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Antón Castro

ENTREVISTA CON JOAQUÍN CARBONELL

ENTREVISTA CON JOAQUÍN CARBONELL

Joaquín Carbonell presenta esta tarde, en el Museo Pablo Serrano, su doble disco, que incluye libro, que grabó en el Teatro Principal. [Foto: Juan Miguel Morales.]

 

-¿Has pensado alguna vez por qué te hiciste cantautor?

--Sí. Mi “educación musical” tuvo que ver con el rock y el pop. Estando de camarero en la Costa descubro a los Beatles y me encantan. Me entrego al pop-rock. Pero en Teruel, por la mano de Labordeta y sobre todo, de Sanchis Sinisterra me acerco a la obra de Brassens, Brel, Raimon, Hilario Camacho, Serrat o Atahualpa Yupanqui, y descubro que esos autores cantan textos con un contenido literario mucho más rico que el que practican los del pop.

-¿Qué le debes, de manera especial, a Alloza y a tu padre, republicano?

--Alloza es lo mismo que para cualquiera que haya nacido en un pueblo: el principio de todo, el descubrimiento. Y mi padre fue un estimulante para todo lo cultural: para cantar y para leer. Él era maestro y en mi casa me hablaba constantemente de personajes históricos, de escritores. El primer libro que me regaló fue “Corazón”, de Edmundo de Amicis.


-¿Que aprendió de la vida y de la cultura el joven que se fue a Barcelona y luego a Sitges?

--Esa salida de mi pueblo con 15 años para trabajar en Sitges de botones, fue determinante. Solo hay que imaginar a un adolescente de pueblo que es colocado en la población más europea de España, conviviendo con turistas suecas que entendían el sexo como algo natural, aprendiendo inglés… Eso te marca definitivamente. Fue un verdadero “shock”.

-De manera sencilla, ¿qué te dio el colegio San Pablo y aquel ambiente, en inquietudes, en curiosidad, en sueños?

--Me dio una mirada moderna hacia el mundo. Y eso determina lo importante que son los profesores, que pueden cambiar la vida de sus alumnos o simplemente dejarlos pasar, sin alterarlos demasiado. Teruel nos cambió a todos aquellos que hemos sido llamados “La generación Paulina”. Fuimos el éxito global de una pedagogía basada en la confianza mutua. No he vuelvo a ver nunca un fenómeno semejante.

-¿Por qué decides cantar, quién te marca, quién te empuja?

--Cantar lo hacía desde siempre. Con 16 años era vocalista en la Orquesta Bahía de Alloza. Me encantaban aquellas canciones de Domenico Modugno, de José Guardiola, del Dúo Dinámico… Yo cantaba por pasión, por afición, sin pensar jamás que un día podría editar discos.

-A modo de balance, ¿cuál es la huella real de Labordeta en tu vida: cantasteis juntos, estudiaste con él, le dedicaste un libro…?

-Es determinante. No es corriente en los años finales de los 60 encontrarte con un profesor que te valora más por cómo vas madurando, evolucionando, por cómo aplicas el sentido común, que por lo que estudias, que en el fondo es una cuestión de memoria… Siempre estuve a su vera y siempre lo tuvo como maestro. Cuando cantábamos juntos, y al final se acercaba la gente a saludarnos, yo me hacía a un lado y lo dejaba a él atendiendo al personal. Me miraba a veces, como diciendo, “¡Anda, no te escaquees!” Eduardo y yo nos reíamos y le decíamos: “¡Venga, Labordeta, que para eso eres tan famoso!” ¿Y sabes?, de alguna forma noto que ahora me toca ejercer ese papel. Ahora descubro lo mucho que la gente puede querer a tipos como nosotros.

 -¿Qué tipo de cantautor has querido ser, cuál ha sido tu implicación con Teruel y sus paisajes y sus gentes?

--No tengo claro qué tipo de cantautor quería ser, porque tengo muchas influencias. A ratos me encantan las rancheras porque en la sinfonola del Gato Negro de mi pueblo siempre estaba sonando Jorge Negrete. Me gusta mucho el flamenco, y por eso aparecen sones aflamencados en canciones como “La Paca del Cañizar! Y ya no digamos Brassens… Así que he tenido que confeccionarme un estilo con todas esas influencias, pero tratando de que exista un sonido personal.

-A mí, cuando te oí por vez primera, me impresionó tu melancolía, tu mirada hacia el paisaje…

--Eso era muy al principio, sí. Todos comenzamos evocando el paisaje. Y en Teruel, ese paisaje desprende melancolía. Esa tierra que no se puede separar de esos hombres, agotados de luchar contra los dioses airados. “Con la ayuda de todos”, “Canción del olivo”, “Canción para un invierno”, todas en general, no son alegres y vivaces, son derrotistas, tristes, resignadas…

-Labordeta, anda por aquí, está claro. ¿Y Dylan, Krahe y Brassens?

--Todos están conmigo, es cierto. Escuché mucho a Dylan. Y, fíjate, en los años 1974-76 vivo en Barcelona y veo en directo a Frank Zappa, Miles Davis, Canned Head, Camaron, Traffic, en fin, todo lo puntero del mundo. Así que lo que sucede es que aún me crea más confusión, porque en esos momentos estoy componiendo mi primer disco.  

-Hablemos de tus líneas en las canciones: ¿parece que hay un cantante lírico, otro más humorístico y otro mucho más social, atento a lo que pasa?

--Así, es; supongo que es algo que le debe suceder a todos los compositores. Piensa en el que quieras: Serrat tiene eso. O Aute. O Brel. Forma parte de los diversos sentimientos que poseemos. Cantar siempre en el mismo “tono” tiene que ser muy aburrido.

-¿De qué discos te sientes más feliz, más satisfecho: ‘Con la ayuda de todos’, ‘Cariño y tabaco’, ‘Clásica y moderna’…?

--Creo sinceramente que mis mejores discos son el primero y el último. El primero, “Con la ayuda de todos” (1976), es un milagro; es asombroso que con la nula experiencia que tenía lograse componer aquellas canciones que siguen perdurando en la memoria 45 años después. Y “El carbón y la rosa” (2018) es un disco muy maduro, muy sereno, muy trabajado. Las canciones tienen poso, pueden servir dentro de varios años.

-¿Para qué sirven las canciones?

--Las canciones deben recoger los sonidos de la calle; las alegrías, las iras, las tristezas… Deben ser estimulantes. Son píldoras de tres minutos contra la mediocridad, contra la monotonía de nuestras vidas. Una gran canción tiene un poder mágico, logra inyectarnos una dosis de ilusión que nos impulsa a seguir caminando. Nadie sabe cómo se hace una canción brillante; si fuera fácil, las harían los bancos.

¿Cómo han convivido en ti el poeta, el músico, el intérprete, qué es lo más difícil del oficio?

--He convivido de forma natural porque la música pertenece a mi forma de ser. De igual manera que uno descubre que tiene talento para pintar, o escribir, sabe que puede subirse a un escenario y mostrarse ante el público con una guitarra. Lo más difícil de todo esto es mantener una compostura más o menos honesta, pues en el fondo estás mostrando tu vida a través de tus canciones. Vivir cómo piensas y pensar como cantas.

-¿Cuál sería el mejor recuerdo, el mejor momento de tu trayectoria de músico?

--Esos recuerdos no están vinculados a “grandes conciertos”, por decirlo torpemente. He cantado cuatro veces en la plaza del Pilar ante 200.000 personas y no sentí una emoción especial. Me impresiona más constatar que en un pueblo pequeño de Teruel o Huesca, hacen un gran esfuerzo para que acuda con uno o dos músicos y les muestre mis canciones. Son enormemente agradecidos. Entiendo que eso es cultura viva, un acto cultural programado por los propios vecinos, que a lo mejor han escotado de sus bolsillos para que vayas.

-¿Cómo quieres que sea el concierto de los 50 años, qué esperas, qué vas a ofrecer?

--El concierto será muy emotivo. No estoy habituado a cantar en el teatro Principal y a llenarlo. Pese a tantos años de dar vueltas, aún me emocionan estas cosas. Y estaré inquieto, nervioso, yo que suelo ser tranquilo. Por fortuna tengo detrás a seis grandes músicos de Aragón
que me van a respaldar.


-¿Qué te hace llorar, qué te hace reír, qué te enamora?

--Cualquier cosa me hace llorar, me he hecho muy blando. Me rompe el alma el abuso contra los inocentes. Me hacen reír mis amigos de Los Tres Norteamericanos. Nos reímos mucho. Reír es fundamental, una gran medicina. La alegría y la bondad son revolucionarias. Me enamora la gente buena.

-¿Cuál es, de las tuyas, tu canción preferida?

-- “Me gustaría darte el mar” aún sigue emocionándome cuando la canto.

Joaquín Carbonell canta ’Me gustaría darte el mar’

https://www.youtube.com/watch?v=Bs5kKXuyoBQ

DIÁLOGO CON ALEJANDRO SIMÓN PARTAL

DIÁLOGO CON ALEJANDRO SIMÓN PARTAL

Alejandro Simón Partal publica ‘Una buena hora’ (Visor. LI. Premio Hermamos Argensola de poesía, 2019).

-¿Por qué te interesan tanto asuntos como la felicidad o la meditación?

 

Quizá porque no los comprendo del todo. Solemos olvidar que el fin último de la palabra poética es celebrar lo existente, buscar el buen vivir, aunque para ello tenga que reconocer muchas tinieblas y caminos difíciles, y eso tiene que ver con la felicidad, que siempre es un destino, y quizá por eso mismo interese tanto, porque vislumbra un futuro en el que no acabamos de vernos.

 

-En una sociedad donde todo es tan vertiginoso, ¿queda tiempo para la contemplación y el pensamiento?

 

Sin pensamiento no hay sociedad, sino fábrica de barbies en la que nos dirigen y colocan como quieren. Sin pensamiento, estamos abocados a una vida superflua, sin misterio ni mesura, a una realidad donde todo lo controla el consumo, la competitividad y la insatisfacción perpetua que padecemos. Nos han enseñado que conformarnos con lo que tenemos es de fracasados, cuando seguramente sea el inicio de la sabiduría.

 

-¿En qué consiste la épica de lo cotidiano?

 

Para mí tiene que ver con saber entender esos acontecimientos cercanos que suelen pasar desapercibidos, y que nos ayudan a aceptarnos como seres pequeños y radicalmente prescindibles.

 

-Da la sensación de que tu poesía nace de los pequeños acontecimientos de cada día, de los más nimios o rutinarios: sacar un billete de avión, mirar el sol, recordar que es marzo, ver a tu sobrina en los columpios. ¿Dónde no habría poesía?

 

No hay poesía en los ojos que no saben verla. La poesía siempre está ahí fuera, muy accesible. Es fácil identificarla. Vivir poéticamente no tiene nada que ver con publicar aforismos en Instagram o llevar fulares de cachemir, sino con detenerse y levantar la cabeza, ese estado de apertura del que hablaba Rilke. El otro día me comentaba un chico que trabaja en el aeropuerto de Huesca que Sergio Ramos había llegado con su avión privado desde Madrid para comer allí. Me produjo pena y bochorno. Si la poesía estuviese en nuestra sociedad, si nos hubieran educado en ella, es decir si tuviésemos sensibilidad, austeridad y compromiso, estas cosas no ocurrirían. Simplificaríamos nuestra vida, no buscaríamos la superabundancia, y se valorarían el conocimiento, el estudio, la humildad, la bondad.

 

-¿Has querido dialogar con lo diario, con lo que sucede, aunque sea sencillo, casi insignificante, y a la vez desmenuzar tu memorias, convocar recuerdos, sensaciones?

 

Escribir nos ayuda a llegar al final de las cosas, a ir un poco más lejos de lo que nuestro cuerpo o nuestra razón pueden llegar. Estos poemas han funcionado para mí como un diario muy interior que vive un pulso entre mi vida y el mundo que nos rodea. Lo que sí puedo afirmar es que he tenido la necesidad de escribirlo, la interpretación ya corresponde a quien se acerque a leerlo.

 

-¿Qué viaje te resulta más estimulante o nutritivo: ese viaje interior que está en toda tu lírica o el viaje exterior, que es una travesía en pos del paisaje, la ciudad, etc.?

 

Creo que ambos viajes pueden convivir y ser dependientes. A veces necesitamos perdernos para encontrar lo esencial de nosotros mismos, aunque en esa pérdida uno no se vaya muy lejos de su barrio.

 

-¿Has querido que el libro tuviese también algo de dolencia por el amor que se va, por el paraíso que se pierde?

 

No sé si lo he querido, pero sí que aparece. En el libro conviven el desamor y la esperanza, el desgarro y el entusiasmo. He pasado unos años de transición personal, y era irremediable que ese proceso se manifestara en los poemas.

 

-Si el amor no es una enfermedad, ¿qué sería, qué nos da, qué le da al poeta que eres tú?

 

Definir el amor es muy complejo. El filósofo Hume decía que era imposible. El poeta y amigo Pedro Villarejo escribió que requiere un estudio largo, muy largo, y no hay tiempo en una sola vida para aprenderlo. Entiendo que el amor es la arquitectura de lo que somos, decimos y hacemos. Sin embargo, la enfermedad, a pesar de su crueldad, saca extremos de nuestra personalidad a los que sin ella no se llegaría. Nos hace sufrir, pero también conquistar intensidades nuevas, y nos sitúa en el buen camino, nos ayuda a vivir de una manera más honda, sin tantas estupideces, y ahí suele darse la forma más alta del amor, que es el cuidado esencial y la compasión humana. Al final el amor a los otros es lo que justifica todo la existencia. Después del hambre y la muerte, el amor es el principal problema filosófico.

 

-Has viajado mucho, has trabajado en muchos lugares, pero en este libro parece haber una afirmación de pertenencia a un espacio. ¿De dónde somos, en realidad? ¿De dónde eres tú?

 

Somos del sitio que nos acoge, del espacio que nos protege y nos conecta con nuestra memoria y nuestra esperanza sin poseernos del todo. Son los espacios los que nos eligen, no nosotros a ellos. Yo ese lugar lo suelo encontrar en algunos rincones de Andalucía, en algunas partes de Estepona, por ejemplo.

 

-¿Qué buscas en la poesía? ¿Encuentra el poeta certezas en algún lugar?

 

No creo que busque nada en particular. Entiendo este ejercicio como una forma de romper las taxonomías que nos rigen y así evocar un paisaje cercano en el que el ritmo sea otro y el aire esté menos envenenado. Los poemas me ayudan a proyectar una forma de estar en el mundo, de asombro ante la vida y de servidumbre hacia los demás. La única certeza que vamos encontrando es que todo lo escrito no tiene ningún valor si no nos ha supuesto una relación mejor con nuestro entorno, si no nos ha traído amparo y ternura.

 

-Hay algún poema que sucede en Zaragoza, o quizá bastante. ¿Qué te ha dado la ciudad, cómo la vez, cómo la vives?

 

A pesar de llevar poco más de un año, he creado un vínculo inextirpable con esta ciudad y la he vivido con intensidad. He tenido la suerte de conocer a algunas personas que para mí ya son íntimas. Somos como una familia difícil.

 

-¿Cuál sería, por tu experiencia, su nivel cultural? ¿Qué te atrapa, te aleja o te desconcierta?

 

No tengo la suficiente perspectiva para valorarlo. Ni tampoco sabría. Si entendemos nivel cultural como convivencia entre las personas, como un sitio que crea espacios para todos y facilita las distintas expresiones y necesidades humanas, me parece que es un buen lugar.

 

-Zaragoza es una ciudad de tabernas, de lugares como Bodegas Almau, a la que le dedicas un poema. ¿Has logrado sentirte aquí como en casa?

 

Lo cierto es que en ningún sitio he tenido esa sensación, ni en mi propia casa. Pero aquí me encuentro bien y me siento muy agradecido. Para mí, por ejemplo, es una bendición ir los sábados con mi amiga Carmen al mercado de la plaza de San Bruno a comprar borrajas y naranjas de Miralbueno. Ahora, más que al Almau, suelo ir a los Jardines de Lisboa, en la Almozara, donde hacen el mejor arroz con pollo de la ciudad.

 

-Llevas seis meses en Etopia, que parece el faro de la innovación y de las nuevas tendencias. ¿Cómo defines Etopia y qué hallas ahí?

 

La experiencia en Etopia ha sido decisiva para mí. Convivir con otros creadores e investigadores en un espacio con tanta permeabilidad y posibilidades, formar parte de su día a día, me ha enriquecido extraordinariamente. Ha sido un tiempo muy intenso para mí. Durante esos meses realicé mi investigación, di clases en la universidad, terminé este libro, escribí una obra de teatro, coordiné un ciclo de cine y literatura y a la vez salí mucho. Es un centro que lleva la ciencia y el arte a los extremos más humanos, y por eso su labor es tan trascendente y necesaria para esta ciudad.

 

-¿Existe ‘Una buena hora’ o es, sencillamente, una aspiración, la utopía del soñador?

 

Sí que existe. Estamos habitados por esas buenas horas que nos amplían y nos completan. Todos podemos reconocerlas. Lo que somos viene de ellas.

 

¿Quiénes son los poetas en que te fijas, en qué te ayudan, cómo los lees?

 

Por mi trabajo como investigador me tengo que fijar en demasiados. Sería complicado e injusto citar solo a algunos. Pero recuerdo que cuando llegué a Burgos, donde empecé a escribir este libro mientras daba clases, llevaba en la maleta a Virgilio Giotto, Antonio Colinas y Louise Glück.

 

*La foto es de Francisco Jiménez.

LOS CAMBIOS EN LA FUNDACIÓN SANTILLANA

COMUNICADO 
 
Los Cambios
en la Fundación Santillana

Diciembre 26, 2019

 

 

 

Basilio Baltasar
Director
Fundación Santillana
Cultura
 
 
Estimados amigos:
 
La Fundación Santillana reorganiza su estructura operativa para dedicarse en exclusiva al ámbito que le fue propio desde sus comienzos en 1979: la educación.

Concluye así la programación cultural desarrollada por la Fundación durante los diez últimos años. Una intensa década en la que hemos podido desplegar un amplio abanico de iniciativas y colaborar con la extensa nómina de profesores, editores, pensadores, escritores, críticos, periodistas, juristas y profesionales que han prestado a los programas de la Fundación su talento y generosidad. A todos ellos debo dar las gracias por el entusiasmo con que se han sumado a nuestras propuestas.

A lo largo de esta prolífica década hemos tenido la buena fortuna de dedicar tiempo y energía a las ideas rectoras de nuestra programación: la cultura como calidad, estilo y personalidad de una sociedad abierta; y el pensamiento crítico como ejercicio de una mentalidad exigente y pacífica.

La red de complicidades tejida por la Fundación ha sido tupida y nos ha permitido convocar encuentros que han generado interés en una ciudadanía distinguida por la curiosidad de sus inquietudes culturales.

De ahí que nos parezca excelente el poder anunciar ahora la continuidad de las iniciativas puestas en marcha por la Fundación Santillana.


El Foro de Industrias Culturales, El Festival de Filosofía, el Congreso de Periodismo Cultural, las Conversaciones Literarias de Formentor, El Máster de Gobernanza y Derechos Humanos, El Boomeran(g), y la Red de Industrias Creativas, estarán a partir de ahora bajo la custodia de los responsables encargados de su desarrollo.

Con los acuerdos de cesión se mantendrá activo el patrimonio intelectual acumulado en estos años y no se desperdiciarán los esfuerzos invertidos en sostener proyectos de tan gratos resultados.

El Máster de Gobernanza y Derechos Humanos, cuyo décimo aniversario tendrá lugar el próximo mes de abril de 2020 -una de las principales actividades de la Cátedra de Estudios Iberoamericanos Jesús de Polanco- se mantendrá obviamente como actividad de la Fundación Santillana y en el campus de la Universidad Autónoma de Madrid.

El Foro de Industrias Culturales será tutelado por la Fundación Alternativas.

El Festival de Filosofía lo organizará el Departamento de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid.

El Congreso de Periodismo Cultural lo llevará a cabo la revista Jot Down.

La Red de Industrias Creativas desarrollará sus cursos y seminarios siguiendo el formato habitual durante estos últimos cinco años.

Las Conversaciones Literarias de Formentor convocarán en breve la cita del otoño 2020, la 13 edición de unos encuentros dedicados a celebrar la admiración por las buenas letras.

Una despedida como ésta debe concluir con el capítulo de los agradecimientos.  Hemos subrayado la gratitud a los colaboradores que han formado parte de nuestras convocatorias. Nos corresponde también mencionar a los que desde la propia Fundación han hecho posible un programa tan ambicioso. Ignacio Polanco y Emiliano Martínez, Presidente y Vicepresidente de la Fundación Santillana, han alentado y amparado con su compromiso personal la consecución de nuestros propósitos. El equipo humano de la fundación (Giselle Etcheverry, Adriana Jaramillo y el personal del Grupo Timón) ha auspiciado con su buen hacer el camino que nos trazamos hace diez años.

Diez años. Una frase de dos palabras que se pronuncia en un segundo, pero que contiene el recuerdo de los inolvidables momentos conseguidos.

Un cordial abrazo y hasta pronto.
  

***

Para los interesados en contactar con los programas puestos en marcha en su día por la Fundación, adjuntamos los siguientes correos electrónicos:
 
Foro de Industrias Culturales,
Fundación Alternativas
Inmaculada Ballesteros
inmaballesteros@falternativas.org
 
Festival de Filosofía
Departamento de Filosofía.
Universidad Complutense de Madrid
José Luis Villacañas Berlanga
josluisvillacaasberlanga@gmail.com
  
Congreso de Periodismo Cultural
Ángel Fernández, editor de Jot Down
angel.fernandez@jotdown.es
 
Conversaciones Literarias de Formentor
El Boomeran(g)
 Adriana Jaramillo       
secretaria@formentorlitterae.com
 
Red de Industrias Creativas
Juan Pastor Bustamante
juanpasbus@gmail.com
Camila Cela
camilacmarty@gmail.com
 
Máster de Gobernanza y Derechos Humanos
 secretaria@fundacionsantillana.com
masterderechoshumanos@uam.es 
        

LA EXPERIENCIA DE 'DE VUELTA CON EL CUADERNO'. CLARA MARTA MORENO

LA EXPERIENCIA DE 'DE VUELTA CON EL CUADERNO'. CLARA MARTA MORENO

 

¿Quién le iba a decir a Clara Marta Moreno que el proyecto ‘De vuelta con el cuaderno’ iba a llegar a los diez años y reuniría a más de 600 dibujantes de distintos lugares de España y del mundo, y que iba a convertirse en un fenómeno a imitar en Sevilla, Barcelona, Lisboa, ciudades de Estados Unidos como Portland o incluso en Marruecos? De entrada, ha cristalizado en la muestra ‘10 años dibujando (2009-2019)’, que puede verse en la Casa de los Morlanes. Y ya ha inspirado proyectos como ‘Compostela ilustrada’.

Clara Marta Moreno, profesora en las Escuelas de Arte y Diseño, se interesó por los diarios gráficos a los que quería dedicar su tesis doctoral; no tardaría en ver que el artista portugués Eduardo Salavisa ya había recorrido el camino que ella soñaba recorrer. Con todo, «tras un mes y medio de enfado», decidió seguir adelante y conectar con él, y concibió un bonito proyecto, ‘La revuelta de los cuadernos’, que iba a acoger la Fundación Norte y su coordinadora Ana Revilla. Aquella idea, pensada para los niños y para los alumnos de arte, no salió adelante, aunque llegó a presentarse en el Centro Joaquín Roncal.

Severino Pallaruelo en el origen

Algún tiempo después, el escritor, etnógrafo, fotógrafo y dibujante Severino Pallaruelo fue a la Escuela y se conocieron. El director, Jaime Ángel, les dijo: «Sois almas gemelas». Pallaruelo, un apasionado del cuaderno –«escribe textos y luego los ilustra; hace dibujos y luego les coloca notas», dice Clara Marta–, quiso saber qué hacía la profesora además de dar clases.

Le dijo que le interesaban muchos los cuadernos, y que incluso los había utilizado como herramienta en clase con otros profesores. «Severino se emocionó con la idea y me pidió bibliografía. Al final, por pereza, le mandé el proyecto y fue con él a las Cortes de Aragón, habló con el alcalde de Jaca, y le propuso que hiciese un curso sobre el cuaderno en la Universidad de Verano. Me llamó y me dijo que nos dejaban presentar el proyecto al día siguiente a las once. Esa noche hice la programación. El tribunal universitario no se lo podía creer, se chotearon de mí. “¿Un cuaderno de dibujos? ¿A quién puede interesarle eso?”. Hablaron de un curso para quince personas, y alguien dijo: “Y sobrarán plazas”. Al final se apuntaron 77 personas, y una década después hemos cerrado en 120 porque ya no es fácil», recuerda Clara.

La propuesta de Clara Marta Moreno se ha mantenido a lo largo del tiempo. «Hacemos seis ponencias de seis grandes dibujantes que cuentan un poco cómo trabajan, sus métodos, la relación con los materiales, qué le interesa más. Eso al principio se llamaba ‘Salir a dibujar con...’ Más tarde, empezamos a hacer sesiones más temáticas. Un año habíamos programado en el mismo curso, vinculado con el cine, a José Luis Borau, a Bigas Luna, que era un gran artista, y a Carlos Saura. Hubo cambio político y se retrasó el curso. Borau y Bigas Luna fallecieron y Saura tuvo que rodar ‘La jota’».

En ese curso de ‘Escenarios de cine’, los dibujantes se trasladaron al castillo de Loarre y luego a Murillo de Gállego, donde transcurría ‘Tata mía’, de Borau. «Al final conseguimos llevar a Javier Mariscal y a Ivonne Blake. Pasamos ‘Tata mía’ y fue una experiencia muy bonita. Los cuadernistas lo aprovechan todo. Con su pequeña luz, son capaces de dibujar de noche».

En los últimos años se han dedicado cursos a la arquitectura (‘Arquitectura en cuaderno’; se desarrolló en el verano de 2012 en la propia Escuela de Arte de Zaragoza), a la música (‘Son dibujo’, que se hizo en el balneario de Panticosa y en Sallent de Gállego en 2016) o al erotismo (‘La erótica del dibujo’, en El Plata en 2018).

A la primera cita de Jaca acudieron, entre otros, artistas como Álvaro Ortiz, Helena Santolaya, el citado Severino Pallaruelo, Agnes Daroca, pero también el francés Lapin, la italiana Simonetta Capecci o el norteamericano Gabi Campanario, fundador de ‘Urban Sketcher’ en 2008 con Enrique Flores, otro cuadernista incansable. Y, más tarde, acudirían artistas como Santiago Arranz, Pepe Cerdá, Lina Vila, Ignacio Mayayo, etc. O el arquitecto José Manuel Pérez Latorre, que también dibuja y pinta. «Cuando le contamos a Mayayo la idea, le pareció un poco inviable. No se veía. Y ahora es otro convencido», dice.

Los artistas van a su aire

Esta experiencia le ha cambiado la vida a Clara Marta Moreno y a muchos de sus colaboradores y amigos. En 2014, ‘De vuelta con el cuaderno’ se convirtió en asociación. «Cuando dibujas miras más intensamente, como dice el escritor y teórico John Berger. Cuando dibujas tienes que fijar la mirada, y luego debes analizar lo que estás viendo, ya sea de una manera intuitiva o no. A cada cosa que estás mirando le das su tiempo, su momento, su ubicación, y eso te hace reconocer las cosas. Cuando dibujas lo ves todo», señala.

Clara Marta Moreno revela que el lema es «Pásatelo bien dibujando». Matiza: «A la gente le entregamos un cuaderno japonés, tipo ‘leporello’ o acordeón. Y dejamos que vaya a su aire. Que se divierta. Que aprenda. Que contagie lo que sabe o lo que intuya. El clima es maravilloso de camaradería. Me encanta la entrega de la gente, la rapidez, la precisión, la ausencia de pereza. No se hacen juicios de valor. Puede venir quien quiera… A medirse, a probar, a escuchar».

Clara Marta insiste en que este proyecto no ha pasado inadvertido. Le encargan talleres en distintas ciudades de España, de Europa o de África. Y le proponen hacerlo en ellas.

Explica:#«Recibí propuestas para hacer los cursos en Barcelona, en Sevilla o en Compostela, donde di el taller ‘La tapa ilustrada’. Y dudé, claro. Pero al final pensé que ‘De vuelta con el cuaderno’ también era una magnífica oportunidad para contar y dibujar Aragón, y mostrárselo al mundo».

 

 

SE PUEDE COMER, OÍR UN CONCIERTO, VIAJAR Y DIBUJAR

«A veces, miras y te quedas estupefacto: la gente se tumba en el suelo, en la acera, se pone ante un edificio y lo levanta, línea a línea. Sin complejo alguno, con naturalidad. Miras de nuevo y te das cuenta de que a tu lado está uno de tus ídolos y pareces levitar», explica la coordinadora de la exposición, una de las más visitadas, cuyo diseño gráfico corresponde al Estudio Ductus:#Rubén Rodríguez y Choni Naudín.

«¿Qué de qué hablamos? De todo. Del arte dibujar, de materiales, de utensilios, y ya puestos en harina, de cómo se hace un rostro, una casa, una calle, un hotel, un paisaje. Son conversaciones apasionantes y sencillas, donde sucede algo curioso: el cuaderno, que en el fondo es algo particular e íntimo, se abre a los demás, si se quiere. Tampoco es obligado».

En la muestra de la Casa de los Morlanes hay de todo. Para los cuadernistas nada es imposible. Todo les interesa. Pueden comer y dibujar; pueden oír música y dibujar, algo que se ha puesto de moda a través de los trabajos de Santiago Ríos, Antonio Maestro y Gregorio Reales; pueden viajar en tren y elaborar álbumes increíbles que parecen el ‘storyboard’ de una película, viñeta a viñeta, etc.

Quizá por todo ello, por la versatilidad de los dibujantes y por esa clima de familia, apunta Clara Marta que «aquí no hay una voluntad artística exactamente. Es muy curioso cómo son las primeras páginas del cuaderno y cómo son las últimas o la otra cara».

Quizá por todo ello, la coordinadora ha confeccionado citas que se ajustan al espíritu del equipo:#«Un cuaderno es un lugar de encuentro». «Un cuaderno es una maleta con el equipaje plegado». «Un cuaderno es una pantalla donde contar historias». O esta, que refleja las grandes apuestas de los cuadernistas por las ciudades: «Un cuaderno es una alfombra de papel que puede transportar una ciudad entera».

«La exposición me emociona mucho por varias razones y me cuesta mucho estar sola aquí. Ahora completamos los cursos, que pasan a tener carácter bienal, con el ‘Cuaderno fest’ que hacemos en la Escuela, del que ya hemos organizado en dos ediciones. Me cuesta estar sola porque me hace pensar en los momentos que hemos vivido, en las conferencias, en la amistad...». Clara Marta dice que se enamora un poco de los artistas: «A mí me pasa con Lapin, que es como un caballero francés, elegante, un gran artista, increíble, o con Inma Serrano, maravillosa. Me pasa con casi todos», dice.

 

 

MARGA CLARK RECUERDA A SU TÍA ABUELA MARGA GIL ROËSSET

Marga Clark: “Me pregunto si mi tía, que se suicidó,

se enamoró del hombre, del poeta o de lo imposible”

 

La escritora y fotógrafa recordó en Zaragoza a su tía, la escultora Marga Gil Roësset, que se quitó la vida a los 24 años con un revólver por amor a Juan Ramón Jiménez

 

 

Antón CASTRO

La escritora y fotógrafa Marga Clark (Madrid, 1944) ofreció, en la Biblioteca de Aragón, el una conferencia sobre la figura de su tía, la escultora Marga Gil Roësset (1908-1932) que, a la edad de 24 años, en 1932, tras destruir la mayor parte de su obra, se quitó la vida por un amor que ella consideró imposible hacia el poeta Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel de 1956.

“En  las últimas décadas yo intento reivindicar su memoria y su figura como artista y creadora, ya que fue silenciada durante muchos años. Por esto escribí el testimonio novelado: ‘Amarga luz’, y el poemario ‘El olor de tu nombre’ (Premio Villa de Madrid 2008). Son mis dos formas de homenajearla y rescatarla del olvido”, explica Marga Clark, que ha expuesto en varias ocasiones en Zaragoza, en la galería Spectrum Sotos y en el monasterio de Veruela.

 

Aunque ha avanzado un poco su figura, ¿quién fue Marga Gil Roësset? ¿Cómo la definiría usted?

Fue una joven niña prodigio y una mujer de una fuerza y un espíritu apasionado, con un talento extraordinario para la escultura y el dibujo. Yo la definiría como una artista autodidacta, transgresora, innovadora, única y genial. Siempre adelantándose a su tiempo, como hacen los grandes creadores.

 

Creo que se había contado, y le habían contado, poco de ella...

Sí, estuvo enterrada en la tumba del olvido durante más de 65 años. Marga era un tema tabú en mi familia, tal vez la quisieron proteger de los prejuicios de aquella época, pero desgraciadamente así también silenciaron la genialidad de su obra.

 

Era escultora e ilustradora. ¿Cómo valora su obra?

Está considerada como una artista de vanguardia, sus obras son muy originales y personales. El primer cuento de dibujos que ella misma escribió y que todavía conservamos: ‘La niña curiosa’, lo hizo a los siete años. Marga impresiona por su dominio de diversas técnicas, porque va del dibujo a la escultura en pocos años y también en apenas diez años pasa del modernismo a la vanguardia.

 

Como artista, ¿al lado de quién la situaría?

Dentro de ese grupo de mujeres, artistas, intelectuales y creadoras como son las que pertenecen a la Generación de 27, como María Zambrano, Maruja Mallo, Rosa Chacel, María Teresa de León y otras muchas.

 

¿Qué vínculo tenía con Zenobia Camprubí Aymar, la esposa de Juan Ramón Jiménez, que era escritora y traductora?

Marga y su hermana Consuelo la admiraban mucho porque era la traductora de Tagore, que ellas leían con gran avidez, y cuando Zenobia la conoció aceptó encantada que le esculpiera su busto.

 

¿Se enamoró locamente de Juan Ramón Jiménez o la enamoró él?

Todo son suposiciones. Lo que sí conocemos son algunos hechos objetivos y lo que Marga nos cuenta en el emocionante e íntimo ‘Diario’ que escribió durante el último mes de su vida. Pero yo siempre me he preguntado si Marga se enamoró del hombre, del poeta o de lo imposible.

 

¿Cree que intentó que él la salvase o había decidido el suicidio?

El último día de su vida Marga fue a casa del poeta para hablar con él, ella ya llevaba el revólver envuelto en papel, que dejó sobre un mueble en la entrada. También le dejó su ‘Diario’ advirtiéndole que no lo leyera hasta más tarde. Yo siempre me he preguntado qué pretendía verdaderamente con esta visita. Acabó suicidándose con ese revólver.

 

¿En qué medida sería, también, una ‘sinsombrero’?

En la medida que era un espíritu libre, tremendamente creativo y muy avanzada para su época, como eran todas ellas.

 

¿Ha crecido su figura como creador con el paso del tiempo o no?

Sí, su obra ha comenzado a trascender y a despertar el interés de críticos y estudiosas a nivel internacional. Su obra lenta pero inexorablemente empieza a brillar con luz propia. Algunas estudiantes están haciendo su tesis doctoral sobre su obra. Ya hemos conseguido que el municipio de las Rozas, donde ella murió, le conceda la distinción de Hija Adoptiva y que la Biblioteca de las Matas lleve su nombre.

 

A usted poeta y fotógrafa, ¿qué le ha dado Marga, además del nombre?

Mi tía Marga siempre ha sido una ausencia muy presente en mi vida. Se convirtió en una especie de voz interior con la que yo hablaba constantemente, sobre todo cuando de muy joven me fui sola a estudiar a Estados Unidos, y no me cabe la menor duda que alimentó mi espíritu y que me inspiró para lanzarme al mundo de la creación.

 

MAVI ARBELOA Y AURORA CHARLO, DOS ARTISTAS EN A DEL ARTE

MAVI ARBELOA Y AURORA CHARLO, DOS ARTISTAS EN A DEL ARTE

En la galería A del Arte puede verse una doble exposición, o una exposición de dos mujeres y grandes amigas y compañeras de viaje en el arte: los retratos de María Victoria Arbeloa, esculturas muy trabajadas, de rostros femeninos, y las acuarelas de Aurora Charlo. Dos maestras en su oficio de mirar, soñar y transformar la materia en arte. Mavi Arbeloa es una trabajadora de los matices, del escorzo, de los ojos y de algunos términos o valores abstractos de las virtudes humanas. Su obra es meticulosa, elegante, depurada y personal: trasciende inmediato con plasticidad y con una gran capacidad de persuasión.

Creo que la primera vez que vi a Aurora Charlo fue en Albarracín, con sus pinceles, sus acuarelas y el agua en la mano. Ante el Guadalaviar, en el cementerio y en el mirador hacia las murallas. Allí, me habló de su técnica, de su trabajo, de su ambición, de su sentido entre telúrico y lírico del oficio.

Aurora Charlo posee una técnica poderosa. Es difícil hallar a alguien que tenga ese virtuosismo con la acuarela. La domina en todos sus términos y matices. Como diría Dámaso Alonso, su obra es un puro gozo para la vista. Y es una invitación a indagar: está, de entrada, esa impresión general, que abraza distintos aspectos: el equilibrio cromático, la soltura y la belleza, la suavidad y la energía, el embrujo o el puro misterio. Apetece siempre habitar sus cuadros. Avanzar en ellos, pasear, respirar, sentirlos en uno y sentirse unidad en ellos. De la segunda observación emergen los detalles: la elección de un blanco que también es descanso y sugestión, casi un trampantojo sentimental, el fulgor decisivo de un rojo, las masas, el temblor que eriza las aguas, la alfombra desmayada y acaso metafísica de las nieves. Nieves. Aurora Charlo ha dividido su propuesta en tres partes: ‘Nieves’, ‘Aguas’ y ‘Tierras’, que son las superficies de la artista andariega, que divisa e interioriza paisajes y que luego recuerda, deslíe y consuma en el estudio. Y la tercera mirada es la más íntima: de proximidad, de puro placer, de entrega. De necesidad de ver más adentro. Ahí se percibe, aún más, mucho más, cuantas, cuantas cosas hay en las acuarelas de Aurora Charlo: arrecifes, remansos, suspiros, el ocio sublime, fogonazos, el gesto inadvertido, la melancolía, el señorío asombroso de la técnica, de la sensibilidad y de los matices. El afán de que la acuarela sea un arte mayor, un arte del alma, una transformación ambiciosa del sentir.

Aurora Charlo tiene un estilo. Un abanico de color. Un modo de hacer y desplazar la luz en la trama de sus naturalezas donde rara vez asoma el ser humano. A veces lo hace como si fuera un pájaro, un latido de autobiografía y la constancia de la pequeña inmensidad que somos. Con todo, o con ese bagaje, la pintora Aurora Charlo va un poco más y juega, experimenta, ensaya rojos, granates, blancos (que son el hueso y el corazón del papel, que son estremecimientos de una tonalidad clara, sí, que son la presencia invisible de los dioses o de un fantasma acaso inadvertido), y logra crecer aún más, evolucionar, expandir. Logra, sí, una obra nítida, sugerente, en diversas formatos, que tiene algo de diario de viaje, de cuaderno de ensayos, y a la vez de obra mayor, pensada, sentida y elaborada con ese deseo de hermosura constante.

Quedan pocos días para ver y disfrutar de Mavi Arbeloa, y su mundo de expresividad y de suavidades, y asomarse a la naturaleza deslumbrante que sueña y nos ofrece Aurora Charlo, y que dedica a su compañero de vida y de viajes y de pasión Salvador.

 

*La muestra 'Dos mujeres en el arte' concluye el próximo sábado día 21.

 

'PASARON POR AQUÍ' EL 10 EN EL PRINCIPAL

'PASARON POR AQUÍ' EL 10 EN EL PRINCIPAL

’PASARON POR AQUÍ’, EL MARTES 10 EN EL TEATRO PRINCIPAL
El próximo martes, 10, en el ambigú del Teatro Principal de Zaragoza se presenta el libro ’Pasaron por aquí’, que lleva por subtítulo ’Famosos que cruzaron las tierra de Aragón’. Es un libro de perfiles, crónicas, reportajes que se publicaron sábado tras sábado en el suplemento de Heraldo de Aragón que coordinó Ana Usieto hasta su desaparición.

El libro lo publica Pregunta (Reyes Guillén y David Francisco), lo presentarán Elena de la Riva y Pilar Rodríguez, de documentación, y José Luis Melero. Cantará tres o cuatro temas María José Hernández. Y es un libro, también, lleno de amigos que han colaborado con sus recuerdos y testimonios: Ramón Acín, Mariano Anós, Miguel Ángel Tapia, Trinidad Ruiz-Marcellán, Miguel Mena, Luis Sol, Paco Giménez, José Miguel Tafalla, Santiago Paniagua, Matías Uribe, Manuel García Guatas, Félix Zapatero, Carmen Puyó, Pedro Pablo Fernández, Chema Rodríguez Morais, Juanjo Blasco Panamá, Gabriel Sopeña, Chema Fernández, Leo Tena, Pablo Ferrer, Plácido Serrano, José María ’Cuchi’ Gómez, Luis Alegre, Enrique Vázquez, Luis Felipe Alegre, José Luis Melero, Yolanda Polo, Xabier Maceiras Rodríguez, Vicente Merino, Santiago Gascón, Ángel Giner, Ana Bendicho, José María Enguita, Canario, José Luis Rico, Violeta, Pablo Rico, Luis Rabanaque, Cristina Yáñez, Rafael Campos, etc.

*Estáis invitados...

GUILLERMO BUSUTIL ESCRIBE DE 'VINO DEL MAR'

https://www.laopiniondemalaga.es/libros/2019/11/29/vida-piedras/1129985.html

Marcapáginas

La vida entre las piedras

"No es fácil abordar el vino sin salpicarse de tópicos ni embriagarse con el tanino que deja en el fondo de cada palabra e imagen el viaje sensorial por este cuya uva crece entre las piedras"

Guillermo Busutil  29.11.2019 | 17:36 

Vinos del mar

  • Antón Castro
  • Olifante
  • Ediciones de poesía 
  • 14,25 €

El lenguaje es vino en los labios. Lo dijo Virginia Woolf como si recordase los rubaiyats de Omar Khayyan al que tanto bebimos de jóvenes, soñándonos poetas entre versos de seda roja para seducir la copa de los labios femeninos. De esa estirpe cuyo mundo de palabras en torno a los placeres de los sentidos se va derrumbado despacio y en barbarie, pertenece el escritor y periodista Antón Castro. Un buen tipo mestizo de la Galicia cunqueironiana del Merlín que fabula historias con gajos de naranja navegando en aguas de infancia, y de una Zaragoza de la que es su generoso corazón cultural, antes y después de que otro amigo de su misma grandeza sencilla nos dejase huérfanos de risas, debates y recomendaciones de lectura, Félix Romeo. Valgan estos antecedentes del autor de "Los seres imposibles" y el maravilloso libro "El testamento de amor de Patricio Julve", publicados en Destino, y Premio Nacional de Periodismo Cultural, para adentrarse en su último libro "Vino del mar" Un cuaderno de viaje a través del elixir de Cariñena, oscuro y desnudo que carraspea y deja huella en el sabor de su abrazo. La raíz y el caldo de un tema con el que Antón Castro decanta no sólo el paisaje y las excelencias del Aylés, del Niño Mimado o de La Virgen del Águila, sino que trenza un dietario de personajes y escenarios que se van alternando con piel de poema y con trama de relato. Géneros de los que es un reconocido maestro de sobremesas en las que se desenvuelve con la voz calma del antiguo narrador de historias, humanas en su magia. Una de las mejores cualidades del escritor que siempre regala a sus lectores hermosos libros encuadernados, con títulos que siempre invitan a enrolarse en su lectura y un contenido donde su estilo rezuma sensibilidad exquisita, profundo conocimiento, las dotes de seducción del buen poeta y mejor narrador, y la esencia que cada trama le exige. Igual que en este caso es el vino el lenguaje con el que lo celebra y nos lo sirve feliz en su misterio y su bouquet.

 

No es fácil abordar el vino sin salpicarse de tópicos ni embriagarse con el tanino que deja en el fondo de cada palabra e imagen el viaje sensorial por este cuya uva crece entre las piedras. Y menos aún si en el homenaje a Cariñena, surco, mar y oleaje, el autor opta igualmente por elaborar un cuaderno de protagonistas secundarios de la labor de recoger la uva y alquimiarla. Nos cuenta Antón Castro de bodegueros, de viticultores, del portador der cuévanos, del ladrón goloso de racimos, de los distribuidores zamoranos del Nieve en las Eras, del vino de sirenas y del cierzo en los riñones. Cunqueiro, ya lo dije, en evocar las texturas y el alma del brindis sobre el que poetiza y nos cuenta, jugando entremedias a encantarnos con relatos de fantasmas como el de la motorista que se baña sílfide de noche en los pantanos, contempla horizontes desangrándose, que visita cementerios y fotografía el cada día distinto de los campos. Lo mismo hace, abrazo siempre de encuentro y ánimo de amigos, de personajes de literatura como Marín Bosqued, amigo de Octavio paz y de Buñuel; de Pilar Bayona para la que el vino es la melodía de los sentidos; de Simón Tapia violinista de la belleza primitiva de las hojas; sobe Idelfonso-Manuel Gil, consuegro de Pepe Hierro con el que el gusta conversar acerca de la poesía y los recuerdos que silba el buen vino. Hay también fotógrafos como Thomas Ryder y poetas de nombre Oceania, referencias a Whitman y una mujer que de su mano y entre ellos se convertía siempre en Scheherezad

 

No faltan en estas páginas con textura de palabras ovaladas en tacto como la uva, suaves igual que su paladar en este caso en el oído, la evocación de los amores difíciles, una maleta de los secretos, espejismos, de andariego, diálogos que se agitan audaces y terciopelo, relatos alisos que se explican avanzándolos entre la gestualidad de los dedos, sueños de mundos y mujeres cuyos besos supieron a mora y oxígeno.

 

Vino del mar la embriaguez gustosa con la que Antón Castro nos llena la copa de su lectura.