EMILIO GASTÓN EN SU PROPIA VOZ
https://thebooksmovie.com/author/poesiarecitada/
Homenaje a Emilio Gastón en su propia voz en ese gran proyecto que es The Book movie.
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Homenaje a Emilio Gastón en su propia voz en ese gran proyecto que es The Book movie.
Emilio Gastón, el poeta que se sintió hombre selva*

“Soy zaragozano hasta la médula: ejerciente, viviente, juergueante y cafeteante, como mucha de la gente de mi generación. En Zaragoza me formé, pero lejos, en mis paraísos, tenemos ríos y riberas, sotos y montes maravillosos, o selvas excepcionales, como la Selva de Oza, espacios que se destrozan, y yo intento defenderlos”. Quizá sea este uno de los últimos autorretratos que ensayó Emilio Gastón (1935-2018), en estas mismas páginas, un humanista inagotable, defensor de los derechos humanos, andarín de su órbita y del universo físico y metafísico, escultor y, ante todo, nubepensador, que era una forma de definirse filósofo, poeta y soñador. Acaba de morir a los 83 años.
Emilio Gastón fue muchas cosas: nadador de 1.000 metros a la semana hasta unos días antes de su ingreso en el hospital, futbolista, remero en el Ebro y amigo de sus amigos, entre ellos José Antonio Labordeta, de su misma edad. Se educó en la biblioteca de su padre, un sabio de casi todo y un enamorado de Aragón. Tras licenciarse en Derecho, para ser quizá “abogado insomne de causas perdidas”, como se dibujó en una ocasión, también abrazaría la poesía. Y se afilió a las noches del Café Niké, donde oficiaban Miguel Labordeta, Manuel Pinillos, Luciano Gracia o Julio Antonio Gómez, entre otros. Se desdobló en mil empeños y quimeras. Se casó con la profesora y poeta en cheso Mariví Nicolás y se aficionaría a esos paraísos pirenaicos de insondable misterio, de casas de piedra, de chimeneas, hogares e impresionantes desvanes. La falsa de la casa de Hecho era el laberinto del tiempo o la cueva de los tesoros de la memoria.
La vida no fue amable con él: perdió en un lance absurdo y cruel del destino a su hija Diana, que intuía la poesía con el acento adolescente de los ángeles, como quien exhibe una posesión. Remontó el desgarro, fue el abogado del robo de los libros de la Seo a mediados de los años 60 y de la ecología, se sumó al equipo fundador de ‘Andalán’, fue uno de los líderes y estandartes del PSA y, años después, demócrata a carta cabal y esperanzado en el porvenir, casi ingenuo de tan puro, fue elegido Justicia de Aragón. Un premio para un hombre como él, aragonés hasta la médula, aragonés que se reconocía en la historia, en la utopía y en sus personajes. Fue íntimo amigo de Pablo Serrano, de Salvador Victoria; fue amigo hasta del cierzo.
La poesía ha sido su reino. La poesía escrita, amasada con las palabras necesarias, la poesía oral, recitada como nadie, con la desnuda sinfonía del alma. La poesía de Emilio Gastón es el canto de un rapsoda inmemorial y casi hipnótico, es la voz hecha ilusión, brasa y pájaro. Ha sido un poeta social y visionario, ha sido un poeta de las cosas del campo, un poeta que podía parecer naïf en ocasiones o un hermano entusiasta de Thoreau y Rousseau, pero también encendía la lírica rabiosa y eufórica, tribal y de denuncia, donde se veían la posibilidad del hombre de ser como un dios y esa paradoja, o envés, de ser un tirano con los otros hombres y con la naturaleza. Con el bosque, con el agua, con las montañas, con los animales desvelados en la fronda.
En verano, con su segunda esposa Maricarmen Gascón, solía dormir en una borda pero antes contemplaban las estrellas y atrapaban el lenguaje de la noche y el cristal sonoro del silencio. Ella lo ha acompañado hasta el último instante con cariño y con sus versos, y pensaba que su último poemario había sido un vaticinio: ‘La sonrisa de La Nada. Poema cinético teatralizable’ (2017), que se suma a una valiosa, original y personalísima obra lírica con títulos como ‘El hombre amigo Mundo’, ‘Y como mejor proceda digo’, ‘El despertar del hombre selva’, que él decía como nadie. No recitaba: ponía en pie los versos, la rebeldía, la pasión y la belleza, la furia de vivir. Así fue este hombre inefable e irreductible: nos envolvió con la materia de sus esculturas y nos abrazó con sus inmensos ojos de nadador y con su corpulencia de oso antiguo del Pirineo.
*Este texto se publicó en página dos en Heraldo de Aragón el pasado martes. La foto es de Guillermo Mestre.
][Manuel Vilas presenta esta misma mañana, en Cálamo, su nueva novela: ’Ordesa’, que acaba de publicar Alfaguara. Hace unos días la presentó en Madrid en diálogo con Antonio Muñoz Molina y hoy lo hace con Agustín Sánchez Vidal. Es la novela más rotunda y emocionante de su trayectoria. Una biografía de sus padres, una autobiografía, un diálogo con la memoria. Reproduzco aquí una selección de fragmentos.]

EXTRACTOS DE LA NOVELA ’ORDESA’ DE MANUEL VILAS
«Ojalá pudiera medirse el dolor humano con números claros y no con palabras inciertas. Ojalá
hubiera una forma de saber cuánto hemos sufrido, y que el dolor tuviera materia y medición. Todo
hombre acaba un día u otro enfrentándose a la ingravidez de su paso por el mundo. Hay seres
humanos que pueden soportarlo, yo nunca lo soportaré. Nunca lo soporté.»
«Y comencé a escribir este libro. Pensé que el estado de mi alma era el vago recuerdo de algo
que ocurrió en un lugar del norte de España llamado Ordesa, un lugar lleno de montañas, y era
un recuerdo amarillo, el color amarillo invadía el nombre de Ordesa, y tras de Ordesa se dibujaba la
figura de mi padre en un verano de 1969.»
«La Historia es también un cuerpo con remordimientos. Tengo cincuenta y dos años y soy la
historia de mí mismo.»
«Dios, cómo me gustan los desesperados. Son los mejores.»
«Ni mi madre hablaba de su padre ni mi padre del suyo. Era el silencio como una forma de sedición.
Nadie merece ser nombrado, y de esa manera no dejaremos de hablar de ese nadie cuando ese nadie muera.»
«El sufrimiento es una conciencia expandida que alcanza a todas las cosas que han sido y serán.»
«El pasado de cualquier hombre o mujer de más de cincuenta años se convierte en un enigma.
Es imposible resolverlo. Solo queda enamorarse del enigma.»
«Mi madre era una narradora caótica. Yo también lo soy. De mi madre heredé el caos narrativo.
No lo heredé de ninguna tradición literaria, ni clásica ni vanguardista.»
«La sonrisa de los dos reyes es, a un metro de distancia, uno de los mayores espectáculos […].
Cuanto España ha sabido construir políticamente está cifrado en esa sonrisa, en cuyos bordes anidan
millones de serpientes encendidas.»
«Todo alcohólico llega al momento en que debe elegir entre seguir bebiendo o seguir viviendo.
Una especie de elección ortográfica: o te quedas con las bes o con las uves. […] Quien ha bebido
mucho sabe que el alcohol es una herramienta que rompe el candado del mundo.»
«Mis padres ya no existen, pero existo yo, y me marcho en cinco minutos.»
«Mi divorcio me llevó a lugares del alma humana que jamás había pensado que existían. Me
condujo a una reescritura de la Historia, a nuevas interpretaciones del descubrimiento de América,
o nuevas consideraciones sobre la revolución industrial…»
«Me adentraba en los bosques. Volví a tocar la vida. Viajé hasta Ordesa, y me quedé contemplando
las montañas. Vi con claridad los errores de mi vida y me perdoné a mí mismo todo cuanto pude,
pero no todo. Aún necesitaba tiempo.»
«Cuando la vida te deja ver el casamiento del terror con la alegría, estás listo para la plenitud. El
terror es ver el fuselaje del mundo.»
«Porque el dinero es más poderoso que la vida y que la muerte y que el amor. El dinero es el lenguaje
de Dios.»
«Busco volver a la paz de no ser.»
«Nos vendría muy bien escribir sobre nuestras familias, sin ficción alguna, sin novelas. Solo contando
lo que pasó, o lo que creemos que pasó. La gente oculta la vida de sus progenitores. Cuando
yo conozco a una persona, siempre le pregunto por sus padres, es decir, por la voluntad que trajo
a esa persona al mudo.»
«Mi madre bautizó el mundo, lo que no fue nombrado por mi madre me resulta amenazador.
Mi padre creó el mundo, lo que no fue sancionado por mi padre me resulta inseguro y vacío.»
«El complemento directo representaba al proletariado de la sintaxis, tenía que cargar con todo,
tenía que cargar con la acción del verbo. Muchas veces yo mismo he sido un complemento
directo, siempre cargando con el verbo, con la tiranía del verbo, que es la violencia de la
Historia.»
«La conversión en un precio de todo cuanto existe es presencia de la poesía, porque la poesía
es precisión, como el capitalismo. La poesía y el capitalismo son la misma cosa.»
«Escribo porque me enseñaron a escribir los curas. Setecientos millones de curas. Esa es la
gran ironía de la vida de los pobres de España: les debo más a los curas que al partido Socialista
Obrero Español. La ironía de España es una obra de arte siempre.»
«No me gusta lo que España les hizo a mis padres, ni lo que me está haciendo a mí. Contra la
alienación de mis padres ya no puedo hacer nada, pues es irredimible. Solo puedo hacer que no se
cumpla en mí, pero ya casi se ha cumplido.»
«Me quedo mirando las galletas rechazadas. Me quedo mirando las galletas como un idiota.
Las había comprado con ilusión. Son las galletas más desamparadas del planeta. También mi madre
debió comprar muchas veces con ilusión cosas para mí, cosas que yo no supe ver…»
«El presente en que todo ser humano vive convierte el pasado en un enigma; sin embargo, el
presente no es un misterio, pero en cuanto se convierta en pasado el enigma lo invadirá, por eso
miro el presente con lupa, con microscopio, intentando ver cómo se produce su transformación.»
«Las nubes enmudecen a tu paso hacia el olvido absoluto.»
«Mi corazón parece un árbol negro lleno de pájaros amarillos que chillan y taladran mi carne
como en un martirio.»
«¿Qué es el sufrimiento, qué grados alcanza?»
«Mi madre nunca supo que Barbastro era un pueblo de una comunidad autónoma llamada
Aragón ni que Aragón era un territorio que pertenecía a España ni que España era un país del sur
de Europa. Y no lo supo no por ignorancia. Sino por divina indiferencia.»
«Son jóvenes los dos y se disponen a llamarme de entre la oscuridad. No soy. Nunca he sido. Sin
embargo, fui presentido por todas las cosas hace millones de años. Todos hemos sido presentidos.
Puedo viajar en el tiempo y ver cómo Juan Sebastián acaricia y besa a Wagner y yo estoy allí, esperando
a que se me convoque. En su placer está mi origen, en su melancolía tras el amor está la creación de la insaciabilidad de mi espíritu.»
*Tomo la foto de aquí.
http://images.malagahoy.es/2018/01/22/ocio/Manuel-Vilas-Barbastro_1211588978_79797704_667x375.jpg

Eduardo Martínez de Pisón es geógrafo, escritor y naturalista. Nació en Valladolid en 1937 y se educó en Zaragoza. El pasado viernes presentaba un ambicioso libro, ’La montaña y el arte’ (Fórcola), en compañía de Eloy Fernández Clemente y Eduardo Viñuales Cobos.
“El campo es una metáfora” escribió Unamuno. ¿Pudo ser esta frase uno de los impulsos para un libro como este?
Unamuno entero es un impulso. El paisaje es, en efecto, una metáfora y así lo vio la Generación del 98; somos sus discípulos. De modo que un libro sobre el lado cultural del paisaje viene de ahí, sumado a una mirada de fondo geográfica y a un amor sin fisuras a las montañas.
-¿Cómo se le ha ocurrido este empeño totalizador, qué quería hacer y probar?
Se trataba de mostrar una cara de la montaña que es complementaria a otras facetas más patentes o activas entre nosotros. Esta mirada artística tiene gran entidad en la cultura europea, hondos significados, y convenía mostrarla globalmente, como un movimiento completo de civilización. Las montañas no son sólo pistas para patinar, solares para edificar o cuestas para correr en bicicleta. También son esto y muy profundamente.
-¿En qué medida es este el libro de una vida y de dos pasiones complementarias: la naturaleza y el conocimiento de la cultura?
Es el libro de una vida, sí. Primero porque su contenido me es vital, es mi mirada directa, y segundo porque, al realizarlo al final de un largo proceso de recolección de datos, prácticamente de casi toda mi vida, es la decantación de ésta en esas dos pasiones, concentradas en las montañas y el arte. Si hay un libro mío con el que me identifico plenamente, es éste.
-Como la materia es inagotable, ¿cómo ordenó el libro, qué incluyó y que dejó fuera?
Está centrado el libro en la montaña en la cultura europea y sus irradiaciones. He dejado fuera voluntariamente más de medio mundo, por ejemplo las ideas sobre la montaña en Asia, o la pintura paisajista china. Pero quería tener un eje argumental claro, no hacer una enciclopedia, algo que nos sirviera aquí y ahora para comprender mejor la montaña y acaso también el arte, como un patrimonio nuestro. Y también había que medir la extensión del libro, que ya es bastante largo. Eso no quiere decir que lo que he dejado de tratar no sea interesante: lo es. Pero queda para otra ocasión... Y, en lo tratado, también he tenido que ser muy selectivo, de modo que sólo he ido encadenando lo que he estimado más significativo históricamente y a esa escala.
-Hay curiosidades de todos los países y escritores. Vemos que Baudelaire y Balzac en Francia fueron capitales en su preocupación por la montaña; Goethe, en Alemania, hizo el Tour y describió las nubes; Dickens también se sintió atraído en solitario y con el Club Pickwick. ¿Podría resumirnos algunos aspectos de esta fascinación de estos personajes?
Se trata de un movimiento cultural internacional desde la Ilustración y a lo largo del Romanticismo, en el que participan las primeras figuras de la literatura europea y también sus mejores pintores y músicos. Desde Rousseau, la montaña es un recurso intelectual y artístico necesario por su naturaleza sublime y por su mundo rural pintoresco. Ir a la montaña, en especial a los Alpes, pero también al Pirineo, era como acudir a una meca de la cultura. No hay así, por ejemplo, romanticismo completo sin montaña ni montaña completa sin romanticismo; y, si aparecen de este modo, lo que a veces ocurre, se muestran de modo insuficiente.
-En España hay sensibilidad hacia la montaña de muchos autores, desde Fray Luis de León o Machado o Azorín, pero Cela, por ejemplo, describió muchas montañas: el Guadarrama, el Pirineo de León. ¿Sería él gran escritor de las montañas entre nosotros?
No lo sé, Cela era ante todo Cela. Y sus montañas son escenarios para ser él mismo a la vez como autor estilista y como personaje literario. Yo estoy más cerca de lo escrito por Unamuno o por Machado. El gran escritor del Guadarrama fue Enrique de Mesa, en el Pirineo tal vez el conde Russell, en Gredos Unamuno, en la montaña levantina Azorín. Creo que la Generación del 98 fue el núcleo del paisajismo literario español y en él de las montañas.
-¿Qué supuso el vínculo entre montañismo, alpinismo, pirineísmo y creación literaria? ¿Nació un nuevo género: un específico libro de viajes?
El alpinismo es la clave. Deriva el nombre, es evidente, de los Alpes y el pirineísmo es su versión regional, con personalidad propia, en nuestra cordillera. A la presentación tradicional de las montañas desde fuera o desde abajo, su práctica permitió otra mirada nueva desde dentro y desde arriba, más fuerte y auténtica, que absorbió desde finales del siglo XVIII a científicos, artistas y pensadores, no sólo a deportistas, hacia los glaciares y las cumbres. Necesariamente era un paisaje distinto, un viaje diferente y, si se escribía, daba lugar a un libro original. El libro de montaña alpinista es una modalidad o un ciclo específico dentro de la literatura de viajes.
-¿Para los escritores, por lo general, que suponen las montañas: exploración, aventura, espiritualidad?
Suelen ir las tres unidas. La exploración requiere aventura en un medio aislado, difícil y bello, lo que tiene una repercusión espiritual en quienes viven esa experiencia. Pero los acentos varían y así hay relatos más geográficos de exploración, los hay más emocionantes y los hay prácticamente místicos. Pero, en líneas generales, la actividad en la montaña suele tener buenas dosis de espiritualidad.
-Por poner dos o tres ejemplos tópicos: ¿qué aportaron Thoreau y Rousseau a la relación del hombre con la montaña?
Ambos fueron muy influyentes, aunque quizá más en términos cualitativos que cuantitativos. Rousseau fue el pionero en la vivencia de la montaña baja y media, tanto en su aspecto natural, en sus bosques por ejemplo, como en su aprecio por la sociedad campesina, que entendía sin contaminar por los vicios sociales de las llanuras. Thoreau canta la vida auténtica en el retiro del bosque, la belleza del otoño, la experiencia del caminante en soledad. Ninguno de los dos habla en la verdadera alta montaña, pero su pensamiento es el mismo que el de un amante de las cordilleras: por eso, al saber expresarlo con las justas palabras, iluminan a quienes lo sienten pero no aciertan a formularlo o bien enseñan lo que encierra el sentimiento de la naturaleza a quien no lo ha experimentado.
-¿Cómo ha tratado, de manera global, la pintura la montaña?
De manera histórica. Es más fácil trasladar lo que cuenta un literato que lo que contiene un cuadro. He procurado sistematizarlos en etapas y apartados, sin olvidar las personalidades eminentes, pues no todo es cuestión de estilos, gustos o corrientes, sino de genialidades personales. Procuro citar pintores y cuadros de modo que el lector pueda encontrar sus obras con facilidad en publicaciones diferentes o en internet. Me he atenido, como antes dije, a la pintura europea y a su expansión o influencia más directa extracontinental.
-Al analizar obras pictóricas, cita muchas cosas: ‘La Gioconda’ de Leonardo, aparece Velázquez, Brueghel o El Bosco, El Greco, los pintores holandeses, maestros del paisaje. ¿Quiénes sucumbieron de manera especial a la majestuosidad de las cumbres?
Tempranamente, grandes autores como Leonardo, Durero o Tiziano, entre otros. Seguidamente, los paisajistas holandeses de los siglos XVI y XVII, lo que llama la atención pues es la montaña desde la llanura y la lejanía. Desde el siglo XVIII al XX destaca en los Alpes la escuela suiza, con estupendos artistas. Pero también los viajeros ingleses ilustrados y románticos, tan aficionados a los bocetos, dieron un notable impulso a la pintura alpina, por ejemplo con el gran Turner. En España entramos en esta línea con los paisajistas de finales del XIX, en especial con Haes y sus discípulos.
-La literatura y la pintura, o el arte, encaran desde el naturalismo o el simbolismo el paisaje. ¿Cómo lo hizo la música?
La música es el medio de transmisión mayor de la armonía y de la evocación profunda del paisaje. Tiene tres aspectos, la de la naturaleza (que tantas veces es el silencio), la del campo, con los sones campestres, y la composición, que decanta la montaña o que la expresa alegóricamente mediante una refinada belleza sonora.
-¿Cuáles son las grandes piezas que relacionan la música y el paisaje? ¿‘Una noche en el Monte Pelado’, tal vez, ‘El lago de los cisnes…’, ‘Las cuatro estaciones’?
Para mi gusto, los grandes traductores de la montaña en música han sido Liszt y Wagner. El primero participando en su sentimiento artístico completo, vinculado a la literatura, y el segundo con su tesis de la obra de arte total y sus símbolos culturales de gran calado.
-¿Cuáles son la presencia y la importancia de Aragón en este libro?
Hay un apartado entero dedicado al arte de los pirineístas, para quienes el sector aragonés de la cordillera pirenaica tenía un especial atractivo. Por un lado hay el arte en la montaña, por ejemplo en arquitectura histórica, que en Aragón presenta formas espléndidas, y por otro hay la montaña en el arte, cuya práctica corrió históricamente más desde la vertiente francesa hacia la nuestra. Aparece tanto en la pintura como en la literatura, pues el Pirineo tuvo excelentes obras en ambos campos. Hubo pintores y escritores famosos que ocasionalmente fueron pirineístas y hubo pirineístas estrictos que también fueron artistas. Creo que son casi cien páginas entre unos y otros...Se notan mis inclinaciones.
-Desde el prisma personal: cuáles son su poema, su novela, su cuadro y su composición pictóricas favoritos sobre el tema. [Pueden ser varios, claro]
Es difícil seleccionarlos pero voy a intentarlo. Como poetas Machado, Unamuno y Mesa. Como prosistas Senancour y Hesse. Como pintor, por supuesto el Guadarrama de Velázquez y de Beruete, pero también Friedrich y los glaciares de Loppé.
-Usted asegura que la montaña habla y que hay que detenerse a escucharla. ¿Qué le ha dicho a usted, que le sigue diciendo?
Suena ya dentro de mí, no fuera, es una voz interior que se acerca mucho a la felicidad.
-¿Qué libros aún le quedan por escribir?
El editor Fórcola tiene ya un nuevo original que prolonga el asunto de la naturaleza y la cultura por otros paisajes. Luego, depende del tiempo y los ánimos, pero seguro que seguiré escribiendo.
-Por cierto, ¿estuvo Aurora Dupin en Panticosa o en los Pirineos aragoneses?
Estuvo por las áreas fronterizas altas y ello le dejó recuerdos vivenciales muy profundos, aunque con una memoria geográfica bastante confusa, pues en una de sus novelas sitúa al pueblo de Panticosa en Navarra, lo que no es pequeño despiste.
La nota editorial dice: [Percy B. Shelley es un poeta fascinante. En él se conjugan una serie de elementos que, en principio, pudieran parecer paradójicos y que, por el contrario, lo hacen absolutamente singular y, al mismo tiempo, un paradigma del Romanticismo. De origen aristocrático, pero con un pensamiento político radical; místico en su concepción teórica del amor y, sin embargo, sensual y promiscuo; ateo o más bien, agnóstico confeso y, a la vez, un reconocido panteísta que creía fervientemente en el poder de la palabra; un hombre que murió en plena juventud y, no obstante, dotado de un pensamiento filosófico profundo desde los inicios, Shelley fue, sobre todo, un rebelde e iconoclasta, que buscó, y alcanzó, una absoluta perfección formal en su trabajo, un espíritu vigoroso y apasionado, aunque siempre propenso a la melancolía.]

Rafael, tan amable y cariñoso siempre, me envía unos poemas: el original en inglés y su versión, siempre muy trabajada.
The wind has swept from the wide atmosphere
Each vapour that obscured the sunset’s ray;
And pallid Evening twines its beaming hair
In duskier braids around the languid eyes of Day:
Silence and Twilight, unbeloved of men,
Creep hand in hand from yon obscurest glen.
They breathe their spells towards the departing day,
Encompassing the earth, air, stars, and sea;
Light, sound, and motion own the potent sway,
Responding to the charm with its own mystery.
The winds are still, or the dry church-tower grass
Knows not their gentle motions as they pass.
Thou too, aëreal Pile! whose pinnacles
Point from one shrine like pyramids of fire,
Obeyest in silence their sweet solemn spells,
Clothing in hues of heaven thy dim and distant spire,
Around whose lessening and invisible height
Gather among the stars the clouds of night.
The dead are sleeping in their sepulchres:
And, mouldering as they sleep, a thrilling sound,
Half sense, half thought, among the darkness stirs,
Breathed from their wormy beds all living things around,
And mingling with the still night and mute sky
Its awful hush is felt inaudibly.
Thus solemnized and softened, death is mild
And terrorless as this serenest night:
Here could I hope, like some inquiring child
Sporting on graves, that death did hide from human sight
Sweet secrets, or beside its breathless sleep
That loveliest dreams perpetual watch did keep.
CEMENTERIO EN UN ATARCECER ESTIVAL
LECHLADE, GLOUCESTERSHIRE
El viento ha barrido de la inmensa atmósfera
el vapor que apagaba el rayo del poniente
y el pálido Crepúsculo ciñe las negras trenzas
de su brillante pelo al día que desmaya.
El Silencio, el Ocaso, que los hombres no estiman,
de la mano se vienen desde el calvero umbrío.
Exhalan sus hechizos al día que se aleja,
envolviendo la tierra, el aire, el mar, los astros.
Luz, son y movimiento el fuerte efluvio captan
y al encanto responden con su propio misterio.
Los vientos están calmos o el césped de la torre
su gentil movimiento ignora cuando pasan.
Tú también, edificio sutil, cuyos pináculos,
pirámides de fuego, desde un altar se elevan,
en silencio obedeces su dulce y grave hechizo
dando un matiz celeste a tu lejana aguja,
en torno a cuya cúspide, borrosa e indistinta,
las nubes de la noche entre los astros se unen.
Los muertos duermen ya dentro de sus sepulcros
y al dormir convirtiéndose en polvo, un son vibrante
entre oído y pensado, allí en lo oscuro tiembla
que, desde lechos pútridos, cerca las cosas vivas
y, con la quieta noche, con el cielo mezclándose,
su horroroso silencio inaudible se siente.
Así solemne y suave, la muerte es apacible
y no espanta, al igual que esta noche serena.
Aquí esperar podría, como un niño curioso
que juega entre las tumbas, que unos dulces secretos
ocultara la muerte o a su quietud exánime
los más preciosos sueños perpetua guardia hicieran.
Ye hasten to the grave! What seek ye there,
Ye restless thoughts and busy purposes
Of the idle brain, which the world’s livery wear?
O thou quick heart, which pantest to possess
All that pale Expectation feigneth fair!
Thou vainly curious mind which wouldest guess
Whence thou didst come, and whither thou must go,
And all that never yet was known would know—
Oh, whither hasten ye, that thus ye press,
With such swift feet life’s green and pleasant path,
Seeking, alike from happiness and woe,
A refuge in the cavern of gray death?
O heart, and mind, and thoughts! what thing do you
Hope to inherit in the grave below?
SONETO
¡Corréis hacia la tumba! ¿Qué buscáis allí, inquietos
pensamientos y múltiples designios del ocioso
cerebro, que vestís la librea del mundo?
¡Corazón agitado, que poseer anhelas
cuanto imagina hermoso la Esperanza;
curiosa mente en vano, que adivinar querrías
de qué lugar provienes y adónde te diriges
y saber todo aquello que nunca se ha sabido!;
oh, ¿hacia dónde corréis que con pie tan ligero
pisáis el verde y grato camino de la vida,
de la felicidad buscando, y de la pena,
un refugio en la gruta de la apagada muerte?
¡Oh, corazón y mente y pensamientos!,
¿qué esperáis recibir debajo de la tumba?
José Luis González Deza presenta hoy su libro 'Las lágrimas de la verdad', publicado por Mira editores. Será en la librería Los Portadores de sueños.
[Nota editorial]Durante la Guerra Civil hubo personas capaces de dar lo mejor, y también lo peor, de sí mismos. La novela pone de manifiesto estas dos realidades y se aleja de la visión interesada y parcial de malos contra buenos creando historias que se unen para después separarse. En Las lágrimas de la verdad descubrimos personajes que, para alcanzar el poder, no sienten ningún escrúpulo en fomentar el odio o recurrir a la traición. Por el contrario, hay quienes se esfuerzan en buscar espacios de convivencia a través del corazón y no de la razón, a pesar de que sus creencias sean antagónicas.
José Luis González Deza con la precisión y buen hacer de un maestro de ceremonias hace desfilar por estas páginas a sus protagonistas, verdaderos arquetipos de carne y hueso (la magia de la palabra insufla vida), compartiendo un tiempo y un espacio: los años convulsos de la Guerra Civil a lo largo del territorio aragonés. Mientras unos se dejan arrastrar por sentimientos tan viles como el rencor o la envidia, otros, sin embargo, nos enseñan que la bondad que anida en el ser humano puede llegar a ser infinita, siempre y cuando se valore más a las personas en función de cómo son y no de quiénes son. Estos últimos se convierten en los verdaderos héroes del relato, y, entre este grupo de elegidos, destaca Luis, un hombre que por amor se dejará seducir, atrapar y abrazar por las lágrimas de la verdad.
EL AUTOR



-1. https://static01.heraldo.es/uploads/imagenes/8col/2015/01/15/_jh_cf8873f1.jpg?a79f6c86604d60f064472ee510d3730a
-2. http://www.andalan.es/wp-content/uploads/emilio-gaston-517x700.jpg.Obra de Pedro Sagasta.
-3.http://3.bp.blogspot.com/-UZV1ALi0qJg/TZOK4xsOdoI/AAAAAAAAAEM/gN_A3u3PWR4/s1600/gastonyotros.inde-1.jpg
*Emilio por Primo.