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DE CÓMO SE GESTÓ MACONDO

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[Este artículo se ha colgado en Heraldo.es. Se puede leer aquí:

http://www.heraldo.es/noticias/ocio_cultura/cultura/2014/04/18/de_como_gesto_macondo_283086_308.html

De cómo se gestó Macondo

 

Antón CASTRO

Gabriel García Márquez ha sido el escritor del deslumbramiento. Él siempre rechazó la palabra fantasía: preferiría el término imaginación y asumió que practicaba eso tan manido del realismo mágico, que es uno de los sintagmas más constantes que acompañó al ‘boom’, tan hermosamente desglosado por Luis Harss en ‘Los nuestros’ y por Andrés Amorós en su ‘Introducción a la literatura hispanoamericana actual’. El realismo mágico era algo que practicaban también Alejo Carpentier, Jorge Luis Borges, el propio Cortázar o Juan Rulfo. Pero García Márquez, en el fondo, creía en la energía de la realidad: las mejores historias, las más inverosímiles y las más extraordinarias, incluida la cola de cerdo de algunos personajes, eran reales. O la obsesión por comer tiza de otros. O el hecho se elevarse por los aires en una sábana como le ocurría a Remedios la Bella, que está basado en un suceso borroso de su niñez.

García Márquez vivió una existencia muy literaria. Como hijo del telegrafista, con sus abuelos, como aprendiz de escritor en las redacciones de los periódicos, en los cuartuchos que le dejaban las prostitutas con las que no se ocupaba. Fue un devorador de experiencias y de lecturas, pronto descubrió a Kafka –amigo de los inicios intensos, el día que leyó: “Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa apareció convertido en un insecto”, pensó que si se podía escribir así, eso es lo que él querría ser: escritor-, a William Faulkner, a John Dos Passos o a Virginia Woolf, y poco a poco, labró su carrera. Tenía claro su mundo: un mundo que tendía puentes a la magia, a lo recóndito, a las maravillas de la real, a la tragedia; un mundo que tendía sus redes hacia la fabulación y hacia su memoria y también hacia la historia de su país y de Latinoamérica. Ese mundo, un espejo del universo en todas sus direcciones, fue Macondo. Así, haciéndose día a día, equivocándose a menudo (como le sucedió, pongamos por caso, al analizar la película ‘Johnny Guitar’ de Nicholas Ray), ordenó su territorio y empezó a bosquejarlo poco a poco.

Daba pasos hacia él, buscaba personajes, tejía intuiciones, atmósferas, estados de ánimo. Dio zancadas sólidas como ‘Relato de un náufrago’, una obra magistral de la crónica o del nuevo periodismo antes del nuevo periodismo, o ‘El coronel no tiene quien le escriba’, y acertó en algunos cuentos concisos y secos, hermosos y telúricos, como ‘Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo’, que tiene algo de auroral, ‘La siesta del martes’, ‘La prodigiosa tarde de Baltazar’ o ‘La viuda de Montiel’.

Sin renunciar jamás al periodismo, sin renunciar al compromiso, en dieciocho meses, enclaustrado con sus fantasmas y con un lenguaje exuberante y sensual, envolvente como un plenilunio de olores y sabores, de tormentas tropicales y de desmesuras controladas, redactó ‘Cien años de soledad’, que es uno de esos libros asombrosos, cíclicos y armónicos, donde todo funciona a la perfección: el arte de contar, la imaginación libérrima, los meandros de la memoria, el desparrame incesante del mito, la arquitectura del libro con sus simetrías, sus desafueros y sus reiteraciones calculadas. En ese libro, preñado de hechizos, García Márquez lo metió todo: el amor, la obsesión, los celos, la locura, la muerte, el tiempo y sus espejismos, la guerra, y esa energía indomable y oscura que es la soledad. Y no solo esto: incorporó la melancolía, una ternura de cal y nardo, y metió la historia del país. La historia de Latinoamérica.

García Márquez es mucho más que ‘Cien años de soledad’: es ‘Crónica de una muerte anunciada’, ‘El amor en los tiempos del cólera’, ‘Doce cuentos peregrinos’, ‘El otoño del patriarca’... Es un estilo, una poética, una vocación de embelesar, de seducir. La facilidad de contar y contar hasta que se agotan las horas. Dijo una vez: “El oficio de escritor es tal vez el único que se hace más difícil a medida que más se practica”. Siempre fue exigente. Tras el Nobel renunció a cualquier otro galardón y, a pesar de su específica complicidad o connivencia con Fidel Castro u otros poderosos, siempre estuvo con los de abajo. En sus ficciones, en su compromiso ciudadano, en su pasión por el periodismo y el cine, en su amor a la poesía (le fascinó la poesía popular española compilada por José Manuel Blecua) y en su relación con Latinoamérica, de la que dijo que era “el primer productor natural de imaginación creadora”. Se ha ido un poeta, un profeta, un alquimista de las imágenes: un narrador que parecía reinventar la creación palabra a palabra. Renovaba el mundo a golpe de lenguaje porque amaba la vida y sus latitudes por encima de todo. Ahora, por el inmortal Macondo, avanza un silencio perfecto.

18/04/2014 14:29 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'HILO DE ORO': ELOY SÁNCHEZ ROSILLO

Eloy Sánchez Rosillo, en 2010. Foto: JB.

Desde hace algunos años me gusta mucho el poeta Eloy Sánchez Rosillo. Cátedra, en su colección de Letras Hispánicas, acaba de publicar ‘Hilo de oro. Antología poética, 1974-2011’, casi cuarenta años de poesía en edición de José Luis Morante. Es un libro muy recomendable de un poeta de la transparencia, del amor a la naturaleza, a la vida, de amor al amor y a la memoria, a las pequeñas cosas, un poeta de los pájaros, de los seres minúsculos. Se dice, en la contraportada del voluemn que “Las entregas de madurez aportan un vitalismo sosegado y la reflexión sobre los ciclos naturales de una realidad diáfana”. Copio aquí cuatro poemas que me gustan mucho: ‘Primer amor’, ‘Epitafio’, ‘Miro pasar las nubes’ y ‘Una muchacha’.

 

PRIMER AMOR

 

Abro el balcón, y miro. En los balcones

de la casa de enfrente el sol de junio

juega con los geranios.

Me saluda

desde allí una muchacha: alza la mano,

me hace señas, sonríe, y es más bella

que el fulgor del verano.

Los minutos

se aquietan en el cielo y acaece

mucha luz. Se diría

que un raro sortilegio ha detenido

el tiempo esta mañana.

Pero cierro

un instante los ojos, y al abrirlos

nada queda: ni casa, ni muchacha,

ni balcones con sol. De todo aquello

hace ya veinte años

 

EPITAFIO

Detened, caminantes, vuestros pasos.

Sabed que aquí reposa alguien que amara mucho

La hermosura del mundo: los árboles, los libros,

La música, el verano, las muchachas.

No preguntéis quién fue, ni desde cuándo

Es ya silencio, olvido de las cosas.

En la tierra que cubre sus despojos

Plácidamente descansad un rato.

Y proseguid después vuestro camino

Bajo el propicio sol que en su noche os desea.

 

 

MIRO PASAR LAS NUBES

¿Qué fue de aquel muchacho que yo fui,

de los días aquellos en que era

cierto o posible todo y toda cosa

se encontraba al alcance de mi mano?

Miro pasar las nubes que la tarde

va moviendo en el cielo. En apariencia,

nada ha cambiado, pero qué distinto

me descubro a mí mismo si contemplo

en el espejo del papel al hombre

que ahora intenta escribir este poema.

Pasan las nubes; pasa el tiempo; pasa

la luz gris del invierno por el cuarto

en el que escribo a solas. A lo lejos,

se oye el rumor del mundo. Late, aquí,

la realidad en silencio. Se diría

que es todo igual, más todo es diferente.

Y difícil. Y extraño. Ya no tengo

la juventud que tuve —o que soñé

que tuve—, aquella fe que mantenía

mi vida en vilo: tantas ilusiones.

Y muy despacio —y a la fuerza— aprendo

a ser el que ahora soy, a ir olvidándome

de lo que fuera mío y la corriente

del tiempo que me ha quitado.

Busco un poco

de paz, y, en esta nada, puedo acaso

decir que soy casi feliz. No pienso.

Acepto. Y vivo.

Pero a veces aún,

cuando miro las nubes que la tarde

va moviendo en el cielo lentamente,

me acuerdo de los días en que era

cierto o posible todo y toda cosa

se encontraba al alcance de mi mano.

Y me pregunto con melancolía

qué fue de aquel muchacho que yo fui.

 

UNA MUCHACHA

Ha salido, tal vez, de su casa hace un rato.

No va a ninguna parte. Da gusto, en primavera,

pasear a estar horas sin rumbo, mientras cae

la tarde lentamente y vuelan los vencejos

en la luz que declina. Ha estado en un jardín;

pasó por una plaza y por una alameda.

Tiene ganas de andar. Ahora, el azar la trae,

despacio, hasta mi calle. Yo, aburrido, me asomo

a un balcón de mi casa, y, al mirar hacia abajo,

la veo venir. Tendrá veinte años apenas.

Camina con la gracia que regala la vida

a quien es bello y joven: gloria, breve del cuerpo;

milagro de lo efímero, que cifra en su relámpago

visos de eternidad. Ajena a mi mirada,

se va acercando. El oro del sol último brilla

en su piel, en sus ojos, en el dulce desorden

oscuro de su pelo. En este instante, cruza

de una acera a la otra. No sabe que la observo,

que su fugaz presencia me hace feliz. Ahora,

pasará por la puerta de la casa en que vivo.

Ya llega. Ya ha pasado. Y sigue. Y va alejándose.

Dentro de unos momentos doblará aquella esquina.

 

 

-Primera foto: Charlize Teron. La tomo de aquí

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-Segunda foto: la tomo de aquí

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-Tercera foto:

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-Cuarta foto, Isabeli Fontana: la tomo de aquí

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-Quinta foto: Natalia Vodianova: la tomo de aquí

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La foto de Eloy Sánchez Rosillo la tomo de aquí:

http://1.bp.blogspot.com/_PSCzAac8t3o/TLlLkwxuepI/AAAAAAAABW8/f9PqluQJMnc/s400/Eloy+081d.jpg

17/04/2014 21:19 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EL BARCELONA LO PIERDE CASI TODO

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Hace tiempo que se hablaba del fin de un ciclo. El del Fútbol Club Barcelona ha durado exactamente seis campañas: cuatro con Guardiola y creo que catorce títulos, una con Tito Vilanova y varios títulos más y esta con Gerardo Martino, al menos un título: la Supercopa. Hoy el equipo perdió claramente, aunque solo fuese por un gol de diferencia y tuviese el empate en la bota de Neymar, pero los síntomas son claros. Es un equipo un poco a la deriva, mal planificado, que carece de defensas sólidos, de un par de recambios de garantía en el centro del campo y, además, en los últimos partidos claves –Atlético de Madrid en la Champions, el Granada en la Liga y anoche-, ha tenido la ausencia, la indiferencia o el absentismo, de Messi y la incomparecencia de Neymar.  Ha sido un equipo que ha bordado el fútbol, que creó una forma nueva de jugar y que tenido tardes y noches maravillosas. Xavi ha tocado fondo, y quizá ni esté para ir al Mundial, Iniesta está falto de frescura y de condición física, Alba anda renqueante, Cesc lleva meses irreconocible... El Real Madrid ha hecho un buen partido, posee una condición física muy superior y una defensa mucho más equilibrada y segura. Sinceramente he disfrutado muchísimo estos años con el fútbol del Barcelona. Mil gracias y, a la vez, sospecho que esta noche hemos dicho, por un tiempo al menos, adiós a todo eso... Quizá resulte simbólico que el autor del único gol catalán –los del Madrid los marcaron Di María, en un estado de forma increíble, y Bale, un ciclón egoísta y un poco empecinado- haya sido de Marc Bartra, al vemos en la foto de Alberto Estévez de Efe. Parece claro que él forme parte del futuro.

17/04/2014 01:33 Antón Castro Enlace permanente. Deportistas No hay comentarios. Comentar.

MUJERES DE PATRICK DEMARCHELIER

Eloy Fernández Clemente, historiador en Galicia estos días. me pide que no me olvide de los hermosos retratos de mujer de algunos grandes fotógrafos. Le gusta mucho encontrarlos por aquí. De lo contrario le entra la pereza y la melancolía, y se olvida del blog. Para él y para los visitantes, algunos retratos del gran Patrick Demarchelier (El Havre, Francia, 1943): maestro del retrato y de la moda. Y de la belleza, especialmente la femenina. Es un auténtico especialista.

De estos dominios de internet he tomado las fotos.

- De Uma Thurman. http://filmmakeriq.com/wp-content/uploads/2013/01/Uma-Thurman-by-Patrick-Demarchelier.jpg

-De Linda Evangelista: http://www.gosee.de/images/content/1075.jpg

-De Cindy Crawford: http://dudana.kvirispalitra.ge/wp-content/uploads/2011/01/66.jpg

-La bailarina:http://2.bp.blogspot.com/-E0wfRYlxHEE/UG-Xj54Z8KI/AAAAAAAAEZg/xyp6fxftHS0/s1600/Patrick+Demarchelier1.jpg

FERNANDO SANMARTÍN: UN DIÁLOGO

LITERATURA. FERNANDO SANMARTÍN. Nacido en Zaragoza en 1959, publica ‘Notas sobre Zaragoza del capitán Marlow’ (Xordica).

 

“La poesía está en mi escritura y es

una de sus señas de identidad”

 

“Alejarse de lo que uno ama produce dolor”

 

¿Qué ocurre cuándo se escribe de noche?

La noche es más íntima que el día, mucho más, y eso lo refleja la escritura. La noche también te empuja a la transparencia y fortalece, como algún poeta ha dicho, el argumento de la mirada.

 

¿Que tiene la escritura de recreación, de evocación, de llamada a los fantasmas, de captura de climas?

Todo eso está en las páginas de este libro. Y en su comienzo se dice: la escritura es una convicción y la cita con uno mismo.

 

“Tengo miedo de no estar a la altura de mis amigos escritores. Y por eso escribo libros menudos con la sinceridad como única sintaxis”. ¿No será falsa modestia o petición de indulgencia?

Hay amigos míos que son grandes escritores, tipos con enorme talento. Espero que algo se me vaya pegando. Si no, malo. Hay seres que nos hacen mejor: con ellos hay que estar.

 

“Zaragoza es el argumento de estas páginas”. ¿Cómo es el cuento o la novela de Zaragoza?

Todos hemos sido algo que ya no somos. Y eso le ocurre a una ciudad. Este libro lo refleja. También contiene un viaje novelado y el hecho de que ella, la ciudad, como diría Peter Handke, es un ser lleno de preguntas.

 

¿En qué medida este libro es o quiere ser una topografía sentimental de Zaragoza?

El contenido sentimental está presente. De niño, me impactaba ver las bombas dentro del Pilar o escuchar leyendas sobre el pozo de San Lázaro. Alguien me contó que ese pozo, a través del centro de la tierra, comunicaba con el Índico. De ahí el riesgo que asumían los submarinistas al descender a sus profundidades. ¡Fabuloso! De esa topografía sentimental forma parte el Parque Grande (hoy parque José Antonio Labordeta), que fue circuito de motos en el que Ángel Nieto compitió; y las terrazas de la plaza de San Francisco, el café de Levante, Casa Emilio, la pastelería Fantova, los hermosos bulevares de la ciudad…

 

¿Existe algún vínculo entre Joseph Conrad y Zaragoza?

No existe ningún vínculo entre Conrad y Zaragoza. Pero Marlow es el personaje de Conrad en libros como ‘El corazón de las tinieblas’. Y ese personaje es un narrador dentro de la narración, que observa y explica. Lo utilizo para dar nombre al libro, como homenaje a Joseph Conrad, a su literatura, al viaje por el interior de la ciudad.

 

Son muy bonitas las líneas que le dedica a su padre: su diccionario de inglés, una borrachera, las noches en la Base Americana, su temprana muerte...

Mi padre es la gran ausencia de mi vida. Su muerte prematura lo desordenó todo. Hace poco estuve en Tetuán sólo porque él vivió allí. Y me fotografié donde él se había fotografiado en los años 50. No sé si eso es bueno o malo. En todo caso, se trata de problemas no resueltos dentro de mi cabeza y que no lograré resolver nunca.

 

¿Qué le gustan más los taxis, las piscinas o el perfume de algunas mujeres?

El perfume de algunas mujeres, sin duda. En ese perfume hay otra escritura.

 

¿El amor más perfecto es el soñado? Pienso en la joven Esperanza, que tiene algo de primer amor...

Lo digo en el libro: de jovencito, el instinto básico de poeta, con algunas chicas, se convertía en el instinto de un peón caminero. Y ese personaje, la joven Esperanza, es hoy una mujer elegantísima, excelente profesional del Derecho y jugadora de golf. Me enamoré en silencio de una de sus amigas. Yo tenía veinte años y unas copas de coñac tuvieron algo que ver con aquello. Jamás volví a tomar coñac.

 

“Nunca me ha sentado mal una cena en casa Emilio”, escribe. ¿Es un elogio de su gastronomía o quiere decir otra cosa?

Casa Emilio es ya un lugar mítico, lleno de karma como dice ese gran pintor que es Jorge Gay. Casa Emilio pasará a la posteridad. No tengo ninguna duda. Escritores, músicos, actrices, pintores, libreros, cineastas… coleccionan momentos muy felices vividos allí. Y ojo, hacen una fritada, entre otras cosas, espléndida.

 

¿Qué importancia tiene la poesía en su escritura?

Hay que tener cuidado. La poesía puede ser un lastre en la creación narrativa. Y lo peor que hay es una prosa azucarada. Reconozco, eso sí, que la poesía está en mi escritura y es una de sus señas de identidad.

 

Hay una vena más o menos fantástica y humorística en el libro. Suena un teléfono y habla Habermas; en otro lugar, también habla Baudelaire, en otro lugar te siente a Mallarmé en Zaragoza...

El humor y también el afecto por algunas personas salen con más facilidad en mis libros que en lo cotidiano. Tengo que profundizar en esto para saber por qué.

 

 ¿Qué libros y autores le han acompañado durante la escritura?

Cuando escribo, mi vida como lector continúa su curso normal. Durante la escritura de este libro, recuerdo haber leído algunos títulos que valen la pena: ‘Tiempo de vida’, de Giralt Torrente; los ‘Diarios’ de Iñaki Uriarte; ‘En medio de todo’, de Julio José Ordovás, un autor que pronto publica nueva novela en la editorial Anagrama. También leí las ‘Cartas desde Rusia’, de Juan Valera, porque aquel verano yo me iba a Helsinki y después a San Petersburgo. En esas cartas, y lo recojo en mi libro, cuenta Valera, antes de encontrarse en Rusia con el literato Sobolevski, que cantaba la jota, hay una afirmación que escucha: la defensa de Sebastopol solo fue comparable a la de Zaragoza.

 

Se va a Sitges y dice: “Escucho el mar y pienso que si no pudiera volver a mi ciudad el dolor me volvería loco”. ¿Es verdad?

Amo profundamente Zaragoza. Y sé que alguien, al escuchar o leer esta afirmación, dirá: « ¡qué tío más gilipollas!». Eso me da igual. Mi respuesta es sencilla: lo gilipollas es hacer una despedida de soltero en un puticlú, o ser chulito por ir en yate. En todo caso, para responder bien a la pregunta, alejarse de lo que uno ama produce dolor.   

 

*La foto de Fernando Sanmartín es de Columna Villarroya.

 

ANTONIO LUCAS, HOY, EN CÁLAMO

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Hoy sábado 12, a la una del mediodía, en la librería Cálamo, Antonio Lucas presentará su nuevo poemario, ’Los desengaños’ (Visor), con el que ha ganado el Premio Loewe de poesía. Se trata de un libro personalísimo que transcurre entre dos polos: los ecos y el dolor de una ruptura sentimental, y todo el laberinto de hojarasca y huellas que deja tras de sí la pasión y la pérdida, y la crisis que nace del estupor ante las circunstancias sociales del instante. El libro explora la decepción, la derrota y el rearme de ilusiones, y lo hace con un lenguaje poderoso, rico y variado, pleno de intensidad, de búsqueda, de metáforas y de aciertos expresivos. El libro lo presentará Manuel Vilas. Uno de mis poemas favoritos del libro es ’Rilke’, un poema en prosa, que gentilmente me envía Antonio, y recupero otro que ya había publicado antes: ’Fuera de sitio’. En las fotos, Antonio Lucas, por Begoña Rivas, y Rainer María Rilke.

DE ’LOS DESENGAÑOS’ (VISOR)

RILKE

Imaginaos la vida como si fuera esto. Exactamente lo que veis y lo que os duele. La misma sombra muda en cada hombre. El hielo. El fulgor de un sueño y su quebranto. El abrir los ojos y educarlos (sin pasión) a no entenderlo todo. Jamás darle a las cosas su significado exacto. Asumir desde el origen ya la muerte. La belleza con que ésta se disculpa. Sólo así la soledad cumple su ciclo y es un alto don irrenunciable. Mi soledad y yo. El color de mi orina. Las rosas feroces. Los deseos. Despertar en la noche con la infancia anegada bajo el portal del párpado y sentir que lo terrible es un momento entre dos nombres. Que todo éxtasis es un desván a destiempo del mundo. Es un rumor de flor que no se pudre. Yo quise escribir con el ansia del que llega a existir demasiado tarde. Escribir por no lastimarme. Por ser transparente. Anticipar mi extrañeza y después confirmarme en ella. Yo, Rainer María Rilke, mitad miseria, mitad maravilla. No saber vivir más allá de mí mismo: ése fue mi triunfo. 

FUERA DE SITIO

Imagina que el tiempo sólo es lo que amas:
unas pocas palabras, unos seres exactos,
unas horas muy lisas, una playa (quizá)
donde el daño no acecha.

Imagina la vida como no lo es ahora,
no quiero decir como algo perfecto, 
sino un resplandor, cierto abril de muy lejos,
un tributo al azar sin otro destino
que el confín fugitivo de un eco sin rostro. 
Y después cualquier cosa. 

Con qué precisión va la edad hilvanando el espino.
Y qué extraña la urgencia de ir en pie hasta la ola,
celebrar lentamente que aniquile mi huella,
mi escritura de hombre, mi certeza de surco,
ser la alta misión de lo que nunca concluye
como no cierra el mar su recado en la orilla.

Pero no es estar quieto la razón ni la meta,
sino un querer más pequeño, una conquista más clara:
ver la vida llegar de su noche a tu noche
en un cuerpo ajeno,
pronunciar su silencio,
abrazar su alambrada,
desear su vacío,
delirar sin camino, sin mapa, sin fuego,
hasta el tiempo sin tiempo
del país que no haremos.

 

*La foto de Antonio Lucas pertenece a Begoña Rivas, fotógrafa de 'El Mundo'.

12/04/2014 08:08 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

TUCO REQUENA, HOY, EN ARBOLÉ

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TUCO REQUENA, ESTA NOCHE EN ARBOLÉ, CON 'IMPERFECTO'


[Esta tarde del viernes, a las 21 horas, en el Teatro Arbolé, Tuco Requena presenta su nuevo disco, 'Imperfecto', que ha editado con gusto y con mucha profesionalidad en un USB, en un pendrive. Es un disco más sereno, con sus ecos habituales de rumba, menos humorístico que otros pero igualmente entrañable y hermoso. He conversado con Tuco y me cuenta que esta es una de sus intenciones:]
"Con la música busco expresarme, dar salida al ego que llevo dentro y sobre todo divertirme. La melodía me parece mágica porque posee el don de la conexión con la gente. El Pop es el género que mejor lo ha entendido. Una bonita melodía es una herramienta de conexión brutal con el receptor y conseguir eso tiene muchísimo mérito porque es hacer casi magia. Esto, algunos no lo entienden, pero es una realidad aunque no guste. Por otra parte, con las letras busco que la gente piense, que se haga preguntas. Es la única manera de intentar alimentar el espíritu y de contribuir a no crear zombies culturales".

11/04/2014 19:25 Antón Castro Enlace permanente. Músicos No hay comentarios. Comentar.

JOAQUÍN BERGES: UNA ENTREVISTA

[El pasado lunes, en el Teatro Principal y en compañía de Eva Pérez Sorribes, jefa de contenidos de Radio Zaragoza-Cadena Ser, Joaquín Berges (Zaragoza, 1965), presentaba su cuarta novela: ’La línea invisible del horizonte’. Hablamos de esta novela protagonizada por el médico Javier, que huye de su pasado, y por Marina, que también huye de algo y juega al guiñote. He aquí las notas de la entrevista por completo.]

 

-¿Qué le debe ‘La línea invisible del horizonte’ a ‘Un estado del malestar’? Lo digo porque los dos protagonistas están en crisis, desubicados, huyen de sí mismos y de los demás...

Ambas novelas fueron escritas consecutivamente y comparten la insatisfacción inicial de sus respectivos protagonistas, es cierto, pero cada uno de ellos se las ingenia de una manera diferente para escapar de su vida rutinaria. Uno se pierde en el colorido mundo de un mercadillo. El otro busca refugio en la madre naturaleza, concretamente en un pueblo del Pirineo.

 

-Al principio, cuando sucede el accidente que da lugar a la acción, la aparición de ese jabalí que le destroza al coche al protagonista, parece que vamos a asistir a una novela de humor... Pero vemos que no... ¿Has querido escribir una comedia o un drama?

Es que, en realidad, no hay tanta diferencia entre ambos géneros. Mis dos novelas anteriores eran comedias pero había en ellas una fuerte carga dramática. Esta vez no he escrito una comedia, pero tampoco he evitado que aparezca el humor en muchas ocasiones, quizá porque en realidad tanto el humor como el drama son inevitables. Y no estoy hablando sólo de novelas.

 

-Es decisivo en la acción el guiñote: Javier se queda en Sinia, casi sin habérselo pensado, para competir a las cartas... ¿Por qué te ha parecido interesante el juego?

El juego es un simulacro de la vida. Una actividad que nos permite experimentar, ganar, perder, conquistar y ser conquistados, pero sin correr ningún riesgo. Era fundamental que la novela comenzara así, como un juego. Es eso lo que le planteo al lector en cierto modo. "¿Quieres jugar conmigo?". Y puestos a elegir un juego ninguno me pareció tan genuinamente aragonés como el guiñote.

 

-¿Qué podemos decir de Javier, neurólogo, viudo reciente, fugitivo? ¿Qué es lo que te interesaba de un personaje como él?

Javier se refugia en las montañas huyendo de sus remordimientos. Durante los nueve días que pasa en las montañas comprenderá que, en realidad, los seres humanos formamos parte de la naturaleza y nos regimos por instintos ancestrales, exactamente igual que el resto de los seres vivos. Hay veces que, confundidos por un entorno de asfalto y hormigón, entre ondas electromagnéticas que nos conectan con los demás, olvidamos lo que verdaderamente somos.

 

-El otro personaje clave es Marina. ¿Existen mujeres así en la montaña, suficientes, seguras de sí mismas y en el fondo tan lúcidas y maternales?

 Marina aparenta ser una mujer segura de sí misma porque vive en un entorno mayoritariamente masculino, rodeada de ganaderos y cazadores de las montañas, pero ella en realidad es una mujer delicada y maternal que vive pendiente de los demás vecinos de Sinia. En palabras de Javier, Marina es un pequeño iceberg que oculta bajo el agua la mayor parte de lo que es.

 

-Hay un momento en que un personaje dice: “Estar con un mujer es lo contrario a morir”. ¿Quiere eso decir que sería esta una novela de exaltación femenina o de amor?

El amor es la base de la inmortalidad. Todos nos enamoramos para perpetuarnos, para seguir existiendo y ser inmortales, aunque solo sea desde un punto de vista genético. El amor es lo contrario de la muerte, porque desde un punto de vista antropológico la vida depende por entero del amor.

 

-Parece claro que el libro es un elogio de la naturaleza y a la vez del regreso a los orígenes. ¿Qué le debes tú a la montaña, qué le deben los personajes?

El Pirineo de Huesca me ha proporcionado mucha paz interior y ha sabido transmitirme la serenidad de sus paisajes y sus pueblos. Lo visito muy a menudo e incluso confieso que me encantaría vivir allí durante todo el año. Es un paraíso, un lujo natural a nuestro alcance. Monte Perdido, por ejemplo, es el macizo calcáreo más alto de Europa. Nada menos. De alguna manera estaba en deuda con esas montañas y les debía un pequeño homenaje en forma de novela.

 

-El otro día me hablabas de la memoria ancestral en relación al paisaje. ¿Qué quieres decir?

Nuestro cerebro de homo sapiens es muy antiguo. Apenas ha cambiado en los últimos 60.000 años. La mayor parte de ese tiempo ha transcurrido en contacto directo con la naturaleza, así que nuestro cerebro reconoce los escenarios naturales como propios. Por eso nos gusta tanto salir al encuentro con la naturaleza, ya sea en la montaña, el campo o el mar, algo que solemos hacer cada vez que nuestra vida urbana nos lo permite.

 

-Otro tema capital es el universo de los pantanos y los pueblos anegados. Cuando creaste Sinia, ¿en qué localidades estabas pensando?

 Los pueblos sumergidos bajo  los pantanos siempre me han cautivado. Son escenarios de la inacción y la memoria que cada año desaparecen bajo las aguas. Y cada año reaparecen al final del verano otra vez. Es un juego metafórico muy atractivo, como el del recuerdo y el olvido. Sinia no existe físicamente pero se encuentra al norte de Aínsa, en plena comarca del Sobrarbe, cerca del valle de Plan.

 

Marina no es lo que aparece. O cuando menos tiene muchos secretos y uno de ellos, el más afectuoso tal vez, es la mallata, su refugio...

 La mallata, una especie de borda muy rústica que Marina ha heredado de su familia, es el único escenario de su infancia que sigue en pie. El resto fue anegado por las aguas del pantano y ya no existe. Cuando Marina llega a su mallata recupera los recuerdos de la infancia y se convierte en una niña pequeña sin problemas, sin secretos ni culpas. Sin nada que ocultar. Pero luego, cuando regresa a Sinia, vuelve a vivir pendiente de dos pequeños misterios: un clavel blanco y una bolsa de golosinas que aparecen y desaparecen regularmente en la entrada de su casa.

 

¿En qué medida has escrito una novela sobre la culpa, la mala conciencia y los secretos inconfesables?

Todos nos sentimos culpables por algo. Mis personajes también y encuentran remedio para superar su mala conciencia en las montañas. Javier siente una especie de fervor religioso hacia las altas peñas que rodean Sinia. Las adora como un peregrino que ha llegado a su destino. Incluso llega a preguntarse si no será una consecuencia de la ley de la gravitación. Dice: "Quién sabe si la masa de una montaña no es suficiente para atraer el cuerpo de un hombre. O su espíritu."

 

En cierto modo, el protagonista queda un tanto incomunicado. ¿Es posible hoy en día extraviarse del todo?

Quizá en la ciudad sea más difícil vivir incomunicado, pero en un escenario como el Pirineo sí es posible. De hecho hay un pasaje del libro que habla de las caravanas de mujeres que fueron al valle de Plan en los años ochenta. ¿Qué fue aquella aventura inolvidable más que una batalla contra la incomunicación de todo un valle?

 

Parece claro que esta es tu novela más aragonesa, incluso en el lenguaje. ¿Por qué, has sentido una necesidad especial de trasladarte a tus paisajes, a tus raíces?

Ninguna de mis tres novelas anteriores está ubicada en un lugar concreto. Algunos lectores me han dicho que El Club de los Estrellados transcurre en Zaragoza o Vive como Puedas en Madrid. Y puede ser. O no, porque no está dicho. Esta vez he querido que la ubicación fuera en cierto modo la protagonista de la novela, por eso sitúo a Sinia en el Sobrarbe de Huesca y doto a mis personajes de un carácter aragonés que yo mismo comparto.

 

Tus personajes son siempre frágiles, especialmente los masculinos. ¿Crees que los hombres son más vulnerables que las mujeres?

 Nos han educado en clichés que vinculaban la fuerza con lo masculino y la delicadeza con lo femenino. No es una cuestión antropológica. Es una cuestión cultural. Hay hombres frágiles y mujeres fuertes. Y viceversa. Y a veces somos las dos cosas a la vez. Al principio de la novela Javier parece un hombre frágil y Marina una mujer fuerte, pero estos calificativos van cambiando conforme avanza la historia.

 

-Al final, tenemos la sensación de que ‘La línea invisible del horizonte’ es, o quiere ser, una novela psicológica: el retrato de un hombre a la deriva con rincones sombríos en el corazón y en la cabeza. ¿Es así?

Yo diría que los sentimientos de mis personajes, sus miedos y sus secretos se van reflejando a lo largo de la novela en la superficie del pantano de Sinia. Los lectores también pueden ver esos reflejos emocionales, de modo que la novela acaba siendo un intercambio de experiencias y una invitación para el perdón y la exculpación, las segundas oportunidades y la forma de conseguir la paz con uno mismo.

 

-¿En qué has cambiado a lo largo de cuatro novelas? ¿Crees que has perdido humor para volverte más grave, incluso más dramático?

Me gusta alternar las novelas deliberadamente cómicas con otros textos más emotivos, llenos de anécdotas, sentimientos y sensaciones humanas. Aspiro a tener dos voces, como por ejemplo tiene Eduardo Mendoza, a quien considero uno de mis maestros. A lo largo de estas cuatro novelas me he hecho un escritor más cercano a mis lectores. Ahora que los voy conociendo, bien sea a través de los clubs de lectura, en presentaciones de libros o por medio de las redes sociales, me doy cuenta de que ya no escribo para un público anónimo y en cierto modo virtual. Ahora escribo para ellos.

 

*He tomado esta foto de Laia Navarra de aquí:

http://2.bp.blogspot.com/-63NQrRuoI70/UyGGBacSksI/AAAAAAAASAc/0CrRFKsu6Z8/s1600/unademagiaporfavor-libro-novela-abril-2014-tusquets-La-linea-invisible-del-horizonte-Joaquin-Berges-autor.jpg

10/04/2014 00:56 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MERCEDES ABAD: LAS HERIDAS DE UNA NIÑA GORDA

 

La novelista presentó en Cálamo un libro de 10 relatos sobre la obesidad y la crueldad de los adultos: ’La niña gorda’ (Páginas de Espuma) 

ZARAGOZA. «Jamás sabremos en qué momento exacto se le ocurrió a la madre la idea de llevar a su hija a un endocrino para ponerla a dieta». Así arranca ’La niña gorda’ (Páginas de Espuma) de Mercedes Abad (Barcelona, 1961), que está basado en su propia experiencia y consta de 10 cuentos, protagonizados por la adolescente Susana Mur. «’La niña gorda’ es un exorcismo. Me marcó mucho ser obesa. Las heridas de la adolescencia y de la infancia se marcan con cuchillo, al rojo vivo, y llevamos siempre esos complejos. ¿Por qué? Los vives cuando se está configurando la personalidad, cuando construimos nuestro yo».

No es la primera vez que Mercedes Abad (Barcelona, 1961) escribe de la gordura: lo hizo en varios de sus libros y en ’El Mundo’, donde publicó una foto «de cuando estaba en mi máximo esplendor cárnico». Su madre la llevó al endocrino, que la puso a dieta y adelgazó 15 quilos en tres meses. Más tarde, participó en un intercambio con una muchacha francesa, «delgadísima, de 1,75 de altura, y allí descubrí la gastronomía francesa, en concreto las baguetes, deliciosas y crujientes, que se untaban con mantequila. Al regresar, mi madre me fue a buscar al aeropuerto y solo me dijo, horrorizada: "Pero, ¿qué has hecho? Con lo que caro que nos costó el endocrino". Volví a hacer dieta».

Los 10 relatos pueden leerse como una novela, que incluso tiene lo que Mercedes Abad llama un «cuento bisagra», más largo. Se trata de ’Las hermanas Bruch’, donde Susana Mur cambia de tono y asume la primera persona para retratar el clima de tensión y hostilidad de varias hermanas.

Los cuentos son la crónica de una evolución y del desconcierto. «La sociedad no tolera a los gordos. Vivimos en una sociedad donde los modelos están cada vez más perversamente presentes», señala. Y observa que ahora los jóvenes ya no quieren parecerse a Ava Gardner o a un actor de Hollywood, sino a «gente anónima que es pura imagen de perfumes y descapotables. O a los futbolistas. El fútbol lo ocupa, incluso los telediarios: crece como una novela río».

El libro parece constatar que los enemigos de la mujer son las propias mujeres. «Sin duda. Eso ya lo decía Coco Chanel: "Una mujer nunca se arregla para gustar a los hombres, se arregla para fastidiar a las otras mujeres". Somos las primeras en promover los valores más machistas y más despiadados hacia nosotras mismas. Rivalizamos como animales».

El otro asunto capital del volumen es «la crueldad de los adultos que son quienes te hacen sentir que no cumples exactamente sus expectativas». Y ese rechazo genera un problema de identidad, de confusión y de desdicha.

 

*La foto de Mercedes Abad, que es una mujer encantadora y simpática, la he tomado de aquí: http://img.radio.cz/pictures/r/lidi/abad_mercedes1.jpg

 

JOSÉ-CARLOS MAINER HABLA DE 'FALANGE Y LITERATURA'

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[José-Carlos Mainer Baqué (Zaragoza, 1944)publicaba a finales de año la reedición de su libro ’Falange y literatura’. Rescato aquí una larga entrevista sobre este volumen que ha sido ampliado e incluye una amplia antología.]

 


¿Cómo surgió la idea de estudiar Falange y literatura y de seleccionar los textos? ¿De qué ideas y estímulos partías?

En 1966 yo publiqué un par de artículos sobre la revista Vértice que estaba estrechamente asociada a mis lecturas adolescentes: debía de tener yo doce o catorce años cuando leía las revistas Vértice y La Ametralladora que mi padre, que fue teniente médico en el ejército franquista, había guardado y encuadernado. Por ellas tuve la primera noción elaborada de la guerra civil y, con el tiempo, había entendido la necesidad de tener otra perspectiva más crítica sobre aquellos acontecimientos. Francisco Rico leyó aquellos artículos con interés y me propuso en 1969 la elaboración de lo que en 1971 salió con el titulo de Falange y literatura (Antología). Y cuarenta años después he aceptado lo que ya me habían propuesto otros editores en varias ocasiones: revisar aquel texto y publicarlo de nuevo… El resultado ha sido que he triplicado el tamaño del volumen originario, aunque lo he escrito muy rápidamente…


¿Qué encontraste? ¿Cuál fue, un poco a vista de pájaro, claro, la relación que había entre los escritores y la Falange? ¿Crees que hay alguna diferencia en cuanto a relación de dependencia de los escritores vinculados a Falange que la de los escritores vinculados con el Partido Comunista?

 

En el fascismo, la violencia y la inmolación (y, por tanto, la guerra) son una forma de vida. La muerte es la ofrenda suprema, pero a esto precede el odio al enemigo. Y antes hay que inventarse a ese enemigo; esta es la función de los escritores fascistas que suelen hablar de su desencanto ante la vida ordinaria y vulgar, de su conversión personal o de su feliz encuentro con la solidaridad de la manada. Detrás de la entrega a los ideales está siempre la oscura pulsión de vengar algo, de destruir lo que se ve incompatible con la fe del grupo. En toda literatura militante hay algo de esto, naturalmente, y en España, buena parte de su retórica vino suministrada por el catolicismo reaccionario de principios del siglo XX. En la literatura comunista clásica se concede menos importancia a la motivación individual y abunda más la visión beatífica del futuro de una sociedad sin clases, como corresponde a una percepción más científica y absolutamente laica. Pero tan alienante es una cosa como la otra, por cierto…

¿Qué casos te han atraído más? Algunos son especialmente paradójicos: Dionisio Ridruejo, Torrente Ballester, Álvaro Cunqueiro, en cierto modo se reinventan. Pasan de un apoyo feroz a la disidencia...

 

Ridruejo es un personaje fascinante porque su disidencia se produce a través de un análisis riguroso de su propio grupo y de su clase social. Es un proceso lento, en el que nunca abandona su vocación de intervenir en la vida política. El caso de Torrente Ballester es mucho menos simpático: desembarcó de forma bastante oportunista en el falangismo y (como revelan, por ejemplo, sus cartas a Ridruejo) quiso obtener prestigio y dinero. Y a comienzos de los sesenta rompió y procedió con bastante éxito a ocultar sus huellas… Cunqueiro fue un simpatizante entusiasta (no “feroz”, por cierto) que no debió hallar muchas diferencias entre el lenguaje de un sector del galleguismo político (el de Vicente Risco) y el fascismo. Desembarcó con sus imaginaciones en la prensa falangista y muy pronto las llevó, siempre idénticas, a otros paraderos más comprensivos y digamos liberales.



El paso del tiempo y la novela de Javier Cercas le han reservado un lugar especial a Rafael Sánchez-Mazas. Con nueva perspectiva, ¿Cómo lo ves ahora, cuál es su importancia real, cómo evalúas la calidad de sus textos?

 

Es un personaje curioso, lleno de soberbia intelectual y también de rencores sociales de burgués desclasado. Y es un gran escritor, demasiado perezoso… Ya ensalzó a Mussolini, en 1922 y la tercera de ABC; fue seguramente el inventor de la restauración del yugo y las flechas ¡en 1927! cuando no existía todavía Falange; publicó en 1933 un curioso libro sobre las relaciones de España y el Vaticano, muy crítico con los puntos de vista del pontificado… Y cuando vencieron los suyos, se volvió a casa, cobró una pingüe herencia y escribió una exquisita novela sobre su infancia dorada (La vida nueva de Pedrito de Andía) y una fantasía pedagógica criptofascista (Rosa Krüger). Y es que nunca dejó de ser fascista, aunque también fue el padre de dos notorios antifranquistas, Rafael y Chicho Sánchez Ferlosio.

Entre los raros y excéntricos figura Ernesto Giménez Caballero. ¿Sería algo así como el Dalí de la literatura y de las vanguardias?

 

Giménez es inclasificable. Trabajó desde 1925 en la nacionalización de la vanguardia española y, desde 1929, en la difusión del fascismo. Como Dalí, fue histriónico por naturaleza, intuitivo y oportunista. Y sus escritos de vanguardia son excelentes, como delirantes (y a veces certeros) son sus libros más teóricos: Arte y Estado es un diagnóstico asombroso de la situación de las artes plásticas en 1935. Si hubiera muerto en la guerra o hubiera roto con el franquismo, sería un personaje de referencia obligada; lo malo es que lo sirvió fielmente hasta el final, siempre soñó ser ministro y en 1976 pidió en ABC ser enterrado en el Valle de los Caídos junto a Franco y José Antonio (seguro que no le faltaba razón…).

En los últimos años pareció entreverse un caso ’Agustín de Foxá’, al que mete en su última novela Fernando García de Cortázar. ¿Cuál es la relevancia real de su obra?

 

Foxá, como Edgar Neville (que fue un falangista de oportunidad), son seres irremediablemente simpáticos. Y egoistas y cínicos, como casi todos los simpáticos. Foxá fue falangista por anticomunismo y por aristocraticismo, rasgos que exhibió en textos muy penosos durante la guerra y poco después. Cuando acabó la contienda, cultivó cierta distancia desengañada y vio además el completo fracaso y olvido de su proyecto literario: de sus poemas melancólicos y neomodernistas, de sus novelas tan inspiradas por la prosa del último Valle-Inclán y de su teatro poético, tan extemporáneo ya. A mi me divierte mucho releerlo, pero sus entusiastas dan para poco más que un club de nostálgicos.


¿Cuáles son las novedades de esta nueva edición? ¿Qué criterios has seguido para la antología?

 

Las novedades están, sobre todo, en el prólogo: mucho más extenso y creo que más informado, menos doctrinario y más explícito a la vez (en 1971 había censura y no se podía llamar “fascismo” a Falange, por ejemplo). La antología de textos es fiel a su concepción originaria, pero ahora he incluido mucho más textos que entonces no pude incorporar, pero es revelador que casi no he cambiado los rótulos (ni la intención) de los apartados que la componen: entre todos, he intentado rastrear los elementos psicológicos de la conversión al fascismo, de la mitificación de la guerra civil, de las nostalgias de la historia imperial y también de la complacencia en ciertas fantasías o en un humor muy moderno, o en la añoranza de la vida burguesa que muchos habían conocido en sus casas.


¿Qué ha pasado en estos 40 años con este tema: se ha reivindicado, se ha esclarecido, se ha desmitificado?

 

Hubo una cierta reivindicación después de 1975 (pienso en Fernando Sánchez Dragó), que fue efímera afortunadamente, y ya entrados los años ochenta, empezaron estudios serios y sistemáticos sobre la historia del fascismo español. Todos usaban y citaban la literatura falangista pero, salvo contadas excepciones, ha habido muy pocos trabajos extensos sobre ese tema específico: el libro de Mónica y Pablo Carbajosa sobre “la corte literaria de José Antonio”, el de Mechthild Albert sobre los “vanguardistas de camisa azul”, y ahora mismo, el de Nil Santiáñez Tió, Topographies of Fascism. Habitus, Space and Writing in 20th Century Spain, que he recibido cuando ya había terminado la impresión del mio.

¿Cuáles serían los cuatro o cinco libros verdaderamente decisivos de estos autores próximos a la Falange? ¿Quién sería el autor aragonés más valioso vinculado a Falange?

 

Habría que poner de entrada un libro de Giménez Caballero, sin duda: Genio de España. Y una novela de Rafael García Serrano, La fiel infantería; el primer relato de Gonzalo Torrente, Javier Mariño, y el mejor de Foxá, Madrid, de corte a cheka. Y puede que un poemario de guerra, de José María Castroviejo, que sus herederos me han prohibido reproducir: Altura. En cuanto a los falangistas aragoneses, el más importante e influyente fue, sin duda, Pedro Laín Entralgo; como escritor de creación, el diplomático José Antonio Giménez-Arnau, fue autor de alguna novela de éxito, y en grado menor y mucho más olvidado si cabe, el poeta y funcionario Ginés de Albareda (que era hermano, por cierto, del químico y prominente miembro del Opus Dei, José María Albareda)

¿Qué pensarían del deseo de independencia de un sector de Cataluña?

 

Recuerdo en un párrafo de mi prólogo que, en las feroces campañas de los años 1931-1939, el odio de los falangistas al catalanismo (y, en algún menor grado, al vasquismo) desempeñaron, en cierto modo, el papel del antisemitismo en los fascismos centroeuropeos: la detección de un enemigo interior que odiaba la identidad común. Espero fervorosamente que no me lo lea torcidamente algún partidario de Esquerra Republicana o de Bildu y lo esgriman como antecedente; mas bien diría yo que, muy a menudo, los que buscan y hostigan a un enemigo interior son ellos.

¿En qué otros proyectos anda José-Carlos Mainer?

 

Ando terminando una Historia mínima de la literatura española [este libro ya lo ha concluido y lo ha publicado en el sello Turner], un encargo que ha resultado divertido y que no ha requerido pesquisas especiales. Sólo tiempo y muchos ejercicios de síntesis… Saldrá el año que viene y no veo más proyectos extensos en lontananza.

 

*La foto de José-Carlos Mainer es de 'La Opinión de La Coruña'.

 

 

09/04/2014 21:36 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JAVIER VÁZQUEZ Y MAR VILLAR

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Javier Vázquez es, ante todo, un hiperactivo. Le apasionan los viajes, la fotografía, el teatro (como dramaturgo y como actor) y, por supuesto, la radio. Conduce desde hace casi una década en Aragón Radio el programa vespertino ‘Escúchate’. En él ha dado muestras de su interés por las letras: ha grabado poemas y textos con la voz de los autores, ha creado premios literarios, especialmente de microrrelato en colaboración con Julio Espinosa y su Escuela de escritores, y está siempre atento a fenómenos como la literatura infantil y juvenil. De ahí que no sorprenda que también dé el salto a ese universo con un libro deliciosos, suspenso en la imaginación y en la desmesura deli berada: ‘Cuatro cuentos rusos’ (Nalvay. Ilustraciones de Mar Villar), que en realidad no son exactamente historias aisladas sino que con humor y fantasía ofrecen un hilo de continuidad. Los personajes entran y salen en todas las historias: desde esa mujer inmensamente gorda Gretzen Grotzen hasta la cocinera Feodorovna Topolinova que lleva casada catorce años con su marido Anatoli, cosmonauta, que anda por ahí dando vueltas alrededor del espacio, hasta que un día logra acercarse a la mujer con la que se había casado por poderes y le estampa uno de esos besos inolvidables. Inolvidables y largos. Y también está la rubia Monna Limoncelli, actriz y musa y organizadora de eventos, que será determinante en el cuento final, dedicado a un extravagante director de cine, Olegario Bedemille, que, de golpe, decide hacer una película convencional, cuyo título bien podría ser ‘El planeta Grotzen’. El mundo ruso, y quizá Afganesiev y sus cuentos tradicionales, es muy visible, pero también la huella de Andersen, de las ficciones de Hoffman y un universo un tanto austrohúngaro. ‘Cuatro cuentos rusos’ es, en el fondo, una pequeña novela donde todo ha sido medido, sobre todo su desbordante imaginación, la sensación de felicidad y el hilván que enlaza todas las historias, todos los personajes. Mar Villar realiza unas ilustraciones espléndidas, masas de color, estampas muy narrativas con ironía, gracia y poesía; destaca su cuidadoso sentido de la composición, la acumulación de detalles y algunos homenajes: uno a René Magritte y otro, quizá más visible, al mundo mágico de Marc Chagall, un torbellino de cromatismo y de personajes.  El volumen, para todos los públicos, contiene en códigos informáticos, la grabación de todos los cuentos por parte de Javier Vázquez.

 *La ilustración es de Gretzel Grotzen, realizada por Mar Villar.

07/04/2014 01:16 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

VICENTE VALERO Y 'LOS EXTRAÑOS'

 

[Este próximo jueves, 10 de abril, en la FNAC, se presenta el libro ‘Los extraños’ de Vicente Valero, narrador, poeta y ensayista nacido en Ibiza en 1963. El libro consta de cuatro historias vinculadas a su propia familia, a su memoria y a los recuerdos de sus parientes. Los personajes, que surgen en la niebla del tiempo, son un militar africanista, un jugador de ajedrez, un bailarín que acompañó a Antonia Mercé, la Argentinita, y un militar republicano apasionado por el naturismo y por la teosofía de Mario Roso de Luna. El libro es una pesquisa, una recuperación de vidas y de leyendas y está contado por alguien que se parece mucho al autor, de niño. El libro recorre las convulsiones del siglo y las transformaciones de la isla. Y respira también misterio, cosmopolitismo y fascinación. Son cuatro historias conectadas por el pasado familiar, el tono (muy natural y fluido) y los paisajes, y, por supuesto, por las voces de sus padres, sus abuelos, por los ecos de los cuentos que le cuentan, etc. El libro es realmente estupendo: se lee con mucho gusto, con delectación, y propone un viaje a la extrañeza, a lo desconocido y, en cierto modo, a los invisibles lazos de familia.]

 

VICENTE VALERO: Los extraños.

Presentación del libro con Julián Rodríguez, de editorial Periférica, y el autor.

Fnac Plaza España Zaragoza. Jueves, 10 de abril. 20:00 h.

 

‘Los extraños’

Ya sean desdichadas o felices, es decir, diferentes o parecidas —según la célebre definición de Tolstói—, todas las familias tienen sus extraños: aquellos individuos de quienes tal vez sólo se conserva un puñado de noticias dispersas y a los que, sin embargo, se alude con cierta frecuencia por algún enigmático suceso, por su peculiar oficio o por la fuerza misma de su singular personalidad, que los obligó a permanecer alejados del devenir corriente de la familia. Rostros, por tanto, huidizos, muchas veces en la frontera del olvido definitivo.

Para rescatarlos de esta frontera última y para saciar una antigua curiosidad —la que proviene, pura e ingenua, de los relatos inconexos escuchados durante la infancia—, el narrador reúne en este extraordinario libro a cuatro de sus extraños para intentar reconstruir, sirviéndose de los pocos recuerdos heredados pero también aventurándose en investigaciones personales (viajes, documentos, etcétera), la trayectoria vital de cada uno de ellos, sus ambiciones y fracasos, así como para determinar cuál fue el motivo principal de su extrañeza y, por tanto, de su alejamiento.

Y en esta aproximación, el narrador —tal vez el auténtico protagonista de este libro— no sólo descubre hechos y confluencias sorprendentes, sino que consigue también conocer mejor la identidad y el transcurso de una familia común, con sus olvidos y sus afectos, sus temores y sus esperanzas.

Vicente Valero

Vicente Valero nació en la isla de Ibiza en 1963. Es uno de los principales poetas de su generación y autor de seis libros de poemas: Jardín de la noche (1987), Herencia y fábula (1989), Teoría solar (1992), Vigilia en Cabo Sur (1999), Libro de los trazados (2005) y Días del bosque (2008). Por este último recibió el Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe 2007. Como prosista ha publicado el ensayo biográfico Experiencia y pobreza. Walter Benjamin en Ibiza, 1932-1933 (2001), que ha sido traducido al francés y al alemán, así como Viajeros contemporáneos (2004) y Diario de un acercamiento (2008), libros en los que confluyen la poética del viaje, la memoria personal y la reflexión artística. Se ha ocupado de la edición del libro de Juan Ramón Jiménez La estación total con las canciones de la nueva luz (1994) y de la correspondencia ibicenca de Walter Benjamin, Cartas de la época de Ibiza (2008).

 *La primera foto es del Diario de Ibiza. La segunda la tomo de aquí:

 

 http://blogs.alfaguara.com/fernandezmallo/files/2014/03/Extra%C3%B1os.jpg

05/04/2014 20:58 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DURAS: LA ESCRITURA DEL AMOR

Dos de las más grandes escritoras de las letras francesas del siglo XX se llamaron Marguerite: Marguerite de Crayencour o Yourcenar, la mujer que redactó una novela inmortal como ‘Memorias de Adriano’ (1951), y Marguerite Duras, nacida Donnadieu, que firmaría otro libro maravilloso y autobiográfico: ‘La amante’ (1984), entre otros muchos. Aunque eran como la noche y el día, a veces las confundían: por las calles, en los manuales e incluso por sus rarezas. De algún modo, las dos acabaron sus vidas vinculadas de extraña e intensa manera a dos hombres jóvenes. Yourcenar, que amaba a las mujeres y había vivido muchos años con Grace Flick, su secretaria y amante, sucumbió a una extraña pasión otoñal por un hombre más joven, Jerry Wilson, que moriría de sida, y Duras vivió casi tres lustros con Yann Andrea, un joven homosexual, que fue su confidente, su enamorado (Laure Adler lo cuenta con todo lujo de detalles en su biografía ‘Marguerite Duras’, Anagrama, 2000) y su compañero de bebida. Ambas tuvieron una infancia especialmente intensa: Yourcenar viajó, leyó y vivió bajo la fascinación de su padre, que era un ilustrado melancólico, y Duras perdió a su padre a los siete años, adoró a su esforzada madre y le perdonó alguna que otra infamia, pero conoció en Indochina (hoy Vietnam del Sur) una forma de vida exuberante y peligrosa, y coqueteó con el incesto con su hermano Paul; también tuvo otro hermano, al que detestaba y lo consideraba el malo y el perverso. Además, los Donnadieu vivían en la calle, entre charcos y aguaceros, cerca de los tigres y de las violentas mareas. Y no solo eso: Marguerite Duras, en la adolescencia, vivió una historia de amor con un hombre mayor, delicado y rico, que le adiestró en los secretos del cuerpo y del sexo y tal vez en otro concepto: la vida material, tan importante en la vida y en la obra de la autora de ‘Un dique en el Pacífico’, esa novela donde contaba sus años en Saigón, antes de marchar a estudiar a París hacia 1932. Ese hombre maduro (en comparación con ella: tenía 37 años) y silencioso dio lugar a ‘El amante’, la novela que le llevaría el premio Goncourt y la devolvería a la cima de las letras francesas, una historia que le rondaba una y otra vez, de la que daba avances, pero que finalmente fue contada con una gran energía narrativa. 

¿Por qué unimos aquí a los dos Marguerite? Quizá por capricho y por la constancia de su antagonismo, o de su escritura dispareja. Yourcenar, impregnada de sabiduría y de reflexión, ocultó sus pasiones tras la poesía, la filosofía y el viaje en el tiempo y en la historia; por ejemplo, tras ‘Fuegos’ hay un quebranto de amor que se tornó casi insoportable. Yourcenar era, en un sentido más convencional, toda una mujer de letras. Duras escribía por necesidad, por urgencia, por pulsión autodestructiva y como bálsamo inefable. Duras escribía a como a hachazos, con fogonazos de intuición y de ira.

Las dos comparten casi una fecha capital: en 1951, Yourcenar publicó ‘Memorias de Adriano’, el libro de una vida y de una obsesión, que tradujo al castellano Julio Cortázar. Y en 1950, tras una larga crisis derivada de la II Guerra Mundial y de la angustiosa situación que había pasado su marido Roger Antelme, confinado por los nazis en Dachau, Duras volvió a escribir: publicó ‘Un dique contra el Pacífico’ y ‘Un marinero de Gibraltar’. Y las dos, ahora, están unidas por algunos detalles: de Yourcenar, Alfaguara acaba de reeditar un libro delicioso: ‘Alexis o el tratado del inútil combate’, la historia de un músico que se casa y acaba revelándole a su mujer la complejidad de sus sentimientos con una inesperada revelación sobre su condición erótica. Y de Marguerite Duras (1914-1996) se cumple un siglo de su nacimiento.

Marguerite Duras fue una mujer complicada, egoísta, ensimismada y frágil. Ella se consideraba a sí misma un genio (y no parecía decirlo con ironía o con distanciamiento) y, con sus dudas y su inmenso desgarro, fue capaz de desarrollar una carrera literaria muy personal, que nunca encontró acomodo en grupos o movimientos. En su obra se perciben los ecos del neorrealismo italiano, del existencialismo y del ‘Nouveau Roman’ (con Nathalie Sarraute, Robbe-Grillet o Michel Buttor, en algún instante), pero más bien ocupa una región única: la que ella denominó “el mal incurable del amor”. O “el mal de la muerte”, título de una de sus mejores y desesperadas novelas. La muerte, el amor, el sexo, la soledad, el dolor, la melancolía, el alcohol y la locura son sus grandes temas. Y la necesidad de escribir, claro. Mujer de grandes pasiones, defensora del amor físico casi por encima de todo, llevaba la semilla de la insatisfacción en su interior. En algún momento barajó el suicidio: fue algo más que una postura estética o provocadora. La vida le golpeó en muchas ocasiones con los dardos de la desesperación. Se salvó escribiendo. Y ese es el argumento de otra de otra de sus novelas: ‘Emily L.’ Y se redimió creando personajes inolvidables, personajes que la persiguieron toda la vida, como le sucedió con Lol V. Stein, la protagonista de una de sus novelas más extraordinarias: ‘El arrebato de Lol V. Stein’ (1964), la historia de una mujer que vive una gran historia de amor y se percata de que el objeto de sus desvelos, a su vez, se enfrenta a otra pasión más o menos febril o subyugante. A ella le pasó en su vida cotidiana con Gérard Jarlot, un seductor que la enloquecía de celos. Los hombres de su vida, además del amante chino, fueron sus dos maridos, el citado Robert Antelme (tuvo un hijo con él que se murió muy pronto), Dionys Mascolo (tuvieron otro hijo), el citado Jarlot y Yann Andrea. Perteneció a la Resistencia francesa, al grupo de François Miterrand, que siempre estuvo muy cerca de ella, también se integró en el Partido Comunista, pero fue expulsada en 1955. Esas relaciones tiránicas, de intensas dependencias, abonadas al placer, también están presentes en un libro como 'El amor': el relato de tres personajes aparentemente inconexos y náufragos en una isla

De algún modo fue una solitaria. Y una soñadora que conoció el éxito y que pasó por momentos terribles, prisionera del alcohol y de la autodestrucción. Hemos citado algunos libros, pero nos olvidamos de títulos básicos como ‘El dolor’, ‘Destruir, dice’, ‘India Song’, ‘La impudicia’, ‘El caballero sentado en el pasillo’ y ‘El mal de la muerte’ o ‘Los ojos verdes, pelo negro’, dedicado a Yann Andrea. Y por supuesto ‘El amante’, para muchos su obra maestra (la llevó al cine Jean Jacques Annaud), y ‘El amante de la China del Norte’, que nace al enterarse de que su amante acababa de fallecer. Ese hecho le dio pie a reelaborar la historia: el periplo amoroso, la relación con su hermano y con su misteriosa madre. “Escribí este libro en la enloquecida felicidad de escribirlo Permanecí un año en esta novela, encerrada en aquel año de amor”. Una buena parte de sus libros están publicados en Tusquets y en Alianza editorial, sobre todo, pero también andan esparcidos en otros sellos.

Laure Adler dice que “jamás dejó de ser una mujer sublevada, indignada, una apasionada de la libertad. Libertad política, pero también libertad sexual. Pues si fue, por descontado, la escritora del amor, también fue una militante de la causa feminista y era abogada enfervorizada del placer femenino. Reivindicó sin desmayo el derecho al goce y fue, a lo largo de toda su vida, una gran amante. Le gustaba hacer el amor y supo exaltar la fuerza del amor, el goce, el abandono, la exaltación del amor. Y asimismo exploró sus límites y vampirizó sus energías: la búsqueda de lo absoluto como búsqueda del placer”.

Marguerite Duras también fue guionista y directora de cine: hizo veinte películas, cuatro de ellas documentales, y fue guionista y adaptada en varias ocasiones. En 1959 colaboró con Alain Resnais en una película perturbadora: 'Hiroshima mon Amour'. Era una mujer difícil y la relación se resintió, pero eso le pasaba siempre, quizá porque solía decir: “Solo me gusta mi cine (...) Soy un ser insólito, un ser libre que habla al margen de cualquier censura”.

 

*La primera foto la tomo de aquí:

http://blogs.elpais.com/.a/6a00d8341bfb1653ef017ee50068a3970d-pi

**La segunda de aquí:

http://www.revistamilmesetas.com/wp-content/uploads/2013/03/Marguerite-Duras.jpeg

05/04/2014 20:47 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN HABLA DE 'LA BUENA REPUTACIÓN'

Ignacio Martínez de Pisón acaba de publicar su novela más extensa y quizá la más ambiciosa: 'La buena reputación', que transcurre entre Melilla, Tetuán, Málaga y zaragoza, y narra la historia de una familia judía compuesta por Samuel y Mercedes, sus dos hijas Sara y Miriamb, y los dos hijos de ésta: Elías y Daniel. El libro, publicado por Seix Barral, está dividido en cinco partes, en cinco libro, y abarca más de treinta años de vida. Es, con 'El tiempo de las mujeres' y 'El día de mañana', la novela más totalizadora de Martínez de Pisón. Este jueves, a las 20 horas, la presentará en la librería Los Portadores de Sueños en compañía de Luis Alegre. Una buena parte de la entrevista apareció el jueves en la apertura de cultura de Heraldo de Aragón.

-¿Qué se te había perdido en Melilla?
-Cuando era estudiante de Filología en Zaragoza ya me interesaba mucho la historia del Protectorado, particularmente la Guerra de África y la literatura que se inspiró en ella. Yo mismo acabé escribiendo una novela juvenil ambientada en el norte de Marruecos durante los meses posteriores al Desastre de Annual. Para escribirla recorrí algunas ciudades marroquíes, entre ellas Tetuán, que es uno de los escenarios de esta nueva novela. Donde no había estado nunca era en Melilla. La Semana de Cine de Melilla me invitó hace unos años a participar en una actividad, y eso me permitió descubrir la ciudad, que me gustó mucho. Luego he vuelto en varias ocasiones.


-¿En qué medida nace de tu colaboración y visitas al Festiva de Cine de  Melilla?
Si no hubiera sido por esa invitación, supongo que tarde o temprano habría acabado yendo por mi cuenta. Pero eso me facilitó las cosas y sobre todo me permitió comocer a personas muy vinculadas a la ciuad que me han ayudado a documentarme para la novela. Por ejemplo, a Moisés Salama, que pertenece a una antigua familia sefardí de Melilla.


-¿Qué te llamó la atención de la descolonización y del Protectorado español?
En el año 56 acaba el Protectorado, y los españoles del norte de Marruecos regresan a la Península, su país aunque podía ser que no lo hubieran pisado nunca. Al mismo tiempo, muchos judíos marroquíes se organizan para instalarse en el estado de Israel, creado en 1948 y que ellos consideran su país aunque sus antepasados hubieran abandonado ese territorio cientos de años atrás... En ese marco de inestabilidad brotan sorprendentes sentimientos de pertenencia, que es uno de los temas de la novela.

 

¿Era habitual una situación como la de Samuel, con esa carga tan compleja derivada del judaísmo? ¿Existe un sustrato real de esta familia?
La comunidad judía de Melilla era importante y poderosa. Muchos de los edificios modernistas más bonitos de la ciudad los construyeron judíos ricos de Melilla. La familia que yo me invento tiene una historia muy semejante a la de muchas de esas familias. Y los hechos históricos principales, poco conocidos, son reales. Por ejemplo, la operación organizada por los servicios secretos israelíes para sacar a los judíos de Marruecos y llevárselos a Israel. Fue una operación clandestina que contó con el apoyo del régimen de Franco, a pesar de que éste nunca reconoció el estado de Israel.


-¿Qué tenía de peculiar la vida en Melilla? Parecían estar en tierra de nadie...
La historia de Melilla es en realidad muy breve. Hasta la creación del Protectorado había sido poco más que una fortaleza militar. No nace como auténtica ciudad hasta comienzos del siglo XX, y desde el principio su crecimiento es vertiginoso. A través de la familia protagonista cuento también parte de la historia de la ciudad, peculiar siempre y convulsa muchas veces. Ahora Melilla, ciudad fronteriza entre dos mundos tan distintos, sale en los informativos por los intentos de los subsaharianos de saltar la valla y acceder a Europa. Pero en el pasado hubo muchos otros episodios interesantes que tienen que ver con esa condición de ciudad fronteriza: un éxodo ya olvidado de judíos marroquíes que acabaron instalándose en Melilla a principios del siglo XX, los muy diversos avatares ligados a la Guerra de África, los disturbios de los años ochenta cuando el gobierno español negó la nacionalidad española a miles de melillenses por su condición de musulmanes... En esa tierra de nadie no han parado de pasar cosas.

 

-Vayamos con tus intenciones: da la sensación de que has querido hacer una novela clásica, con algún que fogonazo costumbrista, una saga familiar un poco a la manera de Thomas Mann pero también de Galdós, ¿es así?
Seguramente es mi novela más clásica. Su estructura se adapta a la estructura tradicional de las sagas familiares. Empiezo contando la historia del cabeza de familia, luego la de su mujer, la de su hija Miriam, la de los dos hijos de ésta... La estructura es al mismo tiempo un viaje de ida y vuelta entre Melilla y Zaragoza, la ciudad natal de Mercedes, la mujer del cabeza de familia. Eso hace que la historia acabe cerrándose en sí misma treinta y tantos años después del arranque.

 -Cómo explicarías esa distribución del gran relato en esas series: 'La  novela de Samuel', 'La novela de Mercedes', etc. ¿Quieres darle también cierta autonomía a cada fragmento, a cada biografía?
El mayor triunfo de un novelista consiste en construir buenos personajes, o al menos eso es a lo que yo aspiro. Ésta es una novela de personajes. De cinco personajes, concretamente, y cada uno de ellos es muy diferente de los demás. Intento que nos parezcan absolutamente reales, que acabemos conociéndolos como conocemos a los miembros de nuestra propia familia.

 -De golpe, de modo inesperado, entra en acción una mujer, Alegría. ¿Qué nos puedes contar de ella?
-Alegría es un nombre muy habitual entre las mujeres de las familias sefardíes. Y es un nombre que no escogí por casualidad. La historia de amor extraconyugal que Samuel vive con ella es una vía de escape de los muchos problemas que empiezan a acumulársele. Problemas de todo tipo, pero sobre todo familiares: con su propia mujer, con una de sus dos hijas... 

 -Tu obsesión, o devoción,  por la familia es ejemplar. ¿Qué encuentras ahí dentro, qué fantasmas, qué sombras, qué elementos de fascinación?

Me gustan las historias que tienen algo universal y eterno, y las historias de familias lo tienen. Cualquier lector de cualquier época y cualquier país puede sentir que hay algo de su propia vida en esas historias, aunque lo desconozca todo sobre la sociedad en la que están ambientadas.

-¿Qué es lo que mantiene la tensión del libro: lo inconfesable, los rencores, la culpa, la confrontación de padres e hijos?

No hay familia sin conflictos: conflictos entre padres e hijos, entre cónyuges, entre hermanos... Intento que mis novelas se parezcan  mucho a la vida, y en la vida de cualquier familia pasan cosas así. 

 

-¿Por qué los padres se obstinan casi siempre en repetir los comportamientos que detestaron en el pasado?

Porque los seres humanos cambian con el tiempo y acaban convirtiéndose en personas muy diferentes de las que creían que iban a ser. 

 

-Me ha parecido que ningún personaje es, en el fondo, feliz. ¿Tienes esa  sensación, te sientes conmovido por algún personaje especial? ¿Sientes debilidad por alguno de ellos?
Como los padres con sus hijos, tengo que querer a todos mis personajes por igual. Y en todos hay motivos suficientes para quererlos. También para censurarlos. No son ni buenos ni malos. Son gente que a veces se comporta bien y a veces mal.


-Una de las cosas que me llama la atención es el peso de la fatalidad: Mercedes y Samuel se alejan; las dos hijas se casan mal. Y lo saben. Y acaban enmascarándolo. ¿Por qué?

Hay historias de amor, y varias de ellas acaban fracasando con el tiempo. También eso es ley de vida, como lo es que algunos de los personajes mantenga vivo a lo largo de los años el sueño de algún amor imposible.

 

-¿Te sientes capaz de escribir de personajes felices?
Acuérdate del principio de "Anna Karenina".  Las familias que me interesan son las desdichadas, porque lo son cada una a su manera. 

 

-¿Qué interpretación haces de la sociedad española de aquellos 50 hasta avanzados los 80? ¿En qué cambió España?

La España de la que hablo en la novela es la España en la que la clase media empieza a hacerse mayoritaria. Ése es el gran cambio social de los últimos años de la dictadura franquista y, probablemente, uno de los factores que facilitaron el posterior acceso a la democracia. La evolución hacia la democracia empieza antes de la muerte de Franco y desemboca en un régimen constitucional que seguirá desarrollándose con el paso de los años. Más de la mitad de los españoles actuales no vivieron ese cambio y pueden sorprenderles cosas de esos primeros años de democracia. La ley del divorcio, por ejemplo, es de 1981, seis años después de la muerte de Franco, y su aplicación dependía muchas veces del juez de turno. Lo que cuento en mi novela sobre esa pareja que quiere divorciarse de mutuo acuerdo y el juez se lo deniega con el argumento de que tienen que "darse otra oportunidad" no era infrecuente. Ahora parece increíble, pero así eran las cosas en la joven democracia española.

 

-Zaragoza es fundamental en la novela. Hablas del bulevar, de determinadas calles, de algunos espacios, de la Base Americana... ¿Qué significa para ti esta ciudad? ¿Te resulta fácil insistir en ella como escenario de ficción?

Zaragoza es fundamental en este y en otros libros míos. Cada nueva novela es una buena razón para volver a mi ciudad, especialmente a la Zaragoza de los setenta y los ochenta. Ahí mis recuerdos de esa Zaragoza actúan como un motor para la creación de historias, la reconstrucción de detalles, la recuperación de cafeterías o cines que ya no existen. La propia memoria es con frecuencia el terreno en el que nacen las historias. En este caso, el hecho de que Mercedes, la mujer de Samuel, haya nacido en Zaragoza me facilitó ese regreso. En algún momento de su vida, se activa en su interior un atávico sentimiento de pertenencia y decide volver a sus raíces. Pero eso genera un conflicto, porque para realizar ese propósito de regresar está obligando a su marido melillense a desprenderse de sus propias raíces...

-Háblame del incendio del Corona, que aparece en tu novela.

-Fue un acontecimiento que me impactó. Una tragedia de esa magnitud, tan cerca... Siempre tienes la sensación de que esas cosas ocurren lejos, en Estados Unidos, en China... Un hermano mío estaba haciendo la mili en una oficina cerca del hotel y vio a gente que se lanzaba al vacío, a los bomberos tratando de rescatar a los que pedían auxilio desde los balcones... Es muy difícil hablar de la Zaragoza de entonces sin mencionar ese incendio. Pero en mi novela no forma parte del decorado sino de la historia misma, aunque, por supuesto, no puedo desvelar de qué modo.

- ¿Por qué pareces sentirte tan cómodo en cualquier espacio y en cualquier tiempo?

En realidad creo que no es del todo así. He ido acotando mi territorio literario: una geografía bastante concreta, unos períodos históricos determinados. Los escritores que me gustan tienden a hacer lo mismo: las historias de Anne Tyler transcurren siempre en Baltimore, las de Alice Munro en una zona determinada de Canadá... 

 

-¿En qué consiste para ti escribir?

Con el paso del tiempo me he ido inclinando cada vez más por el realismo. Escribir sobre la realidad es una invitación que se hace al lector para que se reconozca en los personajes, en las situaciones, en las reacciones de unos y otros. Yo también cuando leo novelas busco un espejo en el que ver reflejado algo de mí.

 

-¿Cómo ha evolucionado Martínez de Pisón, por qué te resulta ya tan fácil irte a las 636 páginas y quedarte tan ancho?

Las historias de familias son tan largas como uno quiera que sean. Todo depende de dónde sitúes el principio y el final y de cuántos miembros de esa familia te interesan como protagonistas. Podría haber empezado con la historia del padre de Samuel y haber continuado las historias de los dos nietos de éste, y la novela se me habría ido a las mil páginas. Intentaré no escribir novelas tan largas, pero ésta tampoco podía ser mucho más breve. De hecho, si quisiera hacerla más corta, tampoco sabría dónde meter la tijera. Desde luego, no en la prosa, que tiende a la concisión y huye de los excesos retóricos.

 

-¿Tienes la sensación de que estamos viviendo la exaltación de la realidad?

-La crisis ha cambiado la percepción de las cosas, también la de la literatura. Hace cinco o seis años se escribía mucho sobre la Guerra Civil, quizás porque el presente no reclamaba demasiada atención. Ahora se escribe y se lee más sobre la Transición, supongo que tratando de encontrar algunas claves para descifrar este desaguisado actual.

 

05/04/2014 15:07 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MIGUEL MENA. EL AÑO 1983

 

1983. Memoria de la droga y la música

 

Antón CASTRO

Dice Miguel Mena (Madrid, 1959), medio en serio, medio en broma, que no tiene voluntad de escribir unos 'Episodios Nacionales' de la Transición, pero que de niño y adolescente en Madrid vivió cerca de la calle Galdós y que algo se le pegaría. Quizá por ello haya escrito ya tres entregas protagonizadas del inspector Luis Mainar, un hombre acosado por diversos fantasmas: su hija Laura, minusválida, que le hace tener mala conciencia; la separación de su mujer Lucía y otras sombras interiores. Las novelas son 'Días sin tregua' (Destino), que transcurría en 1981, el año del golpe de Tejero y del secuestro de Quini; 'Todas las miradas del mundo' (Suma de Letras), que se centraba en el año del Mundial 82, y ahora aparece 'Foto movida' (Suma de Letras), que transcurre en 1983, en el año de la Movida madrileña y otros acontecimientos más bien sombríos. En todas las novelas, como algo más que un ruido de fondo, suenan las balas de ETA: las balas, la arbitrariedad, el asesinado, el crimen organizado y chapucero. La sinrazón que ensució los primeros sueños de la democracia.

Miguel Mena posee voluntad de cronista, de sociólogo, de periodista curioso y apasionado por la hemeroteca, y de contador de historias. Admira a Graham Greene y Francisco Pavón, el creador de Plinio, pero no le preocupa tanto resolver crímenes o secuestros como analizar comportamientos, revisar y repasar hechos, estudiar psicologías y recordar conciertos, accidentes, gestas o sucesos que nos han marcado la existencia. En cierto modo, aunque sus ficciones atesoran un protagonista inequívoco, el citado Mainar, estas novelas ofrecen una estructura coral.

'Foto movida' arranca con la muerte, en el excusado del Rock-Ola, de la joven Almudena Montiso. Por sobredosis y otros excesos. El narrador ya da algunas claves de las razones de su muerte e incluso presenta a otros implicados: Patricia, Enrique, Gonzalo, Eva... También cuenta la historia de un grupo, Carta Blanca, que hace lo indecible por pasar de la maqueta al primer disco: se mueven entre el hedonismo y la vida muelle, la tensión propia de los grupos y el dolor de la muerte de su amiga Almudena; su líder Roberto presenta un conflicto de afirmación, de impaciencia y de ambición. Mainar, que tiene la cabeza en varios sitios (en el País Vasco, donde ETA hace de las suyas y donde aparecen poco más tarde los GAL, pero también en Zaragoza, donde vive su hija, etc.), se hará cargo de la investigación. Pasan muchas cosas.

El autor, con pulso seguro y una prosa precisa, hilvana una narración con diversos puntos de fuga y de atención que le permiten organizar un friso complejo de una España que tenía problemas por todas partes y puntos más o menos incandescentes, de rebeldía y de creación (“Patricia y sus amigos se dedicaban a divertirse como si cada noche fuera la última de sus vidas”, se dice), de sueños y derribos: el citado Rock-Ola, revistas como 'La luna de Madrid' y 'Rock de Lux', el secuestro de Segundo Marey, algunos accidentes de aviación, la chapuza institucional y el desencuentro con las autoridades francesas, las películas de Pedro Almodóvar, la estancia de Sting en España o el accidente brutal de Alcalá 20.

Miguel Mena ha escrito una novela sólida sobre la potencia de la música, sobre la maldición de la droga, sobre la aventura de unos jóvenes a los que se les cruza la muerte de golpe y envenena sus mejores sueños. Y sobre la conquista de los recuerdos, que es una forma de habitar el pasado y de fijarlo para siempre en la memoria.

 

'Foto movida'. Miguel Mena. Suma de Letras. Madrid, 2014. 314 páginas.

31/03/2014 19:59 Antón Castro Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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