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Antón Castro

'SEDUCCIÓN: POESÍA EN CALACEITE

'SEDUCCIÓN: POESÍA EN CALACEITE

 

POESÍA EN CALACEITE: ’EL PEZ DE LA DESPEDIDA’ Y ’SEDUCCIÓN’
Calaceite celebra su semana cultural. Entre otros actos, se han programado dos presentaciones de poemarios. El jueves 7 siete, Luz Rodríguez presentará su poemario ‘El pez de la despedida’, y estará acompañada por su editor Paco Rallo, por la ilustradora María Maynar y por el pianista y compositor Antonio Gil, que ha trabajado varios poemas. Luz y Antonio ofrecerán un recital con música. Y el viernes, 8, en compañía de Juanjo Blasco Panamá, presentaré ‘Seducción’ y daré un pequeño recital. En ese libro, al menos, hay tres poemas dedicados al Matarraña y algunas de sus gentes: a Laia Vaquer y Hugo Roglán, artistas; a Ángel Crespo y Pilar Gómez Bedate y Gema Noguera, a quien no llegué a conocer, pero sí hablé con su madre, con su familia, con Ersi Samara y vi sus cosas. Publicaré estos días, aquí, los tres poemas. Empiezo con Laia Vaquer, que ahora trabaja en una pequeña galería en Calaceite; durante muchos años lo hizo en La Angeleta, el restaurante de Valderrobres, y su compañero Hugo lo hace de guía del Museo Juan Cabré, de 
Calaceite, donde tendrán lugar los dos actos, a las 20.00.



ELOGIO DEL DESNUDO

[A Laia Vaquer y Hugo Roglan, fotógrafos del cuerpo 
y del paisaje con árboles, harina y nieve]

Te observo desde el vacío del tiempo.
Desde antes o después de haberte intuido
en la carne trémula de un desnudo.
Te vi, antes de verte a ti, en una foto.
Creo que no había nadie en la sala.
Sonaba una música de violín.
No tardó en desatarse la tormenta.
Afuera, el atardecer de agua y viento
copiaba el resplandor de tus imágenes.
Era un día de otoño castigado
de melancolía desapacible.
Te miré fijamente: aquí las líneas
del cuerpo, la piel más blanca que oscura;
allá las nalgas, los pechos, los hombros
armoniosos como arpa adormecida.
Y en el centro de un árbol, incendiados,
tus ojos de mar, claros, levantiscos,
con un centelleo de picardía.

Hice por conocerte. Por amarte.
Recuerdo aquel día: de sol, de risa,
de plenilunio luego en la verbena.
Alguien me dijo: «Esa será la artista
de tu vida. No dejes que se escape».

Aquí estoy desde entonces. A este lado.
Como un amanuense de tus imágenes.
Como un testigo de las estaciones.
Me muestras los cuadernos de bocetos,
los dibujos, la violencia del sueño,
y sobre el papel, entre la maleza,
surges como una escultura o un paisaje.
Veo lo que anhelas. Gritas. Disfrutas.
Te buscas y te persigues. Arañas
las sombras del espanto, te desvistes.
Actriz de ti misma. Actriz principal
y de reparto en medio de la fronda
y la mansedumbre gris del celaje.
Te contemplo, me someto y navego
tu belleza centímetro a centímetro.
Cuando dices, ya, mírame bien, mírame,
disparo. Y así sales: desnuda, viva,
desde el fondo de la tierra que tiembla.
Ese limo perplejo que fecundas.

Ahí estás para mí, por ti y por todos:
la diosa transfigurada en la nieve.
El cuerpo que acaricio cada noche.


*Las fotos son de Laia Vaquer en colaboración con Hugo Roglan.
El texto pertenece a ’Seducción’. Antón Castro. Olifante, 2014.
-La 1 imagen.
https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-c9267b4e14bef3b18eddd74c0b0a5d25.jpg
-La 2 imagen
https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-62973b9413ee4b2c46724c2edb6eb52f.jpg
Un reportaje de Borradores sobre el Matarraña. Ahí sale Laia Vaquer y Hugo Roglan.

 

 

OTRA FIESTA DE LA POESÍA EN SORIA

OTRA FIESTA  DE LA POESÍA EN SORIA

Los poetas aragoneses protagonistas de la

Séptima Edición de la Feria Expoesía en Soria

 

Los poetas Miguel Labordeta y Manuel Pinillos serán homenajeados mañana 7 de agosto en la ciudad de Soria. Y Miguel Ángel Yusta presentará su poemario “20 + 1 poemas” el sábado 9 de agosto

 

Del 5 al 10 de agosto, Soria, la Ciudad de los Poetas, hace honor a su nombre y llena de poesía cada rincón con recitales, talleres para niños, firmas de libros y clases magistrales

[Nota de Luis Ulargui.] La poesía aragonesa se hará un hueco entre las más de 50 actividades de la Séptima Edición de la Feria Literaria Expoesía de Soria. Una de las ferias literarias más importantes dedicada única y exclusivamente al género de la poesía. Los versos de Miguel Labordeta y de Manuel Pinillos junto con la presentación de la edición bilingüe del poemario de Miguel Ángel Yusta “20 + 1 poemas” serán protagonistas de este año en la ciudad de Soria.

 

El jueves 7 de agosto el escritor y premio de las Letras Aragonesas Ángel Guinda junto a Trinidad Ruiz dedicarán más de dos horas a deleitar con la historia literaria y con los versos de dos grandes poetas zaragozanos: Miguel Labordeta y Manuel Pinillos. Miguel Labordeta, hermano del cantautor, escritor y político José Antonio Labordeta, es posiblemente uno de los poetas más originales que ha dado las letras aragonesas en el siglo XX. Cultivó el surrealismo con un lenguaje barroco y expresivo y de amplios registros. Por su arte Manuel Pinillos fue un autor muy querido en tierras aragonesas y fue uno de los mejores críticos literarios aragoneses.

 

El 9 de agosto Miguel Ángel Yusta presentará la edición bilingüe, castellano gallego, que se ha realizado de su poemario “20 + 1 poemas” por parte de la editorial Lastura. Le acompañarán la escritora orenseana Montserrat Villar y la madrileña Laura Gómez Recas, quienes también presentarán sus poemarios traducidos a la lengua gallega.

 

Otros actos de Expoesía 2014

El programa de Expoesía 2014 cuenta con más de 50 actos y, en él, encontraremos actividades para los seguidores incondicionales de versos, rimas y cuartetos (lecturas, recitales, presentaciones de libros, etc.) y cuyo objetivo fundamental es acercar la poesía a todos aquellos que estén interesados en conocerla, disfrutarla y saborearla con los cinco sentidos.

 

Este año, bajo el lema “Poetas malditos-Malditos Poetas”, la poesía quiere dedicar muchas de sus actividades a esos poetas que fueron defenestrados y olvidados pero que gracias a sus poemarios hicieron más rica y completa, y por qué no, más lúcido un género fundamental de nuestras letras. Leopoldo María Panero, el salmantino Aníbal Sánchez, el granadino Javier Egea o Chico Sánchez Ferlosio serán algunos de los poetas “malditos” que recorrerán los actos de Expoesía 2014.

 

Además debemos considerar como actos centrales la presencia del último Premio de las Letras de Castilla y León Jesús Hilario Tundidor y del Premio Gil de Biedma, Fermín Herreros, los recitales de poetas entre los que destacan el murciano Alberto Caride, el burgalés Carlos de Frühbeck, la orensana Montserrat Villar o el madrileño Javier Expósito con su poemario “Más alto que el aire”. Una última cita de Expoesía 2014 en la que la música y la palabra se darán la mano en la voz de este poeta polémico a veces, excéntrico y genial a la vez y que muchas veces raya lo infantil.

 

Este año en el programa de actividades destaca la unión de teatro y poesía de la mano de un conjunto de teatralizaciones y recitales como la que se celebrará el 4 de agosto (como anticipo de toda la semana de poesía) por la compañía Contando Hormigas, un grupo de teatro compuesto dos actrices invidentes que realizarán una curiosa adaptación de la vida de la santa y poeta alemana Hildegard Von Bigen. “Las Visiones de Hildegard” nos traslada al mundo del medievo para conocer la locura de una abadesa adelantada a su tiempo por sus ideas revolucionarias, científicas y filosóficas. Una obra para disfrutarla con todos los sentidos. Pero no será la única obra teatral de  Expoesía 2014, el grupo extremeño Guirigai será el encargado de traer “Noche Oscura, Ahora” de San Juan de la Cruz (el 5 de agoto) y la actriz suiza Isabelle Stoffel será la encargada de ponerse en la piel de Santa Teresa de Jesús en su obra “Traspasada” (día 7 de agosto). Uno de los actos que Expoesía quiere dedicar al Año de Santa Teresa de Jesús, siendo Soria una de las ciudades teresianas donde la santa carmelita abrió una de sus moradas.

 

Una de las curiosidades de Expoesía son las ubicaciones de los actos que también son verdaderos recuerdos de los poetas que marcaron a esta ciudad. El aula y el claustro del Instituto Antonio Machado donde el poeta daba clases de francés y que será el lugar para las actuaciones y recitales nocturno, la Dehesa donde paseaba el poeta de la Generación del 98 con Leonor o los salones del Casino donde aún se guarda el piano que tocaba el poeta Gerardo Diego. Un lugar muy ligado a la vida social y literaria de la ciudad y donde ahora se ubica el Museo Casa de los Poetas.

 

Para Jesús Bárez, concejal de cultura de Soria, esta edición de Expoesía hace honor a uno de los géneros más interesantes de la literatura. “Soria, la ciudad de la poesía, la musa de poetas como Machado o Gerardo Diego, no puede dar la espalda a este género literario y, como desde hace siete años, nos volcamos en la poesía. Nuestra labor es poner a la poesía en un lugar preferente, donde debe estar, aquí en Soria entre la gente, en la calle, en cada rincón de la ciudad y este año esos poetas que quedaron en el olvido por ser malditos y muy lúcidos a la vez”

 

Además Soria durante estos días se engalanará con una serie de esculturas de grandes dimensiones inspiradas en los poetas “malditos” como Panero, Haro Ibars, entre otros. Un conjunto de obras donde la poesía se hace imagen y la escultura palabra poética. Las obras serán realizadas por el grupo artístico “Latidos del olvido”

 

 

*Miguel Labordeta por Cano.

LIZZIE SIDDAL: LA MUSA ETÉREA

A PLENO SOL. Se llamó Elizabeth Eleanor Siddall (1829-1962) de nacimiento, fue modista de sombrerería y se convirtió en la modelo ideal de los artistas Prerrafaelitas. Fue la amante y la esposa de Dante Gabriel Rossetti y murió a los 33 años, de una dosis excesiva de laúdano.

 

 Lizzie Sidal fue la ‘Ofelia’ de Millais en 1852. Durante el posado contrajo una neumonía.

 

Tras su muerte en 1862, su marido Rossetti le rindió su mejor homenaje con ‘Beatrix Beata’

 

 LIZZIE SIDDAL: LA MUSA ETÉREA

 

Antón CASTRO

La historia del arte está llena de locura, muerte y episodios de amor. El relato de la vida y la creación de Dante Gabriel Rossetti (1828-1882) y Elizabeth Eleanor Siddal (1829-1962) tiene de todo; constituye uno de esos admirables capítulos donde la realidad y la imaginación se vuelven imprecisos, donde la enfermedad y la muerte conviven con la obstinación y el delirio hasta hundirse en la sinrazón y la tiniebla. Procedían de familias muy distintas: de origen italiano, aunque londinense, Dante Gabriel era hijo de un emigrado rico e ilustrado que le pudo dar una buena educación. Pronto se apasionó por la pintura y la poesía, y en 1848, con los pintores William Holman Hunt y John Everett Millais fundó la Hermandad Prerrafaelita, que se oponían al nuevo academicismo y reivindicaba un regreso al detallismo, la luz y el color de los pintores italianos y flamencos anteriores a Rafael; en el fondo, era un regreso a una nueva forma de romanticismo vinculado a la época medieval y al renacimiento.

Elizabeth Eleanor Siddall, que pasaría a la historia como Elizabeth o Lizzie Siddal (con una sola ele), había nacido en 1829 en el seno de una familia humilde que tenía seis hijos. No está claro que fuese a la escuela, pero sí que era una criatura sensible que descubrió el embrujo de la poesía al leer, en un viejo diario, un fragmento de un poema de Alfred Tennyson. También debía ser una joven resuelta: trabajaba de modista en una sombrerería y de modelo de artistas, merced a que un día el pintor William Deverell la vio y se quedó fascinado: era alta, de cartílagos airosos, tenía un rostro ideal, los labios carnosos y un pelo rojo, muy rojo, aunque otros utilizan el epíteto cobrizo. Además del porte, poseía un aire más bien lánguido y romántico.

Probablemente fuese Deverell quien la descubrió, pero quien se enamoró de ella fue Dante Gabriel Rossetti. Era la modelo que andaba buscando: la musa etérea, la mujer soñadora y sensual. Sus relaciones fueron más allá de la pintura: ella posó para él y además se convirtió en objeto de veneración. Durante algún tiempo, el pintor y poeta permitió que posase para otros. Lo haría, por ejemplo, para John Everett Millais en 1852 y para Clerk Saunders en 1857. Su colaboración con Millais respira enigma y belleza. Fue su ‘Ofelia’, inspirada en el personaje de ‘Hamlet’ de Shakespeare; la situó en una bañera que el pintor calentaba con velas y en varias ocasiones, de tan obcecado o concentrado que estaba Millais, no se percató de que el agua se había enfriado. A consecuencia de estas sesiones, Lizzie Siddal cogió una neumonía de la que dicen que jamás se recuperó del todo; siempre fue una joven pálida y enfermiza. Algunas fuentes aseguran que su padre denunció al pintor y le pidió una compensación para curar a la joven. Esa ‘Ofelia’ es uno de los cuadros más famosos con el rostro de Lizzie.

A la vez, seguía manteniendo su historia de amor con Dante Gabriel Rossetti. Este no accedía a casarse porque su familia no la aceptaba. Poco a poco, la joven, enferma y desanimada, se fue haciendo adicta al láudano. Por fin, en 1860 se casaron en Hastings, en una ceremonia en la que no hubo invitados. Para entonces, Lizzie Siddal ya conocía bien el carácter de su marido, dado a la bebida y un gran seductor de otras mujeres, que a veces eran sus modelos. Ahí están nombres como Jane Burden (esposa de William Morris), Ruth Herbert, Annie Miller, Alexa Wilding y Fanny Cornforth. A todas las pintaba y concertaba citas con ella. Y a la vez, celoso y agrio, ya no soportaba que su esposa posase para otros. En sigilo, a veces con su colaboración, a veces más o menos en secreto, Lizzie, dotada de una intensa sensibilidad, escribía poemas, sobre todo de amor, dibujaba y pintaba. Pintó algunos autorretratos. Pero esa actividad estaba eclipsada por la fama de su marido y también por su visión pesimista de la vida y quizá de sí misma: solía retratarse triste, espectral, casi tenebrosa.

El 11 de febrero de 1862, al parecer Dante Gabriel Rossetti salió de casa para impartir algunas lecciones a gente humilde, como solía hacer. En realidad, le confesó a un amigo que iba a encontrarse con Fanny Cornford, a la que llamaba “mi querido elefante”: era opulenta, fuerte, alta, pero carecía de la belleza de Lizzie. Cuando regresó casi al alba, se encontró con su esposa yerta. Quizá se había excedido con el láudano y se había muerto. Esos dos años de convivencia habían sido infernales: por las infidelidades del pintor y poeta, por dos embarazos que no llegaron a buen puerto, por la doliente fragilidad de la joven. Apenas tenía 33 años. Los historiadores hablan de suicidio. Dante Gabriel Rossetti se sintió culpable: logró deslizar en su ataúd uno de sus cuadernos manuscritos con sus poemas y no tardaría en rendirle uno de sus mejores homenajes al pintarla en ‘Beata Beatriz’.

Casi siete años después, instigado por su marchante artístico, Charles Augustus Howell, se exhumó el cadáver y se recuperaron los poemas. Rossetti no se atrevió a estar presente, aunque había intentado comunicarse con ella a través del espiritismo. Aceptó cuánto lo contó Howell: le dijo que Lizzie estaba impecable, incorrupta, que el pelo le seguía creciendo, y le devolvió los poemas, que publicarían sus amigos en 1870 con el título de ‘La casa de la vida’ (hay edición en castellano del aragonés Francisco M. López Serrano en Pre-Textos, 1998). Los expertos se escandalizaron: eran poemas de amor y erotismo de alguien que había sufrido mucho.

Rossetti murió en 1882, veinte años después de la muerte de su mujer. En los últimos tiempos, se convirtió en un auténtico anacoreta, víctima de la culpa, de la locura y quizá del olvido. Se hizo acompañar por un marsupial, el wombat, al que le cuesta catorce días hacer la digestión. Fue, con el fantasma de Lizzie, su última compañía. 

 

EL ANECDOTARIO

Amor de película. Esta historia le ha interesado mucho al cine y a la televisión. Al menos se han rodado tres películas: ‘El infierno de Dante’ (1967) de Ken Russell, ‘La Escuela de Amor’ (1975), una serie de televisión, donde Patricia Austin encarnaba a Lizzie, y ‘Románticos desesperados’ (2009), interpretada por Aidan Turner (Rossetti) y Amy Manson (Lizzie), que es una serie de la BBC en seis capítulos de Paul Gay. Puede verse aquí con subtítulos en portugués: http://www.dailymotion.com/video/x1zp50q_romanticos-desesperados-ep-1-6-leg-pt_shortfilms. Lizzie Siddal y Rosseti tienen muchos seguidores en la red. Aquí puede conocerse mejor el mundo de ambos: www.lizziesiddal.com.

 

Retrato. Dante tenía varios hermanos, entre ellos Christina, poeta, y William Richard, crítico y escritor, que ha dejado este retrato de Lizzie Siddal: “Una de las criaturas más bellas, con un aire entre dignidad y dulzura con algo que excedía la modestia y la autoestima y poseía una desdeñosa reserva; alta, finamente formada con un cuello suave y regular, con algunas características poco comunes, ojos verde-azulados y poco brillantes, grandes y perfectos párpados, una tez brillante y un espléndido, grueso y abundante cabello oro-cobrizo”.

 

 

INOLVIDABLE FRANÇOISE DORLÉAC

INOLVIDABLE FRANÇOISE DORLÉAC

[A PLENO SOL. La historia de una gran intérprete francesa que había seducido a François Truffaut, Jacques Demy o Roman Polanski. Tenía 25 años cuando se estrelló en un coche en dirección a Niza. Era bella, fascinante, de una contagiosa alegría de vivir. Deslumbró en ‘La piel suave’ y coincidió con su hermana en ‘Las señoritas Rochefort’.]

 

Françoise Dorleác: la inolvidable

hermana de Catherine Deneuve

 

Hay vidas que son como un centelleo y dejan un fulgor inextinguible. Una memoria poblada de imágenes, sensaciones y personajes: un sueño de cine. Una de esas vidas, una de esas criaturas fue la actriz Françoise Dorléac (París, 1942- Villeneuve-Loubet, 1967), hermana de Catherine Deneuve, dieciocho meses mayor que ella. Al principio, Catherine acompañaba a su hermana a los rodajes y le contagió la ilusión de interpretarse a sí misma y de ser otra.

Quizá por ello, a Catherine le costó casi treinta años hablar de aquella joven rebelde que encarnaba la alegría de vivir y la libertad. Françoise desapareció de un modo horrible un 26 de junio de 1967: había alquilado un coche en Niza y, cuando se dirigía con prisa al aeropuerto a tomar un avión hacia París, sufrió un accidente y salió de la calzada; con el impacto, el vehículo se incendió, se bloquearon las puertas y quedó allí prisionera entre las llamas. Tenía 25 años y era una de las musas del cine francés: había trabajado con René Clair, Jacques Demy, François Truffaut y Roman Polanski, entre otros. La esperaba en Londres Ken Russell para continuar el rodaje de su última película: ‘Un cerebro de un billón de dólares’, en la que participaba Michael Caine.

Catherine Deneuve firmó con el joven novelista Patrick Modiano (1945), que también había perdido a su hermano Rudy en 1957, un volumen de recuerdos: ‘Elle s’apellait Françoise’ (1996), donde decía, entre otras cosas: «Teníamos una intimidad muy grande pero, al mismo tiempo, no nos gustaba la misma gente. No teníamos los mismos amigos ni nos gustaban los mismos hombres. Esto era perfecto ya que evitamos la rivalidad amorosa que habría podido existir entre nosotras, que éramos casi de la misma edad. La verdad es que parecíamos el día y la noche. Parece una locura pero, en el fondo, el hecho de ser muy diferentes nos acercó en lugar de separarnos. La pérdida de Françoise es el drama más importante de mi vida».

Françoise siempre fue especial en una familia muy particular. Sus padres, Maurice Dorléac y Renée Deneuve, eran actores. Y ella hizo su primera aparición en escena con diez años. Muy pronto dejó el liceo, de ahí que casi desde entonces haya tenido fama de díscola, indisciplinada y con arrebatos de genio. Se apuntó a un curso de teatro con Raymond Girard para verificar si aquella era su auténtica vocación y al año siguiente, en 1957, se matriculó en el Conservatorio de Arte Dramático, donde tuvo como profesor a Manuel Rochel. A este le gustó tanto aquella joven decidida, con energía y belleza, dispuesta a comerse el mundo, que le dio el papel de ‘Gigi’, la pieza que había escrito Colette, para un montaje escénico de 1960 en el Teatro Antoine. Apenas tenía 18 años y ahí empezaba su carrera. Casi a la vez dio el salto al cine, en concreto a través de ‘Les loups dans la bergerie’ de Hervé Bromberger (1959). En los años siguientes actuaría en ‘Todo el oro del mundo’ (1960) de René Clair y en ‘Les portes claquent’ (‘El golpe de las puertas’) de Michel Fermaud. Dicen sus biógrafos y amigos que cuando hizo esta película animó a su hermana Catherine para que trabajase en el cine. También actuó en ‘Arsenio Lupin contra Arsenio Lupin’ (1962) de Eduard Molinaro y a la vez se convirtió en modelo de Christian Dior.

Estaba naciendo una estrella. En los 60 Francia daría una generación magnífica de actrices como Bernadette Laffont, Anna Karina y Anne Wiazemsky (ambas serían musas de Godard), la propia Jane Birkin, Marie Laforet y por supuesto las hermanas Dorléac-Deneuve. El año 1964 sería capital para Françoise: hizo dos películas muy conocidas, ‘El hombre de Río’ de Philippe de Broca, donde compartió protagonismo con el galán Jean-Paul Belmondo, y ‘La piel suave’, su colaboración con François Truffaut, donde encarnaba a la azafata Nicole que vivía una historia de amor con un casado hombre de negocios. Para muchos es su mejor trabajo. Truffaut, el realizador que siempre amaba a sus actrices, sacó el mejor partido de ella: era hermosa, soñadora, inquietante, vivaz, dulce y arisca a la vez, de una intensa sensualidad. Vivieron un romance durante una filmación tensa, en la que ni ella ni el cineasta se entendieron con el actor Jean Desailly. Les quedó una gran amistad, se cartearon a menudo y Truffaut le dijo que contaría con ella cada seis años. La retrató así: «Para todos los que la conocimos, Françoise Dorléac era una persona como se encuentran pocas: una joven mujer incomparable a la que su encanto, su feminidad, su inteligencia, su gracia y su increíble fuerza moral le hacían inolvidable para quien hubiera hablado una hora con ella».

Al año siguiente hizo ‘Callejón sin salida’ (1965) de Roman Polanski y dos años después cumplió un sueño: protagonizó con su hermana Catherine (con la que la habían querido enfrentar) una deliciosa película: ‘Las señoritas Rochefort’ (1967), un musical de Jacques Demy, donde ambas estaban inspiradísimas. La pieza, de una puesta en escena un tanto relamida, de tonos pastel, era un homenaje y a la vez una parodia de los musicales norteamericanos, de hecho intervino Gene Kelly. Las dos estaban muy bien: quizá Catherine fuese algo más sofisticada, distante y fría. Hicieron una película sugerente, elegante, llena de complicidad y de ternura sobre la búsqueda del verdadero amor. Parecían gemelas, casi como Pili y Mili. Demy había dirigido a Catherine en ‘Los paraguas de Cherburgo’.

Françoise siguió actuando hasta que produjo el fatal accidente. Realizó veinte películas en apenas siete años. Catherine, célebre y famosa, pareja durante un tiempo de François Truffaut, confiesa en el libro: «No lograba decir adiós a una hermana que era lo que más quería en el mundo». Quizá tampoco lo haya logrado todavía.

el anecdotario

 

Retrato íntimo. Catherine Deneuve, con Patrick Modiano, la definió así: «No verla nunca más, no poder tocarla, era lo único que me preocupaba. Para mí, Françoise es su cara, su pequeña nariz, sus pecas, su risa, su voz. Sobre todo su voz. Cuando oigo su voz, aparece ante mí inmediatamente. Escuchar la voz de Françoise es como un bálsamo pero, al mismo tiempo, es algo realmente de muy duro, ya que supone la apertura de una herida de nuevo que no se volverá a cerrar nunca completamente».

La joven moralista. Truffaut escribió sobre ella en 1968 en ‘Cahiers du cinéma’, texto que integraría su libro ‘El placer de la mirada’: «Françoise es inflexible, a veces hasta el límite de la tolerancia: una moralista cuyas conversaciones son ricas en aforismos sobre la vida y el amor. Y posee un bello e inteligente rostro y un cuerpo como recién desarrollado, como para durar eternamente».



 

VIDA Y PINTURA DE PABLO GONZALVO

VIDA Y PINTURA DE PABLO GONZALVO

 

A PLENO SOL. La historia de un artista aragonés del siglo XIX, que se especializó en la pintura de perspectivas y paisaje urbano. Se formó en Zaragoza y se instaló en Madrid. Pintó Toledo, la Alhambra o, entre nosotros, El Pilar, la Torre Nueva y La Seo. Su gran amigo fue el cubano José Martí.

 

 

Vida y pintura de Pablo Gonzalvo

 

 

El siglo XIX cuenta con dos de los más grandes pintores aragoneses de la historia: Francisco de Goya, que moriría en Burdeos y revolucionó el arte en sus últimos años, especialmente con las ‘pinturas negras’, sus cuadros de guerra y sus grabados, y Francisco Pradilla, a quien llamaron alguna vez «el segundo Goya de Aragón», por su paleta variada y plena de color que le permitía realizar retratos, pintura de historia, cuadros simbolistas, alegóricos y costumbristas. Pero en ese período hubo otras figuras importantes, elogiadas por doquier: un buen ejemplo sería Pablo Gonzalvo Pérez (Zaragoza, 1829-Madrid, 1896), el gran amigo aragonés de José Martí y un artista finísimo, perfeccionista, especializado en lo que se denomina pintura de perspectivas, paisajes arquitectónicos y urbanos, y vistas interiores de catedrales y edificios nobles.

No se saben demasiadas cosas de su vida: nació en Zaragoza en 1828 (a veces se dice que en 1827 o incluso en 1830) y era hijo de hijo de Pedro Gonzalvo y Engracia Pérez. A orillas del Ebro realizó sus primeros estudios; pronto descubrió la pasión por el arte y no tardaría en trasladarse a Madrid. Ingresó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, al menos durante el curso 1845-1846, y fue alumno y discípulo de Federico de Madrazo (1815-1894), del que se escribió «que era el más sólido retratista del momento», autor de alrededor de 600 obras del género. Gonzalvo asistió a su taller, se especializó en paisaje y parece evidente que el maestro le realizó un cuidadoso retrato ovalado; a veces se dice que no es Gonzalvo, sino otro alumno pintor: José Gonzálvez Martínez.

No es fácil saber cómo evolucionó la carrera del pintor aragonés. Sí se sabe, por ejemplo, que debía ser amigo de Martín Rico, artista que reivindicó hace muy poco el Museo del Prado y del que podemos ver algunos cuadros en el Palacio de Sástago, porque en el verano de 1856 ambos visitaron el santuario de Covadonga y tomaron numerosos apuntes del natural al dibujo y a la acuarela. ¿En qué momento decide Pablo Gonzalvo especializarse en pintura de perspectiva arquitectónica o paisaje urbano? No se sabe con exactitud, pero se convertirá en el gran maestro de un género al que algunos consideraban menor. Era muy exigente, exigía precisión y paciencia, sentido de la composición y dominio del contraluz. Esa disciplina tenía a la arquitectura como protagonista. Gonzalvo alterna el trabajo de creación, las horas en su obrador (lo tuvo en la cuesta de Santo Domingo, 3, muy cerca del Palacio Real, al menos durante años) con la enseñanza. Primero fue profesor de Perspectiva en las Escuelas de Bellas Artes de Cádiz y de Valencia, tal como cuenta Manuel García Guatas en su libro ‘La España de José Martí’ (PUZ, 2014); a partir de 1868 obtuvo un puesto en la de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid, donde se jubilará.

Como era frecuente en la época concurrió a las exposiciones nacionales y logró tres primeras medallas en las de 1860, 1862 y 1864, pero también fue galardonado en Bayona, París y Viena. Fue un pintor viajero y al parecer estuvo en ciudades como Roma, Venecia (hace algunos años Cajalón exhibió una vista veneciana suya), Viena y Constantinopla (no parece probable que estuviera en Filadelfia, donde también concursó), experiencia que le permitió ampliar su perspectiva artística. También remitió piezas a certámenes en Londres  y Múnich.

Además de estos lugares, quizá por su residencia temporal en Cádiz y su interés por el rico patrimonio andaluz, Pablo Gonzalvo pintó espacios como la Alhambra o la Mezquita de Córdoba, aunque su debilidad siempre se ha dicho que ha sido Toledo, donde solía veranear. Pintó la catedral de Toledo, pero también las catedrales de Burgos y de Ávila, la Lonja de Valencia o la Universidad de Salamanca, entre otros lugares. Por sus numerosos premios fue nombrado comendador de la Orden de Carlos III y de Isabel la Católica y era protegido del Duque de Fernán Núñez y la infanta Isabel de Borbón.

¿Y Zaragoza? A veces no es fácil saber cuándo retorna a la ciudad, pero mantiene el vínculo y se siente atraído por su arquitectura. Especialmente por la Torre Nueva, que sería derribada tres años antes de su muerte, por la Basílica del Pilar y por la catedral de La Seo y, en particular, por la capilla sombría e inquietante del inquisidor Pedro Arbués, que fue asesinado en su interior.

Al parecer, Pablo Gonzalvo era un enamorado de la Torre Nueva y la pintó en varias ocasiones. Le apasionaban, como a su amigo José Martí, los días de bullicio y de feria. De hecho, intentó trasladar a sus lienzos esa actividad. A Pablo Gonzalvo lo han estudiado diversos historiadores del arte: Ana García Loranca y Jesús Ramón García-Rama, Manuel Ossorio, María Luisa García Moreno, Yanelis Abreu, etc. Y entre ellos, el citado García Guatas, que recuerda que «debía ser persona de carácter afable, comunicativo y de convicciones progresistas», que pertenecía a la Sociedad Progreso Espiritista de Zaragoza, cuya lista de socios publicó en dos volúmenes Calixto Ariño, el director del ‘Diario de Avisos de Zaragoza’. Sin embargo, el auténtico divulgador y defensor de la obra de Pablo Gonzalvo Pérez fue José Martí, que lo visitó en Madrid, que lo vio pintar en Zaragoza (en concreto el ‘Interior de la Seo de Zaragoza’, de 1876, que El Prado tiene en depósito en el Museo de Zaragoza) y que le dedicó bellas y cariñosas páginas a ese «buen amigo», el «laborioso, modesto y laureado Gonzalvo: que más que por lo laureado, vale por lo modesto». Y, sobre todo, por su talento plástico indiscutible.

 

el anecdotario

 

Belleza y distancia. Tras su estancia en Madrid -donde debió de conocerlo, según Guatas- y sus casi veinte meses en Zaragoza, donde coincidieron de nuevo, José Martí le dedicó páginas muy cariñosas y entusiastas a Pablo Gonzalvo, igual que a Goya, Fortuny o Madrazo. Dijo: «Nadie como Gonzalvo puede medir las distancias con tanta exactitud, ni sabe reproducir la severidad y dureza de una línea recta, o recrear, casi viva, la antigua belleza ornamental. El Museo del Prado tiene un exquisito cuadro de Gonzalvo, ‘El patio de las infantas’». En realidad, la obra se titula: Celebrada casa de la Infanta en Zaragoza, la salida del combate’, y está fechada en 1868. 

 

*Este retrato es de Federico de Madrazo.

HEDY LAMARR, ACTRIZ Y CIENTÍFICA

HEDY LAMARR, ACTRIZ Y CIENTÍFICA

Hoy, en la sección ’A pleno sol’, publico un texto sobre la actriz y mujer de ciencia Hedy Lamarr (1914-2000]

http://www.heraldo.es/noticias/ocio_cultura/2014/08/02/
hedy_lamarr_actriz_mas_bella_ciencia_302894_1361024.html]

 

[A PLENO SOL. La intérprete vienesa, que alcanzó la fama con ‘Éxtasis’, donde realizó el primer desnudo integral de la historia del cine, y con ‘Sansón y Dalila’, fue una una gran científica e ingeniera militar. Con el músico George Antheil descubrió un sistema de comunicación que anticipó el GPS, la telefonía móvil o el wi.fi.]

 

Hedy Lamarr, la actriz

más bella de la ciencia

 

Si Ava Gardner fue “el animal más bello del mundo”, Hedwig Eva Marie Kessel, que se haría célebre como Hedy Lamarr (Viena, 1914- Orlando, EE. UU., 2000) sería “la mujer más hermosa de la historia del cine”. Y a la vez fue mucho más: uno de esos casos increíbles, extraños y fascinantes, que daría para una asombrosa película. Fue actriz, ingeniera, científica y una precursora de invenciones que nos han cambiado la vida. Su padre, Emil, era un banquero fascinado por el progreso y los avances tecnológicos y su madre era pianista. Los dos eran judíos. Ella estudiaría danza, música e idiomas, y no solo eso: en el colegio pronto demostraría que era muy brillante, superdotada, y que todos la perseguían y la pretendían. En sus memorias denunciaba varias tentativas de violación.

Se matriculó en Ingeniería a los 16 años y antes de que nadie se diese cuenta lo dejó y decidió apostar por el teatro. Fue así como empezó a estudiar con Max Reinhardt; poco después, antes de llegar a la mayoría de edad, fue contratada para una película checa, ‘Éxtasis’ de 1932, de Gustav Machatý, que le exigió un hermoso sacrificio: se desnudaba durante diez minutos, a lo largo de un bosque que desembocaba en un lago, y fingía un orgasmo. La película fue un auténtico escándalo: dicen que es el primer desnudo integral en una película comercial. La obra la vio el empresario Friz Mandl, que se quedó embrujado y espantado a la vez. Aquella mujer, jovencísima y radiante, lo perturbó de tal suerte que pidió su mano y arregló con sus padres, en agosto de 1937, un matrimonio de conveniencia.

Mandl, que se dedicaba a la industria de armas y pertenecía al partido nazi, hizo todo lo posible para conseguir las copias de la película. No lo logró. Fritz obligó a su mujer a dejar el cine y la mantuvo en un régimen de cautividad durante dos años. Heddy aprovechó esa reclusión infame –solo podía desnudarse o ducharse si él estaba delante- para volver a la ingeniería. Siguió estudiando e investigando. Mujer de recursos, al cabo de un tiempo estableció una relación sentimental con su asistenta, y ella le ayudaría a escapar a París. De ahí partió a Londres, a pesar de que los guardaespaldas de su marido le pisaban los talones. En la capital inglesa embarcó en el trasatlántico Normandie para Estados Unidos, con tal fortuna de que en él viajaba Louis B. Mayer. Lo sedujo, y él le sugerirá que se cambie de nombre: pasará a ser Hedy Lamarr, en honor a una ex amante yonqui del productor y director, Barbara La Marr (1896-1926).

Aquella mujer morena, de una belleza inefable, había hecho cinco películas. Hasta su retiro en 1958, participará en alrededor de una treintena, la más famosa será ‘Sanson y Dalila’ (1949), dirigida por Cecil B. DeMille, pero para entonces ya habría dado mucho que decir. En el cine, salvo ese filme, no tuvo suerte: eligió mal los papeles y rechazó películas que fueron un gran éxito como ‘Casablanca’ o ‘Luz de gas’, que haría Ingrid Bergman, con quien tiene otro rasgo en común: las dos enamoraron y amaron al fotoperiodista Robert Capa. También estuvo a punto de ser elegida para ‘Lo que el viento se llevó’.

Hedy Lamarr odiaba al nazismo y a Hitler (que le había besado los dedos de las manos de niña), odiaba al fascismo y a Mussolini, con quien comió alguna en la casa familiar, pero mientras estuvo encerrada –ella habló en sus memorias eróticas ‘Éxtasis y yo’ de “secuestro” y “esclavitud”- intentó aprender todo lo que se podía aprender de los amigos, empresarios y contactos políticos de su marido. Libre ya y lejos de Mandl, tendría una obsesión: combatir a esos dos movimientos que venían a aniquilar el mundo. Por ello, no resulta raro que además de hacer su carrera en la pantalla y en la moda trabajase en sus inventos.

El más importante lo desarrolló con George Antheil (1900-1959), un músico bohemio que componía bandas sonoras para películas y escribía en ‘Esquire’. Juntos concibieron la técnica del salto de frecuencia, “el espectro expandido”, que consistía “en un sistema secreto de comunicaciones entre barcos y aviones que servía para dirigir un torpedo con señales de radio que cambiaban de frecuencia arbitrariamente para evitar ser interceptadas”. Este sistema, ampliado y perfeccionado, dará lugar a inventos modernos como el GPS, el Bluetooh, la telefonía móvil o el wi-fi. Lo patentaron el agosto de 1941, pero no les hicieron mucho caso al principio, a pesar de que estaba pensado para la II Guerra Mundial. Su invento empezaría a usarse en la guerra de Vietnam y en Cuba a partir de 1957.

Heddy Lamarr fue una mujer excepcional. Algunos reclamarían para ella el Premio Nobel de Física cuando se supo su importancia científica. Era de una hermosura impresionante, tenía carisma, personalidad y un gran ‘sex appeal’. Aunque no hizo una carretera deslumbrante en el séptimo arte, trabajó con grandes realizadores como King Vidor o Jacques Tourner. No bebía, no le gustaban las fiestas y amó a hombres y mujeres. Se casó seis veces y siempre se declaró partidaria del placer. Se confesó hipersexual. Tuvo al menos tres hijos. No concedía entrevistas. Eso sí, tenía un vicio no demasiado secreto: se volvió cleptómana y se arriesgaba incluso por un cepillo de dientes.

 

EL ANECDOTARIO 

El arte y el glamur. Quizá no le habría gustado mucho a Hedy Lamarr una consideración de Terenci Moix sobre ella en sus libros de ‘Mis inmortales de cine’. Dice: “Aunque había estudiado arte dramático en la Escuela de Max Reinhard, y aseguran que en Austria pasó por el teatro, esto no se notaba ni llegó a notarse nunca. La máscara de ‘Lamarvelous’ fue la perfección de la inexpresividad”. La frase, cruel, encontró en ella casi una respuesta: “Cualquier chica puede ser glamurosa. Lo único que tienes que hacer es quedarte quieta y parecer estúpida”.

 

Besos de guerra. Este mismo año, con motivo del centenario de su nacimiento, que se cumple el 9 de noviembre, Telefónica le dedicó una gran exposición a su condición de mujer de ciencia: ‘Hedy Lamarr y el Sistema Secreto de Comunicaciones”. Como Marilyn Monroe o Marlene Dietrich, también se implicó en el apoyo a los soldados de la Segunda Guerra Mundial. Quien comprase boletos por el valor de 25.000 dólares, recibiría un beso de la actriz. Hedy Lamarr vendió siete millones en una sola noche. Es decir, dio 280 besos, lo que no está nada mal.

 

*La foto, de 1940, es de Goerge Hurrell.

*En el original en Heraldo hay un error: la película 'Sanson y Dalila' es de Cecil B. DeMille, no de Louis B. Mayer. Mil disculpas. Nunca se corrige lo suficiente...

 

 


CARMEN ALIAGA: ALGUNOS POEMAS

 

[Una selección de poemas, sin título, de Carmen Aliaga, poeta y rapsoda, que me ha enviado con generosidad. Las tres fotos son de Esther Bubley.]
Como halcón anillado
que consigue el escape
he llegado a la almena.

Delante de la sombra
de una guerra continua,
detrás del porvenir
y su ropaje en llamas.

La nuca despejada de los niños,
la falda de los pétalos abiertos,
el frío que retira
sus labios de mi puerta,
el dibujo rosado de los pómulos firmes.

El cielo como sábana
ya tibia de algún cuerpo,
los soles replegados
en el hombro más joven,
la sandalia trenzando
empeines y vitrinas,
el mundo a mis espaldas
vencedor y soberbio.

Todo,
todo lo he ido guardando
en la cesta del ojo,
el amirez antiguo,
la mezcla que rebosa,
el carbón y la nieve
de los sucesos.

La antorcha de la voz
que recuerda los golpes,
el hombre que camina
tras enterrar al hombre,
las cenizas abajo
mientras emprendo el vuelo.

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Transitar
el más ingrato túnel
con la venda en los ojos
igual que si jugases
a la gallina ciega.

Arrancar
de la propia baldosa
la sílaba oportuna
soltando de paredes
palabras que se agarran como lapas.

Hacer y deshacer
este puzzle complejo
y una vez acabado
anotar sus medidas,
la altura exacta, el peso,
como a un recién nacido
aún amoratado.

Arriesgarse a mostrarlo
mientras ves como empieza
a cobrar movimiento
y se dirige a ellos.

Hacia el primero,
el que lo arrojará a su vertedero
como un simple desecho,
hacia el segundo,
que pasará junto a él
con la más absoluta indeferencia
y hacia el tercero
que quizá lo amará
hasta darle su nombre.

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O let me be awake, my God!
Or let me sleep alway.
(S.T.Coleridge)

A menudo despierto al borde del espanto.
Tú duermes a mi lado
y sueñas con los peces que se escapan de mí.

Abro la boca como el lobo y el hambre
pero sólo me trago mi propio grito,
tu ropa en la caboa,
mi piel en el perchero,
este dolor que llevo de pijama.

El sueño y sus verdugos me taparán los ojos
mientras el mar se pudra debajo de mi lengua.

Agua.
Agua para el ahogado.

Las olas, al final, me romperán el cuello.
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                                                         Todos vosotros conocéis
                                                          la profunda melancolía que nos sobrecoge
                                                          al recordar los tiempos felices.
                                                                    (Erns Jünger)

En aquel largo tiempo
de promesas y dudas
aprendí a recostar mi cabeza
sobre los acantilados de mármol.

El libro fue la almohada,
lamparilla encendida,
la extensa prolongación
de mi mejilla.

La obra, como un pájaro,
desplegaba sus alas
y anidaba en mi frente,
antesala del sueño.

El reflejo del sol
sobre la flor de fuego,
el silencio en la ermita y el herbario,
el bárbaro menguando
ante el niño creciente.
La gran sabiduría
dominando el veneno.

Y el mármol recubría mis manos extranjeras,
acantilados que se alzaban
ante los pies descalzos de la palabra.

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En las horas más negras
voy pariendo las letras de mis hijos,
los hijos de mis letras.

Es mi voz ese llanto de madre abandonada,
ese grito primero que asoma la cabeza.
La miseria de fuera
tirará de los hombros
para sacar el resto.

Pero decidme ahora,
mientras que me desangro,
quién coserá mi herida,
quién cerrará mi ombligo,
quién dará la palmada
para que el niño llore,
ya huérfano de mí.
*
¿En qué momento fui
expulsado del árbol de la mirra?
¿Por qué no me deshice
bajo el espeso limo del diluvio?

El desierto ha abrasado
mi argolla y sus tobillos.
¿En qué momento el éxodo?
Los cien ojos de Argos
me vigilan de cerca.

¿Por qué no veo el mar
si está llena mi boca
de sal y de cristales
de botella?

No ha de llegar a oído de los dioses
ni el clamor ni la súplica.
La cruel metamorfosis
no admite retroceso.

Me alejaré del templo sin voces y sin flautas
repitiendo, cual Eco,el último sonido.
Cúmplase la palabra de la pitia.
No volveré a mi forma primitiva.

*

La bestia ha regresado
con su carcaj abierto.

Mi pequeño animal anunció su llegada
y el día fue un aullido
de perros en la muerte.

La bestia ha regresado.

El testamento cuelga
de su hocico imponente.
Los pájaros de Ares
excavan persistentes
la mina descubierta.

La bestia ha regresado.

Mi casa arrastra un río
de frutas que se pudren
mientras se quema
la tierra de mi padre.

La bestia ha regresado.

Sobre mi vientre yace
un niño de ceniza,
los huesos de manzana
que lo atragantan.

*


Hoy amanece lento
sobre el tejido limpio
y los astros confunden
las aguas con la tela.
Mar del este,
mar sujeto a una barra de hierro,
estandarte de estrellas de diez puntas.
Mar del este y del norte
sobre flores de hilo,
donde el destello muestra
el esmerado paso de la aguja.

Hoy amanece lento
y el hermoso animal de la luz
se abalanza
sobre la cara y cruz de aquello cuanto nombra,
sobre el faldón del niño que bautiza.
Nada escapa a sus ojos enormes
a su larga pupila hambrienta de matices,
el acero, el cristal,
la madera,
la nívea porcelana
de la pequeña marioneta durmiente.

Hijo de Adán
despierta de tu noche,
de esa mano engañosa que bate palmas
y oculta la canción de la muerta primavera.
Hijo de Adán,
anciano de los días,
afila la tijera de tus dedos pintados
y rasga tu atavío,
ese paño de sombras,
la tela de fantasma
que te recubre.


*

... y todo en movimiento

las aspas del molino,
la cinta del tocado,
la cámara de aire
sobre la extensa
báscula de pesaje,

la luz parpadeante
del viejo fluorescente,
el velo de la novia
como una catarata
de tiempo venidero

...y todo en movimiento

la flor sobre la urna,
la muerte repitiéndose,
los piececitos limpios
de aquel niño minúsculo
que volvía a la vida

la ceniza en la frente,
la tierra prometida,
la imagen de dos rostros
oscilando en el tiempo
como un único péndulo.
*
                                                                A mi padre, el mejor soldado

No hay mieles suficientes
para la boca amarga,
para la boca barco
y el mar como un zumbido
deshaciendo los cuerpos
de los ahogados,
para la boca hinchada
de peces y venenos,
el aguijón anclado de la reina.

No hay mieles suficientes
para la boca amarga,
para la boca tierra
indigesta de trenes,
de un sol que abre en canal
el vientre de los pájaros.

- Un hombre descarrila en medio de la noche-

y el fruto de la vida estalla en los manteles,
una granada roja
como una bomba.

La guerra ha terminado.

Retrocedan soldados a sus celdas
y arrojen de sus mesas
esa pila perfecta
de jugosas manzanas,

pues siempre hay un momento
en que se acaba el hambre.

*

LOS AMANTES DEL CÍRCULO POLAR

No podremos tocar
las cien manos del álamo
vertiendo lentamente
el oro de sus hojas,
esa joya que labran
para esculpir su nombre.

No podremos sentarnos
frente a la nueva pérgola
esa que reclamamos
y apuntó a nuestro rostro
con sus armas de fuego.

No podremos medir
la distancia en milímetros
entre los dos amantes
que hayemos suplantándonos,
ni la estatura nueva
del ciprés vigilante.

Pero te juro, amor,
que ellos podrán oír
nuestra voz al unísono,
el contrapunto
resonando sublime
sobre los setos recortados,
sobre la catarata helada
de diciembre,

sobre el grito estruendoso
de esas aves exóticas
aquéllas que exhibían
el multiforme,
el infinito
Cántico de la Vida.
Fotos:
-La 1. https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-bab3c8216b076d6ae6e2c507b7788cae.jpg
-2. https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-e7d9be489c880cc4c3db94d3366d32a0.jpg
-3.https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-3f3bd0325df878c03a33958699837aae.jpg

 

LA PASIÓN DE BIOY Y ELENA GARRO

LA PASIÓN DE BIOY Y ELENA GARRO

[Hoy en mi sección diaria 'A pleno sol', en Heraldo y heraldo.es me acerco a la historia de amor de Elena Garro y Adolfo Bioy Casares, que se prolongó desde 1949 hasta 1969. El enlace este este, aunque aquí falta la historia de amor de Alejandra Pizarnik y Silvina Ocampo.]

http://www.heraldo.es/noticias/ocio_cultura/cultura/2014/08/01/

la_pasion_elena_garro_adolfo_bioy_casares_302679_308.html

 

 

A PLENO SOL. El autor de ‘El sueño de los héroes’ o ‘La invención de Morel’ e íntimo amigo de Borges compartió su vida siempre con su esposa Silvina Ocampo. Pese a ello fue un gran mujeriego y vivió una gran historia de amor con la autora de ‘Recuerdos del porvenir’, cuando aún era esposa del Nobel mexicano Octavio Paz.

 

 

La pasión de Elena Garro y Adolfo Bioy Casares

 

 

La literatura, como la vida, está llena de amores imposibles. Algunos fueron la semilla, el núcleo, la espiral de origen de libros maravillosos, de poemas sentidos o incluso de suicidios más o menos grotescos. Adolfo Bioy Casares (1914-1999) fue un escritor personalísimo, inclasificable, solitario: durante años, algunos decían que no existía y que era una invención de Jorge Luis Borges, el amigo inseparable con quien escribió a cuatro manos en varias ocasiones; un diccionario famoso de literatura de Aguilar lo liquidaba en 1985, antes de que ganase el Premio Cervantes en 1990.

 

Bioy pertenecía a una familia acomodada, le apasionaban los deportes, sobre todo el tenis, los coches y era un mujeriego. O uno de esos hombres sensuales y con encanto a los que las mujeres buscan, anhelan, protegen y acaban convirtiendo en amante e hijo a la vez. No le gustaba la noche y era más bien noctámbulo, decían que era intrínsecamente fiel y amó a muchas señoras. La mujer de su vida no ha sido Silvina Ocampo (1903-1993), con quien estuvo casado hasta su muerte. Al parecer tenían una pareja abierta, aunque quien peor lo pasó fue la finísima escritora de cuentos que, según diversos testimonios, sufrió ataques de cólera y de celos. En una ocasión, Bioy Casares le declaró su amor y ella le respondió así: “Lo sé. Has tenido una infinidad de mujeres, pero has vuelto siempre a mí. Creo que eso es una prueba de amor”.

 

Entre esa infinidad de mujeres hay una que destaca por encima de las demás: la escritora y periodista Elena Garro (1916-1998), primera esposa del Premio Nobel Octavio Paz; en 1963 firmaría una espléndida novela, ‘Los recuerdos del porvenir’, de la que muchos dicen que es, con los libros de Juan Rulfo, el anticipo del realismo mágico. Paz y Garro estuvieron casados entre 1937 y 1959 y tuvieron una hija: Helena Paz Garro (1939-2014). La relación entre los dos se deterioraría gravemente y apareció el odio. Elena Poniatowska, Premio Cervantes de 2013, escribió en ‘La jornada laboral’, en 2006, sobre el desencuentro con Paz tras la separación: «A Gabriela Mora le dijo [Elena Garro]: “Yo vivo contra él, estudié contra él, hablé contra él, tuve amantes contra él, escribí contra él y defendí a los indios contra él. Escribí de política contra él, en fin, todo, todo, todo lo que soy es contra él.  (...) en la vida no tienes más que un enemigo y con eso basta. Y mi enemigo es Paz”».

¿Qué sucedió entre Adolfo Bioy Casares y Elena Garro? Se conocieron en París en 1949, en el hotel George V, durante una visita de la pareja argentina. En esa primera cita, pasó algo entre el seductor y la joven escritora. Hubo una atracción inmediata, una curiosidad recíproca. Bioy hizo lo posible para concertar un encuentro en un bosque de las afueras (Paz era diplomático y estaba ocupado) y se dice que caminaron, que hablaron, que se besaron y que alquilaron una pensión para pasar unas horas juntos. A partir de entonces, Bioy y Garro iniciaron una intensa correspondencia: la remitida por el autor de ‘El sueño de los héroes’, una novela que es casi un documento sobre su relación clandestina y apasionada, consta de 91 cartas, trece telegramas y tres tarjetas postales y se halla en Princeton. Y se prolongará durante veinte años, hasta 1969.

 

Elena Garro y Adolfo Bioy Casares solo se vieron dos veces más: en 1951 en París, de nuevo, y en 1956, en Nueva York. Helena Paz Garro supo por las palabras de su madre las claves de la historia de amor y en cierto modo también la vivió. En sus ‘Memorias’ (Océano, 2003) revela que su madre se quedó embarazada de Bioy y que la situación provocó el enojo de su padre, Octavio Paz, que habría obligado a abortar a su esposa. Según Helena, Paz le dijo a su madre: «Ese niño legalmente es mío. Cuando nazca se lo voy a mandar a mi madreY si tú te vas con Bioy, no vuelves a ver a Helena, pues el diplomático y el que tiene el poder soy yo. La embajada me apoyará, ¡pobre estúpida!». A pesar de este contratiempo, los amantes siguieron escribiéndose. Algunas de las cartas de Bioy son impresionantes. Esta se ha convertido en una de las más famosas: «Tú sabes que hay muchas cosas que no hicimos y que nos gustaría hacer juntos. Además, recuerda lo bien que nos entendemos cuando estamos juntos... recuerda cómo nos hemos divertido, cómo nos queremos. (...) Me gustaría ser más inteligente o más certero, escribirte cartas maravillosas. Debo resignarme a conjugar el verbo amar, a repetir por milésima vez que nunca quise a nadie como te quiero a ti, que te admiro, que te respeto, que me gustas, que me diviertes, que me emocionas, que te adoro. Que el mundo sin ti, que ahora me toca, me deprime y que sería muy desdichado de no encontrarnos en el futuro. Te beso, mi amor, te pido perdón por mis necedades». Bioy alternaba las cartas literarias con del amante angustiado y halagador; le dice: «tengo tanta necesidad de ti que si no toleras estos monólogos voy a morir de angustia». En 1952 le escribió a Japón en estos términos: «recaigo en la monotonía y en mi amor y te cuento que eres mágica, o que eres la única diosa que he conocido».

 

Dejaron de escribirse tras la matanza de Tlateloco de 1968 y por una cuestión de felinos. Durante un viaje, Garro le pidió a Bioy que le cuidase los gatos porque tenía que irse de México. Se los mandó por avión a Buenos Aires en una caja. Bioy los tuvo algunos días en su casa y luego los llevó a una quinta. Ella se lo reprochó y experimentó una reacción inesperada: «Se me secó el amor», confesaría. También diría: «Fue un gran amor y creo que fui el amor de su vida». Agregó: «Adolfo fue la más feliz aventura de la creación». ¿Por qué no se irían nunca a vivir juntos?

 

 

 

el anecdotario

 

 

Silvina y Alejandra. Adolfo Bioy Casares tuvo infinidad de amoríos y de uno de ellos nació su hijo Fabián, al que reconoció al final de su vida. Pero también su esposa Silvina Ocampo -hermana de Victoria, la directora de la revista ‘Sur’ (que enamoró a Ortega y Gasset y a Tagore)-, vivió alguna relación secreta. Por ejemplo con la poeta Alejandra Pizarnik. Esta le envió numerosas cartas; una de las más efusivas fue de 1972, poco antes de su suicidio: « Te dejo: me muero de fiebre y tengo frío. Quisiera que estuvieras desnuda, a mi lado, leyendo tus poemas en voz viva. Sylvette mon amour, pronto te escribiré.  (...) Además la muerte tan cercana a mí (tan lozana!) me oprime. (…) Sylvette, no es una calentura, es un re-conocimiento infinito de que sos maravillosa, genial y adorable. Haceme un lugarcito en vos, no te molestaré. Pero te quiero, oh no imaginás cómo me estremezco al recordar tus manos que jamás volveré a tocar si no te complace puesto que ya lo ves que lo sexual es un “tercero” por añadidura».

 

*La foto de Bioy Casares puede verse aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-a5fcef859f5b570bf77b2c45942e5509.jpg