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MARÍA ZAMBRANO Y GREGORIO DEL CAMPO: AMOR Y MUERTE

 

LITERATURA. Gregorio del Campo (Ambel, 1901-Pamplona, 1936) fue el amor silenciado de la pensadora. Fueron amantes durante ocho años, tuvieron un hijo, y él, leal a la causa republicana, fue fusilado. Su sobrina Maite Villa del Campo reconstruye la dramática historia familiar

 

Zambrano y su novio de Ambel

 

Gregorio del Campo Mendoza (Ambel, Zaragoza, 1901- Pamplona, 1936) ha sido el amor secreto de María Zambrano (1904-1991), la mujer que aunó poesía y filosofía y que se hizo acreedora al Premio Cervantes de 1988. Gracias a su familia, con Maite Villa del Campo a la cabeza y su hermana Gloria, la poeta Marifé Santiago Bolaños prologó y editó una auténtica primicia: 'Cartas inéditas (a Gregorio del Campo )' de María Zambrano , que publicó hace pocas semanas el sello orensano Linteo.

 

María y Gregorio se conocieron en Segovia y fueron novios desde 1920 hasta 1928. Ella jamás había hablado de esta relación que le marcó con intensidad: en esa correspondencia narra el torbellino de la pasión, el amor y las discusiones, los sueños y los desengaños, con otra novedad inesperada: María y Gregorio del Campo fueron padres de un niño que se murió a las pocas semanas.

 

El hijo del fundidor de campanas

 

Pero, ¿quién fue Gregorio del Campo , en realidad? Para contestar esta pregunta es decisiva la colaboración de Maite Villa del Campo , sobrina del ingeniero y militar que ingresó muy joven en la Academia de Artillería, que vive entre Galicia y Ambel. Esta fascinante historia empieza con nombres propios: Pablo del Campo , que era fundidor de campanas de origen cántabro, «un gran artesano que consiguió contratos en distintos lugares de Aragón, en Soria, en Cataluña». El otro nombre decisivo es Fernanda Mendoza, hija de agricultores de Ambel.

 

Pablo y Fernanda se conocieron probablemente en Magallón y se casaron en 1898 en Ambel, de donde era ella. En 1901 nació su primer hijo, Gregorio ; la leyenda familiar constata que empezó a andar durante unos trabajos en el monasterio de Montserrat. Pablo y Fernanda tendrían cinco hijos: el primogénito; Gloria, que «se implicó en la lucha política, fue detenida en 1934, durante la Revolución de Octubre, y sería fusilada en Torrero, a comienzos de la Guerra Civil»; José, que fue leal a la II República y que «murió en Guernica en ominosas circunstancias en abril de 1939»; Visitación, la madre de Maite y Gloria, y Mario, que pudo salir de España con los soldados republicanos y vivió en Toulouse.

 

Gregorio destacó muy pronto en el colegio. Era un zagal activo e inteligente, al que le apasionaba la naturaleza y la lectura; tenía vocación literaria y hacía dibujos de muebles y de caras. Era tan brillante en clase que el profesor llamó a su padre y le dijo que lo sacase de allí, que con él ya no podía aprender más. «Resulta extraño o chocante que lo mandase a la Academia General Militar. Pero así fue. Mi madre, Visitación, siempre me decía: 'Para mí era un auténtico ídolo. Creo que hasta lo idealizaba un poco'. Era elegante, poseía buen corazón y siempre estaba dispuesto a dar un consejo. Una familia como la nuestra no pasaba inadvertida en un mundo de nobleza y terratenientes. Mi abuelo decía que había ganado más dinero que un torero. Jamás reveló el secreto de su ciencia».

 

Gregorio se marchó primero a Zaragoza. Luego lo hizo Gloria, que quiso estudiar magisterio y se matriculó en la Academia Künhel, para cursar mecanografía; José quiso estudiar algo pero se vinculó a la tierra y se quedó con su padre. Mario optó a varias oposiciones. Hubo un momento en que los hermanos mayores vivían todos en Zaragoza con su madre; a lo largo de los años residirían en Madre Sacramento, en General Mayandía y en la calle Campoamor.

 

Al poco tiempo de estar en Zaragoza, hacia 1918 o 1919, Gregorio del Campo Mendoza se trasladó a la Academia de Artillería de Segovia. ¿Cómo conoció a María ? Maite no lo sabe con certeza, pero se atreve a lanzar una hipótesis. «Eran los tiempos en que Antonio Machado daba clases en Segovia y Blas Zambrano , padre de María y de Araceli, organizaba tertulias y era un gran pedagogo. Sospecho que Gregorio debió ir a ellas y que se conocieron así».

 

El militar y la joven pensadora, de apenas dieciesete años, se enamoran. Se desean. Se echan de menos. Se reprochan instantes de frialdad y de ausencia, y a través de la correspondencia vemos cómo maduran ambos. Vemos cómo crece como intelectual y como mujer María Zambrano . «Es una lástima que no tengamos las cartas de mi tío. En una carta a su madre, muchos años después, desde San Sebastián, le dice que 'mi alma no entiende de egoísmos'. Él se va la guerra de África, se escriben, vuelve, tienen un hijo, le buscan una nodriza y lo registran con su nombre y apellidos».

 

El grado de intimidad entre los dos jóvenes era inequívoco, hasta el punto de que María le escribía a su futura suegra e incluso lo hizo alguna vez su hermana Araceli. Dice Maite Villa del Campo : «Mi madre siempre me dijo que mi abuela le mandó un jamón en una ocasión y otra vez, como cosía y bordaba muy bien, le hizo una prenda para dormir, un 'buenas noches' que guardó muchos años en una bolsita». Maite recuerda que en Ambel había un vecino que conoció a María Zambrano por aquellos días y que solía decir: «Yo conocí a la Zambrano . ¡Y qué mujer, qué mujer!».

 

Del noviazgo al drama

 

Gregorio del Campo y María Zambrano rompieron su noviazgo hacia 1928. Luego él estuvo en distintos sitios: en San Sebastián celebró la llegada de la República; de ahí se trasladó a Mahón, donde se casó con María del Carmen Fernández Moysi, que le daría una hija en 1934, y posteriormente se trasladaría a Zaragoza.

 

Aquí iba mucho al cine, leía, se sacó el carné de socio del Real Zaragoza y del Casino Mercantil. Se instaló con su familia en la calle General Mayandía y tenía su puesto, de capitán, en el Cuartel General Palafox. Allí lo fueron a buscar el 19 de julio de 1936, a él y a cuatro oficiales leales al gobierno constitucional, los llevaron al fuerte de San Cristóbal de Pamplona y les aplicaron la ley de fugas. Los ejecutaron el 6 de septiembre de ese mismo año. Su cuerpo sigue en paradero desconocido. Su mujer y su hija habían partido a París. Ocho días después, María Zambrano se casaba con Alfonso Rodríguez Aldave. El 6 de diciembre su hermana Gloria correría la misma suerte: sería ejecutada en Torrero.

 

Una última revelación de Maite Villa del Campo . «Nunca he tenido coraje para leer esas cartas. Ni siquiera lo he hecho ahora. Era algo muy íntimo. Muy personal». Desde luego. María solía usar el diminutivo ico para dirigirse a su amor: le llamaba morronguico, majico, nenico mío. Vidica mía.

 

*Este artículo lo publiqué en Heraldo de Aragón.

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