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Antón Castro

ENTREVISTA CON EL MÚSICO DOMINGO BELLED

ENTREVISTA CON EL MÚSICO DOMINGO BELLED

Domingo Belled acepta el reto que le propone el fotógrafo: se subió al piano de la Agrupación Artística Aragonesa, que frecuenta.

«EN LOS 50, EUROPA ERA OTRO MUNDO, MÁS ALEGRE, LIBRE Y SENSUAL»

«Conocí a Carmen Sevilla y le toqué unas sevillanas. ¡Qué garbo tenía!»

«Gregorio Arciniega me dejó el órgano del Pilar. Ni siquiera llegaba a las teclas»

Nací en Pina de Ebro en 1933 y viví allí hasta que estalló la Guerra Civil. Un día a mi padre le dijeron: "Que vienen a por ti". Me cogió a mí, a corderetas, y a mi madre y nos vinimos hacia Zaragoza. Mi padre se llamaba Leoncio y mi madre Eugenia. Eran muy distintos: él era sastre y ella era una auténtica Agustina de Aragón, que trabajó muy duro, fregando desde las cinco de la mañana, para sacarnos adelante», confiesa Domingo Belled, el pianista y compositor que alterna su residencia entre Holanda y Zaragoza.

¿Qué pasaba con su padre?

Que apenas le daban trabajo. Algún remiendo que otro, pero poco más. Creo que fue Cáritas quien nos cedió un cobijo, que estaba entre el Paseo de la Mina y 'La Caridad', cerca del puente del Huerva. Allí me asomaba a la corriente, y durante la guerra me guarecía de las bombas en un refugio al que se accedía tras bajar más de 50 escaleras.

¿Cuándo se dio cuenta de que tenía buen oído?

Mi padre era sacristán de la parroquia de San Braulio y el cura le dijo: «El chico tiene oído y aptitudes musicales. ¿Por qué no lo llevas a los Infanticos del Pilar? Si lo cogen, al menos él comerá». Además, ya había nacido mi hermana María Pilar.

¿Lo admitieron?

Sí. En los Infanticos se ingresaba con siete u ocho años, y yo ya tenía diez. Me hicieron algunas pruebas y me aceptaron. Conservo un magnífico recuerdo del músico, maestro de capilla e intérprete de órgano Gregorio Arciniega.

¿Qué pasó allí dentro?

Aprendí mucho. Se comían muchas farinetas, judías y 'ollas podridas'. No podías decir nada, ni quejarte, se vivía en un silencio absoluto. Te despertaban a las cinco de la mañana e ibas a cantar, en ayunas, la misa de infantes. Todos los días tenías que confesarte y comulgar. Allí aprendí una disciplina más férrea que en la mili, puntualidad, tenacidad, respeto... El miedo estaba a la orden del día.

Imagino que también aprendería música...

Estuve cinco años y por supuesto que aprendí solfeo. Y un día, después de la muerte del organista Pedro Goldáraz, Gregorio Arciniega me dijo que subiera a tocar al órgano del Pilar. No lo había hecho nunca, ni siquiera llegaba a todas las teclas.

¿Cómo evolucionó hacia la música popular?

A los quince años salí de allí. Entré de botones en El Coto; más tarde me contrataron en 'El Noticiero' y amigos periodistas me enseñaron a escribir a máquina. Luego entré a trabajar en una fábrica de betún para calzado: Lux. Iba con un carromato repartiendo las cajas por la ciudad. Tuve un golpe de suerte...

¿Cuál?

A mí me apasionaba la música. Empecé a estudiar piano y clarinete, armonía y dirección de orquesta. Y conté con un profesor como José Borobia, que era el director de la banda del Hogar Pignatelli. Nunca me cobró nada. Me quería como a un hijo, y logró que en la Diputación de Zaragoza me dieran una beca, modesta, para libros. Aún así aquello era un sinvivir. Reñía con todo el mundo.

¿Por qué?

Trabajaba y estudiaba a la vez. Un día le dije a mi padre si no sería mejor que me dedicase solo a la música, al piano. Aceptó. En dos años y medio obtuve el título y el carné del sindicato para trabajar. Al poco tiempo formé el grupo Walkiria con Celestino Lasheras (al bajo), Manuel Oriol 'el Calero' (al saxo), Antonio (a la batería, no recuerdo su apellido), y yo al piano. Y empezamos a tocar en el Alaska, tres sesiones de hora y pico al día. Con el primer sueldo, compré un reloj a mis padres, y otro para mí y unos zapatos nuevos.

¿Qué tocaban?

De todo: zarzuela, mambos, música latina. Compuse un pasodoble, 'Mi amor español', al que le puso música el letrista José Lou. A veces venía una vocalista de Madrid, que cantaba muy bien y era muy guapa: María Teresa. Morena y estilosa. Me gustaba mucho, muchísimo, pero yo era muy joven y vergonzoso. También tocamos en El Coto, en Cosmos o en Capri. Después de Walkiria fundamos Los Diplomáticos, que fue un sexteto.

No tardó en irse a Madrid...

Nos fuimos, con otro grupo, Casino de Madrid, y empezamos a tocar en Parque Moroso, en cuyo restaurante conocí a Carmen Sevilla y le toqué unas sevillanas al piano. ¡Qué garbo tenía esa mujer! Actuamos en la sala Teyma, y en TVE en 1956, y también en el palacio de Liria ante Carmen Franco. Hicimos giras por Marruecos, Portugal, Suiza, Alemania, Austria, Dinamarca, Suecia, Finlandia y Holanda.

¿Cómo veía Europa en comparación con España?

Era otro mundo. Más alegre, más libre, más sensual. Yo llegué a hablar ocho idiomas. En algunos sitios nos renovaban los conciertos hasta los seis meses, que era lo máximo permitido. Era la época del resurgimiento, de la búsqueda de la felicidad; nada que ver con la cerrazón y la represión que se vivía en España. Tuvimos mucho éxito. En el balneario de Baden Baden estábamos nosotros y una big band. La gente quería que tocásemos sin parar. Decía el dueño: «No sé qué diablos tienen estos españoles».

¿Y, su marcha definitiva a Holanda?

Hacia 1965 nos oyó tocar en Madrid un holandés y nos invitó a La Haya. Antes, durante una gira por Basilea, una chica con muletas pidió que le tocase algo clásico. Toqué a Chopin. Acabamos casándonos. Ella, María Rosa Ros, era suiza, de Lucerna, una mujer muy brillante que trabajaba en el ferrocarril. En La Haya estuvimos con varios grupos: Los Cinco de Sacromonte, Los Ibéricos. Pero aquello se acabó porque yo tenía dieciocho úlceras y caí enfermo. En 1969 me afinqué definitivamente en Holanda. Y allí volví a empezar.

¿Cómo fue eso?

Hice una prueba ante el jurado del Conservatorio Superior de La Haya. Toqué una samba. Rapidísima. Tras deliberar, me dijeron: "Hemos visto que es usted músico, pero es un diamante en bruto. Eso sí, de tocar el piano, nada de nada". Y tenían razón. Me enseñaron a sentarme y la posición del cuerpo, a colocar las manos, a usar el pedal, a saber escuchar. A los dos años y medio me llamaron de Alphen Aan den Rijn para dirigir el Coro y poco después la Banda Municipal. Y a eso me he dedicado, desde 1973 hasta hace muy poco; también he dado clases de música. Nunca he abandonado la interpretación ni la composición.

¿Cuáles han sido sus gustos?

Entre los compositores Chopin, Liszt, Schumann, Schubert. Mis pianistas favoritos son Vladimir Horowitz, por su sensibilidad e inteligencia; José Iturbi, al que vi en el Teatro Principal de joven, y Nikita Magaloff. La música ha sido mi vocación y mi manera de expresar mis anhelos y mis sentimientos. La música es un idioma universal que me ha puesto en contacto con el mundo.



 

PEDRO CIRIA: LA NOVELA DE JOSÉ MARÍA GAYARRE Y LA ZARAGOZA DE 1923

PEDRO CIRIA: LA NOVELA DE JOSÉ MARÍA GAYARRE Y LA ZARAGOZA DE 1923

Pedro Ciria cuenta el año 1923 a través de Einstein,

el Iberia, el cardenal Soldevila y los anarquistas

Publica ‘La inocencia del cruasán’, una novela de amor protagonizada por Gayarre, primer presidente del Zaragoza v

 

 

ZARAGOZA. «Cuando hice mi tesis sobre el origen del fútbol en Zaragoza me encontré con un personaje que había sido capital en la ciudad, que fue el creador de la Federación Aragonesa de Fútbol, presidente del Iberia y el primer presidente del Real Zaragoza, tras la fusión del Iberia y el Stadium, los ‘avispas y los tomates’, y que se había quedado en el olvido. Y pensé que merecía una novela. Daría no para una, sino para una trilogía», dice Pedro Ciria (Zaragoza, 1979), que acaba de publicar ‘La inocencia del cruasán’ (Doce Robles).

El escritor e historiador decidió centrarse solo en el año 1923. «Fue capital para la historia de Aragón y de España por varias cosas: en ese año fue asesinado el cardenal Juan Soldevila, vino Einstein a la ciudad, se vivió una época agitada del movimiento anarquista, Los Solidarios, con figuras como Francisco Ascaso y Torres Escartín. Pero eso no fue todo: se produjo el golpe de Estado de Primo de Rivera y, además, se fundó el campo de Torrero».

Una pasión prohibida

Aún va más allá: «Me pareció que se escribe mucho de la II República y por supuesto de la Guerra Civil, pero este período es apasionante y vi que ahí había materia novelesca». Pedro Ciria, que relata como Zaragoza pugna por convertirse en una gran metrópoli, mezcla los datos reales (elabora un auténtico plano de la ciudad) con otros de ficción.

«La historia de amor que vive José María Gayarre es inventada, pero pudo ser posible. Él era un hombre destacado, que empezaba a aparecer mucho en las tertulias, tenía una gran proyección social y económica, y se afilió el Partido Social Popular. Saldría diputado por unos meses hasta que Primo de Rivera trajo un nuevo orden». José María Gayarre era homosexual y en el inicio de la novela está viviendo una historia de amor con otro personaje importante de la ciudad, este ya imaginario: Enrique Alquézar, representante de coches, que ya menudeaban por la ciudad.

Alquézar tenía fama de picaflor, de don Juan, experimentado con las mujeres, pero sucumbió al encanto de Gayarre, alto, apuesto, atrevido y con una formidable oratoria. «Gayarre vive esa relación prohibida, intensa y apasionada, y cuando rompen establece otra con otro joven de carácter, Juan Téllez, que había estado de legionario en la guerra de África. Esta parte del libro enlaza con mi novela anterior, ‘Legionarios. El maño’», añade Ciria.

El crimen, el golpe, la fusión

En medio de todo ello, la acción se va expandiendo en diversas direcciones. En ‘La inocencia del cruasán’, título que alude al despertar y al desayuno de los dos amantes, algunos personajes dicen que Gayarre era el recambio civil del cardenal Soldevila. «Esa es una licencia literaria. Si uno piensa en Joaquín Costa y en su libro ‘Oligarquía y caciquismo’, te das cuenta que Juan Soldevila, un personaje importante en España, era un perfecto oligarca, un cacique urbano de la nueva Zaragoza. Era el poder divino por su condición de cardenal; encarnaba el poder político porque era senador del reino, con carácter vitalicio, y además tenía un gran poder económico; dicen que incluso controlaba las casas de juego».

El movimiento anarquista estaba en su apogeo. Muchos anarquistas de Barcelona se trasladaron a Zaragoza. «Mataron al cardenal en la calle Terminillo, enfrente del actual Hospital Clínico. Reconstruyo el asesinato a balazos, tal como fue, y también su impresionante entierro: el féretro salió de La Seo y pasó por la plaza de España y luego lo llevaron al Pilar. Por aquí anduvo Durruti también. Se vivían enormes tensiones políticas y rivalidades épicas y muy bonitas entre el Sport Club Iberia, que presidía Gayarre, y el Stadium. Uno de los grandes logros fue la construcción del campo de Torrero, donde jugaría el gran portero Ricardo Zamora», dice Pedro Ciria.

Y jugó el ‘avispa’ Juan Téllez, un futbolista tan combativo sobre el césped y el lecho como lo había sido en África. En 1932, se fusionarían los dos conjuntos, nacería el actual Real Zaragoza y José María Gayarre sería su primer presidente. Pero ésa es otra historia y ya no se cuenta aquí.

 

 

LA FICHA

La inocencia del cruasán’. Pedro Ciria. Doce Robles. Zaragoza, 2020. 429 páginas.

 

Personajes. Los hay reales e imaginados. De los primeros son Gayarre, Einstein y su esposa Elsa, el médico José María Muniesa, Juan Soldevila, el general Sanjurjo, Durruti... De ficción es «el malo malísimo», el barón de Torres.

 

*La foto es de José Miguel Marco. Fotógrafo de 'HERALDO'.

 

 

ENTREVISTA CON CARLOS CASTÁN

ENTREVISTA CON CARLOS CASTÁN

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/11/07/carlos-castan-me-interesa-lo-que-le-sucede-a-la-gente-su-manera-de-sonar-resistir-o-romperse-1404015.html

 

*La foto es de Asís G. Ayerbe, suministrada por Juan Casamayor de Páginas de Espuma.

AVANCE DE 'TURIA': GUINDA Y GARCÍA MONTERO

TURIA” ENTREVISTA A FONDO A LUIS GARCÍA MONTERO

Y ÁNGEL GUINDA

 

 

  • El director del Instituto Cervantes lo tiene claro: “Nada hay más tonto que un poeta sin conciencia crítica”.

 

  • Guinda, por su parte, afirma: “Confesar los propios miedos es honrar la poesía”

 

  • También publica un inédito de Catherine Millet sobre D.H. Lawrence

 

 

 

Teruel, 3 Noviembre 2020



Los lectores del nuevo número de la revista TURIA, que se distribuye este mes de noviembre, podrán disfrutar de dos entrevistas a fondo con los escritores Luis García Montero y Ángel Guinda. Se trata de dos conversaciones exclusivas, que permiten no sólo conocerlos mejor, sino también descubrir sus opiniones sobre un amplio repertorio de temas de interés. Ambos son, por encima de todo, poetas y su obra se encuentra entre lo más interesante de la literatura española actual.



Además de escritor, profesor y director del Instituto Cervantes, el granadino Luis García Montero tiene una indudable proyección social. En él se percibe la herencia de Machado, de Lorca, de los autores de la Generación del 50, alejados de las torres de marfil y tan propensos al compromiso, al despertar de las conciencias. Es un hombre de la cultura que nunca ha rehuido implicarse en los debates del día a día, en la política. De ahí que, en esta entrevista en TURIA no dude en afirmar que “nada hay más tonto que un poeta sin conciencia crítica”.



Por su parte, Ángel Guinda es una leyenda viva de las letras aragonesas que, pese a llevar publicando desde más de cinco décadas, sólo considera fiable lo escrito desde hace 13 años. Ese nivel de autoexigencia, esa capacidad de reinvención, de reconstruirse, sólo está al alcance de los que, como él, creen que la palabra es un ser vivo. No en vano, como declara en TURIA, “confesar los propios miedos es honrar la poesía”.



Luis García Montero y Ángel Guinda son, sin duda, dos personalidades muy atractivas y su opinión nos enriquece a la hora de interpretar este tiempo tan difícil y complejo que vivimos. En TURIA nos hablan, con absoluta libertad y franqueza, de sus respectivas obras y trayectorias. Y, sobre todo, con sus respuestas se ocupan también de abordar diversas cuestiones que nos afectan o interpelan.



Además, entre otros contenidos relevantes, el nuevo número de TURIA publica un texto inédito de la autora francesa Catherine Millet sobre el escritor inglés D.H. Lawrence. Se trata de un anticipo del libro “Amar a Lawrence”, que será próximamente publicado en España por Anagrama. Tras impactar internacionalmente hace unos años con su libro “La vida sexual de Catherine M”, en el que hablaba abiertamente de su adicción al sexo, se vuelca ahora sobre la vida y la obra de otro escritor que en su tiempo también causó escándalo por su franqueza a la hora de tratar la sexualidad femenina en su ya clásica novela “El amante de Lady Chatterley”.

 

LUIS GARCÍA MONTERO: “LA LITERATURA ES UN AJUSTE DE CUENTAS CON LA REALIDAD”



En la entrevista que TURIA publica con Luis García Montero (Granada, 1958) conversamos ampliamente sobre ese compromiso social que define su vida y obra. Y es que, si hay una búsqueda, una línea que atraviesa toda su trayectoria, vital y creativa, esa línea tiene que ver con su anhelo por “conseguir una alianza ética entre el yo biográfico y el literario”.



También asegura a la periodista Emma Rodríguez que su ética “va unida al poeta que pretende ser”. Confiesa que el mundo en el que vivimos cada vez es menos suyo (“la manera de ser, de vivir, de comportarse en la sociedad, tiene cada vez menos que ver con mi forma de ser. Siento vergüenza ajena ante muchos espectáculos televisivos, culturales o políticos”, señala) y asegura que, pese a todo, no cabe la rendición ni la equidistancia ante las injusticias.

 

En estos tiempos en los que las mentiras ganan cada vez más terreno, él no deja de ejercer la crítica a través de sus columnas periodísticas, espacios para la reflexión sobre lo que acontece, sobre lo que le causa perplejidad. Y sigue creyendo en el reto de la poesía de hallar la dignidad en medio de la confusión, del ruido, de la basura. En medio de las ruinas del pensamiento, pese a todo, “mientras haya alguien que esté escribiendo poesía en su lugar, por discreto que sea, tendremos motivos para la esperanza”, declara.



Cree también García Montero que “la literatura es un ajuste de cuentas con la realidad, una manera de comprometerse con el mundo”. Y reconoce, adentrándose en su biografía, que la comprensión familiar le vacunó contra el sectarismo. Sobre sus grandes maestros no hay duda: “Machado y Lorca están ahí, en mi mitología personal, que va de sus poemas a sus biografías”. Preguntado por la poesía más actual, nos dirá: “a cierta edad, tan importante es conservar la lección de los mayores como reconocer a los maestros jóvenes. Siempre digo que tan peligrosos son los viejos cascarrabias como los jóvenes adánicos”.



Sobre este 2020 tan extraño y cruel, Luis García Montero asegura que la pandemia “ha extremado muchas cosas que se veían venir y que ha situado una normalidad cada vez más notoria en el mundo raro de las mascarillas. La sociedad consumista ha generado tal narcisismo que ahora asusta la fragilidad, la presencia de la enfermedad y la muerte en una realidad cada vez más solitaria. Degradar los espacios públicos tiene sus consecuencias. Creo que es el momento de reivindicar la cultura como un valor esencial, algo que por desgracia no se ha hecho en España. Estamos en una situación que debe hacer compatible el fortalecimiento de los espacios públicos, la autoridad del Estado, y el respeto a la libertad individual y los derechos democráticos. Y eso sólo se puede conseguir invirtiendo en educación y en cultura”.



ÁNGEL GUINDA: “EL ARTE SIEMPRE AYUDA A SOBREVIVIR”



El escritor Ángel Guinda (Zaragoza, 1948) es, por derecho propio, uno de los nombres más destacados de las letras aragonesas y su dilatada e interesante obra poética lo sitúa entre lo mejor de la poesía española de las últimas décadas. Este año ha publicado dos poemarios que se integran en un único libro: “Los deslumbramientos”, seguido de “Recapitulaciones”. En la conversación sin desperdicio que mantiene con el también poeta Fernando del Val nos dirá “desde hace años padezco la obsesión juanramoniana por el afán de perfección”. Esa postura radical de reinventarse, de refundarse, ha provocado que sólo considere fiable lo escrito desde hace 13 años y desdeñe los múltiples poemarios anteriores.



Guinda no sólo ha venido ejerciendo como poeta que cree que la palabra es un ser vivo, también ha traducido a autores con los que siente afinidad como Teixeira de Pascoaes, Alex Susanna o Antonio Sagredo. Asimismo, ha publicado libros de aforismos, manifiestos poéticos y un ensayo sobre Leopoldo María Panero. En reconocimiento a su dilatada y valiosa trayectoria creativa, recibió el Premio de las Letras Aragonesas 2010. El galardón le supuso, a un autor y profesor de literatura que lleva más de tres décadas residiendo en Madrid, “una reconciliación con mi tierra” y confirmaba, una vez más y por fortuna, que la cultura no conoce fronteras.



Preguntado por la actual pandemia, Guinda cree que “el arte siempre ayuda a sobrevivir, nos estimula, nos enriquece, nos redime”. Quien sabe bien lo que es luchar contra el cáncer, declara en TURIA que “la vida es una sana enfermedad que no se cura sino con la muerte”. Además, reconoce que “desde niño, el miedo y la muerte me acompañan obsesivamente”.



En sus libros, confiesa Ángel Guinda que aspira “a conseguir una simbiosis entre tradición y originalidad; a recoger verdad, belleza e intensidad”. En definitiva, y como se nos asegura en TURIA: “Ángel Guinda es lo contrario a la indiferencia. Por eso está tan vivo. Tan despierto que lo normal es que se desvele por la noche. Quiere vivir, lo dijo en un poema de Claro interior -todo lo ha dicho en sus poemas- pero, sobre todo, lo demuestra con sus actos. Vive como lee. La vida sí le va a echar de menos”



TURIA” PUBLICA UN TEXTO INÉDITO DE CATHERINE MILLET

Una de las principales autoras de las letras francesas de las últimas décadas, Catherine Millet, abre la sección que TURIA dedica al ensayo con un atractivo texto inédito. Se trata de un fragmento de “Amar a Lawrence”, que será próximamente editada en España por Anagrama. En esta nueva obra, la controvertida escritora y crítica de arte prosigue su indagación sobre los misterios del deseo femenino, en esta ocasión a partir de la vida y la obra del inglés D.H. Lawrence.



¿Por qué Lawrence? Porque el británico exploró como pocos el tema del deseo desde el punto de vista de la mujer y cuestionó la moral de su época. Pero, al indagar en la vida de este, Millet acaba hablando también de sí misma, y el libro se convierte en una estimulante mezcla de ensayo y autobiografía en la que confluyen dos autores –la estudiosa y el estudiado– separados por el tiempo, pero unidos por el interés en indagar en los misterios de las pasiones femeninas.  



El amante de Lady Chatterley”, la novela más célebre de D.H. Lawrence, es uno de los grandes clásicos del siglo XX. Estuvo prohibida en su tiempo por la forma explícita y nada habitual entonces con que se refería a las relaciones sexuales. El libro se publicó por primera vez en Florencia en 1928 pero en Inglaterra hubo que esperar a 1960.



Según Catherine Millet, Lawrence “reveló las dificultades para mujeres muy brillantes de entregarse al amor. El amor es un sometimiento, y una mujer que se encuentra en una situación social, si no de poder o de dominio, al menos de afirmación de su personalidad, puede vivir de una manera muy contradictoria su sentimiento amoroso, ya que puede hacerle sentir temor por perder una autonomía que piensa haber ganado a un alto precio”. Y, según sostiene Millet, “esta contradicción revelada por Lawrence sigue siendo válida hoy en día”.



TURIA es, con 37 años de trayectoria y periodicidad cuatrimestral, una de las publicaciones culturales españolas más consolidadas y reconocidas, por cuya labor obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura. Desde hace un más de lustro, además de su edición en papel, la revista TURIA tiene una versión digital a través de una atractiva web y de una página en Facebook que está obteniendo una muy favorable acogida.



UN FRAGMENTO DE LA ENTREVISTA EXCLUSIVA CON LUIS GARCÍA MONTERO



El nuevo número de la revista TURIA publica una amplia y reveladora conversación exclusiva con el escritor, profesor y director del Instituto Cervantes Luis García Montero, uno de los nombres más sobresalientes de la poesía española contemporánea. La entrevista, realizada por la periodista cultural Emma Rodríguez, permite conocer a fondo su personalidad y su trayectoria, así como sus opiniones sobre un amplio abanico de cuestiones de interés. De ese material inédito, adelantamos hoy el siguiente fragmento:



LUIS GARCÍA MONTERO: ”NO PODEMOS SEGUIR AVANZANDO EN EL SIGLO XXI SIGUIENDO LAS IMPOSICIONES NEOLIBERALES”



- ¿Debe ser la poesía un espacio para la verdad en una época marcada por las mentiras, donde la falta de reflexión y de análisis, es tan llamativa? ¿Cómo hacer frente al ruido, a la velocidad que imponen las redes sociales?

 

- Ese es un reto. Fíjate que la poesía ha vivido siempre en una situación fronteriza entre la intimidad, lo privado y lo público. Es la situación que ahora se ha impuesto con las redes sociales. Buscar ahí la dignidad humana es una tarea bien significativa en medio de tanta basura. El poeta representa a esa persona que busca su propia verdad y que quiere ser dueña de sus palabras. Por eso su escritura tiene que ver con la lentitud. El tiempo de la poesía no es un tiempo de usar y tirar, no es una mercancía. A veces decimos lo primero que se nos ocurre y repetimos lo que flota en el ambiente. Otras veces decimos lo que nos conviene para quedar bien y vendernos como mercancías. La palabra poética nos enseña a decir aquello que tiene que ver con nuestra conciencia, más allá de cualquier convención o consigna.

 

- ¿Eres de los que creen que algo tendrá que cambiar tras la pandemia, que ya estamos pisando las ruinas de un sistema que se cae, o formas parte del grupo de los escépticos? ¿Qué futuro imaginas?

 

- Ángel González distinguía entre porvenir y futuro. A corto plazo, soy poco optimista, no creo que el poder económico vaya a cambiar generosamente, se buscarán mil formas de hacer negocio con la situación. De hecho ya se ha empobrecido la mayoría social y se están enriqueciendo las grandes fortunas. La brecha mundial de la pobreza va a profundizarse mucho. A largo plazo, espero que el agua encuentre sus caminos para seguir avanzando. Si queremos que el planeta sobreviva, deberemos esperar a que los gobiernos se tomen en serio la realidad ecológica y la decencia humana. No podemos seguir avanzando en el siglo XXI siguiendo las imposiciones neoliberales de las últimas décadas.

 

IRENE VALLEJO: LECTURAS, AUTORES, CITAS

  • ¿Cuál es el primer libro, o los primeros libros, que te cambiaron la vida?

Cuando mi padre empezó a contarme la Odisea, tal vez sin saberlo, me cambió la vida. Aquella noche en la que me hipnotizó con las aventuras de Ulises a la orilla de mi cama infantil, no podía imaginar que aquel barco griego decidiría el rumbo de mi imaginación.

-¿Y el que te reveló los poderes de la literatura?

Al leer Antígona intuí, quizás por primera vez, que la literatura no es solo la crónica de las aventuras de lejanos personajes, sino que habla de nosotros: la rebeldía, el amor a los muertos, los cuidados, las leyes.

-¿Quiénes son los autores de tu vida?

Serían infinitos, y no siempre los mismos: los libros de mi vida cambian constantemente. Pero si ahora mismo tengo que improvisar una lista, en ella estarían sin duda Safo, Heródoto, Montaigne, Conrad, Carson McCullers, Natalia Ginzburg.

-¿Qué libros te acompañan siempre, o casi siempre?

Trilce, de César Vallejo, que no es pariente mío, pero sus versos enamoraron a mis padres, así que le debo haber nacido.

-¿Qué buscas en la literatura, en la que escribes y en la que lees?

Inquietud, misterio, imágenes envolventes, ideas inesperadas y, sobre todo, un lenguaje poderoso que me descubra otros mundos posibles.

-¿El inicio que más te conmovió o te conmueve?

Un poema de Safo, que empieza: “Otra vez me sacude Eros, el que hace languidecer los cuerpos/ agridulce, indomable, animal oscuro”.

¿Y el final?

Siempre me ha impactado la famosa frase final de El gran Gatsby: “Y así avanzamos, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado”. Describe esa extraña máquina del tiempo que son los libros, capaces de trasladarnos al pasado y al futuro, a los paisajes de la memoria y los sueños.

-¿Tienes un personaje favorito de ficción? ¿O varios?

Me fascinan los personajes inadaptados, extranjeros, fronterizos, como la protagonista de las Memorias de una enana, de Walter de la Mare. O las sirenas, desde Homero hasta el mascarón de proa que aparece en El tambor de hojalata, de Günter Grass.

-¿Y uno real convertido en ficción?

Cleopatra en Shakespeare. Virgilio en Dante o en Broch. Ovidio en Una vida imaginaria, de David Malouf. En estos días, me está impresionando la visión de Agustín Sánchez Vidal sobre Orson Welles en su Quijote Welles.

-¿Por qué te has volcado con los clásicos?

Me interesan los mitos porque son relatos supervivientes, que han sido capaces de cautivarnos generación tras generación, durante miles de años. Los relatos más andariegos, la condensación de nuestras emociones, las historias infinitas.

-¿Quiénes son los poetas que más te emocionan?

Safo, Ovidio, Vallejo, Lorca, Szymborska, Tranströmer.

-¿Qué poemarios o novelas o ensayos rescatarías del olvido?

A medio camino entre el ensayo y la poesía: El collar de la paloma, del andalusí Ibn Hazm. Y la Anatomía de la melancolía, de Richard Burton, que él mismo presentaba así: “Concededme cierto margen de tiempo y pondré ante vuestros ojos un océano prodigioso, vasto e infinito de insensatez y locura increíbles; un mar lleno de rocas y acantilados, de bancos de arena y golfos, estrechos y mareas contrarias, cuajado de monstruos terribles, formas salvajes, olas rugientes, tempestades y sosegadoras sirenas”.

-¿Los tres últimos libros, más o menos recientes que te hayan conmovido?

Lluvia fina, de Luis Landero, una emocionante y honda reflexión sobre el poder de la palabra y las historias en la memoria familiar. Arenas movedizas, de Nella Larsen, una novela en torno al desarraigo y el deseo, editada con mimo por Contraseña. El silencio de las mujeres, de Pat Barker, una impactante reescritura de la Ilíada desde el punto de vista de los personajes femeninos.

-¿Coleccionas algún autor, eres fetichista?

No soy fetichista: presto, pierdo y regalo mis libros. Guardo con cariño los cuentos y tebeos infantiles, que solía colocar bajo la almohada para soñar con ellos.

-¿Cuál es el libro de tu biblioteca que tiene para ti una historia especial, singular o emotiva?

Un ejemplar de Las aventuras de Huckleberry Finn que encontré en la carretera, abierto, atropellado por varios coches, atravesado por las cicatrices de los neumáticos. Lo llevé a casa, lo reparé y todavía lo guardo.

-¿Has hecho más locuras por amor o por la literatura?

Mis mayores locuras no han sido por amor ni por literatura, sino por deseo de aprender, experimentar y descubrir. Intuyo que esa curiosidad insensata e infinita es lo que comparten el amor, el saber y los libros.

-¿Hay una cita o un fragmento de un libro que te defina o que te guste especialmente?

¿Puedo decir que nos han traicionado? No./ ¿Qué todos fueron buenos? Tampoco. Pero/ allí está una buena voluntad, sin duda,/ y sobre todo, el ser así”, de César Vallejo. Me fascina su empeño por defender la bondad, contra todos los cinismos y los pesimismos –por otro lado, sobradamente justificados–. Esos versos encarnan para mí esta confianza ciega y conmovedora.

¿Dónde lees, en qué soporte, en qué momentos al día, cuánto tiempo?

Desde que soy madre, leo en cualquier sitio, cazando al vuelo los instantes, robando horas al sueño y luciendo al día siguiente ojeras como condecoraciones lectoras.

¿En qué consiste leer?

Leer es habitar otras pieles, explorar otras mentes, mirar con otros ojos.

¿Cómo llevas el éxito de ‘El infinito en un junco’? ¿Se han cumplido tus sueños o aquí la realidad ha superado a la ficción?

En este caso, la realidad ha dejado atrás mis sueños más locos. Soy consciente de que esta inimaginable acogida hubiera sido imposible sin la hospitalidad de tantas personas –lectores, escritores, libreros, críticos–, que han recibido y amado a este pequeño junco con inmensa generosidad. Me despierto atónita cada día, conmovida por la bondad de tantos queridos desconocidos. Hacia todas ellas, hacia cada uno, mi gratitud infinita.

 

UNA ENTREVISTA QUE ME HACE IÑIGO LINAJE PARA TURIA

http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/anton-castro-espana-se-ha-empobrecido-y-retrocede-en-ambitos-de-libertad-y-tolerancia?fbclid=IwAR1wx9QE2-mo-y2VdzZ_4LTOhU337TClpT60iJjRGKSM-cI2LgbAb6E7r-Y

SOBRE CRISTÓBAL BALENCIAGA

LOS HILOS SECRETOS QUE LLEVAN A BALENCIAGA

 

Antón CASTRO

 

La vida está llena de meandros ocultos, de hilos secretos que trazan historias que, a menudo, esperan una mano o una voz que las revele. O ellas mismas, de golpe, se rebelan: son historias con corazón, con sorpresa, con protagonistas inesperados, con paisajes, con un arsenal de documentos. Algo así le ha sucedido a Pedro Usabiaga, fotógrafo, enamorado del arte y la moda, y admirador y estudioso de ese creador de moda y de belleza que fue Cristóbal Balenciaga Eizaguirre (Guetaria, Guipúzcoa, 1895-Jávea, Alicante, 1972), la perfección hecha sutileza, armonía de líneas y de color, torbellino de telas, hilvanado con refinamiento y sensualidad.

En uno de los regates del azar, Pedro Usabiaga descubrió que su tío José Luis Usabiaga, pintor y decorador, diseñador gráfico y escaparatista, poseía en sus archivos numerosos documentos, folletos, fotos y recortes de prensa sobre el modisto, centrados especialmente en actos sociales en San Sebastián , así como algunas piezas de tela y botones de su taller Eisa en la ciudad. De él y de uno de sus más cercanos colaboradores y compañeros, como Ramón Esparza .Así , entre recuerdos y descubrimientos familiares se gestó el núcleo o el arranque de una espiral que sigue expandiéndose. Balenciaga falleció el 23 de marzo de 1972, y cinco meses después , el 26 de agosto se le organizó una cena y desfile homenaje en la ciudad donostiarra cuya invitación diseñó el propio Usabiaga . Esa pieza, sofisticada y etérea, y unas fotos inéditas del acto están presentes en esta muestra, El siglo de Balenciaga, que se fundamenta en algunos otros polos: la presentación pública de la colección privada de Pedro Usabiaga, comisario como recordarán de una muestra anterior en el Instituto Aragonés de Arte y Cultura Contemporáneos ‘Pablo Serrano’ (IAACC) sobre Balenciaga y el cine. Y el hecho de que, en este gozoso laberinto de coincidencias, su propia abuela, Cristina Azarlosa (madre, por cierto, de José Luis Usabiaga), trabajase de modista en Les Grands Magasins du Louvre, en San Sebastián, donde también se empleó un joven y ya talentoso Balenciaga en 1911, encargado al poco tiempo de adquirir modelos parisinos para la tienda. Se dice que Cristina adquirió allí la habilidad de coser botones de un modo muy peculiar , el mismo que el joven Cristóbal transmitiría posteriormente en sus talleres.

Hay algunas cosas más que decir y subrayar de este proyecto, que se ampara en algunos otros nombres propios: los dos grandes colaboradores y amigos del modisto, Ladislas “Wladzio” Jaworowski d’Attainville ( Paris 1899 , Madrid 1948 ) , cuya relación abarca el período de 1927 a 1948, y el ya citado Ramón Esparza Viela (Lesaca, Navarra, 1923-1997), su compañero desde 1949/50 hasta su muerte. Wladzio era un joven de sangre franco-polaca , hijo de una gran dama con linaje de los duques de Rivoli y príncipes d´Essling , y sería capital en su éxito y en su estabilidad emocional como tantas veces han contado los biógrafos y especialistas del modista de Guetaria. Con Wladzio, Balenciaga viajó a menudo por Biarritz y Bayona. En Biarritz, Balenciaga conoció a una de las grandes figuras de la Alta Costura : Gabrielle ‘Coco’ Chanel; allí visitaba su tienda y el Hôtel du Palais , otrora residencia de verano de la Emperatriz Eugenia donde le acompañaba Anne Debelle ,su Grande-Maîtresse y tatarabuela de Wladzio. En Bayona, les gustaba ir a los grandes almacenes Aux Dames de France y al Musée Bonnat, donde se deleitaban ante las obras de Jean-Auguste-Dominique Ingres y de Hippolyte Flandrin, especialmente. Quizá por todo ello, la muestra de El siglo de Balenciaga también viajará a Bayona, al Musée Didam, que participará en la producción con el Gobierno de Aragón y el IAACC ‘Pablo Serrano’.

Dentro de ese río de relatos ocultos, de casualidades que no lo son tanto, otro investigador de la moda y creador él mismo como Enrique Lafuente ha descubierto que Balenciaga tuvo bastantes conexiones con Aragón. Ramón Esparza, que era navarro, hizo algunos cursos de Derecho como alumno libre en la Universidad de Zaragoza, y él le presentó a una de las modelos de su vida: la zaragozana María Nieves ‘Meyes’ Hernández Ortiz (Zaragoza, 1924-París, 1962), que trabajó en la  célebre Maison Balenciaga del 10 Avenue George V de Paris, como maniquí de cabina, entre 1950 y 1956. Meyes está muy presente en la muestra: hay fotos extraordinarias de ella con varios modelos, y una curiosa primicia: un retrato suyo ejecutado por el pintor Mariano Gaspar Gracián, datado en 1950, que pertenece a la colección personal de Marta Navarro, nieta del arquitecto Félix Navarro, creador del Mercado Central de Zaragoza.

Balenciaga fue siempre un hombre sensible y muy conectado con las artes plásticas. Goya era uno de sus dioses y una de sus influencias, si puede decirse eso de un pintor sobre un modisto. En la muestra podrá verse la obra Dama con Mantilla, del pintor de Fuendetodos, que pertenece al Gobierno de Aragón ya que fundamenta maravillosamente esta recurrente fuente de inspiración, en particular para los modelos con encaje. Un vestido con esos matices y esos velos lo hizo para Adela Quijano, la esposa del  embajador zaragozano Ángel Sanz Briz, “el ángel de Budapest” reconocido como “ Justo entre las Naciones “ por salvar la vida a miles de judíos.

Amigo de los paralelismos y de los guiños, Pedro Usabiaga, que ya había participado en un homenaje al maestro en Niza en 1996, recuerda que justo 45 años antes, un 20 de febrero de 1974, se inauguró en Madrid la gran exposición “El mundo de Balenciaga”, de cuya muestra quedó un excepcional catálogo con portada de Miró y donde había  piezas cedidas también por Adela Quijano Sra de Sanz Briz y por Pilar Mompeón y de Nó  Sra de Yarza , como su vestido de novia en moiré de octubre de 1939 que estará presente en Zaragoza y en Bayona. Como detalle curioso, en esta muestra se exhibe un vestido negro de encaje  de S.A.R la princesa María de la Esperanza de Borbón, hermana del monarca emérito Juan Carlos I. En la serie Lo que escondían sus ojos, lo lució la actriz Blanca Suárez en el papel de la marquesa de Llanzol , Sonsoles de Icaza, musa del modisto y enamorada secreta de Ramón Serrano Suñer, el poderoso ministro y cuñado de Franco que estuvo destinado como abogado del Estado en Zaragoza entre 1924 y 1936.

Por otra parte, las pesquisas de Enrique Lafuente confirman un hecho muy novedoso: Balenciaga y Esparza eran buenos amigos del industrial vasco Jesús Azcárate Larrañaga, quien adquirió en 1971 Textil Tarazona S.A tras la muerte en accidente de José Gutiérrez Tapia , uno de sus antiguos propietarios. Unieron sus empeños e intentaron crear una línea de ‘prêt à porter’ que no cuajó, entre otras cosas porque Balenciaga murió pronto, intentando a la vez otro proyecto de estampación en tejido de seda en la fábrica Subijana & cia de Villabona (Guipúzcoa) para producir pañuelos con la rúbrica del modisto. Al parecer, Balenciaga, que tenía severos dolores en los huesos , fue aconsejado por los médicos que buscase el clima seco del entorno del Moncayo , pasando jornadas de reposo en los baños de Fitero  , visitando Cascante y viviendo algunas semanas en Tarazona aprovechando la supervisión junto a Esparza y Azcárate de esa última aventura empresarial en nuestra tierra aragonesa .

En la muestra El siglo de Balenciaga, claro está, hay muchas cosas: Iniciando con un depurado vestido largo en crêpe de Chine y escote en corazón , creado en 1933 en el recién abierto taller Eisa de la calle Caballero de Gracia 42  de Madrid, en plena Segunda República Española y que fue enviado a Londres seguramente a la esposa de un diplomático. Hay complementos, fotos, reconstrucción de su taller con un busto de costura original proveniente de la colección Iribarren, obras de arte; además de los cuadros y dibujos citados, estará el retrato de María Elena de Arizmendi, pintada por Enrique Albisu; el de la artista Annabel Schwob, de 1959, pintada por su marido Bernard Buffet y que Balenciaga tenía en el despacho de su domicilio parisino del 28 Avenue Marceau, el de Herminia Laborde, realizado por Nelly Ellen Harvey  , varios grabados de Jan Mara o dos cuadros del pintor tolosarra Miguel Ángel Alvarez

No podían faltar las conexiones de Balenciaga con otros creadores. Colaboró con muchos modistos y por eso hay obras de Pedro Rodríguez, de Hubert de Givenchy, que lo sentía como un padre aunque no llegasen a trabajar juntos, de Emanuel Ungaro, de André Courrèges, de Elio Berhanyer, de Asunción Bastida, de Carmen Mir, del turolense Manuel Pertegaz y del zaragozano Pedro Esteban, que reconoció al creador vasco como uno de sus maestros al trabajar durante años en sus talleres de Barcelona y Paris.

Diana de Vreeland, directora de Vogue, definió así a Cristóbal Balenciaga: “Siempre me dicen que la moda nace en la calle, pero siempre la veo primero en Balenciaga”. El creador de Guetaria fue un visionario, un artista del volumen , un apasionado del equilibrio de Palladio o de la “ komata “ de las geishas , un modista único que destiló toda su vida la dosis precisa de elegancia, sugerencia y hermosura en cada uno de sus actos, en cada una de sus prendas.

 

NUEVA NOVELA DE ÁNGELA LABORDETA: EVOCACIÓN DE KATHLEEN LÓPEZ KILCOYNE

 

Ángela Labordeta publica 'Equilibrista'.

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/10/25/angela-labordeta-publica-equilibrista-la-memoria-vital-y-doliente-de-kathleen-lopez-1401911.html?fbclid=IwAR1blpfmEwjJPoSUPTTI3x3KAJ-wShaEooMedT3YHskkBknUWTEqo80T98A