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ALFREDO LONGARES: ADIÓS AL CANTO

Alfredo Longares: el jotero

que pudo ser el nuevo Oto

 

Ha sido esta una semana de demasiados muertos que muchos sentíamos cercanos: el historiador Robert Hughes, estudioso del arte y de la obra de Goya; la cantante Chavela Vargas; el escritor Francisco Carrasquer Launed y el cantante Alfredo Longares (1952-2012), que se fue demasiado joven y de manera inesperada. Alfredo Longares era esencialmente jotero, jotero de rasmia, de excelente voz, y era cantante lírico; cuando menos intentó serlo con pasión, estudió para ello y ese fue, durante años, uno de sus grandes sueños.

Aunque donde tiene un lugar, sin duda, es el universo de la jota. Como han recordado distintos expertos, Fernando Solsona, entre ellos, Longares empezó a dedicarse a la jota a los veintisiete años. Sus primeros profesores fueron Antonio Royo ‘el Platero’ y María Pilar Lasheras, una de las grandes maestras de la jota desde la Escuela Oficial de Folclore. Alfredo reclamó la atención de sus profesores y del universo de la música popular por la potencia de su voz, la confianza que tenía en sus registros y por su audacia: aprendió numerosos estilos, era capaz de resolver con absoluta maestría ‘La fiera’, como ha recordado el experto José Luis Melero, y se labró fama en la jota de ronda.

El éxito le llegó de inmediato: Jesús Gracia Tenas, el maestro de Lécera que buscaba siempre la perfección y la raíz, elogió sus virtudes y lo llamó para su grupo Ronda Aragonesa. Y no solo eso: lo mimó como se mima a un alumno especial. Y tan especial cabría decir porque en el Certamen Oficial de Jota consiguió, en 1981, el primer premio y en 1986 el premio extraordinario. Repetiría triunfos semejantes en el Concurso Demetrio Galán Bergua: fue primero en 1981 y primero de profesionales en 1983.

Sin dejar la jota nunca, le vino otra idea por la cabeza: alguien le aconsejó que con esa tesitura de voz quizá pudiera hacer una carrera de canto lírico, y lo intentó en Madrid merced a una beca de la Diputación Provincial de Zaragoza. En cierto modo, esa decisión amortiguó su dedicación a la jota, aunque jamás la dejó. En muchos lugares, en numerosos conciertos, alternó el canto lírico y la jota. Luis Felipe Alegre, director de El Silbo Vulnerado, recuerda que fue concejal de su pueblo, Calatorao, y define así sus inquietudes: “Desde el ayuntamiento, que presidía su compañero Eduardo Aguirre, trabajó por la creación de la escuela de música, la escuela de jota, la  banda de música... Compartíamos puntos de vista políticos y gustos musicales, pues Alfredo tenía un gran abanico de intereses, desde la música clásica a Carlos Cano. No regateaba las actuaciones en escenarios frágiles y en circunstancias difíciles, con sus colegas de pulso y púa o con el pianista Miguel Sesma”.

El gran estudioso de la jota José Luis Melero Rivas ha escrito de él que era “mi preferido” de los años 80 por “su voz portentosa”. Añade: “Fue quien más me ha recordado (...) la voz limpia, clara y poderosa del gran José Oto. Longares, que desgraciadamente abandonó pronto la jota para tratar de dar el salto a la lírica, habría podido ser sin lugar a dudas la figura indiscutible de nuestro canto durante muchos años y su liderazgo incuestionable hubiera sido respetado por todos, pues todos reconocen, desde luego en privado y muchos también en público, que no hubo cantador como él en aquellos años”. Es difícil encontrar mejor elogio, que ratifica para HERALDO desde sus vacaciones.

La vida, por distintas razones, no fue generosa del todo con Alfredo Longares, pero por ahí sigue, grabada en discos y en los sonidos de la memoria, su voz poderosa. Y queda, en el corazón de tantos y tantos que siguieron, la huella de su campechanía.

 

*Retrato de Raquel Arellano, fotógrafa durante años de El Silbo Vulnerado, que falleció de un ataque al corazón, igual que Alfredo. Este texto apareció en 'Heraldo de Aragón'.

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