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SOBRE CRISTÓBAL BALENCIAGA

LOS HILOS SECRETOS QUE LLEVAN A BALENCIAGA

 

Antón CASTRO

 

La vida está llena de meandros ocultos, de hilos secretos que trazan historias que, a menudo, esperan una mano o una voz que las revele. O ellas mismas, de golpe, se rebelan: son historias con corazón, con sorpresa, con protagonistas inesperados, con paisajes, con un arsenal de documentos. Algo así le ha sucedido a Pedro Usabiaga, fotógrafo, enamorado del arte y la moda, y admirador y estudioso de ese creador de moda y de belleza que fue Cristóbal Balenciaga Eizaguirre (Guetaria, Guipúzcoa, 1895-Jávea, Alicante, 1972), la perfección hecha sutileza, armonía de líneas y de color, torbellino de telas, hilvanado con refinamiento y sensualidad.

En uno de los regates del azar, Pedro Usabiaga descubrió que su tío José Luis Usabiaga, pintor y decorador, diseñador gráfico y escaparatista, poseía en sus archivos numerosos documentos, folletos, fotos y recortes de prensa sobre el modisto, centrados especialmente en actos sociales en San Sebastián , así como algunas piezas de tela y botones de su taller Eisa en la ciudad. De él y de uno de sus más cercanos colaboradores y compañeros, como Ramón Esparza .Así , entre recuerdos y descubrimientos familiares se gestó el núcleo o el arranque de una espiral que sigue expandiéndose. Balenciaga falleció el 23 de marzo de 1972, y cinco meses después , el 26 de agosto se le organizó una cena y desfile homenaje en la ciudad donostiarra cuya invitación diseñó el propio Usabiaga . Esa pieza, sofisticada y etérea, y unas fotos inéditas del acto están presentes en esta muestra, El siglo de Balenciaga, que se fundamenta en algunos otros polos: la presentación pública de la colección privada de Pedro Usabiaga, comisario como recordarán de una muestra anterior en el Instituto Aragonés de Arte y Cultura Contemporáneos ‘Pablo Serrano’ (IAACC) sobre Balenciaga y el cine. Y el hecho de que, en este gozoso laberinto de coincidencias, su propia abuela, Cristina Azarlosa (madre, por cierto, de José Luis Usabiaga), trabajase de modista en Les Grands Magasins du Louvre, en San Sebastián, donde también se empleó un joven y ya talentoso Balenciaga en 1911, encargado al poco tiempo de adquirir modelos parisinos para la tienda. Se dice que Cristina adquirió allí la habilidad de coser botones de un modo muy peculiar , el mismo que el joven Cristóbal transmitiría posteriormente en sus talleres.

Hay algunas cosas más que decir y subrayar de este proyecto, que se ampara en algunos otros nombres propios: los dos grandes colaboradores y amigos del modisto, Ladislas “Wladzio” Jaworowski d’Attainville ( Paris 1899 , Madrid 1948 ) , cuya relación abarca el período de 1927 a 1948, y el ya citado Ramón Esparza Viela (Lesaca, Navarra, 1923-1997), su compañero desde 1949/50 hasta su muerte. Wladzio era un joven de sangre franco-polaca , hijo de una gran dama con linaje de los duques de Rivoli y príncipes d´Essling , y sería capital en su éxito y en su estabilidad emocional como tantas veces han contado los biógrafos y especialistas del modista de Guetaria. Con Wladzio, Balenciaga viajó a menudo por Biarritz y Bayona. En Biarritz, Balenciaga conoció a una de las grandes figuras de la Alta Costura : Gabrielle ‘Coco’ Chanel; allí visitaba su tienda y el Hôtel du Palais , otrora residencia de verano de la Emperatriz Eugenia donde le acompañaba Anne Debelle ,su Grande-Maîtresse y tatarabuela de Wladzio. En Bayona, les gustaba ir a los grandes almacenes Aux Dames de France y al Musée Bonnat, donde se deleitaban ante las obras de Jean-Auguste-Dominique Ingres y de Hippolyte Flandrin, especialmente. Quizá por todo ello, la muestra de El siglo de Balenciaga también viajará a Bayona, al Musée Didam, que participará en la producción con el Gobierno de Aragón y el IAACC ‘Pablo Serrano’.

Dentro de ese río de relatos ocultos, de casualidades que no lo son tanto, otro investigador de la moda y creador él mismo como Enrique Lafuente ha descubierto que Balenciaga tuvo bastantes conexiones con Aragón. Ramón Esparza, que era navarro, hizo algunos cursos de Derecho como alumno libre en la Universidad de Zaragoza, y él le presentó a una de las modelos de su vida: la zaragozana María Nieves ‘Meyes’ Hernández Ortiz (Zaragoza, 1924-París, 1962), que trabajó en la  célebre Maison Balenciaga del 10 Avenue George V de Paris, como maniquí de cabina, entre 1950 y 1956. Meyes está muy presente en la muestra: hay fotos extraordinarias de ella con varios modelos, y una curiosa primicia: un retrato suyo ejecutado por el pintor Mariano Gaspar Gracián, datado en 1950, que pertenece a la colección personal de Marta Navarro, nieta del arquitecto Félix Navarro, creador del Mercado Central de Zaragoza.

Balenciaga fue siempre un hombre sensible y muy conectado con las artes plásticas. Goya era uno de sus dioses y una de sus influencias, si puede decirse eso de un pintor sobre un modisto. En la muestra podrá verse la obra Dama con Mantilla, del pintor de Fuendetodos, que pertenece al Gobierno de Aragón ya que fundamenta maravillosamente esta recurrente fuente de inspiración, en particular para los modelos con encaje. Un vestido con esos matices y esos velos lo hizo para Adela Quijano, la esposa del  embajador zaragozano Ángel Sanz Briz, “el ángel de Budapest” reconocido como “ Justo entre las Naciones “ por salvar la vida a miles de judíos.

Amigo de los paralelismos y de los guiños, Pedro Usabiaga, que ya había participado en un homenaje al maestro en Niza en 1996, recuerda que justo 45 años antes, un 20 de febrero de 1974, se inauguró en Madrid la gran exposición “El mundo de Balenciaga”, de cuya muestra quedó un excepcional catálogo con portada de Miró y donde había  piezas cedidas también por Adela Quijano Sra de Sanz Briz y por Pilar Mompeón y de Nó  Sra de Yarza , como su vestido de novia en moiré de octubre de 1939 que estará presente en Zaragoza y en Bayona. Como detalle curioso, en esta muestra se exhibe un vestido negro de encaje  de S.A.R la princesa María de la Esperanza de Borbón, hermana del monarca emérito Juan Carlos I. En la serie Lo que escondían sus ojos, lo lució la actriz Blanca Suárez en el papel de la marquesa de Llanzol , Sonsoles de Icaza, musa del modisto y enamorada secreta de Ramón Serrano Suñer, el poderoso ministro y cuñado de Franco que estuvo destinado como abogado del Estado en Zaragoza entre 1924 y 1936.

Por otra parte, las pesquisas de Enrique Lafuente confirman un hecho muy novedoso: Balenciaga y Esparza eran buenos amigos del industrial vasco Jesús Azcárate Larrañaga, quien adquirió en 1971 Textil Tarazona S.A tras la muerte en accidente de José Gutiérrez Tapia , uno de sus antiguos propietarios. Unieron sus empeños e intentaron crear una línea de ‘prêt à porter’ que no cuajó, entre otras cosas porque Balenciaga murió pronto, intentando a la vez otro proyecto de estampación en tejido de seda en la fábrica Subijana & cia de Villabona (Guipúzcoa) para producir pañuelos con la rúbrica del modisto. Al parecer, Balenciaga, que tenía severos dolores en los huesos , fue aconsejado por los médicos que buscase el clima seco del entorno del Moncayo , pasando jornadas de reposo en los baños de Fitero  , visitando Cascante y viviendo algunas semanas en Tarazona aprovechando la supervisión junto a Esparza y Azcárate de esa última aventura empresarial en nuestra tierra aragonesa .

En la muestra El siglo de Balenciaga, claro está, hay muchas cosas: Iniciando con un depurado vestido largo en crêpe de Chine y escote en corazón , creado en 1933 en el recién abierto taller Eisa de la calle Caballero de Gracia 42  de Madrid, en plena Segunda República Española y que fue enviado a Londres seguramente a la esposa de un diplomático. Hay complementos, fotos, reconstrucción de su taller con un busto de costura original proveniente de la colección Iribarren, obras de arte; además de los cuadros y dibujos citados, estará el retrato de María Elena de Arizmendi, pintada por Enrique Albisu; el de la artista Annabel Schwob, de 1959, pintada por su marido Bernard Buffet y que Balenciaga tenía en el despacho de su domicilio parisino del 28 Avenue Marceau, el de Herminia Laborde, realizado por Nelly Ellen Harvey  , varios grabados de Jan Mara o dos cuadros del pintor tolosarra Miguel Ángel Alvarez

No podían faltar las conexiones de Balenciaga con otros creadores. Colaboró con muchos modistos y por eso hay obras de Pedro Rodríguez, de Hubert de Givenchy, que lo sentía como un padre aunque no llegasen a trabajar juntos, de Emanuel Ungaro, de André Courrèges, de Elio Berhanyer, de Asunción Bastida, de Carmen Mir, del turolense Manuel Pertegaz y del zaragozano Pedro Esteban, que reconoció al creador vasco como uno de sus maestros al trabajar durante años en sus talleres de Barcelona y Paris.

Diana de Vreeland, directora de Vogue, definió así a Cristóbal Balenciaga: “Siempre me dicen que la moda nace en la calle, pero siempre la veo primero en Balenciaga”. El creador de Guetaria fue un visionario, un artista del volumen , un apasionado del equilibrio de Palladio o de la “ komata “ de las geishas , un modista único que destiló toda su vida la dosis precisa de elegancia, sugerencia y hermosura en cada uno de sus actos, en cada una de sus prendas.

 

25/10/2020 19:23 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

NUEVA NOVELA DE ÁNGELA LABORDETA: EVOCACIÓN DE KATHLEEN LÓPEZ KILCOYNE

 

Ángela Labordeta publica 'Equilibrista'.

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/10/25/angela-labordeta-publica-equilibrista-la-memoria-vital-y-doliente-de-kathleen-lopez-1401911.html?fbclid=IwAR1blpfmEwjJPoSUPTTI3x3KAJ-wShaEooMedT3YHskkBknUWTEqo80T98A

25/10/2020 16:23 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

NUEVAS NOTICIAS DE CONCHA MAYORDOMO

Nota de Concha Mayordomo.

Hola, estoy muy contenta y quiero compartirlo con mis amistades.
Junto a Dora Román formo el colectivo "25 minutos" y nuestro primer proyecto juntas es "Una galaxia llamada Hypatia" que ha sido seleccionado en la VIII edición de Galería de la Cárcel de Segovia. Como se puede intuir por el título es nuestro particular homenaje a la matemática y astrónoma Hypatia de Alejandría, aunque también contiene más conceptos.
Esta es la imagen central.


Este es el artículo que MAV ha publicado describiendo la instalación.

https://mav.org.es/exposiciones-dora-roman-y-concha-mayordomo-colectivo-veinticinco-minutos-seleccionadas-en-la-viii-edicion-de-galerias-en-la-carcel-segovia-centro-de-creacion/

Por otra parte, incluyo nuevas actualizaciones de mi blog. He incorporado ocho resumidas biografías de  artistas de diferentes épocas, lugares y disciplinas. 

Como siempre, espero que te resulten interesantes.

Un abrazo,
Concha


 
 
 

Victoria Civera

La obra de Victoria Civera está centrada en el universo femenino y en su contenido onírico. Está volcada en imágenes de muchachas con apariencia de hadas, jóvenes desafiantes y enigmáticas, mujeres apesadumbradas y angustiadas, con todo ese bagaje la artista ha conseguido un lenguaje personal y repleto de matices.
Leer más...
http://conchamayordomo.com/2020/10/03/victoria-civera/
Elizaveta Kruglikova Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, la pintora Elizaveta Kruglikova regresó a su San Petersburgo natal y publicó un libro de monotipos llamado “París en la víspera de la guerra” y donó las ganancias de las ventas a artistas rusos que se encontraban confinados en Francia.

http://conchamayordomo.com/2020/10/06/elizaveta-kruglikova/

Kimsooja

La artista coreana Kimsooja trabaja con telas, especialmente lcolchas, secuencias de luz, sonido, cantos de los monjes tibetanos, gregorianos e islámicos o su propia respiración. El resultado son obras que parecen estar rodeadas de silencio, en ellas late una aspiración al aislamiento, al recogimiento y el espacio expositivo parece convertido en un santuario.

http://conchamayordomo.com/2020/10/01/kimsooja/

Thérèse Marthe Françoise Cotard-Dupré
La pintora naturalista francesa Thérèse Dupré se casó con Edmond Cotard a la edad de veintiún años y se convirtió en madre a los veintidós, por lo que la producción de su trabajo se vio severamente restringida por sus responsabilidades como esposa y madre, tal y como ocurrió con su propia madre.

http://conchamayordomo.com/2020/10/13/therese-marthe-francoise-cotard-dupre/


Aida Pascual


Las fotografías de la burgalesa Aida Pascual no pretenden mostrar simplemente una naturaleza bella dirigida hacia lo decorativo ni lo convencionalmente placentero, sino producir calma y recogimiento. Una sensación de tiempo detenido, de exilio voluntario.

http://conchamayordomo.com/2020/10/08/aida-pascual/

Marie Laurencin

Marie Laurencin pintó figuras femeninas etéreas en tonos pastel. Su estilo pictórico comprendió un empleo de colores fluidos y suaves, la simplificación de la composición y la predilección por formas femeninas alargadas que le permiten ocupar un lugar privilegiado en el París de los años 1920.
http://conchamayordomo.com/2020/09/28/marie-laurencin/


Monica Mayer

En octubre de 2016 el Instituto de las Mujeres de la Ciudad de México le entregó a Mònica Mayer la medalla Omecíhuatl «por su destacada participación en la educación, las artes, la cultura y el deporte, que inspira e impacta en el desarrollo y empoderamiento de las mujeres ». Por todo ello es, a día de hoy una de las artistas más reconocidas en el panorama internacional del feminismo.
http://conchamayordomo.com/2020/10/11/monica-mayer/


Elizabeth Southerden


Elizabeth Thompson fue una de las pocas mujeres que se dedicaron a la pintura de forma profesional en el siglo XIX, y además lo hizo con el tema bélico. Sus primeros cuadros obtuvieron un gran éxito, pero cuando plasmó en ellos el sufrimiento de los soldados o las derrotas que en ocasiones los ejércitos sufrieron, dejaron de tener éxito en la sociedad victoriana.

http://conchamayordomo.com/2020/10/18/elizabeth-southerden/


Adelaide Labille-Guiard    http://conchamayordomo.com/2019/05/24/adelaide-labille-guiard/
Adelina Labrador    http://conchamayordomo.com/2020/10/21/adelina-labrador/
Agnes Denes    http://conchamayordomo.com/2019/06/24/agnes-denes/
Agnes Martin    http://conchamayordomo.com/2019/12/20/agnes-martin/
Agnes Richter    http://conchamayordomo.com/2020/06/06/agnes-richter/
Aida Pascual    http://conchamayordomo.com/2020/10/08/aida-pascual/
Aleah Chapin    http://conchamayordomo.com/2016/10/05/aleah-chapin/
Alejandra Alarcón    http://conchamayordomo.com/2017/03/14/alejandra-alarcon/
Alexia Miranda    http://conchamayordomo.com/2018/06/28/alexia-miranda/
Alián    http://conchamayordomo.com/2017/02/13/alian/
Alice Bailly    http://conchamayordomo.com/2019/04/30/alice-bailly/
Alice Neel    http://conchamayordomo.com/2020/06/01/alice-neel/
Alice Rahon    http://conchamayordomo.com/2019/02/14/alice-rahon/
Alicia Framis    http://conchamayordomo.com/2019/08/17/alicia-framis/
Alicia Martín    http://conchamayordomo.com/2018/01/31/alicia-martin/
Alma Thomas    http://conchamayordomo.com/2019/07/10/alma-thomas/
Alöise Corbaz    http://conchamayordomo.com/2019/11/23/aloise-corbaz/
Amalia Avia    http://conchamayordomo.com/2016/10/09/amalia-avia/
Amalia Lopez Cabrera    http://conchamayordomo.com/2018/11/01/amalia-lopez-cabrera/
Amelia Peláez    http://conchamayordomo.com/2020/08/11/amelia-pelaez/
Ana Mendieta    http://conchamayordomo.com/2018/01/22/ana-mendieta/
Ángela de la Cruz    http://conchamayordomo.com/2017/11/12/angela-de-la-cruz/
Ángela García Codoñer    http://conchamayordomo.com/2020/03/14/angela-garcia-codoner/
Ángeles Agrela    http://conchamayordomo.com/2020/01/18/angela-agrela/
Ángeles Marco    http://conchamayordomo.com/2019/10/11/angeles-marco/
Ángeles Santos    http://conchamayordomo.com/2017/01/03/angeles-santos/
Angelica Kauffmann    http://conchamayordomo.com/2018/08/10/angelica-kauffmann/
Angelina Beloff    http://conchamayordomo.com/2020/08/01/angelina-beloff/
Ángels Ribé    http://conchamayordomo.com/2020/01/12/angels-ribe/
Anicka Yi    http://conchamayordomo.com/2019/08/26/anicka-yi/
Anita Rée    http://conchamayordomo.com/2018/06/16/anita-ree/
Anna Atkins    http://conchamayordomo.com/2020/06/18/anna-atkins/
Anna Bilinska -Bohdanowicz    http://conchamayordomo.com/2019/07/24/anna-bilinska-bohdanowicz/
Anna Dorothea Therbusch    http://conchamayordomo.com/2019/12/08/anna-dorothea-therbusch/
Anna María Mengs    http://conchamayordomo.com/2019/07/28/anna-maria-mengs/
Anna Vaughn Hyatt Huntington    http://conchamayordomo.com/2020/08/05/anna-vaughn-hyatt-huntington/
Anne Geddes    http://conchamayordomo.com/2019/08/02/anne-geddes/
Anni Albers     http://conchamayordomo.com/2019/12/26/anni-albers/
Anni Leppälä    http://conchamayordomo.com/2017/06/02/anni-leppala/
Annie Leibowitz    http://conchamayordomo.com/2016/12/04/annie-leibowitz/
Annie Swynnerton    http://conchamayordomo.com/2019/06/13/annie-swynnerton/
Antonia de Bañuelos    http://conchamayordomo.com/2016/10/21/antonia-de-banuelos/
Antonia Eiriz    http://conchamayordomo.com/2019/12/05/antonia-eiriz/
Artemisia Gentileschi    http://conchamayordomo.com/2016/11/26/artemisia-gentileschi/
Augusta Savage    http://conchamayordomo.com/2019/07/17/augusta-savage/
Aurèlia Muñoz    http://conchamayordomo.com/2017/02/06/aurelia-munoz/
Aurelia Navarro    http://conchamayordomo.com/2020/07/24/aurelia-navarro/
Aurora Mira    http://conchamayordomo.com/2020/03/13/aurora-mira/
Aurora Reyes Flores    http://conchamayordomo.com/2019/08/31/aurora-reyes-flores/
Barbara Bodichon    http://conchamayordomo.com/2020/03/28/barbara-bodichon/
Barbara Kruger    http://conchamayordomo.com/2018/01/03/barbara-kruger/
Barbara Longhi    http://conchamayordomo.com/2019/11/17/barbara-longhi/
Barbara Strozzi    http://conchamayordomo.com/2019/11/28/barbara-strozzi/
Beatrix Potter    http://conchamayordomo.com/2016/11/19/beatrix-potter/
Belkis Ayón    http://conchamayordomo.com/2019/07/15/belkis-ayon/
Benedetta Cappa    http://conchamayordomo.com/2020/07/13/benedetta-cappa/
Berenice Abbott    http://conchamayordomo.com/2019/01/04/berenice-abbott/
Berthe Morisot    http://conchamayordomo.com/2018/10/08/berthe-morisot/
Bharti Kher    http://conchamayordomo.com/2020/07/29/bharti-kher/
Birgit Jürgenssen    http://conchamayordomo.com/2020/09/02/birgit-jurgenssen/
Blanca Muñoz     http://conchamayordomo.com/2019/12/22/blanca-munoz/
Bobby Baker    http://conchamayordomo.com/2019/08/20/bobby-baker/
Bridget Bate Tichenor    http://conchamayordomo.com/2020/07/03/bridget-bate-tichenor/
Bridget Riley    http://conchamayordomo.com/2020/03/26/bridget-riley/
Camille Claudel    http://conchamayordomo.com/2018/05/22/camille-claudel/
Cao Fei    http://conchamayordomo.com/2019/11/01/cao-fei/
Carlota Rosales    http://conchamayordomo.com/2020/02/09/carlota-rosales/
Carmen Alborch    http://conchamayordomo.com/2018/10/26/carmen-alborch/
Carmen Calvo    http://conchamayordomo.com/2016/11/30/carmen-calvo/
Carmen Herrera    http://conchamayordomo.com/2019/04/25/carmen-herrera/
Carmen Laffón    http://conchamayordomo.com/2018/02/02/carmen-laffon/
Carmen Mariscal    http://conchamayordomo.com/2019/08/19/carmen-mariscal/
Cecilia Beaux    http://conchamayordomo.com/2019/09/04/cecilia-beaux/
Cecilia Paredes    http://conchamayordomo.com/2019/06/05/cecilia-paredes/
Cecilia Vicuña    http://conchamayordomo.com/2020/03/27/cecilia-vicuna/
Ceija Stojka    http://conchamayordomo.com/2019/11/26/ceija-stojka/
Charley Toroop    http://conchamayordomo.com/2019/08/05/charley-toorop/
Charlotte Posenenske    http://conchamayordomo.com/2020/02/01/charlotte-posenenske/
Charlotte Salomon    http://conchamayordomo.com/2020/08/12/charlotte-salomon/
Chechu Álava    http://conchamayordomo.com/2016/10/06/chechu-alava/
Chelo Amezcúa    http://conchamayordomo.com/2018/11/23/chelo-amezcua/
Chiharu Shiota    http://conchamayordomo.com/2019/03/22/chiharu-shiota/
Christina Broom    http://conchamayordomo.com/2019/10/26/christina-broom/
Cindy Sherman    http://conchamayordomo.com/2018/03/25/cindy-sherman/
Clara Peeters    http://conchamayordomo.com/2016/10/06/clara-peeters/
Claude Cahun    http://conchamayordomo.com/2020/02/28/calude-cahun/
Claudia Coca    http://conchamayordomo.com/2020/02/03/claudia-coca/
Clotilde Sorolla    http://conchamayordomo.com/2019/09/26/clotilde-sorolla/
Colita    http://conchamayordomo.com/2016/11/13/colita/
Concepción Figuera    http://conchamayordomo.com/2020/05/14/concepcion-figuera-luis-larmig/
Concha Jerez    http://conchamayordomo.com/2018/12/01/concha-jerez/
Cordelia Urueta    http://conchamayordomo.com/2020/06/02/cordelia-urueta/
Cristina de Middel    http://conchamayordomo.com/2017/11/08/cristina-de-middel/
Cristina García Rodero    http://conchamayordomo.com/2017/06/23/12718/
Cristina Iglesias    http://conchamayordomo.com/2018/04/29/cristina-iglesias/
Cristina Lucas    http://conchamayordomo.com/2018/06/10/cristina-lucas/
Cybèle Varela    http://conchamayordomo.com/2019/01/29/cybele-varela/
Darya von Berner    http://conchamayordomo.com/2020/10/20/darya-von-berner/
Delhy Tejero    http://conchamayordomo.com/2016/10/05/delhy-tejero/
Delia del Carril    http://conchamayordomo.com/2018/11/16/delia-del-carril/
Donna Ferrati    http://conchamayordomo.com/2020/03/11/donna-ferrato/
Dora García    http://conchamayordomo.com/2018/04/24/dora-garcia/
Dora Maar    http://conchamayordomo.com/2017/07/02/dora-maar/
Doris Salcedo    http://conchamayordomo.com/2016/11/05/doris-salcedo/
Dorothea Lange    http://conchamayordomo.com/2020/05/28/dorothea-lange/
Dorothea Tanning    http://conchamayordomo.com/2018/10/02/dorothea-tanning/
Edith Head    http://conchamayordomo.com/2019/03/03/edith-head/
Eena Poblete    http://conchamayordomo.com/2020/06/20/elena-poblete/
Elaine de Kooning    http://conchamayordomo.com/2019/06/11/elaine-de-kooning/
Eleanor Fortescue-Brickda    http://conchamayordomo.com/2020/03/15/eleanor-fortescue-brickda/
Elena Asins    http://conchamayordomo.com/2016/09/05/elena-asins-memoria-y-abstraccion/
Elena Brockman    http://conchamayordomo.com/2019/08/06/elena-brockmann/
Elena del Rivero    http://conchamayordomo.com/2018/10/07/elena-del-rivero/
Elena Laverón    http://conchamayordomo.com/2020/04/09/elena-laveron/
Elisabetta Sirani    http://conchamayordomo.com/2019/09/21/elisabetta-sirani/
Elizabeth Nourse    http://conchamayordomo.com/2020/04/19/elizabeth-nourse/
Elizabeth Olie Paxton    http://conchamayordomo.com/2020/05/09/elizabeth-okie-paxton/
Elizabeth Southerden    http://conchamayordomo.com/2020/10/18/elizabeth-southerden/
Elizaveta Kruglikova    http://conchamayordomo.com/2020/10/06/elizaveta-kruglikova/
Elly Strik    http://conchamayordomo.com/2019/08/15/elly-strik/
Elsa von Freytag-Loringhoven    http://conchamayordomo.com/2018/12/06/elsa-von-freytag-loringhoven/
Elvira Gascón    http://conchamayordomo.com/2019/08/11/elvira-gascon/
Émilie Charmy    http://conchamayordomo.com/2019/05/10/emilie-charmy/
Emilie Flöge    http://conchamayordomo.com/2017/11/28/emilie-floge/
Emily Mary Osborn    http://conchamayordomo.com/2019/12/22/emily-mary-osborn/
Emma Amos    http://conchamayordomo.com/2020/08/18/emma-amos/
Emmy Hennings    http://conchamayordomo.com/2019/12/06/emmy-hennings/
Encarnación Bustillo Salomón    http://conchamayordomo.com/2020/03/22/encarnacion-bustillo-salomon/
Ende     http://conchamayordomo.com/2020/07/04/ende/
Esperanza d¨Ors    http://conchamayordomo.com/2019/09/06/esperanza-dors/
Esther Ferrer    http://conchamayordomo.com/2017/05/15/esther-ferrer/
Esther Pizarro    http://conchamayordomo.com/2019/12/04/esther-pizarro/
Estrella de Diego    http://conchamayordomo.com/2020/02/14/estrella-de-diego/
Etel Adnan    http://conchamayordomo.com/2020/04/25/etel-adnan/
Eugènia Balcells    http://conchamayordomo.com/2018/04/08/eugenia-balcells/
Eulalia de Abaitúa y Allende-Salazar     http://conchamayordomo.com/2019/06/22/eulalia-de-abaitua-y-allende-salazar/
Eulàlia Grau    http://conchamayordomo.com/2019/05/18/eulalia-grau/
Eulàlia Valldosera    http://conchamayordomo.com/2018/05/26/eulalia-valldosera/
Eva Aggerholm    http://conchamayordomo.com/2019/11/13/eva-aggerholm/
Eva Gonzàles    http://conchamayordomo.com/2019/03/30/eva-gonzales/
Eva Hesse    http://conchamayordomo.com/2016/09/26/eva-hesse/
Eva Lootz    http://conchamayordomo.com/2017/12/05/eva-lootz/
Evelyn de Morgan    http://conchamayordomo.com/2016/12/06/evelyn-de-morgan/
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Farideh Lashai    http://conchamayordomo.com/2020/01/06/farideh-lashai/
Fina Miralles    http://conchamayordomo.com/2019/08/24/fina-miralles/
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Glenda León    http://conchamayordomo.com/2019/08/08/glenda-leon/
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Josefa Tolrà    http://conchamayordomo.com/2020/03/29/josefa-tolra/
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Marie Laurencin    http://conchamayordomo.com/2020/09/28/marie-laurencin/
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Marina Abramovic    http://conchamayordomo.com/2020/01/01/marina-abramovic/
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Raquel Forner    http://conchamayordomo.com/2019/05/15/raquel-forner/
Rebecca Horn    http://conchamayordomo.com/2018/05/01/rebecca-horn/
Regina José Galindo    http://conchamayordomo.com/2016/12/27/regina-jose-galindo/
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Rosa Bonheur    http://conchamayordomo.com/2016/09/05/rosa-bonheur-primera-artista-condecorada-con-la-orden-de-la-legion-de-honor/
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Rosario de Velasco    http://conchamayordomo.com/2019/06/10/rosario-de-velasco/
Rosario Weiss Zorrilla    http://conchamayordomo.com/2017/11/11/rosario-weiss-zorrilla/
Rose O¨Neill    http://conchamayordomo.com/2018/11/02/rose-oneill/
Rosemary Laing    http://conchamayordomo.com/2019/08/22/rosemary-laing/
Rosmery Mamani Ventura    http://conchamayordomo.com/2020/05/05/rosmery-mamani-ventura/
Ruth Mathilda Anderson    http://conchamayordomo.com/2019/03/11/ruth-mathilda-anderson/
Sabina de Steinbach    http://conchamayordomo.com/2020/02/10/sabina-de-steinbach/
Sabina Muchart    http://conchamayordomo.com/2020/02/26/sabina-muchart/
Sabine Lepsius    http://conchamayordomo.com/2020/09/04/sabine-lepsius/
Sarah Lucas    http://conchamayordomo.com/2020/07/18/sarah-lucas/
Séraphine Louis    http://conchamayordomo.com/2016/12/23/seraphine-louis/
Shamsia Hassani    http://conchamayordomo.com/2020/04/04/shamsia-hassani/
Shirin Neshat    http://conchamayordomo.com/2019/05/29/shirin_neshat/
Sigalit Landau    http://conchamayordomo.com/2019/09/24/sigalit-landau/
Sofia Bassi    http://conchamayordomo.com/2018/01/29/sofia-bassi-2/
Sofonisba Anguissola    http://conchamayordomo.com/2018/02/10/sofonisba-anguissola/
Soledad Lorenzo    http://conchamayordomo.com/2018/08/18/soledad-lorenzo/
Soledad Sevilla    http://conchamayordomo.com/2018/01/16/soledad-sevilla/
Sonia Delaunay    http://conchamayordomo.com/2017/08/04/sonia-delaunay/
Sonia Falcone    http://conchamayordomo.com/2019/12/22/sonia-falcone/
Sophie Calle    http://conchamayordomo.com/2019/04/06/sophie-calle/
Sophie Taeuber    http://conchamayordomo.com/2016/11/08/sophie-taeuber-arp/
Sue Williams    http://conchamayordomo.com/2020/09/26/sue-williams/
Susana Solano    http://conchamayordomo.com/2019/04/27/susana-solano/
Susanna Majuri    http://conchamayordomo.com/2019/06/26/susanna-majuri/
Susana Vera    http://conchamayordomo.com/2020/09/05/susana-vera/
Susy Gómez    http://conchamayordomo.com/2020/08/22/susy-gomez/
Suzanne Lacy    http://conchamayordomo.com/2016/10/17/suzanne-lacy/
Suzanne Valadon    http://conchamayordomo.com/2018/11/04/suzanne-valadon/
Tacita Dean    http://conchamayordomo.com/2020/05/25/tacita-dean/
Tamara de Lempicka    http://conchamayordomo.com/2017/10/30/tamara-de-lempicka/
Tania Bruguera    http://conchamayordomo.com/2020/07/01/tania-bruguera/
Tarsila do Amaral    http://conchamayordomo.com/2018/06/14/tarsila-do-amaral/
Teresa Burga    http://conchamayordomo.com/2019/06/28/teresa-burga/
Teresa Catalán    http://conchamayordomo.com/2019/07/03/teresa-catalan/
Teresa Margolles    http://conchamayordomo.com/2019/07/24/teresa-margolles/
Teresa Ramón    http://conchamayordomo.com/2020/05/10/teresa-ramon/
Teresa Serrano    http://conchamayordomo.com/2019/11/30/teresa-serrano/
Thérèse Marthe Françoise Cotard-Dupré    http://conchamayordomo.com/2020/10/13/therese-marthe-francoise-cotard-dupre/
Tina Modotti    http://conchamayordomo.com/2016/11/01/tina-modotti/
Toyen    http://conchamayordomo.com/2019/07/31/toyen/
Uemura Shöen    http://conchamayordomo.com/2020/04/16/uemura-shoen/
Ulrike Bolenz    http://conchamayordomo.com/2019/05/04/ulrike-bolenz/
Unica Zurn    http://conchamayordomo.com/2020/09/18/unica-zurn/
Úrsula Forment    http://conchamayordomo.com/2020/03/09/ursula-forment/
Valie Export    http://conchamayordomo.com/2019/10/17/valie-export/
Vanessa Bell    http://conchamayordomo.com/2020/07/10/vanessa-bell/
Victoria Civera    http://conchamayordomo.com/2020/10/03/victoria-civera/
Victoria Martín de Campo    http://conchamayordomo.com/2019/05/05/14378/
Victorina Durán    http://conchamayordomo.com/2016/11/22/victorina-duran/
Vivian Maier    http://conchamayordomo.com/2018/10/19/vivian-maier/
Wangechi Mutu    http://conchamayordomo.com/2020/03/02/wangechi-mutu/
Yayoi Kusama    http://conchamayordomo.com/2018/10/30/yayoi-kusama/
Yhonnie Scarce    http://conchamayordomo.com/2020/09/16/yhonnie-scarce/
Yoko Ono    http://conchamayordomo.com/2017/03/19/yoko-ono/
Zaha Hadid    http://conchamayordomo.com/2016/10/08/zaha-hadid/
Zanele Mugoli    http://conchamayordomo.com/2019/07/18/zanele-muholi/

25/10/2020 13:39 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON ITZIAR MIRANDA

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https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/10/25/itziar-miranda-actuar-me-zarandea-me-dispara-y-escribir-me-ordena-me-serena-1401855.html

25/10/2020 11:03 Antón Castro Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

MIGUEL ANGEL MOTIS: UN DIÁLOGO

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El historiador y profesor de la Universidad de San Jorge Miguel Ángel Motis Dolader, uno de los grandes expertos en judaísmo y director del proyecto Sefarad, publica ’Vivencias, emociones y perfiles femeninos. Judeoconversas, inquisición en Aragón en el siglo XV’ (Dikinson S. L.).

 

¿Cuál es el punto de partida del libro, qué te interesaba contar y analizar?

Aunque parezca paradójico en un comienzo pretendía escribir una novela histórica –aspiración que mantengo viva– inspirada en los cerca de quinientos procesos inquisitoriales que he consultado a lo largo de mis años de estudio. Si bien, consideré que si me doctoraba previamente en Antropología, esa disciplina, unida a la Historia, me daría una visión mucho más plural y poliédrica para analizar las personas que discurrían ante el tribunal del Santo Oficio. En suma, quería analizar a través de las manifestaciones de mujeres singulares, a través de sus propias palabras, su mundo interior, sus miedos y anhelos, no meros arquetipos. Dicho de otro modo, una historia de los sentimientos femeninos en un contexto muy determinado.

-Se constatan, desde las primeras páginas, lugares comunes, que se creía que “la mujer es inferior al hombre, pues procede de él y le está subordinada”. Sin embargo, el libro es casi una demostración de lo contrario ¿no?

Es absolutamente cierto, la monografía creo que rompe, en buena medida, con el tópico de una mujer dependiente que pasa de la tutela del padre a la de su marido. Son mujeres capaces de afrontar su propia vida, especialmente en el hogar, pero no solo, donde una parte sustancial de esa autonomía la obtienen gracias a las redes de sororidad, de la amistad femenina. Curiosamente las viudas, que son las protagonistas de mis historias, gracias a los fueros de Aragón, que les permite administrar los bienes de su marido, se convierten en auténticas mater familias, en las rectoras de la unidad familiar, no solo en lo que respecta al destino de sus hijos sino en la asunción de las riendas económicas que ahora lidera.

-Recuerdas que hasta la Cábala sostenía que “el mal habita en la mujer”. ¿Cómo se llega a una consideración así?

En realidad, en el primer relato bíblico (Génesis 1,1-2,4) al narrar la creación del ser humano, se utiliza la expresión «carne de mi carne y hueso de mis huesos», lo que implica idéntica naturaleza de mujer y hombre; una identidad de destino y de dignidad. De hecho, la Shejiná, expresión de la presencia de la Divinidad, es femenina. Es solo tras la influencia de la mitología helenística cuando la versión más tardía (Génesis 2:4-3:24) establece la prelación «primero Adán, luego Eva», asumida por la literatura rabínica y escolástica, consolidando la preeminencia del varón, siendo el pecado original el inicio de una valoración moral entre varón y hembra. A partir de entonces en la narrativa de la Europa Occidental late una evidente misoginia, fundada en el patriarcado de tradición grecorromana, que se afianza en las tres religiones del Libro, respaldada por la patrística, la mística alegórica de la Cábala, o la teología islámica.

-¿Por qué eran ellas las depositarias de las creencias?

El judaísmo impregna toda la vida de la persona, no deslinda creencias o prácticas religiosas de su existencia cotidiana. Es además, una religión que se vive en comunidad y especialmente en el hogar, que es verdadero santuario para las mujeres, no tanto en la sinagoga, a la que los varones sí tienen obligación de asistir. A la mujer se le encomiendan los mandatos que tienen que ver con lo doméstico y la familia. Incluso es ella quien enciende las velas del Sábado con las que se inicia al atardecer, en que aparecen las primeras estrellas, esa jornada santa. Es ella quien inicia a sus hijos en las primeras oraciones y cánticos, educa sus sentidos, en la observancia de los ayunos y en el sentido de las celebraciones… En las fiestas se exaltan los valores femeninos de la casa, la familia, el linaje, lo interior, lo íntimo, máxime cuando son las que elaboran los alimentos, que constituyen un material simbólico de lo sagrado. Lo cotidiano se transforma mediante el ritual; lo doméstico se transforma en público al colectivizar el festejo. Eres judío por ser hijo de una madre judía, no porque practiques el judaísmo, de ahí la importancia de la familia y la memoria. El judaísmo quizás más que una religión de Dios es una religión de la Palabra.

-¿Qué traumas conlleva la conversión y por qué siempre las conversas, especialmente, estaban bajo sospecha?

Aunque nunca es acertado generalizar, de ahí que una parte de la Tesis que espero publicar en breve, contempla las microhistorias de cada biografía, porque se pierden los matices, los varones son más pragmáticos, ya que con la conversión pueden alcanzar todos los derechos que contemplan los fueros y convertirse en súbditos aragoneses, no solo vasallos del rey, escalando una parte de ellos puestos significativos en la elite mercantil del Reino. La mujer, por el contrario, es más doméstica, no le encuentra sentido cambiar de un cosmos de valores en el que se siente acogida, y lo hace muchas veces por proteger a sus hijos, mantener unida la familia o no quedar desamparada tras el bautismo de su marido. La conversión para muchas de estas personas supone perder su identidad y prescindir de unas prácticas que le confieren seguridad; sentir que la familia, los amigos y los vecinos pasan a ser extraños. Los inquisidores suelen decir que cuando las mujeres se reúnen sin presencia masculina se dedican a “confabular”, lo cual es de por sí sospechoso.

-¿Por qué se daba ese fenómeno de la conversión al cristianismo, que solía acarrear, tal como escribes, “efluvios de llanto”?

La conversión supone una transmutación del universo de las creencias y de los valores, muchos de los cuales –la Trinidad, la virginidad de María, la crucifixión, la eucaristía, el sacramento de la confesión, los santos, etc.– eran incomprensibles e, incluso, chocaban frontalmente con sus convicciones más íntimas. Una vez que toman el bautismo, son dejadas a su suerte y no reciben catequesis, sin embargo, mantienen los vínculos parentales, amicales y profesionales con los judíos. Así, sienten una profunda melancolía pues es una especie de renuncia a su identidad. Se sienten transterradas; en una periferia mestiza, nómada. Muchas necesitan apaciguar su llanto con otras mujeres como ellas, necesitan su consuelo. De hecho, es habitual su retorno a unas costumbres, a su cultura, pues son las únicas que conocen y dan sentido a su presente.

-¿Por qué te has centrado, sobre todo, en 24 viudas?

Antes de comenzar la investigación necesitaba seleccionar el perfil de las personas específicas, para ello partí de una serie de premisas. En primer lugar, escogí la década 1484-1492, por ser el período fundacional, y porque todavía no se había promulgado el destierro de Sefarad, de modo que conversos y judíos seguía compartiendo espacios. Además, son conversas de segunda generación, es decir, sus padres eran judíos, de modo que el judaísmo lo conocían solo a través de los ecos de la infancia; de ahí su necesidad de recordar olores (el potaje o hamín) o sonidos (las salmodias) de la niñez. Tercero, quería centrarme un tipo de conversa triplemente marginada por ser mujer, descendiente de judíos y viuda.

¿Por qué se da ese ensañamiento de seres marcados, por lo general, por la indefensión? Cuentas que les expropias casi todo y se vende en almoneda pública…

Gran parte de las viudas son penitenciadas –las sentencias absolutorias son mínimas–tras abjurar de sus errores públicamente en el interior de las iglesias o en los Autos de Fe, aunque las sospechas de judaización fueran leves. Ello entrañaba, por lo común, el que gran parte de sus bienes –con los que debían alimentarse en sus estancias en la Torre del Trovador o en las cárceles episcopales–fueran confiscados, colocándolas en una situación de pura subsistencia. Ello les sitúa en el umbral de la pobreza, cuando no en el ostracismo social, obligándolas a la reagrupación familiar tras perder su casa y trasladarse al hogar de sus hijos, padres, yernos o suegros. La situación es más desesperada cuando ejecutan también los bienes del marido y del progenitor, al punto de que será la Inquisición quien tenga que proveerle de alimento y suscriba las dotes de sus hijas doncellas.

-Dentro del carácter micro biográfico del volumen, hablas de la importancia de la intimidad, de las cocinas, de relaciones más o menos secretas de puertas a dentro. ¿De qué eran sospechosas?

En la intimidad del hogar las mujeres recobran su voz al encontrarse con otras mujeres con las que se sinceran. Las sospechas nacen muchas veces en la mente de los inquisidores o en la celosa vigilancia que son sometidas por sus vecinas, para quienes lo que no está presente en el espacio público es sospechoso. Es en la intimidad femenina donde siguen reconociéndose a través de celebraciones como el sábado, la alimentación, la oración -las judías oran cantando- y las creencias compartidas. Las confidencias circulan con mucha fluidez en los ámbitos privados, pues ellas encuentran en la palabra escuchada la intimidad emocional que precisan. Esos son momentos claves para mi investigación porque hablan en primera persona del femenino singular sobre su constelación de creencias, frustraciones, aspiraciones…

-¿Cómo se materializaban las herejías? ¿Cuáles eran esas prácticas mágicas que movilizaban al Santo Oficio?

El Santo Oficio persigue no tanto la herejía como a los herejes, donde la heterodoxia se fija mediante estereotipos construidos sobre manifestaciones externas, equiparando costumbres y creencias. Es decir, interpretar el fuero interno a través de un vademécum de conductas. No obstante, a lo largo de estas páginas creo que demuestro que la anatomía de sus supuestas herejías predomina no un componente dogmático o doctrinal, sino cultural y creencial, pues practican y apelan a ritos y creencias transmitidas de generación en generación, como los usos culinarios, la observancia sabática, los ayunos o las normas de pureza. A ello se unen los lazos de socialización que les permite paliar la soledad, la melancolía, la añoranza o la tristeza. Muchas son prisioneras de su pasado o su vulnerabilidad radica en ese tiempo pretérito de su vida ya vivida, donde nada pueden hacer por reconducirlo, pues se les juzga en ocasiones por lo que fueron, no por lo que son o desearían o hubieran anhelado ser.

-¿Cómo actuaba el Santo Oficio, cómo era ese radar complejo del sistema de escuchas?

Desde que se proclama el Edicto de Gracia, que disponen de un tiempo, en torno a cuarenta días, para declarar cuando se instala el tribunal en la ciudad y auto inculparse. Sin embargo, la conversa cae en una trampa letal, pues no solo debía confesar las prácticas heréticas -en gran medida prácticas culturales que aprendieron de sus madres, hermanas y abuelas-, con la garantía de aplicarle una sentencia más leve, sino que tenía que identificar las personas que hubieren participado en dichos actos. Bastaba con la mera sospecha que propagaba el virus de la murmuración y de las denuncias anónimas. De ahí que los inquisidores preguntaran si sabían, presentían, habías visto o había oído decir, considerando pruebas inculpatorias la pura subjetividad de las conductas.

-¿Cuáles son las historias que te parecen especialmente conmovedoras, marcadas por una arbitrariedad violenta, sin piedad?

Se aprecia una relación dialéctica –un pugilato desigual– entre la procesada y el inquisidor, que se traduce en un juego de estrategias. El magistrado imparte justicia basándose no solo en la doctrina sino en sus propias convicciones, en su percepción valorativa. Saben que luchan por su vida, que deben seleccionar los episodios de su línea argumental, minimizando los efectos de un enfrentamiento –la resistencia pasiva es la primera vía–, sin que se descubra la estratagema. Se trata de sortear la presión para no denunciar a familiares y amigos, buscando la benevolencia y el perdón del magistrado, pero sin simular (fingir) o disimular (ocultar).

-¿Cómo se podían salvar las mujeres, en qué casos eludían la cárcel?

Es cierto que las penas son más leves en el caso de las mujeres -la condena a la hoguera es muy superior entre los varones- y que la cárcel muchas veces se limitaba a un confinamiento en casa o en la ciudad, y transcurrido cierto tiempo se podía condonar por determinadas misas y rezos. En la confesión se describe un discurso patriarcal, disfrazado de paternalismo, donde las conversas al dirigirse a los magistrados acatan –o fingen hacerlo– la jerarquía institucional, colocándose en un plano de inferioridad al invocar clemencia y su condición de pecadoras con el fin atenuar la condena. Superando la primera fase de confusión, tras su detención, reconstruyen su discurso, en muchas ocasiones ayudadas por otras mujeres que comparten celda y que le brindan su experiencia. En un mundo pleno de gestualidad, el inquisidor quiere percibir señales que delaten que el dolor es verdadero y no fingido, entendiendo que las lágrimas lavan la culpa y la redimen; que el magistrado escuche lo que desea que brote de sus labios.

-En el libro se ve, que el fenómeno de la sospecha y la persecución se daba en todo Aragón: en las tres provincias, en Calatayud, Daroca, Monzón…

Desde sus inicios el Santo Oficio no necesita un gran despliegue de medios. Se basa en el conocimiento de la naturaleza humana tan dada al rencor y la delación. En cada ciudad o villa importante de Aragón, en las primeras décadas -más tarde se racionalizará la planta de los tribunales en Zaragoza y una porción de las tierras turolenses pasarán a depender de Valencia-, se instala un tribunal de distrito permanente o itinerante que recopila información a través de unos recursos mínimos (inquisidores, párrocos y familiares) y especialmente de los vecinos, que dispensan una inagotable fuente de información, paliando la precariedad de los medios con que contaba. La Inquisición logró desarticular numerosos linajes de conversos en aquellas localidades en que habían accedido a la oligarquía ciudadana y a los cargos concejiles. Fue especialmente contundente en Teruel por su defensa de los fueros.

 

-¿Servía de algo, de verdad, la confesión?

Debemos diferenciar dos confesiones: la sacramental -en la que los conversos, como gran parte de la sociedad cristiana, no creen- o la judiciaria. En la primera el inquisidor puede comportarse en este período como un confesor y suele ser más magnánimo, pero esta instancia desaparece cuando se ha producido la acusación de un tercero o a llegado a oídos del tribunal. La confesión y la abjuración ante el tribunal, para que surta algún efecto, tiene que ser persuasiva, convencer al fiscal y al magistrado, utilizar determinados códigos -asumir el castigo, suplicar misericordia, llorar, ponerse de rodillas, reconocer la naturaleza pecadora de la mujer- de su sinceridad. Si eso se produce puede evitarse la cárcel y la confiscación de la totalidad de los bienes.

-¿De qué eran culpables, si pueden decirse así, estas mujeres desamparadas? Les recriminan, incluso, que defiendan a los padres y a sus hijos...

En la Inquisición prima el principio de la presunción de culpabilidad, donde la mera sospecha podía ser causa de incriminación y donde las acusaciones eran secretas. Esas mujeres debían defender su inocencia, ante unos inquisidores son expertos en fracturar solidaridades una mera delación supone que se desmorone la cohesión de todo un linaje o una familia. Llama poderosamente la atención que una delatora muy valiosa para el tribunal es el servicio doméstico, ante cuyos ojos nada se puede ocultar, sin olvidar a sus antiguos correligionarios que, por ende, no estaban bajo la jurisdicción inquisitorial. Son ellos, y no otros, los que podían identificar perfectamente las conductas calificables de herejía. Es probable que sin la Inquisición, con un poder fabuloso, ya que controlaba el fuero interno de las personas, los conversos se hubieran ido paulatinamente integrándose en el tejido social, como venía sucediendo desde comienzos del siglo XV.

-¿Cuál es la lección para nuestra vida contemporánea de un libro como este?

Los libros de historia siempre tienen plena actualidad porque contamos el pasado desde la hermenéutica del presente para nuestros contemporáneos. Por sintetizarlo en dos ideas: el ser humano comparte los mismos miedos que el siglo XV, como es la soledad o la fragilidad humana, en segundo lugar, si somos capaces de empatizar y comprender al Otro, al distinto, podemos ver en ellos una parte de nosotros mismos. Es lo que denomina el desembarco en el nosotros. Se aprecia que tanto judíos, cristianos y musulmanes comparten unos fundamentos éticos que derivan de la Ley de Moisés.

-¿Cómo ha sido tu investigación, qué revelaciones esperan en los archivos y en los documentos?

Si Borges manifestaba que imaginaba el Paraíso como una inmensa biblioteca, al modo en que la describe magistralmente la de Alejandría Inés Vallejo, yo añadiría una insondable estancia con los documentos que ha habitado la Historia, pues a través de sus escrituras se ahonda en sus memorias, en sus recuerdos y sus realidades. Cuando entras en un archivo, pierdes la noción del tiempo y eres capaz de trascender los siglos para encontrarte con tus personajes y dialogar con ellos. La Historia no solo requiere fuentes sino imaginación, necesita imagen y palabra, pero ante todo necesita el milagro de la escritura como huella de su existir.

-Sé que es una pregunta difícil, porque sería para escribir cientos y cientos de páginas… Si tuvieras que decirlo en un telegrama, ¿cómo era aquel siglo XV, donde todo el mundo recela y tantos y tantos delatan?

El siglo XV, donde la ciudad es un mundo abreviado, es una centuria paradójica. De un lado eclosiona de modernidad pues comienzan a labrarse espacios de individualidad enclavados en una red vecinal -las redes sociales de la época-, pero donde todo el mundo se conoce y donde es difícil mantener secretos. Esto es cierto en especial cuando emerge la imagen del Otro a través de los judeoconversos que se sitúan en un espacio liminar, en el margen.

 

*La foto de Miguel Ángel Motis, explicando el judaísmo en Tarazona, es de Javier Bona.

 

 

25/10/2020 08:35 Antón Castro Enlace permanente. Temas aragoneses No hay comentarios. Comentar.

ELOGIO DE LAS BIBLIOTECAS

https://www.youtube.com/watch?feature=youtu.be&v=IssBUgFgh4Q&fbclid=IwAR1dtztZyJ4gAdF7-hUgXvbZJB1ydXMAWZ2TKwToGWbogLuz2Xn4rwgcYIs&app=desktop

 

"Hay pueblos que palpitan dentro de la biblioteca".

25/10/2020 07:04 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

LA ZARAGOZA VIVIDA DE ARAMBURU

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/10/12/la-zaragoza-vivida-de-fernando-aramburu-1399706.html

12/10/2020 12:33 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'EL QUIJOTE WELLES' DE SÁNCHEZ VIDAL

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narrativa Agustín Sánchez Vidal escribe, mediante el ardid de sucesivas entrevistas, la novela de la vida y obra del cineasta

En la sala de montaje con Orson Welles

Uno de los personajes más complejos e inagotables de la historia del cine y del teatro es Orson Welles (1915-1985). Su figura se ensancha en multitud de direcciones: fue actor, director teatral, guionista, un estupendo dibujante, montador y uno de los cineastas más fascinantes y ambiciosos de la historia, autor de una película que revolucionó el universo de la imagen como ‘Ciudadano Kane’. Esa obra, como un diamante único, se alza en medio de otras joyas, en absoluto menores.

A Agustín Sánchez Vidal le interesa el personaje desde hace muchos años, y siempre había querido convertirlo en materia de ficción. En sustancia novelesca. El resultado es ‘Quijote Welles’, un título que tiene varias lecturas: a Orson Welles siempre le interesaron mucho la novela y el personaje de Cervantes, y a la vez podría deducirse un poco que en toda su existencia, en su vida y especialmente en su obra, Orson Welles fue un auténtico Quijote. Y un Sancho también. Un rebelde con causas, un hombre inquieto e inteligente, con un gran carisma, azotado por multitud de sombras y matices de ansiedad.

Sánchez Vidal se ha propuesto armar una novela del personaje. Y lo hace en torno a varios ejes: el retrato de una complejidad absorbente, el paseo minucioso por su existencia (uno de los momentos más reveladores es cuando el propio cineasta cuenta sus años con Rita Hayworth y hace el retrato de una mujer vulnerable que viaja a Sevilla, que siente constantes celos, justificados, su desamparo esencial) y por su obra (viajes, etapas, rodajes), y la porfía por llevar al cine la novela de Cervantes. Welles sintió una insondable pasión española: adoraba los toros, tenía una relación de rivalidad y suspicacia con Ernst Hemingway, en el libro teoriza sobre la fiesta y habla de Ordóñez o de Belmonte con conocimiento de causa, se siente fascinado por Goya y las Pinturas Negras, por Velázquez y Calderón, le gustan los vinos y halla constantes caminos de ida y vuelta de lo llevan y traen desde el Siglo de Oro a nuestros días. Además, le enamora, como a Hearst, la bella ciudad de Ronda.

La novela como entrevista

Sánchez Vidal, premio de las Letras Aragonesas de 2016 y premio Espejo de España de 1988, organiza su novela de 668 páginas en 17 capítulos y en forma de entrevista. La periodista Barbara Galway decide redactar la biografía del autor que adoraba a William Shakespeare y para hacerlo se cita con Welles y con multitud de personajes que lo conocieron, que trabajaron y que discutieron con él. Y así, diálogo a diálogo, avanza un libro que también es una historia cultural de Hollywood y del propio cine, un exhaustivo retrato de un personaje irreductible, autodestructivo y obsesivo.

El rodaje de ‘El Quijote’ se prolongó durante 12 años, desde 1957 hasta 1969, y al final la montaría Jesús Franco, con voz en la novela. ‘Quijote Welles’, con su carrusel de incidencias y cambios de ánimo de Orson Welles, tiene un correlato evidente con los hechos conocidos, con las biografías y declaraciones del realizador, y en ese sentido tiene algo de palimpsesto, pero ante todo es un libro de ficción, un ‘collage’ tejido con revelaciones, apuntes, anécdotas, que se enriquece con diarios y con fragmentos del guión real y del imaginado por el novelista.

En algunas ocasiones, algunos personajes sugieren que el guion de la película se escribía sobre la marcha, y Sánchez Vidal, desde el inicio, no elude el vínculo cervantino con Zaragoza. Uno de los grandes momentos del libro es el diálogo, que no llegó a darse en la realidad, entre Salvador Dalí y Welles; el cineasta se enfrentó a una criatura brillante y escurridiza al que no era fácil seguir, pero que le divertía mucho.

El guionista y novelista Peter Viertel le dice a Barbara Galway: «Es imposible resumir la personalidad de Orson en unas pocas palabras. Lo primero que me viene a la cabeza es algo que decía mi padre. Aseguraba que en este mundo hay personas que se pasan la vida buscando la muerte, mientras que otros buscan desesperadamente la vida. Él es una sorprendente y explosiva mezcla de esas dos actitudes, por un lado, una creatividad desbordante y, por otro, una actitud profundamente autodestructiva. Hay algo que le atormenta, no acaba de acomodarse a las limitaciones de este mundo y eso le carcome por dentro, le produce un vacío interior, una especie de pozo que trata de llenar no solo con el alcohol, la comida o el sexo, sino sobre todo con trabajo».

El contador de historias

En la novela hay teoría, filosofía y claves de la creación y un copioso anecdotario; el propio Viertel revela su admiración por Ford: «Lo que más le impresionaba de John Ford era su capacidad para rehacer el pasado como un mito. A menudo, sus vaqueros vienen a ser una versión actualizada de los caballeros andantes».

Orson Welles rodó mucho en España, que se convirtió en un escenario esencial y sentimental para él. Una de las películas que grabó fue ‘Una historias inmortal’, basada en el cuento homónimo de Isak Dinesen. Al evocarla, le dice a Barbara Galway: «Yo me considero por encima de todo un contador de historias, como esos que frecuentan los zocos árabes. Esa es mi inclinación natural y mis películas suelen contener ese tipo de relaciones primordiales».

Sánchez Vidal le hace a Welles un inmenso homenaje con sus mismas armas, entre ellas el periodismo: ordena el puzle de los hechos y de los sueños en un libro que invita a entrar sin miedo y a quedarse en sus pasadizos con tantas criaturas inolvidables.

Antón Castro

 

literatura y cine

Quijote Welles

Agustín Sánchez Vidal.
Fórcola. Colección Ficciones. Madrid, 2020. 668 páginas.

 

*La foto de Agustín Sánchez Vidal es de José Miguel Marco. 

 

 

03/10/2020 09:56 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

UN DIÁLOGO CON MANUEL VILAS

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/10/02/manuel-vilas-el-olvido-es-el-destino-final-de-nuestra-vanidad-1398038.html

02/10/2020 08:15 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON SANTIAGO AUSERÓN

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ENTREVISTA CON SANTIAGO AUSERÓN

 

-Si le parece, empecemos por su vinculación con Zaragoza.

-Nací aquí. Mi padre trabajó empezó de topógrafo en la Base Americana para construir las pistas de aterrizaje y luego los americanos pidieron personal que hablase inglés para administración y entretenimiento, y mi padre hizo el curso de inglés y se quedó en la Base, haciendo de “entertainer” para los soldados: bingo, espectáculos. Y eso nos proporcionó bastante información de primera mano.

-O sea que la pasión por el espectáculo la heredó de su padre...

- Lo cierto es que mis padres se conocieron haciendo zarzuela como aficionados. Después mi padre trató con artistas y orquestas: vivíamos el ambientillo del “show bussines” de cerca. Aunque la mayor influencia fueron los discos en casa: eran los discos que los amigos americanos le dejaban a mi padre o cuando venían a casa con ellos bajo el brazo. Teníamos información del primer Elvis, pero también de la orquesta de Duke Ellington, de Ella Fitzgerald. Había nombres muy fuertes que luego me siguieron influyendo a lo largo de los años, como Nina Simone. Toda aquella información en la mente de un niño zaragozano tarda mucho en expresarse y en adquirir carta de naturaleza.

-¿Qué lugares frecuentaba entonces?

-Además de música en casa, también recibía influjos a través de mis amigos de la calle con los cuales salía a las ferias. Había unos billares en El Tubo, en los que no me dejaban entrar. Veía aquellos tíos patilleros con jerseys de rayas y pantalones de campana, que ponían música en la máquina de discos. Me quedaba en la puerta y les pedía las canciones que me gustaban. Además, iba con mis hermanos pequeños y con mis primos ir a los autos de choque del Cabezo y a oír allí novedades. Me acuerdo perfectamente de la primera vez que oí “Satisfaction” de Los Rolling Stones. Y en la radio Marconi de mi abuela, en la calle Las Armas, oí los primeros Beatles. En el Cabezo recuerdo que había máquinas y el primer “soul” llegaba allí. En la máquina de la piscina de Torrero, donde íbamos algunos veranos, se oía la primera música ye-yé española. Antes de irme de Zaragoza, pillé los aires de una ciudad que estaba muy viva musicalmente.

-Pronto inició su vida errante...

-Nos fuimos a Asturias. Mi padre dejó la Base y recuperó su trabajo de topógrafo en la construcción en Obras Públicas. Vivimos en un pueblo que se llama Infiesto, de allí pasamos a Torrelavega, luego volvimos a Zaragoza, luego al Pirineo, a Jaca y Canfranc, volvimos a Zaragoza otro año y de aquí nos fuimos a Huelva donde estuvimos cuatro años, en la frontera del “Far West”: en la frontera con Portugal. Allí entré de aprendiz de delineante, de aprendiz de topógrafo, mientras terminaba el Bachillerato. Y desde ahí ya nos vinimos a Madrid.

-¿Cuándo nació su pasión por la filosofía?

-Nació en Huelva, mientras era delineante, en la oficina de un pueblo que se llama Villanueva de los Castillejos. En los ratos muertos, yo repasaba mis libros, tomé contacto con la filosofía en los textos de Bachiller. Al principio las teorías de Kant y todas aquellas cosas me sonaban a chino pero tenían algo atractivo y de misterio. Sentía una cierta atracción mental hacia eso. Había un delineante mayor que yo de Sevilla que me empezó a pasar algunas lecturas. Era un subversivo de la época. Fue muy curioso: a aquel pueblo deportaron a algún estudiante sevillano, por conflictos en la universidad, y se formó un ambiente especial: musiquero, venían los grupos de la región, muy “souleros”, de fervorosa inquietud juvenil.

-¿Cantaba ya o tocaba algún instrumento?

-Empecé allí: los amigos me empezaron a enseñar a manejar una guitarra con los rudimentos del fandango de Huelva. Y de los fandangos ya nos pasamos a intentar copiar algunas cosillas de los discos de los Kink. Mi padre hacía viajes a Sevilla, y nos traía discos a Luis y a mí, y algunos de ellos han sido influencias muy perdurables, particularmente recuerdo uno excepcional de Eric Burdon & The Animals, y discos de los Kink. Y empezábamos a enredar con el tocadiscos portátil y me compraron la primera guitarra española.

-La biografía de Radio Futura dice que comenzaron en 1980.

-Empezamos mucho antes, con escarceos, en 1970/1971, y con un homenaje a García Lorca. Tuvimos nuestros más y nuestros menos con la Guardia Civil, que nos decía que el “Romancero gitano” contenía textos provocativos. Luego vinimos a Madrid y entré en la Universidad. Había muy buen ambiente musical, más en la periferia que en el centro; el centro era muy pogre, contestatario, musicalmente un poco pesado. En los barrios obreros, mi hermano tenía un círculo de amigos, melenudos, muy activo musicalmente, que seguían la música de la Velvet Underground, la vía Lou Reed, la vía John Cale, todo lo que se llamó “La Escuela de Canterbury”, Kevin Ayers, Soft Machine, Phil Manzanera y Roxy Music, Brian Eno, un poco el rock sofisticado, tocando un poco el “glam” en su parte más literaria. Y David Bowie y también algunas bandas de rock duro. Yo había entrado en la Universidad un poco antes que ellos, y vivía en los ambientes contestatarios, me quedaba más con Bob Dylan y Leonard Cohen. De San Blas y del círculo de amigos de mi hermano me venía la música más intrigante, frívola en apariencia, pero con contenidos más inquietantes. Eran ya los últimos años del franquismo, nos estábamos metiendo en un ambiente de pre “nueva ola”.

-En 1977 se fue a París.

-Me fui a Vincennes a iniciar mi tesis doctoral sobre Antonin Artaud. Iba a estudiar a la estupenda biblioteca de La Sorbona, pero yo estaba matriculado en Vincennes, que era la universidad maldita. Me interesaba seguir el rastro de Gilles Deleuze, Jean François Lyotard, Chatelet, me apunté a los tres cursos, e inscribí la tesina sobre Artaud con Gilles Deleuze. Quería analizar “La metafísica en Antonin Artaud” a partir del tema de las imágenes y del pensamiento como espacio escénico. Hice una tesis a medias, porque pensaba en la posibilidad de quedarme a vivir en París, y convertirme en escritor o intelectual de oficio, pero en aquellos años fue el estallido del punk, del after punk, la “nueva ola” y todo eso. A partir de 1977 se vivió una efervescencia cultural y musical en relación con la música. En los viajes de vuelta a Madrid, y en las vacaciones, me quedé atrapado. Empezaban a sonar canciones más frescas y con más intención.

-Fue en esta época cuando conoció a la escritora Catherine François, su esposa.

-La conocí mucho antes, en 1974. Ella me inició en la lectura de los escritores franceses que más me han influido: la poesía del XIX, el romanticismo, el simbolismo, y todas las primeras vanguardias. Mi fascinación por Artaud se la debo a ella. Entonces, convalidó su carrera de letras aquí en España, y venía conmigo a la Facultad de Filosofía y Letras a seminarios sobre Nietzsche, Nietzsche y Borges, etc. Con ella me metí a fondo en el estudio de la cultura europea, me introdujo en el Romanticismo alemán. He estado muy pendiente de su propia escritura. Editamos, en edición de autor, en colaboración con Pre-Textos, “La ciudad infinita”, quedó un libro muy personal y enigmático, y luego Pre-Textos publicó su primer ensayo novelado sobre las tradiciones de la China antigua: “Caminos bajo el agua”, es de 1999, un texto denso, pero lleno de poesía. Pre-Textos también me publicó a mí “Las canciones de Radio Futura”.

-Háganos un balance de la larga década de Radio Futura.

-Nuestro lema era “Escuela de calor” porque nos lo tomábamos como un aprendizaje intenso y caliente. No podía ser de otra manera porque las carreteras españolas eran así. Los caminos del rock se iban construyendo conforme nosotros llegábamos también. Aquello era muy intenso, divertido y emocionante. Nos lo tomamos como un aprendizaje que consistió en tratar de realizar en lengua española lo que nosotros sentíamos en las canciones de otros medios: tratábamos adaptar a la métrica del español el modo de expresión que nos llegaba del soul, del rock o del rythm and blues. Nuestra idea era utilizar la canción popular como medio de experimentación y de creación. Queríamos hacer canciones más elaboradas, que permitiesen algo más de reflexión, jugar con la imagen, nos preocupaba la captación poética, la metáfora.

-¿Cómo no van a decir luego que Santiago Auserón es el rockero intelectual?

-Naturalmente en mi aproximación a la canción popular hay dos vías, trabajo como con dos manos. Un lado es el acercamiento adolescente natural, y otro es el aspecto de estudiante, que he mantenido vivo desde entonces. He ido buscando una acercamiento al papel de la lírica contemporánea, al papel de las canciones en el mundo actual y su posible incidencia...

-Creo que ahora está muy fascinado por el mundo de los trovadores...

-Sí. Desde hace algunos años, a lo largo de la experiencia de Radio Futura, estábamos muy interesados en buscar apoyos que dieran sentido a la búsqueda de una nueva canción en España. En lo musical empezamos a mirar hacia la negritud americana, próxima al fraseo español, primero Jamaica, con Bob Marley y el “reggae” a la cabeza, y luego Cuba. Nos metimos muy a fondo. Ese pulso negroide nos empezó a cautivar. Eso empezó a partir del 84.

-Tengo una curiosidad. ¿Cuándo Radio Futura titula su primer disco “La ley del desierto”?, ¿no estarían pensando en Aragón?

-Yo creo que se me fundieron varias imágenes: el páramo castellano, también los Monegros, y un poco La Mancha. También titulamos otro álbum “De un país en llamas”.

-¿Qué es lo que le lleva a crear un heterónimo? ¿O no podíamos decir que Juan Pedro es un heterónimo?

-Sí, lo es. Es un heterónimo que me sirve para canalizar tendencias un poco contradictorias: el lado público y vagabundo exigido por el trabajo en la carretera, y el trabajo de búsqueda, de sones, y compatibilizarlo de algún modo con la necesidad del trabajo privado, del estudio, de la reflexión, de ir poniendo cosas en limpio en los cuadernos. Son como dos mentalidades y dos actitudes que parecen opuestas e irreconciliables pero para mí son las dos verdaderas y las vivo como una especie de oscilación periódica, casi estacional. De hecho el ejemplo de los trovadores, por el cual me ha preguntado, me es muy grato porque en alguno de los textos de estudio (Martín de Riquer o Menéndez Pidal, sobre todo) he encontrado una situación semejante: el trovador era una persona que vivía seis meses de estudio y seis meses de juglaría para llevar y cantar sus propias canciones.

-Su carrera en solitario como Juan Perro ha pasado por fases muy diferentes: el jazz, una reivindicación de lo latino (fue usted, en cierto modo, quien lo puso de moda), lo fronterizo, la mezcla...

-En Radio Futura ya estaba eso. Hicimos temas como “Semilla negra”, que es una fórmula que provoca consecuencias posteriores, hay una relación simbólica entre “Semilla negra” y “La negra flor”. Con Radio Futura visitamos Cuba, trajimos muchos materiales, y nos dimos cuenta de que ahí había mucho lío en el son campesino que remite, en sus orígenes, a estructuras muy interesantes en lo melódico y en lo rítmico. Yo me lo tomé un poco como tarea más personal. Mientras que mis compañeros estaban pensando más en la deriva hacia lo electrónico, en el estudio casero, decidí ir más a Cuba a conocer los viejos soneros, la práctica, la música de tú a tú en su propio círculo familiar. Me gustaba cantar casi sin amplificación y la inmediatez de las músicas tradicionales. También me relacioné con los círculos flamencos de Madrid. Me interesaba desarrollar todo eso como vocalista y por la escritura.

-Usted posee una vocación poética inequívoca, ¿no?

-Sí, pero quiero ser muy cauto con eso. Hay una vocación creciente y una afirmación de la necesidad que yo tengo de leer a los poetas, por dos razones: una, por oficio, para tratar de escribir mejores canciones, y otra por razón de mentalidad porque hay realidades tan escurridizas -supongo que siempre ha ocurrido pero en los tiempos que corren se vive con mayor ansiedad, porque todo parece ocurrir de una forma muy veloz-, que siento la necesidad de capturarlas.

-Le hemos leído que las canciones son un barómetro sociológico más fiable quizá que los cambios políticos.

-Lo que ocurre es que hay patrones musicales, pequeños problemitas rítmicos, que resumen enfrentamientos de culturas, de etnias, de lenguas, y que decantan soluciones que duran mucho más que un imperio. Hay patrones rítmicos que atraviesan la historia con una ligereza increíble. No están asentados, no tienen territorio propio, viven casi mejor en los altos fronterizos y parece que se alimentan de ese extrañamiento, de saltar de un pueblo a otro, incluso a veces de saltar al pueblo del enemigo. He sentido la necesidad de remontar la tradición lírica que me permitiese escribir mejores canciones en castellano, desvelar algo del entramado rítmico latente en la lengua, en los versos, y con los patrones rítmicos de la música popular, que desaparecen, se echan al viento y se van. Ahí he encontrado mi temática, esto es lo que me obsesiona porque a la vez me lleva por el lado de la práctica musical, por el lado de la decantación del lenguaje en los versos, y también por el lado de la reflexión al intentar comprender algo dentro de esas oscuridades.

-¿Cuál es su estado natural: la insatisfacción, la curiosidad, la búsqueda o el riesgo?

-Supongo que una curiosidad enfermiza y doliente. Me veo arrastrado por corrientes que confluyen a veces y luego divergen. Vivo en la incertidumbre y en la indefinición. Lo central de mi carácter es esa especie de confusión o de oscilación entre un extremo y otro.

-¿Mr. Hambre sería también un “alter ego” que se abre camino en medio de esa confusión?

-Había un personaje así en alguna canción de Radio Futura, “Cara o cruz”, un Rufio Datura que era una prefiguración de Juan Perro; estaba en “La canción de Juan Perro”. Creaba heterónimos, figuras y personajes por la necesidad de personificar en alguien la búsqueda rítmica y melódica de la canción popular española contemporánea, por darle un rostro, y en ese juego entró Mr. Hambre, fugitivo, huidizo.

-No sé si se retrata de nuevo. Usted ha declarado: “Vivo una eterna adolescencia en la que no encuentro por donde tirar”.

-Sí me encuentro en esa sensación. Pero este impulso irremediable y cíclico ya me lo tomo con buen humor.

¿Le dice algo el nombre de Fernando Pessoa?

-Me gustan muchas cosas de él. Es un poeta por naturaleza. Lo comparo con Kafka, son dos funcionarios “poetas”. Tengo la sensación de que Fernando Pessoa necesitase heterónimos para, al fin, hacerse su propia encarnación poética. No he pretendido parecerme a Pessoa. Deben ser síntomas de escisión, pero estas cosas no son caprichos de uno mismo, sino de la madre naturaleza.

-Me ha sorprendido que un antiromántico como usted diga: “La herida amorosa tiene mucho que ver con el canto”.

-S, claro. El canto es una especie de sutura o de recubrimiento balsámico. Lo amoroso siempre conduce a algún tipo de herida por el mero entusiasmo de la naturaleza que te lleva de la querencia a los extremos dolientes inevitables, mientras no les pones remedio. Y casi nunca sabes cómo hacerlo. No he sido muy partidario del sentimentalismo ni de la expresión lírica que engorda el yo ni del lamento nostálgico. Prefiero vivirlo y cuando me toca expresarlo, hacerlo de un modo algo más impersonal.

-Otra frase: “Soy un extranjero de aquí”. ¿Es un extranjero en la música, en España, en Aragón?

-Del aquí. Mi manera de ser un aragonés errante o ciudadano español es disfrazarme de turista. Yo soy de la tribu como el primero, pero siempre tengo la querencia de irme un poco a los márgenes para ver las pasiones de la tribu y los sones que llegan de lejos.

-Su último álbum es “Cantares de Vela”. Parece que vuelve al jazz y al soul.

-De algún modo, mientras la canción en España se está poniendo cada vez más pesada porque tiende a la explotación de lo vulgar. Creo que hay un círculo de rockeros de cierta edad que necesita recuperar territorio. Y se vuelve a las fuentes. Ahí está la música negra, el rythm and blues, el jazz, que es la gran explosión de la música negra americana porque es donde se lleva a cabo la revolución drástica de poner en el terreno de la música popular toda la experimentación posible. De algún modo, tenemos que recuperar la memoria.

-Y su memoria, ¿es jazz?

-No es que pretenda ser jazzístico porque para eso hay que nacer, pero sí me gustan los discos, las atmósferas de jazz, su libertad de improvisación (sin exagerar), y el fenómeno en bloque de la negritud americana, que habla inglés o español. “Cantares de vela” es un término literario que he tomado de Menéndez Pidal, son unos cantares populares que llegan hasta Lope de Vega y también hay otra referencia en Gonzalo de Berceo, en un episodio en que los judíos van a decirle a Pilatos que ponga veladores nocturnos en el sepulcro de Cristo para que los discípulos no roben el cuerpo y digan que ha resucitado. Además me ocurrió que tras las giras de “Mr. Hambre” me pasaba las madrugadas en vela, y por eso muchas canciones han nacido con esa imaginería.

-Usted ha hecho defensa del humor negro y se ha identificado con Goya y Buñuel.

-Desde luego. Me siento cercano a los elegiacos, a los que saben enfrentarse a la negrura del mundo, pero no me gusta ni me parece oportuno el lamento airado del genio romántico. Me parece más pertinente llevar la elegía con algo de humor. O con el sarcasmo, que es una de las virtudes de mi tierra. Me parece una estrategia de pensamiento. A lo largo de los años, uno va entendiendo mejor la obra de Luis Buñuel, que ese cine en blanco y negro no sólo es en la película, sino también en el pensamiento. Es un poco el humor de Goya, naturalmente, pertenece a un talante tribal en el que me reconozco con gusto. Como me siento extranjero de aquí, me puedo permitir aprender algo de los míos con ánimo ligero, liviano.

-¿Se siente muy aragonés?

-Totalmente. Acepto mi ser aragonés con alegría. Reconozco los matices de mi tierra.

 

*La foto es cortesía de mi gran amigo Pablo Ferrer.

26/09/2020 07:59 Antón Castro Enlace permanente. Músicos No hay comentarios. Comentar.

CEES NOOTEBOOM, DISCURSO DEL PREMIO FORMENTOR

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LEYENDO EL LIBRO DEL MUNDO (*)
Cees Nooteboom
[Discurso leído en la entrega del Premio Formentor de 2020]
En el ahora en que escribo estas palabras, veo delante de mi ventana la pequeña rama de nogal que corté frente a esta aislada casa alemana en la que resido. Nunca me había fijado yo mucho en los nogales —a pesar de que mi nombre, Nooteboom, que en español significa «nogal», hubiera sido razón suficiente para ello—, y, por consiguiente, nunca había reparado en la belleza de las formas de sus hojas. Hace unos días coloqué esa elegante ramita delante de mi ventana por la que veo una hiedra exuberante, detrás de esta unos árboles altos, después un campo que el tractor del vecino recorre de un lado a otro, al fondo un bosque y más allá, en lontananza, los Alpes, pues esta casa está ubicada en un lugar apartado, en una zona rural de Baden Württemberg, que es uno de los estados de Alemania, como bien saben ustedes. Los discursos poseen siempre un entonces y un ahora, el entonces de la escritura y el ahora, es decir, ahora mismo, en que toca pronunciarlos. De ser así, me encuentro, en este momento, delante de ustedes en Formentor, el lugar que da nombre al premio que hoy recibo. Es posible que escuchen ustedes una leve vacilación en mi voz, porque el tiempo en el que vivimos es un tiempo incierto en que las cosas que damos por sentadas no siempre son seguras. Escribo estas palabras el último día del mes de mayo. Tal como están las cosas ahora, existe aún la posibilidad de que el virus que actualmente domina el mundo nos juegue una mala pasada, y, en tal caso, no estoy hoy, el 18 de septiembre, aquí en Palma de Mallorca delante de ustedes, sino en otro lugar, donde ustedes no están, lo cual sería de lamentar. La isla en la que se encuentra Formentor es vecina de mi isla, Menorca, que no es mía, por supuesto, aunque yo diga «mi» isla, pero sí es el lugar donde he escrito gran parte de mis libros y poemas en los últimos cincuenta años. De modo que el premio que recibo es para mí, en cierto sentido, como llegar a casa, con lo que no quiero decir que se me haya otorgado por esta razón, claro está, si bien estoy convencido de que la isla más pequeña ha sido una inspiración esencial para mi obra a lo largo de todos esos años.
Algunos días del año, en Menorca, cuando desde mi pueblo de San Luis me dirijo hacia el oeste en dirección a Ciudadela, avisto la forma de Mallorca, una atractiva figura geológica, ligeramente curva, que parece flotar sobre el mar, como una tentación. El viaje en barco de Ciudadela a Alcudia dura tres horas, un trayecto que he realizado con cierta frecuencia, pero mientras lo hacía nunca pensé en el Premio Formentor, hasta ahora, ahora que quiero expresar mi agradecimiento por este gran honor. A principios de la década de los sesenta, dos de los escritores que yo más admiraba, sin comprenderlos del todo, el irlandés Beckett y el argentino Borges, recibieron este mismo premio... Borges, el vidente ciego, se convirtió con el paso del tiempo en una figura mitológica, como la propia literatura, una constante fuente de inspiración, un ejemplo de erudición y de la posibilidad de jugar de una manera superior con todo lo que uno ha leído.
¿Cuándo se convierte uno en escritor? ¿Es gracias a la lectura o gracias a la vida? ¿O es por una combinación accidental o, por el contrario, intencionada de ambas? En el seminario donde cursé el bachillerato clásico yo no había leído ni a Borges ni a Beckett. ¿Influye la forma en la que discurre tu vida en la manera en que buscas tu camino en la literatura? Tenía yo suficientes razones para preguntarme esto, porque, al igual que muchos de mis contemporáneos nacidos antes de la guerra (soy del ‘33) que aún vivieron, de forma más o menos consciente, suficientes años de aquella época como para haber sido tocados por ella definitivamente, aquella guerra, sin que yo me diera cuenta entonces, se convirtió también para mí en una fuerza nada desdeñable que afectaría mi vida y, por lo tanto, mi escritura, a causa del inevitable caos que la acompaña. Mis padres se divorciaron en el último año de la guerra. Debido al hambre que azotaba a La Haya en aquel mismo año de 1944, mi padre, que moriría en un bombardeo de aviones británicos dos meses después, me había enviado con mi madre fuera de la ciudad, porque ahí todavía había algo de comer. Nuestra casa en La Haya sería destruida en este mismo bombardeo; todavía conservo en mi retina la imagen de aquel irreconocible montón de piedras.
Mi madre se volvió a casar en 1948 con un hombre extremadamente católico, por lo que me internaron en un seminario de franciscanos, y después, una vez que me echaron de ahí, en uno de la orden de Agustinos, y la palabra «orden» me la tomo aquí literalmente como la antítesis de «caos». Esto supuso un nuevo giro en mi biografía. En mi libro sobre Venecia, en el que comento una pintura de Carpaccio que representa a san Agustín como un escritor con la pluma levantada, es decir, en el momento de la inspiración, sostuve que él fue el mejor escritor entre los santos y el más santo entre los escritores. Así que no podría haber tenido yo mejor suerte, a pesar de que el amor entre los agustinos y yo no fuera perfecto y me expulsaran también de ahí, pero, con todo, estoy convencido de que la palabra Orden —ordinis Sancti Augustini— está bien elegida: por primera vez hubo orden en mi vida, tal vez gracias a los frailes, pero en especial gracias al horario estricto que impera en un seminario, y, con toda seguridad, gracias a los clásicos que allí me enseñaron y que ejercerían una influencia duradera en mi obra, que a partir de aquel momento, por el orden benéfico y por el caos que yo mismo me creé, se caracterizaría por una continua existencia nómada. Yo no podía imaginarme en una universidad, mi universidad sería el mundo. No creo que por aquel entonces ya quisiera ser escritor. Tanto el orden como el caos se convirtieron en parte de mi vida: el caos de estar siempre en camino unido a la necesidad de escribir sobre ese estar en camino, y mi obsesiva y tenaz curiosidad gracias a la cual aprendía idiomas mientras viajaba, a lo que contribuyó la base que había adquirido en los pocos años que había estudiado griego y latín y tres idiomas modernos en el seminario.
En septiembre del año pasado obtuve un doctorado honoris causa en Londres y a los estudiantes les expliqué, con un placer un poco perverso, aunque no fuera esta mi intención, que además de la universidad, existen formas ilegales de aprender o de adquirir los signos externos de erudición; pero aquí habla, claro está, el autodidacta, por no hablar de mi carrera de banquero, que inicié al irme de casa a los diecisiete años y que consistió en trabajar un par de años como joven empleado en un banco. Todo aquello no me aportó ninguna novela sugerente sobre la banca, pero sí me sirvió de algo. Y es que, algunas veces, cuando me permitían llevar dinero en bicicleta a unas ancianas de alta alcurnia, yo aprovechaba para hacer un gran desvío por un bosque donde me detenía junto un arroyo para, sí, ¿para qué? Para pensar, y a veces pienso que
mi escritura comenzó en aquel lugar, sin poner una palabra sobre el papel. Me sentaba allí y pensaba, una forma de absentismo y de clandestinidad que ahora sé que es parte integral de la escritura.
Pensaba en lo que realmente quería y en lo que había leído. Lo que me había quedado del poco tiempo que cursé la escuela secundaria era la avidez por leer libros, y cuando hoy vuelvo a mirar mis antiguos libros y las fechas que anotaba fielmente en ellos, me sorprende encontrar no solo a Sartre y a Faulkner o a los clásicos que estudié en el seminario, como Ovidio y Homero, sino también a unos cuantos escritores holandeses de los que ustedes desafortunadamente nunca habrán oído hablar, porque el neerlandés es un lenguaje secreto en el que hay que haber nacido para poder descubrir los tesoros ocultos de nuestra literatura.
En mi casa no se leía, al menos no aquellos libros que fascinan a quien más tarde será escritor. ¿Cómo funcionan esas cosas? Saltas de un libro a otro, algunos escritores no dejan de cautivarte a lo largo de toda la vida; tal vez no los comprendiste del todo cuando los leíste por primera vez y, para según qué libros, tuviste que aprender a captar los matices del idioma extranjero. Es una escuela dura en la que uno mismo hace de alumno y de profesor, una escuela que te acompañará toda la vida con descubrimientos siempre nuevos. Por aquel entonces no tenía yo muchos amigos literatos; vagaba por una inmensa selva, no para buscar, sino para encontrar. Uno de los libros más antiguos en el que anoté mi nombre es L´existentialisme est un humanisme de Sartre. ¿Entendí este libro en aquel momento? ¿Era mi francés lo suficientemente bueno? Llevaba años haciendo viajes en autostop con camioneros franceses, pero el discurso en las cabinas de los enormes camiones estaba más enfocado en el siguiente restaurante que en la filosofía, y, sin embargo, pienso que aprendí mucho de ellos. Recuerdo la obstinación por desviarnos de las rutas para ir a comer tal o cual especialidad culinaria local. Ahora, sesenta años después, leo en una biografía de Heidegger acerca de sus respuestas a Sartre, y algunas partes del rompecabezas empiezan a encajar; aquello que, con toda probabilidad, no entendí en su día se torna claro. Comprendí, por la prensa de aquellos días, que había varios autores franceses, como por ejemplo Simone de Beauvoir, que profesaban una gran admiración por William Faulkner. Ignoro si lo habían leído traducido o en su idioma original, pero para mí la lengua y el estilo de Faulkner eran un gran desafío, y no fue hasta más adelante, después de viajar por Misisipi y otros estados del sur y comprender cuán vinculados estaban la cultura de la América negra y el pasado esclavista en el mundo de Faulkner, cuando por fin hallé el acceso a su intenso y complejo mundo.
En cierta ocasión me encontraba yo frente a la enorme biblioteca de mi amigo alemán Rüdiger Safranski, autor de las biografías de Nietzsche y Heidegger, Hölderlin y E.T.A Hofmann, Goethe y Schiller. Estaba yo ahí cavilando un poco, con respeto y envidia, y se me ocurrió preguntar, probablemente en un tono de desesperación: «Rüdiger, pero ¿cuándo has leído todo esto?». Y él me contestó, como si llevara tiempo preparándose para esta pregunta. «Mientras tú leías el libro del mundo». En mi vida he tenido que responder con frecuencia a la pregunta de por qué viajo tanto, y, como reacción a la constante incomprensión hacia mi supuesta inquietud, he desarrollado un mecanismo de defensa que tiene que ver con mi pasado, con aquel par de años en el seminario. Gracias a este pasado, como no puede ser de otra manera, desarrollé una fascinación por los monasterios que me ha acompañado toda la vida, en especial por sus
variantes cada vez menos comunes, los monasterios con el bello nombre de «contemplativos», órdenes como las de los benedictinos y cistercienses, también llamados trapenses. El silencio que reina en estos lugares, la regularidad que en efecto me faltaba en mi inquieta vida, me atraían hasta tal extremo que me presenté —debería de tener unos dieciocho años— en un monasterio trapense situado en el sur de los Países Bajos para preguntar si podía ingresar en la orden. El abad, un hombre sabio, capaz de atravesar con su mirada mi alma inquieta, debió de llegar a la conclusión de que lo que a mí me movía no era la fe. Me entregó una historia de la vida de los santos en latín, una celda para dormir y un diccionario, y me encargó que tradujera un fragmento del libro. Al cabo de unos pocos días me largué de ahí, pero desde entonces no he dejado de visitar regularmente monasterios dondequiera que estén —Irlanda, Castilla o Japón—, y me he construido mi propio monasterio, sin cofrades, con la infinita serie de habitaciones de hotel que he ocupado: celdas para leer, escribir y pensar.
Hace mucho, en 1962, tuvo lugar un congreso literario en Edimburgo donde conocí a la escritora americana Mary McCarthy. Ella se hallaba entonces en la cima de su fama, y yo aún no estaba en ningún lado, pero en aquel encuentro, que se convertiría en uno de los más importantes de mi vida, ella debió de ver algo en mí, gracias a lo cual nació una amistad que se prolongó hasta su muerte. En el dédalo de mi defectuosa memoria creí que nos habíamos vuelto a encontrar en Formentor, cuando ella fue miembro del jurado en 1964, y mi admirado Gombrowicz uno de los candidatos. Lo del jurado y lo de Gombrowicz era cierto, sí, pero el encuentro tuvo lugar aquel año en Valescure y ella no votó por Gombrowicz, que contaba con el apoyo de un gran número de escritores, sino por Nathalie Sarraute, creo que sobre todo por su libro Tropismes, un título que ha dado nombre a una de las librerías francófonas fuera de Francia más bellas, me refiero a la librería Tropismes de Bruselas, donde compro mis libros siempre que visito la capital europea.
Las librerías, quisiera dejarlo claro aquí, son para los escritores una de las fuentes de inspiración más importantes. Si algo nos ha demostrado la pandemia es que el periodo de cierre de librerías ha convertido a los lectores y a los escritores juntos en tristes huérfanos, algo que ni Amazon ni internet pueden remediar, pues no son sino enfermeros en el hospital equivocado. Si me imagino el cielo, veo la imagen de una gran librería un poco desordenada donde unos libros dispersos en el suelo engendrarán otros libros. Pero ¿qué libros son esos? Borges y Nabokov nacieron en casas llenas de libros. ¿Es bueno eso? A mí me daba envidia y, sin embargo, no sé si es bueno. A mi madre le gustaba leer, pero no los libros que yo más tarde admiraría; así y todo, pienso que la imagen de mi madre absorta en la lectura de un libro me condujo hacia la literatura. Comoquiera que sea, algunos libros más vale leerlos a cierta edad. Mucho más adelante, afirmé en una de mis obras que al escribir uno siempre tiene en la mano a otros cien escritores, sea o no consciente de ello. Yo no fui capaz de leer a Borges hasta que la Collection La Croix du Sud de Roger Caillois publicó sus libros traducidos al francés, y no fui capaz de leer en francés hasta haber viajado infinitas veces con aquellos camioneros, porque mi francés escolar no bastaba. ¿Acaso mantenía yo conversaciones literarias con aquellos conductores? No, pero sí hice en aquellas cabinas otra cosa, igual de indispensable: escuchar las historias de otras personas. Y los relatos orales son libros todavía sin imprimir que te permiten acceder a la connaissance du monde, lo cual me lleva de nuevo a las palabras de Safranski acerca del libro del mundo.
Mis tres o cuatro cursos de educación secundaria me proporcionaron una base sólida que me permitió volver siempre a Heródoto, Catulo, Safo o San Agustín. Ahora bien, para enfrentarme al mundo vivo que me rodeaba, no estaba yo muy preparado; este lo tuve que descubrir por mi cuenta, lo cual solo es posible si uno se expone al azar. Y así fue como llegó a Ámsterdam un viejo director de escena, Pjotr Sjarov, que había sido alumno de Stanislavski. Nos trajo una representación de Chéjov tras otra, un recuerdo inolvidable, que más adelante retornó a mi poesía y que me hizo adicto al teatro. Con mis primeros ingresos tomaba yo cada año en Hoek van Holland un barco con destino a Harwich para asistir cada noche al teatro en Londres y casi anegarme en la extraordinaria riqueza de Shakespeare. Lo que comprendí entonces de aquella orgía lingüística shakespeariana no lo recuerdo, pero sí me ha quedado la fascinación por una lengua que es capaz de todo. Desde Londres hacía yo autostop a París, y recuerdo como si fuera ayer las primeras obras de Beckett, pero también las otras obras, tan diferentes y menos misteriosas, pero muy afiladas, de Anouilh y Adamov, con actores grandiosos como Serge Reggiani. No recuerdo gran cosa de las clases de literatura neerlandesa en mi escuela secundaria nunca acabada, pero la poesía de la generación de los 80 —y con ello me refiero a 1880, una generación literaria que, para la mayoría de extranjeros, es desconocida a causa de la inaccesibilidad de nuestra lengua—, sí me impresionó, en cualquier caso, me enseñó a leer poesía. Mucho más adelante encontré un antiguo cuaderno en el que había copiado cincuenta poemas de todo tipo, un cuaderno que podía llevarme fácilmente en mis viajes en autostop para leerlo y releerlo. Uno de los primeros grandes descubrimientos en mi propia lengua fue Louis Couperus, un escritor procedente de las Indias Orientales Neerlandesas, nuestras antiguas colonias, hoy Indonesia, que en el anterior fin de siécle escribió algunas novelas espléndidas, como De stille kracht (La fuerza oculta), en la que por primera vez penetraban los vientos del mundo tropical, una influencia que ya nunca me abandonó, como tampoco la que ejerció sobre mí Jan Jacob Slauerhoff, poeta maldito y médico de a bordo fallecido a temprana edad, y, que con sus soleares y fados melancólicos me evocó un mundo español y portugués que ya nunca más fui capaz de resistir y que no comprendí del todo hasta verme en un barco atracado en el puerto de Lisboa, convertido yo mismo en marinero, para zarpar hacia Surinam, con mis poemas en la maleta.
A mis veintiún años, en 1954, escribí mi primera novela: Philip y los otros. De esto hace ya 65 años y continúo escribiendo. En algún momento dije que uno debe esperar, aunque no sepa qué. En 1963 escribí mi novela El caballero ha muerto, que considero el fracaso más importante de mi obra. En este libro, el escritor se suicida después de fracasar en su intento de finalizar el libro que otro escritor había dejado inacabado. El libro era una sombra oscura y lejana de aquella primera novela que yo había escrito con total ingenuidad y sin recurrir a ninguna técnica literaria, lo que tal vez explica por qué cosechó cierto éxito en aquella época. La nueva novela con su triste desenlace recibió elogios a la vez que duras críticas, y tanto lo uno como lo otro estaba justificado. Yo sabía que tenía que escribir ese libro, pues de lo contrario hubiera proliferado en mi cabeza cual tumor maligno. Empecé a viajar, y, excepto mi poesía más o menos hermética, me situé al margen del ambiente literario habitual, y me dediqué a escribir sobre el mundo y sobre lo que veía en mis viajes. Budapest 1956, el Muro de Berlín 1963, París 1968, Sudamérica después de Cuba, y de nuevo el Muro, pero esta vez en 1989 y a continuación la Alemania unida… Durante los diecisiete años posteriores a mi abandono de la ficción se
publicaron muchos de mis llamados “«libros de viaje», reflexiones y meditaciones sobre mis viajes por todos los continentes, como mis libros sobre Japón y sobre España, El desvío a Santiago, y no fue hasta entonces, después de diecisiete años de silencio, cuando apareció Rituales, el libro que yo había esperado todo ese tiempo. ¿Acaso fui consciente de que lo esperaba? No, yo sabía que debía esperar, pero no sabía qué, a no ser que, sin saberlo, hubiera estado esperando el instante de la ficción. Y solo después de esto aparecieron mis otros libros. ¿Qué había sucedido entretanto?
Había vivido y había viajado. En un libro sobre el filósofo Ernst Bloch vi un capítulo titulado Ontologie des Noch-Nicht-Seins (Ontología del todavía-no). En esta historia que acabo de leerles, aparecen algunos recuerdos de juventud que proceden de la época del «todavía-no». Vi, leí, esperé, y después escribí, y respecto a esto último puedo decir que me sigue alegrando no haber leído a Proust antes de esta época, porque también Proust pertenecía a la espera. Cuando al fin estuve preparado para ello, quise leerlo en francés, lentamente, página por página, hasta el increíble final de Le Temps Retrouvé, que me recordó al éxtasis de un montañero que ha alcanzado al fin la cumbre del Himalaya. No era el francés de mis camioneros, pero hay que reconocer que sin tal experiencia mi comprensión hubiera sido menor, y la ironía póstuma de este conocimiento es que un editor francés me recomendó recientemente que leyera a Proust en inglés, porque al haber sido traducido ya tres veces a este idioma a lo largo del siglo, sería mucho más moderno que en francés: una equivocación.
Proust y Pessoa nos han enseñado que es posible repartir la vida entre varias personas y escritores; Kawabata y Mishima nos han demostrado que la literatura japonesa, tan diferente a la nuestra, puede ser también muy cercana; Celan y Joyce, sin olvidar a Heidegger, hicieron de la propia lengua el sujeto de su obra, un lenguaje secreto que se escribía y solo después se descifraba, convirtiendo así la lectura en una aventura sin fin. El tiempo del «todavía-no» ya lo he dejado atrás para siempre. Nunca fui capaz de definir ese tiempo con abstracciones filosóficas, lo cual tampoco hubiera sido posible en mi otra época, las de las cabinas de los camiones. La esencia del «todavía-no» pertenece a la espera, es gracias al «todavía-no» que la obra adquiere su definitiva forma. Quien elija la abstracción debe contar su historia de otra manera o, mejor dicho, convertirse en otro escritor.
Hace un instante, este discurso contenía, según el recuento de mi ordenador, 3333 palabras. Yo nací en 1933, un año fatal para la historia europea, y mis dos últimos poemarios contienen cada cual 33 poemas. Para huir de esa afectación numerológica con el número 3, añadí algunas palabras en relación con la cita de Ernst Bloch, y ahora les digo, sencillamente: gracias, Formentor, gracias a todos ustedes.
(*)
Discurso leído por Cees Nooteboom en el acto de entrega del Premio Formentor 2020
18 de septiembre de 2020
Traducción de Isabel-Clara Lorda Vidal

19/09/2020 06:44 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

JOAQUÍN CARBONELL, AL AMOR DE TERUEL

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Una hermosa foto de Joaquín Carbonell de una gran fotógrafo como Rogelio Allepuz, que trabajó con él en 'El día de Aragón'.

 

La primera imagen de ese Teruel intemporal, de vaguadas y masías, de precipicios y valles, de farallones como los Órganos de Montoro, de tardes melancólicas donde el tiempo se deshace gozosamente y libre entre las manos, se la debo a Joaquín Carbonell. A melodías como ‘Canción para un invierno’ y ‘Me gustaría darte el mar’, a ‘Paca del Cañizar’, de uno de los álbumes de mi vida. ‘Con la ayuda de todos’, que me reveló el humor, la desinhibición, la mirada a los parias, la sentimentalidad contenida y el lirismo. El primer pueblo turolense de mi memoria es Ejulve, en la puerta del Maestrazgo. Yendo hacia él, en la carretera que va de Andorra a La Venta de la Pintada, uno de mis cuñados paró el Renault-8 verde al lado de un mirador, bajamos y dijo: “Ese es el pueblo de Joaquín Carbonell, que tanto te gusta”. Impresionaba con su colmena de tejados y la aguja de la torre.

Joaquín me parecía evocador, narrativo, hablaba de algo que conocía muy bien por su condición de niño rural y de joven sediento de aventuras en Teruel. Tenía ingenio, sentido del humor, ironía, practicaba la somardería. Tras los años de música, se reinventó en la televisión, sobre todo a través del programa ‘Tres asaltos’, donde preguntaba y boxeaba. O ‘Musicaire’. Luego entró en ‘El día de Aragón’, donde hacía de todo: columnas, reportajes, le atraía lo insólito cotidiano. A la vez, leía todo cuanto podía, se aficionó al uso correcto de las palabras y parecía viajar por el diccionario y disfrutaba como un niño corrigiéndote el uso de tal o cual palabra. Sus amigos de entonces, a mediados de los años 80, eran Javier Barreiro, que tenía algo de preceptor de múltiples curiosidades, Miguel Pardeza, futbolista y algo más, fascinado en aquellos días por el esotérico Mario Roso de Luna y probablemente sonetista oculto, Jorge Valdano, que ya empezaba a conciliar literatura y fútbol, y la profesora de Literatura Maite Cacho. En 1990 entró en ‘El Periódico de Aragón’, en los tiempos de Juancho Dumall y Plácido Díez Bella (que había sido su director en ‘El día’), y descubrió la importancia de la televisión en la vida de la gente, a la vez que hacía reportajes con ese punto de humor y asombro que tanto le gustaban. En ‘El Periódico’ se midió en la entrevista ágil e intuitiva, vertiginosa. Era el nuevo Manuel del Arco.

Como quien no quiere la cosa, se revelaría hiperactivo. Gracias a Georges Brassens recuperó su ser esencial, el de músico que cuenta historias de su época e incrementó su bibliografía literaria: poesía, narrativa juvenil, ensayo, narrativa, biografía, libros misceláneos de humor, con Roberto Miranda. Pero nunca olvidó sus raíces: la infancia en Alloza, los paseos al calvario (donde irán a parar sus cenizas), la huella de un padre afable y protector, una madre, ahora centenaria que le sobrevive, a la que adoraba, el impacto del cine o la concavidad del cielo bajo la que los mineros, sonrientes y sucios, volvían a casa para perderse en el pan, en el beso o en la umbría de las oliveras.

 

14/09/2020 07:20 Antón Castro Enlace permanente. Músicos No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON ELOY FERNÁNDEZ CLEMENTE

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Recupero de mis archivos esta entrevista de 2010, podo después de la muerte de Labordeta.

 

Que te quieran en tu pueblo es lo más grande”

 

 

Me temo que los políticos no van

a seguir la lección de Labordeta”

 

 

 

Eloy Fernández Clemente (Andorra, Teruel, 1942) catedrático de Historia Económica recibe el viernes y el sábado un gran homenaje de su localidad, Andorra. Se publican libros, se organizan charlas y encuentros con jóvenes alumnos. El cofundador de ‘Andalán’, con José Antonio Labordeta, y director de la Gran Enciclopedia de Aragón, prepara sus memorias.

¿Cómo acoge este homenaje en su pueblo natal, Andorra?

Con mucha gratitud, emocionado. Que te quieran en tu pueblo es lo más grande. Y se han volcado, con mil deferencias y detalles. Hay un Ayuntamiento muy progresista y un grupo cultural extraordinario.

¿Qué recuerdos más vivos le vienen a la cabeza de Andorra?

Mi bisabuela Manuela murió cuando yo tenía cuatro años y me compraron un trajecito de mil rayas, luto de niño. La vista desde San Macario, las minas. Por parte de mi abuelo emparentamos con el célebre corredor “El Rey” y con la mujer de José Iranzo, el Pastor; y por mi abuela Concha Sauras, con el catedrático Juan Martín Sauras y su hermano Fermín, gran entendido en jota; el dominico Emilio Sauras, o los periodistas Juan Ramón Masoliver, Carlos Sauras, Ramón Mur y el estupendo poeta Manolo Estevan. Y me quedan allí unos tíos carnales muy queridos, Manolo Franco y Josefina Clemente, padres de nueve estupendos primos.

¿Le debe algo especial, intenso, inolvidable a su infancia rural?

Sí, los largos veranos en Alloza, a ocho kilómetros, donde mi abuela era maestra y mi padre lo había sido doce años en la República, la Guerra y primera posguerra. Era una isla de libertad, de juegos, paseos, amigos. Anchel Conte y Joaquín Carbonell, por ejemplo. Y mi hermana.

-Hablemos del influjo de sus padres, cultos, maestros. ¿Qué caminos le marcaron?

Estudiar sobre todo, bondad y educación, responsabilidad. Eran muy cariñosos y dulces. Mi padre me hubiera querido ingeniero, arquitecto, médico, pero comprendió que fuera feliz con las Letras, la Historia, el periodismo.

-¿Cómo nació en usted la atracción por el periodismo?

Siempre anduve fundando periódicos que escribía a mano, coleccionando fotos, ordenando datos, leyendo cuanto diario o revista caía en mis manos. Creo en el poder transformador de los medios. Trabajé con dieciocho años en la revista “El Pilar” y en Radio Popular de Zaragoza, y cuando fui a Madrid, en 1963, a terminar Letras, me matriculé en la Escuela de Periodismo de la Iglesia, mejor y más abierta que la oficial.

-¿Y esa inclinación permanente al conocimiento, al mestizaje de saberes?

Hoy por desgracia está mucho más limitada que en los años de formación y juventud. He tenido siempre tanto que escribir y hacer, que quedaba poco tiempo para leer. Aun así he leído mucho, he viajado bastante, me sigo preguntando por el sentido de todas las cosas, asombrado por el progreso de la Ciencia, mucho más que de la solidaridad. Es más fácil entender el mundo que mejorarlo.

-¿En qué medida ha sido la palabra curiosidad la clave de su vida?

Era la necesidad de estar bien informado, de saber por dónde van los tiros, qué opinar de muchas cosas. La ausencia o escasez de grandes maestros me obligó siempre al autodidacticismo. Soy un gran mitómano… sin apenas mitos que admirar y seguir sus pasos.

-¿Quién le descubrió Aragón? ¿Hay una voz, un maestro, un libro, un detonante, o es una cadena de cosas, pasajes y personajes?

Mi padre fue un guía estupendo. Hice toda la primaria en la Escuela Costa de Zaragoza, con buenos maestros y un director excepcional: Pedro Arnal Cavero, que nos inició en muchas cosas: el propio Costa, los riegos, la lengua aragonesa, la Naturaleza, el amor a los animales, la corrección. Luego en Escolapios, la Normal, Letras, tuve buenos profesores (el P. Muruzábal, Sanjuán, Frutos), que me abrieron a otros ámbitos.

-Empecemos por algunos de sus temas iniciales: Costa, Nipho…

Costa, de quien vamos a celebrar el centenario de su muerte, es asombroso por su enorme capacidad y esfuerzo titánico: sobresaliente en muchas ciencias sociales, de haberse dedicado a una sola hubiera sido un genio universal. Nipho crea a mediados del XVIII el primer diario de España; maestro, pues, en mis afanes periodísticos, en que ha habido otros.

Usted, como Labordeta, es un ciudadano tamizado por Teruel. Se ha escrito mucho de ello, se ha contado y recontado, pero, a modo de balance, ¿qué significó Teruel, qué le dio, cómo le transformó?

Me dio realismo, cercanía al Aragón real, duro y difícil, años de mucho trabajo docente pero también de encuentro con gentes como él, maestro y amigo extraordinario, y otros más, y discípulos estupendos. Allí sembrabas, y brotaban plantas espléndidas, era “muy buena tierra”.

Ya que estamos en Teruel y en el embrión de ‘Andalán’, vayamos con Labordeta. Usted era y ha sido como el hermano entrañable que le nació en otra familia. ¿Cómo lo veía, qué retrato desde la cercanía se le impone, cuál era su secreto?

Mi padre y mi tío Eloy, muerto en el frente de Teruel, habían sido internos del Colegio Santo Tomás, de don Miguel Labordeta, padre; la madre era de Azuara, como ellos, y don Miguel había ido mucho a casa de mi abuelo Luis, veterinario, para “festejar” con la futura doña Sara. Un primo de ella casó con una hermana de mi padre. Y Juana era varios cursos más en Letras y la conocía. Labordeta tenía un secreto: se mostraba absolutamente como era; decía siempre lo que pensaba, aunque le creara problemas. Era cultísimo, tenía muy buen juicio crítico sobre literatura, historia, política, te daba siempre suaves consejos y te prestaba libros. Y nunca se creyó importante, a pesar de que lo era, y mucho.

¿Qué supuso ‘Andalán’: como aventura ideológica, periodística y cultural?

Una maravillosa escuela de periodismo práctico, de ciudadanía política, de aragonesismo y cultura. Y un vivero de grandes amigos. Esa generación está hoy culminando sus vidas profesionales, muy logradas.

Has estado a punto de meterse en política de partido. ¿Ha lamentado alguna vez no haberlo hecho de lleno?

Jamás. Sólo milité en el PSA, año y medio. He sido rechazado (aunque las ofertas salieron de ellos, no de mí) por el PSOE y el PCE, y visto cómo funcionan por dentro prefiero votar discretamente y ver con pena qué democracia más imperfecta tenemos aún.

Has sido y es muchas cosas: catedrático, periodista, historiador, investigador constante, amigo, referente, editor de la ‘Gran Enciclopedia de Aragón’ o de la Biblioteca Aragonesa de Cultura. ¿Dónde está su mejor autorretrato o, por acumulación, en la suma de todos?

Creo que en la suma. Trabajar a tope para conocernos mejor, amar más nuestras cosas y luchar por ellas, pero sin fanatismos ni separatismos. Al revés: el mundo es muy hermoso, todo.

¿Cómo miras desde la leve lontananza de los días el proyecto de la GEA?

Creo que para su época fue un modelo, que imitaron en Cantabria, Extremadura, Canarias. Reuní un equipo director excelente y unos 600 colaboradores, y tuvo un nivel muy alto. Luego, ha sido una barbaridad la edición reducida, suprimiendo la autoría de las voces, un verdadero atropello, y así se ha consagrado en la versión actual on-line.

¿Y la BArC?

Fue un intento, quizá fuera de tiempo, de aportar nuevas perspectivas, actualizaciones, grandes reportajes y síntesis. No fue perfecta, pero hubo bastantes títulos de interés.

Ha publicado un sinfín de libros. En compañía de otros y en solitario. ¿Cuáles son sus favoritos?

Todos son hijos. Pero especiales: La Ilustración aragonesa, Aragón contemporáneo, Estudios sobre Joaquín Costa, los dedicados a Portugal y Grecia, Gente de orden, Aragoneses en América, y la última Historia de Aragón que editó La Esfera hace dos años.

Durante muchos años ha estado reflexionando y pensando Aragón. ¿Hacia dónde va Aragón? ¿Estamos en un tiempo de grandes esperanzas o de inmensas atonías, de lasitud, de utopías abotargadas?

Ni una cosa ni otra. Hemos cambiado y mejorado mucho, falta esa perspectiva que da la Historia, que por indicios es muy buena. Pero de “quejicas” hemos casi pasado a demasiado frívolamente “autosatisfechos”, salvo con la crisis. Necesitamos más presión en lo cultural, educativo, investigador, hay mucha materia prima.

Del aragonés se dice que es individualista, saturnal, descreído, que solo es capaz de unirse en el no. ¿Cómo analiza el eco de la muerte de Labordeta, el inmenso cariño desplegado? ¿Se pueden leer esos gestos en alguna clave?

Impresionante. La gente reaccionó como en los grandes momentos, sin ninguna instrucción, espontáneamente. Sabían que era alguien cercano y grande, el aragonés más conocido y querido, aquí y fuera. Me temo que los políticos no han tomado nota, no van a seguir esa lección.

¿Cómo analiza el historiador la designación de Marcelino Iglesias como secretario de organización del PSOE? ¿Y la designación de Eva Almunia, mediante la política de hechos consumados?

Hace mucho que no escribo de política pura y dura. Creo que se valora en Iglesias lo poco conflictivo con su partido y el Gobierno, su imagen de pacificador, sereno, correcto, y haber anunciado su abandono en Aragón sabiendo que repetía casi seguro. Hubiera preferido que Eva Almunia, que estimo buena candidata de su partido, lo fuera tras un proceso más diáfano y democrático, que los partidos rehúyen cautelosos (véase Madrid).

Está a punto de publicar el primer tomo de sus memorias. ¿Con qué Eloy Fernández nos vamos a encontrar, qué vamos a descubrir?

Un joven ávido de saber, de hacer bien las cosas, de cambiar el mundo a su pequeñísima escala. Y profundamente cristiano, que evoluciona hacia un duro y frustrado agnosticismo, ante una Iglesia Católica decepcionante. Y, a través de mis andares, lo que un muchacho, un joven, veía, leía, oía, descubría, en la tremenda España franquista, entre 1942 y 1972, que es lo que abarca el primer tomo, que saldrá en Navidades.

¿Qué ha significado el cine en su vida? ¿Cómo lo ha disfrutado?

Muchísimo. Primero entraba del todo, luego lo analizaba todo, hoy disfruto sin tanta lupa. Me ha gustado todo lo interesante, de Buñuel a Bergman, de Hitchcock a Woody Allen.

Siempre ha sido un gran lector. Qué autores le han hecho disfrutar especialmente, los cuatro o cinco claves, y por qué…

Americanos (Mújica Laínez, Carpentier, Borges, García Márquez), portugueses (Pessoa, Torga, Saramago, Lobo Antunes), Anglosajones (Lawrence Durrell, George Steiner, Ian McEwan), españoles (Marías, Vila-Matas, Millás), aragoneses (Pisón, Conget y varios más). Y en general las memorias, viajes y todo lo policíaco.

Sus historiadores modélicos. O sus modelos de historiador, el espejo en que te veías…

En el mundo, de Marx a Hobsbawm, docenas. Españoles: Tuñón de Lara, Juan José Carreras, Josep Fontana.

Dos o tres libros de historia que deberíamos leer todos alguna vez.

El Mediterráneo de Braudel, como un modelo; los tomos sobre las revoluciones burguesas y la industrialización de Hobsbawm y una excelente Historia de España que estamos publicando, perdón porque pertenezco a su Consejo, en Marcial Pons/Historia.

¿Cómo son, de veras, los aragoneses?

Formales y divertidos, somardas y audaces, cultos y sencillos.

Qué lugar ocupa Aragón en España y cuál debería ocupar.

Un lugar discreto, ya sin tópicos. Se nos ignora y se nos relega porque somos pocos y mansos.

El hecho sucedido entre nosotros que más le conmueve.

La guerra civil.

¿Quién es su personaje histórico, aragonés, más amado?

Joaquín Costa. Y ahora, ay, se nos ha ido a la gran Historia Labordeta.

¿Qué ha significado Marisa Santiago en su vida?

Todo. Es lo más importante que me ha pasado. Su compañía hace que no enferme de soledad, que era mi tendencia antes. Y, como digo medio en broma, a su lado no me he aburrido jamás.

 

 

13/09/2020 14:53 Antón Castro Enlace permanente. Temas aragoneses No hay comentarios. Comentar.

EN EL ADIÓS DE JOAQUÍN CARBONELL

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/09/13/fallece-joaquin-carbonell-figura-clave-de-la-cultura-popular-aragonesa-1395069.html

13/09/2020 08:45 Antón Castro Enlace permanente. Músicos No hay comentarios. Comentar.

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