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UN SIGLO DE VÍCTOR BAILO

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El paladín del mejor gusto estético

 

Se cumplen cien años del nacimiento de Víctor Bailo (1914-1975), propietario, director de la galería libros y pionero de la modernidad

 

Antón CASTRO

Víctor Bailo Solanas (Leciñena, 1914-Zaragoza, 1975) se hizo acreedor a muchos elogios. Para algunos, como el profesor y crítico de arte de HERALDO Ángel Azpeitia, transmitió cultura, sentido de Civilización; para otros, como el escritor y profesor de Historia del Arte Federico Torralba, fue “uno de los auténticos pioneros –y en momentos bien difíciles (...)- en la difusión de los nuevos caminos de la plástica”. Luis Horno Liria, crítico literario, resultó decisivo en “la formación de nuestro gusto estético”. Todos ellos lo elogiaron sin reservas en el catálogo de homenaje que se le hizo, en la primavera de 1976, unos meses después de su muerte. Esos elogios, de otro modo, se han repetido a lo largo de los años por escritores, artísticos, galeristas, etc. El último en ensalzar su travesía de creación y curiosidad intelectual ha sido Javier Lacruz en su monografía de ‘Manuel Viola’ (Editorial Cierzo), que recuerda que la sala Libros fue su personal catedral del arte, desde casi antes de abandonar los pantalones cortos.

Víctor Bailo y Libros forman parte de la memoria de Zaragoza. Fueron un binomio fundamental a lo largo de 35 años, desde 1945 hasta 1975. Su hija Isabel Bailo y su yerno Gonzalo de Diego lo recuerdan, en su domicilio de Arquitecto Yarza, ahora que se celebra el centenario de su nacimiento. Cuenta Isabel que su padre pertenecía a una de las dos familias más influyentes de Leciñena. “Tenía un hermano mayor, Paco, que fue padre en vísperas de la Guerra Civil. Lo cogieron y lo fusilaron. Mi padre jamás quiso volver a Leciñena –dice-. No podía olvidarse del crimen. Es curioso: a mí me gustaba regresar, de cuando en cuando, para el verano con mis abuelos. Lo pasaba bien”. Ya instalado en Zaragoza, el joven Víctor Bailo intentó reanudar su vida y superar los fantasmas del horror y del dolor. Empezó a estudiar comercio y “no tardó en coger en traspaso Libros, que había pertenecido a su primo Tomás Seral y Casas”, explica Gonzalo de Diego.

No se sabe muy bien por qué Víctor Bailo se interesó por un proyecto como ese. “Fue clave, creemos, su primo”, dicen. Tomás Seral y Casas (1908-1975) fue poeta surrealista, un agitador cultural y colaborador en prensa, dirigió revistas, y fundaría en Madrid la Galería-Librería Clan. En 1939 había solicitado permiso para abrir su galería y lo haría en octubre de 1940; el proyecto era de José de Yarza. Años después, con Víctor Bailo ya al frente, habría una ampliación dirigida por Pérez Páramo. “Seral y Casas le asesoró siempre, le mostró su cartera de clientes y le puso en contacto con galeristas”, dice Isabel. Gonzalo de Diego, que ha trabajado en cultura y exposiciones en Ibercaja hasta su jubilación, revela una curiosa anécdota: “Víctor Bailo era simpático, con carisma, sencillo en el trato y educadísimo. Tenía un sexto sentido para el negocio y se empleaba con sutileza. No agobiaba ni era desconfiado. Yo le compré el primer cuadro de mi vida en 1973. Era un Grau Santos. Me vio interesado y me ofreció toda clase de facilidades. Me costó 25.000 pesetas de las de entonces, unos 150 euros”. Regresamos un instante a Seral, que se marcharía a Madrid en 1945: “Hemos visto la correspondencia íntima entre los dos y le asesoraba desde la distancia”, agrega. Bailo viajaba constantemente a Madrid y colaboraba con diversos galeristas: Gaspar, Parés, Prats, Biosca, Leandro Navarro o Rodríguez Sahagún, entre otros.

Se diría que Víctor Bailo aprendió pronto y convirtió su santuario de Libros en un foco cultural de la ciudad: era galería de arte, tiene de enmarcación y librería y tienda de discos. “En los discos trabajó de dependiente el gran fotógrafo Joaquín Alcón”, recuerdan Isabel y Gonzalo. Libros era un centro de tertulias, de amantes de las artes y de los libros. “Por allí pasaba todos los días el periodista y crítico Joaquín Aranda, compraba un libro y lo leía en el Casino. Pasaban Miguel Labordeta y muchos otros: en sus inicios estuvo Fermín Aguayo, “con una bufanda que le arrastraba hasta el suelo”, acudían el alcalde Luis Gómez Lagunas, el crítico musical Eduardo Fauquié, los hermanos Pérez Gállego, el productor Eduardo Ducay o el periodista de HERALDO José María Doñate”, dice Gonzalo de Diego.

Víctor Bailo tenía buen gusto para el arte. La apasionaban la música y la lectura. Expuso a la Escuela de Vallecas y de Madrid, a Redondela, Viola o Menchu Gal, pero también estaban vinculados a él otros artistas como Revello de Toro, Álvaro Delgado, que lo retrató, Palencia,  Vázquez Díaz, Luis García-Ochoa, Godofredo Ortega Muñoz, “que le recordaba que se había escondido durante la Guerra Civil en Utebo, en la casa de Gil Bel”. Expuso a muchos de sus paisanos: Pilar Aranda, Pablo Serrano, Santiago Lagunas, Viola, Baqué Ximénez, Alberto Duce, Beulas... Todas las temporadas dedicaba un mes a un artista aragonés, y si en 1950, por poner un ejemplo, presentó al joven surrealista Antonio Saura, algunos años después haría lo propio con  José Luis Cano o Jorge Gay.

En 1975, en la calle Cuatro de Agosto fundó un nuevo espacio: Libros 75, pero no le dio tiempo a abrirlo. El cáncer interrumpió su gran obra con apenas sesenta años. Leandro Navarro lo recordaba así: “La figura menuda, la sonrisa irónica, un ligero acento aragonés, unos escrutadores, agudos, inteligentes ojos claros, disimulados tras los lentes... Los abrazos abiertos, el corazón grande, generoso, emocionado para el arte”. Su proyecto, con algunos cambios, permaneció abierto hasta el pasado agosto de 2013.   

28/10/2014 17:06 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

GUSTAVE COURBET: DE 'EL SUEÑO'

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GUSTAVE COURBET: ‘EL SUEÑO’ DE 1866. PASIÓN Y AMISTAD DE MUJER

Me he encontrado con este cuadro de Gustave Courbet firmado en 1866, titulado  ‘El sueño’. También tiene otros nombres: ‘Las durmientes’, ‘Pereza y lujuria’ o ‘Las amigas’. Como uno de sus cuadros más famosos, y más escandalosos, ‘El origen del mundo’, fue encargado por un diplomático turco, llamado Jalil-Bey. Es un cuadro que tiene un claro influjo de la escuela veneciana, si no sabe al principio parece próximo a Tiziano.

Tiene un aroma inequívoco de ambigüedad: ¿encarna el sueño de dos buenas amigas, cómplices en su intimidad, o es una escena claramente lésbica? El autor ha dejado algunos símbolos: un cáliz (vinculado al arrentimiento, según algunoscríticos), un collar de perlas roto, que alude a la consumación de la pasión y, entonces, también a una idea del pecado. En cualquier caso, es una obra realmente hermosa, sugerente, admirable. Se encuentra en el Museo del Petit Palais y es generosa de formato: 135 centímetros por 200. Es decir, casi metro y medio de ancho por dos metros de largo. Hace muy poco, con maestría, con mezcla de periodismo e investigación, Miquel Molina publicaba ‘Una flor de mal’, sobre un cuadro ‘español’ del gran pintor.

26/10/2014 20:07 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

GIL & D. LA.: SOBRE POESÍA VISUAL

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Miguel Ángel Gil y Pierre D. La son los coordinadores de la exposición 'Poesía Visual' en el Centro de Historias. Participan 21 artistas y es una muestra cuidadísima y brillante, de las que da gusto mirar, entender, disfrutar, recrearse en el paseo. Volver a empezar cuando se termina. Los dos, mano a mano, explican aquí algunas cuestiones del proceso, de la selección, del concepto mismo de poesía visual.

 

¿En qué consiste la poesía visual?

Supongo que puede haber tantas definiciones como autores o teóricos…, yo me quedaría con una de Brossa. La poesía visual no es dibujo, ni pintura, es un servicio a la comunicación. En el hall de la exposición hemos colocado algunas otras definiciones…

¿Cómo se manifiesta: como un objeto, como una disposición de palabras, como un sueño, como un artefacto...?

La poesía visual como una forma  experimental de poesía que es, se puede manifestar de varias formas, si bien en esta muestra su presencia creo que se da, principalmente, a través del objeto, bien sea tridimensional o a través de una imagen de este.

Cuando se piensa en poesía visual se nos vienen a la cabeza, sobre todo, dos personajes o creadores: Apollinaire y Joan Brossa. ¿Qué les debe la poesía visual?

Apollinaire utilizó los caligramas que ya venían de siglos atrás y como buen vanguardista los incorporo a su obra, y Brossa se acercó a principios de los cuarenta a ese tipo de poemas (poemas–objeto, como los llamaría André Bretón dando todo tipo de detalles de cómo eran en varios de sus ensayos) surrealistas en el que se mezclaba la letra y el objeto para constituir una unidad propia, una imagen nueva. ¿Qué les debe a ellos la poesía visual? o ¿qué le deben los poetas visuales a ellos? atrevimiento, osadía, libertad…

¿Ha existido, existe, poesía visual en Aragón? ¿Cómo y dónde se da?

Al parecer, entre los círculos más especializados del panorama nacional es muy escasa, a excepción de algunos autores como Eugenio Arnao, Edu Barbero, Pierre d. la o Helena Santolaya, es casi inexistente, esa es la razón de esta exposición, poner de relieve su existencia…    

¿Existen foros concretos, publicaciones, actos, performance donde se haga visible la poesía visual?

Si, en el mismo “poisson soluble” se han publicado poemas visuales, existen varios festivales y concursos de poesía visual, de poesía de acción. Hay editoriales que se arriesgan a publicar poesía visual como Babilon Ediciones en Valencia, hay un blog dedicado íntegramente a la poesía visual que últimamente está colaborando con el programa de televisión que se llama La Aventura del Saber en TV2, que se llama Boek Visual (http://boek861.blog.com.es/) y que dirige Edu Barbero (presente en la muestra), es una muy completa antología de poetas visuales, con referencias a todo tipo de expresiones artísticas relacionadas con la poesía visual.

¿Cómo nace un proyecto así, de qué reflexiones o de qué evidencias concretas? ¿Cómo ha sido la preparación del proyecto?

Nace de la necesidad de hacer visible un lenguaje, el de la poesía visual y más concretamente el del poema objeto. Tras una previa selección de autores, se ha intentado que la muestra fuera lo más participativa posible, convocando periódicamente a l@s artistas para consensuar los pormenores del proyecto, algo que no es muy común en trabajos de comisariado…

¿Tiene mucha presencia la poesía visual en el arte y la poesía entre nosotros, dónde estaría más presente?

Cada vez tiene más presencia en el arte contemporáneo, aunque a menudo no esté desarrollada por poetas visuales, pero está presente en todo nuestro entorno, un buen ejemplo  de ello sería la publicidad, lamentablemente…

Creo que hay veinte artistas-poetas. ¿Cómo se ha hecho la selección? ¿Están todos los que son o son todos los que están?

La selección se tuvo que detener en ese número, eso siempre es inevitable, supongo que podrían entrar más autores, pero están los que nosotros pensamos que representaban mejor el lenguaje que nos interesa.

¿Qué idea se quería ofrecer?

Puede que la idea de reunir a unos artistas que trabajan en distintas disciplinas, con un muy dispar nivel de reconocimiento, pero a los que les une un lenguaje conceptual, cargado de ironía, paradoja…, que utilizan el arte como medio de comunicación, y por qué no, también la idea de lanzar una pregunta que el espectador deberá de contestarse ¿Poesía Visual en Aragón? 

¿Qué es lo que ve el espectador, con qué piezas y materiales se va a encontrar?

La muestra está compuesta por más de doscientas piezas, entre las que se pueden ver fotografía digital, objetos intervenidos, diseño, ilustración, instalación, cerámica, escultura, fotografía, collage, dioramas, vídeo, textil…, todas ellas con un hilo poético conductor, pero lo más importante es que se trata de una exposición bastante densa, por la cantidad de contenido que encierra, cada obra por pequeña que sea tiene una lectura, una posible interpretación.

Da la impresión de que al final más que poetas lo que hay es artistas que crean imágenes... ¿Es así?

La poesía visual es un hibrido entre la poesía discursiva y el arte, por lo cual permite acercarse desde cualquiera de esas dos vertientes, en este caso es cierto que predomina el lado artístico.

¿Por qué hay tan pocos poetas, entre los elegidos, que publiquen libros convencionales?

Habría que preguntarse sí entre los poetas que escriben poesía discursiva y publican libros convencionales hay alguno que haya hecho alguna vez algún poema visual. Yo diría que sí, que muchos, ¿por qué no se han elegido?,  porque quizá no es lo más representativo de ellos. De hecho se barajó algún otro poeta convencional, como tú los nombras. Como decimos, es muy posible que estemos hablando de artistas que utilizan el lenguaje de la poesía visual, más concretamente el poema objeto, si bien es cierto que hay entre los participantes poetas que cuentan con publicaciones, aunque esto para nosotros no es imprescindible, no es lo que buscamos. 

¿Cómo es esa publicación que se vendía a 50 euros, en la inauguración, y luego se vendrá a 150?

La publicación es un objeto, podríamos decir un poema visual en sí mismo, que  a su vez contiene un libro con introducción de Gustavo Vega (experto en poesía visual),  imágenes de todos los artistas, textos de Paula Gonzalo y 19 obras originales seriadas de los participantes en la muestra. Posiblemente su precio justo sería superior a 150€, pero por decisión de los artistas y como “obsequio” a los asistentes a la inauguración se pone a la venta solamente ese día a 50€.  

26/10/2014 19:45 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

MICHETO O EL ARAGÓN ALUCINANTE

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[Mañana lunes, a las 11.30, en las Cortes de Aragón, el palacio de Aljafería, se inaugura la exposición ’La piel de Aragón’ del fotógrafo Manuel Micheto. Este es el texto que he escrito para la ocasión y que figura en el catálogo digital de la muestra.]

 

VIAJE AL PAISAJE ALUCINANTE

 

-Sobre ’La piel de Aragón’ de Manuel Micheto.

 

Antón CASTRO

En Calatayud existe una escuela de fotógrafos del paisaje. Los maestros serían el poeta y artista José Verón y el fotoperiodista Carlos Moncín. Y uno de sus alumnos más aventajados, uno de sus grandes amigos, es Manuel Micheto, cuya obra tiene personalidad propia. Hace algunos años, en compañía de José Verón, emprendió una auténtica aventura: recorrió la cambiante y variada naturaleza de Aragón; luego, desde el aire, ensanchó su visión y enriqueció su elaborado archivo hasta las 30.000 fotografías: completó el abanico de las estaciones y visitó algunos lugares que se le habían quedado fuera. El resultado final es un proyecto sugerente, ebrio de plasticidad y belleza, que se titula La piel de Aragón.

¿Cómo es La piel de Aragón? El propio artista ha dado algunas respuestas. Nos dijo en una ocasión: «Es una piel que se refleja en el carácter del aragonés; es una piel dura, bella, solitaria a veces, sorprendente y que transmite una magia cautivadora». Agregó que había dejado libre la mirada, que intentó huir del tópico y de la iconografía más conocida para buscar su propia visión, la certeza de las imágenes en el tiempo: «Aragón es una tierra que cautiva al fotógrafo por sus grandes contrastes: desde los yesos más desérticos de los Monegros hasta la magnificencia del Pirineo; desde las curiosas tierras del Somontano de Barbastro hasta la  increíble magia que rezuma la zona turolense del Matarraña».

En cierto modo, en estos párrafos, Manuel Micheto explica algunas claves de su percepción, de su forma de trabajar y de su interiorización del territorio. Se siente un ladrón de luces, un buscador de instantes, alguien que intenta enfrentarse a la naturaleza con sinceridad en pos de la hermosura y la sugerencia: planta su cámara y su mirada y se deja apresar o poseer por el entorno. Y así le ha salido esta muestra: una síntesis de poco más de veinte piezas –casi una entre mil, por decirlo así- que resumen el cambio constante de Aragón, que puede ser secarral y llano en llamas en Los Monegros, tierra sedimentada, hondonada y colina, vergel y paraíso, celaje de nubes viajeras y arquitectura, barranco, serranía y montaña altiva y grandiosa como son los Pirineos o un accidente casi sobrenatural como los Órganos de Montoro, que apuntan al cielo con su trompetería de piedra. La piel de Aragón es un registro de las metamorfosis de Aragón kilómetro a kilómetro: todo se renueva, se transmuta y se afirma con opulencia, con evocación y con una indecible sobriedad.

Manuel Micheto, además de médico y fotógrafo, es ciclista. A él le gusta decir que es un ciclista apasionado y amateur. Un ciclista que mira: en las rampas más difíciles, en los descensos y en la planicie. Al pedalear observa y captura instantes, panorámicas, horizontes, colinas aterrazadas, castillos a lo lejos, pero también el curso de los ríos, los sotos poblados de pájaros y de luces casi espectrales, de esas que se cuelan con su cuchillo de claridad y sueño y dibujan, entre la arboleda, un espacio de intimidad y refugio. Desde la bicicleta, desde esa elevada posición, tiene una sensación de dominio o de posesión. Desde la bicicleta aprende a mirar y desmenuza los paisajes, la plenitud del silencio, las escalas y las texturas de la orografía.

La piel de Aragón no es ajena a ese aprendizaje. Ni al lenguaje, a todo color, de maestros en blanco y negro como Amsel Adams. O el Sebastiao Salgado de Génesis. Con enorme curiosidad, entregado a cuanto ve, Manuel Micheto selecciona, aquilata, medita, y luego, con la paciencia imprescindible que usa el buen observador, regresa y hace su trabajo de fondo. Atiende a la belleza, a las gamas cromáticas, a la rotundidad de las formas, a los accidentes del azar: le interesan una capa de nieve que empieza a desaparecer de un pueblo, las neblinas que se alzan en el invierno con su pañuelo de misterio, la atmósfera inefable de la desolación y le gusta descubrir como a veces la naturaleza ofrece manchas, rugosidades, melancolía y fogonazos de sol. La naturaleza ofrece cuadros pintados que parecen afines a algunas obras de La Escuela de Vallecas o a algunos hallazgos abstractos de Antoni Tàpies. Manuel Micheto sospecha que la abstracción está en el campo mismo. En las piedras erectas de los Mallos de Riglos o de Agüero o en esas fincas que parecen yermas y solas en Los Monegros. Micheto se identifica con Los Monegros: es un paisaje de ahora, de antaño y del pasado, es un paisaje intemporal, solar y lunar a la vez, que invita a pensar y que en el fondo tiene mucho de espiritual. El misticismo del desierto que activó la imaginación de El profeta de Pablo Gargallo, por ejemplo, o la filosofía quietista de Miguel de Molinos. La pequeña serie que le dedica es un documento metafísico, intenso, hermoso: revela una fascinación, una búsqueda, la tentativa infinita de un fotógrafo que ansía atrapar imágenes definitivas. Y al hacerlo deja temblando pensamientos, visiones, una forma irremisible de entrega.

En La piel de Aragón hay muchas latitudes. Está Teruel: el Teruel de las afueras y de los senderos que se bifurcan hacia el extravío sentimental, el Teruel del castillo de Peracense, esa fortaleza que encierra la voluptuosidad de la piedra rojiza y el cántico de los pájaros. Manuel Micheto se empeña en esculpirlo como si quisiera lanzar por los aires su complexión enigmática, su condición de mirador un tanto intangible y abierto a todos los vientos. En ese Teruel está el salto del río Tastavíns o el curso del río Matarraña: el autor sabe que los dos serpean por un paisaje nítidamente mediterráneo, entre olivos, almendros y ahora viñedos, con un olor envolvente y a la vez suave como un aroma soñado. De Teruel son los ya citados Órganos de Montoro, que definen el abrupto roquedal del Maestrazgo, una sierra bravía donde el buitre ensaya su vuelo más sofisticado en un cielo cristalino. Piedra a piedra, esa escultura se vuelve música imaginada, silencio habitado, armonía de ángeles esculpidos en la roca viva.

Huesca es la provincia exuberante. Lo tiene todo. Incluso la cordillera interminable, el agua de los ibones y de los pantanos y los bosques del paraíso. Manuel Micheto desprecia la pereza y ha buscado nuevos puntos, otra posición del fotógrafo. Y así capta Riglos, ese tótem que propone un desafío y la certeza de un abismo insondable, Agüero, que adquiere una dimensión mágica y que parece protegido por la gran mole, los Pirineos, donde se superponen las cumbres más allá de la boira espesa. Capta el valle de Pineta, representado aquí por elementos modestos: los matorrales en desorden, el espejo del agua, los restos del ramaje. Y en la Canal de Berdún, por poner otro ejemplo, se fija en los pliegues y repliegues de la piedra entre fincas de secano. La íntima sencillez de lo inadvertido.

En la provincia de Zaragoza, su provincia, Manuel Micheto se ha detenido en las tierras ondulantes de Zuera, en la solitaria estación de Maluenda, todo un poema del paso del tiempo y de la memoria mítica. También se ha fijado en los terrenos próximos a Calatayud: ese paraje de hechizos que es el monasterio de Piedra, el pantano de la Tranquera y Nuévalos bañados por las nieves, o los campos de Ateca, roturados y trillados de un modo que podría resultar simbólico, una escritura secreta y ritual a la intemperie. Y para que no faltase casi nada, se ha ido a Castejón de Alarba para realizar el elogio del viñedo y de su mansedumbre bajo un cielo de un azul particular, tan decisivo y amoroso como la mirada del fotógrafo. No podía dejar al margen el lugar en que se expone La piel de Aragón: el palacio de la Aljafería, la casa del pueblo, el inventario de una historia de siglos donde se concilian la beldad, el esplendor mudéjar, el derroche incesante del arte, la imaginería cromática y sus múltiples arabescos.

Manuel Micheto ha hecho uno de esos proyectos que nos atañen a todos. La piel del mundo propio. La geografía física que se torna vaciado del alma. Una piel erizada, estremecida, diáfana, rebosante de matices: heridas, estados de ánimo, perspectivas, frondosidad. La muestra resume un modo de mirar y de absorber la plasticidad inagotable de la naturaleza. «Mi fotografía ha captado siempre el paisaje en su más estricta pureza –señala Micheto-. Quiero transmitir paz, serenidad, belleza, amor, grandiosidad...» A nadie que sepa mirar, a nadie que quiera ver, le pasará inadvertido que lo ha logrado mediante la sensibilidad, la tensión del ojo enamorado y el compromiso con la fotografía y con las raíces. El hombre es tierra y se confunde con ella para volverse invisible.

 

26/10/2014 13:39 Antón Castro Enlace permanente. Fotógrafos No hay comentarios. Comentar.

ESTELLA & FANDOS Y E. LABORDA

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[Recupero esta entrevista a Javier Estella y José Manuel Fandos por su documental ‘Naturaleza muerta’, centrado en la trayectoria de Eduardo Laborda, que recibió el premio del público del Festival de cine de Daroca y encantó a los presos.]

Javier Estella y José Manuel Fandos forman la productora Nanuk. En la última semana de la muestra de Eduardo Laborda (Zaragoza, 1952), ‘Retrospectiva, 1971-2013’, que se exhibió en la Lonja y que fue visitada por 62.400 personas, presentaban el documental de 42 minutos que le han dedicado: ‘Naturaleza muerta’, que inicia ahora su itinerario por festivales y televisiones. Realizador alrededor de 50 sesiones de grabación a lo largo de año y medio, y han rodado unos 35 años de material bruto en las calles, en el estudio del pintor, en algunas terrazas que permiten ver Zaragoza y en Belchite.

-¿Por qué han elegido a Eduardo Laborda para su película documental?

Por amistad y porque nos parece un pintor extraordinario. En realidad, nosotros conocimos a Eduardo como cineasta antes que como pintor. Hace más de 20 años, en las muestras de cine independiente, cuando todavía se rodaba en super8. Después hemos sido su equipo técnico en alguno de sus documentales más recientes. Eduardo, como cineasta, entiende lo que es un rodaje, así que la cosa no tenía porque salir mal. Y, sobre todo, Eduardo se halla en la plenitud de su carrera, como ha demostrado la exposición retrospectiva de la Lonja. Era el momento.

 

-¿Qué querían hacer al principio? Han seguido la ejecución de tres obras: ‘Mediterráneo’, ‘Iris del Coso Alto’ y ‘Belchite’, ¿no?

La idea, en principio, era seguir la ejecución de tres obras en diferentes fases de trabajo: el final del cuadro de ‘Iris del Coso Alto’; desde la mitad hasta el final de ‘Mediterráneo’, y el proceso completo de ‘Belchite’. Se llegó a hablar de rodar alguno más, pero desde un primer momento nos gustaba la idea de tríptico, de que se mostraran tres cuadros en el documental. El resto de secuencias no son estrictamente de Eduardo pintando, sino que han nacido durante la elaboración de la película, un proceso muy vivo en el que el rodaje se alternaba con el montaje. Aunque partíamos sin un guion previo, se puede decir que ‘Naturaleza muerta’ es nuestra película más “construida”: hay un proceso de vaciado, de dejar sólo lo esencial. Todas las secuencias que aparecen en el documental tienen sentido por sí mismas, pero mantienen un diálogo interno con el resto. 

 

-¿Cuántas horas, cuántos días han grabado?

Hemos realizado alrededor de 50 sesiones de grabación a lo largo de año y medio. ¿Horas de material bruto? Más o menos 35.

 

¿Qué sensaciones han tenido? ¿Qué pintor era o es Eduardo?

A lo largo de cuarenta años, Eduardo ha tenido muchas etapas diferentes, y en todas resulta brillante. Está claro que es un pintor minucioso, con una técnica impecable, que ha evolucionado del abstracto al figurativo con solvencia. Pero nosotros no queríamos hacer un análisis de su obra, ni sacar expertos que la analizarán ni nada de eso. Sólo queríamos acompañarlo con nuestra cámara en el proceso completo de la creación de un cuadro y ver qué iba sucediendo. Aunque habíamos estado muchas veces en su estudio, nunca lo habíamos visto pintar, y nos sorprendió, porque es muy difícil filmar avances rápidos en la ejecución de uno de sus  cuadros. Es todo una  suma de capas: el dibujo casi imperceptible con el lápiz blanco, la grisalla, las sombras, las luces, los difuminados, el salpicado... Todo ello se va sumando en un lento proceso hasta al resultado final.

 

 

¿Qué les ha llamado la atención de su personalidad? ¿De sus pasiones?

Eduardo tiene un carácter muy afable, y acoge de maravilla a la gente va llegando a su vida. También es generoso, porque sabe de todo y no tiene ningún problema en compartir sus conocimientos. En cuanto a sus pasiones, son innumerables: el arte, el cine, los juguetes antiguos....

 

¿Cómo les ha marcado la casa de Eduardo Laborda, que es casi un escenario?

La casa de Eduardo e Iris es muy especial, llena de detalles, pero lo interesante en el planteamiento del documental estaba en cómo capturar esa luz que llega a la casa, una luz que a veces es directa y otra viene rebotada de las fachadas de otros edificios. Podemos decir que el 70 % de la película está rodada con luz natural.

 

 

Al final se inclinaron por contar un cuadro, ‘Belchite’. ¿Por qué?

Desde el inicio del proyecto, sabíamos que el cuadro de Belchite iba a ser el eje del documental, y que era el que iba a estructurar el resto de la película. La idea era contar toda la historia que hay alrededor del cuadro, y para ello nos planteamos una estructura clásica, en  tres actos, donde vemos cómo a Eduardo le encargan el cuadro de Belchite, el modo en que afronta el encargo, sus dudas, sus decisiones y, finalmente, descubrimos la obra terminada.  

 

¿Cómo definís el resultado final, cómo la veis vosotros?

Estamos contentos porque creemos que hemos reflejado la forma de trabajar y de ser de Eduardo. La gente que lo conoce lo reconoce en el documental. Creemos que es un documental sincero  sobre  Eduardo y su mundo pictórico.

 

Impresiona Belchite, pero no impresionan menos las vistas de Zaragoza... ¿Cuál es la relación del pintor y la ciudad?

Si uno camina por Zaragoza, no cabe duda de que se va a encontrar a Eduardo, bien relajándose de la extrema concentración que requiere su forma de pintar, bien comprando el periódico en la Quiteria o yendo a la Filmoteca a ver un ciclo de Buñuel. Eduardo recorre Zaragoza, la pinta desde las azoteas o escribe sobre su historia, más o menos secreta en libros como La ciudad sumergida. Imaginamos que hay que cosas que no le gustan de la ciudad, pero está claro que la conoce y la ama como pocos.

 

¿Por qué habéis incorporado al artista y diseñador Oscar Sanmartín?

Óscar y Eduardo son amigos. Pueden estar horas hablando de los temas más diversos, pero especialmente de arte. A veces discrepan y otras están de acuerdo, pero en todo caso son conversaciones muy amenas y naturales. Por eso decidimos incorporar alguna de estas conversaciones al documental. También queríamos contraponer la técnica pictórica clásica de Eduardo con la de un ilustrador que se apoya en el ordenador para colorear  sus dibujos y componer las portadas de los libros. Además, Óscar nos ha hecho el diseño gráfico y nos ha acompañado casi todos los días de rodaje, dándonos algunos consejos vitales para encauzar el documental.

 

Hay algo muy bello en la película también: el clima de creación de Iris y Eduardo. ¿Cómo lo han reflejado?

Iris y Eduardo son pareja. Que dos de los pintores aragoneses en activo más importantes estén creando a la vez, tan sólo separados por unos metros, nos parecía algo que no podía dejarse pasar por alto. Queríamos mostrar cómo  se aconsejan sobre el color, la perspectiva o los elementos que deben aparecer en el cuadro, cómo se ayudan a mover y colgar los cuadros de gran formato y también cómo se sientan un día cualquiera a comer en la mesa de la cocina.

 

Podríamos decir que es una película cálida, amorosa, elegante, una exaltación de la pintura. ¿Era eso lo que buscabais?

Sí, de la pintura o de la pintura como forma de vida. Hemos tratado de reflejar cómo vive Eduardo la pintura o cómo la vive en este momento de plenitud creativa, que seguramente es distinto a otros momentos de su carrera. Pero, lo que es indudable, es que la pintura es la forma de vida que eligió desde que era niño.

 

26/10/2014 13:11 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

JOSIAN PASTOR: UN SONETO

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LOS SONETOS DE JOSIAN PASTOR HOY EN LA FNAC
Josian Pastor es poeta, fotógrafo y cineasta. Desde hace quince años ha emprendido una curiosa aventura: ha escrito tres libros de sonetos, 301 en total. Esta tarde, a las 20.00 en la FNAC, se presenta el tercer volumen: ‘Cien sonetos robados al destino’ (Huerga & Fierro), donde sigue la estructura que ensayó Shakespeare. Este tercer libro se suma a ‘Cien sonetos para cien noches de invierno’ (2010) y ‘Ciento un sonetos de una vida pasajera’ (2012). Los libros han sido elogiados por muchos poetas, con Ángel Guinda a la cabeza (firma la contraportada del libro), que dice que Josian Pastor escribe “poesía de meditación existencial: irónica, reivindicativa, flageladora, reparadora. De todo didáctico y moral”. La foto es de Lorenzo Izquierdo. El autor estará acompañado por Manuel Martínez Forega, su editor Antonio Huerga y su hija Lucía Pastor al piano.

Copio aquí uno de los sonetos predilectos del autor:

A LOS POETAS MUERTOS

 

De Josian PASTOR

 

¿Quién hace del verso su fiel batalla?
¿Quién alimenta su ego y malvive
en los profundos desiertos del alma?
¿Acaso el desdichado que esto escribe?

La duda es amarga cuando es infecta,
¡la vida un proyecto ceremonioso!
la Nada intangible se despereza
e intenta arrastrarnos hacia su pozo...

Silencios ingrávidos como mirlos
se posan en los cielos de mi estima,
¡y canto al espíritu de sus nidos!
Cantar en exceso ahuyenta la rima.

Así la locura en otros escampa,
¡con fuerza de rapsoda siempre la atrapa!

 

*La foto del poeta, nacido en Zaragoza en 1972, es de Lorenzo Izquierdo.

24/10/2014 09:15 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RAMÓN SÁNCHEZ RECUERDA A SU AMIGO MARIANO HERNÁNDEZ

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[En la exposición de José Ramón Sánchez en El Ambigú, en Barbastro Foto, hay una histroria conmovedora: la de Mariano Hernández. Así la cuenta su amigo el fotógrafo de Barbastro.]

MARIANO HERNÁNDEZ

 

Por José Ramón SANCHEZ

Juro que cuando empecé este blog mi intención era exclusivamente hablar de la alegría de correr, y de vivir, y de cosas así. Pero las circunstancias han hecho que los obituarios se hayan convertido en una sección ya habitual. Y es que la muerte va haciendo su trabajo de forma paciente e inexorable, y casi siempre por sorpresa y a deshora, la cabrona, sin importarle para nada nuestros insignificantes planes mundanos.

 

Coincidí con el bueno de Mariano (Marianito le llamábamos entonces porque de crío y de jovenzuelo era un poco relamido) en la residencia donde estudiábamos (es un decir) en nuestra época universitaria en Zaragoza. Lo de “es un decir” lo digo por Mariano y por mi, entre otros, que no éramos mucho de hincar los codos. Yo luego me he arrepentido de no haber aprovechado mejor el tiempo. Y no hablo sólo de estudiar.

 

Mariano en ese otro aspecto si que fue algo más lanzado que yo. Lo de salir de noche le iba bastante. Y así fue pasando de Marianito a Mariano: Lo más de la modernidad ochentera. Yo, aunque salía por ahí los fines de semana, llevaba otro rollo mucho más tranquilo. Mas de una vez me lo encontraba a las 7 de la mañana preparándose una sartén de patatas fritas para él solo después de una noche de marcha. Le volvían loco las patatas fritas, en cantidad. Según él, cuando estaba en su casa, en Barbastro, todas las noches su madre le freía una fuente para cenar. Y el tío no se engordaba nunca. Los hay con suerte.

 

 

Uno de los momentos más curiosos de nuestra vida en la residencia era el de la misa de los domingos. Don Fernando, buen hombre y con más paciencia que el santo Job, era el cura encargado de nuestra formación espiritual y sobre todo, de que aquello no se desmadrara demasiado. La misa empezaba a las 12 y la asistencia era obligatoria. Éramos unos diez o doce y era frecuente ver a gente en pijama y con cara de no haber pasado muy buena noche. En esto Mariano, como muchos otros, no solía fallar. Y había un momento, tras la homilía creo recordar, en el que lo divino se hacía carne y Mariano decía: -Que le voy a dar la vuelta al pollo- a lo que Don Fernando asentía con una leve inclinación de cabeza. Y se ausentaba unos minutos durante los cuales sospecho que aparte del pollo, se ocupaba de aligerar de patatas la bandeja del horno (Era un horno industrial). Y seguro que también se fumaba un cigarro. ¡Ah! ¡Eso era vida! Y Mariano de eso, sabía.

ADIÓS AL NARRADOR RAMIRO PINILLA

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El cronista vasco de origen zaragozano

 

Ramiro Pinilla era hijo y nieto de aragonesas y nunca estuvo en su ciudad. Firmó el gran friso de Euskadi, ‘Verdes valles, colinas rojas’, y un gran libro de fútbol: ‘Aquella edad inolvidable’.

 

 

Antón CASTRO

Ramiro Pinilla era un anciano feliz. Pletórico. Viudo ya, en los últimos años, además del éxito literario y el respeto de la crítica y los lectores, encontró un nuevo amor y eso era un estímulo gozoso. Lo confesaba mirando al mar, con los ojos claros y henchidos. Como confesaba qué feliz le hacía el cariño de algunos jóvenes autores como Fernando Aramburu. Pinilla, nacido en Bilbao en 1923 y fallecido ayer a los 91 años, era hijo y nieto de aragonesas de Zaragoza, y lamentaba que nunca, nunca “he estado en la ciudad de mi madre y de mi abuela, que llegaron a Bilbao hacia 1915”. Agregaba: “Mi abuela vino con cuatro hijos y mi madre se empleó en una oficina. Fue de las primeras mujeres que trabajaron en empresa”. El triunfo y el reconocimiento le hacían ser tan agradecido como comprometido: revelaba que seguía escribiendo a mano y que lo hacía “como un placer, un deber y una responsabilidad. De joven fui tímido, me avergoncé de ser escritor, redactaba a escondidas en la parte de atrás de los cromos, vivimos el franquismo con miedo y esperanza, así que ahora debo escribir a cara descubierta y con intensidad hasta que me muera”.

Era admirador de Robert Louis Stevenson y de Herman Melville, el autor de ‘Moby Dick’, que fue navegante y pescador de ballenas. Ramiro Pinilla también se curtió en las soledades de alta mar, hasta que no pudo más: echaba en falta la tranquilidad de la ribera, la ausencia de los suyos (era padre de tres hijos), y dijo adiós a los sueños del joven marino. Luego se trasladó a Getxo y trabajó de administrativo en una fábrica de gas. Después de firmar algunos cuentos y una novela “noña” como ‘El ídolo’, publicó ‘Las ciegas hormigas’, que ganó el Premio Nadal en 1960.

La narración indicaba que sus influencias y gustos se habían ensanchado: había leído a William Faulkner, había asimilado un libro como ‘Mientras agonizo’, pero también conocía bien a John Steinbeck. La novela estaba basada en un hecho real de 1929, un barco inglés embarrancó en la costa y se le dispersó toda la carga de carbón entre los peñascos. Pinilla declaraba a HERALDO: “Aquella novela fue un estallido de libertad. Era una novela de contenido social. En Faulkner había encontrado un estilo épico y una maestría incuestionable en el arte de contar”. Después de esta novela no dejó de publicar: aparecieron ‘Seno’ (1971, finalista del Planeta), Antonio B... el Rojo, ciudadano de tercera (1977), etc., libros que serían rescatados por Tusquets tras el gran éxito de ‘Verdes valles, colinas rojas’, cuya primera entrega es de 1986.

Tusquets publicó la trilogía –compuesta por ‘La tierra convulsa’, ‘Los cuerpos desnudos’ y ‘Las cenizas del hierro’- de más de 2.500 entre 2004 y 2005 y muchos consideran el proyecto, con más de medio centenar de personajes, como “la biblia narrativa de Euskadi” y un friso sobre el trabajo y la idiosincrasia del país. Invirtió en ese proyecto más de 18 años. “Todos los ciudadanos somos épicos o podemos serlo. Esta trilogía es una novela sobre el País Vasco. Es una novela sobre la industrialización y las minas. Hablo de la burguesía tradicional, hablo de los obreros que vivían en condiciones de esclavitud”. Asumía que era una crítica al nacionalismo y a la vez, quizá con impotencia o con serenidad, decía que “mi voz es inofensiva. Los terroristas de ETA no leen novelas y yo soy, para ellos, un autor inofensivo e insignificante”.

Tras ese proyecto ha creado novelas policíacas con distintos héroes, ha publicado ‘La higuera’ (Tusquets, 2006), las narraciones completas en ‘Los cuentos’ (Tusquets, 2011) y se ha acercado a otra pasión: el fútbol, el Athletic de Bilbao, en ‘Aquella edad inolvidable’ (Tusquets, 2012), donde cuenta un triunfo inesperado y agónico del equipo bilbaíno sobre el Real Madrid en 1943 gracias a un gol con la mano de un joven albañil de Getxo, Souto Menaya, ‘Botas’, suplente de Zarra.

La novela, de sesgo autobiográfico, es una de las mejores que se han escrito sobre fútbol en España y quizá la gran ficción del equipo de San Mamés, la novela del orgullo rojiblanco. Era como si Ramiro Pinilla, que nunca jugó al fútbol, que elogió el amor hasta el último suspiro, hubiese firmado el libro de su intimidad o de la inefable identificación con el club de sus amores poco antes de su despedida. Pronto aparecerá una nueva narración policíaca: ‘Cadáveres en la playa’. El escritor que fue marino también sabía mucho de eso: de los naufragios y de los muertos de Euskadi.

 

*Este texto acaba de ser publicado en heraldo.es. La foto la tomo de wikipedia.

 

23/10/2014 20:44 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CINE CUBANO EN EL PARANINFO

UN PASEO POR EL CINE CUBANO DE MANO DE LA CÁTEDRA

JOSÉ MARTÍ DE LA UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA

 




La Cátedra José Martí fue creada en abril de 1996 tras la firma de un convenio entre la Universidad de Zaragoza y el Instituto Superior de Artes de La Habana. Su dirección en Zaragoza recae tradicionalmente sobre el Decanato de la Facultad de Filosofía y Letras y el Vicerrectorado de Cultura. Anualmente se financian dos becas de investigación entre ambas instituciones y se desarrollan distintas actividades culturales en torno a la cultura cubana. En este caso le ha llegado su turno al cine cubano.

Los actos tendrán lugar los días 27 y 28 de octubre, repartidos entre el Edificio Paraninfo (Pza. Paraíso, 4) y la Facultad de Filosofía y Letras (C/ Pedro Cerbuna, 12).

El lunes 27 a las 18.30 horas tendrá lugar en el Paraninfo la donación por parte del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC) de una colección de quince carteles de películas, una decena de películas emblemáticas y una treintena de libros sobre cine cubano, que pasarán a engrosar los fondos de la Biblioteca de la Universidad de Zaragoza y que recibirá su director, Ramón Abad. A continuación el catedrático emérito de Hª del Arte, Manuel Gª Guatas, presentará, previamente a su proyección, la película José Martí: el ojo del canario, glosando la figura de Martí, exalumno de la Universidad de Zaragoza.

El martes 28 y ya en la Facultad de Filosofía, desde las 9.30 horas, tendrán lugar las conferencias Sin rumbo fijo: la memoria y el desencanto en el audiovisual cubano contemporáneo, a cargo de Jacqueline Venet (Doctoranda de la Universidad de Zaragoza y Profesora Adjunta de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, Cuba); La construcción de la identidad caribeña a través del cine,a cargo de Yanelis Abreu (Doctoranda de la Universidad de Zaragoza, beneficiaria de la beca de la Cátedra José Martí 2012); y Una de Fresa y otra de Chocolate: diálogo de variedades lingüísticas, a cargo de Marisela Pérez Rodríguez (Profesora Titular de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana).

Esta última conferencia servirá como preludio a la proyección de Fresa y Chocolate en el Paraninfo esa tarde a las 18 horas y el posterior coloquio con su protagonista, el actor cubano Vladimir Cruz, acompañado por la profesora de Hª del Cine, Amparo Martínez y moderados por el escritor y periodista Antón Castro a las 20 horas.

La entrada a todos los actos es libre hasta completar aforo.

 

*La foto está tomada de aquí: http://3.bp.blogspot.com/-DxcH8IqKKMY/TfqRMNMyUiI/AAAAAAAAAG4/1ORyQymGcW4/s1600/vladimir%2Bcruz.jpg

23/10/2014 12:17 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

EUGENIO MATEO: 'MAGNÍFICOS'

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[Eugenio Mateo, un activista cultural incansable, recoge en su blog esta crónica sobre la puesta de largo del documental 'Magníficos', firmado por su hijo Juan Mateo Piera, que contó con un colaborador de lujo como Luis Alegre.
Aquí puede leerse el texto: http://eugeniomateo.blogspot.com.es/2014/10/magnificos-documental-de-juan-mateo.html]
Por Eugenio MATEO
Precedido de una gran expectación, en gran parte motivada por la difusión que los medios de comunicación habían generado, se estrenó con categoría de evento especial, el documental Magníficos, producido por el Real Zaragoza y dirigido por el joven realizador Juan Mateo Piera. El lugar elegido fue el auditorio del flamante CaixaForum de Zaragoza y convocó a lo más granado de las personalidades y jugadores en torno al Club aragonés, así como a empresarios, periodistas y autoridades locales y autonómicas. Los actuales dirigentes de la SAD, a la cabeza su Presidente, Christian Lapetra, recibieron a los invitados entre los que se contaban los míticos componentes de aquella plantilla, que pasará a la historia de la ciudad y de su deporte como el equipo de Los Magníficos.
 Un reencuentro con la identidad que viene a reforzar el sentimiento de vinculación, aunque sólo sea como simple aficionado, al club de fútbol que ha sido y es, el referente aragonés del deporte. Como dijo el realizador, Juan Mateo, es un homenaje a la época dorada del club cuando se cumplen 50 años de las primeras grandes gestas deportivas, como la consecución de la Copa de Ferias y la Copa del Generalísimo, ambas ganadas en 1964, porque todos tenemos magníficos a los que emular en nuestras vidas. 
 El documental recurre al hilo argumental de la viuda del fotógrafo Antonio Calvo Pedrós, que fue notario de la vida ciudadana y autorizado testigo de los triunfos del equipo, y que capturó con su cámara los momentos inolvidables de un Zaragoza en su mejor periodo. Rosa Lahilla bucea, desde el archivo  municipal del Palacio de Montemuzo, en el legado que su marido donó a la ciudad y a partir de ahí, Juan Mateo intercala con maestría y desparpajo los testimonios de los protagonistas como Villa, Canario, Marcelino, Violeta, Reija o Santamaría, que a través de sus anécdotas y vivencias consiguieron crear una atmósfera entrañable en el Auditorio del CaixaForum, en donde las risas y la emoción fueron tejiendo una historia que acabó perteneciendo a todos los asistentes. 
 Pieza fundamental en la preparación de las entrevistas fue el periodista y profesor de la Unizar, Luis Alegre. A lo largo de la película, personajes como Iñaki Gabilondo, Agustin Diaz Llanes, José Luis Melero, Antón Castro, Juan Antonio Gracia, Victor Muñoz, Pedro Luis Ferrer, ex-presidentes del Club y ex jugadores, ofrecen al espectador la frescura de sus testimonios, mejor documento visual de unas circunstancias de sus vidas que de una u otra manera estuvieron ligadas al Real Zaragoza.
 Destacamos las imágenes rodadas en Galicia, en Ares, Ría del Ferrol, lugar de residencia del mítico delantero y goleador Marcelino, que ha pasado a la historia como autor del famoso gol de cabeza contra la URSS, que en aquel tiempo pasaba por ser la bestia negra del régimen franquista. He sido testigo, en calidad de inmediato, de los comentarios de Juan sobre la hospitalidad con la que fue agasajado por Marcelino Martinez Cao y su esposa Tete Perez Diaz y del aprecio que ha surgido de esta visita. Lo cierto es que los comentarios del ex-jugador en el documental no tienen desperdicio, al igual que los de Villa o Canario, por la franqueza y la perspectiva que da el tiempo. Siempre, con la figura de  Carlos Lapetra planeando en sus recuerdos como el cerebro de un estilo de juego de un equipo que se ganó a pulso lo de irrepetible.
 La gran virtud del documental es que habla de fútbol sin apenas mostrar fútbol. Prioriza el sentimiento de unos deportistas en un contexto que tiene tanto de romanticismo que pertenece a un pasado del que no es posible renunciar sin renunciar a la propia dimensión de la memoria, nexo inexorable de la razón que no reniega.
 Es un trabajo honrado, meditado, donde los protagonistas reconocen que jugar al fútbol era cuestión de pundonor, porque el mero hecho de pertenecer durante tantos años a una plantilla anda reñido con los nuevos mercenarios que en el dinero basan sus esfuerzos, y no es que sea esto malo, es simplemente lo que hay; por tanto, un club histórico tiene derecho a acudir a sus fuentes, épicas referencias de un pasado de esplendor, para afianzar su intento de trascender por encima de intereses permitiendo un desarrollo acorde con los principios sentimentales de su masa social. La sensibilidad de Rosa Lahilla aporta serenidad, ajena al casi siempre frenético entramado deportivo, dejándonos el eficaz antídoto contra el olvido que surge de su mirada mientras repasa con añoranza las fotos que su marido perpetuó de aquellos héroes magníficos.
 Juan Mateo Piera ha tejido, con sabiduría de filósofo y paciencia de observador, el retrato humano de unos seres que forman parte de un imaginario colectivo, incluso para los que no nos gusta el fútbol, y que son casi como de la familia. El distintivo de pertenencia al grupo. Ya se sabe que si el fútbol no existiera, habría que inventarlo. Un documento que bebe de la antropología, la única ciencia que puede explicar aquello de pegar patadas a un balón.

22/10/2014 01:16 Antón Castro Enlace permanente. Real Zaragoza No hay comentarios. Comentar.

RETRATO DE TRES ACTRICES

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RETRATO ENCADENADO DE 3 ACTRICES

 

 

I. PILAR DELGADO 

  

Hablé solo una vez con Pilar Delgado. Pero la vi y la oí muchas más. Quedamos en el hotel Royal Zaragoza: bajó, entre melancólica y herida, como quien se protege de las corrientes de aire; con frecuencia se llevaba la mano al busto o al cuello, cubiertos con una bufanda o un pañuelo. Había traído su álbum de fotos. Y así, a lo largo de tres horas, habló de todo: de su familia, de su condición de apuntadora de sus padres, de la vida nómada de teatro en teatro, de pueblo en pueblo. En uno de ellos, Albalate del Arzobispo, a orillas del río Martín, conoció a un joven: el torero poeta, Alfonso Zapater. En Madrid montaron El Corral de la Pacheca. Luego regresaron a Zaragoza y aquí fundaron La Taguara. Una compañía que iba a durar treinta años. Con su portentosa voz, con su capacidad de entender la poesía, sus enigmas y sus pájaros de música, se convirtió en la madrina y la musa de los poetas. La rapsoda del cierzo. Cantó con todos y para todos. Y se hizo imprescindible. Fue la madrina y madre de una generación de actores: Agustín, Rufino, Gabriel, Jesús, Marga Laura... Al final, vapuleada en el cuerpo y quizá en el alma, se centró en su condición de actriz. Y dio, de nuevo, lo mejor de sí misma: era sabia, sensible, honda. Se estremecía y palidecía el teatro; se encrespaba y temblaba el mundo. Poseía carácter y dulzura, podía ser otra sin dejar de ser ella misma. Era una diosa ferozmente humana que no se arrugaba ni con Góngora ni con Lorca ni con Brecht. Había nacido entre bambalinas y habría querido morir dando su última voz al teatro. 

 

PILAR LAVEAGA

Hablamos muchas veces. Podía ser cálida, amorosa o un vendaval de furia. Y a veces lo sigue siendo. Exigía siempre atención, afecto, era capaz de suplicar con sus ojos incendiados rigor y entendimiento para su esfuerzo y el de los suyos. Le interesaba todo. Viajaba, aprendía, leía, traducía, adaptaba: llevaba la ficción y sus personajes en la sangre. El teatro era en ella un estado de ánimo, un grito o un alarido, una forma consciente de arte y compromiso. Una búsqueda, una rebelión y quizá su rasgo de identidad más definitivo. Como el teatro, Pilar siempre estaba en crisis: esa era, o parecía serlo, su actitud. Como si fuese a parir. Y paría. Y alimentaba sus espectáculos de todo: de luz, de alegría, de vestuario, de osadía plástica y conceptual, de furia y de terciopelo. La Ribera, de Pilar Laveaga y de los hermanos Anós, se convirtió en una compañía de referencia nacional. En un grupo de riesgo. Pilar, además, mimaba a sus actores, cuidaba a sus actrices y, a veces, las exasperaba. Era una primera actriz de genio. Nada fácil. Un volcán. Un torbellino incesante. Un día se cruzó con Pilar Delgado y se batieron ante el público como Electra y Clitemnestra: con los gestos, con las palabras, con la mirada, con ese atributo indecible y misterioso que solo tienen las auténticas damas del teatro. El Principal registró, como un seísmo, aquella ‘Electra’.

 

PILAR DOCE

Actriz por encima de todo. Actriz desde niña, a la sombra itinerante de sus padres. Es de esas intérpretes que son capaces de clavar su personaje, de fijarlo para siempre: su maestría sigilosa era y es tal que parecía no llamar la atención. Lo suyo es talento y oficio, convicción y autenticidad, sutileza y vocación. Recuerdo que reparé por primera vez en su nombre, y en sus rasgos, en ‘Bodas de sangre’ del Teatro de la Ribera. No desentonó nunca. Ajustó su papel, algo que había aprendido a hacer con contención y elegancia. Y allí, en aquella fiesta de color y tragedia, de amores locos y luna de sangre, se cruzaba con otras dos Pilares. Pilar Delgado y Pilar Laveaga. Para mí aquel montaje, que vi tres o cuatro veces, encarna un momento inolvidable de nuestro teatro: la pasión pura por la interpretación, el concepto de profesionalidad, la fuerza indesmayable del teatro, el impulso de la imaginación. Ellas, en el patio del Museo Provincial o en este mismo escenario, estaban allí: enérgicas, maternales, locas de amor, anudadas a la tierra como mujeres telúricas. Aquel ‘Bodas de sangre’, tan equilibrado en el reparto, tan intenso en la vecindad de la muerte, reunió a tres mujeres de seda y de fuego, de risa y de lágrimas. Las reunió entonces como las reúne hoy el cariño de sus compañeros de sueños. Mil gracias a las tres Pilares. Y a otros pilares de la escena.

Y gracias a Blanca Resano y a sus actrices y a su equipo técnico por invitarnos a recordarlas. El teatro es una forma de sobrevivir y de vencer el olvido.

 

*Pilar Laveaga en un montaje del Teatro de la Ribera.

21/10/2014 15:54 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

'PRIMERA MEMORIA' DE J. N. AZARA

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El embajador José Nicolás de Azara se cita

con Pio VI y con Napoleón Bonaporte

María Dolores Puyol publica la edición crítica de la ‘Primera memoria’ (IFC) del gran diplomático aragonés

 

FICHA

Primera memoria de José Nicolás de Azara. Edición crítica y notas de María Dolores Gimeno Puyol. Institución Fernando el Católico. Zaragoza, 2014. 245 páginas.

 

Antón CASTRO

María Dolores Gimeno Puyol es una de las grandes especialistas de José Nicolás Azara (Barbuñales, Huesca, 1730-París, 1804), el ilustrado oscense que fue embajador en Roma y París. Editora de su ‘Epistolario (1784-1804)’ (Castalia, 2010), ahora publica la edición crítica de la ‘Primera Memoria de José Nicolás de Azara’ (IFC. Zaragoza 2014). Afirma que su “compleja figura” contempla dos polos: “su formación y dedicación diplomática -muy inclinada a la acción política- y el humanista, hombre de letras y experto en artes, que siempre usaba una lengua elegante y clara, largos párrafos y una sintaxis impecable”.

Editor de Garcilaso, de los clásicos latinos en las prensas de Bodoni, entre ellos la biografía de Cicerón, y de los escritos del pintor Antonio Rafael Mengs, Azara escribió en ocasiones hasta ocho horas al día. Quizá así se explique que compusiera hasta tres volúmenes de memorias. Explica la profesora aragonesa de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona: “Esta primera refiere sus negociaciones con los generales y comisarios franceses que invadieron Italia en 1796 hasta firmar el armisticio de Bolonia (23 de junio de 1796), así como el incumplimiento del mismo hasta la Paz de Tolentino ( 19 de enero de 1797)”. Azara era conocido como ‘Il Cavalieri’, el Caballero, y se sentía a sus anchas en Roma: frecuentaba a artistas y eruditos y edificó una sólida reputación como coleccionista de arte.

Empezó a redactar sus recuerdos a finales de 1796 cuando se hallaba en Florencia, donde se encontraba, desterrado, en un “ostracismo pasajero” tras su fracaso como negociador del Papa Pío VI ante los franceses, y las concluyó antes de febrero de 1798, cuando ya estaba en París. Su texto participa de una doble visión: la memoria histórica y la memoria personal. O con palabras de Gimeno: es un híbrido que integra “las memorias de quienes querían dejar un testimonio excepcional a la posteridad y las justificativas de una acción política”. Azara incluye en su texto una preámbulo crítico sobe la historia de la Iglesia católica desde su fundación, cuenta la vida y el pontificado de Pio VI, que incluye su retrato personal y político, y por último desliza “la memoria propiamente dicha sobre su actuación como diplomático. El bloque principal –señala María Dolores Gimeno- lo configuran sus negociaciones con los franceses en 1796; la aproximación de Bonaparte hacia el sur, sus entrevistas con él y sus comisarios en Milán y Bolonia, y la firma del armisticio”. Azara se revela como un buen contador: tiene “un plus de eficacia narrativa: lo verdadero ha de ir con lo bello”. Agrega la profesora: “El estilo directo transmite sensación de realidad y, además, aporta color y vivacidad a la escueta memoria cronológica”.

Las memorias están llenas de grandes personajes. Uno de ellos es Pio VI, del que hace un retrato hipercrítico. Dice Azara: “Podría añadir millares de anécdotas picantes y curiosas de su persona y gobierno, porque nadie sabe cuanto yo de esas materias, habiéndole estado siempre tan cerca y tratado tan íntimamente”, dice. Y le atribuye un traspiés político grave por “haberse inmiscuido en cuestiones internacionales sin estar preparado”. A la par, Azara se acerca a algunos de sus colaboradores como el tesorero Ruffo, que es, con su amante la marquesa Lepri, uno de “los máximos exponentes de inmoralidad personal y de corrupción política”. Sin duda el otro gran personaje es Napoleón Bonaparte, “cuyo físico peculiar apuntaba las maneras del gran personaje”. El título del capítulo XVIII insiste en el varapalo al Sumo Pontífice, a quien le gustaba mucho acicalarse: ‘El ejército del Papa huye vergonzosamente sin pelear a la vista del francés mandado por Napoléon, que avanza hacia Roma’. Describirá así el diplomático oscense la paradoja en que se encontraba: “Roma electrizada por estos medios no respiraba sino guerra contra los franceses y odio contra los españoles”.

No aparece aquí su hermano Félix Azara, el militar, ingeniero y botánico que pintó Francisco de Goya. Los dos hermanos se habían visto por última vez en 1776 y volverían a reencontrarse en París en 1802. Compartieron muchas cosas en los dos últimos años. José Nicolás Azara, magnífico escritor de cartas y amigo del ministro Manuel de Roda, moriría en 1804.

 

 

LA CÓLERA DEL ACTOR

 

José Nicolás de Azara y Napoleón Bonaporte tuvieron varios encuentros. El segundo fue en Bolonia y así describe el aragonés, que ejercía de mediador, lo que ocurrió: “Al día siguiente conocí la importancia del aviso que se me había dado, pues habiéndome recibido Bonaparte al principio con muy buena manera, apenas le propuse que tratásemos de hacer un armisticio para el Papa, que se volvió como un león descomponiéndose más de lo que convenía a un jefe de su mérito y representación. Negó querer tratar conmigo porque yo no podía, según él pensaba, ser representante del rey de España y del Papa; que respetaba mucho el primero y con los diputados del segundo sabía cómo había de tratar”. Y aquí surge un emperador inesperado: “Se acaloró tanto contra Roma que le vi mascar y tragarse efectivamente un cuadernillo de papel blanco que casualmente tenía en la mano”. Al parecer, Napoleón lo trataba con esa dureza para ganar tiempo. La cólera era un registro de actor.

 

*Este texto se publicó ayer en Heraldo de Aragón. la foto de María Dolores es mía y el retrato de José Nicolás de Azara es de Rafael Antonio Mengs, cuyos escritos publicó el aragonés.

20/10/2014 10:20 Antón Castro Enlace permanente. Temas aragoneses No hay comentarios. Comentar.

ANGÉLICA MORALES: POEMAS

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ANGÉLICA MORALES: POEMAS DE 'ASNO MUNDO'.
La escritora y actriz Angélica Moralas me envía unos poemas de su último libro de poemas: 'Asno Mundo', que resultó ganador del “XX Premio Internacional de Poesía Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria“. El libro fue presentado el viernes 17 de octubre en la Librería Anónima de Huesca. La fotografía de escritora la realizó su compañero, el artista surrealista José Manuel Ubé.


POEMAS DE ÁNGÉLICA MORALES

De 'Asno Mundo'.
*******

De las veces en que caminas detrás de un autobús sin luz

(con el número pintado a lo lejos).

De las veces que sueñas con la ceniza de un jarrón que contiene el cuerpo más amado

(dormido ahora en el manto de un reloj).

De las veces en que respiras el humo de la calle,

el perfume de aquella muchacha descalza que ríe.

De las veces que dejas pasar el tiempo y las manos en la ventana

mientras el ruido se hace hombre y grita,

sin dejar de romper la tarde.

De las veces que lees el prospecto de una aspirina

(los nudos melancólicos que traen su sabor).

De las veces en que tus pies caminan solos, sin ti,

sobre el mar en calma y el petróleo muerto.

De las veces en que te has quitado los ojos y se los has dado

a comer a un cuervo

(como ofrenda al infinito amor que sientes por la oscuridad de sus alas).

De las veces en que suspendiste en pasión

(en que el sexo te abandonaba bajo la almohada y lo escuchabas roncar).

De las veces que masticas versos mudos, incapaces de hacer

despertar la vehemencia del plástico.

De las veces en que pierdes la cuenta,

los rezos de tu cabello,

el latir del corazón bajo el peso de tu propio cadáver.

*******

Nada asoma a la tierra excepto una ventana con el mes de octubre recostado en el alféizar.

Nada asoma a la tierra, sólo el reflejo del sol poniéndose enfermo

(es ahora de un amarillo sucio, como las baldosas de un piso en Berlín).

Postales de humo.

Siluetas de árboles corriendo en pos de sus raíces, de todo el pelo dormido que sostiene su existencia.

Y el frío, siempre el frío en los cajones, en el bolsillo izquierdo de la chaqueta con la que te enterrarán mañana.

Y después del silencio, un horizonte desenfocado

(como ojo de nigromante).

Y las costas que no llegan,

desnudas de viudas,

sin agua.

Nada asoma a la tierra.

Ni al otro lado de los huesos y sus leyendas.

Ni siquiera el perfume a violetas de un seno corrompido por el tiempo.

Cantos que llegan un instante a la ventana y se pierden lejos, con sus pies de barro.

Y todo vuelve a ser nada.

Una oscuridad resplandeciente que nos ciega.

Es octubre que arrastra estatuas en la memoria.

Pliegos antiguos con las claves de nuestra destrucción.

Es octubre y su ventana piramidal.

Octubre oxidando el pecho.

Su pasar lento.

Todos sus olores planchados.

*******

Todo lo que se conforma está condenado,

se destruye la materia y cae a los charcos.

Hay en la mella de un campesino tierra podrida,

círculos de vegetales huyendo del hambre.

También las flores se extinguen en el interior del pecho,

estallan sus pétalos de pronto,

antes de que el amor cumpla su juramento.

He visto el cerebro de los niños

bailando a dos metros bajo el suelo

mientras sus madres fumaban y miraban fotografías

de hombres plásticos.

El silencio intoxica la acción (creedme).

Fulmina el diálogo de un pez en la ventana.

Y he aquí que todo lo que muere conversa en un rincón,

con los gusanos dormidos en tu boca.

Nada tengo que decir al respecto de los días, excepto

que traen fósiles de sirenas, es por eso que

tejo mantos de nylon y escamas, a medianoche,

al tiempo que se pierden los barcos entre los acantilados y llegan a la

playa cuchillos con piernas.

Todo lo que besa el corazón, vuela,

se hace fuga de violines sobre el hombro en espiral de una mujer.

20/10/2014 09:50 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FERNANDO AÍNSA: UN CUENTO

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UN CUENTO DE FERNANDO AÍNSA
Fernando Aínsa, poeta, narrador, ensayista y periodista, acaba de publicar 'Desde el otro lado. Prosas concisas', en la editorial Pregunta, de David Francisco y Reyes Guillén. El libro lleva un prólogo del profesor y crítico Fernando Valls, uno de los estudiosos del relato breve. Fernando, poco a poco, con su inmensa pasión por la vida, ha ido remontando una enfermedad que lo tuvo muy cerca del fin. Las fotos son de Yves Trémorin.

CRUZÁNDOME

Por Fernando AÍNSA. De ' Desde el otro lado. Prosas concisas'. Pregunta. 2014

Anochece y regreso con la amarga sensación del equívoco y la derrota. 
Salí esta mañana con la esperanza de reconciliarme con ella, tras esta separación de la que no puedo aceptar sus efectos: esa desidia que me ha invadido, el desorden del que vivo rodeado, el abandono que vengo dando a mi propio aspecto, las obsesionadas visiones de mi rodar insomne en la cama matrimonial, a lo largo de noches interminables y amaneceres tristes. Quería verla para decirle que regresara, que todo volvería a ser como antes, durante esos años en que emprendimos con alegría la reforma de la vieja casa solariega y plantábamos árboles cada invierno con la mirada puesta en la primavera.
Oscurece y enciendo las luces largas del automóvil que ilumina la curva y luego la recta interminable que hemos recorrido juntos en tantos viajes de ida y vuelta. Acelero, tal vez por la rabia de haber cedido, a poco de haber llegado, al enredo fatal de una discusión donde sus reproches tropezaron con mis buenas intenciones. Viejas rencillas emergiendo de la ciénaga del pasado donde las creía definitivamente hundidas, palabras hirientes que no supe evitar y que debía haber aceptado con calma, para irlas superando y llevarla a mi más íntimo deseo: su regreso, aún a costa de cambiar en todo aquello que tanto la molestaba: cigarrillos encendidos en ayunas, apestando el dormitorio; un dejarse llevar por las botellas de buen vino de la bodega, bebido sentados en la terraza o en el porche, donde ella iba cayendo en una progresiva melancolía, mientras yo eufórico construía castillos en el aire. Ni qué hablar del abandono de las faenas de nuestra tierra, la hierba que crecía por doquier y los árboles que se secaban por falta de riego.
Debí evitar una palabra que desencadenó su reacción —“resentida”— y luego el modo como nos enzarzamos en reproches mutuos. Si pudiera volver hacia atrás y regresar a ese momento en que todo discurría todavía con un control razonado; si pudiera entrar de nuevo en su casa, con una sonrisa más amplia y decirle con entusiasmo “me alegro tanto que hayas aceptado verme”; si pudiera recorrer nuevamente esta carretera con la esperanza de rehacer nuestras vidas, como lo hacía al amanecer esta mañana, si pudiera remontar el tiempo, si pudiera…
Por la recta por la que voy cada vez más rápidamente —entre 150 y 160 kilómetros por hora— clamando contra ese instante en que lo eché todo a perder, repitiendo con golpes en el volante la palabra maldita —“resentida”— veo venir un automóvil. Lleva también las luces largas y me encandila. Ninguno de los dos las baja y nos acercamos cada vez más el uno al otro. En el momento de cruzarnos veo un auto idéntico al mío, tal vez con la misma matrícula, y creo reconocerme en el perfil satisfecho de su conductor. Un fogonazo estalla en mi cerebro, cierro los ojos desconcertado y al abrirlos me veo conduciendo en dirección contraria.
Respiro y sonrío. Está amaneciendo.

 

19/10/2014 19:58 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

POEMA: JUAN GUSTAVO COBO BORDA

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ENTREGA

 

Ninguna fue más seductora.

Ninguna tuvo una piel más tersa.

Ni se entregó con más abandono

al besarla debajo de la barbilla

ni irradió más alegría

desde las cinco de la mañana

hasta las diez y media de la noche.

Ni conversó con tanto entusiasmo

en su propio idioma.

Ni descubrió tanto mundo

-las luces del semáforo,

las gotas de lluvia

en el vidrio-

como esta mujer

de cinco meses apenas

a cuyos pies

caigo rendido.

 

De ‘Poesía reunida’. Juan Gustavo COBO BORDA. Tusquets. 2012. Se titula ‘Entrega’ y está dedicado a Paloma.

 

*La foto es de Miss Aniela.

16/10/2014 18:17 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

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