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Antón Castro

ANTONIO LUCAS Y ELENA MEDEL GANAN EL PREMIO LOEWE DE POESÍA

ANTONIO LUCAS Y ELENA MEDEL GANAN EL PREMIO LOEWE DE POESÍA

ANTONIO LUCAS Y ELENA MEDEL, PREMIOS LOEWE DE POESÍA
[Antonio Lucas es un buen amigo. Hemos coincidido en varios foros y ciudades y siempre es un placer. Acaba de ganar el premio Loewe de poesía con 'Los desengaños', y el premio joven ha recaído en otra buena amiga: Elena Medel. Tomo de 'El mundo', donde trabaja Antonio este texto y esta estupenda foto de 'El mundo', de Begoña Rivas. Enhorabuena a los dos.]

En 2010, Antonio Lucas (redactor de la sección de Cultura y columnista de EL MUNDO) comenzó a escribir los poemas que darían paso a su último libro, 'Los desengaños'. Eran los días casi inaugurales de la crisis, del desconcierto, del cambio radical en el paisaje de Europa. Y en medio de ese ruido, Lucas comenzó a sentir un profundo desafecto por el presente que fue filtrándose en poemas, en poemas que denunciaban una avería en el paisaje de la vida. De esa crisis también personal nacieron algunos textos. Más tarde, una ruptura sentimental abundó también en la idea de fracaso. Y desde esa combinación de crisis del presente y crisis sentimental surgió este nuevo libro, 'Los desengaños', ganador del XXVI Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe, dotado con 20.000 euros, publicado por la editorial Visor y el más destacado de los galardones poéticos.

"Resulta paradójico que un libro como 'Los desengaños', tan cargado de desconcierto e intemperie, se haya convertido en un libro de alegrías. Formar parte de la escudería poética del Premio Loewe es un motivo de entusiasmo. Este galardón lo conceden algunos de los poetas que más estimo, algunos de mis maestros. Y, a la vez, lo han ganado otros destacadísimos creadores que son referencia de la mejor poesía española y latinoamericana", dice Lucas.

Los 37 poemas de 'Los desengaños' trazan un mapa no sólo emocional, sino un itinerario generacional donde están aquellas cosas que preocupan a Antonio Lucas, muchos de esos aspectos de la realidad que le llevan a moverse, a la vez, desde sus artículos de opinión. "La poesía no es un ornamento. La poesía es también una forma de contrapoder. El poema actúa no sólo para celebrar, sino también para denunciar. Y no necesariamente desde el frente de la poesía social, sino desde esa emoción elemental de sentirse ciudadano y querer decir las cosas. Y querer decir: 'así no'", apunta. "No sé si 'Los desengaños' es un libro generacional. No lo pretendo, incluso creo que no lo querría. Pero sí sé que encierra un conjunto de poemas que denuncian desde un cierto irracionalismo emocionado esta gran estafa del presente, la gran mentira a la que nos han empujado y a la que nos hemos dejado empujar. Algo que forma parte de un sentir muy plural. Hoy en el desencanto, por desgracia, nos encontramos casi todos. El desencanto es el ágora del siglo XXI en media Europa. Pero eso también trae peligros, como el que el próximo tifón no venga de una corriente salvaje de aire sino de una feroz corriente de gente jodida sin nada ya que perder. En este momento es lo peor de unos pocos lo que mantiene el mundo en marcha. Y eso se paga".

Entre los poetas a los que Antonio Lucas admira destaca, sobre todo, Rimbaud. "Por su capacidad inflamable con las palabras. Por esa capacidad insólita de 'mear' desde la mejor poesía en todas las tapias. Principalmente en las tapias del poder de su tiempo". Y, a la vez, considera que en España se vive un 'mal buen momento' para la poesía: "Siempre ha sido así. Al menos en ese siempre que abarca el último siglo. Hay excelentes poetas en marcha. Excelentes lectores. Pero siempre son pocos, muy pocos, y con muy escasa capacidad de alcance. La poesía tiene prestigio, pero no tiene público. Y, sin embargo, en un poema está todo. O puede estarlo. Incluso hay reportajes excelentes en poemas excelentes. Ahí están los poemas/reportaje de José Hierro. El mundo, sí, cabe en un poema: porque cabe su verdad, porque cabe su trampa. A mí la poesía me permite descifrar el mundo y descifrarme dentro de él. Es un gran mapa con el que hacer camino".

 

ELENA MEDEL, PREMIO LOEWE JOVEN

Aquí puede leerse la noticia.

http://cordopolis.es/elena-medel-gana-el-loewe-de-poesia-joven-por-chatterton/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=elena-medel-gana-el-loewe-de-poesia-joven-por-chatterton

C. PÉREZ RAMÍREZ EN DEMODO GRÁFICO

C. PÉREZ RAMÍREZ EN DEMODO GRÁFICO

[Carmen Pérez Ramírez expone sus últimos trabajos en la galería Demodo Gráfico,
calle Manifestación 17, pintura abstracta, llena de colorido y de sugerencia, pura plasticidad trabajaba palmo a palmo, arquitectura en el lienzo, informalismo cálido, colorido y evocador. En este caso, además, hay un diálogo con Alejandro Humdoldt. La muestra, como todos los trabajos de Carmen, pintora y profesora, respiran rigor, pasión por el oficio, intensidad.] 

 

DEL VIAJE AL PAISAJE DE HUMBOLDT

*Por Carmen PÉREZ RAMÍREZ

 

Lo que entendemos de manera natural cuando hablamos del Paisaje es, realmente, uno de los géneros pictóricos establecidos por  las antiguas Academias de Bellas Artes. Éstas pusieron en valor una serie de vocablos que sirvieron para hacer más fácil su entendimiento. Aunque como comentaba Camilo Echevarria en su tesis “La mirada ilustrada o la ilustración de la mirada”: Un paisaje no existe como tal sin que alguien lo observe, lo admire o lo represente.

 

 Las clasificaciones no dejan de ser una demarcación, pero cuando se utilizan para acercarnos a una visualización común  para definir espacios que pertenecen a la naturaleza,  las tomo con otra significación.

 

Por no perderme en la inmensidad del  extenso territorio, he querido, en este nuevo trabajo pictórico, ir sobre el rastro del científico naturalista Alexander von Humboldt, (1769-1859). Él habla de lo visual y de lo emocional, estos dos conceptos le permitieron entrar en contacto con la naturaleza hablando de “Impresiones estéticas”. Quizá sea el primer científico que combina la mirada  acreditada y contemplativa.

 

Si Humboldt creó escuela como dicen, y sus seguidores fueron pintores viajeros que ayudaron a su difusión científica creando obras y describiendo los países por donde transitó; yo  me considero adepta a la aproximación de  los países por los que  he viajado, de aquello que visualmente me crea  cierta   pulsación  como fuente de placer estético y plenitud emocional, aunque a veces la contemporaneidad me aleja de esa visión tan placentera y me lleva hacia la inquietud que los efectos de la intervención del hombre deja en la naturaleza.

 La obra que presento  tiene que ver con la construcción del paisaje dentro de los términos de Humboldt :  lo visual y lo emocional. Espacios desarrollados en dos itinerarios (por seguir con conceptos naturalistas), uno como el producto de la interacción entre hombre y entorno, como algo intrínseco en la naturaleza, y el otro como  resultado de la mirada emocional, de la percepción cognitiva con todo lo que ello implica.

 

CARMEN PÉREZ-RAMÍREZ

 

 

'TURIA' RECUERDA A ANA Mª NAVALES

[Nota de prensa de ’Turia’.]La escritora Ana María Navales (Zaragoza, 1939 - 2009) es la gran protagonista del amplio y sugestivo monográfico que la revista cultural TURIA ha elaborado con motivo de su 30 aniversario. Un total de trece autores, entre los que figuran los principales estudiosos de su obra, nos descubren las claves de una de nuestras más singulares autoras contemporáneas. Considerada por muchos como la “Virginia Woolf española”, Ana María Navales ha sido descrita como un ejemplo de mujer y de escritora libre, lúcida y pasional. Ahora, cuando están próximos a cumplirse cinco años de su muerte, la revista a la que estuvo tan vinculada le brinda un merecido homenaje y reivindica su lectura. 

El atractivo dossier de 115 páginas que TURIA dedica a Ana María Navales constituye, sin duda, el contenido estrella de un sumario muy especial repleto de textos inéditos de grandes autores y con el que la revista conmemora sus 30 años de trayectoria. Para Jesús Ferrer Solá, filólogo y profesor de la Universidad de Barcelona, que firma el artículo introductorio del monográfico dedicado a la  autora aragonesa, Ana María Navales “cultivó con parecida destreza la poesía, la narrativa breve o el ensayo”. Sin duda, “quien fuera una sobresaliente activista cultural y hábil dinamizadora de la gestión intelectual” dispone desde ahora de un valioso conjunto de textos que analizan sus diferentes facetas. Y es que, junto al estudio de su producción creativa, no falta el análisis del lado humano de la escritora, construido con evocaciones y testimonios de quienes mejor la conocieron. Una cuidada biocronología completa el nuevo y oportuno monográfico de TURIA.

 El escritor Javier Cercas será el encargado de presentar el número especial 30 aniversario de TURIA. El acto se celebrará en Teruel, ciudad en la que en 1983 se fundó la revista, el próximo día 19 de noviembre.

 

MÁS ALLÁ DE LA ESCRITURA CONVENCIONAL

 

Jesús Ferrer Solá, en su artículo “Recordando a Ana María Navales. Una teoría de la novela” no tiene dudas a la hora de subrayar que su narrativa conserva muchos de los rasgos de su lírica. Su estilo posee una ascendencia poética que la sitúa lejos de la prosa convencional. De ahí que considere que “la novelística de nuestra escritora se basa en la moderna ambivalencia entre ficción y realidad”. Es decir, una “fecunda conjunción entre testimonialismo cotidiano y reflexión intimista” que convierte a sus novelas en la mejor demostración de que Ana María Navales “supo desarrollar, con sobrado rigor estético, el viejo arte de contar una historia”.

 

Manuel Rico, escribe en TURIA sobre “La trayectoria poética de Ana María Navales” y de ella dirá  que  es un  camino personal y al margen dentro de la lírica española: “estamos ante una poesía en la que el lenguaje tiene un sentido unívoco: buscar el misterio y la oscuridad que vive dentro de nosotros. Sólo en el poema está la salvación, parece decirnos en cada uno de sus textos”.

 

Isabel Carabantes escribe sobre “La forja de una escritora rebelde: sus relatos”. Nos recuerda que el origen literario de Ana María Navales fue el periodismo y asegura que la narrativa breve fue su mejor medio de expresión: “porque a través de sus relatos se llega a las novelas, porque sus personajes son antesala de sus ensayos, porque en ellos se encierra el alma de la poeta. Es en estos textos donde mejor se puede apreciar el trabajo diario y la evolución personal y creativa de una autora que a lo largo de cincuenta años no dejó de contar con pasión”

 

En su artículo “Libre, lúcida y peligrosamente”, Julio José Ordovás se ocupa de la obra ensayística de Ana María Navales. Tras analizar las excelencias de la escritora en el cultivo de este género, nos dirá: “Navales fue un pájaro exótico dentro de la literatura española, y la búsqueda de otros pájaros exóticos la llevó a otras literaturas. En Bloomsbury encontró su nido”.

 

“La gran aventura de la vida de Navales –concluye Ordovás- fue la literatura. Ni las ironías del destino ni la muerte podrían apagar, de eso estaba segura, la vida que depositó en sus libros. Ella aspiraba a quedar llena de vida en ellos, como Virginia Woolf, como Anaïs Nin, como Clarice Lispector, como todas las escritoras en las que se miró y se reconoció. Quería que sus libros perduraran como testimonio de la libertad de su espíritu y no le importaba el precio que tuviera que pagar, o, mejor dicho, que le hicieran pagar, por ello”.

 

LA IDENTIFICACIÓN CON VIRGINIA WOOLF

 

José-Carlos Mainer participa en el monográfico con un brillante artículo titulado “Ana María Navales: espejos de la novela”. En él se nos asegura que la escritora llevó a sus narraciones extensas su querella personal contra la vulgaridad y “una concepción de la literatura como forma superior y más auténtica de la vida: un espejo muy especial”.

 

Con buen criterio, Mainer también considera que “Cuentos de Bloomsbury” (1991) tiene mucho de novela fragmentada en cuentos y no poco de ensayo novelado de una biografía colectiva que, por muchas razones, ha sido su obra más perdurable y una de las más originales de las publicadas en España en el decenio de los noventa”.

 

Y es que la identificación de Ana María Navales con Virginia Woolf fue absoluta. De ahí que en aquellas vidas del grupo de Bloomsbury, nuestra escritora encontró, como subraya Mainer, “la existencia que hubiera querido vivir: un cierto grado de bohemia corregido por el buen tono; la ambigüedad sistemática de los sentimientos, rescatada por la lealtad personal; la ociosidad divagante acompañada de la seriedad en el trabajo; la ambición cultural universal que sólo roza el esnobismo; la asombrosa facilidad de convertir unas vidas complejas en el refinado material de una imaginación literaria”.

 

A continuación, TURIA ofrece un valioso y plural repertorio de artículos y testimonios que permiten descubrir con detalle el universo vital y literario de Ana María Navales. Así, Raúl Carlos Maícas,  fundador  y  director  de  TURIA,  analiza  el papel fundamental de la escritora zaragozana en la revista, una aventura cultural compartida durante varias décadas: ”fue durante años, una presencia luminosa, necesaria y constante en la tarea de conseguir que Turia mantuviera un buen nivel de contenidos”.

 

El escritor y periodista Juan Domínguez Lasierra, marido de Ana María Navales, escribe en TURIA unas inolvidables y emotivas “Cartas para Ana María”: “Quisiera verte como eras tú cuando te despojabas, en un descuido, de tu máscara de firmeza, de fuerza, de dominio, como aquella niña de tu fotografía en la playa de..., Dios mío, que se esfuman los nombres, aferrada a tu cubito y tu pala, bien aferrados como lo hacías con todo, porque sabes que el mundo nos roba todo lo que amamos, el cruel ladrón, que nada nos deja, que le importa un bledo desnudarnos a la intemperie, aunque el frío nos penetre hasta el tuétano y no queramos sino morirnos para que la desolación, la angustia, el horror desaparezca”.

 

Por su parte, Marta Agudo escribe en el artículo que publica en TURIA: “pocas personas tan autorizadas como Ana María Navales para diagnosticar el pulso literario de su época. De hecho, resulta extraordinario su conocimiento de la literatura del momento en el resto de Europa y, en especial, de la inglesa en unos años en los que no era fácil recibir noticias del extranjero y la red era algo inconcebible”. 

 

Rosendo Tello realiza un pormenorizado análisis lleno de complicidades de la poesía completa de Navales, reunida en el libro “Travesía en el viento”, y concluye: “Yo soy Antígona”, declaró en un poema Ana María Navales. Su grandeza se mide por su rebeldía y por la desazonante verdad de su vida. Ella no ha muerto, después de su muerte física, pues sus poemas siguen resonando en el silencio de la noche para siempre”.

 

José María Conget también participa, con su artículo “De obsesiones y fantasmas”, en el homenaje a Navales. Desde la atalaya de sus muchos años de amistad con la escritora, Conget glosa la pasión que siempre caracterizó la labor de Ana María Navales en cuantas tareas literarias y culturales se embarcaba: “en algún momento llegué a cuestionarle si valía la pena tal derroche de adrenalina, una pregunta absurda porque resultaba obvio que la pasión era inseparable de su naturaleza”.

 

Completan el repertorio de artículos en homenaje a Ana María Navales: “Virginia Woolf entre nosotros”, de Cándido Pérez Gállego y “Ana en el recuerdo”, de Eugenio García Fernández.   Por último, y como cierre del dossier, se difunde una pormenorizada biocronología de Ana María Navales, elaborada por Juan Antonio Tello. En definitiva, TURIA ofrece a los lectores la posibilidad de redescubrir a una escritora valerosa, apasionada y anticonvencional: Ana María Navales

 

La revista cultural TURIA es una publicación cuatrimestral, editada por el IET de la Diputación de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Aragón. Este número cuenta también con el patrocinio de la empresa Aragonesa de Servicios Públicos.

 

*Este dibujo lo he tomado de la página del poeta, narrador y editor Manuel Rico.

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-de109ec2208e4ca21acdbf10afa111bb.jpg

 

*El segundo retrato es de Luis Grañena.

RETRATO DE PEPE MELERO

RETRATO DE PEPE MELERO

RETRATO DE JOSÉ LUIS MELERO:

LECTOR, ESCRITOR, ZARAGOCISCA, AMIGO Y ACTOR

 

José Luis Melero es uno de esos seres que contagian pasión por la vida, confianza y buen rollo, como suele decir Luis Alegre. Puede ser el amigo imprescindible, el camarada o un animal de compañía. Encarna el optimismo, la delicadeza y el sentido del humor.

Se confiesa un enamorado de los seres y las cosas, un aragonesista de pies a cabeza desde siempre, y hace suyo el lema de Juan Manuel Sánchez: “Todo por y para Aragón”. Pepe, además, dice “Todo por y para mis amigos. Todo por y para el Real Zaragoza”. Fetichista y coleccionista, suele decir: “Yo también tengo mis pequeños tesoros. Solo hablaré de uno, aun a riesgo de parecer presuntuoso: conservo las botas y una camiseta de mi admirado José Luis Violeta, ‘El León de Torrero’. Ese tótem protege mi inflamado zaragocismo en los momentos más difíciles”. A Pepe, más que el fútbol, le gusta el Real Zaragoza. Es blanquillo a carta cabal con todo lo que eso significa: más de 80 años de leyenda con nueve títulos.

José Luis Melero es un hombre de letras conciliador, generoso y de crédito, un intelectual, un activista incesante de la cultura desde Rolde y otros foros. Ante todo se siente lector, investigador de historias menudas, de vidas humildes; rastreador de libros, de folletos, de fogonazos insólitos, un enamorado del arte y de la música, y se siente un contador de historias. Es alguien que lee para contarlo. No es egoísta ni elitista, y sabe ser, sin esquizofrenia alguna y sin afectación, zaragozano y cosmopolita. Ama los libros desde muy joven y fue un asiduo visitante de las librerías Astro, General, Pérez, Hesperia, Inocencio Ruiz Lasala, y lo sigue siendo de casi todas. Ahí encuentra amigos, autores, una tupida red incitaciones que enriquece su laberinto de libros y de sueños. La memoria del mundo. Ahí está en su segunda casa. Pepe, por cierto, es uno de los aragoneses que les ha puesto un piso ordenadísimo a sus libros.

José Luis Melero ha sido poeta, ha entrevistado a poetas como Ildefonso-Manuel Gil, que le reveló sus mejores secretos, incluso los de amor; es el albacea del poeta y editor Luciano Gracia. Cree  en el poderoso influjo de la amistad y la practica a diario: es el primer lector de Ignacio Martínez de Pisón, y tiene un afecto entrañable por Emilio Gastón, Fernando Ferrero, Rosendo Tello, Ángel Guinda, y fue uno de los cómplices más constantes de amigos inolvidables como José Antonio Labordeta y Félix Romeo Pescador, por citar solo algunos. Un diccionario de amigos de Pepe Melero ocuparía algunos cientos de páginas. Pepe Melero representa la definición más extensa y luminosa de la palabra amigo. Amigo. Criatura de afectos.

 Desde hace muchos años se ha revelado como un magnífico bibliófilo que viste cuidadosamente sus libros de viejo. Un bibliófilo por amor a la lectura al que le interesa todo, pero muy especialmente Aragón, la literatura en general y la poesía en particular, la historia y lo que se llama ‘los egodocumentos’ o literatura del yo: diarios, memorias, autobiografías, epistolarios. Todos sus libros, y son más de 30.000, llevan la fecha de su ingreso y posteriormente sus notas de lectura a lápiz con su letra de monje. Amasa una fortuna incalculable y sentimental de libros dedicados.

Pepe Melero es un amanuense de los pequeños detalles. Y por supuesto posee una de las mejores bibliotecas aragonesas que existen. Él, con la implicación de Eduardo Bandrés y de Agapito Iglesias y sus consejeros, fue el auténtico forjador de ‘Los años magníficos’, la exposición de los 75 años de existencia del Real Zaragoza. Una exposición que quiso ser también una ambiciosa apuesta cultural. La creación y el fútbol jamás han estado alejadas y mucho menos en la cabeza de Pepe. Eso sí, parece que de niño ni aprendió a montar en bicicleta ni fue un gran futbolista.

Pepe Melero ha escrito de casi todo. Es uno de los sabios de la jota. Le encanta la buena gastronomía, en la taberna y en los libros. Es autor de cinco libros básicos: ‘Leer para contarlo’, sus memorias de bibliófilo; ‘Manual de uso del lector de diarios’, un diccionario precioso que le retrata; ‘Los libros de la guerra’, una compilación asombrosa y llena de novedades de libros sobre la contienda del 36 escritos desde los dos bandos; y ‘La vida de los libros’ y ‘Escrituras y escritores’, donde recoge sus columnas de los jueves en la página dos de ‘Artes & Letras’. Esos artículos, alrededor de 200, son la mejor muestra de la variedad de saberes de Pepe, de su finísimo sentido del humor, de su capacidad para reírse de sí mismo, de su sabiduría y de su inagotable sensibilidad. Pepe, erudito y divertido, vive instalado desde hace años en el reino de la curiosidad.

 José Luis Melero ama a los escritores casi anónimos, desdichados, sepultados en el olvido. Es como un novelista que mira con candor a sus criaturas. “Escribir sobre los amigos desaparecidos no solo es una necesidad personal: es un deber de justicia”, ha dicho. A Pepe, el hijo ideal, el marido y el padre soñado como suelen decir Yolanda, Jorge e Iguácel, el zaragocista indomable (y lo sabemos todos de buena tinta), le gustan las anécdotas. Sus libros son auténticos inventarios de ellas. Por ejemplo, le gusta contar: “Se dice que Ernst Hemingway llevó colgada del cuello durante años una de las piedras que Ava Gardner expulsó del riñón, tras el cólico nefrítico que sufrió en 1954. Cuando le afeitaron el pubis tuvieron que hacer un sorteo en el hospital porque todos querían quedarse con un mechoncito”. Cuando se pone salvaje y sentimental le gusta que le reciten alguna alineación del Real Zaragoza. Una de las primeras, por ejemplo: Lerín; Gómez, Alonso; Pelayo, Ortúzar, Municha; Juanito Ruiz, Amestoy, Olivares, Tomás y Primo. Su favorita bien podría ser esta: Cedrún; Belsué, Cáceres, Aguado, Solana; Nayim, Aragón, Poyet; Pardeza, Esnáider y el ‘Paquete’ Higuera. La de los campeones de 1995 en París. Una de las noches más hermosas de su vida. Cuando éramos los mejores.

Felicidades a Pepe Melero y a su multitud de amigos.

 

*Este iba a ser el discurso del homenaje que le rindieron a Pepe Melero la peña Los Aúpas. aquí está por si a alguien le puede interesar.

APARECE 'LA ESPAÑA DE VIRIDIANA'

(Zaragoza, domingo 10 de noviembre de 2013. Prensa de la UZ). La Universidad de Zaragoza, a través de Prensas de la Universidad, ha publicado “La España de Viridiana”, un libro que analiza esta película de Buñuel, considerada por muchos la mejor obra del cine español, y ayuda a esclarecer los conflictos generados por ella. La publicación está coordinada por la profesora Amparo Martínez Herranz, e incluye colaboraciones de investigadores tanto de la Universidad de Zaragoza como de otros ámbitos, así como testimonios de personas que trabajaron mano a mano con Luis Buñuel en la elaboración de esta película.

El estreno de “Viridiana” en 1961 desencadenó una furibunda crítica del Vaticano publicada en L’Osservatore Romano y su prohibición en la España franquista, veto que pudo derivarse de la irreverencia religiosa de muchas de sus imágenes, del protagonismo de un personaje femenino (una novicia) con una inusual libertad de acción y decisión o la presentación de imágenes sexuales laxas y ambiguas.

“La España de Viridiana” localiza argumentos dentro y fuera del ámbito estrictamente cinematográfico que sirven para matizar la realidad de aquel momento, explicar a fondo todos los valores de “Viridiana” y terminar de entender los conflictos generados por la cinta. El libro recoge nuevos materiales que arrojan luz sobre la película y sobre el conflicto que generó: documentos, canciones, fotografías como las de Ramón Masats que hasta ahora no se habían positivado. A través de ellos, de las entrevistas realizadas y de la investigación de los diferentes autores que han participado en la publicación es posible entender mejor, 52 años después de su producción y estreno, por qué esta! obra terminó siendo un problema. Por qué puso en un aprieto a la España que se debatía entre lo que de verdad era y lo que quería aparentar, entre lo que podía ser y lo que le dejaban.

El análisis comienza por el ambiente político y social de la España en la que se rodó la película, que ha reconstruido Julián Casanova, y sigue por los cambios económicos que se estaban produciendo en el país, como constata Iñaki Iriarte Goñi, para completar la panorámica con una reconstrucción del marco artístico en el que se gestó una creación como Viridiana, a cargo de José Luis Calvo Carilla, que deja claro que la película no puede entenderse si no se conecta con la transformación que se estaba produciendo en el territorio de la poesía y la novela.

En esta misma línea Jesús Rubio Jiménez evidencia la sorprendente renovación que se dio en el campo de las artes escénicas. También en el ámbito de la música, donde Matías Uribe relata cómo el Pop y el Rock habían empezado a abrirse camino entre coplas y niños cantores hasta llegar al rockabilly con el que se cierraViridiana”. La película forma parte del juego de contradicciones que Ascensión Hernández constata en el territorio de la arquitectura y Concha Lomba en de las artes plásticas. Y está directamente vinculada con el deseo de construir una imagen de modernidad del país que no si! empre se correspondía con la realidad cotidiana, tal y como Pilar Biel e Ignacio Gil aprecian en el dominio del diseño, Francisco Lázaro Sebastián en el de la fotografía, Mónica Vázquez Astorga en el del humor gráfico y Antonio Altarriba localiza incluso en el de los tebeos.

Asimismo, “La España de Viridiana” ahonda en el proceso creativo de la propia película y sus resultados. Así, Alicia Salvador analiza las complejas circunstancias que marcaron su producción en el débil contexto de la industria del cine español de la época; Amparo Martínez reconstruye el método de trabajo de Buñuel y las fuentes materiales y espirituales de las que se alimentó para crear esta obra. El resultado fue una película de la que Agustín Sánchez Vidal ha logrado extraer la esencia, subrayando el modo en que su director consiguió convertirla en una encrucijada de la cultura española, que, al mismo tiempo, seguía manteniendo las claves universales de su producción.

La publicación recoge también colaboraciones de Antón Castro, que se acerca a la recién nacida (en la época) Televisión Española; Fernando Sanz Ferreruela, que señala que el cine seguía siendo por entonces una de las formas fundamentales de ocio en el país y Rob Stone, quien analiza otros filmes producidos el mismo año. Además, Nancy Berthier constata que “Viridiana” se convirtió en una “película-evento”, consagrada en buena medida por la crítica francesa, que ha estudiado Julia Tuñón, y por la proyección internacional que obtuvo tras obtener la Palma de Oro en el Festival de Cannes, siendo la única producción española que lo ha logrado hasta la fecha.

Finalmente, Luis Alegre revisa el modo en el que el legado de “Viridiana” fue quedando diluido y desdibujado como mito en la cultura española de finales del siglo XX y principios del XXI, y José Luis García Sánchez rescata la memoria de esta creación como pieza de gran  solidez artística y valor como metáfora de la “esquizofrenia cultural” que se respiraba en el país en que se grabó. Para completar la publicación, se incluyen testimonios de algunas personas que trabajaron codo con codo con Luis Buñuel en la construcción de la película, como la protagonista Silvia Pinal; el ayudante de dirección, Juan Luis Buñuel; la script Concha Hidalgo, el montador Pedro del Rey o el productor Pere Portabella, entre otros.

 

“La España de Viridiana”, protagonista del ciclo Vida en Ficciones

El ciclo Vida en Ficciones dedica desde mañana su edición de 2013 a “La España de Viridiana”, con el objetivo de conmemorar el cincuenta aniversario del rodaje y estreno de la película, el treinta aniversario de la muerte de Luis Buñuel y, al mismo tiempo, difundir la publicación de este libro colectivo.

Así, especialistas de diferentes disciplinas ofrecerán nuevas perspectivas desde las que aproximarse a “Viridiana” para poder apreciarla en todo su valor como pieza clave en la creación artística española de la segunda mitad del siglo XX.

Las conferencias programadas (todas se celebrarán en el Paraninfo, a las 19,30 horas) son las siguientes:

Lunes 11 de noviembre. “La España de Viridiana era la de Franco”, en la que Julián Casanova hablará del contexto histórico, político y social del momento en el que se produjo la película.

Martes 12 de noviembre. “Una encrucijada española”, a cargo de Agustín Sánchez Vidal, que ahondará en el modo en el que Buñuel consiguió convertir Viridiana en una obra de arte clave dentro de la cultura española, sin renunciar a la esencia universal de su producción.

Miércoles 13 de noviembre. Mesa redonda con Pere Portabella, uno de los productores de Viridiana y, al mismo tiempo, director de cine clave dentro de la renovación de la cultura audiovisual española.

 

Más información: Amparo Martínez Herranz.

(amarhe@unizar.es; amparo@septimocielo.es)

 

VÍCTOR JUAN BORROY: NUEVA NOVELA

VÍCTOR JUAN BORROY: NUEVA NOVELA

[Víctor Juan Borroy es un apasionado novelista. Un novelista de sentimientos. Romántico. Ha publicado en edición digitar su libro ’Aquellos días de luz y palabras’ y ahora, en el sello Sabara, aparece la edición en papel. Con su gentileza de siempre, me envía  este fragmento lleno de ternura, humanidad y desconcierto. La ilustración es de Virxilio Vieitez.]

 

AQUELLOS DÍAS DE LUZ Y PALABRAS

 

Por Vícctor JUAN BORROY. Editorial Sabara.

Cuando se conocieron, María estudiaba el último curso de Químicas y él apuraba una beca que le había concedido el ministerio para hacer la tesis doctoral sobre la literatura del Siglo de Oro. ¿En qué había desperdiciado su vida antes de encontrarse con ella? Había vivido veinticinco años en el mismo planeta que María y no la había visto nunca. Aunque la tabla periódica de los elementos estuviera alejada de los intereses de Miguel, esa no podía ser la razón del anonimato en el que aquella mujer había vivido.

Coincidieron una tarde de sábado en el colegio mayor La Salle donde Alberto Sánchez Millán mantenía un arriesgado programa de cine fórum. Se proyectaba un ciclo dedicado a Buñuel. Antonio, su amigo de siempre, le llamó para pedirle que le acompañara al cine. Tenía entradas para Viridiana.

–Yolanda me ha dicho que ha quedado con una amiga esta tarde.

–¿Y quién es Yolanda?

–¿No te he hablado de ella?… Es la mujer de mi vida. Esta tarde conocerás a la futura madre de mis hijos…

–No me digas…

Yolanda era la chica que salía esa semana o ese mes con Antonio. Le gustaba decir que sus relaciones eran siempre cortas, pero intensas. Cuando su nueva conquista le dijo que irían al cine con María, una compañera de clase con quien ya había quedado previamente, Antonio le pidió a Miguel que fuera con ellos:

–Dos está bien, pero tres es multitud, ya sabes…

–No sé para qué vas al cine si no te enteras de nada…

–Veo esas películas para hacerme el intelectual. Todos no podemos hablarles a las chicas de Baudelaire, de poesía mística o de Antonio Machado. Y si les doy mi opinión sobre las rentas de interés variable, sobre el marketing o sobre el crédito hipotecario me mandan a tomar por el saco antes de descubrir las innegables virtudes que me adornan.

–Las virtudes que le adornan, dice el cabrón… Hay cosas que hasta un ignorante como tú debería saber porque son valiosas, no para pavonearse delante de las mujeres…

–Siempre serás un pardillo. Cuando les digo a las chicas que suelo ver cine experimental en versión original se creen que están ante un tipo sensible, con una elevada cultura…

Aquel día quien no se enteró de la película fue Miguel. Llegó el primero y esperó unos minutos en la puerta del colegio mayor. Antonio y las dos chicas que le acompañaban aparecieron por la calle San Juan de la Cruz, caminando por la acera, bajo las acacias. Antonio llevaba de la mano a su amiga y junto a ella venía María. Le bastó mirarla para saber que no había conocido a nadie como ella. No atendió a las tonterías que dijo Antonio cuando les presentó. No escuchaba otra cosa que el eco de sus propias palabras. Al besar a María se sintió ridículamente desorientado. No supo en qué mejilla dejar el primer beso. Finalmente la besó en la nariz. Se disculpó. Ella sonrió. Entraron en el salón y cuando se apagó la luz, Miguel hizo todo lo posible por mirar la pantalla. Se esforzó por comprender los diálogos de Paco Rabal, Fernando Rey y Silvia Pinal, pero todo fue inútil. Sólo estuvo pendiente de María, de su respiración, de cómo se acomodaba en la butaca, de cómo se colocaba el pelo en la posición precisa, de cuándo retiraba la mano del reposabrazos que compartían y que él le había cedido intencionadamente…

Al terminar la película, Antonio propuso que fueran a cenar a La Trattoria, una pizzería de la calle Latassa.

–Lo siento mucho –dijo María. Tengo un examen el lunes y contaba con estudiar esta noche.

–Qué pena que no puedas acompañarnos… –se apresuró a decir Antonio–. Y tú, Miguel, te quedarás, ¿no?

–No, yo tampoco puedo entretenerme. Quiero terminar varios trabajos esta noche.

–Bueno –cerró la conversación Antonio– ya quedaremos otro día. María… encantado de haberte conocido –le dijo mientras le daba dos besos–. Miguel, amigo mío, dame un abrazo. Mañana te llamo antes de comer. No leas demasiado que te pasará como a Alonso Quijano y concéntrate en lo importante, que mañana tenemos partido.

María y Miguel se quedaron solos. Anochecía sobre el Huerva, uno de los tres ríos que fecunda Zaragoza. La ciudad estaba envuelta en un aire que anunciaba el retorno de la vida. De un momento a otro, en unos días o en unas horas, se esperaba el alumbramiento de una nueva primavera. La vida reventaba por cada rincón. Miguel hubiera dado cualquier cosa por encontrar algo que decir. No era necesaria una frase brillante o un comentario para recordar. Bastaba con no parecer inoportuno.

–Si quieres, puedo acompañarte, María. En realidad, no tengo tanta prisa ni tantas cosas que hacer como le he dicho a Antonio…

–Gracias, me apetece caminar un rato.

–Perfecto. ¿Hacía donde vamos?

–Podemos ir hacia la plaza San Francisco.

Caminaban como si no quisieran llegar a ninguna parte. Miguel dejó que fuera ella quien iniciara la conversación.

–¿Sabes?... Es la primera vez que voy a un cine club y no había visto nunca una película como Viridiana.

–Nunca es tarde para empezar a hacer las cosas que merecen la pena.

Se dirigieron hacia el Parque Grande por el paseo de Fernando el Católico. Entonces Miguel ya había recuperado el don de la palabra. ¿Qué le contaría? Seguro que le habló de Antonio, de su amistad, de sus trabajos de doctorado, de los primeros poemas que había publicado en la revista Rolde… Apenas la dejaría hablar. Él era un torbellino. Le hablaría apasionadamente del mundo que descubría cada día. Pasaron por delante de La Romareda y al llegar a la altura del convento de Jerusalem, María se detuvo:

–No hace falta que me acompañes más, Miguel. No quiero que se te haga tarde por mi culpa. Además tendrás que volver solo.

–No, no se me hará tarde. No te preocupes por la vuelta. Vivo muy cerca del Puente de los gitanos. Pensaba leer. Entre mis planes siempre está la lectura. Necesito leer para vivir como otras personas necesitan hacer deporte o dormir la siesta. Ya has oído el consejo que me ha dado Antonio: «No leas tanto, que te volverás loco»…

–Eres muy raro. No había conocido a nadie que necesitara leer como hacer la siesta…

–Yo no sé hacer otra cosa. Por eso leo. A veces también escribo, pero lo que mejor hago es leer. Y ahora, en este preciso momento, no quiero hacer ni lo uno ni lo otro. Ahora me gustaría acompañarte hasta tu casa…

–Vivo en Casablanca…

–Casablanca… Vamos pues, que «siempre tendremos París»…

–Miguel… «presiento que este es el inicio de una hermosa amistad»…

Rieron con la risa de quienes están a punto de amarse. Una hermosa amistad… María quizá presentía que Miguel era tan raro que le gustaría estar mucho tiempo con él. Le bastó escucharle durante una hora para saber que pasaría el resto de su vida junto a aquel joven que no sabía hacer otra cosa que leer, y que le había confesado que necesitaba leer para vivir pero en aquel momento solo quería acompañarla a su casa.

Al llegar a la Fuente de los Incrédulos contemplaron el reflejo de la luna en el agua. Aunque ya la conocía, María dejó que Miguel le contara la historia de aquella fuente. Procuró mostrarse sorprendida e interesada cuando Miguel relataba cómo Ramón Pignatelli quiso dedicar esa fuente a quienes no creyeron en su sueño de construir un canal que regaría gran parte de la huerta zaragozana, un canal que traería el agua que se bebería en Zaragoza. Cuando en 1784 el agua llegó a la ciudad surcando el cauce del Canal Imperial de Aragón, Pignatelli mandó construir aquella fuente de dos gruesos caños. Para coronar su demostración de erudición, rozando el límite de la pedantería, Miguel leyó la inscripción latina:

 

INCREDVLORVM CONVICTIONI 

ET VIATORVM COMMODO 

 

–O lo que es lo mismo –concluyó el doctorando en letras– «para convicción de los incrédulos y comodidad de los caminantes». Esta fuente está aquí para que se refresquen los caminantes como nosotros. Así que bebamos en homenaje al señor Pignatelli.

Acercó su boca al caño y bebió satisfecho.

Continuaron caminando y cuando menos lo esperaba, cuando menos lo deseaba, María se detuvo ante una puerta de cristal y hierro, miró a Miguel como si hubiera terminado el recreo y le anunció:

–Aquí es...

–Vives demasiado cerca.

–A mí siempre se me hace el camino largo, pero hoy hemos llegado enseguida. Todo es siempre relativo… Gracias por acompañarme, Miguel.

–Gracias a ti por venir al cine y por este paseo.

La miró como la miraría tantas veces a partir de esa noche. Le dio dos besos entonces, sí, en el lugar preciso.

–Si quieres podemos quedar otro día –dijo María–. El lunes termino los exámenes…

–Muy bien, quedaremos otro día. Buenas noches.

–Antes de que te vayas, ¿no quieres que te dé mi teléfono?

–Claro, tu teléfono… ¿cómo vamos a quedar si no te llamo? Bueno, me hubiera apostado frente al portal de tu casa. En algún momento hubieras salido para ir a clase, para comprar... Te llamaré pronto...

–Llámame cuando quieras.

Miguel volvió por el mismo camino que había recorrido con María. Llegó a su casa. No cenó. Tampoco pudo leer nada. Solo escribió.

Si conservara sus agendas, en sus notas de entonces seguro que podría leerse:

«13 de marzo. El último sol del día se refugiaba en su pelo. Sólo podía oír su risa sobre el estrépito de los gorriones».

«Algo me está pasando por primera vez».

«No he querido cenar».

María era tan hermosa que le dolía mirarla. Sentía vértigo al asomarse al fondo de sus ojos. Sabía que si la miraba un instante más del que podía soportar, su voluntad se precipitaría por aquel abismo azul.

¿Cómo sería el mundo después de besarla?

En el amor hay un punto de ceguera –no vemos cosas que otros ven– y un punto de luz –vemos cosas que otros ni intuyen–. Además cuando nos enamoramos confundimos la parte con el todo: nos enamoramos del lunar que ilumina la sonrisa de la persona que amamos, de su tono de voz, de unas largas piernas, de unos hermosos labios, de unas palabras que nos conmueven, pero somos más que lunares, palabras y voces. Posiblemente él también se enamoró de una parte: de su manera de mirar y de cómo sonreía cuando se encontraban. Luego descubrió el todo y sintió la caricia de su voz y comprobó que en cualquier parte de su cuerpo la piel de María era dulce. Más tarde aprendió algunos de sus gestos: cómo movía las manos al hablar, el balanceo de sus caderas cuando caminaba...

Todo en ella tenía la dimensión exacta: su boca, su cintura, sus manos, sus pechos, el tono de su voz, el suave perfume que le acompañaba y que Miguel ya no pudo olvidar después de su primer paseo rumbo a Casablanca, la constelación de lunares repartidos por su cuerpo, la densidad de sus lágrimas, su risa, sus besos, sus silencios y la ternura de sus brazos.

Miguel llamó a María el lunes, después de los exámenes. Quedaron el martes y el miércoles, y muchos jueves y viernes. Durante aquellos días de luz y palabras, enseguida descubrieron que querían estar siempre juntos. Cada vez que María le miraba, o pronunciaba su nombre, o rozaba su mano, o la oía reír, o presentía que unos pasos eran sus pasos, el mundo se estremecía. Cada vez que la desnudaba tenía la seguridad de que la felicidad existía. Dos años más tarde se casaron y luego les nació Ana. Miguel vivía en el territorio de la incertidumbre, de la insatisfacción permanente que genera la escritura. Sin embargo, María recorría un universo previsible en el que hache-dos-o es siempre agua. María era una magnitud constante y Miguel un viento ingobernable. Él había publicado varias novelas y colaboraba en la prensa. Ella trabajaba en un laboratorio dedicado a la elaboración de productos farmacéuticos. Ana empezó la escuela. Cuando miraba a los ojos a María, Miguel aún experimentaba el mismo vértigo que le invadía las primeras veces. Una mañana María se iba a trabajar y él no subió las escaleras para despedirse de ella. No sabía con qué ropa se había vestido. Tres horas más tarde sonó insistentemente el teléfono y Miguel habló con un sargento de la Guardia Civil de Tráfico.

MEDIO SIGLO SIN LUIS CERNUDA

 

Luis Cernuda (Sevilla, 1902-México D. F. 1963) no dejó exactamente una buena fama. Uno de sus grandes amigos, José Lezama Lima, decía que era «áspero y retraído» y, sin embargo, durante su estancia en Cuba, a principios de los años 60, fue amable y generoso con casi todos. Era un hombre difícil, enojadizo, capaz de mayúsculos rencores, como los que les tuvo a dos grandes amigos por un quítame allá esas pajas: a Juan Ramón Jiménez, a quien no le perdonó que dijese que en 'Perfil del aire', su primer poemario, se veía la sombra de Jorge Guillén, y a Vicente Aleixandre por esas extrañas rivalidades entre poetas. Su personalidad resulta contradictoria: era sincero y valiente a un tiempo, susceptible y amargo a la vez.

Admite muchas lecturas y análisis: amaba la alegría, el verano, le encantaba probarse trajes de baño y se cuidaba mucho, tal como recordaba el pintor Gregorio Prieto. Y, por otra parte, era grave, sentencioso, un tanto antipático y parecía mirar con un ligero desdén a sus paisanos: no podía perdonar la herida de la Guerra Civil. Tenía un porte de galán, tocado de bigotito, y sufría constantes penas de amor. Se enamoraba con facilidad y de inmediato descubría el lado oscuro de la pasión. Todo resultaba fugaz e insatisfactorio, y le dejaba en el umbral del abismo. Le pasó con el joven actor Serafín Fernández Ferro, más tarde con Víctor Cortezo, otro amigo y amante, y en los años 50 con el joven culturista mexicano Salvador Alighieri, una de sus últimas pasiones, que le inspiró el libro 'Poemas para un cuerpo'.

El placer fugaz, el abismo del vacío

En 'Variaciones sobre tema mexicano' (1953), su segundo libro de prosa poética tras el maravilloso y autobiográfico 'Ocnos' (1943), inventó un 'álter ego', Albanio; a lo largo de 26 poemas elogia la vida mexicana y reconoce que «no siempre ha sabido, o podido, mantener la distancia entre el hombre que sufre y el poeta que crea». Más que una poética, la frase es casi un autorretrato: Luis Cernuda, escritor, profesor, viajero constante, sufría como ciudadano por amor y por la pérdida del país, y fue un gran lector, un importante traductor de poetas en varias lenguas, entre ellos William Shakespeare, un creador entusiasta, un pensador de la lírica, un crítico y, sobre todo, un poeta que aspiraba a dialogar con la belleza y con el paisaje, que buscaba la felicidad y hallaba el rostro del vacío. Cernuda perseguía el placer y asumía, contra las sombras de la represión, su condición homosexual. Escribió de sí mismo y de su llanto, del tiempo, de los paraísos perdidos. Pese a ello, tuvo muchas amigas, que le ayudaron en momentos críticos: Concha Méndez, sin duda, María Zambrano o Concha de Albornoz.

Luis Cernuda descubrió la poesía a través de Gustavo Adolfo Bécquer: cuando el niño contaba nueve años, trasladaron su féretro a Sevilla, y el hecho no le pasó inadvertido. Bajo el influjo de Pedro Salinas, y también de Moreno Murube, empezaría a escribir y pronto se sumaría a la Generación del 27. Asistió, como invitado, al homenaje a Luis de Góngora en diciembre de 1927. Pronto empezó a publicar sin prisa pero sin pausa. Debutó con 'Perfil del aire', de poesía depurada, de pura esbeltez verbal; abrazó levemente los ecos de la canción popular, el cine y el jazz en 'Égloga, Elegía, Oda', y a partir de entonces pasará por una fértil época surrealista con libros como 'Un río, un amor' y 'Los placeres prohibidos', dos libros de exaltación y desesperación amorosa, y 'Donde habite el olvido', su gran homenaje a Bécquer. Por aquellos días, Luis Cernuda descubría otro embrujo: el mar, la playa, los cuerpos. Y ahí están textos que son de lo mejor de su producción como 'Soliloquio del farero', 'A un muchacho andaluz' o el poema dramático 'El joven marino', una de sus inolvidables piezas.

Memoria de un nómada

Durante la Guerra Civil vivió complejas circunstancias, estuvo en el frente, y más tarde asistió al Congreso de Escritores Antifascistas en Valencia, donde conoció a Octavio Paz, al que siempre querría mucho. A partir de ahí inició su incansable peregrinar: estuvo en París, en Cranligh, en Cambrigde, en Londres. Como profesor o como lector. Escribía compulsivamente y leía muchísimo: se formó con los simbolistas -Stephane Mallarme, Baudelaire y Rimbaud, entre otros-, también sintió una gran admiración por Pierre Reverdy y Paul Éluard. A esos nombres, durante su etapa inglesa, se sumarían T. S. Eliot, los románticos ingleses (Byron, Shelley, Keats y Wordsworth, entre otros) y Hölderlin, otra de sus devociones. Para él el romanticismo era «un deseo insaciable que se confunde con la propia vida, (…) un divino afán hostigándonos para levantar la vida hasta las estrellas».

Más tarde viviría en Estados Unidos y en Cuba, y México se convertiría en su último refugio. Allí coincidiría alguna vez con Luis Buñuel y con María Dolores Arana, la esposa de José Ramón Arana, el autor de 'El cura de Almuniaced'. Quizá le recordase que durante la II República estuvo en las Misiones Pedagógicas en varios pueblos de Teruel con María Zambrano. Publicó poemarios claves como 'Las nubes', su mirada a la Guerra Civil española, su vindicación de personajes como García Lorca o Mariano José de Larra. En 1958 empezó otro libro fundamental en su trayectoria, 'Desolación de la quimera'.

Falleció en 1963. Su amiga Concha Méndez escribió: «Debían ser sobre las seis de la mañana del día siguiente, cinco de noviembre -hora de México- cuando la muerte le sorprendió en la puerta de su cuarto de baño, en ropas de cama, batín y zapatillas, intentando fumar, con la pipa en una mano y las cerillas en la otra. Así lo encontró Paloma [hija de Concha] unas dos horas más tarde. Tendido ya sobre el lecho, y como despedida, puse mi mano en su frente». Años antes, Luis Cernuda había escrito: «Creo en la vida, / Creo en ti que no conozco aún, / Creo en mí mismo: / Porque algún día yo seré las cosas que amo: / El aire, el agua, las plantas, el adolescente».

DOS PROYECTOS, DE POESÍA Y MONTAÑA

[Recibo esta nota y esta petición] Soy Sandra Barrilaro, coincidimos en la mesa sobre cine y derechos humanos este verano en Calanda. Junto con Sergio Pérez, editor de Bósforo, hemos creado una plataforma de microfinanciación colectiva o crowdfunding. En el lanzamiento contamos con dos proyectos aragoneses. Te agradeceríamos su difusión. ​Un saludo y gracias.
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Dos proyectos aragoneses  se encuentran buscando financiación en la nueva plataforma de microfinanciación colectiva o crowdfundig, Namlebee .

Los proyectos son:

 

-Poetas del Cierzo y del Ebro es el proyecto de documental presentado por la aragonesa Sonia Llera en donde se recogería la experiencia emocional y literaria de tres generaciones de seis poetas: Emilio Gastón,  Ángel Guinda, Gabriel Sopeña, Ángel Petisme, Octavio Gómez Millán y Sharif. Narraría las transformaciones sociales, culturales, políticas y urbanísticas de Zaragoza, a lo largo de 60 años de su historia: http://namlebee.com/index.php?np=proyecto&pro=6


-y “…que te quiero verde”,  un proyecto de agricultura de montaña y economía sostenible lanzado por Javier Selva con la complicidad de gran parte de los habitantes de La Puebla de Fantova, un pequeño pueblo de la Ribagorza aragonesa que lucha por seguir siendo un pueblo vivo apegado al paisaje y sus tradiciones, fomentando la agricultura ecológica: http://namlebee.com/index.php?np=proyecto&pro=20

 

unto a estas iniciativas, un par de proyectos relacionados con Palestina, arropan el lanzamiento de Namlebee (Namle significa hormiga en árabe y bee abeja en inglés), una plataforma de obtención de aportaciones económicas para proyectos política y socialmente comprometidos.


Poetas del Cierzo y del Ebro necesita 4.500€ y “…que te quiero verde” sería posible con 5.000€. Una oportunidad para que la gente solidaria apoye iniciativas de esta tierra.

 

Más información en:

www.namlebee.com

 info@namlebee.com

*Esta foto de Ansel Adams la he tomado de aquí.

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-e2969d2c92cb94bfcf9ce3c5b4570cdc.jpg