unas elecciones. Algunas de sus recomendaciones (dejar de alimentar las teorías de la conspiración sobre el 11-M o de combatir el matrimonio homosexual) parecen bastante sensatas y casi son un alivio, aunque la postura general no da una sensación de ecuanimidad. En otros lugares, Somoano se mostró algo más creativo y encontró cierto carácter transversal en el anterior presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. No quiero empacharme, pero Somoano ha escrito, por ejemplo:

1)Si Stalin despilfarró en mármol hasta convertir las estaciones de metro de Moscú en Palacios del Pueblo, ZP derrocha en pinganillos de oro para rebautizar el Senado como el Palacio del nacionalismo.

            2)Goebbels era un aficionadillo al lado del Maquiavelo de León.

RTVE debe ser, como decía el anuncio, la de todos. Para ello es necesario un nuevo diseño institucional. Es una pena que el PP haya dado marcha atrás a los avances del gobierno anterior, y que algunos miembros del partido piensen que, en un medio de comunicación público, un periodista es peor que un perro de presa.

'LICANTROPIA' DE CARLES TERÈS

 

[Así arranca, en catalán, claro, la novela ‘Licantropia’ de Carles Terès, que se presentó el domingo en Valderrobres, de la mano del poeta Jose Miguel Gracia, antes de la mesa redonda sobre Moncada. La novela ha sido galardonada con el premio Guillem Nicolau de 2011. En el Serret Bloc se recogen estas declaraciones de Carles:

“La meua passió sempre ha estat escriure. Però venint d’una família molt humil d’emigrant, sempre m’he hagut de buscar la vida treballant i l’escriptura ha quedat sempre en segon pla. En aquest cas tot va començar quan escrivíem historietes de terror amb la meua filla durant els molts viatges que fèiem a Barcelona quan el meu pare estava malat. Però allí es van quedar. I quan l’Artur em va proposar escriure vaig pensar en una d’aquestes històries que tractava el tema de la licantropia. Si bé, jo sóc de Barcelona, i fa 20 anys que vaig tornar al poble i vaig sofrir el xoc d’una persona que ha viscut 30 anys en una ciutat i de cop torna al poble. Molts dels que han donat aquest pas diuen que veus moltes coses que no entens fins que ho vius i això es reflecteix al llibre. D’aquesta forma, escriure va ser apassionant perquè quan ho feia em transfigurava. La novel·la em portava allí on volia, era com si portés una vida triple. Quan la vaig acabar, va ser com si tot tornés a ser pla perquè ja no m’acompanyen els personatges.

(...)
Evidentment, el paisatge és del Matarranya. Vaig canviar els topònims perquè t’has de prendre llicències com fer una carretera més roïna de lo que és o que un bosc sigue molt més espès. Encara així, la gent reconeixerà que Capsades és un poble de la zona, la Pobla de Llobosa n’és un altre… Los veïns del Matarranya sabran fàcilment, o al menys aproximament, a què em refereixo. A més, també m’agradaria intentar transmetre a la gent de fora l’aire de misteri que es respira per estes serres nostres”.]

LICANTROPIA

 

Por Carles TERÈS

 

-1. Un llobater foraster

Mossèn Magí Camprubí i Selma va arribar a la Pobla de Llobosa en plena nit d’hivern de l’any 1759. Davant els murs de les primeres cases li donaren la benvinguda tres llops morts penjats d’unes estaques. El cerç glaçat gronxava els cossos rígids, que mostraven les dents en una darrera ganyota amenaçadora. Eren temps en què els llops campaven a pler per aquelles muntanyes poc poblades. Quan el fred era massa rigorós i escassejaven les preses, escamots afamats s’aventuraven per viles i masos a la recerca de qualsevol cosa viva o morta que els servís d’aliment. La creença popular els atorgava atributs humans com la maldat, la revenja o la por, així com una memòria indeleble que els permetia recordar les persones i els seus noms. Per això, a mode d’advertiment, es penjaven els animals abatuts a l’entrada de les poblacions.

Com sempre feia, mossèn Magí va demanar aixopluc per a ell i la somereta que l’acompanyava a la casa parroquial. La majordoma, una dona magra i pansida, li comunicà que s’havien endut mossèn Bernat, el rector, a Morella perquè havia agafat una sobtada i virulenta malaltia. S’havia despertat de la migdiada amarat de suor i delirant coses incomprensibles. En vistes que el metge del poble no es veia en cor d’aplicar-li cap remei, van decidir de portar-lo al convent de sant Francesc, on estaria millor atès que en aquella rectoria miserable.

El missioner va acomodar-se en un minúscul recambró que hi havia entre la sala del foc i el corral que la seva fidel burreta compartiria amb l’ase del prevere. Estava acostumat a dormir en llocs precaris, i va agrair aquell racó arrecerat. La majordoma havia tingut la consideració de deixar-li l’escalfallits del rector. Entre això i la lentor provinent de la llar i l’estable, s’adormí com un infant.

Ja corrien les hores menudes quan van despertar-lo uns clapits estranys, com si hi hagués una canilla de gossos al carrer. Entre mig s’hi barrejava alguna veu que cridava, reia, o potser plorava. Es llevà i mirà a través del finestró, però no pogué veure gran cosa. Al defora l’única llum que hi havia era la de la lluna velada pels núvols, reverberada sobre la neu que cobria la plaça. Li semblà que unes ombres s’esmunyien pel carrer Major, però no pogué determinar si es tractava de persones o de bèsties.

Després d’unes hores de mal dormir es llevà, com era el seu costum, abans de l’alba.

Oficià missa en la foscor glaçada i solitària de la parròquia. Quan tornà a la rectoria, la majordoma li havia preparat un modestíssim refrigeri a base de sopes de farigola amb poc pa, sal escassa i sense rastre d’oli, però amb un nutritiu ou escaldat que alegrava l’aigualida menja. Mentre escurava l’escudella, preguntà a la majordoma per l’enrenou nocturn, però ella li va contestar amb evasives i vaguetats. Li demanà també informació sobre l’objectiu del seu viatge, una família de bosquerols que habitaven a les muntanyes del terme. La pobra dona s’esverà una mica més, i començà a mussitar que ella no en sabia res, d’aquella gent. No calia ser una llumenera per veure que mentia. Mossèn Camprubí insinuà que entrebancar la sagrada missió que l’havia dut fins allà podia esdevenir una greu ofensa a Nostre Senyor.

—Tan greu com un pecat mortal —va dir-li abaixant la veu.

Davant d’aquesta perspectiva, la serventa li revelà els detalls que necessitava.

—S’estan per la serra del Cepell, i viuen de fer carbó, de vendre pells... i de tot lo

que’ls manen los Torrent de Prats —en pronunciar aquest nom, se senyà amb aprensió.

Li explicà que eren dos homes, segurament germans, amb una dona i cinc criatures

de diverses edats. Els pobletans solien atribuir-los qualsevol incident o  contratemps amb

el bestiar, tot i que mai no n’havien aconseguit cap prova.

—Són llobaters, com los seus senyors —afegí. I es tornà a persignar.

Llobaters. Feia temps que no sentia a parlar d’aital ofici. En aquell any convuls, qualificat per alguns com l’«any sense rei», es rumorejava que l’home fort de Ferran VI, Ricard Wall, s’havia entestat a esborrar totes les pràctiques obscurantistes heretades de la dinastia dels Àustries. Fos com fos, pel que explicava la dona, els bosquerols mai no assistien a missa, ni se sabia que la canalla hagués estat batejada ni combregada.

Tampoc quedava clar si la unió entre la dona i un dels germans havia estat beneïda pel sagrament del matrimoni. De fet, ni tan sols sabia si es tractava d’una parella o si la dona era compartida pels dos homes. Qualsevol dels supòsits representava un pecat gravíssim que calia esmenar sense dilació.

—Al temps que estem, los trobarà pel fum de les carboneres —li indicà.

Per a continuar el seu camí, havia de fer provisió de queviures. Normalment l’abastien del poc que necessitava a les parròquies per on passava. A casa el vicari de la Pobla, però, no hi havia res de sobrer, per tant l’assistenta el va adreçar a cal batlle, que tenia un magatzem on s’hi podia comprar o baratar menjar, teles i atuells diversos. Les visites dels botiguers ambulants eren molt espaiades, sobretot a l’hivern, i era convenient —segons l’alcalde, que en treia el seu benefici— que el poble no estigués desproveït.

La vila semblava deserta, però la neu de la plaça de l’església estava plena de petjades. El va atendre l’alcaldessa, una dona malcarada que, a més, no va voler donar-li res si no ho pagava trinco-trinco. Mossèn Magí va haver de desprendre’s, a contracor, d’alguna de les monedes que duia.

Mentre travessava el poble no es trobà ningú; només presències intuïdes rere els porticons. La neu enfangada, en canvi, denotava un gran trànsit de persones i animals.

De fet, l’únic carrer rebregat semblava ser el que ell seguia. Els altres apareixien coberts d’un immaculat llençol blanc. En arribar al portal d’entrada es fixà que de les estaques hi penjaven només tres cordes esfilagarsades. Ni rastre dels llops.

Prengué el camí que baixava cap al barranc, entre corrals i les cases del pobletans més pobres. Travessà el pont de pedra que encetava la calçada de les Balmes del Miracle. El dia era rúfol, i un vent molest aixecava remolins de neu que li punxaven el rostre. Els núvols passaven a gran velocitat, sense temps de descarregar, i el sol feia brevíssimes aparicions. Al cap d’una hora de caminar, arribà al trencall que s’internava a la serra del Cepell.

Des que havia deixat la vila, els camins que havia seguit estaven estranyament fressats. En canvi, els que anaven quedant a banda i banda es mantenien sense petjades.

Fins i tot quan va agafar la desviació que s’endinsava per la serra, la via principal en direcció a les Balmes era encara sense trepitjar. Seguí muntanya amunt a la recerca de les fumeroles que li havien d’indicar la posició dels bosquerols. La sendera progressava entre arbres silenciosos, roures de troncs negres i capçades despullades. La fidel somereta el seguia amb pas calmós i entenimentat. El missioner, en tants anys de trescar per indrets desolats, havia agafat el costum de resar mentre marxava. Res millor per a foragitar la solitud. Algú que l’observés diria que les oracions anaven dirigides a l’animal, que bellugava la testa amunt i avall com assentint a les pregàries.

Va transcórrer una hora, i després una altra, i ni rastre dels carboners. Abatut, s’assegué per fer un mos. Mentre llescava una de les fogasses, va adonar-se que el bosc estava en silenci. El seu instint esmolat el previngué d’una presència amenaçadora.

Deixà el pa a la sàrria i, sense soltar el ganivet, empunyà la llarga vara amb la mà lliure.

La ruqueta seguia tranquil·la, furgant entre la neu per una mica de pastura. Aleshores el veié: era un llop que el sotjava arraulit sobre una roca, a contravent —per això la somera no l’havia percebut. Li agafà por. Si anava sol, no hi havia perill, però era probable que els seus companys estiguessin envoltant-lo. O que els avisés per a què vinguessin. Se sentí un xiulet molt prim, imperceptible en altres circumstàncies, i el llop s’esvaní. La burra aixecà el cap, les orelles dreçades en direcció al davant. Un home cobert amb una pellissa aparegué al revolt del camí. Era baixet i renegrit, i duia un bastó amb una mena de falçó a l’extrem.

—Déu vos guard —saludà el mossèn.

L’estrany va fer un gruny amigable, però inintel·ligible. El capellà es presentà i exposà les seves intencions. L’homenet assentia sense deixar de somriure, com si li fes gràcia tot el que escoltava. Va balbejar unes paraules, entre les que va poder destriar «Genís» i, tot agafant el ramal de la burreta, tirà camí endavant. Com que mossèn Camprubí es quedà clavat, li fa fer un gest per a què el seguís.

Després de tres quarts caminant a bon pas, feren cap a una gran esplanada, al fons de la qual es dreçava un casalici com no n’hi havia d’altre en tota la vila. El mas, a banda de la pallissa i uns grans corrals, tenia adossada una petita capella. La porta principal estava custodiada per una alzina de dimensions considerables. En Genís (si és que aquest era el seu nom) li allargà la corretja de l’animal i assenyalant-li l’edifici articulà alguna cosa semblant a «parleu amb los senyors». Remarcà la frase amb un gest imperatiu de la mà i, sense esperar resposta, se’n tornà per on havien vingut.

La casa, vista de prop, no semblava gaire antiga. Possiblement era l’engrandiment d’un mas anterior, perquè un terç de la façana estava feta de maçoneria, amb pedres irregulars i enfosquides, mentre que la resta era de carreus d’angles poc desgastats.

Va sortir a rebre’l un home ja gran, de cabells grisos i expressió fatigada. El va fer esperar a l’entrada, vora una escalinata també mai vista a un llogaret com la Pobla. Al cap d’una estona que se li féu molt llarga, baixà un cavaller d’aspecte distingit i mirada glacial. Es presentà com a Martí Torrent, propietari «de totes les terres per les què heu passat des que heu abandonat la Pobla de Llobosa». El convidà a seguir-lo fins a un gabinet que estava al fons del vestíbul. La cambra, comparada amb l’espai que havien travessat, semblava minúscula. Potser a causa de la prestatgeria que cobria tres de les parets del terra fins al sostre o de la llar de foc que cremava en el mur sense llibres.

Martí Torrent s’assegué darrera un escriptori de roure tallat que ocupava gran part de l’estança.

 

tomo la primera imagen de

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-86d3c5c196708f55d3ea8f923c415c18.jpg

y la otra del Serret bloc.

 

 

HA MUERTO FRANCISCO CARRASQUER

HA MUERTO FRANCISCO CARRASQUER

ADIÓS A FRANCISCO CARRASQUER,

HOMBRE DE LETRAS Y DE ACCIÓN

El pasado martes, a las once de la noche, en Tárrega, falleció el escritor, profesor, periodista y agitador cultural Francisco Carrasquer Launed (1915-2012), de filiación anarquista. Combatió en la Guerra Civil –fue miliciano, jefe de centura, jefe de brigada-, conoció el campo de concentración en Francia, fue acosado por los nazis, regresó a España y estuvo varias veces en la cárcel, y finalmente partió a La Sorbona y más tarde a Holanda, donde haría el grueso de su carrera. Allí trabajó en la radio y dio clases en la Universidad de Groninga y de Leiden. Fue un hombre activo: editó poesía y narrativa propias, dirigió revistas, hizo muchos programas culturales, tradujo a autores holandeses al español, publicó poesía y se especializó, sobre todo, en la obra de su paisano y casi vecino Ramón José Sender, a quien le editó ensayos, le hizo ediciones críticas de ‘Imán’ y de ‘Réquiem por un campesino español’ y preparó una antología poética. Además publicó un libro sobre ‘Ascaso y Zaragoza’ y un libro de semblanzas: ‘Pondera que algo queda’, que publicó su gran amiga Marisancho Menjón. El funeral será el sábado en Tárrega. Francisco Carrasquer recibió el Premio de las Letras Aragonesas en 2006.

Uno de los libros que más le henchían de orgullo era su antología poética ‘Palabra bajo protesta’ (IEA, 1999). Amaba la poesía, la filosofía, la historia, y había tenido una historia tan intensa, tan dolorosa y tan apasionante, a la vez, como el mismo siglo XX.

 

RESCATE DE UN TEXTO

“Con Ascaso vivo habría cambiado

el curso de la Guerra Civil” 

 

Francisco Carrasquer publica en Alcaraván un libro de las vinculaciones entre el líder anarquista y Zaragoza

  

 

Como si de José Saramago se tratase –recuerden que en “Historia del cerco de Lisboa” un personaje cambiaba una palabra y con eso la historia-, el libertario, poeta y ensayista Francisco Carrasquer (Albalate de Cinca, Huesca, 1915) se ha zambullido en una especie de juego, o de reescritura de la historia, en su nuevo libro: “Ascaso y Zaragoza. Dos pérdidas: la pérdida” (Alcaraván / DPZ), donde se pregunta, y responde, qué hubiera pasado si en vez de Durruti, fuese Francisco Ascaso el responsable de la columna anarquista que se dirigió al frente de Aragón en los primeros días de 1936 y se quedó en Bujaraloz, “en vez de dirigirse sin dilaciones a Zaragoza, ciudad que fue decisiva porque desde ella maniobró el general Mola, donde residió. Durruti no tenía ni la inteligencia ni el dinamismo ni la personalidad de Francisco Ascaso. Y él lo sabía. Desde que este se murió, Ascaso fue alcanzado por un disparo en la frente en el cuartel de Atarazanas, se vieron sus incapacidades”.

Francisco Carrasquer conoció al líder anarquista de Almudévar, que ha retratado no hace mucho tiempo Pepe Cerdá en la muestra “Los últimos modernos”. “Fue el protagonista de actos fantásticos. Recuerdo en particular dos: en la plaza de san Jaume se subió a una farola como un simio y arengó a la gente y la hizo detenerse en su avance; y en un mitin de la FAI en Barcelona, en el último congreso de la FAI, hablaron García Oliver, Ricardo Sanz, Durruti y luego Ascaso, que hizo un resumen estremecedor”, señala el autor y dice que el libro también quiere ofrecer una visión crítica del anarquismo español. “La importancia de los anarquistas es absoluta. Total. Sin ellos no se hubiera controlado Barcelona. Estábamos preparados desde hacía una semana. Yo estaba en el Ateneo de Las Corts. Salimos a la calle armados y eso sorprendió al ejército nacional. Nosotros salimos a la calle zumbando, pegando tiros y les hicimos correr, justo lo que no pasó en Zaragoza porque Durruti, cosa que no hubiera hecho Ascaso, insisto, se detuvo en Bujaraloz en vez de partir hacia Zaragoza”.

¿Cuáles fueron, entonces, los errores del anarquismo? Francisco Carrasquer lo tiene claro. “En primer lugar, crearon un ejército regular en vez de un ejército guerrillero. Eso ya lo tenían los nacionales. Desde la órbita anarquista es incomprensible. En segundo lugar, la decepcionante participación de los anarquistas en el gobierno, López, García Oliver y Montseny, que se apartaron del comunismo libertario. Y en tercer lugar, los abusos de autoridad en algunos ayuntamientos, lo cual no quiere decir que las colectividades en Aragón no funcionasen ejemplarmente”, señala.

Se deshace en elogios para el político anarquista de Almudévar, Francisco Ascaso: “Lo conocí. Admiré su valor, su inteligencia y entereza. Durruti siguió a Ascaso simplemente. No había quien lo parase. Estoy convencido de que su presencia hubiese ayudado a cambiar el curso de la Guerra Civil”. A pesar de su admiración, Carrasquer es consciente de que Ascaso, con Durruti y Torres Escartín, entre otros, participó en el atentado contra el cardenal Soldevila en Zaragoza: “Estoy en contra de la revolución cruenta. Así no se gana nada. Ahora ya no soy anarcosindicalista. He expresado mi idea de una sociedad nueva en ‘El grito del sentido común’ (Libertarias), donde defiendo una nueva manera de pensar: la calidad de la vida debe estar fundada no en el poseer mucho, sino en poseer lo menos posible con la máxima eficacia, evitando ser esclavos de las cosas”.

El libro de Carrasquer sobre Ascaso –“no era solamente un rebelde, no; Ascaso era un auténtico revolucionario”- aborda otros asuntos de política ficción, lo que pudo ser y no fue, y habla del grupo “Nosotros” o “Los solidarios”, y resume pequeña parte de la historia de España, de la que él ha sido un importante protagonista.

 

*Texto de 2003. Coincidí en muchas ocasiones con Francisco Carrasquer, en Huesca, Zaragoza, le publiqué artículos en ‘El Periódico de Aragón’ en el suplemento ‘Rayuela’ y ‘La Cultura’.

ENRIQUE VILLAGRASA: DOS POEMAS

ENRIQUE VILLAGRASA: EL CIRCO EN CALAMOCHA

[Enrique Villagrasa, Burbáguena, 1957, publica un nuevo poemario: ‘Palabra y memoria’ en las Ediciones del 4 de agosto de Enrique Cabezón y Carmen Beltrán. Me envía un par de poemas. Las fotos son de Michael Garlington.]

 

 

 

UNA TARDE EN CALAMOCHA

 

 

Como agua de manantial fría y dura

los sonidos de la pista se deslizaban.

Qué frío hacía aquella tarde en el circo,

que sin carpa inundaba la plaza de toros

de aquel industrial pueblo del Jiloca.

 

Llegó el calor al contemplar

al ágil acróbata que en el portor se apoyaba,

y cuántos aplausos cuando el anciano jinete

rompió el círculo de papel en su salto.

 

Y Arnau, en el asombro de sus ojos,

reía de puro gozo;

pues, el payaso en su cómica salida

con sus zapatones y maleta tropezaba.

 

Ya el acordeón suena

en la puerta caoba del otoño:

qué melancolía de gestos

con aquel payaso de lentejuelas y cara blanca

y con el del vestido grotesco y maquillaje exagerado.

Qué gestos de belleza con la luz

que iluminaba la pista, la comedia y el musical.

 

Y con las manos cargadas de pasión y esperanza

los niños aplaudían con sus sonrisas y carcajadas.

 

Qué frío hacía aquella tarde

en el circo, a orillas del Jiloca.

 

 

TU VIDA

 

I

El corazón desea en silencio,

del convento queda la distancia. 

El Jiloca siente nostalgia de su lecho

y la campana de su Burbáguena:

así incrementa el alma su fervor.

Asombrado por Francisco de Asís

y mecido por los querubines

todo fue verso en Benisa y Pego,

latitud alicantina.

Eres tarde otoñal

en el claustro de Teruel.

Su belleza, tu melancolía,

su decadencia, tu vida,

su soledad, tu alma.

Encerradas tras los labios

las palabras esperan

la luz del día y su brisa.

El tiempo estremecido

anhela otras teologías.

Inquieto todo. Oración y letanías

en el sentir de los frailes.

Volver a tenerte, ángel de la Guarda.

Duerme novicio tus sueños:

tus  pensamientos son tuyos.

Espejo puro, filósofo-teólogo,

de la memoria abismo.

Realidad universitaria

de lúcidos encuentros.

Poética única: Tronos,

Dominaciones y Potestades,

Ángeles y Arcángeles.

Todos ellos para ser

se miran en el Amor.

Sentimientos, emociones,

levadura de tu vida.

Caridad, palabra inventada.

El rostro del serafín desaparece.

Calla el teólogo

en la brevedad del instante.

 

II

Hoy, el mar vive el crepúsculo.

Las sombras, de nuevo,

levantan el vuelo.

Se adueña la luz de tus poros

y ves, otra vez, el ángel

caído. Eco de tu voz,

¿y la palabra ida?

Palpita el momento:

melancolía de gestos

en arrasadas lágrimas,

para ocultar

el rechinar de dientes.

Ocaso, más estrellas.

La botella deja caer

su última gota.

Emborracha el poema

de lágrima angelical.

Su aroma te arropa.

Tu corazón anhela.

Acaricias el momento

de vacías celdas

y te refugias en el silencio

de las olas de la tarde,

por descifrar el poema.

Lentas, graves las oraciones,

se repiten insaciables:

el ángel -tal vez- no ha muerto,

queda Valencia olvidada.

El estudiante ya no es

un fraile franciscano.

 

 

 

 

 

ENRIQUE CEBRIÁN: CUATRO POEMAS

Enrique Cebrián, poeta y narrador y profesor universitario en Zaragoza, me envía cuatro poemas con esta nota: “Te mando cuatro poemas antiguos, que tratan, de un modo u otro, del verano y de las vacaciones y que hablan de un hombre que ya no existe, pero al que conocí bien”. Todas las fotos son de Clifford Coffin.

 

  LA FRUTA

 

 

Por aquel entonces jugábamos a creer

que no había límites en el fuego confuso

en el que ardíamos.

Éramos extranjeros en el país de lo correcto

y lo debido,

de lo que se esperaba de nosotros.

 

 

A veces,

en las tardes más lentas del verano,

huíamos muy lejos, y tú

me acariciabas y guardabas silencio.

 

 

Por aquel entonces reíamos

y leíamos el In illo tempore de de Cuenca

y probábamos –jugosa– la fruta agridulce

de la infidelidad.

 

CABO DE GATA

 

Irse de vacaciones cuando nadie lo hace  

–nadie lo negará–

tiene muchas ventajas: la vida

es más barata, los viejos se excitan

y bailan en hoteles y el tiempo,

con suerte, puede serte

benigno.

 

Cuando nadie lo hace,

irse de vacaciones

es mirar como un niño.

 

Una semana, solo,

en el Cabo de Gata,

y el mundo se paraba atando

la cuerda a sus relojes.

 

Una semana los teléfonos lejos, lejos

Internet,

la radio, las noticias,

sin tele ni periódicos,

en el Cabo de Gata.

Las aguas del mar tan cristalinas.

El cielo, las nudistas.

Una semana.

 

No eché de menos nada.

Tan sólo los espejos. Una semana estuve

en un lugar sin ellos.

Dejé crecer mi barba, como un ciego

lavaba mi cara en la mañana.

Quién era yo no sé,

quién fui en aquellos días

–Narciso asesinado–

en que aprendí la sed y el egoísmo.

 

 

ESTACIÓN DE PASO

 

Como el otoño apunta 

las hojas hacia el suelo,

así te quise yo.

Con convicción

y un algo de marchito.

Con la certeza implacable

dura

de las flores de un día,

un yogur caducado en la bolsa

de la compra

que todavía sabe a fresa

en la garganta.

 

Pese a todo

(o puede que por eso),

nos dio tiempo

de hacer algunas cosas memorables:

celebramos la juventud

de nuestro cuerpo en los billares,

fundamos un país que se llamó verano,

comimos cacahuetes.

Vivimos semanas como años

por las calles,

el puerto, las farmacias.

 

Sabíamos –como dicen

en el cine–

que lo nuestro habría terminado

antes de las primeras lluvias.

Los billares echaban la persiana

aquellos días.

No hubo aspavientos.

Lo bueno, si breve

–como dijo el maestro–,

sabe dos veces bueno,

dos veces sabor fresa aquellos días.

 

Como el otoño apunta

las hojas hacia el suelo,

así nos despedimos,

así te dije adiós

al cabo de los besos.

 

 

SÍNDROME POST-VACACIONAL

 

Deshacer las maletas, 

deshacer los recuerdos,

desayunar, de nuevo, en el café de abajo,

conservar tus señas, por si acaso,

por si otra vez,

desenterrar jerseys,

ir al trabajo,

comprobar en la ducha

cómo se va marchando la marca del moreno.