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Antón Castro

ADIÓS AL BOXEADOR DE MAUTHAUSEN

SEGUNDO ESPALLARGAS ‘PAULINO’.

EL ÚLTIMO COMBATE DEL BOXEADOR DE MAUTHAUSEN.

 

Por JUAN MANUEL CALVO GASCÓN

Montserrat Llor, periodista y amiga, ha sido una de las últimas personas en entrevistarle y en la semblanza que hizo de Segundo Espallargas (Paulino), tan sólo hace unos meses (EL País 27-05-2012), ya señalaba que se encontraba debilitado, aunque aún era capaz de mostrar instantes de aquella fortaleza que le permitió sobrevivir al infierno de Mauthausen. Hoy ha sido la propia Montserrat quien nos ha comunicado la noticia de su fallecimiento, a los 93 años, en Francia, el país que le acogió dos veces en su azaroso trayecto, tras la derrota republicana a principios de 1939.

 

Segundo Espallargas había nacido en Albalate del Arzobispo, pero su infancia y primera juventud transcurrió en Alcañiz donde se habían trasladado sus padres para ocuparse del negocio familiar. Segundo explicaba, en uno de los documentales a los que dio su testimonio, como entró en contacto con el mundo del boxeo en la capital bajoaragonesa a partir de los 12 años.  La Guerra Civil dio un vuelco a su juventud, a su vida  y a su práctica amateur del boxeo. Pero fue este deporte el que, años más tarde, le salvó la vida en Mauthausen, aquel antro de terror, hambre, enfermedad y muerte al que fue deportado, junto a otros 7.000 españoles, durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Segundo ingresó el 27 de enero de 1941, cuando acababa de cumplir los 22 años, en el mayor transporte con republicanos deportados a Mauthausen: aquel día fueron registrados en el campo 1.500 republicanos. Su fortaleza física y su condición de boxeador le llevaron  a ser elegido, por los SS del campo, como uno de los participantes en los combates organizados algunos domingos para su entretenimiento. Combatió con boxeadores, prisioneros como él, de diferentes nacionalidades y una derrota podía acarrearle la muerte inmediata. Fue conocido popularmente entre los internos como “Paulino”, en recuerdo del boxeador guipuzcoano Paulino Uzcudun, y reconocía cómo el boxeo le había permitido sobrevivir. Su figura fue un acicate para sus compañeros republicanos quienes veían, en los combates de “Paulino”, el reflejo de su lucha y resistencia por la vida y la dignidad entre aquellos odiados muros de granito.

 

Han sido números supervivientes quienes han recordado los combates de “Paulino” y, entre ellos, destacaremos el testimonio del fragatino José de Dios  quien lo describía como un campeón neto que ganaba los combates por K.O y el de Mariano Constante al señalar cómo sus victorias le habían hecho merecer el respeto de sus compatriotas y le habían salvado de los trabajos más pesados. Segundo había estado destinado a trabajar a la estación de Mauthausen descargando trenes que transportaban pesadas mercancías y, tras sus primeros combates, fue destinado a la cocina. Un nuevo destino que le sirvió, también, para colaborar con la organización clandestina de los españoles. Su estancia en el “campo de los españoles” no estuvo exenta de peligros, puesto que nadie tenía asegurada la supervivencia en aquel infierno, donde la muerte estaba presente cada día y en cada instante. A pesar de ello, Segundo, reconocía su condición de privilegiado que le permitió llegar vivo a la liberación y era muy consciente del trato inhumano al que fueron sometidos, hasta las últimas consecuencias, tantos compañeros de infortunio.

 

Decíamos que Francia le acogió por segunda vez. Y así fue: tras la liberación de Mauthausen, en el lejano mes de mayo de 1945, los republicanos españoles no pudieron regresar a España y Francia se convirtió, para la mayoría de ellos y también para “Paulino”, en su nueva Patria.  En tierras francesas boxeó algunos años, trabajó y formó una familia. Regresó de forma asidua a su añorado Bajo Aragón, donde aún conserva familiares. Alcañiz y Albalate eran lugar de encuentro y de añoranzas juveniles que le  reconfortaban y a dónde aún pensaba, en los últimos años,  en trasladarse a vivir.

 

Participó en el homenaje a los deportados de la comarca del Bajo Martín que se celebró en la primavera de 2006. Su animada presencia, entre los familiares de las víctimas de la comarca, es uno de las imágenes que conservo de aquellas jornadas. Y sobre todo recuerdo el abrazo que me dio cuando Antonio del Río (alcalde de Albalate y hombre sensible a la memoria de la deportación) me lo presentó. En aquel afectivo abrazo de “Paulino” noté su fortaleza física y su enorme humanidad. Presidió el acto oficial y sus emocionadas palabras, en las que se mezclaba un marcado acento aragonés con expresiones francesas, fueron un momento cargado de emotividad donde Segundo mostró públicamente su agradecimiento por lo que se estaba haciendo aquellos días recordando a las víctimas locales de la deportación.

 

Su imagen y su voz apareció en dos documentales de factura aragonesa: ‘Aragoneses en el infierno de Mauthausen’ y ‘Adiós a la vida’ de Mireia Ruiz y Ramón J. Campo respectivamente. Problemas de salud le impidieron asistir al homenaje realizado por el Gobierno de Aragón, en Zaragoza, en mayo de 2010.

 

Segundo Espallargas Castro, “Paulino, el boxeador de Mauthausen, se ha ido definitivamente. Una voz más que se apaga. Un testigo menos para recordar aquella barbarie. Su lucha ha sido larga y tortuosa  pero,  sin duda alguna, un ejemplo de resistencia que le ha garantizado la victoria en su combate permanente por la dignidad de todas las personas y por el mantenimiento de la memoria de quienes, menos afortunados que él, no pudieron regresar de los campos de la muerte.

 

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