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Antón Castro

JOAQUÍN BERGES,TRAVIESO CON HUMOR

JOAQUÍN BERGES,TRAVIESO CON HUMOR

ENTREVISTA. JOAQUÍN BERGES. Escritor. El autor zaragozano, nacido en 1965, publica su quinta novela, 'Nadie es perfecto', un sainete y un vodevil y una parodia, y la presenta hoy, a las 19.30, en el Colegio La Salle en colaboración con Cálamo, en compañía de Eva Pérez Sorribes y Rafael Campos. [Un avance de esta entrevista sale hoy en Heraldo de Aragón. La foto es de José Miguel Marco.]



-“Mi humor es irreverente, travieso y provocativo”

-“Solo se puede parodiar lo conocido por todos”

-”¿Quién no ha protagonizado alguna vez

una escena erótica con un antifaz?”





Antón CASTRO. Zaragoza

¿Qué es 'Nadie es perfecto': una parodia, un juego, un ejercicio de estilo de alguien que se siente seguro de su sentido del humor?

Es una parodia de las novelas de detectives que transcurren en una mansión inglesa con un Lord, una Lady, un impertérrito mayordomo y el resto de los elementos del género: viejas rencillas con los vecinos, secretos familiares y un misterio que resolver.

Insisto: ¿cuánto hay de novela galante, con escenas eróticas subidas de tono, o policíaca en este libro?

No es una novela erótica pero contiene escenas eróticas. Es una novela de detectives y lo que hay es un misterio que resolver. Lo que pasa es que parte del misterio tiene que ver con el erotismo.

¿Qué se le había perdido en Inglaterra, en estas mansiones raras con tantos personajes excéntricos?

No es un sitio extraño, al contrario, todos hemos estado alguna vez en una de estas mansiones a través de las novelas, las películas o las series de televisión. Incluso hay un plano de la mansión al principio del libro, como en el Cluedo, para que nadie se pierda.

¿Ha querido denunciar la frivolidad de los ricos y sus caprichos perversos, su ociosidad?

He querido llevar al lector a un lugar distinguido que le resultara familiar y me he propuesto hacerle pasar un buen rato riéndose con la picaresca de mis personajes, tanto de los ricos aristócratas que, en efecto, resultan ociosos y frívolos, como del detective protagonista, que es un pícaro capaz de salir airoso de cualquier situación. Los aristócratas ingleses que aparecen en “Nadie es perfecto”, en especial Lord y Lady Whirlpool, son parodias de los que aparecen en otras novelas, no de los de verdad. No podía ser de otro modo puesto que no conozco en persona a muchos aristócratas. Me muevo en otros círculos.

Vayamos con el argumento... Narra la historia de un detective que debe investigar quién es el auténtico heredero de los Whirlpool. ¿Qué debe hacer?

Rhett Bull, mi detective, tiene que averiguar cuál de los tres hijos de Lady Whirlpool es hijo de su marido y, por tanto, es el heredero de la familia. Lady Whirlpool no lo sabe porque, como ella misma dice, una mujer de su condición “tiene que relacionarse con una gran variedad de seres humanos de ambos sexos.”

Todo el rato se mantiene un equívoco acerca de la condición sexual de Rhett Bull. ¿Es ese el gran homenaje a la película de Billy Wilder o lo sería, más bien, el final?

El homenaje a Billy Wilder está tanto en el título como al final de la novela, pero para llegar a ese homenaje final tengo que jugar antes con la condición sexual del personaje, igual que le sucede a Jack Lemmon en 'Con faldas y a lo loco'.

¿Qué le debe el libro a Agatha Christie?

Mucho, a Agatha Christie y a otros autores que escribieron novelas parecidas. Solo se puede parodiar lo que es conocido públicamente por todos. De lo contrario se pierden las claves de la parodia.

La parte más bonita del libro, incluso la más excitante, sería la de la Ballantines y Rhett. ¿Cuál es la importancia del amor?

Por culpa de su profesión, Ballantines no se siente una mujer atractiva, aunque lo es. Y mucho. Así que lo que pretende es probar la valía de su feminidad intimando con Rhett, a quien considera muy difícil de seducir. No hace falta decir que él, como el objeto de un experimento tan sumamente agradable, se deja hacer sin oponer resistencia.

En alusión a una frase del libro. ¿Es Joaquín Berges “un gracioso compulsivo de la peor calaña”?

El autor de comedia tan solo plantea un escenario y una situación cómica. El resto lo hacen sus personajes, algunos de los cuales sí son unos graciosos compulsivos. Los personajes de “Nadie es perfecto” forman un dramatis personae excéntrico y disparatado, como corresponde al género del vodevil.

¿Qué hace aquí El hombre Enmascarado?

En la última planta de la mansión hay un Enmascarado que protagoniza escenas eróticas con un antifaz que le cubre media cara. No es tan sorprendente. ¿Quién no ha protagonizado alguna vez una escena erótica con un antifaz?

Dice un personaje: “El tiempo para mí es un juego”. ¿Nos podemos tomar en serio esta novela?

No, por favor. Nos tomamos tantas cosas en serio que hemos construido un mundo muy aburrido. Esta novela hay que tomársela como unas vacaciones, o sea, como un medio para evadirse de lo cotidiano, lo contemporáneo y lo rutinario.

¿Por qué todos los personajes llevan nombres de marcas famosas?

La novela es un gran juego de palabras, una especie de travesura lingüística. Los nombres de los personajes también. Por eso se llaman Lord Whirlpool, Lord Westinghouse, Lady Thomson, Profesor Bosch, Sr. Otsein Hoover, etc… Incluso sus nombres de pila son marcas famosas. Lady Whirlpool, por ejemplo, se llama Candy. Y Lord Whirpool, Philips.

¿En qué ha cambiado en todos estos años?

Antes les ponía a mis personajes nombres reales, ahora les pongo nombres de lavadoras y aspiradores. No sé si positivo o negativo pero es un cambio, ¿no? Mi humor es irreverente, travieso y provocativo. Supongo que es una forma de distanciarse de la realidad para verla desde un lado más amable y risible. A veces nos tomamos la vida demasiado en serio y, como dijo Hubbard, no deberíamos hacerlo porque no saldremos vivos de ella.

 

*Pedro Zapater firma hoy otra entrevista, espléndida, con el escritor en heraldo.es

http://www.heraldo.es/noticias/ocio_cultura/cultura/2015/05/20/joaquin_berges_concibo_literatura_vida_sin_humor_361595_308.html


EL TEMBLOR DE ETERNIDAD DE UN LECTOR: FÉLIX ROMEO

HOMENAJE RETRATO DEL AUTOR DE ‘POR QUÉ ESCRIBO’,

QUE DA NOMBRE A LA BIBLIOTECA DE PARQUE GOYA

A PARTIR DE ESTA TARDE. JOSÉ LUIS MELERO PRONUNCIARÁ SU ELOGIO

 

El temblor de eternidad de un lector*

 

 

Félix Romeo Pescador (Zaragoza, 1968-Madrid, 2011) ocupó durante varios años la última página de ‘Artes & Letras’ en compañía del ilustrador Luis Grañena. Se sentía muy cómodo aquí: siempre estaba dispuesto a leer, en menos tiempo que nadie, la última novedad. Era capaz de engullir páginas y páginas durante una noche infinita. Desconocía la pereza y parecía moverse a sus anchas en el insomnio, en el silencio habitado de la madrugada. Abría los libros como si quisiera desventrarlos y señalaba algunos fragmentos doblando la página en forma de triángulo. Eso parecía innegociable.

Tenía un gran sentido del deber: le gustaba publicar la primera crítica de una novela, una biografía, un ensayo o un libro de poemas; todo le interesaba y la poesía era una enigmática forma de oxígeno y de búsqueda de mejores aires: adoraba a García Lorca, a Eloy Sánchez Rosillo, a Wislawa Szymborska, a la que entrevistó. Era codicioso de novedades, de voces y de descubrimientos. Le gustaba optar por los libros importantes: se «entregaba» a Paul Auster, Vladimir Nabokov, Saul Bellow, Philip Roth, Joan Didion, Houellebecq o Emmanuel Carrére con auténtico fervor. Con voluntad de descubrir matices, puntos de vista, perspectivas, nuevos caminos del pensamiento y de la creación. Quizá algunos de sus preferidos eran Bohumil Hrabal, Natalia Ginzburg, Tobias Wolff, Albert Camus, Jorge Semprún, Imre Kertész, Marguerite Duras, Georges Perec, Simone Weil y Ramón José Sender. Y también tenía afición a desmontar un prestigio que se había acrecentado con tópicos: no estaba de acuerdo con José Luis Sampedro, José Saramago o con Juan Goytisolo e intentaba demostrarlo con razones y con determinación. Aborrecía el relativismo. Lo que no nos servía a nosotros aquí no podía servir en ningún sitio, y no aceptaba el paternalismo ni justificaciones a la carta. Ahí podía revelarse reñidor.

Decía Rafael Conte (un zaragozano accidental que pasó días inolvidables de la niñez en Abiego, Huesca, a la sombra de su abuela) que él no tenía un método concreto para hacer una crítica. Su máxima era: «Las críticas se hacen como se puede, como salen, casi por pura intuición». Félix, con o sin método, poseía una visión propia, argumentación, principios, afán de hallar un discurso. Le fascinaba conversar con los libros y los autores, era un crítico dialéctico, alguien cuya misión es abordar el texto, navegarlo, despiezarlo en todos sus acentos o hundirse en sus hondonadas con voluntad de entenderlo e incluso de contradecirlo. Lo hizo, con más sentido del humor que impiedad, cuando se enfrentó a una publicación autobiográfica de Alejandro Jodorowski, donde el cineasta, dramaturgo, dibujante de cómics y más cosas hablaba de un intento de seducción a la escritora y pintora Leonora Carrington.

Los libros que más atraían a Félix Romeo eran aquellos en los que la vida y la literatura se fundían. Libros que emergían de las tripas y de los rincones oscuros de las familias. Libros como ‘El año del pensamiento mágico’ de la citada Joan Didion; libros como ‘Una historia de amor y de oscuridad’ de Amos Oz. Libros como ‘Tiempo de vida’ de Marcos Giralt.

Pero, en realidad, lo que definía a Félix Romeo era su entusiasmo, su voracidad, su sed de nombres y curiosidades, las historias ocultas de la escritura. Tenía una memoria esponjosa, una capacidad increíble de adueñarse de asuntos, ideas o creadores de los que media hora antes sabía poco. Por eso, en una conversación con él , mejor en una terraza del Paseo de la Independencia con un buen helado, podía elaborar un aleatorio diccionario (hizo varios: en catálogos de arte, en ABC Cultural, en conferencias, en artículos) de nombres y de sueños: de cineastas como Zhang Yimou, David Trueba, actrices como Elena Anaya, fotógrafos, artistas, dibujantes de cómic, historiadores del arte y del cine, recetas de cocina, cuestiones de ciencia, poetas andaluces, músicos como Amaral, cantantes inadvertidos como Quique González o Rafael Berrio, revistas españolas o los grandes exiliados aragoneses: Alaiz, Ascaso, Arana, Jarnés, Buñuel, Julio Alejandro... Para él , el mundo se agigantaba cada día en un entramado de laberintos. Vivir era aprender y disfrutar. Vivir era extraviarse en gozosas aventuras. «Un sueño: en una casa que arde estoy leyendo un libro en llamas», dice Charles Simic y se me antoja una frase para él . Una frase que bien podría contener su exuberancia, su lucidez, su pasión por la felicidad. Quería tener razón en casi todo.

Félix Romeo, hijo de Carmen y Félix, fue el hijo varón que nunca tuvo Labordeta, fue de los primeros en percibir que vivíamos con un hombre rabiosamente humano, y por tanto contradictorio, que se haría mito y que era leyenda en vida. Fue el protector de Javier Tomeo, y su entusiasta incondicional. Apoyó durante mucho tiempo a Antonio Fernández Molina, hermano de ficciones de Gómez de la Serna. Fue un constante defensor de los libros y de las nuevas tecnologías, quizá fuese el primer columnista o crítico que le dedicó una serie a las páginas web y a las bitácoras de autor, esos caminos que se bifurcan en la red. Y fue, sin duda, un gran enamorado de las bibliotecas. Tuvo varias. En Madrid y en Zaragoza, bibliotecas vividas, caóticas, apabullantes de contenido, el puro arrebato del papel, la lección infinita de los volúmenes. Practicó «el entusiasmo personalizado», sentencia feliz de José María Serrano. Que el Ayuntamiento de Zaragoza haya dado su nombre a la nueva Biblioteca de Parque Goya es un acto de justicia poética, un acierto y una buena noticia. El mejor homenaje. Pocos han querido tan incondicionalmente esta ciudad y pocos, muy pocos, se han sentido tan sojuzgados por el lenguaje, la letra impresa, la existencia y la belleza que emerge de los libros con su fogonazo de verdad, con su temblor de eternidad . Él, con su cerebro incansable, era toda una biblioteca.

Antón Castro

ABRE LA BIBLIOTECA 'FÉLIX ROMEO'

ABRE LA BIBLIOTECA 'FÉLIX ROMEO'

SE INAUGURA LA BIBLIOTECA ’FÉLIX ROMEO’ EN PARQUE GOYA
La nueva biblioteca municipal de Parque Goya “Félix Romeo” inicia sus actividades. Mañana miércoles 20 de mayo, tendrá lugar un cuentacuentos y un homenaje a Félix Romeo a cargo de José Luis Melero.
A partir del jueves, la biblioteca comenzará a funcionar con su horario habitual: de lunes a viernes en horario de 10:30 a 13:30 h y de 16:30 a 20:30 h.
Este equipamiento cultural, está ubicado en los bajos de un edificio sito en la plaza de la Poesía 3; en Parque Goya II. La instalación, de 187 m2, dispone de dos zonas diferenciadas para la lectura, una destinada a usuarios adultos y otra a público infantil. La biblioteca, ofrecerá además un espacio para consultar publicaciones periódicas, un área de acceso a internet y otra de consulta de documentos audiovisuales, principalmente películas. 
Tendrá una colección inicial de unos 3.000 documentos, la mayoría de ellos libros.
La Biblioteca Félix Romeo tendrá una Sección especializada en literatura aragonesa contemporánea., en homenaje a la figura de este escritor y crítico zaragozano fallecido en 2011.

 

*La foto es de Daniel Mordzinski.

JUAN CASAMAYOR, UN DIÁLOGO

ENTREVISTA. JUAN CASAMAYOR (Madrid, 1968), editor de Páginas de Espuma

“Aragón es esa tierra de la

que no me fui del todo”

 

PIE DE FOTO. DANIEL MORDZINSKI

Juan Casamayor, en un retrato con ecos cortazarianos, de Daniel Mordzinski.

 

Antón CASTRO

Juan Casamayor es un madrileño accidental. Nació en 1968 pero es, y así se siente, aragonés por los cuatro costados. Vivió y se formó en Zaragoza, con una profesora entusiasta y exigente como Ana María Navales. En 1999, con Encarnación Molina, fundó Páginas de Espuma, dedicada esencialmente al relato y al microrrelato y afincada al Madrid. El miércoles, a las 20.00, celebraba sus tres primeros lustros en Los Portadores de Sueños, con una de sus autoras, Patricia Esteban Erlés, y el fotógrafo Daniel Mordzinski, “el retratista de los escritores”, que además ofrece una pequeña muestra.

¿Qué celebra Páginas de Espuma en estos primeros quince años?

Más que celebrar que hemos alcanzado los quince años de vida editorial, celebramos cómo los hemos cumplido. Y lo hemos hecho con buena salud y con ganas de festejar rodeados de todos los amigos que desde la librería, la escritura y la lectura están cerca de la editorial. Cuando uno revisita el pasado, puede fijar su mirada en lo bueno que le rodea a uno. Eso hemos pretendido con actos como el de hoy en Zaragoza, mi ciudad.

 

¿Cuál sería el balance de este período?

El balance es tan sencillo que cabe dentro de una sola palabra: catálogo. Ese es el mayor balance y logro de un editor. La coherencia, el fondo y la política de autor que lo revisten hacen de él una carta de presentación y certificado de garantía de un pasado con vistas al futuro. La lectura de sus títulos es un balance. El balance deben hacerlo, sobre todo, los lectores.

 

¿Qué ha sido lo mejor y lo peor?

Lo mejor es haber asistido a la ceremonia de escritura y reescritura de los autores. Me apasiona ese momento preciso en el que editor y escritor asumen conjuntamente, con diálogo y generosidad mutua, la conversión del manuscrito al libro, con todo lo que lleva implícito. Lo peor es asistir al gran desconcierto y a la poca reacción que tenemos como sector hacia la transformación de los hábitos de ocio y la contracción del consumo que inciden directamente en la lectura y los lectores. Es preocupante. No puedo terminar esta contestación sin recordar a autores que se fueron, como Javier Tomeo. Su obra, de lo mejor; su partida, de lo peor.

 

Ha publicado a muchos clásicos. ¿De qué proyectos y libros se siente especialmente orgulloso?

La editorial posee dos orillas, la geográfica y real y la simbólica. Editamos autores clásicos y autores contemporáneos. Autores contemporáneos que empiezan y autores contemporáneos que llevan ya un camino a sus espaldas. Me siento orgulloso de ediciones de autores clásicos como los cuentos completos de Edgar Allan Poe o Guy de Maupassant, o esa catedral en construcción que es la primera recopilación completa de la narrativa breve del maestro Antón Chéjov. No obstante, la apuesta define al editor y no entiendo este oficio sin ese riesgo y compromiso. Una vez al año editamos a un autor novel y en nuestro catálogo hay algunas decenas de escritores poco conocidos, sin embargo algunos de ellos serán los clásicos del mañana en nuestro idioma.

 

¿Por qué han optado por el cuento?

Si publicara novela no se me haría esta pregunta. De eso estoy seguro. El cuento viene dado por una afinidad lectora, por una militancia necesaria, por una labor que acompaña a un excelente momento creativo de la narrativa breve española y latinoamericana. Además, en un periodo de concentración la especialización, la personalización y la alianza son buenos instrumentos para mantenerse en pie.

 

¿Qué hechos, revelaciones, instantes o deslumbramientos le vienen a la cabeza?

Muchos. He visto salir a una escritora, Patricia Esteban Erlés, de un atáud; he fumado un puro con Andrés Neuman haciendo un ‘perfomance’ de un cuento suyo incluido en ‘Alumbramiento’ (con la mirada atónita de Félix Romeo en Librería Cálamo); me han dedicado una versión de una canción de The Beatles; me han confundido en México con Fernando Iwasaki. ¿Qué más se puede pedir?

 

No está mal: un peruano de Zaragoza. ¿Cómo se ha vivido la crisis del sector, cómo la vive?

Con la evidente preocupación de estar en una transición donde los viejos moldes no funcionan y las fórmulas renovadas no han demostrado su validez. El cambio profundo del paradigma del libro, la llamada crisis, va más allá de una contracción brutal del consumo. Es como si el planeta del libro hubiera sufrido un cambio de inclinación en su eje y todos (autores, editores, libreros, distribuidores, medios y lectores) debiéramos buscar un acomodo y punto de arranque que permita rotar a nuestro mundo con inercia solvente.

 

¿Qué vínculo ha tenido con Aragón?

El primero de la editorial y que supuso un paso decisivo: ‘Escritos de Luis Buñuel’. Ese libro, gestado en Aragón gracias a Pedro Christian García Buñuel, sobrino del cineasta porque era hijo de su hermana Conchita, nos puso en medio del panorama del libro, entre lectores. No se puede ser más aragonés en su origen. Aragón es esa tierra de la que no me fui del todo y que quizá, cuando vuelvo, no regrese del todo. Tal vez por ello mi empeño en que gran parte de mis autores recalen aquí. Una forma de establecer un puente continuo. Un vínculo, sin duda.

 

¿Cuál es su estado de ánimo hacia el futuro?

Tiendo a ser un optimista informado. Procuro conocer los problemas de un sector, comprender la situación de sus profesionales, en especial los libreros, apuesto por los escritores con los que comparto tiempo y lugar, hablo siempre que puedo con los lectores; sigo disfrutando muchísimo con mi labor, desde la pasión y la convicción por lo que llevo a cabo, por lo que pueda “futurear” durante los próximos años.

POEMAS DE JUAN LEYVA

Poemas de Juan Leyva de su libro 'Caja de resistencia'. Algaida. XXXIII Premio de Poesía Ciudad de Badajoz. 

FAMILIA 3.0

 

Hay tres ordenadores

uno por cada miembro de la familia

nos hemos independizado

 

compartimos la conectividad

y una tostadora.

 

 

** 

0,0

 

Sin casa

sin trabajo

sin libertad

sin amor

 

Hay (b) vidas

con auténtico sabor

0,0

 

*** 

DOMINGO PRIMAVERA EN ZGZ

 

Estuve ayer por la mañana en el Parque Grande de Zaragoza, ya sabes, ese oasis que a alguien se le ocurrió poner en medio de la luna.

Llegué con mi bicicleta de montaña, que se va haciendo mayor. De vez en cuando le hago un trasplante de cadena, de radios, de horquilla, y sigue rodando, haciendo que flote sobre su sillín.

 El sol tomaba posesión de los cuerpos, les empezaba a avisar de su invasión.

Pedí agua con gas y aceitunas rellenas, rellenas de algo misterioso.

 La camarera madura, escueta y alegre, calzada sobre unas zapatillas Saucony, marca especializada, me sonrió mientras volaba de mesa en mesa, haciendo y deshaciendo nidos con la vajilla.

 Llegaban oficinistas, familias con los suegros y niños en carritos.

Parejas semidesnudas con los brazos blancos, se contaban lo que quizás no iba a ocurrir jamás.

Llegaban personas con dificultades para andar, se sentaban a la sombra de un toldo de cerveza Ambar, un domingo por la mañana, cuando todavía hay tiempo.

 

Miraba mi bicicleta, apoyada sobre un árbol, y le hablaba. Admiraba su resistencia, su estructura de aluminio, su manera de deslizarse sobre la piel de la tierra.

 

Había una gran jaula que contenía pájaros indescifrables. Hablaban de sus cosas y de repente se organizaba un gran alboroto, una discusión violenta.

Estaban presos, pagando alguna causa con la justicia, mientras las familias tomaban cañas y patatas fritas.

 

De vez en cuando planeaba algún pájaro del exterior para tener un vis a vis.

Hacía de enlace entre los presos alados y sus familiares.

Preguntaban por cómo iban sus procesos, si habían admitido el recurso a trámite.

El pájaro del exterior les pasaba una miga de pan con una lima dentro.

 

El propietario de la terraza limpiaba mesas con un trapo peligroso, dejando un arco gris en la superficie.

 

El yerno le hablaba al suegro, demostrando que su hija había elegido bien a su pareja, a un tipo resuelto y capaz de mantener a una familia.

 

Mi bicicleta exhibiendo su desnudez triconificada, con los brazos de carbono, apoyada para recobrar el aliento.

 

La camarera se apoyó en la barra y siguió volando de mesa en mesa.

 

Apurando el cáliz con agua mineral, sangre de la montaña, y las aceitunas, verdes y llenas de esperanza.

 

*** 

LA UNIVERSIDAD DEL AMOR

 

Quieren gladiadores en el circo, vuelve la moda de cortarse la cabeza.

 

Están preparando un tratado internacional que nos vamos a enterar

y una reforma laboral que se llamará: "sálvese quien pueda"

 

Van a matar al amor a disgustos

porque el amor necesita comer, y aprender a sumar, y sobre todo a restar y dividir.

Yo me licencié en amor, con un máster en relaciones interminables.

Saber de amor no te garantiza trabajar en él,

puedes acabar fregando los platos

o haciendo de chófer

o celebrando fiestas con barbacoa.

 

En la carrera del amor hace falta una nota de corte muy alta.

Las prácticas son duras, y sin contrato.

Repetir curso es lo normal, porque suelen cambiar los planes de estudio, y de asignaturas. Asistes a clase y de pronto te das cuenta de que están hablando de economía, o de anatomía, o de la teoría de cuerdas.

 

Los estudiantes compiten, se miran en la biblioteca con los ojos suspendidos

Algunos abandonan en el primer curso, no era lo suyo.

Otros querrían seguir haciendo el doctorado, y acumular conocimientos.

Todo con tal de no salir a la calle, a buscar amantes y comprobar la realidad

 

 

En la carrera del amor hay asignaturas optativas y otras obligatorias.

El amor clásico: de letras puras

El amor moderno: de números y probabilidades

El amor del futuro: con proyecto final

 

Es una carrera que tiene mucha demanda

Naturalmente hay "númerus clausus" y sólo entran los mejores, los más ardientes, los dispuestos a llegar hasta el final.

 

Al terminar te dan un título que cuelgas de las paredes y haces copias para presentar en las entrevistas del amor.

Puedes ampliar estudios en el extranjero

 

Hay quien tiene que trabajar de amante eventual para pagarse la carrera.

Hay universidades privadas donde hacen las mejores prácticas, y salen casi colocados.

 

Los jóvenes llevan carpetas con apuntes de la "universidad del amor".

Los mayores de 25 y 45 años tienen sus propias pruebas de acceso

Todo el mundo tiene una oportunidad en la universidad del amor.

Nadie debería pensar que no salen preparados.

 

*** 

HORÓSCOPO

 

Tu horóscopo hoy te dice

que no te levantes

que algo en ti no funciona

que vas a perder en la economía

en la salud

en el amor

 

Hoy es mejor

que cambies de signo

de revista

y de sala de espera.

 *** 

 

EL CENICERO

 

Hoy he hablado con un cenicero vacío

estaba realmente triste

Me ha contado su vida, su pasado

cuando estaba lleno de colillas y carmín

de los primeros cigarros del día

del humo locuaz de sobremesa

de las lecturas en tardes de silencio

y noches de insomnio tras un polvo raro.

 

Me ha contado su depresión de cristal,

que ya no trabaja en lo que estaba preparado

(como muchos hoy en día)

la inutilidad de sentirse un objeto mal tratado.

Alberga la esperanza de que un día haya una fiesta

y vuelva a llenarse la piscina de ceniza

mientras los filtros se ahogan por aplastamiento.

 

Le he dicho que no fumo,

me ha pedido que no le exilie a una estantería

y que no le vuelva a echar el repugnante papel

de los caramelos de menta.

 

*** 

EL CORTE DE PELO

 

Ayer estuve en El Corte Inglés, un lugar que acoge a los cuerpos en siete plantas y dos sótanos.

Estuve paseando y preguntándome por qué Dios no me ha hecho del Barça o del Real Madrid.

A mi lado un cliente estaba ilusionado desde hacía dos días con un partido, y no tenía otra cosa en la cabeza, y era feliz, o lo disimulaba muy bien. Estaba contento de sí mismo, de lo que piensa, o de lo que deja de pensar.

Y yo me fui al Corte Inglés. Me dirigí a la peluquería y pregunté si me podían cortar el pelo. La chica joven consultó un cuadrante con nombres y accedió.

Me lavó la cabeza mientras me preguntaba si el agua estaba bien. Mi cabeza descuidada y rota por dentro, mi cabeza que cambia de idea cuando enciendo su relámpago, ahora entregada a unas manos milagrosas.

Me invitó a que la siguiera. Podía haber estado dos días caminando tras ella, pasando por pasillos con luz fría.

"¿cómo quiere que se lo corte?"

No sé, he venido aquí porque estaba aburrido, y el pelo y las uñas es lo único que le crecen a los muertos. He venido porque en las catedrales hay ocupas de la fe, en los bares ocupas del fútbol, en las librerías, libros de autoayuda, y no quiero que me ayude gente que me cobra. He venido porque llevo caminando toda la tarde, intentando que alguien revise mi cabeza, una ITV, un taller exprés.

La joven peluquera apoyaba su vientre en el reposabrazos, muy cerca de mi codo. Sus manos olían a humedad y a alga marina. Me hablaba de lo que se le habla a un cliente enfermo de normalidad. Yo intentaba evitar mirarme en el espejo, no me gustan los espejos, ni lo que ocultan. Le pregunté cuántas cabezas tocaba al día; si puede leerlas a través de las yemas de los dedos; qué hacen con todos esos pelos que barren ¿es cierto que los venden a las fábricas de muñecas?

Me cortó el pelo, descargar en el argot.

Y me fui otra vez a las plantas de mercancías, a los sótanos, a los váteres donde siempre hay alguien que quiere vértela. A la salida con puertas automáticas, a la calle, con esa gente que tiene la cabeza sobre los hombros, el cuerpo destrozado de caricias, los labios llenos de sal de palabras, las ilusiones creadas por Pixar.

Está paseando el extraño, con el pelo cortado y un dolor insoportable. Cuanto más bella, más duele la vida, y las nuevas generaciones, cada vez más altas, más hermosas, más lejanas. Rodeado de primavera irrespirable, polinizando los segundos.

Está paseando el que parece que pasea, pero está enterrándose entre vosotros, mezclando su vida con vuestra vida, su respiración con esa invasión de cuerpos, de perfumes, de gasolina.

Estuve a punto de entrar en el Hamburgo's y meterme tres hamburguesas y mancharme de mostaza y ketchup, y sonreír a la servilleta y a los que miran por el cristal del pasaje, y llorar sobre el plato, dejarme caer con la boca torcida sobre el pan con doble de queso. Cada dos raciones, bebida gratis.

Estuve a punto de llamarte, pero ya lo he hecho alguna vez y siempre tienes planes, te rodeas de planes como si fueras el centro histórico de Madrid, o de Estambul. Te rodeas de gente, de actividades, de viajes, de quehaceres inaplazables. Te obligas a ser feliz, a llenarte de todo menos de mí.

No te llamé, en su lugar me corté el pelo.

 

 

***

 

ESE VIEJO

 

Ese viejo que ves en el sillón, es mi padre.

Duerme sin tener sueño, le sobra la mitad del día.

Su religión son las horas de la comida, le reza a una caja con pastillas.

Mira la tele como si la viera por primera vez.

Quiere que le cuente cosas que no duren más de cinco minutos,

responde siempre lo mismo, como un médico de cabecera.

Antes de salir por la puerta se da la vuelta un par de veces, palpándose los bolsillos, se registra los huesos.

Le preocupa el tiempo que hará mañana, desayuna de pie dos galletas de fibra, se limpia las manchas humedeciendo un pañuelo con saliva.

 

Ese viejo que ves ahí, es mi padre

tan parecido a otros, incluso para mí.

Cuatro veces por semana recorre a los especialistas, rellena boletos de lotería, trafica con resultados deportivos.

Cada vez que le veo me rebelo contra la oxidación, contra las proteínas.

 

Ese viejo que ves ahí, sin venir a cuento

le da un beso a mi madre en la cocina

y a mí me guiña un ojo

como si la acabara de conquistar.

 

***

 

IDEALES

 

Mi abuelo tenía ideales

los llevaba en la chaqueta

y mientras escuchaba se los enrollaba

en el papel continuo de los discursos,

les daba un beso con lengua

y se los fumaba.

 

Alguna marca desteñida

se le quedó entre los dedos.

 

III

 

Hoy amo al mundo

quizá sólo sean diez minutos

pero son tremendos.

 

 

 

 

 

 ***

 

PROTOCOLO

 

En las guerras ya no mueren militares

mueren civiles

respetando el protocolo de evacuación

casi educadamente:

las mujeres y los niños primero.

JORGE GAY EN BILBAO

JORGE GAY EN BILBAO: ’LA CASA DE EURÍDICE. HOMENAJE A POUSSIN’
El próximo día 20, Jorge Gay Molins (Zaragoza, 1950) inaugura en la galería Lumbreras de Bilbao su nueva exposición: ‘La casa de Eurídice’. Homenaje a Poussin’, Con su gentileza habitual me envía el catálogo y algunas imágenes. Selecciono aquí algunas de sus obras y de sus textos, casi poemas acerca de la creación y el arte de pintar. Confesiones de artista: sensaciones, recuerdos, el método, la emoción, la plasticidad, etc.

TRES TEXTOS DE JORGE GAY

*

PARA HACER UN PAISAJE
Para hacer un paisaje, construirlo,
antes lo viví viendo crecer la yerba
bajo los pies enjutos de mi infancia
mientras entre los dedos y el tomillo
silbaba el bisbiseo insensato de los pinos.
En las zarzas, como gotas de sangre entumecida,
anunciando la vida que venía,
ácidas y dulces,
las moras adornaban los caminos.
Cae la noche, se acicalan las tapias.
Las caballerías se beben las estrellas del agua.
Los grillos cantan su bolero al bochorno.
Para hacer un paisaje miro al cielo
pero miro también dentro de mí
por si tuviera nubes
que me cruzasen el corazón y los pulmones.

 

**

CUANDO EMPIEZO A PINTAR
Cuando empiezo a pintar
cuando imagino un cuadro
hasta Poussin me voy,
hasta Bonnard o Brueghel
a encontrar la sustancia
con la que hicieron vida
a la vez que pintaban.
Me llego hasta Marquet,
Rosales, Patinir,
Sironi, Beckmann, Guston, ...
Acudo hasta vosotros,
tantos...Todos.
No importa la tendencia:
es una la pintura.
Entre los algodones
de mi memoria aún viva
conmigo os llevo, poetas,
pintores fabricantes
de aliento y de quimeras,
cuando empiezo a pintar.

 

***

PINTURA-EUDÍDICE
(Elegía y Declaración)


Te vas pintura, alma,
del fondo de los ojos.
Te vas de la sangre tersa
que fluyó por las venas
de los que un día,
en el vuelo quebrado de los sueños,
buscaron en ti
el incierto navegar de la belleza.
Tu camino oscurece,
se te lleva la noche.
Sin embargo,
siempre por ver,
siempre por verte, luz,
vuelvo mi rostro
para encontrar el tuyo
y construir en él
mi mundo de mañana.
Una vez escrutados, analizados,
destruidos y deconstruidos,
durante todo el siglo veinte,
cada uno de los elementos
que servían a tu formulación
o te iban cimentando,
vuelvo a ti, pintura,
y una vez más te asumo,
no ya neutralizada, ni cosificada o inane
sino significante, descriptiva,
retiniana incluso.
Así te quiero.
Que cada cual haga su camino.
No me penséis nostálgico,
ni creáis que perdí los trenes de la historia.
Vago en los huecos del gesto
buscando mi poema
por el légamo que acosan y hieren
los ángeles del frío.
Pintura-Eurídice, alma construida,
aún me queda tu casa.
Te palpo entre los cancerberos del presente.
Contigo vuelo.

 

*La foto la tomo de aquí: http://www.jorgegay.com/jorge/inicio_files/Jorge%20Gay%20Molins%201001%20bn.jpg

MARIA BUIL EN GIL DE LA PARRA

MARIA BUIL EN GIL DE LA PARRA

[Esta tarde se ha inaugurado en la galería de Carlos Gil de la Parra, con lleno absoluto, la exposición de María Buil. Este texto acompaña, junto a uno suyo magnífico y revelador, el cuidado catálogo de pequeño formato de la muestra.]

 

MARÍA BUIL: VERDAD, ARTE Y EMOCIÓN

 

Antón CASTRO

Como de algunas otras cosas, fue Pepe Cerdá la primera persona que me habló de María Buil. Le dedicó elogios que se me antojaron superlativos y dijo: “Tienes que conocerla”. A esa sugerencia inicial se sumó de inmediato la de otro admirador de la pintora: Félix Romeo Pescador. Eran los tiempos en que estaba en la Casa de Velázquez, a principios de este siglo XXI. Vi uno de sus catálogos y me pareció personalísima, con fuerza, turbadora y de una calidad pictórica incuestionable. La confirmación fue su exposición del monasterio de Veruela en 2002, creo recordar: allí había una pintora pintora, rezumaba pasión por el oficio, gusto por la investigación. Había expresión y hondura. Conocía el secreto de la pintura, o cuando menos andaba en su búsqueda con un afán intraducible: a veces en sus obras latían el miedo, el desconcierto, la melancolía. Pintaba con entrega, con osadía, con plasticidad, y con esa palabra que a Pepe Cerdá tanto le gusta: untuosidad, un término rotundo y sugerente –graso y pegajoso, según la RAE- que tal vez, por extensión poética, podría resumirse como el alma de la pintura.

Conocí a María Buil y me pareció una mujer frágil y contundente a la vez, casi displicente en ocasiones no por desdén o altanería de artista, sino por concentración, por ensimismamiento, por dedicación al arte. Era como si la pintura, el universo a veces desapacible de sus cuadros, dotado de un enigma familiar, le exigiese casi toda su atención. La trayectoria de María Buil es muy particular: ha hecho paisajes, vísceras, corazones y alas, cuerpos desollados, retratos de verduras, casi como bodegones. Y en cada una de sus series, en ese destilado paciente de temas, formas y colores, ha desarrollado una poética propia que se suspende en el tiempo y en la autenticidad. E incluso en un candor desarbolado que se alía con una vocación indiscutible. María Buil se apasiona por las pequeñas cosas, por subtemas de la pintura, y se ilumina de inmensidad, como escribió Giuseppe Ungaretti. O, a menudo, parece hacerlo al revés: se reviste de intensidad, de un instinto de sublimación, para hallar la esencia de lo ínfimo, de lo cotidiano, de los detalles y objetos que vemos a diario. Su desnudez extrema. Todo cuando hace tiene su sello y su ambición: un calambrazo de sensaciones, un escalofrío de verdad y emoción. Esa es su grandeza.

Hay un poema del gaditano Javier Sánchez Menéndez que me ha hecho pensar en ella. Se titula ‘La forma de mover tus manos’ y dice: “Me encanta la forma que tienes de mover tus manos. Sacudes la vida y dejas caer el arte por el suelo. La verdad, como el hombre, llena el alma de humo”. La palabra suelo admitiría perfectamente ser cambiada por lienzo. Quedaría así: “Sacudes la vida y dejas caer el arte por el lienzo”. Incluso se podría redondear algo más: “Sacudes la vida, María, y dejas caer el arte por el lienzo”. Lo ha vuelto a hacer, y de qué modo, en esta muestra que, de entrada, tiene otra revelación: María escribe de sí misma, de su busca, de su sentido del realismo, de sus inquisiciones con la materia y de su percepción de los objetos.

De entrada, esta es una exposición luminosa, pautada, en la mayoría de las piezas, por una aparente levedad. Aparente tan solo. La pintora se ha detenido en elementos que pueden parecen insustanciales o poco importantes para consolidar una carrera: mandarinas, naranjas, copas de helado, trozos de tarta con distintas frutas: fresas o cerezas o guindas. Y junto a esos cuadros hay tres retratos, magníficos, de una sutileza con heridas, de dos niñas y de un hombre adulto, y algunos bodegones, de una exquisitez inefable: elocuentes, alados, decisivos de trazo, de luz y de espiritualidad. Esas piezas están vivas, alientan despaciosas como en una novela de Alejo Carpentier o en los cuadros de Claude Monet, pongamos por caso. Quizá como el hombre que se sentía jardinero y artista en Givenchy, y que decía que pintaba como canta un pájaro, María Buil también podría confesar: «El color es mi obsesión diaria, la alegría y el tormento».

 

La pintura de María Buil apetece ser observada. Nace de la naturaleza contemplada y regresa a ella. Atrapa nuestra retina. Es alegre y perenne. Es pintura en el sentido más polisémico del vocablo. Es pintura de exuberante carnalidad, para comérsela. Está tejida con lentitud, con ansia y ansiedad de perfección, con ese latido que cautiva, que estalla y restalla, que invade desde la plenitud y la certidumbre de un arte definitivo. María Buil pinta con esfuerzo y tiempo, con el cristal de las horas, con la adivinación, con la claridad del estremecimiento. Es una estudiosa de su oficio, y se percibe. Nada en ella es baladí ni tampoco es pretencioso: exalta la mancha, la veladura, la transparencia, aquilata la textura y los relieves. Y, sobre todo, en ese viaje hacia la depuración y la sensibilidad más matizada, descubre arabescos y sinuosidades, el arrebato del aire, la caricia de la sombra, la música de la eternidad como aquel monje que se quedó traspuesto oyendo el canto del pájaro y despertó algunos siglos después.

Es una estudiosa de su oficio. Obsesiva. Cuando se encuentra con algo, con un apéndice de la existencia, no cesa hasta que le saca todo su partido. Hasta que le arranca el ánimo: indaga hasta el tuétano de la raíz. Y eso se percibe aquí. Esas naranjas y esa piel que se arranca en espiral; esos fragmentos de pastel cuya crema se desborda o rebosa. ¡Cuánta pulsión hay ahí metida, qué sinvivir de la materia y la contemplación, qué tumulto de acontecimientos se agolpan en lo minúsculo! Pintar así es una filosofía. Una artesanía de la conciencia. Y una salida al laboratorio de la historia de la pintura: aunque parezca petulante o desmesurado, María Buil se cita con Rubens y Durero, se cita con Velázquez y Goya, se cita o sencillamente conversa –con la imaginación, con la voluntad de ser- con Giorgio Morandi y David Hockney, e incluso con Lucian Freud o con Francis Bacon, por quien pareció sentirse más intrigada o acuciada en otro período de su vida. María Buil vive lejos del mundanal ruido y, en cierto modo, fuera de los circuitos del arte, pero su universo está preñado de impresiones y de anhelos que desembocan en la consumación. Velázquez elogió el valor plástico de la tajada de pan, el don de los humildes que es imprescindible para todo el mundo, y aconsejó: «Procura que tus sueños se vuelvan metas y no se queden sólo en sueños». En algún instante, María Buil debió oírle y le ha hecho caso. Pintar es un viaje y es el final del viaje. Pintar es la travesía accidentada y el puerto de desembarco.

María Buil, tan desenvuelta, se detiene en la encrucijada del camino y se sienta a tomar la merienda: una naranja, un helado, una porción de tarta, el viento desleído de la primavera. Al lado, una niña la coge de la mano y le dice: “Nada es lo que parece ser”. 

 

PAISAJE PARA DANIEL MORDZINSKI

[En mi libro 'El dibujante de relatos', publicado por Pregunta e ilustrado por Juan Tudela, hay un cuento o un texto dedicado a Daniel Mordzinski, con quien pasé ayer varias horas, yo y otros amigos. Por cierto, Daniel visita por primera vez Zaragoza y hoy interviene en la presentación de los primeros quince años de Páginas de Espuma en Los Portadores de Sueños, con el editor Juan Casamayor y la escritora Patricia Esteban Erlés.]

http://danielmordzinski.com/

 

 EL PAISAJE INFINITO

 

Homenaje a Daniel Mordzinski. Por Antón CASTRO

Querido Daniel: No sé si ha estado alguna vez en Aragón. He mirado en internet y he preguntado a algunos de los escritores que conozco, a los más veteranos y a los más jóvenes, y tampoco estaban seguros. Acabo de enterarme de la pérdida de su archivo: un terrible, un patético descuido acaba de dar con más de treinta años a la basura. Lo siento de veras: no puede imaginarse cuánto. Amo la literatura desde niña, y poco a poco he ido amando a los escritores. Gracias a usted, especialmente, gracias a sus fotos. Cuando le llaman “el fotógrafo de los escritores”, creo que le definen a la perfección. Es usted, sospecho, un lector que fotografía. Un artista de la luz y de los gestos definitivos que brotan, también, de la escritura. Lleva los libros y las líneas en su cabeza y cuando mira a los autores también ve sus paisajes, sus criaturas. Eso pienso yo. No quiero perder tiempo ni hacérselo perder. Vivimos tan de prisa y con tantas imágenes y palabras que ni siquiera nos da tiempo a leer una carta o una nota completa. Voy al grano: quería hacerle un regalo. Quería regalarle las imágenes de mi pequeño país, de polvo, viento, niebla y sol, como escribió uno de nuestros poetas. Por cierto, Daniel, ¿fotografió alguna vez a José Antonio Labordeta, en París, en Alemania, en Suecia, en Madrid o en sus paisajes pirenaicos?

Labordeta ha sido el cantor de mi tierra. La voz del páramo. La melodía seca que se expande por las colinas, que asciende a las cumbres más altas y que va luego, con el cierzo y las nubes veloces, de campo a campo, con los campesinos, con los cazadores, con las ancianas que trajinan en el monte antes de volver a la masía. Aragón, mi pequeño Aragón, es un país de montañas, un territorio de paisajes irreductibles. Y yo, con mis cámaras y todo el tiempo del mundo, salí a capturarlo: a encerrarlo, para usted, Daniel Mordzinski, en mis objetivos, en la memoria de mi ordenador, que ahora es como un laboratorio ambulante. El mundo entero camina con nosotros en nuestro portátil.

Me gusta conducir. Perderme. Dejarme ir sin prisa y con la pasión de ver. Querría fotografiarlo todo y a la vez no fotografiar nada: que fotografiase el ojo solo con la imaginación. En realidad, mi padre, retratista de los antiguos, discípulo de Jalón Ángel y de Luis Mompel, me enseñó que las mejores fotos son las que se sueñan. Las que se ven y se interiorizan. Con esa idea salí de casa: atrapar lo imprescindible. Y me dirigí a Huesca: pernocté en el hotel Abada y estuve tres días. Pensé que le gustaría saber que George Orwell dijo que, tras la Guerra Civil, le gustaría volver algún día al Coso, entre los soportales, a tomarse un café con leche cuando cae la tarde.

Pensé que le gustaría saber que el mecenas Lastanosa tenía su jardín hechizado, con lago y embarcadero, donde está ahora el Parque Miguel Servet, con sus elevados árboles y las pajaritas de Ramón Acín, un escritor y pintor y escultor y pedagogo que tuvo en Ramón Gómez de la Serna a uno de sus amigos más curiosos. Tomé fotos de la umbría y de esa enramada que tiene algo de minúscula quinta que huele a paraíso. También he querido captar las luces nocturnas que envuelven el Casino, que ha visto pasar a un sinfín de estrellas de cine, y el Centro de Arte y Naturaleza, el CDAN, con sus redondeadas formas, tan voluptuosas entre los viñedos como una mujer que ofrece su desnudo.  Y de allí me pasé al estudio de José Beulas: le retraté entre sus cuadros y las esculturas del jardín, entre la vegetación cuidada y hermosa que me hace pensar siempre en un vergel japonés. Allí huele a tiempo detenido y a simetría de adelfas.

Huesca es la provincia exuberante. Por sus picos, por sus cordilleras que se estiran y parecen suspenderse entre las nubes, por sus cañones y por esos valles increíbles. Acuérdese de estos nombres: Aneto, Monte Perdido, Añisclo, Guara u Ordesa. Estuve aquí y allí, con ese falso sosiego de quien solo busca las instantáneas decisivas: el oro de la luz, la transparencia del aire, el verdor inefable de las cañadas, el cristal con espejo de los ibones... Quizá no sea suficiente, lo sé, Daniel, o tal vez sí. No quiero emborracharle de estampas. También estuve en Alquézar y me asomé a sus miradores hacia el fondo del valle, y en el castillo de Loarre: ése es mi bastión de sueños, la fortaleza del cine, la mole que se esculpe a sí misma en los dedos del aire y parece que, de un momento a otro, se escapará como un pájaro de su jaula. Le digo otra cosa, Daniel: al parecer, de niño, Ramón José Sender jugó entre sus muros, soñó con personajes de leyenda como aquella Florinda Cava, la dama espectral que salía a pasear por sus atalayas y torreones en camisón de seda.

Zaragoza lo es casi todo para mí. Es mi ciudad. Es la ciudad de Félix Romeo, a quien usted retrató, y de Pilar Bayona, la pianista a la que amó Luis Buñuel. Es la ciudad de Miguel Labordeta y de Víctor Mira, artista y escritor que decidió morir lejos. José Antonio Labordeta dijo que la amaba y la odiaba. Yo solo la quiero: es la ciudad del cierzo, la novia del viento, la hacienda de la memoria que riegan tres ríos, el Ebro, el Huerva y el Gállego, y es el solar y el solanar de La Aljafería. Todo ello lo he registrado para usted, y también la nueva Zaragoza: la del meandro de Ranillas, la de la Torre del Agua y la de la pasarela que temblequea sobre el río.

Desde allí vi el Moncayo nevado en la lejanía; aguardé hasta que llegase la luz exacta: luego disparé. No tardé en ir a Borja, Vera, Veruela y el Moncayo, y Tarazona. No acierto a ponerle palabras a ese espacio: es la tierra de quimeras de Gustavo Adolfo Bécquer, allí vivió, allí sufrió desamor, allí describió sus fantasmas y los mitos más literarios como el de la bruja Tía Casca, que se hizo célebre en Trasmoz, y quizá en los aledaños de su castillo. Tarazona posee una catedral maravillosa, allí la luz se amansa de sombra y sueño, allí la música del silencio enciende una melodía sobrenatural en el claustro. Sé que es una locura decirle esto, Daniel, pero intento que algo de lo que le digo esté ahí, latiendo y encerrado en las fotos. ¿Qué sería de nuestro oficio si no tuviera una vida oculta, invisibles presencias, un gemido de ángeles? Creo que me entiende.

Ni he podido ni he querido captarlo todo. Aragón es pequeño y a la vez es infinito. Casi inabarcable en accidentes, serranías, senderos, bosques y riberas, en lagunas y desiertos, poblaciones, y en estados de ánimo. Mi padre me decía que a veces la naturaleza es un estado de ánimo o un paisaje del alma. No podía faltar en mi obsesión Teruel. Existe un lema, casi universal ya, que dice: “Teruel existe”. A mí me gusta decir: Teruel existe, persiste y resiste. Teruel es deslumbrante, en su casco histórico mudéjar, y en ese Matarraña que parece nuestro Mediterráneo: huele a mar en tierra firme, a magia y a bandoleros que atraviesan a caballo los caminos al ocaso. Teruel es deslumbrante en los llanos de Alfambra: allí la tierra parece lisa e inacabable. Y en Albarracín, ese lugar al que siempre me gusta volver. Concentra el rumor de la piedra y la ebriedad de las horas eternas. Un ángel le da una pátina de inmortalidad a las paredes y a la curva de ballesta del río Guadalaviar. Allí he esperado la aparición de Doña Blanca, saliendo del río, en la claridad láctea del plenilunio de agosto.

Querido, Daniel. Ojalá le guste este Aragón incompleto. Ojalá que estas fotos que le envío mitiguen su dolor; Isak Dinesen, aquella mujer que tuvo una granja en África, decía que todas las penas del mundo se pueden aliviar si se meten en un cuento. Éste es el mío para usted. Le envío todo mi afecto y mi admiración más incondicional. Laura Garcés. Fotógrafa de paisajes.

 

*La foto de Daniel Mordzinski la tomo de aquí:

http://ocio.elnortedecastilla.es/files/images/noticias/foto/daniel-modzinski-340.jpg