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Antón Castro

Músicos

YANN LETO: PURO TALENTO

YANN LETO: PURO TALENTO

GARY GELD & THE DEAD MONEGROS PUBLICA SU DISCO

Gary Geld and The Dead Monegros ya ha publicado su primer disco ‘Long gone Gary’. Se presentará este jueves, a las 21.30, en el Café Hispano. Yann Leto dice muy escuetamente que la formación -que contará con miembros de Picore, Tachenko, Guisante y No truck truckers- realiza country folk.

 

Yann Leto, su líder, ha creado un personaje  como Gary Geld, que procede de Arizona y que trae sus canciones y sus temas personalísimos.

 

Está acompañado por Mary Brown (Cecilia de Val, galardonada fotógrafa, incorporada a la galería Cámara Oscura y Spectrum Sotos), Lee Boy, Matacabras Jimenez, Jon Smith y Rafa ‘Pistolero’ Domínguez.

 

El disco se grabó, con Rafael Domínguez, en La Cafetería Atómica y consta de diez canciones. Creo que puede ser uno de los grandes discos del 2009 y del 2010. Es una auténtica maravilla. El próximo domingo trece, Gary Geld & The Dead Monegros actúa en ‘Borradores’ y tocará dos temas: ‘Heaven’ y ‘Laundry’ (Aha!)

*Interior del disco de Gary Geld.

RAQUEL MELLER, EL SOL DEL CUPLÉ

RAQUEL MELLER, EL SOL DEL CUPLÉ

Reino de Goneril reedita el libro que le dedicó a la actriz y cantante turiasonense su primer marido Enrique Gómez Carrillo

  

Raquel Meller siempre despertó grandes pasiones. En un joven marinero belga, Peter Moeller, de quien tomaría su nombre artístico; en el pintor Joaquín Sorolla, que le realizó un espléndido retrato en 1918; en el propio Charles Chaplin. Quizá el mayor acto de amor que recibió Francisca Marqués López (Tarazona, 1888-Barcelona, 1962), de artista Raquel Meller, fue el de su primer marido Enrique Gómez Carrillo (Guatemala, 1873-París, 1927), con el cual se casó en el verano de 1919 y se separó tres años después. Aquella boda civil en Biarritz tuvo por testigos de excepción a Benito Pérez Galdós y al conde de Romanones. En ese lapso de convivencia, el bohemio, diplomático y escritor guatemalteco redactó un curioso libro titulado sencillamente ‘Raquel Meller’, para el que escribió un elaborado retrato de la mujer y la artista, y además logró que un conjunto de intelectuales españoles -desde Manuel Machado a Benavente, desde María Guerrero a Leopoldo Romeo, director de ‘La correspondencia’, desde Tórtola Valencia a Mariano Benlliure- definiesen las virtudes de la intérprete en un auténtico torrente de elogios. La reedición de este libro, fechado entre 1919 y 1922, acaba de inaugurar una nueva colección en el sello Reino de Goneril de Jesús Egido.

El volumen, ilustrado por dibujos de Carlos Vázquez (1869-1944), lleva un prólogo de José Esteban, que arranca así: “Sin temor a equivocarnos, Raquel Meller fue y sigue siendo la más internacional de nuestras artistas de todos los tiempos. Sus triunfos en Europa y América lo atestiguan y certifican”. La define como “cantante, cupletista y actriz del cine español”, y realiza una travesía por su vida. Raquel Meller residió en Tarazona, Tudela y Montpellier, donde la reclamó una tía para que ingresase en el convento, y luego se trasladó a Barcelona. Trabajó de modista. Gracias a la cantante Marta Oliver se inició en el mundo de la farándula: primero fue La Bella Raquel, y luego abrazó su nombre definitivo. Inició sus actuaciones en la sala La Gran Peña  y en 1911 debutó en el Teatro Arnau, ya por entonces cantó dos canciones del maestro Padilla, a las que debe su inmortalidad: ‘La violetera’ y ‘El relicario’. El éxito la llevaría a diversos países de Latinoamérica.

En 1917 había conocido a Enrique Gómez Carrillo, de quien la leyenda decía que había sido amante de Mata-Hari. Se casaron en 1919. La luna de miel transcurrió por París, Londres, donde se dice que coincidieron con Aldous Huxley, y por Buenos Aires. No se entendían: tenían caracteres opuestos, ella era dada a la soledad y a la  reclusión, él era mundano y seductor. Después de la separación, rodó ‘Violetas imperiales’ (1923) y ‘Carmen’ (1926), su mejor película. En ese mismo año de 1926 Raquel Meller realizó una importante gira por Estados Unidos, “con éxitos en Nueva York, Filadelfia, Chicago, Boston, Baltimore y Los Ángeles –escribe Esteban-. Hacia 1930, Raquel Meller atrajo la atención de Charles Chaplin. El gran cómico quiso incorporarla al elenco de su película ‘Luces de la ciudad’ de 1931”, pero al final no participó. En 1932 rodó la versión sonora de ‘Violetas imperiales’ y en 1936 interrumpió el rodaje de ‘Carmen de Triana’. Tras la Guerra Civil se casó con el banquero Edmond Saiac (o Demon Sayac), aunque se separaron pronto, trabajó con ‘los vieneses’ Franz Johan y Arthur Kaps, y murió en el olvido.

El cronista y viajero Gómez Carrillo elogia su “la armonía impecable de su dicción y la ciencia exenta de sus gestos”, y le aconseja que no abandone “el arte ligero”. Agrega: “Su poesía, su armonía, su malicia y su ternura están en su propio ser y resultan siempre originales, siempre admirables, a veces sublimes”. Sus elogios discurren por el desmesurado afecto y la excesiva elocuencia. Dice que encarna “todas las mujeres y toda la mujer, bella de mil bellezas, tierna de mil ternuras, picaresca de las infinitas picardías del instinto y fogosa hasta el punto de parecer, a veces, arder en una llama que la acaricia y la devora. ¡Raquel la innumerable…!” Gómez Carrillo finaliza así su breve retrato: “Todo su arte, podemos agregar, es un suspiro, una confidencia, un anhelo íntimo (…) se nota que no canta más que para sí y para su amante. (…) Siendo múltiple e inexplicable, en suma, es siempre ella misma y no es más que ella; es decir, el más armonioso, el más inquietante y el más divino de los misterios humanos”.

El nivel de los elogios se mantiene a lo largo del libro. Manuel Machado escribe este ripio: “Esta Raquel, por su ‘aquel’, // por su genio y por su sal, // ha hecho el nombre de ‘Raquel’, // una vez más, inmortal”. Para Gregorio Martínez Sierra es la “emperatriz de la emoción”. Leopoldo Romeo va algo más allá y la llama “emperatriz o sol, la única, la incomparable”. María Guerrero tampoco es ajena a este río de alabanzas: “La fuerza enorme de expresión de sus ojos interesa y atrae desde el primer momento. ¡Qué estupenda actriz se ha perdido con esa moda del cuplé en España!”. El libro, con los dibujos de Carlos Vázquez, es un objeto entrañable, muy recomendable para mitómanos.

 

LA FICHA

Raquel Meller. ‘Opiniones de los más ilustres escritores y artistas españoles’. Enrique Gómez Carrillo. Dibujos de Carlos Vázquez. Edición de José Esteban. Madrid, 2009. 78 páginas. (En la foto, el retrato de Raquel Meller, que le hizo Joaquín Sorolla).

PILAR BAYONA, POR JOSEMA CARRASCO

PILAR BAYONA, POR JOSEMA CARRASCO

Hace unos días, el ilustrador Josema Carrasco me envió este dibujo de Pilar Bayona (Zaragoza, 1897-1979), la gran pianista zaragozana que falleció en diciembre de 1979, arrollada por un autobús, a la que le dedicó un artículo reciente en el blog. Apenas un mes atrás había ofrecido un intenso concierto en la CAI, en Independencia 10. Algunos pianistas han repetido el programa del recital a modo de homenaje, entre ellos, Adela Martín, quien, además, compuso una pieza en homenaje a la mujer que enamoró al joven Luis Buñuel.

 

Josema Carrasco ya ha terminado una nueva entrega de ‘Ciclocirco’, que se presentará en breve en Zaragoza, y es el autor del cartel del Festival de Jazz que se realiza en la sala Multiusos.

UNA INOLVIDABLE MUJER AL PIANO

UNA INOLVIDABLE MUJER AL PIANO

 Se cumplen 30 años de la muerte, por accidente, de la gran intérprete Pilar Bayona (1897-1979), que frecuentó la Residencia de Estudiantes y enamoró a un joven Luis Buñuel

 

Pilar Bayona (Zaragoza, 1897-1979) poseía una “insaciable curiosidad musical”, tal como escribió Federico Torralba, una absoluta pasión por la música y una memoria prodigiosa, que la llevaba a realizar conciertos incomparables, llenos de riesgo, de sutileza y de energía interpretativa. Perteneció a la Generación del 27, y tocó en la Residencia de Estudiantes, con Gerardo Diego y con Federico García Lorca; este, fascinado con su talento, le dedicó el ‘Llanto por Ignacio Sánchez Mejías’ con sumo afecto. Desarrolló, con tanto fervor como intensidad, una espléndida carrera sin renunciar nunca a residir en Zaragoza y a participar en la vida cultural de la ciudad a través de sus numerosos conciertos y de su vinculación con la Sociedad Filarmónica, el grupo ‘Sansueña’ y Radio Zaragoza, donde solía tocar con mucha frecuencia.

Pilar Bayona fue la pianista de Zaragoza por excelencia: cabe decir que optó por quedarse en su ciudad, por impartir clases en ella y en el Conservatorio de Pamplona. Visitaba, casi todos los días el Pilar, como un rito íntimo, con su hermana Carmen. Fue una mujer menuda y hermosa, de cabello rizado y rubio, que despertó diversas pasiones: desde Luis Buñuel, que estuvo enamorado de ella un año o dos, hasta José Camón Aznar, Luis García-Abrines o el periodista Manuel Casanova, director de HERALDO. Tenía la facultad, casi inconcebible, de atrapar la música al vuelo: la atrapaba, la retenía y luego la interpretaba con frescura y viveza como si hubiera estudiado horas y horas aquella literatura. Joaquín Turina la calificó como “maestra del decir, de sonoridades exquisitas”.

Se ha dicho una y mil veces que con Luis Galve y Eduardo del Pueyo formó esa trilogía de magníficos intérpretes de piano que ha dado el siglo XX en Aragón. Los tres eran muy distintos y grandes amigos: Del Pueyo fue un reconocido profesor desde Bruselas y un sólido pianista de Beethoven, entre otros; Luis Galve realizó una importante carrera profesional que le llevó a desplegar tres mil conciertos a lo largo de más de 60 países. Y Pilar lo hacía casi todo: deslumbraba con sus repertorios, igual tocaba con primor a Guridi, Granados, Esplá o Albéniz, a quienes grabó, que a Debussy, Cesar Frank o a Maurice Ravel, al que conoció y trató en Zaragoza.

 

El vuelo libre de la música

Nacida en Zaragoza en 1897, Pilar Bayona demostró muy pronto un talento especial hacia la música. Asistió a las clases de los hermanos José y Ángeles Sirvent y actuó, con cinco años, en un festival benéfico patrocinado por el monarca Alfonso XIII. Hizo su presentación a los diez años en el Teatro Principal con el cuarteto Ballo. Y a partir de ahí, con doce años, inició su carrera de concertista. Apostó por la música española contemporánea, muy especialmente, y realizó giras por distintas ciudades, sola o en compañía del violinista Manén. En la segunda década del siglo XX creció, perfeccionó su técnica y estableció numerosos vínculos con los compositores nacionales: desde Usandizaga a los Halffter, Mompou o Esplá, aunque tocaba a los rusos, a los impresionistas y a Mozart.

Algunos le dedicaron sus partituras y soñaron con que ella tocase sus obras. Actuó en Stuttgart y Berlín en 1924 y en 1928 estrenó el ‘Concierto valenciano’ de López Chávarri e incorporó a su repertorio al maestro Mingote. Poco a poco, iría cobrando fama y sería requerida por doquier: por fotógrafos, por los poetas del 27, entre ellos su paisano Tomás Seral Casal, por artistas (Sanz Lafita, Honorio García Condoy, Javier Ciria, Bayo Marín; después Guillermo o Paco Rallo), y estaría presente en la foto legendaria del grupo del 27 que rindió homenaje a Hernando Viñes.

Tras la Guerra Civil, continuará su quehacer: tocará en toda España, en distintos lugares de Francia, Portugal y Marruecos. Entrará en contacto con con el poeta y crítico de arte Juan Eduardo Cirlot, entonces músico y soldado en Zaragoza, que le dedicará dos composiciones y su libro ‘Pájaros tristes’, y con Julián Gállego, Alfonso Buñuel o Eduardo Fauquié, entre otros. Grabaría ‘Iberia’ de Albéniz, siete de las doce piezas, y dejaría en todos los foros una impresión de mujer de talento apabullante. Pilar Bayona fue una pianista apasionada, personalísima e incansable. Fue agasajada una y otra vez por su ciudad, con una calle, con el título de Hija Predilecta e incluso con el premio San Jorge.

En noviembre de 1979 dio su último concierto en el salón de actos de la CAI. Fue un recital vibrante, ya padecía escoliosis y andaba levemente encorvada. ¡Nadie lo habría dicho! Muy pocas semanas más tarde, al cruzar la calle, un coche se la llevó por delante y murió pocos días después. En 1981 Plácido Serrano recuperó algunas de sus grabaciones en un disco y en 2004 las Cortes de Aragón, en colaboración con el Archivo Pilar Bayona –que dirigen su sobrino Antonio Bayona y Julián Gómez-, organizó la muestra ‘Pilar Bayona. La pasión de la música’. El Auditorio de Zaragoza le rinde un homenaje con un ciclo que lleva su nombre y con un concierto internacional específico, cada trece de diciembre, que coincide con la fecha de su muerte. Este año se cumplen 30 años de su fatal accidente. 

*Esta foto de Pilar Bayona es de Dücker y pertenece al Archivo Pilar Bayona, que dirigen y sostienen Antonio Bayona y Julián Gómez.

 

DISCO DE LOS MÚSICOS DE SU ALTEZA

DISCO DE LOS MÚSICOS DE SU ALTEZA

Los Músicos de su Alteza graban en Francia, en Alpha,

un álbum monográfico de Joseph Ruiz Samaniego

 

‘La vida es sueño…’ es un ejercicio de riesgo artístico basado en las composiciones del maestro de capilla en Tarazona y el Pilar en el siglo XVII

 

La formación barroca Los Músicos de su Alteza acaba de publicar, con gran éxito de crítica en Francia, el álbum monográfico ‘La vida es sueño…’ (Alpha), dedicado a las composiciones del misterioso Joseph Ruiz Samaniego. Luis Antonio González Marín, investigador, clavicémbalo y director del grupo, dice: “De Ruiz Samaniego sabemos que trabajó como maestro de capilla en Tarazona, entre 1654 y 1660, y en El Pilar de Zaragoza, entre 1661 y 1670, el año de su muerte. Las obras que hemos grabado fueron compuestas e interpretadas en su tiempo en Zaragoza, en la antigua iglesia del Pilar. Son obras religiosas pero con textos en castellano, lo que se denominaba ‘villancicos’, y se dedican a diversas fiestas como la Navidad, el Corpus, la Expectación o el Pilar”.

Recuerda González Marín que tres de los villancicos grabados están dedicados a la Virgen del Pilar y tienen textos que hablan del Ebro (“Alados cantores // cisnes celestiales // que del Ebro los cristales // blandamente enfrentáis”, se dice en una pieza “nocturna y lunar”), de las grandezas de Zaragoza, en los que se mezclan elementos de poesía culta con “toques de gracia popular”. Las piezas, por lo regular, pertenecen a Vicente Sánchez, “un beneficiado del Pilar”, contemporáneo de Ruiz Samaniego. Añade González Marín: “Algunos textos son serios, más o menos inspirados, marcados por la retórica del siglo XVII y con imágenes poéticas propias del barroco. Otros están escritos con un sentido del humor que hoy no se contemplaría en ceremonias religiosas, como sucede en la jácara ‘Oigan en breve ensalada’, cuyo texto, compuesto en el estilo del habla de los matones, chulos y jaques de la época, cuenta la historia del nacimiento de Cristo de modo chusco, con dobles sentidos por todos los lados y, encima, construyendo el texto a base de enlazar títulos de comedias famosas del momento. De ahí el título del CD, ‘La vida es sueño’, que es el último que se cita en la jácara”.

La música de Ruiz Samaniego pertenece a ese rico y casi inagotable patrimonio musical de la Música Antigua y el Barroco Español. “Se atiene a las reglas del juego musical a mediados del siglo XVII: espectacularidad (la mayor parte de las obras son de gran aparato, a varios coros vocales e instrumentales), sorpresa, emoción y viveza. Ruiz Samaniego es un maestro en el uso de los recursos retóricos de la música, y así consigue que en el siglo XXI sus composiciones nos sigan conmoviendo”. Afina aún más en su retrato del compositor: “Joseph Ruiz Samaniego es un compositor con gran oficio, y además es inspirado: no sólo conoce y aplica (y viola a veces) a la perfección las reglas y las costumbres de la composición de aquel tiempo, sino que lo hace con sabiduría, talento y gracia. Tiene talento melódico, armonías audaces, y sabe conducir una composición hacia un clímax”. González Marín declara que tenía con Ruiz Samaniego una “especie de deuda sentimental porque fue el primer compositor antiguo del que transcribí música en el Archivo de Música de las Catedrales de Zaragoza. Comprobé que se trataba de música de gran nivel en todos los sentidos”.

Son varios los discos grabados por esta formación de Zaragoza, fundada en 1992. Sin ir más lejos, en 2006 grabaron un espléndido ‘Miserere’ de José de Nebra (1702-1768). Ahora acaban de dar un paso de gigante y han cosechado grandes elogios en Francia. “Este disco es importante para nosotros y para mí por varias razones. Primero: había llegado la hora de dedicar íntegramente un CD a Ruiz Samaniego, que se merecía un monográfico. Segundo: se trata de nuestro primer trabajo para Alpha, un sello muy prestigioso dentro del panorama discográfico actual, sobre todo en lo que atañe a la ‘música antigua’: grabar para el mismo sello en que graba, por ejemplo, Gustav Leonhardt es un privilegio y una responsabilidad. El que este trabajo haya sido avalado por Alpha es, en cierto modo, un reconocimiento a nuestro trabajo y al valor de la música de Joseph Ruiz Samaniego, lo cual me enorgullece doblemente”. ‘La vida es sueño’ es también el principio de una prometedora amistad: el próximo mes de noviembre el grupo de Zaragoza grabará en Alpha la ópera ‘Amor aumenta el valor’ del bilbilitano José de Nebra, que también será el protagonista de la grabación de 2010 con este sello francés que celebra ahora su primera década.

Esta formación de Los Músicos de su Alteza está integrada por dos coros de ocho miembros, entre tiples, altos y tenores, y por un conjunto instrumental de dieciséis músicos. El  CD incorpora un libreto con los textos en inglés, francés y castellano.

MERCEDES SOSA: ADIÓS A LA VIDA

MERCEDES SOSA: ADIÓS A LA VIDA

Me entero de la muerte de Mercedes Sosa, una maravillosa e intensa voz. El pasado viernes recordaba cuánto me impresionó y me emocionó su interpretación de ‘Alfonsina y el mar’, que es una de mis canciones favoritas. La vi varias veces, pero recuerdo una actuación en La Romareda, envuelta en un poncho, guarecida en su poncho indígena mientras evocaba el espíritu de Atahualpa Yupanqui y el magisterio de Violeta Parra. Tomo esta necrológica de una periodista sensacional de ‘El País’: Soledad Gallego. Estoy escribiendo un artículo sobre espías: pongo sus canciones en el spotify.

 

 

Soledad GALLEGO / El País

 

La Negra, la cantante folklorista de América Latina por excelencia, Mercedes Sosa, ha fallecido hoy domingo en una clínica de Buenos Aires, a los 74 años, víctima de una enfermedad hepática. Miles de seguidores en América Latina y en España (donde estuvo exiliada cuatro años durante la dictadura militar argentina) cantaron con ella su extraordinaria interpretación de Alfonsina y el mar, y otras zambas, chacareras, milongas y tonadas que popularizaron en los años 70 y 80 el folklore latinoamericano en todo el mundo y la convirtieron en una de las mejores y más famosas intérpretes del continente.

Su muerte ha sido acogida con dolor también en los medios rockeros y de música pop de América Latina, a los que siempre prestó su generoso apoyo y colaboración. Su relación con los músicos jóvenes argentinos fue constante: era ella la que les buscaba para ofrecerles incorporar algunas de sus canciones en los álbumes de música folklórica que iba produciendo (más de 40 a lo largo de su carrera). En su último álbum doble, Cantora, ya enferma, fueron muchos de esos músicos quienes se ofrecieron a cantar duetos con ella: Shakira, Fito Paéz, Charly García, Caetano, Soledad (la actriz de La promesa de sus ojos), Julieta Venegas, Drexter o los españoles Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina colaboraron para lanzar un disco que ahora está nominado como mejor álbum del año para los Grammys Latinos 2009. "La Negra era la mejor cantante de Argentina y la voz de América Latina", ha asegurado Fito Páez. Ella, sin embargo, rehusó siempre el apelativo de "la voz de América Latina", que le parecía excesivo.

Michelle Bachelet, presidenta de Chile, que se encontraba el viernes visitando precisamente el pueblo natal de la folclorista chilena Violeta Parra, expresó su cariño y su admiración por Mercedes Sosa y recordó la amistad que mantuvieron ambas cantantes. La Negra Sosa cantó insuperablemente algunos de los temas más famosos de Parra, entre ellos su Gracias a la vida. "Ella era, quizás, la voz más vigorosa de América Latina", lamentó Bachelet.

"Mercedes fue un ser bondadoso, sin ningún tipo de maldad y su presencia era una necesidad para todos los que actuamos o grabamos con ella", ha resumido el letrista Antonio Tarragó Ros, en nombre de los músicos argentinos.

Mercedes Sosa fue siempre una cantante comprometida con causas políticas y sociales. Formó parte de la bohemia que acompañó el folklore argentino en los años 70-80, el llamado Movimiento del Nuevo Cancionero, y participó en cuanta marcha, manifestación o encuentro hubo en esa época a favor de las comunidades indígenas, luchas sindicales o encuentros políticos sobre los derechos humanos. Durante un concierto celebrado al inicio de la dictadura militar fue detenida, junto con buena parte de su público. Al recobrar la libertad, marchó al exilio (España y Francia), de donde no regresaría definitivamente hasta la llegada del presidente Raúl Alfonsín y la democracia. En una reciente entrevista comentó aquellos momentos de intensa lucha política: "Antes, los sueños eran más radicales; perfectos. Ahora, se hace lo que se puede".

Viuda, con un hijo y dos nietas, Mercedes Sosa se distinguió por su magnífica voz, con registros de soprano y de una belleza muy singular, y su conexión con todas las grandes figuras del folklore latinoamericano, desde Atahualpa Yupanqui a Violeta Parra. Sus interpretaciones de la Cantata Suramericana o la Misa Criolla recibieron premios internacionales. Sin embargo ella siempre se consideró una "negra petisa (una mujer pobre, morena y pequeña), sin glamour, tal y como se refiere a mí la oligarquía de mi país". "Este es un país de negros", decía con ironía, "en el que todos son rubios".

En los últimos tiempos, cansada y enferma, aseguraba encontrarse feliz, rodeada de afecto. "Tengo suerte", decía, "...pero me ha costado mucho". La Negra Sosa luchó hasta el final por cumplir los objetivos del Manifiesto del Nuevo Cancionero que firmó en Mendoza, en 1964, cuando sólo tenía 28 años, y en el que se proponía renovar la canción argentina popular para conseguir que "se integre en la vida de todo el pueblo, expresando sus sueños, sus alegrías, sus luchas y sus esperanzas".

 

*Esta foto de Mercedes Sosa la realizó Wald Fulgenzi en su camerino.

AMARAL: UNA FOTO SIMPÁTICA

AMARAL: UNA FOTO SIMPÁTICA

Aloma Rodríguez y Eva Puyó –una morena y una rubia- han colgado esta foto de Amaral en su blog. Me habría encantado ir a uno de sus conciertos en el Teatro Principal, pero no compré a tiempo las entradas. Es un grupo que me encanta desde su primer álbum: Eva me pasó una de sus primeras maquetas cuando yo vivía en La Iglesuela del Cid y me acompañaban muchas noches en dirección a la villa del Maestrazgo. Recuerdo cuánto me impactaron temas como ‘Rosita’ o ‘Dile a la rabia’. He escuchado completo su disco ‘La barrera del sonido’, y algunas canciones suenan realmente maravillosas. La versión acústica de ‘Cómo hablar’ es una de las joyas. Y para mí también, en otra dirección, lo es la versión de ‘Concorde’. La he redescubierto aquí.

MONTSERRAT CABALLÉ: UNA ENTREVISTA

MONTSERRAT CABALLÉ: UNA ENTREVISTA

La historia musical de Montserrat Caballé empieza con su abuela, abandonada en un hospicio. Allí, las monjas le enseñaron francés, música y a tocar el piano. Ella enseñaría a su hija a tocar ese instrumento. Y ésta, a su vez, a partir de los ocho años, le enseñaría piano y solfeo a su hija Montserrat. “Me hizo entrar en el Conservatorio del Liceo de Barcelona –evoca-. Con doce años, el profesor de solfeo le dijo a mi madre: ‘Esta chica tiene que estudiar voz”. Montserrat Caballé se inclinaba por el piano y el violín. De cuando en cuando escuchaba cantar a las voces más jóvenes y se emocionaba. A los quince o dieciséis años ya le gustaba la ópera y albergaba un sueño inicial: pensó que podía hacer del canto una profesión para “ayudar a la familia porque éramos muy pobres”.

¿Recuerda el día que fue a ver y a oír a al Liceo a Kirsten Flagstad?

¡Cómo no! Los jóvenes que estudiábamos en el Conservatorio del Liceo teníamos la posibilidad de unos “pases de favor” para acceder al quinto piso y poder escuchar los cantantes que había en el teatro. Yo recuerdo que Kirsten Flagstad cantó en el Liceo. A mí me impresionó porque es la voz más grande que he escuchado a lo largo de toda mi carrera. Era una columna de voz de abajo arriba: era impresionante, una voz muy bonita, muy wagneriana.

-¿Quién más le iluminó el camino del canto?

-En el conservatorio tuve una profesora, Eugenia Kemeny, que era húngara y se había casado con un español. Me enseñó la técnica de la respiración y del canto. Aparte de ser atleta y de haber ganado medallas de carreras de fondo en su país por la gran respiración que poseía, era una cantante wagneriana; había cantado “La Valquiria”, “Tristán e Isolde”, etc.

-¿Le debe a ella la atracción que siempre ha tenido por Wagner?

        Me enseñó a amar a Wagner, es cierto, tal vez porque ella lo amaba mucho. Aunque yo no lo he cantado excesivamente, sí lo he cantado en todas partes del mundo. Al principio de mi carrera fui una mozartiana y una cantante de lieder, porque también tuve de profesora a una cantante de Cataluña, Conchita Badía, alumna de Granados y Falla,  que era espléndida para el líeder español y conocía los secretos de estos maestros que habían sido los suyos. Lógicamente, me enseñó mucho el lieder. Ella amaba también a Richard Strauss y Mozart. Bajo el influjo de las dos, Kemeny y Badía, me dirigí más hacia un repertorio germano. Empecé Fue años más tarde cuando empecé a cantar Puccini, Verdi, Bellini.

-O sea que tardó en optar por el bel canto…

Empecé como principiante en la Ópera de Basilea con ‘Salomé’, hace cincuenta y tres años, y después ya empecé a cantar otros compositores, pero el bel canto, por lo que dicen que soy famosa, no lo empecé hasta el año 64 o 65.  Pensaba que no sabría hacerlo. Las cantantes de bel canto a mí me parecían inalcanzables en aquella época. Estaban, justo cuando empezaba, las grandes lumbreras: María Callas, Renata Tebaldi, Renata Scotto, Marilyn Horne... Entonces también empezaba Mirella Freni, y me decía: “Tienes que cantar bel canto. Posees la voz adecuada”. Yo le decía: “Mirella, esto no lo sé hacer”. Ella añadía: “Si es lo mismo: es cantar bien”. Primero me especialicé en todo el repertorio alemán y más tarde entré en el verismo y en el romántico, que cuentan con compositores (Puccini, Verdi, Bellini, Donizetti…) que enamoran a la gente cuando los cantantes funcionan.

Se cumplen ahora 50 años de su debú en la Ópera de Viena.

       Es cierto Hace cincuenta años que debuté en la ópera de Viena con el ‘Don Giovanni’ de Mozart, la temporada 59-60. Después canté ‘Salomé’, canté ‘La Traviatta’, cnté ‘Pagliacci’ en la Ópera de  Viena…

Luego cantó una ópera como ‘Madame Butterfly’, vinculada al amor y a la leyenda de un beso. ¿Qué pasó?

        Esa sí que es una obra romántica. Además, en ella conocí a Bernabé Martí, mi esposo. Coincidimos primero en La Coruña y después en Barcelona, el ocho de diciembre de 1963. Me enamoré perdidamente de él; él dice que también de mí y yo creo que menos, pero, bueno, como dicen vulgarmente lo cacé. Me parecía un hombre tímido y lo comenté en el teatro, con el peluquero y con otros, y se ve que se lo dijeron. En la siguiente función me dio un beso al final del primer acto, un beso de verdad, y me dijo tonta. Esto fue el ocho de diciembre, nos separamos –en enero y febrero nos vimos muy poco- y el 24 de febrero vino a verme a Marsella, donde yo cantaba, desde París, donde cantaba él, y me pidió en matrimonio.

¿No fue todo deprisa deprisa?

El 28 de febrero nos prometimos, con el anillo que me pudo ofrecer en aquel momento, que lo he llevado siempre desde entonces, y nos casamos el 14 de agosto. Fue bastante rápido. Yo creo que nuestro matrimonio, que ya lleva 45 años, está muy consolidado por dos cosas: primero porque nos queremos mucho y después porque me ha dado toda la felicidad que un hombre puede dar a una mujer, creo, como esposa, como madre, como compañera... Ha sido mi columna y yo he procurado ser la suya. Tuvimos la inmensa suerte de tener dos hijos. Primero un chico y después una chica. A mí me habían diagnosticado imposibilidad de tener hijos porque decían que tenía matriz infantil y, como dice mi marido, “mira, tu matriz es infantil pero funciona muy bien, mira los niños qué guapos han salido”. Después ya no pude tener más. Hay que reconocer que el primero lo perdí en Buenos Aires. Quedé embarazada y fui a Buenos Aires.  Estábamos juntos, hacíamos la Manon Lescaut y en plena función en el Colón de Buenos Aires, sufrí unos dolores y el médico me hizo interrumpir la obra. Luego hice una doble sesión y me fui primero al hospital y después al hotel. Perdí el bebé que esperaba, estaba de dos meses y pico. Los médicos dijeron que ya nunca más…

Veo que no les hizo caso.

Me dijeron que esto había sido un aviso. La naturaleza tiene una fuerza increíble para algunos momentos y esto es lo que nos pasó. Verdaderamente, se lo aseguro, yo no cambiaría ni un minuto de mi vida con Bernabé Martí.

 Si tuviera que hacer un balance de estos 50 años.  ¿Cómo ve su carrera? Ha sido algo así como la heroína de las heroínas de la de la ópera con más de ochenta personajes.

        Sorprendente. Sorprendente la carrera de los dos. Hemos cogido todos los trenes que teníamos que coger cuando pasaban y tampoco entrábamos en batallas. Cuando hice por primera vez la ‘Aída’, me decía todo el mundo que no la hiciera porque era muy dramática. Y no digamos cuando canté ‘Norma’. ¡Cómo si aquello fuera un escándalo! Me preguntaban que cómo me atrevía a hacer ‘Norma’ Quien me dijo que tenía que hacer esa pieza fue Joan Sutherland. Me regaló su partitura con sus notas y me dijo: “Tienes que cantar Norma. Tienes que cantar lo que Bellini ha escrito, que es como un hilo de voz y tienes la voz ideal”. Eso era el año 68. En el 69 yo hice un concierto en París y María Callas, a la que ya conocía, me dijo lo mismo. Incluso me hizo cantar, recuerdo, en su casa de París unos pasajes. Estaba Bernabé conmigo y le dijo: “Cuida a tu mujer y que cante ‘Norma’, porque después de mí ella será Norma”.  Lo decía con sinceridad, convencida.

María Callas la nombró su sucesora, ¿no?

Pues, sí, lo hizo en entrevistas, en televisión, en sus grabaciones y en su libro. Sufrió mucho. Primero con su familia, después con su carrera y después con su vida personal. Su gran pena y tristeza fue perder el hijo que esperaba porque eso para ella era la gran ilusión: ser madre. Teníamos las dos un grave problema dental e íbamos al mismo dentista en Londres, Alexander.  En una de las llamadas me dijo: “Me voy a Grecia a descansar; necesito descansar todo el mes”. Yo le dije que me habían ofrecido el Nabucco con la Deustche Gramophon y que no me sentía con fuerzas para cantarla. “No lo cantes. Ni se te ocurra. Esto no es para tu voz. Eso es para voces rotas. Tú no tienes la voz rota y no te la quieres romper ¿verdad?”. ¡Los consejos eran de una amabilidad, de un cariño, de un afecto…! Además hay una cosa muy importante: tengo muchas fotos hechas con ella en momentos privados. La admiraba y la quería mucho porque me dio muy buenos consejos.    

¿Qué relación tiene usted con Zaragoza y con este Auditorio?

La relación que tengo con Zaragoza es de muchos años. Mi marido es aragonés, de Villarroya de la Sierra y se formó aquí en un principio. Hemos venido mucho y estoy muy agradecida a Zaragoza. Considero al Auditorio de Zaragoza como uno de los mejores. Conozco los auditorios del mundo entero y puedo juzgar plenamente. Este es un Auditorio donde el sonido no rebota: el sonido fluye, fluye y redondea, y eso es algo que no se fabrica, nace o no nace. Esto es lo mejor que hay para piano, para orquesta, para instrumentos, para voces, para todo. Aquí las grabaciones tienen que salir perfectas porque no hay una estridencia en ningún ángulo. El hecho de poder hacer aquí los ‘Master Class’ y el Concurso Internacional de Canto Montserrat Caballé me da una gran satisfacción. Me encanta enseñar y aprender a la vez. Ojalá podamos hacerlo muchos años porque es un auténtico honor. Cantar aquí es muy bello. Tengo que agradecer profundamente la ayuda que nos da desde el ayuntamiento y el director Miguel Ángel Tapia. Es como un sueño convertido en realidad, ¿me permite que diga esto?

-Por supuesto. La verdad no ofende.

Yo recuerdo que el director del teatro Colón de Buenos Aires me escribió una carta preciosa diciendo que nunca había estado en un lugar como este. Lo mismo me dijo la responsable del Metropolitan de Nueva York. Yo espero que Zaragoza comprenda la importancia del Concurso Internacional de Canto que trae a esta ciudad a cientos y miles de personas de 57 países, como este año, y tiene un gran eco internacional.

Zaragoza es candidata a capital cultural europea 2016. ¿Colaboraría en el apoyo a la candidatura?

Sin duda. Estaría dispuesta para todo como hice con la Expo. La ciudad está bellísima. De repente entras y todo parece un paseo, todo parece bello, todo parece limpio; creo que sería estupendo que Zaragoza fuera capital cultural europea. Sería una gran noticia.

 

EL CAJÓN DE OLVIDOS Y OTRAS INTIMIDADES

En 1965, tras cantar ‘Lucrecia Borgia’ de Donizetti en Nueva York, los críticos resumieron la actuación con esta frase: "Callas + Tenaldi = Montserrat Caballé”. Su voz destaca por su pureza, por su energía y por el control. Montserrat Caballé (Barcelona, 1933) posee una técnica magistral y un espléndido y luminoso sentido del matiz. Es una mujer que siempre está en el camino: lo mismo puede encarnar a Norma, Salomé, Violeta, la Mariscala, Semiramide o Isolda, cantar con Freddy Mercury o pasarse horas y horas estudiando partituras polvorientas o perdidas, las rescata y las difunde, como sucede ahora con Bellini. “Es cierto que me gusta desempolvar obras del cajón del olvido. Eso ya me lo enseñó mi maestra Conchita Badía. Me siento recompensada de haber hecho algo por el compositor porque no hay que olvidar una cosa: por muy bien que se cante, por muy bien que se represente, por muy bien que se sepa, el protagonista de la noche es el compositor. Tú estás al servicio del compositor. Él es el creador de la obra. Tienes que transmitir su mensaje, su sentimiento, la forma en la que él hizo nacer aquello para ofrecerlo al público y el público tiene que conocer a este señor a través de ti, tal vez, pero a través de la música. Lo que no puedes es hacer exhibiciones personales”.

Siente una especial veneración por la enseñanza. Le gusta compartir lo que sabe, enseñar las técnicas de respiración y el contagio de las emociones. Es una mujer de una especial suavidad, aunque a veces tiene fama de seca o distante. “Hay mucha gente que lo dice, pero creo que es inexacto. Una cosa es hablar, dar clases, dar confianza a la gente para que no tenga reparo, para que se sienta libre, y otra cosa es que penetren en tu interior. Una cosa es poder explicar lo que siento y entrar en mis sentimientos, como acabo de hacerlo; otra cosa es cuando quieren hurgar morbosamente en cosas que a veces pueden hacer daño; por ejemplo, hurgar en enfermedades. Yo he padecido varias, algunas graves y estoy aquí de milagro. Mi madre falleció de cáncer, mi padre también. Parte de mi familia  también. Contesto lo más educadamente posible pero no me regodeo en ello. Quizá sea eso”. Está en contra del exhibicionismo personal en la ópera y en la vida.

*Esta entrevista se publicó el domingo en 'Heraldo de Aragón'. La foto la he tomado de internet de la página de 20 minutos.