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Antón Castro

PACO GARCÍA ARCOS: UN DIÁLOGO

[El pasado sábado, en Antígona, Paco García Barcos presentaba un nuevo proyecto editorial: 'The Hachís Book’, pero también un sello editorial en colaboración con Rubén Cárdenas.]

 

-¿Para qué sirve el arte? ¿Ha perdido su carácter transgresor o esa rebeldía está más viva que nunca?

Llamamos arte al modo que tenemos los humanos de encauzar nuestra curiosidad y creatividad, la capacidad de crear nos convierte en dioses, dioses rebeldes en algunos casos, en algunos, porque el arte no es nunca transgresor, transgresoras son las personas, y siempre han coexistido los tipos apocalípticos y los integrados, tú decides tu posición en tu mundo.

-Acabamos de vivir una campaña electoral más o menos intensa. ¿Cuál ha sido, a tu criterio, el lugar del arte, qué te ha llamado la atención, ha tenido alguna presencia real?

El nivel del debate en la política española no da para mucho, es muy muy bajo, muy primitivo, rollo Sálvame de Luxe, cotilleos frívolos y superficiales, y nadie habla de estas cosas, ahora bien, lo que está claro es que el gobierno neoliberal de LF Rudi apuesta por los grandes eventos -negocios- como la compra de la colección Citoler o las muestras dedicadas a la Corona de Aragón, estos eventos seducen a nuestros políticos neoliberales porque amplían agendas, proporcionan contactos, generan viajecitos y reuniones, allí conoces a tal y a cual (Holaaa que taaaaaaal...?), son negocios. Mientras tanto, mientras ellos se reúnen en restaurantes para cerrar contratos rodeados de abogados trajeados y se manchan la corbata con la salsa de mostaza que pagamos tu y yo, estos 4 últimos años en Aragón el artista de a pié ha sido completamente abandonado a su suerte por su gobierno autonómico. Solo tienes que ver la programación del recientemente ampliado Pablo Serrano, el programa Impulso Lateral pensado para jóvenes, el único que funciona, tiene presupuesto, ya lo sabes, cero, todos los gastos corren por cuenta del presuntamente solvente joven artista, todos. Transporte, montaje, clavos, martillo, tenazas..., pero lo gordo es que mientras tanto este gobierno ha estado anunciando el IAACC Pablo Serrano contratando media página con el suplemento cultural del ABC de los sábados, pagando un pastón en publicidad, durante un montón de meses, mientras el único programa que desarrollaba el museo contaba con presupuesto cero pelotero. Lo dicho, si te pones en contacto con ABC de Madrid conoces gente, amplias agenda, puedes quedar a comer (Holaaa que taaaaaaal...?) y mancharte la corbata con salsa de mostaza.

-¿Qué clase de artista es Paco García Barcos?

Soy un artista con gafas, un autodidacta aparentemente miope.

-¿Y su socio Rubén Cárdenas?

Mi hermano Rubén es un artista multimedia Avempace.

-¿Cómo podríamos presentar vuestra alianza, vuestra colaboración? Parecéis moveros en muchos terrenos: la edición, el diseño, el arte en el sentido más lúdico, la sorpresa..., no sé si el happening...

Rubén y yo estamos conectados por un cordón umbilical vegetal, una especie de súper conductor por donde fluye la energía eléctrica, es una conexión mecano cuántica y mágica que nos permite movernos con comodidad en cualquier terreno creativo, Rubén es digital y yo soy analógico, nos complementamos, siempre y cuando se cumpla nuestra única exigencia: de sufrir nada. Ahora estamos metidos en el desarrollo de una página web: www.udermohr.com, que albergará nuestra obra y una editorial que hemos creado: Mágica Eléctrica Editorial donde ya hemos editado mi The Hachíss Book, mi libro de magia, y su I Love my INWO, su poemario discordiano, computacional y  premecánico.

Presentaremos Mágica Eléctrica Editorial el próximo sábado 30 en la librería Antígona de Julia y Pepito a la 1 del mediodía.


-¿Qué o qué quiere ser Producción UderMohr? ¿Una editorial, una productora de cine, un laboratorio de proyectos audiovisuales, algo abierto?

UderMohr es una forma despierta de estar en el mundo, un estilo de vida consciente y despreocupado que descansa en la magia, en la creatividad y en el compromiso con nosotros mismos, es nuestra aportación al despertar de la conciencia y al combate contra la manipulación, el control mental y el sonambulismo que trae aparejado el actual e insensible neoliberalismo idiota del holaaaa que taaaaaaaal....?

-¿En qué consiste ese libro, tan fascinante e inagotable por otra parte, que es ‘The Haschish book’?

 The Hachíss Book es un cuento eléctrico ilustrado, un libro de magia, de alquímia especulativa, ilumina el Camino de las Transmutaciones, un libro que habla de cómo encontrar por fin un lugar físico y mental sin tristeza y sin miedo, una forma de filosofar con el martillo, con el martillo cósmico, ese con el que Robert Anton Wilson golpeaba la fofa molicie de los aburridos burgueses norteamericanos, una Fórmula Hermética para derrotar al miedo y comenzar el viaje sin tristeza, una guía del despertar, una reivindicación de la dignidad y la libertad que nos quieren siempre robar, y que nosotros, siempre, queremos multiplicar.

_¿Qué lenguajes, qué autores, cómo has cocinado esa trama casi infinita de referencias, homenajes, tentativas, experimentos?

Como siempre todo empezó sin un plan establecido, apareció un punto de inicio, La novia de Lammemoor de Walter Scott, y a partir de ese punto empecé a derivar, a moverme entre libros, imágenes, experiencias personales y toda clase de estímulos que me resultaban atractivos y pertinentes para contar la deriva psicomágica de 118 personajes que buscan un lugar donde vivir una vida plena, la deriva psicomágica es un viaje que conduce a paisajes mentales antes insospechados, si además llevas hachíss en la mochila, el viaje al final puede cumplir su objetivo; transformar al viajero. (Tantra + Marihuana = Éxtasis Permanente), Aleister Crowley dixit,

¿A qué autores, movimientos y épocas precisas has querido homenajear?

The Hachiss Book es un viaje por el mundo de la libertad y la creatividad, ya sea esta artística o científica, el viaje se inicia en la Alemania de Goethe y la Inglaterra de Wordsworth, en las obras de los hermanos Grimm, de Achim von Arnim, de los hermanos Brentano, de Coleridge, de Thomas de Quincey, pasa por la novela gótica, el mesmerismo, el mediumnismo y la prestidigitación, por las ecuaciones del electromagnetismo y por la teorías de Plank respecto a los cuantos de energía, y llega hasta los aceleradores de partículas y el Grupo Independiente de Londres de Hamilton y Paolozzi, pasando por Tintin, la Castafiore, El Golem de Gustav Meyrink y su Noche de Walpurgis, el Pinocho de Salvador Bartolozzi, la física de partículas, en concreto la teoría mecano cuántica, la Máquina Electrosexual de Oscar Dominguez, Los Enamorados de Victor Brauner, las Constelaciones de Joan Miró, y por la aritmética y la Teoría de Conjuntos, uno de los cuales, el Rombo Mágico de Sarnath, luego llamado Rombo Reducción, el conjunto ordenado por la armonía, la aritmética y la simetría, de los 100 primeros enteros, tiene una importancia clave en la historia.

Hay mucho collage, sin duda. Mi pregunta es: ¿Cómo has conseguido y has elaborado tantas y tantas imágenes?

Me tiré 4 años escribiendo las 118 páginas y produciendo los 44 collages del Hachíss Book, ( 118 + 44 = 162 = 1+6+2 = 9) ten en cuenta que llevo ya casi 20 años en esto y mis archivos rebosan de imágenes recortadas de revistas, cuentos ilustrados, tebeos, magacines, etc, y que en líneas generales sé de lo que hablo porque hablo siempre de lo mismo, de cambiar la vida y transformar el mundo, fue un viaje maravilloso que me mostró que el materialismo racionalista positivista y frívolo resulta insuficiente para colmar mis propios anhelos, y me abrió la senda de las especulaciones transcendentes que tratan de explicar el misterio de la vida, su origen y su devenir, como la teosofía, la antroposofía, el cuarto camino de Gurdjieff, la magia del caos de Aleister Crowley, o los arquetipos alquímicos jungianos.

¿Por qué lo has subtitulado ‘Cuento eléctrico’?

Yo funciono por impulsos eléctricos, además trabajo siempre los textos con un portátil barato y con softwhare libre, Open Office Writer, alimentado, como yo, por energía eléctrica.

Creo que se ha presentado en varios sitios, en exposiciones incluso. ¿Vendrá a Zaragoza, qué recepción ha tenido?

Presenté The Hashish Book como parte de mi proyecto La Vida Instrucciones de Uso Contra el Abuso, inaugurado en Pamplona el 9 de enero de 2015 ( 9+1+2+0+1+5 = 18 = 1+8 = 9), a las 9 de la noche en la Sala Conde Rodezno, un enorme templo que se levantó en honor a los Caídos en la Cruzada, ahora desacralizado y dedicado a exposiciones temporales. Invité a 9 artistas a participar en el proyecto en este increíble lugar donde todavía está enterrado en una Cripta el general Mola. La exposición (.youtube UderMOhr Expo) luego venía al Pablo Serrano a la Sala 00, lugar en extremo adecuado en mi aritmología, pero no pudo ser, aún con el apoyo de Marisa Cancela, su directora, a los directores generales Humberto Vadillo (PP) y Javier Callizo (PAR), de los que depende el IAACC Pablo Serrano, no les interesó, literalmente, me dejaban la sala y el museo pero no nos daban ni un solo euro, tenía que pagarme desde el cartelón exterior, 500 pavos, hasta todo lo necesario para montar las obras, porque como ya he comentado antes lo único que les interesa son los negocios y aquí no había negocio alguno, lo dicho, presupuesto cero patatero para artistas aragoneses activos. Viva el neoliberalismo ignorante y cejijunto del cachirulo de Loewe.

¿Cuáles son vuestros proyectos más o menos futuros?

Rubén y yo estamos embarcados en Mágica Eléctrica Editorial, nuestros próximos lanzamientos serán, primero, el The Hachís Book pero esta vez con mi texto original con ilustraciones de Rubén, y segundo un librito de Alquímia Aritmética en el que mostraremos cómo ordenar los 100 primeros números enteros en diagonal de forma armónica dibujando un rombo, y como transmutar este rombo así obtenido en un toroide en el que las cifras fluyen en diagonal de modo armónico, aritmético y simétrico.

A veces, viendo lo que sueñas, lo que imaginas, me pregunto: ¿Se habrá vuelto loco Paco García Barcos? Te lo pregunto...

Decididamente no, la locura es una cosa muy seria y en mi opinión una especie de huída de la realidad, el rechazo de un entorno que se ha hecho insoportable, para mí la locura está asociada al miedo y al sufrimiento. Mi entorno me resulta hoy más agradable que nunca, y ya te he mencionado cúal es el lema de Mágica Eléctrica Editorial, de sufrir nada, en cuanto al miedo, yo no lo tengo, procuro vivir en un permanente presente y rodeado de la gente que me agrada, no soy rico pero vivo como quiero y hago lo que me da la gana, tanto en el terreno creativo como en el personal, por si esto fuera poco tengo una hija maravillosa, Ling, para mí significa Luz, cada día ilumina mi rostro con una sonrisa. Ahora bien, como no me peino, pienso en lo que quiero y digo lo que pienso, y además mi obra no hay quien la entienda, porque no tiene un significado único y concreto y no apela solo al raciocinio, en estos tiempos de dictadura conceptual mi trabajo, que además luce colorines, y en ocasiones resulta muy abigarrado, con demasiada información desconexa y fragmentada, es muy posible que resulte una locura. Pero es que es así como percibo el mundo. Sobresaturado de información desconectada y fragmentada, mucha parte de la cual teledirigida por el Poder.

¿Podrías resumirnos tus trabajos sobre el rombo, el romboide u otra forma geométrica? No recuerdo bien ahora... ¿Qué has descubierto: lazos secretos, conexiones, presencias inadvertidas...?

En el proceso de escritura del Hachís Book, a base de reducir los números que iban apareciendo, por ejemplo en fechas de edición de libros, en años de nacimiento de autores, o de realización de obras, constaté que la ordenación en el espacio de los 100 primeros enteros en función de su reducción, es decir, su ordenación diagonal, forma un rombo, Rombo Reducción

00

01 10

02 11 20

03 12 21 30

04 13 22 31 40

05 14 23 32 41 50

06 15 24 33 42 51 60

07 16 25 34 43 52 61 70

08 17 26 35 44 53 62 71 80

09 18 27 36 45 54 63 72 81 90

19 28 37 46 55 64 73 82 91

29 38 47 56 65 74 83 92

39 48 57 66 75 84 93

49 58 67 76 85 94

59 68 77 86 95

69 78 87 96

79 88 97

89 98

99

...rombo que tras una serie de operaciones alquímico aritméticas de disolución y coagulación, es posible mutar en un cuadrado mágico que se expande en una membrana, y por fin hacer fluir en una superficie de revolución toroidal, -un sólido toroidal es por ejemplo una rosquilla, un anillo- el toroide está relacionado con las matemáticas vorticiales de Marko Rodin, y con la psicogeometría, y también con la eficiencia y el flujo de la energía a partir de los trabajos de Viktor Schauberger. El rombo es un símbolo yónico, femenino, lo opuesto a fálico, masculino, una forma que nos acompaña desde hace milenios, aparece en los primeros petroglifos que se conservan, el rombo de oro de Bush Barrows tiene 5000 años,  un rombo es el Signum de la Corona de Aragón ya al menos desde 1218.

¿En qué momento social y político y cultural estamos en el arte en España y específicamente en Aragón y Zaragoza?

  En un momento de decadencia y de cambio, llega el Caos, se acerca el Combate. Preparados para conectar. Conexión Amor.

 

“Hay momentos en la historia en los que las visiones de dementes y drogadictos son una mejor guía de la realidad que la interpretación común de la información disponible a la mente “normal”. Este es uno de esos periodos, si es que no te has dado cuenta”. Robert Anton Wilson

 

Foto de Paco:

http://lacajadeloshilos.blogia.com/upload/20071129231601-paco.jpg

 

Foto de la obra:

http://1.bp.blogspot.com/-b7xz4J8UaCQ/T6v9tdt7qqI/AAAAAAAAAVQ/-Ec-AXPf3E8/s400/_MG_0011.JPG


 


UNA NOCHE EN LOARRE

 

UN CUENTO CON APARECIDO EN LOARRE

Antón CASTRO

La historia reciente de Huesca no se entendería sin Manuel Benito Moliner. Era uno de esos sabios pegados a un territorio, a una forma de ser, a un manantial de cultura. Amó La Hoya y los Monegros, y fue capaz de armonizar un sinfín de saberes y de relatos menudos de casi todo. Era médico y escritor, etnógrafo y fotógrafo, un coleccionista de casi todo, un curioso ávido de personajes, de hechos, de misterios. Coincidimos poco, pero siempre supe que en él había un cómplice, ese amigo casi invisible al otro lado del teléfono o del correo electrónico con quien podías hablar. De inmediato, ponía a tu disposición los datos, la iconografía, su sensibilidad inagotable, la camaradería del escritor. Hablábamos de muchas cosas: de la Guerra Civil en Huesca y provincia, de botánica, de ritos. Recuerdo que le presenté en Zaragoza uno de sus libros más bonitos: ‘Huesca. Álbum de adioses’, que le publicó Salvador Trallero, y que hablamos mucho de otro proyecto en el que había puesto el alma: ‘Orwell en las tierras de Aragón’, también editado por Trallero. Georges Orwell era un personaje que le fascinaba: le gustaba contar que a veces soñaba con que se cumpliera aquel deseo suyo de regresar al Coso y a los porches a tomar un café. Hablar con Manuel Benito suponía recorrer narraciones de aviadores, de combatientes, de personajes entrañables como Durán Gudiol o Rafael Andolz, como Ramón Acín, como León Abadías o los aguadores. Y en nuestras conversaciones siempre aparecían maestros como Eugenio Monesma, que había sido como él un andariego de tradiciones, de imágenes para siempre y de criaturas, como Ángel Gari, que era una referencia para abordar la brujería, las apariciones, las supersticiones y algunos deslumbrantes procesos históricos. Una de las anécdotas más hermosas que conservo de él, o con él, se sitúa en el castillo de Loarre. Yo volvía de un viaje por los Pirineos, con parada en Jaca y en San Juan de la Peña, en concreto; de repente conduje hacia el castillo. Había empezado a anochecer.

Hacía mucho tiempo que no estaba en Loarre, que es un lugar que me fascina, y que vinculo siempre con Ramón José Sender y con la película ‘Valentina’ de Antonio José Betancor. Cuando llegamos allí, iba acompañado de algunos amigos que habían venido de Nueva Zelanda, no supe acceder al recinto. Y no se me ocurrió llamar a nadie salvo a él. Marqué su móvil y le pregunté qué tenía que hacer: me contó leyendas, me habló de personajes y del propio Sender, de libros como ‘Solanar y lucernario aragonés’ y, finalmente, me confesó que no podía ayudarme. No sabía a quién debía dirigirme en aquella noche otoñal y romántica. Una luna inmensa y dorada, de una pureza ideal, se desplegó sobre la ladera. No encontrábamos la manera de cortar la conversación: ni él ni yo. A mí me parecía una estampa deliciosa, con Manuel al otro lado del hilo y con su voz apagándose, y a él le gustaba que yo le hablase de la luna que parecía blanquear las paredes de la fortaleza. Me dijo: “Si no te conociera y si no conociera el castillo, pensaría que me estás contando un cuento de Gustavo Adolfo Bécquer”.

Quedamos en vernos pronto. Quedamos en cenar. Tenía esperanza: creía que, más temprano que tarde, volvería a sus libros, a sus poemas secretos, a sus cuentos, y que retornaría al camino. Cada vez que paso por Loarre subo hasta el castillo y me quedo allí mirándolo. Sé que tengo una charleta aplazada con él y que cualquier día, cuando se muera la tarde, aparecerá su fantasma: llevará un cuaderno de campo, la paciencia del paseante y probablemente una cámara de fotos.

*La foto la tomo de aquí: http://www.neofato.es/mbm2.jpg

'TESÓN Y MELANCOLÍA', TERCER VOLUMEN DE MEMORIAS DE ELOY FERNÁNDEZ

'TESÓN Y MELANCOLÍA', TERCER VOLUMEN DE MEMORIAS DE ELOY FERNÁNDEZ

'TESÓN Y MELANCOLÍA 1987-2012'. III Volumen de las memorias de Eloy Fernández Clemente.

 

Aragón explicado a través de un recorrido personal

En Tesón y melancolía, editado por Rolde de Estudios Aragoneses, Eloy Fernández Clemente desvela claves que ayudan a entender mejor el Aragón de las últimas décadas

Este título estará presente en las Ferias del Libro de Zaragoza y Huesca

Después de El recuerdo que somos (2011) y Los años de Andalán (2013), Tesón y melancolía tiende puentes con la actualidad y traza la continuidad, hasta el momento presente, de muchas claves que explican el Aragón del franquismo, de la transición, de la consolidación democrática y de la autonomía.

El mundo académico, los medios de comunicación, los cambios políticos, la cultura, los afanes por entender Aragón… con la amistad como vínculo perenne, toman carta de naturaleza en estas páginas, completando una panorámica que, aun percibida en primera persona, constituye un proyecto colectivo y cívico.

Nacido en Andorra en 1942, criado entre Zaragoza y Alloza, doctorado en Madrid, y escudillado como docente en Teruel, Eloy Fernández Clemente, catedrático emérito de Historia Económica en la Universidad de Zaragoza, es el impulsor de algunas de las más importantes iniciativas culturales de las últimas décadas en nuestra comunidad autónoma (Andalán, la Gran Enciclopedia Aragonesa, la Biblioteca Aragonesa de Cultura…). Maestro de periodistas y de historiadores, divulgador prolífico, investigador entusiasta de Joaquín Costa, de los emigrantes, de los exiliados, de los ilustrados, de la historia contemporánea… Eloy Fernández traslada a sus investigaciones un aragonesismo cabal y ecuánime que nace del análisis, de la crítica, de la divulgación y de la pasión intelectual por Aragón.

Este libro ha contado con la colaboración del Departamento de Educación, Cultura 

'LEER PARA CONTARLO': UNA LECTURA

[José Luis Melero reedita en Xordica su libro 'Leer para contarlo', con algunas correcciones y leves añadidos. Recupero la nota que escribí en 2003 sobre este libro sobre libros, absolutamente imprescindible. La caricatura es de Luis Grañena.]

LA TRIBU DE PEPE MELERO

Antón Castro, en El sembrador de prodigios

 

Casi todos los que nos dedicamos a la literatura y al periodismo en Aragón le debemos algo a Pepe Melero: un dato, un detalle de gentileza, su profundo sentido de la amistad, el hilo de oro de las complicidades, una revelación. Y le debemos, sobre todo, su pasión contagiosa por el libro, por la edición, por los escritores de todos los pelajes y, hasta cierto punto, por Aragón. El, más que nadie tal vez, asume el lema de su admirado Juan Manuel Sánchez: “Todo por Aragón y para Aragón”. Su libro Leer para contarlo. Memorias de un bibliófilo aragonés (Biblioteca Aragonesa de Cultura, 2003) es una confesión de compromiso con este territorio y con sus intelectuales, y es también la constante búsqueda del paraíso. Cada libro es como un estancia del paraíso infinito que es la cultura, la memoria y la vida. Pepe está en una librería de Oviedo y tiene la sensación de habitar un edén perfecto. Está en la librería de Inocencio Ruiz Lasala y dice experimentar, ante una edición original de un autor ya muerto, una “emoción incontenible”. Ese embrujo ante la edición original ya no lo abandonará nunca, y es de eso abrumadoramente de lo que trata este libro: de búsquedas y encuentros, de la felicidad de leer tras abundantes pesquisas y las ramificaciones del azar, que son numerosas. Por ejemplo, consigue una edición de La Eneida de 1592 que no figura en los libros de Juan Manuel Sánchez, impresa además en Zaragoza por Lorenzo de Robles.

Esa búsqueda no es ajena a la mitomanía. Pepe Melero es un mitómano de la edición, de la encuadernación, de los libreros y de las librerías, de las editoriales, de las dedicatorias –y quizá ninguna tan bella como una de Manuel Mindán a José Gaos, que fue profesor en Zaragoza: “A mi buen Pepe Gaos, que está tan cerca de mi corazón que cuando le miro me veo y cuando me miro le veo”-, buen amigo de sus compañeros de fatigas como Félix Romeo, con quien no se puede competir en casi nada, Vicente Martínez Tejero, el émulo perfecto de Juan Manuel Sánchez, o Ángel Artal Burriel, a quien retrata con su sentido del humor británico, su distanciamiento de lo banal y su orgullo levantisco. También es un libro de usos y costumbres en la adquisición de ejemplares en librerías, ferias o en el rastro: Pepe va con sus amigos a Madrid, se separan de inmediato y luego quedan a comer para glosar la adquisición de tesoros por separado. Y sin competencia. La camaradería y un poco de codicia se mezclan en este oficio, aunque Pepe dice que él no es un coleccionista de libros sino un lector un poco maniático, un explorador de nuevos textos y, sobre todo, un “voyeur”. Y si del Zaragoza se trata, puede ser un “energúmeno peligroso”. Nos da una advertencia y una lección: “En esto de los libros viejos la quimérica ambición de querer comprar siempre bueno y barato es habitual compañera de los necios”.

Leer para contarlo es, en primer lugar, una enciclopedia personal del libro a través de un lector insaciable, un ejercicio de erudición y de curiosidad. Podemos entender mejor la literatura europea, española y, en particular la aragonesa, a la luz del texto. De refilón, entre anécdotas a ciento, chascarrillos y rigor científico, asistimos a la construcción de una biblioteca y a la construcción de unas aficiones concretas: el fervor por las revistas, la poesía, los dietarios, la historia y el memorialismo, y la literatura. Pepe suele decir que, antes que nada, le apasiona la historia.

2. También es un libro sobre los fetichismos: las dedicatorias destinadas a él mismo, las dedicatorias cruzadas o imposibles (como las de Borges o Sender), los ex libris (tiene varios: de Natalio Bayo, de Pepe Cerdá, de Jorge Gay, de José Luis Cano), la encuadernación, la edición ilustrada, y los escritores. Es tan mitómano que siente devoción hasta por sus casas, como le sucede con Sixto Celorrio en Calatayud.

3. Es también un paseo por los raros y olvidados que siempre le han gustado tanto. Por aquí desfilan Armando Buscarini, Ana Maria Sagi, Pedro Luis de Gálvez, Eugenio Noel, Dorio de Gádex o Vidal y Planas, por citar algunos. Aunque ninguno tan divertido quizá como el médico y poeta modernista Fernando Villegas Estrada, al que llamaron una vez para atender a un enfermo grave y dijo: “No puedo ponerle la inyección que le haría falta, porque yo, más que médico, soy poeta lírico, y he vendido el botiquín para comprarme aguardiente”.

4. Leer para contarlo es un inventario impresionista que contiene un amplio anecdotario. Por ejemplo, nos recuerda que el cadáver de Eugenio Noel se extravió en la estación de Zaragoza en un viaje de Barcelona a Madrid. O que Pilar Valderrama, la poetisa que pasaría a la historia como la Guiomar de Antonio Machado, estudió en Zaragoza en su infancia. O que en Barcelona, una señora andrajosa buscaba afanosamente un ejemplar de Siete domingos rojos de Ramón José Sender, y en cuanto lo obtuvo se puso a romperlo a pedazos. Habla del poeta y ganadero Fernando Villalón, “cuyo ideal era obtener un tipo de toro de lidia que tuviese los ojos verdes”. Y si alguien no lo recuerda o no lo sabe, también nos dice que el primer constructor de una bicicleta en España fue el mecánico oscense Mariano Catalán; entonces se llamaba velocípero y luego velocípedo. Cuenta un detalle personal muy gracioso: Melero formó un grupo musical, “Paco, Pepe y Juan”, a la manera de “Peter, Paul and Mary”, que ya hacía versiones de Labordeta.

5. Este también es un libro de historias de amor. Las historias de amor marginales de Álvaro Retana, que concluyeron dramáticamente en 1970. La historia de amor de Pilar Sinués y José Marco que se casaron por poderes y sin conocerse, se dedicaron libros que parecían escribir a cuatro manos y que Pepe pudo comprar; acabaron separándose por celos de él ante el éxito de ella. Y la otra historia de amor imposible del libro es la de Benjamín Jarnés y Rosa Arciniega. Jarnés, casado con Gregoria Bergua, se consoló con una demoiselle francesa llamada Germaine; para pagarle sus favores, escribía novelas pornográficas con seudónimo. En el exilio tuvo otra amante, Lucila, que se hizo llamar Paulita Brook. Como se ve, Pepe como cronista literario de las revistas del corazón no tendría precio.

6. Pepe también ha escrito un libro de confesiones íntimas y de galanterías. Es galante con su multitud de amigos, en ese sentido Leer para contarlo también podría haberse titulado El libro de los amigos, y con Yolanda Polo, que consiguió comprar un libro por la mitad de precio que él ante un vendedor terco. “Ves... como te necesito para todo”. Pepe no es como Álvarez Cascos y asume su condición de profeta. Invoca a su amigo Chesús Bernal -uno de sus grandes amigos desde tiempos remotos, si puede emplearse adjetivo para el eterno adolescente de los libros-, y dice “que será el futuro presidente de Aragón”.

7. Leer para contarlo es el libro de infinitos libros, de portadas, de rarezas, un inventario de libreros y librerías (Pérez, Hesperia, Luces de Bohemia, Abel Pérez, Blas Vega, Couceiro, Lasala, Riudavets...), un estudio de la historia de la bibliofilia y un manual de admirables retratos. El retrato de Primitivo Lahoz, dueño de un puesto de libros en la Cuesta de Moyano, es prodigioso. Despreciaba a los “escritores bohemios, alcohólicos y mujeriegos” y también fue un poeta patético y novelista en La tormenta en mi jardín, donde narra la historia de un personaje que fue “padre, esposo y viudo a la vez”. Redactó un libro de Curiosidades matemáticas, que le hizo decir a Cansinos, como si fuese el propio Lahoz: “Yo hago prosa y verso... y además también cultivo la ciencia en los ratos de ocio”. Murió en 1967.

Aunque quizá el retrato más perfecto es el del barojiano Inocencio Ruiz Lasala, a quien siempre ha considerado Pepe un maestro. Es un retrato impecable que no elude ese aparente desdén de Inocencio, su dignidad, su incómodo orgullo. “No parece el hijo de un zapatero sino el de un noble arruinado que mantiene su porte y oculta su decadencia. Por eso nunca fue demasiado amable con los clientes”.

8. Y Leer para contarlo, que nació de un encargo explícito de Eloy Fernández Clemente, también es un libro milagroso. Inocencio Ruiz tuvo que ser ingresado en el hospital, herido de muerte. Quiso el azar que su compañero de habitación tuviese un familiar en la imprenta Tipolínea, donde se imprimen los libros de la Biblioteca Aragonesa de Cultura. Accedió a las pruebas y se las pasó a Inocencio: leyó el capítulo y lloró de emoción, y se ha recuperado [Se recuperó para un par de meses, porque luego se murió casi nonagenario]. El libro ha sido un alivio: la mejor medicina. Este es un nuevo triunfo del azar y de la literatura. Y de este sabio aragonés de libros del mundo que es José Luis Melero Rivas, que, como decía Borges a propósito de Pasaje a la India, aboga por los libros divertidos y posee él mismo un extraordinario sentido del humor: “Sé de lectores muy austeros que han dicho que nadie los convencerá de la importancia de un libro tan ameno”. Éste es ameno e importante.

 

'LAS CUCARACHAS' DE JOSÉ OVEJERO

[Uno de mis escritores más queridos, desde hace algunos años, es José Ovejero, novelista, cuentista, autores de espléndidos libros de viajes. Tiene la gentileza de enviarme este relato que acaba de aparecer en su libro doble: 'Qué raros son los hombres' y 'Mujeres que viajan solas'; el cuento está sacado de 'Mujeres que viajan solas', de La Pereza Ediciones.]


LAS CUCARACHAS

Por José OVEJERO

 

(Santa Fe de Bogotá, Colombia)

 

 

 

—Vente, mamita, vente.

Me lo susurraba al oído, como una orden o como una súplica, mi picapedrero del amor, mi galeote de la cópula, mientras me percutía el bajo vientre como un émbolo, infatigable, más convencido de su misión que un fanático musulmán, dispuesto a sacrificar la vida si era preciso para que yo, momentos después, suspirase con arrobo y dijese:

—Guau. Nunca, nadie, jamás antes. Guau.

Y ahí sigue, tumbado sobre mí, en el piso de tierra de esta habitación húmeda y mal ventilada, trabajador a destajo, empecinado como un buscador de tesoros que cava cada vez más hondo, aunque sus manos ya no pueden sostener el pico, cava y cava y cava, sin pararse a consultar el mapa y ver si no sería más razonable intentarlo en otro lugar, y se va hundiendo hasta que no podrá salir, pero le da igual, lo importante es llegar.

—Goza, goza —dice, y yo creo que se va a echar a llorar de un momento a otro si no lo hago, mi martillo neumático, no m’hijo, no es así la vaina, pero no me oye, sigue, porque está convencido de que es el que más aguanta; puta, quiere salir en el Guinness—, temeroso de que su honor quede mancillado por una mona frígida, pero a él no se le resiste ninguna, salen llorando de sus brazos, me dijo —ni que lo jures, mamón—, todas se me derriten, dijo —será que las desgasta de tanto frotar—, pero es una virtud, al fin y al cabo, estar tan convencido de sí mismo; ya quisiera yo.

—Ahí no vas a encontrar lo que buscas, pero yo sí puedo dártelo.

Así me lo dijo. Con una sonrisa de galán de los años cincuenta y su bigotito de lo mismo, a través de la ventanilla bajada del taxi, al verme parada a la puerta de un bar del Parque de la 93, apurando un cigarrillo con cara de mal humor, a punto de discutir con el portero que me decía, llevándose la mano al auricular a cada instante como para asegurarse de que aún lo llevaba puesto, que no podía quedarme ahí, que estaba estorbando el paso a los clientes, mientras yo me preguntaba adónde ir, qué hacer con el resto de la noche, que, exagerando un tantito, sería como decir qué voy a hacer con el resto de mi vida.

Pero no buscaba nada. Me había citado con unos amigos, más bien, hijos de amigos de mis padres, hijos de embajadores y cónsules y cancilleres, aunque eso era en otro bar, cuatro calles más arriba, yo lo sabía bien, pero no tenía ganas de verlos, porque verlos era hablar del máster en Princeton, de la boda en Miami, de la hacienda en no sé qué mierda de rincón del mundo donde gente como ellos y como yo nos reunimos para seguir hablando de bodas, de másters, de otras haciendas, y yo no sé, no sé hablar de esas cosas, aunque podría haberlo aprendido de mi madre, puta, se puede pasar horas hablando de un vestido o de un máster en administración de empresas como si fuese lo mismo, y para ella lo es, una cosa que te pones y te hace parecer otra, aunque sigas siendo la misma, pero yo no, no es que sea mejor ni distinta, soy uno de ellos, pero juro que me aburro de muerte, en Chile, en México, en Argentina, y ahora en el jodido Bogotá, siguiendo a papá como una perra allí donde lo envían sus amos, así que me fui a un bar cuatro calles más abajo y me tomé una copa tras otra, y al día siguiente les diría los esperé toda la noche, pendejos, dónde se metieron, y no tendría que explicarles que sus pláticas me matan, me matan de verdad, así que cuando el taxista me dijo que me podía dar lo que buscaba, pensé, bueno, por qué no, no sé lo que busco, pero mira qué bien si lo encuentro de una chingada vez.

—¿Te gusta? ¿Te gusta?

Yo quisiera mandarlo a la mierda, pero no me atrevo, porque no lo conozco de nada, y así, desnuda, con el culo desollado de tanto restregarlo contra el piso, y bueno, sola, no me atrevo a decirle que me quiero ir, que le perdono los deberes que le quedan por hacer, lo mismo se me ofende, y yo para él no soy nadie, una a la que cogerse para luego al día siguiente ir a reunirse con los compañeros a la parada del taxi y decirles, ayer, la hubieran visto, pidiendo piedad, una mona divina con un cuerpazo —porque siempre exageran un poco—, pues se le hizo el favorcito, la hubieran oído, gimiendo como un gatico, y mientras lo cuenta se colocará los huevos en mejor posición y escupirá de lado, como escupió al acercarse a mí, ya en su departamento con piso de tierra en Ciudad Bolívar —que es peligroso, ya sé que es peligroso, yo cuando vi que tomaba la carretera hacia las casas de invasión casi me muero de miedo y por eso me callo como una lagartija mientras me desfonda este idiota, venir a un lugar así, donde la gente vive en la mierda más increíble, en el basurero que vamos dejando los demás con los desperdicios..., va, me salió la vena socialista, como dice mamá—, escupió al acercarse a mí, decía, en calzoncillos, con una mancha amarillenta junto a la bragueta, despacio para que me diese tiempo a apreciar su musculatura, nada mal, por cierto, si no se empeñase en caminar con las piernas arqueadas tendría su atractivo, y me cogió del pelo, macho enérgico, depositó una vaharada de aliento alcohólico en mi boca, me desnudó a tirones —las braguitas Calvin Klein, para tirarlas—, también para poder contarlo después, y, cuando ya me doblegó y me tendió en el piso, se abalanzó sobre mí, se calzó un preservativo —un detalle inesperado—, e inició la tarea diciéndome, venga, putica, pa que vea lo que es bueno, convencido, ya digo, de sí mismo.

Me gustaría moverme, cambiar de postura, pero me apresa con las piernas como un torno de carpintero, y no puedo ni siquiera espantar las dos cucarachas que se me han empezado a subir por la cadera, dos cucarachas rojizas, que yo creía que eran unos bichos tímidos y salían huyendo en cuanto veían una luz o sentían una presencia en el cuarto, pero éstas van bien confiadas, salieron exploradoras, me escalan como si estuviese muerta, haciéndome cosquillas y al mismo tiempo me dan asco, avanzan por mi cuerpo en fila india, tan ordenadas, suben por mi pecho y ahora siguen ascendiendo por mi brazo, pasan al de mi taladro mecánico, pero él está a lo suyo y no se da cuenta, consiguen llegar hasta su espalda, titubean allí arriba quizá desorientadas entre la boscosa pelambre que le crece por debajo de los omóplatos, que es cuando yo, con un movimiento rápido las aplasto de un manotazo, hurra, las dos de un golpe, y me limpio la mano en las nalgas temblorosas de mi marquista de fondo, que se separa de mí con cara de rabia y levanta la mano como para golpearme en la cara.

—Esta hijueputa, ¿qué hace?

Antes de que me pegue, le enseño la palma de la mano no del todo limpia, con restos de caparazón y de tripas o de lo que sea.

—Dos cucarachas, se te estaban subiendo por la espalda.

La cara que pone es como para retratarla. Se levanta de un salto, admirable la condición para un tipo que se pasa el día sentado en un taxi y la noche en el taburete de un bar, se lleva la mano allí donde aún debe de sentir mi palmada e imagina que están pegados los dos cadáveres de cucaracha y la retira asqueado, así que se saca el preservativo de un tirón y corre a la ducha, que está en el mismo cuarto, sin cortinas ni nada, un sumidero en una losa de cemento y una alcachofa roñosa que sale directamente de la pared, y gracias, porque la mayoría aquí no tiene ni agua ni retrete; abre el grifo dándole no sé cuántas vueltas para aprovechar toda la fuerza del chorro, que no es mucha, y sigue pasando los dedos por la mancha pegajosa, hasta que decide empuñar un trapo por los dos extremos y frotarse con él, primero la espalda y después las nalgas.

Yo aprovecho que no se ocupa de mí, me levanto y, sin lavarme ni nada, me visto a toda prisa, con un miedo de muerte porque el taxista tiene una expresión de rabia que ni te imaginas, y de vez en cuando golpea la pared con el puño, mientras dice una y otra vez ¡puta! Pero él también se viste por fin, que yo estaba temiendo que me echase de su casa y me dejase allá perdida, en ese barrio miserable y que cualquier cabrón me violase todas las veces que le viniese en gana, y eso no habría sido lo peor que me podía suceder, así que, a fin de cuentas, es un alivio que tome las llaves del taxi y me grite como si me encontrara muy lejos:

—¿Qué espera? Súbase a ver...

No me dice nada durante todo el trayecto, tan sólo repite, ¡puta!, y da palmadas sobre el volante con la misma rabia con la que antes golpeaba la pared. Tampoco responde cuando le pido que me lleve de vuelta al bar donde me había recogido, con la excusa de que mis padres me van a ir a buscar —no quiero que sepa dónde vivo—; tan sólo me mira por el retrovisor con cara de seguir maldiciéndome por lo bajo. Se me ocurre que está tan enfadado porque al día siguiente no podrá contar su éxito a sus amigos. Qué les va a decir, me tumbé ayer a una monita linda, y mientras me la estaba comiendo bien rico la hijueputa me espicha dos cucarachas en la espalda, díganme si no es como par darle a esa perra. Pobre, no es que le haya estropeado la noche, es que le he echado a perder el día siguiente también.

El viaje resulta de lo más silencioso. No sé si para meterme miedo —si es así, lo consigue— no repite el trayecto de ida, sino que me lleva por calles sin iluminar ni asfaltar, donde las casas no son de ladrillo sino meras cabañas de latón, plástico y si hay suerte madera, que no quiero ni imaginarme lo que es vivir aquí y casi ni me atrevo a mirar por la ventanilla. Te juro que si yo fuese uno de los habitantes del barrio y me encontrase por la noche con una niña bien como yo, bueno, aunque sólo fuese para desquitarme yo creo que me la tiraba sin remordimientos, como impuesto revolucionario. Por suerte salimos a la Avenida Sur y atravesamos la ciudad.

Cuando se detiene otra vez en el Parque de la 93, apaga el motor. Asiente con la cabeza; nuestros ojos se encuentran de nuevo en el retrovisor. Hay algo que le urge para recuperar su hombría, no puede irse así como así. Se vuelve en el asiento, frunce los labios, continúa asintiendo.

—Me la vuelve a hacer y la reviento.

Mi púgil de la seducción, no se da cuenta de lo imbécil que se oye, me la vuelve a hacer..., se creerá que voy a regresar a su departamento a que me baquetee de nuevo los ovarios, que no voy a encontrar descanso a mi furor uterino hasta que él termine su obra.

—Claro —le digo—, no volverá a ocurrir.

Su mirada se ablanda un poco, aunque se esfuerce en disimularlo.

—Mañana la espero a la misma hora, mamita. Aquí paradita.

Es una orden, no creas que es una pregunta. Como he abierto las piernas para él se piensa que ha clavado ya la bandera en territorio de nadie, que la tierra y sus frutos le pertenecen. Los hombres son increíbles de veras.

—Sí, campeón, espérame aquí mismo.

No baja del carro para acompañarme, y se lo agradezco. Tan sólo, cuando ya me he alejado unos pasos, me llama, pst, monita, a través de la ventanilla abierta; cuelga un brazo por fuera, sonríe, asiente con la cabeza.

—Pero le gustó, ¿no? Estuvo rico.

 

*La foto de José Ovejero la tomo de Alfaguara, su sello más habitual.

http://www.alfaguara.com/uploads/imagenes/autor/principal/201003/principal-jose-ovejero_grande.jpg

 

DOLORES REDONDO, PREGONERA DE LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID

Dolores Redondo: “Mi salvavidas fue Pequeño teatro, de Ana María Matute”

 

La autora de Trilogía del Baztán ha leído esta tarde el pregón inaugural de la Feria del Libro de Madrid

 

 

La memoria de Dolores Redondo, como la de casi cualquier lector, guarda el recuerdo de una infancia fascinada por las historias que prometen los cuentos y el lento aprendizaje que culmina al poder desentrañar la letra impresa: “Ese fue uno de los momentos más importantes de mi vida: cuando por fin pude leer sola”, aseguró la escritora, esta tarde, durante la lectura del pregón inaugural de la 74ª edición de la Feria del Libro de Madrid. Sobre la trascendencia de aquel momento, que fundó su pasión por la lectura y, simultáneamente, el impulso de escribir, Redondo añadió: “Leer hace el mundo más grande y me hizo consciente entonces de lo pequeño que era el mío: los años oscuros de los setenta en la zona pesquera de Pasajes, donde vivía; leer despertó el deseo de volar a aquellos lugares de los libros, lejanos y fascinantes, y tan vivos que la posibilidad de recrear otras vidas posibles despertó otro deseo, el de escribir, que superó incluso al de leer. Como los deseos verdaderos, este llegaba de muy adentro, de donde se agazapa el dolor y la frustración, y llegó con la mortificación por la torpe ejecución de una joven amante incapaz de satisfacer el objeto de su amor”. La niña convertida en una adolescente que se sentía naufragar encontró, según su propia confesión, un salvavidas en el libro Pequeño teatro, de Ana María Matute, que leyó con diecisiete años. En sus páginas, afirmó, “aprendí a reconocer ese espacio en el que busco la voz que necesito para mi trabajo; lo imagino como un océano turbulento, al que me gusta llamar el mar del norte”.

 

La autora de Trilogía del Baztán defendió cualquier iniciativa que promocione la lectura “no como una obligación, sino como promesa de libertad; no como una carga pesada, sino como el ariete que derriba los muros de mediocridad de nuestras vidas”. Y añadió: “La lectura es un arma poderosa contra la intransigencia, la violencia y la soledad. Es un paladín de la democracia y de los derechos”.

 

A nadie se le oculta, afirmó Redondo, la tormenta que atraviesan el sector editorial y las librerías tradicionales y se pronunció de forma rotunda en contra de una de las inclemencias que lo azotan: “La piratería mata. La piratería que roba y que además arrebata el orgullo del trabajo, la esperanza del éxito, los recuerdos y emociones que volcamos en nuestras obras, y nos deja la humillación y la rabia de sentirse maltratado. Dejemos de demonizar al usuario que se descarga un libro y vayamos al reyezuelo que en su isla del Caribe vive como una mosca oronda con nuestro sudor. Y vayamos a ellos a través de sus socios, las grandes compañías de ADSL, que ofertan sin pudor y a cambio de jugosas cantidades los instrumentos para el robo”.

 

Dolores Redondo no quiso terminar su pregón rindiéndose al pesimismo: “Ferias como esta procuran el encuentro con escritores y editores, correctores y traductores, formando al lector en la importancia de preservar un bien tan valioso como el aire que respiramos de la única manera posible, acercándonos a todos los actores del libro. Se acabaron los tiempos del escritor en su torre, del librero en su oscura tienda, del editor inalcanzable. Nuevos tiempos reclaman nuevas visiones, animadas por el acercamiento y la interacción”.

 Nota de Prensa de Lola Ferreira y sus compañeros.

PEPE MELERO HABLA DE 'LEER PARA CONTARLO' (MEMORIAS)

PEPE MELERO HABLA DE 'LEER PARA CONTARLO' (MEMORIAS)

ENTREVISTA. José Luis Melero (Zaragoza, 1956). Publica ‘Leer para contarlo’ en Xordica. Se presenta esta tarde, a las 20.00 horas, en la librería Los Portadores de Sueños.

 

 ‘“Me río de mí mismo y de mi absurda bibliomanía”

 

 

Antón CASTRO / Zaragoza

“Poco después de cumplir los veinte años, descubrí el universo de los libros viejos. Observé que muchas veces las ediciones antiguas costaban menos que las modernas cuando las comprabas en los rastros y las almonedas, y que había montones de libros y de escritores sin reeditar y sin recuperar. Siempre he seguido leyendo las novedades editoriales que me interesan, pero la labor detectivesca de descubrir viejos libros y viejos escritores olvidados tiene un enorme atractivo”, explica José Luis Melero Rivas (Zaragoza, 1956), bibliófilo, escritor y colaborador asiduo de HERALDO. Acaba de reeditar, doce años después de su primera edición en 2003 en la Bibliotea Aragonesa de Cultura que dirigió Eloy Fernández Clemente, su libro ‘Leer para contarlo’ en Xordica con portada de Jorge Gay.

¿Qué diferencia hay entre un lector feliz y un bibliófilo?

Para mí son la misma cosa, pues solo entiendo la bibliofilia como una pasión por los libros y la lectura. Por lo tanto, el buen bibliófilo es un lector feliz. Pero es verdad que hay bibliófilos -sobre todo entre los amantes de los libros anteriores al siglo XVIII- que apenas leen los libros que compran. Esa bibliofilia, de marcado perfil coleccionista, a mí nunca me ha interesado, aunque, desde luego, si me regalaran un incunable zaragozano no le haría ascos. Aunque no lo fuera a leer nunca.

¿Qué quiso decir en ‘Leer para contarlo’, que entonces llevaba por subtítulo ‘Memorias de un bibliófilo aragonés’, y qué ha añadido a esta nueva edición?

Quise contar buena parte de mi vida dedicada a buscar libros raros y curiosos, a leerlos y a comentarlos. Y hablar de muchos libreros y de muchos bibliófilos, de autores desconocidos u olvidados y de mi pasión por la letra pequeña de los manuales y por las literaturas periféricas y suburbiales. En esta edición he añadido nuevos datos y nuevas anécdotas, aunque en lo sustancial el libro es el mismo que se editó hace ya doce años.

¿Ser bibliófilo es sinónimo de buscador de tesoros, de rarezas, de encuadernaciones especiales, de olvidados?  

Hay bibliófilos para todo. El librero catalán Josep Porter escribió en ‘Los libros’ sobre las especialidades bibliofílicas que conocía y superaban las dos mil quinientas. Hay compradores compulsivos que lo compran todo y hay compradores coleccionistas que solo compran una clase determinada de libros. Así los hay que solo compran Quijo­tes (Neruda compraba Quijotes), o libros de un de­terminado autor (Monterroso, por ejemplo, compró durante mucho tiempo primeras ediciones de Joyce, Vallejo o Eliot), o solo de una colec­ción (crisolines, Aguilares en piel), o solo libros escola­res, o solo góticos o elzevirianos. Los hay también que solo coleccionan Ibarras o incu­nables, o libros impresos por Benito Monfort. O solo ser­mones, como el padre de Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, que llegó a tener más de 20.000. Pedro Salinas coleccionaba tratados de urbanidad, y Walter Benjamin buscaba libros escritos por dementes y cuentos de hadas para niños. Están también los que solo compran libros antiguos y los que solo compran libros modernos, los fetichistas que buscan dedicatorias…

¿Ser bibliófilo es, también, sinónimo de mitomanía? Usted busca las casas de escritores, tumbas en los cementerios, ediciones dedicadas...

Yo puedo hablar por mí, y en mi caso ese perfil es desde luego muy acusado. Me gustan las dedicatorias autógrafas, los libros que han pertenecido a escritores importantes y que llevan ex libris u otros signos de propiedad… Y, sí, también visito las casas de los escritores y los cementerios donde yacen. Cómo ir a La Habana y no visitar la casa de Lezama o de Hemingway, y cómo ir a París y no llevar flores a la tumba de Cortázar en Montparnasse.

¿Cuál es su responsabilidad social como sabio de libros, por decirlo así?

De sabio, nada. Yo estoy todos los días aprendiendo y todos sabemos que cuanto más leemos más nos damos cuenta de lo poco que sabemos. En cualquier caso, hay dos condiciones para considerar relevante la función social del bibliófilo, además de la común a todos ellos de rescatar libros que de otro modo se perderían y pro­porcionales refugio contra peligros y adversidades: la primera es que sus libros sirvan para investigar y que de ellos salgan publicaciones que interesen o sirvan a la sociedad, razón por la que el bibliófilo no debe ser ágrafo; y la segunda es que sus libros estén a disposición de los estudiosos, es decir que sus bibliotecas puedan ser consultadas. Hay quienes los prestan o quienes los dejan consultar en casa. Si se prestan, hay que hacerlo con mo­deración.

¿Cuáles son las dedicatorias que más valora?

Tengo muchas que me gustan. Pero me quedaría con una de Neruda en el ‘Canto General’, con la de Dámaso Alonso en ‘Hijos de la ira’ y con las de Borges, Bioy Casares, Cirlot y Machado. De los aragoneses, una de Miguel Labordeta a Carlos Edmundo de Ory y las de Braulio Foz, Jarnés, Sender, Seral y Casas y Juan Ramón Masoliver.

¿Cuál es el libro que más le ha costado encontrar?

‘Vida de Pedro Saputo’, de Braulio Foz. La primera edición, de 1844. Me costó más de treinta años encontrarlo.

¿Y el más raro?

El más raro, ‘Fonds Perdu’, un libro de poemas escrito en francés por el mequinenzano José Soler Casabón. Se lo compré a un ‘bouquiniste’ de Albi. Solo se tiraron 34 ejemplares, que no fueron compuestos tipográficamente sino facsimilando un manuscrito del autor en color violeta. Se imprimió en Toulouse en diciembre de 1939, poco después de que Soler saliera del campo de concentración de Argelès. Soler Casabón no era en realidad poeta sino músico, un músico de vanguardia que vivió buena parte de su vida en París y que fue amigo de Apollinaire, Picasso, Reverdy, Juan Gris y sobre todo de Pablo Gargallo.

Habla de muchas librerías de todo el país. Cita a Inocencio Ruiz, Librería Pérez, Abel Pérez, Hesperia, Hermanos Vidal... ¿Qué pasaba en esas librerías?

Esas librerías de viejo y cualesquiera otras son lo más parecido al paraíso, pues cuando menos te lo esperas puedes encontrar ese libro que llevas años buscando, esa dedicatoria autógrafa de tu autor admirado, esa encuadernación admirable que salvó la vida a un libro que, de no ser por ella, tal vez no hubiera sobrevivido. En Zaragoza he conocido a tres grandes libreros de viejo: Inocencio Ruiz, maestro de libreros y gran bibliógrafo, hombre humilde y discreto que, como se dijo de un viejo director de HERALDO: “Mereció brillar. Lo evitó obstinadamente”, Luis Marquina y Pachi Asín. Fuera de Zaragoza, mis preferidas han sido siempre la Librería del Prado, de Madrid, Antonio Mateos, de Málaga, y la de José Manuel Valdés en Oviedo. En ellas he pasado horas inolvidables.

Este es un libro de historias de amor... ¿Cuáles son las que más le han conmovido?

La mía. Mi historia de amor con mi mujer. Entre las mejores, ella es la mejor. No creo que ninguna otra mujer hubiera aceptado que le llenara la casa de libros y me hubiera consentido lo que ella me ha consentido. Es imposible encontrar un bibliófilo de mi perfil sin una gran mujer detrás.

Los escritores son raros y maniáticos, ¿no? Pienso en Pedro Luis de Gálvez, en Fernando Villegas, en Fernando Villalón, en Ana María Martínez Sagi...

Bueno, los hay raros, muy raros y rarísimos. A mí me han divertido siempre los rarísimos, esos que hicieron de sus vidas su gran obra literaria. Esos que citas son de los más raros desde luego, pero hay muchos más: Armando Buscarini, Rafael Lasso de la Vega, Pedro Boluda, Eliodoro Puche, Iván de Nogales, Dorio de Gádex… No suelen ser, en general, grandes escritores (Gálvez, Villalón y Lasso de la Vega sí fueron buenos poetas), pero tuvieron unas vidas tan apasionantes, disparatadas y pintorescas que acabas seducido por ellos, no tanto por su literatura como por el personaje.

¿Para quién escribe sus libros y sus artículos, en qué público piensa?

Pienso cuando escribo en lo que me gustaría que me contaran a mí. Y a ello me aplico. Yo creo que soy apto para todos los públicos, como las antiguas películas toleradas. Y, efectivamente, entre mis lectores hay desde gente muy joven hasta gente mayor. Procuro ser entretenido y poco solemne. Y reírme siempre que puedo de mí mismo y de mi absurda bibliomanía.

Mucha gente se ha desprendido de buenas bibliotecas. A Vicente Martínez Tejero el Gobierno de Aragón le rechazó de malos modos la suya, excepcional, de más de 20.000 volúmenes de fondo aragonés y científico. ¿Ha pensado alguna vez qué pasará con sus libros?

Esa es una de las preguntas más desasosegantes que se le pueden hacer a un bibliófilo. Si lo de Martínez Tejero hubiera salido bien, tal vez otros habríamos poder seguir en el futuro por ese camino. El fracaso de esa donación cierra muchas puertas y nos causa una gran desazón. Pero como me dice mi mujer: “Tú has sido feliz con tus libros. Lo que pase después igual te va a dar”. Y tiene razón. Aunque a todos nos gustaría que nuestras bibliotecas de tantos años pudieran quedarse en Aragón y estar al servicio de los aragoneses.

 

LA FICHA

Leer para contarlo. José Luis Melero Rivas. Xordica. Zaragoza, 2015. 270 páginas. [El libro se presenta hoy a las 20.00, en la librería Los Portadores de Sueños.]

 

*La primera foto es de Oliver Duch; el retrato es de Pepe Cerdá y se colgó en su exposición de la Lonja.

JULIO ALONSO Y MARCOS F. SANMAMED: SOBRE EL LIBRO ELECTRÓNICO

JULIO ALONSO Y MARCOS F. SANMAMED: SOBRE EL LIBRO ELECTRÓNICO

Ponentes de las V Jornadas – Taller de formación sobre libro electrónico que, organizadas por la UNE y el CSIC, se celebrarán los días 1 y 2 de junio [Cortesía Prensa UNE, Rosa Bustos.]

 

Entrevista con dos investigadores y expertos en libro electrónico

 

 

P. ¿Se puede hacer balance de la influencia que la edición digital ha tenido en la difusión de la ciencia en estos primeros años de cambio de paradigma?

 

<!--[if !vml]--><!--[endif]-->Julio Alonso Arévalo (@jalonsoarevalo). La digitalización de contenidos está provocando un cambio casi revolucionario en todos los aspectos y en cada uno de los elementos de la cadena editorial como no habíamos asistido hasta entonces desde prácticamente la invención de la imprenta. La aparición de los libros electrónicos y las prestaciones asociadas a los mismos a través de las aplicaciones de eReader y tablet, blog, plataformas y sistemas de lectura social, etc., han puesto en cuestión las definiciones canónicas asociadas al libro tradicional, lo que a su vez está trastocando las pautas y hábitos de lectura en particular. La imaterialidad del formato  abre innumerables posibilidades en todos los sentidos, y también importantes retos que debemos de enfrentar, lo digital está impactando en la forma de crear contenidos, de comunicarlos, de leerlos y de medir el impacto de la investigación, ya que el formato digital obedece a una nueva forma de pensar, pues pensar en digital implica nuevos paradigmas como es lo social, lo abierto, la remezcla, valores que estaban ausentes en el contexto analógico. Respondiendo con ello a un modelo de tecnologías disruptivas, es decir tecnologías o innovaciones que conducen a la desaparición de productos, servicios que utilizan preferiblemente una estrategia no sostenible frente a la nueva tecnología, que tiende hacia una progresiva consolidación en el mercado.

 

<!--[if !vml]--><!--[endif]-->Marcos F. Sanmamed. La edición digital ha cambiado completamente el panorama editorial académico y su impacto en la difusión del conocimiento científico ha sido mayúsculo. Hoy en día las publicaciones electrónicas son la norma y una de las  oportunidades que han facilitado son el acceso abierto a contenidos de calidad y su difusión generalizada. Nunca antes se ha publicado tanto ni tan rápido. Esto por supuesto plantea retos, pero no deben abordarse como una amenaza sino como una ocasión para crear nuevos proyectos y servicios que respondan a las necesidades de la comunidad científica.

 

 

P. En qué momento se encuentra ahora el binomio ciencia-edición digital?

 

Julio Alonso Arévalo. Hace poco aparecía un artículo de Gareth Cuddy titulado  “Publishing’s Digital Disruption Hasn’t Even Started” en donde pone de manifiesto que estamos en la fase 3 de la teoría de las tecnologías disruptivas. La fase 3 denominada “Convergencia”, es cuando las partes perturbadoras y los agentes tradicionales empiezan a trabajar juntos, ya que, según Sinofsky, las tecnologías más antiguas evolucionan por una necesidad de estabilización. Hay una amplia aceptación de la nueva tecnología y los primeros la adoptan, lo que permite a la industria resolver la situación. Esto se correspondería según Cuddy con la situación actual en 2015, y según el autor en esta fase el peligro fundamental está en la complacencia de los editores con la situación actual, ya que consideran que esta situación se puede revertir y dejan de planificar para el futuro. Según Cuddy cuando en 2011 las ventas de música empezaban a recuperarse, la industria musical pensó que el gran tsunami que estaba transformando el sector había terminado, a pesar de las ventas digitales representaban el 64% del total, lo que provoco que entre los diferentes agentes existiera el consenso de que el mercado se había estabilizado y estaba de vuelta a la normalidad. Pero en ese mismo año un sueco puso en marcha Spotify, que después de sólo cuatro años en el mercado cuenta en la actualidad con 15 millones de suscriptores y 60 millones de usuarios activos en todo el mundo. El modelo de negocio de Spotify ha perturbado claramente la industria de la música, con artistas que ahora buscan innovadoras formas de edición y promoción que les permita generar un nivel de ingresos suficiente.

 

Marcos F. Sanmamed. La edición digital de publicaciones académicas se encuentra en una fase más madura que el resto del sector editorial, al menos en el mercado anglosajón. Ya se han implementado con éxito diferentes modelos de negocio y, al mismo tiempo, las metodologías de trabajo están más definidas y asentadas. La gran cantidad de artículos que se publican cada día ha provocado que los nuevos investigadores se vean desbordados por la cantidad de información disponible. Esto ha hecho aflorar proyectos, como Faculty of 1000 (http://f1000.com/), donde científicos expertos seleccionan los artículos más relevantes dentro de cada campo. Creo que es uno de los caminos a seguir y que veremos más productos similares.

 

 

P. Después de la experiencia de estos primeros años, ¿cuáles son las certezas (si es que las hay) sobre las que los editores científicos están preparando (o deberían preparar) el futuro de la edición digital científica?

 

Julio Alonso Arévalo. Una estrategia a seguir es estar con los ojos bien abiertos a las nuevas tendencias y predispuestos a experimentar con ellas, como en su día puso de manifiesto MacLuhan que argumentaba que la investigación acerca de las nuevas formas de comunicación, de las nuevas tecnologías que las representan, ha de responder a las siguientes preguntas: 1. ¿qué acrecientan o intensifican? 2. ¿qué hacen caduco o desplazan? 3. ¿qué recuperan que antes había caducado? 3. ¿qué producen o devienen cuando se comprimen al extremo? Estos son los interrogantes que es preciso responder en unos momentos de transito entre modelos cuyo futuro está aún por definir. Una buena herramienta en este sentido es el libro que el grupo E-LECTRA publicamos con UNE el año pasado, y fue el I Premio sobre Sociedad de la Información convocado por UNE, ahora ya en su segunda edición que publicó la Universidad de Salamanca “El ecosistema del libro electrónico universitario” que pretende ser una especie de bitácora para que las editoriales científicas tengan unas pautas de como se está desarrollando el fenómeno y que aspectos han de tener en cuenta.

 

Marcos F. Sanmamed. En estos momentos las grandes editoriales universitarias se centran más en la experiencia de los usuarios, en sacar un mayor provecho a los diferentes dispositivos desde los cuales se accede a los contenidos e incorporar nuevos formatos, como vídeos o audio, y aumentar las funcionalidades de sus plataformas. El Open Access seguirá siendo un tema controvertido y veremos diferentes maneras para abordarlo. Aun así creo que el próximo gran reto será el Data Mining aplicado a las publicaciones científicas.

 

 

P. Hay consenso en cuanto a lo que es un libro electrónico?

 

Julio Alonso Arévalo. Desde luego no hay consenso alguno. La RAE considera una doble acepción al respecto, el término es válido para definir el dispositivo de lectura y el archivo que se puede leer en ese dispositivo. Esta doble acepción induce a la confusión. Quizás es mejor la definición que en 2009 hizo la Fundación para el español Urgente donde diferencia Libro electrónico para referirse al archivo que leemos y “Lector de libros electrónicos” para referirse al dispositivo que nos facilita la lectura. Esto responde más ciertamente a la diferenciación que hace el idioma inglés entre eBook para referirse al archivo y eReader. En el cambio de lo analógico a lo digital el libro objeto desaparece y se convierte en una interfaz que se imbrica perfectamente con el software, en la que cobran importancia el acceso, lo abierto, la comunicación y lo social, conformando más como un sistema de comunicación que como un objeto.

 

Marcos F. Sanmamed. La definición de libro electrónico sigue siendo difusa. Un libro es una obra impresa, lo que fuerza que el contenido se adapte, y se vea limitado, al hecho de ser impreso. Un libro digital no tiene las mismas limitaciones. Personalmente prefiero hablar de contenidos digitales, o publicación digital, en lugar de usar el término libro electrónico: lo importante es el contenido, no el continente.

 

*La ilustración es una foto de Aitana Muñoz.