Blogia

Antón Castro

LA EXPERIENCIA DE 'DE VUELTA CON EL CUADERNO'. CLARA MARTA MORENO

LA EXPERIENCIA DE 'DE VUELTA CON EL CUADERNO'. CLARA MARTA MORENO

 

¿Quién le iba a decir a Clara Marta Moreno que el proyecto ‘De vuelta con el cuaderno’ iba a llegar a los diez años y reuniría a más de 600 dibujantes de distintos lugares de España y del mundo, y que iba a convertirse en un fenómeno a imitar en Sevilla, Barcelona, Lisboa, ciudades de Estados Unidos como Portland o incluso en Marruecos? De entrada, ha cristalizado en la muestra ‘10 años dibujando (2009-2019)’, que puede verse en la Casa de los Morlanes. Y ya ha inspirado proyectos como ‘Compostela ilustrada’.

Clara Marta Moreno, profesora en las Escuelas de Arte y Diseño, se interesó por los diarios gráficos a los que quería dedicar su tesis doctoral; no tardaría en ver que el artista portugués Eduardo Salavisa ya había recorrido el camino que ella soñaba recorrer. Con todo, «tras un mes y medio de enfado», decidió seguir adelante y conectar con él, y concibió un bonito proyecto, ‘La revuelta de los cuadernos’, que iba a acoger la Fundación Norte y su coordinadora Ana Revilla. Aquella idea, pensada para los niños y para los alumnos de arte, no salió adelante, aunque llegó a presentarse en el Centro Joaquín Roncal.

Severino Pallaruelo en el origen

Algún tiempo después, el escritor, etnógrafo, fotógrafo y dibujante Severino Pallaruelo fue a la Escuela y se conocieron. El director, Jaime Ángel, les dijo: «Sois almas gemelas». Pallaruelo, un apasionado del cuaderno –«escribe textos y luego los ilustra; hace dibujos y luego les coloca notas», dice Clara Marta–, quiso saber qué hacía la profesora además de dar clases.

Le dijo que le interesaban muchos los cuadernos, y que incluso los había utilizado como herramienta en clase con otros profesores. «Severino se emocionó con la idea y me pidió bibliografía. Al final, por pereza, le mandé el proyecto y fue con él a las Cortes de Aragón, habló con el alcalde de Jaca, y le propuso que hiciese un curso sobre el cuaderno en la Universidad de Verano. Me llamó y me dijo que nos dejaban presentar el proyecto al día siguiente a las once. Esa noche hice la programación. El tribunal universitario no se lo podía creer, se chotearon de mí. “¿Un cuaderno de dibujos? ¿A quién puede interesarle eso?”. Hablaron de un curso para quince personas, y alguien dijo: “Y sobrarán plazas”. Al final se apuntaron 77 personas, y una década después hemos cerrado en 120 porque ya no es fácil», recuerda Clara.

La propuesta de Clara Marta Moreno se ha mantenido a lo largo del tiempo. «Hacemos seis ponencias de seis grandes dibujantes que cuentan un poco cómo trabajan, sus métodos, la relación con los materiales, qué le interesa más. Eso al principio se llamaba ‘Salir a dibujar con...’ Más tarde, empezamos a hacer sesiones más temáticas. Un año habíamos programado en el mismo curso, vinculado con el cine, a José Luis Borau, a Bigas Luna, que era un gran artista, y a Carlos Saura. Hubo cambio político y se retrasó el curso. Borau y Bigas Luna fallecieron y Saura tuvo que rodar ‘La jota’».

En ese curso de ‘Escenarios de cine’, los dibujantes se trasladaron al castillo de Loarre y luego a Murillo de Gállego, donde transcurría ‘Tata mía’, de Borau. «Al final conseguimos llevar a Javier Mariscal y a Ivonne Blake. Pasamos ‘Tata mía’ y fue una experiencia muy bonita. Los cuadernistas lo aprovechan todo. Con su pequeña luz, son capaces de dibujar de noche».

En los últimos años se han dedicado cursos a la arquitectura (‘Arquitectura en cuaderno’; se desarrolló en el verano de 2012 en la propia Escuela de Arte de Zaragoza), a la música (‘Son dibujo’, que se hizo en el balneario de Panticosa y en Sallent de Gállego en 2016) o al erotismo (‘La erótica del dibujo’, en El Plata en 2018).

A la primera cita de Jaca acudieron, entre otros, artistas como Álvaro Ortiz, Helena Santolaya, el citado Severino Pallaruelo, Agnes Daroca, pero también el francés Lapin, la italiana Simonetta Capecci o el norteamericano Gabi Campanario, fundador de ‘Urban Sketcher’ en 2008 con Enrique Flores, otro cuadernista incansable. Y, más tarde, acudirían artistas como Santiago Arranz, Pepe Cerdá, Lina Vila, Ignacio Mayayo, etc. O el arquitecto José Manuel Pérez Latorre, que también dibuja y pinta. «Cuando le contamos a Mayayo la idea, le pareció un poco inviable. No se veía. Y ahora es otro convencido», dice.

Los artistas van a su aire

Esta experiencia le ha cambiado la vida a Clara Marta Moreno y a muchos de sus colaboradores y amigos. En 2014, ‘De vuelta con el cuaderno’ se convirtió en asociación. «Cuando dibujas miras más intensamente, como dice el escritor y teórico John Berger. Cuando dibujas tienes que fijar la mirada, y luego debes analizar lo que estás viendo, ya sea de una manera intuitiva o no. A cada cosa que estás mirando le das su tiempo, su momento, su ubicación, y eso te hace reconocer las cosas. Cuando dibujas lo ves todo», señala.

Clara Marta Moreno revela que el lema es «Pásatelo bien dibujando». Matiza: «A la gente le entregamos un cuaderno japonés, tipo ‘leporello’ o acordeón. Y dejamos que vaya a su aire. Que se divierta. Que aprenda. Que contagie lo que sabe o lo que intuya. El clima es maravilloso de camaradería. Me encanta la entrega de la gente, la rapidez, la precisión, la ausencia de pereza. No se hacen juicios de valor. Puede venir quien quiera… A medirse, a probar, a escuchar».

Clara Marta insiste en que este proyecto no ha pasado inadvertido. Le encargan talleres en distintas ciudades de España, de Europa o de África. Y le proponen hacerlo en ellas.

Explica:#«Recibí propuestas para hacer los cursos en Barcelona, en Sevilla o en Compostela, donde di el taller ‘La tapa ilustrada’. Y dudé, claro. Pero al final pensé que ‘De vuelta con el cuaderno’ también era una magnífica oportunidad para contar y dibujar Aragón, y mostrárselo al mundo».

 

 

SE PUEDE COMER, OÍR UN CONCIERTO, VIAJAR Y DIBUJAR

«A veces, miras y te quedas estupefacto: la gente se tumba en el suelo, en la acera, se pone ante un edificio y lo levanta, línea a línea. Sin complejo alguno, con naturalidad. Miras de nuevo y te das cuenta de que a tu lado está uno de tus ídolos y pareces levitar», explica la coordinadora de la exposición, una de las más visitadas, cuyo diseño gráfico corresponde al Estudio Ductus:#Rubén Rodríguez y Choni Naudín.

«¿Qué de qué hablamos? De todo. Del arte dibujar, de materiales, de utensilios, y ya puestos en harina, de cómo se hace un rostro, una casa, una calle, un hotel, un paisaje. Son conversaciones apasionantes y sencillas, donde sucede algo curioso: el cuaderno, que en el fondo es algo particular e íntimo, se abre a los demás, si se quiere. Tampoco es obligado».

En la muestra de la Casa de los Morlanes hay de todo. Para los cuadernistas nada es imposible. Todo les interesa. Pueden comer y dibujar; pueden oír música y dibujar, algo que se ha puesto de moda a través de los trabajos de Santiago Ríos, Antonio Maestro y Gregorio Reales; pueden viajar en tren y elaborar álbumes increíbles que parecen el ‘storyboard’ de una película, viñeta a viñeta, etc.

Quizá por todo ello, por la versatilidad de los dibujantes y por esa clima de familia, apunta Clara Marta que «aquí no hay una voluntad artística exactamente. Es muy curioso cómo son las primeras páginas del cuaderno y cómo son las últimas o la otra cara».

Quizá por todo ello, la coordinadora ha confeccionado citas que se ajustan al espíritu del equipo:#«Un cuaderno es un lugar de encuentro». «Un cuaderno es una maleta con el equipaje plegado». «Un cuaderno es una pantalla donde contar historias». O esta, que refleja las grandes apuestas de los cuadernistas por las ciudades: «Un cuaderno es una alfombra de papel que puede transportar una ciudad entera».

«La exposición me emociona mucho por varias razones y me cuesta mucho estar sola aquí. Ahora completamos los cursos, que pasan a tener carácter bienal, con el ‘Cuaderno fest’ que hacemos en la Escuela, del que ya hemos organizado en dos ediciones. Me cuesta estar sola porque me hace pensar en los momentos que hemos vivido, en las conferencias, en la amistad...». Clara Marta dice que se enamora un poco de los artistas: «A mí me pasa con Lapin, que es como un caballero francés, elegante, un gran artista, increíble, o con Inma Serrano, maravillosa. Me pasa con casi todos», dice.

 

 

MARGA CLARK RECUERDA A SU TÍA ABUELA MARGA GIL ROËSSET

Marga Clark: “Me pregunto si mi tía, que se suicidó,

se enamoró del hombre, del poeta o de lo imposible”

 

La escritora y fotógrafa recordó en Zaragoza a su tía, la escultora Marga Gil Roësset, que se quitó la vida a los 24 años con un revólver por amor a Juan Ramón Jiménez

 

 

Antón CASTRO

La escritora y fotógrafa Marga Clark (Madrid, 1944) ofreció, en la Biblioteca de Aragón, el una conferencia sobre la figura de su tía, la escultora Marga Gil Roësset (1908-1932) que, a la edad de 24 años, en 1932, tras destruir la mayor parte de su obra, se quitó la vida por un amor que ella consideró imposible hacia el poeta Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel de 1956.

“En  las últimas décadas yo intento reivindicar su memoria y su figura como artista y creadora, ya que fue silenciada durante muchos años. Por esto escribí el testimonio novelado: ‘Amarga luz’, y el poemario ‘El olor de tu nombre’ (Premio Villa de Madrid 2008). Son mis dos formas de homenajearla y rescatarla del olvido”, explica Marga Clark, que ha expuesto en varias ocasiones en Zaragoza, en la galería Spectrum Sotos y en el monasterio de Veruela.

 

Aunque ha avanzado un poco su figura, ¿quién fue Marga Gil Roësset? ¿Cómo la definiría usted?

Fue una joven niña prodigio y una mujer de una fuerza y un espíritu apasionado, con un talento extraordinario para la escultura y el dibujo. Yo la definiría como una artista autodidacta, transgresora, innovadora, única y genial. Siempre adelantándose a su tiempo, como hacen los grandes creadores.

 

Creo que se había contado, y le habían contado, poco de ella...

Sí, estuvo enterrada en la tumba del olvido durante más de 65 años. Marga era un tema tabú en mi familia, tal vez la quisieron proteger de los prejuicios de aquella época, pero desgraciadamente así también silenciaron la genialidad de su obra.

 

Era escultora e ilustradora. ¿Cómo valora su obra?

Está considerada como una artista de vanguardia, sus obras son muy originales y personales. El primer cuento de dibujos que ella misma escribió y que todavía conservamos: ‘La niña curiosa’, lo hizo a los siete años. Marga impresiona por su dominio de diversas técnicas, porque va del dibujo a la escultura en pocos años y también en apenas diez años pasa del modernismo a la vanguardia.

 

Como artista, ¿al lado de quién la situaría?

Dentro de ese grupo de mujeres, artistas, intelectuales y creadoras como son las que pertenecen a la Generación de 27, como María Zambrano, Maruja Mallo, Rosa Chacel, María Teresa de León y otras muchas.

 

¿Qué vínculo tenía con Zenobia Camprubí Aymar, la esposa de Juan Ramón Jiménez, que era escritora y traductora?

Marga y su hermana Consuelo la admiraban mucho porque era la traductora de Tagore, que ellas leían con gran avidez, y cuando Zenobia la conoció aceptó encantada que le esculpiera su busto.

 

¿Se enamoró locamente de Juan Ramón Jiménez o la enamoró él?

Todo son suposiciones. Lo que sí conocemos son algunos hechos objetivos y lo que Marga nos cuenta en el emocionante e íntimo ‘Diario’ que escribió durante el último mes de su vida. Pero yo siempre me he preguntado si Marga se enamoró del hombre, del poeta o de lo imposible.

 

¿Cree que intentó que él la salvase o había decidido el suicidio?

El último día de su vida Marga fue a casa del poeta para hablar con él, ella ya llevaba el revólver envuelto en papel, que dejó sobre un mueble en la entrada. También le dejó su ‘Diario’ advirtiéndole que no lo leyera hasta más tarde. Yo siempre me he preguntado qué pretendía verdaderamente con esta visita. Acabó suicidándose con ese revólver.

 

¿En qué medida sería, también, una ‘sinsombrero’?

En la medida que era un espíritu libre, tremendamente creativo y muy avanzada para su época, como eran todas ellas.

 

¿Ha crecido su figura como creador con el paso del tiempo o no?

Sí, su obra ha comenzado a trascender y a despertar el interés de críticos y estudiosas a nivel internacional. Su obra lenta pero inexorablemente empieza a brillar con luz propia. Algunas estudiantes están haciendo su tesis doctoral sobre su obra. Ya hemos conseguido que el municipio de las Rozas, donde ella murió, le conceda la distinción de Hija Adoptiva y que la Biblioteca de las Matas lleve su nombre.

 

A usted poeta y fotógrafa, ¿qué le ha dado Marga, además del nombre?

Mi tía Marga siempre ha sido una ausencia muy presente en mi vida. Se convirtió en una especie de voz interior con la que yo hablaba constantemente, sobre todo cuando de muy joven me fui sola a estudiar a Estados Unidos, y no me cabe la menor duda que alimentó mi espíritu y que me inspiró para lanzarme al mundo de la creación.

 

MAVI ARBELOA Y AURORA CHARLO, DOS ARTISTAS EN A DEL ARTE

MAVI ARBELOA Y AURORA CHARLO, DOS ARTISTAS EN A DEL ARTE

En la galería A del Arte puede verse una doble exposición, o una exposición de dos mujeres y grandes amigas y compañeras de viaje en el arte: los retratos de María Victoria Arbeloa, esculturas muy trabajadas, de rostros femeninos, y las acuarelas de Aurora Charlo. Dos maestras en su oficio de mirar, soñar y transformar la materia en arte. Mavi Arbeloa es una trabajadora de los matices, del escorzo, de los ojos y de algunos términos o valores abstractos de las virtudes humanas. Su obra es meticulosa, elegante, depurada y personal: trasciende inmediato con plasticidad y con una gran capacidad de persuasión.

Creo que la primera vez que vi a Aurora Charlo fue en Albarracín, con sus pinceles, sus acuarelas y el agua en la mano. Ante el Guadalaviar, en el cementerio y en el mirador hacia las murallas. Allí, me habló de su técnica, de su trabajo, de su ambición, de su sentido entre telúrico y lírico del oficio.

Aurora Charlo posee una técnica poderosa. Es difícil hallar a alguien que tenga ese virtuosismo con la acuarela. La domina en todos sus términos y matices. Como diría Dámaso Alonso, su obra es un puro gozo para la vista. Y es una invitación a indagar: está, de entrada, esa impresión general, que abraza distintos aspectos: el equilibrio cromático, la soltura y la belleza, la suavidad y la energía, el embrujo o el puro misterio. Apetece siempre habitar sus cuadros. Avanzar en ellos, pasear, respirar, sentirlos en uno y sentirse unidad en ellos. De la segunda observación emergen los detalles: la elección de un blanco que también es descanso y sugestión, casi un trampantojo sentimental, el fulgor decisivo de un rojo, las masas, el temblor que eriza las aguas, la alfombra desmayada y acaso metafísica de las nieves. Nieves. Aurora Charlo ha dividido su propuesta en tres partes: ‘Nieves’, ‘Aguas’ y ‘Tierras’, que son las superficies de la artista andariega, que divisa e interioriza paisajes y que luego recuerda, deslíe y consuma en el estudio. Y la tercera mirada es la más íntima: de proximidad, de puro placer, de entrega. De necesidad de ver más adentro. Ahí se percibe, aún más, mucho más, cuantas, cuantas cosas hay en las acuarelas de Aurora Charlo: arrecifes, remansos, suspiros, el ocio sublime, fogonazos, el gesto inadvertido, la melancolía, el señorío asombroso de la técnica, de la sensibilidad y de los matices. El afán de que la acuarela sea un arte mayor, un arte del alma, una transformación ambiciosa del sentir.

Aurora Charlo tiene un estilo. Un abanico de color. Un modo de hacer y desplazar la luz en la trama de sus naturalezas donde rara vez asoma el ser humano. A veces lo hace como si fuera un pájaro, un latido de autobiografía y la constancia de la pequeña inmensidad que somos. Con todo, o con ese bagaje, la pintora Aurora Charlo va un poco más y juega, experimenta, ensaya rojos, granates, blancos (que son el hueso y el corazón del papel, que son estremecimientos de una tonalidad clara, sí, que son la presencia invisible de los dioses o de un fantasma acaso inadvertido), y logra crecer aún más, evolucionar, expandir. Logra, sí, una obra nítida, sugerente, en diversas formatos, que tiene algo de diario de viaje, de cuaderno de ensayos, y a la vez de obra mayor, pensada, sentida y elaborada con ese deseo de hermosura constante.

Quedan pocos días para ver y disfrutar de Mavi Arbeloa, y su mundo de expresividad y de suavidades, y asomarse a la naturaleza deslumbrante que sueña y nos ofrece Aurora Charlo, y que dedica a su compañero de vida y de viajes y de pasión Salvador.

 

*La muestra 'Dos mujeres en el arte' concluye el próximo sábado día 21.

 

'PASARON POR AQUÍ' EL 10 EN EL PRINCIPAL

'PASARON POR AQUÍ' EL 10 EN EL PRINCIPAL

’PASARON POR AQUÍ’, EL MARTES 10 EN EL TEATRO PRINCIPAL
El próximo martes, 10, en el ambigú del Teatro Principal de Zaragoza se presenta el libro ’Pasaron por aquí’, que lleva por subtítulo ’Famosos que cruzaron las tierra de Aragón’. Es un libro de perfiles, crónicas, reportajes que se publicaron sábado tras sábado en el suplemento de Heraldo de Aragón que coordinó Ana Usieto hasta su desaparición.

El libro lo publica Pregunta (Reyes Guillén y David Francisco), lo presentarán Elena de la Riva y Pilar Rodríguez, de documentación, y José Luis Melero. Cantará tres o cuatro temas María José Hernández. Y es un libro, también, lleno de amigos que han colaborado con sus recuerdos y testimonios: Ramón Acín, Mariano Anós, Miguel Ángel Tapia, Trinidad Ruiz-Marcellán, Miguel Mena, Luis Sol, Paco Giménez, José Miguel Tafalla, Santiago Paniagua, Matías Uribe, Manuel García Guatas, Félix Zapatero, Carmen Puyó, Pedro Pablo Fernández, Chema Rodríguez Morais, Juanjo Blasco Panamá, Gabriel Sopeña, Chema Fernández, Leo Tena, Pablo Ferrer, Plácido Serrano, José María ’Cuchi’ Gómez, Luis Alegre, Enrique Vázquez, Luis Felipe Alegre, José Luis Melero, Yolanda Polo, Xabier Maceiras Rodríguez, Vicente Merino, Santiago Gascón, Ángel Giner, Ana Bendicho, José María Enguita, Canario, José Luis Rico, Violeta, Pablo Rico, Luis Rabanaque, Cristina Yáñez, Rafael Campos, etc.

*Estáis invitados...

GUILLERMO BUSUTIL ESCRIBE DE 'VINO DEL MAR'

https://www.laopiniondemalaga.es/libros/2019/11/29/vida-piedras/1129985.html

Marcapáginas

La vida entre las piedras

"No es fácil abordar el vino sin salpicarse de tópicos ni embriagarse con el tanino que deja en el fondo de cada palabra e imagen el viaje sensorial por este cuya uva crece entre las piedras"

Guillermo Busutil  29.11.2019 | 17:36 

Vinos del mar

  • Antón Castro
  • Olifante
  • Ediciones de poesía 
  • 14,25 €

El lenguaje es vino en los labios. Lo dijo Virginia Woolf como si recordase los rubaiyats de Omar Khayyan al que tanto bebimos de jóvenes, soñándonos poetas entre versos de seda roja para seducir la copa de los labios femeninos. De esa estirpe cuyo mundo de palabras en torno a los placeres de los sentidos se va derrumbado despacio y en barbarie, pertenece el escritor y periodista Antón Castro. Un buen tipo mestizo de la Galicia cunqueironiana del Merlín que fabula historias con gajos de naranja navegando en aguas de infancia, y de una Zaragoza de la que es su generoso corazón cultural, antes y después de que otro amigo de su misma grandeza sencilla nos dejase huérfanos de risas, debates y recomendaciones de lectura, Félix Romeo. Valgan estos antecedentes del autor de "Los seres imposibles" y el maravilloso libro "El testamento de amor de Patricio Julve", publicados en Destino, y Premio Nacional de Periodismo Cultural, para adentrarse en su último libro "Vino del mar" Un cuaderno de viaje a través del elixir de Cariñena, oscuro y desnudo que carraspea y deja huella en el sabor de su abrazo. La raíz y el caldo de un tema con el que Antón Castro decanta no sólo el paisaje y las excelencias del Aylés, del Niño Mimado o de La Virgen del Águila, sino que trenza un dietario de personajes y escenarios que se van alternando con piel de poema y con trama de relato. Géneros de los que es un reconocido maestro de sobremesas en las que se desenvuelve con la voz calma del antiguo narrador de historias, humanas en su magia. Una de las mejores cualidades del escritor que siempre regala a sus lectores hermosos libros encuadernados, con títulos que siempre invitan a enrolarse en su lectura y un contenido donde su estilo rezuma sensibilidad exquisita, profundo conocimiento, las dotes de seducción del buen poeta y mejor narrador, y la esencia que cada trama le exige. Igual que en este caso es el vino el lenguaje con el que lo celebra y nos lo sirve feliz en su misterio y su bouquet.

 

No es fácil abordar el vino sin salpicarse de tópicos ni embriagarse con el tanino que deja en el fondo de cada palabra e imagen el viaje sensorial por este cuya uva crece entre las piedras. Y menos aún si en el homenaje a Cariñena, surco, mar y oleaje, el autor opta igualmente por elaborar un cuaderno de protagonistas secundarios de la labor de recoger la uva y alquimiarla. Nos cuenta Antón Castro de bodegueros, de viticultores, del portador der cuévanos, del ladrón goloso de racimos, de los distribuidores zamoranos del Nieve en las Eras, del vino de sirenas y del cierzo en los riñones. Cunqueiro, ya lo dije, en evocar las texturas y el alma del brindis sobre el que poetiza y nos cuenta, jugando entremedias a encantarnos con relatos de fantasmas como el de la motorista que se baña sílfide de noche en los pantanos, contempla horizontes desangrándose, que visita cementerios y fotografía el cada día distinto de los campos. Lo mismo hace, abrazo siempre de encuentro y ánimo de amigos, de personajes de literatura como Marín Bosqued, amigo de Octavio paz y de Buñuel; de Pilar Bayona para la que el vino es la melodía de los sentidos; de Simón Tapia violinista de la belleza primitiva de las hojas; sobe Idelfonso-Manuel Gil, consuegro de Pepe Hierro con el que el gusta conversar acerca de la poesía y los recuerdos que silba el buen vino. Hay también fotógrafos como Thomas Ryder y poetas de nombre Oceania, referencias a Whitman y una mujer que de su mano y entre ellos se convertía siempre en Scheherezad

 

No faltan en estas páginas con textura de palabras ovaladas en tacto como la uva, suaves igual que su paladar en este caso en el oído, la evocación de los amores difíciles, una maleta de los secretos, espejismos, de andariego, diálogos que se agitan audaces y terciopelo, relatos alisos que se explican avanzándolos entre la gestualidad de los dedos, sueños de mundos y mujeres cuyos besos supieron a mora y oxígeno.

 

Vino del mar la embriaguez gustosa con la que Antón Castro nos llena la copa de su lectura.

 

JESÚS SORIA LEE 'VINO DEL MAR'

http://www.elpollourbano.es/letras/2019/12/vino-de-mar-en-la-sangre-de-la-tierra/?fbclid=IwAR2pK6hUnHqhBw7PiHClefn19OtOCXpceJhHMIcC7yGVckqIfXfpED1StUw

 

Vino de mar en la sangre de la tierra.


Por Jesús Soria Caro

     En Cariñena, entre las viñas, cada sorbo de vino sabe a cada gota de instante en una vida madurada en el barril del alma. 

    El aroma del ahora y su química del deseo, la tierra casi desértica del silencio regada por la lluvia del ayer, las uvas sin la ira, el viento de sus sueños. Todo es parte del zumo de lo eterno que emborracha a quien se bebe la existencia con la pasión de buscar en ella toda su embriaguez. Antón Castro ofrece un homenaje a Cariñena, por su vendimia de recuerdos pasan todos los instantes reales e imaginados que componen lo afrutado del amor a esta tierra.

    “Una mujer se asoma al infinito” poetiza el paisaje de la viña como un mar, que es el de la tierra de la que brota el vino, casi a modo de caballo de Troya en el que la sangre de esta surge como mar interno que solo quien la bebe puede hacer suyo. Las cepas son como un vientre oculto de las de uvas en la tierra. Sus ondulaciones son animalizadas como víboras, hay algo atávico que conecta al vino con lo bíblico, con la serpiente de los deseos; es la religión del placer que nos hace paladear el sabor de la intensidad:

 No tengo ante mis ojos el mar infinito del viñedo,

la ovalada longitud de los racimos,

el primer oro del moscatel.

No tengo ante mis ojos esa claridad

del horizonte que se agiganta

y luego desaparece en la niebla

o se vuelve víbora y sendero.

Imagino por un instante cómo miras,

cómo acodas tu alma y tus ojos claros en el alféizar,

cómo sueñas viajes hacia la luz

por esos caminos que se adelgazan,

que se cuajan de tentación.

No tengo ante mis ojos ese faro

desde el que ves el mundo. (Castro, 2019: 17),

 

                Por el poemario circula el recuerdo de personas que conoció el autor en sus años de trabajo en la villa vitícola. El poema anterior “Mujer asomada al infinito” es la poetización de una mujer que amó y que se sublima en metáforas que exprimen la intensidad del momento que pudo serlo todo, sin necesidad de que nada más hubiera sido. El absoluto de ese encuentro amoroso se revive cuando el yo lírico se acerca a la tierra y, al hacerlo, le parece oír de nuevo los pasos de esa mujer que le invita a que ambos de nuevo se escondan entre los sarmientos, indicándole que vayan: “donde se oculta la noche oscura del deseo”. “Navarro” es otro texto que recuerda a un vendimiador amado por todos: bodegueros, taberneros, mujeres.  Era libre, perdido en sus laberintos en los que huía de sí mismo:

Lo querían sus compañeros de faena.

Parecían reírse de él, así como iba,

disfrazado de pordiosero, sin prisa,

triscando entre los surcos y los sarmientos.

Pero no. Nadie se burlaba de él,

lo protegían como a un moribundo

cuyo pensamiento era un secreto y un laberinto. […]

El niño sin edad que despreciaba la malicia.

Navarro a secas. El porteador de cuévanos.

El prófugo de sí mismo que se llevaba

una botella de vino oscuro a los labios

entre los residuos del Mercado central. (Castro, 2019: 19-20).

      La retrospectiva permite recordar el amor de su padre hacia el vino. El esmero como lo elaboraba, lo guardaba en barriles para su mejor fermentación. Amaba la fiesta de su sabor, lo que es, a su vez, casi una metonimia de alguien que amaba el emborracharse de vida. Su padre se fue, como se dice en la hermosa metáfora a “las regiones remotas del sueño y del olvido”. Es de gran belleza lírica este poema que casi funciona como una carta hacia quien reside en el otro lado del tiempo, para decirle que ahora ama el vino, que conoce muchas variedades, que le gustaría volver a verle.  Nos encontramos ante una apelación hermosa, intertextual, con referencias a Claudio Rodríguez: “Ahora me quedaría a tu lado, entre el asombro/y el silencio, para descubrir el don de la ebriedad” (Castro, 2019: 24).

      Especialmente erótico es el poema “Sirena de la vid”. Ella aparece y es el sabor del deseo. El yo lírico quisiera ser capaz de hacer un vino con la esencia de su piel, del fuego de su deseo en el que arde su placer. Teniendo en cuenta la idea de Jung de que los mitos son símbolos del insconsciente colectivo, de ese sustrato que puede explicar pulsiones compartidas y soterradas fuera de la consciencia, vemos como aquí de la sirena le emborracha su cuerpo, para ser su sexo el naufragio de su yo en el que muere como navegante de los placeres:

Me entregas tu gozo extremo, el grito

que se levanta por el llano y el monte

como un clamor de intenso deseo.

¿A qué sabes, sirena, a que huelen

tus cabellos y esa espalda lisa,

a qué saben tu piel y tu dulce boca?

A garnachas, a arándonos frescos,

a frutas del bosque y a suaves violetas.

El alarido de tus orgasmos escala

el mapa de las nubes en el cielo

y alza temblando un rosal de ansiedad,

la acidez salobre de un oleaje,

Si supiera haría un vino con la esencia

de tu escalofrío y el salvaje adiós

a tu espesura, arsenal de racimos,

piel, explosión, apetito de estrellas. (Castro, 2019: 28-29)

      Una de las secciones del libro es “Personajes” en las que se poetiza la presencia de figuras relevantes del arte que habitaron Cariñena y que vivieron en su entorno cercano. El yo lírico suplanta la voz de aquellos que dejaron sus huellas en los caminos del ayer, entre las eras y las viñas. En el “El manifiesto apócrifo de Martín Bosqued” se nos dice que Aguarón es la raíz de la belleza hecha luz y autorretrato, surge con la savia de aquel tiempo de la infancia en aquella tierra:

Jamás he podido olvidar sus calles,

su santuario, el fuego de sus crepúsculos,

la infinita extensión de sus colinas,

y cuando buscaba la inspiración.

toda la raíz del sentir, el núcleo

de la belleza hecha luz y autorretrato,

regresaba a la niñez y a la adolescencia

-y me quedaba ahí, absorto, varado,

en el umbral de sus fincas de viña.

Ese espacio ondulante de verdor

insaciable, el bodegón de los campos. (Castro, 2019: 36)

      “Pilar Bayona en Cosuenda” es un canto a esa tierra en la que aparece un latido de fantasía que recorre la tierra y salta con su silencio del campo a las ramas. La sinestesia “brillo seco” advierte de la imposibilidad del lenguaje lógico para retratar su pasión hacia ese paisaje, que es irracional y la lógica del pensamiento y del lenguaje no bastan para evocarlo, en el sentir hay una necesidad superior a los límites del decir:

El verano comenzaba en las eras.

Lo recuerdo muy bien. Con el trillo,

con las aves huidizas en bandadas

y ese calor pegajoso en las ropas.

 

Cosuenda tenía una luz propia, un brillo

seco que trepaba por los sarmientos,

un latido de fantasía y de silencio

que saltaba de las ramas al campo (Castro, 2019: 35-36).

 

     De Ildefonso Manuel Gil se recuerda una comida entre el autor, el poeta y su mujer. No había vino de Paniza. El camarero al reconocer que estaba allí la persona que daba nombre a la calle en la que vivía, hizo todo lo posible por traer una botella, yendo a una tienda cercana. Describiendo, desde una voz lírica que asume la perspectiva del citado poeta, que beber era el instante en el que la tierra y su sangre de vino recorrían su alma, siendo como si esta le besara por dentro con el aliento del viento:

¿A quién le importaba si era de una botillería cercana?

La abrió y nos sirvió con satisfacción. Estabas radiante.

Metiste el dedo índice en la copa y lo humedeciste.

Y dibujaste un árbol o un sendero en tu dedicatoria.

“como hace el que fue mi consuegro, Pepe Hierro”, dijiste.

“Gracias, llevo Paniza en el corazón desde niño.

Cada vez que bebo sus vinos, tengo la sensación

de que el viñedo canta su canción antigua dentro de mí

y resuena por toda mi sangre como el silbido del cierzo” (Castro, 2019: 42).

       “Alrededor del mundo” es una sección en la que la prosa poética presenta episodios a lo largo del mundo en los que el vino de Cariñena y sus tierras están presentes en algún momento. Scheheredaze es una poetización biográfica de una historia de amor, paralela en su homenaje irónico a la de la hija del sultán que con sus relatos pasó de ser concubina a reina. Hay fuerza lírica en ese instante de unión amorosa en el que se nos dice: “tus manos parecían pájaros lentos y cautivos”. (Castro, 2019: 47). “Los amores difíciles” es un cruce amoroso en el que después de haber llevado a los amantes imposibles por Venecia, Praga y Nueva York, el vino es testigo de un final sorprendente. “La maleta de los secretos” alude a un ebanista que le regala a su hija una maleta de madera para guardar sus recuerdos. Ella, pasado el tiempo, al marchar a otra ciudad se la enseña y juntos evocan el ayer. Su padre le habla de un farcino que es lo que le permite habitar el pasado, vendimiar las uvas de un tiempo anterior que siempre sabe a la fruta más embriagadora. Ambos son el símbolo de una historia pasada, y uno termina dentro del otro como en la estructura narrativa de las cajas chinas.

     “La despedida”, la última sección, contiene tres poemas, uno dedicado a Ángel Guinda. Es una etopeya que recorre los caminos más abismáticos del poeta: “hablaste de tu alma líquida y abisal, a punto de hundirse en un pozo”. Imagen potente en la que podemos visualizar la caída del yo en las profundidades de su alma, líquida y abisal en un descenso a lo más intenso del dolor y la belleza.  “Envío” es un poema metapoético que alude a cómo viaja el vino y el poeta que escribió un libro sobre este. “Soliloquio del enólogo” es un agradecimiento a todos los agentes del vino, el viento, la lluvia, las aves, los hombres que cultivan la tierra, el sol.

El vino es el zumo de la tierra en el que arde lo más atávico. Es como el hades de nuestra psique colectiva en el que navegar hacia el otro lado del recuerdo; el de nuestro origen casi inmortal, el que nace de la belleza embriagadora de la luz, el viento, el sabor de la sangre de la eternidad de quien bebe y vive mirando la belleza de la poesía. El aroma de lo que en los recuerdos queda de esta, la versión que asume lo que fue y la que cuenta lo que debería haber sido. Todo es reescritura con tinta de sangre, con tinta de vino, sueño de lo que fue y lo que tal vez sin haber sido también es, porque queda en la borrachera de los deseos. Son los ingredientes que forman parte también de lo embriagador de lo vivido.

BIBLIOGRAFÍA:

Castro, Antón (2019): Vino de mar. Olifante, Zaragoza.

EL 'ARTE CASUAL' DE FERRER LERÍN

EL 'ARTE CASUAL' DE FERRER LERÍN

 

Arte Casual. Por Francisco Ferrer Lerín.

  

Manifiesto (1984):

 

 

¿Qué es Arte Casual?

 

 

1) El que se da en objetos o grupo de ellos, materiales sin vocación artística, que por su ubicación, colocación o combinación producen en el observador un placer visual sin haberlo pretendido el responsable de la situación.

 

2) Todo lo que es capaz de crear una “emoción estética” partiendo de elementos no “naturales” pero no “pensados”, en su construcción y/o en su colocación, con “mentalidad artística”.

  

Características:

 

1) Casualidad, espontaneidad, involuntariedad de la Obra.

 

2) Transitoriedad, temporalidad, fugacidad del Hecho Artístico.

 

3) Adogmático, abierto, subjetivo, infinito, impredecible, aleatorio.

 

4) Popular, libre, democrático, público, comunitario.

 

 

Reflexiones sobre el Arte Casual:

 

 

1) No es sarcástico; no se burla (del arte actual).

 

2) No es revanchista; no venga una afrenta al arte.

 

3) No es crítico.

 

4) No es iconoclasta.

 

5) Sino que es deudor del arte último porque éste nos ha enseñado a ver, a apreciar la descontextualización, las series, los nuevos agrupamientos de objetos, los acotamientos del espacio, los empaquetamientos, los apilamientos, el azar como fuente de placer estético.

 

Consideraciones (1992 y 1994)

  

A mediados de los ochenta defino el Arte Casual (A.C.) dentro de un periodo de gran efervescencia artística (sensibilidad e investigación por lo plástico) en el

que también abordo las primeras Acciones y proyecto los primeros Táctiles.

A.C. es dado a conocer a diversas personas que señalan su genialidad pero también su fragilidad conceptual y su dificultad en la materialización. Se trata de una formulación que necesita un soporte fotográfico (o vídeo) para ser mostrada o una visita urgente al escenario en el que se está produciendo. Esta urgencia obligada, dado el carácter efímero de la manifestación, convierte el soporte fotográfico en una trampa para los observadores apresurados: la foto no es el Arte Casual (foto artística, etc.) sino un medio para acercar al espectador la manifestación de A.C., convirtiendo a este nuevo espectador en Artista Casual, ya que el Hecho Artístico se produce siempre en el ojo del descubridor (aunque en este caso sea un descubridor forzado).

 

Son muchas las cuestiones que suscitan la sistematización de A.C., no siendo las de menor importancia las que atañen a la Propiedad de la Obra Artística y su Autoría. Emparentado con otra actividad de gran raigambre en los países anglosajones como es el Bird-Watching, se proponen parejos desarrollos de la idea: es decir prospecciones, no aquí a la búsqueda de nuevas especies orníticas sino de nuevas manifestaciones de Arte Casual. Centrado, en principio, en el ámbito rural, es obvia la potencialidad de otros paisajes como el fabril, el urbano y el suburbial. Repito, siempre A.C. se manifiesta en objetos, grupos de objetos, instalaciones, acotamientos, etc., en los que no haya una intencionalidad artística por parte del humano que los fabricó, manipuló y/o colocó. 

 

Comentarios (actuales):

 

 

 

“Aceptada la falsa o sincera complejidad del arte contemporáneo, a los artistas y especialistas no les gusta que alguien, y además desde otros terrenos creativos, se les diga que aquello que han labrado con tanta dificultad se encuentra ‘casualmente’ al pasear por ahí.” Jesús Martínez Clará

 

“Yo veo A.C. desde otro punto de vista. Cuando Ferrer Lerín acuña el término define muy bien - como en un poema- de qué se trata. No hay que buscarle un ismo, ni siquiera referencias en el campo del arte; decir que una obra se parece a otra es siempre incierto porque se trata de reducir lo que no es susceptible de serlo.” Elena Ruiz Sastre

 

“La belleza no es una cualidad de los objetos, sino un atributo del sujeto: es una cualidad de la persona cuando esta es capaz de reconocer la belleza donde otros no ven nada." Antoni Marí

 

“A mi también me gusta el Arte Casual (‘esa nueva visión del territorio’), y mucho. Frente a la idea duchampiana del objeto encontrado, ‘extraer’ y ‘colocar’ en la galería, y convertirlo en obra de arte sólo porque ha sido elegido por la mano del artista, el Arte Casual no se descontextualiza sino que es en su lugar donde tiene valor artístico, pero claro tiene que ser fotografiado y este hecho -de ‘reproductibilidad técnica- imprime autoría. Entonces es arte porque ha sido elegido por la mirada del artista.” Luis Ordóñez

 

“No había leído el manifiesto que, por cierto, también está presente en alguno
de tus textos, aunque en éstos se trate del encuentro entre dos
miradas en el tiempo sobre uno o más objetos (territorios).
Es la mirada que se acuñó como "gesto semántico" o lectura (función
y valor) que alguien o una comunidad hace de cualquier objeto
en un determinado momento (normativo).” José Luis Falcó

 

“Arte Casual es la configuración artística, por parte de la mirada del receptor, de un objeto o acontecimiento que no tenía esa previa finalidad.” Pedro José García Ruiz

 

“El Arte Casual certifica formas que no existen en la NATURALEZA sino en el ARTE (Contemporáneo).” F.L. (Ferrer Lerín en los medios)

 

“La aplicación de las directrices acuñadas por el Arte Casual supone obtener un nuevo valor añadido (un nuevo rendimiento) del entorno, sea este agrícola, urbano o fabril, al descubrir elementos de arte contemporáneo en espacios, a priori, sin vocación artística.” F.L.

 

“La búsqueda de manifestaciones de Arte Casual no perturba el entorno; nos hallamos ante una actividad, como el bird-watching, de condición sostenible. La caza y el grafitismo constituyen la otra cara de la moneda.” F.L.

 

“A.C. se mueve en el terreno del significante. No interesa lo que hay detrás de cada manifestación de A.C., lo que, a través de la mano del hombre, ha causado dicha manifestación: envolvimiento de la alfalfa para su fermentación, cubrimiento de la paja para evitar que se pudra por la lluvia, paralización de las obras públicas por la recesión económica, optimización del almacenamiento para reducir costes, construcción de barricadas en conflictos callejeros, etc. Digamos que el significado, la razón por la que se dan las circunstancias para que el ojo del observador avisado descubra manifestaciones de A.C., es irrelevante. Utilizando un término del pasado; en el Arte Casual no existe  ‘mensaje’. F.L.

 

“El Arte Casual supone una nueva mirada, una nueva visión de la realidad, una nueva visión del territorio.” F.L.

 ----

 

Correos electrónicos:

 

“Infructuosa inserción en el canon artístico y cultural. No carece de referencias el hombre, pero la potencia del arte casual no está precisamente en la filiación, sino en todo lo contrario. Ahora, cumplirá el texto su cometido, así que bienvenido sea.” (Comentario de Antonio Viñuales Sánchez al texto de Enrique Juncosa Cirer para el catálogo Ibiza) 23.09.16

 

“Bueno, podría considerarse que sin background no es posible definir el A.C., y tampoco convertirse en artista casual. Me refiero, claro está, a un grado de conocimiento y de entusiasmo suficientes hacia el arte contemporáneo; de hecho una dependencia (filiación) de dicho arte contemporáneo.” (Mi comentario al comentario de Viñu) 23.09.16

 

----  

 

 

 

Una nueva perspectiva desde la que abordar “lecturas personales”. Otra forma de “lectura”.

 

El grado de conocimiento y aprecio del Arte Contemporáneo (y me atrevería a decir del Arte en general) va a condicionar nuestro acercamiento al entorno (la “lectura” del entorno), quiero decir que va a resultar inevitable comparar las obras casuales que surjan en nuestro camino con la obra de los artistas plásticos aunque, y esto es algo de especial importancia, podría suceder que no contando con ese bagaje cultural pero sí con una especial sensiblidad artística también descubriéramos y disfrutáramos ante determinadas estructuras (manifestaciones), conviertiéndonos, en este caso, en precursores de algunas corrientes artísticas.

 

 

-----

 

 

 

 

 

 

 

 

Ruinas y manchas de humedad / suciedad

 

Conviene posicionarse ante las posibles preguntas sobre si las ruinas y las manchas en las paredes son A.C.

 

Las manchas de humedad no son A.C. porque no son obra de la mano del hombre aunque siempre cabría argumentar que están ahí porque fue el hombre quien levantó la pared, o la superficie en la que aparecen, e incluso, yendo más allá, cabría atribuir al hombre la responsabilidad de un escape de agua o de una mala orientación o falta de cuidado.

 

Las manchas de suciedad podrían ser consideradas A.C. si la suciedad es fruto de una acción directa del hombre como es el caso de las paredes u otras superficies utilizadas para limpiarse la grasa u otras porquerías de las manos.

 

Las ruinas son estructuras complejas resultado del abandono y/o degradación de edificios que fueron pensados funcionalmente y, a veces, estéticamente. La ruina ha sido considerada secularmente como un elemento cargado de significados que van de lo tenebroso, de lo gótico, a lo generoso, a lo romántico. La fuerza iconográfica de la ruina reside en esa carga literaria, pictórica, fruto de los efectos de los meteoros sobre un lugar abandonado en el que descansan todo tipo de elementos fantasmagóricos y que, a menudo, necesita integrarse en un marco de naturaleza desbordada. Ningún postulado del A.C. se da en ella como conjunto, como estructura compleja; otra cosa es el estudio de los detalles, donde cabe el descubrimiento de manifestaciones de A.C. como ocurre en cualquier otro tipo de estructura.     

 

---

 

Las fotos son mero soporte de las manifestaciones de A.C. ¡No existen!

 

---

 

No todo vale. Exigencia de armonía, proporcionalidad, ¿simetría?

El ser racional es un ser simétrico (¿proporcionado?, busca la proporción)

La asimetría duele

 

Amontonamientos caóticos

La basura como desconcierto

Aspecto innoble de los materiales > escayola, yeso

DIÁLOGO CON FERNANDO SAVATER

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2019/11/16/fernando-savater-el-amor-es-algo-que-va-por-dentro-y-no-se-puede-describir-1344215.html

 

Entrevista en la contra de 'Heraldo de Aragón' con Fernando Savater sobre su libro 'La peor parte' (Ariel).