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EN HECHO, CON EMILIO Y MARI CARMEN

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CUENTOS DE DOMINGO* / Antón Castro

 

En Hecho, sin miedo

 

 

Si para un barcelonés, las Rambas son la calle más alegre del mundo, tal como escribió Federico García Lorca, para los aragoneses el Pirineo es un pulmón de felicidad. Un lugar al que siempre hay que ir. El Pirineo es la montaña, el cielo diáfano o casi cárdeno, la majestuosidad inefable, la arquitectura, ese arsenal un tanto indescriptible de vida, tradición y memoria que se percibe de inmediato: en las casas, en las flores que asoman al balcón de madera, en las calles empinadas, en las queserías o en las panaderías. Hecho está encajonado entre montañas y ha hecho diversas apuestas a por el turismo, por el arte, por el ocio en calma, por la aventura. En Hecho, ese hombre de paz que se llama Emilio Gastón, primer Justicia de Aragón de la democracia, tiene una casa solariega de 200 años. La comparte con su mujer, Mari Carmen Gascón, poeta y profesora. En esa casa, objeto a objeto, piedra a piedra, hablan el Pirineo y los secretos de una familia aragonesa que ha tenido catedráticos, sociólogos, músicos, abogados, escritores o poetas y escultores como Emilio. Allí la vida, avasalladora, se multiplica en todos los detalles. Desde las orlas universitarias, los lienzos, las figuras de metal y los esquilones, hasta las fotos, los carteles, las imponentes cadieras, que han oído conversar y reír a Lázaro Carreter, Francisco Ynduráin, los Blecua, padre e hijo, Domingo Miral, Veremundo Méndez y tantos y tantos que se han sentido llamados por Jaca, Ansó, la Selva de Oza, Hecho o Siresa. Uno de los lugares embrujados es la bodega: hay cubas de vino, hay atmósfera, esencia húmeda de los años, olor a fantasmas. La casa tiene dos bibliotecas, con materiales increíbles, desde el siglo XVIII hasta nuestros días. Carmen está muy orgullosa de la revista ‘La Esfera’, una maravilla de fotograbado e ilustración, y cada verano lee artículos de hace un siglo, 1915, 1916 o 1917. El gran tesoro está arriba, en la falsa: allí se agolpa el silencio denso de la memoria en un escenario de cine turbador. Además, unos kilómetros más arriba, Emilio y Carmen poseen una borda. De enamorados, de poetas o de observadores de las bellezas del Alto Aragón. Duermen a menudo allí. Y estos días, han contado las estrellas y han recordado que Barcelona es una gran herida en la piel del mundo. Allí, en la soledad existencial de la noche, ellos tampoco tienen miedo.

 

  • Columna de Heraldo de Aragón. La foto de la bodega de Emilio Gastón y Mari Carmen Gascón es el ilustrador y editor Javier Hernández, que vive en Siétamo, con su compañera Raquel Sobrino, violinista, y con su hija Noa, que toca la viola.
21/08/2017 00:41 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SE PRESENTA LA HISTORIA DE LECHAGO

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“HISTORIA DE LECHAGO Y SUS GENTES” DE AGUSTÍN MARTÍN SORIANO

 

El sábado 19 de agosto se celebrará en Lechago, en el Pabellón Luis Alegre, la presentación del libro ‘Historia de Lechago y sus gentes’, de Agustín Martín Soriano, editado por la editorial aragonesa Doce Robles que, con este volumen, inicia una colección de libros sobre pueblos de Aragón.

 

El acto, que comenzará a las 19.30, forma parte de la Semana Cultural organizada por la Asociación de Amigos de Lechago.

 

En la presentación intervendrán, además del autor, Julio Saz (de la Asociación de Amigos de Lechago), Javier Lafuente (editor del libro), el periodista y profesor lechaguino Luis Alegre, y Manuel Rando, el alcalde de Calamocha, el municipio del que Lechago es pedanía.

 

Historia de Lechago y sus gentes, que cuenta con un prólogo de Luis Alegre, es el primer libro que se publica sobre este pueblo de la Comarca del Jiloca. En el texto, que ocupa unas 300 páginas e incluye cientos de ilustraciones, Agustín Martín Soriano realiza un exhaustivo recorrido por la historia del pueblo desde la Prehistoria hasta 2017, además de un excepcional retrato de la geografía física, humana y sentimental del lugar. El libro, resultado de un gran esfuerzo de documentación e investigación, recoge también semblanzas biográficas de las decenas de personalidades vinculadas al pueblo.

 

Agustín Martín Soriano nació en Lechago en 1957. En 1965 emigró con su familia a Barcelona, donde permaneció hasta 1982. Ese año regresó a Aragón para instalarse en Zaragoza. Ingeniero Técnico Químico por la Universidad de Barcelona, es un  amante de  todo lo relacionado con  Aragón, pero sobre todo  de Lechago, su pueblo.

Militó en el movimiento vecinal zaragozano y en el aragonesismo de izquierdas. Fue concejal del ayuntamiento de Zaragoza de 2003 a 2007  por CHA y en 2011 abandonó la política activa.

Fue uno de los fundadores de la Asociación de Amigos de Lechago en octubre de 1993 y hasta 2016 ha sido director de sus revistas El Pairón y Cantalobos y  miembro de su junta directiva. También pertenece a la junta directiva del Centro de Estudios del Jiloca y colabora en sus publicaciones Xiloca Cuadernos de Etnología del baile de San Roque. Pertenece asimismo al  Rolde de Estudios  Aragoneses y colabora en su revista Rolde. Igualmente forma parte de la AVV La Paz-Torrero de Zaragoza y ha colaborado en las publicaciones Dorondón L’Astral. También ha colaborado con ARMHA (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón) y  AGA  (Asociación de Gaiteros de Aragón).

Es  autor del libro Libertarios de Aragón. Cronología en torno a Joaquín Ascaso, el Consejo de Aragón y los anarquistas de nuestra tierra. Doce Robles, Zaragoza, 2015.

 

18/08/2017 08:46 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

SAMPEDRO, POR ANTONIO CALLAU

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Este es el retrato que Antonio Callau, a lápiz y carboncillo, hizo de José Luis Sampedro y se colgará en la nueva Biblioteca de Canfranc, que se abrirá próximamente. La Biblioteca de Canfranc lleva el nombre del autor de 'Real Sitio'. Ha sido un obsequio del Ateneo Jaqués, que lideran Marcos Callau, Lucía Pons y Kike Ubieto.

16/08/2017 09:50 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MURIÓ PILAR GÓMEZ BEDATE

ADIÓS A LA ESCRITORA, TRADUCTORA

Y PROFESORA PILAR GÓMEZ BEDATE

 

 

Viuda del poeta Ángel Crespo, editó a Juan Ramón Jiménez, Boccaccio y Mallarmé, y solía pasar temporadas en Calaceite.

 

El pasado domigno 13 de agosto, en el hospital Miguel Servet de Zaragoza fallecía la profesora, escritora y traductora Pilar Gómez Bedate (Zamora, 1936-Zaragoza, 2017). Hace un par de semanas, tras la celebración de unas jornadas de ‘Poesía y Traducción’ en “el paraíso de Calaceite”, como solía decir, en homenaje a su esposo Ángel Crespo (Ciudad Real, 1926-Barcelona, 1995). Pilar sufrió un derrame cerebral que se complicó con una neumonía y ya no pudo recuperarse.

Pilar Gómez Bedate fue siempre una mujer muy activa, afable y entusiasta, capaz de desplegar una gran energía y una gran sensibilidad hacia el arte, la literatura y la enseñanza. Doctora en Filosofía y Letras, fue Catedrática de Literatura Comparada en la Universidad de Puerto Rico (1967-1988), profesora titular de Filología Española en la Universidad Rovira y Virgili de Tarragona, y Catedrática de Literatura española en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, donde se jubiló.

Hacía poco tiempo, viuda desde 1995, decidió trasladarse de Barcelona a Madrid, donde se sentía muy feliz, rodeada de amigos, y donde seguía muy activa, cuidando la obra del poeta y traductor Ángel Crespo –excelente poeta simbolista, biógrafo de Fernando Pessoa y traductor de Dante y Petrarca, entre un sinfín de empeños-, a la vez que escribía cuentos y poemas que aparecerán en el próximo otoño en el sello Polibea. Pilar Gómez Bedate nació en Zamora en 1936, se trasladó a Madrid en los años 60, ejerció la crítica de arte en revistas como ‘Ínsula’ y ‘Cuadernos Hispanoamericanos’ y se unió, a mediados los años 60, a Ángel Crespo, con quien viviría en Puerto Rico, en Upsala, en Brasil y por supuesto en Barcelona.

Como habían hecho José Donoso y otros amigos como el pintor Rafols Casamada, el editor y narrador Toni Marí o el escultor Fernando Navarro, Ángel y Pilar se interesaron por la tradición literaria y el silencio de Calaceite, un pueblo de Teruel, y adquirieron una vivienda. Allí, ante los olivos y los almendros, en una casa de piedra con palomar, pasaban sus veranos. Recibían a muchos amigos, escritores y artistas, y fueron dos de los promotores del renacimiento cultural de Calaceite, ese lugar donde han residido Mauricio Wacquez, Teresa Jassá, Natacha Seseña, Elsa Arana…, y que han frecuentado Ángel Guinda y Trinidad Ruiz-Marcellán, Fernando Valls y Gemma Pellicer, Juanjo Flores y Sira Hernández, César Antonio Molina y Mercedes Monmany, su sobrino Nacho García Crespo y su mujer María Ángeles, que estuvieron con ella hasta el último momento. Y en el cementerio de la localidad del Matarraña reposa Crespo y descansarán las cenizas de Pilar.

Pilar Gómez Bedate se especializó en lenguas románicas. Editó y tradujo a Giovanni Boccaccio, en especial su obra maestra, ‘El Decamerón’, a Stéphane Mallarmé (al que también tradujo; era uno de sus poetas más amados). Editó varios libros de Juan Ramón Jiménez, a José Luis Giménez Frontín, a Carlos de la Rica, entre otros, y preparó una ‘Antología de la poesía modernista’. Y coordinó y recuperó varios libros de su esposo, poeta de inspiración simbolista. El escritor Pedro Sorela comentó: “Su sensible ‘Conocer Stendhal’ (Dopesa, 1979) destaca en la extensa bibliografía stendhaliana. A mí me ayudó mucho en mi propio ensayo sobre Stendhal”. No solo eso: estuvo detrás de varias revistas y perteneció al comité asesor de editoriales como Igitur, de Rosa Lentini y Ricardo Cano Gaviria. Como traductora, vertió al español a Joao Guimaraes Rosa y a los italianos Primo Levi y Carlo Ginzburg, entre otros.

Autora del poemario ‘La peregrinación’ (1966), en los últimos años, decidió publicar un nuevo volumen: ‘Las aguas del río’ (Olifante, 2011), que el poeta y crítico José Corredor Matheos definió así: “Un homenaje, ya explícito, rememoración de una vida en la espera del amado y de rápido recorrido vital en su compañía, que finaliza en la soledad de su recuerdo. Pero no se trata de un libro elegíaco, porque, aunque lo empañe a menudo la tristeza, puede más la presencia del Ausente, que sigue marcando con fuerza su silueta”. Uno de sus grandes amigos, Javier Lostalé, poeta y crítico literario, la definió así: “En Pilar se unieron conocimiento, pasión por la palabra y un profundo sentido de la amistad. Su espíritu estaba modelado por una síntesis del renacimiento y de la modernidad”.

 

 

*Tomo esta foto de Pilar Gómez Bedate con Jordi Doce -que estuvo ayer en el cementerio de Torrero con Javier Lostalé, José Luis Gómez Toré y Esther Ramón-, la tomo de aquí: 

http://zetaestaticos.com/extremadura/img/noticias/0/975/975445_1.jpg

15/08/2017 19:10 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MOHSEN EMADI: CUATRO POEMAS

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Olifante publica un nuevo poemario del poeta persa Mohsen Emadi: Suomalainen iltapäivä, que se traduce por ‘Una tarde finlandesa’, en su colección Papeles de Trasmoz, La Casa del Poeta. El libro, entre otros poemas, bellos e impresionantes, muy trabajados, incluye su espléndida elegía a Marcelo Reyes, que fue cofundador del Festival Internacional de Poesía del Moncayo y coeditor de Olifante, hasta su muerte. He aquí una selección de cuatro poemas del libro que se presentó hace unos días en Exposoria. Emadi, familiarizado con el Moncayo y muchos amigos de Aragón, es traductor y videoartista.

 

 

19

 

Amanecer durmiente.

 

Abro la ventana:
la voz cristalina de un niño.

Desde la ventana
no es visible ningún niño.

El sueño que no has dormido
llena tu despertar.

Como cada mañana
esta almohada está mojada.

 

 

20

Las pérdidas

no están en nuestra naturaleza,

pero en nuestra intención humana

acontecen.

 

Sin embargo, el cuerpo disfruta

besándote o besándola.

 

La invención del ser humano

tal vez fue un error.

 

La nieve cae sin razón

 y el poema escrito con intención humana

 no cura a nadie.

 

 ¡Bésame!

 

 

21

 

Le dije: ¡dame una palabra,

te daré un poema! Ella dijo: pon tus labios

 un poco más cerca,

voy a dar a luz una palabra.

Asustado

escapaba de la resurrección.

 

Por años, en este poema

he estado esperando

           la muerte.

 

 

22

 

Una mujer usa maquillaje

en su esfuerzo por ser diosa.

Ninguna mujer usa maquillaje

 intentando ser humana.

Ella dice: mírame,

reza por mí.

 

En la soledad de todas las diosas

ella da a luz a los niños:

 

Medio mortal,

medio inmortal.

 

Yo siempre fallo

 al describir su artificial belleza

en mi poesía.

Por mucho que el poema no necesite belleza

 ella necesita mis besos.

 

 

NOTA BIOBIBLIOGRÁFICA

Poeta, traductor, programador y cineasta. Ha publicado los libros de poesía: ‘La flor en los renglones’ (Lola Editorial, 2003, España), ‘No hablamos de sus ojos’ (Ghoo Publishing, 2007, Irán), ‘Las leyes de la gravedad’ (Olifante, 2011, España), ‘Visible como el aire, legible como la muerte’ (Olifante, 2012, España), ‘Abismal’ (CrC, México) y ‘Standing on earth’ (Phoneme Media, EUA). Es fundador y editor de ‘Antología Persa de Poesía Mundial’ desde el 2007. Su poesía ha sido traducida a varios idiomas. Al mismo tiempo ha proyectado sus documentales poéticos en varios países. Su trabajo poético ha sido reconocido de diversas maneras: Premio Poesía de Miedo (Casa del Poeta, Trasmoz, España, 2010), Beca FILI (Finnish Literature Exchange, Finlandia, 2010), IV Beca Antonio Machado (Fundación Antonio Machado, Soria, España, 2011), Beca ICORN (Red internacional de ciudades para escritores refugiados, 2012-2015) y VI Distinción Poetas de otros mundos (Fondo Poético Internacional, 2015). Actualmente reside en México.

15/08/2017 18:43 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FERRER LERÍN: UN POEMA

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'QUÉ INGRÁVIDO SOSIEGO': UN POEMA DE FERRER LERÍN
[Un poema del próximo libro de Francisco Ferrer Lerín, poeta, narrador y ornitólogo que reside en Jaca. Es especialista en aves carroñeras, en lenguaje, en bestiarios, en el puro arte de la invención.]


QUÉ INGRÁVIDO SOSIEGO



Qué ingrávido sosiego.
La nave industrial, hangar
de proporciones inmensas, cemento
sobre el que, dispuesta
en concéntrica figura, aguarda
a ser cargada,
en el ómnibus rugiente,
una remesa de ancianos, inmóvil,
sumisa, únicamente alterada
por una discreta nube
de insectos taladradores.


Ellas abotargadas,
las cabezas abatidas, troncos
de serrería, los brazos
en proyección
hacia una muerte que tarda, en postura
de cavar, o suplicando
el arrastre, el vertido
ya al foso, aunque
no esté abierto del todo
y caigan sobre la tierra
removida.


Ellos,
ausentes,
masticando sangre coagulada,
mientras bailan sus muelas en las inseguras encías
y sueñan con novias desnudadas por solteros.


*Este texto pertenece al poemario 'Libro de la confusión', que aparecerá a primeros de 2018 en Tusquets, en la colección Nuevos Textos Sagrados, que dirige Toni Marí. Ahí, Paco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942) publicó 'Fámulo' (2009) y 'Hiela sangre' (2013).

**Este retrato de grupo pertenece a August Sander, uno de los más grandes fotógrafos de todos los tiempos.

15/08/2017 12:20 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PARNASO 2.0. ANTOLOGÍA DE MIS POEMAS

Una pequeña antología de mis poemas puede leerse aquí, en este dominio del Gobierno de Aragón.

http://parnaso2punto0.aragon.es/?p=1031

 

AMOR Y BRICOLAJE


Déjame que te lo diga. Mejor: déjame que lo piense:
en esta casa solo soy algo feliz por verte feliz a ti
pero vivo con la sensación de que no tengo
ni un instante de respiro. Todo es demasiado provisional.
Todo depende del aire, de la lluvia, de un vecino furioso
o de eso tan inquietante que llamamos azar.
Siempre vivo en alerta, en tensión. A la desesperada.
Siempre falla algo: el agua, la calefacción, algún motor,
un permiso, un canal de riego, siempre aparece una deuda
acumulada desde ayer mismo o desde hace siglos.
Siempre hay un árbol podado a destiempo,
uno de esos que ni deberíamos haber podado.
Acuérdate del nogal, ahora es un árbol desnudo, un tronco
sin ramas, un esqueleto descalabrado en medio del jardín.
Ya lo sé: soy aprensivo, temeroso, dubitativo.
Antes que contigo, me he casado con el pánico.
¿Sabes si se heredan los miedos y la incertidumbre?
Vivo en la cuerda floja permanente. Mi ánimo pende
de un hilo invisible, soy fatalista y enfermizo.
Siempre me pongo en lo peor: qué agobio, qué agonías,
¿cuándo te dedicarás a ser feliz, cuándo te abandonarás
a la noche, a los mares de maíz, al olor del tomillo?,
me dices a cualquier hora. Entonces, me callo y te miro.
Desde aquí o desde allá. Desde la ventana, mientras suenan
Regina Spektor, Suzanne Vega, Carole King o Noa.
En ese instante, casi me pareces una extraña:
la mujer inesperada que ha tomado el jardín, que coge
las brevas y que planta los tomates. La mujer
que se sienta en el porche con su gazpacho,
que se lanza a la piscina y se olvida del mundo:
incluso de mí y de mi angustia.

De nuevo, tengo
que decírtelo, ha llamado el vecino de al lado:
le molesta el ladrido de nuestra perra y no tiene agua.
¿Podrías mirar tú si se ha disparado el motor de la bomba?


TCHAIKOVSKY


Amabas la música sin saberlo.
De niño seleccionabas en el dial canciones
para tu madre en la aldea remota,
ante el lavadero y la fuente de las salamandras.
Aprendías la melodía del viento iracundo.
Por la noche te invadía el miedo: el acordeón
de los pinos agitaba su letanía obsesiva.
Pero aquel día era otra cosa. Y era la misma
acaso: la música es agua de luz, temblor de estrellas,
un arañazo de felino y de seda en el alma.
Ni siquiera conocías mucho al profesor:
vivía en una casa iluminada, blanca, con jardín,
y una mujer trajinaba entre las flores y los libros.
Pensaste: qué sonrisa esquiva, qué misterio lleva
desde el pelo hasta la floreada falda, qué melancolía.
El profesor te invitó a pasar: no sabías si era
su estudio, el cuarto de estar o el refugio del arte.
Te enseñó discos: muchos discos con el pudor
de quien expande la certeza de sus dones.
El meu amic el mar de Llach, Réquiem de Mozart.
Él escogió por ti: Piotr Ilich Tchaikovsky. Así lo dijo.
Con la seca trompetería de todas las consonantes.
Se acercó al aparato, comprobó el estado de la aguja
y puso el disco. Temblabas. Temblabas doblemente:
por el gesto delicado o la suavidad del instante,
y por todo lo que te esperaba. La tormenta de luz.
El maremoto de sonidos. El surtidor de sensaciones.
Antes de despedirse dijo: «Desde esta ventana
se ve el mar, las mariscadoras, las barcazas al sol.
Y desde aquella te asomas al bosque rumoroso:
hay caballos, fantasmas y ninfas al acecho».
Cerró suavemente la puerta y te dejó dentro.

No toqué nada. Como un sonámbulo o un poseso,
la melodía me llevaba al mar o al bosque.
Como un poseso, me quedé sin palabras.

RIAZOR


A Sara, que admira a Amaral

Recuerdo cómo eras entonces. Cómo eras.
Rabiosa y dulce a la vez, parecías flotar
en el aire o sobre la espuma. Parecías estar
aliada con un torbellino de certezas.
Amabas a otros. Sobre las rocas, en los montículos
de arena o en las grutas húmedas de sal.
Y en los bosques sagrados: te desmelenabas,
deslizabas en sus oídos palabras de lumbre,
sílabas que escocían como un puñal antiguo,
rosas lejanas, olores rotos de la memoria
que se desvanecían bajo los pinos y los arces.
No recuerdo cómo nos encontramos.
Se desmigaba el lento atardecer del playerío.
Quizá nos anduviésemos buscando. Intuías
de golpe cuándo desordenabas un corazón;
sabías mirar con el fulgor incisivo del sol,
y así me miraste, con aquel falso desdén que usabas
cuando alguien te importaba de pronto,
cuando elegías otro prisionero de tus enigmas.
Te vi allá abajo, avanzando por la playa de Riazor,
donde moría suavísimo el oleaje. Sola.
La ciudad se estrechaba entre los roquedales
y parecía querer abrazarte en su intimidad
de caracola. Bajé a trompicones, con esa abrupta
complicidad de dos amigos que se esquivan.
Te acompañé. Dimos una, dos, tres vueltas.
Me recordaste que eras de un pueblo lejano,
un pueblo de buitres y celajes imposibles,
de ríos insomnes y de viñedos. En realidad, dijiste,
no eras de ningún sitio. Te sentías la hija del mar,
de ese cosquilleo incesante de las olas
y aquel, me decías, era el mejor escenario
de tus tiempos muertos, entre clase y clase.
El tiempo aparte que rara vez compartías.
Apareció la lluvia y sacaste el paraguas de paseo.
Buscamos un refugio entre las rocas. Te acercaste.
O me acercaste a ti, a tu talle, a tu negro pantalón
de pana, a tu intenso olor a pachulí y a granada.
Hablabas sin hablar con tus tenebrosos ojos
y la barbilla montaraz de quien ha besado mucho.
Levantaste el jersey y me dijiste: «¿Sabrías
matarme de amor, sobre los peñascos, y luego,
trocito a trocito, devolverme a la corriente?».

No sé muy bien qué hice. Llevo cinco años
encadenado a la noche y sus delirios.
Y aquí, entre tinieblas, te cuento una y otra
vez cómo te recuerdo, cómo aún me dueles.
Te fuiste con el alarido de la resaca, mar adentro,
confiada, ajena a los destellos del faro.



AMOR DE MADRE

[5 de mayo de 2013]

Nunca he tenido palabras suficientes para ti.
A ti te gustaron mucho desde niño y las coleccionabas
como se coleccionan cromos o recortes de prensa.
Me habría gustado decirte que recuerdo
cada instante de tu niñez, tus miedos,
cómo corrías tras las olas, cómo mirabas a todas
las mujeres con descaro, con el dolor
de un querer imposible y precipitado. A veces
pensaba que las deseabas a todas: para ti, en tus sueños,
en un futuro feliz que imaginabas junto al mar.
Nunca he tenido la certeza del cariño. Ni he conocido
el idioma de la ternura, la última seda de las caricias.
Te vi crecer. Enfurecerte en las tardes solitarias.
Encerrado con tus libros y con tu silencio.
Envuelto en la soledad y sus cuchillos de luto.
Recuerdo lo que te gustaba: una conversación,
un nuevo libro, una película de amor apasionado.
No conozco a tantas actrices que te hacían
perder la razón, repetir sus diálogos, decir su nombre.
Después, cuando empezabas a irte de casa,
cuántas veces te esperé asomada a la ventana.
Tu padre apenas decía: ¿viene el chaval? Ven, mujer,
descansa, ya vendrá. Mañana nos espera la tierra.
No le hacía caso. ¡Cuántas veces te esperé hundida
en el abismo de la noche, ya sin lágrimas! Esperé en vano.
Un día, cuando creíamos haberte perdido ya,
cuando una extraña forma de locura se había instalado
en tu corazón y en tu cabeza, en tu cabeza loca,
nos anunciaste que te marchabas. Que te ibas de casa,
no sé si al fin del mundo o aún más lejos.
Compostela. Madrid. Barcelona o Zaragoza.
Tu padre no se lo creía. No podía aceptar que hubiera
dejado de ser imprescindible o importante en tu vida,
como aún lo era, de otro modo, para tus dos hermanos.
Nunca tuve las palabras necesarias para ti.
Tampoco entonces. Se me empañaron los ojos
y los ánimos. Se me oscureció la alegría.
Ha pasado el tiempo. Y sigo sin saber ponerle vocablos
a mi melancolía, a mi propia sensación de pérdida.
La vida se me apaga: ya lo sabes. He tenido un ictus,
ando con dificultad, no sé si volveré a verte.
He rebasado esa edad que te aproxima al adiós.
Por eso, esta mañana he cogido el último cuaderno
intacto que me queda y te he puesto solo tres líneas:
«Hijo mío, verdaderamente siempre he sentido una gran
pasión por ti. Quiero que lo sepas, estés donde estés,
en Compostela, en Zaragoza o en el fin del mundo».
Si no te importa, llámame si alguna vez te llegan.


BUSCANDO A DEBRA WINGER


Perdí la cabeza por ti,
antes, mucho antes de Tierras de penumbra.
Mucho antes de que fueras poeta
y una criatura mortal frente a la noche.
No sabría decir por qué. La luz de tu sonrisa,
tu picardía, tu fuerza, la manera en que bebías
la claridad del mundo en cada abrazo.
Me gustabas siempre: en cada diálogo,
en cada beso, en esa alegría incontenible
de estar a punto de irte para siempre a otra playa.
Pero cuando te vi en El cielo protector,
me sentí enfermo, poseído de amor.
Entendía, y no entendía, tu pasión por el desierto,
el helado rescoldo del plenilunio en la arena,
la muerte inesperada de un amor disipado.
Y luego, llegaste a aquel villorio,
a otra forma de prisión. Y a la violencia
del anhelo. Aún te veo: extraña y extranjera,
arrebatada y muda, mientras te acariciaban
y sorbían el sudor de tus muslos. Aún te veo:
lejana y sola contra la tiniebla y la escarcha.
Aún te veo: a horcajadas, a punto de estallar
como el torbellino de todos los deseos.
¿Recuerdas? Tú eras la piel del escalofrío.

Luego te esfumaste. A otro mundo,
a otras formas del olvido y del silencio.
Incluso salieron a buscarte. Querían, como yo,
saber de ti: buscaban a Debra Winger
y a las mujeres como tú que desaparecían de la pantalla.
Esa película perseguía a un fantasma,
una ninfa de antaño, vulnerable y sensual.
Ese rescate imposible enerva todos mis sentidos.
Cierro los ojos e imagino que estás ahí,
en el interior de la pantalla a punto de decirme:
«Ven. A veces solo en el cine se cumplen
los mejores sueños, peligrosamente juntos».

UNA BRISA NOCTURNA


A Ángel Crespo y Pilar Gómez Bedate

Vivían con las palabras precisas.
Con las suyas y con las de los otros:
con las de Fernando Pessoa y Rilke,
con las de Juan Ramón Jiménez,
con las de Stéphane Mallarmé.
Y esas palabras, en forma de versos,
andaban por la casa como pájaros
inquietos, como las notas huidizas
de una ópera o de un río de sílabas.
Vivían entre las piedras y el cielo,
entre los búcaros y el aleteo
de las telas. Siempre había un olor
a madera y a intimidad tomada.
Los libros estaban cerca. Los discos,
los cuadernos y una cesta de frutas.
Al llegar la noche, él se retiraba
a un palomar que era su obrador,
su estudio y el oratorio de la poesía.
Hablaba con Ofelia, con Zenobia,
con Beatriz, el delirio de Dante.
Congregaba a los espectros del verbo.
Había un instante en que ella subía
a sentarse a su lado: temblaba la luna
y encendía la fronda de los olivos.
Una brisa retornaba del campo
y entraba por la ventana para ellos.

 

UNA TARDE EN EL JARAMA


La escritora necesitaba la compañía del whisky
para soltarse la lengua. La suya era una vida
trabajada contra el destino y la ira. Estábamos
en una de esas cenas íntimas que suceden
a una tertulia con público apasionado.
Una de esas cenas donde las confidencias
van y vienen, y con ellas los chismes, los secretos.
Cuando todos habíamos liquidado los postres,
ella dijo: “Ni los escritores sabemos nada de amor.
A mí me ocurrió. Me casé enamorada, fui madre
de inmediato, bebía los vientos por él, lo deseaba,
lo deseaba tanto como la inspiración y la gloria.
Un día, no sé por qué, me cruzó la cara. Y tiró
una de mis libretas por la ventana: la seguí un instante,
se caía al vacío como un pájaro condenado.
En aquellas páginas hablaba de nosotros, de las noches

de pasión y de la nostalgia instantánea del sexo.
Me marché de casa poco después: con otra libreta,
malherida, humillada y sin nuestro único hijo.
Camilo José Cela, a quien siempre había visto como
un ogro, me recogió en su casa. Me cedió un cuarto
y me dio todo su cariño y el de su mujer menuda.
Temblaba de día y de noche. Sufría con la luz.
Me habría arrojado por un precipicio. Soñaba.
Pensé que me había olvidado de escribir. Lloraba.
Un día me encontré con un hombre, afable,
que miraba el vuelo de los gorriones del parque.
Que subía y bajaba de los tranvías. Dibujaba
y sonreía y montaba en bicicleta como un chiquillo.
Tuve la sensación de que él tampoco
esperaba nada del mundo ni de sus accidentes.
Le hablé. Concertamos varias citas. A orillas
del Manzanares, en el Retiro, en un tren de cercanías.
En un cine de doble sesión. Allí nos besamos
cuando la pantalla se iluminó con los ojos líquidos
de Ingrid Bergman. ¿Por qué lloras tú también?
Nos fuimos a vivir juntos. Recuperé a la escritora
que siempre había llevado dentro, y a la ebanista
que construía castillos y palacios y barcas a la deriva,
y a la niña artista que pintaba alondras en el bosque.
Ya no sabía bien si los dibujos eran míos o eran suyos.
Una tarde nos fuimos al Jarama. Recuerdo la corriente
agitada, los vencejos entre nubes de fuego, la brisa.

TESTIGOS DEL JARDÍN BOTÁNICO

A Rafael Navarro. Fotógrafo

Les tengo miedo a los aviones, a los barcos y a las autopistas. Por
eso no me atrevo a viajar. Me desplazo con la imaginación: a los
museos del mundo, a las ciudades como Praga, Venecia y Lima, a los
paisajes de la Toscana, a los cementerios lejanos y, sobre todo, a los
jardines. A los jardines botánicos de medio mundo. Me fascinan, me
enloquecen. Sueño con ser mota de luz, pájaro ínfimo, brizna del
valle o un golpe de viento para internarme en ellos como si fueran
mi hábitat, y yo un explorador incansable. Un coleccionista de aromas y de
colores. Sueño con no ser, ni siquiera fantasma
invisible, y hacerme un cubículo entre las plantas. Por eso te llamé:
Ven. Te reservo una sorpresa. Se llama Testigos. Tampoco te dije
más. No sabía si vendrías. Qué inquietud la del enamorado que
espera, qué llanto sordo se deslíe en silencio por todos los rincones
y, a la vez, qué ilusión, qué desvarío, qué ansiedad pervertida e
infantil. Yo me decía: ¿Y si viniera, si se atreviese a abandonar sus
últimos maniquíes, los poemas, los cigarrillos y el cieno oscuro de
sus sueños, y viniera? Viniste. Con una resaca grandiosa de besos y
de telas, de madrugada y de alcohol. Te abracé y, sin decirte nada, te
empujé hacia dentro. En letras bien grandes leíste: Testigos de Rafael
Navarro. Una exposición de fotos de naturaleza, de paisajes de
claridad tenue o nítida, de fronda voraginosa. Una muestra de los
viajes del fotógrafo a jardines botánicos de todo el mundo: Estados
Unidos, Roma, Milán, Londres, islas desconocidas. Te dije: “Vamos
a besarnos ante el corazón de la hiedra. Y allí, bajo la aureola de
ensueño de las corolas. Y allá, entre esa espesura de flores silvestres
que huelen a mar y a girasoles». Nos besamos. Aquí, allá, y aún bajo
otra instantánea: esa que revela que una flor ha sido hendida por un
insecto con su parsimonia obscena. Cuando apareció el guardia, me
empujaste hacia un bosque de helechos, mojado por la lluvia.
Dijiste: «Ven. Saltemos dentro. Tú y yo nunca hemos estado en
el edén».
13/08/2017 12:49 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'COCHES DE CHOQUE' DE ELÍAS MORO

El escritor Elías Moro (Madrid, 1959) publica un nuevo libro: 'Álbum de sombras' en Eolas, un viaje a la memoria y a los mundos que ya solo existen en el recuerdo.

Coches de choque

 

Por Elías Moro Cuéllar 

 

 

Cuando los feriantes llegaban al barrio, los de la pandilla íbamos a echarles una mano para el montaje de las atracciones y las casetas. “Echar una mano” es una forma de hablar, claro, porque lo más complicado que hacíamos era acercarles alguna herramienta a los mecánicos o acarrear cubos de agua desde la fuente. Para adecentar a fondo los vehículos eléctricos, todavía con la carrocería, los asientos sucio y los volantes pringosos de la feria anterior. Para que se lavaran los currantes después de la agotadora y grasienta faena contra reloj. Para preparar el puchero de la comida de aquellos nómadas de la alegría que con su casa y su negocio a cuestas traían un poco de felicidad todos los meses de mayo a la grisura existente en nuestras vidas.

   Lo que más nos gustaba de la feria eran los coches de choque. Los conducíamos en maniobras suicidas efectuando súbitos y espeluznantes adelantamientos con el único objetivo de provocar aparatosos golpetazos con quien tuviera la mala idea de cruzársenos por delante. Y cuanto más espectaculares, mejor. A veces, con los colegas perpetrábamos maniobras envolventes en busca de alguna víctima, de preferencia chicas solas. O en parejas, daba igual. Les dábamos unos sustos de muerte. Algunas, presas del pánico y en su afán por huir de los repetidos golpetazos, empezaban a girar y girar el volante a lo loco y entraban en una especie de bucle con el coche dando vueltas en el mismo sitio como una peonza sin encontrar la vía de escape; acababan llorando como magdalenas por el frenético acoso y los constantes topetazos, no os digo más. Eso sí: en más de una ocasión, después de las feroces acometidas y en cuanto se paraban, teníamos que salir a escape de los coches para huir de los padres, hermanos o novios de las muchachas. Habían presenciado el lance con un creciente cabreo y enfilaban hacia nosotros bufando como miuras y con arrestos de venganza. Menos mal que teníamos práctica de sobra en el regate, el repliegue y la evasión, que si no igual no estaba escribiendo esto ahora. Una vez aquellos parientes energúmenos atraparon al Anacleto, que no anduvo muy listo ni especialmente ágil, todo hay que decirlo, y cuando consiguieron arrancárselo de las manos hubo que llevarlo a la Casa de Socorro casi en parihuelas: decir que lo molieron a palos sería quedarme corto. No se anduvieron con pamplinas, no. Se formó una escandalera que ni te cuento, de las que hacen época. Aquel año se acabó la feria de manera abrupta para el Anacleto. Anda que no nos reímos luego de él ni nada. Gajes del oficio, colega, no nos lo tengas en cuenta.

Nos burlábamos cruelmente de la torpeza femenina manejando aquellos cacharros sin sospechar que no tardando mucho, a la vuelta de unos pocos años, aquellas chavalas nos las harían pagar todas juntas cuando las rondáramos con otras intenciones menos cerriles y más lúbricas y ellas se tomaran cumplida venganza de nuestra burricie por medio del desprecio o la indiferencia, cuando no de algún sonoro bofetón. Pero aquellos momentos con el volante en las manos en busca de una víctima, con la adrenalina producto de la excitación por el acoso y la caza de la pieza saliéndosenos por las orejas, no los cambiábamos por nada. Para que me entendáis: éramos como felinos hambrientos, al acecho en la espesura, prestos a saltar sobre la gacela distraída e indefensa para darse un buen atracón de carne fresca a la rica sombrita de alguna acacia. Y bastante cabrones también, por qué no decirlo.

Con una amplísima ventaja sobre el resto de los cacharros de la feria, aquella pista de chapas de hierro con su cielo metálico y electrificado donde se alineaban los coches de colorines como en la parrilla de salida de un Gran Premio Automovilístico, era un imán irresistible para nosotros. Si alguien quería encontrarnos de seguro durante los días de feria, no tenía más que acercarse por sus alrededores. Junto al carrusel de los caballitos, la nave vikinga y el tren de la bruja. Con sus musiquillas superpuestas. Frente a la pista de los coches, el resto de las atracciones (la ola, la noria, las tómbolas, los puestos de golosinas o frutos secos -¡ah, los dulces y refrescantes trozos de coco!-, los enormes autómatas mañicos simulando pisar la uva de Cariñena…) nos importaban un comino, un pimiento, una mierda. Excepto, quizás, las casetas de tiro con la escopetilla de balines, que también nos molaban un montón aunque nunca sacáramos premio. Los que jamás atinábamos a partir el palillo con el cigarrito pinchado sosteníamos con ardor ante quien fuera que las carabinas, unas antiguallas más viejas que el mear de pie, tenían que estar trucadas porque aquello no era normal. ¡Pero si los blancos estaban a menos de tres metros! Yo creo que solo atinaban los bizcos, que compensaban la variación del arma con la suya ocular. Recuerdo que había una variante de escopeta que en lugar de plomillos disparaba tapones de corcho con los que había que derribar diminutas botellas de licores. Inútiles todos los intentos, no recuerdo que nunca nos lleváramos ninguna. Aunque ahora que lo pienso, casi mejor, porque vete a saber de qué brebaje infame, de qué maléfico compuesto, de qué veneno para el estómago y el hígado estarían rellenas aquellas miniaturas de cristal. Por supuesto, entre los malos tiradores era creencia general la de que aquellos otros rifles tenían el punto de mira torcido o el gatillo duro o la culata blanda o el ánima del cañón lleno de porquería, con “más mierda que el zancajo un húngaro”, que decía mi abuela. Y así, claro, a ver quién era el búfalo bill que atinaba con el corchito de los cojones para tumbar la puñetera botellita. Problema de puntería seguro que no era porque con el tirachinas, rústico y ancestral artilugio que es mucho más difícil de manejar con tino, éramos unos hachas, unos figuras, unos campeones.

Cuando el montaje de la pista acababa, con todo a punto para la inauguración oficial y las preceptivas autoridades presentes para efectuar el pistoletazo de salida (el cura de la parroquia, el director del colegio, algún oscuro concejal de distrito, el siempre siniestro representante de las fuerzas del orden -algún inspector de segunda con cara de mala hostia por el marrón que se estaba chupando-…), los feriantes metían la mano en un sucio cajón de lata o un maltrecho cubo de plástico y, como si fuera un pobretón salario en especie, nos entregaban un puñado de fichas a cada uno en pago por la ayuda prestada. Y sería pobretón a ojos de alguno, no digo que no, no vamos a discutir ahora por eso, pero ese manojo de discos de plástico a buen recaudo en nuestros bolsillos era también un tesoro para nosotros, un botín que, al menos durante unos días, nos garantizaba diversión segura antes de enfilar el fin de curso con su inevitable ristra de exámenes y sus más que probables suspensos junto a pescozones paternos con deberes veraniegos de propina. Por vagos. Pero hasta entonces, carpe diem, viva la Pepa, venga juerga gitana, tócala de nuevo Sam y, ya metidos en jarana, ancha es Castilla y que salga el sol por Antequera. Estirábamos al máximo aquellas fichas, simplonas y sin embargo efectivas llaves de contacto, para que nos durasen durante toda la feria, día tras día y hasta el último momento.

Después de la clausura y el desmontaje de los baqueteados cachivaches entre restos de confeti y serpentinas, botellas vacías o rotas de vino, cerveza y refrescos, extensos manchurrones de grasa y pis, cuando no algo más gordo y maloliente en el suelo, o mutilados y ya inútiles boletos de rifas y tómbolas, nos tirábamos (como sabuesos en persecución de reo a la fuga, igual a entomólogos en pos de exótico escarabajo esquivo, tal que agrimensores enamorados hasta las cachas de lo suyo) unos cuantos días explorando a fondo el solar en busca y captura de fichas extraviadas o monedas perdidas por el personal en el trajín festivo. Con escaso éxito en la mayoría de las ocasiones y gran pesar por nuestra parte, todo hay que decirlo.

 

Luego esperábamos impacientes todo un año a que aquellos ambulantes de la diversión barata regresaran al barrio con sus eléctricos coches de casi imposibles y metalizados colores.

Se nos hacían muy largos los doce meses.

 

 

(De “Álbum de sombras”, Eolas Ediciones, 2017)

 

*La foto la tomo del blog de Enrique Vila-Matas, en alusión a un libro de Luis Pousa sobre el autobús.

http://www.enriquevilamatas.com/escritores/img/PousaBusAnyos50.jpg

09/08/2017 01:01 Antón Castro Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

VIERNES, 4, A LAS 20.30, PRESENTACIÓN DE 'GOLPES DE MAR' EN A CORUÑA

 

’GOLPES DE MAR’ EN A CORUÑA CON FERNÁN VELLO Y E. RIESTRA
Este viernes, día cuatro de agosto, en la Carpa das Librerías, en los Jardines de Méndez Núñez de La Coruña, conversaré con los editores Miguel Anxo Fernán Vello -poeta, dramaturgo, editor de Espiral Maior y ahora diputado en Madrid de As Mareas por la provincia de Lugo- y con Eduardo Riestra -editor de Ediciones del Viento, traductor y viajero constante-. La conversación girará en torno a la nueva edición de ’Golpes de mar’. Fernán Vello publicó en gallego ’Vida e morte das baleas’, en 1997, que contenía 11 textos. La edición definitiva tiene 23. Arrancaba en A Coruña y contiene varios textos más coruñeses, entre ellos varios fragmentos de ’La voz del mar’, el penúltimo cuento.
El acto será a las 20.30, después de la charla de la escritora Blanca Riestra con Marta Sanz. Si anduvieseis por allí, será un placer veros...

 

02/08/2017 13:29 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DE 'EL TANGO DE DOROTEO'

http://www.javihernandezdibujante.com/blog/76-javi-hernandez-y-anton-castro-ponen-todo-el-corazon-en-el-tango-de-doroteo

El dibujante argentino afincado en Huesca

y el escritor gallego firman su tercer libro en común.

El tango de Doroteo es el último trabajo a cuatro manos de Javi Hernández y Antón Castro, un libro objeto en el que ambos autores han derrochado altas dosis de cariño,esmero y virtuosismo, capaz de atrapar al lector desde las primeras palabras y trazos con la misma fuerza y lirismo que envuelven los sonidos de un bandoneón.

Myriam Martínez (Diario Alto Aragón)

Como señaló ayer el profesor José Domingo Dueñas en la presentación de esta obra, Antón Castro y Javi Hernández se entienden muy bien. O como diría después el propio Antón, ambos son capaces de adivinarse. Es el tercer título que el argentino y el gallego publican juntos. Los dos anteriores, editados por Nalvay, fueron La leyenda de la ciudad sumergida y El niño, el viento y el miedo.

“Son libros llenos de matices, que requieren una segunda lectura”, advirtió Dueñas. También destacó del dibujante, que reside en España desde hace quince años, su perfección técnica y su capacidad para sugerir con los colores, su confianza en sí mismo y su imaginación. “Su trabajo es muy simbólico y es un gran narrador visual”, aseguró. 

Por la perfección que busca en sus dibujos, se puede considerar a Javi Hernández como un autor clásico, pero Dueñas observó que hay muchos componentes vanguardistas en sus creaciones, utiliza marcos poco habituales, combina extraños elementos y se sirve de muchas metáforas y símbolos. “Hay una labor previa conceptual muy importante y creo que en este libro, Javi se ha superado a sí mismo”, proclamó. A Antón Castro, que se instaló en Aragón en septiembre de 1978, José Domingo Dueñas se refirió como un “todo terreno de la pluma”, aficionado a todo tipo de géneros y disciplinas artísticas, que igual escribe para niños que para adultos.

“Un narrador honesto y fiel a su universo”, resumió, que por cierto acaba de publicar también una nueva edición de Golpes de mar, en la que incorpora cinco relatos inéditos. En El tango de Doroteo, “Antón Castro hace un ejercicio de contención, porque el texto tiene una fuerza enorme y podía haber sido una novela”. Sin embargo, el escritor tenía que dejar su espacio a Javi Hernández, para que él también pudiera contar su propia historia. La original concepción del libro, cuya maqueta fue ideada por Javi Hernández, evoca formalmente al bandoneón. Se ha publicado con su pro- Antón Castro, de pie, y Javi Hernández presentaron el libro en el Centro Manuel Benito tras firmar en la feria. pia editorial, Ida y vuelta, y se puede leer en dos direcciones. El lector, subrayó Dueñas, puede relacionarse con él “cuerpo a cuerpo”, en un ejercicio físico e intelectual.

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El abuelo de Javi Hernández, natural de Siresa, se fue a vivir a Argentina y ya nunca más regresó a España. Antón Castro le pidió a su amigo que le contara la historia y se inspiró en ella para arrancarle toda la música a EL tango de Doroteo. Un joven deja sus montañas y se embarca hacia Buenos Aires en una travesía inolvidable en la que descubrirá el bandoneón y aprenderá a tocar este instrumento, de origen alemán pero especialmente popular en el Río de la Plata.

El tango de Doroteo Textos: Antón Castro Ilustraciones: Javi Hernández Edita Ida y vuelta “El texto es un homenaje a Javi, a los viajes de ida y vuelta, a la música, a Galicia y a Labordeta -señaló el escritor-. Es un libro objeto que está lleno de cariño, con muchos ambientes diferentes. Siempre que trabajo con Javi invento una película visual, pero me gusta que los fotogramas definitivos los haga él”.

Javi Hernández quiso ayer agradecer a Antón Castro su amistad, “por sus borbotones de cariño y su sabiduría, porque estar con él es una oportunidad para el conocimiento y el aprendizaje”. El dibujante argentino reconoció que para él “el libro está cargado de emoción” por lo que vivieron sus antepasados y las dificultades que él mismo ha tenido que superar a veces. “Es tu trabajo más audaz - manifestó Antón Castro-, en el que más lejos ha llegado tu imaginación”.

Javi Hernández reveló que inicialmente el instrumento que aprendía a tocar Doroteo era una guitarra y sugirió su cambio por el bandoneón, “que tiene una simbología tan potente”. A partir de ese momento, las ideas florecieron de manera imparable y el libro cobró otra dimensión. “Los textos de Antón son tan sugerentes, que cuesta elegir las imágenes porque es difícil no repetir lo que él ya ha dibujado. Eso me permite volar e ir a mi aire”, explicó. Aunque se siente más seguro jugando con el blanco y el negro, admite que ha ganado seguridad con el color. Eso sí, apuesta por la sutileza frente a las estridencias. Al encanto de las voces y las palabras de los tres oradores le pusieron música de tango Raquel Sobrino, al violín, y Fernando Salinas, al bandoneón.

23/07/2017 19:11 Antón Castro Enlace permanente. Ilustradores No hay comentarios. Comentar.

BUSUTIL: LA DIPLOMACIA CULTURAL

 

La diplomacia cultural

Guillermo Busutil 

 

‘La Opinión de Málaga’.

La diplomacia es el espionaje del conocimiento y la imaginación. Su misión no consiste en robar datos confidenciales ni en crear tramas de sombras -aunque hay veces en las que sucede y sus promotores creen que nadie se ha dado cuenta del juego de intereses -. El trabajo del diplomático sólo conlleva el elegante secreto de adquirir la cultura del territorio en el que se mueve mientras fomenta la propia. Es decir, conciliar el diálogo mediante la construcción de un lenguaje capaz de crear un espacio en el que encontrarse en beneficio mutuo. Una misión en la que las manifestaciones artísticas y el patrimonio de la identidad tienen pasaporte e influencia en la percepción de su imagen. Un claro ejemplo durante la guerra fría entre EEUU y la URSS lo representó el Ballet del Bolshoi que transmitía un sofisticado retrato de disciplina, compromiso colectivo y alta cultura, al igual que el jazz y el expresionismo abstracto americano propagaron su mensaje de libertad y modernidad más individualista. Lo mismo hizo España en la Bienal de Venecia de 1958 con la obra vanguardista de Manuel Millares, Luis Feito y Manuel Rivera entre otros miembros de El Paso. Acciones culturales que actuaron, y continúan actuando, sobre los estereotipos con los que un país es percibido en el extranjero.

La comprensión del mundo moderno, la conciencia de nuestros dilemas y cuál es el significado de la cultura frente a la urgencia de los desafíos de nuestro tiempo, exigen que se piense a fondo acerca del papel que deben tener las administraciones públicas y la empresa privada en la proyección cultural exterior; de si es preferible que el instrumento principal sea la lengua española –el Instituto Cervantes en los noventa supuso un importante primer paso- o si ha de ser la creación artística la que exporte la identidad y su espíritu. Esta reflexión se ha hecho en Santander, en el 3º Congreso de periodismo cultural, organizado por la Fundación Santillana y dirigido por Basilio Baltasar. Perfil perfecto de ese arte de la sagacidad, de la educación y del propósito del cometido. Alfil elegante y sutil, en diagonales y en círculos, en los márgenes y en la pluralidad de un tablero en el que establecer ideas y trabajo, acuerdos y estrategias como el Libro Blanco de la Cultura que debería tener la diplomacia, tal y como reclamó Ion de la Riva. Ex embajador en la India, fundador de Casa América, consejero de la Embajada de España en Italia, lúcido y curtido en batallas como la de pacificar la tensión del V Centenario del Descubrimiento mediante la diplomacia cultural, y su desenfado de humor y pasión delante de la postal de la bahía acristalada por el Centro Botín, por la que cruzaban dibujos de veleros de infancia en acuarela de brisa gris y cargueros comerciales como silenciosos fantasmas del atardecer. Una de las escenografías de atmósfera que enmarca hacia dentro esta arquitectura de Renzo Piano, con la que Santander gana una bella infraestructura con estética futurista de los setenta, y un imán para el turismo cultural. El modelo con el que Atenas también intenta regenerarse mediante el nuevo Museo Nacional de Arte Contemporáneo y el Centro Cultural de la Fundación Stavros Niarchos diseñado igualmente por Piano.

No sé si la arquitectura de estos plásticos contenedores contribuye a la diplomacia, además de a promover la economía, pero sí está claro que hay firmas que funcionan como marca. El término con el que sueñan distinguirse hoy día las ciudades, aunque sea un concepto cautivo de la publicidad que permite convertir lo que no se es en lo que interesa que los demás crean. No es marketing lo que las ciudades deben buscar. Lo que importa de verdad es el prestigio de lo que se oferta y que dicha oferta sea realmente un foro con la política cultural de otros países, y a partir de ahí favorezca otras relaciones. Ese es el auténtico reto, y el logro que presentó el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre. Su apuesta personal formada por el Centro de Arte Contemporáneo, la Colección Museo Ruso San Petersburgo Málaga y el Centro Pompidou Málaga. Tres museos fruto de la importante puerta que abrió 14 años antes el Museo Picasso Málaga financiado por la Junta de Andalucía y por la apuesta continuada de Christine y Bernard Picasso con una exquisita colección del artista malagueño y exposiciones temporales de proyección internacional.

Cuatro espacios que han convertido a Málaga en la ciudad de los museos, la tercera en dicha oferta con cerca de un millón de visitantes anuales, como la ha denominado el secretario general de la Organización Mundial del Turismo, Taleb Rifai, y cuyo impacto económico de su atracción museística roza los 547 millones de euros, además de favorecer la celebración de La Cumbre Hispano Francesa, y que sea el Ruso el que alberge, desde mañana hasta el jueves, el Encuentro de todos los directores del Institutos Cervantes. Nada mal para una ciudad que hace diez años suspendió en ser la capitalidad cultural 2016, aunque sus dos infraestructuras estrella dependan de que los políticos malagueños se crean la cultura y sepan estar a su altura, de una renovación pendiente nada clara, y del compromiso con un alcalde que entonces se habrá jubilado. También la Diputación ofreció su proyección nacional a través de La Térmica, dirigida por Salomón Castiel, con su dinamización cultural de la ciudad, y La Noche de los Libros como exitosa actividad.

Diplomacia cultural, entendida también como caligrafía de la política exterior, desgranada en un congreso en el que a todos nos fascinó el discurso de Roberto Toscano, avalado por su experiencia diplomática, acerca de una cuestión tan simple y tan compleja, como la diferencia entre diálogo y dialéctica en un momento de miedos por la pérdida del control de nuestra vida y el aumento de las políticas alfa macho de Estados Unidos, Rusia y China, garantes de una cultura hobessiana basada en la necesidad de autoestima, de gloria y poder a expensas de los otros. Igual de interesante fue el papel que está desempeñando la Secretaría General Iberoamericana representada por Rebeca Grynspan en unas jornadas en las que se debatieron las causas que determinan que el país en el que España tiene peor imagen del mundo sea la propia España; la importancia del pensamiento crítico en la diplomacia; el rol que desempeñó en Londres el Instituto Español del exilio frente a la propaganda del franquismo; lo que supuso la narrativa del boom hispanoamericano en la promoción europea de su identidad; y el vínculo entre diplomacia y literatura simbolizado en escritores de la talla de Pablo Neruda, Alejo Carpentier o Carlos Fuentes, entre otras aportaciones de reconocidos periodistas como Sergio Vila-San Juan, Eva Díaz Pérez, Antonio Iturbe, Antón Castro, Luis Martínez o Manuel Pedraz. Y hubo excelentes ejemplos como el de Radio Ambulante: un podcast que cuenta crónicas latinoamericanos en audio español en la National Public Radio norteamericana, y la hibridación que avala la Fundación Tres Culturas con conciertos como el de la palestina Haya Zaatry. Sin faltar el reconocimiento a María Luz Morales, rescatada en un libro de María Ángeles Cabré, como pionera del periodismo cultural.

Curiosidad, apertura, neuroticismo –para solventar situaciones estresantes sin alterarse- y extroversión, cuatro rasgos del buen diplomático presentes en las relaciones de los agentes culturales de reconocida labor o de incógnito Bond, como jugó la periodista Ana Borderas, en un Congreso donde sin duda estuvo presente la variante cotidiana del ejercicio de diplomacia que se da en torno a la comunicación social, sin necesidad de llevar esmoquin, escote de espalda ni de conversar permanentemente en ajedrez. El brindis final fue la convicción común de que la cultura es la mejor herramienta, en un mundo amenazado por las utopías reaccionarias, para recuperar el Humanismo perdido y volver a soñar. Igual que en esa bahía de Santander que, desde la sala de conferencias del centro Botín, parecía un mapa del mundo en calma en el que sólo la luz podía suceder.

 

 

*http://www.eldiariomontanes.es/noticias/201505/18/media/cortadas/centrobotin--575x323.jpg

23/07/2017 09:57 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'GOLPES DE MAR' EN A CORUÑA

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’GOLPES DE MAR’, EL DÍA CUATRO DE AGOSTO EN A CORUÑA
Lilian Bassman, una de las fotógrafas más sutiles, de impronta pictorialista, retrató en muchas ocasiones a la modelo Evelyn Tripp. Esta foto, con ecos marinos, me sirve para anunciar la presentación de la nueva edición, aumentada, de ’Golpes de mar’ (Ediciones del Viento), el próximo día cuatro de agosto en la Feria del Libro de La Coruña. Será a las 20.00, y contaré con la presencia de Eduardo Riestra y dos grandes amigos: Xulio Valcárcel y Miguel Anxo Fernán Vello. Será la primera vez en 30 años de creación literaria que presento un libro en la ciudad de mi niña y de mi adolescencia. ’Golpes de mar’ empieza en La Coruña: en la plaza de Bárbaras, en las inmediaciones del castillo de San Antón, en el jardín de San Carlos... Y luego se interna por Arteixo, Barrañán, Valcobo, Chamín, Caión, y otros lugares de la Costa de la Muerte. También hay relatos que suceden en Santa Mariña de Lañas o en ese lugar imaginario de Baladouro, que estaría ubicado entre As Croas, o Campo da Choca, etc. Ahora mismo me acaba de llamar Javier Lostalé y me dice que mañana en RNE, de 3 a 4, en ’La Estación Azul’, alguien recomienda ’Golpes de mar’ y él lee un poema de mi libro ’Seducción’ de dedicaco a Pilar Gómez Bedate y a Ángel Crespo, en su casa de Calaceite.

22/07/2017 11:01 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

NOTICIAS SENDERIANAS...

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Me complace enviaros un par de noticias senderianas:

1. Hemos comprado un artículo de Ramón J. Sender, desconocido para nosotros, 'Ocupar una ciudad no es conquistarla', que se publicó en la revista bonaerense Pan: síntesis de toda idea mundial, 129 (22 de septiembre de 1937), p. 6. En la revista se informa de que este artículo se había publicado anteriormente en la revista Adelante de Valencia en 1937, referencia que también desconocíamos hasta ahora. Adjunto el archivo PDF.

2. El programa Huellas de... de Aragón TV dedicó su edición del pasado 15 de julio a Ramón J. Sender, con la emisión de un vídeo divulgativo de casi media hora de duración en el que intervienen Gabriel Sopeña, como conductor del programa; Palmira Zapater, alcaldesa de Chalamera; Ana Alcolea, escritora; Enrique Galí, profesor de literatura; Rafael Bardají, periodista, y  José Domingo Dueñas, especialista en Sender. He de advertir que contiene algún error grave, como que el hijo pequeño de Sender fue fusilado (afirmación de Gabriel Sopeña). Podéis verlo en el siguiente enlace: http://alacarta.aragontelevision.es/programas/huellas-de/

Un cordial saludo,

Luis Gómez Caldú. Coordinador del CES

GONZALO MOURE, CERVANTES CHICO 2017

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GONZALO MOURE, PREMIO CERVANTES CHICO 2017
El escritor valenciano Gonzalo Moure ha sido el ganador de la última edición del Premio Cervantes Chico, un prestigioso reconocimiento que otorga el ayuntamiento de Alcalá de Henares para distinguir a un escritor o escritora de lengua castellana cuya trayectoria creadora haya destacado en el campo de la literatura infantil y juvenil.
Para su designación se tienen en cuenta, además de sus méritos literarios, criterios como la popularidad y la utilización de la obra del escritor como recurso educativo y didáctico. Se otorga un reconocimiento público al autor galardonado, a través del cual también se procura la difusión y en el fomento de su obra entre la población infantil y juvenil. Coincidiendo con la entrega de este premio, se premia asimismo a escolares, familias y docentes de todos los centros educativos de la ciudad, que hayan destacado por sus valores humanos.
En anteriores ediciones de este premio, que se otorga desde 1992, han sido reconocidos escritores de la talla de Concha López Narváez, Joan Manuel Gisbert, Gloria Fuertes, Montserrat del Amo, Martín Casariego, Jordi Sierra i Fabra… El pasado año, la ganadora fue la escrirtora aragonesa Ana Alcolea.
Gonzalo Moure nació en Valencia en 1951. Estudió Ciencias Políticas y trabajó en prensa y radio desde 1973 hasta 1989. Desde entonces se ha dedicado a escribir libros para adultos y para niños y jóvenes. Ha sido galardonado con importantes premios de literatura infantil y juvenil, entre ellos el premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil con la novela 'En un bosque de hoja caduca'. Además, en la colección Sopa de Libros, ha publicado 'Cama y cuento', 'Palabras de Caramelo' y 'Los caballos de mi tío', y participó con otros nueve autores en el volumen de cuentos Los derechos de la infancia.
*Esta nota la envía la editorial Anaya, donde ha publicado varios libros.
*La foto pertenece al archivo de SM, donde también ha publicado muchos títulos este gran contador de historias.

21/07/2017 08:26 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ANITA EKBERG: ALGUNAS FOTOS

Tomo de aquí este retrato de Anita Ekberg, la actriz y modelo sueca.

https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/736x/17/ba/ed/17baedac455d710c046b8059388151bb--anita-ekberg-pin-pin.jpg

https://68.media.tumblr.com/214d38ef428962344bb2cb444e9c2f06/tumblr_ootcsgoxXS1suchdko1_500.jpg

La tomo de aquí: 

http://cdn.images.express.co.uk/img/dynamic/galleries/x701/119560.jpg

Retrato de Peter Basch

Este retrato de Peter Basch lo tomo de aquí: 

https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/originals/d3/ff/b8/d3ffb82d501031af78f18ec4250e6108.jpg

Lo tomo de aquí: http://i62.tinypic.com/2z5q45f.jpg


http://2.bp.blogspot.com/-_QIzPzwp7bU/VLLlItPt1xI/AAAAAAAAr4o/MPAgbZgMVfE/s1600/anita-ekberg-050.jpg

1956. La tomo de aquí: 

http://i.dailymail.co.uk/i/pix/2015/01/11/2496EF1B00000578-2905309-image-m-29_1420985356950.jpg

http://4.bp.blogspot.com/-NvX-VanRQpo/VLLlI9EAonI/AAAAAAAAr4w/CXa5MsWN0oQ/s1600/anita-ekberg-1357323234_b.jpg

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