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CON CLARA USÓN, EN JACA

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[Mañana jueves, si el tiempo no lo impide, conversaré a las 18.30 en Jaca con la escritora Clara Usón en torno a su novela 'Valor', que transcurre en buena parte en Jaca. Rescata la figura de un tío suyo, Luis Duch, fusilado en 1936. Aquí dejo una entrevista que le hice hace algún tiempo y que se publicó en Librújula, la revista que dirige Antonio G. Iturbe.]

http://www.librujula.com/entrevistas/1087-clara-uson-valor-entrevista

 

*La foto es de Marta Calvo.

20/07/2016 21:35 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ALBERTO CONEJERO: 'ESCRIBIR TEATRO'

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Encuentro este texto tan personal de Alberto Conejero, dramaturgo jienense, autor de 'La piedra oscura', galardonada con cinco premios Max en 2015. Conejero visita esta mañana de domingo, 17 de julio, a las doce, el Teatro de las Esquinas para conversar sobre la escritura teatral, dentro de la programación Zaragoza Escena.

 

Escribir (para el) teatro

por Alberto Conejero

Tomo este texto de aquí:

http://madridesteatro.com/escribir-para-el-teatro-por-alberto-conejero/

Escribir (para el) teatro

Considero que escribir teatro es imaginar historias en los otros y para los otros. No existe teatro que no sea un encuentro con los otros y por esa razón nunca se está solo cuando se escribe teatro, aun cuando la escritura acontezca en soledad. Se escribe teatro y se anhela intimidad con otros seres humanos. Porque como dice Enzo Cormann, los dramaturgos no escribimos teatro sino que escribimos para el teatro. Y por eso la escritura teatral contiene siempre la vocación de encuentro con otros imaginarios: con el del director, con el de los actores, con el del escenógrafo, etc. y, por último (o quizá antes que nada), escribir teatro es convocar el encuentro con el imaginario de los espectadores. Todos ellos, de un modo fantasmagórico, acompañan al dramaturgo cuando genera sus historias.

Quizá escribir teatro es en primer lugar citarse con quien uno quisiera o teme o intuye ser. O de otro modo: escribir teatro es concertar una cita con el desconocido que nos habita. Porque los personajes no dejan de ser las otras voces que encierra nuestra voz. Están allí, dentro, y cuando la escritura las libera, aparecen inextricablemente libres. Muchos dramaturgos insistimos en ese momento en que los personajes cobran voz propia y la mano se afana en el teclado (o el bolígrafo) por no quedarse atrás.

Escribo para lanzar preguntas para las que no tengo respuestas. La escritura me cuestiona como individuo y como ciudadano. Escribo porque dudo. Escribo también porque no aprendí a rezar pero tengo la necesidad de algo que no está pero a lo que debemos atender. Al igual que Perseo utilizaba el escudo para enfrentar a Medusa, yo empleo la escritura teatral para enfrentar mis miedos, mis anhelos o mis pasiones ingobernables. Escribo teatro y doy una forma a lo provisional e inestable. Dispongo ordenadamente una fuerza caótica. Cada obra es un laberinto donde espera un Minotauro que nos recuerda que, como todo misterio, la vida siempre tiene algo maravilloso y monstruoso a la vez. Y escribo teatro porque me hace profundamente feliz y siento la ilusión de libertad y plenitud escribiéndolo.

 

De dónde surgen las historias y cómo es el proceso de escritura

Como el escultor que intuye lo que la piedra esconde y la golpea y cuando termina descubre por fin la imagen anhelada pero nunca vista, el escritor libera con la escritura una obra que aún no conoce pero que presiente. Por mucho que la técnica nos ayude, por mucho que contemos con estructuras, estrategias, ideaciones de todo tipo, la escritura siempre es descubrimiento. La obra siempre sabe más de nosotros que nosotros de la obra. Por eso sentimos la necesidad de escribirla. Hay algo de acto de fe cuando se inicia un proceso de escritura. Se confía y hay un momento en que la obra se desvela, aparece finalmente. La escritura es acontecimiento que culmina en epifanía.

Las obras nacen de diferentes lugares. A veces surgen de la reunión de otras obras que has visto / leído y algo de tu vida las aglutina y genera una nueva; otras veces nacen de una imagen que contiene el germen de una historia o son provocados por una experiencia concreta. A veces brotan de un lugar más eidético o intelectual. Los encargos nos hacen habitar historias inesperadas pero no menos personales. En todo caso, la historia ya está ahí, se está incubando, es inútil poner resistencia porque sus síntomas se multiplican, se extienden por tu imaginación e incluso el cuerpo siente algo parecido a la fiebre. Como un zahorí, pasas esos días atendiendo a las señales, a los indicios de tu historia diseminados en todo lo demás. Pero entonces hay que decidir las coordenadas básicas: los personajes, el espacio, el tiempo, la situación… Hay una lucha de “número y poesía” como dijo Federico García Lorca, entre la técnica y las pulsiones no domeñadas, entre las limitaciones que impone la escritura/praxis teatral y la naturaleza impetuosa de su contenido. Existen manuales de escritura dramática, existen consejos a los nuevos dramaturgos, existen y son tan necesarios como prescindibles si no se siente la necesidad de escribir.

 

¿Cuándo se termina de escribir una obra de teatro?

Por último, al igual que es difícil saber cuándo se empieza a escribir una historia cada vez me es más difícil saber cuándo se termina de escribirla. Los ensayos, las puestas en escena y los espectadores han hecho que reescriba textos incluso después de su publicación. Durante los ensayos de la lectura dramatizada que dirigí de Ushuaiadescubrí algunas zonas que podían (y debían) amplificarse de un personaje gracias a las preguntas de Eva Rufo, la actriz que lo interpretaba. Y el texto ya se había editado…Estos días Pablo Messiez está ensayando La piedra oscura para el Centro Dramático Nacional y sé que la puesta en escena me hará descubrir lo que esconden los pliegues del texto y que quizá traiga una nueva versión que atienda tanto a sus fortalezas como a sus zonas más débiles. No se trata nunca de modificaciones radicales pero sí de ajustes que, por otro lado, también provoca el tiempo. Acabo de terminar, mientras escribo estas líneas, un texto nuevo después de siete borradores y de dos años de teatro. Siento la misma incertidumbre y alegría que cuando hace quince años terminé Húngaros, mi primera obra. Y como entonces comparto el deseo de Koltès: “solamente deseo que algún día pueda contar bien, con las palabras más sencillas, la cosa más importante que conozca y que pueda contarse: un deseo, una emoción, un lugar, luz, sonidos, cualquier cosa que sea un fragmento de nuestro mundo y que pertenezca a todos“.

 

 Alberto Conejero

*La foto la tomo de aquí: http://www.elcultural.com/imgNoticias/2015/8341_1.jpg

17/07/2016 08:37 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DEBATE SOBRE EL AUTOR DE TEATRO

[Mañana domingo, a partir de las doce, en el Teatro de las Esquinas, se  celebrará un encuentro-debate en torno a la autoría teatral en España. Participarán Paloma Pedrero, Ignacio del Moral, Alberto Conejero, Yolanda Dorado y Alfonso Plou. El acto se abrirá con una reflexión general de Esteban Villarrocha y moderará el acto Antón Castro, en el también intervendrán otros autores, actores, profesionales de la escena.]

Generando Dramaturgos

La autoría teatral en España en el período democrático

Del autodidactismo a la enseñanza reglada

Un autor de teatro ¿nace o se hace?

El dramaturgo como literato versus el dramaturgo como escritor de compañía.

Editar teatro, leer teatro.

 

Por Alfonso PLOU

 

Si el trabajo del poeta es el de ver una multitud de seres alados que vuelan a su alrededor, el trabajo del dramaturgo es además el de convertirse en ellos.

Nietzsche

En estas cuatro décadas de período democrático en España la dramaturgia ha pasado del autodidactismo a impartirse como una especialidad contemplada y reglada en la Escuelas Superiores de Arte Dramático. De tal forma que los incipientes dramaturgos han pasado de surgir de sus torres de marfil y los premios literarios a comenzar con un título oficial que les acredita como dramaturgos. En medio de ambas situaciones, como antes y como siempre, los dramaturgos han surgido de la propia actividad escénica, como actores, directores, productores… que acaban siendo también dramaturgos, en solitario o en colectivo, de sus propios espectáculos.

En los años 80 y 90 tuvieron mucha importancia los talleres de escritura teatral que importantes dramaturgos de la generación anterior (José Sanchis Sinisterra, Fermín Cabal, Marco Antonio de la Parra, Jesús Campos…) impartían a los recién llegados. También fueron importantes determinadas iniciativas como el premio Marqués de Bradomín y algunas becas de escritura. Ahora juegan un papel importante iniciativas de los centros dramáticos como Escritos desde la escena del Centro Dramático Nacional o el T6 del Teatro Nacional de Catalunya o el Fomento de la Literatura Dramática del extinto Centro Dramático de Aragón. Dichos programas propician facilitar la relación de los dramaturgos con un proceso de creación dramatúrgica más cercano a la escena.

En todo caso, a parte de estas propuestas institucionales más o menos logradas y bienintencionadas, la gran mayoría de la escritura teatral del país se sigue produciendo, como siempre, desde los márgenes; desde lo que antes se llamaba de otra manera y ahora se llama teatro emergente, microsalas o búscate-la-vida-para-sacar-adelante-tu-proyecto-como-sea.

De todo ello queremos hablar desde la realidad del teatro aragonés y nacional. Con dramaturgos de diferentes generaciones aragonesas y la presencia de cuatro  figuras de la dramaturgia española de la generación de los ochenta y de la generación más reciente: Paloma Pedrero e Ignacio del Moral (por un lado) y Alberto Conejero y Yolanda Dorado (por el otro), que juntan unos cuantos importantes reconocimientos públicos.

Organizan y moderan el acto: Anton Castro, periodista cultural, Alfonso Plou, dramaturgo aragonés y Esteban Villarrocha, editor de la Editorial Arbolé, entre otras muchas cosas.

Colaboran:

-         La Asociación de Autores de Teatro

-         La Asociación Aragonesa de Escritores

-         Y unos cuantos dramaturgos aragoneses:

El lugar: El Ambigú del Teatro de las Esquinas

El día: el domingo 17 de julio.

La hora: De 12 a 14 horas

Al terminar el encuentro se servirá un vermú.

 

*Este retrato de Paloma Pedrero lo tomo de aquí:

https://mujeresresenando.files.wordpress.com/2015/01/399-paloma-pedrero-590.jpg

 

16/07/2016 18:34 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EL SALÓN BLANCO DE LA ALMUNIA

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HISTORIA DEL SALÓN BLANCO DE LA ALMUNIA

 

Por Marta GRACIA BLANCO

 

Hasta los años 60, en pleno franquismo, si las ciudades pasaban penuria cultural, en los pueblos vivíamos, desde el punto de vista educativo y cultural, en el más terrible y absoluto de los abandonos. En el año 1965, supongo que en el marco de esa iglesia más social que surgió por entonces, la parroquia de La Almunia abrió las puertas de este Salón Blanco. Un proyecto que vino de la mano de lo que fue el instituto de Cabañas y el Focar, en esta misma plaza de la iglesia. Más o menos en la misma época y en el mismo contexto nacieron aquí la EUPLA y el Colegio Salesiano. El pueblo se llenó de estudiantes. El páramo cultural se llenó de vida. Creo que podemos decir sin sonrojarnos que la educación y la cultura cambiaron para siempre La Almunia y a los almunienses.

Pasaron los años. Cambiaron los tiempos. En el mes de diciembre de 2014 este cine proyectó por última vez una película con su proyector analógico. Las películas en celuloide, tal como siempre las habíamos conocido, se habían dejado de fabricar. Nos había venido encima, como una ola, la obsolescencia tecnológica.

Unos meses más tarde no sólo nos quedamos sin cine: nos quedamos también sin Salón. Hubo que cerrar la sala a cualquier uso porque presentaba deficiencias técnicas que afectaban incluso a la seguridad de las personas.

Creo que fue precisamente en ese momento cuando muchos vecinos y vecinas comenzamos a comprender en toda su profundidad la importancia que tiene para nuestro pueblo este salón. Lo entendimos cuando experimentamos todas esas cosas que, de pronto, ya no podíamos tener. Si no abríamos el Salón Blanco no podíamos tener cine. No podíamos tener teatro. No podíamos celebrar los fines de curso de la escuela de jota, de la asociación de mujeres, de las AMPAS. No podíamos organizar el Teatro de Madres. No podíamos organizar el Festival de Cine.

A los amigos que hoy han venido a acompañarnos me gustaría explicarles algo que los almunienses entendemos bien: el Salón Blanco es mucho más que un salón de cine. Es parte de la idiosincrasia de nuestro pueblo. Todos los almunienses, de cualquier edad, podríamos contaros con cariño cientos de historias vividas aquí. Aquí han nacido amores y han crecido amistades eternas. Os podríamos hablar del Lobo, de Vitorián, de Alfredo el proyeccionista, de Fernando. Del ruido de las monedas golpeadas sobre la barra del bar para que nos atendieran pronto, antes de que terminara el intermedio. Os podríamos contar cómo nació el Festival de la Canción Blanca, como eran los festivales de Don Luis de Los Ríos, y cómo tomaron su relevo los festivales navideños de la asociación La Peña. Os podríamos contar cómo una vez al año, las madres se organizan y preparan un espectáculo precioso para disfrute exclusivo de los niños y niñas de los colegios. Os podríamos explicar que aquí han actuado grandes figuras del teatro, la danza o la canción pero también muchísimos almunienses que cantan jotas, que bailan, que tocan en la banda, en la rondalla, que hacen teatro, monólogos. Y por supuesto, el cine. Siempre el cine. Este Salón está lleno de historias en torno a las películas. Podríamos pasar horas, se nos pondría un nudo en la garganta, se nos arrasarían los ojos de emoción.

Pero más allá de la emoción, de los sentimientos y de los gustos personales está también la razón. Defender este Salón, comprender su importancia y apostar por él es la decisión más racional que el Ayuntamiento podía tomar. 

Unas instalaciones deportivas municipales son imprescindibles para fomentar el deporte de base y para generar deportistas profesionales. Así lo vimos aquí y durante años hemos invertido dinero, esfuerzo, personal y energías en dotarnos de equipamientos, oferta, cursos, infraestructuras. Por eso hoy la sociedad almuniense tiene un enorme músculo deportivo. De la misma forma, en La Almunia necesitamos unas instalaciones culturales municipales de calidad. Necesitamos un escenario, unos camerinos, un patio grande de butacas. Necesitamos un proyector digital. Necesitamos este gran espacio. Invertir dinero, esfuerzo, personal y energía en cultura, en infraestucturas culturales nos garantiza, si me permitís el palabrejo, “culturistas” de base y fomenta que nazcan “culturistas” de élite.

Una de las tareas más hermosas de un Ayuntamiento es ésta. Invertir en cultura. Ayudar a que sus habitantes se doten de herramientas para ser ciudadanos informados, con criterio, y, sobre todo felices. Porque antes que nada, el cine, el teatro, la literatura, la música... son fuente de felicidad. De felicidad y de autoestima.

Pero como os digo, esta es una tarea de un Ayuntamiento. Es responsabilidad del Ayuntamiento, y no de la Parroquia. Somos los almunienses quienes tenemos que asumir ese trabajo. Como decía aquel, y nunca mejor dicho, “A Dios lo que es de dios y al césar lo que es del César”. Durante muchos años este Salón ha recaído sobre las espaldas de la parroquia y ya era hora de que desde el Ayuntamiento les releváramos de esta tarea y de esta responsabilidad.

Por eso no quería dejar pasar la ocasión para dar las gracias públicamente. Gracias a Juanjo Moreno, mi socio de gobierno, porque se ha volcado en este tema. Creo que hemos hecho un buen tándem en un asunto jurídicamente complicado y seguiremos en ello, porque falta mucho por hacer. 

Y gracias enormes, gracias también en nombre del Ayuntamiento y en nombre de todos los almunienses a los dos párrocos, Antonio y Juan Luis. Es un agradecimiento doble. En primer lugar, gracias porque vuestra disposición en todo lo relativo a la cesión o venta del Salón Blanco ha sido inmejorable y muy generosa. Sé que sobre todo para Antonio desprenderse del Salón Blanco ha sido una decisión dura y sin embargo en todo momento antepuso el interés del pueblo a su propio deseo. Y gracias, también y sobre todo, porque tanto vosotros como vuestros antecesores hicisteis al pueblo el mejor de los regalos: abrir y mantener este Salón durante todos estos años.

Este Salón es lo que es porque los almunienses siempre lo vivimos y lo sentimos como “el Salón de todos”. Se construyó entre todos. Se ha disfrutado entre todos. Lo hemos defendido con uñas y dientes. Nos lo hemos creído. Y ahora por fin, es público. Es, legalmente y no sólo sentimentalmente, de todos los almunienses. Tendremos que trabajarlo, reformarlo, remodelarlo. Ponerlo a punto nos costará un poco menos o un poco más. Pero aquí está, vivo otro vez. Vivo como siempre.

Larga vida  al Salón Blanco. Larga vida, amigo mío. 

15/07/2016 19:05 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

POEMAS DE 'LA SOMBRA ERECTA' DE LAMBERTO ALPUENTE

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[Una pequeña selección de textos del libro ’La sombra erecta’ del joven poeta turolense Lamberto Alpuente Torres, por cortesía del autor.]

 

Pescando furtivos (pag.23)

  

Nadie sabe de dónde viene la batería de magnetismo, pero los temporales eléctricos aconsejan cerrar parques, jardines y moradas si se adora a los trofeos de plástico.

Una cruz de casi dos metros es quizás el mejor ejemplo de mecanismo revelador.

Una fuente de ilusión comprometida con los salones clandestinos y las limosnas.

Se alimenta una vez al día y no hace ascos a la quincuagésima cerveza.

Nutre al uniforme de vómitos, saliva, y dedos acusadores.

Habla claro y extenso, con gorrito, o con el morado en el pincel.

 

Aunque viniera de largo, disfrutar provocando al cizañero, al señorito, al cobardica, y a la foto de perfil mal follada, manteniendo maniqueas conversaciones por lo callado e infame cuando la bestia ronca, reconozco mi casamiento con la diferencia, para en los buffets, fornicar a los hijos de las verdades absolutas, y sé que, en ocasiones, no veía muertos, pero tampoco merecía el perdón, mi perdón, ajeno o propio.

Desde luego me esperaban en el corredor, por vidas de plomo, pescando furtivos.

 

 

SolEdad (pag.30)

 


La soledad es un armario de abrigos apolillados.
Recordatorio de la versatilidad del bastón en batalla.
Un péndulo que fluctúa progresivamente maniatando al equilibrio nonato.
La soledad es la viuda negra que, sin pestañear, ama y odia oscilando entre la adulación al pesebre y los conocimientos anatómicos que declinan en la antropofagia.
La soledad es la quimera del Dorado.
El descendimiento del explorador hacia cromáticas bragas salvajes, y la descarnada huida sin brújula, víveres ni cantimplora.
La soledad consume aberración en gramos de alto standing, practicando populismo con la aristocracia de bote, los duendecillos en goce, y las traviesas alimañas del túnel de perpetuo alimento. 
La soledad es una ducha de agua fría esperando el roce del ilusorio cuerpo amado que nunca llega.
Sabe de tretas pero no vaticina soluciones, lucha con la mente hasta agotar existencias.
La soledad es el solsticio arado que esclarece a los amantes y pensadores.
La soledad tiene tu número...Y el mío...

  

El espía con notas (pag.54)



1 -El sol descansa-

Los ojos fotografían lo que nuestro interior desea ver...
Aviones de papel errando en el balcón de infancia.
Planetas girando en trance alrededor del chiquillo de nebuloso tejido cósmico y lengua salvaje, manos de aventura, café con leche y galletas.
Anaranjados mares ondulándose al cerrar los párpados.
Invisibles invasores dejando el poso del paraíso sanador de poniente.
“Yo sabía quién era”


2 -La luna crea-

“Todo está permitido” susurra el abstracto garabato de tinta china nocturna para la calle de mandolinas y escuela.
El espía protege sugestivas notas contra la pared en llamas, por la creencia de la coincidencia un día en su conciencia.

Sus pequeños pies en punta clavan dardos del perfume de agua fresca.
(El jurado de jaqueca y migraña no podrá con su marfil de paciencia).
De mi aprensión, las caricias de seda sorprenden al muerto de arrugas de lastres en pena. 
Labios de unicornio que secuestran miradas desnudas penetrando en la casa de ceniza.
¿Tendrás un segundo antes que la sombra erecta desaparezca?
“Yo sabía quién eras”


3 -Lamberto escribe-

Nunca seré como los demás, y por eso escribo a tu sonrisa con mis lágrimas de miedo, para que recuerdes hasta el fin del tiempo, que nunca nos equivocamos al soñar despiertos.

Te esperaré. 

 

 

El libro del Chamán (pag.62)

  

Entre las hojas sueltas de un libro muy deteriorado, coexisten el traficante de armas y esclavos, perdido en la duna sin pierna, y el superhombre que abraza y solloza a los pies del caballo, en plazas ansiosas de paseo moderno.

Biografía de la castración.

Áspera, receptiva y estucada.

Mostrar un dibujo del hipódromo, y también del tanatorio, a la incultura.

Espirales de peta-zeta para la tubería del desagüe.

Terma iconoclasta

Olvido, y después…Rebaño…

 

La polisemia no ha conocido antros de comida rápida.

Admira los manjares que esconden la verdad oculta: Conocimiento.

 

Saborea la magia que aborrece dogmas para aprender los nombres.

Etnia, antropología, ficción, y el humor de un corazón, no uno más, quizás como el tuyo, siendo maestros y neófitos, y mandrágora, inhibidora de los prejuicios.

 

¿Conoces la realidad?

 

 

Etílico III (pag.68)

 

 

En Melilla, agarrado con dientes y uñas a una valla, un inmigrante cae y es apaleado por la policía.

Las pateras son un macabro negocio de mentiras, desenfrenado y criminal trasiego. 

¿Quieres llevar algo al gaznate? Aprende a nadar.

 

La procesión dispara su crecimiento en busca de la aguja en el pajar.

El estado nos envenena de vicios “menores” pero no hipoteca sus impuestos para mejorar en sanidad y cultura. 

El pez grande no se muerde la cola.

Sin plantas, árboles, ríos, abejas…No hay futuro…

Los vampiros, como los insectos, han empezado a beber sangre de jóvenes vírgenes cada noche.

Muertes rápidas, muertes lentas, muertes silenciosas…

 

Vivo en una ciudad tan pequeña, que es peligroso procurar un grito.

Vivo en un país donde nadie entiende nada.

¿Cuánto de lo que nos han contado es cierto? ¿Acaso nos llenamos el paladar de ilusorias prometidas?

Podrás llamarlo “el próximo cementerio” o, quizás, “matadero del siglo 21”

Estimulan la educación de los perros para después deshacerse de ellos.

Un día cualquiera, elige de los 365, nadie puede convencerse de haber apostado correctamente.

 

Desgracia llamada “utopía”. Brega sin importar su nombre.

Sobresaltado ante un espejo, extraño, ridículo y enfermo.

Enciendo la televisión, abro el periódico, siento las distancias.

Sostener con vida mi proyecto de las responsabilidades creadas para ser cadenas, presiones internas para mitigar la represión. 

Saltar al ruedo sin blancas banderas.

 

Éste, este es un país corrupto, injusto y odioso, salpicado por ladrones, embaucadores y holgazanes, sentados en sus retretes neoliberales defecando democracias violadas, manejando el silencio de la manzana agusanada.

 

Mordaza y grillete, y laureles para los dictadores pasados.

Suyos son los triunfos de la pandilla basura.

Transformación de mariposa en larva.

Educación medieval para neandertales. Tecnología para gilipollas inhumanos.

Puestos de trabajo en barcos de esclavistas. Materialismo para no ser un don nadie en esta tierra de zafios.

Control de masas.

 

Cocerán habas. Partirán nueces. Lloverán palos.

Pero saldremos a la calle por nuestra dignidad y libertad, pese a los que lían el prospecto aún durmiendo en el convento. Pese a los juerguistas que terminan volviendo a su madre, y a sus pañales. Pese a hablar a las paredes de la revolución de las flores.

Pese a estar adormilados por los golpes del estado, y sus amigos, siempre confundiendo los ideales con el peligro.

 

Y no puedo mentir. No tengo un móvil. Más que un espíritu que se acelera con cada asesinato diario.

El pueblo habla. No puedo mentir. Me siento un extraterrestre pronunciando un testamento subido a un andamio. Con lecciones muy pesadas que hablan de un tipo experimentado que sigue buscando un abrazo en los polos, o en la desmemoria por no saber expresar las incontables razones que nos pierden en lodazales, ultrajes, e innumerables pérdidas.

 

Ten cuidado y preocúpate al verme callado.

Antes, tomaremos la penúltima. Parece que las luces no se han apagado.

 

-Del libro ’La sombra erecta’ de Lamberto Alpuente Torres. Edición de autor, ilustrada por varios artistas. Lleva un prólogo de Javier Sabe, músico de hip hop. Lamberto dice: "Una persona, antes de marchar,me confío un secreto, no dejar de luchar y soñar hasta que marchemos a otr4o reino".

15/07/2016 17:46 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

VÍCTOR JUAN: UNA CONFESIÓN

Un cobarde que apenas teme ya nada

[Víctor Juan, uno de los ciudadanos más entusiastas y generosas que conozco, un pedagogo incansable que contagia su amor a la vida y a todas sus incidencias, hacía esta confidencia en su blog a cerca de una enfermedad que le ha hecho pasar por hospital en dos ocasiones. Lo titula así, pero él es todo lo contrario: es un hombre valiente y sereno que ama la vida con locura.]
UN COBARDE QUE APENAS TEME YA NADA
Por Víctor JUAN BORROY
Para entender lo que escribo –si es que se puede entender algo alguna vez– hay que considerar que yo soy un cobarde. Soy un cobarde, en general, para las cosas del mundo, y un cobarde para todo lo que tiene que ver con los procedimientos médicos. Durante los primeros cincuenta años de mi vida no me hicieron ni un análisis de sangre, pero en los últimos cuatro meses he estado muy entretenido con un gran nódulo tiroideo del que no sé ni cuándo comenzó a crecer ni desde cuándo vivía en mi cuello. Me han hecho cuatro o cinco pruebas, he acudido a consultas de varios especialistas y, finalmente, el viernes 3 de julio, a las 14h., ingresé en una conocida clínica zaragozana –como dirían las crónicas de sociedad– para que me practicaran una hemitiroidectomía o, lo que es lo mismo, para que me quitaran medio tiroides, justo el lóbulo que servía de sustento al intruso.
Desde que en abril decidí ir al médico hasta ahora mismo he procurado que mi enfermedad no les doliera antes de tiempo a las personas que quiero, evitando que sus preocupaciones se sumaran a las mías. Hasta que no supe qué día me operarían no les dije nada a mis hijos. Se hubieran entristecido tanto y hubiera servido de tan poco su tristeza, que he preferido no decirles nada.
Se han cumplido cien horas de la intervención. Es poco rato. Quizá alguien me quería por mi nódulo. Pues en ese caso he de decirles que lo nuestro se acabó. No tengo nódulo ni tengo medio tiroides, pero tengo la certeza de que voy a ser muy feliz con mi glándula incompleta. Estaba escrito que mi primera enfermedad tenía que ser una enfermedad aragonesa: un bocio, como el que padeció mi abuela.
Sabía que esa tarde de julio en la conocida clínica zaragozana me enfrentaría a la madre de todas las siestas. La anestesia te duerme, pero sus efectos son más inquietantes. Con la anestesia paralizan todos tus sistemas, reduciendo su actividad y, sobre todo, con la anestesia el enfermo no tiene recuerdos de lo que le ha pasado.
Mientras llegaba la hora, mi hija me hizo una fotografía, ya vestido con el camisón de la clínica y con unas zapatillas de don Pantunflo. Era la primera vez que me ponía un camisón. Desde el principio eché en falta una abertura en la parte delantera, un poco más abajo del ombligo, para ir al baño. En esa foto aún sonrío. Alguien pagaría, seguro, un puñado de euros por ella.
Con un poco de retraso sobre el horario previsto, entró en mi habitación –la 216, convertida desde que puse mis pies en ella en la Room Force One– el celador del quirófano. Iba a ser mi taxista particular. Siguiendo sus indicaciones, me tumbé en la cama con la misma falta de convicción de los jugadores de fútbol falsamente lesionados, a los que el árbitro les exige salir del campo tumbados o sentados en la camilla mientras hacen momos a la grada y escupen (los jugadores de fútbol tienen el gen de escupir permanentemente). El celador de pocas palabras me bajó al sótano. Todas las luces del techo de todos los hospitales deben ser las mismas luces, las luces de los techos de los pasillos de los hospitales de las películas. Mientras alguien podía vernos, mi conductor se mostraba cuidadoso y apenas rozábamos las esquinas y los marcos de las puertas. Cuando desaparecimos por el sótano, se relajó al volante y la cama se golpeaba con cada obstáculo por pequeño que fuera. Es el efecto tour de Francia –me dije–. Todo es de otra manera cuando nos ven o cuando sabemos que podrían vernos.
A esas alturas del drama, solo pensaba en Virginia, en Blanca y en Guillermo. Quería que sus sonrisas fueran mi última imagen antes de que los fármacos vararan mi cerebro en un puerto desconocido. Me inquietaba perder alguno de mis recuerdos, despertar y ser ligeramente otro. Me preocupaba despertarme siendo menos zaragocista o siendo un poco del Madrid. No quería olvidar la felicidad de los días de luz y palabras ni los caminos de ida y vuelta que juntos hemos trazado durante estos años. No quería olvidar ninguna de las frágiles convicciones que dan algo de sentido a mi vida. Con estas ideas revoloteando en mi cabeza, me dormí. Desperté sobresaltado. Creía que me ahogaba. Intenté incorporarme y defenderme a manotazos de no sabía quién. Me pasaron de la mesa de operaciones a mi cama. Enseguida me acercaron a una puerta. Virginia y Blanca me esperaban. Me besaron apresuradamente. No tuvimos tiempo para más, pero en ese instante supe que era quien soy, quien siempre había sido, que nada había cambiado. Pregunté la hora. «Las seis y cuarto», me dijo alguien. No distinguí quién era porque en el quirófano todo el mundo va vestido para un atraco. El anestesista me adelantó que iba a estar un buen rato allí, con las manos y los pies congelados y el corazón caliente, mientras me despertaba.
He pasado las cien primeras horas viéndolas venir. No he hecho nada, salvo dejar que pase el tiempo. Cada rato he estado mejor que el rato anterior. No tengo dolor. Hablo bien. Camino mirando al suelo, como el penitente que arrastra sus culpas, intentando proteger la herida de mi cuello.
Estos días mi estado de ánimo se refleja en la cocina. Al principio solo di algunas indicaciones, amables, mientras Blanca y Virginia preparaban la comida. Luego empecé a protestar si no utilizaban la sartén precisa. El lunes preparé la salsa de la pasta y el gazpacho de la cena. El martes hice ensaladilla rusa a la victorjuan y, por la noche, preparé revuelto de champiñones y gulas. Y me bebí una ámbar. Todo está bien.

Durante los últimos meses he descubierto que soy un cobarde que apenas teme ya nada.

***Coda: 
esta historia tiene su día de la marmota. El 15 de julio volvieron a operarme para quitarme el resto del tiroides. Soy ahora, como dice Melero, un auténtico aragónes.

PACO URIZ: TEATRO Y POESÍA

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Francisco J. Uriz:

«La cultura siempre está en crisis»

 

Francisco J. Uriz (Zaragoza, 1932) es escritor y traductor, tarea por la que ha recibido en dos ocasiones el Premio Nacional de Traducción: en 1996, por su antología de ‘Poesía Nórica’, y en 2012 por toda su trayectoria. Ha traducido a Gunnar Ekëloff, Ingmar Bergman, Artur Lundkvist y August Strindberg, entre otros muchos, en solitario o con su mujer Marina Torres. Entre sus méritos figura el de ser el fundador de la Casa del Traductor de Tarazona, en 1989, y de haber acompañado en varias ocasiones a Olof Palme, empeño que le regaló una bella nominación: «el poeta de Olof Palme». Alterna su residencia en Zaragoza y en Suecia. Ahora, en Libros del Innombrable, el sello zaragozano donde ha publicado varios poemarios y su lírica completa, presenta un volumen de teatro, compuesto por tres piezas - ‘Vietnam no está en la Edad Media’, ‘Mear contra el viento’ y ‘Decidme cómo es un árbol’, que da título al conjunto-, y a la vez traduce a la poeta Lina Ekdahl (Gotemburgo, Suecia, 1964), su libro 'En estos tiempos'.

 

Siempre le ha preocupado Vietnam -cuya guerra comenzó hacia 1960 y concluyó quince años después-, no solo en el teatro, sino también en la poesía.

Seguí con atención y entusiasmo la guerra de liberación de los vietnamitas contra los restos del imperialismo francés y su victoria tras la batalla de Dien Bien Phu, el David que derrotó al orgulloso Goliat. Tal vez venga de ahí mi inclinación por los más débiles (también en el fútbol), seguí las negociaciones de paz, la violación de los acuerdos por parte de Vietnam del sur y el inicio de la salvaje intervención norteamericana y su derrota.

¿Qué vio en ese conflicto, qué le perturbó tanto?

Me perturbó porque creo que nunca se ha utilizado tanta violencia y crueldad contra un pueblo que no les amenazaba por nada. Fue la batalla del país más industrializado y rico del mundo, Estados Unidos, contra un pequeño país campesino.

La obra se titula ‘Vietnam no está en la Edad Media’. ¿Cuál es su mirada dramática en esa obra, qué había y qué no había de Edad Media en ese conflicto?

El título de mi pieza surge de la frase de aquel humanista norteamericano que proponía bombardear a Vietnam «hasta la Edad de Piedra». Yo coloqué la acción en la Edad Media, por razones teatrales. Era la dejación y traición de las «patrióticas» clases dominantes para defender su país y la voluntad y astucia del pueblo para suplir a las clases dominantes en la noble misión de defensa de la independencia.

La segunda pieza del libro, ‘Mear contra el viento’, está redactada en colaboración con el cubano Jorge Díaz. ¿Es un grito, una forma de rebeldía? ¿En qué contexto fue escrita?

La pieza, subtitulada ‘Teatro infantil para adultos’, obtuvo una mención en el premio Casa de las Américas y unas generosas palabras de Max Aub, el escritor español en el exilio. En esta obra también el imperialismo norteamericano, esta vez el de las grandes corporaciones, era el objeto de nuestra crítica. Nos basábamos en los documentos secretos que se acababan de publicar de la ITT (empresa que fue fundada en 1920 bajo el nombre International Telephone & Telegraph). La filmó la televisión sueca y obtuvo un premio en Bulgaria.

En la tercera pieza hace una interpretación de las memorias del poeta Marcos Ana: ‘Decidme cómo es un árbol’. ¿Qué le interesó de él? El cineasta Pedro Almodóvar compró ese libro.

La pieza de Marcos Ana la escribí mucho antes de que se publicasen sus memorias. Utilicé una excelente entrevista publicada en la revista ‘Por Favor’ y lo que me había contado él en Estocolmo, en una de sus visitas a Suecia. Y también me basé en algunos libros de experiencias carcelarias durante el franquismo.

¿Qué quería hacer en su acercamiento a ese personaje que había conocido la cárcel?

¿Salvar algo de memoria histórica, tal vez? Podría ser la respuesta. Para que no se borre todo.

Acaba de traducir a la poeta sueca Lina Ekdahl, en Libros del Innombrable, en la antología poética ‘En estos tiempos’. De entrada, da la sensación de que es una poeta social, de denuncia, marcada por su compromiso y su beligerancia.

La mayor parte de poetas que traduzco son sociales. Ella es una sucesora en la línea del feminismo combativo: Sonja Åkesson, en los 60-70; Kristina Lugn, en los 70-90; y Lina Ekdahl, de los 90 a nuestros días.

Usted ha defendido una lírica no sé si panfletaria o inmediata, pero desde luego crítica. ¿Cuál es la misión de la poesía?

Soy partidario de una poesía impura, como decía Pablo Neruda, y de su verso: «Quien huye del mal gusto cae en el hielo».

¿Está la cultura en crisis, ha perdido su impacto social? Vive entre España y Suecia. ¿Ha sucedido ahí algo semejante?

Me da la impresión de que la cultura siempre está en crisis y en la revista ‘Crisis’, de Zaragoza, porque siempre hay en todo el mundo entusiastas impenitentes.

 

LAS FICHAS

Decidme cómo es un árbol. Tres piezas de teatro de Francisco J. Uriz . ‘Vietnam no está en la Edad Media’, ‘Mear contra el viento’ (con Jorge Díaz) y ‘Decidme cómo es un árbol’. Libros del Innombrable. Zaragoza, 2016. 242 páginas.

En estos tiempos. Antología poética. Lina Ekdhal. traducción de Francisco J. Uriz . Libros del Innombrable. Zaragoza, 2016. 113 páginas.

 

*La foto de Paco Uriz, en su casa de la Avenida de Valencia de Zaragoza, la tomó para Heraldo Esther Casas.

14/07/2016 01:18 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

VÍCTOR DEL ÁRBOL: UN DIÁLOGO

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Víctor del Árbol se confiesa admirador de Camus, Dostoievski y Miguel Delibes. El escritor barcelonés, todo un acontecimiento en Francia, presentó hace unos días en la librería Central de Zaragoza su libro ‘La víspera de casi todo’ (Destino), galardonada con el Premio Nadal 2016

 

Víctor del Árbol «Mis personajes buscan

la reconciliación consigo mismos y el perdón»

 

«He sido policía hasta hace cinco años y he hecho un poco de todo. He trabajado con menores, he ayudado en mil cosas, he trabajado en prisiones. Esa sí que es una experiencia intensa y fundamental para entender la psicología del monstruo. Los reclusos, dentro, están controlados; algunos, por instinto de supervivencia, se convierten en seres normales, pero en cuanto rebasan la barrera de la prisión se les despierta de nuevo el monstruo. Y de eso va un poco ‘La víspera de casi todo’: hablo de personajes con un pasado traumático que, a veces, esconden a un asesino», dice Víctor del Árbol (Barcelona, 1968), ganador del premio Nadal de 2016.

 

Sospecho que una novela con tantas historias extremadas, parte de la realidad.

Mis libros se alimentan de lo que ocurre. Supe de un joven que había quemado su casa. Y mientras leía ‘Lolita’ de Nabokov, me enteré de una historia parecida a la que cuento: una profesora se enamoró de un joven alumno de 17 años, se quedó embarazada, huyó con él y dejó a su marido. Poco después, cuando el joven creció, la dejó a ella.

Su historia es un poco distinta…

Sin duda. En mi novela una mujer, fotógrafa, que ha sufrido una experiencia terrible, se deja seducir por el muchacho. Aquí la inocencia conquista a la experiencia, y ella, la mujer, en la primera peripecia sexual que tienen, se pregunta cómo sabe él todo eso.

Ese joven es esquizofrénico…

La enfermedad le sobreviene, poco a poco, tras haber arrojado al vacío a una niña, Martina...

Sigamos con su reflexión sobre la realidad.

La realidad es inverosímil y la ficción tiene que ser verosímil. En la vida real las cosas no se resuelven del todo, no tienen coherencia, no tienen un nudo, un desarrollo y un desenlace. Eso es algo que tenemos que hacer los novelistas.

Sorprende un poco que un escritor de Barcelona ubique su narración en la Costa de la Muerte.

No se crea. He estado casado doce años con una mujer gallega, de Orense. Galicia forma parte de mi vida. Para mí la novela es, esencialmente, una puerta abierta al horizonte y también simbología. La Costa de la Muerte contiene muchos símbolos que son decisivos en el libro: el paisaje, el faro, los nombres, Ave del Paraíso, Ojos de Agua, Nicosia (que es un barco y un centro y una radio vinculados a las enfermedades mentales), y Punta Caliente, que es mi Macondo gallego. La Costa de la Muerte también alude a la idea del salto, del precipicio, del drama rural y, por supuesto, es un escenario de naufragios. Aquí todos los personajes son náufragos.

Son náufragos, pero también parecen perseguidos por el mal...

Los seres humanos tendemos a la negación del mal. A veces no queremos ver las evidencias, hacemos el relato que nos conviene y no queremos interferencias. Hablo de la gente normal que deja de serlo y comete aberraciones inesperadas, como el inspector Germinal Ibarra. No me interesan la bondad o la maldad como verdades absolutas. Nadie es bueno ni malo del todo.

En realidad, sus criaturas quizá sean supervivientes…

Sin duda. Mis personajes tienen un punto de partida oscuro, con fantasmas… Mis personajes son supervivientes, buscan la reconciliación consigo mismos, buscan la redención, el perdón.

¿La encuentran?

Bueno. Ahí entra la literatura, que cuestiona la realidad aparente y explora el alma humana: encuentra espejos que nos explican o nos reflejan en nuestras contradicciones, en la búsqueda de la felicidad; encuentra la luz y la oscuridad, el bien y el mal.

Hablemos de su estilo, tan cuidado. ¿Sabe para quién escribe?

Escribo por los personajes. Escribo para mí y deseo que en ese ejercicio, o tentativa, me encuentre con lectores cómplices que me interpelan a mí y a los personajes. Tengo clara una cosa: la literatura puede prescindir del escritor, pero jamás del lector.

 

*Esta entrevista apareció en Heraldo de Aragón, en la sección de Cultura. La foto de Marcos Budiño la he tomado de ABC en la red. Víctor está en la Costa de la Muerte. 

 

14/07/2016 01:08 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FERNANDO LALANA: UN DIÁLOGO

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A Fernando Lalana (Zaragoza, 1958), Premio Cervantes Chico, le gusta experimentar con los géneros narrativos. Publica ‘Kansay city’ (Bambú / Casals), del oeste, y ‘A contraluz’ (Mira editores), de erotismo para jóvenes.

 

“El verano es un tiempo

 de euforia y la estación

del amor y el ligue”

 

-En este primer semestre del año ha publicado tres libros.

-Sí. A veces se concentran en torno al Día del Libro, que resulta maravilloso, y la Feria del Libro, que fue decepcionante. Vender un libro ha sido más costoso que nunca y, además, había poca gente.

-Aparece en el volumen coral: ‘Diez miradas. Para quienes nos enseñan a leer’ (Loqueleo). ¿Quién le enseñó a leer?

- Mi padre, que era constructor, tenía un cuarto con biblioteca. Era socio de Aguilar, pagaba una cuota y cada cierto tiempo aparecía por casa un comercial para ofrecerle las novedades y era un buen cliente de la librería Universal. Mi pasión por la literatura, y por la lectura, se la debo a él.

-A sus padres les dedicó su primera novela del oeste, y acaba de publicar la segunda: ‘Kansas City’.

-Es cierto. Aparece en Bambú/ Casals, de nuevo. Y nació de una especie de proyecto al que llevaba dándole vueltas algún tiempo. Quería escribir subgéneros que no había abordado: el terror, la novela empalagosamente romántica, el western y la novela erótica para jóvenes.

-Quedémonos un instante en el western.

- Un día mi editor Jordi Martín me dijo: “Empieza por el western. He soñado que se ponía de moda”. Y así nació ‘Una bala perdida’, que es una historia detectivesca que transcurre en Nebraska, protagonizada por George Macallan. Allí moría la mujer de su vida, Alicia Camarasa. ‘Kansas City’ es la continuación de su historia ocho años después. Es una novela más crepuscular, llena de aventuras y de acción, clásica, aunque también hay detectives a través de la agencia Pinkerton.

-¿Qué le interesa del oeste?

-Es un género que no había tocado. Me apasiona la tarea de documentarme: investigar para escribir de algo que no sabes me parece un privilegio. Y hay otro factor casi sentimental: yo soy muy admirador de Francisco González Ledesma, que empezó escribiendo novelas del oeste, bajo el seudónimo de Silver Kane. Decía que ahí había aprendido a escribir. Ya de mayor, recordó aquella época y publicó una novela deliciosa: ‘La dama y el recuerdo’. Cuando la leí, me entró el gusanillo.

-A la vez que ‘Kansas City’ también aparece en Mira editores ‘A Contraluz’, que es su novela de erotismo para jóvenes.

-No era fácil que les interesase a mis editores habituales. Poligone Education de Pamplona hizo una edición digital. Joaquín Casanova siempre me había pedido un libro y pensé que este podía ser el idóneo. Y aquí  está.

-¿Qué dificultades ha tenido?

-Escribir erotismo para jóvenes entraña sus riesgos. No puedes ni irte por la tangente, ni ser blando o irreal, tienes que interesarle. Y a la vez los jóvenes son más bien románticos y les gustan que los libros acaben bien, que las historias de amor se cierren. Aquí he contado la historia de un joven, Eduardo, enamorado de una chica, Elisa, pero todo se complica un poco más.

-¿Se dan esas ‘nude partys’ de las que habla en el libro?

-Sé que existen, claro, aunque esta es inventada. Recuerdo perfectamente que en los años 70, poco antes de la muerte de Franco, en Zaragoza yo participé en una de ellas. Una o dos veces, en una de esas casas con piscina, rodeado de amigos y todos desnudos, de 16, 17, 18 años. Aunque allí no sucedían las cosas que pasan aquí, donde hay un muerto.

-¿Qué vínculo existe entre el verano y el amor?

-Yo creo que el verano es la estación del amor, del ligue. Mis primeros amores fueron en verano: es un período de euforia, de entusiasmo, de las salidas de casa y es el tiempo de la playa, que también es un buen escenario para el amor.

-Se ha encontrado, en sus visitas a colegios e institutos, en chicos tan leídos como los de ‘A contraluz’.

-La verdad es que no mucho. Eso sí, cuando alguien te pregunta por Stanley Kubrick, es maravilloso.

-¿Qué libros nos recomendaría para este verano?

-‘Veinte poemas de amor y una canción desesperada’ de Pablo Neruda, que me sigue pareciendo un libro deslumbrante y que contiene todo el amor. Recomendaría un autor, Pierre Lemaitre, del que recomiendo ‘Nos vemos allá arriba’, sensacional, y ‘Camille, y ‘La isla de Bowen’ de César Mallorquí, con quien me siento muy identificado.

 

*Este texto ha aparecido en la contraportada de HERALDO. La fotografía es de Oliver Duch.

07/07/2016 08:35 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON MIGUEL Á. HERNÁNDEZ

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[El pasado viernes, el narrador murciano Miguel Ángel Hernández presentaba su nueva novela, 'El instante de peligro' en la librería Antígona, en compañía del narrador Sergio del Molino. He aquí una entrevista a propósito de la novela que fue finalista del Premio Herralde de novela.]

 «Escribir es una forma de frenar el tiempo»

-¿Qué le debes o cómo te marca Walter Benjamin?

Le debo un modo de relación con la historia. Sobre todo la intuición de que el pasado está aquí, es tangible y se nos aparece en imágenes que nos aluden y se nos clavan un momento antes de desaparecer para siempre.

 

-¿Qué tiene de particular este escritor que cada vez más parece un precursor de la modernidad o una figura que está muy presente?

Benjamin fue un cartógrafo de su tiempo, entendió como nadie la modernidad, pero también supo ver las transformaciones y los retos del mundo que se había abierto frente a él. Imaginó a qué nos íbamos a enfrentar en el futuro. Y esbozó modos de resistir y luchar frente a lo que no tardó demasiado en llegar (la dominación fascista y tecnológica, el capitalismo integrado, la estetización y espectacularización de la política…).

 

-¿Cómo te sientes bajo esa etiqueta de novelista de ideas?

Relativamente cómodo, aunque es cierto que todas las novelas están llenas de ideas. En mi caso la teoría tiene un peso central como una especie de reflexión crítica acerca de lo que mueve las historias. Novela de ideas, novela reflexiva, de pensamiento, intelectual… no me desagrada. Siempre, claro está, que eso no sea sinónimo de “novela aburrida o pestiño filosófico”.

 

-¿Cuáles son los asideros reales de la novela, cómo surgió: de una imagen específica, de un intento de explicar la memoria y el arte…, de una intuición, de la necesidad de regresar a un lugar?

Curiosamente surgió de una imagen: una sombra proyectada sobre un muro en mitad de un bosque. Un día me vino esa imagen a la cabeza. Y a partir de ahí comenzó a nacer la historia. Por alguna razón, quizá porque soy historiador del arte, el germen de mis historias siempre está en una imagen. La historia, las ideas, el tono, la justificación teórica… todo eso viene después. Lo esencial es la imagen.

 

-¿Podría leerse como una carta, una indagación, como un viaje que hace el protagonista alrededor de sí mismo?

Una carta o una confesión para intentar comprender el pasado y el presente. El protagonista escribe para poder explicarse cómo ha llegado hasta ahí y qué es lo que merece la pena salvar. Escribir, muchas veces, es necesario para poder situarnos en el mundo.

 

-Explícanos un poco a Martin y a la artista Anna. ¿Son tan raros y tan complejos los creadores?

Martín es un profesor y escritor que ha fracasado en lo que se proponía. Creo que su manera de enfrentarse al mundo es más cotidiana que la de Anna Morelli, que sí que responde al modelo de “artista genial”, obsesionada hasta el límite por el arte y la creación. Para ella el arte es una cuestión de vida y muerte. Para Martín, el arte o la escritura son de gran importancia, pero nunca deja de tener los pies en el suelo.

 

-¿Has querido, en realidad, escribir una novela de amor y de amores más o menos recordados, evocados, que siempre están ahí, desde el fondo del tiempo?

Creo que El instante de peligro es un historia de amor o, como dices, de amores; de diferentes tipos de amor. Para mí es eso por encima de cualquier otra cosa; por encima incluso de una reflexión sobre el arte y la memoria. El amor es lo que atraviesa la novela. Y es lo que está incluso en el origen de esa sombra proyectada sobre un muro.

 

-¿Qué significa para ti escribir una novela, cómo la vives? Da la sensación de que es un proceso lento, muy meditado, que no tienes prisa, que te importa más el trabajo riguroso que el éxito más o menos inmediato.

Nunca tengo prisa en escribir. Comenzar una novela es abrir un mundo –a veces un abismo– del que ya no puedo escapar hasta que pongo punto y final a la historia. Pocas cosas me producen más placer que habitar ese mundo propio durante años. Por eso intento demorarlo todo lo que puedo. Transitar cada frase, cada giro, cada imagen. Como si el mundo no existiera. Escribir es para mí una forma de frenar el tiempo.

 

-¿Cuál es tu percepción de la autoficción, cómo te mueves en ella?

Me resulta tremendamente productiva. Es una manera de conectar el espacio de la ficción con el espacio real y de producir algo que para mí es fundamental en la novela: incertidumbre. Ficcionalizar lo real e introducir realidad en la ficción es una manera de generar desconfianza. Ya nos creemos demasiadas cosas en este mundo y quizá sea necesario desconfiar de todo. La duda literaria como espacio de resistencia.

 

-El libro también es una reivindicación del arte contemporáneo y de sus pequeños gestos y quizá de la obsesión. ¿Cuál es tu actitud ante la creación más contemporánea, qué te conmueve y qué te disgusta?

Soy historiador del arte y mi relación con las prácticas artísticas contemporáneas es muy cercana. De hecho, gran parte de mi visión del mundo se ha configurado a través de las experiencias artísticas. Me interesa el arte y me parece fundamental. Lo que me cansa, sin embargo, es el mundo del arte, las exposiciones que siempre hablan de lo mismo, las prácticas institucionalizadas… Creo que al arte le falta vida. Y curiosamente las novelas muchas veces sirven como ensayos en los que el arte recupera ese nivel vital: los protagonistas se obsesionan con las obras, su vida se transforma… el arte funciona.

 

-¿Qué lugar ocupa en tu vida el cine?

Me gusta, por supuesto, pero siento que estoy algo más alejado de lo que debería. Las series de televisión y las novelas ocupan mucho más tiempo en mi vida que el cine. Fue una gran pasión en mi adolescencia. Ahora no lo tengo tan presente, aunque hay directores que me obsesionan, como Michael Haneke, Lars von Trier o David Lynch.

 

-¿De qué autores de tu tiempo y de cualquier instante te siente afín, próximo o sencillamente un admirador?

Me interesan los escritores que entienden la literatura como modo conocimiento y reflexión. De entre mis contemporáneos: Patricio Pron, Ricardo Menéndez Salmón, Sergio del Molino, Ben Lerner o Gonçalo Tavares. Entre los maestros, sin duda, Enrique Vila-Matas, y también Paul Auster, Javier Cercas, Don DeLillo, Michel Houellebecq o Siri Husvedt. Y entre los de otro tiempo: Thomas Bernhard, Samuel Beckett o Borges. Lo que escribo está en deuda con todos ellos. 

 

*Tomo la foto de Miguel Ángel Hernández de aquí: 

http://revistaparaleer.com/agenda-eventos/presentacion-en-madrid-de-el-instante-de-peligro-de-miguel-angel-hernandez/

07/07/2016 01:20 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CUENTO PARA BELIEVE IN ART

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'BELIEVE IN ART': JAVIER HERNÁNDEZ ILUSTRA AL NIÑO DIEGO
Hace algún tiempo, María Luisa Grau Tello, que trabaja en el IAACC Pablo Serrano y que es una apasionada del arte mural, nos pidió a Javier Hernández y a mí participar en el proyecto de Believe in Art que coordina con otras personas, entre ellas Beatriz Lucea. Yo escribí un pequeño cuento y Javier le ha dado toda esta vida para mejorar las sensaciones de los niños, para emocionar con sus colores...
Como suele suceder, el cuento está basado en escrupulosos hechos reales.

 

 

UN PASEO A CABALLO

Me llamo Diego y vivo en el campo. Entre mi casa y la carretera, había un descampado. Siempre lo veía vacío, hasta que un día aparecieron unos hombres y con ellos unas máquinas. Lo cerraron con una alambrada y al día siguiente ya había dos perros grandes como leones, un pavo real y un caballo pequeñito.

Una tarde, al volver del colegio, vi que habían levantado una casa de madera, enorme, con ventanas, chimenea y porche. Todos los días había algo nuevo. Al caballo pequeño, como un poni, se le sumaron otros dos: uno, elegante y oscuro, y otro, blanco y más flaco. Y después llegaron las gallinas, dos cerdos, uno rosado y otro negro, como un jabalí, y también trajeron patos. Los que más me impresionaban eran el pavo real y un gallo que apareció de repente.

Un día decidí llamar a la puerta. Salió una mujer rubia a recibirme. Como estaba muy ocupada, le pidió a su padre que me atendiese. Se llamaba Arcadio. Era simpático y cariñoso. Le dije:

-Quiero saberlo todo.

-¿Todo?

-Sí. ¿De dónde vienen los caballos, cómo se llaman los perros, por qué extiende su gran cola el pavo real? Todo.

Arcadio me llevó hasta un pequeño establo o cobertizo, y me sentó en una silla. Habló y habló sin parar. Era carpintero, mecánico y granjero. Me dijo tantas cosas que me dormí. Me cogió en brazos, creo, y me llevó a casa. ¡Con lo que yo peso! Entreabrí los ojos y, adormecido, le oí decir mientras me entregaba a mi padre:

-Mañana nos traen una vaca rubia, viene de lejos, de la orilla del mar y de los bosques, y se llama Ermelinda.

Esa noche no pude pegar ojo. En la cabeza me bailaban los animales y los nombres: los perros leonados eran Jack y Lord, el pavo real se llamaba Volador, el gallo Edmundo y el poni era Rojito… Eso sí, lo mejor de todo, sucedió en sueños: el caballo Edmundo venía a buscarme, relinchaba ante nuestra puerta y me decía: “Sube a mi grupa”. Y aquello sucedía en el tiempo en que los caballos hablaban.

A la mañana siguiente, Arcadio se paró ante mi puerta con el propio Edmundo. Me alzó del suelo, me puso delante y me dio las riendas. Cuando vuelva del paseo, os contaré todo lo que ha pasado. Esperadme.

03/07/2016 18:49 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ: 'INCIDENCIAS'

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JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ PRESENTA 'INCIDENCIAS' EN ANTÍGONA
José Luis Rodríguez presenta hoy, a las 20.00 horas en Antígona, su nuevo libro de cuentos, inspirado en los músicos del Titanic: 'Incidencias' (Los libros del Señor James, el sello editorial de David Mayor y Pablo Lópiz, que lo acompañarán; Nacho Escuín y León Vela).
Copio algunos textos. Y abajo dejo la entrevista que se publicó el pasado lunes en 'Heraldo de Aragón'. [José Luis Rodríguez visto por Pascual Berniz.]

 

LA ENTREVISTA
José Luis Rodríguez García explora
la vida de los músicos del Titanic

 


El escritor publica ‘Incidencias’, una colección de microcuentos, acompañada de acuarelas suyas

 

Antón CASTRO
José Luis Rodríguez García (León, 1949) había estado un tiempo en silencio creativo. En realidad, más editorial que creativo. Este año ha publicado dos libros: el poemario ‘Estado de sitio’ (PUZ), que tiene algo de estremecedora elegía, y ahora aparece un libro diferente e imaginativo, inspirado en los músicos del Titanic, compuesto por microcuentos: ‘Incidencias’ (Los libros del señor James. Zaragoza, 2016. 160 páginas).
El escritor, biógrafo de Jean-Paul Sartre y catedrático de filosofía, explica: “El Titanic era la expresión del nuevo orden mundial. Era la pirámide indestructible de nuestra modernidad. Lo me atrajo de la historia de los músicos, que se han convertido en leyenda del siglo XX, es su serenidad, su aceptación de la vivencia del desastre. Creo que todos habían leído a Epicuro o Boecio. Lo digo en serio. Eran tipos fabulosos que ensayaban antes de distribuirse por el barco para agradar a ricos y pobres...” Dice que le habría gustado conocer a algunos de ellos, “pero creo que me va a resultar imposible”.
De manera especial, se sintió atraído por el director de la orquesta, que era pianista y cellista también, Percy Cornelius Taylor, “el personaje que más me inquieta del Titanic. He rebuscado por aquí y por allá, buscando anécdotas de su vida, el número de identificación que deben tener los muertos y el destino de algún cuaderno en el que escribiera sus afectos y angustias”. Y él es como el nexo de unión o la espiral de partida. “He querido hacer un libro de microrrelatos que están fusionados por la sensación de lo que queda después del diluvio, después del Titanic, después de la devastación moral que hemos vivido aceleradamente a lo largo del XX”, señala.
El volumen está dividido en seis partes, cada una de ellas encabezada por un personaje. Son Infancias, Más allá, Aventuras, Ucronías, Apocalipsis y Fragmentos de diarios, y a todo ello se le añade una selección de acuarelas del propio escritor. “Inicialmente, no planifiqué partes –matiza José Luis Rodríguez-. Ni mucho menos. Escribí con mal medida ansia muchos textos. Muchos de ellos han desaparecido. Se mantienen los que resultan menos malos. ¿Las partes? Pues no lo sé con certeza. Me parece que era necesario dedicar alguna referencia a la infancia, que es la hora en que el mundo de valores comienza a desmoronarse. La infancia inocente lo padece. A mí me avergüenza... Pero si hay niños vencidos o menospreciados hay que concluir que los adultos y los sabios somos una puñetera mierda”.
En este libro, vinculado según sus editores a Gilles Deleuze, llama la atención por su libertad creativa, por la variedad de registros en piezas a veces de dos, tres o diez líneas tan solo. “En literatura todo puedo conjugarse. Pero me quedaría con que se trata de fantasía a partir de lo real asumido libremente con humor negro y, en fin, rabia. No cantaré la última melodía de los músicos del Titanic que suponían ascender, como Josué, hacia el encuentro con Yahvé”.
Este espíritu de ‘Incidencias’ bien podría reflejarlo esta pieza, ‘Catástrofes’: “Las lágrimas del perro blanco, y entonces llegó la ola”. O quizá esta, ‘Juegos’: “La niña cerró el frasco observando sonriente a la salamandra asustada”.

 

NO COMPRENDE NADA
La niña pensó que lo hermoso eran el cariño, la selva y los muslos de los chicos que la besaban después de que hubiera finalizado el torpe teatro de un Batman al que le gustaban los aguacates. Aparece una mamá en el guión. Rubia, bellísima, dibujada. Por qué la han matado, dice, susurra.

JUEGOS
La niña cerró el frasco observando sonriente a la salamandra asustada.

FANTASMA
Me alegró encontrármelo en el salón y hablamos largo y tendido sobre Paul Bokuse y las antiguas leyendas de los piratas somalíes. La perplejidad me agobió porque, al rato de despedirnos, me puse a leer el periódico y descubrí su necrológica.

CRIMEN IMPERFECTO
Está en el sillón tapizado de azul cobalto. Tiene un puñal de plata clavado en el corazón y una fresa mordida entre los labios. La policía está muy desorientada porque vivía solo y jamás abría el buzón de la correspondencia.

HACE TIEMPO QUE TE ESPERABA
La mujer se encerró en el baño. Alguien había entrado en su apartamento. El sabor de las toallas de algodón amarillo es amargo. Como la tinta china o un telegrama.

-De ‘Incidencias’. José Luis Rodríguez García. Los Libros del señor James. Zaragoza, 2016.

 

30/06/2016 09:22 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA GRAN NOCHE DE DAVID ANGULO

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David Angulo es un músico muy completo: como instrumentista, como compositor, como vocalista de temas propios y ajenos, como adaptador y creador de temas paródicos y jugosos, como hace todos los viernes en 'Hoy por hoy' o en 'Oregón Televisión'. Y la pasada noche en el teatro Principal, acompañado del guitarrista Torsten Weber y del percusionista Borja Barrueta, magníficos de principio a final, y de muchos amigos, ofreció un concierto muy especial. Temas propios, de su álbum ‘Habitación 404’, de su nuevo disco, en gestación, y muchas versiones (de Prince, de Steve Wonder, de Javier Ruibal, de Rubén Blades, de Leonard Cohen / Jeff Buckley) fueron la materia central de una exhibición de voces, de ritmos, de emoción.

David se había planteado vivir y contagiar una noche especial, pautada por lo que él denominaba “momentazos”, y tuvo dúos con Mariano Bartolomé a la armónica, con las voces de Sara Comín, María José Hernández, con la guitarra de Alejandro Montserrat, con la gaita de Pepín Banzo, con el banjo de Robbie K. Jones al banjo, Robbie K. Jones de los Track Do,  Robbie K. Jones de los Track Dogs, con su compañera Marisol Aznar (a la que llamó su musa, “la mujer de mi vida”) e incluso con su hija Inés, a la que le dedicó un tema nuevo, ‘Menos es más’, se lo dedicó a ella y a la pequeña Laura. Inés cantó ‘Como el viento’, de De Pedro. También tuvo el gesto de invitar a sus compañeras del grupo teatral Hécate, que subieron para cantar y recitar un poema de Rafael Alberti. Y recordó sus años con el grupo Al son del Sur.

El concierto tuvo de todo: buena música instrumental de tres profesionales compenetrados, ritmo, humor y sobre todo hubo ternura, sentimiento, cercanía, cariño. David, esencialmente un hombre afectuoso, quiso que fuese también un concierto inolvidable y familiar. Los dúos con Sara Comín y María José Hernández fueron espléndidos, tuvieron ‘química’ (así se llama uno de los temas del álbum 'Habitación 404'. Sara Comín dijo que se sentía muy feliz porque subía a cantar con un músico al que admiraba mucho, entonaron ‘Bajo el mismo sol’, y María José Hernández compartió con Angulo el tema ‘Trece rosas’ y dijo que era su favorita y una de las canciones más bellas que se le pueden dedicar a una mujer.

David tras varios bises cerró la noche, alrededor de dos horas, con el ‘Hallellujah’ de Cohen y siguió con fidelidad la versión de Jeff Buckley. Le dedicó el tema a su madre y recordó que le gusta mucho. Fue un epílogo impresionante de un virtuoso de la voz, muy versátil, capaz de llegar a todo y de recordar a quienes le ayudan a diario, ya sea en Oregón Televisión, en sus vídeos (le agradeció a Alfonso Palomares los vídeos de su canción ‘Silencio’), ya se Luis Rabanaque, que le ha hecho las fotos, Bucho Cariñena, responsable de las luces, o a las gentes del Principal, que le han dado toda clase de facilidades. El concierto dio la medida de lo que pueda dar de sí David Angulo y quedará grabado en la cabeza y en el corazón de las más de 300 personas que acudieron a su cita.

 

*Foto de Beatriz Pitarch.

26/06/2016 01:53 Antón Castro Enlace permanente. Músicos No hay comentarios. Comentar.

ELOY FERNÁNDEZ ESCRIBE DE 'LA ZARAGOZA INADVERTIDA'

 

http://www.andalan.es/?p=12388

 

Eloy Fernández Clemente, en sus colaboraciones en andalan.es, habla de 'Los Sitios de la Zaragoza inadvertida', un proyecto que concibió el fotógrafo Andrés Ferrer y que lleva textos míos. 121 fotos y 81 textos. Escribe Eloy:

 

ZARAGOZA INADVERTIDA

 

Por Eloy Fernández Clemente

zaragoza_inadvertida

El periodista Antón Castro y el fotógrafo Andrés Ferrer han publicado un bellísimo, importante libro,  “Los Sitios de la Zaragoza inadvertida”, que diseña y edita el segundo de ellos. Versan, el doble juego de fotografías de gran perfección y sugestivos encuadres y los comentarios sutiles, a veces emocionados, sobre una ciudad que “tiene muchos rostros e historias secretas”.

Porque, se nos dice, Zaragoza es una ciudad con vistas, aunque el fotógrafo es aficionado a los escombros, los detalles escondidos, rincones y edificios preferidos, puentes y callejones, rastros, plazas por las que iba Rosendo Tello, las de Santa Cruz o San Cayetano, viejos y nuevos hoteles, alturas y escondrijos, pasajes y urbanizaciones desalmadas, barrios rurales, estatuas de césares y reyes, parques como el de José Antonio Labordeta con su paseo “neblinoso, incierto”.

Viejos bares que eran “santuario de confidencias y de provisiones”; una Casa Grande que diseñó Fernando García Mercadal; un cementerio de Torrero que “no es La Recoleta, pero tiene sus muertos”. La vieja Escuela de Artes y la luminosa Expo. Calles emblemáticas, como Espoz y Mina, por sus bares, comercios, museos como el Camón o el Gargallo; nuevos rascacielos como el de Aragonia y descampados o edificios inacabados –“emblema del abandono, la fantasmagoría viva de un fracaso”, de los que es capaz de remontarse hasta un cuadro de Edward Hopper o una novela de Salinger; y pasajes abandonados que le hacen evocar a Cortázar y a Conget.

Iglesias y torres como san Fernando o La Magdalena (del Pilar apenas una vista de los picos de sus torres o de un rincón de su plaza), o la singular atmósfera de la plaza de san Bruno; teatros como el romano o el Principal; lugares mágicos o históricos, rincones inesperados, o la casa del Heraldo donde viviera Buñuel. O fábricas legendarias, como la de La Zaragozana, el mito de los Escoriaza, la droga Alfonso y la Adriática, La Equitativa, Caixaforum, El Pequeño Catalán o un anuncio de Coca-Cola; viejos cines y teatros como el Elíseos y el Fleta, ambos denunciando olvidos culpables, y El Plata, mito y leyenda. También hermosas historias de amor, poemas, monólogos de estudiantes imaginarios.

Son evocados muchos amigos, en el entorno de Víctor Bailo, de casa Emilio o del mismo Antón, que tanto los quiere: pintores y escritores, bibliófilos. Hay personajes imaginarios que hablan de sus vidas como maletillas, leones que hablan…

Como escribe Agustín Sánchez Vidal en el prólogo, “esta alfombra mágica es de doble trenzado. Las imágenes de Andrés Ferrer conducen hasta parajes a veces familiares, otras desatendidos e insólitos. Y los textos de Antón Castro, tras referencias perfectamente reconocibles, tampoco tardan en internarse en los territorios más neblinosos de la memoria y la leyenda”.

En el Palacio de la Aljafería, sede de las Cortes de Aragón donde se presentó, puede verse hasta el próximo 12 de junio una exposición de 25 de esas fotografías acompañadas de textos literarios.

25/06/2016 08:45 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

ÁNGEL GUINDA, EN EL CENTRO CÍVICO RÍO EBRO DEL ACTUR

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ANTOLOGÍA ESENCIAL DE ÁNGEL GUINDA


[Una pequeña antología de los mejores, o de los más conocidos, poemas de Ángel Guinda, Premio de las Letras Aragonesas 2010. Esta tarde, a las 19.00, en el Centro Cívico Rio Ebro de Actur, dentro del ciclo ’Poetas con calle’, conversaré con él y leeremos algunos textos. la foto es de Enrique Cidoncha, colaborador habitual de 'Heraldo'.]

 

 

SER JOVEN

Ser joven
era abrazar la noche en llamas
hasta el amanecer,
tomar las curvas rectas
como quien tiene prisa por llegar a sí mismo.
Ser joven
era atropellar la vida,
un ejercicio de funambulismo.
Estrellarse contra el azul del cielo,
contra el aire, contra la realidad.
A veces, ser joven
era un deseo temerario de envejecer,
como quien echa un pulso al tiempo
y sólo arriesga el instante de una detonación.
Ser joven fue,
y no volverá a serlo nunca más.

(de Conocimiento del medio)

LO MEJOR DE LA VIDA

No fue olvidar que estábamos viviéndola
lo mejor de la vida.
Lo mejor de la vida vino después,
cuando supimos
que no habría otra oportunidad para vivirla;
y cada trago que de ella bebimos
lo apuramos al máximo, buscando
más allá de los posos nuestro fondo.

EN RESPUESTA A UNA JOVEN

Con el paso de los años la paleta de Goya se vuelve más oscura.

Con el paso de los años uno comienza a arrojar lastre: pierde altura,
oído, pelo, memoria, ímpetu y hasta las ganas de salir de viaje.

Con el paso de los años te haces menos suspicaz a todos y a casi todo,
nada te escandaliza, no esperas ningún milagro y sospechas que tú también morirás.

Con el paso de los años tienes cada vez menos sueño, más manías,
más decepciones y miedos.

Con el paso de los años todo se deteriora: el mundo se viene abajo.

Mas no te preocupes, esto sólo sucede con el paso de los años.


(de La llegada del mal tiempo)

AUTOBIOGRAFÍA

Si mi vida no es esto
¿Qué será la vida?
Martín Adán

Me preguntas por mi vida a bocajarro.
¿Qué puedo responder? ¿Con qué y de qué modo?
Lo que sé de mi vida lo borra cuanto no sé de ella:
las palabras no alcanzan, los recuerdos confunden.
Mi vida es lo que he hecho,
he deshecho, he dejado de hacer.
Para saber de mi vida piensa en la muerte;
piensa en ti que estás viva y has de sobrevivirme.
No sé si tendré tiempo
para vivir lo no vivido, para matar lo que viví,
para vivir la muerte antes de que me muera.
Mi vida recibe instrucciones de otras vidas
anteriores a mí, a las que sirvo
como fiel sucesor, y en mí reviven
–no tengo ojos sino para lo que no veo.
Mi vida es una noche que a la luz no se adapta,
un astro fugitivo extraviado en la tierra;
es también la palabra que aún no me encontró,
el mensaje misterioso que no descifraré.
Aunque mi verdadera vida tal vez se inventará.


(de La llegada del mal tiempo)

*

De niño yo veía en Zaragoza rinocerontes con cabeza de hombre, hombres con cabeza de pistola, hombres con cabeza de falo, hombres con cabeza de copón, hombres con cabeza de mardano, con cabeza de buey, de jíbaro; hombres cabezones, cabezudos, hombres con la cabeza en los pies. Ovejas con cabeza de mujer, mujeres con cabeza de cuna, mujeres con cabeza de cierva, mujeres con cabeza de fogón, mujeres con cabeza de basílica, con cabeza de virgen, de holocausto; mujeres con cabeza de piedad, mujeres con la cabeza entre las manos. Manadas de mujeres y de hombres con cabeza sin ojos, boca, orejas, nariz. Hombres y mujeres sin cabeza. Y cabezas rodando por las calles.

(de Espectral)

***

ESCRIBIR

Si me quitan la palabra escribiré con el silencio.
Si me quitan la luz escribiré en tinieblas.
Si pierdo la memoria me inventaré otro olvido.
Si detienen el sol, las nubes, los planetas,
me pondré a girar.
Si acallan la música cantaré sin voz.
Si queman el papel, si se secan las tintas,
si estallan las pantallas de los ordenadores,
si derriban las tapias, escribiré en mi aliento.
Si apagan el fuego que me ilumina
escribiré en el humo.
Y cuando el humo no exista
escribiré en las miradas que nazcan sin mis ojos.
Si me quitan la vida escribiré con la muerte.

***

NUEVO ORDEN

Urge cambiar el desorden del mundo.
Se declara el estado de crisis permanente.
Desde ahora los niños nacerán con vivienda.
Toda la población es emigrante.
La sociedad prioriza al individuo.
Se legalizan las drogas naturales.
Se subvenciona la solidaridad.
Se concede a los jóvenes pensión devolutiva.
Los ancianos serán privilegiados.
La vida se proclama asignatura.
La muerte recupera valor espiritual.
Se restringe el presupuesto de defensa.
Fronteras franqueables hasta su desaparición.
Si la fidelidad daña la salud mental,
se desbloquea la fórmula pareja.
El ejercicio del Poder se renueva anualmente.
Se habilitan las islas eclesiásticas.
Se suprime el consumo más superfluo.
Se debe trabajar para vivir.
Nadie viva para trabajar.
Se permite soñar con otra realidad.
Etcétera, etcétera, etcétera.


(de Poemas para los demás)

***


UN HOMBRE FELIZ

Fue feliz compartiendo
los cantos y las risas,
la pobreza, el dolor.
Retozando en la escarcha,
comiendo y bien bebiendo.
Alegre a pleno sol,
solo en el descampado
o entre la muchedumbre.
Fue feliz de estar vivo
y afrontar las desgracias
ajenas como propias,
sereno o agitado;
liviano haciendo el muerto
sobre la piel del mar.
Fue feliz desterrado
de la realidad.
Feliz bajo la noche
coronada de lámparas,
en batallas de amor
que hacen temblar las sábanas.
Fue feliz derribando
murallones de lágrimas,
hablando con los astros,
escuchando a la muerte.
No descarta
ser feliz bajo tierra
mientras sigue la vida.

(de Catedral de la Noche)

24/06/2016 11:06 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

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