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ÓSCAR SIPÁN: UN MICROCUENTO

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ADONDE QUIERAS IR, CON QUIEN QUIERAS ESTAR

 

 

 

“Se abrazaron y se besaron

y el uno arrinconó la oscuridad del otro”

 

HUBERT SELBY JR

 

  

Nos encontramos con Sebastián Ortiz, que ayer, en este desmonte cercano al río Ebro, descubrió… corta, corta. Repetimos. Sr. Ortiz, por favor, no mire a cámara. Míreme a mí, con naturalidad, le explica la periodista enrollando el cable del micrófono con una mano y consultando el móvil con la otra.

 

Borra todo rastro de emoción, se ajusta las gafas al tabique nasal, inspira, expira y retoma la entrevista:

 

Nos encontramos con Sebastián Ortiz, que ayer, en este desmonte cercano al río Ebro, en el término municipal de El Burgo, descubrió los restos óseos de un cadáver. Los investigadores creen que pudieron ser desplazados en la última riada. Sr. Ortiz, ¿dónde encontró el esqueleto?

 

Encontré a la mujer…

 

¿Cómo sabe que se trata de una mujer? Todavía no hay dictamen del forense.

 

Por el tamaño de la cabeza y de la mandíbula, además de las zapatillas, que correspondían a unos pies pequeños, del treinta y poco... No recordaba que tuviese los pies tan pequeños.

 

¿Está insinuando que la conocía?, le pregunta muy nerviosa, detectando la exclusiva.

 

Sebastián Ortiz da un paso atrás y contesta con la mirada perdida:

 

Enjabonada en la bañera, con el pelo a lo garçon, parecía una huerita triste con los recuerdos cosidos a besos y un pubis como de lana vieja. Le gustaba hacerse una madeja en la cama y escuchar los bufidos del viento golpeando las contraventanas, abandonarse a los presagios, arquear el lomo como un gato erizado al levantarse, reblandecer el pan en la leche caliente y escribir su nombre en harina. Por mucho que los psiquiatras le explicaron, con esa serenidad de los locos, que los miedos anidan en el árbol genealógico y que a veces Dios reparte las cartas con la cabeza en otro sitio, ella lloraba todo el tiempo, como las gaseosas de papel.

 

La última nochevieja destripó las uvas, como siempre, y levantó la copa muchas veces, brindando por una vida sin andamios, para terminar borracha y enmantada y despedirse con esta frase, en un susurro, después de hacer el amor: adonde quieras ir, con quien quieras estar.

 

 

Oscar Sipán

*Óscar Sipán me ha escrito esta mañana y me envía este cuento. Dice que es su regalo para este blog al cumplir un 1.000.000 de visitas y me dice también que esta pieza se ha inspirado en una noticia de Heraldo de Aragón.

**Esta nadadora corresponde al fotógrafo Jock Sturges.

 

 

 

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