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HA MUERTO EL PERIODISTA CHEMI PÉREZ BERNAD

Ha fallecido el periodista José Miguel Pérez Bernad, 'Chemi', el pelirrojo Chemi, que se dedicó esencialmente al periodismo de sucesos. Era un periodista de la vieja escuela, con contactos partes, sin pereza alguna, en busca de secretos, historias, delitos, claves ocultas. Trabajó, entre otros diarios, en 'El Noticiero', en 'El día de Aragón', en 'Dairio 16' y 'El Periódico', donde se jubiló. Fue distinguido recientemente por la Asociación de la Prensa por su trayectoria profesional. Joaquín Marco le hizo este completa y espléndida entrevista.

 

http://www.aparagon.org/noticias/jose-miguel-perez-bernad-no-he-contado-mis-fuentes-ni-a-mi-director/

 

Entrevista de Joaquín MARCO

El premio con el que la Asociación de Periodistas de Aragón reconoce cada año toda la trayectoria profesional de un veterano de la profesión ha sido este año para un referente en dos campos: la información laboral y la de sucesos; dos secciones en las que José Miguel –Chemi- Pérez Bernad, ha sido tanto un pionero como un maestro. Primero informando en la Transición sobre los movimientos sindicales y luego en los ochenta sobre sucesos y Tribunales, Pérez Bernad fue no solo de los primeros periodistas en tratar estos temas en la prensa aragonesa, sino también un modelo de rigor y solvencia.

 

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¿Cómo fueron tus inicios en la profesión

Yo tenía muy claro desde jovencito que quería ser periodista y con 19 años, en 1969, empecé a colaborar, gratis, en Aragón Expres. Ya al año siguiente me recomendaron ir a El Noticiero y, aunque con alguna prevención porque era un periódico anticuado y de curas, fui. Acababa de llegar como director Antonio Coll, que era un profesional como la copa de un pino, y renovó bastante las estructuras de la postguerra metiendo gente joven, quizá yo fue el primero, pero después vinieron más. Ese fue mi primer trabajo, aunque también cobrando una miseria, al principio pagaban 150 pesetas por llenar una página.

¿Compatibilizabas el trabajo con estudios?

Empecé mientras estudiaba Filosofía y Letras, aunque no llegue a terminar la carrera. Luego, cuando se creó la Facultad de Periodismo en Madrid hicieron un plan para que quienes ya estábamos trabajando tuviéramos el título y un grupo de Zaragoza nos organizamos para aprovecharlo; cada sábado iba uno a Madrid a unas tutorías y nos pasábamos los apuntes. Pero no tengo el título a falta de la Sociología de tercero de carrera; yo había pedido que me la convalidaran y no sé por qué líos administrativos no lo hicieron, así que me cabreé tanto que lo dejé; además, la carrera era un sinsentido… en Derecho de la Información estudiamos la Ley Fraga y mientras se derogó.

En esta época te dedicabas a la información laboral y política, que era completamente novedosa

En El Noticiero empecé haciendo crítica de cine, entrevistas… valíamos todos para todo porque éramos cuatro y el de la guitarra. En el 75, ya me centré en cubrir la información política real, no la oficial sino la poca que había de oposición, trabando contactos con los representantes sindicales y políticos, con los que ya estaba relacionado a nivel personal. Estuve años militando en el PCE y Comisiones Obreras.

Cuando se cerró El Noticiero, en 1977, seguí haciendo información sindical como delegado en Mundo Obrero, pero era un periódico hecho con los pies, en el que todos los artículos se debían a la ideología del partido y en el que fallaba hasta la distribución.

¿Tratando de temas sindicales en estos años de la Transición no tuviste ningún problema con la Policía o la Administración?

Lo cierto es que no. Alguna anécdota, pero en El Noticiario tuve más problemas con el propietario de la empresa que fuera; de hecho con algunos policías de la Brigada Social luego tuve una relación muy normal y cuando ya escribía de sucesos incluso en algún caso me pidieron ayuda.

¿Y cómo fue que pasaras de la información laboral a los sucesos?

En 1985, cuando se fundó El Día, un proyecto para intentar cambiar la información en Aragón con grandes profesionales, me ofrecieron entrar en la redacción. Fue Pablo Larrañeta, entonces el redactor jefe y un profesional muy pendiente de la información, quien decidió que yo me encargara de la sección de sucesos, o mejor de Tribunales, que también era un tema nuevo. Se informaba de los delitos y de las sentencias más importantes, pero nada más. Estuve dos años que era el único periodista en la Audiencia Provincial, hasta que los medios se dieron cuenta de que había demanda social para estas informaciones y llegó gente nueva; una competencia que fue un progreso.

Y ya seguiste con esta especialización hasta en tres periódicos distintos…

De El Día pase a Diario 16 Aragón, con Miguel Ángel Liso, que para mí fue mi experiencia más bonita en prensa; era una redacción de amigos y se hacía una buena información, pero nos falló la editora en Madrid. Aún seguí un año más que los fundadores, pero antes del cierre me fui a El Periódico de Aragón y allí estuve 16 años más; se trabajaba un huevo, pero también era una redacción muy competente.

En 2009, se planteó un ERE en el diario y lo aproveché. Yo siempre había hecho calle, nunca quise cambiar a una jefatura de sección, aunque por eso tuve grandes discusiones con Liso, y con 59 años se me hacía pesado. Era el más viejo en los Tribunales y ya no estaba para comerme las piedras, como los más jóvenes.

La información de sucesos es especialmente delicada, pero cuando se te entregó el premio de la APA por tu carrera, Lola Ester subrayó que has demostrado “que se puede ser un sabueso sin ser un buitre”.

Sigue habiendo muchas informaciones de sucesos que rezuman sangre, pero para mí es fundamental dar la información de lo que has comprobado y has visto sin ensañarte y evitando todo el morbo que se pueda, porque en un crimen hay más personas que la víctima y el verdugo. Por ejemplo, recuerdo una mujer que me dijo cómo le estaba afectando a su hijo una noticia sobre su marido y que me llevó a plantearme cuando identificar a los mencionados con sus iniciales.

Eso sí, lo que algunos califican de pena de telediario suele estar bastante justificada. ¿Vamos a tener que esperar a la condena para poder denunciar socialmente a unos delincuentes? ¡O lo que ha propuesto ahora el fiscal Moix de condenar a los medios que publiquen investigaciones bajo secreto de sumario, del que se ha abusado mucho.

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En la misma presentación destacó que tienes fama tanto por la calidad de fuentes como por ser muy celoso de ellas

Ni las he revelado ni las revelaré, como creo que debería hacer cualquier periodista. Además, en la información judicial es fundamental guardar el secreto de tus fuentes porque puedes perjudicarle; a un amigo policía solo por la mera sospecha, equivocada, de que era una de mis fuentes le complicaron bastante la vida, así que imagina si llegan a tener la seguridad. Yo habré tenido unas 50 demandas y me han llamado tres veces a declarar ante el juez, pero no he contado mis fuentes ni a mi director.

Luego, lo que he llevado bastante a rajatabla es comprobar la noticia con dos fuentes distintas, algo que nunca hace daño.

¿Y cómo se consiguen estas fuentes exclusivas?

Se consigue relacionándote en la calle con mucha gente porque te puede llegar información por medios que nunca te esperarías. Lo fundamental es demostrar que mereces confianza, que respetas, que no manipulas… Así, con los años, incluso se llega a que no tengas que ir a preguntar, que te lo vengan a decir.

¿De tu carrera cubriendo sucesos, cuáles te han marcado especialmente?

Hay varios… Sucesos como el incendio de la discoteca Flying, donde fui el primero en llegar… Sobre todo los casos de violencia de género y los crímenes sin resolver, como el de una chica asesinada en Fueros de Aragón; casos en los que ves el dolor y el sufrimiento de las familias.

Repasando tu carrera, ¿cómo ves que ha ido evolucionando el periodismo en estos años?

Lo he visto mejorar a finales de los años setenta y cómo en los ochenta nació un nuevo periodismo que duró hasta hace unos quince años, pero ahora es un desastre. Siempre ha habido problemas, explotación y crisis, pero no como esta, que lo primero es que no hay trabajo. Hace falta una revolución total con la participación e ideas de todos los agentes; no solo los periodistas, sino también los editores, los distribuidores, la Administración…

¿Y desde tu jubilación no mantienes ninguna vinculación con el periodismo, con colaboraciones, algún proyecto literario…?

No, no; desde que me fui solo he escrito un par de obituarios de personas con las que tenía alguna relación especial. Yo soy muy vago y ahora estoy aprovechando porque durante años no he podido hacer lo que quería, incluso aburrirme algún rato.

 

12/12/2017 12:05 Antón Castro Enlace permanente. Temas aragoneses No hay comentarios. Comentar.

LAURA HIGUERA HABLA DE 'EL ÁNGEL NEGRO', SOBRE GOYA

Entrevista con Laura Higuera, autora de ‘El Ángel Negro’ (Ediciones B), una novela en dos tiempos en torno a las Pinturas Negras de Francisco de Goya.

-¿Por qué Goya, qué le interesa de él, qué tiene de particular o de fascinante para usted?

Goya era un genio. Y un genio se nutre de muchas cosas: del dolor y la alegría, del horror y la belleza. Pero de todo eso yo me quedo con el dolor, que para mí es el origen de la inmensa mayoría de procesos creativos: esa cualidad de desgarrarse y de transformar lo que queda de uno en algo perpetuo. Goya me trae a la memoria un poema de José Hierro, aquel que empieza diciendo "Llegué por el dolor a la alegría/supe por el dolor que el alma existe". Siempre me ha fascinado esa figura, la de un hombre desgastado por los desastres de la guerra, por los desastres de la vida, y que ya no puede más. Y es que el arte necesita de soledad y miseria, como dijo Dumas.

-¿Qué significan en su producción las ‘pinturas negras’? ¿Son un momento culminante, encierran misterios, es la pintura del dolor, etc.?

Las Pinturas Negras son efectivamente las pinturas del dolor. No hay mejor definición posible para algo tan oscuro, violento y obsceno a partes iguales. Como usted sabe, fueron hijas de un tiempo muy concreto de la historia de España. De hecho y muy poco después de acabarlas, Goya terminaría exiliándose a Burdeos a título definitivo: eran tiempos muy difíciles para un liberal como él. Por otra parte, el misterio está servido, y de él se alimenta mi novela: "El Ángel Negro" es un thriller que habla de arte y que además lo hace en dos tiempos, y que sobre todo juega con la posibilidad de la existencia de una decimoquinta Pintura Negra. La historia dice que el maño produjo catorce, pero en la actualidad existen argumentos de peso que sostienen la hipótesis de que haya una composición número quince.


-¿Qué le ha intrigado de la Quinta y del número mismo de las piezas?

Goya vivió en La Quinta del Sordo, una casona a orillas del río Manzanares, de 1819 a 1823, y no se le ocurrió otra cosa que pintar un tributo al lado más aterrador de la vida (ese abismo al que todos tratamos de no mirar) sobre las paredes entre las que vivía. El panorama debía ser estremecedor, y la idea no puede parecerme más lacerante. Se me ocurren muy pocas razones que lleven a un ser humano a convertir su día a día en una vista perpetua a lo macabro. Una de ellas es la locura, y la otra es la absoluta certeza de la muerte. La historia me conmueve y me intriga a partes iguales. Con respecto al número, yo sostengo que fueron quince, pero es cierto que una sola de esas pinturas hubiera bastado para infectar de horror a cualquiera.

-¿En qué momento decidió mezclar dos historias alejadas en el tiempo casi 150 años?

Un presente tan concreto como el que describo en "El Ángel Negro", con un asesinato en el Museo del Prado que apunta maneras de crimen ritual, requería de un pasado muy particular. La historia central arranca cuando un banquero alemán, Emile d'Erlanger, compra La Quinta del Sordo en 1873 para hacer negocio con las Pinturas Negras. Es apasionante cómo el punto A (la España convulsa de las últimas décadas del siglo XIX) conduce al B (un Madrid y una Venecia actuales), y no lo hace precisamente por el camino de la recta. La mezcla resulta tan atractiva como necesaria.

-¿Cuál es la importancia de Martínez Cubells? Recuérdenos cuál fue su gran cometido...
Salvador Martínez Cubells fue nombrado primer restaurador del Museo del Prado en 1869. Emile d'Erlanger necesitaba al mejor experto del país para pasar de revoco a lienzo las pinturas negras de La Quinta de Goya, y por eso le contrató. Hay algo muy patente en "El Ángel Negro", un rasgo que se esgrime como uno de los puntos fuertes de la novela, y es que derivo a personajes reales como Cubells y d'Erlanger hacia mi propio imaginario, pero eso sí, manteniendo una base histórica sólida y muy bien documentada. Construyo un universo paralelo potente que seguro interesará a muchos.

-Aváncenos hasta donde pueda el argumento… levemente. ¿Qué buscaba en realidad, qué aspectos le han interesado de la época, del pintor y de la creación?

Una mañana El Museo del Prado despierta con un cadáver salvajemente mutilado frente al cuadro Saturno devorando a su hijo, la pintura negra de Goya por antonomasia. A partir de ahí, la narración va adquiriendo matices. Bernardo Vera, un inspector cántabro recién llegado a Madrid, es el encargado de darle luz al caso. Es entonces cuando el pasado de hace casi ciento cincuenta años y del que antes hablábamos se hace indispensable, con una Venecia recién anexionada al Reino de Italia y un Madrid en plena y efímera Primera República. Los protagonistas ganan fuerza y forma y los personajes secundarios se erigen como elementos clave. Con respecto a lo que buscaba, sin duda una trama potente que resolviera en última instancia un enigma tan apasionante como el de una decimoquinta pintura negra perdida.

-Hay dos mujeres muy poderosas: la experta, contemporánea, y esa suerte de musa y enamorada de Cubells, que encarna la parte más libidinosa del libro. ¿Qué función tienen, qué dimensión ha querido darles?

Tanto Ada Adler como Alessandra Abad son mujeres extraordinarias, cargadas de esa sensualidad que sólo nace cuando cierto tipo de belleza y una inteligencia muy desarrollada confluyen. Ambas hacen de la ambición su modus vivendi. Son interesantes hasta decir basta. Ellas son fundamentales para la novela. Quería hacerlas conscientes de su gran poder.

-Ha escrito un thriller y a la vez una novela histórica. ¿Qué autores le interesan, le inspiran, cómo ser funden los dos géneros, y a la vez la novela del arte?  

En el terreno del thriller, Pierre Lemaitre ha sido todo un referente. Ha habido muchos otros, desde luego. En general, tanto Flaubert como Vargas Llosa, pasando por Paul Auster, Thomas Mann y Ian McEwan, me han influenciado de una forma u otra. "El Ángel Negro" es un thriller que tiene mucho de novela histórica, y dentro de ésta, de novela del Arte, y es así por exigencias del guión: sabía muy bien lo que quería contar, y necesitaba de cada uno de esos ingredientes, historia, crimen y arte, para que todo encajara a la perfección.

-¿Por qué ha elegido esa muerte ante el cuadro ‘Saturno devorando a sus hijos’, del que tantas veces se ha dicho que es una metáfora de la España más devoradora? La usa hasta Bigas Luna en ‘Jamón Jamón’...

Precisamente porque es el cuadro más violento que conozco y porque representa a partes iguales el dolor y el miedo a la muerte. Como he dicho antes, las circunstancias que atravesaba España en aquella época eran excepcionalmente difíciles, y más para hombres como Goya, que se burlaba del tipo de sociedad en que le había tocado vivir en obras de enorme envergadura,  como fueron Los Caprichos. Años más tarde, reflejaría de una forma distinta esa España embrutecida. Además estaba enfermo, y la enfermedad y la soledad son a veces cosas parecidas. La de Saturno era una soledad muy particular. Y podría haberlo dibujado con el mismo recato con el que lo hizo Rubens en 1636, pero los tiempos eran otros. Goya era un anciano casi. Y también un ser medio enloquecido, arrastrado por el dolor y por la vejez de una forma espantosa.

 

12/12/2017 10:41 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CARLOS SAURA HABLA DE 'AUSENCIAS'

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Carlos Saura novela su pasión

por la fotografía en ‘Ausencias’*

 

 

 

El artista y cineasta publica una novela donde juega con la imagen, la locura, el amor y el crimen

 

 

Carlos Saura es un anciano juvenil. Nacido en Huesca en 1932, solo le preocupa el futuro: es como si tuviera un cuaderno repleto de proyectos y viviera con la ansiedad y el afán de poder concluirlos. Huye del pasado y de la melancolía como de la peste. Es hiperactivo, soñador y quizá ensimismado. Cuando ve la edición impresa de novela ‘Ausencias’, publicada por el sello Laborinto (Madrid; 350 páginas), dice: “¡Anda! Si yo no había visto este libro. ¿Ya lo tiene?”. Lo acaricia y lo firma, pero con esa extraña sensación de quien se halla ante algo inesperado o raro.

“¿Lo ha comprado en una librería? Es el primer ejemplar que veo. Qué ilusión. ¿Sabe? De la novela, además de esta edición, se va a tirar otra, de 200 ejemplares numerados con mis 27 dibujos de las cámaras a gran formato”, avanza. ‘Ausencias’ es la novela de la fotografía del fotógrafo y coleccionista de cámaras e historiador de la fotografía que es el realizador oscense, que acaba de ser homenajeado en el Festival de Cine de Zaragoza. Lleva, en el inicio de cada capítulo, un pequeño dibujo de las cámaras: la Speed Graphic, que tanto usaron Diane Arbus y Weegee; la Ernemann Ermanox, capital en el libro, la favorita de Erich Salomon, muerto en un campo de concentración en Auschwitz; la Hasselblad, que emplearon muchos, y entre ellos Edward Weston, amante de Tina Modotti, de quien elogia un desnudo sobre la arena.

“‘Ausencias’ es una novela que escribí en 2002 y 2003, poco después de los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York, que aparecen en el libro. La novela me ha acompañado estos años, la he cogido, la he dejado, entre película y película, y al final llegó al libro”, dice el cineasta, que siempre lleva una cámara al cuello. La novela, que presenta esas atmósferas oníricas propias de su cine, del tipo ‘Elisa, vida mía’ (película a la que alude el propio Saura), cuenta la historia de un abogado, Mario Romero, de poco más de 40 años, que tiene una enfermedad misteriosa y su psiquiatra le recomienda que ingrese en un residencia de reposo. Allí conocerá a varias mujeres y a otro personaje que es como su vigilante y su antagonista, Correveidile; vivirá diversas peripecias de amor, delirio y fantasía, y con una de las pacientes, Elena Arroyo (de la que se dice que ha cometido un crimen), inventará una ficción. Una novelita dentro de la novela, que no es un texto ingenuo o aleatorio; tiene mucho que ver con la propia historia de la residencia. Pero hay muchas más cosas: entre ellas, algunos crímenes, que parecen sacados de fotografías del citado Weegee, el reportero de calle al que se le dedicó la película ‘El ojo público’ de Howard Franklin (“que es una buena película”, dice Saura), o de aquellas instantáneas directas de Diane Arbus, a la que también le gustaba retratar deformidades, gentes muy delgadas o muy flacas, y evidentes patologías.

“Esta laberíntica novela parte de un hecho real. Compré un libro de Diane Arbus y le faltaba una página. Y esa ausencia me permitió fabular. Imaginar muchas cosas. Me encanta la fotografía de esta mujer que se suicidó de manera horrible cuanto estaba en la cumbre. Me impresionan su vida y su fin. Lo que hago en la novela es rellenar con narraciones, a medio camino entre la realidad y la fantasía, la página desaparecida; al fin y al cabo los personajes tienen diversos grados de inestabilidad mental”, subraya Carlos Saura. Mario Romero es, además de un abogado enfermo, violonchelista y fotógrafo: tiene una colección de más de 400 cámaras fotográficas.

“Mario Romero es un poco mi sosias. Mi ‘álter ego’. Yo también tengo una buena colección de cámaras, me encantan, y vivo, como él, en las afueras de Madrid, en una casa de campo”. Saura, que ha perdido hace poco a su cocinera y asistenta portuguesa, dice que la novela es un homenaje a fotógrafos maravillosos, “ahora que ya no quedan. O quedan cada vez menos. Con las nuevas cámaras, cualquiera es capaz de hacer una buena foto, una foto excepcional, y no es nada fácil distinguir a los maestros”. Contiene, por otro lado, el mayor erotismo hasta ahora de los libros y de las películas de Saura. Por ejemplo, Mario tiene una hermana, Teresa, muy bella, al que se le ha muerto su marido pintor. Un día se encuentran y ella le explica cómo le gusta el sexo y le cuenta un sueño carnal que ha tenido con él. Todo muy explícito. El propio Mario describe varios coitos.

“Quizá sea mi libro más sexual, sí. En mi cine nunca he abordado el acto sexual. Lo resuelvo mediante la elipsis, lo sugiero y corto. En realidad, me gustaría contarlo de manera naturalista pero entonces se convertiría en pornografía y no podría rodarlo. Ja, ja, ja. Lo que me sucede es que me encanta escribir, cada vez disfruto más. Mis guiones nacen de la pasión por la escritura”. Bueno, había que decir que le gusta escribir, pintar, fotografiar (hace fotos todos los días y casi todo el tiempo) y dirigir cine. Ha sido objeto de una biografía reciente del director Félix Viscarret: ‘Saura(s)’.

Carlos Saura -que expresó en la clausura del Festival de Cine de Zaragoza su pasión por la jota y reprochó a los organizadores que no fueran capaces de integrarla en el menú- trabaja en dos nuevos proyectos: una película que se rodará en México sobre música mexicana, “a la manera de ‘Tango’”, y ‘Guernica’, “que saldrá, saldrá. Seguro. Antonio Banderas me ha confirmado que sí, pero tampoco me queda mucho tiempo”, precisa. 

*Autorretrato de Carlos Saura.

06/12/2017 02:11 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ELOY FERNÁNDEZ HABLA DE SU PRIMERA NOVELA: 'EL PORTUGUÉS'

Eloy Fernández Clemente (Andorra, 1942) llega a los 75 años y publica la novela ’El portugués’ (Doce Robles), que presentó le pasado jueves en el colegio Joaquín Costa. Estuvo acompañado de Carmelo Romero y de Carlos Mas. Aquí explica algunas claves del libro. La entrevista apareció en ’Heraldo’ el pasado jueves.

-¿Por qué te interesó la vida de Joaquim Pedro Oliveira Martins? ¿Qué tiene de apasionante?

-En mi opinión es el intelectual portugués más importante del XIX. Un gran historiador y pensador. Brillante, honrado, iberista prudente que ama su país y España, que conoce a la perfección. Me da ocasión de hablar de ambos países en unos momentos apasionantes en ambos casos.

 

-¿Cómo defines a este personaje, socialista, y tan conectado con Europa, con caballo y perro? ¿Cuál serían sus grandes obras, dos o tres?

-Es un gran buscador, duda pero se plantea todo a fondo, elige y se compromete cuando al fin descubre lo mejor. Sus dos obras “Teoría del socialismo” y “Portugal y el socialismo”, marcaron el nacimiento de esa tendencia allí. Y, desde luego, su maravillosa “Historia de la civilización ibérica”.

 

-¿En qué se parecería a Joaquín Costa, con quien conversa, por cierto?

-No sólo en la edad, sino en la busca de justicia social a ser posible sin violencia, en el estudio jurídico, económico, político y social de la realidad histórica y de su tiempo, en la pasión por la erudición, el estudio.

 

-¿Por qué has elegido la primera persona y una suerte de diario para contar esta biografía novelada?

-Como digo en el preámbulo, siguiendo a Ricardo Piglia: “El diario es una forma muy seductora: combina relatos, ideas, notas de lectura, polémica, conversaciones, citas, diatribas, restos de la verdad. Mezcla política, historias, viajes, pasiones, cuentas, promesas, fracasos”. También afirmaba hace poco Javier Marías que “una voz en primera persona resulta más creíble, más persuasiva”.

 

-¿Qué le debe el libro a sus escritos y a su epistolario?

Lo digo al final: “La mayor parte de sus palabras se reproducen con exactitud. Sólo algunos viajes y algunos personajes son de mi invención, pero siempre verosímiles: pudo haber ocurrido así, y en ese momento”. Cuanto estaba escrito (cartas, discursos, libros, artículos) lo he transcrito con pequeños arreglos. Encontré en la Biblioteca Nacional de Lisboa mucha correspondencia; y en mil rincones todo tipo de informaciones valiosas.

-A veces, sin desmelenarte, parece que has querido dejar pinceladas de amor y cariño. Vitória es un interesante personaje... ¿Es ella la gran mujer del libro? Hablas de muchas, muchas, Rosalía, Concepción Arenal, y a  veces da la sensación de Oliveira Martins es un adelantado del feminismo...

-Es, aunque en un tiempo aún difícil, galante, comprensivo. Su amante es un personaje muy atractivo; pero en efecto, su mujer, Vitória, callada, amable, también muy culta, es el gran contraste de fondo en una historia muy coral, incluidos los animales domésticos.

 

-La novela solo abarca cuatro años: de 1870 a 1874, su período español. ¿Son esos años claves en su vida y en su proyección pública? ¿Estaba conectado de veras con Marx y Engels y con tantos y tantos intelectuales españoles o con el poeta Antero de Quental?

-Bueno, es alguien que, aun alejado en unas minas del norte de Andalucía, es capaz de escribir muchos libros y artículos, cartas magníficas a sus amigos portugueses (todas auténticas), de seguir lo que ocurre en el mundo. Antero fue, en efecto, a verle, lo dice en alguna carta, aunque luego yo recree el encuentro. Y trató años más tarde a muchos de los españoles, sólo adelanto algo esa amistad de Galdós, por ejemplo. Dedicó a Valera su “Historia de la civilización…”, etc.

 

-Zaragoza aparece varias veces en el libro. ¿Crees que estuvo Oliveira Martins en Zaragoza?

-No lo sé, aunque sale en sus obras Aragón recurrentemente, la historia, el Derecho, etc. Si no estuvo, pudo haber estado, había ferrocarril, Galdós sí vino, pudo haberse venido con él. Son conjeturas algo novelescas, claro. No digo nada que no hubiera podido ocurrir; por ejemplo no se ve en Lisboa con Eça de Queirós porque está de cónsul en Cuba.

 

-¿Crees que de haberse encontrado con el joven Martí en Zaragoza habrían tenido un diálogo tan intenso? ¿Eran tan serios los intelectuales o has querido polarizar esos detalles para trazar una biografía intelectual?

-Eran absolutamente serios, formales. Los datos manejados son auténticos, y ese encuentro resultó posible cotejando fechas, es de lo más interesante: ellos, Costa, Cajal, Galdós.

 

-El libro está lleno de datos de casi todo. ¿Cuáles te han parecido los más novelescos?

-He consultado miles de libros y artículos para saber de flores y comidas, caballos y podencos, la ciencia de la época, los grandes acontecimientos europeos. Lo novelesco me parece que es, sobre todo, haber podido casar todo eso, que el autor sepa del encuentro de Livingstone y Stanley, del primer partido de fútbol de la historia y un sinfín de cosas.

 

-¿Por qué has sentido la necesidad de dar un paso hacia la novela intelectual y didáctica? ¿Has tenido algún modelo de novela en la cabeza?

-Es como un canto de cisne del historiador que no siempre ha tenido el tiempo, el auditorio, el método adecuados. Hoy las grandes novelas están documentadísimas, desde Umberto Eco a Reverte, hay muchas, y desde que me jubilé estoy leyendo vorazmente. Quizá eso me haya influido.

 

-¿En qué medida has querido proyectarte en él?

-O quizá al revés, él se proyecta desde hace medio siglo (es increíble que haya pasado medio siglo en muchos casos de retrocesos tras aquellas cumbres) sobre mí. Sí, le hago moderado y dubitativo como yo, curioso universal, inseguro pero muy inquieto, buscador de razones para todo.

 

-Al final al lector le puede quedar la impresión de que habla más el historiador con las ideas, con los libros, que el fabulador. ¿Has sentido vértigo en algún momento?

-Sí, ese ha sido mi talón de Aquiles. Quizá se me ha ido la mano y hay demasiada crónica y pocos aconteceres del entorno del protagonista, aunque he procurado introducir muchas pequeñas historias. He sentido y siento vértigo, a la hora de presentar ante unos lectores ahora no siempre tan próximos, este experimento, pero creí que debía hacerlo.

 

*La foto de Eloy Fernández Clemente la tomo de aquí.

02/12/2017 15:46 Antón Castro Enlace permanente. Temas aragoneses No hay comentarios. Comentar.

MAÑANA, CONCIERTO DE ÓRGANO

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EL CICLO DE ADVIENTO LLENA EL CENTRO DE ZARAGOZA

DE MÚSICAS QUE PREPARAN LA NAVIDAD

 

Por sexta ocasión consecutiva la Fundación Hernando de Aragón para el fomento de las Artes organiza el ciclo musical de adviento en Zaragoza, con la colaboración y el patrocinio del Ayuntamiento de Zaragoza, con la finalidad de equiparar a Zaragoza con las grandes ciudades europeas que organizan este tipo de ciclos en las fechas previas a la Navidad con el gran repertorio que existe para el tiempo de Adviento.

En esta ocasión el ciclo se ha programado en el centro de la ciudad y celebrará sus dos conciertos en la Iglesia de San Gil Abad.

El primero tendrá lugar este domingo día 3 de diciembre a las 19.30 horas y tendrá como protagonistas al conjunto “El Triunfo de Ariadna”, caso compuesto por la organista Esther Ciudad, el contratenor Hugo Bolivar y, como solista invitado, el trompeta solista de la Orquesta Nacional de España, Adán Delgado. En el programa se incluirán piezas escritas para el tiempo de adviento de grandes compositores europeos como Händel, Telemann y Bach.

La segunda cita tendrá lugar el viernes 15 de diciembre, de nuevo a las 19.30, y contará con la presencia del prestigioso organista y compositor balear Tomé Olives, que compartirá escenario con el Coro Infantil del Auditorio de Zaragoza Amici Musicae, que dirige Isabel Solano. Juntos abordarán un repertorio dedicado a la navidad. Además, el concierto contará con alguna sorpresa en el plano visual.

Los conciertos tendrán entrada libre hasta completar el aforo que en ediciones anteriores se ha cubierto en su totalidad. (Nota de Esther Ciudad Caudevila).

 

02/12/2017 15:36 Antón Castro Enlace permanente. Músicos No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON FERNANDO SANMARTÍN

[Fernando Sanmartín (Zaragoza, 1959) acaba de publicar un nuevo libro, de viajes: 'Ciudades que se posan como pájaros' (Xordica), donde cuenta sus estancias en Lisboa, varias ciudades de Bélgica, Tánger y Tetuán (donde persigue la sombra y el rastro de su padre) y varios lugares de Irlanda, esencialmente Galway. Aquí ofrezco la entrevista completa sobre este texto, de 69 páginas, de gran intensidad y sentido poético, que presentará el día 15 de diciembre en Los Portadores de Sueños. David Mayor, profesor y poeta, hablará del libro con el autor.

¿Qué significa para ti viajar?

Lo dice Xuan Bello, un escritor asturiano que me parece estupendo: Viajar es reencontrarse con uno mismo. Hago mía esas palabras y añado, eso sí, que el viaje nos concede una dimensión de libertad que no es frecuente en la vida cotidiana.

¿Por qué curan los viajes el desamparo? ¿Qué le hace a uno sentirse desamparado en su propia ciudad, en Zaragoza, por ejemplo?

Los viajes curan muchas cosas, incluso la ceguera mental, peligrosa enfermedad en tiempos embusteros como los nuestros. El viaje nos hace mejores y nos permite conocer más a los otros, sin olvidar que el yo y el otro, en términos de Lacan, no deben ser  nociones fijas sino intercambiables. Y no me siento desamparado en Zaragoza, al revés, soy un fan de mi ciudad,  forma parte de mí, conozco sus aciertos y  errores, la quiero.

¿Qué te interesa de una ciudad: lo que ves, la atmósfera, o lo que escribes: el rastro que deja en ti, impresiones, olores?

Me interesan sus latidos, su colesterol, su silencio y sus ruidos. Me interesan sus transportes públicos, sus mercadillos, sus locales espesos o elegantes. La escritura debe mostrar todo eso. La escritura tiene que ser un espejo de la vida, un reflejo de la realidad, y si no es así estamos ante lo artificial.

¿Qué tiene Lisboa de especial que atrapa tanto? ¿Es una ciudad con fantasmas?

Lisboa es una ciudad luminosa, vital, con tranvías y elevadores, en la que se deben comer "pastéis" de Belém, espolvoreados con canela. Es una ciudad donde hay un transbordador para cruzar el río Tajo que lleva el nombre del escritor Miguel Torga, alguien que dijo una frase contundente: Envejecer no es para cobardes.

¿Qué hay de cierto en que compras relojes en Lisboa, vas siempre a las sombrererías y te fascinan las barberías?

Los relojes, eso que aún llevamos en la muñeca, me los compro siempre en Lisboa. Es una manía como cualquier otra. El último lo adquirí en la joyería Ferreira Marques, ubicada en la plaza del Rossio. Y más de una vez entro a una sombrerería, pero con sombrero se me pone aspecto de gánster, como si hubiera ido a una ciudad lejana para cerrar un asunto turbio, y descarto siempre la compra de sombreros por ese motivo. Y las barberías portuguesas me gustan porque algunas me trasladan a la infancia. 

¿Cuáles son los mejores rastros que has visitado? ¿Busca el poeta o el narrador los ecos del tiempo ido en otras ciudades?

Los rastros londinenses me atraen: Petticoat Lane o Portobello. Pero me gustan otros rastros pequeños, mercadillos, como los de Toulouse o Gante. El rastro es una fotografía del paso del tiempo sobre los objetos. Y el tiempo es un dueño al que todos pertenecemos. El escritor debe observar el pasado, pero más todavía lo que sucede a su alrededor. Y si ahora, por ejemplo, no llueve, lo grave es que eso se sitúa dentro del cambio climático, pero sin olvidar que  también es una pérdida la desaparición del arcoiris.

El texto más emociónate es el viaje exterior e interior hacia Tánger y Tetuán. ¿Qué atrapa aún en esas ciudades? Se te ve ir por aquí y por allá como un explorador sin miedo…

Muchas cosas me atrapan de allí. Tánger ha sido, y no por casualidad, el refugio de muchos nómadas. Y uno, es curioso, aún ve rótulos donde pone "garaje Velázquez" o Gran Teatro Cervantes. Pero el mundo árabe es muy distinto al nuestro y recorrer la Medina de Tetuán, por ejemplo, muestra esa diferencia. Nunca he tenido ningún percance en los viajes, salvo una vez en El Cairo que sí me vi en una situación de emboscada. 

¿Desde cuándo se te ha impuesto de manera tan intensa la memoria de tu padre? Aparecía, de algún modo, en ‘Te veo triste’, transformado en otro padre, y era fundamental en tu libro anterior…

De algunas cosas me cuesta hablar. Y esta es una de ellas. Yo era un niño cuando él murió. Su muerte me produjo una desolación infinita. Y me ocurre que cuando alguien muere, estos días atrás ha sucedido con los tripulantes de un submarino en Argentina, pienso primero en sus hijos pequeños y eso me produce una tristeza enorme. En un libro mío anterior, muere también el padre del personaje femenino, y se evidencia algo que ya sabemos: el dolor nos hace frágiles.

Explícanos quién era, a qué se dedicaba, cómo murió…

Mi padre fue militar, tuvo como primer destino Tetuán y murió por un infarto de corazón.

Buscas su huella en Tetuán. ¿Cómo son las fotos que llevas, cuántas, qué se ve?

Reconstruyo, mínimamente, su trayecto. Me pregunto, frente al antiguo cine Alcázar, si pudo ver allí las películas que entonces se estrenaban: Tarzán en peligro, Vacaciones en Roma, Los Diez mandamientos...Me pregunto si aprendió algo de árabe, si seguía de cerca los combates del púgil Fred Galiana, si echaba en falta su ciudad. Tengo fotografías suyas, fechadas en noviembre de 1954, que identifiqué con la ayuda de una persona que trabajó muchos años en el Consulado general de España. Me pregunto, en definitiva, por qué murió tan joven y cómo sé tan poco de él.

¿Por qué has sido tan escueto? ¿Podríamos decir que practicas el arte de la sugerencia y a la vez de la intensidad?

Cuando publico un libro tengo una preocupación: no cansar a las lectoras. Mi escritura tiene mucho de confidencia. Y en toda confidencia, para bien o para mal, lo que se dice no es tibio ni se enmascara.

A veces da la sensación de que con un frase breve quieres resumir días y noches, tránsitos y visitas… ¿Tal es para ti la capacidad de la literatura, o de la poesía?

Si yo digo que las personas, igual que el comercio, deberíamos tener unos horarios de apertura y cierre, para evitar las decepciones o las expectativas falsas, soy consciente de la fuerza de esas palabras.

¿Activa Irlanda tu mitomanía? Pienso en ese cuadro de John Yeats que vas buscando…

Irlanda pertenece a mi colección de lugares donde he sido feliz. Los irlandeses se parecen a nosotros. Les gusta el pub, la cerveza, son simpáticos. Recuerdo lo que me dijo en Galway un bebedor de Guinness: - extranjero, aquí la noche se acuesta siempre al amanecer. Y ese cuadro de Yeats me enloquece. He ido varias veces a la National Gallery de Dublín para verlo. Se titula The Liffey Swim. Y muestra una prueba de natación por el rio Liffey con las orillas repletas de espectadores.

¿Qué es Fernando Sanmartín: un cazador de instantes, un cronista de las estaciones del alma o alguien que anda por ahí, lejos de casa, en busca de una conversación para sentirse menos solo?

Sé lo que no soy. Y me muevo con algunas certezas. La escritura me abriga. También los viajes. Pero el afecto y la amistad, cuando uno ha vivido días difíciles, lo son todo.

 

02/12/2017 15:34 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

28, MARTES, EN BARCELONA CON MI LIBRO DE RELATOS 'GOLPES DE MAR'

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28 MARTES EN BARCELONA CON MI LIBRO 'GOLPES DE MAR'
Este martes, 28 de noviembre, a las 19.00, en la Biblioteca Guinardó-Mercé Rodoreda, Camèlies, 76-80, se presentará mi libro de cuentos ‘Golpes de mar’, un libro que se ha ido escribiendo desde 1982 hasta 2006 y que tiene, en esta edición de Ediciones del Viento de 2017, su versión definitiva con un total de 28 piezas donde el mar, el paisaje gallego (y aragonés en algún caso) y el misterio son los elementos fundamentales.
Es un libro de libros, de fareros y faros y fados, de naves encantadas y naufragios, de fotógrafos y, ante todo, es un libro de mujeres que viven el mar y la pasión de una manera intensa. Aquí también aparece el fotógrafo Patricio Julve –protagonista de ‘El testamento de amor de Patricio Julve’ (Destino, 1995 Y 2000; Xordica, 2011)- que se traslada a Galicia a realizar un reportaje sobre ballenas y ciudades sumergidas.
Me acompañarán en la presentación dos escritores y buenos amigos: Sergio Vila-Sanjuán e Ignacio Martínez de Pisón.
Si puedes y te apetece pasar, estaré encantado… Abrazos gigantes.

http://lameva.barcelona.cat/horta-guinardo/ca/detall/parlem-ambanton-castro_99400550447.html

HOMENAJE A MERCEDES PUEYO, ESTUDIOSA DEL DANCE ARAGONÉS

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[Recibo esta nota de Concha Breto del homenaje a Merces Pueyo.] Como posiblemente ya sepas, entre los días 22 y 24 de noviembre se van a celebrar en Zaragoza unas jornadas en torno a los dances de Aragón organizadas por la Institución Fernando el Católico. Aprovechando la presencia en ellas de Mercedes Pueyo hemos pensado que se trata de una oportunidad inmejorable para testimoniarle nuestro reconocimiento.

 Mercedes Pueyo es la primera mujer doctora en Filosofía y Letras por la Universidad de Zaragoza, con una tesis sobre el dance aragonés que marcó un punto de inflexión en la mirada y valoración del más peculiar, importante y complejo entramado festivo aragonés. Además, formó parte activa en la creación del museo etnográfico de la casa ansotana del parque. Y todo ello en un periodo (1952-1961) especialmente complicado para una joven universitaria de Pallaruelo de Monegros. Su biografía la llevó poco después hasta Lund, en Suecia, donde trabajó como profesora en su universidad durante tres décadas.

 

La distancia y el tiempo hacen que su figura sea poco o nada conocida en Aragón. Solo quienes hemos querido profundizar en el estudio del dance aragonés hemos accedido a su tesis (que generosamente donó al Instituto Aragonés de Antropología hace pocos años) o hemos leído su libro fundamental Orígenes y problemas estructurales de una composición poética: El dance en Aragón (1973).

 

Si te apetece conocer a Mercedes y sumarte al homenaje, te invitamos a participar en el sencillo acto que estamos preparando. Se trata de una comida en un restaurante céntrico de Zaragoza el sábado 25 de noviembre a las 14h.

 

En caso de que quieras/puedas participar, ponte en contacto con cualquiera de nosotros antes del miércoles 22 de noviembre para poder hacer la reserva en el restaurante. El precio del menú será entre 15-20 euros.

 MERCEDES PUEYO ROY

Por Joaquín RUIZ GASPAR

 

 

    Para afrontar el dance aragonés es imprescindible abordar “Origen y problemas estructurales del Dance en Aragón”, un completo estudio científico fruto de una tesis doctoral de una pionera de la etnografía aragonesa: Mercedes Pueyo Roy.

            Mercedes Pueyo Roy, Doctora en Filosofía y Letras por la Universidad de Zaragoza, fue Catedrática de Lengua, Literatura e Historia de Cultura Española de la Universidad de Lund (Suecia). Su Tesis doctoral “El Dance en Aragón. Origen y problemas estructurales de una composición poética” fue defendida en la Universidad de Zaragoza el 21 de junio de 1961, día de San Luis, habiendo obtenido la calificación de sobresaliente “Cum Laude” y premio Gobernador Civil de la ciudad. Mercedes fue la primera mujer en doctorarse por la Universidad de Filosofía y Letras de Zaragoza, de la mano del Catedrático de Arqueología de la Universidad de Zaragoza el Dr. Antonio Beltrán Martínez.  

            “El Dance en Aragón. Origen y problemas estructurales de una composición poética” es indispensable, hoy en día, para la investigación de los orígenes históricos del Dance aragonés. La tesis precede a los pioneros trabajos sobre el Dance aragonés, tales como las “Notas de folklore Altoaragonés”, Madrid 1943, del oscense por adopción Ricardo del Arco y Garay (Licenciado en Ciencias Históricas por la Universidad de Valencia en 1907) y “El Dance aragonés y las representaciones de moros y cristianos. Contribución al estudio del teatro popular” (Instituto de Estudios e Investigación Hispano-Árabe, Tetuán, 1952) del músico, musicólogo, investigador y folclorista aragonés Arcadio Larrea Palacín. La obra de Ricardo del Arco y Garay recoge pastoradas de diferentes Dances y morismas del altoaragón. Mientras, Arcadio Larrea centró su trabajo entre Zaragoza e Hijar, aunque da una primera lista de 97 localidades aragonesas con representaciones del Dance. La gran contribución de la tesis de la Dra Mercedes Pueyo Roy es la datación histórica, aproximada, del origen del Dance y la publicación de 74 representaciones diferentes de Dances aragoneses. Actualmente, su tesis se encuentra depositada en su totalidad en el Instituto Aragonés de Antropología y fue publicada en versión reducida por “El Heraldo de Aragón” en 1973.

            Natural de Zaragoza, Mercedes desciende de la localidad aragonesa de Pallaruelo de Monegros. Su padre Don Francisco Pueyo Samper (Pallaruelo de Monegros, 16 de noviembre de 1900 - Zaragoza el 13 de julio de 1970) fue maestro y pasante del Notario de Zaragoza. De familia humilde, Francisco Pueyo destacó por sus buenas aptitudes para los estudios, por lo que fue recomendado por el párroco del pueblo para ir a estudiar a Zaragoza. Para costear los estudios de Francisco en la capital aragonesa, su madre tuvo que vender la pequeña tienda de ultramarinos que regentaba en Pallaruelo de Monegros.

            Francisco mantuvo una fluida relación con su pueblo natal, donde acudía cada verano por vacaciones. En Pallaruelo de Monegros, Mercedes conoció el entorno rural, sorprendiéndose viendo pasar los caballos por la cocina para acceder al corral. Vivió el día a día de un pueblo monegrino de mediados del siglo XIX, iba a ayudar con las labores agrícolas y recuerda, con gran nostalgia, ir a trillar a la era; allí aprendió a montar a caballo. Francisco Pueyo tocaba el violín y era amigo del Mayoral del Dance de Pallaruelo Juan Barrieras Pueyo y del celebre gaitero sariñenense Vicente Capitán. Francisco Pueyo  fue el primer refundidor de la obra del Mayoral Juan Barrieras Pueyo, el Tío Juaner, recogiendo de su viva voz los dichos y motadas que durante años se habían transmitido generaciones tras generaciones, por vía oral, en Pallaruelo de Monegros. Una inquietud por las tradiciones y la etnográfica, que afortunadamente transmitió a la Dra. Mercedes Pueyo Roy. 

            Durante cinco años, la Dra. Mercedes Pueyo Roy estudió 74 Dances aragoneses para la elaboración de su tesis doctoral, veinte Dances de Huesca, seis de Teruel y cuarenta y ocho de Zaragoza. Trabajo que llevó a cabo a través de entrevistas, del cuestionario del Museo de Etnología y Ciencias Naturales de Aragón y el Concurso de Zaragoza de Dances de Aragón de 1957. Su tesis, tal y como señala Don Antonio Beltrán en los Dances de Aragón, publicó el texto de la “pastorada” de Besians, el de los danzantes y otras manifestaciones poéticas de Jaca y otros de Hijar. Además, en los apéndices incluyó los textos de los Dances de Ainzón, Añón, Ateca, Borja, Bulbuente, El Buste, Encinacorba, Gallur, Jaca, Maleján, Mallén, Pina de Ebro, Pradilla, Pallaruelo de Monegros, Pastriz, Rodén, Salillas de Jalón, Plasencia de Jalón, Sariñena, Sena, Talamantes, Torres de Berrellén, Urrea de Jalón, Velilla de Ebro, Vera de Moncayo, Veruela, La Almolda y la Puebla de Hijar.

            Mercedes portó un pesado magnetófono de unos 15 kilos y tomó numerosas notas que llegaron a pesar cerca de 20 kilos. Todo su material lo donó al Instituto Aragonés de Antropología, haciendo gala de una gran generosidad y amor por su tierra. Además, Mercedes recogió música aragonesa, realizando grabaciones y transcribiendo muchas de las melodías. Mercedes estudió piano en el conservatorio de Zaragoza y cuenta con una buena voz, así cantó y grabó muchas músicas antiguas, albadas y canciones populares que recogió por todo Aragón. El material quedó recogido en el archivo de Antonio Beltrán. En el 2013, Mario Gros Herrero accedió a unas cintas del legado de Antonio Beltrán Martínez donde encontró  “Rondalla que interpreta jotas, jotas de ronda, bolero de Caspe y seguidillas de Leciñena. Donde se intercalan interpretaciones de gaita de Vicente Capitán de Sariñena, cantos de Mercedes Pueyo, cantos de María Martínez, cantos de Pío Beltrán y grabaciones de gaita hasta el final de la cara”.

 

            Mercedes participó en la creación del Museo de Etnología y Ciencias Naturales de Aragón en 1955, museo que llevó a cabo Don Antonio Beltrán y que abrió sus puertas el 2 de marzo de 1956. La creación del Museo fue muy importante para la etnografía aragonesa y así lo manifestó la Doctora Mercedes en 1957 en la revista “Zaragoza” en su artículo “El Dance en Aragón”: “el Museo no solo es una exposición al público de curiosidades  pasadas o actuales; es antes que eso y más que eso, un centro de estudio, de trabajo y de investigación; y en sus archivos, sus ficheros y fonoteca se recoge y se guarda el caudal, variado y rico, de nuestro folklore. Con el Museo y en el Museo hemos iniciado y proseguido nuestros trabajos de investigación en esta faceta del folklore aragonés que es el Dance ”.  La Diputación  Provincial de Zaragoza se hizo cargo de los gastos del Museo y se construyó la sede, la Casa Pirenaica en el Parque Grande José Antonio Labordeta. Mercedes ejerció de secretaria del Museo y trabajó como becaria, catalogando y realizando estudios, cobrando 500 pts al mes. Mercedes donó al Museo el chaleco de seda de su abuelo Pascual Pueyo, ganadero y pastor, y materiales de casa de su padre. Estuvo hasta 1962 trabajando como becaria y publicando artículos para la Institución Fernando el Católico.

 

            En 1957 la Doctora Mercedes publicó en el número V de la revista Zaragoza, publicación de la Excma Diputación Provincial de Zaragoza, su artículo “El Dance en Aragón” y en 1958 en el número VI “El traje femenino de Hecho”. En la revista “Caesaraugusta”, publicación del Seminario de Arqueología y Numismática Aragonesas, de la Institución “Fernando el Católico”,  en el número 7-8 aparece el artículo de la Doctora Mercedes Pueyo “Actividades Arqueológicas y Etnológicas durante 1956”y en el número 17-18 “Origen y problemas estructurales del dance en Aragón.

 

 

            En 1962 Mercedes ejerció la docencia en el Institut Lamartine de Paris, donde impartió lengua y literatura española. Al año siguiente, Mercedes fue becada por un instituto sueco y acabó ejerciendo durante 35 años en la Universidad de Lund, como profesora titular de lengua y literatura española e impartiendo conferencias en la universidad sobre cultura española. Mercedes ha estado 50 años fuera de España y actualmente reside en Puerto de la Cruz, Tenerife. Contrajo matrimonio en Suecia, de donde guarda muy buenos recuerdos, además trabajó mucho con la embajada Española en Estocolmo, disfrutando de una intensa actividad cultural. En suecia fue conocida como Mercedes Pueyo Carlén.

 

            Su trabajo “Origen y problemas estructurales del dance en Aragón” es una de las primeras obras sobre el Dance aragonés y constituye una valiosísima aportación que abarca diferentes ramas de las letras, tales como historia de la literatura, poesía lírica, dialectología e historia de la cultura. Para Mario Gros -Su libro sobre el dance se publicó en el 73 como “mérito” para su acceso a la UniversidadDe ahí la rareza de la edición. Está impreso en la imprenta de Heraldo de Aragón, pero la edición es de la propia autora. El libro del 73 no corresponde con exactitud a la tesis: se han reordenado las materias, faltan los anexos y se ha dado más importancia a los asuntos poéticos-literarios-. Antonio Beltrán Martínez dirigió su tesis, apunta Mario Gross, y entre ellos eran frecuentes largas discusiones sobre el Dance. Para Mercedes, Antonio Beltrán era un gran recopilador, “capaz de montar un libro en cinco minutos”.

 

“El dance es una composición poética”, poesía lírica, diálogos. La sátira en la poesía, dichos y matracadas. De la música no se pueden precisar sus antecedentes.

Mercedes Pueyo Roy

 

 

           La contribución de la Doctora Mercedes Pueyo  al “Dance” aragonés es indispensable, un trabajo ingente que constituye una valiosísima información sobre un gran tesoro del folklore aragonés, el Dance.  Una palabra propiamente aragonesa que, de acuerdo con la Doctora Mercedes Pueyo, corresponde a un conjunto escénico, una representación dramática donde intervienen diferentes bailes. El dance corresponde al siglo XVII, pero no es hasta 1720 cuando aparece por primera vez la palabra Dance. “El dance es una pequeña pieza de teatro popular y al mismo tiempo una revista oral que sólo se imprimió una vez y que se renueva, corrige y aumenta cada año. Así pues, como obra dramática hay que considerarlo-.

 

            Gracias a la Doctora Mercedes Pueyo Roy, se dató y se profundizó en los orígenes de las distintas manifestaciones artísticas del Dance aragonés, recopilando valiosísimos textos de los Dances aragoneses. Una gran figura y un magnifico trabajo que aportó reconocimiento al Dance, con un método científico abordó de una manera general y en conjunto el Dance aragonés. La tesis es una obra de referencia que se debería de digitalizar. Pero sobre todo, indiscutiblemente la aportación a la etnografía aragonesa de la Doctora Mercedes Pueyo Roy es digna de reconocer y agradecer. 

 

Algunas publicaciones de Mercedes Pueyo Roy:

– “El dance en Aragón”, Zaragoza V, Publicación de la Excma. Diputación Provincial de Zaragoza, 1957.

– “Origen y problemas estructurales del dance en Aragón”, Caesaraugusta, 17-18. Institución “Fernando el Católico”, Zaragoza, 1961.

– “Kurs i spansk fonetik och spanskt uttal” (Curso de fonética española y pronunciaciones españolas) Pueyo-Carlén, Mercedes, 1934- (författare) Lund: Studentlitteratur, 1969 Svenska 151 s.

– Fiesta / Mercedes Pueyo-Carlén, 1934- (författare) Malmö : LiberLäromedel, 1973-

– “Nya spanska stilar” (Nuevos estilos del español) Pueyo-Carlén, Mercedes, 1934- (författare)Pärletun, Margareta, 1943- (författare) ISBN 91-44-08181-2 Lund : Studentlitt., 1972 Spanska 47 s.

Fiesta. Handledning för självstudier. Mercedes Pueyo-CarlénSven-Ingvar Weitoft. Editorial Malmö : LiberHermod, 1984.

 

Ordlista och kommentarer till La casa de Bernarda Alba av Federico García Lorca. Estrid Pastor-LópezMercedes Pueyo-CarlénFederico García Lorca. Lund : 1972

 

 

 

            Gracias al Instituto Aragonés de Antropología y a su presidente Vicente Miguel Chueca he podido acceder a parte del legado de Mercedes y por su estimable ayuda, gracias también a Mario Gros Herrero por sus apuntes y ayuda, a Miguel Beltrán Llopis y a Mª Ángeles Hernández Prieto por sus aclaraciones y a Mercedes Pueyo Roy, por su agradable y familiar trato, un placer conocer a tan excelente persona y todo mi reconocimiento por su trabajo, esfuerzo y dedicación por la cultura aragonesa.

 

 

Joaquín Ruiz Gaspar

 

 



 

20/11/2017 19:31 Antón Castro Enlace permanente. Temas aragoneses No hay comentarios. Comentar.

NUEVO NÚMERO DE 'TURIA'

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MERCEDES MONMANY PRESENTA MAÑANA LA REVISTA

EN EL MUSEO DE TERUEL

 

DIBUJOS DE JOSÉ GONZALVO ILUSTRAN EL SUMARIO

Y TAMBIÉN SE ENTREVISTA A FONDO AL COMPOSITOR JAVIER NAVARRETE

 

 

[Nota de ’Turia’]La revista cultural TURIA será presentada, mañana martes 29 de noviembre y a las 20 horas, en el Museo de Teruel por Mercedes Monmany. Esta escritora y crítica literaria es una de las mejores conocedoras de las letras europeas contemporáneas. Sin duda, respaldará con su presencia en Teruel esa filosofía de trabajo que viene caracterizando la trayectoria de TURIA: ser capaz de reunir en sus páginas lo universal y lo local. Máxime en un número en el que la poesía es la gran protagonista con el monográfico dedicado a la escritora polaca y Premio Nobel de Literatura, Wislawa Szymborska.

 

Entre los contenidos autóctonos del nº 124 de TURIA, sobresale un interesante trabajo sobre la literatura generada en torno a los Amantes de Teruel. Su autor es Juan Villalba Sebastián, profesor asociado de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de Teruel. El artículo constituye una excelente aproximación a la huella que a través del tiempo ha tenido la célebre leyenda/historia de amor en la creatividad de los escritores de distintas épocas.

 

Por otra parte, conviene destacar la participación de un total de 12 turolenses en el sumario de la revista. Uno de ellos, el reconocido escultor José Gonzalvo (Rubielos de Mora, 1929 – Valencia, 2010) es el autor de las ilustraciones. Se trata de una serie de dibujos de diversa temática, en la que son mayoría las imágenes de su localidad natal y que han sido facilitados a TURIA por su familia.

 

Mercedes Monmany ha colaborado en numerosas ocasiones con TURIA. Su relación se inicia en 1999 (nº 47-48) y se ha mantenido en el tiempo. De manera periódica, la revista ha dado cabida a artículos inéditos suyos sobre autores como Claudio Magris o Natalia Ginzburg y a textos de crítica literaria. Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, ha sido asesora y editora literaria. Organizadora de numerosos ciclos y encuentros, ha comisariado varias exposiciones antológicas de escritores como Isaac Bashevis Singer, Julio Verne y Giuseppe Tomasi di Lampedusa, y traducido a autores como Leonardo Sciascia, Attilio Bertolucci, Francis Ponge y Philippe Jaccottet. Desde 1999 viene desarrollando su labor crítica en el suplemento cultural del periódico “ABC” y anteriormente lo hizo en “La Vanguardia” y  “El País”. Su obra más aclamada ha sido el ensayo, editado en 2015 por Galaxia Gutenberg, “Por las fronteras de Europa. Un viaje por la narrativa de los siglos XX y XXI”. Acaba  de  publicar  el libro “Ya sabes que volveré”, un ensayo en el que cuenta la historia de  tres  grandes  escritoras  muertas  en  Auschwitz  (una  novelista  francesa,  Irène Némirovsky, una poeta alemana, Gertrud Kolmar y una escritora de diarios holandesa,

Etty Hillesum).  

 

TRAS LA HUELLA DE LOS AMANTES EN LA LITERATURA

 

Además de la difusión de un trabajo inédito de la escritora Carmen Martín Gaite sobre Teruel, la revista TURIA se suma a la efemérides del 800 aniversario de los Amantes con un útil y oportuno artículo de Juan Villalba Sebastián: “Tras la huella de los Amantes en la literatura”.

 

En se nos dirá que “la bibliografía sobre la historia de los Amantes de Teruel es muy abundante, a lo largo de los siglos, poetas, narradores, dramaturgos, críticos, historiadores, filólogos, etc., se han ocupado de ella en todo tipo de escritos, hasta el punto de que se han elaborado numerosos repertorios bibliográficos, algunos de los cuales son ciertamente rigurosos y su consulta resulta imprescindible para todo aquel que quiera aproximarse al tema con una actitud crítica, es el caso, entre otros, de Gascón (1908), Picoche (1970), Ubieto (1979), Labandeira (1980), Sotoca (1979; 1982; 2005), Guardiola (1989-1990), Muñoz (2003), Bueno (2012) y Aguirre (2017)”.

 

A partir de ellos, Juan Villalba opta por ofrecer al lector una panorámica del desarrollo literario del tema de “morir de amor”. Así, en el ámbito de la poesía, se nos dirá que “son el XVI y XVII, coincidiendo con los de nuestra literatura, los Siglos de Oro de la tradición amantista, en especial en lo que respecta a su presencia en obras poéticas de todo tipo y metros”.

 

Respecto al teatro, afirma Villalba que “el dramático es el género en el que el tema alcanza sus máximas cotas de popularidad. Desde la primera tragedia renacentista, respetuosa con las reglas clásicas, escrita por Rey de Artieda (1581), hasta su reciente presencia en el drama especular contemporáneo de Ramón Caudet, La calle al final del mundo, estrenada a finales del año pasado en Miami, han trascurrido más de cuatro siglos en los que el teatro los ha tenido como argumento, siempre atendiendo a los diferentes gustos y corrientes de cada época”.

 

En el ámbito de la novela, “la huella amantista en la narrativa tuvo su auge durante el siglo XIX, coincidiendo con la eclosión de la novela histórica, en la mayor parte de los casos conformando una trama folletinesca; y también en el XXI, con el resurgir del género, el éxito de las fiesta de las Bodas de Isabel de Segura y la presente celebración del 800 aniversario de la historia”.

 

ENTREVISTA A JAVIER NAVARRETE: “NO HAY EXPERIENCIA MÁS LIBRE QUE LA MÚSICA POR LA MÚSICA”

 

El compositor Javier Navarrete (Teruel, 1956) es uno de nuestros paisanos más universales. Con un rico bagaje creativo como autor de innumerables bandas sonoras para el cine y con un reconocimiento internacional, acometió recientemente la realización de una ópera en torno a los Amantes de Teruel. Todo un prodigio que pudo verse de forma efímera y que muchos ansían que tenga continuidad. De su brillante trabajo musical y de sus inquietudes artísticas habla ampliamente en la entrevista exclusiva que publica TURIA y que ha sido realizada por Fernando del Val.

 

Preguntado Javier Navarrete sobre la leyenda de los Amantes de Teruel, asegura que “la leyenda necesita una reivindicación erudita. Sabemos que hay turistas visitando el mausoleo, pero olvidamos que Tirso de Molina escribió un drama basado en ellos en 1615. En los últimos cinco siglos, se han escrito numerosas obras de teatro y musicales. Todavía quedan representaciones callejeras en clave de teatro popular”.

 

También afirma el músico turolense que “no encuentro placer en escuchar bandas sonoras fuera de las películas, pero algunas personas por lo visto sí, y me merecen todo el respeto. La música que he escrito fuera del cine o de la televisión, en su mayor parte ha caído en un cierto vacío por falta de contexto o de marco. La ópera Los amantes parece una excepción precisamente por inscribirse en el marco tradicional de la leyenda, de la ciudad de Teruel y de la Iglesia de San Pedro”.

 

Por último, al respecto de la evolución de su trayectoria, Javier Navarrete afirma en TURIA que “me alegra poder decir que ha habido grandes cambios en mi vida desde 2003: Guillermo del Toro me pidió una partitura melódica para El laberinto del fauno (2006) y desde entonces soy considerado un compositor melódico. Tanto que corro el riesgo de encasillarme allí como antes lo estuve en el otro extremo. Desde entonces he trabajado con numerosas orquestas y he tenido ocasión de utilizarlas al lado de todo tipo de instrumentos -clásicos, exóticos y electrónicos-. También he tenido ocasión de hacer películas en Europa, Estados Unidos y China. La verdad, no puedo quejarme”.

 

TURIA es una publicación cuatrimestral, editada por el IET de la Diputación de Teruel con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Aragón. Este número de TURIA ha sido posible gracias al apoyo del Instituto Polaco de Cultura y del Ayuntamiento de Cracovia. También ha contado con el mecenazgo de las empresas GIMEX y ANFACO y la colaboración de la Fundación Wisława Szymborska

 

Fundada en 1983, la ha conseguido convertirse en una de las publicaciones periódicas culturales de referencia y ha situado a Teruel en el mapa literario en español, gracias a su difusión nacional e internacional por suscripción. En sus páginas han publicado más de mil autores de diversas procedencias estéticas e ideológicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. Como reconocimiento a su labor, la revista obtuvo en 2002 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.

 

 

20/11/2017 09:48 Antón Castro Enlace permanente. Temas aragoneses No hay comentarios. Comentar.

FAYÓN: UN SUEÑO INTERRUMPIDO

Un reportaje de Heraldo.es de Pedro Zapater y un vasto equipo.

http://www.heraldo.es/especiales/fayon-50-anos-de-una-historia-sumergida/

 

Un sueño interrumpido

Los vecinos de Fayón no olvidan su otro pueblo, el que se encuentra sumergido bajo las aguas del embalse de Ribarroja. Apenas quedan vestigios identificables del antiguo municipio más allá de la torre de la iglesia semisumergida, las antiguas viviendas de los trabajadores del ferrocarril y el cementerio.

Por las noches, los fayonenses que vivieron y crecieron en su emplazamiento original aún sueñan con el viejo pueblo, sus calles, la plaza, la iglesia, las embarcaciones (‘llaüts’) que surcaban el Ebro cargadas de lignito procedente de las minas de Mequinenza, Almatret y Fayón rumbo a la estación de tren, que cubría la línea de Madrid a Barcelona, en un Fayón próspero y alegre que llegó a contar con una población de 1.800 habitantes.

La vida de los vecinos de esta localidad zaragozana se tornó en pesadilla a partir del momento en que se vieron obligados a desalojar el pueblo. La construcción del embalse de Ribarroja, entre 1958 y 1967 dejaría marcado el destino de Fayón. La Enher (Empresa Nacional Hidroeléctrica del Ribagorzana) proyectó allí los pantanos de Ribarroja y Mequinenza, una decisión que obligó a las últimas familias de Fayón a abandonar el pueblo para siempre un “20 de noviembre de 1967”, según el testimonio de varios de los fayoneros que vivieron aquel dramático episodio.

  

“Lo inundaron sin avisar y lo peor es que las autoridades gubernativas lo sabían todo"

Sebastián Solé
  

El pueblo fue inundado sin previo aviso, cuando todavía se estaban negociando los convenios de expropiación con la Enher, y sin haber alcanzado un acuerdo sobre las indemnizaciones. En un principio, la empresa hidroeléctrica tampoco tenía intención de construir un nuevo pueblo. No obstante, se vio obligada a modificar su postura ante la presión de los fayonenses que no habían aceptado las condiciones de la empresa e iban a renunciar a marcharse a otro lugar. Con todo, solo 500 de los casi 1.800 habitantes permanecieron en el nuevo Fayón, un proyecto urbanístico desarrollado por los arquitectos zaragozanos Regino y José Borobio.

“Lo inundaron sin avisar y lo peor es que las autoridades gubernativas lo sabían todo, -relata Sebastián Solé, vecino de Fayón, que entonces tenía 30 años-. En aquellos días de mediados de noviembre el nivel del río estaba subiendo; fue una semana de lluvias intensas. Sin embargo, en Mequinenza el nivel había bajado 30 centímetros. Cogimos un taxi tres compañeros y yo, fuimos a Mequinenza y comprobamos que la presa estaba abierta; después llegamos hasta Ribarroja, y allí vimos que estaba cerrada. Lo comunicamos a las autoridades y, delante de mí, el teniente coronel de la Guardia Civil se dirigió a uno de los que venían conmigo y le metió tal bofetón que lo tiró al suelo. Era la 1.00 de la noche y nos dijeron que no era cierto porque ya habían estado allí a las 8.00 de la mañana. Les contesté que no ponía en duda que a las 8.00 estuviese abierta pero que tampoco dudaran de que a la 1.00 de la noche ya no permanecía así”, rememora.

La crecida del embalse comenzó entonces a desdibujar Fayón del mapa pero los vecinos se resistieron a dejar atrás sus raíces. Solé regresó al pueblo cuando las aguas ya habían inundado en buena medida sus casas y otros edificios. “’Eso ya no bajará más’, me dijo un delineante de la Enher al que ayudamos a sacar un coche. En aquel momento, en la plaza el agua llegaba a la altura de la cintura. Y efectivamente, el nivel ya no volvió a bajar”, recuerda.

Mientras, los camiones seguían transportando muebles, enseres y pertenencias de los vecinos del antiguo pueblo al nuevo. Sin embargo, fue todo tan precipitado que los santos patronos se quedaron en la iglesia.

Al rescate de los santos patronos

Un tiempo después, con el pueblo ya prácticamente cubierto por el agua, Solé y otros tres vecinos del municipio regresaron a escondidas para rescatar a los santos que habían quedado en la iglesia. “El día de Navidad de aquel año, en casa, tanto mi mujer como mi madre no comieron. Solo lloraban. Habían estado en misa y no había más que bancos, una mesa de altar y nada más. El cura de entonces dejó caer que algún vecino del pueblo podría intentar rescatarlos o, al menos, acercarse a ver en qué estado se encontraban. “Así que decidimos volver a por los santos”.

Entre aquellos hombres también estaba el tío de Conchita Estrada -vecina de Fayón- y su marido, que “era quien llevaba la barca. Con ellos fue, además, el padre de José Arbonés -exalcalde de Fayón-”, añade Estrada.

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“Tuvimos que romper con un remo la cristalera del coro. Los santos estaban allí, -retoma Solé-. El cristal se rompió pero hubo que sacar todos los fragmentos uno a uno. Tenía la mano ensangrentada. Como era el más delgado me ataron a una cuerda y entré dentro, en el coro. Allí sabíamos que estaban los cuatro santos de la procesión. Solamente fuimos a inspeccionar pero ya que estábamos allí se intentó y salió bien. Cada vez que recuerdo estar en la oscuridad dentro de la iglesia, rodeado de agua, me dan temblores”, afirma.

Durante los años de construcción del embalse, hubo vecinos que trabajaron para la Enher. Uno de ellos fue Emeterio Cabistany: “Mi mujer y yo fuimos de los primeros en subir al pueblo nuevo, el día 17 de octubre. Teníamos un taller abajo y subimos toda la herramienta y los muebles en un camión que nos proporcionó la empresa. Cabistany tenía 29 años en aquel momento y afirma que en su caso tuvieron suerte ya que “teníamos la casa terminada pero muchos no y tuvieron que ser alojados en barracones. Fue horrible. Aquellos últimos días hubo una fuerte presencia de la Guardia Civil y los vecinos opusieron resistencia. Pero a última hora se tuvieron que subir todos”.

  

"Teníamos la casa terminada pero muchos no y tuvieron que ser alojados en barracones. Fue horrible"

Emeterio Cabistany
  

"Documentos, dinero y salgan"

Conchita Estrada fue una de las vecinas que tuvo que dejar apresuradamente su casa junto a sus padres, una abuela, su marido y sus hijos. “Estábamos comiendo cuando el ‘oncle’ Toni, el alguacil del pueblo, anunció por orden gubernativa que teníamos que salir de casa rápidamente, sin coger nada. La niña tenía fiebre y yo me tuve que ir a casa de unos tíos. Mis padres, mi abuela y mi marido se fueron a una masía que teníamos pero allí tampoco se podía estar. Decidimos volver a por algún mueble, ya que vivíamos en la parte alta del pueblo. Sacamos como pudimos algunos y los metimos en la casa más alejada, donde todavía no llegaba el agua. El último camión que se sacó fue el nuestro. A causa de la impresión mi madre perdió el habla durante un tiempo. Más tarde la recuperó pero en ese momento se quedó sin habla. Un desastre”, comenta Estrada.

Otra vecina que vivió en primera persona el desalojo fue Pepita García. Tenía entonces 17 años y su familia regentaba la Sociedad Recreativa y Cultural Fayonense. “Ya hacía días que el agua llegaba a las paredes de muchas casas, todas las que pegaban al río. Nos resistíamos aunque ya estábamos conformes con subir, por eso creo que no nos merecíamos este trato”, sostiene.

  

"El último camión que se sacó fue el nuestro y a mi madre le causó tal impresión que perdió el habla durante un tiempo"

Conchita Estrada
  

“Aquel 20 de noviembre pasó la Guardia Civil dando la siguiente orden: ‘Recojan documentos, dinero y salgan’. No permitían sacar nada más. La Sociedad estaba tocando el río y nuestra casa, en medio del pueblo. Fuimos a casa pero el agua ya nos empezó a llegar hasta el segundo piso. Llovía mucho. Subimos al pueblo nuevo y fuimos a casa de una tía porque llegamos sin nada. Teníamos la nueva casa terminada pero aún la estábamos acondicionando porque todavía no nos habían dado la orden para ocuparla. Mi madre y mi padre volvieron al antiguo Fayón para recoger, por turno, sus enseres. Fue una experiencia dramática”, asegura García.

“Nos marcó a todos porque fue un cambio de vida total. Antes tenías unos vecinos y ahora eran otros, la relación antes del desalojo era muy buena, muy familiar pero aquello nos dividió entre quienes aceptaron las 50.000 pesetas y renunciaron a tener casa y marcharse y los que nos quedamos, al pensar que si no se hubiera ido tanta gente habríamos tenido más fuerza. En aquel momento no nos dábamos cuenta de que era la Enher quien nos enfrentaba. Esto es algo muy grave que ha durado mucho tiempo pero creo que, afortunadamente, ya ha pasado.

  

"Tenías unos vecinos y ahora eran otros. La relación antes del desalojo era muy buena pero aquello nos dividió"

Pepita García
  

"El primitivo Fayón se habría salvado"

José Arbonés, alcalde del municipio durante 16 años, opina que la historia de Fayón es “un caso de mala suerte” y señala que ya en 1914 se planteó la construcción de un gran embalse aguas arriba, a un kilómetro de Fayón, proyectado por La Canadiense. Si esta obra se hubiera materializado “el primitivo Fayón se habría salvado”, destaca Arbonés.

La idea de realizar aquel primer embalse surgió cuando el ingeniero estadounidense Frederick Stark Pearson hizo un recorrido sobre los ríos que desembocaban en el Ebro y vio las posibilidades eléctricas que ofrecía el aprovechamiento de sus aguas. Pero desgraciadamente Pearson falleció a bordo del transatlántico Lusitania, torpedeado por el submarino alemán U-20 en 1915.

Había proyectados cuatro embalses para el aprovechamiento del Ebro desde Escatrón hasta Flix: en Caspe, Mequinenza, Fayón y en Ribarroja. Eran de cota baja, lo que significaba que las poblaciones tanto de Fayón como de Mequinenza se habrían mantenido intactas.

En la década de los 50, “la importancia de todos estos proyectos llegó al Gobierno y el Instituto Nacional de Industria (INI) se hizo cargo de la explotación del tramo del Ebro entre Escatrón y Flix. Los embalses de cota baja no interesaron por los motivos que fuera al Gobierno y optó por las presas de cota alta”, señala Arbonés.

“Decretaron la construcción de dos embalses, uno en Mequinenza y otro en Ribarroja, en lugar de Fayón. A partir de aquí empezó la discordia cuando se valoraron tanto las fincas rústicas como las urbanas a precios fuera de mercado y, evidentemente, los propietarios no admitieron el justiprecio que habían puesto a sus fincas”, prosigue.

La empresa tenía carta blanca para hacer todo lo que quisiera, -afirma-. Empezaron las obras del embalse de Ribarroja sin tener la curva de nivel marcada, ni las expropiaciones y los justiprecios en regla. Esto fue así durante los diez años que duró la construcción del pantano. Los vecinos de Fayón estábamos mentalizados de que más tarde o más temprano tendríamos que marcharnos pero nunca imaginamos que sería de aquella manera”, apostilla.

Una política "disuasoria"

Arbonés recalca que “la política de Enher fue desde un principio disuasoria. Primero, con las valoraciones que hicieron de las fincas; luego, como no pretendían construir un núcleo de población nuevo indemnizaron con 50.000 pesetas a cada miembro de la unidad familiar que se quisiera ir de Fayón. Y algunas familias, que lógicamente no tenían un futuro en el pueblo porque eran trabajadores que habían venido con la empresa o, por ejemplo, pequeños comercios que había en el municipio y veían poco futuro en el nuevo asentamiento, optaron por marcharse. Aprovecharon el dinero que les daba la empresa para comprarse una vivienda en Reus, en Tarragona, en Zaragoza, en Barcelona o en otros lugares”.

El exalcalde de Fayón tenía entonces 21 años. Y como tantos otros vecinos veía cómo el futuro del pueblo languidecía sin regadíos, ni industria. En el primitivo pueblo se comenzaban a tapiar las viviendas de las familias que se marchaban. “Daba una sensación de soledad, de angustia, de tristeza… Hubo una fractura social importante que solo se ha curado con el paso de las generaciones porque la gente que vivió aquello no lo olvidará jamás”, asevera.

Tras la construcción del pueblo se nombró una comisión para el sorteo de las viviendas, de cinco clases distintas según las circunstancias familiares y agrícolas de cada familia, con diferentes superficies y tamaños. Este proceso generó discrepancias y surgieron enemistades.

A la empresa, por razones económicas, le interesaba empezar a turbinar lo antes posible para producir energía y amortizar costes y por ello “lo que pretendieron fue desalojar Fayón rápidamente. La empresa Enher hizo llegar cartas a todos los vecinos dándoles fecha y hora para su traslado, facilitándoles los medios necesarios, tanto de transporte como de personal, para cargar sus pertenencias.

  

"No queremos dinero para repartir entre los vecinos. Lo que pedimos es lo que perdimos, que se genere industria y se mejoren las comunicaciones"

José Arbonés
  

“Cuando te llegaba esta carta no te quedaba más remedio que acatar y tenerlo todo preparado y embalado. Las viviendas, evidentemente, carecían de muchas cosas. Por ejemplo, los patios. En Fayón había caballerías y carros y aquellos espacios no estaban preparados para albergar este tipo de elementos. Los vecinos se lo iban arreglando cada cual a la medida de sus necesidades”, indica.

Todavía quedaban varias decenas de familias que no habían recibido todavía ninguna indemnización y se resistían a abandonar el viejo Fayón. El 9 de noviembre de 1967 la Guardia Civil intentó desalojarlas por la fuerza pero no lo consiguió. Cuando llegaron, en el viejo Fayón solo encontraron mujeres y niños. Todos los hombres estaban fuera. Opusieron resistencia y hubo quien se tumbó bajo los camiones y delante de las ruedas con el fin de impedir la maniobra.

Arbonés pasó los 21 primeros años de su vida en el primitivo pueblo. “Viví en un Fayón pletórico de vida, con una estación de ferrocarril en la que paraban hasta los expresos, que tenía una gran actividad industrial carbonífera y una cultura de río que, desgraciadamente, se ha perdido”.

De manera precipitada en los primeros días de la inundación “se sacó lo que se pudo y lo que no, allí se quedó para siempre. Creo que el procedimiento que utilizó Enher fue de lo más inhumano y que en la actualidad esto se habría considerado una grave violación de los derechos humanos”, subraya el exalcalde.

El antiguo edil del municipio matiza que “en tiempos de la democracia tampoco se ha subsanado la injusticia cometida con Fayón.Nunca hubo compensación y políticamente tampoco ha interesado que así sea. Lo más lamentable es que los gobiernos, central y autonómico, no han sabido entender lo que Fayón tuvo que entregar. Fayón se sacrificó por el progreso ajeno y ha sido el único que no ha progresado. Es cierto que 50 años después por fin tenemos regadíos. Debería haberse dictado una ley o un decreto que obligara a estas empresas hidroeléctricas a que una parte de sus beneficios se invirtiese en los pueblos afectados para crear empleo”.

“Antes no se podía decir nada pero ahora que sí se puede nadie nos hace caso”, lamenta Pepita García. Ni ahora ni antes. Sebastián Solé apunta que cuando finalizó la construcción del embalse pidieron al gobernador civil, González Sama, que “ya que habían tenido que sacrificar el pueblo, al menos podrían tener gratis o con una rebaja el recibo de luz como compensación. Nos pusimos fuertes con esta petición. ¿Y qué pasó entonces? Que destituyeron al alcalde y apartaron de la causa a nuestro abogado, José Lahoz Tolosa”.

El término municipal de Fayón discurre a ambas márgenes del Ebro, en la confluencia con el río Matarraña y en un enclave limítrofe con las tierras de Tarragona y Lérida. Con la construcción del pantano el término municipal quedó dividido en dos. “Para llegar a la margen izquierda del Ebro tenemos que dar un rodeo de 80 kilómetros. Allí se quedaron 1.700 hectáreas incomunicadas”, señala Arbonés.

“Conseguimos que desde el Ministerio de Economía asignasen 9,6 millones de euros para construir un puente que permitiera acceder a la margen izquierda. Por tanto, el Gobierno de Aragón no tenía que asumir el coste pero cuando cambió el gobierno central la Mesa de la Minería de Aragón rompió el acuerdo y el dinero destinado inicialmente para el puente de Fayón fue utilizado en otros proyectos”,remarca Arbonés.

Otras iniciativas también han quedado aparcadas, como la construcción de una central de ciclo combinado y la instalación de un parque eólico pero según la opinión del exalcalde de Fayón “existe una falta de voluntad política en Aragón”.

“Esperamos que algún día nos llegue lo que por justicia nos tiene que llegar. Una serie de mejoras y de proyectos que se vienen reivindicando desde hace muchos años. No queremos dinero para repartir entre los vecinos. Lo que pedimos es lo que perdimos, que se genere industria y se mejoren las comunicaciones”, concluye.

 

Textos: Pedro Zapater
Vídeo: Rafael Julián
Fotografías: Archivo Heraldo y Pedro Zapater
Documentación: Mapi Rodríguez
Diseño y programación: R. Torres y Silvia Berdejo

20/11/2017 01:17 Antón Castro Enlace permanente. Temas aragoneses No hay comentarios. Comentar.

SONIA FIDES: CROWDFUNDING PARA PUBLICAR SU NUEVA NOVELA

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https://libros.com/crowdfunding/la-infalible-fragilidad-de-los-mosquitos/?utm_campaign=la-infalible-fragilidad-de-los-mosquitos&utm_source=facebook&utm_medium=FBsonia%2F

 

Sonia Fides nace el 14 de agosto de 1969 en Madrid. En el verano de 2005 comienza a escribir por pura casualidad y compone su primer libro de poemas, Mirar y ser mirada, con el que obtendrá en el año 2006 el X Premio Nacional de Poesía Nicolás del Hierro quedando también finalista en premios como el Dionisia García o el Vicente Martín de ese mismo año. De formación autodidacta, durante el año 2007 escribirá su segundo poemario Electra se quita el luto, finalista en el Premio Internacional ciudad de Melilla y que será posteriormente publicado por Ediciones Vitruvio en junio de 2008. Durante el año 2009 termina su tercer poemario, Avispas en la boca y concluye la escritura de su primer libro de relatos Mollejas de pato y otros cuentos imperfectos. En 2011 colabora en dos Antologías de relato Viscerales (Ediciones del viento) junto a autores como Enrique Vila- Matas o Montero Glez; y Narrando a contracorriente(Ediciones escalera).En 2013 publica con Ediciones con carrito su cuarto poemario, Mi vida sin Julio Verne.

En la actualidad trabaja en un nuevo poemario y en Los tigres no pueden esperar eternamente, su segunda novela después de La infalible fragilidad de los mosquitos. Colabora como crítica literaria en el suplemento Artes & letras de El Heraldo de Aragón. Escribe sobre mujeres a las que lee y sobre mujeres a las que no conoce y admira en la revista El Asombrario

Mantiene activo desde el año 2006 el blog : www.mademoisellejoue.blogspot.com.

18/11/2017 13:01 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ROSA MONTERO, PREMIO NACIONAL DE LAS LETRAS ESPAÑOLAS. DIÁLOGO

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ROSA MONTERO

 

“El amor físico puede ser una cárcel”

 

Antón CASTRO

“Soy una enamorada de las salamandras y me tatué una hace dieciséis años. Me encantan los lagartos, me parece que son como dinosaurios domésticos o como dragones de verdad, diminutos, y además, es uno de los múltiples mitos de regeneración que tiene y cultiva el ser humano. El ser humano es capaz de volver a empezar, una y otra vez, después de estar convertido en un moco en el suelo. A lo largo y ancho del planeta hay muchos mitos de regeneración, y la salamandra es uno de ello, como el Ave Fénix. Se supone que echas una salamandra al fuego y no se quema. No se le ocurra hacer algo, pero es una mágica criatura del fuego. Y por eso hay un tipo de estufa que se llama salamandra, ¿sabe? Siempre me han gustado. No hago colección porque yo no tengo temperamento de coleccionista, hace falta ser metódico, y yo soy todo lo contrario. Desordenada, caótica, como la imaginación misma”, dice Rosa Montero (Madrid, 1951), una escritora caracterizada por la firmeza de sus materiales, por una convicción inquebrantable de narradora, de contadora de historias, de atmósferas y de personajes que publica uno de sus libros hondos, transparentes, de intriga y reflexión, La carne (Alfaguara, 2016), una novela que nace de un estado de iluminación, de fluidez, de alguien que pasa por un período de inspiración o trance, según revela, desde la redacción de La ridícula idea de no volver a verte y El peso del corazón.

-Vamos a empezar por Bruna Husky, que es casi su álter ego visionario…

-De todos los personajes que he escrito, es el más cercano a mí, en lo profundo. Realmente, en lo esencial de estar frente al mundo, el más cercano es Bruna Hasky. Sin duda.

-¿Por qué?

-Porque tiene el mismo temperamento vital. Está obsesionada por la muerte, como yo, pero también llena de vida. Yo desde los diez años me recuerdo, o desde antes, supongo, diciéndome: “Mira. Rosita, qué tarde tan bonita, disfrútala; luego corriendo corriendo estarás durmiendo por la noche, corriendo corriendo estarás en el colegio otra vez, corriendo te habrás hecho mayor, corriendo corriendo se habrán muertos tus padres…”

-¿Eso se decía?

-A los diez años. Entonces, siempre he tenido una obsesión por el paso del tiempo y por la muerte, pero eso no es para llorar tampoco. La verdad es que cuando estás muy lleno de muerte, estás muy lleno de vida. Y eres capaz, justamente, de disfrutar el momento. A Bruna le pasa eso. No solo es que tema la muerte, que la teme, la cabrea, le indigna, la odia, le parece que es un fraude que le han hecho. En el caso de Bruna y de los humanos. Pero la vida es un fraude: venimos aquí con esas ganas enormes de vivir, con un yo inmenso que lo ocupa todo, con un proyectos, con sueños, con sueños que son infinitamente más grandes que nuestra vida y en dos parpadeos, si tenemos suerte, nos hemos convertido en viejos. Y si no tenemos suerte, nos morimos jóvenes. Y te rebelas, te decepcionas, esa conciencia de fragilidad o de fugacidad te hace polvo. Si tienes suerte, la vida consiste en que vas perdiendo todo, las fuerzas, la cabeza, la autonomía y después te mueres. Es que me parece como una burla y me indigna. Bruna es exactamente igual que yo, en eso.  Y luego es igual que yo, pero más exagerada, en todo porque los personajes son máscaras y nunca son exactamente como tú, pero también se come la vida a bocados. Todo eso, que es muy mío, ella lo lleva a la exageración porque vive diez años, nada más. Sabe cuando va a morir, además, lo cual debe ser enloquecedor.

-¿Y por qué se ha ido solo cien años más allá del presente en sus ficciones?

-Me bastaba. Yo quería hacer un mundo. Yo quería un mundo propio, regalarme ese mundo propio; yo creo que todos los escritores tenemos esa tentación. Me acuerdo de un entrevista que le leí a J.R. Rowling que decía que cuando acabó el séptimo Harry Potter se pasó un año sin salir de la cama sin poder salir de la depresión que le dio.

-¿Y usted entiendes eso?

-Sí, claro. Irte de un mundo tan sofisticado, como el de Harry Potter, un mundo complicado y coherente, y no poder volver, eso sí que es un exilio. Tener tu propio mundo es algo maravilloso. Lo que quise hacer con Bruna Husky es tener mi propio mundo. No escribí Bruna Husky para hacer una distopía, no creo que mis novelas sean distópicas para nada, son realistas…

-¿Realistas?

-Son las novelas más realistas que he escrito. Junto con la de La carne, que es una novela muy realista también. Detallistas en lo real, muy a lo menudo…

-¿Le parece que le mundo dentro de cien años será así o se habrá quedado corta?

-Puede ser bastante parecido. En cualquier caso, además, insisto yo no quería hacer una distopía para avisar de los peligros que vienen. Reflejo el mundo tal como pienso que puede ser, pero en realidad lo que quiero es reflejar el mundo de hoy, quiero hablar de la condición humana. Y me da igual ponerme dentro de cien años en el siglo XXII, o hacerlo, como hice en Historia del Rey Transparente, en el siglo XII. Claro que si lo pones en el siglo XII, tienes que saber cómo era el mundo entonces, armarlo, y si lo pones en el siglo XXII tienes que intentar imaginar cómo va a ser ese mundo. Pero eso es secundario, esa no es la ambición primera que me lleva a escribir.

-¿Por qué hace ciencia ficción?

Siempre me ha gustado. Tengo una novela de ciencia ficción que es Temblor. Es mi quinta novela, de 1990. Y luego está mi segunda novela, La función delta’. Esa novela era de anticipación. La mitad sucedía en 1980 y la otra mitad treinta años más tarde.  Por desgracia ya he pasado esos treinta años del futuro de mis novelas. No he buscado nunca un ciclo sistematizado, he ido escribiendo las novelas una a una, no obedecen a un plan. No es una saga, no es que yo tenga en la cabeza una historia que necesite veintisiete libros para contarla, ni tres ni cuatro, sino que yo quería hacerme un mundo: un mundo coherente, con personajes estables, que pudiera visitar cuando me diera la gana. Y eso es un lujo. Lo que sí sucede, claro, es el detalle que va creciendo en cada libro.

-Decía hace unos días que uno de los problemas de la robotización de la sociedad es que se van a perder muchos trabajos.

-Estamos en eso. Se me ocurrió La función delta para hablar, entre otras cosas, de ese asunto. Había salido un informe de la Comunicad Europea, se hizo en los años 70, con 100 0 200 personalidades multidisciplinares para intentar saber cuál sería el impacto de la revolución electrónica en la sociedad. El informe era espectacular. Decía que se iba a destruir empleo para siempre, que esto implicaría una revolución en la manera de enfrentarse al trabajo, para que esto no destrozara decían que había que dejar de poner el énfasis en la vida del trabajo sino más bien en el ocio. Entonces digamos que esa primera parte de la microelectrónica ya ha sucedido; pero ahora estamos en los años de la explosión de la robótica. Y seguro que va a bajar otro montón el empleo. Y somos cada vez más gente en el mundo. Estamos en un momento crucial.

-Hace poco, en una tertulia nocturna en Madrid, decía que una de las novelas suyas que más éxito había tenido es de las que menos le gustaba: La hija del caníbal.

-La que menos me gusta (que me gusta, entiéndame lo que le digo, la respeto y le agradezco mucho que además me abriera un montón de puertas a traducciones y a lectores), pero a mí no me gusta porque la hice con oficio, sobre todo. Y le voy a contar por qué la hice, creo que es la primera vez que lo digo. La novela anterior a esta fue Bella y oscura, que me sigue pareciendo una de mis mejores novelas. Y además una novela muy personal, distinta, creo que de alguna manera, de forma pequeña, era muy original. Tuve la sensación de que había escrito algo que no estaba escrito, que es algo a lo que aspiramos todos los escritores. Y yo creo que tiene un estilo muy depurado, tallé cada palabra y creo que es muy literaria. Me pusieron a parir. Visto desde la distancia, a mí me permitían, digámoslo así, que tuviera éxito, que fuese una escritora no literaria, como periodista, como no sé qué. Y encima mujer en un mundo hipermachista. Me permitían  el éxito en tanto en cuanto no sacara los pies del tiesto. Y entonces cambiaba de registro. Los críticos me la machacaron. Dije: “Ah, sí. ¿Qué pasa, que solo se aprecian las novelas más tradicionales”. Me dije que yo eso sí lo sabía hacer, que si no lo hacía era porque no me daba la gana. Y me dije: “Voy a hacer una novela que os va a gustar”.

-¿La hija del caníbal nace del despecho, entonces?

-Nace de la venganza. Muchas veces una escribe lo que sabe escribir. Decir que lo sé hacer fue una soberbia por mi parte, pero resulta que sí, que gustó, que me hicieron unas críticas maravillosas, se vendió un millón de ejemplares. Y es mi novela más convencional. Aún teniendo cosas que no lo son, porque no me puedo resistir a hacer juegos.

-Es una novela de aliento, turbadora…

Sí, metí cosas personales. Fue menos reto para mí, salvo el reto de la profesionalidad. Y me sirvió de mucho. Una vez que me lo había demostrado a mí misma, me dije. “Bueno, ya está. Soy más libre, puedo hacer lo que me dé la gana”.

-No en qué punto pero La carne tiene alguna conexión con Bella y oscura. Hay mucho trabajo, elementos librescos y literarios, juegos de espejos.

-Sí, está muy trabajada también. Sí, incluso en las partes más descarnadas… Pienso en Lolita de Nabokov. Me interesó mucho la parte descarnada de Lolita, salvando las infinitas distancias, y lo cito porque soy una ferviente seguidora de Nabokov. Y porque yo creo que tiene esa manera, ese acercamiento, claro, a distancia sideral, insisto, pero ese acercamiento, negro, sarcástico, que tiene Nabokov con las emociones y los sentimientos, tierno y cruel. Y en eso, en una visión que coincido con él, creo que está en mi novela La carne.

-¿Cómo surgió, nació de alguna experiencia concreta, más o menos personal?

-No, no. La verdad es que a mí no me gusta, desde hace siglos, desde que empecé a escribir, dije, y lo he escrito montones de veces, que aparezca lo íntimo, lo personal, lo que soy. Hay dos maneras de llegar a la universalidad. Una, es partir de tu realidad y de tu biografía y ser tan implacable y tan maduro, y terminar viéndola como un entomólogo ve a los insectos, que conviertas tu realidad en la realidad de todos. Esa sería la vía de Marcel Proust, por ejemplo. Que habla de su vida, pero no habla de su vida, o de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas es toda su historia del Congo, pero es una novela tremendamente literaria, legendaria, simbólica, y sin embargo parte de su vida. Y la otra vía es la contraria: partir de una realidad que no tenga nada que ver contigo, pero profundizar tanto en ella que llegues a sentirla. Y claro, así también alcanzas la universalidad. Vas a lo básico. Y esa sería la vía de Flaubert y Madame Bovary. He pensado que la vía segunda es mejor para autores jóvenes porque la novela es un género de madurez, entre otras cosas porque tienes que conquistar esa distancia con lo vivido. Yo creo que a los autores jóvenes les conviene enfriar su propia realidad, quitar el ruido de la vida propia, alejarse de lo cotidiano para llegar a lo universal. Y que los autores maduros ya lo tienen más claro porque ya hay esa distancia. De hecho el propio Flaubert hizo Una educación sentimental, ya mayor, y ahí sí parte de lo que ha vivido…

-Y usted, ¿con qué se queda?

- En casi todas mis novelas, desde Te trataré como una reina, he partido de personajes muy lejanos a mí. Me gusta eso del personaje como una máscara, no me gusta la literatura autobiográfica en general, para escribirla yo, quiero decir, hago androides que luego terminan siendo tú, pero son androides, del siglo XXII son cantantes de boleros semianalfabetas, son taxistas que se les ha muerto la mujer, prostitutas de Sierra Leona. Sin embargo, desde hace cosa de siete u ocho años veía que iba creciéndome en el interior una cosa, un musguillo, como un deseo de contar una historia en mi entorno, no irme tan lejos. Ya soy suficientemente mayor para que contar una historia de mi entorno sin que mi pequeña vida pierda o se empequeñezca. Ya domino esa distancia, la que decía Julio Ramón Ribeyro, “una novela madura exige la muerte del autor”. Muerte metafórica, que el yo del autor no exista, que se borre.

-En ‘La carne’ incluso da pistas falsas porque se cita a sí misma y hay una escena donde aparece…

-Esa sí que soy yo. Soledad es una misógina y yo detesto a las mujeres misóginas; con todo espero que el lector quiera Soledad, que está llena de frustración, pone un poco mal a Rosa Montero. Aunque las críticas que me hace son sensatas. Muy sensatas…

-Ambas se citan en un café, en un juego de espejos, tan vilamatiano o borgeano.

-Esa escena creo que si es determinante. Ahí se lanza la reflexión sobre la escritura, que es ese placer que te salva. Para eso me interesaba volver a un mundo cercano, para hacer ese tipo de reflexiones que no se las puedo poner a Bruna Husky, de alguna manera… O no se las puedo pasar a mi taxista. Hay montones de cosas que no puedes hacer sino pones un personaje que no esté en tu entorno vital.

¿Qué le interesaba contar en La carne? ¿La historia de una mujer?

-No quería contar una mujer, lo que cuento es de hombre y de mujer, le pasa a cualquiera. Me interesaba contar el vértigo de la vejez no solo como deterioro físico, sino en todos los sentidos. La enfermedad que está agazapada. Soledad es una hipocondríaca total. De alguna manera es una novela sobre el miedo a la muerte pero también de miedo a lo que la vida te ha hecho… Es como si Soledad se preguntase: “qué he hecho con la vida, qué ha hecho la vida conmigo, qué me queda por hacer, qué puedo rescatar, qué puedo perdonarme, qué puedo construir todavía. Qué me espera”. Y en todo esto está otra de las cosas de la que quería hablar, que no he sido de mis primeros temas en el libro, que es el amor. Salvo en el peso del corazón, que tiene mucha importancia,

-¿Qué quería decir del amor?

-También he llegado a la conclusión como persona que el amor mueve al mundo. El amor y el desamor.

-Pero, ¿cuándo ha llegado a esta conclusión? Pensaba que eso era sabido, de conocimiento general…

-Hace poco. Lo digo en serio. Sí. El amor mueve el mundo en general, y quería llevarlo al extremo, no solo de desesperación, llevarlo al extremo de “qué he hecho con mi vida y no he conocido el amor”. Por otro lado, La carne es una metáfora de todos, o de muchos, porque la gente casi siempre piensa, incluso los que han tenido relaciones, que no ha conseguido del todo ser feliz. Es como un sueño de infancia o de adolescencia. Hay mucha gente que está emparejada y está desesperada que tiene como ese agujero negro de no haberlo conseguido. Eso, que era como el sueño, no lo han conseguido. Y quería llevarlo al extremo en una mujer que no lo hubiera conseguido de ninguna forma.

-El libro empieza contando un desengaño, y de repente para darle celos, decide contratar a Adam, un prostituto. Podría dar la sensación de que antes Soledad sí ha sido algo feliz…

-Ha tenido rollos, sí, pero tampoco vas a hacer una Calle mayor ahora. Rollos sí, pero hay una diferencia enorme entre haber tenido eso y tener una historia profunda en la que te sientas feliz de compartir la vida…

-Una mujer de 60 años, ¿puede estar así de obsesionada con encontrarse con la juventud sexual o también su deseo es una revelación?

-Podría ser. Claro que sí. Como muchos hombres sueñan con chicas jóvenes porque eso les renueva, les hace sentir más joven. Será porque no lo ha vivido, será porque se quedó colgada en la primera historia, Soledad se vuelve loca, se tiene miedo a sí misma.

-Es como si Soledad, en el fondo, acabase comprando las ilusiones…

-Ya, las paga por primera vez y tampoco quería. Fue de repente, salió así. Se enamora. Ella dice: “No había vuelto perseguir a nadie hasta ahora”. Antes se había estado protegiendo porque se tenía miedo a sí misma. El amor físico puedo ser una cárcel. Y lo he querido decir. La novela se titula La carne por ambas cosas: es la carne que nos envejece, que nos mata, que nos aprisiona, pero es la carne sexual, la carne que nos facilita un sueño de pasión. Es la carne que nos permite ser eternos aunque sea un instante. El sexo pasional como el de Soledad, es una explosión de vida, de plenitud, la sensación de sentirse querida.

-Explosión de vida y plenitud, que también es para usted la literatura…

-Totalmente. Lo único comparable para mí con el amor pasional es el arte, en mi caso es escribir, pero supongo que todo el arte es así… Lo único comparable con la pasión amorosa –que es un espejismo maravilloso, pero es un espejismo– y tiene la ventaja de que no necesitas a nadie, je, je, y eso es bastante útil… Yo soy superapasionada y lo he sido toda la vida. A partir de los 30 años aprendí a parar esa rueda loca que llega de no sé dónde y descubrí que estaba a mi alcance el amor cotidiano. Y aparentemente es menos excitante e intenso, pero no es verdad: tiene momentos de una intensidad maravillosa, y como además es real.

-Hablemos un poco de la parte literaria del libro. Crea usted dos planos: la esclavitud del amor y del deseo, y la literatura, las vidas de escritores malditos y excéntricos, con el pretexto de esa exposición que va a hacer Soledad, comisaria artística, en la Biblioteca Nacional.

-Me encanta estos escritores. En realidad, me gusta la gente. Me encantan las biografíaS, tengo ahí en mi estudio una pared de biografías, sobre todo de escritores, de artistas. Me gusta husmear, y las gentes de los extremos me gustan más: los malditos y los excéntricos me fascinan, son otras maneras de estar en el mundo. Me gusta la gente que lleva el ser hasta los confines.

-Hablemos del personaje masculino, Adam, el prostituto. ¿Qué podemos decir de él?

-Hay que tener mucho cuidado no desvelar el juego. Estropeamos la novela. he hecho un personaje muchos más realista y posible. Puede ser muchas cosas: un inocente, un niño, un desvalido, un superviviente. He intentado escribir una novela no convencional y huir de algunos prejuicios sobre un personaje como el gigoló.

-He pensado que este libro tiene muchos elementos de reportaje periodístico…

-Yo creo que no: ¡el periodismo es tan distinto de la novela! Son dos posiciones muy distintas. En el periodismo hablas de lo que sabes, de lo que te han contado, de lo que te has informado, de alguien al que has entrevistado. En la novela no sabes qué sabes: es como ese sueño que sueñas con los ojos abiertos. Por eso en novela hay que tener mucho cuidado con la documentación. Te pasas de documentación y la revientas porque entonces haces una jaula. En periodismo hablas de los árboles, y en novela intentas hablar del bosque, intentas tener una mirada de conjunto. En periodismo, la exactitud es un valor, y la ausencia de equívocos, y en novela manda la ambigüedad. Cuanto más ambigua sea, cuántas más interpretaciones puedes darle, incluso cuanto más contradictorias, mejor. Creo que escribo desde dos puntos de partida radicalmente distintos cuando hago periodismo y cuando hago novela. Detesto la novela utilitaria, creo que es la traición de la novela. Las novelas animales, didácticas, ecológicas, feministas, me parecen la traición de lo que debe ser una novela.

¿Cuál sería la razón de escribir una novela?

La búsqueda del sentido de la existencia, es un viaje del conocimiento, del descubrimiento, si tú no aprendes algo escribiendo mal lo has hecho. No escribes una novela para enseñar. La escribes para aprender. Para poner un poco de luz en tus inquietudes y en tus obsesiones. No he escrito jamás para demostrar una tesis. Por supuesto que hay sociología vital de una época: me estoy acordando la vecina, le cortan la luz. Esas historias suceden a diario y me las cuenta la gente. El auténtico compromiso del novelista es escribir la novela más auténtica que sepas. Y más libre, de todo tipo de presiones, más libre de la exigencia de tu deseo de vender, más libre de tu deseo de hacer una novela maravillosa.

-¿Se arrepiente de haber escritor algún libro?

No. Ni tampoco de no haberlos escrito. Los libros son como la vida: he hecho lo que podido, lo que me ha salido y lo que he sabido hacer. Sería absurdo. Si no lo he escrito es que no estaba. Uno tiene que escribir los libros que le son necesarios. Y me está pasando bonito: con los tres últimos libros he tenido la sensación de que estoy en trance. Tengo la sensación de que cabalgo todo el rato en la historia y en las palabras. Soy muy mayor y quiero escribir muchos libros todavía. Y por eso me gusta este momento de una fluidez enorme.

La entrevista transcurre en su casa próxima al Retiro. Antes de la despedida, salen dos nombres de escritores que son un referencia constante de Rosa Montero: Vladimir Nabokov y su ‘Lolita’, en particular, ya citado antes, y Ursula K. Le Guin, con quien tiene correspondencia y a quien fue a visitar a Portland. “Es una tía maravillosa. Su novela Los desposeídos es una de las mejores novelas en el siglo XX. Es un novelón monumental, grandioso; a Le Guin le caben universos en la cabeza. Va desde el detalle más diminuto hasta el universo. Se han reeditado en Minotauro tres grandes novelas suyas: esa, El nombre del mundo es bosque y La mano izquierda de la oscuridad. Se las recomiendo”.

 

*Este texto se publicó en la revista ’Eñe’ hace un año. La foto es de Librújula.

14/11/2017 12:42 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FERNANDO SANMARTIN PUBLICA 'CIUDADES QUE SE POSAN COMO PÁJAROS'

[Fernando Sanmartín (Zaragoza, 1959) publica un nuevo libro, ‘Ciudades que se posan como pájaros’ (Xordica; 69 páginas), compuesto por cuatro viajes: a Lisboa, a Bélgica, Tánger y Tetuán (donde sigue las huellas de su padre, con algunas fotos que conserva de él) y a Galway. Es el libro de un miniaturista de las emociones, de alguien que lo anota todo, que toma Fanta, que oye a quien anda por ahí distraído, alguien que recuerda, que describe y que mira hacia adentro y se interroga. Es un libro de sensaciones, de atmósferas, de olores, de vida, de calles y de imprevistos, de aforismos, y de una prosa muy especial, que te sorprende por sus imágenes y por esos fogonazos inesperados que no sabes si son puro surrealismo o dadaísmo. O la poesía de un viajero intemporal.]

 

Del capítulo ‘Viaje a Tánger y Tetuán. Otra búsqueda’. Página 39.

“Yo también debería psicoanalizar por qué hago este viaje, por qué voy a Tánger y luego a Tetuán. Aunque la respuesta es fácil, muy sencilla. En Tetuán vivió mi padre antes de que yo naciera. Y a veces pienso en él. Pienso en su muerte. Y pienso en la desolación que me produjo cuando yo era un niño. Y pienso que esa muerte me convirtió en un alcohólico de pequeños recuerdos. Creo también que durante años, con su muerte, siempre temí lo inesperado”.

 

*La foto es de Columna Villarroya.

13/11/2017 08:26 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

TRINIDAD RUIZ-MARCELLAN. UN DIÁLOGO SOBRE SU LIBRO PARA MARCELO REYES

TRADUCCIÓN DEL SILENCIO  de

Trinidad Ruiz Marcellán (Editado por Olifante)

 

Intervendrán, además de la autora, las escritoras Carmen Aliaga, Elisa Berna, Reyes Guillén, Luisa Miñana, Inés Ramón, Carmen Ruiz Fleta  y Helena Santolaya

 

Actuación de El Silbo Vulnerado

 

BIBLIOTECA DE ARAGÓN (Doctor Cerrada 22) 

LUNES 13 DE NOVIEMBRE. A LAS 19.30 HORAS

 


 

Entrevista con TRINIDAD RUIZ MARCELLÁN 

 

¿Desde cuándo escribe Trinidad Ruiz-Marcellán?

A los 15 años tuve la suerte de conocer a poetas aragoneses y su poesía. Es entonces cuando comencé a escribir y romper; un ejercicio que repetía continuamente, escribir y romper. No guardaba nada. No merecía la pena. 

¿Qué fue primero: la pasión de escribir, de leer o de editar poesía?

La pasión apareció con la edición. Pasión por editar poesía. Muy pronto frecuenté las imprentas. Desde 1979, con Olifante, he intentado que la pasión y la profesionalidad fueran de la mano. Disfruto enormemente siguiendo  todo el proceso formal del libro ( el papel y su textura, el olor de la tinta, los tipos y cuerpos de letra…). Es muy apasionante descubrir un autor y editar un buen original. Y una de las cosas que me llevan de cabeza son las erratas en los libros que, por más correcciones que hagas, siempre queda una al descubierto. La errata es el duende de la edición.

 -¿Cómo nació este poemario? ¿Lo tenías escrito o es el libro de dos años de duelo?

Está escrito durante los dos último años. El libro nace desde el silencio y la observación; también desde el misterio. Una mirada o un repente con la tierra, los árboles, el aire, los animales, la presencia y la ausencia. El descubrimiento de otro espacio, el multiverso. He vivido mucha emoción en mi mente y en mi corazón durante este tiempo. Es la ausencia y presencia, no es el duelo, el latido de los poemas.

 -¿Cómo era Marcelo Reyes: qué te dio, qué te daba, cómo fue tu vida con él?

Fuimos una yunta enamorada. Su energía era mi energía y al revés. Mi complicidad, su complicidad y al revés. Él era vitalista y melancólico, fuerte y sensible. 

-¿Qué recuerdos de él te conmueven más: su pasión por la cocina, su seguridad, la capacidad de hacer amigos, la capacidad de integrarse…?

Marcelo era una persona solidaria, sincera, auténtica. Apasionada por la música, por el vuelo, le encantaba disfrutar en los asadicos del domingo con sus amigos o pasar horas en la bodega de la casa escuchando música. Era investigador y siempre contrastaba todo. Esto daba seguridad a cualquiera que estuviera a su lado. Pero lo que más recuerdo de él ahora mismo es su caminar, su voz, sus manos y esa tristeza (que creo que sólo la conocía yo) en su mirada, de miles de kilómetros, de esa Argentina tan lejana ya. Le recuerdo solitario y silencioso. 

-¿Cómo se vive, en el medio del Moncayo, la ausencia del hombre que te ha acompañado durante más de dos décadas?

Para sobrevivir he tenido que reinventar mi mundo. Traducir el silencio con palabras dictadas por el mismo silencio. Y ahí he encontrado la plenitud. He reconocido que la muerte es una ilusión. Y Marcelo anda por ahí.

-Creo que su entierro fue como un cuento de Juan Rulfo...

A él le encantaba Juan Rulfo. De hecho, en su mesilla todavía queda el libro que estaba leyendo, “El llano en llamas”. Esa tarde del mes de julio hacía sol y el cielo de un azul clarísimo. Para su entierro, yo le preparé una cestita con frutos de nuestra huerta que él había cuidado y en la bodega quisimos que sonara la música de 2 Cellos que le encantaba. Llevamos sus cenizas hasta la encina que él había plantado.  Le hablamos, le cantamos… y cuando ya habíamos enterrado las cenizas y echábamos tierra encima, el cielo se puso gris negro, comenzó a tronar, relampaguear  y llover. Sus perricos Jimi, Sire y Leik  que le adoraban comenzaron a dar vueltas alrededor de la encina. A los 15 minutos se paró la tormenta, salió el sol y también el arco iris. Fuimos al bar Peña a brindar por él. Marcelo no quería llantos, de ninguna manera.

-¿Qué sensaciones iban y venían por tu cabeza? Decías que tenías la sensación de que volvería en cualquier instante… 

El espacio donde habito está impregnado con sus silbidos, sus risas, su caminar…Lo digo en un poema: “Encontrará / la ropa intacta /en el armario.// Su regreso /no sorprenderá. //Anda por ahí. //Aprendiendo.” También Luis Alberto de Cuenca, en el Prólogo, se atreve a decir… “Porque acaso el país donde habitan los muertos no es más que una escuela de vida.”

 -¿Por qué has optado por una poesía tan contenida, casi seca, casi lo que se llama poesía del silencio?

El silencio no necesita palabras. Tal vez el libro habría tenido que ser un libro en blanco, sin palabras. El libro está hecho de palabras dictadas. En un principio, los poemas eran largos, versos río e incontenibles. Pero comencé a limpiar y eliminar precisamente para acercarme al silencio. Un silencio poético que partía del silencio de la casa. 

-Es una poesía despojada de anécdota, de sustantivos…

Claramente es poesía del silencio.  

-¿Por qué ese título: ‘Traducción del silencio’?

Porque durante estos dos años de escritura no he hecho otra cosa que interpretar el paisaje, traducir la ausencia, aprender otros espacios de vida y romper el  cerco entre mi mundo y el nuevo mundo que estaba descubriendo. “Con silencio / Se traduce el silencio.” 


-¿Qué le dio el Moncayo a Marcelo Reyes y qué le dio Marcelo al Moncayo?

Pues Marcelo dio mucha vida y mucha alegría a Litago y  al Moncayo. Durante un tiempo, cuando nuestros hijos eran pequeños, fue Rey Mago, fundó un Club Ciclista para niños y adultos, desde la Asociación Cultural del pueblo colaboró con la revista y el concurso fotográfico, jugó al fútbol con el equipo del pueblo… Hasta se presentó para alcalde. Aunque argentino, se consideraba litaguero y solía decir “Los de Litago nacemos donde queremos”. Además de gestionar conmigo Olifante, la Casa del Poeta, el Premio de Poesía de Miedo y los Festivales. Siempre trabajaba en silencio, en segundo plano, pero él  era fundamental para todo. Sin su experiencia e ideas las cosas no hubieran sido igual. Él recibió muchísimo de sus gentes, del paisaje. Era en su Moncayo donde verdaderamente se sentía feliz. También el Moncayo le animó a volar. El vuelo fue su pasión. Si está en sus manos, estoy segura que seguirá volando. 

-¿Te habías imaginado que lo ibas a echar tanto de menos y que tanta gente lo quería tanto?

Sí. Yo sabía que esto ocurriría. Se intuye. Sé que el pueblo le extraña y le quiere. La familia, los amigos, sus compañeros de trabajo…aún no entienden su ausencia. Y de mí  pensé que tanto dolor no podría sobrellevarlo desde aquí. Aunque nunca se me ocurrió marcharme del Moncayo. Éste es mi espacio y también el de Marcelo. 

-¿Qué pasará a partir de ahora con Trinidad Ruiz-Marcellán como poeta? ¿Seguirás escribiendo?

Estoy escribiendo. Y el resto ya se verá. Lo importante es vivir.  

-¿Es la poesía el antídoto ideal contra el dolor o la muerte?

La poesía, el paisaje, el silencio, la música, el amor, la amistad… Es la vida misma. Sin embargo, yo le daría vuelta a su pregunta porque el dolor es también necesario y la muerte es una ilusión. La vida y la muerte es lo mismo. La concepción del mundo está cambiando. 

-¿Se ha vuelto a poner de moda la poesía entre los jóvenes?

Cada vez se lee más poesía entre adolescentes, jóvenes y también más maduros. Cada dos bares, en Zaragoza, encuentras un grupo de jóvenes haciendo lecturas poéticas. Es un buen dato. Por lo pronto hay más sensibilidad y más conciencia literaria y crítica. Yo he tenido la suerte de conocer a una joven poeta en esas lecturas que, más adelante, tendré la suerte de publicarle. 

¿Cuál es el nivel real de la poesía aragonesa de hoy?

Nos sorprende y nos sorprenderá la poesía clara, rotunda y -como dice Guinda- “que estrangule el corazón”. En nuestra tierra hay muy buenos poetas y jóvenes prometedores.

 

12/11/2017 21:27 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EL PAYASO MARCELINO, HOY, EN JACA, CON MARIANO GARCÍA

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MARIANO GARCÍA: “MARCELINO OBSERVABA EL MUNDO QUE LE RODEABA PARA AVERIGUAR LOS ATAJOS QUE LLEVAN A LA RISA Y LA CARCAJADA”

 

 

El periodista Mariano García analiza en Jaca como Marcelino Orbés se convirtió, desde unos orígenes humildes, en una figura internacional del espectáculo de masas en los inicios del siglo XX.

 La conferencia se encuadra dentro de la programación que Ayuntamiento de Jaca y Diputación Provincial de Huesca organizan para colocar al payaso Marcelino en el lugar histórico que merece. 

La figura del payaso Marcelino sigue centrando la vida cultural de la provincia de Huesca durante todo el último trimestre de 2017. Este viernes 10 de noviembre, será el periodista Mariano García quien analice las claves de su ascenso al estrellato mundial y como consiguió cautivar y ser un referente para leyendas como Chaplin o Buster Keaton. “Era un hombre extremadamente inteligente, un observador nato, un psicólogo especialmente dotado, que observaba el mundo que le rodeaba para averiguar los atajos que llevan a la risa y a la carcajada. A principios del siglo XX, nadie como él supo leer las inquietudes y sentimientos del público infantil”, afirma Mariano. En la conferencia “Marcelino Orbés y la tradición del clown español y europeo” se explicará como el hijo de un peón camionero aragonés de finales del siglo XIX, llega a encumbrarse como un icono mundial del espectáculo con tan sólo 35 años.

 Una radiografía desde sus orígenes y sobre su crecimiento profesional en las principales compañías europeas de la época: el Lockhart en Francia, el Carré en Holanda y el Hengler en Gran Bretaña; haciendo especial hincapié en su etapa de formación, en dos puntales de las artes circenses españolas por donde pasó: el circo Price en Madrid y el circo Alegría en Barcelona. Marcelino, desde la perspectiva de García, no contó con grandes maestros, pero sí fraguó su personalidad artística observando a los más destacados de su época como Billy Hayden, Antonet, Bebe, Pinta, Tony Grice o Foottit.

El payaso es un rol que históricamente ha existido desde la Antigüedad, y este será otro de los puntales de la conferencia: su transformación histórica; la evolución de esta figura en la Edad Media, la transformación que experimenta con la Commedia dell’Arte italiana y finalmente su eclosión como espectáculo de masas con el circo en el siglo XIX. “Marcelino nació, creció y se desarrolló en la tradición del mejor circo europeo del siglo XIX, y permaneció fiel a esa tradición a lo largo de toda su trayectoria artística. Esa fidelidad, unida al tsunami que supuso la irrupción del cine en la industria del entretenimiento norteamericana, explica en buena parte el por qué de su ocaso”, en palabras del propio Mariano.

 Mariano García Cantarero (Guadalajara, 1965) es un periodista con una larga trayectoria, marcada por uno de los periódicos de referencia a nivel nacional en información regional, Heraldo de Aragón; donde Mariano empezó a trabajar en 1986. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Navarra ha desempeñado sus labores informativas en diversas secciones: Deportes, Reportajes, Local y, especialmente, Cultura. Su relación con la figura de Marcelino se remonta a principios de este siglo; sería en 2004, tras una notable investigación cuando logró establecer que el clown Marceline, que alcanzó el estrellato mundial a principios del siglo pasado, en realidad se llamaba Marcelino Orbés Casanova y había nacido en Jaca el 15 de mayo de 1873.

 

PRESENTACIÓN DE SU LIBRO “MARCELINO, EL MEJOR PAYASO DEL MUNDO”

 

Además de la conferencia, Jaca acogerá también este viernes por la tarde (18:30h en la librería Oroel), la presentación del libro que el propio Mariano ha escrito sobre este ilustre jacetano: Marcelino, el mejor payaso del mundo. Una publicación que recopila todas sus investigaciones y descubrimientos de la vida y leyenda de este gran artista.

 

Todos estos actos se engloban en una programación coral organizada por el Ayuntamiento de Jaca y la Diputación Provincial de Huesca donde se encuentran exposiciones, conferencias y proyecciones, cuyo objetivo final es poner en relieve la figura de este ilustre aragonés dentro y fuera de su tierra de origen. Todo ello culminado con una gran exposición que se inaugura este próximo 30 de noviembre en la capital oscense. [Prensa de la DPH.]

10/11/2017 11:32 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

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