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Antón Castro

Músicos

LA BIEN QUERIDA: SOBRIEDAD, AMOR, EMBELESO Y SUSURROS

Discuto a menudo, muy teatralmente, claro, con mi hija Aloma por Russian Red, Anni B. Sweet, Aroah y otras muchas cantantes jóvenes, entre ellas también Mabü. Casi todas ellas me fascinan. Ella es más seguidora de La bien querida: la he llevado mucho en el coche y ahora la pongo en casa. Me gusta muchísimo. Me encuentro con esta foto, la cuelgo y os recomiendo su música: suave, de amor, casi un susurro, misteriosa.

EL TALENTO Y LA VOZ DE JOSÉ OTO

EL TALENTO Y LA VOZ DE JOSÉ OTO

Una de las secciones más seguidas del suplemento ‘Artes & Letras’ de Heraldo de Aragón de los jueves son los artículos de José Luis Melero. Recibe siempre muchas felicitaciones y llamadas, muchas atenciones y cariño por doquier. De esas columnas, ‘Fábulas con libro’, ha nacido el volumen ‘La vida de los libros’ (Xordica). Publico aquí el último artículo, este recordatorio del cantante de jota José Oto.

 

JOSÉ OTO

Por José Luis Melero Rivas. De ’Fábulas con libro’ / Heraldo de Aragón

El próximo mes de abril se cumple el cincuentenario de la muerte de José Oto. Oto despierta interés por muchas cosas. En primer lugar, y sobre todo, porque ha sido el más grande cantador de jotas de la historia. Nadie cantó con su delicadeza, con su gusto extraordinario, con su fuerza y su bravura, que no eran nunca un valor en sí mismas, sino que él las ponía solo al servicio de las tonadas más valientes, de las más arriesgadas y comprometidas, de las que precisan ser cantadas de ese modo para llegar al corazón de todos. Por eso su interpretación de la fiera antigua, de la fiera zaragozana, no ha sido superada por nadie. Pero es que, además de haber sido el mejor, Oto es todo un personaje literario, un personaje de leyenda: murió a los 54 años, pobre, alcoholizado, en la Casa de Socorro, a donde lo había trasladado el doctor Ricardo Malumbres, que lo encontró casi agonizante en una humilde pensión de la calle San Blas. En realidad, bebió y se dejó morir por amor. Desde que su novia, la gran cantadora Felisa Galé, murió en 1948, Oto parece que fuera buscando la muerte. Ya no quería vivir y Oliván Bayle, que lo conoció casi desde niño, desde que Oto iba a aprender bandurria a la academia de música de don José Calabia, en la desaparecida calle de Escuelas Pías, escribió “que se dejó morir, que se quiso morir”. Lo amortajaron con traje aragonés y le pusieron “un pañuelo por la cara”, en recuerdo de la copla que tantas veces cantó. Su entierro ha sido tal vez el más multitudinario de los que se recuerdan en Zaragoza. Dicen que más de cien mil personas acompañaron el féretro hasta Torrero y en la Plaza de España, en medio de un silencio estremecedor, se escucharon tres de sus estilos más característicos, entre ellos, desde luego, su fiera incomparable. Yo tengo una preciosa foto suya en el mejor rincón de mi casa y lo saludo con afecto todos los días. 

 

*Arriba un retrato de Felisa Galé y José Oto, el más conocido, reproducido aquí y allá (lo he tomado de la página de Rafael Castillejo), y un retrato de José Oto que tomo del blog de José Luis Cortés que reproduce, muy gentilmente, un extenso artículo que le dediqué en Heraldo a Oto y a su amada.

El blog es: http://madalenazaragoza.blogspot.com/2008/05/jos-oto.html 

                                                                                                        

EL SÁBADO, EN LA CAMPANA: RECITAL CON J. BERGES, O. BERNAD Y YO

Invitado por Fernando Sarría, este sábado, a las 22 horas, participaré en un recital poético en La Campana de los Perdidos con la poeta y narradora Olga Bernad, que acaba de publicar su segundo poemario, ‘Nostalgia armada’ (Vela de Gavia. La isla de Siltolá, Sevilla, 2011), y por el guitarrista Jorge Berges. Yo leeré algunos poemas de ‘Vivir del aire’ (Olifante, 2010) y de mi nuevo libro, que sale estos días: ‘El paseo del ciclista’ (Olifante, 2011), un volumen en verso y prosa, de 26 poemas, que lleva prólogo de Miguel Mena y solapa de Manuel Pereira.

El acto se desarrollará en dos partes. Cada poeta lee durante quince minutos, toca Jorge Berges, vuelven a leer los poetas por el mismo espacio de tiempo, y concluye la noche el intérprete flamenco. Estáis todos invitados.

 

 

Uno de mis poemas favoritos del libro es este dedicado a la cantante, actriz y modelo Nico.

Lo cuelgo aquí con algunas fotos de ella.

 

VIDA, MÚSICA Y MUERTE DE NICO

 

 A Juanjo Blasco Panamá

Todo en ti, hermosa Christa, fue un constante enigma,

un subterfugio del dolor, de la luz y de la sombra.

Casi nadie sabe con certeza dónde naciste.

¿Fue en Colonia o en Budapest? ¿Fue en 1938 o en 1943?

Qué importa. La vida pronto te mostró sus escalofríos:

tu padre, el hombre que te contaba historias del tren

que cruzaba el bosque rumoroso de los cuentos de hadas,

falleció en un campo de exterminio. Ya vivías en Berlín.

En un viaje a Ibiza, años después, uno de tus amantes

decidió cambiarte el nombre: para él, y para todos,

serías siempre Nico. Nico, en homenaje a un fotógrafo:

el apasionado amor que tu amante había perdido.

Ya serías para siempre la bella Nico. La maldita.

La moderna que hacía pensar en Twiggy, en Jane Birkin

o incluso en Marianne Faithfull, mujeres de ardor

y arrojo que desordenan la furia del deseo.

Pronto te convertiste en una musa, como Edie Sedgwick.

Cantabas con una fría y metálica voz, acaso andrógina,

desfilabas como nadie con una elegancia antigua,

paseabas con misterio y asombro en La Dolce Vita

de Federico Fellini. En tu derredor se multiplicaban

las leyendas: le habías arrebatado el marido a Anouk Aimée,

habías vuelto loco a John Cale, a Gainsbourgh y a Andy Warhol,

y tu corazón se inflamaba de todas las drogas de la tierra.

A solas, cuando te abrazabas a tu querido armónium,

leías a Hölderlin, a Baudelaire, a Blake y a Coleridge:

tu música era como un canto medieval sacrílego

y tu alma se vaciaba en soledad y desamparo a cada hora

con aquellos versos tan tristes como tus venas.

Vivías en el arte, en la música, en el teatro, en la pasión.

En Nueva York tomaste clases con Lee Strasberg

y hechizaste a Bob Dylan, a Lou Reed y a tantos otros

 que escribieron para ti, como los chicos de la Velvet.

Cada uno de tus discos era más inquietante y sombrío:

te empeñabas en seguir todos los caminos de la derrota.

Las notas se encadenaban con un sarpullido de oscuridad.

Jugabas a ser una diosa imposible, una sacerdotisa lejana,

y a la vez, junto a Philippe Garrel, una poseída: dicen

que tomabais imágenes desde la cubierta de la Ópera Garnier.

Decían que capturabais los lamentos de la luna sobre París.

Luego, te marchaste a Ibiza, con tu hijo y casi en secreto.

Dijiste que Christian Aaron era hijo de Alain Delon

y de un pasado amor que dejó cicatrices en la sangre.

Tu último disco, ‘Camera Obscura’, tenía algo de responso

y de canto mortuorio de quien se despide del mundo.

¿Habías querido anticipar tu epitafio de exiliada en la tierra?

Y a la vez, con su perfecta tristeza, era una obra maestra.

Un día, mientras paseabas por la ciudad en bicicleta,

ocurrió aquello: se te paró el corazón y te desplomaste.

Tu cabeza se golpeó terriblemente contra el suelo.

Alguien te llevó al hospital: no acertaron con el diagnóstico,

ni era insolación ni el rescoldo de una noche de excesos.

Y al día siguiente fallecías de un derrame cerebral,

tú, Christa Päffgen, inolvidable Nico que jamás

quisiste renunciar a las sucesivas formas del luto.

 

Recuerdo cuando llegó la noticia a mi periódico,

El día de Aragón. Fue hacia las seis de la tarde.

El redactor musical dijo: “Nico, el animal más bello de la música,

el ángel terrible, la mujer fatal y provocadora, ha cantado

su última melodía”. Cogió el retrato tuyo que mandó

la agencia y lo rompió en dos mitades. Así saliste:

con el rostro y los ojos partidos, y el cabello muy rubio.

“Una caída de bicicleta pone fin al enigma de Nico”,

decía el titular. En letras más pequeñas se añadía:

“La cantante, modelo y actriz alemana murió en Ibiza

donde se había recluido con sus fantasmas”.

 

De ’El paseo en bicicleta’. Poemario de Antón Castro. Febrero de 2011. Olifante.

 

XII PREMIOS DE LA MÚSICA ARAGONESA

LA FIESTA ANUAL DE LA MÚSICA ARAGONESA, ESTE MARTES 8

Fiesta de presentación de los XII Premios con Louisiana, entre otros.

 

 Gala de entrega de los XII Premios de la Música Aragonesa, en el Teatro Principal de Zaragoza, martes ocho, a las 20.00 horas.

Es la cita anual de los músicos aragoneses, en la Gala de los Premios de la Música Aragonesa, una convocatoria anual única en el territorio español y que este año cumple su XII edición. 

Ya está todo a punto para que el próximo martes 8 de febrero, a las 20 horas, dé comienzo la gala de entrega de los XII Premios de la Música Aragonesa desde el Teatro Principal de Zaragoza. 

El inolvidable Labordeta será objeto de un homenaje.

 

La gala de entrega de los premios, estará presentada por Virginia Martínez (presentadora de televisión del programa ‘Aftersún’ y antes del ya desaparecido y exitoso ‘Clic’, candidato a uno de los premios) y contará con las actuaciones de Almas Mudas, Dadá y Volador. El humor lo tendremos de la mano de Pepín Banzo y el premio homenaje 2010, será para José Antonio Labordeta (1935-2010), premio póstumo que recogerá su familia. 

El grupo Volador actuará en el Principal.

La gala se podrá ver por primera vez en directo y en streaming desde aragonmusical.com y premiosdelamusicaragonesa.com gracias al acuerdo con Ikuna Web TV Solutions

El resto de sorpresas las dejaremos el día 8. Eso sí, la fiesta al término de la gala, será en El Ángel Azul (calle Blancas). 

Estos premios intentan apoyar a los distintos implicados en el panorama musical aragonés reconociendo su labor. Este reconocimiento no entiende de estilos musicales o grados de consolidación.

El colectivo Aragón Musical es la plataforma desde la cual se organiza este importante evento anual, entre otros muchos. 

Toda la información: www.premiosdelamusicaragonesa.com 

 

 

 

*Esta información está suministrada por Aragón Musical, por Sergio Falces y su equipo.

Enrique Bunbury es uno de los gran favoritos de la noche. Bunbury está en un momento maravilloso: es un creador incansable, que se renueva disco a disco. ha vuelto a hacerlo con 'Las consecuencias', donde tienen algún tema precioso y una estupenda versión. Yo soy muy fan, por ejemplo, de su versión de 'Frente a frente', que canta con Miren Iza.

REGINA SPEKTOR: LA BANDA SONORA DE 'LA VIDA COTIDIANA'

Hace un instante, el escritor, traductor y guionista Daniel Gascón ha sido entrevistado por Miguel Mena en 'A vivir Aragón' en la Cadena Ser con motivo de la aparición de su libro, de catorce relatos, 'La vida cotidiana' (Alfabia).

Y ha dicho que los discos que más había oído han sido los de Regina Spektor. He aquí la canción 'Fidelity'

http://www.youtube.com/watch?v=wigqKfLWjvM

Os pongo aquí algunas fotos suyas:

BUNBURY, ARREBATADOR

BUNBURY, ARREBATADOR

Así ha visto Víctor Lax a Enrique Bunbury esta noche.

 

PACO IBÁÑEZ, EN EL PRINCIPAL

Paco Ibáñez nos ha marcado la vida a casi todos los que éramos jóvenes en los últimos años del franquismo y en los primeros años de la democracia. Y a los que no eran tan jóvenes y, tal vez, a muchos que no eran tan viejos. Paco Ibáñez, siempre de negro y sobrio, encendía la emoción con su canto: como su amigo José Antonio Labordeta, fue un creador de himnos: ‘Palabras para Julia’, ‘A galopar’, y algunos más. Bastantes más. Gracias a José Antonio Labordeta conocí a Paco Ibáñez en Zaragoza en un festival de cantautores que se organizó en la Universidad hacia 1988. Fue para mí una experiencia maravillosa: mitómano como soy, acababa de leer el perfil de Nativel Preciado de Paco para la revista ‘Tiempo’. Del encuentro que dio lugar al perfil nació una historia de amor entre ambos, creo recordar. Oí a Paco Ibáñez fascinado: me preguntaba de dónde le salía la voz, aquella austeridad de la tierra y de la raíz, aquel hontanar de emociones. Paco decía el verso como nadie, le gustaba decirlo, era capaz de encontrar musicalidad, latido, ritmo, melodía, conmoción y mensaje en cualquier poema de Quevedo, Neruda, Jorge Manrique, José Agustín Goytisolo, Antonio Machado, Lorca, Alberti o León Felipe. Influenciado por Atahualpa Yupanqui y por Georges Brassens (al que versionó magistralmente) y por los rapsodas y versolaris vascos, ha sido el cantante de la poesía y de los poetas. Se atrevió con todo. Cantante de los poetas, con otro lujo orquestal, lo sería luego, o lo estaba siendo casi a la vez, Amancio Prada.

Después del concierto, escribí unas notas para ‘El día’. Y a la mañana siguiente, quedé con Paco en un hotel de Gran Vía, creo recordar, y conversamos durante dos o tres horas. Qué maravilla: hablamos de sus años en Valencia, pocos, de la Guerra Civil, del regreso de Francia a San Sebastián y a los caseríos, de la partida a Francia de nuevo, donde se haría ebanista (me gustó mucho cómo describía el clima del taller y el magisterio paterno) y violinista episódico, y luego guitarrista. Paco había conocido a medio mundo: entonces me parecía hondo y elegante, de una intensidad telúrica, un apóstol de la libertad desde su militancia de izquierdas. Con él empecé una serie, a doble página, que se titulaba: ‘El trovador ante el espejo’. Saldrían luego, entre otros, Imanol (cada vez que recuerdo aquella entrevista aún lloro: me pareció un hombre entrañable y frágil, condensaba en su vida el País Vasco con sus cien contradicciones y su riqueza), Javier Krahe, Javier Ruibal, Pablo Guerrero, Luis Pastor, Hilario Camacho… Y algunos más. Creo que la entrevista apareció un domingo. Y unos días después, Paco Ibáñez llamó a casa, vivíamos entonces en Bretón 44, y habló con mi mujer. Carmen no se creía que quien estuviese al otro lado del hilo fuese Paco Ibáñez. Le dijo que era un amigo que le tomaba el pelo. Que “¿cómo iba a ser Paco Ibáñez si se había educado con él, si era una de las bandas sonoras sustanciales de su vida?” Paco le dijo: “Dígale a Antón que me ha hecho un buen retrato”. “¿Cómo un buen retrato? Mi marido no es fotógrafo”. Paco añadió: “Dígale eso, que él lo entenderá”.

Marina Rossell, José Antonio Labordeta, Luis Pastor y Paco Ibáñez.

Nos veíamos siempre que volvía a Zaragoza. Recuerdo otros conciertos, uno en el Rincón de Goya. Hablamos un rato, me trajo uno de sus discos dedicados: ‘Por una canción’, que es uno de mis favoritos. Tiene temas inolvidables, de esos que casi te hacen llorar. “Noche de miedo en Granada…”, aún le oigo decir… Siempre me acuerdo de que un día le hice un retrato apasionado en forma de entrevista. Un retrato que conservo en una carpeta, llena de cosas suyas, que dice: Paco Ibáñez. La voz de los poetas. El poeta de la voz de la tierra y el misterio.

 

Paco Ibáñez actúa esta noche en el Teatro Principal en el festival A Cántaros, que organiza Toño Berzal. El concierto es a las 21 horas.

KEITH RICHARDS: UNA VIDA SALVAJE

 

XLSemanal adelanta el contenido de la salvaje autobiografía del músico

 

Keith Richards: “la gente cree que soy yonqui, ¡y dejé las drogas hace 30 años!”

 

  • "Mi abuelo Gus me enseñó a tocar la guitarra. Si puedes tocar Malagueña, puedes con todo, me decía"

 

  • "Le quité la novia a Brian en un viaje entre Barcelona y Valencia”

 

  • “Tal vez Mick y yo no seamos amigos, pero somos como hermanos”

 

  • “Durante muchos años he dormido sólo unas dos veces por semana, lo que significa que me he mantenido consciente a lo largo de unas tres vidas”.

 

 

 

 

Madrid, 4 de noviembre

 

Keith Richards tiene un pie en la tumba desde los años 70, cuando se hacían apuestas sobre lo que duraría vivo. Pero superó su adicción a todo tipo de estupefacientes y ahora, a los 66 años, casado y padre de cinco hijos, publica 'Vida' (Global RhythmPress/Ediciones Península), una autobiografía salvaje y políticamente incorrecta. Con un sentido del humor vitriólico, el guitarrista de los Rolling Stones repasa sus problemas con las mujeres, las drogas y la justicia. Y no deja títere con cabeza, empezando por Mick Jagger, «el picha floja». XLSemanal adelanta algunos de sus contenidos más jugosos. 

 

 “Mi abuelo Gus me enseñó a tocar la guitarra. Era una guitarra española clásica. Gus me decía: «Si consigues tocar Malagueña, puedes con cualquier cosa». A los 11 años, me metí en el coro del colegio. A los 13, me cambió la voz y me echaron. Además, me hicieron repetir curso. Estaba tan furioso que el deseo de venganza me quemaba por dentro. Si quieres forjar un rebelde, ésa es la manera”.

 

Mick Jagger y yo nos conocimos porque vivíamos muy cerca e íbamos a la misma escuela.. En 1961 coincidí con Mick en la estación de Dartford. Si te metes en un vagón de tren con un tío que lleva bajo el brazo discos de Chuck Berry y Muddy Waters, es amor a primera vista.

 

Para llegar a ser guitarrista, tienes que empezar con la acústica y luego pasar a la eléctrica. Mi primer amplificador fue una radio: desmonté el trasto. Me pasaba el día soldando y recableando detrás del amplificador. Me electrocuté un montón de veces porque siempre se me olvidaba desenchufarlo antes”.

 

“Me había pasado la vida esperando hacer el servicio militar. Y de repente, justo antes de cumplir los 17, en 1960, anunciaron que se había acabado. Así que fui a la escuela de arte. Fue mi último intento de incorporarme a la sociedad. En realidad, lo que necesitaba era una excusa para que me empujaran hacia la música”.

 

“Formamos un grupo y nos dieron nuestro primer bolo. Brian Jones telefoneó a una revista y le preguntaron cómo nos llamábamos… Nos quedamos mirándonos los unos a los otros. Y la llamada costaba pasta. La primera canción de The best of Muddy Waters es Rollin' Stone; la funda del disco estaba por el suelo. A la desesperada, Brian, Mick y yo nos tiramos a la piscina: Los Rolling Stones. Gracias a no pensárnoslo, nos ahorramos seis peniques”.

 

“Durante las primeras giras por EE.UU. los bares de carretera eran una aventura. Nos llamaban 'nenas' porque llevábamos el pelo largo. El pelo, una de esas menudencias en las que nadie piensa, pero que cambian culturas enteras”.

 

“Y llegaron los arrestos. Yo solía creer en la ley y el orden, pensaba que Scotland Yard era incorruptible: ¡me tragué el cuento!  Me encontraron unas colillas de porro en un cenicero, el juez me llamó «escoria» y «cerdo». Fui condenado a 12 meses. Con los Beatles ya no se podían meter porque los habían condecorado, así que nos tocó a nosotros la crucifixión. Pero sólo pasé un día en la cárcel”.

 

“Nos lo pasábamos muy bien. En cierta ocasión, Brian, su novia Anita Pallenberg y yo cruzamos la frontera española en un Bentley azul y cuando llegamos a Barcelona nos fuimos a un tablao flamenco en las Ramblas. Al día siguiente salimos hacia Valencia, solos Anita y yo. Nunca en mi vida he dado el primer paso para enrollarme con una mujer. Me quedo sin palabras. Así que Anita movió ficha. Yo no podía entrarle a la chica de mi amigo. Pero en el asiento trasero de aquel Bentley, en algún lugar entre Barcelona y Valencia, Anita y yo nos miramos: la presión era tan bestial. Era febrero y en España ya había llegado la primavera. Recuerdo el olor de los naranjos”.

 

“Anita y yo nos convertimos en pareja y, con el tiempo, empezamos a consumir heroína. ¿Por qué me drogaba? Creo que tiene que ver con subirse a un escenario: los niveles de adrenalina son tan altos que requieren un antídoto. La mayoría de los yonquis acaban idiotas. Fue eso lo que me hizo dar la vuelta. Nadie se convierte en un héroe por el hecho de meterse droga, más bien si consigues dejarla”.

 

“Estaba de gira en París cuando me dieron la noticia de la muerte de mi hijo Tara con sólo dos meses, lo habían encontrado muerto en la cuna. Es como si te pegaran un tiro. No cancelé el concierto. Habría sido peor. Marcharme de gira cuando todavía era un recién nacido es algo que nunca me perdonaré. Es como si hubiera desertado”.

 

“Del asunto entre Mick y Anita tardé en enterarme, pero me lo olía. Aquello abrió una brecha entre Mick y yo. Era una pelea de machos alfa. Todavía lo es… En cualquier caso, ella no se lo pasó demasiado bien con el pequeño picha floja. A Mick no le gusta que hable con sus mujeres, siempre acaban llorando en mi hombro porque se han enterado de que él anda por ahí de conquista otra vez. ¡La de lágrimas que han vertido sobre este hombro Jerry Hall, Bianca, Marianne Faithful, Chrissie Shrimpton! Me han arruinado un montón de camisas”.

 

“En 1973 sacaron una lista de las diez estrellas del rock que era más probable que murieran pronto, y me colocaron en el número uno. ¡Fui número uno en esa lista durante diez años!. La gente cree que sigo siendo un yonqui. ¡Y hace 30 años que dejé las drogas!”

 

La gran traición de Mick fue que anunciara en 1987 que saldría de gira con su segundo álbum en solitario. Había dado carpetazo a 25 años de Rolling Stones. Salió de gira con otra banda a cantar canciones de los Stones. Aquello fue una bofetada. Arremetí contra él en la prensa. Hasta mediados de los 70, Mick y yo éramos inseparables. Tal vez Mick y yo no seamos amigos, pero somos como hermanos. Los hermanos se pelean. Yo puedo decir estas cosas, me salen del corazón, pero nadie puede decir algo malo de Mick en mi presencia. Nuestra relación todavía funciona. ¿Cómo si no, al cabo de casi 50 años, podríamos plantearnos aún volver a salir juntos a la carretera? La diferencia entre Mick y yo es que a él no le gusta confiar en nadie. No puede dejar de ser Mick Jagger ni un minuto”.

 

“Llevo una vida de auténtico caballero: escucho a Mozart y leo mucho. Me encantan las novelas de Patrick O'Brian. Cuando estoy en casa, suelo hacerme yo la comida, por lo general salchichas con puré de patatas. Creo que ya he provocado revuelo más que suficiente en esta vida. Pero me retiraré cuando estire la pata”.