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Antón Castro

Escritores

UN DIÁLOGO CON JOSÉ IGNACIO DE DIEGO

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/02/09/jose-ignacio-diego-cierre-del-cine-eliseos-fin-una-existencia-una-epoca-1223860-1361024.html

 

José Ignacio de Diego es un gran lector de poesía y alterna su pasión por el cine con la literatura.

José Ignacio de Diego es un gran lector de poesía y alterna su pasión por el cine con la literatura. Oliver Duch
[El escritor y profesor José Ignacio de Diego (Zaragoza, 1960) acaba de publicar una nueva novela, 'Solo te pido un deseo' (Mira editores), que gira en torno al cierre del cine Elíseos: un texto de distintas voces, inquietante y poético.]

¿Qué le impulsó a escribir una novela sobre el cine Elíseos?

Cuando en el verano de 2014 se anunció el cierre de la antigua y preciosa sala del cine Elíseos de forma temporal, para realizar reformas en su sistema digital de sonido e imagen, tuve el pálpito de que aquello era una excusa y suponía el fin de su existencia y, también, el fin de una época.

¿Por qué el fin de una época?

Ahora el cine ya se ve de otro modo: en móviles, en la ‘tablet’, en el ordenador; sobre todo los jóvenes. Desaparece incluso un interés específico por las películas. Ese espacio desaparecía justo cuando cumplió 70 años; se inauguró en 1944. Fue sala de arte y ensayo, sede del Cineclub Zaragoza, y más tarde acogió a la Filmoteca. Y hay algo más...

Diga, diga.

La sala era esférica. Si se suele concebir el cine como un espectáculo con la cualidad de los sueños, entrar en ella través de un pasillo semicircular suponía el regreso nada simbólico al seno materno. Soy, como otros, cinéfilo y pasar delante de él me producía una dolorosa nostalgia. La novela es una elegía y el llanto por los espacios desaparecidos.

¿Cómo ha abordado la novela?

Quería que el cine Elíseos no fuese solo el escenario de una historia compleja, de acciones, atmósferas y seres, sino un último personaje que habla por boca de su pantalla desgarrada, mediante un flujo de conciencia de imágenes –el filme de su vida– antes de morir también. Por eso, ‘No pidas solo un deseo’ resulta una fábula sobre la muerte del cine, la banalización del deseo y el placer, el olvido, la enfermedad, el subconsciente, la técnica y la creación.

Son muchas cosas, sin duda. Narra usted la historia de un personaje, Max, que intenta escribir un guión y que es proyeccionista de cine…

Sí, es un hombre complejo, doliente y peculiar, un hombre que huye del fracaso y que está afectado por un cáncer del que no quiere tratarse. Es alcohólico. Tras varios años en el paro es contratado por la empresa Topoi, nueva dueña de una sala que ya no resulta económica…

¿Cuál es su cometido?

El cine está cerrado, aunque hay gente que acude a diario a la proyección de películas poco convencionales; en realidad se trata de desarticuladas visiones que quizá procedan de sus experiencias vitales. Por otra parte, Max intenta redactar su tercer guión: ‘No pidas solo un deseo’; el primero no se filmó y el segundo fue plagiado.

Es un hombre sin suerte…

Tiene un antagonista, más o menos misterioso e incómodo, que puede ser su propio hijo, cuya voz vamos oyendo poco a poco. Igual que las voces de otros personajes. Max es un hombre que pelea contra la muerte y le cuenta su vida a una periodista que estaba haciendo la biografía de un futbolista del Real Zaragoza.

El espíritu de la novela es complejo, onírico, con perspectivas, discursos y extravíos, como la reina Ginebra o el Santo Grial…

Esta es una novela que transcurre en Zaragoza, suspensa en el lenguaje. Me importa la belleza y la calidad de página, y hay una impregnación poética. A mí me interesan autores como Thomas Bernhard, Juan Benet, la prosa y la sintaxis de Sánchez Ferlosio; he sido muy lector de William Faulkner y me ha marcado la vida, de manera especial, Marcel Proust. La estructura del libro, que se aleja de la narrativa tradicional, quizá tenga alguna conexión con el ‘Cuarteto de Alejandría’ de Lawrence Durrell, que ha sido fundamental para mí…

También es un libro eminentemente cinéfilo. ¿Qué películas y qué cineastas le interesan?

Soy un enamorado de las películas de Lars von Trier; creo que hay ecos de ‘Mulholland Drive’ de David Lynch, del Bertolucci de ‘Soñadores’. Si digo Buñuel es casi una ofensa para los cinéfilos por su obviedad pero está y, entre otros, citaría a Wong Kar-Wai, el director de ‘Deseando amar’. Me interesa mucho el punto de vista, el lenguaje y la fábula.

MARÍA PILAR CLAU EXPLICA LAS CLAVES DE SU NOVELA 'LA SOBRINA'

MARÍA PILAR CLAU EXPLICA LAS CLAVES DE SU NOVELA 'LA SOBRINA'

 

"La verdad es un camino recto,

amplio y luminoso"

 

María Pilar Clau (Laluenga, Huesca) es periodista y escritora. Publica una ambiciosa novela familiar, ‘La sobrina’ (Booket/ Planeta), que presentará en Zaragoza el próximo día 20 de febrero. Aquí explica algunas claves de una narración donde se cuenta la historia de una mujer enigmática, Isadora Santorini, que deja su herencia, de manera inesperada, a una sobrina con la que no tenía demasiada relación: Amalia, a la que la vida no va bien del todo. Al principio, parecía que todo iba a ir a parar a su hermana Sofía. La novela aborda otros asuntos: la mentira, la corrupción, el peso del pasado, etc. 

-¿Cómo surgió ‘La sobrina? Es una historia, compleja, con muchos personajes y un escenario central en Luna Real

Surgió primero un personaje, Isadora Santorini; después, el título, que no era “La sobrina”, sino “La sobrina de Isadora Santorini”. Luego pensé otros personajes, otros títulos y otras historias; primeros folios que no conducían a nada. Sin embargo, la primera idea perseveraba en mi mente y, aunque no había seguido escribiendo detrás de unas escuetas primeras líneas de “La sobrina de Isadora Santorini”, algo dentro de mí vibraba con ese título y se iba fraguando poco a poco.

-¿Qué te interesaba abordar: la relación tan compleja entre dos hermanas, tal vez? Por cierto dedicas la novela a tu hermana, leo... 

Dedico la novela a mi hermana, Eva, a quien adoro. Es un regalo de cumpleaños. Unos días antes de su cumpleaños de 2014, un año después de la publicación de “Pétalos de luna”,  le pregunté qué regalo deseaba y su respuesta fue que le dedicara una novela. Cuatro años después, lo ha recibido.

El hecho de que la protagonista de “La sobrina” tenga una hermana nada tiene que ver con esto. Ni siquiera tenía prevista la existencia de Sofía cuando comencé a escribir la novela; este personaje surgió más tarde. A veces la historia propicia que aparezcan nuevos personajes, igual que otras veces los personajes favorecen que acontezca algo que no estaba previsto. No sé cómo lo hace el cerebro, pero me parece fascinante; debe de tener un mecanismo que genera miles de conexiones entre emociones, conocimientos, deseos, recuerdos, etc. ¡Y no solo de lo que hemos vivido! También de lo que nos contaron, lo que soñamos, o lo que simplemente imaginamos. Escribir una novela es para mí lo más fascinante del mundo.

-Da la sensación de que hay muchas cosas de tu vida: tu experiencia en el Gobierno de Aragón, tu necesidad de explicar algunos espacios de tu infancia y juventud. ¿Es así, qué hay de ti en el libro, qué querrías que hubiera? 

No intento explicar ningún espacio de mi vida en “La sobrina”. Al contrario que “Pétalos de luna”, que contenía muchos elementos autobiográficos, “La sobrina” es pura ficción. Por eso, escribirla ha sido puro disfrute. Lo único que tiene de real son los escenarios, todos. En especial los de Luna Real. Luna Real es Laluenga, con sus calles, su tierra y su cielo, sus montes… Los maravillosos paisajes que contempla Amalia Delibes desde su casa son los mismos con los que yo me recreo  desde mi casa de Laluenga, la casa de mis padres. Los campos son los campos de mi hermano: La Clamor, La Zaví, Los Corneses…  Con él los recorrí en más de una ocasión mientras escribía la novela.

En cuanto a mi experiencia en el Gobierno de Aragón, me vino bien para el trabajo de uno de los personajes. 

¿Qué hay de mí en el libro? Pues… Soy la autora, así que supongo (y deseo) que habrá mucho de mí aunque no me lo haya propuesto.

-¿En qué medida La sobrinaes una indagación en los secretos de la familia? 

Amalia Delibes indaga en los secretos de su familia buscando una verdad. Pero “La sobrina” no es tanto una indagación como una reflexión, una reflexión sobre la verdad. ¿Qué poder tiene una verdad que permanece oculta? ¿Sigue latiendo en la oscuridad y en el silencio esperando a que alguien la encuentre? ¿Qué porción de vida se le arrebata a quien se le oculta una verdad? ¿Qué se le entrega a cambio?

-¿Cuáles son los temas que te atraen y que te perturban? 

Me atraen todos aquellos que pueden ayudarme a ser mejor persona y a sentirme mejor conmigo misma y con los demás: la verdad, la confianza, la valentía, la libertad, la sabiduría, la humildad, la bondad, el amor…  Me perturban los que alejan de ello: el miedo, la mentira, la hipocresía, la envidia… Todos me interesan, unos y otros, porque todos forman parte de lo humano, y todo lo humano me interesa. Todo esfuerzo por tratar de comprender merece la pena.   

-¿Crees que todas las familias tienen un infierno de sombras?  

No. En absoluto. Una amiga por la que siento un gran aprecio, Cristina López Dumall, escribió sobre su abuelo que era el hombre más contradictorio que había conocido y, no obstante, en las cosas que contaba de él, observaba yo una gran congruencia. Acababa el relato con una frase de su abuelo que decía algo así: nos ponemos etiquetas unos a otros, pero somos demasiado complejos como para ajustarnos a una etiqueta.

Las etiquetas que imponemos a los demás nos confunden y nos ciegan. Si los otros no se comportan como esperamos, de acuerdo con su etiqueta, o de acuerdo al modo en que nos comportaríamos nosotros en una misma situación, lejos de tratar de comprender, nos apresuramos a juzgar y a condenar. Esos desencuentros, esas sombras, se dan en cualquier entorno; sin embargo, cuando se dan en la familia, que es el núcleo de nuestros afectos, pueden alcanzar una intensidad muy superior a la que se puede dar  en otros ámbitos.

-¿Por qué pasan los seres humanos de la indiferencia al interés, al egoísmo? ¿O cómo lo hacen tus personajes? 

Es algo que me pregunto, aunque no trato de responderlo. Todo está en todos. Si, como dicen, cada persona tiene una media de sesenta mil pensamientos diarios, y si de cada pensamiento que aplicamos a una misma emoción resulta un sentimiento distinto... Imagínate. Influyen nuestras experiencias, nuestros principios, nuestros valores… Todos somos lo mismo, pero nadie somos igual a otro.  Esa es la maravilla.

-Un tema fundamental es la mentira. La mentira que nace de la corrupción y de la cadena de pequeñas mentiras. ¿Has querido contar que el ser humano tiene esa inclinación a la paulatina autodestrucción o es pura fragilidad?

He querido reflexionar sobre la verdad, la verdad es un camino recto, amplio y luminoso por donde se puede transitar en paz y con libertad. Las mentiras apartan de ese camino. Algunas tienen la apariencia de atajos y uno cree que tomándolos va a llegar antes a su objetivo, pero no son más que distracciones, cuando no acaban siendo una condena. La verdad nos hace libres, mientras que la mentira se convierte en una cadena para quien la crea. La mentira puede ser también, en ocasiones, una forma de violencia. No creo que sea una inclinación a una autodestrucción, como dices, creo que en ocasiones es una forma de cobardía, otras veces son una forma de egoísmo o de vanidad.

-Háblanos de las mujeres del libro: Amalia, Sofía, Isadora...

Amalia es frágil por fuera pero fuerte y poderosa por dentro. Sofía es, por el contrario, fuerte en apariencia, pero superficial. Los dos personajes evolucionan a lo largo de la novela; Amalia, gracias a una gran fuerza de voluntad, y Sofía, por la fuerza de las circunstancias. E Isadora, ella es temperamento, equilibrio, justicia  y saber estar.

¿Cuál es el papel de los personajes secundarios? Los masculinos son muy poderosos: Jorge, Noel, y por supuesto Roland.

Me alegra mucho que me digas que los personajes masculinos son poderosos. En algún club de lectura de “Pétalos de luna” me dijeron que dejaba en mal lugar a los personajes masculinos.

Noel, “ese hombre en cuyas manos reposan el sol y la tierra”, está inspirado en mi hermano, Joaquín. Roland es el misterio, la irresistible atracción del misterio. Y Jorge encarna la debilidad humana.

-A veces la novela me ha hecho pensar en Doña Bárbarade Rómulo Gallegos. ¿Las has tenido en la cabeza, qué otras novelas o relatos te han estimulado?

No he leído “Doña Bárbara”. Tampoco sabría decir si me ha estimulado una novela en particular; quizá varias, quizá, de un modo u otro, todas las que he leído antes de escribir “La sobrina”. Seguramente entre esas miles de conexiones que se producen en el cerebro algunas tendrá su origen en novelas que he leído. Puedo decir que siempre he sentido pasión por las grandes novelas realistas del siglo XIX. Pero creo que todo lo que leo y me hace disfrutar, me hace pensar y me hace sentir, me estimula. Y lo que más me estimula son los lectores. Cada uno de los que se acercaron a mí en las ferias del libro para decirme cuánto habían disfrutado con “Pétalos de luna”; algunos repetían de memoria frases que yo había escrito, un chica muy joven me dijo que mi novela le había salvado la vida, otra que le estaba ayudando a superar una depresión. No he olvidado a ninguno. Ellos son mi mayor estímulo para seguir escribiendo.

-El libro plantea otras cosas más: la relación entre el mundo rural y el urbano. ¿Cómo es ese diálogo?

Mis amigos y vecinos de Laluenga me apoyaron contundentemente en cada presentación de “Pétalos de luna”. Estoy profundamente agradecida a todos. No solo vinieron a acompañarme a Huesca y a Barbastro, sino también a Barcelona. La presentación de Barcelona, en la Casa del Libro de Paseo de Gracia, se llenó de amigos, familia y vecinos de Laluenga que viven en Barcelona. Prometí que Laluenga estaría en mi próxima novela. Ya la tenía avanzada cuando hice la promesa, pero Laluenga entró en “La sobrina” con todo su ímpetu y la llenó de la luz, de la fuerza y de la paz que yo siempre he hallado allí. Cambié el nombre del pueblo por dos motivos: porque es ficción y por pudor. Luna Real contiene las mismas letras que Laluenga, excepto a la “g”, que transformé en “R”, así también conserva un pétalo de la novela anterior.

A mí, que  vivo en una ciudad y trabajo en otra, el pueblo me proporciona el equilibrio, el sosiego, la calma y una fuerza más allá de mí que proviene quizá de la tierra, de mis raíces o, seguramente, del amor de mi familia.  En “La sobrina”, quise llevar a “Luna Real” a una mujer que jamás había estado allí. Lo normal, lo que todos esperan, es que venda su casa y sus tierras y se marche, porque es lo que venimos viendo desde hace años, desde que comenzó a despoblarse el mundo rural. Tanto que cuesta entender otra decisión. Pienso que existe en cada uno una fuerza que viene del grupo, una inercia, diría yo, de las modas, de lo que hacen y desean los demás, y otra fuerza que está dentro de cada uno y que nos permite elegir. A veces la primera acalla a esta última quizá por temor a ir contracorriente, quizá porque confiamos más en el grupo que en nosotros mismos. Amalia Delibes no se deja arrastrar, ella elige, en contra de lo que se espera de ella. Cuando nos dejamos empujar por una o a otra fuerza es difícil contenerla. A veces cuesta tomar una decisión que esté en contra de lo que los demás nos aconsejan o sencillamente hacer algo distinto a lo que hacen todos, pero cuando hemos elegido lo que deseamos, entramos en el terreno de la luz porque es nuestro terreno.

-¿Cómo has vivido el paso de la primera novela a la segunda, que casi triplica en número de páginas, y es más compleja, más ambiciosa y más totalizadora?

“Pétalos de luna” surgió de una historia y de la necesidad de contarla. Sin embargo, hasta que encontré la voz narradora apropiada, no conseguí  hacerlo. Tuvieron que pasar más de diez años. He de confesar que, desde el momento en que hallé esa voz, Clara Barrabés, la novela surgió a borbotones, se desbordaba de tanto tiempo que hacía que estaba guardada. 

“La sobrina” no empezó con una historia, sino con un deseo y con un compromiso: el de hacerle a mi hermana el regalo que me había pedido. Y quería que fuera un gran regalo. Además, también era un reto para mí, que, después de publicar “Pétalos de luna”, me preguntaba si sería capaz de escribir otra novela. Y, sobre todo, si sería capaz de escribirla solo con el material que me ofreciera mi propia imaginación; una novela que no contara una historia real, ni estuviera basada en hechos reales. Y otro reto añadido: escribirla en tercera persona, lo cual supone un esfuerzo mucho mayor. Han sido muchas horas de intenso trabajo y dedicación absoluta. Y por supuesto, responde a una ambición, la de dar de lo mejor mí a los demás. 

 

*Una parte de esta entrevista apareció en Heraldo. La foto es de Verónica Lacasa, fotógrafa del diario en Huesca. 

GARCÍA TEJEDOR: UN DIÁLOGO

GARCÍA TEJEDOR: UN DIÁLOGO

[Este texto se publicó en Heraldo y en Heraldo.es.]

 

“La precariedad es un mal general del

país y en particular de los jóvenes”

 

 

 

El escritor y profesor publica ‘Todos los espejos, rotos’ (Mira) y la presenta el martes en Ámbito Cultural

 

Fotos. Aránzazu Navarro

 

Antonio García Tejedor (1951) es un zamorano afincado en Zaragoza desde hace muchos años. En concreto, en la villa cervantina de Pedrola. Ha publicado cuento y novela, y ganó en 2015 el premio de microrrelatos convocado por HERALDO. Publica ‘Todos los espejos, rotos’ (Mira. 332 páginas), una novela negra, de carácter social, que sucede en Zaragoza, en el entorno de la Puerta del Carmen, en la actualidad. La presenta el martes en Ámbito Cultural. Un joven periodista, de ascendencia árabe, es el protagonista y realiza un viaje a los infiernos de la mentira y la corrupción, “que afecta tanto al pueblo llano como a las instituciones que pasan por modélicas y que han mirado para otro lado, cuando no anidaba en su interior mismo la infamia”.

Subraya que de ahí esa metáfora de los “espejos rotos”: “Vivimos en una ciudad a la deriva, hinchada de contradicciones, que se descompone. He elegido a un joven periodista por varias razones: porque el periodismo es el notario de la realidad y en ocasiones, sobre todo los grandes medios nacionales, no ha estado a la altura de las circunstancias, se han aliado con el poder. La corrupción está en todas partes. Y porque un joven periodista también es un símbolo de la precariedad laboral: es uno de los trabajos más inestables, de los que penden de un hilo porque la profesión está en crisis”. Matiza de inmediato: “Eso no solo le pasa a los periodistas: la precariedad es un mal general del país y en particular de los jóvenes”.

La trama arranca con un secuestro que debe investigar el joven periodista. Inicia su trabajo y, poco a poco, se asoma a un universo tumultuoso donde no falta nada: el crimen, el chantaje, la evasión de capitales, el dinero negro, el escamoteo del IVA, etc. Al autor le ha preocupado mucho crear un buen ritmo narrativo, mediante capítulos cortos. “‘Todos los espejos, rotos’ es una novela negra, claro, una novela social y también psicológica. El clima perverso amenaza con llevarse por delante al protagonista, que tiene una novia que descubrirá, casi con él, ese territorio de la infamia. La metamorfosis de estos dos personajes también es interesante en el libro. O a mí me ha preocupado mucho. En la novela, como pasa en la sociedad, hay un lugar para la picaresca, género al que se le rinde un homenaje”, dice García Tejedor, que también define su texto como “una novela política que hace algunas preguntas a los gestores públicos”.

“La novela sucede en el centro de Zaragoza. No he querido llevar la acción a un barrio porque no quería que se pensase que la corrupción o la precariedad están en la periferia o en zonas de marginalidad”, señala. Explica que ha leído mucha novela negra en los últimos tiempos: Chester Himes, Manuel Vázquez Montalbán, algunos clásicos más convencionales, y un autor que es su predilecto: Rafael Chirbes. “He leído su novela ‘En la orilla’ hasta cinco veces. Él vio mejor que nadie qué pasaba en España. Y reaccionó con novelas que son de denuncia y de crónica amarga de una decepción”.

Antonio García Tejedor confiesa que escribe desde los 17 años, aunque publicó tarde. En 1992 se instaló en Pedrola, y allí dio clases a los alumnos de Primaria y de Secundaria. “He sido muy feliz en el aula. Especialmente en Primaria. Ayudar a los niños a aprender y aprender de ellos es una de las mejores experiencias que he tenido en mi vida. Imagino que el escritor que ahora soy también nació ahí”.

DIÁLOGO CON JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS EN FUENTETAJA

 

 



Entrevista a Javier Rodríguez Marcos

 escritor, redactor y crítico en Babelia, El País

 

"Siempre ha habido lenguajes híbridos pero el universo digital permite su extensión casi infinita. Eso sí, no creo que elimine los otros lenguajes ni nuestra necesidad de ellos."

 

Dentro del proyecto "¿A dónde va la escritura digital?" que la Fundación Escritura(s) lleva a cabo en el Club de escritura también Javier Rodríguez Marcos quiso contestar a nuestras preguntas sobre la encrucijada que para los medios de comunicación supone la escritura digital. 

Se puecde acceder a la entrevista en este enlace.

Esta entrevista es parte de una serie de conversaciones que recoge las reflexiones de algunos de los escritores y responsables de medios de comunicación más prestigiosos en España: Marta Sanz, Isaac Rosa, Sergio del Molino, Jorge Carrión, Rosa Montero, Juan Cruz, Blanca Berasategui o Alfonso Armada entre otros. Pueden leerse todas en este enlace.

 


¿Qué te inquieta o preocupa de la generación de los más jóvenes al respecto del horizonte digital?

Que se identifique digital con gratis, instantáneo y simple y no se dé lugar a mensajes complejos.


Sobre los nuevos lenguajes:

Todo nuevo lenguaje enriquece siempre que su inmediatez no empobrezca nuestra experiencia de la lectura ni excluya la posibilidad de la lectura digamos tradicional. Un emoticono o un gif pueden ser muy expresivos e inmediatos –lo mismo que un aforismo de Lichtenberg o una greguería de Gómez de la Serna-, pero seguimos necesitando discursos complejos que requieren atención y paciencia, es decir, tiempo.


Sobre escritores y redes:

La autopromoción se ha generalizado tanto que su versión más divertida es la que se disfraza de falsa modestia. Dicho esto, las redes sociales me parecen una fuente de información valiosísima. También para seguir la pista a los escritores. Además, es un campo estupendo para que todos seamos por fin artistas (conceptuales).

 

Entrevista completa: 

https://clubdeescritura.com/obra/1008719/entrevista-a-javier-rodriguez-marcos/

 

*Tomo la foto de aquí. 

http://www.elcultural.com/blogs/rima-interna/wp-content/uploads/2015/08/martin.jpg

EMILIO GASTÓN POR SONIA LLERA

Nubepensador es el retrato emocional, en clave de documental, del poeta Emilio Gastón que invita a la alegría de vivir, a la esperanza y a la ilusión.

Un cortodocumental de Sonia Llera sobre Emilio Gastón

 

https://www.youtube.com/watch?v=Dp6_52gJizo

GEORGE SAND EN PANTICOSA

De mi sección 'PASARON POR AQUÍ' / HERALDO

 

La enamorada del amor

que reposó en Panticosa

 

La escritora y periodista francesa, compañera de Merimée, Musset y Chopin, alude al balneario de la localidad pirenaica en algunos de sus textos

 

 

 

 

Amandine Aurore Lucile Dupin (1804-1876), hija de un aristócrata y de una costurera, ha pasado a la historia como la escritora y periodista George Sand, una de las grandes mujeres de su época. Se casó joven con el barón Casimir Dudevant, tuvo dos hijos con él, Maurice y Solange, y luego lo abandonó. Se marchó a París, se disfrazó de hombre, abrazó el periodismo y la literatura, y se haría amiga de los grandes creadores del momento: Balzac, Victor Hugo, Delacroix y Gustave Flaubert, con quien tuvo una intensa relación de amistad, tan peculiar y hermosa que se explica muy bien que el autor de ‘Madame Bovary’ llorase en su entierro como un niño. Fue una socialista utópica y una defensora de las mujeres. Le propusieron concurrir a las elecciones, dado su prestigio, pero no se atrevió y regaló una frase a la posteridad, se la dijo al citado Balzac: “Los que conocen anatomía saben que no hay más que un sexo”.

Escribió casi un centenar de libros de todos los géneros: cuento, novela, teatro, ensayo, autobiografía, diarios y libros de memorias. Su voluminosa correspondencia alcanza los 24 volúmenes, y fueron de los materiales básicos que utilizó Jean Chalon para redactar ‘George Sand. Una biografía’ (Edhasa, 1992), donde desmontaba algunos mitos y, en cierto modo, la desposeía de tópicos: no fumaba puros como se dijo, sino cigarrillos normales; y sus grandes amores, con Musset y Chopin, tienen matices entre chocantes, humorísticos y algo patéticos. Con el poeta romántico Alfred de Musset vivió una temporada en Venecia: llegaron el 1 de enero de 1834 y a los dos días empezaron a sufrir unas incómodas diarreas que quizá no fuesen lo más estimulante para una pasión veneciana. Con todo, Alfred y Aurore fueron bautizados como “los amantes de Venecia”.

TAL COMO ERA. Así retrató Félix Nadar a la mujer que amó en Venecia y Mallorca. 1864.

La historia con el compositor y pianista polaco Frederic Chopin en Mallorca también tiene sus sombras. Se habían conocido en París en 1831, poco después de que ella abandonase a su esposo, el barón de Dudevant, pero el afecto no debió cuajar hasta el año 1838, aunque el instante más elevado de su amor se produjo en el invierno de 1839. Ella escribiría, entre otras cosas (ahí está su crónica de aquellos días: ‘Un invierno en Mallorca’), que en la cartuja de Valldemosa había vivido con tres niños “y el más pesado era Chopin”. El biógrafo Chalon observa en su libro que dormían los cuatro en la misma habitación, que Aurore era muy pudorosa y sugiere que lo más probable es que no hubiera sexo entre ellos.

George Sand tuvo otros amantes: uno de ellos,  recién llegada a París, fue Jules Sandeau, que fue secretario de Balzac, y con quien firmó una novela a cuatro manos. También hubo escarceos con Prosper Merimée, autor de ‘Carmen’, aunque para ella ese idilio “no valió la pena”. Amó, o esa da a entender, a un joven, Aurelien, que habría conocido en los baños en uno de los balnearios que frecuentó, entre ellos el de Panticosa.

¿Estuvo realmente George Sand en el balneario de Panticosa? Siempre se ha dicho que sí, aunque sin demasiado entusiasmo. Con prevenciones, como si no estuviera claro del todo. El balneario aragonés aparece en algunas ocasiones en sus textos al lado de otros centros termales en Luchon, Gavarnie, Eaux Bones, etc., pero eso sucede especialmente en su narración ‘Mi hermana Jeanne’, publicada en 1874, dos años antes de su muerte. Esta novela, que fue traducida en 1877, tiene alusiones a la zona aragonesa. “Me asociaba a los guías que me conducían a los naturalistas a la Brecha de Roldán, al Monte Perdido, a los circos de Marboré y de Troumouse, a los Montes Malditos”. En esa novela alude, también y explícitamente, a Panticosa. El geógrafo y escritor y alpinista Eduardo Martínez de Pisón, que acaba de publicar el impresionante volumen ‘La montaña y el arte’ (Fórcola, 2017), dice a HERALDO desde Madrid: “George Sand estuvo por las áreas fronterizas altas y ello le dejó recuerdos vivenciales muy profundos, aunque con una memoria geográfica bastante confusa, pues en una de sus novelas, la citada ‘La hermana Juana’, sitúa al pueblo de Panticosa en Navarra, lo que no es pequeño despiste”.

El periodista Juan Gavasa, historiador del Altoaragón y de sus personajes, ha contado la historia de las mujeres viajeras por los Pirineos, un espacio majestuoso que también atrajo, entre otros muchos, al escritor Victor Hugo, el poeta Charles Baudelaire y al pintor Eugene Delacroix. Se fija en George Sand y documenta dos expediciones de la autora de ‘Confesión de un hijo del siglo’ y ‘Consuelo’ a las cordilleras. Una en 1825, cuando el alpinismo empezó a ponerse de moda e “ir a las montañas era como ir a la meca de la cultura” (como dice Eduardo Martínez de Pisón), y la segunda, ya en 1837, y fue acompañada por su hija Solange, que había nacido en 1828. Al parecer allí, en una de las diversas termas a las que fue, en esa atmósfera romántica de sosiego, idónea para la creación, descubrió el amor con un hombre más joven que ella. Cuenta en ‘La hermana Juana’ que durante su estancia se aficionó a las ciencias naturales, y al regresar a París “las estudié con ardor”. En cierto modo, la escritora Luz Gabás en ‘Como fuego en el hielo’ (Planeta, 2017) recrea ese universo y se inspira en las villas termales de Cauterets y Bagnères de Luchón, y en el antiguo balneario de Benasque, Albort en el libro.

La tumultuosa e intensa existencia de George Sand se interrumpió en 1876. Murió en su castillo de Nohant de cáncer gástrico. De inmediato empezaría a ser inmortal.

 

*La imagen de Felix Nadar, de 1864, la tomo de aquí.

https://www.herodote.net/Images/Nadar_Sand1864.jpg

-El retrato al pastel es de Charles Louis Gratia, 1835.

 

UNA NOTA DE 'GOLPES DE MAR'

Una nota de Isabel Verdú en su blog

https://depreludioyfuga.blogspot.com.es/

 

Antón Castro- Golpes de mar (El Viento), 2017

 

El gallego Antón Castro y afincado en Zaragoza, polifacético escritor, crítico y coordinador del Artes y Letras del Heraldo, publica, después del exquisito poemario "Vivir del aire", una reedición de sus primeros relatos. En ellos se configura un ambiente tan fantástico como delicado y sugerente. Leyéndolos nos sentiremos nosotros también enamorados del mar, de las leyendas, de jóvenes marinos inconstantes, y desearemos dejarnos llevar por sus misterios insondables. Una prosa hipnótica, evanescente, que nos invita a soñar.
*Esta edición de 'Golpes de mar' incorpora cinco piezas más que la que apareció en Destino en 2006.

 

 

ADVERTENCIA SOBRE MI FACEBOOK

Veo que me esta escribiendo alguna gente a Facebook, en privados, y me pregunta si me he mandado algo concreto. No. No mando nada. Ni he mandado nada. Estoy expulsado de Facebook durante un mes y no puedo, ni tengo por norma, mandar nada: ni vídeo, ni fotos, ni nada. Así que no soy yo. Debe ser un virus.

Ni puedo responder a los mensajes. Abrazos.