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Antón Castro

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JUAN MARQUÉS HABLA DE 'ABIERTO'

JUAN MARQUÉS HABLA DE 'ABIERTO'

Juan Marqués (Zaragoza, 1980), poeta y ensayista, estudioso y editor de Luys Santa Marina, ganaba hace pocas semanas el premio Gerardo Diego de poesía con ‘Abierto’, volumen que acaba de publicar Pre-Textos. Antes había publicado ‘Un tiempo libre’ en La Veleta. El pasado viernes, Juan Marqués vino a Zaragoza con su compañera Susana y llamó a un puñado de amigos de Zaragoza (Pepe Melero, Fernando Sanmartín, Félix Romeo, Julio José Ordovás, Ignacio Escuín Borao…) y les entregó su poemario, que ha quedado realmente precioso. Una joya gris, con su nombre el rojo y el título del poemario en blanco. Recupero esta entrevista que le hice pocos días después de ganar el premio. El libro es realmente personal: poesía del silencio y de la contención, poesía que oculta tanto como dice, poesía del misterio y de la exaltación de la vida, del amor, de los pequeños detalles, poesía de la naturaleza, sin afectación alguna. Diáfana como un amanecer que llega.

 

“La poesía no se escribe: el poeta

obedece y encuentra poemas”

 

 

¿Quién es el poeta, el sujeto poético, quién es Juan Marqués?

 

Ésta es una pregunta muy difícil porque apenas me la hago. Yo no me intereso demasiado a mí mismo: todavía no sé quién soy pero por lo menos ya he llegado a comprender que eso no importa. Y, como poeta, también busco mucho más fuera que dentro. La poesía es un camino de ida y vuelta: al poeta le llegan cosas, que él ha de digerir y después entregar ordenadas, sintetizadas, con toda la precisión que sea posible. En una de sus cartas, Rilke, hablando de no sé quién, decía que “aquél sí que era un poeta: odiaba todo lo que fuera inexactitud”. Es difícil pero en eso estamos. La verdadera poesía exige muchísimo trabajo, pero no se debe notar cuando se lee: es bueno que parezca fácil, limpia, inmediata, natural...

 

¿Desde qué estética, desde qué punto de vista lo has escrito?

 

Una de mis pocas convicciones es la de la sencillez. Todo lo que sea grandilocuencia, palabrería, retórica, solemnidad, afectación, “posturitas”... es enemigo de la poesía. A todo presunto poeta se le debería preguntar: “Usted, ¿tiene algo que decir? Bueno, pues entonces dígalo aquí y ahora, y rápidamente, con brevedad”. Si un poeta no puede decir aquello que tenga que decir en cinco o seis versos tampoco va a conseguir decirlo en cincuenta. Al contrario: todo se enfangará más si se infla. Yo defiendo el “poema pequeño”, más que el breve. Pequeño quiere decir sencillo, modesto, en voz baja, aunque después pueda o deba ser, si hay suerte, profundo, rico, inagotable... Y, naturalmente, lo normal es que el poema pequeño sea también breve, aunque yo he leído poemas pequeños de varias páginas (pienso, por ejemplo, en Juan Ramón Jiménez). Y, por otra parte, los poemas de “usar y tirar” no suelen ser buenos poemas, y éste fue uno de los principales problemas de la poesía española de los 80 y vuelve a serlo ahora entre los circuitos de esa “poesía hiperrealista, sucia, directa, cruda...” que practican y predican muchos poetas de mi edad. Un poema tiene que ir ganando y creciendo cada vez que se vuelve a él, tiene que decir cada vez más cosas. Esos poemas que lees y entiendes totalmente a la primera y ya los has leído para siempre... no sirven para mucho, aunque puedan contener mucho talento o una buena porción de verdad.

            Me gustaría continuar o incorporarme al trabajo necesariamente solitario de algunos poetas españoles que creo que son especialmente conscientes de lo que hacen, que tienen muy clara cuál es su voz y su aportación, y que en buena medida están depurando toda la tradición (y no sólo española, ni mucho menos), desbrozando y reciclando todo lo heredado para brindarlo al presente y, tal vez, al futuro. Mis modelos inmediatos y, por así decirlo, “vivos”, están en Luis Muñoz, Álvaro García, Isabel Bono, Lorenzo Oliván, el libro ‘Así procede el pájaro’ de Juan Antonio Bernier, o, por nombrar a dos poetas zaragozanos jóvenes cuya poesía no sólo me interesa sino que me importa, el admirable libro de David Mayor (el mejor poemario que ha dado nuestra tierra en lo que llevamos de siglo XXI) y el precioso y robustamente delicado ‘Libro de los ibones’ de Ángel Gracia. Todo éstos son buenos ejemplos de lo que se puede llegar a conseguir, aunque yo necesitaría vivir y esforzarme durante cuatrocientos años para alcanzar la sensibilidad o el temblor de alguno de ellos.

 

¿Dónde transcurre, en qué marco, físico, mental o simbólico?

 

Si en ‘Un tiempo libre’ había sólo un “poema zaragozano”, y el resto eran ya posteriores al 1 de septiembre de 2005, cuando me fui a Madrid, todos los poemas de ‘Abierto’ son ya, claro, posteriores a aquello. El poema más antiguo, un boceto de poética que se titula “Casa roja en la nieve” (y que lleva una cita de Simic que me parece una definición impresionante de lo que desde cierto punto de vista es la poesía), lo escribí en una escapada a Reykjavik hace ahora exactamente dos años, en noviembre de 2oo7, y el más reciente de los que se van a publicar en ese libro es de este pasado septiembre (aunque todavía no he enviado la versión definitiva a Pre-Textos y tengo tiempo para pensarlo todo mejor). Es decir, que el libro se ha escrito a lo largo de veintidós meses. ‘Un tiempo libre’ se publicó en diciembre de 2oo8, pero yo lo había entregado en febrero, así que mis dos primeros libros no van a ser realmente tan próximos como le pueda parecer a quien sólo lea los colofones.

 

¿Por qué has escrito este libro, qué quieres decir?

 

No se puede no escribir, es inevitable. Yo podría dejar sin ningún problema la crítica literaria, mis timidísimos intentos narrativos, los ensayitos... pero la poesía no se escribe. Jamás (o al menos desde que cumplí veinte años) me he sentado a escribir un poema. Todos nacen en otros momentos, generalmente cuando camino. No quiero ponerme demasiado “espiritual” ni “gamonedista” porque no me caen bien esas magias ni esas homilías, pero es verdad, hasta cierto punto, que el poeta obedece. No es, por supuesto, un antipático “demiurgo” entre la fuente de la poesía y el papel, sino un autor consciente y soberano, pero la inspiración existe, las “epifanías”, lo recibido... Yo, más que de escribir, tengo la sensación de encontrar poemas. E incluso intuyo que los poemas que escriba dentro de siete, diecisiete o treinta años ya existen de algún modo, ya están ahí, pero yo todavía no soy capaz o no estoy preparado para detectarlos, reconocerlos, descifrarlos, aislarlos, hacerlos míos..., escribirlos.

 

¿En qué momento, con qué estado de ánimo has escrito ‘Abierto’?

 

No quiero ni presumir de cosas que no he recibido por méritos propios ni fingirme parte de un ambiente que me sobrepasa por todos lados, pero, siendo estrictamente sincero y haciendo repaso cabal de lo que me ha convertido en el que poeta que al parecer empiezo a ser, mi formación no se explica sin la Residencia de Estudiantes. Yo leo vorazmente desde que tengo uso de razón, y escribía tímidamente y mal desde que empecé Filología Hispánica en 1998, pero nunca pensé en publicar (aunque Ana María Navales quiso para ‘Turia’ un poema que ahora ya no me representa y mi querido amigo Nacho Escuín incluyó en ‘Noreste’ cinco o seis textos de los que tampoco puedo estar ahora satisfecho). Pero desde que llegué a la Residencia, gracias a un informe incontestable de José-Carlos Mainer, a quien se lo debo casi todo, el tiempo y el espacio se dilató: los días duraban unas cuarenta horas y, por primera vez en mi vida, tenía una pequeña habitación para mí. El contacto con el resto de compañeros becarios hizo mucho, e ir consiguiendo después otros amigos, encontrar otras lecturas, aprender a mirar de otro modo... me llevó a que un día Andrés Trapiello me preguntase si yo escribía poemas, y un año después conseguí ordenar un primer libro que le gustó lo suficiente como para quererlo en la colección que dirige en Granada (una ciudad en la que, por cierto –y me avergüenza tener que confesarlo, a mis veintinueve años...–, todavía no he estado).

 

¿Cómo se vive en la Residencia de Estudiantes, que es lo más emocionante, lo más bello?

Es vivir en uno de los corazones de Madrid, con todos los beneficios que eso implica pero sin ninguno de los inconvenientes. Nadie se podría creer el silencio que puede llegar a existir entre los delirios paralelos del Paseo de la Castellana y la calle Serrano, y es impagable. Pero lo mejor son los compañeros y muchos de los visitantes, y todo lo que enseñan. Han sido cuatro años de crecimiento constante, que continúan en buena medida porque sigo viniendo todos los días. Y me alegra poder devolver con este libro algo de lo que aquí he recibido, incrementando humildemente la literatura escrita en este lugar.

¿Qué se siente cuando a uno le toca el bote en poesía y gana 12.000 euros en tiempos de crisis?

Uno de los poemas premiados dice, precisamente, que “no hemos sido creados para hablar de dinero”, pero te puedo decir que, desde luego, ese cheque tranquiliza bastante. El dinero es lo más detestable y sucio que existe, pero también es tiempo, y libros, y algún viaje... Me presenté al premio antes de verano, cuando se terminaba la beca y todavía no era seguro lo del contrato que ahora disfruto. Ahora todo ha ido saliendo bien y estoy plenamente contento, aunque mucho más por el libro que por el premio. No sé por qué, pero la verdad es que siempre he tenido buena suerte.

 

FOREGA LEE A CH. PERIBÁÑEZ

FOREGA LEE A CH. PERIBÁÑEZ

Por Manuel MARTÍNEZ FOREGA

Termino de leer los poemas de Cuando éramos reptil (Col. Resurrección, en la editorial Comuniter) y debo confesar que me han sorprendido. Un lenguaje pulcro, con un exquisito cuidado de la prosodia (cuestión nunca bien ponderada que no hay que echar en saco roto) y un estupendo manejo del verselibrisme. Empezamos bien si queremos seguir con fundamento algunos juicios que necesariamente han de sustentarse en la "forma", en una estructura morfológica que advierte de su consciencia. Para empezar, no es habitual que estos rasgos sean destacables conociendo cuánto azar formal e inconsciente puebla los poemas de tantos poetas. Pero si añadimos que ese universo lírico (el yo es abismalmente preponderante sujeto al egotismo verbal) está traducido con ricas imágenes, nada rígidas, con una apuesta manifiesta por el símbolo (a veces, onirismo e irracionalidad -claro, que vienen a ser más o menos lo mismo- comulgan con premeditado o impremeditado -no lo sé con certeza- objetivo) y una extraordinaria largueza semántica; quiero decir generosidad interpretativa, significadora a partir de una combinatoria léxica (que tanto le gusta a Steiner), la cual, aun pareciendo súbita, automática, se decanta, tras la lectura, hacia un posición meditada.

Si añadimos que ese universo, decía, constituye un claro ejemplo de inmersión en la tradición, este libro termina por seducirnos definitivamente. Es posible que haya cierto azar en la composición de las imágenes, pero, si es así, el acierto está en no haberlo corregido o en haber conservado lo esencial. Todo ejercicio lineal -y la escritura lo es- ha de contar con este recurso que deduzco ha ejecutado muy bien Períbáñez. Toda esta tramoya sirve a la expresión de un conflicto que testimonia cierto dolor y más de una decepción por etapas; un conflicto repetido que le echa un pulso a la duda relacional y trata de fijar algunas certezas interiores, íntimas, de esa construcción personal que jamás termina en un tejado. Si toda escritura es un exorcismo, ésta lo es. Lo bueno de los poemas de Períbáñez es que el lector (yo, al menos) lo recibe convencido de ser cierto, de no esconder nada o poco, y que la retórica, aunque exista, rinde pleitesía a la sinceridad para echar al diablo fuera, pero para dejarlo entrar en cualquier momento, ya sea cabra o súcubo, o el mismísimo Comendador.
Bravo.

 

*Manuel Forega comenta en su blog la plaquette ‘Cuando éramos reptil’ de Christian Peribáñez. Periodista de la sección de Aragón, durante años lo fue de Cultura y de Televisión. Su libro, y el de Carmen Ruiz Fleta, ‘Mapas y disfraces’, también la colección Resurrección de Comuniter (serie que dirige Octavio Gómez Milián), se presentarán el martes 23 a las 20.00 en la FNAC.

*La foto es de Lukas Ptacek.

 

EL LIBRO DE LOS BÚHOS

EL LIBRO DE LOS BÚHOS

Recibo esta carta de Fernando Gracia Guia

 

Querido amigo:

La Asociación Aragonesa de Amigos del Libro ha propiciado la edición de un libro que recoge la semblanza de los cien primeros premios ‘BÚHO’ que se han entregado desde 1993, año en que se instituyó el premio para recompensar a aquellas personas o entidades que hubieran destacado en su actividad de promoción del libro y la lectura.

 

Se encomendó la preparación del libro a José Luis de Arce, anterior Presidente de la Asociación, y a José ángel Monteagudo, su actual Secretario. Ha sido editado por DELSAN, y se va a presentar en público el lunes 29 de marzo, a las 19,30 horas en el salón de Caja Inmaculada del Paseo de la Independencia 10. Intervendrá como presentador el catedrático D. Guillermo Fatás.

 

Me complace invitaros a dicho acto. Muchas gracias y mi cordial saludo.

 

Fernando Gracia.

Crítico de cine y presidente de la Asociación de Amigos del Libro

*La foto es de Rodney Smith.

'AGUA Y CIELO' DE CLAU Y GISTAÍN

'AGUA Y CIELO' DE CLAU Y GISTAÍN

‘Agua y cielo’, la novela de María Pilar Clau y Mariano Gistaín que publica Mira Editores, es la historia de amor imposible entre un hombre y una mujer de distinta posición social que nacen en una tierra sin mar y sin ríos. Pozos y balsas la abastecen de vida. Los ritmos históricos relacionados con el agua acompañan y forjan las vidas de los protagonistas desde 1950 hasta 2013 en Aleluya, Barbastro y Zaragoza.

‘Agua y cielo’ fluye por el alma de una historia y por las entrañas de una tierra en las que el devenir del agua ha dibujado la vida de sus habitantes.

La novela es un homenaje a los hombres y mujeres que tanto tiempo y esfuerzo debían emplear para obtener un recurso imprescindible para la vida.

 

*Este texto pertenece a la contraportada de la novela. Hace muy poco tiempo, Pilar y Mariano publicaban ‘Lo mejor de Zaragoza’ (Zaragoza Global).

 

Agua y cielo. Presentación: Lunes 22 de marzo, con Pablo Carreras y Alfredo Boné, Joaquín Casanova y los autores. Instituto Goya. A las 20 horas. La ilustración de portada es del artista oscense Antonio Fernández Alvira.

POEMAS DE DOLAN MOR

                            (Fragmento del libro La novia de Wittgenstein)

 

 

 

 

yo soy como tiresias  mujer  y  hombre a la vez  llave candado voz  silencio en el discurso selva desierto ramas el hacha entre las hojas brazo mancado baile la fiesta de la muerte en mis dedos las fresas salen envenenadas y un pájaro se posa en mi frente y dispara la flecha al cazador

                                                            *

                                             inclinada en la hoja

                                             ante el ordenador

                                             escribo lo imposible

                                             de nombrar con la lengua

                                             la pantalla sus signos

                                                             *

                                            ¿alguien mece a estas horas

                                             mi corazón las ramas

                                             como un pájaro oscuro

                                             o es acaso aquel gato

                                             que devora las plumas

                                             de mi canto canoro?

                                                            *

                                             sobre mi no-cabeza

                                             pende el hacha de nadie

 

                                             navaja del lenguaje

                                             que corta en dos el verbo

 

                                             y la sangre gotea

 

                                             (un cuervo blanco brilla)

 

                                             la idea cae cifrada

 

                                             negra sobre la página

                                                           *

                                            permito que florezca

                                            la lluvia en mi interior

                                            los huesos de los hombres

                                            los vestidos nenúfares

                                            el perfume de un sapo

                                            pero nada me cura

                                            porque estoy condenada

                                            a escribir como un muerto

                                            que heredó naufragar

                                            en un mar sin orillas

                                                           *

                                            y así mi corazón

                                            directo va al naufragio

                                            porque sabe que habita

                                            el pecho de un cadáver

                                                           *
                                            lo inefable se nombra

                                            con la dificultad

                                            de saber que no hablas

                                            porque sólo los mudos

                                            escriben lo invisible

                                            con su bello discurso

                                            encima de la arena

                                                           *

                                             sin embargo lo intentas

                                             con la piedra de sísifo

                                             escribes cada día

                                             en tu agenda o bitácora

                                             pero siempre te ahogas

                                             bajo el nombre de ofelia

                                             que es el clon femenino

                                             de narciso en el lago

                                                            *
                                             la emoción pertenece

                                             a otro siglo fugaz

                                             menos (también) numérico

                                             cansino y digital

                                                            *

                                             ¿no sientes un ligero

                                             mareo cuando asomas

                                             tu corazón portátil

                                             a ese brocal sin límites

                                             del mundo al desarrollo

                                             que pronuncian revistas

                                             e internet en la cuántica

                                             de tu amigo max planck?

                                                           *

soy una bestia frágil como todas las bestias mi ignorancia me salva y a la vez me condena en mi cabeza viven la máquina el caballo en mis ojos la cámara de vídeo es inmortal apuñalo las horas con mis patas de fresa mis zapatos oscuros dibujan el cristal donde pasto a escondidas mis órganos humanos imagino que soy dios convertido en fiera pero soy (¡oh aristóteles!) un animal civil

                                                          *

                                          así empiezo a dudar

                                          de todo lo que existe

                                          la luna los aviones

                                          los planetas las fórmulas

                                          también cuestiono a wittgenstein

                                          y digo que es mentira

                                          que lo que el hombre

                                          llama estación temporal

                                          es símbolo del cambio

                                          pero no de las flores

                                          desnudas o doradas

                                          adornando el estanque

                                          de los pozos en berna

                                                           *

                                          pero berna es un símbolo

                                          igual que otra ciudad

                                          un cuchillo en la hoja

                                          un nombre un sustantivo

                                          sin remedio escondido en el mapa

                                          geográfico que se imagina el hombre

                                                           *

                                          igual la poesía carece

                                          de sentido de espacio

                                          y dimensión a pesar de sus mezclas

                                          raros experimentos

                                          de un siglo hacia otro siglo

                                          poblado de vanguardias

 

                                          aquello que es creado

                                          es reflejo y mentira

                                          delante del cristal

                                          nevado del espejo

 

                                          pues cada pensamiento

                                          conduce a la ignorancia

                                          y cada situación del efecto

                                          es la causa inicial del problema

                                                           *

                                          y sin embargo cantas

                                          con tu boca de hormiga

                                          dispuesta en el taller

                                          de un viaje detenido

                                          en la nave de nadie

 

                                          hablas de mano sueñas

                                          que eres mitad penélope

                                          y otra mitad ulises

 

                                         (tejes la soga el hilo

                                         de metal con tus dedos

                                         en el viaje hacia ítaca)

 

                                         pero siempre has sabido

                                         que llegarás a un puerto

                                         que se nombra d. wallace

 

                                         o a un desierto sin labios

                                         que se llama rimbaud

                                                       *

 

*Me he encontrado hoy en la FNAC, donde grabábamos a David Monteagudo y a Elena Medel, y me ha pasado su nuevo poemario. ‘La novia de Wittgenstein’. Me manda estos fragmentos y esta foto, realizada por Alessandra Malini.

HOY, EN LA FNAC, CON DAVID MONTEAGUDO

HOY, EN LA FNAC, CON DAVID MONTEAGUDO

Esta tarde presento, a las 19.00, la novela de David Monteagudo (Viveiro, Lugo, 1964), ‘Fin’, que ha publicado Acantilado y que ha sido uno de los acontecimientos de público lector y de crítica de 2009. David y yo no nos conocemos. Nos veremos por primera vez esta tarde hacia las seis y media en la FNAC. La presentación será a las siete. Luego presentará su primera novela Miguel Ángel Ortiz Albero acompañado de varios amigos, críticos y editores.

 

Rescato para mi blog esta entrevista que se publicó en ‘El Progreso’: es una conversación de David Monteagudo y del también escritor Jaureguizar, muy conocido y respetado en Galicia. La entrevista es del pasado mes de noviembre.

 

27/11/2009 - Jaureguizar / El Progreso (Lugo/Santiago)

El padre de David Monteagudo era oficinista en Chavín hasta que un día decidió ser artista y dejó su trabajo. Su hijo decidió a los 40 años que iba a ser escritor. El nuevo comienzo confirma su intuición porque su novela 'Fin' (Acantilado) ha agotado dos ediciones en un mes. El autor, nacido en Viveiro e hijo de una maestra de Paradela, vivió durante cinco años en aldeas gallegas y asturianas cercanas a Galicia hasta que perdió su "paraíso" y la familia se trasladó a Cataluña.[El libro ahora ya va por la octava edición]

PREGUNTA: En su biografía pone que es usted gallego. ¿Qué le queda de eso?

RESPUESTA: Mis primeros recuerdos son de una aldea de Castropol llamada Brañatuílle, en el límite con Galicia. Allí viví en un ambiente totalmente gallego, pero en mi casa solamente se hablaba castellano porque éramos hijos de la maestra. El primer libro que escribí, 'Brañaganda', que saldrá también en El Acantilado, es una novela basada en mi infancia y lo sitúo en ese paraíso perdido. Trata de un 'lobishome' que acecha a una aldea. Es un lugar muy pobre, pero me dejó marcado. El castellano que hablábamos era muy culto tanto por mi madre como por mi padre, que había dejado su trabajo y estaba con nosotros.

P: ¿Por qué dejó su padre el trabajo?

R: Bueno, él hizo una apuesta clara cuando tenía cuarenta años. Era un artista polifacético porque era pintor y escultor, también cantaba muy bien, lo hacía en orquestas de Viveiro, como la 'Variedades'. Mi padre es un referente para mí. Él seleccionó mis lecturas con un buen gusto exquisito.

P: Hay algo que no entiendo. Viene usted de un ambiente culto y trabaja de maquinista en una fábrica de cartón ondulado.

R: Mis hermanos y mi familia tampoco lo entienden porque ellos tienen estudios. Empecé Filología Hispánica, pero con 20 años empecé a trabajar y lo dejé porque me aburría en las clases. Soy un falso currante porque vivo en un piso de cuarenta metros cuadrados en el que tengo más de 1.000 volúmenes, pero ni un televisor.

P: También me sorprende que, siendo lector desde niño, decidiese ser escritor con 40 años.

R: Empecé a escribir a los tres días de haber cumplido los cuarenta. Siempre había tenido la intuición de que sería escritor, pero siempre hice cosas muy vivenciales, como ser 'casteller', que son los que participan en pirámides humanas. Toda esa corriente subterránea afloró a los 40 años, al poco de morir mi padre.

P: ¿No se atrevió a empezar hasta que desapareció la figura de su padre?

R: Pues no, mi padre era una sombra. Mis hermanos y yo siempre tuvimos encima el fantasma de lo que le había pasado a mi padre como artista.

P: ¿Temía no estar a su altura?

R: Puede haber algo de eso...

P: Usted habla en el contestador de su teléfono en catalán y le he oído dirigirse a su hijo en ese idioma. Sigamos con los desconciertos, ¿por qué escribe en castellano?

R: No me hizo falta hacer una elección. Yo uso el catalán socialmente, pero mi cultura es castellana. Es la lengua que domino. En catalán soy un escritor casi analfabeto. Los diez libros que he escrito en estos ocho años están en castellano.

P: De esos diez libros, solamente 'Fin' está publicado. Trata de un grupo de excursionistas amenazados por un mal externo. ¿Tiene que ver con el 'lobishome' de 'Brañaganda'?

R: Sí, hay también una amenaza exterior, pero no es una novela de género, sino que muestra las neuras de cada personaje y como cada uno interpreta esa amenaza. Habla de parejas en conflicto, es un retrato de mi generación, la última a la que se inculpó el pecado y la culpa.

P: ¿Su intención era hacer un retrato de la clase media de edad mediana?
R:
No, no, hubo una intención meditada. Se trataba de someter a una serie de personajes a una situación límite y ver cómo reaccionan.

P: Tiene usted otros siete libros en el disco duro del ordenador. ¿Por qué 'Fin' tuvo mejor suerte?

R: Fue algo rocambolesco porque los editores y los agentes literarios valoraban el libro, pero no se atrevían con un desconocido que, encima, no escribía sobre templarios o nazis. Decidí dedicarme solamente a escribir y que mi mujer se ocupase de buscarme editor.

P: El fantasma de su padre le visitaría tras tanto intento infructuoso.

R: Mis hermanos y yo tenemos siempre miedo al fracaso, lo que nos paraliza para intentar hacer cosas, pero yo salí tenaz como mi madre. Conseguí que un periodista me leyese 'Brañaganda' y él lo movió, aunque el editor prefirió 'Fin'.

P: Usted también lee a otros como jurado de poesía 'castellera'.

R: La 'colla castellera' a la que pertenezco organiza certámenes de poesía 'castellera', que van referidos a los 'castells', y yo ayudo.

HOY, EN LA FNAC, CON DAVID MONTEAGUDO

HOY, EN LA FNAC, CON DAVID MONTEAGUDO

Esta tarde presento, a las 19.00, la novela de David Monteagudo (Viveiro, Lugo, 1964), ‘Fin’, que ha publicado Acantilado y que ha sido uno de los acontecimientos de público lector y de crítica de 2009. David y yo no nos conocemos. Nos veremos por primera vez esta tarde hacia las seis y media en la FNAC. La presentación será a las siete. Luego presentará su primera novela Miguel Ángel Ortiz Albero acompañado de varios amigos, críticos y editores.

 

Rescato para mi blog esta entrevista que se publicó en ‘El Progreso’: es una conversación de David Monteagudo y del también escritor Jaureguizar, muy conocido y respetado en Galicia. La entrevista es del pasado mes de noviembre.

 

27/11/2009 - Jaureguizar / El Progreso (Lugo/Santiago)

El padre de David Monteagudo era oficinista en Chavín hasta que un día decidió ser artista y dejó su trabajo. Su hijo decidió a los 40 años que iba a ser escritor. El nuevo comienzo confirma su intuición porque su novela 'Fin' (Acantilado) ha agotado dos ediciones en un mes. El autor, nacido en Viveiro e hijo de una maestra de Paradela, vivió durante cinco años en aldeas gallegas y asturianas cercanas a Galicia hasta que perdió su "paraíso" y la familia se trasladó a Cataluña.[El libro ahora ya va por la octava edición]

PREGUNTA: En su biografía pone que es usted gallego. ¿Qué le queda de eso?

RESPUESTA: Mis primeros recuerdos son de una aldea de Castropol llamada Brañatuílle, en el límite con Galicia. Allí viví en un ambiente totalmente gallego, pero en mi casa solamente se hablaba castellano porque éramos hijos de la maestra. El primer libro que escribí, 'Brañaganda', que saldrá también en El Acantilado, es una novela basada en mi infancia y lo sitúo en ese paraíso perdido. Trata de un 'lobishome' que acecha a una aldea. Es un lugar muy pobre, pero me dejó marcado. El castellano que hablábamos era muy culto tanto por mi madre como por mi padre, que había dejado su trabajo y estaba con nosotros.

P: ¿Por qué dejó su padre el trabajo?

R: Bueno, él hizo una apuesta clara cuando tenía cuarenta años. Era un artista polifacético porque era pintor y escultor, también cantaba muy bien, lo hacía en orquestas de Viveiro, como la 'Variedades'. Mi padre es un referente para mí. Él seleccionó mis lecturas con un buen gusto exquisito.

P: Hay algo que no entiendo. Viene usted de un ambiente culto y trabaja de maquinista en una fábrica de cartón ondulado.

R: Mis hermanos y mi familia tampoco lo entienden porque ellos tienen estudios. Empecé Filología Hispánica, pero con 20 años empecé a trabajar y lo dejé porque me aburría en las clases. Soy un falso currante porque vivo en un piso de cuarenta metros cuadrados en el que tengo más de 1.000 volúmenes, pero ni un televisor.

P: También me sorprende que, siendo lector desde niño, decidiese ser escritor con 40 años.

R: Empecé a escribir a los tres días de haber cumplido los cuarenta. Siempre había tenido la intuición de que sería escritor, pero siempre hice cosas muy vivenciales, como ser 'casteller', que son los que participan en pirámides humanas. Toda esa corriente subterránea afloró a los 40 años, al poco de morir mi padre.

P: ¿No se atrevió a empezar hasta que desapareció la figura de su padre?

R: Pues no, mi padre era una sombra. Mis hermanos y yo siempre tuvimos encima el fantasma de lo que le había pasado a mi padre como artista.

P: ¿Temía no estar a su altura?

R: Puede haber algo de eso...

P: Usted habla en el contestador de su teléfono en catalán y le he oído dirigirse a su hijo en ese idioma. Sigamos con los desconciertos, ¿por qué escribe en castellano?

R: No me hizo falta hacer una elección. Yo uso el catalán socialmente, pero mi cultura es castellana. Es la lengua que domino. En catalán soy un escritor casi analfabeto. Los diez libros que he escrito en estos ocho años están en castellano.

P: De esos diez libros, solamente 'Fin' está publicado. Trata de un grupo de excursionistas amenazados por un mal externo. ¿Tiene que ver con el 'lobishome' de 'Brañaganda'?

R: Sí, hay también una amenaza exterior, pero no es una novela de género, sino que muestra las neuras de cada personaje y como cada uno interpreta esa amenaza. Habla de parejas en conflicto, es un retrato de mi generación, la última a la que se inculpó el pecado y la culpa.

P: ¿Su intención era hacer un retrato de la clase media de edad mediana?
R:
No, no, hubo una intención meditada. Se trataba de someter a una serie de personajes a una situación límite y ver cómo reaccionan.

P: Tiene usted otros siete libros en el disco duro del ordenador. ¿Por qué 'Fin' tuvo mejor suerte?

R: Fue algo rocambolesco porque los editores y los agentes literarios valoraban el libro, pero no se atrevían con un desconocido que, encima, no escribía sobre templarios o nazis. Decidí dedicarme solamente a escribir y que mi mujer se ocupase de buscarme editor.

P: El fantasma de su padre le visitaría tras tanto intento infructuoso.

R: Mis hermanos y yo tenemos siempre miedo al fracaso, lo que nos paraliza para intentar hacer cosas, pero yo salí tenaz como mi madre. Conseguí que un periodista me leyese 'Brañaganda' y él lo movió, aunque el editor prefirió 'Fin'.

P: Usted también lee a otros como jurado de poesía 'castellera'.

R: La 'colla castellera' a la que pertenezco organiza certámenes de poesía 'castellera', que van referidos a los 'castells', y yo ayudo.

Presentación de la novela Fin de David Monteagudo. Esta tarde, en la FNAC, a las 19.00 horas.

MICROFICCIÓN. POR ISABEL VERDÚ

MICROFICCIÓN. POR ISABEL VERDÚ

EL MICRORRELATO: UN GÉNERO EN AUGE

 

Por Isabel VERDÚ

 

Todo lector un poco avezado recuerda el famoso cuento de Monterrosso con el que se inició el imperio del microrrelato: “Cuando despertó, el dinosario todavía estaba allí.” Pues bien, el dinosaurio ha crecido, se ha reproducido y ahora ya puebla las librerías, congresos y talleres de escritura en España.

Si bien la existencia de textos cortos se remonta al inicio de la literatura, pero como apéndices o curiosidades, hoy van ganando terreno como un producto especialmente propicio para la sociedad vertiginosa en la que vivimos. Sin embargo, se trata de un género de naturaleza difícilmente delimitable, todavía sin un canon definido. De hecho no resulta clara ni siquiera la nomenclatura con la que  identificarlo: de ahí que haya oscilado desde el “relato hiperbreve” hasta la “microficción”, la “minificción” o el “microrrelato”, como lo llamaremos provisionalmente. Inclusive resulta cuestionable el hecho de que pertenezca al género narrativo; para que se constituya como tal, basta  una condensación particular del lenguaje que provoque una impresión estética en el lector; así, el microrrelato se hallaría en la frontera entre lo narrativo (porque está escrito en prosa y suele predominar la acción sobre la adjetivación) y lo poético (pues los recursos usados se focalizan en la fuerza expresiva del lenguaje y no en la “historia” en sí explicada). De alguna manera, la microficción se aproxima a la estética surrealista que preconizaba Breton según la cual el chispazo de la belleza creada  era mayor cuanto mayor era la distancia entre las imágenes superpuestas; dicho de otro modo, para estos templos de la palabra en miniatura, su mayor baza es la ruptura de las expectativas, la desautomatización de lo habitual que se produce en su mirada.

Para Fernando Valls, máximo estudioso del microrrelato en lengua española, este tipo de texto necesita un “lector activo”, en la línea cortazariana, que pueda responder a las elipsis e interrogantes que se le plantean. Valls publicó en el 2008 Soplando vidrio y otros estudios sobre el microrrelato español, en Páginas de espuma, el trabajo más completo que se ha publicado hasta el momento sobre la cuestión, donde repasaba el estatuto genérico del texto, las polémicas habidas durante los últimos años, y sintetizaba los pincipales hitos en las manifestaciones del mismo, desde Juan Ramón Jiménez  hasta la actualidad.

La misma editorial, de joven andadura, Páginas de espuma (especializada en relato y microrrelato) ha publicado recientemente Por favor sea breve 2 (continuación de la primera antología publicada hace 10 años) y la obra completa de la argentina Ana María Shua.

El proyecto de Clara Obligado, la antóloga de “Por favor, sea breve” 1 y 2 es el de reunir un corpus de autores representativos del género en lengua española. Su segunda antología, más depurada aún que la primera si cabe, persiste con la misma técnica de ordenar los cuentos de modo decreciente: de mayor extensión (una página y media a lo sumo) a menor, de modo que los últimos rozan prácticamente el silencio. Toda antología resulta por definición parcial e irregular, puesto que muchos autores se hallan ausentes (Max Aub o Antón Castro, entre otros) y no todos manifiestan la misma calidad, pero no hay que negarle el mérito de la variedad de épocas y registros. Aquí encontramos textos de una sola línea, ocurrencias que nos recuerdan a las greguerías de Gómez de la Serna, como el de Care Santos: “Le abandoné porque ya no sabía qué regalarle” o el llamado “Novela de terror” por Andrés Neuman: “Me levanté recién afeitado.”  Entre estas páginas se dan cita numerosos autores consagrados en activo y de ambos lados del océano Javier Tomeo, José María Merino, Ramón Acín y Juan José Millás, pero también se nos brinda la ocasión de leer a autores menos conocidos, como los aragoneses Fernando Aínsa, Fernández Molina y Patricia Esteban Erlés  (con su maravillosa variación del dinosaurio monterrosiano, “Mascota”) o a posibles precursores, como Gómez de la Serna o Perucho.

Por otro lado, aunque ciertamente en este tipo de escrito predominen  la libertad y la disparidad de dispositivos, algunos elementos, como explica Francisca Noguerol en su prólogo, son  recurrentes en estos autores a la hora de construir sus artefactos: la fantasía, la confusión entre realidad y ficción, el terror, tratado con indiferencia; la preponderancia de la imagen; la subversión poética del lenguaje; pero también el humor y los juegos metaficcionales y lingüísticos: breves boutades que violan el marco narrativo convencional  al introducir la figura del lector o el autor, o  que nos demuestran algún artificio literario. (Como la elisión de alguna grafía, en el caso genial de “Cazadores de letras”: “¡Huyamos, los cazadores de letras est´n aqu´!”)

 

Este mismo relato es el que sirve de título a la voluminosa obra que recoge la “minificción completa” de la autora argentina Ana María Shua. “Cazadores de letras” comprende las obras “La sueñera”, “Casa de Gheisas”, “Botánica del caos”, “Temporada de fantasmas” y “Fenómenos de circo”. Mi consejo: no se deje amilanar por el grosor de la obra. Tómese como un cofre que contiene tantos perfumes de aromas diversos como momentos de diverso orden vale la pena dedicarle a la lectura. Léase brevemente, pero con intensidad, en una butaca, mientras prepara la comida, en el médico, en el metro. Le aseguro que cada página le será una bocanada de inspiración. Shua tiene ese poder: el de hipnotizar con su palabra. Después, el lector se acostumbra a la modulación intermitente de su melodía, y esas palabras  se apoderan de él, transmitiéndole una pasión contagiosa que abre nuevos cauces para percibir cuanto nos circunda.

Y el mérito es doble porque no se trata sólo de la coherencia interna insobornable de cada texto. Cada libro sostiene su propia lógica, crea una red de sentidos que se va completando a cada página de modo que, aunque pareciera paradójico, provoca una ávida intriga en el lector, deseoso de conocer cómo se va desmadejando el hilo argumental. Por ejemplo “Sueñera” nos conduce por todo el campo semántico del sueño: parte de los laberintos del insomnio para después conjugar todas las posibilidades sobre la confusión entre sueño y realidad, sin menoscabo de personajes y situaciones fantásticas ni de la prosa poética más acerada (“Apenas cierro los ojos, me caigo.”); tampoco son ajenas a ella los homenajes a grandes magos del relato como Kafka o  Sherezade. En Casa de Gheisas declina toda la morfología del deseo, simbolizada en las diferentes cortesanas que habitan esta casa de Gheisas y su relación con los hombres que van a visitarlas; así la más deseada siempre es “La que no está” o “la mujer del prójimo”; y el máximo secreto para la seducción es “reservar una zona intocable o prohibida” sea un rincón de la piel o “el primer lunes de cada mes” o “cierto verano de la adolescencia”.

De todas maneras, la coherencia lograda en los primeros libros no se mantiene a un mismo nivel en los últimos, donde se da una mayor disparidad temática y textual, como en Botánica del caos o Temporada de fantasmas, que resultan menos seductores para una lectura continuada.

La visión de Shua es fundamentalmente la del extrañamiento. Los objetos cobran vida (y ya no se sabe si hay que pedir consejo a la almohada o al edredón), las personas súbitamente se tornan monstruos o animales. Se invierten continuamente los parámetros de la realidad, de modo que las plantas se plantean cómo hay que cuidar a las personas para que no se marchiten, o alguien se pregunta si los ratones deben dejar su diente debajo de la almohada al perderlo. Asimismo, sus páginas aparecen sembradas de juegos conceptuales y metaliterarios (como la imagen del escritor sufriendo ante la confusión de géneros en que se halla inmerso) pero también de felices hallazgos poéticos, apoyados por numerosos  recursos como la elipsis, la analogía, la paradoja, la transformación del sentido figurado en real...

Si todavía no lo han hecho, lean microrrelatos. Les serán todo un descubrimiento.  Déjense bañar por lo audaz de sus propuestas y recordarán, con Novalis, que “toda palabra es un conjuro”; un conjuro capaz de derribar los diques de la realidad y transformarla en un lugar apasionantemente imprevisible.

 

 

*Este artículo de la profesora y escritora Isabel Verdú apareció, con algunos retoques por cuestión de espacio y edición, en ‘Artes & Letras’ de Heraldo de Aragón. Isabel Verdú reside en Barcelona y tiene antecedentes aragoneses y familia en Zaragoza. Colabora asiduamente con ‘Artes & Letras’ desde Barcelona. La foto es de Rodney Smith.