Blogia

Antón Castro

ANTONIO SERRANO CUETO: MICROS

 

Antonio Serrano Cueto, gaditano y experto en lenguas clásicas, es poeta y narrador. Domina como pocos el microrrelato. Hoy tiene la cortesía de enviarme tres cuentos breves que tienen su sello, su sentido poético, su ironía, su energía expresiva y narrativa.

 


Textos: Antonio SERRANO CUETO  I

LA ESTACIÓN DE LAS NIDADAS

 

Mis amigos Sonia y Javier acordaron poner fin a una década de vida conyugal el día en que descubrieron excrementos de murciélago bajo la cama del dormitorio. Hasta entonces habían anidado en la habitación matrimonial numerosas parejas de aves de albo plumaje, que, según las estaciones del año, alternaban sus estancias o compartían el mismo hábitat en armoniosa y gárrula convivencia.

Las primeras en aparecer fueron las ocas canadienses, tras un vuelo transoceánico que las dejó exhaustas. Pese a que en la casa reinaba el clima mediterráneo, las ocas se adaptaron con admirable prontitud y el hogar no tardó en llenarse de graznidos sagrados. Antes de emigrar hacia otras latitudes con sus crías, aún coincidieron durante una corta etapa con un par de flamencos —garbosa estampa como ninguna— que se instalaron junto a la cómoda de caoba.

Después llegaron hermanados en el cielo los cisnes y las cigüeñas. Traían haces de ramas secas en los picos para la fábrica de los nidos. Los cisnes escogieron la mesilla de noche del lado de Sonia, mientras que las cigüeñas aplicaban barro y paja en los brazos de la lámpara del techo crotorando sin descanso.

La estancia más tumultuosa fue sin duda la de las palomas, de suyo tan inquietas y volubles. Se acomodaron en una estantería junto al armario y en pocas jornadas la hembra empollaba dos huevos. Apenas las crías empezaron a volar con autonomía, la familia levantó el vuelo en dirección a los aleros de la iglesia próxima, atalaya excelente para controlar la llegada a la plaza de los ancianos con bolsas de pan.

La última fase del matrimonio se caracterizó por la afluencia de las visitas internacionales, ya que estuvo presidida por una pareja de garzas reales procedentes de Venezuela, otra de cacatúas galeritas nativas de Oceanía y una tercera de pelícanos llegados desde la remota Mongolia.

Al marcharse todas las aves y quedar el dormitorio desierto, la armonía se quebró y Sonia y Javier aceptaron que su matrimonio había entrado en fase terminal. Porque en tanto había vida en los humedales y cantos en las ramas de la tupida arboleda, las desavenencias y el desapego crecientes reposaban sobre un lecho ilusorio, de albo y mullido plumaje.

’Zona de incertidumbre’

 

ENERGÚMENOS

En el alféizar de mi ventana duerme un energúmeno. Esta mañana me he levantado, he ido al baño, he vuelto a la habitación y, al asomarme por la ventana, zas, ahí estaba. Un energúmeno. Se preguntarán: ¿cómo sabe que es un energúmeno, si está dormido? Porque tienen dos rasgos que los definen y los delatan en la multitud: la cabeza pequeña y la boca enorme. Ya, ya sé que hay mucha gente así, pero al energúmeno lo ves venir. No hace falta más. Te dices: ése que viene por ahí es un energúmeno, y aciertas, y siempre tiene la cabeza pequeña y la boca enorme.

Vino solo, pero, como todo energúmeno es animal de compañía, ahora hay dos más durmiendo en el alféizar de mi ventana. Antes yo veía el jardín del parque, con su estanque, sus patos y sus columpios, pero ahora me asomo a la ventana y sólo veo a tres energúmenos durmientes. ¿Qué buscan en mi casa, si yo soy un ciudadano de vida gris y costumbres planas? Aunque, bien pensado, ¿por qué ha de esconder algún propósito el hecho de que tres energúmenos duerman ovillados en el alféizar de mi ventana?

Esta mañana se han sumado tres energúmenas, así que ya tengo completa la media docena. ¡Cómo se ha complicado todo! Con un energúmeno dormido en el alféizar se podía convivir, sin embargo ahora vivo asustado. Temo sobre todo que se despierten, follen sin parar y se reproduzcan. Imaginan, cientos de energumenitos pululando por el alféizar de mi ventana con sus cabezas pequeñas y sus bocas grandes. Por si acaso, he decidido dejar de regarlos.

 

’Fuera pijamas’, Barcelona, Ayuntamiento de Montcada-Debarris, 2011, p. 14.

 

IN & OUT

 

Como todos los días desde que lo inventaron, pasa las horas recostado sobre su oscuro lecho de plata. A pesar de que ha sabido ingeniárselas muy bien para sobrevivir en tan adversas condiciones, aceptando sin rechistar la soledad de su destino legendario, no ha logrado acostumbrarse a la terca adherencia de ese frío en la espalda. Tampoco a la sorda quietud dentro y fuera. Ahora todo está a punto de cambiar. De repente, una agitación violenta sacude el habitáculo como si se tratase de un sonajero en manos de un niño. Nuestro genial morador se golpea y queda magullado en el suelo, más expectante que temeroso. Entonces advierte que la temperatura comienza a subir en el interior. Es un calorcillo agradable y envolvente que parece emanar de las paredes. Más aún: es una caricia que le lleva a evocar el roce de los dedos amorosos de su madre en la remota piel de su infancia. Por primera vez siente que aquel recinto imperfecto es su hogar y, decidido a reconducir su vida intramuros, se lamenta de haber dedicado tantas horas a fabricar deseos para el caminante que lo liberase del encierro. Pero de pronto su felicidad se estrella contra las piedras tan bruscamente, que el genio no acierta a comprender qué está ocurriendo fuera de la lámpara.

 

’Fuera pijamas’, Barcelona, Ayuntamiento de Montcada-Debarris, 2011, p. 18.

 Tomo la foto de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-383be95d3a82f6f6e1c4442fdd5b96b6.jpg

 

-La segunda foto de Romualdas Rakauskas la tomo de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-fa2790bfb0f7f81a799c1d39f69a82b5.jpeg

JORGE SANZ BARAJAS: DIÁLOGO

JORGE SANZ BARAJAS: DIÁLOGO

LITERATURA. JORGE SANZ BARAJAS. El escritor y profesor publica ‘Las hadas muertas’, una novela detectivesca, criminal y literaria que presentará hoy en Cálamo acompañado por Chesús Yuste

 

 

 

“La novela policial debe dejar

más preguntas que respuestas”

 

Jorge Sanz Barajas (Zaragoza, 1967), profesor de literatura y experto en la figura de José Bergamín, publica una insólita novela: ‘Las hadas muertas’ (Sibirana). Él mismo resume así el argumento: “En el barrio de Las Fuentes, una serie de crímenes que simulan cuentos de hadas o relatos pone en jaque a la policía, incapaz de dar con el móvil. Merencio es un investigador –muy a su pesar- que cree que todo ha sido escrito ya en algún libro y basta con encontrar los párrafos adecuados para dar con el criminal. Vive solo aunque visita a diario a su padre, un viejo linotipista jubilado y enfermo de Alzheimer, y a su perro Eugenio. Un día se le aloja en casa Roque, un antiguo amigo rebotado de cartujo un poco salido y…” Una mujer aparece muerta. Y luego otra, y después otra, en lo que parece un ritual de crímenes en serie.

Dice: ‘Las hadas existen’. O lo dice el protagonista. ¿Cómo son, por dónde andan? 

Estoy convencido de que existen. Son como el azar de Cortázar: enredan, lían, lo desordenan todo. Sartre tiene una obra de teatro, ‘Barioná , el hijo del trueno’ en la que dice que los ángeles son personas cuyas manos llegan a donde no llegan los demás o a donde Dios mismo no llega. Labordeta, por ejemplo, para mí era eso. Tenía “duende”, esa capacidad de crear felicidad en los demás; hay gente que tiene un hada debajo del sombrero. Cuando de niño leía los cuentos de Perrault o Andersen, en aquellas ediciones de Bruguera o Juventud, no podía imaginar un mundo sin hadas. Hoy, vista la cantidad de brujas que pululan por ahí, hadas tiene que haber, digo yo. Merencio, el protagonista, cree en las hadas porque tiene la cabeza llena de duendes. Algunos lo llaman “intuición”.

¿Cómo nació la idea del libro? ¿Tenía en la cabeza a Lawrence Blok o a Chesterton? 

En mi cabeza está Chesterton, sin duda: la ‘Ortodoxia’  es uno de mis libros de cabecera,  la forma de razonar del Padre Brown, los ensayos sobre cómo escribir relatos policíacos. Sus paradojas y su afilado sentido del humor me dan mucho alimento narrativo. La idea del libro surgió hace tiempo precisamente tras la lectura de un libro de Chesterton (no diré cuál para no dar pistas). A Merencio como investigador ‘sui generis’ lo llevaba “a cuestas” desde hacía tiempo por otras historias.

¿Cuál es su idea de la novela policial?

Creo que la novela policial debe dejar más preguntas que respuestas. Últimamente estamos viendo novelas que inquietan poco y resuelven demasiado. Todo es química o biológicamente lógico, parecen ensayos científicos más que novelas. Por otra parte, la novela policial, como la negra, deben servir para denunciar las corruptelas del sistema.

¿Podríamos decir que es una novela intelectual sobre asesinos de mujeres en serie?

No, es más bien la historia de un investigador, Merencio, hijo del barrio de Las Fuentes, un ‘tión’ urbano, al que siempre le caen líos así. En la mente de quien comete los crímenes apenas entramos pero de la de Merencio apenas salimos.

¿Qué clima le interesaba investigar o analizar?

El de un barrio mítico, en el que hace años, cualquier domingo por la tarde, la gente aparcaba el coche y desembarcaba cajas de hortalizas que acababa de coger en el pueblo, jugábamos en las graveras y bebíamos a escondidas en bares cutres. Un barrio donde tipos como Merencio, perdedores pero dignos, hospitalarios, cultísimos, eran habituales. En este barrio aún encuentras una librería al lado de un burdel.

Centrémonos en Fernando Merencio, traductor de Wallace Stevens,  divorciado, raro...

Un cráneo privilegiado: es traductor y tiene un ‘background’ idiomático inmenso, las citas le bullen a borbotones, está enfermo de literatura como Vila- Matas, y siempre encuentra la cita que explica algo. Cree que todo está ya escrito por ahí y siente un inmenso aprecio por la buena tradición literaria, que lee y traduce.

¿Ha conocido algún colaborador así con la policía?

Imposible, lo habría despedido el ministro del ramo.

¿Qué le debe esta novela a su condición de profesor?

Bueno: soy mejor lector que nada. Y un buen profe debe leer porque si no, no enamora. La clase de Lengua es el arte de enamorarlos por los libros, y no se me da mal del todo (a veces…) Pero la novela se puede leer prescindiendo de las referencias. Se queda más en novela criminal y menos en clave lírica, que la tiene.

 ¿Cuál es la importancia del humor, de la ironía?

Es fundamental. Yo me tomo a mí mismo muy poco en serio. Si mi ego se revuelve, en casa o los amigos me lo ponen al día sin problema. Tengo muchos motivos para reírme de mí, así que me queda poco tiempo para reírme de los demás.

La novela sucede en Las Fuentes. ¿Es un barrio de novela negra?

Sí. Un paseo de noche por la calle Rusiñol o Batalla de Lepanto sobrecoge a cualquiera… Han pasado cosas delirantes en nuestro barrio, desde el secuestro de Quini hasta mil cosas más. Se dice que Las Fuentes tiene más bares que toda Noruega. Y más talento. ¡Cómo si no han salido genios como Félix Romeo, Las Novias, y tanta gente más que no dice que es de Las Fuentes por pudor…!

LA FICHA

Las hadas muertas. Jorge Sanz Barajas. Sibirana: colección Las ínsulas extrañas. Zaragoza, 2014. 245 páginas.

 

 

EL PIANO, EL ALCALDE Y EL BALNEARIO

EL PIANO, EL ALCALDE Y EL BALNEARIO

LA TRAVESURA DEL ALCALDE ALFONSO MOLINA

El ex alcalde de A Coruña dejó de niño su firma en un piano del balneario de Arteixo

VIVIANA BURÓN. La Opinión de La Coruña

El balneario de Arteixo vivió su época de mayor esplendor a comienzos del siglo pasado. Muchos fueron los huéspedes ilustres que albergó en aquel entonces este lugar que se convirtió en el centro neurálgico del municipio. El director gerente de la empresa Aguas de la Coruña -constituida en 1903-, Ricardo Fernández Cuevas i Salorio o el banquero Narciso Obanza Alonso fueron algunos de ellos, tal y como recogen Xabier Maceiras y Fernando Patricio en su libro De Liverpool ás Sisargas. A derradeira travesía do Priam.

También uno de los promotores del puerto de A Coruña, Raimundo Molina, acudió acompañado de su mujer, Evarista, y su hijo Alfonso a disfrutar de las aguas termales de Arteixo. Una visita que dejó huella en las conocidas instalaciones ya que el pequeño grabó su nombre en la parte trasera de uno de los pianos del balneario. En él se puede leer: Alfonso Molina 16 agosto de 1921. Un hecho que quedaría en una mera travesura infantil si no fuera porque, con el paso de los años, el pequeño llegó a ser alcalde de A Coruña.

Se trata de Alfonso Molina Brandao, que estuvo al frente del Gobierno de la ciudad desde 1947 hasta 1958 y fue uno de los mandatarios más populares de la urbe herculina por su cercanía, su carácter festivo y su gusto por la noche. Una predilección que le llevó a establecer horarios de trabajo que no eran del gusto del resto de la Corporación local.

Conocida es la necesidad que sienten muchos preadolescentes y adolescentes por dejar su huella allá por donde pasan. Un ansia que sufre normalmente el mobiliario: pupitres o puertas de aseos son los lugares preferidos. Pero Alfonso Molina fue más allá y optó por un objeto más musical. A sus trece años de edad y durante una estancia estival en el balneario de Arteixo, el que fue el promotor de la entrada de Lavedra grabó su nombre en un piano. Para la posteridad.

 

EL PIANO EN LOUREDA

El piano en el que un pequeño Alfonso Molina dejó grabado su nombre y la fecha en la que visitó el balneario se encuentra en la casa de Pablo Mosquera, familiar de los actuales propietarios de los baños y que reside en la parroquia de Loureda, según recoge el libro de Xabier Maceiras y Fernando Patricio.

EL BUEN MOMENTO DE ANTONIO SANTOS

EL BUEN MOMENTO DE ANTONIO SANTOS

Antonio Santos, en plenitud

 

El artista oscense ilustra a Marchamalo, a Rubén Darío y Espronceda, y a Cervantes

 

“Pinto todos los días, incluso cuando me atasco o no tengo ningún proyecto entre manos. Llevo tres días de crisis”, dice Antonio Santos (Lupiñén, Huesca, 1955) que acaba de ilustrar ‘La princesa y el pirata’ (APILA, 2013), basado en textos de Rubén Darío y de José Espronceda, ‘Retrato de Baroja con abrigo’ de Jesús Marchamalo, para el sello Nórdica, y hace unos días presentaba, en el Teatro Olimpia de Huesca, su trabajo para el ‘El coloquio de los perros’ (Nórdica), de Cervantes. Santos ha hecho unas 50 ilustraciones en acrílico sobre tabla, de las que se han incorporado una veintena al volumen.

Antonio Santos explica que en ‘El coloquio de los perros’ hace su trabajo más pictórico: “quería rendir un homenaje explícito a los expresionistas que tanto me gustan, especialmente a Oskar Kokoschka, pero también a Alberto Giacometti, tan distinto”. Dice Antonio que él, en el fondo, es un artista sin estilo, alguien que tiene varias líneas: la de los juguetes o juguetones; la de las estampas populares, especialmente brasileñas, y la que ha ensayado con ‘El coloquio de los perros’. “Yo suelo leer los textos varias veces, por la necesidad de entenderlos y por puro placer. Dejo reposar un poco esa experiencia y luego ilustro las sensaciones que me han quedado en el recuerdo”. Cervantes, como hicieron el ‘Lazarillo’, la picaresca española o haría Quevedo, aborda la España miserable del pícaro o del pillo. “Qué poco ha cambiado España. Las jerarquías de ahora peores que las de antaño: más delincuentes, más ladronas, y eso se percibe todos los día en la prensa”. Explica la paradoja de Cervantes, que intentó crear un pícaro bueno y al final “tuvo que bajar un escalón y lo encontró en los perros. Los humanos, esos pastores que engañan a su amo diciendo que los lobos han comido las ovejas cuando se las comen ellos, son decepcionantes. Por otra parte, el clima social y de miseria se parece mucho al de ahora”, dice Antonio Santos, que reside en Madrid. “Un libro es un objeto autónomo. Cuando abordas una ilustración tienes que poner en él todos los recursos del oficio, el ingenio, tu manera de trabajar, pero siempre hay que tener en cuenta que los libros tienen vida propia. Y eso hay que respetarlo. ‘El coloquio de los perros’ respira el espíritu de la España negra, el mundo de Gutiérrez Solana y aún de Francisco de Goya”.

Santos también es el autor de los dibujos, que tiene un aire de grabado, de ‘retrato con abrigo de Baroja’, un escritor muy vinculado con Aragón a través de libros como ‘La venta de Mirambel’, ‘Los confidentes audaces’ o ‘La nave de los locos’; Baroja, además, se presentó a diputado por Fraga. “Es un trabajo distinto que he hecho en linóleo desde una perspectiva más clásica. Fue una invitación del escritor y periodista Jesús Marchamalo a colaborar con él. Me ha encantado hacerlo: Diego Moreno, el editor de Nórdica, ha cuidado el libro al máximo. Baroja ha sido decisivo en mi formación. A veces me decían casi con asombro: ‘¡vaya, pero si se le entiende todo!’. Claro que se le entiende. Es un escritor de referencia para mí con su mundo tan peculiar”.

Antonio Santos ha estado recientemente en México: allí ilustró, para otro libro, el poema ‘Masa’ de César Vallejo, impartió talleres, redactó su ‘Poema mexicano’ (compuesto por siete composiciones en vero) e hizo un proyecto, aún inédito, que se titula ‘Buenos días, señor Posada’, que es diálogo imaginario con el grabador José Guadalupe Posada, al que se expuso hace poco en el IAACC ‘Pablo Serrano’. Le preguntamos por su libro ‘El pirata y la princesa’, el álbum de gran formato que publicaba en el sello zaragozano APILA en 2013. “Es un libro  distinto en el que me he sentido muy cómodo. Me hacía ilusión que se encontrarse el pirata y la princesa, muy distinto, con pocos colores y técnicas mixtas, y creo que se encuentran de una manera convincente. El libro se puede leer dos maneras y tiene dos portada. Me ha gustado mucho ilustrar a Rubén Darío y José de Espronceda. Cada vez valoro más trabajar con gente con la que estás cómodo y eso sucedió exactamente con los editores Raquel Garrido y Eduardo Flores”.

 

NUEVE LIBROS DE AMOR

NUEVE LIBROS DE AMOR

Nueve libros de amor

 

Algunos títulos recientes para celebrar el Día de San Valentín

 

El amor, como el aire, está en todas partes. Y muchos de los grandes amores han nacido en los libros para habitar las mentes de los lectores y el imaginario del mundo: Romeo y Julieta, Melibea, Madame Bovary... Todos necesitamos historias para vivir, incluso los que no leen, incluso aquellos que piensan que no consumen historias, pequeños o grandes amores, los pálpitos inadvertidos de la pasión. En un día como hoy, seleccionamos algunos títulos marcados por el amor, el deseo y la necesidad de soñar con alguien.

 

-1. Amantes. Texto y dibujo de Ana Juan. Contempla / Edelvives, 2013.

Ana Juan, ilustradora y pintora, es la autora de este volumen que ha conocido varias ediciones, en el extranjero y en España, y que aparece ahora en Contempla / Edelvives. Son historias de amor, once poemas que contienen las ondulaciones de la pasión: la fidelidad, el amor fugaz, la despedida, la querida, el amor contrariado, el amor apagado o imposible, la amada inesperada. Las ilustraciones, ocho por pieza, son deslumbrantes.

 

-2. Cuando el frío llegue al corazón. Manuel Gutiérrez Aragón. Anagrama. 2013.

Una novela de iniciación en Cantabria, en el contexto de la posguerra. El adolescente Ludi Rivero Pelayo se siente atraído por su tía, una mujer lánguida que esconde un secreto. Magníficos personajes secundarios y un hermoso sentido de la elipsis y del misterio. Es como si asistiéramos a una película de Gutiérrez Aragón: la peripecia de una búsqueda y de una revelación de verano, con mar y montaña, en tiempos siniestros. Una joya.

 

-3. Dulce objeto de amor. Raúl Guerra Garrido. Reino de Cordelia, Madrid, 2014.

El título no da lugar a equívocos. Un hombre maduro y elegante se encuentra, en el Palace, con una joven de enorme sensualidad. Entre ambos, a lo largo del día, se forja una amistad especial… He aquí un libro, eminentemente literario, sobre la atracción, la conquista, la conversación, donde todo conduce a ese esplendor de la pasión. Hablan alternativamente los dos amantes y uno de ellos observa: “... los dos estremecidos en la contemplación del desnudo cuerpo de su pareja”

 

-4. Cásate conmigo. Dan Rhodes. Traducción de Eugenia Vázquez. Alfaguara, 2014.

Es un libro divertido, ácido, irónico, compuesto por cuentos cortos, más o menos engarzados, que proponen un viaje por el mundo de la pareja. El libro es un inventario de situaciones donde está casi todo: la obsesión, lo ceremonioso, la afición a recordar a los antiguos amantes, la indiferencia, el engaño, el vestido de boca, los anillos, el sexo y sus decepciones, y el abandono. También se habla de expectativas: “algunas cosas tendrían que esperar hasta que estuviésemos casados”. Y no se alude aquí, precisamente, al erotismo.

 

-5. Lennon. David Foenkinos. Traducción de César Aira. Alfaguara. 2014.

No es propiamente un libro de amor y a la vez no es otra cosa: es la biografía de John Lennon contada en primera persona –y todo lo que ello significa: una infancia dura, su aislamiento, su formación, el éxito con Los Beatles, la boda con Cynthia, las groupies (“estábamos excitados por todas esas chicas”)...- y es una narración de amor. Qué pasó entre John Lennon y Yoko. Algo así: “Llegó la mañana e hicimos el amor (...) Querría describir la maravilla, y no creo que haya palabras para medir la pureza que se adueñó de mí. Enterraría mi pasado”. El libro tiene el oficio de David Foenkinos, autor de ‘La delicadeza’.

 

-6. Barba Azul. Amélie Nothomb. Traducción de Sergi Pàmies. Anagrama, 2014.

Amélie Nothomb escribe libros de atmósfera teatral, marcados por la obsesión. Aquí reescribe, en clave muy personal, la historia de ‘Barba Azul’ de Perrault, que en realidad es un aristócrata español que alquila una habitación de su palacio de París. En su casa han muerto ocho mujeres. O al menos han desaparecido. Saturnine, profesora de historia del arte, se atreve a alquilar la habitación y a cenar y a tomar champán con ese hombre elegante, el ogro, que no ha salido de casa en dos años y que le anuncia, casi de golpe, que se ha enamorado de ella. Una novela turbadora y magistral, dialogada, en la que ronda el crimen.

 

-7. El proyecto Esposa. Graeme Simsion. Traducción de Magdalena Palmer. Salamandra, 2013.

Don Tillman, de 39 años y profesor de Genética en Melbourne, es un tipo brillante y considerado, pero tiene un serio problema: jamás ha logrado una segunda cita con la misma mujer. Para remediarlo decide promover el ‘Proyecto Esposa’, un intento desternillante y lúcido de saber qué pasa con la mujer y qué le pasa a él en concreto. El escritor neozelandés resulta divertido, fresco, burlón y audaz.

 

-8. Amor de muchos días. Antología poética. Prólogo de Andreu Jaume. Lumen, 2014.

Una selección de poetas de diversas lenguas, importantes todos ellos, distinguidos en algunos casos con el Nobel, abordan uno de los temas más fascinantes: el amor, la pareja, qué ocurre cuándo nuestro amor se va con alguien. Aquí están, entre otros, T. S. Eliot, W. H. Auden, Wallace Stevens, Ted Hughes, Jane Carson, Marina Tsvetaieva, Anna Ajmatova, Gil de Biedma, Jorge Guillén, Ángel González o Claudio Rodríguez. Ya lo dijo Gil de Biedma: “Aunque sepa que nada me valdrían / trabajos de amor disperso / si no existiese el verdadero amor”.

 

-9. Las gafas de ver. Margarita del Mazo. Ilustraciones de Guridi. La Fragatina, 2014.

Un relato sencillo que explica a la perfección los estados del amor: el deslumbramiento, el despertar, el enamoramiento, el reclamo, la tentativa de seducción e incluso la decepción. O la felicidad, el final de feliz. Todo ello sucede en la historia de Carlitos y la bella Inés, que se pone gafas nuevas.

 

FOTOS DEL VIEJO Y ETERNO MADRID

FOTOS DEL VIEJO Y ETERNO MADRID

Encuentro, casi por azar, este enlace del viejo, del eterno Madrid: calles, urbanismo, arquitectura, costumbres, coches y escritores. Entre ellos, Galdós y los Quintero, pero también Marañón. Una de las imágenes más bonitas es una de 1923 de Albert Einstein en Madrid. Por aquellos días también estuvo en Zaragoza. Estuvo, en realidad, en Barcelona, Valencia y Toledo...

 

http://m.forocoches.com/foro/showthread.php?t=1460362&page=18

DAN RHODES: UN CUENTO DE AMOR

 

[Dan Rhodes (Purley, Inglaterra, 1972) publica en España un nuevo libro: ‘Cásate conmigo’ (Alfaguara. Traducción de Eugenia Vázquez), que es una visión ácida, desoladora a veces, chispeante casi siempre, del matrimonio, de la boda inmediata, de la pareja. Irrumpe la presencia obsesiva de los ex, los engaños, la sinceridad, el deseo y el sexo, una y otra vez se percibe cuánto puede costar vivir en pareja y ser feliz. Este texto es un ejemplo. Los hay más crudos y también más livianos, aunque siempre tienen intención. La foto es de Toni Frissell y ellos son Lili Palmer y Rex Harrison.]

 

 

ALMAS

Mi mujer siempre me había dicho que cuando hacíamos el amor ella veía, más que un acto sexual, la unión de nuestras almas.

            -Pero pensaba que lo decías en el buen sentido.

            -No lo decía en el mal sentido –dijo-, pero admitamos que una indirecta bastante clara. Y, si te soy sincera, ese rollo de las “almas” ya cansa.

            Le pregunté si eso significaba que iba a dejarme.

            -No –dijo-. No voy a dejarte. Sólo te pido que a partir de ahora lo hagas mejor. Mucho mejor.

ALBARRACÍN: LA LEYENDA DEL TIEMPO

ALBARRACÍN: LA LEYENDA DEL TIEMPO

[Hoy, en compañía del fotógrafo Antonio Ceruelo, he estado en Albarracín. Hacía algún tiempo que no iba. Y diría que nunca he visto tan subyugante la población: con la suave y a la vez nítida luz invernal. Este verano escribí este texto sobre la villa de los Azagra. Lo recupero para quí y cuelgo la foto de uno de mis artistas más queridos: Juan Manuel Castro Prieto.]

 

[RITUALES DE SOL. Hay lugares que poseen magia, atmósfera, un pasado que sobrevive y renace a cada instante. Es el caso de esta villa turolense que ha sido elogiada por Baroja, Azorín, Jarnés o Bernard Plossu. Les proponemos un viaje.]

 

Albarracín o la leyenda del tiempo

 

Según algunas revistas y varias encuestas, Albarracín, Teruel, es el pueblo más bello de España. “Visite una de las ciudades más bonitas de España, visite Albarracín”, dijo Azorín. Es un sitio realmente hermoso, evocador, esculpido por la caligrafía del tiempo en la piedra. En realidad, hablamos del casco histórico de Albarracín: lleno de callejas angostas, de microrregiones de sombra, de espacios de cariz medieval, de palacios y de recodos, como el que traza la Casa de la Julianeta, tan amada por los artistas y por los fotógrafos, entre ellos Jean Dieuzaide. Albarracín, de entrada, tiene atmósfera: aromas de leyenda, como habría dicho Valle-Inclán, e inspiró a un sinfín de literatos, desde Manuel Polo y Peyrolón a Pío Baroja, Benjamín Jarnés o José Antonio Labordeta, pero también a poetas como el joven Jiménez Losantos, Sergio Gaspar o Xoán Abeleira, entre otros muchos.

Quizá por ello, por su ámbito tan envolvente, de gesta antigua y de intimidad constante, es un lugar ideal para pasar el verano. Tiene frescor y sombra. Campo abierto, serranía frondosa y los pinares de rodeno; arte medieval y arte rupestre. Es un lugar para quedarse en su laberinto de calles y de pendientes, en sus escaleras y sus porches: aquí y allá, de súbito, aparecen miradores. Miradores sobre el río Guadalaviar que, como el Duero a su paso por Soria, traza una curva de ballesta, avanza entre el roquedal, refleja el castillo que rodea el cementerio y deja atrás la torre de Doña Blanca camino del parque y del Molino del Gato: allí la noche, entre copas y charlas, tiene su propia música, su peculiar tambor de agua que se agita a nuestros pies. Hay miradores que se abren de golpe en el Portal del Agua o en un alféizar desde el hotel con encanto Casa Santiago: la pequeña ciudad se ofrece con su colmena de tejados y con el dominio de un color: el rojo y sus variaciones. El ocre. El grana. El color de la piedra, de la tierra, de la mies, del oro antiguo. El último color del crepúsculo.

El acceso a Albarracín en coche no es fácil. Lo mejor es aparcar el cementerio. E incluso, si uno no es susceptible a tratar con el trasmundo, puede dar un pequeño paseo: se respira una extraña calma. Ahí mismo lo mejor es visitar las exposiciones de la Torre de Doña Blanca, sus tres plantas, y luego subir a la terraza. Arriba se vive una sensación de plenitud y de dominio: a nuestros pies, como si desafiase las leyes de las gravedad o las inclinaciones que admite la física, está Albarracín: majestuoso, insomne, como una armoniosa mole de estructuras y colores, de altitudes y hondonadas. Parece una villa imposible, soñada por un ángel de la geometría.

A la izquierda está el río Guadalaviar. En el plenilunio de agosto, desde el fondo de su ribera, sale el fantasma de Doña Blanca, aquella dama enamorada que fue recluida en las mazmorras y que reaparece a partir de la medianoche. O eso dicen. Hay quien asegura haberla visto: intangible y bellísima, alzándose por los aires. De frente está el pueblo y, a lo lejos, la muralla que escala hacia la cima y se corona con banderas. Ese es un punto donde, con paciencia, se suele ir de excursión. Es otro magnífico punto de vista para las fotografías.

Si decidimos entrar al pueblo, lo mejor es avanzar por la calle del Museo de Albarracín: abajo están las salas de arte contemporáneo, que coordina Alejandro Ratia, crítico de arte de HERALDO; arriba está el museo de la historia de la villa. Una villa marcada por la arqueología, por la taifa, por su posición de lugar de frontera y por la exaltación de los oficios tradicionales. Más adelante, están la Casa de los Pintores y la Casa de Santa María, que han sido muy importantes en los programas culturales de la Fundación Santa María de Albarracín, que dirige Antonio Jiménez: periodismo y fotografía, diseño e ilustración, pintura del paisaje, historia medieval, etc. Y la música, claro, Albarracín es lugar de reunión de intérpretes y escenario de conciertos.

La catedral está ahí como un faro que todo lo ilumina. Julio Llamazares ha escrito que “es la más pobre de las catedrales de España”. Ante ella hay otra terraza: desde aquí cabe realizar un retrato de cercanía de la ciudad. Hay que visitar, sin duda, la Fundación Santa María, ver su restauración, los balcones que dan al río, contemplar sus despachos, sus estancias, disfrutar de sus obras de arte. Así se entiende mejor la apuesta de la población, se entiende su pasión por la restauración y las Escuelas-Taller, su amor a la Edad Media, esa tentativa de hacer convivir un pasado exuberante con un presente sin complejos, reforzado por la imaginación y las nuevas tecnologías.

Hay mucho que ver en Albarracín. La plaza. Su arquitectura típica. Sus picaportes con forma de lagarto. Sus hoteles. Sus tiendas. Sus jardines. Sus iglesias. Los patios de las casas. El castillo. En el pueblo nuevo, está el espléndido Museo de los Juguetes. Y cuando lo hemos visto todo, o casi todo, y nos sentimos impregnados de ese espíritu inefable, nos vamos a una calleja y nos quedamos un instante así, inermes, como en abandono. Eso le pasó a uno de los más grandes fotógrafos de la actualidad: Rodney Smith en cuanto vio tanta belleza, la sedimentación de la enciclopedia de los siglos en cada casa, dijo que no iba a tirar ni una sola foto. Solo quería disfrutar del embeleso, de la luz, de tantas y tantas piedras que hablan y hablan sin pronunciar ni una palabra.

 

LAS ANÉCDOTAS

 

Ensueño. Albarracín es una localidad que seduce a los fotógrafos. Kim Castells publicó en la editorial Juventud ‘Albarracín. Un mundo de ensueño’ (1999), fotos tomadas con luces especiales que reflejan la belleza de la ciudad y de su entorno. Bernard Plossu publicó ‘Albarracín’ (2007): un libro en blanco y negro. Plossu define la localidad como uno de “los más bellos pueblos del mundo, de un cubismo antiguo”. Plossu inauguró las Estancias Creativas de Fotografía. Juan Manuel Castro Prieto se armó de una cámara clásica, con trípode y de gran formato, y captó los secretos de Albarracín: paisajes, paisanajes, monumentos e interiores, el río, las fiestas. Expuso su obra en el Museo de Albarracín.

Estancias creativas. Albarracín, gracias a los programas de la Fundación Santa María, acoge a artistas. Allí han realizado proyectos, entre otros, Vicente Pascual Rodrigo, Gonzalo Tena, Ricardo Calero o Joanna Pera. Aurora Charlo ha hallado en Albarracín un motivo de inspiración para sus acuarelas.