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DIARIO DEL MUNDIAL / 5

 

Crónica póstuma

de Diego Lucero:

Lionel y los otros

 

Argentina siempre ha tenido apasionados y sabios periodistas deportivos. Uno de los más grandes fue Luis Alfredo Sciutto (1901-1995), que alcanzó fama con su seudónimo de ‘Diego Lucero’. Asistió a todos los campeonatos del mundo desde 1930 en Uruguay hasta el de 1994 en Estados Unidos, cuando contaba 93 años. Allí asistió a la exclusión de Diego Armando Maradona tras su dopaje, después de verle marcar por partida doble ante Nigeria. Diego Lucero jugó en Nacional de Montevideo y llegó a ser internacional con Uruguay. Vino a España durante la Guerra Civil y fue corresponsal. Fue detenido en la Casa de Campo de Madrid, lo recluyeron en la cárcel de Manises y estuvo a punto de ser ejecutado. Gracias a la mediación de la embajada de Estados Unidos, fue repatriado a su país. Diego Lucero había hecho una promesa: algún día iría a pie desde Valencia a la Basílica del Pilar, en Zaragoza. La cumplió en cuanto pudo, aunque eso no consta en una autobiografía de muy pocas líneas que redactó para alumnos de periodismo.

Hubo una época en que todos los periodistas argentinos querían “ser como Diego Lucero, ‘el señor Mundial’, el amigo de los futbolistas, el columnista de ‘Clarín’ y de la famosa sección ‘Minuto 91”. Diego Lucero, como Horacio Pagani, como Roberto Fontanarrosa, fue un acérrimo seguidor de su selección y contó sus grandes momentos.

¿Qué hubiera escrito hoy tras la goleada a Corea? No es fácil, pero Argentina siempre ha tenido una estructura semejante: suele organizarse en torno a una gran figura y a un lugarteniente de calidad; el resto por lo regular, son jugadores secundarios de calidad dispar. En 1966, Argentina estaba liderada por Antonio Ubaldo Rattin, que golpeó con premeditación y alevosía a Hunt y Charlton, escupió, desafiante, y se negó a retroceder para el saque de una falta; discutió con el árbitro y al final fue expulsado. El partido se paró durante diez minutos y Rattin salió escoltado por la policía. Aquel día, después de que Hurst marcase el único gol del choque, Óscar ‘Pinino’ Mas, episódico jugador del Real Madrid, le dio una torta a un recogepelotas. Sir Alf Ramsey, preparador del futuro campeón, diría luego: “Inglaterra sale a jugar al fútbol y no a actuar como animales”. Pensaba en ‘la Rata’ Rattin y puso en pie de guerra a la prensa argentina que criticó ferozmente “el vergonzoso insulto inglés”.

En 1974, el combinado albiceleste empezaba en Carnevali y concluía en el goleador Yazalde. Tenía buenos jugadores como Bargas, Babington, Brindisi Ayala o ‘Cacho’ Heredia, debutaron Kempes y el ‘Loco’ Houseman, pero sucumbieron con claridad ante Holanda y ante Brasil. Cuatro años después, en uno de los Mundiales más borrascosos de la historia, Argentino logró su sueño: “campeonó” con un equipo que todos se sabían de memoria: Fillol; Olguín, Galván, Pasarella, Tarantini; Gallego, Ardiles, Kempes; Bertoni, Luque y Ortiz. Había una gran estrella, uno de los jugadores más elegantes de todos los tiempos, el ‘matador’ Kempes, y dos lugartenientes de lujo: el ‘mariscal’ Pasarella en la retaguardia y Ardiles en la media, un centrocampista menudo e imaginativo, que poseía un intenso sentido de la dirección. Kempes era un zurdo imprevisible, dotado de una técnica extraordinaria. Cabría ver una línea de continuidad en las maravillosas zurdas de Kempes, Maradona y ahora Messi.

Maradona fue el líder absoluto de los equipos de 1986, 1990 y 1994. Entonces, el conjunto era “Maradona y diez más”. La selección que venció a Alemania en México 1986 estaba llena de jugadores medianos u olvidables: Cuciuffo, Olartiocoechea, Pumpido, Giusti, Enrique, Batista, Brown. La clase, más allá de Maradona, la ponían Burruchaga, y un voluntarioso Valdano, que se definía a sí mismo como “un jugador complementario”. Desde la despedida de Maradona, Argentina no había sabido ahormar un conjunto: Pekerman, con Riquelme y con un joven Messi, no pudo hacer nada en Alemania-2006.

Ahora, Argentina ha sido el primer equipo en clasificarse. O casi. Siguiendo la tradición, ha vuelto a reunirse en torno a una estrella, Lionel Messi, que hace de todo: defiende como el que más, recupera balones, busca apoyos, sirve al primer toque, improvisa, y es capaz de generar internadas a cada instante. Tiene alma de músico de jazz y de director de orquesta; atrás tiene a su lugarteniente Mascherano y delante a un insaciable goleador con arranque de caballo percherón: Gonzalo Higuaín. Cuando Messi se pone en movimiento, Argentina se balancea. A Maradona le viene grande el traje, pero se le ha quedado cara de líder espiritual de una secta. El nuevo dios del fútbol juega a su lado y juega como él y, a veces, casi mejor.  

 

[En las fotos, Rattin, Kempes, Maradona y Messi, cuatro grandes jugadores de Argentina y del mundo].

 

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