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Antón Castro

ELOY FDEZ.: UN PRIMERA CLASE

[Luis Alegre, en su página de contraportada del suplemento dominical de Heraldo, publica hoy este retrato de su gran amigo y maestro Eloy Fernández Clemente.]

Eloy Fernández: Cortesía del CELAN.

 

ELOY FERNÁNDEZ CLEMENTE ES UN INTELECTUAL DECISIVO DE LA HISTORIA DE ARAGÓN. A PUNTO DE CUMPLIR 70 AÑOS HA DADO SU ÚLTIMA CLASE COMO PROFESOR UNIVERSITARIO.

 

Un primera clase

 

Por Luis ALEGRE

 

Lunes 19 de noviembre. Cuatro de la tarde. Aula 21 de la Facultad de Economía y Empresa de Zaragoza. Después de casi 40 años como profesor en la facultad, el catedrático Eloy Fernández Clemente va a impartir su última clase. Un grupo de amigos, por sorpresa, entramos en el aula antes de que lo haga él. Nos sentamos en las últimas filas y, cuando llega, rompemos a aplaudir. Eloy se azora un poco pero procura hacer como si nada. Se sienta y habla de la Revolución Rusa. Mi memoria me devuelve al curso 80-81, en esta misma facultad, cuando yo empezaba la carrera y Eloy y Carlos Forcadell eran mis profesores de Historia Económica.

 

Eloy es uno de los seres cruciales de mi vida. Con los años se comprende hasta qué punto resultan determinantes esas primeras personas que te abren la cabeza y te la llenan de todo tipo de cosas. Fue una suerte encontrarme con Eloy cuando yo era un jovencito con pelo y él ya había revolucionado la manera de entender Aragón. Manolo Rotellar fue el motor de nuestra amistad de un modo inesperado: la primera vez que Eloy charlamos de tú a tú fue yendo al hospital para visitar a Manolo, convaleciente del tumor cerebral que acabó con él. Era el otoño de 1983. Yo tenía 22 años y él 41. Eloy me leía en “El Bejorro”, la revista underground de la facultad liderada por Perico Arrojo, y me ofreció escribir en “Andalán”, una publicación mítica que había contribuido a disparar la autoestima intelectual, histórica, social, cultural y política de Aragón. Eloy había fundado “Andalán” en 1972, la había dirigido en su primera época y ahora la volvía a dirigir en sus últimos días.

 

Los años que pasé en “Andalán” fueron de oro: me empapé de periodismo, de Aragón, de peloteras interminables, de Casa Emilio, de risas locas y de amigos para siempre. Eloy me tuteló con un cariño inolvidable. Cogía mis artículos escritos a boli, iba frase por frase y me detallaba cómo podía hacerlas más digeribles. En el bar de la facultad, con Mariano Gistaín, teníamos unas comidas delirantes, en las que Jacqueline Bisset, Dominique Sanda, Ana Belén, Charo López y los chistes de Eloy protagonizaban muchas de nuestras sobremesas. Luego, Eloy me dejaba dormir la siesta en su despacho, mientras Joaquín Costa y Carlos Marx me miraban desde las fotos colgadas en la pared. Como agradecimiento, años después, animé a Eloy para que cogiera su coche y me acompañara a buscar a Charo López a la estación del Portillo, un día que vino a la facultad a participar en un coloquio. Y otro día de 2001 le telefoneé desde Las Palmas solo para contarle que estaba charlando con Jacqueline Bisset, en una comida homenaje del Festival de Cine. Eloy debió pensar que yo andaba algo bebido y que le estaba vacilando. Lo primero era verdad pero lo segundo no.

 

En Lechago creamos hace unos años el Premio “El Pairón” para distinguir a personalidades aragonesas de las que nos sintiéramos muy orgullosos. Lo inauguramos en 2009 con José Antonio Labordeta y en 2012 se lo hemos concedido a Eloy, aunque en Zaragoza y a deshoras: en agosto, cuando entregamos el premio en Lechago, Eloy suele estar en Cariño, el pueblo de Marisa Santiago, la mujer de su vida. Labordeta fue uno de los grandes fans de Eloy, al tiempo que uno de sus mayores ídolos. Labordeta sostenía que Eloy era un visionario y “el inventor de todo”. El Abuelo insistía en que, entre otras cosas, Eloy era el inventor de Labordeta. Cuando coincidieron en el Teruel de los 60, Eloy contagió a José Antonio su amor hacia ese Aragón redescubierto por él y le provocó para componer una canción dedicada a nuestra tierra que fuera “una especie de himno sin ser un himno”. Ese fue el origen del “polvo, niebla, viento y sol”. Eloy resultó definitivo para que un ácrata tan escéptico como José Antonio se convirtiera en la referencia más llamativa de las esencias aragonesas. En el libro “Querido Labordeta” Joaquín Carbonell –alumno de Eloy y de José Antonio en aquel Teruel- documenta con precisión la influencia de Eloy en la creación de la leyenda de Labordeta. Eloy es la gran estrella del índice onomástico de ese libro.

 

Eloy es un intelectual muy sobresaliente del Aragón de las últimas décadas. Pero, para ser un intelectual, ni te mira por encima del hombro ni te hace sentir un imbécil solo porque ignores lo que él sabe. Su delicadeza, su obsesión por quedar bien y su extrema bondad son una redundancia cuando se habla de él. Eloy es el único que, con cierta frecuencia, aún me escribe cartas a mano. Siempre se despide con estas dos palabras: “Abrazos crujientes”.

 

Para Eloy, este 2012, el año de su última clase, ha sido muy prolífico en números redondos: los 50 años de su debut como maestro interino en una escuela del Arrabal, los 40 del nacimiento de “Andalán”, los 35 del libro “Aragón, nuestra tierra” que coordinó con Guillermo Fatás, los 35 de su candidatura por el PSA en las elecciones generales del 77, los 30 de la primera edición de la Gran Enciclopedia Aragonesa dirigida por él, los 25 del cierre de “Andalán”, los 20 de su plaza de catedrático, los 15 de su nombramiento como hijo adoptivo de Zaragoza, los 15 de su monumental “Gente de orden” y los cinco del final de la colección de libros Biblioteca Aragonesa de Cultura que él empujó. Y, ya puestos, el primer aniversario de la primera entrega de sus memorias (“El recuerdo que somos”) y el segundo de su designación como hijo predilecto de Andorra y de la publicación de dos libros homenaje, “EFC, Aragón de todas formas”, de Josefina Lerma y Javier Alquézar, y “EFC, el tiempo y la historia”, el volumen colectivo que Pedro Rújula coordinó sobre su figura sin fin. A Eloy, como a Zurita, se le seguirá celebrando dentro de 500 años. Y, sin ir más lejos, este próximo jueves 13, Santa Lucía, Eloy cumple 70, a punto de dar, de forma inadvertida, alguna primera clase de clase. Y de decencia intelectual y moral. Felicidades, maestro.

 

1 comentario

Juan Carlos Sesé -

Conocí a Eloy estudiando griego moderno en la Universidad de Zaragoza. Ahora que trabajo en el IES Vega del Turia, antiguo Ibáñez Martín, siento que recojo el testigo de esa generación. Un saludo