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SYLVIA PLATH: UN LIBRO ESPERADO EN LAS MANOS

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He estado ajustado una entrevista con la fotógrafa Luisa Monleón (Zaragoza, 1979), que ha sido elegida por un jurado como Nuevo Talento FNAC en fotografía. Su trabajo, sugerente e intimista, tiene el color de algunas películas y la atmósfera mágica de lo privado, de lo íntimo, de un núcleo habitado por la belleza y lo cotidiano. Se expone estos días en la FNAC de la Plaza de España: aquí ha iniciado su gira por todo el país. En esas andaba, quitando caracteres para la entrevista que se publicará mañana en Heraldo, cuando me pidió mi hijo Jorge que lo llevase a Garrapinillos.

 

Pregunté en el quiosco de Servando y Ana si me había llegado un paquete: había llegado, era un envío emocionante y  bello: la Poesía Completa de Sylvia Plath, que ha editado Bartleby, con prólogo de Ted Hughes, el marido de Sylvia, del cual se había separado poco antes de su brutal suicidio, y con traducción y más de 200 páginas de notas de Xoán Abeleira. El libro, de entrada, es un regalo maravilloso, una promesa de intensidad, de turbadora belleza, de desgarro, de continuas sorpresas (por aquello de mi relato de la vaca, leo casi azarosamente: “Un grito, y me levanto de la cama dando tumbos, pesada como una vaca // y floral con mi camisón victoriano. Tu boca abierta es tan nítida // como la de un gato”, dice Plath). El libro tiene algo de tesoro, de libro de horas, de manantial de incesantes deleites que se irán postergando a lo largo de muchos días. Se me ha ocurrido hacer algo que no hago casi nunca: encuadernarlo en piel. Supongo que será por fetichismo. Eso sí, la portada, una espiral, es bonita.

 

Enhorabuena, de nuevo, a Pepo Paz y a Xoán Abeleira y a los lectores de poesía en general.

 

Copio aquí la traducción de un poema:

 

MUJER ESTÉRIL

 

Vacía, resueno hasta cuando doy el más ligero paso,

Museo sin estatuas, grandioso con sus pilares, pórticos, rotondas,

En mi patio, una fuente brota y se abisma en sí misma,

Con corazón de monja y ciega ente el mundo. Lirios de mármol

Exhalan su palidez como un aroma.

 

Me imagino a mí misma frente a un público numeroso,

Madre de una  blanca Niké y de varios Apolos sin párpados.

Pero, en vez de eso, los muertos me hieren con sus atenciones

          y nada puede ocurrir.

La luna posa una mano sobre mi frente,

Impávida y callada como una enfermera.

 

21 de febrero de 1961

*Éste es un grabado desconocido de Sylvia Plath.

Comentarios » Ir a formulario

gravatar.comAutor: Sonia

Un auténtico lujo, Antón. Eres afortunado.

Un abrazo súper.

Fecha: 09/10/2008 04:12.


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