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Antón Castro

Músicos

ALICIA DE LARROCHA: ADIÓS A UNA VIRTUOSA

ALICIA DE LARROCHA: ADIÓS A UNA VIRTUOSA

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La pianista Alicia de Larrocha ha muerto en Barcelona a los 86 años, según informó un portavoz del Hospital Quirón. De Larrocha estaba ingresada en este centro desde hacía unos días y murió a raíz de un «proceso cardiorrespiratorio» agravado por su edad.

Era la pianista de mayor proyección internacional del panorama musical español al atesorar, entre otros premios, dos Grammy, además de haber sido distinguida con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1994. Virtuosa de la música desde la más tierna infancia, de Larrocha, nacida en Barcelona en mayo de 1923, dio su primer concierto público a los seis años y a los once ya participó en su primer concierto oficial, con la Orquesta Sinfónica de Madrid.

Esta niña prodigio para la música fue descubierta por Frank Marshall, discípulo de Enrique Granados, que la llevó a iniciar su carrera como concertista en 1940, con escasos 17 años. En 1947, comenzó sus giras por Europa, donde actuó en las más importantes salas de las grandes ciudades de la época, y en 1955 dio el salto a Estados Unidos para celebrar nueve conciertos en California con la orquesta de Los Ángeles.

En los años 60, su carrera se acelera y llega a programar alrededor de 120 conciertos anuales en todo el mundo, sola o acompañada de orquesta, además de realizar cada año tres giras por diferentes ciudades de Estados Unidos. Esta vertiginosa carrera está a punto de verse truncada en 1968 cuando se lesiona un dedo con la puerta de un taxi, aunque consigue recuperarse.

Entre otros premios, de Larrocha estaba en posesión del título de «Mejor Artista del Mundo» (1977), de la medalla de oro del Spanish Institute de Nueva York (1980), del Premio Nacional de Música (1985) y del Premio de la Fundación Guerrero (1999), además de obtener dos Grammy: uno en 1989 a la mejor solista instrumental de música clásica por los Cuadernos de Iberia de Albéniz, y el segundo en 1994 por su interpretación en el disco «Goyescas».

En 1988 fue también nombrada académica electa de la sección de música y académica honoraria de la Real de Bellas Artes de San Fernando y en 1990 consiguió la primera medalla de honor de la recién constituida Fundación Albéniz. Tras recibir en 1993 el Premio Ondas a la mejor solista de música clásica, un año más tarde le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, y en junio del 95 obtuvo el Laurel del Consejo Internacional de la Música (CIM) de la Unesco.

En 1995 interpretó en Madrid el famoso «Concierto número dos», con motivo de la inauguración del «Ciclo Beethoven» de la Orquesta Sinfónica de Madrid, luego viajó a Tokio y después ofreció cuatro conciertos con la Filarmónica de Nueva York.

Alicia de Larrocha fue la única concertista española incluida en unas grabaciones con recopilaciones de los 74 mejores pianistas del siglo XX promovidas por diversas compañías discográficas.

Casada con el también pianista Juan Torra y madre de un hijo y una hija, se mantuvo activa hasta hace relativamente poco ya que emprendió un gira en 2000 por países de Sudamérica, ofreció un recital en Miami en 2001 y participó en varias actuaciones en 2002 en lugares tan emblemáticos como el Palau de la Música de Barcelona y la sala Carnegie Hall de Nueva York.

*He tomado esta información de varias agencias y periódicos. La foto pertenece a los archivos de la agencia EFE.

CON MONTSERRAT CABALLÉ

CON MONTSERRAT CABALLÉ

Montserrat Caballé se sienta cerca del piano y empieza a desgranar su vida. Detrás se ven distintos paneles del cuerpo humano, rostros, músculos y el aparato respiratorio. Sobre el suelo del escenario de la sala Luis Galve hay colchones y encima de cada uno una pesa. Montserrat disfruta enseñando, enseña a respirar, a modular, oye a los alumnos, está como iluminada ante ellos. La heroína de las heroínas se remansa en el laboratorio de sonidos ajenos. Cada sesión es como un contagio de ciencia de la voz y de la emoción. La misma que le transmitieron a ella Eugenia Kemény y Conchita Badía, que también le alumbró otro camino: el de la curiosidad, el de la búsqueda de partituras olvidadas, el del rescate de piezas enterradas en las bibliotecas o en los archivos. La soprano es una entusiasta de las obras completas de los compositores. Quiere saberlo todo: el anecdotario de cada pieza, los fuegos de inspiración, la armonía íntima de la música. Le apasionan por igual Wagner o los italianos, Verdi, Puccini, Bellini; debutó en Viena hace ahora 50 años. Poco después sucumbió al hechizo de un importante tenor: Bernabé Martí, natural de Villarroya de la Sierra. En ‘Madame Butterfly’, en A Coruña, se intercambiaron un beso nada teatral y allí empezó todo. “Él me llamó pesada. Al principio yo estaba más enamorada que él”, dice. También evoca a Maria Callas, a la que intentaba entender en las distancias cortas y en sus tragedias: la incapacidad de ser madre, el desamor, la soledad. Incluso compartían un dentista inglés, y Callas la designó su sucesora. Y luego asoma Zaragoza: sostiene que en el Auditorio “la música no rebota, fluye, se redondea”. Montserrat Caballé dice que apoya incondicionalmente a la ciudad –“está preciosa. Parece otra”- como capital cultural europea de 2016. Se ofrece: que cuenten con su canto.

JAVIER MAS, A LA BANDURRIA CON COHEN

JAVIER MAS, A LA BANDURRIA CON COHEN

Javier Mas vive un permanente sueño de hoteles y conciertos. Lleva desde los nueve años en el mundo de la música, desde que su padre le contagiase esa pasión. A esa edad debutó “como primera bandurria en una rondalla en el Principal”. Antes de los16 años ya cantaba canciones de Bob Dylan y Leonard Cohen que le llegaron a través de las voces de Joán Báez y Joni Mitchell. Desde entonces, la música ha sido el norte de su vida: ha trabajado con la bandurria y el laúd con multitud de artistas y ha desarrollado su inspiración con Joaquín Carbonell, con José Antonio Labordeta (“que me trató como a un hijo cuando era yo un poco rebelde”, dice), con La Bullonera, con Carlos Cano o con María del Mar Bonet. Durante un cuarto de siglo bebió del blues, de los aromas mediterráneos, de eso que años después se llamarían las músicas del mundo. Él, en el fondo, era un roquero de formación que se inclinaba hacia un folclore muy elaborado, como probó en ‘Tamiz’ o en ‘Mudéjar’. Un día, Alberto Manzano, traductor y biógrafo de Leonard Cohen, lo llamó para encargarle un proyecto sobre el cantante con músicos españoles. El resultado satisfizo a Cohen. Cuando volvió a las giras, una de las primeras cosas que hizo fue llamarlo. Ahora lo lleva a su lado, le habla de política, de religión, de los graves problemas del mundo (“a Leonard Cohen lo veo como un escritor y como un intelectual que ha escrito auténticas maravillas, y dice no sentirse músico”). Javier Mas (Zaragoza, 1952) ha cumplido uno de sus sueños de juventud. Tocar, arañar las cuerdas de sus instrumentos mientras el señor del sombrero (“a Cohen lo veo como una especie de Humphrey Bogart, con esa voz de cine que enloquece a las señoras”) se arrodilla ante él y le pide que toque y toque hasta el fin de la noche en cada concierto inolvidable.

 

*Este artículo apareció el jueves en ‘Artes & Letras’, en la sección ‘Fuegos y mareas’. Este jueves,  tras el descanso estival, ha regresado el suplemento con ocho páginas. En la foto, Leonard Cohen se arrodilla ante Javier Mas.

RAÚL GAY Y LEONARD COHEN

RAÚL GAY Y LEONARD COHEN

LEONARD COHEN: AUTOBOMBO

 

Por Raúl GAY

La primera vez que escuché a Leonard Cohen fue en una película, El tiempo de la felicidad. Una de las hijas estaba obsesionada con una canción suya, Bird on the wire, y no se soltaba de uno de sus LPs, Songs of Love and Hate.


Esto fue en verano de 1997; en septiembre me compré un recopilatorio suyo. Allí estaban incluidas todas las grandes canciones de su primera etapa: Suzanne, Sisters of Mercy, So long Marianne, Who by fire?... Durante meses recorrí una y otra vez la tienda de discos Linacero para compar aquel álbum de la película. Pero allí no aparecía la canción. Encontré otros recopilatorios, más centrados en sus últimos años. Por fin, un día me compré un disco en directo. Me costó 3.000 pesetas, una barbaridad para mi economía de aquel tiempo. Es de los pocos discos de mi adolescencia que todavía me acompañan.


Con el paso del tiempo, descubrí que sus discos de 1988 y 1993 eran soberbios, a pesar de haber cambiado la guitarra por el sintetizador. Antes de tener una conexión decente a internet ya paseaba con frecuencia por Leonard Cohen files, la web más completa sobre el artista. Allí descubrí con horror que había actuado en Zaragoza años atrás, y que no tenía planes de volver a la carretera. Internet me proporcionó también la posibilidad de descargarme directos suyos en diferentes momentos de su carrera. El fondo es perfecto: sigo sin entender por qué no los han editado de forma apropiada.


En 2001 publicó un nuevo álbum. Las fotografías mostraban a un Leonard Cohen delgado y canoso; también con una mirada llena de paz. Era un hombre de vuelta de todo, en el mejor sentido de la expresión. Ten new songs es un mal disco. Apenas un par de canciones soportan varias escuchan. Eran simplemente, diez canciones nuevas.


Un nefasto 23 de abril, la página web me dio una alegría. Había un disco y una gira en el horizonte. Lo tuve claro: si actuaba en Europa, iría a uno de sus conciertos.

Dear Heather resultó ser un álbum muy sólido. La voz era más grave que nunca y los arreglos no parecían música de feria.



En cuanto a la gira, tuve la oportunidad de verlo en Benicássim. Lo conté aquí hace algo más de un año.


Ayer vino a Zaragoza. Gracias a mi trabajo y a la generosidad de mis compañeros y jefes (cambios de turno, cobertura de temas en los que no trabajo...) pude entrevistar a su guitarrista. Se llama Javier Más, y es de Zaragoza. El tipo tiene unos cincuenta años y lleva toda la vida tocando para otros: Labordeta, La Bullonera, María del Mar Bonet...



En 2006 dirigió un disco tributo a Leonard Cohen. Poco después recibía una llamada suya, invitándole a acompañarle en su gira. Desde hace 18 meses toca la bandurria en su banda.



Aunque parezca increíble, es el principal instrumento. Las introducciones a las canciones son soberbias y arrancan los aplausos del público. En Europa y Estados Unidos se le ve como un exótico que se ha colado en la banda y su nombre aparece en todas las críticas que se escriben. Al principio del concierto, Cohen se arrodilla ate él; los medios de comunicació sólopueden grabar el primer tema, así que su fotografía aparece en numerosas ocasiones.


Después de entrevistarle, llegó el esperado momento. 3 horas y cuarto de bellas canciones, arreglos precisos y creativos y una banda que suena a la perfección, sin una mala nota o una entrada a destiempo.


Pero el problema de ser tan fan (y de tener el Live in London que grabó en esta misma gira) es que conocía a la perfección el orden de canciones. La sorpresa quedaba descartada. Aun así, fue un concierto inolvidable.


Pero quizá lo mejor -y, supongo, el fin de esta historia- ha llegado esta mañana.

A las 11 de la mañana he entrado en el hotel Palafox y he tenido la siguiente conversación con la recepcionista:

-Buenos días, mi nombre es Raúl y querría hacerme una fotografía con Leonard Cohen. ¿Ha abandonado ya el hotel?



-No, saldrá en una media hora. Pero no puede esperar aquí.


-Gracias, esperaré fuera.


Treinta minutos de nervios, frío y sudores después ha aparecido Javier Más. Nos hemos saludado, he elogiado su trabajo en el concierto y me ha preguntado por la pieza que ayer grabó Aragón TV. Salió en el informativo al tiempo que él comenzaba tocar los primeros acordes.



Su cara lo decía todo. He prometido enviársela por correo electrónico. Después, le he dicho que hoy venía como fan y que me gustaría hacerme una fotografía con Leonard Cohen.

-Tengo que comprar unas cosas. Cuando vuelva lo intento.

Al poco ha salido el artista. Hablando en inglés -y controlando mis nervios a flor de piel-, le he expresado mi deseo. Se ha mostrado muy amble y complaciente. De nuevo, he elogiado su trabajo y su "golden voice"; se ha reído y me ha dado las gracias muchas veces. Tiene razón Javier Más: Cohen es una persona cálida y humilde.

 

 

El encuentro ha durado lo justo para hacernos la foto y despedirnos. Él ha subido al autobús, y yo he esperado al guitarrista, para que me diese su email. Cohen, al ver que el autobús estaba vacío, ha vuelto a bajar, se me ha acercado y ha iniciado una conversación casual. Hemos hablado de mi inglés, de mi trabajo, de su gira, de Javier Más... Repito: un hombre amable. Tiene una voz calmada y profunda, cuesta imaginarle gritando o nervioso.

Entonces ha aparecido la mánager del hotel y Cohen ha hecho lo propio con ella. Ha firmado un par de discos (el mío incluido, el directo que compré el siglo pasado) y se ha quedado con mi nombre. Cuando ha vuelto Javier Más, le ha pedido que se hiciera una foto conmigo, pero él le ha cortado.

-Ya conozo a Raúl.

La cara del guitarrista era digna de ver.



Nos hemos deseado suerte y nos hemos despedido. Él ha partido hacia otra ciudad, yo he recorrido la mía con una sonrisa que no cabía en la acera.

 

*Conocí a Raúl Gay en un máster de periodismo de Heraldo de Aragón. Desde entonces, su carrera ha ido creciendo día a día. Ayer, con Teresa Lázaro en la realización y Juan de operador de cámara, grabamos a Javier Mas: él tres preguntas para informativos y yo algunas más para ‘Borradores’. Raúl es un apasionado de la cultura: de la cultura, de la música, de la literatura, y esta mañana ha logrado un sueño: hacerse una foto con Leonard Cohen, que ofreció un concierto maravilloso. En el diálogo, nos acompañaron Merche Julián y Chema Fernández, de Antípodas, y un par de amables empleadas del hotel Palafox. En su espléndido blog

 - http://viajeroaitaca.blogspot.com/-

Raúl Gay cuenta esta bella historia.

 

Enhorabuena Raúl. Eres un crack.

ESTA NOCHE, LEONARD COHEN

ESTA NOCHE, LEONARD COHEN

LEONARD COHEN

 

¿A quién le canta Leonard Cohen, ese intérprete, poeta y novelista nacido en Montreal en 1934, en el seno de una familia judía?

Quizá le cante a las estrellas lejanas, a las sombras del silencio, a los pliegues de los corazones solitarios. Las baladas de Leonard Cohen son un cántico grave, un suspiro sereno, una caricia de terciopelo. Sus canciones parecen salidas de un fondo oscuro, donde conviven el amor y el odio, la hondura y el desgarro, donde se intercambian la ironía y el delirio, donde se mezclan la rabia, la soledad y los rumores de la guerra.

Es un místico que canta, es un juglar que recita sin temor a la monotonía. Es un monje que invoca los placeres del mundo. Sus canciones ya son inolvidables, la banda sonora de lo más íntimo desde hace 40 años: ahí están ‘The partisan’, ‘I’m your man’, ‘Suzanne’, ‘Sisters of Mercy’, ‘So long Marianne’ o ‘Chelsea Hotel’, que recrean fragmentos y recuerdos de su propia existencia: el compromiso, la locura, la huida, hermosas mujeres, locas mujeres como Janis Joplin, a la que amó en el legendario hotel.

Hace más de una década, Leonard Cohen había insinuado que no volvería a realizar una gira. Lo hizo en 2008 para 700.000 espectadores de todo el mundo. Y grabó un disco inolvidable en directo: ‘Live in London’. Arruinado y traicionado, ha vuelto a hacerlo este verano. 

Leonard Cohen vino a España por vez primera en 1974. Ama el flamenco, adora a Enrique Morente y a Federico García Lorca, de quien interpretó ‘Take this waltz’. Este martes, lo veremos y lo oiremos en Zaragoza, en el Pabellón Príncipe Felipe.

 

Leonard Cohen tiene una voz penetrante como un escalofrío. Es uno de los grandes: alguien que canta al oído hasta el fin de la noche, alguien que musita con dulzura seca hasta que se rompe el amor.

 

Leonard Cohen. Con el aragonés Javier Mas, como director de bandurrias y guitarras. Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza. Martes, 15 de Septiembre. Apertura de puertas a las 19,30 h. Concierto a las 21:00 h.

MEQUINENZA RECUERDA A JOSÉ CASABÓN

MEQUINENZA RECUERDA A JOSÉ CASABÓN

Recibo este correo de Lourdes Ibarz, que anuncia el homenaje que se le rendirá al músico José Soler Casabón el próximo día 30 en la Sala Goya de Mequinenza:

 

En la Sala Goya de Mequinenza el próximo día 30 de agosto a las 7 de la tarde se celebrará un acto conmemorativo del 125º aniversario del nacimiento del músico mequinenzano José Soler Casabón, contemporáneo de Gargallo, Picasso... que estamos descubriendo gracias a la colaboración de Pierrete Gargallo, hija del escultor que, de pequeña, convivió con él.

 

La revista aragonesa Rolde publicó el artículo de Jordi Estruga i Estruga. El pdf se halla http://www.mequinensa.com/es/municipio/celebres/joseSolerCasabon.aspx

 

 

JOSÉ SOLER CASABON

HACE 125 años, José Soler Casabón —un relevante adelan-

tado de la música de su tiempo— nació en Mequinenza. Se

trata de un compositor que, a pesar de haber efectuado significativas

aportaciones musicales, es prácticamente un desconocido en su país.

Por este motivo, nuestro ayuntamiento creyó oportuno dedicarle el

presente homenaje.

José Soler Casabón, nació, el 31 de agosto de 1884, en el numero

1 de la calle de les Pedres del Poble vell. Era hijo de un comerciante

mequinenzano y de una maestra de Samper de Calanda. De niño

se trasladó a Barcelona donde, a los 15 o 16 años, ya componía

sonatas para violín y piano así como melodías en lengua catalana.

Además de compositor fue pianista y guitarrista pero, sobre todo, un

excelente violinista.

Marchó a Paris cuando contaba unos veinte años y allí participó activamente

en los movimientos vanguardistas galos. Amigo desde la infancia

del relevante escultor, Pablo Gargallo (autor de la escultura de

este programa), mantuvo en Francia estrechas relaciones con insignes

figuras del arte y de las letras: Picasso, Apollinaire, Reverdy, Gris,

Miró, Manolo, Llorens Artigas, Ruidobro, Princet, etc.

Su música figuró en importantes eventos culturales y artísticos así como

en distintos largometrajes. Fue en el año 1917 cuando el insigne poeta

Apollinaire, entusiasmado tras haber escuchado una composición

musical de nuestro músico —Soliloque—, interpretada en un evento en

el que el poeta participaba como conferenciante, le propuso escribir

la música para un ballet que había creado sobre uno de sus poemas:

Le musicien de Saint Merry, publicado en la obra titulada: Calligrammes.

Además de Soler Casabón, Apollinaire había previsto poder

contar, como colaboradores de la obra, con Picasso y Diaghiliev.

Dificultades del ballet de Diaghiliev a causa de la revolución rusa

de1917, la muerte de Apollinaire (1918), las repercusiones de las

tres contiendas bélicas (la española y las dos europeas) así como

sucesivos e inesperados cambios en la dirección de los grandes teatros

parisinos (años cuarenta y cincuenta del pasado siglo), fueron

obstáculos que impidieron su representación.

Hoy, por primera vez en España, se estrena en Mequinenza una pequeña

muestra de la música que formaba parte de este ballet. Aunque

limitado, no deja de ser un primer paso en la consecución del deseo

expresado por el reconocido musicólogo francés, Damien Top, en el

sentido de que, el ballet de Apollinaire con música de Soler Casabón:

“sigue ocupando un lugar en la lista de obras míticas

que hay que intentar resucitar”

Jordi Estruga

 

 

FA 125 anys, José Soler Casabón —un rellevant avançat de la música

del seu temps— va nàixer a Mequinensa. Es tracta d’un compositor

que, malgrat haver realitzat signifi catives aportacions musicals, és pràcticament

un desconegut al seu país. Per aquest motiu, el nostre ajuntament

va creure adient dedicar-li el present homenatge.

José Soler Casabón, va nàixer el 31 d’agost de 1884, al número 1 del

carrer de les Pedres, al Poble vell. Era fi ll d’un comerciant mequinensà i

d’una mestra de Samper de Calanda. D’infant es traslladà a Barcelona

on, als 15 o 16 anys, ja componia sonates per a violí i piano així com

melodies en llengua catalana. A més de compositor, fou pianista i guitarrista

i, molt especialment, un excel·lent violinista.

Viatjà a Paris als voltants dels 20 anys on va participar molt activament

en els moviments de l’avantguarda francesa. Amic d’infantesa del rellevant

escultor, Pablo Gargallo (autor de l’escultura d’aquest programa) va

mantenir a França estretes relacions amb insignes fi gures de l’art i de les

lletres: Picasso, Apollinaire, Reverdy, Gris, Miró, Manolo, Llorens Artigas,

Ruidobro, Princet, etc.

La seva musica fi gurà en importants esdeveniments culturals i artístics

així com en diferents fi lms francesos. Fou l’any 1917 quan, el reconegut

poeta Apollinaire, engrescat desprès d’haver escoltat una composició del

nostre músic —Solliloque—, interpretada en un acte cultural en el que el

poeta hi participava com a conferenciant, li va proposar d’escriure la

música per a un ballet que havia creat basant-se en un dels seus poemes:

Le musicien de Saint Merry, publicat a la seva obra: Calligrammes. A

més de Soler Casabón, Apollinaire havia previst que hi col·laboressin en

el ballet, Picasso i Diaghiliev.

Difi cultats del ballet de Diaghiliev, a l’haver esclatat la revolució russa del

1917, la mort d’Apollinaire (1918), les repercussions de les tres conteses

bèl·liques (l’espanyola i les dues europees), així com els successius i

inopinats canvis en la direcció dels grans teatres de Paris (anys quaranta

i cinquanta del passat segle), foren uns obstacles que impediren la seva

representació.

Avui, per primera vegada a Espanya, s’estrena a Mequinensa una petita

mostra de la musica d’aquest ballet. Encara que limitat, no deixa de ser

un primer pas vers a l’acompliment del desig expressat pel reconegut

musicòleg francès, Damien Top, en el sentit de que, el ballet d’Apollinaire

amb música de Soler Casabón:

“segueix ocupant un lloc en el llistat d’obres mítiques

que s’ha d’intentar ressuscitar”

Jordi Estruga

MURIÓ WILLY DEVILLE

MURIÓ WILLY DEVILLE

Nueva York (DPA) - El rockero estadounidense Willy DeVille murió de cáncer a los 55 años, informó hoy su mujer, Nina, a dpa en Nueva York.

 

El músico, conocido por sus baladas entre dulces y duras, falleció en un hospital de la ciudad en la noche del jueves. "Se fue en paz. Yo estaba a su lado", añadió su esposa. En junio la familia había anunciado que los médicos habían descubierto que el artista sufría cáncer de páncreas cuando iban a tratarlo de hepatitis C.

"Está bien. No tiene dolores y pasa el tiempo en casa con películas, música, tocando la guitarra y leyendo", señalaba entonces la página web del cantante, cuyo nombre real era William Borsay.


Su música era una mezcla de rock, ritmos latinos, blues, doo-wop, cajún, créole, mariachi y country, mientras que sus letras están llenas de romanticismo. En 1974 fundó en San Francisco la banda Mink DeVille, que le dio fama mundial. Su álbum debut, Cabretta, fue muy bien recibido por la escena musical en 1977.


La revista de rock Rolling Stone eligió el disco mejor álbum del año. DeVille convenció a los miembros de la banda para que se mudaran a Nueva York y se convirtieran en el grupo estable del club punk CBGB. En 1977 se hicieron famosos con su hit Spanish Stroll y hasta mediados de los 80 editaron una serie de álbumes de éxito.

Nacido el 25 de agosto de 1950 en Stamford, en el estado de Nueva York, entre sus hits más conocidos figuran Hey Joe, cantada también por Jimi Hendrix, Save The Last Dance For Me y Cadillac Walk.


"La música es mi vida. Es lo único que sé hacer", dijo alguna vez. Luego Willy se hizo solista y se trasladó a Nueva Orleans. Ha tocado entre otros con Van Morrison, Bruce Springsteen, Southside Johnny, Brenda Lee, Tom Waits y Los Lobos.

Su vida privada no fue fácil: dos de sus parejas murieron, y luchó durante años contra su adicción a la heroína y el alcohol.


Más tarde se pasó a la música rythm and blues, el soul y la salsa, dos estilos muy presentes en sus últimos trabajos discográficos, Crow Jane Alley (2004) y Pistola (2008).

DeVille siempre se declaró un gran amante de Francia, donde conoció a Edith Piaf y grabó parte de su disco El Gato Azul en 1980.

 

*La redacción de la noticia corresponde a la agencia internacional DPA.

EXCURSIÓN A PIRINEOS SUR EN LANUZA Y SALLENT

EXCURSIÓN A PIRINEOS SUR EN LANUZA Y SALLENT

Ayer por la mañana, tras hablar con Ainhoa Camino, me fui a Formigal. Tenía una comida y una entrevista con el director de Pirineos Sur, Luis Calvo. Me gusta mucho salir hacia el corazón de las montañas con tranquilidad, con tiempo: habíamos quedado a las tres y salí de Zaragoza hacia las doce y cuarto. En el coche, además de la voz de David Marqueta y de Mónica Farré, llevaba ‘La piel de Sara’ de Javier Ruibal y el último disco de Marianne Faifhfull, entre otros. Ruibal me dedicó ese álbum poco después del nacimiento de mi hija Sara. Me dijo: “La canción que da título al disco cuenta la historia de una prostituta pero es una historia tierna”. Narra la vida de un mujer, con ojos de color candela y esas cinturas que hacen enloquecer a su paso (como suele ocurrir con las mujeres de las canciones de Ruibal: pienso en ‘La reina de África’), que recibe a los maduros y a los escolares, y tiene una historia de amor con el joven hijo del comisario. Eso sonaba aquí y allá, camino de Almudévar, y de nuevo al pasar por el Monrepós, donde sucedió eso que nunca deseas: un camión de muchas toneladas te sigue los pasos y parece que de un momento a otro se te va a empotrar en los descensos vertiginosos o incluso en el túnel donde te piden ir a 40 y eres incapaz con esa sombra detrás. Sospecho que recibiré alguna multa y habré perdido algún punto.

Cuando dejas atrás Sabiñánigo y tomas la dirección de Biescas ya se impone, por completo, la grandiosidad pirenaica: ese país de montañas y de celajes. Me encanta Formigal: creo que nunca lo había visto así, como ahora, despojado de nieve. Los montes parecían praderas tamizadas de luz, praderas peinadas por una suave brisa de cumbres, abismos y roquedales que pugnan en un arduo tránsito entre el llano y el cielo. Por allí andaba José Luis Cortés, que esperaba a Omara Portuondo, la gran y menuda dama cubana, esa mujer de cristal y rabia a la que oí cantar en el Teatro Nacional de La Habana en el verano de 1997: dedicaba sus temas a los amigos de Matanzas, de Trinidad, de Camagüey, de Cienfuegos, de Santiago o de Cumanayagua, un lugar con castillo y perpetua luna que certifica la existencia del realismo mágico. Entonó ‘La Era está pariendo un corazón’, y el mundo pareció desplomarse en el corazón del teatro. Qué garganta de luz y de bambú. José Luis estaba muy contento, y me dijo algo bonito: “Luis Calvo siempre cuenta con nosotros para trabajar. Es de los pocos que cuenta con los managers de la tierra, y eso hay que agradecérselo”.

Por Formigal, en esa mar de músicos de distintos lugares del mundo (vi a un senegalés que aún llevaba el ritmo en el cuerpo tras la parranda de la noche anterior), estaba Gonzalo de la Figuera, que elogió el proyecto de Biella Nuey y un grupo de músicos de Casablanca, “para mí ha sido la gran apuesta del festival, algo maravilloso, que ha funcionado espléndidamente, y tengo la sensación de que lo han valorado más fuera que dentro”. Gonzalo es un asiduo de Pirineos: vive allí su pasión por los sones de la tierra, por la convivencia de músicas y de músicos. Gonzalo es letrista, músico y crítico musical de 'Heraldo de Aragón'. Conoce como nadie las mágicas noches de Sallent de Gállego y las del pantano de Lanuza, que es un lugar realmente espectacular. Uno de los músicos calificó ese escenario como el mejor al aire libre de la tierra. En la comida, se habló de todo. Estuvimos Luis Calvo, el director del festival, el viajero incansable, el buscador de músicas, líneas de investigación y de compromisos con otros certámenes; Ainhoa Camino, una donostiarra que ha convertido a Jaca en su casa, desde la que imparte lecciones de cariño y de periodismo en compañía de Juan Gavasa; Montse, la compañera de Luis, traductora, free lance del universo de la música y del cine (está muy vinculada al Festival de Huesca desde hace años), y lectora apasionada de Jesús Moncada, que es su escritor favorito y del que dice que posee un hermoso y complejo y fascinante catalán, Gonzalo y yo. Hablamos de todo: de los grandes conciertos, de Aragón, de música, radio y televisión, de política, de numerosos intérpretes, de amigos como Isidro Ferrer, Pepe Escriche y Alberto Sánchez, e incluso de fútbol. O de los lugares del mundo donde Luis y Montse habían visto, en el canal satélite, programas como ‘El reservado’ o ‘Borradores’, entre otros.

Fue una estupenda tertulia. Luego hicimos la entrevista, muy cerca del periodista musical que es Rubén Caravaca, el hombre que lo  sabe casi todo del festival y de la música. Y bajamos a hacer fotos, que tomaría Marta Marco, en Sallent de Gállego, en el puente, y luego en el escenario de Lanuza. Me encantó el escenario y el montaje de Sallent, los puestos del mercadillo, los restaurantes de casi todos los lugares, la alegría de la gente, la camaradería, el clima de convivencia y de trasvase de emociones, la solidaridad y la atmósfera multirracial. Me gustó ese ámbito: la proximidad de las colinas, las casas, me gustó mucho estar en la tierra de Fermín Arrudi, uno de mis personajes más queridos del Aragón del siglo XX.

Mientras esperaba las fotos de Marta Marco, me encontré con la fotógrafa Pilar Hurtado, el crítico musical y escritor Javier Losilla, y su nena Alba, rubia y preciosa, completamente empadrada. Javier está muy bien, cariñoso como siempre, es un estupendo amigo desde hace casi veinticinco años: coincidimos en ‘El día’ y ‘El Periódico de Aragón’; es un asiduo de Pirineos Sur y uno de los habituales de sus espléndidos catálogos, cuyo motivo diseñó Isidro Ferrer y luego él y otros artistas han ido realizado variaciones a lo largo de las 18 ediciones.

Amenazaba tormenta de verano. El tiempo no ha favorecido las actuaciones. Hablamos de Compay Segundo, de Manu Dibango, de Youssou N’Dour, de Ismael Lema, de formaciones de mil y un lugares, de Marianne Faithfull, que ofreció un espléndido concierto, de la ilustradora Sonia Pulido, que hizo el cartel del Festival de Cine de Huesca de 2009. Poco antes de la despedida, volvieron a asomar a la conversación escritores catalanes y aragoneses: Jesús Moncada de nuevo, y sus traducciones en el mundo, Mercè Rodoreda, Pere Calders, Manuel de Pedrolo, etc.

Salí a las nueve de la noche. Tuve un viaje tranquilo. Con Marianne Faithfull, con muchos otros. De repente, me enteré de que España era transformada grotescamente, hacia los insoportables tonos del humo y del negro en verano, por el fuego. Mi suegra y mis cuñados y mis sobrinos habían tenido que marchar de Ejulve, el incendio avanzaba por Majalinos y por La Zoma y por Aliaga, y obligó a desalojar las viviendas. Llegué a las doce de la noche y aquí estaban todos, en casa, cerca de la piscina, bajo el cielo constelado, contando su inesperada fuga. Mi cuñado José Antonio fue el único que tuvo tiempo de preparar su ropa interior. Él, que sueña que vuela y no aterriza nunca y que se acompaña de una máquina ruidosa de oxígeno. José Antonio Ortuño, mi concuñado de Orihuela (Alicante), como a él le gusta decir. “Tú eres mi concuñado”.

*Instantánea del concierto de Biella Nuei y Azawan, con Luis Miguel Bajén en primer término (no conozco el nombre de vocalista marroquí). La foto es de Marta Marco, fotógrafa del Festival con Pilar Hurtado.