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Antón Castro

Fotógrafos

ANTONIO URIEL EN SPECTRUM SOTOS

ANTONIO URIEL EN SPECTRUM SOTOS

Antonio Uriel se estrena en foto digital y en color

 

El artista inauguró ayer la muestra ‘El origen del invierno’ en la galería Spectrum Sotos


 

Antonio Uriel (Zaragoza, 1957) es fotógrafo y poeta, profesor y estudioso de la fotografía. Hace dos años, durante un curso sabático, tras regresar de París cayó enfermo “y estuve a un paso de la muerte”. Desde entonces, le han pasado muchas cosas: se ha restablecido felizmente, publicó el libro ‘Infierno XXXV’ en la colección Cuarto Oscuro de Prensas Universitarias, que dirigía Antonio Ansón, donde incorporó una selección de sus poemas, y el miércoles inauguraba una nueva exposición: ‘El origen del invierno’ en la galería Spectrum Sotos, con la que ha colaborado durante muchos años. Uriel, que ha sido un fotógrafo analógico y en blanco y negro, ha dado el paso a la fotografía digital y “la mitad de la muestra es en color”.

Dice Uriel: “Todas las fotografías son nuevas. En algunas retomo motivos que he utilizado antes. Son parte de mi imaginario y de mi repertorio simbólico: el viaje, la escalera, los pies desnudos, los textos ilegibles, las aves, las ventanas, el tren... Algunos de los temas también estaban antes, pero creo que eso es lo que da unidad a una obra. Por lo demás, para mí supone un cierto desafío”. Asegura que uno de los temas es la pertinencia de los modos de representación. “Las formas de simbolizar la experiencia cambian, pero estamos condicionados por las representaciones dominantes –dice-. Esto parece un poco abstracto, pero en las imágenes hay personas, situaciones que pueden articular una historia. El invierno es una metáfora, claro, pero también es un invierno real”, que alude a esa enfermedad inesperada.

Uriel, que se licenció en Filología Hispánica y se doctoró en Bellas Artes con una tesis sobre Semiótica y Estética de la Fotografía, expone asiduamente desde 1987. Considera que la fotografía “siempre es un documento. Mis fotografías son fragmentos de lo real, establecen una selección sobre el mundo, y por medio de unos recursos que a menudo coinciden con los de la fotografía llamada documental construyen otra realidad. Todas las fotografías lo hacen, pero a veces nos cuesta más incorporar esas imágenes a nuestra experiencia”.

Esta muestra arrancó, en buena parte de una imagen que tiene algo de aparición surrealista o de símbolo de esta época de incertidumbre e indigencia. Escribe: “El verano pasado vi a Mefistófeles en la Hauptbanhof de Frankfurt. Lo reconocí de inmediato por su sombrero tirolés, descolorido ya y con la pluma inequívoca, y las piernas delgadas embutidas en una especie de malla. Por lo demás, parecía un mendigo. Rebuscaba envases en las papeleras selectivas para recuperar el depósito”. Su visión de la fotografía no es precisamente optimista. La disciplina pasa por una crisis: “Tengo la sensación de asistir al final de una etapa. Da la impresión de que lo que surge de las ruinas no es precisamente mejor; pero es difícil desligar una experiencia estética de lo social. Estamos viviendo la pérdida de referentes, el desconocimiento o el desinterés por la historia de la fotografía. Y por otra parte lo que en un determinado momento de la historia del medio pudo ser progresista es ahora reaccionario por la capacidad del sistema para asimilarlo todo y usarlo en su propio provecho”.

La muestra permanecerá abierta hasta el 17 de febrero y podrá visitarse de lunes a viernes, entre las 16.30 y las 20.30.

GERVASIO EVOCA A ENRIQUE MENESES

Gervasio Sánchez le dedica un hermoso y apasionado artículo a Enrique Meneses. Lo conoce también que no me atrevo a escribir otro. Yo solo lo admiré desde lejos: desde sus artículos, sus fotos, su leyenda y sus memorias. Hablé con él por teléfono.

Este artículo puede leerse en el blog de Heraldo de Gervasio Sánchez.

 

http://blogs.heraldo.es/gervasiosanchez/?p=2594

 

 

Enrique Meneses ha muerto

Posted on 7 enero 2013 by Gervasio Sánchez

Aunque sabía que la muerte perseguía a Enrique Meneses pensaba que la esquivaría una vez más como ha hecho tantas veces en los últimos años. Pero la fortaleza humana tiene un límite aunque este gran caballero del periodismo ha luchado hasta su último suspiro

Le visité en su casa hace dos semanas. Le abracé y le besé durante un largo minuto. Hablamos durante casi dos horas. De periodismo, de fotografía, de la vida. Me sorprendió su entereza porque sabía que tenía los días contados. Me enseñó la maqueta de su gran libro fotográfico que no ha podido ver publicado. Me despedí acariciándole la mano consciente de que seguramente sería la última vez que lo vería vivo.

En las conversaciones telefónicas recientes transmitía un gran cansancio como si todo dependiera de un hilillo, pero nunca se olvidaba de mandar besos para la familia. Me han contado que no dejó de hablar de periodismo hasta que cerró sus ojos para siempre.

Me gustaría contarles su historia. Ustedes mismos se darán cuenta por qué admiro a este gran hombre, por qué hay que admirarlo y seguir aprendiendo de sus escritos, de sus libros, de sus fotografías, de sus permanentes lecciones. Cuando se escriba la verdadera historia del periodismo español (en la que espero que no estén los escribas del poder), Enrique Meneses ocupará un lugar privilegiado.

Hace 83 años, su nacimiento coincidió con el crack de 1929. Hace más de 65 años, el 28 de agosto de 1947, cubrió la muerte de Manolete con apenas 17 años y cobró 150 pesetas por este primer reportaje aunque gastó tres veces más en la carrera del taxi que le llevó de Madrid hasta la ciudad andaluza.

Hace 60 años atravesó toda África de El Cairo a El Cabo en busca de una belleza nilótica que había visto en una revista. Hace 57 años cubrió magistralmente la guerra del Canal de Suez en la que murieron varios ilustres periodistas y fotógrafos como Jean Roy y David Seymour, uno de los fundadores de de la agencia Magnum. Hace 55 años, en diciembre de 1957, se encontró con Fidel Castro y Che Guevara en Sierra Maestra.

Sus reportajes en Paris Match sobre aquellos revolucionarios barbudos son parte de la historia del periodismo. Parece que hablamos de prehistoria y, sin embargo, qué reportajes más modernos y frescos que derriban la falacia actual de que la inmediatez es más importante que la reflexión.

Si yo fuera un prohombre dela Televisióniniciaría mi primera emisión con la mejor entrevista posible: Meneses y Castro, frente a frente en la actualidad, recordando aquellos años y pasando revista a más de cincuenta años de historia. Saltarían chispas, pero sería inolvidable.

Hace más de 50 años llegó a Nueva York coincidiendo con la crisis de los misiles en Cuba, fue testigo de la marcha dela Libertadque lideró Martin Luther King y fotografió el acto de inscripción de la primera estudiante negra en una universidad estadounidense.

Hace 46 años dirigió la revista Cosmópolis acompañado por las mejores plumas de la época. Hace 40 años formó parte del equipo de Los Reporteros, un  clásico de la historia de la televisión.

Hace casi 20 años llegó a Sarajevo en pleno cerco salvaje. Allí lo conocí. Tenía la edad de mi padre y seguía yendo a las guerras porque amaba el periodismo como el primer día. Me impresionó verle subir las escaleras del hotel Holiday Inn (el ascensor nunca funcionaba) a pesar de sus dificultades respiratorias. Me reí mucho cuando me contó que había engañado a su familia diciéndole que se había ido a un safari a Kenia.

Cuando hace 12 años empecé a dirigir anualmente un Seminario de Fotografía y Periodismo en Albarracín (Teruel) el primer ponente fue Enrique Meneses. Un sábado a primera hora se dirigió a 150 personas que no le conocían de nada. Estuvo una hora y media contando historias periodísticas  con esa majestuosa capacidad narrativa que sólo los privilegiados derrochan. Para muchos fue un inolvidable descubrimiento y se lo agradecieron con un aplauso eterno. Porque Enrique absorbía a los que lo escuchaban, tenía el don de la palabra y manejaba el lenguaje como pocos.

Sus reportajes en Paris Match ayudaron a salvar a Abu Simbel, los impresionantes templos del sur de Egipto. Entrevistó a Abdel Krim a quien su padre había combatido, a los reyes Faisal II de Arabia Saudita y Huseín de Jordania, al Dalai Lama en seis ocasiones, conoció a Piccaso, Dali y Luis Miguel Dominguín y fue testigo de la boda grecoespañola de los actuales Reyes.

Su libro de memorias “Hasta aquí hemos llegado” (publicado por Ediciones del Viento en  2006) es, sin duda, el mejor que he leído en muchos años y debería forma parte de los planes de estudios en la universidades y masters de Periodismo.

El texto, escrito con gran brillantez y un ritmo endiablado, penetra en un pozo de sabiduría sin fondo que te atrapa hasta su última línea.  Es un compendio de gran periodismo.

Pero si hacemos una encuesta entre los jóvenes estudiantes de periodismo será difícil encontrar a alguien que sepa quién es Enrique Meneses. Si nos acercamos a las redacciones, quizá algún veterano comentará: “¡Pero si se murió hace años!”. Pues no: ha estado vivo, coleando y haciendo gran periodismo, utilizando los últimos avances tecnológicos, hasta el final de su vida.

Sorprende que apenas haya recibido invitaciones para explicar su visión del periodismo puro cuando es difícil encontrar a alguien que trasmitiese mejor sus experiencias.

Enrique Meneses tampoco ha tenido suerte en el frecuente reparto de premios. Deberíamos preguntarnos por qué esta bendita profesión tantas veces exalta a los periodistas mediocres y a los trinchados en la rueda del poder mediático y olvida a los verdaderos pura sangre como Enrique Meneses.

Ojalá su muerte sirva para recuperar la figura de uno de los periodistas imprescindibles de nuestra historia. Querido Enrique, me alegro de que por fin descanses en paz.

 

CINE Y FÚTBOL, SEGÚN PANENKA

CINE Y FÚTBOL, SEGÚN PANENKA

‘PANENKA’: CINE Y FÚTBOL EN EL CENTRO DE HISTORIAS

Esta tarde, a las 19.30., en el Centro de Historias la revista ‘Panenka’, que coordina el historiador aragonés Aitor Lagunas se presenta en Zaragoza con una mesa redonda en la que van a intervenir algunos expertos del tema central: el fútbol y el cine. Ahí estarán Carlos Marañón, José Antonio Martín Otín, ‘Petón’, y Luis Alegre. La última publicación de ‘Panenka’ es un número sobre el Calcio: hablan, entre otros, Prandelli, Gattuso, etc. Gianluigi Buffon dice que constató la existencia de Dios el día que vio a Pirlo llevar la casimeta de la Juventud.

En la foto Aishwarya-Rai-, protagonista de ‘Yo quiero ser como Beckham’.

GUSTAFF CHOOS EN NUEVA YORK

GUSTAFF CHOOS EN NUEVA YORK

GUSTAFF CHOOS: SI TE DICEN QUE CENTRAL PARK

Anda por ahí Gustaff Choos con el ojo alerta. Un ojo que no duerme. El ojo inconformista. Le interesa todo: igual le da retratar a futbolistas, que a músicos, a mujeres bonitas con sus bolsos de diseño.  A roqueros incansables que encienden de relámpagos la noche. Ahora vive en Nueva York: pasea, camina, mira. Se entusiasma. Se vuelve insomne y un felino que caza imágenes de luz. Y he aquí uno de los milagros de su mirada: la naturaleza urbana tal como es. Gustaff Choos.

BRIAN DUFFY POR MARIMAR CABRERA

BRIAN DUFFY POR MARIMAR CABRERA

Una de las exposiciones que más me han gustado en los últimos tiempos en Zaragoza ha sido la retrospectiva de Brian Duffy en el Centro de Historias. Marimar Cabrera, periodista y colaboradora asidua en los fines de semana de Miguel Mena, en la SER, firma en la revista ‘Jot Down’ un estupendo artículo sobre el fotógrafo británico que fue un maravilloso retratista, un gran artista de la moda y la publicidad y luego, cuando dejó la fotografía, un experto en muebles. He aquí el enlace del texto de Marimar.

 http://www.jotdown.es/2012/12/el-mito-de-duffy/

SANTIAGO FUMAZ, ADIÓS A LAS FOTOS

SANTIAGO FUMAZ, ADIÓS A LAS FOTOS

HA MUERTO EL FOTÓGRAFO AMBULANTE

SANTIAGO FUMAZ, CENTENARIO

 

Por Estela PUYUELO 

 

Fumaz Cazcarra, Santiago. Fonz (Huesca), 24.VII.1912- 02.XII.2012. Fotógrafo ambulante.

 

La primera profesión de Santiago Fumaz fue la de peón de albañil, pues su padre y sus dos hermanos pertenecían a este gremio, pero quiso la desgracia –o la buena fortuna- que a los 18 años cayera de un andamio y una pierna le quedara inutilizada. Dadas las circunstancias, su padre le aconsejó ejercer un oficio que se pudiera desempeñar sentado y en Barbastro (Huesca) aprendió los de zapatero y barbero. Pronto, la llegada de la guerra y la emigración le ofrecieron una nueva posibilidad allí donde lo visual acerca lo ausente: la fotografía. En Lérida compró su primera cámara y en el año 1938, con un carro y una caballería, el retratista de Fonz comenzó su andadura con la fotografía del minuto (según el tiempo en el que transcurre el revelado) buscando posados de fiesta en fiesta. Estos primeros pasos terminarían completando un largo, infatigable y fiel recorrido por la provincia de Huesca y algunas localidades cercanas, especialmente ilerdendes, que duraría 40 años. Cuando se retiró, en los 80, había gastado siete coches.

A lo largo de cuatro décadas de vida como fotógrafo, Santiago Fumaz llegó a formar un voluminoso archivo del que se conservan algo más de 15.000 negativos.  Datan mayoritariamente de los años 50 los más antiguos, fecha en la que Fumaz ya compra cámaras con negativo de 35 mm.,  y de la década de los 70 los más actuales. Son testimonios de las fiestas populares de una parte importante de las localidades oscenses, de entre las que destaca Fonz: orquestas y bailes, romerías, procesiones, bodas, bautizos y otros actos sociales quedan retratados en una época en la que todavía no se habían generalizado las cámaras particulares en el Alto Aragón rural.

Conscientes del valor testimonial de estas fotografías, la Diputación de Huesca, a través de su Fototeca Provincial, llegó a un acuerdo con Santiago Fumaz para reproducir su colección en soporte digital e  incorporarla al proyecto Memoria Gráfica del Alto Aragón.

Tuvimos la suerte, junto a José Luis Pano, de acceder a estos fondos fotográficos para estudiarlos junto al autor de las fotografías para escribir sus memorias. Fumaz nos regaló sus recuerdos, puso voz a muchas de las imágenes, nos brindó su amistad y vio su libro publicado en vida. Hoy, a sus 100 años de vida, el retratista de Fonz ha emprendido el viaje más largo pero, como los grandes hombres, no se ha ido del todo. Nos ha dejado un rico patrimonio visual a los aragoneses: todas las sonrisas que pudo capturar en las fiestas rurales de la Postguerra. Y sus memorias.

 Solo falta una exposición fotográfica itinerante que muestre el trabajo de un experto en caminos, lugares y gentes, testigo de romerías, bailes, tradiciones, amigo de músicos, cantadores y danzantes. De otros fotógrafos. De otros ambulantes. De la gente que vivía en los pueblos. Todos nuestros abuelos fueron fotografiados por Santiago Fumaz Cazcarra. Solo tuvieron que decir sí a la pregunta habitual: ¿Quieres un retrato? ¡Cuánta magia encierra una fotografía! Gracias, Santiago por agitar tu varita para convertir instantes fugaces en eternidad.

JACQUES LEONARD Y LOS GITANOS

'Mitad payo, mitad gitano'. Jesús Ulled. Un libro de Destino

 




La historia novelada de Jacques Leonard,

    
el fotógrafo que amó a los gitanos






[Dossier de Destino, del equipo de Alba Fité]
Por una serie de circunstancias fortuitas, Jesús Ulled conoció a Santi Leonard, hijo de nuestro personaje, que le hizo llegar un manuscrito que había dejado su padre. Estas pocas páginas autobiográficas tan fascinantes han sido el germen de esta novela, la novela de una vida.  

«Jacques Leonard fue uno de esos seres cuya vida es una aventura permanente, pero que pasan por nuestro lado sin manifestárnoslo. Otros, con menos bagaje vital, aparecen como personajes de leyenda, aventureros admirados, objeto de libros y reportajes. Jacques pertenece a la raza de los que se limitan a vivir por el placer de hacerlo.»  

Jacques Leonard (París, 1909-L´Escala, 1995), hijo de la burguesía parisina, se inició en el mundo del cine, viajó por todo el mundo y se codeó con la intelectualidad del momento en España, en la década de los años treinta. En la posguerra, se trasladó a Barcelona, donde trabajó como fotógrafo freelance para, por ejemplo, La Vanguardia, y se enamoró locamente de una gitana, Rosario Amaya, con la que se casó tras un noviazgo asistido en Los Caracoles de la calle Escudellers. Vivió durante muchos años en las barracas de  Montjuïc, bajo el nombre de el Payo Chac o El Loco, desde donde realizó extensos, históricos y maravillosos reportajes fotográficos de la vida gitana.  

 

Nota de autor



«Este libro es fruto de la casualidad y de la curiosidad.  Por una serie de circunstancias  fortuitas, conocí a Santi Leonard, hijo de nuestro personaje, que me hizo llegar un manuscrito que había dejado su padre, para averiguar si había manera de publicarlo. El texto era, en realidad, un encendido alegato a favor de los gitanos en general y de los gitanos españoles en particular,  y Leonard había hecho preceder a lo que llamaríamos el “corpus” de su trabajo, de unas pocas páginas en las que, de manera sucinta, explicaba su vida y, en definitiva, los caminos que le habían llevado, por vericuetos que no desvelaré aquí, a sentir la necesidad de volcar sobre el papel su reivindicación de la raza gitana. Reivindicación que, por cierto, también materializó magistralmente a través del objetivo de su cámara fotográfica. Estas pocas páginas autobiográficas eran tan fascinantes, que la curiosidad me llevó a querer investigar para ampliarlas.    

Santi dio con una serie de notas mecanografiadas  que parecían ser apuntes biográficos de su padre. Eran apuntes anárquicos, repetitivos y sobre todo carentes  de referencias temporales claras.  Pero confirmaban la fascinación que me había producido el primer resumen de la vida de Jacques. Y lo que iba a ser la traducción de un libro sobre los gitanos, se convirtió en el relato de una vida singular Jacques Leonard fue uno de esos seres cuya vida es una aventura permanente, pero que pasan por nuestro lado sin manifestárnoslo. Otros, con menos bagaje vital, aparecen como personajes de leyenda, aventureros admirados, objeto de libros y reportajes. Jacques pertenece a la raza de los que se limitan a vivir por el placer de hacerlo. No necesitan proyectar sus experiencias al exterior, ni aferrarse a ellas. Abren y cierran capítulos sin nostalgia por lo que dejan atrás ni preocupación por lo que enfrentan.  De no ser por el empeño de sus hijos, que nos ha permitido recuperar un fotógrafo magistral y un ser humano excepcional, hoy Jacques Leonard, el fotógrafo que amó a los gitanos, no existiría para nosotros.»  

La obra  


Aventurero, chalán, escenógrafo, fotógrafo, cineasta, escritor, artesano y amante del pueblo gitano, Jacques Leonard se enamoró de Barcelona y allí se instaló. Su biógrafo Jesús Ulled, de la mano de su familia, rememora a este gran fotógrafo francés que retrató a los gitanos por todo el mundo.

Un hombre que nació en el seno de una atípica y acomodada familia parisina, creció envuelto en el temor de la Gran Guerra, se educó entre caballos y criadores gitanos y se convirtió en un hombre viajando por Europa, ya fuera tras su primer amor o tras una empresa económica. De París a Madrid, y de ahí a Australia: cine, teatro... Leonard vivió la explosión de las Artes en la convulsa Europa bélica para terminar con su gran pasión, la fotografía, y regresando a sus orígenes, a la vida gitana.    

El Chac, como le llamaba su segunda mujer y su gran amor, Rosario Amaya, se convirtió en los ojos de la Barcelona calé, en la voz artística de la pasión y el espíritu del pueblo gitano y en el símbolo de una sociedad cambiante, que hizo frente a una revolución: ¿Había llegado el momento de abandonar los poblados y asimilarse con el resto de ciudadanos?

 Jesús Ulled novela en estas páginas una vida de película de un testigo de la historia del siglo XX.



Instantes  de una vida  


Los orígenes  

«La vida del pequeño Leonard empezaba además en un marco envidiable, en plena campiña, en la finca que su padre poseía en las afueras de Maisons-Laffitte, una población de l'Île de France, que formaba, junto con Enghien y Chambéry, lo que podríamos llamar el «cinturón ecuestre de París.»  

«Emilienne Tabary y Julien Leonard formaban una pareja que escapaba claramente a los esquemas de la época.»  


«Ella, que a los dieciocho años ya era jefa de taller en una empresa de confección, había conseguido crear un negocio propio sin más ayuda que su determinación y su buen ojo para la moda y para detectar y satisfacer los deseos de una clientela pequeñoburguesa. Él, tan sólo un año mayor, era un experto conocedor del mundo de los caballos, entrenador, criador y tratante.»  

Un niño interno y la Gran Guerra de fondo

«Situado en Batignolles, cerca de la casa del boulevard Paraire, acogía niños de entre cinco y diez años, hijos de familias acomodadas, y una institución venerable creada por la señorita Hatmer, una anciana áspera que padecía agorafobia y circulaba por los pasillos del colegio arrimada a las paredes, provocando el regocijo disimulado de los alumnos. Ella misma había escrito los libros de texto de los que bebía un plantel de profesoras secas y estiradas, cortadas todas por el mismo patrón, que se limitaban a leerlos sin aportar de su propia cosecha ni comentarios ni opiniones. La única excepción era la profesora de inglés, una joven rubia y amable que se esforzaba en introducir los rudimentos de la lengua en las cabezas de sus no siempre bien dispuestos alumnos. Para Jacques, sus clases eran uno de los pocos momentos gratos de una jornada en la que hasta las horas de recreo estaban teñidas de tristeza.»  

Una fotografía que cambiaría su vida  

«Aquella fotografía de tonos amarillentos marca-ría para siempre la vida de Jacques Leonard. Acababa de descubrir que en sus orígenes se mezclaban dos razas distintas y, aunque entonces no fuese consciente de ello, su vida habría de debatirse desde entonces entre las dos, con sentimientos a veces encontrados. Pero en aquel instante le tenía perplejo la imagen de su padre ataviado de aquella forma pintoresca, con ropa de vivos colores, seguramente no demasiado limpia, como era corriente entre los gitanos. Le resultaba imposible relacionarlo con el gentleman cuidadoso con su indumentaria hasta la exageración que sabía moverse con la misma naturalidad en las tabernas que flanqueaban los mercados de ganado que en los restaurantes más lujosos de París.»  

Los Pacorros, otra familia

«La relación de los Pacorros con Julien Leonard era excelente. Él los trataba como si fueran de la familia y ellos correspondían otorgándole una confianza ciega. El caso de Jacques era diferente: era un «media pata», es decir, mitad payo y mitad gitano, y ellos se sintieron obligados a introducirle en algunas de sus costumbres, como si quisieran acentuar en él la parte gitana de su ser, hacerlo más suyo librándole, si ello fuera posible, de su naturaleza paya. Con ellos aprendió, por ejemplo, a practicar la pesca de la trucha según la más pura tradición gitana.»  

«La implicación de Jacques en la finca era cada vez mayor, como mayores eran las responsabilidades que su padre le confería, lo cual tenía sus ventajas, porque durante sus ausencias, cada vez más frecuentes, el muchacho disfrutaba de la libertad de mover-se a su antojo por la región, explorando nuevos caminos más allá del aburrido trayecto entre la escuela de Pau y la propiedad familiar, y sobre todo de hacerlo a las riendas de uno de los carruajes o montan-do alguno de los potros. Su preferido, y como no podía ser menos también el de su padre, era Adonis, un trotón anglo-normando, una raza quizás más rústica y de doma complicada pero de excelentes prestaciones.»  

«La vida de Jacques estuvo marcada desde su infancia por dos mundos determinantes, que absorbieron sus intereses y sus energías en diversas etapas. Por una parte, los caballos y todo lo que con ellos se relacionaba, desde su respeto por el saber y las enseñanzas de su padre hasta su amor por la naturaleza y por los espacios abiertos. Por otra, el universo gitano, que durante muchos años ejerció en él una influencia ambigua, entre la atracción y el rechazo. El cruce casual entre estos dos mundos llevó al joven Jacques al encuentro de la que sería su primera experiencia entre sexual y sentimental.»  

Encarna, la primera pasión  

«Comprendió que aquel encuentro que otros podrían considerar fugaz e intrascendente le había dejado una impronta muy profunda que, en su ingenuidad juvenil, decidió que sería indeleble. Necesitaba a Encarna de una forma angustiosa, con la perentoriedad que sólo exigen los primeros amores. Necesitaba volver a verla para confirmar que ella compartía su exaltación. Y la única manera de conseguirlo era ir tras la caravana de los Pacorros, donde quiera que se dirigiese.»  

Y su segunda pasión... ¡El cine!  

«Casi sin proponérselo, se encontró admitido como «chico para todo» en el rodaje de El país de los vascos, el primer documental sonoro que se rodaba en Francia.»  

«Estaba decidido a persistir en aquella vocación por el cine que cada día cobraba más fuerza. [...] Sin embargo, la etapa cinematográfica de Jacques no fue precisamente un camino de rosas; trabajaba como el que más, pero no percibía ni un sou por ello, lo que consolidaba su penuria económica. Pese a ello, se resistía heroicamente a acudir al nido materno.»  

France, el primer matrimonio, y su llegada a España  

«La vida de Jacques Leonard estuvo siempre íntima-mente ligada al cine. De hecho, sus andanzas por este mundo fascinante merecen capítulo aparte, pero al hablar de su primer matrimonio es imposible hacerlo sin hablar de cine, porque el cine fue como el guión, el hilo conductor de una historia con visos de melodrama. Como primer dato diremos que la que sería su mujer de manera un tanto inesperada era la única hija de Jean Choux, el hombre que, con su confianza, le había abierto las puertas de la profesión y le enseñó gran parte de lo que sabía.»  

«La vida de Jacques en Madrid seguía su propio ritmo, al margen de actividades más o menos clandestinas. Profesionalmente se había labrado en poco tiempo una cierta reputación y se sucedían los con-tratos y, con ellos, la relación con los actores y directores más populares del momento, lo que también le daba acceso a los diversos ambientes de la capital, algunos de los cuales se superponían entre sí. Toreros que alternaban con políticos, flamencas cortejadas por intelectuales o avispados empresarios afectos al nuevo orden que agasajaban a todos ellos. Gracias a estos contactos tuvo la fortuna de ser admitido en una de las tertulias más prestigiosas de la capital y conocer y tratar a personajes que hoy forman parte de la historia cultural de España.»  

Hay vida más allá del cine  

«El fin de su matrimonio supuso pues para Jacques la ruptura consciente y deliberada con el cine y con todo lo bueno que esta profesión le había proporcionado. Para él significó un sacrificio en todos los sentidos. Y el económico no era el menos importante. Tenía que seguir ganándose la vida y no deseaba hacerlo en Madrid porque intuía que le esperaban tiempos difíciles y no quería exhibir sus dificultades ante las personas con las que allí se había relacionado. Por otra parte, ni siquiera contaba con su piso en la ciudad: los muebles e incluso sus  papeles habían desaparecido de la mano de France, que de este modo quiso dejarle otro recuerdo desagradable.»  


Barcelona, fin de trayecto  

«Desde que llegó a Barcelona por primera vez, para el rodaje de María de la O, la ciudad y sus gentes se habían hecho un hueco en su corazón. Quizás había influido en ello aquella poderosa «gitanidad» que se extendía como una red invisible. La había descubierto entonces a través de Carmen Amaya y su numerosísima parentela, pero ahora sentía la necesidad de penetrar más en ella. Lo cierto es que, gracias al cine y a sus años como restaurador de muebles junto a Lottier, contaba con una nómina de amigos y conocidos integrada por personajes de lo más variopinto, intelectuales, pintores, periodistas, gentes del espectáculo, profesionales de prestigio y algún que otro empresario más o menos deseoso de alternar en ambientes distintos del suyo. En suma, que confiaba en que, de una u otra forma, podría abrirse camino trabajando como fotógrafo. Decidió que lo que hasta entonces había sido una afición tendría que ser su modo de vida a partir de aquel instante. La gran ventaja de este trabajo era que le permitiría organizar su tiempo y su propia vida con total libertad. Estaba firmemente decidido a mantenerse como freelance, escogiendo sus temas y tratándolos a su manera, sin imposiciones ni cortapisas.»  

«Sus primeros reportajes aparecieron en Revista, una publicación mensual auspiciada por Alberto Puig Palau, un rico industrial barcelonés al que había conocido en ocasión de sus primeros viajes a Barcelona, precisamente a causa de sus comunes relaciones con las gentes de la raza calé.»  

«Jacques se convirtió en colaborador habitual de Gaceta Ilustrada, que así se llamó la nueva publicación, pronto la de mayor circulación de España. Aparte del reconocimiento profesional, esta colaboración le abrió las puertas del periódico, de modo que empezó a publicar de manera regular sus fotos en las páginas en color que cada domingo incluía La Vanguardia.»  



La pasión de Rosario y Jacques  

«Rosario era una modelo muy cotizada, una de las mejores de Barcelona, que había posado para los pintores más destacados del momento, desde Pichot hasta Santa Susana, pasando por Sainz de la Maza y Molina. Incluso el eminente escultor Clará había realizado un busto delicioso cuando ella no era más que una niña de nueve o diez años.»  

«A medida que sabía más de Rosario, mayor era el interés de Jacques por conocerla y tratarla, deseoso de aclararse a sí mismo los sentimientos que despertaba en él aquella mujer. Era consciente de que le impresionaba su belleza, pero al mismo tiempo había en Rosario algo que la hacía distinta de todas las mujeres que había conocido, y de que la atracción que sentía por ella iba más allá de lo puramente físico. Se indignaba consigo mismo cada vez que la veía pasar sin atreverse a abordarla, así que un mediodía se armó de valor y se acercó a saludarla. —Hola, Rosario, ¿te acuerdas de mí? —Claro que me acuerdo. Eres el payo de Montjuïc que quería conocerme y luego se quedó «pasmao».»  

El autor  


Jesús Ulled nació en 1937, en Río de Janeiro. En 1959 se licenció en Derecho por la Universidad de Barcelona, obteniendo el Premio Duran y Bas de Licenciatura que concedía el Colegio de Abogados de Catalunya. Ese mismo año obtuvo el título de periodista por la Escuela oficial de Periodismo de Barcelona. Tras ejercer brevemente la carrera de abogado entró a trabajar en Danis, una de las agencias  de publicidad más reputadas por aquellos años. Más tarde se hizo cargo de la delegación en Barcelona de SP, la primera revista política española, precursora de Cambio 16, trabajo que alternó con otras actividades en el incipiente mundo de las Relaciones Públicas, creando Ulled Asociados, una compañía con sede en Barcelona, Madrid, Lisboa y Beijing, de la que en la actualidad es presidente. A mediados de los ochenta colaboró con su esposa, Elisenda Nadal, en el relanzamiento de Fotogramas,  llevando a la revista a superar con creces los cien mil ejemplares y, en algún momento, el millón de lectores.  Desde su cargo de consejero delegado de la editorial, Jesús Ulled alumbró el nacimiento de dos revistas de concepto innovador: Qué Leer y Clío.    

En 2012, Ulled colaboró en el documental El payo Chac, de Yago Leonard, que contó con 6 candidaturas a los premios Goya.  

 


Aquí podéis ver el tráiler:

http://jacquesleonard.wordpress.com/el-documental/

ROGELIO ALLEPUZ A CIELO ABIERTO

ROGELIO ALLEPUZ A CIELO ABIERTO

 

ROGELIO ALLEPUZ: EL ENAMORADO DE LOS PAISAJES

Uno de los fotógrafos de mi vida es Rogelio Allepuz. Lo conocí, primero, a raíz de una exposición de manos que hizo en Spectrum y como profesor. Luego nos encontramos en ‘El día de Aragón’, de 1987 a 1990, e hicimos muchos reportajes y entrevistas juntos. Y durante una década, entre 1990 y 2000, compartimos numerosas aventuras y secciones específicas que yo tenía en el ‘El Periódico de Aragón’: ‘Memorias de Otoño’, ‘Los raros’, ‘Sangre fresca’, ‘En Primer plano’: casi siempre era él el retratista. Poseía intuición, rapidez, hondura, naturalidad. Veía a la gente de inmediato. En nuestros viajes siempre hablaba de la naturaleza, de los países, de la comunión con el paisaje. Había, hay, en él una inclinación a los campos abiertos, a los horizontes, a los celajes, a la caligrafía majestuosa del tiempo sobre las rocas o las nubes. Me decía que en sus salidas al monte no llevaba cámaras. Ahora, en su activo facebook, Rogelio Allepuz ofrece todos los días espectaculares paisajes: abiertos, interminables, llenos de luz, paisajes de ensueño, llenos de detalles. Son las fotos de un enamorado de las cosas del campo. Son las fotos de las que tantas veces me/nos hablaba, quizá antes de haberlas hecho. Rogelio Allepuz es un maestro de la luz, un tipo excelente, un fotógrafo necesario. Su archivo, su sensibilidad, su capacidad de trabajo aún esperan la gran exposición que se merece.

Aquí están los Ibones de Arriel.