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MABEL RICK Y PÉREZ DE AYALA Y EL ARTE. GALERÍA DE IMPRESCINDIBLES

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Una de mis secciones favoritas de la prensa española es la 'Galería de imprescindibles' que publica todos los viernes Manuel Hidalgo. Hidalgo intenta redactar ahí un perfil clásico, lleno de información. Hoy alcanza el número 323 y la 'galería' está dedicada a Ramón Pérez de Ayala, 'el liberal derrotado'. Además de analizar su vida y sus libros, algunos le gustaron mucho de joven, habla de su esposa Mabel Rick, "estudiante de 'bel canto' a la que conoció en Florencia y que será la madre de sus dos hijos. Mabel fue retratada por Julio Romero de Torres y, cuando Joaquín Sorolla la estaba pintando en su casa madrileña, el pintor sufrió el accidente cerebral que llevó a la tumba poco después, en 1923". He aquí una foto de 1911, de Ramón y Mabel, el retrato inacabado de Sorolla y el de Julio Romero de Torres.

Ramón Pérez de Ayala glosó el instante en que Sorolla sufrió su ataque, mientras retrataba a su mujer: “Una fina y templada mañana madrileña del mes de julio, en su jardín, Sorolla pintaba el retrato de mi mujer, observándole yo, a su lado. Éramos los tres solos, bajo una pérgola enramada. Levantóse una vez y se encaminó hacia su estudio. Subiendo los escalones, cayó. Acudimos mi mujer y yo en su ayuda, juzgando que había tropezado. Le pusimos en pie, pero no podía sostenerse. La mitad izquierda del rostro se le contenía en un gesto inmóvil, un gesto aniñado y compungido, que inspiraba dolor, piedad, ternura. Comprendimos la dramática verdad; la cuerda, extremadamente tirante, se había quebrado. (Sorolla sentía el pavor y el presentimiento de la parálisis; años antes había padecido un amago). Aun así y todo, rebelde contra la fatalidad que ya le había asido con su inexorable mano de hierro, Sorolla quiso seguir pintando. En vano procuramos disuadirle. Se obstinó, con irritación de niño mimado a quien, con pasmo suyo, contrarían. La paleta se le caía de la mano izquierda; la diestra, con el pincel más sujeto, apenas le obedecía. Dio cuatro pinceladas, largas y vacilantes, desesperadas; cuatro alaridos mudos, ya desde los umbrales de la otra vida. Inolvidables pinceladas patéticas! ‘No puedo’, murmuró con lágrimas en los ojos. Quedó recogido en sí, como absorto en los residuos de luz de su inteligencia, casi apagada, de pronto, por un soplo absurdo e invisible, y dijo: ‘Qué haya un imbécil más, ¿qué importa al mundo?”.

*Este es el retrato de Mabel Rick de Julio Romero de Torres.

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