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Antón Castro

ABRE LA BIBLIOTECA 'FÉLIX ROMEO'

ABRE LA BIBLIOTECA 'FÉLIX ROMEO'

SE INAUGURA LA BIBLIOTECA ’FÉLIX ROMEO’ EN PARQUE GOYA
La nueva biblioteca municipal de Parque Goya “Félix Romeo” inicia sus actividades. Mañana miércoles 20 de mayo, tendrá lugar un cuentacuentos y un homenaje a Félix Romeo a cargo de José Luis Melero.
A partir del jueves, la biblioteca comenzará a funcionar con su horario habitual: de lunes a viernes en horario de 10:30 a 13:30 h y de 16:30 a 20:30 h.
Este equipamiento cultural, está ubicado en los bajos de un edificio sito en la plaza de la Poesía 3; en Parque Goya II. La instalación, de 187 m2, dispone de dos zonas diferenciadas para la lectura, una destinada a usuarios adultos y otra a público infantil. La biblioteca, ofrecerá además un espacio para consultar publicaciones periódicas, un área de acceso a internet y otra de consulta de documentos audiovisuales, principalmente películas. 
Tendrá una colección inicial de unos 3.000 documentos, la mayoría de ellos libros.
La Biblioteca Félix Romeo tendrá una Sección especializada en literatura aragonesa contemporánea., en homenaje a la figura de este escritor y crítico zaragozano fallecido en 2011.

 

*La foto es de Daniel Mordzinski.

JUAN CASAMAYOR, UN DIÁLOGO

ENTREVISTA. JUAN CASAMAYOR (Madrid, 1968), editor de Páginas de Espuma

“Aragón es esa tierra de la

que no me fui del todo”

 

PIE DE FOTO. DANIEL MORDZINSKI

Juan Casamayor, en un retrato con ecos cortazarianos, de Daniel Mordzinski.

 

Antón CASTRO

Juan Casamayor es un madrileño accidental. Nació en 1968 pero es, y así se siente, aragonés por los cuatro costados. Vivió y se formó en Zaragoza, con una profesora entusiasta y exigente como Ana María Navales. En 1999, con Encarnación Molina, fundó Páginas de Espuma, dedicada esencialmente al relato y al microrrelato y afincada al Madrid. El miércoles, a las 20.00, celebraba sus tres primeros lustros en Los Portadores de Sueños, con una de sus autoras, Patricia Esteban Erlés, y el fotógrafo Daniel Mordzinski, “el retratista de los escritores”, que además ofrece una pequeña muestra.

¿Qué celebra Páginas de Espuma en estos primeros quince años?

Más que celebrar que hemos alcanzado los quince años de vida editorial, celebramos cómo los hemos cumplido. Y lo hemos hecho con buena salud y con ganas de festejar rodeados de todos los amigos que desde la librería, la escritura y la lectura están cerca de la editorial. Cuando uno revisita el pasado, puede fijar su mirada en lo bueno que le rodea a uno. Eso hemos pretendido con actos como el de hoy en Zaragoza, mi ciudad.

 

¿Cuál sería el balance de este período?

El balance es tan sencillo que cabe dentro de una sola palabra: catálogo. Ese es el mayor balance y logro de un editor. La coherencia, el fondo y la política de autor que lo revisten hacen de él una carta de presentación y certificado de garantía de un pasado con vistas al futuro. La lectura de sus títulos es un balance. El balance deben hacerlo, sobre todo, los lectores.

 

¿Qué ha sido lo mejor y lo peor?

Lo mejor es haber asistido a la ceremonia de escritura y reescritura de los autores. Me apasiona ese momento preciso en el que editor y escritor asumen conjuntamente, con diálogo y generosidad mutua, la conversión del manuscrito al libro, con todo lo que lleva implícito. Lo peor es asistir al gran desconcierto y a la poca reacción que tenemos como sector hacia la transformación de los hábitos de ocio y la contracción del consumo que inciden directamente en la lectura y los lectores. Es preocupante. No puedo terminar esta contestación sin recordar a autores que se fueron, como Javier Tomeo. Su obra, de lo mejor; su partida, de lo peor.

 

Ha publicado a muchos clásicos. ¿De qué proyectos y libros se siente especialmente orgulloso?

La editorial posee dos orillas, la geográfica y real y la simbólica. Editamos autores clásicos y autores contemporáneos. Autores contemporáneos que empiezan y autores contemporáneos que llevan ya un camino a sus espaldas. Me siento orgulloso de ediciones de autores clásicos como los cuentos completos de Edgar Allan Poe o Guy de Maupassant, o esa catedral en construcción que es la primera recopilación completa de la narrativa breve del maestro Antón Chéjov. No obstante, la apuesta define al editor y no entiendo este oficio sin ese riesgo y compromiso. Una vez al año editamos a un autor novel y en nuestro catálogo hay algunas decenas de escritores poco conocidos, sin embargo algunos de ellos serán los clásicos del mañana en nuestro idioma.

 

¿Por qué han optado por el cuento?

Si publicara novela no se me haría esta pregunta. De eso estoy seguro. El cuento viene dado por una afinidad lectora, por una militancia necesaria, por una labor que acompaña a un excelente momento creativo de la narrativa breve española y latinoamericana. Además, en un periodo de concentración la especialización, la personalización y la alianza son buenos instrumentos para mantenerse en pie.

 

¿Qué hechos, revelaciones, instantes o deslumbramientos le vienen a la cabeza?

Muchos. He visto salir a una escritora, Patricia Esteban Erlés, de un atáud; he fumado un puro con Andrés Neuman haciendo un ‘perfomance’ de un cuento suyo incluido en ‘Alumbramiento’ (con la mirada atónita de Félix Romeo en Librería Cálamo); me han dedicado una versión de una canción de The Beatles; me han confundido en México con Fernando Iwasaki. ¿Qué más se puede pedir?

 

No está mal: un peruano de Zaragoza. ¿Cómo se ha vivido la crisis del sector, cómo la vive?

Con la evidente preocupación de estar en una transición donde los viejos moldes no funcionan y las fórmulas renovadas no han demostrado su validez. El cambio profundo del paradigma del libro, la llamada crisis, va más allá de una contracción brutal del consumo. Es como si el planeta del libro hubiera sufrido un cambio de inclinación en su eje y todos (autores, editores, libreros, distribuidores, medios y lectores) debiéramos buscar un acomodo y punto de arranque que permita rotar a nuestro mundo con inercia solvente.

 

¿Qué vínculo ha tenido con Aragón?

El primero de la editorial y que supuso un paso decisivo: ‘Escritos de Luis Buñuel’. Ese libro, gestado en Aragón gracias a Pedro Christian García Buñuel, sobrino del cineasta porque era hijo de su hermana Conchita, nos puso en medio del panorama del libro, entre lectores. No se puede ser más aragonés en su origen. Aragón es esa tierra de la que no me fui del todo y que quizá, cuando vuelvo, no regrese del todo. Tal vez por ello mi empeño en que gran parte de mis autores recalen aquí. Una forma de establecer un puente continuo. Un vínculo, sin duda.

 

¿Cuál es su estado de ánimo hacia el futuro?

Tiendo a ser un optimista informado. Procuro conocer los problemas de un sector, comprender la situación de sus profesionales, en especial los libreros, apuesto por los escritores con los que comparto tiempo y lugar, hablo siempre que puedo con los lectores; sigo disfrutando muchísimo con mi labor, desde la pasión y la convicción por lo que llevo a cabo, por lo que pueda “futurear” durante los próximos años.

POEMAS DE JUAN LEYVA

Poemas de Juan Leyva de su libro 'Caja de resistencia'. Algaida. XXXIII Premio de Poesía Ciudad de Badajoz. 

FAMILIA 3.0

 

Hay tres ordenadores

uno por cada miembro de la familia

nos hemos independizado

 

compartimos la conectividad

y una tostadora.

 

 

** 

0,0

 

Sin casa

sin trabajo

sin libertad

sin amor

 

Hay (b) vidas

con auténtico sabor

0,0

 

*** 

DOMINGO PRIMAVERA EN ZGZ

 

Estuve ayer por la mañana en el Parque Grande de Zaragoza, ya sabes, ese oasis que a alguien se le ocurrió poner en medio de la luna.

Llegué con mi bicicleta de montaña, que se va haciendo mayor. De vez en cuando le hago un trasplante de cadena, de radios, de horquilla, y sigue rodando, haciendo que flote sobre su sillín.

 El sol tomaba posesión de los cuerpos, les empezaba a avisar de su invasión.

Pedí agua con gas y aceitunas rellenas, rellenas de algo misterioso.

 La camarera madura, escueta y alegre, calzada sobre unas zapatillas Saucony, marca especializada, me sonrió mientras volaba de mesa en mesa, haciendo y deshaciendo nidos con la vajilla.

 Llegaban oficinistas, familias con los suegros y niños en carritos.

Parejas semidesnudas con los brazos blancos, se contaban lo que quizás no iba a ocurrir jamás.

Llegaban personas con dificultades para andar, se sentaban a la sombra de un toldo de cerveza Ambar, un domingo por la mañana, cuando todavía hay tiempo.

 

Miraba mi bicicleta, apoyada sobre un árbol, y le hablaba. Admiraba su resistencia, su estructura de aluminio, su manera de deslizarse sobre la piel de la tierra.

 

Había una gran jaula que contenía pájaros indescifrables. Hablaban de sus cosas y de repente se organizaba un gran alboroto, una discusión violenta.

Estaban presos, pagando alguna causa con la justicia, mientras las familias tomaban cañas y patatas fritas.

 

De vez en cuando planeaba algún pájaro del exterior para tener un vis a vis.

Hacía de enlace entre los presos alados y sus familiares.

Preguntaban por cómo iban sus procesos, si habían admitido el recurso a trámite.

El pájaro del exterior les pasaba una miga de pan con una lima dentro.

 

El propietario de la terraza limpiaba mesas con un trapo peligroso, dejando un arco gris en la superficie.

 

El yerno le hablaba al suegro, demostrando que su hija había elegido bien a su pareja, a un tipo resuelto y capaz de mantener a una familia.

 

Mi bicicleta exhibiendo su desnudez triconificada, con los brazos de carbono, apoyada para recobrar el aliento.

 

La camarera se apoyó en la barra y siguió volando de mesa en mesa.

 

Apurando el cáliz con agua mineral, sangre de la montaña, y las aceitunas, verdes y llenas de esperanza.

 

*** 

LA UNIVERSIDAD DEL AMOR

 

Quieren gladiadores en el circo, vuelve la moda de cortarse la cabeza.

 

Están preparando un tratado internacional que nos vamos a enterar

y una reforma laboral que se llamará: "sálvese quien pueda"

 

Van a matar al amor a disgustos

porque el amor necesita comer, y aprender a sumar, y sobre todo a restar y dividir.

Yo me licencié en amor, con un máster en relaciones interminables.

Saber de amor no te garantiza trabajar en él,

puedes acabar fregando los platos

o haciendo de chófer

o celebrando fiestas con barbacoa.

 

En la carrera del amor hace falta una nota de corte muy alta.

Las prácticas son duras, y sin contrato.

Repetir curso es lo normal, porque suelen cambiar los planes de estudio, y de asignaturas. Asistes a clase y de pronto te das cuenta de que están hablando de economía, o de anatomía, o de la teoría de cuerdas.

 

Los estudiantes compiten, se miran en la biblioteca con los ojos suspendidos

Algunos abandonan en el primer curso, no era lo suyo.

Otros querrían seguir haciendo el doctorado, y acumular conocimientos.

Todo con tal de no salir a la calle, a buscar amantes y comprobar la realidad

 

 

En la carrera del amor hay asignaturas optativas y otras obligatorias.

El amor clásico: de letras puras

El amor moderno: de números y probabilidades

El amor del futuro: con proyecto final

 

Es una carrera que tiene mucha demanda

Naturalmente hay "númerus clausus" y sólo entran los mejores, los más ardientes, los dispuestos a llegar hasta el final.

 

Al terminar te dan un título que cuelgas de las paredes y haces copias para presentar en las entrevistas del amor.

Puedes ampliar estudios en el extranjero

 

Hay quien tiene que trabajar de amante eventual para pagarse la carrera.

Hay universidades privadas donde hacen las mejores prácticas, y salen casi colocados.

 

Los jóvenes llevan carpetas con apuntes de la "universidad del amor".

Los mayores de 25 y 45 años tienen sus propias pruebas de acceso

Todo el mundo tiene una oportunidad en la universidad del amor.

Nadie debería pensar que no salen preparados.

 

*** 

HORÓSCOPO

 

Tu horóscopo hoy te dice

que no te levantes

que algo en ti no funciona

que vas a perder en la economía

en la salud

en el amor

 

Hoy es mejor

que cambies de signo

de revista

y de sala de espera.

 *** 

 

EL CENICERO

 

Hoy he hablado con un cenicero vacío

estaba realmente triste

Me ha contado su vida, su pasado

cuando estaba lleno de colillas y carmín

de los primeros cigarros del día

del humo locuaz de sobremesa

de las lecturas en tardes de silencio

y noches de insomnio tras un polvo raro.

 

Me ha contado su depresión de cristal,

que ya no trabaja en lo que estaba preparado

(como muchos hoy en día)

la inutilidad de sentirse un objeto mal tratado.

Alberga la esperanza de que un día haya una fiesta

y vuelva a llenarse la piscina de ceniza

mientras los filtros se ahogan por aplastamiento.

 

Le he dicho que no fumo,

me ha pedido que no le exilie a una estantería

y que no le vuelva a echar el repugnante papel

de los caramelos de menta.

 

*** 

EL CORTE DE PELO

 

Ayer estuve en El Corte Inglés, un lugar que acoge a los cuerpos en siete plantas y dos sótanos.

Estuve paseando y preguntándome por qué Dios no me ha hecho del Barça o del Real Madrid.

A mi lado un cliente estaba ilusionado desde hacía dos días con un partido, y no tenía otra cosa en la cabeza, y era feliz, o lo disimulaba muy bien. Estaba contento de sí mismo, de lo que piensa, o de lo que deja de pensar.

Y yo me fui al Corte Inglés. Me dirigí a la peluquería y pregunté si me podían cortar el pelo. La chica joven consultó un cuadrante con nombres y accedió.

Me lavó la cabeza mientras me preguntaba si el agua estaba bien. Mi cabeza descuidada y rota por dentro, mi cabeza que cambia de idea cuando enciendo su relámpago, ahora entregada a unas manos milagrosas.

Me invitó a que la siguiera. Podía haber estado dos días caminando tras ella, pasando por pasillos con luz fría.

"¿cómo quiere que se lo corte?"

No sé, he venido aquí porque estaba aburrido, y el pelo y las uñas es lo único que le crecen a los muertos. He venido porque en las catedrales hay ocupas de la fe, en los bares ocupas del fútbol, en las librerías, libros de autoayuda, y no quiero que me ayude gente que me cobra. He venido porque llevo caminando toda la tarde, intentando que alguien revise mi cabeza, una ITV, un taller exprés.

La joven peluquera apoyaba su vientre en el reposabrazos, muy cerca de mi codo. Sus manos olían a humedad y a alga marina. Me hablaba de lo que se le habla a un cliente enfermo de normalidad. Yo intentaba evitar mirarme en el espejo, no me gustan los espejos, ni lo que ocultan. Le pregunté cuántas cabezas tocaba al día; si puede leerlas a través de las yemas de los dedos; qué hacen con todos esos pelos que barren ¿es cierto que los venden a las fábricas de muñecas?

Me cortó el pelo, descargar en el argot.

Y me fui otra vez a las plantas de mercancías, a los sótanos, a los váteres donde siempre hay alguien que quiere vértela. A la salida con puertas automáticas, a la calle, con esa gente que tiene la cabeza sobre los hombros, el cuerpo destrozado de caricias, los labios llenos de sal de palabras, las ilusiones creadas por Pixar.

Está paseando el extraño, con el pelo cortado y un dolor insoportable. Cuanto más bella, más duele la vida, y las nuevas generaciones, cada vez más altas, más hermosas, más lejanas. Rodeado de primavera irrespirable, polinizando los segundos.

Está paseando el que parece que pasea, pero está enterrándose entre vosotros, mezclando su vida con vuestra vida, su respiración con esa invasión de cuerpos, de perfumes, de gasolina.

Estuve a punto de entrar en el Hamburgo's y meterme tres hamburguesas y mancharme de mostaza y ketchup, y sonreír a la servilleta y a los que miran por el cristal del pasaje, y llorar sobre el plato, dejarme caer con la boca torcida sobre el pan con doble de queso. Cada dos raciones, bebida gratis.

Estuve a punto de llamarte, pero ya lo he hecho alguna vez y siempre tienes planes, te rodeas de planes como si fueras el centro histórico de Madrid, o de Estambul. Te rodeas de gente, de actividades, de viajes, de quehaceres inaplazables. Te obligas a ser feliz, a llenarte de todo menos de mí.

No te llamé, en su lugar me corté el pelo.

 

 

***

 

ESE VIEJO

 

Ese viejo que ves en el sillón, es mi padre.

Duerme sin tener sueño, le sobra la mitad del día.

Su religión son las horas de la comida, le reza a una caja con pastillas.

Mira la tele como si la viera por primera vez.

Quiere que le cuente cosas que no duren más de cinco minutos,

responde siempre lo mismo, como un médico de cabecera.

Antes de salir por la puerta se da la vuelta un par de veces, palpándose los bolsillos, se registra los huesos.

Le preocupa el tiempo que hará mañana, desayuna de pie dos galletas de fibra, se limpia las manchas humedeciendo un pañuelo con saliva.

 

Ese viejo que ves ahí, es mi padre

tan parecido a otros, incluso para mí.

Cuatro veces por semana recorre a los especialistas, rellena boletos de lotería, trafica con resultados deportivos.

Cada vez que le veo me rebelo contra la oxidación, contra las proteínas.

 

Ese viejo que ves ahí, sin venir a cuento

le da un beso a mi madre en la cocina

y a mí me guiña un ojo

como si la acabara de conquistar.

 

***

 

IDEALES

 

Mi abuelo tenía ideales

los llevaba en la chaqueta

y mientras escuchaba se los enrollaba

en el papel continuo de los discursos,

les daba un beso con lengua

y se los fumaba.

 

Alguna marca desteñida

se le quedó entre los dedos.

 

III

 

Hoy amo al mundo

quizá sólo sean diez minutos

pero son tremendos.

 

 

 

 

 

 ***

 

PROTOCOLO

 

En las guerras ya no mueren militares

mueren civiles

respetando el protocolo de evacuación

casi educadamente:

las mujeres y los niños primero.

JORGE GAY EN BILBAO

JORGE GAY EN BILBAO: ’LA CASA DE EURÍDICE. HOMENAJE A POUSSIN’
El próximo día 20, Jorge Gay Molins (Zaragoza, 1950) inaugura en la galería Lumbreras de Bilbao su nueva exposición: ‘La casa de Eurídice’. Homenaje a Poussin’, Con su gentileza habitual me envía el catálogo y algunas imágenes. Selecciono aquí algunas de sus obras y de sus textos, casi poemas acerca de la creación y el arte de pintar. Confesiones de artista: sensaciones, recuerdos, el método, la emoción, la plasticidad, etc.

TRES TEXTOS DE JORGE GAY

*

PARA HACER UN PAISAJE
Para hacer un paisaje, construirlo,
antes lo viví viendo crecer la yerba
bajo los pies enjutos de mi infancia
mientras entre los dedos y el tomillo
silbaba el bisbiseo insensato de los pinos.
En las zarzas, como gotas de sangre entumecida,
anunciando la vida que venía,
ácidas y dulces,
las moras adornaban los caminos.
Cae la noche, se acicalan las tapias.
Las caballerías se beben las estrellas del agua.
Los grillos cantan su bolero al bochorno.
Para hacer un paisaje miro al cielo
pero miro también dentro de mí
por si tuviera nubes
que me cruzasen el corazón y los pulmones.

 

**

CUANDO EMPIEZO A PINTAR
Cuando empiezo a pintar
cuando imagino un cuadro
hasta Poussin me voy,
hasta Bonnard o Brueghel
a encontrar la sustancia
con la que hicieron vida
a la vez que pintaban.
Me llego hasta Marquet,
Rosales, Patinir,
Sironi, Beckmann, Guston, ...
Acudo hasta vosotros,
tantos...Todos.
No importa la tendencia:
es una la pintura.
Entre los algodones
de mi memoria aún viva
conmigo os llevo, poetas,
pintores fabricantes
de aliento y de quimeras,
cuando empiezo a pintar.

 

***

PINTURA-EUDÍDICE
(Elegía y Declaración)


Te vas pintura, alma,
del fondo de los ojos.
Te vas de la sangre tersa
que fluyó por las venas
de los que un día,
en el vuelo quebrado de los sueños,
buscaron en ti
el incierto navegar de la belleza.
Tu camino oscurece,
se te lleva la noche.
Sin embargo,
siempre por ver,
siempre por verte, luz,
vuelvo mi rostro
para encontrar el tuyo
y construir en él
mi mundo de mañana.
Una vez escrutados, analizados,
destruidos y deconstruidos,
durante todo el siglo veinte,
cada uno de los elementos
que servían a tu formulación
o te iban cimentando,
vuelvo a ti, pintura,
y una vez más te asumo,
no ya neutralizada, ni cosificada o inane
sino significante, descriptiva,
retiniana incluso.
Así te quiero.
Que cada cual haga su camino.
No me penséis nostálgico,
ni creáis que perdí los trenes de la historia.
Vago en los huecos del gesto
buscando mi poema
por el légamo que acosan y hieren
los ángeles del frío.
Pintura-Eurídice, alma construida,
aún me queda tu casa.
Te palpo entre los cancerberos del presente.
Contigo vuelo.

 

*La foto la tomo de aquí: http://www.jorgegay.com/jorge/inicio_files/Jorge%20Gay%20Molins%201001%20bn.jpg

MARIA BUIL EN GIL DE LA PARRA

MARIA BUIL EN GIL DE LA PARRA

[Esta tarde se ha inaugurado en la galería de Carlos Gil de la Parra, con lleno absoluto, la exposición de María Buil. Este texto acompaña, junto a uno suyo magnífico y revelador, el cuidado catálogo de pequeño formato de la muestra.]

 

MARÍA BUIL: VERDAD, ARTE Y EMOCIÓN

 

Antón CASTRO

Como de algunas otras cosas, fue Pepe Cerdá la primera persona que me habló de María Buil. Le dedicó elogios que se me antojaron superlativos y dijo: “Tienes que conocerla”. A esa sugerencia inicial se sumó de inmediato la de otro admirador de la pintora: Félix Romeo Pescador. Eran los tiempos en que estaba en la Casa de Velázquez, a principios de este siglo XXI. Vi uno de sus catálogos y me pareció personalísima, con fuerza, turbadora y de una calidad pictórica incuestionable. La confirmación fue su exposición del monasterio de Veruela en 2002, creo recordar: allí había una pintora pintora, rezumaba pasión por el oficio, gusto por la investigación. Había expresión y hondura. Conocía el secreto de la pintura, o cuando menos andaba en su búsqueda con un afán intraducible: a veces en sus obras latían el miedo, el desconcierto, la melancolía. Pintaba con entrega, con osadía, con plasticidad, y con esa palabra que a Pepe Cerdá tanto le gusta: untuosidad, un término rotundo y sugerente –graso y pegajoso, según la RAE- que tal vez, por extensión poética, podría resumirse como el alma de la pintura.

Conocí a María Buil y me pareció una mujer frágil y contundente a la vez, casi displicente en ocasiones no por desdén o altanería de artista, sino por concentración, por ensimismamiento, por dedicación al arte. Era como si la pintura, el universo a veces desapacible de sus cuadros, dotado de un enigma familiar, le exigiese casi toda su atención. La trayectoria de María Buil es muy particular: ha hecho paisajes, vísceras, corazones y alas, cuerpos desollados, retratos de verduras, casi como bodegones. Y en cada una de sus series, en ese destilado paciente de temas, formas y colores, ha desarrollado una poética propia que se suspende en el tiempo y en la autenticidad. E incluso en un candor desarbolado que se alía con una vocación indiscutible. María Buil se apasiona por las pequeñas cosas, por subtemas de la pintura, y se ilumina de inmensidad, como escribió Giuseppe Ungaretti. O, a menudo, parece hacerlo al revés: se reviste de intensidad, de un instinto de sublimación, para hallar la esencia de lo ínfimo, de lo cotidiano, de los detalles y objetos que vemos a diario. Su desnudez extrema. Todo cuando hace tiene su sello y su ambición: un calambrazo de sensaciones, un escalofrío de verdad y emoción. Esa es su grandeza.

Hay un poema del gaditano Javier Sánchez Menéndez que me ha hecho pensar en ella. Se titula ‘La forma de mover tus manos’ y dice: “Me encanta la forma que tienes de mover tus manos. Sacudes la vida y dejas caer el arte por el suelo. La verdad, como el hombre, llena el alma de humo”. La palabra suelo admitiría perfectamente ser cambiada por lienzo. Quedaría así: “Sacudes la vida y dejas caer el arte por el lienzo”. Incluso se podría redondear algo más: “Sacudes la vida, María, y dejas caer el arte por el lienzo”. Lo ha vuelto a hacer, y de qué modo, en esta muestra que, de entrada, tiene otra revelación: María escribe de sí misma, de su busca, de su sentido del realismo, de sus inquisiciones con la materia y de su percepción de los objetos.

De entrada, esta es una exposición luminosa, pautada, en la mayoría de las piezas, por una aparente levedad. Aparente tan solo. La pintora se ha detenido en elementos que pueden parecen insustanciales o poco importantes para consolidar una carrera: mandarinas, naranjas, copas de helado, trozos de tarta con distintas frutas: fresas o cerezas o guindas. Y junto a esos cuadros hay tres retratos, magníficos, de una sutileza con heridas, de dos niñas y de un hombre adulto, y algunos bodegones, de una exquisitez inefable: elocuentes, alados, decisivos de trazo, de luz y de espiritualidad. Esas piezas están vivas, alientan despaciosas como en una novela de Alejo Carpentier o en los cuadros de Claude Monet, pongamos por caso. Quizá como el hombre que se sentía jardinero y artista en Givenchy, y que decía que pintaba como canta un pájaro, María Buil también podría confesar: «El color es mi obsesión diaria, la alegría y el tormento».

 

La pintura de María Buil apetece ser observada. Nace de la naturaleza contemplada y regresa a ella. Atrapa nuestra retina. Es alegre y perenne. Es pintura en el sentido más polisémico del vocablo. Es pintura de exuberante carnalidad, para comérsela. Está tejida con lentitud, con ansia y ansiedad de perfección, con ese latido que cautiva, que estalla y restalla, que invade desde la plenitud y la certidumbre de un arte definitivo. María Buil pinta con esfuerzo y tiempo, con el cristal de las horas, con la adivinación, con la claridad del estremecimiento. Es una estudiosa de su oficio, y se percibe. Nada en ella es baladí ni tampoco es pretencioso: exalta la mancha, la veladura, la transparencia, aquilata la textura y los relieves. Y, sobre todo, en ese viaje hacia la depuración y la sensibilidad más matizada, descubre arabescos y sinuosidades, el arrebato del aire, la caricia de la sombra, la música de la eternidad como aquel monje que se quedó traspuesto oyendo el canto del pájaro y despertó algunos siglos después.

Es una estudiosa de su oficio. Obsesiva. Cuando se encuentra con algo, con un apéndice de la existencia, no cesa hasta que le saca todo su partido. Hasta que le arranca el ánimo: indaga hasta el tuétano de la raíz. Y eso se percibe aquí. Esas naranjas y esa piel que se arranca en espiral; esos fragmentos de pastel cuya crema se desborda o rebosa. ¡Cuánta pulsión hay ahí metida, qué sinvivir de la materia y la contemplación, qué tumulto de acontecimientos se agolpan en lo minúsculo! Pintar así es una filosofía. Una artesanía de la conciencia. Y una salida al laboratorio de la historia de la pintura: aunque parezca petulante o desmesurado, María Buil se cita con Rubens y Durero, se cita con Velázquez y Goya, se cita o sencillamente conversa –con la imaginación, con la voluntad de ser- con Giorgio Morandi y David Hockney, e incluso con Lucian Freud o con Francis Bacon, por quien pareció sentirse más intrigada o acuciada en otro período de su vida. María Buil vive lejos del mundanal ruido y, en cierto modo, fuera de los circuitos del arte, pero su universo está preñado de impresiones y de anhelos que desembocan en la consumación. Velázquez elogió el valor plástico de la tajada de pan, el don de los humildes que es imprescindible para todo el mundo, y aconsejó: «Procura que tus sueños se vuelvan metas y no se queden sólo en sueños». En algún instante, María Buil debió oírle y le ha hecho caso. Pintar es un viaje y es el final del viaje. Pintar es la travesía accidentada y el puerto de desembarco.

María Buil, tan desenvuelta, se detiene en la encrucijada del camino y se sienta a tomar la merienda: una naranja, un helado, una porción de tarta, el viento desleído de la primavera. Al lado, una niña la coge de la mano y le dice: “Nada es lo que parece ser”. 

 

PAISAJE PARA DANIEL MORDZINSKI

[En mi libro 'El dibujante de relatos', publicado por Pregunta e ilustrado por Juan Tudela, hay un cuento o un texto dedicado a Daniel Mordzinski, con quien pasé ayer varias horas, yo y otros amigos. Por cierto, Daniel visita por primera vez Zaragoza y hoy interviene en la presentación de los primeros quince años de Páginas de Espuma en Los Portadores de Sueños, con el editor Juan Casamayor y la escritora Patricia Esteban Erlés.]

http://danielmordzinski.com/

 

 EL PAISAJE INFINITO

 

Homenaje a Daniel Mordzinski. Por Antón CASTRO

Querido Daniel: No sé si ha estado alguna vez en Aragón. He mirado en internet y he preguntado a algunos de los escritores que conozco, a los más veteranos y a los más jóvenes, y tampoco estaban seguros. Acabo de enterarme de la pérdida de su archivo: un terrible, un patético descuido acaba de dar con más de treinta años a la basura. Lo siento de veras: no puede imaginarse cuánto. Amo la literatura desde niña, y poco a poco he ido amando a los escritores. Gracias a usted, especialmente, gracias a sus fotos. Cuando le llaman “el fotógrafo de los escritores”, creo que le definen a la perfección. Es usted, sospecho, un lector que fotografía. Un artista de la luz y de los gestos definitivos que brotan, también, de la escritura. Lleva los libros y las líneas en su cabeza y cuando mira a los autores también ve sus paisajes, sus criaturas. Eso pienso yo. No quiero perder tiempo ni hacérselo perder. Vivimos tan de prisa y con tantas imágenes y palabras que ni siquiera nos da tiempo a leer una carta o una nota completa. Voy al grano: quería hacerle un regalo. Quería regalarle las imágenes de mi pequeño país, de polvo, viento, niebla y sol, como escribió uno de nuestros poetas. Por cierto, Daniel, ¿fotografió alguna vez a José Antonio Labordeta, en París, en Alemania, en Suecia, en Madrid o en sus paisajes pirenaicos?

Labordeta ha sido el cantor de mi tierra. La voz del páramo. La melodía seca que se expande por las colinas, que asciende a las cumbres más altas y que va luego, con el cierzo y las nubes veloces, de campo a campo, con los campesinos, con los cazadores, con las ancianas que trajinan en el monte antes de volver a la masía. Aragón, mi pequeño Aragón, es un país de montañas, un territorio de paisajes irreductibles. Y yo, con mis cámaras y todo el tiempo del mundo, salí a capturarlo: a encerrarlo, para usted, Daniel Mordzinski, en mis objetivos, en la memoria de mi ordenador, que ahora es como un laboratorio ambulante. El mundo entero camina con nosotros en nuestro portátil.

Me gusta conducir. Perderme. Dejarme ir sin prisa y con la pasión de ver. Querría fotografiarlo todo y a la vez no fotografiar nada: que fotografiase el ojo solo con la imaginación. En realidad, mi padre, retratista de los antiguos, discípulo de Jalón Ángel y de Luis Mompel, me enseñó que las mejores fotos son las que se sueñan. Las que se ven y se interiorizan. Con esa idea salí de casa: atrapar lo imprescindible. Y me dirigí a Huesca: pernocté en el hotel Abada y estuve tres días. Pensé que le gustaría saber que George Orwell dijo que, tras la Guerra Civil, le gustaría volver algún día al Coso, entre los soportales, a tomarse un café con leche cuando cae la tarde.

Pensé que le gustaría saber que el mecenas Lastanosa tenía su jardín hechizado, con lago y embarcadero, donde está ahora el Parque Miguel Servet, con sus elevados árboles y las pajaritas de Ramón Acín, un escritor y pintor y escultor y pedagogo que tuvo en Ramón Gómez de la Serna a uno de sus amigos más curiosos. Tomé fotos de la umbría y de esa enramada que tiene algo de minúscula quinta que huele a paraíso. También he querido captar las luces nocturnas que envuelven el Casino, que ha visto pasar a un sinfín de estrellas de cine, y el Centro de Arte y Naturaleza, el CDAN, con sus redondeadas formas, tan voluptuosas entre los viñedos como una mujer que ofrece su desnudo.  Y de allí me pasé al estudio de José Beulas: le retraté entre sus cuadros y las esculturas del jardín, entre la vegetación cuidada y hermosa que me hace pensar siempre en un vergel japonés. Allí huele a tiempo detenido y a simetría de adelfas.

Huesca es la provincia exuberante. Por sus picos, por sus cordilleras que se estiran y parecen suspenderse entre las nubes, por sus cañones y por esos valles increíbles. Acuérdese de estos nombres: Aneto, Monte Perdido, Añisclo, Guara u Ordesa. Estuve aquí y allí, con ese falso sosiego de quien solo busca las instantáneas decisivas: el oro de la luz, la transparencia del aire, el verdor inefable de las cañadas, el cristal con espejo de los ibones... Quizá no sea suficiente, lo sé, Daniel, o tal vez sí. No quiero emborracharle de estampas. También estuve en Alquézar y me asomé a sus miradores hacia el fondo del valle, y en el castillo de Loarre: ése es mi bastión de sueños, la fortaleza del cine, la mole que se esculpe a sí misma en los dedos del aire y parece que, de un momento a otro, se escapará como un pájaro de su jaula. Le digo otra cosa, Daniel: al parecer, de niño, Ramón José Sender jugó entre sus muros, soñó con personajes de leyenda como aquella Florinda Cava, la dama espectral que salía a pasear por sus atalayas y torreones en camisón de seda.

Zaragoza lo es casi todo para mí. Es mi ciudad. Es la ciudad de Félix Romeo, a quien usted retrató, y de Pilar Bayona, la pianista a la que amó Luis Buñuel. Es la ciudad de Miguel Labordeta y de Víctor Mira, artista y escritor que decidió morir lejos. José Antonio Labordeta dijo que la amaba y la odiaba. Yo solo la quiero: es la ciudad del cierzo, la novia del viento, la hacienda de la memoria que riegan tres ríos, el Ebro, el Huerva y el Gállego, y es el solar y el solanar de La Aljafería. Todo ello lo he registrado para usted, y también la nueva Zaragoza: la del meandro de Ranillas, la de la Torre del Agua y la de la pasarela que temblequea sobre el río.

Desde allí vi el Moncayo nevado en la lejanía; aguardé hasta que llegase la luz exacta: luego disparé. No tardé en ir a Borja, Vera, Veruela y el Moncayo, y Tarazona. No acierto a ponerle palabras a ese espacio: es la tierra de quimeras de Gustavo Adolfo Bécquer, allí vivió, allí sufrió desamor, allí describió sus fantasmas y los mitos más literarios como el de la bruja Tía Casca, que se hizo célebre en Trasmoz, y quizá en los aledaños de su castillo. Tarazona posee una catedral maravillosa, allí la luz se amansa de sombra y sueño, allí la música del silencio enciende una melodía sobrenatural en el claustro. Sé que es una locura decirle esto, Daniel, pero intento que algo de lo que le digo esté ahí, latiendo y encerrado en las fotos. ¿Qué sería de nuestro oficio si no tuviera una vida oculta, invisibles presencias, un gemido de ángeles? Creo que me entiende.

Ni he podido ni he querido captarlo todo. Aragón es pequeño y a la vez es infinito. Casi inabarcable en accidentes, serranías, senderos, bosques y riberas, en lagunas y desiertos, poblaciones, y en estados de ánimo. Mi padre me decía que a veces la naturaleza es un estado de ánimo o un paisaje del alma. No podía faltar en mi obsesión Teruel. Existe un lema, casi universal ya, que dice: “Teruel existe”. A mí me gusta decir: Teruel existe, persiste y resiste. Teruel es deslumbrante, en su casco histórico mudéjar, y en ese Matarraña que parece nuestro Mediterráneo: huele a mar en tierra firme, a magia y a bandoleros que atraviesan a caballo los caminos al ocaso. Teruel es deslumbrante en los llanos de Alfambra: allí la tierra parece lisa e inacabable. Y en Albarracín, ese lugar al que siempre me gusta volver. Concentra el rumor de la piedra y la ebriedad de las horas eternas. Un ángel le da una pátina de inmortalidad a las paredes y a la curva de ballesta del río Guadalaviar. Allí he esperado la aparición de Doña Blanca, saliendo del río, en la claridad láctea del plenilunio de agosto.

Querido, Daniel. Ojalá le guste este Aragón incompleto. Ojalá que estas fotos que le envío mitiguen su dolor; Isak Dinesen, aquella mujer que tuvo una granja en África, decía que todas las penas del mundo se pueden aliviar si se meten en un cuento. Éste es el mío para usted. Le envío todo mi afecto y mi admiración más incondicional. Laura Garcés. Fotógrafa de paisajes.

 

*La foto de Daniel Mordzinski la tomo de aquí:

http://ocio.elnortedecastilla.es/files/images/noticias/foto/daniel-modzinski-340.jpg

EDUARDO BOIX: UN BOMBARDEO

EDUARDO BOIX: UN BOMBARDEO

EL PROYECTO DE UN BOMBARDEO DE EDUARDO BOIX

[El escritor alicantino Eduardo Boix ha iniciado un proyecto de investigación en torno a la Guerra Civil y a su abuela. Me lo envía. Aquí están algunas de sus primeras entregas. Escribe:]

El 19 de diciembre de 2011 falleció a causa de esa enfermedad llamada Alzheimer, mi abuela/iaia Carmen. Una mujer vital y que la vida había endurecido como a tantas otras mujeres de su generación. Sobrevivir a una guerra, a su posguerra y a cuarenta años de oscuridad, ha hecho que la admire más allá del amor que le pueda profesar como nieto. El pasado 1 de abril de 2015 tras cumplir 35 años y estar ya en el limbo administrativo de la juventud, me creí en la obligación moral de dar voz al recuerdo recurrente que atormentaba a mi abuela. El Alzheimer hizo que reviviese constantemente y de forma precisa el bombardeo del mercado de Alicante, perpetrado por las tropas italianas de Mussollini el miércoles 25 de mayo de 1938. Ella siempre nos narraba como, tras el estallido de una de las bombas, la metralla decapitaba a una mujer y seguía corriendo sin la cabeza. Ése fue su último recuerdo, aquello lo vivió con 8 años.Con este proyecto tan sólo pretendo ser su voz, sacar a la luz el bombardeo más cruento de la Guerra Civil Española, más que el de Guernica, y que, a día de hoy sigue silenciado. En la sección Cuaderno de Campo, iré poniendo artículos sobre mi investigación. Cualquier duda o si tienen testimonios o documentos que hablen de dicho bombardeo, agradecería se pusiesen en contacto conmigo pinchando aquí.


LORENZO SANZ VALENTÍ

Posiblemente el niño Lorenzo Sanz Valentí y su padre perdieron la vida en el lugar señalado en el mapa. Dicen que fue tras la caída de una de las primeras bombas de aquel fatídico día. Para los curiosos, por si estáis por Alicante y queréis acercaros, es en Paseo de la Explanada sin numero, 03001 Alicante, España. Donde está el Bar Noray, antiguo Club de regatas de Alicante, frente a la estatua de Canalejas.


Aquí se puede seguir: https://columnadelmiedo.wordpress.com/cuaderno-de-campo/

JORDI NADAL Y LA LECTURA

JORDI NADAL Y LA LECTURA

[Recibo esta hermosa nota sobre la lectura de Jordi Nadal, editor de Plataforma editorial y un amigo siempre afectuoso y cálido.]

[Tomo la foto de Jordi Nadal de aquí: 

http://i.ytimg.com/vi/drwbRajlLdo/hqdefault.jpg]


Cuatro ideas para amar la lectura. (y un comentario que es un regalo)  

Abril 2015 en Barcelona.  

 

0. Preámbulo:  

  

Una amiga, D, quien trabaja en una entidad social, me pide si puedo recibir a una chica joven latinoamericana, que actualmente está fuera del circuito educativo, con el ruego de si la puedo atender y motivar a la lectura.  

  

D. ,el día que tiene que venir con ella no puede, y me dice si no me importa atender a tres chicas, todas fuera del circuito escolar, entre 14 y 18 años, de tres países latinoamericanos, que viven cerca de Barcelona, y que deberían ser estimuladas a la lectura. Vienen a mi editorial acompañadas por su coordinadora, una trabajadora social.  

  

1. UNO: Camus  

Charlamos media hora y empiezo leyéndoles estas dos cartas y contextualizando quién fue Albert Camus.  

  

Carta de Albert Camus a su maestro Louis Germain, noviembre 1957  

Querido Señor Germain: Esperé a que se apagara un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de todo esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continuarán siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido. Lo abrazo con todas mis fuerzas. Albert Camus  

  

  

Carta de Louis Germain a Albert Camus 30.4.1957  

  

Mi pequeño Albert: He recibido, enviado por ti, el libro Camus, que ha tenido a bien dedicarme su autor, el señor J.-Cl. Brisville. Soy incapaz de expresar la alegría que me has dado con la gentileza de tu gesto ni sé cómo agradecértelo. Si fuera posible, abrazaría muy fuerte al mocetón en que te has convertido y que seguirá siendo para mí "mi pequeño Camus". Todavía no he leído la obra, salvo las primeras páginas. ¿Quién es Camus? Tengo la impresión de que los que tratan de penetrar en tu personalidad no lo consiguen. Siempre has mostrado un pudor instintivo ante la idea de descubrir tu naturaleza, tus sentimientos. Cuando mejor lo consigues es cuando eres simple, directo. ¡Y ahora, bueno! Esas impresiones me las dabas en clase. El pedagogo que quiere desempeñar concienzudamente su oficio no descuida ninguna ocasión para conocer a sus alumnos, sus hijos, y estas se presentan constantemente. Una respuesta, un gesto, una mirada, son ampliamente reveladores. Creo conocer bien al simpático hombrecito que eras y el niño, muy a menudo, contiene en germen al hombre que llegará a ser. El placer de estar en clase resplandecía en toda tu persona. Tu cara expresaba optimismo. [...] He visto la lista en constante aumento de las obras que te están dedicadas o que hablan de ti. Y es para mí una satisfacción muy grande comprobar que tu celebridad  

  

Cuando les digo que no conozco sus circunstancias familiares ni sociales ni económicas, les comento, para que se sitúen, quién era Camus y cómo era su situación económica, Cuando el pequeño Albert Camus de niño, un día recibió el encargo de su abuela de ir a comprar algo de comida, y el pequeño se gastó el dinero en algo (unas golosinas, ir al cine, no lo recuerdo….), cuando la abuela la preguntó dónde estaba el encargo, el pequeño le dijo que le había caído la moneda en el retrete. La abuela se arremangó el brazo y buscó con su mano la moneda, en vano, en el WC.  

  

“eso- les dije- es la pobreza que intuyo que no es la vuestra, por suerte”.  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

2. DOS: Una vedette.  

  

  

Antes de ir a buscar el fragmento de Benjamin Carson que aquí relaciono, en el anexo, hermosísimo texto clave del primer libro que publiqué en Plataforma, en octubre del 2007, LO QUE MUEVE MI VIDA, les dije que había una actriz de varietés a quien le preguntaron que qué pensaba de la importancia de la lectura. Y ella respondió_  

  

- “yo siempre le digo a mi hija, estudia, hija mía, estudia, que con el tiempo te caen las tetas pero no la cabeza”  

  

  

  

  

3. TRES: Benjamin Carson

Les doy el texto a leer, mientras hago una cosa en otro lado de la editorial.

4. No conformarse:

Antes de terminar, les digo. Muchachas, Uds son jóvenes, la vida les dará muchas oportunidades. No dejen que su vide estsé en manos de nadie, ni de su madre, hermano, padre, novio, marido, maestro… hagan que sea suya. Tómense en serio su vida, porque si la naturaleza les ha dado la capacidad de llegar de 1 a 10 al numero que sea, digamos, 8, no se conformen con llegar a 7.

Y recuerden que ahora su juventud y belleza les permitirá sentir mucha confianza, pero a partir de los 30 años caen las tetas, y no la cabeza. No le den a nadie el mando a distancia de su vida.

Se fueron, les acompañé a la puerta. Antes, les regalé seis o siete libros de grandes autores de Plataforma, gente cuyo destino no ha sido nada fácil, grandes historias de superación, de gente que ha nacido en un punto de salido MUCHO peor.

UN REGALO:

Una hora más tarde, después de irse, me llamó D. y me dijo que la monitora le había dicho “ cuando íbamos para la editorial se miraban escaparates de tiendas de ropa y zapatos y bolsos. Al salir, se fijaron en dos librerías.”

Jordi Nadal, 30.4.2015


No hay tarea más importante que la paternidad

Benjamin Carson

El doctor Benjamin Carson es director de neurocirugía pediátrica en el Centro Infantil de Johns Hopkins. Su experiencia incluye la separación de siameses y la cirugía cerebral para tratar la apoplejía. La beca del fondo Carson ha ayudado a alrededor de 1 700 estudiantes de instituto. Su madre está retirada y vive con él y con su familia.

Es lo más fácil de decir: creo en mi madre. Empecé a creer cuando no era más que un niño. Soñaba con ser médico.

Mi madre era empleada doméstica. En su trabajo, observó que la gente de éxito pasaba mucho más tiempo leyendo que mirando televisión. Decidió que mi hermano y yo sólo podríamos ver dos o tres programas preseleccionados durante la semana. En nuestro tiempo libre, debíamos leer dos libros cada uno, de la Biblioteca Pública de Detroit, y entregarle nuestros comentarios sobre ellos. Ella los marcaba y subrayaba a medida que los revisaba. Años más tarde, comprendí que sus marcas eran un truco. Mi madre era casi analfabeta, sólo había ido a la escuela hasta el tercer grado.

Aunque no teníamos dinero, entre las cubiertas de aquellos libros yo podía ir a cualquier parte, hacer cualquier cosa y ser quien se me ocurriera.

Cuando entré al instituto, yo era un estudiante de primer nivel, pero eso no duró mucho. Quería ropa extravagante. Quería estar con mis colegas. De alumno de clase A, pasé a ser, primero, de clase B y, luego, de clase C, pero no me importaba. Chocábamos los cinco y nos palmeábamos la espalda. Yo era un tipo a la moda.

Una noche, mi madre llegó a casa después de sus varios trabajos y yo me quejé porque no tenía suficientes camisas de tejido italiano. Me dijo: «De acuerdo. Te daré todo el dinero que he ganado esta semana fregando suelos y limpiando baños, y tú comprarás la comida para la casa y pagarás las facturas. Con lo que te quede, podrás comprarte todas las camisas de tejido italiano que quieras».

El acuerdo me pareció estupendo pero, una vez distribuido el dinero, no me quedó nada. Comprendí que mi madre tenía que ser un genio de las finanzas para mantener un techo sobre nuestras cabezas y comida de toda clase en la mesa, además de comprar ropa.

También comprendí que la gratificación inmediata no me iba a llevar a ninguna parte. El éxito requería preparación intelectual.

Volví a estudiar y a ser un estudiante de primera clase, y finalmente cumplí mi sueño de ser médico.

A lo largo de los años, encontré inspiración en la firme fe en Dios de mi madre, especialmente cuando tuve que realizar intervenciones quirúrgicas extremadamente difíciles o cuando me enfrenté a mi propio miedo clínico.

Siendo aún joven, descubrí que padecía una forma muy agresiva de cáncer de próstata; me dijeron que podía haberse extendido a la columna vertebral. Mi madre se reafirmó en su fe en Dios. Nunca se preocupó. Decía que Dios aún no había terminado conmigo; aquél no podía ser de ningún modo un problema grave. La patología de mi columna resultó ser benigna; me operaron y me curé.

Mi historia es, en realidad, la historia de mi madre, una mujer con escasa educación formal y aún menos bienes mundanos, que utilizó su posición parental para cambiar las vidas de mucha gente en todo el planeta. No hay tarea más importante que la paternidad. Creo en ello. 

 

*La foto de Albert Camus es de Loomis Dean.