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AFORISMOS DE EDUARDO GARCÍA

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[El poeta y profesor de filosofía Eduardo García (Sao Paulo, 1965) publicó en 2014 el libro de aforismos ‘Las islas sumergidas’ en Cuadernos del Vigía. De la sección cuarta, dedicada a la palabra, selecciono aquí algunos textos. Las fotos son de Raymond Cauchetier.]

 

 

Poesía: palabra que amanece.

*

El verdadero realismo funda realidad, siembra abismos y jardines piel adentro.

*

El poema aspira a cercar el nombre de lo que se resiste a ser capturado en las palabras.

*

El territorio del poeta es la escritura: un territorio nómada, suspendido en el arte.

*

Demos a la poesía lo que es de la poesía, a la novela lo que es de la novela. Y a la crónica –en verso como en prosa- lo que le corresponde: su innegable utilidad para envolver pescado.

*

La falsa polémica entre poesía elitista y accesible se zanja con un solo precepto incuestionable: no tomar nunca al lector por menor de edad.

*

La razón es la loca de la casa.

*

La palabra, la más solitaria de las tareas colectivas.

*

Lectura y escritura: cita a ciegas donde uno solo comparece.

 

06/07/2015 11:36 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA NOCHE INOLVIDABLE DE LA ALMUNIA

La Almunia dedica un viernes de julio a la poesía erótica. Es y no es un pretexto: ese festival ya lleva doce ediciones. El de anteayer registró un lleno apoteósico y ha cambiado de ubicación: ha pasado del jardín de San Juan a El Fuerte, bajo la mirada tutelar de las cigüeñas, que se picotean, se tocan, se contemplan e incitan a su modo a la voluptuosidad general. ¿Qué sucede abajo? Se oyen canciones, bandas sonoras que se deslíen en una atmósfera de fábula y cine, se oyen palabras con hondura, picardía y ritmo, cuentos, microrrelatos, confidencias, rapsodas que buscan los mejores poemas, poetas que estrenan sus versos. Se viaja alrededor del amor, del deseo y del sexo, sugerido y explícito. En las palabras, libres, no exentas de humor, de sutileza o de trazos gruesos, hay exaltación del desnudo y de la intimidad. El sexo es un manantial y una onda expansiva. Se invita a tocarse, a desnudarse, a viajar con los sentidos; se describen evocaciones de un instante, recuerdos de un amor perdido, cánticos de plenitud. Y eso lo disfrutan gentes de distintas edades, ideología y condición social. Hubo momentos de un silencio excepcional (cuando Luisa Miñana recitó a ‘A un muchacho andaluz’ de Cernuda o José María Pemán leyó ‘El silbo de la llaga perfecta’ de Miguel Hernández), de carcajadas imparables (cuando Luis Trébol, Joaquín Berges y Cristina Giménez interpretaron piezas cómicas), de identificación constante o de emoción, como cuando Agustín Sánchez Vidal subió al escenario a recibir el premio Godina de las Letras y recordó cuánto le emociona el Club de Lectura de La Almunia, que pone en pie, año tras año, su visión de la lírica, de la música, del arte, de la convivencia, de la libertad corporal. Y el cántico de la naturaleza a través de las frutas, los vinos y la gastronomía. Muchos jamás habían oído con tal desparpajo un lenguaje que ayuda a normalizar, a entender, a soñar, a fabular: antes que nada, antes incluso que ese instante de fusión y abandono en/con el otro,  el amor y el sexo son las alas de la fantasía, la primera piel del escalofrío. Fue una noche inolvidable que desafía a la trasnochada ‘ley mordaza’.

 

*Este texto se publicaba el domingo en Heraldo de Aragón.

06/07/2015 07:13 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

TRES POEMAS DE PABLO GARCÍA CASADO

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PABLO GARCÍA CASADO & DAVID ALAN HARVEY

Pablo García Casado (Córdoba, 1972) publica ‘García’ (Visor. Madrid, 2015. 51 páginas), libro de poemas en prosa del que se dice que “es la realidad cotidiana, el día a día, lo que de verdad importa: los hijos, los padres, las relaciones de pareja, la memoria familiar. Pero ‘García’ es también una mirada poética sobre la política, las relaciones de poder y la propia identidad española. Todo ello desde un lenguaje civil y contemporáneo”. Selecciono dos poemas y un fragmento. Las fotografías son David Alan Harvey, un gran fotógrafo norteamericano que nació en San Francisco en 1944 y que reside y trabaja en Nueva York. Ha viajado alrededor del mundo y ha hecho numerosos trabajos en varios países, entre ellos en Brasil. Esas son las fotos más veraniegas.

 

VERSUS

Lo has dejado por escrito. Has purgado tu ansiedad con un puñado de palabras. Las mismas que aún no puedo expresar. Las mismas que un día llegaré a comprender. Ese día voy a odiarte. Por el amor que te tengo. El infalible, el puro, el que nada pide a cambio.

 

GARCÍA

Tres vocales, tres consonantes. Un apellido en un mar de estadística, vaciado por el uso y las generaciones. La única certeza que dejaré a mis hijos. Un documento sin título.

 

 

III (‘TURN)

Hay un tiempo ara todo, bajo el cielo, un tiempo para cada cosa. Y el tiempo es ahora, y es aquí. He de encontrar un relato, una certeza. No quiero una rendición sin condiciones. Quiero decirle a mis hijos, “aquí tenéis la mañana, es toda vuestra, sin duda os pertenece”.

 

*La foto es de Dominique Issermann.

03/07/2015 09:37 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DANIEL GASCÓN: LA REALIDAD Y EL DESEO

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Daniel Gascón, editor y responsable de la edición española de 'Letras Libres', que dirige Enrique Krauze, reflexiona sobre la política española a la luz de los primeros gestos, y algunas paradojas, de los nuevos gobernantes

http://www.letraslibres.com/blogs/blog-de-la-redaccion/la-realidad-y-el-deseo

 

LA REALIDAD Y EL DESEO

Por Daniel Gascón

Todo es más sencillo desde la distancia. Un puñado de octogenarios de sexo masculino, célibes y teóricamente vírgenes llevan siglos dictaminando cómo debe vivir su sexualidad el resto de la población: su falta de experiencia no parece angustiarles mucho. Como todo el mundo, yo sé lo que hay que hacer para solucionar la crisis griega y hallar las responsabilidades me parece bastante sencillo. En cambio, en mi trabajo, que consiste básicamente en poner y quitar comas, encuentro dudas, obstáculos y ambigüedades, me parece que mi criterio es erróneo y me meto en dilemas que no sé resolver.

En la política española estamos viendo algo parecido entre algunos de los recién llegados al poder. Seguidores literales de la definición de Fernando Savater que postula que “ética es lo que les falta a los otros”, entre sus intenciones estaba la remoralización de la política, un propósito que adornaban con metáforas higiénicas. Era inquietante: no sé si hay muchas cosas peores que la falta de moral, pero el exceso de moral es una de ellas, y la mayoría de las aberraciones no las comete gente resuelta a hacer el mal sino convencida de hacer el bien. Por eso el encontronazo con la realidad tiene algo positivo.

Un par de días después de que Manuela Carmena se convirtiera en alcaldesa de Madrid, el concejal de cultura Guillermo Zapata tuvo que abandonar su puesto por haber publicado años antes unos tuits ofensivos hacia las víctimas del terrorismo, del Holocausto y de la violencia sexual. Resultaba difícil cuadrar los chistes sobre víctimas de genocidio con la idea de una política inclusiva y “decente”. Pero los defensores de Zapata advirtieron que había que situar esas frases en su contexto, que era el debate sobre los límites del humor, y hubo paladines especialmente imaginativos que lo presentaron como un caso de libertad de expresión. Algunos de quienes argumentaban que había que leer los tuits en su contexto fueron menos escrupulosos al desenterrar, seleccionar o promocionar declaraciones de sus adversarios, que no tenían ética y tampoco merecían contexto.

Pocos días después de ocupar su cargo, la alcaldesa de Madrid declaró que veía el programa electoral como “un conjunto de sugerencias”. Esas palabras, acompañadas de la renuncia a algunas de las propuestas estrella, como la de crear un banco público, resultaban llamativas: en estos años, algunos han defendido los “programas electorales vinculantes”. También suponían un reconocimiento de los límites de lo que se puede hacer.

Aunque una de las cosas que más se ha criticado de los partidos tradicionales es la falta de dimisiones cuando hay procesos judiciales abiertos, Ahora Madrid mantiene en su cargo a personas imputadas. Las penas que pide el fiscal contra Rita Maestre son excesivas y el proceso legal contra Guillermo Zapata es desproporcionado, pero la diferencia más clara entre estos imputados y los imputados de otro partido, y entre los argumentos para defenderlos y las razones para defender a los cargos de otro grupo político, es la formación a la que pertenecen.

Entre las candidaturas regeneracionistas se han producido contrataciones de familiares. Cuando se publicó que Ada Colau había contratado a su marido, la alcaldesa de Barcelona escribió un mensaje en Facebook donde explicaba que no era decisión suya, sino de la coordinadora de su plataforma política, Barcelona en Comú, y que no trabajaría para el ayuntamiento sino para el partido. Colau decía: “Adrià decidió dar el paso a pesar de que pasará a cobrar menos de lo que cobraba en la empresa privada, puesto que es un economista con alta cualificación y experiencia". Añadía:

Como se puede ver, no hay nada ilegal ni inmoral en esto. Lo que sería, y es injusto, es que una persona sea vetada o difamada por el mero hecho de ser mi compañero y padre de mi hijo. Los que llevan décadas saqueando el país a manos llenas, ahora se atreven a intentar lincharnos por reducir los sueldos de los cargos electos y renunciar a privilegios, cosa que les pone en evidencia. [Las cursivas son mías, la puntuación suya.]

Habrá más ejemplos de lo que José Antonio Montano ha denominado narcisismo ideológico, que prefiere la autosatisfacción sentimental a la evaluación de los problemas. En mi ciudad, cuyo nuevo alcalde se presentó por la plataforma Zaragoza en Común, el nuevo gobierno municipal ha decidido unir la concejalía de cultura con la de economía, lo que muestra una distinción con respecto a administraciones previas: de las anteriores sabíamos que despreciaban la cultura, de la actual sabemos que también desdeña la economía. La corporación ha colgado una bandera griega en el ayuntamiento de la localidad, probablemente porque la virgen del Pilar dice que no quiere ser francesa. Algunos de los errores que han cometido los nuevos gobiernos se han producido en los campos en los que los impulsores de Podemos son expertos: eso produce cierta intranquilidad. Cometerán otros en otras áreas; esperemos que no sean irreparables.

La aparición de nuevos partidos es positiva, y demuestra que la democracia española es fuerte y flexible. Que haya nuevas formaciones de alcance nacional puede permitir una renovación de ideas y el desarrollo de una cultura de la transacción y el pacto que ha sido más común a nivel autonómico que estatal. Esa cultura de la concesión, el realismo y el acuerdo debería debilitar las tentaciones mesiánicas de algunos de los recién llegados. Como me decía un amigo, entretanto y mientras chocan con los obstáculos de la política cotidiana, podemos ver en directo cómo descubren su propio cinismo. Mi apuesta es que aprenderán a convivir con él.

 *La foto corresponde a Ada Colau, en el día de su investidura.

03/07/2015 08:46 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RAFAEL GUILLÉN: UN POEMA DE AMOR

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[El poeta Rafael Guillén, Premio Nacional de Literatura en 1994 y autor de ‘Pronuncio amor’, entre otros poemarios, publica en Visor ‘Balada en tres tiempos para saxofón y frases coloquiales’, un libro de exaltación y de incertidumbre amorosas que nace de la pasión y de los viajes, y explora la complejidad de los sentimientos: la plenitud, la pérdida, la desesperación, la modulación sostenida de la amada. Copio aquí un breve poema. La ilustración es de Louise Dahl-Wolfe. Una gran fotógrafa; la modelo es Elizabeth ‘Liz’ Gibbons y la foto está tomada en Cuba en 1941.]

 

DEBERÍAS saber que esto que tiene forma

y consistencia y brillo de diamante,

es porque tú, al mirarlo, le das forma

y consistencia de diamante. Y deberías

saber que yo no existo

si no me miras y me creas

mirándome. Y que también te creo yo

cuando te miro junto a mí. Y que este amor

está recién creado siempre, sostenido

en un inexistente pedestal y ardiendo

en una llamarada eterna, que será eterna

mientras me mires y te mire.

01/07/2015 12:18 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ELÍAS MORO: SOBRE CRISTINA GRANDE

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Orquídeas y calabazas

Elías Moro Cuéllar


Ignoro, como tantas otras cosas, si las flores de calabaza se utilizan en la elaboración de perfumes o son apenas el germen necesario para perpetuar la especie de la sabrosa cucurbitácea a la que nombran. En todo caso, y aunque solo fuera por esto último, su existencia estaría más que justificada. Si además sirven para dar título a este hermoso ramillete de artículos literarios que Cristina Grande ha ido sembrando entre las primaveras que van de 2010 a 2014 en las páginas de “Heraldo de Aragón”, solo puede significar que estamos ante una joya para los ojos y los sentidos.

Cristina Grande (Lanaja, Huesca, 1962) es dueña de una voz literaria tan personal y delicada como un encaje de bolillos; voz con la que indaga de manera sutilísima en los asuntos más cotidianos y evanescentes dotándolos, a ojos del lector atento y afortunado, de una insospechada trascendencia, de un ánima distinta y mejor. Voz y sensibilidad las de Cristina de las que ya dio muestras más que notables en libros como Agua quieta, Lo breve o Tejidos y novedades, en los volúmenes de relatos La novia parapente o Dirección noche y en la espléndida novela Naturaleza infiel.

En cada una de las 98 columnas que conforman estas Flores de calabaza, asuntos tan aparentemente banales como mirar un escaparate o ponerse, o no, un disfraz, son transformados, por obra y gracia del talento de escritora de Cristina Grande, en una pieza literaria de primer orden. Leer uno solo, o un ramillete de ellos, de estos artículos al día puede darle sentido a una jornada que hasta entonces era rutinaria y anodina. Esa, entre otras, es una de las virtudes de la buena literatura cuando está en manos de quien sabe compartirla con los demás. Pocos son los escritores que consiguen tal comunión con ese lector desconocido que somos todos y que nos hemos acercado, golosos y esperanzados, a oler, palpar, degustar -preparando esta nota me he enterado de que las flores de calabaza se pueden cocinar- algunas páginas con el apetito de quien sabe que lo va a saciar de manera amable y gustosa.

Crucigramas y caricias, el mal de Alzheimer y los siluros del Ebro, el escaparate una mercería y los olivos de una heredad, almendras y libros, fantasmas y pasodobles, un vestido de terciopelo negro y una vieja lámpara de seis brazos en la casa familiar,las tías del pueblo y la bisabuela ausente, un polígono industrial y el mes de abril… caminan de la mano en estas piezas breves -como cuentas de un collar para lucirlo al pecho, como escamas de memoria en el mar del pensamiento…- , pero no por ello menos fascinantes, que podemos encontrar entre las páginas de este hermoso volumen. En una muy bella edición, por cierto, del joven sello Anorak.

Desde su escritorio, en cada una de esas páginas -una suerte de banco de semillas de recuerdos contra el silencio y el olvido- Cristina Grande va plantando pepitas de palabras que esperarán el tiempo que haga falta a su lector propicio para germinar en belleza en manos de los afortunados que abran este libro cada vez que su voluntad lo estime. La cosecha, a la vista está para quien sepa verla, es espléndida como pocas.

Algunos botánicos afirman que las orquídeas son las flores más hermosas; acaso estén en lo cierto, doctores tiene la iglesia. Pero si además de científicos fueran lectores y tuvieran la fortuna de acercarse a este libro, después de leerlo a buen seguro convendrían en que estas Flores de calabaza, no les van a la zaga en belleza y armonía a las ya citadas.

Para acabar, decir que me hubiera gustado que esta humilde reseña estuviese, siquiera mínimamente, a la altura de estas maravillosas columnas que la autora nos viene regalando a lo largo de los años. Pero eso es casi imposible. Haceos el favor de leer Flores de calabaza. No todos los días puede uno hacerse un regalo como este.

 

'Flores de calabaza'. Cristina Grande. Anorak. Zaragoza, 2015. 206 páginas.

*Este texto aparecía este jueves en 'Artes & Letras' de Heraldo de Aragón.

 

28/06/2015 18:41 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

GUILLERMO BUSUTIL ESCRIBE DE 'LA LEÑA DE LA CULTURA'

Cuaderno de mano

LA LEÑA DE LA CULTURA

Guillermo Busutil*  28.06.2015 | 10:32

Publicado hoy en ’La Opinión de Málaga’.

La cultura es el árbol de mi vida. Sus raíces son el origen de mi curiosidad y la base sobre la que he levantado mi forma de ser en la realidad y en el mundo. Sus ramas significan las diferentes disciplinas que me permiten desarrollar mi trabajo y entrelazar sus posibilidades. Y su copa es la atalaya desde la que volar lejos y más alto, el nido al que regresar las heridas de las alas, y la necesidad de pensar al abrigo del viento frío. Mi cultura es el olivo mediterráneo con su antigua filosofía del viaje, de la resistencia y del ungüento de la vida. La fuerza vital y de carácter para afrontar las inclemencias las aprehendí del pino. Y del cerezo, la enseñanza de las flores del amor y sus frutos. El álamo, la haya, el roble, el fresno. Todos los árboles en pie son los ejes de mi mundo. El himno de la naturaleza humana en la que creo. Por eso no me gustan los leñadores. En mitad de los bosques, sus hachas son el presagio de una muerte por la espalda. El golpe seco para abatir la fuerza erguida y, en su derrota, acometer la hazaña de convertir su tala en un festín liberador al que muchos se unen.

Hacer leña del árbol caído. Que hipócrita creatividad la del hombre cuando se trata de convertir las mezquindades de sus comportamientos y las coartadas de sus supersticiones en refranes didácticos con los que disfrazar la culpa y la ignorancia. Un buen ejemplo es la sentencia que atañe a lo que sucede cuando alguien pierde su autoridad o queda sin protección y enseguida los demás aprovechan para atestar un afilado golpe más, esperando que la suma sea definitiva. Una de las cobardías habituales del ser humano al que le vale cualquier excusa para ajustar cuentas. Sucede todos los días. No hace falta que sean las idus de marzo para que cada jornada un César sea acuchillado por los que en vida ocultaron sus envidias, los chantajes sin beneficio, la falta de criterio que rige sus ambiciones, sus fobias y sus juicios.

La penúltima víctima, el último árbol de mi ciudad, ha sido un escritor. Durante once años, Alfredo Taján ha gestionado el Instituto Municipal del Libro. Presentaciones de libros, ciclos de poesía y literatura, exquisitas ediciones como El Violín de Ingres, coediciones con editoriales como Alianza, Páginas de Espuma, Fundación Lara, reivindicaciones de figuras con un pasado vinculado a Málaga como Hemingway, Cocteau, Bowles, y el fomento de la lectura en institutos de la ciudad. Autores como Vargas Llosa, Juan Goytisolo, Rafael Argullol, Jorge Herralde, Juan Manuel de Prada, Cristina Peri Rossi e Ignacio Vidal Folch entre otros, junto a emergentes como Sara Mesa o Remedios Zafra, habrán gustado más a unos y menos a otros, pero la calidad y actualidad de la mayoría es incuestionable. Todos ellos, además de los premios de novela y ensayo, han contribuido a posicionar Málaga en el panorama cultural nacional como capital del libro y de la palabra. Una labor realizada con un presupuesto ajustado y una demostrada pluralidad ideológica y de corrientes literarias poco habitual en la politización institucional.

A lo largo de estos años, PSOE e IU han reclamado en ocasiones la desaparición de este centro. La izquierda que abandera el valor de la cultura, aunque casi nunca ha asistido a sus eventos en torno a la literatura. Tampoco lo ha hecho Juan Cassá, el concejal de Ciudadanos que ha exigido la extinción del Instituto Municipal del Libro a cambio de favorecer la continuidad del gobierno del alcalde De La Torre. Su perfil profesional es casi una página en blanco en cuanto a la memoria política de Málaga, a la brillantez de su trayectoria en un sector laboral concreto, a su formación o conocimientos en política, y se desconoce si prefiere los best sellers, la narrativa de autor o que la literatura se oferte en un Outlet. Sólo se sabe que, con cuatro años de residencia en la ciudad, ha sido la llave maestra del gobierno municipal, y que prefiere la cultura de las peñas y del folclore. La demanda que, según su trabajo de campo o sus asesores, prefieren los turistas en lugar de la que brindan el Museo Picasso, el Pompidou o el Museo Ruso. Su jaque mate lo avalan algunos periodistas culturales, tampoco frecuentes entre el público habitual del IML, porque opinan que la gestión de Taján no ha trascendido lo residual en la vida cultural y consideran falta de imaginación sus actividades en torno a lo literario. Como si los escritores tuviésemos que hacer performances, propuestas pirotécnicas o contracultura del pasado disfrazada de modernidad en lugar de sentarnos a hablar, a debatir y a fabular con la palabra. No sería extraño que también se pidiese pronto la extinción de los anticuados escritores, cuya idoneidad de existir carece de sentido público e interés social. Es lamentable que siempre se pida la cabeza de la cultura para ahorrar en presupuesto, que se la decapite con tan frágil resistencia, y que se le dispare desde dentro para parecer más puristas o revolucionarios.

Hay que agradecer a Juan Cassá que su primer gesto haya sido el de la valentía de cargarse la palabra, ese espacio desde el que pensar el mundo y su lenguajes, en lugar de usar su hacha contra otros taifas y harenes muchos más gravosos a las arcas, y de los que se desconoce su contribución a la ciudad. Ya sabemos la cultura de Ciudadanos. Más de uno atribuirá mis argumentos a mi amistad con el director del IML, de lo cual no tengo por qué defenderme, mientras otros ocultan sus razones personales, económicas o de otra índole CO2 para celebrar su desaparición, subscribirla o dejar caer sus máscaras para unirse a la fiesta con sus hachas. Sin embargo, mi principal reivindicación es señalar el valor de la palabra que nos inmuniza contra la incultura y nos permite entender, dialogar, traspasar el tiempo, soñar futuros, extraer y aportar magia a la vida.

Talar la palabra significa desertizar el bosque de la cultura. Que poco me gustan los leñadores.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.com

28/06/2015 11:44 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CRISTINA GRANDE: UN DIÁLOGO

 


«Mis columnas son absolutamente autobiográficas, y por tanto pura ficción»

 

La narradora Cristina Grande presentaba hace unos días su nuevo libro: ‘Flores de calabaza’ (Anorak), en compañía de Miguel Mena: una selección de 98 textos aparecidos, entre 2010 y 2014, en la última de HERALDO

 

Antón Castro

Para muchos Cristina Grande (Lanaja, 1962) es uno de los grandes misterios de las letras españolas. Dejó tan buen sabor de boca con ‘Naturaleza infiel’ (RBA, 2008 y 2014) que son muchos los que la conminan para que vuelva a publicar una novela. Es la esperada. Mientras aquilata esa narración, a la que le da vueltas y más vueltas, publica una selección de sus columnas de HERALDO: ‘Flores de calabaza’, que puede leerse como una narración impresionista, familiar y fragmentaria. Es aficionada a los espejos y a las flores.

¿Qué dificultad y qué placer entraña escribir una columna semanal?

Una columna semanal es para mí una dulce esclavitud. Como tengo tendencia a la vagancia, me viene muy bien tener esa obligación. Cuando la envío suelo sentirme feliz porque escribir es un trabajo y una vocación.

¿Cómo se la plantea y cómo surge? ¿La va preparando a lo largo de la semana, toma notas...?

Siempre escribo mis columnas el domingo por la tarde, nunca antes. Quizás lleve un par de días rumiando una idea o una sensación. A veces tomo notas, pero raramente las utilizo. Me dejo llevar por una primera frase y puede que acabe escribiendo de algo que no había pensado previamente. La página en blanco, cuando solo es una, me pone muy contenta.

Paco Umbral decía que una columna se escribe con una o dos ideas, no más, y con un poco de hojarasca o de lenguaje, con estilo. ¿Cuál es su poética?

La mía es la poética de lo pequeño, a través de lo cual hablo siempre de los mismos temas: el paso del tiempo, el miedo a la muerte, el amor, la naturaleza, la amistad y la memoria.

Es una columnista atípica, casi siempre habla de usted y de su entorno y en primera persona. ¿Por qué ha elegido ese procedimiento?

No es una elección, en realidad. Es que no sé escribir de otra manera. Lo mío es un realismo subjetivo, según dijo alguien. A veces uso la segunda persona, que también soy yo misma. Así que podría decirse que tengo un punto de vista egocéntrico.

Al leer el libro -cuatro años de textos aquí en HERALDO, más de 200 páginas-, he tenido la sensación de que en sus columnas destila la novela que muchos esperamos de usted y que no tiene prisa en ofrecer. ¿Qué le parece?

Me parece que tiene razón. Voy destilando gota a gota y no tengo prisa por escribir esa novela. Una novela es algo que me da miedo abordar de frente, aunque está dentro de mí desde hace mucho tiempo.

¿Cuál es su relación con la familia? Con su sobrina, con sus tías, con su madre, a la que llama todos los días... ¿Qué aportan a sus columnas?

Pertenezco a una familia muy corta que tuvo épocas mejores. Me siento heredera de una forma de ver la vida y de estar en el mundo que quizás solo continúe con mi sobrina. Casi es para mí una misión conservar todo eso, y conservar tantos recuerdos y tantas historias familiares que deben de significar algo.

¿Piensa que en las pequeñas cosas está el secreto de la vida y quizá de la ficción: una comida, un viaje en moto, tejer, comprarse una prenda o un vino, una cena de amigas...?

El secreto de la vida es que no hay secreto alguno más allá de esas pequeñas cosas que nombras. Yo trato de atrapar la belleza que hay en ellas.

«Yo creo en los fantasmas». Así arranca una columna. ¿Cuáles?

Creo que los muertos, algunos, seguirán con nosotros mientras los nombremos. A mí me hacen compañía, y también me incordian de vez en cuando. La ausencia de los seres queridos es tangible, real, con su propia fisicidad, porque ocupan su hueco importante en mi vida.

«Los recuerdos iban y venían en oleadas», dice en otro lugar. ¿Explicaría la frase una parte de ‘Flores de calabaza’?

Sí. La memoria, y el miedo a perderla, son temas que me obsesionan. Los recuerdos serían como hilos de colores con los que bordar algo bonito que permanezca, como los paños que bordaban mis bisabuelas y que luego mi madre hizo enmarcar.

Es un libro muy zaragozano, capitalino, y a la vez usted viaja mucho por la provincia: por Belchite, por Arándiga, por Calatayud. ¿Hay algo para usted que no sea materia literaria?

El viaje como símbolo del movimiento me inspira mucho. Moverme por mi propia ciudad es ya una forma de viajar. Y me encanta revisitar los lugares que conozco y superponer unos recuerdos sobre otros como en un milhojas.

El personaje más citado, tras su madre tal vez, es José Antonio Labordeta. ¿Qué ha significado en su vida?

Pienso mucho en él. Me transmitía una gran fe en el ser humano. Su compañía engrandecía a los que le rodeaban. «Hondura» sería la palabra que mejor lo podría definir. Lo echo mucho de menos y por eso es uno de mis muertos preferidos.

Uno de los textos más bellos del libro es ‘Escribir’. Arranca así: «No firmé ni un libro en la Feria de Madrid. La mañana era soleada, magnífica». ¿Es la paradoja uno de sus recursos?

Sí, sí. Me encanta la paradoja, que es como un espejo en el que ver la realidad con mayor claridad.

También es un libro lleno de flores y de paisajes, y se detiene con precisión en su nomenclatura. ¿Qué siente ante el espectáculo de la naturaleza, por qué le atrapa tanto?

Vengo del medio rural, de dos familias de boticarios además. La botánica me ha gustado desde niña. Y poder nombrar todo lo que veo es muy tranquilizante. También me interesa el lenguaje técnico, el mundo de las herramientas, el lenguaje médico... Pero tengo que reconocer que la naturaleza me emociona profundamente.

Cita muchos libros y escritores, pero con especial cariño a tres mujeres: Alice Munro, Anne Tyler y Natalia Ginzburg. ¿Qué les debe, lo sabe?

Son un ejemplo a seguir. Además de grandes escritoras, Alice Munro es un Premio Nobel reciente a la que seguía, las tres representan un modelo de mujer valiente, sensible y bella. Me habría encantado conocerlas y abrazarlas.

¿Qué tienen de ficción sus columnas?

Son absolutamente autobiográficas, y por tanto pura ficción.

 

 


la ficha

Flores de calabaza. Cristina Grande . Ediciones Anorak. Zaragoza, 2015. 210 páginas. [El volumen recoge 98 piezas que han aparecido en la columna de contraportada todos los martes, una columna muy seguida y elogiada por ellas y ellos.]

LAS FRASES

ESCRIBIR

«A veces uso la segunda persona, que también soy yo misma. Así que podría decirse que tengo un punto de vista egocéntrico»

LABORDETA«Pienso mucho en Labordeta. Me transmitía una gran fe en el ser humano. ‘Hondura’ sería la palabra que mejor lo podría definir»

LA PARADOJA«Me encanta la paradoja, que es como un espejo en el que ver la realidad con mayor claridad»

ARTE DE LA NOVELA«Una novela es algo que me da miedo abordar de frente, aunque está dentro de mí desde hace mucho tiempo»

 

*La foto es del Archivo de Heraldo de Aragón.

 

25/06/2015 20:06 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FÉLIX DE AZÚA: UNA ENTREVISTA

[Félix de Azúa acaba de ser elegido académico. En 2012 le entrevisté para ’Heraldo de Aragón’. Recupero la entrevista.]

 

 

ENTREVISTA FÉLIX DE AZÚA HABLA DE SUS LIBROS, DE TAUROMAQUIA, DEL LUGAR DE LA CULTURA Y DE SUS ARTÍCULOS

 

“Escribir es para mí el gozo supremo”

 

«He escrito todos los días de mi vida»

 

 

«He intentado ser lo más claro posible porque así me entiendo»

 

«El arte ha sido mi hermano, mi familia, mi patrimonio»

 

 

 

Antón Castro

 

Félix de Azúa (Barcelona, 1944) es escritor, traductor y catedrático de Estética. Ha escrito poesía, narrativa, ensayo y memorias. Uno de sus libros más conocidos es ’Autobiografía sin vida’ (Mondadori, 2010) y acaba de reeditar su famoso ’Diccionario de las artes’ (Debate, 2011).

 

Ha publicado poesía, ensayo, ha sido un novelista de culto, de los más vendidos en España en los años 80, se ha convertido en una referencia como pensador y columnista sobre la actualidad, ¿cómo se había imaginado su carrera?

 

La mía no es una carrera. Ese punto es básico porque muchos escritores, y cada vez más, enfocan su actividad como una carrera, y hacen muy bien, grandísimos escritores se han enfocado de esa manera, desde Scott Fitzgerald y Hemingway hasta el mismo Dostoyevski escribía para vivir. Y en la actualidad, pues Mario Vargas Llosa o Eduardo Mendoza se conciben a sí mismos como escritores de carrera. Ahora es casi petulante decir que lo respeto, me parece extraordinario. Pero no es mi caso.

 

¿Cuál es su caso?

 

En mi caso la escritura ha sido siempre un componente casi psicótico, como en otros personajes pueda ser el alcohol, el juego o los caballos en el caso de Savater. Desde muy niño he estado escribiendo y no creo que haya habido un solo día de mi vida que no haya escrito. Creo que he escrito todos los días de mi vida en las circunstancias en las que estuviera, siempre había un momento en el que escribía, aunque fuera una nota, una página, un trozo de papel. En mi caso es puramente compulsivo. Es decir, me da igual lo que escriba y, en cierto modo, si tuviera que hablar de una manera académica, yo procuro que todo lo que escriba sea literatura, incluidos los artículos más superficiales del periódico más inverosímil. Los artículos de periódico, y me riñen muchísimo los jefes, tardo 15 o 20 días en escribirlos, porque lo hago absolutamente en serio. Si me dicen que haga una cosa de hoy para tres días, no puedo. Nunca he podido hacerlo.

 

¿Y si se muere mañana, por ejemplo, su amigo Juan Goytisolo…?

 

No creo que pudiera tampoco. Y mucho más si es un caso como el que me dices, que son gente que conozco y aprecio desde hace muchísimos años, me resultaría enormemente difícil. Hombre, si me dijeran necesitamos un artículo sobre las corridas de toros para mañana, lo haría precisamente porque es trivial.

 

¿Le gustan los toros? ¿Qué opina de la fiesta nacional?

 

Sí. Vamos a ver: no es que me gusten, yo no voy a los toros, he estado tres o cuatro veces en corridas en toda mi vida, pero los toros en sí me parecen una de las construcciones artísticas más grandes que yo conozco de la cultura europea. Entiendo perfectamente a la gente a la que no le gustan. Incluso entiendo perfectamente a los animalistas que sufren mucho porque los toros sufren. Entiendo que les pase eso, sin embargo no es mi caso. No solo no sufro por el toro, sino que tampoco sufro por las vacas que me como, no sufro por los animales. Tampoco sufro por las focas muertas en esos reportajes espantosos en los que salen mares de sangre y focas muertas.

 

Estaba diciendo que trata de que todo lo que escribe sea literatura y, por ejemplo, actualiza su blog solo cada quince días…

 

Claro. Yo desde muy pequeño, desde que terminé los estudios, he estado trabajando, bueno, al principio en editoriales, pero enseguida ya en la universidad. He estado toda la vida dando clases, esa ha sido mi manera de vivir y, además, muy vocacional. Me he divertido mucho y me ha interesado mucho intercambiar opiniones con los chavales. Eso me daba mucha libertad y he podido dedicarme realmente a lo que más me interesa, que es eso, para escribir un artículo de tres folios, tener quince días. Eso para mí era esencial.

 

¿Por qué? ¿Por qué es muy perfeccionista, por qué necesita muchas fuentes…?

 

Padezco el perfeccionismo más brutal que te puedas imaginar. Para un artículo de tres folios escribo una primera versión rápida y la puedo corregir, no te exagero, quince, veinte, treinta veces. O más. La dejo y al cabo de tres o cuatro días la vuelvo a coger y todavía le hago un par o tres de correcciones.

 

¿Tiene un lector especial?

 

Mi mujer. Mi mujer, pobrecita, se lo lee todo absolutamente. Tengo la suerte de que es también muy perfeccionista y siempre me encuentra errores.

 

¿De qué tipo?

 

Tengo una memoria horrenda, no recuerdo una sola fecha, confundo los nombres constantemente, soy capaz de decir, por ejemplo, «cuando Cervantes pintó el cuadro de las lanzas», y no me doy cuenta, lo corrijo treinta veces y no me doy cuenta. Soy despistado, mucho. Bueno, no es despiste, realmente. No tengo ninguna memoria, soy disléxico. Cometo cantidad de errores debido a que se me cruzan Cervantes con Velázquez y los confundo. En la actualidad, mi editor, en el sentido inglés, es un genio, es un tipo que se llama Andreu Jaume [editor de Lumen], que es un especialista en Barroco inglés, es un tipo que sabe muchísimo, ha editado, por ejemplo, la crítica literaria de Eliot. Es un súper clase. Y claro, con esa perspicacia me dice «¿estás seguro de que cuando dices ’El grito’ de Klimt no estarás diciendo ’El grito’ de Munch?».

 

Háblenos de su poesía, que empezó con la corriente de los Novísimos, llena de mitos. ¿Cómo ve su poesía mirando hacia atrás?

 

Este virar de un género a otro en realidad tiene un sentido bastante coherente. La poesía siempre es el comienzo, evidentemente, primero por ingenuidad, porque crees que es posible escribir poesía y, bueno, puede salir mejor o peor, pero no importa. La poesía es un juego a vida o muerte: si verdaderamente no alcanzas el nivel que te has propuesto, es inmoral continuar. Yo empecé a escribir poesía muy jovencito, y cuando yo me hice ya mayor y me metí a estudiar filosofía, de hecho toda mi carrera ha sido la filosofía, cuando me di cuenta de lo que era la poesía en serio, me dio vergüenza seguir escribiendo poesía de esa manera.

 

¿Qué quiere decir?

 

La poesía, tal y como yo la concebía, la poesía realmente importante cuesta una vida, es una vida y, en cierto modo, es incompatible con todo lo demás. Tú puedes trabajar en un banco, como Eliot, puedes ser bibliotecario, como Larkin, pero eso es un disfraz social: detrás hay un hombre arrasado. Tanto Eliot como Larkin son personas inexistentes. Lo mismo si hubiera más poetas y los miráramos. Pueden simular una actividad, pero es una simulación. Son personajes arrasados, con unas vidas arrasadas.

 

¿Dejó la poesía porque no conseguía el nivel que usted deseaba?

 

El nivel que yo deseaba no lo alcancé. Es así.

 

Hace doce años que no publica un libro de ficción…

 

En ficción es un poco lo mismo. Empecé por algo muy juvenil que son unas novelas súper ’avant-garde’ (’Las lecciones suspendidas’, ’Las lecciones de Jena’ y ’La última lección’ es una trilogía de lecciones que eso era avant-garde puro), experimentos típicos de los años 60 y 70; es un buen experimento y ahí haces pluma, pero poca cosa más. ’Mansura’ es justamente la ruptura, ’Mansura’ ya se entiende, como decían los músicos de la escuela de Viena, es música que se puede silbar. Y luego escribí una serie de libros sobre momentos históricos de ciudades determinadas. Hice una sobre el País Vasco que se llamaba ’Cambio de bandera’, esa ha pasado muy desapercibida, pero yo creo que es la primera novela que salió en España en la que se hablaba del pacto de Santoña, cuando los nacionalistas vascos quisieron rendirse a los fascistas italianos traicionando a la República, naturalmente. El caso es que me sucedió lo mismo: llegó un momento en que me pareció que ya había hecho todo lo que tenía que hacer y como siempre había llevado, digamos en paralelo, el ensayo, me dediqué al ensayo como forma literaria. Yo diría que la ’Autobiografía sin vida’ o el ’Diccionario de las artes’ están escritos con la misma pasión artística que una novela, de hecho, la ’Autobiografía sin vida’ es una novela, una novela rara.

 

Hablemos del ’Diccionario de las Artes’, reeditado por Debate: es un libro en el que intenta que se entienda todo.

 

Exacto. Mi lema es «aquello que no se entiende tampoco lo entiende el autor». De manera que he procurado, toda mi vida, aunque escribiera las cosas más abstrusas, ser lo más claro posible porque es la manera de que yo mismo lo entienda. En el ’Diccionario...’, yo me divierto mucho escribiendo, pero como el alpinista que sube al Himalaya, que puede perder la vida, y a lo mejor se queda sin respiración y se desmaya, pero en realidad se puede decir que se divierte. Yo diría que goza. Escribir para mí es el gozo supremo.

 

¿El gozo supremo? ¿No exagera?

 

Sí. En el ’Diccionario...’ lo he pasado muy bien y además lo he podido rehacer, que también es un privilegio poderlo rehacer al cabo de diez años. Lo he pasado muy bien porque el arte ha sido mi hermano, mi familia, mi patrimonio; he vivido el arte -y la literatura forma parte del arte, claro- como Messi debe de vivir el fútbol. No es una tarea, es algo que no puedes evitar y que te explica todo, te explica la vida, la muerte, es la única explicación de por qué estoy aquí, como Nietzsche decía en una postal a Strindberg, en esta caricatura; el arte es la única explicación que tengo de qué hago yo en esta caricatura. En el ’Diccionario’ puse todo lo que yo entendía.

 

Antón Castro

  

Retrato de Félix de Azúa. La tomo de aquí:

http://www.hoyesarte.com/wp-content/uploads/2013/11/felix-azua.jpg

 

 

 

 

 

 

 

 

el matiz

 

 

 

«Tengo mucha suerte»

 

 

 

A. C.

 

«No me gusta nada el fútbol. Nada. Ni siquiera Messi. Lo que pasa es que Messi es extraordinariamente literario. Yo espero y confío en que no acabe como Maradona, porque ese tipo de personajes tan puros, tan magníficos, es lo que queda de Grecia, normalmente son destruidos. No conozco un solo caso que haya sobrevivido, bueno, conozco uno, pero ha sobrevivido de una manera tan fea y tan sucia, Cruyff, que se ha convertido en un cínico explotador de sus propias criaturas -dice Félix de Azúa -. Nunca he entrado en el fútbol. Nunca me ha pinchado ningún deporte».

 

Dice que quería contar su experiencia, pero ¿está planificado o te va surgiendo así un libro como el ’Diccionario...’?

 

Está planificado en que, si te fijas, van coincidiendo las etapas de la vida con los procesos artísticos europeos, bueno, al principio no son solo europeos, aparece Grecia y el arte rupestre, que luego he visto que Werner Herzog ha hecho una película sobre esto. Lo voy a decir de una manera pedante: lo filogenético como trasfondo de lo ontogenético; o sea mi desarrollo biológico acompañado del desarrollo cultural correspondiente.

 

Y luego también ha ido haciendo autobiografía literaria.

 

Al final hay un salto a la palabra. De hecho, lo que ahora estoy preparando, es la segunda parte y se llamará algo así como ’Autobiografía del origen’. Voy a hacer lo mismo pero con Génesis 1.11; los once primeros fragmentos del Génesis.

 

¿Se está muriendo la cultura?

 

No, la cultura no puede morir; aunque no la haya no muere. También hay una cultura en Wall Street. Cultura siempre hay, cultura es simplemente el conjunto de lo que cultivamos. Lo que sí se está muriendo, de hecho mi generación debe de ser la última, es la tradición cultural europea de los últimos doscientos años. Hay una cultura europea que nace con la Revolución Francesa que es una cultura muy rara, única en la historia de la Humanidad, que es la de la alfabetización general, todo el mundo debe saber leer y escribir, lo cual produce unos efectos espectaculares, sobre todo respecto a la literatura, y como todo el mundo debe saber leer y escribir hay que saber muchas cosas, los ríos de China, los reyes godos, dónde está Tananarive, eso mi generación todavía lo sabe, pero ya es la última. Este tipo de cultura de buenos burgueses que trabajaban en la Caixa de Catalunya, pero al mismo tiempo leían a Thomas Mann, eso se ha terminado. Y no hay que tener nostalgia. Lo que venga, no sabemos lo que será, pero seguro que tiene interés.

 

¿No está preocupado? Siempre dice que vivimos en una sociedad nihilista...

 

Yo no estoy preocupado. Si te dijera que he tenido mucha suerte en esta vida y que he sido una persona dichosa podría ser muy mal entendido. Pero es así. Entiendo y veo los aspectos asquerosos y horribles de nuestra sociedad, es más, prácticamente solo hablo de ellos en los artículos de periódico, y sin embargo, tengo una confianza ciega, una confianza absoluta en eso que llamamos la especie humana, los simios evolucionados. Las huellas que quedan de los que hemos sido capaces de hacer son tan absolutamente asombrosas… podemos pasar dos guerras mundiales, podemos pasar holocaustos, pasar casi cincuenta millones de asesinatos en Rusia con Stalin y, a pesar de todo, parece que se conserve la dignidad. Es arriesgado creerlo.

23/06/2015 21:51 Antón Castro Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

LA VIDA EN UNA ISLA. CUENTO

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[Texto evocador de una de las pasiones que parecen que nacen con uno: el fútbol. Así le sucede a Juan, responsable de los archivos de periódicos en Heraldo. Qué decepción, qué disgusto se habrá llevado. Felicidades a la Unión Deportiva Las Palmas.]

 

La vida en una isla

 

Quizá tenga la misma edad que La Romareda, que se inauguró en septiembre de 1957. Con tres o cuatro años, Juan empezó a frecuentar el estadio y acaso, antes que el Catón o la tabla de multiplicar y dividir, aprendiese los primeros nombres de los ídolos: Torres, Alustiza, Yarza, Seminario, Murillo. El equipo se fue haciendo grande: un manantial de sueños y desvelos. Llegaron los primeros títulos y los artistas de casa rivalizaban con los foráneos, como Bobby Moore, o aquellos blanquillos atildados del Madrid ye-yé. La Romareda era un campo casi inexpugnable y un labrantío de gran juego; aquí se repartían las jugadas de fantasía, el más difícil todavía, la modernidad antes de la modernidad. Marcelino encarnaba el desparpajo y el remate insuperable; Lapetra era un visionario sin saberlo: pura inteligencia y técnica, el toque magistral o el fútbol como una de las bellas artes. Domingo a domingo, Juan veía al equipo, lo seguía por la radio, y luego por la televisión. No tardó en descubrir que muchos de sus compañeros eran catedráticos en el arte de analizar y sentir al Zaragoza. Todos elaboraban alineaciones y jugadas ideales: el estadio ensanchaba el mundo y se volvía un territorio de utopías. A los Magníficos los siguieron los Zaraguayos de Arrúa, Diarte, Violeta y García Castany, otro mago. Y luego aparecieron los héroes de los 80 –cuya columna vertebral formaban Señor, Güerri, Barbas, Amarilla y Valdano-; sus continuadores, con Sosa y Pardeza a la cabeza, lograron un nuevo título. Él, que mima y ordena el archivo del periódico en un subterráneo sin fondo, vivió día a día la trayectoria de un conjunto que conquistó nueve entornados. El mejor, sin duda, la Recopa de París en 1995 con uno de los goles del siglo XX. Ahora está que no duerme, hecho un manojo de nervios. El día de la remontada ante el Girona se fue desde su casa, anda que te desanda por el carrete de las sensaciones, hasta el Pilar. Allí esperó el milagro. Hoy, cuando la vida es una isla de abordaje, hará lo mismo con el afán de oír los gritos en las ventanas: ese deseo coral de felicidad absoluta al que tantas veces se sumó en La Romareda. 

 

*Este texto apareció ayer en mi sección 'Cuentos de domingo'. No surtió efecto. Esta vez no pudo ser. El Real Zaragoza no logró superar a los isleños. Felicidades a Las Palmas.

22/06/2015 08:51 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FERNANDO FERRERÓ: TRES POEMAS

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Fernando Ferreró (Zaragoza, 1927) acaba de publicar un nuevo libro de poemas: ‘Cadencia’, de esa lírica suya, casi minimalista, cruzada por la sutileza, por el fulgor de las imágenes y de la emoción, por la fugacidad de los hechos que él eterniza verso a verso. Copio aquí un par de poemas suyos. La foto, de Cate Blanchett, es de Emma Summerton, a la que puede seguirse en su página web. (http://www.emmasummerton.com/)

 

6

Nada confirma

que entiendas las palabras

de ese otro que parece

ser tú mismo.

Vas en muchos sentidos

recuerdas las sofismas,

hundes los ojos

en el pensar desierto.

Quizá nada se entienda

pero el mundo es discreto,

presto a dar equilibrio

a tu desconcertada existencia.

 

9

 

Una carta que viene.

Llega desconsolada

al discreto corazón del patio.

Nadie conoce su llegada.

Algún adolescente, acostado,

está escuchando música.

La carta permanece

con voz desconocida.

Tendremos que escucharla más tarde

con sobresalto o con sorpresa;

hilo que enreda

un existir apático

con el azar del tiempo.

 

21

 

Significaba.

Se adueñaba de ti, gozando

de tu existencia.

Hecha de tantos hilos

su tela cubría

tus conceptos.

Recordabas momentos iguales.

Superponías viejas memorias.

Te embriagabas sumido

en la pasión que te nombraba.

 

 

De ‘Cadencia’. Fernando Ferreró. PUZ: La Gruta de las palabras. Zaragoza, 2015. 40 páginas. La segunda foto es de Karen Radkai. La tomo de aquÍ.

https://fromthebygone.files.wordpress.com/2014/08/radkai3.jpg

22/06/2015 08:29 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ENCARNACIÓN PISONERO: UN POEMA

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En 2014 Olifante publicaba el libro ‘Permiso para embalsamar’ de Encarnación Pisonero, poeta vallisoletana de la que dijo José Ángel Valente: “Hago votos para que continúe en este difícil camino de la poesía donde ha entrado con profunda huella, con este hermético y hermoso poemario”. Arrabal escribió: “Su poesía es como un alga marciana estrangulada por el ombligo del mar, para ser exacto”. Y Ángel Guinda, prologuista del volumen, dice que “la suya es más una actitud barroca que relaciona el lenguaje con el mundo hasta alcanzar un mundo de lenguaje”.

De ese libro copio este texto, que ilustro con la foto de Cass Bird, de Daria Werbowy que se ajusta al espíritu del texto.

 

¿Quién puede saber

lo que piensa una emperatriz

fuera del tiempo y del espacio?

 

Sea lo que fuere

no hay duda de que busca el infinito,

tal vez planee con las alas del sueño

sobre el río milenario.

 

Yo sólo vi un bordado azul

en sus zapatos de piel de loto.

[A Julia Uceda]

 

De ‘Permiso para vivir’. Encarnación Pisonero. Olifante, La casa del poeta, 2014.

21/06/2015 08:12 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

HA MUERTO JAMES SALTER. RESCATO UN TEXTO DE DANIEL GASCÓN

JAMES SALTER: LA VIDA IBA EN SERIO

por Daniel Gascón. [Ha muerto James Salter]

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‘Todo lo que hay’ es la primera novela que ha publicado en más de treinta años James Salter (Nueva York, 1925), un narrador admirado por muchos de los mejores autores estadounidenses contemporáneos. El libro incluye un epígrafe –“Solo las cosas conservadas por escrito tienen alguna posibilidad de ser reales”– y cuenta la vida de Philip Bowman, un joven que se cría con su madre, combate en la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico y estudia en Harvard antes de entrar a trabajar en una editorial. Allí coincide con Eddins, con Baum y, en un bar, con Vivian, una chica de Virginia de padre riguroso y madre alcohólica con la que se casa. Ni la existencia ni la personalidad de Bowman son extraordinarias, pero están contadas con delicadeza, inteligencia y seguridad.

Salter combina amplitud y ligereza. Traza un retrato social de los Estados Unidos de posguerra, del mundo editorial y de cierta manera de relacionarse. Aunque el punto de vista que predomina en la narración en tercera persona es el de Bowman, tenemos acceso a la biografía y los sentimientos de muchos personajes, desde las mujeres de su vida a apariciones fugaces. Salter es un maestro de la elipsis y suele coincidir con el consejo de William Goldman: al presentar una escena, es importante entrar tarde y salir pronto. En otras ocasiones, se detiene en lugares inesperados. El libro está lleno de apartes, de esbozos de biografías y observaciones. En un párrafo se pueden cubrir varios años de insatisfacción sentimental o tortuosos procesos judiciales, y luego de pronto hay una evaluación del teatro isabelino, un breve retrato de Lorca, una observación nimia en apariencia y reveladora en realidad, un diálogo coloquial o un obvio placer en la recreación de un cotilleo. El tono biográfico hace que las numerosas coincidencias no parezcan tanto recursos narrativos como cosas de la vida. La presencia de Europa es importante como escenario y como espacio liberador, casi ideal. Bowman visita Inglaterra, va a Francia y realiza un viaje por España; el continente es un lugar exótico y erótico. El sexo, descrito con eficacia y entusiasmo, ofrece a los personajes los únicos momentos de felicidad y trascendencia. Y una ocasión para la venganza en uno de los episodios más perturbadores del libro.

‘Todo lo que hay’ trata del paso del tiempo y del recuerdo. Casi al final, leemos: “La primera voz que oyó, la de su madre, ya no estaba al alcance de su memoria, pero podía rememorar la dicha que sentía junto a ella cuando era niño. Recordaba a sus primeros compañeros de colegio y todos sus nombres, las aulas, los profesores, los detalles de su propia habitación: la vida que iba a quedar al margen de todo juicio, la vida que se había abierto ante él y había sido suya”. Son también dos de los temas centrales de ‘Años luz’, publicada originalmente en 1975 y reeditada hace unos meses en castellano. La novela es una crónica magistral y devastadora de la disolución de un matrimonio: cómo se rompe, cómo se recuerda y lo que permanece: “Las cicatrices dividen la vida como los anillos de un árbol. Qué juntos parecen los más antiguos, el tiempo los comprime, veinte años no se distinguen entre sí”. Al principio Viri y Nedra parecen una pareja feliz. Tienen dos hijas y amigos dedicados y brillantes. Buscan la dicha sexual fuera de casa. Experimentan, de distinta manera, el fracaso: él no llega a ser un gran arquitecto; ella, que tiene inquietudes culturales, también desearía más dinero. “Él se había dormido. Ella lo sabía sin mirarlo. Dormía como un niño, sin ruido, profundamente. Tenía el cabello ralo despeinado y la mano extendida y laxa. Si ellos hubieran sido otra pareja, a ella le habría atraído, lo habría amado, incluso… eran tan infelices”.

‘Años luz’ es un libro más controlado y preciso, menos autocomplaciente. Al igual que en ‘Todo lo que hay’, Salter muestra una aguda capacidad de observación y evita juzgar a los personajes. En un relato realista, admira la sutileza psicológica y sorprende la resistencia a la tentación sociológica o política: los grandes acontecimientos están ahí fuera, pero Salter no se detiene en ellos. El narrador es misterioso. Emplea una imprecisa primera persona al principio, en algún momento aislado y al final, pero predomina la tercera; tiene momentos inquietantes e irónicos: “Uno de los últimos grandes descubrimientos es que la vida no será lo que soñabas”. La prosa es sincopada, imaginativa y poderosa: “Tiene una boca grande, la boca de una actriz, emocionante, intensa. Manchas oscuras en sus axilas, menta en su aliento”. ‘Años luz’ y ‘Todo lo que hay’ son dos novelas conmovedoras sobre el transcurso del tiempo y la búsqueda, un tanto aturullada y casi siempre infructuosa, de la felicidad. Leer estas historias sobre la existencia y la memoria recuerda los versos de T. S. Eliot: “Tuvimos la experiencia aunque no captamos el significado./ Y acercarse al significado restaura la experiencia”.

James Salter. ‘Todo lo que hay’. Traducción de Eduardo Jordá. Salamandra, Barcelona, 2014, 381 págs.

‘Años luz’. Traducción de Jaime Zulaika. Salamandra, Barcelona, 2013, 381 págs.

[Esta reseña salió en Artes & Letras de Heraldo de AragónImagen.]

 

20/06/2015 17:53 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JUAN VILLALBA, UN CUENTO

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[El escritor, profesor e investigador literario Juan Villalba Sebastián publica un nuevo libro: ‘Fotogramas. Catorce cuentos de cine’ (Muñoz Moya Editores) que prologa Agustín Sánchez Vidal. Juan me envía este texto, una de las piezas del volumen que se presenta este próximo jueves en el Museo de Teruel.]

 

 

CUENTO DE NAVIDAD (1946)

“-Mamá dice que cada vez que suenan unas campanillas un ángel ha ganado sus alas.”



         Nevaba. Miraba los copos caer sobre mis hombros y pensaba en mis alas, esas alas que esperaba desde hacía más de doscientos años y que nunca llegaban. Los copos eran enormes y cuajaban sobre mi cuerpo recubriéndolo de un suave  plumón helado.

         Cuando lo descubrí subido al pretil del puente, el frío hacía ya un buen rato que había saltado sobre mi espalda y se fajaba conmigo como un luchador de pressing catch. Nadie de arriba me avisó, pero no había duda de que pretendía arrojarse a las heladas aguas del Danubio: era un suicida; una oportunidad: mi oportunidad.

         Decidí actuar por mi cuenta y riesgo, sin contar con el Jefe. Le demostraría, aun a pesar de que mis acciones se rigieran a su entender por la sana fe de un niño, que mi inteligencia era superior, muy superior a la de un conejo. En aquel puente, el Konstantinsteg, podían estar mis alas. Llevaba una eternidad esperándolas y el azar había querido que aquella fría noche tuviera mi oportunidad si lograba que aquel joven desesperado no saltara.

         Me acerqué con cautela y me dispuse a actuar con decisión.

-Yo no lo haría -le dije.

         El no reaccionó y siguió mirando las aguas como hipnotizado, pensé lo peor, pero en el último momento me contestó.

-Usted no lo haría, pero yo sí. No quiero vivir, no merezco vivir, soy un fracasado.

-Nadie es un fracasado si tiene amigos.

-Yo no tengo amigos.

-Eso es lo que tú crees, pero todos tenemos amigos.

-¡Yo no! –afirmó con rotundidad y volvió a mirar hacia las aguas con mayor determinación.

         Nadie dijo que esto fuera a ser fácil, todo lo contrario; conseguir una alas es una ardua tarea que requiere de mucha paciencia, don de gentes y profundos conocimientos de psicología.

-Bien, supongamos que no tienes amigos, pero seguro que tienes una familia que te quiere y te estará esperando en una noche tan señalada como ésta.

-Nadie me espera. Mi madre, la única persona que me ha querido en mi vida, falleció hace un año. Ya no le intereso a nadie.

-Quizá sea un buen momento para visitar a tu padre.

         Volvió a mirar al río y a punto estuvo de arrojarse a sus turbulencias, pero en el último segundo logró equilibrarse de nuevo y me contestó con rabia infinita.

-Afortunadamente mi padre murió también hace ya algunos años.

-¿Cómo puedes decir eso? Nadie puede desear la muerte de otro ser humano y mucho menos la de su padre –le recriminé con dureza.

-¡Cállese! ¡Mi padre era un monstruo! ¡Un verdadero psicópata que me azotaba sin piedad a menudo, un ser autoritario y tiránico!

-A pesar de todo seguro que te quería…-no me dejó terminar y me gritó con la fuerza de un verdadero fanático.

-¡Mi padre era un verdadero sádico! Lo único que aprendí de él es la importancia que tiene el terror físico para con el individuo y las masas; que el más fuerte tiene derecho a hacer prevalecer su voluntad; que toda la naturaleza es una formidable pugna entre la fuerza y la debilidad, una eterna victoria del fuerte sobre el débil; que lo importante no es tener razón, sino conseguir la victoria, imponerte sobre el otro, vencerlo, humillarlo…

         En el negro de la noche su silueta se perfilaba por el halo blanco de la nieve y la luz de la luna, como si se tratase de un enorme foco de plató de cine, iluminaba su rostro encendido. Su voz sonaba ronca y áspera, gesticulaba con la maestría de un actor consumado y me miraba con la intensidad de un hipnotizador que pretendiera seducir la razón de los hombres e incluso también la de los ángeles: aquel joven tenía el talento propio de una voluntad dominante, reconcentrada en apoderarse por completo del subconsciente del otro, tenía un no sé qué de canto de sirena. Necesitaba como fuera reconducir la situación.

-Debes perdonar –balbuceé como pude para cortar su encendido discurso.

-El perdón y la piedad son debilidades que no podemos permitirnos. Mi padre no merece ningún perdón y está bien donde está, en su tumba. Era un tarado que nunca debió tener hijos. Sólo deberían engendrar los individuos sanos, el hecho de que personas enfermas o incapaces como él traigan hijos a este mundo es una desgracia que no debemos consentir ¡Ojalá ni él ni yo  hubiéramos nacido!

-¡Pero eso es una barbaridad, no deberías hablar así! –corté tajante e indignado- Déjame que te ayude, por favor.

         Dejó caer los brazos a los lados y su mirada volvió a las aguas turbulentas del Danubio. Sin duda su temperamento explosivo fluctuaba entre la feroz exaltación y la más profunda depresión ¿Bipolar?, tal vez sí, pensé. Las nubes cubrieron la luna y su figura se sumió en la oscuridad. Temí lo peor.

-Seguro que tienes un futuro prometedor –exclamé para llamar su atención y disuadirlo de sus intenciones.

         Tardó en reaccionar, pero de nuevo lo hizo.

-Estaba convencido de que mi futuro estaba en la pintura, pero en la Academia de Bellas Artes no opinaron lo mismo, no vieron en mí suficientes cualidades y no me admitieron. Sobrevivo vendiendo algún cuadro, pocos, y hago trabajos esporádicos como quitar nieve, acarrear bultos en la estación… Ya ve, un presente que anticipa un futuro prometedor. Soy lo que se dice todo un triunfador –ironizó con un hilo de voz y volvió a mirar el río.

-Es ridículo que quieras matarte por considerarte un fracasado. La suerte puede cambiar en cualquier momento. Tal vez la Divina Providencia te haya elegido para cumplir una misión histórica. Quizá mañana mismo cambie tu sino –le dije conciliador y me acerqué unos pasos hacia él.    

         Hizo un gesto con las manos como para que me detuviera y cuando creí que todo estaba perdido y se iba a arrojar definitivamente, se sentó sobre la barandilla y me respondió con calma.

-Tal vez tenga razón ¿Quién es usted? ¿Por qué se preocupa por mí? –me preguntó intrigado, al tiempo que me pedía que me acercara a su lado.

         La situación parecía estar bajo control, por lo menos de momento. Las alas estaban ya más cerca. Había dejado de nevar y la luna volvió a iluminar la escena. Avancé unos pasos más y de un salto me senté junto a él. En la cercanía pude apreciar que se trataba de un joven no muy alto, con un asomo de minúsculo bigote y una expresión apagada y fría, si no fuera por sus profundos ojos azules verdaderamente embrujadores. Dudé si contestarle la verdad, pero al final lo hice. Al fin y al cabo, soy un mensajero del Señor y no puedo renegar de mi naturaleza.

-Soy un ángel, o mejor, para ser más exactos soy un ángel en busca de sus alas.

-¿De sus alas? –preguntó intrigado.

-Sí, soy un, como explicártelo, una especie de espíritu celeste, un meritorio de ángel un tanto gafado y patoso que todavía no ha realizado las acciones necesarias para ascender en la jerarquía. Si esta noche consigo salvarte, tal vez el Padre Eterno me conceda las alas y la condición de ángel. En tus manos está que las consiga.

         Se hizo el silencio y me miró intrigado durante unos segundos; su rostro se mantuvo imperturbable, pero sin duda tramaba algo.

-No sé si me conviene que me vean andar por ahí con un ángel sin alas. No obstante, si la Divina Providencia te ha guiado hasta mí, continuaré por el camino que me ha marcado a pesar de todos los obstáculos.

-No, el Padre Santo no me ha enviado, yo he tomado la decisión de ayudarte sólo, con la esperanza de acertar por una vez y conseguir mis alas, pero puedes estar seguro de que Él te tiene deparado un destacado papel en la historia.

-No importa que Dios no te haya enviado, el hecho es igual de milagroso. Tu presencia me ha abierto los ojos y en este mismo instante comprendo la inmensa tarea que se me ha encomendado; las dudas que me asaltaban hasta este momento, que me sumían en la desesperación y la inacción, ya se han disipado por completo: seré César o nada.

-Bien, muy bien, así se habla. Yo conseguiré mis alas y tú conseguirás que tu nombre pase a la Historia con mayúsculas.

-Qué así sea –apostilló mientras saltaba de la barandilla a la calzada mientras a mí me empujaba hacia el vacío- Si el Padre Celestial te concede las alas, vuela, es el momento. Yo, por mi parte, ya tengo las mías: me arrojaré frente a las masas y volaré, volaré cada vez más alto, apareceré desnudo ante ellas para rasgar en su presencia mi corazón con la uñas de metal de mi alma fría e implacable. Sé que mañana muchos maldecirán mi nombre eternamente.

 

JUAN VILLALBA SEBASTIÁN

*La foto es de Miki Barrera.

20/06/2015 09:38 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

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