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Antón Castro

Músicos

DAB: LA BANDA DE PEDRO ANDREU Y LUIS SANCHO PUBLICA 'THE BEST 3'

DAB: LA BANDA DE PEDRO ANDREU Y LUIS SANCHO PUBLICA 'THE BEST 3'

     

 EL ELEGANTE SONIDO DE DAB

La banda de Pedro Andreu y Luis Sancho publica su tercer álbum: ‘The best’, marcado por las colaboraciones y una música ecléctica que integra el jazz, la música electrónica o el reggae

 

Pedro Andreu, el batería de Héroes del Silencio, formó hace algunos años, casi una década ya un grupo muy especial con Luis Sancho: DAB (Digital Analog Band), una formación que realiza una música especial y ecléctica. Podría decirse que sus tres discos tienen mucho de exploración de un sinfín de estéticas y estilos: por lo regular son discos de carácter intimista, muy variados, píldoras de esto y de aquello, casi un arsenal de sonoridades que intentan crear sugerencias, un envoltorio de relajación y de sueños. Es una música que crea ambientes, que invita al viaje y al extravío, una música que se aparta un poco del rock pero que se afirma en el tiempo diverso y paradójico en el que nace.

Hace muy poco DAB presentaba su tercer álbum ‘The best 3’: tal vez el más elegante de todos, el más cálido, uno de esos álbumes que nacen en el estudio y que desde ahí, desde los primeros bosquejos, empieza a crecer y a consolidarse, tema a tema. Es un álbum que sugiere paz, emoción, paraísos particulares y armonía. ‘The best 3’ tiene muchas cosas: ese sonido elegante, matizado, conformado con voluntad de estilo; posee excelentes voces de Susan North, Monique Lawson, Keith Hammond, Elena Rubio, Javier Cerdán ‘Suizo’, Philippe Tarricone o Clara Téllez, la cantante de Los Peces, entre otros. El disco es rico en colores, en sonidos africanos, en aproximaciones al ‘reggae’, como sucede en ‘Ilumination song’ -que en el fondo tiene mucho de ‘reggae’ canónico-, a la música electrónica y a grupos como Camel, al glam, al chillout; se acerca al jazz, al pop y a las texturas de la guitarra española. Hay un continuo juego de fusión y de mestizaje. Y domina un clima constante de suavidad. Las voces subrayan, acarician, se inclinan hacia la evocación y hacia lo etéreo: son voces que vienen del cielo, de la montaña, del atardecer de un bosque sombrío, voces que tienen algo de centelleo, voces que hablan de amor, de los recuerdos de verano, de la espera, del origen, de los secretos.

DAB es un investigador de sonidos, de melodías y de ritmos, y de las posibilidades de la voz. Aquí Luis Sancho y Pedro Andreu vuelven a demostrar que intentan disfrutar de la música, divertirse, cimentar una poética personalísima, muy libre, y que les encanta trabajar con otros; además de los vocalistas, habría que citar a los instrumentistas Nacho Estévez, ‘Niño’, Héctor Giménez, Gox Valdivia, Ramón Sanz o Eduardo Bellosta. DAB para la promoción del álbum cuenta con un atractivo y urbano videoclip de Jorge Nebra: ‘I promise’, la canción que interpreta Monique Lawson, en el que intervienen los actores María Reyes y Tomás del Estal.

 

[The best. DAB. Luis Sancho y Pedro Andreu. Colaboran diversos instrumentistas y vocalistas. Blanco y Negro Music SA. Barcelona, 2011. La banda se presentó el pasado viernes en el Oasis.]

II CONCURSO DE VIOLONCELLO EN HONOR A JAIME DOBATO BENAVENTE

II CONCURSO DE VIOLONCELLO EN HONOR A JAIME DOBATO BENAVENTE

                                                                             

La Asociación Cultural Cabriante de Alcañiz (Teruel), junto con el Conservatorio Profesional José Peris Lacasa de esta misma localidad, organizan para los próximos días 24 y 25 de Septiembre el II Concurso Nacional Jóvenes Promesas del Violoncello “Jaime Dobato Benavente”.

El I Concurso Nacional Jóvenes promesas del violoncello se creó en 2010 y en memoria de nuestro querido Jaime Dobato Benavente, tristemente fallecido el día 2 de Agosto de 2009 a los 12 años de edad en un desgraciado accidente hípico. Jaime, a pesar de su corta edad, tenía unas cualidades excepcionales para el arte y la creación artística que fueron unánimemente reconocidas por todos sus profesores y maestros. Jaime llevaba seis años estudiando violoncello en el Conservatorio (2º curso de Enseñanzas Profesionales) destacando por la expresividad y emoción con que salpicaba sus interpretaciones. Intentando superar el inmenso dolor por tan irreparable pérdida, padres, familiares y amigos, decidimos intentar perpetuar su memoria creando un Concurso de periodicidad anual que otorgara varios premios a jóvenes violoncellistas que, como Jaime, destaquen en el mundo de la interpretación.

En septiembre de 2010 se celebró con gran éxito la primera edición del concurso con la participación de 30 jóvenes violoncellistas de distintas comunidades autónomas. Tuvimos el honor de contar con la presencia y participación en el jurado de D. José Peris Lacasa, ilustre músico, compositor y Asesor de Música del Patrimonio Nacional así como del violoncellista de renombre internacional Dimitri Furnadjiev, Profesor Titular del Conservatorio de San Lorenzo del Escorial.  Como uno de los premios, el 2 de abril de 2011 se celebró en el Teatro Munipal de Alcañiz, el Concierto de Ganadores de ambas categorías.

En esta segunda edición del concurso tenemos la satisfacción de ver incrementado el número de participantes (41) de nueve comunidades autónomas. Como componentes del jurado seguiremos contando con la participación de D. José Peris Lacasa y de Dimitri Furnadjiev así como de Suzana Stefanovic, solista violoncellista de la Orquesta de Radiotelevisión Española y Nuria Gañet Benavente, Profesora Titular de violoncello del Conservatorio de Alcañiz.

 

*Esta información me la envía Carmen Portolés y la propia Asociación Cabriante de Alcañiz. En la foto, el joven Jaime, fallecido a los doce años.

NUEVO DISCO DE ROBERTO CIRIA

NUEVO DISCO DE ROBERTO CIRIA

LA JOTA ADELANTA UN PASO

 

Roberto Ciria publica ‘A ritmo de jota’, un álbum de veintitrés temas donde mezcla lo tradicional y el magisterio de los antepasados con el mestizaje del género hacia el tango, el jazz, el flamenco o la música klezmer

 

No soy un experto en jota, aunque algo he escrito sobre la vida y la obra de José Oto, Jesús Gracia Tenas y Piedad Gil, Pascuala Perié, Alfonso Zapater y sus padres, o José Iranzo, ‘El pastor de Andorra’. He disfrutado en distintos grados con los trabajos de Carmen París, de Begoña García Gracia y José Luis Muñoz, con la serie de Beatriz Bernad y Nacho del Río para Prames, o con el ‘Caminico a casa’ de Yolanda Larpa. Y, tal como recuerda Mariano García, tampoco querría olvidar ese proyecto fresco y simpático que fue ‘Menuda jota’ de los niños Ánchel Pablo, David Aparicio y Olga Navarro, secundados por Sergio Aso. También me he emocionado con las constantes apuestas de ese trabajador de fondo, audaz y pugnaz, que es Miguel Ángel Berna. He observado el ‘revival’ de la jota con alguna estupefacción: hubo un momento en que pensé que la jota se había convertido en una epidemia y que estaba a punto de convertirse en uno de esos fenómenos que alejan al público por puro hartazgo. O que lo devuelven al lugar del tópico.

Sin embargo, en medio de este clima, que tiende a aniquilar el buen momento de otras músicas, he escuchado hasta cuatro veces el disco ‘A ritmo de jota’ de Roberto Ciria. Es algo más que un disco: es un homenaje valiente a la gente que marca una senda hacia la evolución: en estos tiempos de géneros imprecisos, donde la pureza ya es solo añoranza anacrónica o arqueología, este trabajo de veintitrés temas supone un paso adelante. Respaldado por muchos expertos en la jota y en otras músicas como Mariano García, José Luis Melero, Toño Julve, Evaristo Solsona, Alberto Turón, María Ángel Buesa y Luis Lles, entre otros, Roberto Ciria ha confeccionado un catálogo-libro que da la medida de su ambición y de su trabajo previo, tan meticuloso como preciso y anclado en otro disco más que meritorio: ‘Raíces de antepasados’ (2006). Esos textos compendian la historia de la jota en toda su vastedad (cantas, estilos, rondallas, joteros de leyenda...), y luego Roberto Ciria explica por qué ha elegido cada tema y qué ha querido hacer.

José Luis Melero exalta su generosidad y su talento; Luis Lles su valentía y su voz de tenor. El jotero, arropado por Juanjo Almarza Carrasco, canta veintitrés temas que se asientan en la tradición, en la variedad de los estilos y registros, en el encuentro con los grandes maestros –desde Cecilio Navarro a José Oto, desde Jesús Gracia e Iranzo a Nacho del Río o Beatriz Bernad-, y que le permiten explorar nuevas vías. En el primer tema conmueven el violín de María Carrasco y las castañuelas de Miguel Ángel: ya anuncian que estamos en un disco diferente.

En ‘L’Arbesa’, el cuarto corte, cantan en aragonés Ciria y Alicia Cortés. En ‘Bolhatanjo’ se ofrece otra renovación: la jota se funde con el tango con la ayuda de este espléndido trío que es Trivium Klezmer, que cierran el disco apoteósicamente con la ‘Ronda Klezmer’, uno de los cortes más luminosos del conjunto. Hay otras piezas espléndidas, familiares, nostálgicas, reivindicativas, de exaltación de San Lorenzo (‘Canto a mi gente’) y otros rincones oscenses como Guara.

Me he fijado especialmente en algunos temas más: ‘Dos tierras que se miran’, donde la jota se abraza en música y canto y en espíritu con el flamenco; en ‘Palomicazz’, que es un ejercicio de estilo a partir de ‘La palomica’ que integra el jazz con acierto (cuando más se escucha, más gusta), y el penúltimo corte: ‘Mi fiera’, donde Roberto Ciria revisita, a su modo, con intensidad y cariño, a José Oto. Para los más románticos hay una pieza más intemporal, aunque de reciente creación, que es ‘Rosa de invierno’, que cantan a dúo Toño Julve y Ciria. Si uno no se anda con alguna prevención, puede echarse a llorar.

No quería olvidar otro detalle muy gustoso: el sonido del chicotén de Salvador Cored en ‘No me mandes más, mañica’, que es una variación sobre un tema de José Oto. Vuelvo un instante con el ilustrado de jota Pepe Melero: él define a Roberto Ciria como “un aragonés de cuerpo entero que ha decidido dedicar su vida a algo tan hermoso, delicado y romántico como es el canto de la jota aragonesa”. El siempre moderno Luis Lles concluye así su texto: “Roberto Ciria demuestra con este disco que la jota, además de una letra del abecedario, es vida. Pura vida”. Roberto Ciria ya no necesita más elogios: solo la curiosidad del público.

 

A ritmo de jota. Roberto Ciria. Dirección musical: Juanjo Almarza. Textos: Roberto Ciria, Mariano García, José Luis Melero, Evaristo Solsona, Toñó Julve, Alberto Turrón, María Ángel Buesa y Luis Lles. Grabación, mezclas y masterización: Estudios Kikos. Colaboran DPH / DGA. Huesca, 2011. [La foto es de Javier Blasco de Heraldo de Aragón]

 

'SEÑALES DE HUMO': EL NUEVO ÁLBUM DE AMOR DE MARÍA JOSÉ HERNÁNDEZ

'SEÑALES DE HUMO': EL NUEVO ÁLBUM DE AMOR DE MARÍA JOSÉ HERNÁNDEZ

Del amor y del mar del deseo

 

María José Hernández publica un nuevo álbum, con letra, música y producción suyas: ‘Señales de humo’, que consta de diez temas sobre los vaivenes de la pasión

 

María José Hernández es una cantante de una voz muy personal, fiel a sí misma, parsimoniosa, que trabaja con rigor y con un inequívoco sentido plástico. Se siente afín a cantantes como Joni Mitchell o Suzanne Vega, pero también a Jorge Drexler y, aunque ya no lo diga demasiado, también a Silvio Rodríguez, como se percibe en el tema ‘Nunca aprendiste a sumar’ de su nuevo disco: ‘Señales de humo’, que ella ha producido, con la colaboración, en grabación y mezclas, de Carlos Estella y de Rafael Domínguez.

Se trata de un álbum de diez canciones cuyo tema sería el mar del deseo. El mar del deseo es, por otra parte, el título de un álbum anterior de María José. ¿Por qué el mar del deseo? ‘Señales de humo’, que toma el nombre de la primera canción, quizá la más pegadiza y la más brillante del conjunto, es un disco intimista de amor. De amor y desamor, de los estados anímicos que viven los amantes o las parejas, de los encuentros y de los encuentros, de la ceniza y la llama, y es un disco también sobre el paso del tiempo y sus agrias asechanzas: el paso del tiempo a menudo es como una demolición o un anestésico contra la pasión. Y es un disco sereno que está lleno de mares y mareas, de olas y caracolas, de naufragios o zozobras, de viajes marinos, de barcos de nuez y de barquitos de vela; dice el último tema –que a veces puede escucharse como una nana-: “Solo soy / un barquito vela, / hundido en el fondo del mar / la ficción de un tesoro escondido en tus brazos / me hizo naufragar”. El penúltimo tema, ‘Ciudad del olvido’, es una travesía por las rutas del desamor, del abandono, de la pérdida y de la esperanza, algo que también podríamos decir de otra estupenda canción: ‘Amor residual’.

En el disco, hay canciones de exaltación del amor y sus felices sinrazones como ‘Levemente’ y ‘Besos de chocolate’, que tiene algo de golosa canción de sensualidad y gastronomía, y hay también días infaustos, escasos de besos, como sucede en el tema ‘Díaz avestruz’, que es una de las sorpresas del álbum. “Hoy tengo un día avestruz / de esos que no me salvas ni tú”. En realidad, ‘Señales de humo’ está lleno de dolor, de contrariedad, de ruptura y de añoranza, y de incomunicación: “... pero no hay peor ciego que el que no quiere ver”. El mar del deseo se ha interrumpido porque los amantes se han vuelto un poco ciegos o insensibles al estímulo del otro.

Desde el punto de vista del corte de las canciones, las melodías, los arreglos y la instrumentación, se podría decir que ‘Señales de humo’ es un disco con guitarras eléctricas, sencillo, elaborado con buen gusto, sugerente, sin estridencias. Es de esos álbumes que apetece volver a oír para ir descubriéndole matices, suavidades, desgarros a esa voz envolvente y cálida de María José Hernández, que se atreve a nadar entre los vaivenes del afecto sin saber si alcanzará la orilla. Dice en otra balada de ausencias, adonde asoma el susurro: “Y si me siento sola no voy a parar / hasta que el deseo me vuelva a atrapar. / Si me siento sola no pienso escribir / cientos de canciones con sabor a ti. / Si me siento sola no hay más elección / que sacar del tiesto a este corazón”.

 

Señales de humo. María José Hernández. Letras, música y producción de María José Hernández. Grabación: Carlos Estella y Rafa Domínguez. Mezclas: Rafa Domínguez. Lunática Factoría Musical. Zaragoza, 2011. La foto de María José está realizada por Juan Miguel Morales.

EL ARCHIVO BAYONA EN ZARAGOZA

Recibo esta nota de Antonio Bayona y de Julián Gómez, que organizan, administran y ordenan el Archivo Pilar Bayona, la gran pianista zaragozana de la Generación del 27, amiga de Buñuel, de Camón Aznar, de Ravel, de Pepín Bello y de Federico García Lorca, entre otros:

[Queridos amigos: Os notificamos que el Archivo Pilar Bayona (la documentación física) se ha trasladado a Zaragoza, y ya no está en Madrid. Quizá algunos ya sabéis lo que pasó, pero resumiendo os contaremos que en marzo se derrumbó parte del techo del local donde teníamos el archivo, que fue necesaria la intervención de bomberos y ayuntamiento, y que nos obligaron a desalojar, pues ha habido que apear y apuntalar todo. Se ha descubierto que todo el edificio -que es viejo y de estructura de madera- está bastante mal, y la obra de restauración no sabemos lo que durará (ni lo que costará), así que teniendo obligatoriamente que desalojar y ante la opción de tener que alquilar otro local o tenerlo todo “empaquetado” en un guardamuebles todo ese tiempo, hemos decidido alquilar algo en Zaragoza, donde vamos muy frecuentemente, además de ser la ciudad de Pilar Bayona. Ya está allí todo instalado, y a través de esta dirección de correo y de nuestro teléfono de siempre podemos concertar las citas o visitas que sean necesarias. Antonio y Julián]

 

*Las fotos de Pilar Bayona son de Aurelio Grasa y de Jalón Ángel.

El BALLET EN LA MÚSICA Y LA CULTURA

Hace algunas semanas, Carmelo Pueyo Benedicto publicaba el libro ‘Música en danza’, que resume muchos años de trabajo, de pasión por la música y danza: el libro es una síntesis de la historia de la danza, con piezas y partituras, con personajes, con obras, con directores, coreógrafos, compositores y bailarines. Él siempre insiste en el carácter coral del libro: ha contado con muchos colaboradores y amigos. El volumen lleva tres aproximaciones al mundo del ballet y la música: uno de Álvaro Zaldívar, otro de Enrique Gastón y otro mío. El texto que sigue a continuación.

 

LOS PÁJAROS DE FUEGO DE LA CULTURA

  

La música ha formado parte de la vida del hombre desde los orígenes. Como el agua, el viento, las puestas del sol o las tormentas. La música ha sido una necesidad y una presencia: estaba allí, en la melodía de las estaciones, en el rumor de los bosques o en el canto de los pájaros, desde que el hombre apareció sobre la tierra. Y otro tanto podría decirse del baile o de la danza: ya en la prehistoria, en sus pinturas rupestres, el hombre se representó ejecutando pasos, ensayando movimientos artísticos, bosquejando movimientos con esa cadencia tan particular a la que llamamos ritmo. Esos trazos eran un conjuro, una crónica visual y la exaltación de un destino.

Hay cosas que no se sabe con certeza cuándo nacen, ni cómo ni en qué contexto, en la vida del cazador y del pastor; en realidad, parecen inherentes al cuerpo y al alma: nacen con el ser humano y este, poco a poco, en la lenta asimilación del medio, empezará a dominar ese atributo innato y lo convertirá en un mecanismo de diversión, en una práctica de su sensibilidad, en un arrebato lúdico y en una respuesta casi espontánea a todo y, a la par, a no se sabe bien qué. Carmelo Pueyo tiene muy claro que la danza y la música, tan inseparables, conforman una completa y compleja historia de la cultura. Y en este libro, Música en danza, lo que nos propone es un fascinante viaje que se despliega ante nuestros ojos como una auténtica clase de danza, con lo que eso significa: una clase es una lección, un abanico del mundo y sus habitaciones clandestinas, una apertura hacia el horizonte del placer, del entendimiento y del sentido crítico, es un encuentro con un arsenal de incitaciones; una clase es también un fragmento de belleza desvelada, una aproximación al misterio y a lo inefable; una clase es una apetencia de encontrar interlocutor, una vía de luz hacia el diálogo. La danza y la música están tocadas por el hilo tembloroso de la poesía: la danza es poesía corporal en movimiento, es un río de encadenados pasos, un aleteo indesmayable de armoniosidad, gracia y elegancia. Y la música son las matemáticas del alma: la escritura sonora, la ondulación y el fraseo de los sonidos que nos conmueven como pocas cosas. La música es el arte más abstracto que produce las emociones más concretas.

Carmelo Pueyo ha concebido su trabajo con verdadera estrategia de seducción. O de envolvente embrujo. Primero, como si llevase un diario de profesor que siente y que se estimula a sí mismo cada día antes de entrar al aula, redacta sus notas de clase, anota citas curiosas y reveladoras (desde Estrabón a Ramón Muntaner y sus ‘Crónicas’, desde Homero hasta Goya, entre muchos otros), busca la pieza que deba ser interpretada al piano (nunca es una pieza inocente o baladí), propone diferentes juegos de musicalidad y, finalmente, para cerrar un círculo, efectúa sus apuntes históricos: igual habla de los primeros teóricos de la danza, como Domenico de Piacenza y su manual de 1453, que evoca a diferentes coreógrafos y maestros de ballet, a compositores y a piezas compuestas para ballet, o aquellas que no fueron escritas inicialmente para danza pero que acabaron convirtiéndose en materia de ballet, como pudo suceder con una obra tan peculiar y hermosísima como las ‘Variaciones Goldberg’ de Juan Sebastián Bach. El interesado, el experto y el enamorado del ritmo también hallará muchas piezas específicas como ‘Orfeo y Eurídice’, las grandes obras de Mozart, y las que no son tan grandes, como ‘El ballet de la nuit’ o el ballet-comedia ‘El burgués gentilhombre’, por citar dos piezas que ya son de incontestable referencia.

Este es un libro especial. De descubrimientos, de fogonazos, de pura pasión por la música, la danza y el arte de enseñar. No es un tratado erudito ni una compilación que aspira a la totalidad. No tiene esa vocación: apunta, indica caminos, abraza y ensalza, página a página, pentagrama a pentagrama, nombre a nombre, el inagotable universo de la danza. Un universo que se extiende en casi todas las épocas, en todas las direcciones y en todas las disciplinas. La danza ha cautivado a los reyes y al vulgo, a los pintores y escultores, al cine, a la fotografía, al teatro y a la literatura, por supuesto. Y ese afán por perfilar el baile –y todo lo que conlleva su representación: la coreografía, el vestuario, el maquillaje, la escenografía, el vértigo y las sucesivas partituras- está aquí, en Música en danza’, como un final de viaje que incorpora todos los pasos previos, las encrucijadas, los peregrinos, los accidentes e incidentes del contexto y las melodías que hemos escuchado, las melodías que volveremos a oír una y otra vez mientras se cimbrean los cuerpos y se vuelven pájaros de fuego. En cierto modo, Carmelo Pueyo ha redactado un manual para vivir entre acordes y para danzar hasta el fin de la noche de los tiempos.

 

*En las fotos, la portada del libro, Nijinsky, Balanchine en un ensayo y Elia Lozano, durante la presentación de 'Música en danza', en una foto de Alberto Rodrigálvarez.

ADIÓS A UNA VOZ CAUTIVADORA

LA MALA MUJER DE TALENTO INFINITO

-ADIÓS A AMY WINEHOUSE: LA VOZ DEL NUEVO SOUL-

 

 

Buscando una foto, me encontré con un retrato de Janis Joplin, aquella cantante indomable y subversiva a quien se parecía tanto Amy Winehouse. Se parecía en la vida descontrolada, en la vida disuelta peligrosamente y, sobre todo, se parecían en su voz cautivadora. Cautivadora, sí: podía ser seda, pedernal estremecido, canto áspero o una garganta rota, de excepcional talento en su color y en su profundidad. Las dos también eran capaces de cantar soul y pop y rock con muchos bríos, tenían esa hermosa facultad de levantar cualquier tema, de darle intensidad y desgarro, de otorgarle poesía a mordiscos. Janis Joplin, que llegaba a orinar en los conciertos hacia el público, murió a los 27 años, igual que Amy, que ingresa en el Club de los 27. Allí estaban ya Jim Morrison, el líder de The Doors; Brian Jones, uno de los fundadores de Los Rolling Stones; Kurt Cobain, el alma de Nirvana, o Jimi Hendrix, aquel guitarrista impactante que tenía alma de fauno.

Amy Winehouse se ha ido demasiado pronto: con dos discos, ‘Frank’ (2003) y ‘Back to black’ (2007. Obtuvo por él cinco ‘Grammys’) y con muchas canciones por ahí, rescatadas un poco deprisa, tras el gran éxito y tras las huellas de la polémica, que la ha rodeado siempre. Unió los dos álbumes, canciones sueltas y algunas recuperaciones y versiones. Víctima de sí misma en primer lugar, superada por el alcohol, las drogas y la fama, siempre fue una joya a la deriva. La mujer que se destruye en cada minuto. La mujer de talento increíble que es mala para sí misma en cada paso, a solas o en medio de la muchedumbre. Ya sabemos que las drogas son un pozo: un pozo que empieza, se estira, se ciega y no resulta fácil andar por él sin ahogarse o sin estrellarse, pero su carácter ha sido muy complejo: caprichosa, ida en ocasiones, desafiante, alocada, perturbada...

La vida de Amy Winehouse ha sido la crónica de una demolición constante; eso sí, algunas de sus canciones son realmente maravillosas, intensas, rabiosas, desesperadas y a la vez lúcidas, son las melodías que harán inmortal a esta estrella fugaz. Escuchen ‘Rehab’, su autobiografía de la tozudez y de ‘la esclavitud’, y acaso de su propia libertad; escuchen ‘You know I’m no good’, ‘Valerie’ o ‘Back to black’, con esa voz oscura que a veces parece de jazz, de parentesco fácil con Billie Holiday. Eso, y perdonen la aparente desmesura, ya es patrimonio de la Humanidad.

 

*Este texto lo publiqué ayer en heraldo.es

AMY WINEHOUSE FALLECE EN LONDRES

Era demasiado joven para morir. Demasiado joven para dejar de cantar. Demasiado joven y demasiado desequilibrada: tenía solo 27 años. Ha sido encontrada sin vida en su apartamento de Londres Amy Winehouse. La mujer que conmovió con temas como ‘Back to black’, que acabo de oír, o ‘You know I’m no good’. O ‘Valerie’. Y sobre todo 'Rehab', una de las grandes canciones de los últimos años. Parece que Amy, voz rotunda, personalísima, un tanto desgajada, llena de fuerza, sabía que ella no era buena ni para ella. Parecía tener prisa por reunirse con Jim Morrison, Janis Joplin (a quien se parecía de alguna manera en algunos temas y quizá en su inclinación hacia las drogas y el alcohol), Kurt Cobain, Sid Vicious o Jimi Hendrix.