MANUEL VILAS REEDITA 'ZETA'. UN DIÁLOGO
[La semana pasada, en la edición digital de 'Letras Libres', aparecía esta entrevista con Manuel Vilas que le hice a propósito de la reedición de 'Zeta' en el sello Páginas de Espuma.]
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Selecciono aquí algunas respuestas:
-Fue, con el escritor y bibliotecario Javier Delgado y la profesora María Ángeles Naval, entre otros, uno de los promotores del ciclo Poesía en el campus. ¿Qué le daban aquellos recitales, aquellos ciclos, qué rastro le han dejado algunos poetas como Claudio Rodríguez, Antonio Gamoneda, José Agustín Goytisolo, Manuel Vázquez Montalbán, Paco Brines, Clara Janés, etc.?
-Aquello fue una escuela de vida y de humildad. Ver llegar a Zaragoza a dioses vivientes de la poesía española era una epifanía. Ver a Claudio Rodríguez tomarse unos cuantos vinos o a Angel González beberse un whisky tenía su peso legendario; escuchar la ironía brillante de Vázquez Montalbán o la delicadeza casi mística de Brines y Clara Janés… Aquellos hombres y mujeres nos dejaron el rastro de su dignidad, de su amor infinito por la lengua. Nos enseñaron que la poesía era el único idioma capaz de plantar cara a la muerte. Me acuerdo especialmente de Paco Brines y de Juan Luis Panero, porque con ellos hablé largo y tendido; los dos me dijeron cosas valiosísimas. Fueron generosos conmigo. He ido contando por ahí las cosas que me dijeron sobre los misterios de escribir poesía. Fue genial escuchar a Juan Luis, sobre todo cuando se metía con Pere Gimferrer. Tenía mucha gracia. Recuerdo que Gimferrer había publicado un libro titulado Tornado, que a mí me había encantado y cometí el error de decírselo a Juan Luis, que se enfadó un poco conmigo y me soltó esta perla: “Ese libro no es un tornado; es, como mucho, un ventilador”. Yo era muy joven, y me asustaba con estas cosas. Recuerdo que Paco Brines, a quien conocí en 1990, estaba obsesionado con la poesía de Jaime Gil de Biedma, que acababa de morir. Admiraba a Gil de Biedma de una forma apasionada. Brines estaba convencido que el poeta más grande de la generación del 50 era Gil de Biedma, y tenía razón; es el que quedará.
-Sorprende, o quizá no, una cosa: descubre a Franz Kafka, que vive en Teruel. Nada menos. Y le pregunta por el alquiler de su vivienda. ¿Era ya un visionario de los problemas sociales?
-Lo social siempre ha estado en mi literatura porque el dinero, el alquiler, la hipoteca y las facturas del supermercado son los auténticos dramas de la condición humana. No hay nada más trágico ni más cómico que Kafka intentando llegar a fin de mes en una provincia española. Una de las cosas que me decidió a reeditar este libro fue la vigencia de sus temas: la vivienda, la soledad, el trabajo, hasta el cambio climático están presentes.
-Escribe: “El ser humano es una bestia prehistórica”. Más allá de sus frases felices, que tiene en abundancia y suelta con una seguridad apabullante, creo que nos debe una glosa de esta idea… ¿Qué quería decir, qué observaba con decepción de la condición humana?
-Nos hemos puesto estupendos con la ciencia y la tecnología, tenemos teléfonos inteligentes, mandamos naves a Marte, pero en cuanto se apaga la luz volvemos a la caverna. El ser humano sigue movido por los mismos impulsos primarios de hace cincuenta mil años: el miedo a la intemperie, la necesidad del abrigo, la posesión, la violencia, la búsqueda de amor para no morir de frío. Observaba con decepción cómo toda nuestra civilización, nuestra supuesta sofisticación, se derrumba en cuanto aparece el egoísmo o el pánico. Seguimos siendo criaturas asustadas alrededor de una fogata. Lo trágico es que pretendemos olvidar nuestra condición de bestias; la literatura está ahí para recordarnos el pelaje y las garras bajo el traje a medida.
https://letraslibres.com/literatura/manuel-vilas-la-literatura-es-el-gran-idioma-comun-que-borra-todas-las-fronteras/01/10/2026/
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