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'UN PARAGUAS': NOVELA DE WILL SELF

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WILL SELF: BAILANDO EN TU CABEZA

 

[Juanjo Blasco Panamá lee y comenta la novela 'Un paraguas', que Siruela acaba de publicar en España. Traducida por Daniel Gascón, es una narración de flujo de la conciencia llena de claves, de datos, de canciones... El texto apareció hace unos días en 'Artes & Letras' de Heraldo de Aragón.]

Por Juanjo BLASCO PANAMÁ

Circula por la red un vídeo especialmente perverso.

El protagonista es Ornette Coleman, un saxofonista prodigioso adorado y despreciado a partes iguales. Ante un público entregado comienza su “Dancing in your head” y la gente empieza a bailar. A los pocos minutos surge el Coleman salvaje, el del free jazz, se le hinchan las venas del cuello casi hasta la explosión y pasma a la ciudadanía con sus esquizo-solos y su locura sónica. El estribillo tarareable, los ritmos conocidos y bailables se han acabado. Empieza realmente el espectáculo y, si puede, dance usted.

Desconozco si a Will Self  (Londres, 1961) le gustará Ornette Coleman u otros músicos que hace años se aburrieron de la papilla convencional pero  de lo que no cabe duda es de que su escritura y sus historias no se publican para lectores convencionales. Smith goza de excelente reputación pero no se espere de él un “best-seller”;  cuando uno entra en su(s) mundo(s) nada vuelve a ser igual pero la puerta no tiene letreros de acceso y desde luego si hay alguna salida no se ve a primera vista. Todo un viaje.

No puede esperarse menos de una persona que con doce años fumaba marihuana, se intentaba autodestruir quemándose el cuerpo con cigarrillos, cortándoselo  con cuchillos y podía haber hecho una guía de todo tipo de drogas antes de su mayoría de edad. No son rumores, son sus palabras y su rostro esculpido en piedra lo confirma. Pero terminado el espectáculo a Will Self hay que conocerlo por su obra y eso, señores, son palabras mayores.

“No escribo ficción para que la gente se identifique con ella ni describo un mundo reconocible. Escribo para asombrar. Lo que quiero es perturbar la lógica del lector, lo que da por sentado, hacerle percibir que lo que da por sentado es inestable”. Glup.

 Que todo esto es más que palabrería puede comprobarse en “ Un paraguas” (Nuevos Tiempos Siruela, 2015) artefacto que esconde todo un mundo si el lector se decide a entrar en el mundo alternativo de Self y sus personajes. Es cierto que no lo pone fácil y  decir, de entrada, que apenas hay puntos y aparte y que, desde luego, la obra no se divide en capítulos ni tiene glosarios o boyas literarias a las que pueda asirse el lectorlo que puede desanimar a muchos pero el esfuerzo merece la pena. Casi 330 páginas para acompañar a Zack Busner, un psiquiatra “heterodoxo” que en los años 70 se encuentra en un manicomio victoriano con una mujer en coma desde hace decenios a la que intentará despertar mediante sus poco lógicos métodos y que le llevará con su experiencia vivida desde un Londres de principios del siglo XX hasta el del año 2010 en un recorrido que deja estupefacto y exhausto.

El estilo de Will Self es contundente, fantástico, rozando lo grotesco a veces pero la fama adquirida por el autor (novelista y periodista reputado en plazas tan exigentes como The Guardian, The New York Times, The Times)es merecida. Las líneas, las frases, telegráficas a veces, obligan a una lectura reposada. En cada una de ellas se puede encontrar una sensación, una referencia que lleva a mil lugares distintos; en cada una de ellas son tantas los reflejos sociales, médicos o musicales que una lectura apresurada hace que se pierda gran parte de la fiesta. Antes mencionaba a Ornette Coleman, quizá ahora, para que el lector no crea que se trata de una aventura imposible, haya que hacer referencia a los buenos licores. Will Self es como el buen whisky: trago largo pero a sorbitos. Y paladear.

Si siempre es de justicia mencionar  el excelente grupo de traductores con los que goza la edición literaria nacional en este caso hay que levantarse y aplaudir ante la labor de Daniel Gascón, su traductor, cuya labor aquí es simplemente descomunal. El lector no se siente perdido en ningún momento porque la prosa llena de referencias y caminos paralelos encuentra el acompañamiento de múltiples citas (superan el centenar ) que explican las sensaciones que caen en catarata en el momento menos pensado. La tarea ha sido tal que el propio Self, en las múltiples reuniones para matizar esta traducción que casi le llegó a comentar: “Me está costando más tiempo aclararte ciertos aspectos del libro de lo que me costó escribirlo”. El resultado es sensacional.

Hay un juego paralelo que puede hacerse con “Un paraguas”. Desde la primera página el protagonista va incluyendo un tema de los Kinks (“Ape-man”) que no deja de obsesionarle durante unas horas .La vida misma. Si el lector es capaz de poner la “banda sonora” a ciertas páginas mientras las lee( “Angel Delight” de Fairport Convention, “Bold as love” de Jimi Hendrix, los mencionados Kinks) el placer se multiplica. En este caso las citas no entorpecen la lectura, la clarifican.

Un mundo apasionante, una excelente traducción, secretos por descubrir y el placer, por fin, de encontrar a alguien que ni sigue caminos literarios trillados ni lo pone fácil pero invita a una aventura extraordinaria.

A sorbitos. Y paladear.

 

 

AUTOR: Juanjo Blasco Panamá

 

TÍTULO:  “Un paraguas”

AUTOR:  Will Self

EDITORIAL:  Nuevos Tiempos Siruela, 2015

TRADUCCIÓN: Daniel Gascón

PAGINAS: 328

02/03/2015 10:37 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

AGUSTÍN SÁNCHEZ VIDAL: UN DIÁLOGO

ENTREVISTA. CINE Y PINTURA. Agustín Sánchez Vidal impartió el ciclo ‘Genealogías de la mirada’, dentro del programa ‘Vida en ficciones’, que coordina Amparo Martínez.

Antón CASTRO. Zaragoza

Agustín Sánchez Vidal, escritor, investigador del cine y catedrático emérito de Cine y otros medios audiovisuales, imparte en el Paraninfo, hoy, mañana y el viernes, el ciclo ‘Genealogías de la mirada’, que nació de un encargo del Museo del Prado.

¿Cuál sería la idea general del ciclo, qué quiere contar y analizar?

La idea general es tender un puente entre instancias que quizá cueste relacionar a primera vista y que, sin embargo, están muy imbricadas. Un buen ejemplo son las anamorfosis. Es una palabra griega que significa "transformación", porque se trata de perspectivas forzadas de tal modo que cuando se ven de frente aparecen como algo distorsionado o no reconocible, pero cuando se observan desde el punto de vista adecuado "saltan" a la vista y se imponen con la fuerza de imágenes hiperrealistas. Hoy se han convertido en un arte callejero, son esas pinturas que hacen con tiza en las aceras gente como Julian Beever, Kurt Wenner, Tracy Lee Stum, Eduardo Relero o multitud de artistas anónimos. Ese es el itinerario que me interesa: ir desde el Partenón o la pared de un museo hasta lo que está sucediendo en nuestras aceras hoy mismo, aquí y ahora y tratar de explicar las razones de esa vigencia. Que quizá sean la causa de la atracción que siguen ejerciendo artistas como Dalí, que explotaron a fondo este tipo de trampantojos, como demostraron las recientes exposiciones suyas en el Pompidou y el Reina Sofía, batiendo todos los records. Pero que sonrecursos ya presentes en Leonardo da Vinci. O Piero della Francesca.

¿En qué medida ha influido el arte en el cine, y en concreto el arte griego?

En algunos manuales de Historia del Cine se compara este medio de expresión con el mito de la caverna de Platón. Pero la cuestión es mucho más sencilla. Basta con comparar dos palabras que proceden de la misma etimología: Idea y Video. En griego la palabra idea significa “apariencia” o “forma” y está emparentada etimológicamente con el latínvideo”, que significa “ver” En Platón ‘idea’ suele equivaler a “punto de vista, porque él creía que aunque veamos a través de los ojos, en realidad miramos con los conceptos, y a menudo lo real no es lo visto, sino lo previsto, lo que sabemos. Pensamos con los ojos. Y, por lo tanto, para reproducir la realidad no basta con copiarla sin más, sino que debemos recrearla teniendo en cuenta nuestras limitaciones visuales. Lo cual implica a menudo su alteración, para preservar la reconocibilidad.

¿Dónde veríamos un parentesco entre el barroco y el cine, en qué películas, en qué formas específicas de contar con imágenes?

Hay quien piensa que vivimos en una era neo-barroca, por razones muy distintas: Severo Sarduy por razones más bien pictórico-literarias; Omar Calabrese por un contexto audiovisual que se asemeja a lo que otros han venido llamando Post-modernismo. Quizá la mayor semejanza entre el barroco y el cine proceda, en origen, de los trampantojos del arte tridentino y jesuítico. Quizá no sea casualidad que fuera un jesuita, Athanasius Kircher, quien propusiese la linterna mágica en la que se basan los proyectores. Quizá tampoco lo sea que fuese uno de sus discípulos, Gaspar Schott, quien inventara el término "anamorfosis". Quizá tampoco que algunos de los más grandes directores como Hitchcock o Buñuel, estudiaran en los jesuitas. Y hay muchas formas de barroquismo en cine, pero pocos lo representan mejor que Federico Fellini.

¿Cuáles serían esas imágenes ambiguas que se cuelan de rondón en el cine? ¿Son deliberadas o azarosas?

Yo voy a tratar más bien de la ambigüedad de pintores como Arcimboldo, que logran la duplicidad con imágenes estáticas. En el cine la ambigüedad es más sencilla, porque se dispone de recursos como el movimiento, las sobreimpresiones, el montaje, etc. Abel Gance, en su ‘Napoleón’, llegó a superponer hasta una decena de imágenes. Decía que no se podrían deslindar, pero que de alguna manera estarían allí, como los instrumentos de una orquesta que suenan a la vez...

Piensa uno en artistas como Visconti o Max Ophüls, por ejemplo. ¿En qué medida se puede decir que ellos practican un cine deudor del arte y de la arquitectura?

Visconti reconstruyó en ‘Senso’ cuadros de los pintores italianos llamados ‘macchiaioli’ ("manchistas") y Ophuls es uno de los mayores virtuosos de la grúa -si no el mayor--, a la que lanza a ejecutar todo tipo de proezas metafóricas, deslizándola, por ejemplo, a lo largo y ancho, alto y bajo, de la fachada de un edificio.

¿Qué tiene de especial el arte de Tiepolo?

El Tiepolo que voy a considerar es Giandomenico, el hijo del más conocido de la saga, Gianbattista. Lo suyo es singular porque pintaban frescos, que no eran tan habituales en Venecia, donde la humedad los hacía más difíciles. Sin embargo, Gianbattista llegó a ser considerado el mejor fresquista dieciochesco en Europa. El caso de su hijo no es menos interesante, porque le toca la Revolución Francesa: nace veneciano y muere austríaco, ya que Austria se anexiona a la Serenísima República. Pero lo que más le duele es que la pintura al fresco o de caballete es sustituida --y prostituida, según él-- por unos artefactos ópticos llamados Mundos Nuevos, uno de los antecedentes del cine. Y muere aislado en su villa, un poco como Goya, preguntándose si lo nuevo es necesariamente mejor que lo anterior. Dudan ya de las ventajas de la Ilustración, de la Modernidad. Lo cual, paradojicamente, los hace muy modernos.

¿Qué elementos concretos de su obra pasarían al cine?

Hay una película de Ettore Scola, ‘Un Mondo Nuovo’ (que en España se tituló ‘La noche de Varennes’), que exploran a fondo toda esa mutación.

¿De qué está hablando cuando habla de banda de imagen y de banda sonora?

Es que en el Museo del Prado hay dos cuadros de Giandomenico Tiepolo, que son gemelos, uno titulado ‘Un Mundo Nuevo’, en que se muestra a la gente mirando por un artilugio óptico, y otro titulado ‘El charlatán’ en el que un buhonero habla a la gente usando un tubo acústico. Cuando los vi me dije: "Aquí están ya los dos elementos básicos del cine: la imagen y la banda sonora". Ese fue el punto de partida de la conferencia.

¿Qué tienen que ver los narradores tradicionales con los métodos narrativos del cine?

En un principio el lenguaje del cine era tan novedoso que tuvo que recurrir a los charlatanes para hacerse entender: eran los "explicadores", que aclaraban a la gente lo que sucedía en la pantalla.

¿Qué cuadros en concreto y qué fenómenos abordará en la tercera conferencia: ‘Panoramas: el ojo global’?

De los panoramas, que eran una enormes pinturas circulares de hasta 20 metros de alta por 200 de circunferencia, que rodeaban al espectador y le metían en los paisajes (montañas, ciudades) o acciones (batallas, por lo general) allí representados. Fueron el mayor espectáculo que nunca existió, el dinosaurio de los mass media. En principio fue una patente, pero a lo largo del siglo XIX se difundieron de tal modo que la palabra se convirtió en algo de uso común, dio origen al género costumbrista (el ‘Panorama Matritente’ de Mesonero Romanos, por ejemplo) y terminó infiltrándose en el cine a través de una de las dos familias de movimientos de cámara, las panorámicas, tan influyentes que sin ellas no existiría el cine como lo conocemos.

¿Qué posibilidades han suministrado al cine los nuevos sistemas de visión como Polyvision, Cinemascope, Cinerama, Vistavisión o Panavisión?

Han ampliado la mirada y, con ello, las relaciones de los personajes con el espacio, o entre sí. Ni el Western Panorámico (género tan eminentemente horizontal: Anthony Mann), ni películas como ‘Lawrence de Arabia’ existirían sin esa ampliación ni tendrían sus dimensiones épicas.

¿Existen cineastas a los que se les pueda calificar, por su complejidad, por su ambientación, por el método narrativo, cineastas de arte?

Hay multitud de pintores que han hecho cine, desde Dalí o Picasso hasta Leger, Cocteau, Man Ray, Andy Warhol o Julian Schnabel. Pero yo prefiero pensar en aquellos que, habiendo querido ser pintores (y siendo excelentes dibujantes) trasvasaron todo ese potencial plástico y visual al cine. Unos pocos ejemplos: Sergei Eisentein en Rusia, Orson Welles y John Huston en EEUU, Akira Kurosawa en Japón, Satyajit Ray en la India... Otro capítulo aparte sería el de los arquitectos, como Fritz Lang. O el de los fotógrafos, como Stanley Kubrick y Carlos Saura.

¿Qué han aportado al cine convencional las técnicas publicitarias y esa idea de contar una historia en poco más de un minuto?

El cine ya desarrolló sus propias técnicas de síntesis en un "género" propio poco considerado, el de los ‘trailers’, que luego, andando el tiempo, influyó lo suyo en el video-clip que, a su vez, revertió esa influencia en el cine, en muchas ocasiones con consecuencias nefastas.

¿Cuál es la película más compleja por la evidencia de los referentes plásticos? ¿O cuál sería la que más le impresiona a usted?

Una de las propuestas más complejas que conozco es el ciclo ‘Cremaster’ de Matthew Barney. Una de las más depuradas quizá sea el ‘Ivan Rubliev’ de Tarkosvski. Entre las más arriesgadas, ‘El arca rusa’ de Sokurov y ‘El Molino y la cruz’ de Lech Majewski.

 

*La foto de Agustín Sánchez Vidal es de Esther Casas.

 

02/03/2015 00:44 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

TERESA RAMÓN Y DEBRA WINGER

[Hace unos días, muy pocos, Teresa Ramón Jarné me mandó una cariñosa nota de lectura sobre mi poemario 'Seducción', que acaba de leer. es muy cariñosa, pero me explica que de repente se encontró con este texto y recordó cuánto cuánto había habìa admirado, y admira, a este actriz invisible y cuánto le había perturbado la película 'El cielo protector', de Bertolucci, basada en la novela de Paul Bowles.]

BUSCANDO A DEBRA WINGER

 

Perdí la cabeza por ti,

antes, mucho antes de Tierras de penumbra.

Mucho antes de que fueras poeta

y una criatura mortal frente a la noche.

No sabría decir por qué. La luz de tu sonrisa,

tu picardía, tu fuerza, la manera en que bebías

la claridad del mundo en cada abrazo.

Me gustabas siempre: en cada diálogo,

en cada beso, en esa alegría incontenible

de estar a punto de irte para siempre a otra playa.

Pero cuando te vi en El cielo protector,

me sentí enfermo, poseído de amor.

Entendía, y no entendía, tu pasión por el desierto,

el helado rescoldo del plenilunio en la arena,

la muerte inesperada de un amor disipado.

Y luego, llegaste a aquel villorio,

a otra forma de prisión. Y a la violencia

del anhelo. Aún te veo: extraña y extranjera,

arrebatada y muda, mientras te acariciaban

y sorbían el sudor de tus muslos. Aún te veo:

lejana y sola contra la tiniebla y la escarcha.

Aún te veo: a horcajadas, a punto de estallar

como el torbellino de todos los deseos.

¿Recuerdas? Tú eras la piel del escalofrío.

 

Luego te esfumaste. A otro mundo,

a otras formas del olvido y del silencio.

Incluso salieron a buscarte. Querían, como yo,

saber de ti: buscaban a Debra Winger

y a las mujeres como tú que desaparecían de la pantalla.

Esa película perseguía a un fantasma,

una ninfa de antaño, vulnerable y sensual.

Ese rescate imposible enerva todos mis sentidos.

Cierro los ojos e imagino que estás ahí,

en el interior de la pantalla a punto de decirme:

«Ven. A veces solo en el cine se cumplen

los mejores sueños, peligrosamente juntos».

 

*La primera foto la tomo de aquí

http://es.web.img2.acsta.net/r_640_600/b_1_d6d6d6/medias/nmedia/18/65/66/91/18881210.jpg

*La última la tomo de aquí.

http://empeliculados.co/wp-content/uploads/2014/05/debrawinger-empeliculados.co_-e1400252320126-670x250.jpg

 

 

01/03/2015 13:16 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

DOS POEMAS DE MIGUEL ÁNGEL YUSTA

'De silencio y luz' (Lastura, 2015)

Miguel Ángel Yusta

(Prólogo de Joaquín Sánches Vallés)

 

 

Dos poemas.

 

 

LOS rítmicos compases de la música

-densa nocturnidad de jazz ahumado-–

golpeaban los últimos minutos.

Apurabas momentos de gin tonic

frente a pieles morenas

moviéndose en infiernos de sudor.

Él bebía en tus ojos

lunas del cielo negro de la barra,

a punto de rasgar con su deseo

tu vientre enfebrecido.

Pero de nuevo, envuelta por la noche

dijiste no, y huiste de ti misma.

Tal vez el miedo al sol del nuevo día

paralizó el instinto.

El centinela lienzo de lo oscuro

escoltó tu regreso por las calles desiertas.

Después, entre las sábanas marinas

exploraste, otra vez en la ebriedad,

el húmedo vacío de tus playas.

 

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

 

 

 

A la orilla del mundo me aproximo

y lo contemplo entero en este otoño.

Extraigo los colores, las luces y las sombras,

sonidos misteriosos y pálpitos de vida.

Y deseo dormir,

con un sopor eterno

sereno y apacible,

donde no sean claves el tiempo ni el lugar.

Es un dorado exilio

el existir al norte del olvido.

Tan solo unos destellos

que recuerden momentos que afirmaron amores

y amores que acunaron sin cesar los recuerdos.

Vivir, morir en la orilla final,

vestido con la piel del peregrino

que habitado de ausencias

ha recorrido ya todo su espacio.

 

 

*Tomo de aquí esta foto de Michael Somoroff.

http://ih.constantcontact.com/fs182/1106396448260/img/759.jpg?a=1117124882864

 

 

01/03/2015 13:07 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PISÓN, PREMIO CÁLAMO: UN DIÁLOGO

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LITERATURA. IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN. El autor de ‘La buena reputación’ (Seix Barral) recibíA el viernes por la noche el premio Cálamo en el Teatro Principal, junto a Ferrer Lerín y Belén Gopegui.

 

“Los premios que

más valoro son

los de Zaragoza”

 

“Ya no puedo

pedirle más a

esta ciudad”

 

Antón CASTRO

“Después de haber publicado ‘La buena reputación’ (Seix Barral, 2014), en alguna ocasión he pensado que me había pasado de páginas. Redactar más de 500 páginas es un acto de arrogancia y quizá una exigencia excesiva para el lector al que le obligas, más o menos, a que pase muchas horas con tus personajes. Quizá a partir de ahora no vuelva a escribir libros que pasen de las 400 páginas: tengo que ser yo quien ponga antes el fin”, dice Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960), recién llegado a Zaragoza para recibir el Premio Cálamo a la mejor novela del pasado año.

¿Por qué cree que escribió tanto?

Porque me interesaban los personajes, sabía mucho de ellos y de su intimidad. Quería contar muchas cosas. Es curioso, porque con ‘Dientes de leche’, una novela donde se cuenta la vida en Zaragoza de tres generaciones de italianos, fui capaz de contenerme.

¿En qué ha cambiado su escritura con respecto a sus libros anteriores?

En algunas cosas. ‘La buena reputación’ es mi libro más decimonónico: quise hacer una novela del siglo XIX de manera consciente, como una propuesta específica. Hasta ahora puede decirse que todos mis libros se movían en dos anclajes: el siglo XIX y muchos autores del siglo XX. Aquí no: rindo homenaje a la narrativa del siglo XIX y reflexiono sobre la tercera personaje, ese narrador omnisciente que le interesa tanto a Tolstói. Como a él, me atraen muchos las historias familiares.

¿Qué le ha sucedido con este libro?

Yo suelo documentarme mucho y también lo he hecho aquí, pero me he permitido fabular bastante. Me he encontrado en mis viajes a Melilla con personajes reales de la novela, con descendientes y con hechos que sucedieron en realidad como si perteneciesen a la ficción que yo había inventado. La fabulación se había hecho real: descubrí que había por ahí criaturas del libro de los que yo estaba hablando, gentes que participaron en operaciones del Mosad (la agencia de inteligencia israelí) o que escalaron jardines y paredes para huir al nuevo estado de Israel.

¿Qué importancia tiene en su libro el incendio del Corona de Aragón del verano de 1979?

Se narra, desde luego. ¡Cómo no vas a darle importancia a grandes acontecimientos que has vivido de cerca! Y ese lo viví: fue una gran tragedia. Mi hermano estaba ahí enfrente y la conmoción también pasó, físicamente, muy cerca de mí. Es algo que todos tenemos en la cabeza. Me ha servido para contar una peripecia de amor inesperado en el hotel.

¿Qué ha supuesto para usted este premio?

Era el que me faltaba de Zaragoza. Me siento muy feliz: los premios que más valoro son los que recibo de mis paisanos y de la ciudad que más amo: Zaragoza. Ya no puedo pedirle más a esta ciudad. Me siento querido y reconocido.

Son muchos los que quieren saber en qué está trabajando...

Soy metódico, ordenado y siempre tengo nuevos proyectos. Acabo de empezar una novela sobre un doble de Demis Roussos...

¿El cantante griego?

Sí, claro. La historia sucede en los años 80, en diversos escenarios, y narra la historia de un hombre, grueso y calvo, que imita a Demis Roussos. En 1985 estaba olvidado, pero de repente fue secuestrado por los terroristas de Hezbollah, en un vuelo de la TWA, y ese pico de gloria también le viene bien a mi personaje. Por ahora no le puedo decir su nombre. El título provisional de la novela es ‘Derecho natural’.

¿Cómo? ¿Por qué ‘Derecho natural’?

Porque la historia la cuento su hijo, que estudia Derecho. Yo hice un curso de Derecho, luego me pasé a Filología Hispánica y, como no quería ser profesor, no me veía dando clases, me fui a Barcelona e hice Filología italiana.

Ha hecho lo contrario que Ferrer Lerín, premiado por ‘Mansa chatarra’ (Jekill&Jill): usted se fue a Barcelona, donde lleva más de treinta años, y él es un barcelonés afincado en Jaca desde hace más de treinta años.

Estoy leyendo su novela ‘Familias como la mía’ (Tusquets) y es realmente divertida. ¡Qué vida ha tenido!

 

*La foto es de Heraldo.es

 

01/03/2015 11:21 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

GERARD DUFOUR PRESENTA LIBRO

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[Este jueves, a las 19.30, en la sala Joaquín Costa del Paraninfo, Gerard Dufour, en diálogo con los historiadores Pedro Rújula e Ignacio Peiró, presentatá su libro ’Juan Antonio Llorente. El factótum del rey intruso’, que publican las PUZ.]

 

Gerard Dufour, Juan Antonio Llorente. El factótum del rey intruso, Prensas de la Universidad de Zaragoza, Zaragoza, 2014, colección Vidas, 295 pp.

 

SINOPSIS

Afrancesado de la primera hora, el canónigo de Toledo Juan Antonio Llorente fue el auténtico factótum de José I, a quien sirvió como consejero de Estado, director de Bienes Nacionales, experto en materia de política religiosa, miembro de la Comisión de Cortes, y sobre todo como propagandista con obras entre las cuales destacan sus primeros trabajos sobre la Inquisición. Al seguirle paso a paso desde el mes de mayo de 1808 hasta su exilio a Francia en julio de 1813, vemos cómo funcionaba la corte del Rey Intruso, y los altibajos morales de un hombre movido no solo por la ambición, sino también por el deseo de adaptar a España el modelo de la Francia napoleónica, y cuyo sueño acabó en tragedia.

 

Gérard DUFOUR

Gérard Dufour (París, 1943). Catedrático de civilización española en la Universidad de Aix-Marseille I de 1980 a 2005. Estudioso de la España de los reinados de Carlos III, Carlos IV y Fernando VII, se interesó (y sigue interesándose) esencialmente por las relaciones Iglesia/ Estado/ Sociedad, la Guerra de la Independencia y los medios de formación de la opinión pública (sermón y prensa). Es autor de 17 libros y de un centenar y medio de artículos. Destacan Juan Antonio Llorente en France (Ginebra, 1982); Clero y Sexto mandamiento: la confesión en la España del siglo XVIII (Valladolid, 1996) y Goya durante la Guerra de la Independencia (Madrid, 2008) así como sus ediciones de Cornelia Bororquia o la Víctima de la Inquisición (Alicante, 1987; Madrid, 2005) y Moïna o la Aldeana del Mont Cenis (Universidad de Alicante, 2008). Se jubiló en octubre de 2005, pero, como catedrático emérito, sigue formando parte de la Unidad Mixta de Investigación TELEMME, que asocia el CNRS con la Universidad de Aix-Marseille. Acaba de publica, en Prensas de la Universidad de Zaragoza, Juan Antonio Llorente: el factotum del rey intruso (2014) y saldrá también en breve una antología sobre la poesía antinapoleónica durante la Guerra de la Independencia: El Ogro corso.

*La obra es de Francisco de Goya.

25/02/2015 01:37 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'EL ARTISTA' DE JOAQUÍN CARBONELL

 

El Artista. Joaquín Carbonell
395 páginas      14 x 23 cms.
19,00 euros
Voces del Mercado



A comienzos de 1961 llega a Madrid Antonio Zaera, Antuan, un muchacho de Teruel que abandona una prometedora carrera como camarero en Sitges, empeñado en labrarse un hueco y un nombre como actor.

Antuan quiere ser artista de cine.

En Madrid va a rodarse Viridiana, la película que logró el regreso de Luis Buñuel a España, después de 25 años de ausencia, y que fue galardonada con la Palma de Oro en Cannes.

Con estos mimbres se confecciona El Artista, una novela vigorosa, ágil y dinámica, que nos transporta hasta la España de la postguerra, donde convivían dos sociedades desconectadas: una España herida, sumida en un presente rural, roñoso y grasiento, aterrada por las jerarquías caciquiles, y otra que miraba al exterior y aspiraba a la democracia y la cultura. Por esa España pasearon personajes como Ava Gardner y Frank Sinatra, Orson Welles y Hemingway; y unos cuantos jóvenes trataron de elaborar un cine para el futuro, con una mirada distinta.

El Artista es la historia de una vocación. De una obsesión. El relato de la trayectoria de Antonio Zaera, Antuan, colocado por el destino en medio del rodaje de Viridiana y al lado de personajes como Paco Rabal, Silvia Pinal, Fernando Rey o los hermanos Dominguín. En ese Madrid que comienza a mirar a Europa, y donde el régimen vigila con ojo filibustero cualquier desprecio al orden, la moral y la religión. Ese clima por el que discurre El Artista adquiere a menudo un tono surrealista, delirante,
propio de las películas de Berlanga, donde un anarquista furibundo hace negocios con un empresario, o un comunista, consentido por la dictadura, suele tomar café con un exministro amante de los toros. Antonio Zaera es testigo de ese Madrid alocado, ingenuo y a menudo provinciano, que convive con la España interior más cruda y aterrorizada. Una historia que ofrece un desenlace insospechado, sorprendente, de la mano de Joaquín Carbonell, un experimentado escritor, reconocido como cantautor y con una dilatada carrera como periodista.



            El 18 de mayo de 1961, la película Viridiana, de Luis Buñuel, conquistó en Cannes la Palma de Oro. El rodaje celebrado en Madrid supuso un cúmulo de asombrosas incidencias, que algunos tacharon de surrealistas. Como que el gerente de la productora (UNINCI), Domingo Dominguín, conocido comunista, fuera capaz de reunir en su casa, a la misma hora (pero en habitaciones distintas) a Jorge Semprún, líder del PCE en el exilio y a José Antonio Girón, exministro de Franco.

En medio de ese tumultuoso rodaje cayó Antonio Zaera, Antuan, un muchacho de Andorra (Teruel), nieto e hijo de mineros,  que estaba ejerciendo de camarero en Sitges, y al leer en La Vanguardia que Luis Buñuel iba a rodar en Madrid, se dijo que esa era su oportunidad de convertirse en artista de cine. Al fin y al cabo, Buñuel era de Calanda, un pueblo vecino del suyo. No podía fallar.

El Artista nos sumerge en el apasionante rodaje de Viridiana, y nos invita de paso a conocer el Madrid de aquella década de los 60, convulsionada por una sociedad que deseaba escapar de aquella jaula de prohibiciones, morales caducas, y persecuciones políticas. Todo vigilado por una Iglesia anclada en una enfermiza obsesión por el sexo.

Junto a esa España chata y amarga, bullía un Madrid de actores e intelectuales. Por allí circulaban tipos como Paco Rabal, Fernando F. Gómez, junto a diestros de ampulosa celebridad, como Luis Miguel Dominguín (padre del cantante Miguel Bosé), y extranjeros como Orson Welles, Hemingway,  Frank Sinatra, y la deslumbrante Ava Gardner, sumidos en una vorágine de fiestas y alcohol sin límite, que eran reflejadas por la plumilla despierta de jóvenes reporteros como Raúl del Pozo

El Artista es el retrato fiel de esa década, pero es también una novela de epifanía e iniciación. La que goza y padece Antonio Antuan, el protagonista, que se ve impulsado a crecer en un ambiente artístico y mundano, tan alejado del clima de contención y vigilancia que conocía en su pueblo. Amistades nacidas de la repulsa a la dictadura,  compañerismo, sexo desesperado, se unen a un desenlace inesperado que deja el lector sobresaltado, incrédulo ante ese final que rompe el curso de la novela que tiene en las manos.

El Artista plantea un dilema que pesa sobre las espaldas de este muchacho de Andorra: la carga de un destino que se ve infectado por las expectativas que su pueblo ha depositado en la carrera de este vocacional actor. Los hijos de localidades pequeñas, que han logrado escapar del agobiante clima de control, conocen esta palpitación. Antonio Zaera quiere ser el protagonista que su pueblo anhela, el “artista” local. Y para ello, no duda, a veces, en acomodar la realidad a sus propios sueños.



Joaquín Carbonell
Este turolense es reconocido como uno de los más destacados cantautores españoles. Ha publicado numerosos discos y ha visitado varios países con sus canciones. A la par ha desarrollado una extensa carrera como periodista (en El Día, El Periódico, y colaboraciones en radios y TV) y como escritor. En esta faceta destacan las biografías Pongamos que hablo de Joaquín. Una mirada personal sobre Sabina (Ediciones B) y Querido Labordeta (Ediciones B), con un notable éxito de crítica y ventas. Publicó también en Voces del Mercado cuatro libros de humor (junto a Roberto Miranda), que añadieron una mirada socarrona y desenfadada sobre Aragón (Proyecto de Estatuto de Aragón, plan B, Gran encicopledia de Aragón preta, Aragón a la brasa, y Aragón sin empalmes). Es autor de dos libros de temática juvenil, como Las estrellas no beben agua del grifo y Hola, soy Ángela y tengo un problema, así como un par de poemarios, Misas separadas y Laderas de ternero. Joaquín realizó de igual manera, junto a José M. Iranzo, documentales sobre El pastor de Andorra y José A. Labordeta. El Artista es su obra más ambiciosa, una novela con tintes de ensayo y documental, que gira alrededor del rodaje de la celebrada Viridiana de Luis Buñuel.
www.joaquincarbonell.com


OBRAS DE JOAQUIN CARBONELL

DISCOS
· 1 vida & 19 canciones (2014), doble CD recopilatorio.
· Una tarde con Labordeta (2013), junto a Eduardo Paz, grabado en directo en Teruel.
· Vayatrés! (2009), junto a José Antonio Labordeta y La Bullonera.
· Corazón de león (canción para el Real Zaragoza) 2008
· Clásica y moderna (2008)
· Cantautores en directo. El concierto! (2007)
· La tos del trompetista (2005)
· Sin móvil ni coartada (2003)
· Homenage à trois (2000)
· Tabaco y cariño (1998)
· Carbonell canta a Brassens (1996), con Joaquín Sabina y Quico Pi de la Serra.
· Sin ir más lejos (1979)
· Semillas (1978)
· Dejen pasar (1977)
· Con la ayuda de todos (1976)

OBRA LITERARIA
· Misas separadas (poemas, 1987)
· Apaga y vámonos (la televisión: guía de supervivencia, 1992)
· Laderas de ternero (poemas, 1994)
· La mejor tarde de Goyo Letrinas (novela, 1995)
· Las estrellas no beben agua del grifo (novela, 2000)
· Hola, soy Ángela y tengo un problema (novela)
· El Pastor de Andorra, 90 años de Jota (biografía de José Iranzo, 2005)
· Proyecto de Estatuto de Aragón, plan B, (con Roberto Miranda)
· Gran Encicopledia de Aragón Preta (con R. Miranda)
· Aragón a la brasa (con R. Miranda)
· Aragón sin empalmes (con R. Miranda)
· Pongamos que hablo de Joaquín (Una mirada personal sobre Joaquín Sabina, 2011)
· Querido Labordeta (ensayo sobre José Antonio Labordeta, 2012)

DOCUMENTALES
· José Iranzo, el Pastor de Andorra (2007)

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24/02/2015 23:08 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

NGUYEN DU, POR RAFAEL LOBARTE

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‘La historia de Kieu’ de Nguyen Du, es la obra maestra de la literatura vietnamita. Novela en verso de principios del siglo XIX, con una gran historia de amor como hilo conductor y numerosas aventuras, esta obra, hace tiempo traducida a otros idiomas, ha sido vertida por primera vez al español por el zaragozano, poeta y traductor, Rafael Lobarte. El libro, publicado por Hiperión, incluye el texto original. Rafael, traductor de Keats y Shelley, entre otros, tiene la amabilidad de enviarme este fragmento.

 

 

LA HISTORIA DE KIỀU 

 

CAPÍTULO V

…….

 

Húmedas las cortinas hasta la mitad de nieve, la luna iluminaba por completo la casa.

¿Pero qué paisaje, qué paisaje no aporta tristeza en tales casos? 

Si la persona está triste, ¿cómo o cuándo puede producir un paisaje alegría? 

Muchas veces hubo de recurrir a los trazos del dibujo, a las frases poéticas, 

a las notas del laúd bajo la luna, a partidas de ajedrez junto a las flores. 

Pero su alegría era una alegría forzada, tan sólo una pose,

pues ¿quién podía comprenderla como para hacerle sentir? 

Indiferente a los vientos que mueven los bambúes o a los albaricoqueros bajo la lluvia, 

se sentía melancólica ante los cientos de circunstancias, absorta en sí misma.

Innumerables pensamientos, próximos o remotos, ocupaban los pliegues de su corazón, 

que sin haber sido removidos, se enredaban, que sin haber sido golpeado, estaba herido. 

Recordaba las nueve cuitas, de caracteres gruesos y altos, que debía a sus padres. 

Para ellos, cada nuevo día se inclinaba un poco más hacia la sombra de las moreras. 

Separados de ella por un dificultoso camino, hondos ríos y distantes montañas, 

¿cómo hubieran podido imaginar que la suerte de su hija iba a ser esa?

En el patio de las sóforas, sus dos hermanos eran pequeños y carecían de experiencia,

¿quién iba pues a ayudarlos, a reemplazarla en la tarea de servir dulces a sus padres? 

Recordaba también las palabras, los juramentos que unen durante tres existencias: 

“¿Conocerá él, encontrándose tan lejos, mi situación? 

A su regreso habrá tenido que preguntar por el sauce de Chương,  

si  sus primaverales ramas que otros han roto, han pasado de mano en mano. 

A cambio de su profundo amor espero devolverle mi gratitud con creces.    

La otra flor, ¿habrá sido ya injertada en mi lugar en el árbol de mi amado?” 

 

Los nudos de seda de sus sentimientos se enredaban en los pliegues de sus entrañas.

Y mucho tiempo, al acostarse, soñó con su tierra en las largas guardias nocturnas. 

Tras las cortinas de seda transparente, se sentía sola en ese rincón del cielo. 

Al atardecer dorado de hoy, le sucedía el atardecer dorado del día siguiente, 

y a la luna de plata, un sol de oro. 

Kiều sentía también piedad por sus compañeras de entrañas rotas y se quejaba:

“Pues se os ha otorgado el que toméis el título de muchachas de mejillas color rosa, 

a cambio se os concede la ruina y la destrucción, 

porque una vez exiliadas en este mundo de vientos y polvo, 

sólo os queda la deshonra hasta el final”.

 

CAPÍTULO VI

 

Entre los clientes que buscaban placer había uno 

cuyo nombre era Kỳ Tâm y su apellido Thúc, linaje de letrados. 

Procedente de la subprefectura de Tích, en la provincia de Thường, 

había acompañado a su padre cuando este abrió un puesto comercial en Lâm Truy, 

donde se sintió atraído por la reputación de Kiều, elegida Reina de las Flores. 

Y envió una carta color rosa que pudo adentrarse en la habitación perfumada.

 

Tras la cortina de listas conoció a esa flor de melocotonero 

y, tras sentir pasión por sus maneras, enamorose de sus rasgos: 

la sonrosada y lozana camelia surgía de un tallo vigoroso. 

Y durante esos días primaverales, cuanto más viento, más lluvia, más se embriagaban. 

Y un fuerte  afecto brotó entre esa luna y esas flores, entre esas flores y esa luna, 

pues en las noches de primavera no es fácil contener al corazón, es imposible. 

Por lo demás, nada hay de asombroso en esta simpatía mutua, es algo corriente;

un lazo tan bien atado que nadie puede tirar de él y romperlo. 

Por la mañana se ofrece un melocotón, por la tarde una ciruela y la relación surge. 

Al principio era un amor de luna y viento, pero después fue de piedra y oro. 

 

Y de improviso se produjo una ocasión feliz y extraordinaria, 

pues precisamente entonces, el padre hubo de regresar a su país de origen 

y el muchacho sintió cómo, ya despierta, se decuplicaba su pasión. 

En esos días de primavera incrementó el número de sus visitas a esa otra primavera. 

Unas veces subían a tomar el aire, otras salían a contemplar la luna al patio 

o vertían en una copa el vino de los Inmortales o encadenaban líricos versos; 

aspiraban el perfume del incienso por la mañana y compartían el té por la tarde. 

También jugaban al go apuntando las partidas o tocaban las cuerdas del laúd, 

ambos totalmente absortos en los juegos del placer. 

Y cuanto más se fueron conociendo los caracteres, tanto más se fortalecía su pasión. 

 

Extraordinaria es la ola que la seducción produce. 

Derriba los palacios e inclina las casas como si se tratase de un simple juego. 

El joven Thúc tenía la costumbre de gastar a puñados las monedas, 

despilfarraba cientos y miles sin darle importancia en cada arrebato de alegría. 

La vieja entonces adornaba aún más el verdor de Kiều, se cuidaba más del rosa, 

pues, de carácter codicioso, enloquecía como husmease dinero.

 

Bajo la luna, la gallina de agua ya llamaba al estío 

y en las esquinas de los muros florecía el flamígero granado. 

En su habitación de seda, Kiều solazándose una parte del día, 

1.310.- tras las cortinas rosas, bañaba en agua de orquídeas las flores de su cuerpo: 

de un color tan transparente como el jade y tan blanco como el marfil, 

era, en verdad, un monumento palpable y presto erigido por la Naturaleza. 

Respecto al muchacho, cuanto más descubría sus cualidades, más la admiraba. 

Tales sentimientos le llevaron a escribir en cursiva un poema con la métrica Tang.

 

ANA PÉREZ CAÑAMARES: POEMAS

La poeta Ana Pérez Cañamares acaba de publicar, en el sello Lupercalia, el poemario ‘Economía de guerra’. Dentro de algunos días lo presentará en Zaragoza en La Pantera Rossa y ofrecerá un recital con Inma Luna en La Casa de Zitas. Me envía algunos de los poemas.

 

 

 

‘ECONOMÍA DE GUERRA’ DE ANA PÉREZ CAÑAMARES

 

Emigro a un país del interior

(del interior de mí misma).

He invitado a la vida

a venir conmigo; el mundo

se ha quedado fuera.

*

Emigro porque se hace difícil

seguir admirando ruinas. Macetas

que ya no dejan ver el bosque.

Emigro porque no soporto que se celebre

o ignore o rife la muerte.

Porque la estupidez y la maldad

se mudaron a mi bloque

y eran hermanas gemelas

y ya no las distinguía.

 

Emigro porque dentro de mí

aún quedan diez centímetros cúbicos

de arena virgen.

Corre, ven, la puerta va a cerrarse.

En la fiesta de inauguración vamos a llorar

por todos los que no ya no bailan.

Me he tragado toda la música.

Varias especies protegidas

anidan en mi estómago.

 

Tú eres una de ellas.

 

*

 

Qué hago si me muere la curiosidad;

ella, por la que he muerto yo

más de siete veces, y cada vez

me abrió un ojo, me dijo arriba

y me guió hasta la siguiente

aventura mortal.

 

Qué hago si se me muere

en plena niñez; ella muerta

y joven; yo vieja para siempre.

Si se me vacían los nombres

de los países, si todo

me huele a humo y me sabe

a leche rancia; y no ando

por las calles preguntándome

cómo se verá el cielo

desde cada ventana.

 

Qué hago si se me muere

la curiosidad; dónde la entierro.

Qué haré el resto de mi vida

sin preguntarme por el olor

y el nombre de las flores

que crezcan en su tumba.

 

 *

 

Hay un lugar entre la impotencia

                               y el heroísmo.

 

Entre el pozo y la cera derretida

                 por la cercanía del sol.

 

Entre el desengaño y la otra mejilla.

 

Hay un lugar. Cada día lo bautizo

                              con mi nombre.

 

 

 

(Todos los poemas de Economía de guerra, Editorial Lupercalia)

VIDA Y OBRA DE NATIVIDAD ZARO

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La mujer que quiso ser Don Juan

 

RITUALES DE SOL. Parecía que el cine durante años solo había sido cosa de hombres. Nada más lejos: Esta mujer que vivió en Madrid, en Berlín y Roma, es casi es el perfecto desmentido. Fue actriz, guionista, productora...

 

 

ANTÓN CASTRO

La primera vez que oí hablar de Natividad Zaro Casanova quizá fuera en una visita, poco antes de morir, de José Antonio Nieves Conde a Zaragoza. Se proyectó su película ‘Surcos’ en Ibercaja, un intento de hacer neorrealismo, o cine de denuncia social, “revolucionario”, en el franquismo. Entonces, no se habló mucho de ella, pero poco después, Javier Hernández y Pablo Pérez cerraban con ella su ‘Diccionario de aragoneses en el cine y el vídeo’ (Mira, 1994), y José Luis Borau también la citaba en su ‘Diccionario del cine español’. Casi a la par, esa mujer –actriz, escritora de teatro, guionista de cine e incluso productora de Atenea Films, durante una década, entre 1951 y 1961, más o menos- se convertiría en una obsesión del inolvidable Félix Romeo. Buscaba sus ediciones, rastros de sus piezas teatrales, carteles; si alguien iba de vacaciones o a un viaje literario al Cervantes, por ejemplo, le pedía que preguntase por ella. Natividad Zaro, en el fondo, era un misterio: había que seguir su rastro minuciosamente, desempolvar archivos y periódicos, escarbar en las librerías de viejo. Félix le dedicó un artículo y dejó en sus cuadernos algunas notas. Poco después del fallecimiento del autor de ‘Amarillo’ el 7 de octubre de 2011, el profesor de literatura e investigador turolense Juan Villalba ha completado su biografía en la ya desaparecida revista turolense de cine, ‘Cabiria’.

La propia Natividad Zaro dijo que había nacido en 1909 y no en 1905 como se había creído siempre. Villalba y Romeo dicen que nació en Borja y no en Daroca. Murió en 1978, al siguiente de haber sido atropellada por un coche. Apenas se sabe nada de su infancia y juventud. En Madrid estudiaría Filosofía y Letras durante cuatro cursos. En los años veinte, jovencísima aún, frecuentaría las tertulias literarias en distintos cafés, entre ellos La Granja del Henar, donde coincidiría con Luis Buñuel, con Lorca y algunos poetas de la Generación del 27 y con la exigencia de Valle-Inclán, que realizaba una especie de examen de personalidad, talento e ingenio a cualquier intruso: allí no se aceptaba a cualquiera. Pronto se inclinaría hacia el teatro. En realidad, se dio a conocer como rapsoda. Juan Villalba constata que la descubrió el escritor y periodista César González-Ruano, que elogió su belleza y su espléndida dicción. “Si es declamación, es declamación nueva. Lo que importa es esta voz, que acciona, y estas manos, que dicen; esos ojos de aguas de mar, donde asoma la vida hecha poesía”, dijo.  A partir de entonces, actuaba en distintas salas, como el Círculo de Bellas Artes, y a veces contó entre los espectadores a otro maestro como Ramón Gómez de la Serna. Al cabo de un tiempo, la oyó declamar Cipriano Rivas Cheriff, cuñado de Azaña y un gran hombre de teatro, y formaron un dúo, que se centró sobre todo en funciones dedicadas al teatro contemporáneo. En 1929 vivirá un momento muy especial: el 1 de noviembre representa el ‘Don Juan Tenorio’ de Zorrilla, pero no hace el papel de Inés, sino el del gran seductor. Aquella transgresión dio mucho que hablar: Natividad fue objeto de entrevistas y reportajes, casi tuvo que justificarse: dijo que Don Juan le parecía “un tipo anormal, sexualmente pervertido y equívoco”, pero que como drama era muy interesante. Siguió haciendo cosas: participó en ‘Pinocho’ de Carlo Collodi y montó varias obras de Benavente.  

A principios de los 30 –y la fecha tampoco resulta demasiado precisa: Juan Manuel Bonet tampoco la concreta en ‘Diccionario de las vanguardias en España’ (Alianza, 1995)- apareció en su vida el poeta y periodista Eugenio Montes, con quien se casó y con quien no tardaría en viajar por distintas ciudades de Europa: Montes, que se declaraba “católico, apostólico y compostelano”, y también podría haberse definido falangista, fue nombrado corresponsal de ‘ABC’ en Berlín, Roma y tuvo una casa en Rapallo, donde vivía el poeta Ezra Pound y por donde aparecía de cuando en cuando el zaragozano Juan Ramón Masoliver, que fue secretario del poeta norteamericano. En ese período, Natividad Zaro aprovechó para estudiar arte, teatro y literatura. Y en la contienda ejerció de enfermera y de actriz, con Niní Montián y Rafael Rivelles, entre otros.

Ella escribía piezas de teatro. Representó algunas pero logró que una de ellas, adaptada, pasase al cine: ‘El hombre de tres espejos’ (1947), un texto donde se mezclaba la metafísica, el cine y el crimen, bajo la dirección de Ladislao Vajda, que será también el director de su segunda película: ‘Sin uniforme’, a la cual Juan Villalba compara en algunos aspectos y coincidencias con ‘Casablanca’ de Michael Curtiz. No hubo buenas críticas.

Su primera película importante fue ‘Surcos’, censurada por el régimen: una película así, rodada en 1951, fue importante. La idea fue suya y en el guión intervino también Torrente Ballester. La censura arremetió contra ella y se puso en guardia. Ese mismo año fundó la productora Atenea Films. En 1952 trabajará con su paisano Fernando Palacios en ‘El tirano de Toledo’,  y en 1957 intervendrá decisivamente en la idea y en el guión de ‘Amanecer en Puerta Oscura’ de José María Forqué, que es una película de subgénero que mezcla social y el western de bandoleros que se ve con gusto. Poco después regresaría a Roma y colaboró en varias películas del ‘peplum’ o de romanos como ‘La rebelión de los gladiadores’ (1958) o ‘Las legiones de Cleopatra’ (1959), entre otras. Su última película fue ‘El aventurero de la Rosa Roja’ (1968), que interpretó una jovencísima Raffaella Carrà. Aún le quedaban diez años de vida y parte de ellos los pasó en Madrid. En 1978 sintió que bajaba el telón.

 

LAS ANÉCDOTAS

 

El retrato de Forqué. Diría José María Forqué: “A Natividad Zaro yo la llamaba la ‘Modesty Blaise española’, porque era muy emprendedora y se le ocurrían las cosas más insólitas. Me propuso una idea suya y que fue el esquema argumental de ‘Amanecer en Puerta Oscura’: acepté encantado y solicité que Alfonso Sastre, amigo de siempre y gran escritor, colaborase conmigo en el desarrollo de la historia”.

Entrevista. Declaró a HERALDO, tal como ha recogido Mariano García en ‘Tinta de hemeroteca’: “Comencé en ‘El Caracol’; en aquella combatida agrupación de nuevos luchadores, patrocinada por Rivas Cherif y bien orientada por Azorín y otros intelectuales, ávidos de introducir modernidad a nuestro teatro. El título de ‘Teatro de vanguardia’ asustó un poco a la gente, y bien sin razón fue… Se hacía arte puro”.

 

*Este retrato es de Ana Maorad, que lo incorpora a su nueva página web: www.anamaorad.com

 

22/02/2015 22:38 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

GUINDA: 'CATEDRAL DE LA NOCHE'

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ÁNGEL GUINDA: ’UN HOMBRE FELIZ’ Y ’CATEDRAL DE LA NOCHE’


Dentro de unos días, Ángel Guinda publica en Olifante su nuevo libro ’Catedral de la noche’, "después de 26 meses de trabajo (y de ellos los 7 últimos de revisiones constantes). La cubierta es amarilla porque en el fondo de mi Noche hay mucha luz, pese a todo". Del volumen, que lleva un epílogo de Manuele Masini, adelanto aquí estos dos poemas: ’Un hombre feliz’ y ’Catedral de la noche’.

UN HOMBRE FELIZ

Fue feliz compartiendo
los cantos y las risas,
la pobreza, el dolor.
Retozando en la escarcha,
comiendo y bien bebiendo.
Alegre a pleno sol,
solo en el descampado
o entre la muchedumbre.
Fue feliz de estar vivo
y afrontar las desgracias
ajenas como propias,
sereno o agitado;
liviano haciendo el muerto
sobre la piel del mar.
Fue feliz desterrado
de la realidad.
Feliz bajo la noche
coronada de lámparas,
en batallas de amor
que hacen temblar las sábanas.
Fue feliz derribando
murallones de lágrimas,
hablando con los astros,
escuchando a la muerte.
No descarta
ser feliz bajo tierra
mientras sigue la vida.

CATEDRAL DE LA NOCHE


¿No nos oriento? ¡Me llamamos Soy!
Sobrecogido por un claristorio
donde la boca del acatamiento es ciega,
la devoción se enrosca
al vapor alegórico de la iconografía.
Catedral de la Noche erigida a la ausencia.
Ya mi cabeza es un auditorio
con voces diferentes en diversos idiomas.
¿Suenan campanas o grutescos líquidos?
A veces se percibe el aura del Arquitecto,
del maestro de obras y de los albañiles.
A rostro descubierto
posan sin metralleta los apóstoles.
Rompe la orquesta de la oscuridad:
órganos encendidos del océano,
tenores del volcán, barítonos del trueno.
¿Piel o barniz? Lo probable en el rapto.
Alientos acuchillan las columnas.
Redoble incandescente de cerezos.
¡Esta locura de representación
es un embozo que arde embalsamado!
A veces se oye el sudor de los canteros.
¿Por qué mirar ahora que augurios me deslumbran
inflamados por vitrales borrosos
y un combustible rosetón magnético?
Esta noche con pórtico en el cénit
es un árbol de agua:
el asombro sacude sus brazos de cristal.
¡Débil Poder, infierno zoomorfo
con furor en las fauces de las uñas!
Fuegos fatuos de la estulticia
(papas, reyes, famosos, gobernantes, potentados)
como fachadas de polvo caerán.
¡Heroica fortaleza de los frágiles!
El poema ilumina los párpados celestes.
A veces me rodea un efluvio de óleos,
andrajos de mendigos, terror de hostigados
o las mortajas de los enterramientos.
¿Podré alcanzarte aquí, junco lejano y gótico,
blanca como morir?
El amor es sin remedio.
Globos sonda eran las palabras
del libro de nuestra vida que nos edificó.
Vibro traspuesto de olor a incienso y cera
sin que nada me escuche, sin que me hable nadie.
¿Por qué no suenan ya los carillones?
A veces se abren llagas de mártires asaeteados.
El cuerpo es una pira desmembrándose.
¡A la soledad no concierne el clamor!
Pero la duda persiste, llamarada en el mar.
De mármol son las alas del deseo cautivo,
escoplos que se quiebran
contra el tul de un precario respirar.
Mampostería de la separación:
el tiempo es sin retorno,
el adiós no tiene tumba.
¡Clavo de luz hincado en la madera!
El Día y la Noche son también emigrantes.
Cortezón sobre horrores, moratones por los batacazos.
Brota el sufrimiento

donde el silencio se tapa los ojos para no gritar.

El paso de los años no cura del todo.
A veces se diría que cruza un alma en pena.
Los huesos cereales, el corazón de vino,
el ungüento de la transustanciación.
Ya no hablo otra lengua que no sea el silencio.
Con tinta de fuego escribo en la humedad,
con tiza de esputo corrijo en el resplandor.
Muerte en el hielo, en el aire, en la pólvora.
El cordero me protege tras su balido de lana.
Eres tú mi sepelio, viuda oculta del día,
sublevación del éxtasis dentro de cada hoguera
donde es azul la miel de las ciruelas.
En la honda transparencia interior ya me veo,
redención entre zócalos, frisos, ojivas, panteones.
¡No hay bastantes tempestades de tinieblas
para envolver el sol!

 

*La primera foto de Ángel Guinda es de José Miguel Marco. Las demás pertenecen a su archivo personal.

20/02/2015 23:41 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'EL ESPACIO MURAL' DE A. VALLESPÍN

AURELIO VALLESPÍN PRESENTA

HOY 'EL ESPACIO MURAL'


Hoy jueves 19 de febrero, a las 20 h. en la Sede de la Demarcación de Zaragoza del COAA (c/ San Voto, 7), tendrá lugar la presentación del libro escrito por el arquitecto Aurelio Vallespín “El espacio mural”. Este trabajo pretende estudiar, a través de la pintura mural y la arquitectura que la cobija, la relación entre el espacio y sus límites, como elementos esenciales para la comprensión de la arquitectura. Antón Castro acompañará al autor del libro. Aurelio Vallespín es arquitecto y pintor, es un gran conocedor de la obra de Mark Rothko y aquí estudia las vidrieras de la catedral de León, los murales de la Sant Joan de Boi, las pinturas de Goya en San Antonio de la Florida, a Le Corbusier, los murales de Monet en 'La Orangerie' o murales de Rothko

19/02/2015 17:45 Antón Castro Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

MUESTRA DE PATRICIO JULVE

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'LOS TRABAJOS Y LOS SUEÑOS' DE PATRICIO JULVE EN LA USJ


Hoy, a las 10.30, en el Espacio en Blanco de la Universidad de San Jorge, se exponen más de una veintena de fotos de Patricio Julve, fotógrafo del que se da noticia, en varios de mis libros de relatos, entre ellos en 'El testamento de amor de Patricio Julve' (Destino, 1995 y 2000; Xorcida, 2011). Fotos de paisajes, de cementerios, bodegones, de algunas mujeres (una de ellas le inspiró uno de sus reportajes), de campesinos, de gitanos... Hay algunas copias originales y otras preparadas para la muestra en copias contemporáneas...

La obra de Patricio Julve ha ido reapareciendo en otros libros como 'Golpes de mar' (Destino, 2006), 'Los seres imposibles' (Destino, 1998) o 'Fotografías veladas' (Xordica, 2009)... Miguel Mena habló de sus días de fotógrafo de la agencia Efe y Pimpi López Juderías lo trasladó a Nueva York en uno de sus cortometrajes. Y figura en el libro '25+8. 1977 / 2010. Collage de instantes vividos por la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza' de José Luis Vázquez Giummarra.

17/02/2015 09:07 Antón Castro Enlace permanente. Fotógrafos No hay comentarios. Comentar.

FRANCISCO FUERTES, MUSEO DE TERUEL

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El artista de Singra realizó una valiosa y personal obra pictórica, escultórica y fotográfica de más de 500 piezas. El próximo martes, 17, en el Museo de Teruel, se inaugura una exposición dedicada a este artista turolense. 

 

 

Vida y arte de Francisco Fuertes

 

Francisco Fuertes (Singra, Teruel, 1946-1994) no es exactamente un desconocido, aunque su vida y su obra sigan envueltas en el misterio. Su hermana Manuela ha creado una especie de desván-galería en su casa donde están sus obras, más de 500 piezas de las disciplinas en las que se sintió cómodo: la fotografía, el dibujo, la pintura al óleo y la escultura. Todo está ordenado y cuidado y define a un creador que pasó del constructivismo inicial y quizá de un cierto surrealismo a un paisaje más abstracto y matérico, “seguramente identificable con los paisajes de su infancia”, según afirma el profesor y crítico de arte Ernesto Utrillas. Sus últimas obras al óleo eran un paisaje cada vez más depurado, casi obsesivo, de un colorido sobrio pero no exento de energía o de intensidad.

Francisco Fuertes, descendiente de una humilde familia vinculada al campo, sintió desde muy pronto la llamada del arte: le atraían los lápices, los colores, el deseo de darle salida a un mundo interior que siempre sería peculiar. A Fuertes no le gustaban las faenas agrícolas, pero sí la naturaleza, las noches de luna, el silencio de las eras, la arboleda, la cordillera de montañas que veía desde su casa. Hacia 1964 ya estaba en Zaragoza intentando dar rienda suelta a sus sueños. Se matriculó en la Escuela de Artes y Oficios en dibujo primero y luego en pintura. Allí, entre otros, coincidió con un futuro pintor algo más joven que él: José Manuel Broto. Y también con Eduardo Laborda e Iris Lázaro. Compartían la experiencia de la pintura de caballete. Pronto empezaría a realizar sus primeros óleos. Fue discípulo de Virgilio Albiac y en algunos momentos de su carrera parece haber un asimilado su manera de proceder: en alguno de sus cuadros se le ve un gran interés por aquella pintura de pueblos y paisajes de carácter constructivo, próxima también a la obra de Juan Manuel Díaz Caneja o Benjamín Palencia.

Pronto participará en exposiciones: primero colectivas, en el Casino Mercantil, y luego se presentará con su primera individual en la sala Bayeu compuesta por temas clásicos: el bodegón, el paisaje urbano de diversos rincones de Zaragoza y una selección de piezas de diversos pueblos de Aragón: Alquézar, Albarracín o Muel. En su casa estaban un poco inquietos con su futuro. Su madre parecía protegerle un poco más, pero su padre le sugería que se buscase un oficio de mayor porvenir. Por eso, tal como relata su hermana Manuela, desde 1964, también alternó sus estudios de arte con el aprendizaje del oficio de tornero en el Centro Sindical de Formación Profesional Acelerada; obtuvo el título en 1967. A la par crecía como artista: ganó algunos premios, recibió algunas ayudas y participó en colectivas en Francia, en compañía de pintores como el citado Virgilio Albiac y Ángel Aransay, entre otros.

Toda esta actividad, en buena parte, se vio mitigada por su ingreso en el servicio militar. Al regresar, su existencia iba a cambiar radicalmente: se trasladaría a Barcelona y allí ampliaría sus estudios: se especializará en policromía y retablo, haría nuevos cursos de pintura, y hacia 1975 se matriculó en la Escuela de Bellas Artes de San Jorge, donde obtuvo el título de profesor de dibujo, que le permitió impartir clases en Escuelas Pías de Sarria, entre 1983 a 1987. La experiencia no le dejó buen sabor de boca: solía decir que “los chicos eran tan repelentes como sus padres. A mi hermano le apasionaba la madera: la decoración de muebles, la ebanistería, la policromía, etc.”. Eso se verá en sus trabajos escultóricos, que elaboraba mediante planos y cilindros con un leve aire de construcción cinética. En 1988, dijo: “Estas piezas son muy grandes, son de madera, una vez construidas en yeso, de forma que consigan una cierta textura, las plateo con plata fina, después las quemo con un corrosivo, les doy goma laca y las patino, de esta manera queda un acabado muy agradable, pues parece metal”.

Francisco Fuertes era más bien reservado, hablaba poco y sentía mucho, y tenía mucha creatividad. Siempre tenía detalles con los suyos. Cuando regresaba a casa se dejaba ver poco. Ernesto Utrillas ha visto con mucha atención su obra –que ha expuesto en Monreal del Campo- y destaca dos colecciones muy distintas de fotografías: una de gente de la calle, mendigos, desharrapados, solitarios; a su cámara le había desviado el objetivo: parecía mirar hacia un sitio y captaba otro para no violentar a nadie. Y también hay otras fotos de movimientos. Él mismo revelaba y confeccionaba sus propios álbumes.

En su producción es muy importante la presencia del dibujo, que registra dos líneas nítidas: las rocas y los árboles. Utilizaba todo tipo de técnicas (lápiz, carboncillo, grafito), y lograba una sensación de volumen esencial, casi escultórico. Árboles y rocas formaban parte de los paisajes de la memoria, eran símbolos que lo vinculaban a un espacio.

Otro profesor y artista como José Prieto ha definido así su pintura: “Fuertes, en sus lienzos, no pretendía describir lo anecdótico, o lo particular, sino quedarse con la esencia. Le interesaba, el ritmo de los caminos, los surcos, los senderos, los límites de los sembrados y los perfiles de las montañas, que en su obra cobran una gran importancia, definen la imagen e imponen, a su pintura, una estructura cada vez más abstracta. En ocasiones, el horizonte aparece en la parte superior del cuadro, convirtiendo el lienzo en el campo de batalla de las masas cromáticas, que luchan en esta superficie, sin la oposición de ningún elemento figurativo”· La obra acusa en ocasiones rasgos impresionistas, aunque pronto vemos que está inscrita en otra estética más próxima a la ‘Escuela de Vallecas’ y a la ‘Escuela de Madrid’.

Hubo un instante en que su vocación artística era tan incontestable, recuerdan su hermana Manuela y el profesor Ernesto Utrillas, que decidió centrarse solo en su obra. Cada vez le gustaba más la labor de taller. Eligió la libertad, trabajaba de camarero los fines de semanas para disponer del resto del tiempo. Y así lo hizo, con auténtico fervor, hasta que una dolencia de riñón, quizá mal atendida, acabó con su existencia a los 48 años.

 

LAS ANÉCDOTAS

 

 

El árbol y la intimidad. En 1988 Francisco Fuertes fue objeto de una entrevista que no se publicó y que ha rescatado la familia y el Centro de Estudios del Jiloca. Dijo entonces: “Me gustan los árboles. Y con bastante frecuencia hago dibujos sobre árboles que no existen en la realidad. (...) cuando han pasado unos días y miro aquellos dibujos, me hacen ver con una gran claridad sentimientos que en un momento dado han existido en mí interior”.

 

Ausencia del hombre. El ser humano no aparece en su obra. Esta sería la razón: “Si yo me encontrara a gusto en la sociedad que me toca vivir, pues, posiblemente, pondría a alguno de sus miembros en mis cuadros. Pero, como detesto esta sociedad, mis cuadros se convierten en un espacio donde no entra el hombre, sino el espíritu”.

 

*Este artículo apareció hace dos veranos en Heraldo de Aragón, en mi sección 'Rituales de sol'.

14/02/2015 00:35 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

AGUSTÍN SÁNCHEZ VIDAL HABLARÁ DE 'GENEALOGÍAS DE LA MIRADA'

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AGUSTÍN SANCHEZ VIDAL HABLARÁ DE 'GENEALOGÍAS DE LA MIRADA'
Genealogías de la Mirada por Agustín Sánchez Vidal. Este ciclo de tres conferencias organizado por la Universidad de Zaragoza los días 23, 24 y 27 de febrero, correrán a cargo de Agustín Sánchez Vidal, escritor, guionista y catedrático emérito de Cine y otros medios audiovisuales. 
Inicialmente, se trata de un encargo del Museo del Prado, que ha sido impartido en esta institución dentro de las actividades de la Fundación de Amigos de dicho Museo, con extensiones a otras ciudades, como Barcelona y Vigo. El ciclo que ahora se propone en Zaragoza se enmarca en la edición anual de Vida en Ficciones. Los relatos en la era audiovisual, que coordina la profesora Amparo Martínez Herranz y trata de ahondar en el modo en que las narraciones se articulan a través de las imágenes, tanto en el pasado como las que ahora mismo se ensayan.
A lo largo de sus tres sesiones se abordará la construcción de algunos de los códigos que rigen nuestra mirada. Se trata de un camino de ida y vuelta, que vincula el clasicismo griego con el manierismo o el barroco, pero que más tarde se infiltra en las cámaras oscuras y en todo tipo de artefactos ópticos, hasta llegar a nuestros días y mantenerse con todo vigor en nuestras calles y plazas, en el cine, en los televisores o en los dispositivos digitales que manejamos a diario.
Se propone, por tanto, un acercamiento desde ángulos muy diversos (artísticos, literarios, tecnológicos, arquitectónicos…) a las relaciones entre instancias como la Pintura y el Cine. Pero no tanto en sus aspectos accesorios y anecdóticos cuanto en los estructurales. Es decir, el modo en que han organizado los flujos de imágenes a lo largo de la historia, desde la tradición artística más canónica hasta las creaciones de vanguardia, las diversas pantallas, la encriptación de las anamorfosis u otras imágenes secretas o los diseños urbanísticos más atrevidos.

-Primera conferencia (23 de febrero), dedicada a las Fisuras de la Perspectiva: anamorfosis e imágenes ambiguas, en la que se trazará un recorrido por la historia de las experiencias, investigaciones y sugerencias propiciadas por la imagen anamórfica. Un procedimiento que explotaba los márgenes de la perspectiva canónica para colar de rondón imágenes secretas que a menudo sirvieron como propaganda subversiva o para difundir imágenes poco respetables, como las eróticas. Y ello desde las primeras especulaciones científicas trazadas en el clasicismo griego, pasando por las invocaciones literarias y artísticas del Renacimiento o el Barroco, hasta llegar a las formulaciones más estrictamente contemporáneas, cultas o populares. Hoy las anamorfosis inundan nuestras plazas, explorando los fenómenos de la percepción desde ámbitos tan variados como la arquitectura, el cine o la publicidad.
-Segunda conferencia (24 de febrero). Un mundo nuevo. El siglo XVIII se planteó de forma sistemática una alternativa a la pintura de caballete, sacando a la calle imágenes intermediadas mediante lentes e iluminaciones muy elaboradas. Se analizará este fenómeno partiendo de la pintura del Museo del Prado de Giandomenico Tiepolo titulada Un mundo nuevo, donde se representa el entretenimiento popular así denominado, en el que ya estaban contenidos dos elementos básicos que con el tiempo pasarán al Cine: la banda de imagen y la banda sonora. Así es como se establecerán los mecanismos que han venido utilizando los narradores para contar sus historias, desde los charlatanes de feria al Kinetoscopio de Edison, hasta llegar al cinematógrafo.
-Tercera conferencia (27 de febrero). Panoramas: el ojo global. Los panoramas fueron pinturas circulares que comenzaron compitiendo con los espectáculos ópticos, hasta alcanzar dimensiones enormes que los convirtieron en el máximo entretenimiento del siglo XIX, el dinosaurio de los Mass Media. Estos formatos dejaron su huella en la arquitectura de hierro y los pasajes comerciales, en los museos, en los géneros costumbristas o en la pintura de historia, haciendo crecer la imagen en extensión y ambiciones. Dichos cuadros, a su vez, sirvieron de referente e inspiración al cine, cuando las películas pudieron ampliar las dimensiones de su encuadre, gracias a los formatos de pantalla como la Polyvision, Cinemascope, Cinerama, Vistavisión o Panavisión.

 

 

12/02/2015 15:56 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

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