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IGNACIO ESCUÍN: CINCO POEMAS

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Lisboa

 

 

Si esto fuera Lisboa yo podría hacerte creer en algún café que soy heredero de Pessoa, o rodeados por las luces amarte y decirte que un collar de uvas blancas nos abraza. Adoro las luces de Lisboa, redondas y descomunales, sueño con ellas tantas noches que al despertar creo estar allí en ocasiones. Pero no, mire donde mire no encuentro Lisboa, y quizá tampoco encuentro lugares más cercanos y conocidos. Busca Lisboa en tu corazón y llena tus manos de su primavera, aquí y en mi pecho hace frío.


Lo bueno y lo malo de los viernes por la tarde es, quizá,

la sensación de haberse merecido el descanso, de haber alcanzado la meta semanal y al mismo tiempo ver cómo tantas cosas quedan en el tintero. Lo bueno y lo malo. Lo recto y lo incorrecto. Cuando el sol se va ya y presagia el primero de tantos viernes oscuros porque has llevado a tu vida a un túnel sin salida, te has convertido sin darte cuenta o sin querer hacerlo en uno de esos que salen a comprar con el coche para cargar lo suficiente para todo el fin de semana y que mira a las dependientas de las tiendas con deseo, como si en ellas estuviera la respuesta, la solución a un viernes que se anochece y presagia un sábado más de radio, café y libros. La esperanza reside en los ojos de quienes nos atienden. No, no quiero un kilo de patatas, te quiero a ti.

 


 

 

 

No conozco ya nada de lo que me rodea, he dejado de ser propietario de aquello que está cerca de mis manos y quizá nunca vuelvan a ser míos los objetos que yo compré y al cerrar los ojos se olvidaron. Todo lo que hemos hecho mal debe estar registrado en alguna parte, seguro que existe una señal que nos indica el punto en el que las cosas pueden ser corregidas, pero no creo que pueda verlo ya. Extraño entre mis propias cosas, ausente de la vida en la que he vivido, partidario de la vida libre y muy débil, mucho, tanto que si alguien me pregunta quizá al contestar desaparezca. Ni la verdad ni yo existimos, al menos hemos dejado huella, todo el mundo habla de nosotros.


I

 

Lupita se muere. Su corazón sufrió un infarto masivo hace exactamente dos días. Cuarenta

y ocho horas que caminan tan lentas

que no sabemos si se trata de un sueño.

 

Pero no lo es, y Lupita se muere lentamente

y requiebra a la muerte desafiante, pero sabe que la va atrapar, que llegado el momento tendrá que entregarse a ella.

 

Con los pulmones encharcados, edema

de pulmón lo denominan, y una cardiopatía

de la que ahora no recuerdo el apellido, así aguarda en la unidad de cuidados intensivos, en la sala polivalente, que se apague el dolor que le oprime el pecho, la sed que no puede apaciguar y el fin de la vida.

 

Lupita se muere y es imparable, y lo único

que hoy soy capaz de hacer es escribir

sobre ella.


II

 

Una mínima esperanza. De repente surge

la posibilidad de que salga del trance.

 

No va a poder moverse después, apenas respirar y quizá no llegue al final

del invierno... pero va a salir de ésta.

 

El médico se debate entre el milagro

y una enorme satisfacción por el deber cumplido, y sonriente señala un dígito

que según me cuenta representa el número

de respiraciones por minuto.

 

Ya casi no hay líquido en los pulmones

y podrá prácticamente respirar

con normalidad, lo malo es que va a tener

que aprender a vivir sin corazón.


Habrá una vez un hombre libre. Ignacio Escuín Borao. Huacanamo. Barcelona, 2009 76 páginas. La foto es de Gjon Mili.

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gravatar.comAutor: Fernando

bien por él...abrazos Antón.

Fecha: 15/11/2009 01:12.


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